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sábado, 21 de diciembre de 2019

TAMBIÉN LA REALIDAD ESTÁ DETRÁS DE LAS REJAS

La política de la descomposición
Luis Barragán

Todavía tenemos pendientes asir o aprehender el sentido, la intención, el leitmotiv o el hilo conductor de los (in) conscientes yerros políticos que definitivamente caracterizan a un sector de la oposición en su empeño de banalizar el mal. Quizá tratamos de un utilitarismo extremo que responde a la subyacente y prolongada tradición del rentismo o de la mentalidad rentista  de origen prepetrolero, valga el dato; quizá la anomia negativa ha corroído la propia osamenta espiritual, apostando siempre por los caminos de fácil y rentable andar. 

Las redes sociales reportan mensajes, incluyendo sendas entrevistas, destacando el pragmatismo supuestamente amoral que pasa por un realismo inspirado, pues, lo importante es correr la arruga, olvidar los errores, silenciar cualquier inquietud, fijado como objetivo estelar el de derrocar a la dictadura, realzado como una ciega tarea común. Implica la irresponsabilidad o impunidad por los fracasos, , la exoneración inmediata de los costos que acarrean, porque ya los diálogos de Santo Domingo u Oslo se suponen remotos, prescritos o caducos, sin posibilidad alguna de una rendición de cuentas para el debate y la rectificación, por muy parlamentario que sea el escenario natural de los actores.

Importa mantenerse en la palestra, coexistiendo deslealmente con la restante oposición como se pretende que ella lo haga con el régimen que le ha predestinado un cupo inaudito para el ornamento y la extorsión.  Todo  tiene un precio a pactar, porque no hay valores que defender, sino intereses a resguardar; la política es un compromiso excesivamente demodé, teniendo por tal la burda gestión de las circunstancias y el rédito personal que pueda dar; lo importante es estar y ¿para qué ser?, en un despliegue del oportunismo que luego hallará la consigna adecuada.

Necesario es echarle tierra encima al batiburrillo de la corrupción entre quienes juran combatirla, hurgando y acusando de cualquier cosa al denunciante, abriendo un solo surco para el triste reingreso de los diputados del llamado chavismo que fueron aplaudidos por propios y extraños en el hemiciclo; el de maniobrar insólitamente para unos comicios pactados tras bastidores, aunque violenten el Estatuto de la Transición; o el de ensayar un pretendido consenso por la vía de la extorsión que no es consenso, virtualizando la vida parlamentaria en un país de realidades que siguen su curso insobornable. Para ello, está el cinismo más descarado, el falaz argumento de una pérdida del parlamento que ya hasta su sede de trabajo no controla, ofreciendo espacios para que otros oportunistas, incluyendo aquellos que no tienen responsabilidades políticas inmediatas, verbalmente se inserten en el juego de un clientelismo digital capaz de materializarse con atrevidas incursiones en los laboratorios de guerra sucia, la candidatura a un rectorado del CNE o el contrato con este o el siguiente goberno, según esa concepción del azar histórico que cuenta con un venezolanismo harto expresivo: ¡lechazo!, o, toda una gesta, ¡lechazo histórico!

Al régimen sólo le interesa las sanciones impuestas y, por muy individuales y delictivos sean los protagonistas y sus motivos, otros dicen descubrir una vertiente para el entendimiento, con alivio de la represión que, a veces, dista de darles alcance: un movimiento para levantar esas  sanciones, haya cupo expreso o tácito en el juego político. Lo indecible es susceptible de una legitimación en nombre de la supervivencia o de la burda supervivencia que apunta a la descomposición ética y a la teatralidad política que es hablar de la política de la descomposición: el período navideño contribuye a una urgida actualización de los principios y valores que nos inspiran, o al deplorable reconocimiento de una lógica implacable del sistema que nos recuerda a Groucho Marx: si no le gustan mis principios, tengo otros.

Fotografía: LB (AN, Caracas, 2019).

domingo, 7 de enero de 2018

CAZA DE CITAS

"Nos encaminamos así a esta idea que me parece esencial: y es que los valores - por ejemplo, la libertad y la verdad -  no pueden separarse sin perder su carácter, y agrego que no se dejan reconocer como valores sino por quien está colocado, por así decirlo, en el eje de la luz inteligible; y estas palabras no designan una luz que se podría comprender - lo que no significa nada -, sino una luz que es el principio de toda comprensión, cualquiera que sea"

Gabriel Marcel

("El misterio del ser", Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1964: 272)

lunes, 13 de enero de 2014

EMERGENCIA, FAVOR CEDER EL PASO

La urgente pedagogía de valores
Luis Barragán


Somos víctimas de una prolongada, sórdida y eficaz campaña gubernamental destinada a la dislocación de los  valores humanos fundamentales.  La sostenida e inescrupulosa  didáctica de los opresores,  está orientada al desconocimiento, fingimiento, adulteración, manipulación y aniquilación de todo principio capaz de cuestionarlos, tras década y media.

La libertad, la paz, la democracia, la justicia, la solidaridad, el respeto, la convivencia, la tolerancia, la disciplina, entre otras, constituyen nociones esenciales que no debemos permitir que la consabida crisis vapuleé, falsificándolas.  Recientemente, el Padre  José Vicente Ramírez Meza (Redentorista), llamó la atención sobre la formación hogareña de los valores que sometemos luego a la dura prueba de las realidades, aunque – a juzgar por las redes sociales – tendemos a ensimismarnos, huyendo de las calamidades que se convierten en rutina.

El hogar, la escuela, el gremio, la junta de condominio, el partido, la red vecinal, el empleo formal e informal, ejemplifican los mejores escenarios para contrarrestar la referida campaña del Estado que pretende reemplazarlos, en defensa de las más caras y legítimas convicciones de un pueblo que no surgió por el gracioso decreto de quienes actualmente lo sojuzgan. Impone la urgencia de una reflexión sobre  la tragedia nacional que pisa nuestras propias intimidades, además, buscando anudarlas a la corrupción ética que amenaza con extenderse.

Nada fortuita es la elevación de las tasas de criminalidad, inflación o desempleo que se ofrecen como un dato estructural del socialismo parasitario, junto a la paternidad precoz,  la deserción escolar, el repunte de la malaria o la generación de sendas mafias.  Faltando poco,  nos inunda de eufemismos, apuntalando las prebendas y el  consumismo, aunque ya seamos una sociedad que no consume los insumos básicos en el renglón de los alimentos y medicamentos.

Hace poco, Nicomedes Febres hurgó en el perfil virtual de uno de los presuntos homicidas de Mónica Spear, reportándonos la inimaginable pobreza de valores que anidó en el joven victimario que, no por casualidad,  creció y se formó a la sombra del régimen.  La curiosidad trastocada en la otra consternación,  sobran las condiciones necesarias para una generalizada, masiva y punzante descomposición social que se ofrece como requisito indispensable para sincerar todo proyecto totalitario.

Importa aún el más modesto esfuerzo para alcanzar el contrapeso decisivo en todas nuestras facetas cotidianas, legitimando una respuesta alternativa que no tiene otro domicilio que la defensa de la dignidad de la persona humana. Semejante a las previsiones y destrezas que aceptamos, aprendemos e implementamos para evadir en todo lo posible al hampa en las calles que arriesgamos, a sabiendas que la casa ya no es garantía de resguardo y fortaleza,  debemos volver, reivindicar, defender, profundizar y promover aquellos principios y valores que garantizan – sencillamente – un futuro.

El nuestro no es un pueblo de indolentes, cegados por el rencor y el oportunismo. No olvidemos que la muestra más visible y contundente de la solidaridad inmediata, honesta, fiable y contundente la dimos con la vagüada de Vargas, por ejemplo, hasta que el gobierno la atajó y tergiversó, tardando demasiado en solventar los problemas que se multiplicaron al compás de los indecibles intereses creados.

Podemos concursar de mil formas para esta contracampaña en cuestión, pero la más decisiva reside en una pedagogía de los valores y principios que ponderemos e impartamos con nuestro testimonio,  como padres, compañeros de oficio, agremiados, etc.  Luce inaceptable acoger resignadamente la versión de las personas, el mundo y las cosas, que ofrecen los conductores del Estado,  prestos al : suicidio moral.
http://www.noticierodigital.com/2014/01/la-urgente-pedagogia-de-valores/
Fotografía: LB, Caracas (17/12/13).

domingo, 21 de julio de 2013

PASTAR EL INVENTARIO

Relatoría de calle
Luis Barragán

Cada quien puede ofrecer o, literalmente, propinar su testimonio de calle. Seguramente, al llegar a casa, meditará sobre aquellos hechos extraordinarios que, por recurrentes, hacen la normalidad citadina.

Y no será – precisamente – una reflexión existencial (y existencialista), provocando la revisión de aquellas convicciones que nos inspiran, pues, luego de la agotadora jornada, celebrando llegar sano y salvo a casa, el campanazo será el del perfeccionamiento del sentido (y dispositivo) de supervivencia.  Diremos, la próxima vez no haremos esto o aquello, y quizá sirva no caer en la tentación del peligro al hacer la misma ruta en el barrio o la urbanización, estacionar el vehículo en el sitio acostumbrado o atender el teléfono celular en la buseta. Sin embargo, rondando las escenas desde hace meses, volvemos a ellas procurando otra lección.

Ocurrió a altas horas de la madrugada, en la avenida que todavía no estaba repleta de los cornetazos que hacen de mejor reloj-despertador. Asaltaron y asesinaron a un motorizado que quedó tendido al lado de su vehículo, dibujando a la distancia una tragedia de la que muchos transeúntes luego no se enterarían.

La policía llegó después de los familiares que rompieron en un llanto estridente y aterrador, pero nos extrañó que tomaran inmediatamente la motocicleta y, deslizándose lentamente por un costado del pequeño grupo, incluyendo a los escasos mirones, se la llevaran para luego volver y concluir las diligencias. Una hora más tarde, el kiosquero de la esquina, el mejor noticiero del lugar, nos sacó de dudas: probablemente, la propia moto desaparecería en el camino y, por lo menos, había que salvarla para cubrir los gastos del funeral.

Al fondo de una camioneta por-puesto, hubo una dura discusión entre dos pasajeros. Uno de ellos pidió al conductor detenerse, avistado un efectivo de la Guardia Nacional, porque le habían amenazado con un pistoletazo.

Ambos bajaron y, bajo la tímida protesta del chofer estacionado, en diez minutos la Guardia chequeó que no hubo tal arma, por lo que fue una reacción infundada a pesar de tamaña agresión verbal. Solamente, el pretendido victimario abordó de nuevo el vehículo que, en marcha, fue festejado por el resto de los pasajeros: disertando contra el ausente, lo calificaron de sapo y, además, falta de hombría al pedir  ayuda a la autoridad.

En medio de la misa dominical, decidió grabar a los discapacitados que la sentían gracias a un intérprete de señas. Seguidamente, un Guardia Patrimonial le exigió que apagara su celular, enfadándose por el poco caso que le hizo.

El miliciano alegó la prohibición y, al concluir la liturgia, el sacerdote llegó para arbitrar el asunto, constatando que la grabación no sólo provenía de una persona conocida, sino que, consentida por el intérprete, sería colgada en la red. Aquél tardó en comprender que no podía extremar las medidas de seguridad, y éste que la paranoia está democratizada: en todo caso, el evento religioso ya no permite presumir la buena fe en la urbe confundida.

Un cuentista o novelista, acaso pueda dar una mejor y más elaborada versión que el sociólogo o el psicólogo social de la vida cotidiana tarda también en dar. Mientras tanto, en la noche, seguimos con nuestro silencioso inventario de precauciones, pastando las emociones que el hábito puede permitirse.

http://www.noticierodigital.com/2013/07/relatoria-de-calle/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=978638

PERSPECTIVA

CIUDAD CARACAS, 20 de julio de 2013
Abordar el dolor desde una visión humanizadora
NUMA MOLINA

“El dolor es sacralidad salvaje. ¿Por qué sacralidad?: porque forzando al individuo a la prueba de la trascendencia lo proyecta fuera de sí mismo, le revela recursos en su interior cuya propia existencia ignoraba; y salvaje porque lo hace quebrando su identidad. No le deja elección, es la prueba de fuego donde el riesgo de quemadura es grande. Es propio del hombre que el sufrimiento sea para él una desgracia donde se pierde por entero, donde desaparece su dignidad o, por el contrario, que sea una oportunidad en que se revele en él otra dimensión: la del hombre sufriente, o que ha sufrido, pero que observa el mundo con claridad. O el hombre se abandona a las fieras del dolor, o intenta dominarlas. Si lo consigue, sale de la prueba siendo otro, nace a su existencia con mayor plenitud. Pero el dolor no es un continente en donde sea posible instalarse, tal metamorfosis exige alivio”. El texto anterior pertenece a David Le Breton, en Antropología del dolor.
Con estas líneas quisiera hacerme compañero de camino de quienes a esta hora me leen desde su dolor. A tantos seres que desde la soledad de un lecho o en la fría habitación de un hospital cuentan minuto a minuto el tiempo, desgranan sus horas como cuentas de un largo e interminable rosario con olor a fármacos. Es la vida del enfermo que transcurre así, sumisa, silenciosa, pobre.
Siempre digo que el enfermo es el pobre entre los pobres porque no hay mayor pobreza que no tener salud. ¡Y qué poco agradecemos la salud de cada día! Solo caemos en la cuenta de su valor cuando nos visita el sufrimiento.
Hoy quisiera aproximarme no solo al enfermo, también a quienes velan por él día y noche. A la enfermera o enfermero, médico o médica, ustedes son misioneros como Jesús de Nazaret, que pasó la mayor parte de su vida pública junto a los atribulados por el dolor. Para el enfermo tu cercanía y tu palabra cuenta tanto que se puede convertir en milagro de vida.
La dimensión espiritual del enfermo se agiganta, se crece místicamente, como dice Le Bretón: “Porque forzando al individuo a la prueba de la trascendencia, lo proyecta fuera de sí mismo, le revela recursos en su interior cuya propia existencia ignoraba”, son esos casos que hemos conocido en los que el amor se redimensiona, los seres más cercanos se tornan imprescindibles y la vida se hace poesía mística.
De una enfermedad siempre sale un hombre o una mujer más humanos. El dolor ensancha nuestra capacidad de humanidad, de solidaridad. Cuando has escuchado los gritos de tu prójimo una y otra noche en la cama vecina, cuando tres botellas que cuelgan a tu lado con cada medicamento no te permiten moverte para el baño, o cuando tu debilidad es tal que una mano amiga que te ayude a sentar en tu lecho ya es un regalo infinito de amor, entonces comienzas a sospechar que la vida es mucho más que las grandes hazañas que creías cuando estabas saludable y descubres que esta existencia está hecha de detalles, de pedazos de amor, de migas de cariño, de cercanía que se hace caricia eterna tal vez de un desconocido o desconocida que te consiente con su cercanía.
SIN SALUD Y SIN NOMBRE
Cuánta humanidad hemos perdido. Históricamente los modernos hospitales occidentales fueron obra de los cristianos. El relato evangélico de cómo Jesús pasó su vida junto a los enfermos inspiró a los cristianos de la época posconstantiniana a erigir hospitales para atender con sensibilidad evangélica al enfermo. “Dedicados enteramente al cuidado del enfermo, ellos acomodaron a los pacientes en edificaciones fuera de la propia iglesia. El decreto de Constantino de 335 dC clausuró el culto a Esculapio (dios romano de la medicina), y estimuló la construcción de hospitales cristianos que durante los siglos IV y V alcanzaron el punto más alto de su desarrollo. Muchos fueron erigidos por las normas del período o por romanos ricos convertidos al Cristianismo. Justiniano fue decisivo en construir el gran hospital de San Basilio en Cesarea en 369, una verdadera comunidad para los enfermos, los ancianos y huérfanos. El año siguiente vio la construcción de un hospital Cristiano en Constantinopla, donde dos ricas diaconisas cuidaban a los enfermos. Una prominente matrona romana, Fabiola, donó un hospital público en Roma en 390. En Edessa, Hippo y Éfeso todavía otros, todos grandes, fueron fundados por los cristianos. Alrededor del año 500, la mayoría de las grandes ciudades en el Imperio Romano tenían levantados edificios hospitalarios” –Doctor Antonio L. Turnes, Historia y evolución de los hospitales en las diferentes culturas.
Hoy el moderno hospital se ha tecnificado de tal modo que el paciente ha pasado a un segundo plano perdiendo hasta su identidad. Se trata a cada cual como una pieza más del engranaje y ello hace olvidar el trato cercano al enfermo. Ese trato humano ya de por sí es espiritualmente sanador, porque potencia los resortes más profundos de la inteligencia espiritual que tienen la particularidad de activar en el propio sistema inmunológico una capacidad casi misteriosa de autoayuda y autosanación.
Hemos oído seguramente en los pasillos de nuestros hospitales cómo el personal médico y paramédico deja oír expresiones como esta: “El paciente de la 45”, en vez de decir: “Felipe, el señor de la cama 45”. No imaginan los médicos y enfermeras el peso que tiene el que, en el momento de la nada, en un lecho de enfermo el médico te llame por tu nombre, pues nuestro nombre es la música más hermosa al oído del espíritu. Cuando alguien te llama por tu nombre te está llamando amigo, te está confesando que tú ya estás inscrito y retratado en una lista de seres que moran en el corazón de esa persona. Que un médico o una enfermera llame al paciente por su nombre es un acto de legitimación, de valía, en una etapa en la que el ser humano cree que ya no vale nada.
LA FORMACIÓN
En este campo del trato y los detalles en la atención asistencial tenemos un trabajo profundo y exigente por hacer, pues durante largos años la visión mercantilista de la medicina ha hecho que muchