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domingo, 2 de febrero de 2020

CAZA DE CITAS

"Lo dolorosamente interesante de la organización guerrillera de la década de 1960 es que refleja la expresión de una fusión militar-civil y política-militar, con vieja data en la realidad histórica venezolana.  Los organizadores y dirigentes de la autocalificada como Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) son, fundamentalmente, los militares derrotados en sus intentos golpistas en Carúpano y Puerto Cabello. La experiencia militar que evidentemente poseían, se pone al servicio de tratar de vertebrar una supuesta organización armada revolucionaria de inspiración doctrinal marxista-leninista y cubana fidelista"

Domingo Irwin / Ingrid Micett

("Caudillos, militares y poder. Una historia del pretorianismo en Venezuela", UCAB, Caracas, 2008 : 222)

Fotografía: Héctor Rondón Lovera, escena de "El Porteñazo".

domingo, 13 de mayo de 2018

MATERIA INELUDIBLE

De una transición para la FAN
Luis Barragán


Sencillo el planteamiento, compleja su implementación, la Fuerza Armada Nacional debe volver a los cauces de la Constitución y de la constitucionalidad, orientada a aportar a la construcción definitiva del Estado Constitucional deseado. Supone el desmantelamiento del Estado Cuartel que le sirve de soporte a esta amarga experiencia socialista, más allá de los exclusivos aspectos técnicos que no deben suplantar ni confundirse con una política militar o, mejor, una política  pública militar.

Por lo pronto, deseamos llamar la atención en torno a la concepción y desarrollo de un programa de transición para el sector.  Obliga a la previa (re) edificación de sendas políticas de Estado que, como en el frecuentemente citado caso del Esequibo, por crucial que fuese la materia, no se tiene, por ejemplo.

Así, por una parte,   no es posible reducir el ámbito de la seguridad de la nación, primigenia y esencial responsabilidad de los civiles de una clara representatividad política, sólo al sector defensa, cuya instrumentación es la que explica la especialidad militar. Ésta ha de depender del liderazgo ciudadano, en el marco de unas sanas y bien definidas relaciones civiles y militares que redunden en el adecuado control civil.

Por otra, reafirmar el principio constitucional de la corresponsabilidad entre sociedad y Estado, sobre la participación sobria, organizada, convincente y coherente de los civiles, diferente a la  inconstitucional milicianización que consagrada un componente de muy evidente naturaleza partidista. Por lo demás, leyes como las del llamado poder popular o la Orgánica del Trabajo, sólo conciben la presencia civil como una eventual y mera fuerza de trabajo, olvidando las ya remotas experiencias que hicieron del IEADEN una magnífica oportunidad para el aporte civil  en el desarrollo del propio pensamiento estratégico venezolano que la actual doctrina de guerra rechaza.

Luego, se impone la completa recuperación del profesionalismo y de la específica especialidad militar, constitucionalizando realmente las leyes que hoy la rigen, añadida principalmente la  de carácter orgánico que fue objeto de una abusiva habilitación presidencial. Está a  la vista que la ultrapartidización de la Fuerza Armada le ha hecho  un daño inmenso a lo que debe ser la institución castrense.

En uno de sus más conocidos ensayos, un experto como Luis Alberto Buttó, ha argumentado la necesidad de la corporación armada. Al coincidir con él, tenemos un extraordinario desafío que afrontar, superando los atavismos y tabúes que también hicieron nuestra historia republicana.

13 y 14//05/2018:
https://www.lapatilla.com/site/2018/05/13/de-una-transicion-para-la-fan-por-luis-barragan/
https://www.tenemosnoticias.com/noticia/barragn-luis-transicin-fan-247636/735344/
https://venezuelaunida.com/de-una-transicion-para-la-fan-por-luis-barragan/
https://noticiasvenezuela.org/2018/05/14/de-una-transicion-para-la-fan-por-luis-barragan/
https://apuntoenlinea.com/2018/05/13/de-una-transicion-para-la-fan-por-luis-barragan/
https://newstral.com/es/article/es/1095011147/de-una-transici%C3%B3n-para-la-fan-por-luis-barrag%C3%A1n
https://www.scoopnest.com/es/user/la_patilla/995868927459766274-de-una-transicion-para-la-fan-por-luis-barragan

lunes, 26 de marzo de 2018

ENTRE EL ARDID Y LA EPOPEYA (3)

Militaridad
Luis Barragán


La reciente detención del general Víctor Cruz Wefer, ícono del llamado Plan Bolívar 2000 que, en su momento, prolongó el aplauso de propios y extraños, o el tardío debate parlamentario que esbozó la actual y consabida situación de la Fuerza Armada Nacional, obliga a ensayar una perspectiva distinta a la mera y, huelga comentar, censurada circunstancia noticiosa. Oportuna y pertinente, es la que ofrece José Alberto Olivar: “La militaridad: Prospecto ideológico del Estado Cuartel en Venezuela”, parte de una valiosa compilación que dirige, junto a Luis Alberto Buttó,  ya en circulación, bajo el título “Entre el ardid y la epopeya: Uso y abuso de la simbología en el imaginario chavista” [Negro Sobre Blanco, Caracas, 2018: 251-276].

Convengamos, solemos distraernos en la superficie de un problema, por lo demás, grave, asidos a los ya superados criterios que impiden apreciar la misma naturaleza del régimen que sufrimos. E, incluso, el creador de toda una escuela académica, como Domingo Irwin, en el campo de las relaciones civiles y militares, tuvo que realizar un enorme esfuerzo editorial para superar el miedo de varias casas para imprimirlo, en la presente década [258, nota 15].

El proceso de modernización y profesionalización militar, implementado desde los setenta del ‘XX, sentida la cada vez más creciente y decisiva influencia del llamado Nuevo Profesionalismo Militar de Seguridad Interna y Desarrollo Nacional, cuyo principal inspirador fue Alfred C. Stepan, fallecido a finales de 2017, derivó en la supuesta autoctonía  de otro que, hoy, muestra algo más que distorsiones, sembrado por antiguos instructores de la Academia Militar de Venezuela [27, 254 s., 258]. Inicialmente pretoriano,  devino militarista realzando el “destino manifiesto” ante los políticos civiles de prácticas inmorales y antipatrióticas, encarnado en el Nuevo Pensamiento Militar Venezolano: la defensa integral de la nación, sólo se entiende con la incursión y participación de la Fuerza Armada en los ámbitos político, económico y social  [253, 259, 267].

Incursión y participación que ha significado, en la presente centuria, la colonización de la administración pública, como la consagración del liderazgo carismático y ampliamente discrecional de Chávez Frías, con el soporte político de la Fuerza Armada, ideológica y clientelarmente alineada [260 s., 268]. Acucioso y perspicaz, Olivar trae a colación dos textos aparecidos a mediados de los setenta, en el curso de la renovación de los estudios militares, como el del otrora coronel José Enrique Berthe (“Las Fuerzas Armadas como instrumento contribuyente al desarrollo nacional”), y el del entonces teniente-coronel César Augusto Gamboa R. (“El proceso cultural de las FF. AA. NN.”). Empero, el de mayor revelación e ilustración es, sin dudas, el del ahora general de brigada Rafael José Aguana Núñez,  autor de un relevante constructo teórico recogido en la tesis doctoral que defendiera en la Universidad de Santiago de Cuba (“Dinámica curricular de la militaridad para la Academia Militar de Venezuela”) [256 s., 265].

Aguana Núñez, teorizante orgánico, con “La militaridad en el Estado democrático y social de derecho y de justicia” (2012), traducido a otros idiomas, “forma parte de la ofensiva ideológica interesada en consolidar un modelo de formación militar que justifique la preeminencia de lo militar sobre lo civil” [264, 267].  Salvando las distancias, Olivar acierta al expresar que “estamos ante una estrafalaria versión de las viejas ‘luces del gomecismo’ interesado en ofrecerle asidero intelectual y academicista al proyecto hegemónico en marcha” [266], lo que sugiere la superioridad de lo que fue la escuela positivista y la que se le opuso, a partir de los años treinta, ahora, sin equivalentes.

La militaridad, con pretensión de corpus ideológico para darle un “ropaje erudito a la cruda realidad militarista que se cierne sobre Venezuela”, bajo la evidente influencia cubana, aunque de aristas pinochetistas, aspira a proyectarse en el resto de la sociedad, convirtiendo a la Fuerza Armada en un “auténtico partido que a la larga actúe en solitario y sea dirigido por una élite de militares y civiles militarizados”, antinomia de la ciudadanía y, así, de la República [264, 268, 272 s., 276]. Equiparándose con los postulados constitucionales que, por supuesto, adultera o falsifica, todo un ardid, la “militaridad no es más que un modelo de dominación que se vale de elementos simbólicos – culto a la personalidad, patriotismo místico, retórica populista y vínculos matricentrales – para estimular una conducta de sumisión colectiva imprescindible para sus fines de dominación y explotación”: el socialismo militarista,  el “lodazal de la fraseología” y la “semántica historicista”  [254, 257,  266, 270, 274,].

Destaquemos otros aspectos que, seguramente, enuncian un futuro trabajo de Olivar. Por una parte, la existencia de grupos de opinión y el empuje de la tecnocracia militar [251, 255] que, a nuestro juicio, con señales de autodestrucción, en sintonía  con el sector terciario de la economía, compitió y ganó a la tecnocracia petrolera, asociada al sector industrial, en los cruciales comicios de 1998, según la hipótesis que nos anima en torno a la confrontación de fondo entre Chávez Frías y Salas Römer.

Por otra, ciertamente, el principio constitucional de la corresponsabilidad entre la sociedad civil y el Estado en materia de seguridad y defensa, ha sido útil a la militaridad  apenas pretextada por el empleo de la reserva [253, 263 s., 275], pues, confirmando la tesis de Olivar, se limita al reclutamiento, adiestramiento y movilización para el combate, dejando muy atrás experiencias como la del IADEN en el que también concursaban los civiles para la definición de las políticas públicas del sector:  las leyes del llamado Poder Popular o la Ley Orgánica del Trabajo, por ejemplo, únicamente ventilan y requieren de los combatientes, limitando conscientemente la materia. Y, finalmente,  toma nota de la antipolítica que dio origen y sostenimiento al régimen, ya que los golpistas de 1992, con sus tácticas electoralistas,  fueron las “serpeteantes estrellas del reality show venezolano de finales de la década de los noventa”, edificando una literal concentración del poder, desde las bases aparentemente espontáneas que echó [259 s., 252, 268].

Posiblemente, se dirá, incurrimos en una suerte de “spoiler” al avisar de los principales aspectos del ensayo en cuestión. No obstante, aceptemos, por muy conocido que sea el desenlace de los clásicos del cine, son tales porque, viéndolos de nuevo, siempre descubrimos otras miradas que confirman su persistente novedad.

Ilustraciones: Detalle de la tela sobre José Félix Rivas de Martín Tovar y Tovar; y portada de la obra.
26/03/2018:
http://www.noticierodigital.com/2018/03/luis-barragan-ardid-la-epopeya-militaridad/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=96645
http://venezuela.shafaqna.com/ES/VE/1309674
http://ve.press-report.net/clanek-135088829-luis-barragan-entre-el-ardid-y-la-epopeya-militaridad
http://cronicasvenezuela.com/luis-barragan-entre-el-ardid-y-la-epopeya-militaridad
https://www.tenemosnoticias.com/noticia/barragn-luis-epopeya-militaridad-186484/647649
https://noticiasvenezuela.org/2018/03/26/luis-barragan-entre-el-ardid-y-la-epopeya-militaridad/

domingo, 10 de diciembre de 2017

DEL PROCESO DE MINIMIZACIÓN VENEZOLANA

Tecnoburocracia militar
Luis Barragán

Beneficiario o no del programa de becas de la Fundación Gran Mariscal de Ayacucho, lo cierto es que, entre los ochenta y noventa del siglo pasado, supimos de un coherente y convincente elenco tecnocrático, originado en el sector privado. Alcanzó relevantes y decisivas posiciones de poder, impulsando el programa de estabilización y ajuste estructural del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, siendo el más importante fracaso el de su inexperiencia para afrontar un ambiente político todavía más crítico y hostil, como puede constatarse a través de Mirtha Rivero y su ya clásico título, “La rebelión de los náufragos” (2010).

Al interior del Estado, ya despuntaban otros elencos, destacando obviamente el petrolero, aunque el desarrollo gerencial en otras áreas, como las telecomunicaciones, eléctrica, siderúrgica o del transporte (Metro de Caracas), pudo llegar más lejos en sus aportes. Todavía el sector público exhibía sectores de un muy profesional desempeño que, inevitable, sucumbieron en el presente siglo.

Sobresaliendo la tecnoburocracia petrolera, pocos repararon en la lenta conformación y existencia, como desleal competencia,  de la militar. Ésta, surgida con grandes particularidades a partir del Plan Andrés Bello, es la que ha heredado la presente centuria, dándole una definitiva configuración al Estado Cuartel, de acuerdo a la notable contribución académica que ha hecho Luis Alberto Buttó y su “!Disparen a la democracia!” (2017). Valga acotar, semanas atrás, hallamos un viejo texto de William Izarra (El Nacional, Caracas, 21/01/1980: http://lbarragan.blogspot.com/2017/11/iluminismo.html) que así lo confirma, tratándose el autor de un – por entonces – militar activo que, integrante o en vías de integrar una logia secreta, alcanzaba los predios de la prensa.

Lo cierto es que, quebrada la industria petrolera, repentinamente descubierto el prontuario policial y, al parecer, terrorista de Eulogio del Pino, quizá sublimando los estalinistas procesos de Moscú, la dirección de la empresa ha sido entregada al mayor general Manuel Quevedo. La militarización de ésta y todas las empresas públicas, como la del Estado en sus despachos aun administrativamente más modestos, rubrica el triunfo histórico de la otrora insospechada tecnoburocracia militar. Sin embargo, tratamos de un triunfo demasiado relativo.  

Nada casual, evadiendo sus propias responsabilidades, Maduro Moros confió a la Fuerza Armada la conducción de la grandilocuentemente llamada Gran Misión Abastecimiento Seguro y Soberano, y todo el mundo sabe de nuestra prolongada emergencia humanitaria, por no abundar en otros ejemplos. Por lo que, contrario a  lo que se esperaba de la escuela que apostaba por el protagonismo de la corporación castrense en el desarrollo nacional, en los términos de una cotizada doctrina de seguridad y defensa, el retroceso ha sido sorprendente y ya no sólo versamos sobre la inexperiencia política de un elenco tecnocrático, sino en torno a  su propia incompetencia en áreas diferentes a las de su profesión y especialidad.

domingo, 10 de septiembre de 2017

CAZA DE CITAS

"Así pues, al estar frente a la presencia de un gobierno inspirado en el ideario del nuevo profesionalismo militar de seguridad interna y desarrollo nacional, aún en su versión régimen de inclusión, se está al mismo tiempo frente a una muestra indubitada de pretorianismo, preclaramente definido por la Real Academia de la Lengua Española: influencia  política abusiva ejercida por algún grupo militar"

Luis Alberto Buttó

("Nuevo profesionalismo militar de seguridad interna y desarrollo nacional e intervención política de militares populistas y radicales en Venezuela", en: "Militares y poder en Venezuela", UCAB-UPEL, Caracas, 2005: 173 s.)
Fotografía: http://runrun.es/nacional/venezuela-2/104607/militares-declaran-su-descontento-con-el-gobierno-de-maduro.html

domingo, 20 de agosto de 2017

CAZA DE CITAS

"A medida que la sociedad cambia, también cambian los militares"

Samuel P. Huntington

("El orden político en las sociedades en cambio", Paidós, Buenos Aires,  1972: 200)

sábado, 29 de abril de 2017

INFECCIÓN MESIÁNICA APARTE



Del encallejonamiento militar

Luis Barragán


Desocupadas tras vencer las insurrecciones de la década de los sesenta del XX, las Fuerzas Armadas Nacionales naturalmente reorientaron sus tareas. El Plan Andrés Bello marcó otro horizonte a una entidad que tendió a explicar los más variados  problemas concernientes a la seguridad y defensa en el marco del necesario desarrollo nacional, coincidiendo – entre los setenta y ochenta -  con la gravísima crisis estructural de nuestra economía, todavía criminalmente evadida.

Finalizando el siglo, perdimos el asomo de una efectiva sustitución de las importaciones, con las industrias pesadas de Guayana, por  ejemplo. En el repertorio de nuestras calamidades, agotada cada vez más la renta petrolera, severamente asediados por una gigantesca deuda externa, prendió la desconfianza galopante hacia la institucionalidad democrática.

Más allá del mesianismo que nos embargó, encarnado por Chávez Frías, como bien las circunstancias hubiesen favorecido a otro de los que subrepticia o abiertamente lidiaban la escena, la situación nos condujo a la corporación castrense como referente y estratega del desarrollo. Propios y extraños, críticos y condescendientes,  coincidieron en celebrarla como una opción más explícita que implícita, para solventar nuestros males sociales y económicos.

Además de aporte sólido y sistemático que ha realizado Luis Alberto Buttó, destacando un par de títulos imprescindibles como “Civiles y militares. Manual indispensable” (2015) y “!Disparen a la democracia!” (2017), nos permitimos citar dos muestras adicionales y contrastantes. Por una parte, conteste con su ulterior testimonio bibliográfico, aunque “Nuevo intervencionismo. La desmilitarización en el Continente” (1996) lo distrajo con un distinto timbre político, José Machillanda enfatizaba a la inteligente periodista Miriam Freilich que la guerra del Ejército de Venezuela era contra el hambre, la miseria, el desempleo, la falta de viviendas y, trascendiendo a “algunas experiencias tímidas y epileptoides”, debía unidades como las de ingeniería militar, comprometiendo al elemento militar con los planes de desarrollo (El Nacional, Caracas, 24/03/1990); por cierto, en fecha cercana, un reportaje no firmado, igualmente a propósito de la solicitud de reincorporación de Machilanda a las Fuerzas Armadas, publicado en el órgano periodístico del MAS, apuesta por la conversión de los efectivos y gastos militares en palanca productiva para el desarrollo, como mano de obra barata y disciplinada (Punto, Caracas, 29/03/90).

Más tarde, por otra parte, el entonces ministro de la Defensa, Raúl Salazar, le aseguró al sagaz periodista Javier Ignacio Mayorca, el retiro “en 90%” del Proyecto Bolívar 2000 que lo concebía como un estímulo a la industria privada para la generación de empleos que, gracias a un préstamo del FMI, sería conducido por diferentes organizaciones sociales (El Nacional, 28/02/99).  Consabido, el referido proyecto  alcanzó una asombrosa ramificación tal que afectó la naturaleza misma de la corporación y comprometió fabulosos recursos de una cuantía y un destino real todavía imprecisos; valga la acotación, el ministro desconocía la intención presidencial en la materia, o procuraba neutralizarla, aunque – en otro ámbito – la prensa de mediados de junio del citado año revela muy bien la conducta que asumió respecto a los inconstitucionales ascensos militares ordenados por el presidente de la República, marcando un precedente.

Nos parece, nada convincente  luce que la fracturación, confusión o dislocación de la actual Fuerza Armada Nacional se deba meramente a una suerte de infección mesiánica procurada por las sobredimensionadas habilidades de Chávez Frías, además, influenciado por sendos procesos como el de la llamada revolución peruana. Ésta, una vulgar, caricaturizada y duradera sugestión del joven cadete al que no podía pedírsele una acabada reflexión, diferente a las materias que cursaba; y, si fuere el caso, por más expuesto que estuviese a una cierta formación política e ideológica, otros líderes civiles a una edad semejante tienen mejor testimonio que dar de sus tempranas impresiones. Por lo demás,  independientemente de la opinión que el caso merezca, por  la calidad de los golpistas peruanos de 1968 , hay una distancia académica y política  considerable  en relación a los golpistas venezolanos de 1992, tal como inferimos de un valioso ensayo de Manuel Urriza (“Perú: cuando los militares se van”, 1978).

Infección aparte, por no citar el papel que juega bajo la supuesta conducción de Maduro Moros, la FANB no debe ni puede encarar   definitivamente el desafío del desarrollo nacional, pues se debe estelarmente a una misión muy concreta en el sector defensa. Por pretenderlo, no sólo de llena de funciones y genera intereses que la desnaturalizan, en el campo petrolero y gasífero, como en otras áreas, sino que no garantiza siquiera la integridad territorial, ocupando las fuerzas irregulares y delincuenciales grandes extensiones del país, sobre todo limítrofes, obviando las torpezas en las que se ha incurrido con el Esequibo: ella no está para responder al colapso del modelo petrolero, convirtiéndose en dinamizadora de la economía nacional a la vez que no logra recuperar un helicóptero militar perdido desde hace meses, encallejonándola moralmente.

viernes, 24 de marzo de 2017

GOLPES DE CULATA

¡Disparen a la democracia!
Luis Barragán


Esencial referente político de la ya prolongada crisis que nos aqueja,  la Fuerza Armada Nacional merece la atención experta de Luis Alberto Buttó,  en un título reciente: “!Disparen a la democracia! Los móviles de los golpes de Estado de 1992” (Negro Sobre Blanco, Caracas).  Autor que, por cierto, no teme al debate de los asuntos sobrevenidos de la vida cotidiana en un país de destino incierto, frente a otros que los soslayan so pretexto de un pontificado dudoso, desarrolla una profunda, documentada y convincente interpretación de la corporación castrense.

Señalándolos, ahonda en los antecedentes de la vanguardia, por lo demás, “esclarecida” (84),  que, al empinarse con ventajismo y deslealtad por encima del despreciado sector civil, expandiéndose en el aparato burocrático, se afinca en la relación seguridad interna – desarrollo nacional, erigiéndose como la élite gobernante, creída  y engreída como la más consumada expresión  histórica del pueblo venezolano. Suerte de “Monte Olimpo ad hoc en el cual se congregan los militares adherentes al pretorianismo populista y radical criollo actuante de la segunda mitad del siglo XX en adelante” (197),  requirió – como nunca dejará de hacerlo -  de una decidida tarea de investigación, con importantes y puntuales precisiones teóricas, basada en fuentes constatables y  también a la espera de los más atrevidos testimonios, con un dominio epistemológico y metodológico que muy bien expone Buttó, no sin sugerir otros senderos que siempre la sobriedad reclama (85 s., 90, 95 s., 104, 128, 205).

A nuestro entender, la revelación es la de un poderoso partido político que, al aliarse con sectores civiles tanto o más pretorianos para realizar sus convenientemente indefinidas propuestas socialistas, concluye en un asalto organizado de la exhausta renta petrolera. Para más señas, pretendiendo una relación entre seguridad interna y desarrollo nacional, lograron el anti-milagro de quebrar al país, sometiendo a su población a una inmerecida crisis humanitaria y a las injustas como prematuras muertes violentas que alcanzan indecibles tasas anuales.

La extraordinaria  reflexión de Buttó, relacionando los hechos y las tendencias de un pasado que acuna en un presente ya de agotados espacios, suscita numerosas posibilidades para la discusión de un problema complejo y difícilmente digerible, cuya inicial solución reside en la transformación de un imaginario social que logra él desmenuzar pacientemente y, como muy contados investigadores,  contrastando con los “febrerólogos” de ocasión, parte un completo inventario, citando las más decisivas piezas testimoniales.  Esto es sólo posible por la claridad conceptual de un autor que, no en vano,  ha rendido un merecido tributo a su maestro: Domingo Irwin, anudando a protagonistas y oportunistas, batidos  en la inmensa pesca de arrastre en la que se convirtió el chavismo, a falta de una mejor y más exacta denominación para el  caso y el período histórico que tarda en concluir,

Desmoronada  la disciplina en las otrora Fuerzas Armadas Nacionales, prendió muy bien la antipolítica (48) y, una vez ocupadas sendas posiciones de poder, la improvisación y la irracionalidad (84), para construir una alternativa de ascenso social de los militares más audaces que, pretendiéndose  redentores de un pueblo que encarnan como el que más, cuentan con panegiristas y “cagatintas” (101), al igual que intelectuales a lo Jacinto Pérez Arcay (166 ss.), dispuestos a ennoblecer la hazaña. Añadiéndole valor al estudio, Buttó se esfuerza en identificar a grupos e individualidades (144 ss.), remitiéndonos  a un ejercicio sociológico indispensable.

Muy atrás quedan los roles,  apariciones y aspiraciones de  oficiales como García Villasmil, Castro Hurtado, el entonces famoso comandante Godoy o, incluso, Müller Rojas, pues, con el Plan Andrés Bello para el subsistema educativo castrense en adelante, abordado con vocación quirúrgica por el autor en cuestión, zanjando las diferencias generacionales de la corporación armada, el pretorianismo llegó por una alternativa – acaso – insospechada, aunque siempre fue posible por la desatención o desocupación en el  ámbito que exclusivamente les compete: el de defensa y sólo el de defensa.  A partir de 1999, la élite gobernante por excelencia no es otra que la aportada por la (s) Fuerza (s) Armada (s) Nacional (es), colonizando al Estado como no se atrevió Pérez Jiménez, aunque gobernase en su nombre (127, 212, 220 ss.).

Confiamos que “!Disparen a la democracia!”, sea anuncio seguro de una próxima entrega aún más densa, ya que sentimos, recorriéndolas, que le faltaron al catedrático de historia y al analista político más páginas para abundar en sus caros planteamientos. Nos referimos a un intelectual que, ojalá, adquiera una franca responsabilidad política, en el presente y en el futuro, pues, hará falta para garantizar una transición democrática en una materia tan grave y delicada.

20/03/2017:
https://www.lapatilla.com/site/2017/03/20/luis-barragan-disparen-a-la-democracia/
http://www.ventevenezuela.org/disparen-la-democracia-luis-barragan/
http://informate365.com.ve/luis-barragan-disparen-a-la-democracia/
http://ccsnoticias.com.ve/opinion/luis-barragan-disparen-a-la-democracia/
21/03/2017:
http://www.analitica.com/opinion/disparen-a-la-democracia

domingo, 4 de diciembre de 2016

CAZA DE CITAS

"El rol político y su sistema de compromisos, que asumieron los jefes y oficiales, desplazó, en muchos casos, al rol militar y su respectivo sistema de lealtades, provocando un efecto disolvente de las formas jerárquicas y disciplinarias de la institución y de las propias relaciones profesionales entre camaradas. En el caso de aquellos jefes que estaban fuera del aparato de gobierno y ocupaban mandos castrenses, el efecto disolvente les llegaba por compromisos contraídos con los grupos actuantes o por vía de una auto-asignada función de control, que consideraban legítima a partir de sus posiciones de poder militar directo. Pero este fenómeno no se mantuvo sólo a nivel de los mandos jerárquicos de los jefes, sino que su efecto fue multiplicador hacia los oficiales jóvenes llevado por la identificación de éstos con grupos y posiciones políticas o, en muchos casos, con la posición de sus jefes inmediatos"

Manuel Urriza

("Perú: cuando los militares se van", Ediciones Cidal, Caracas, 1978: 198)

domingo, 28 de agosto de 2016

CAZA DE CITAS

"Quizás más importante aún es que en 1999 Chávez no usó la violencia para llegar al Gobierno, por lo cual ese evento resultó ser un cambio de mando pacífico y democrático. Sin embargo, tanto el enfoque del Ejecutivo para manejar lo militar, como sus consecuencias para las relaciones cívico-militares, tienen un fuerte parecido con el tipo de régimen que detentaría el poder luego de un golpe militar. De hecho, existe poca diferencia entre el gobierno de Chávez y la descripción de Nordlinger de los 'gobernantes pretorianos', la forma más extrema del gobierno militar"

Deborah L. Norden

(En: AA.VV. "La política venezolana en la época de Chávez", Nueva Sociedad, Caracas, 2003: 123)

EL ARCO SIN FLECHA

La interesada incomprensión del fenómeno militar
Luis Barragán


El proyecto socialista que continua su amargo curso en medio de la crisis humanitaria que generó, jamás fue elementalmente explicado y, menos, discutido entre los propios propulsores. Incluimos la participación decisiva del sector militar que, inevitable, se realiza a sí mismo en una economía rentística a la que paradójicamente no le alcanzan ni alcanzarán los ingresos petroleros.

La sola revisión del conocido y muy completo repertorio bibliográfico de Rafael Ramón Castellnos (“Hugo Chávez y la Revolución Bolivariana”,  El Perro y la Rana, Caracas, 2010), nos permite constatar la muy escasa o inexistente reflexión que la corporación castrense ha suscitado en una dirección del Estado que dice inspirarse en el marxismo.  Excepto las reiteradas consignas propagadas por el extinto mandatario, propias del empuje populista que puso siempre de relieve la inspirada marcialidad de Bolívar, agotando la versión guzmancista al extremo, o uno que otro panegírico editado por el gobierno o Vadell Hermanos, es notable el deliberado desinterés por abordar la materia.

El marxismo ornamental que los asfixia, dizque legitimando  la prolongación de una dictadura que destella con la yunta cívico-militar, es el que mejor conviene, por cierto, a los críticos del imperialismo yankee que les contenta haber fundado la sujeción con el neoimperialismo chino. E, igualmente, les conviene el panegírico exasperante que los releva de cualquier consideración innecesaria sobre la naturaleza y alcances de la institución armada, conformes con la cátedra que se imparte en las academias militares sobre una supuesta doctrina militar de exacto cuño chavista.

Los estudios de Trotsky sobre el fenómeno militar, reseñados por Isaac Deutscher, encaminados a predecir algunos de los aspectos que se realizaron con la primera guerra mundial, lucen como un dato remoto y extravagante para los devotos del actual régimen. Y para qué hurgar en las fuentes leninistas, pues, les basta con  recrear doctrinariamente – si fuere el caso – la etapa de infiltración de las Fuerzas Armadas que impulsaron desde la década de los sesenta del XX, ya consumada,, sin necesidad alguna de recordar al invasor de Machurucuto, la confrontación del PCV con los Castros en 1967, la pacificación o cualesquiera  otras circunstancias que obliguen a la discusión.

Una rápida revisión de la hemerografía y de los propios   debates parlamentarios  en la última  década y media, corrobora los enunciados.  Y, además, existen demasiados  intereses creados favorables a una versión mágico-religiosa del sector militar que, acaso, con el Arco Minero de Guayana, olvidando al Esequibo,  sabe o sabrá de una ventajosa incursión como la lograda por sus pares brasileños con el Amazonas o chilenos con el cobre.


29/08/2016: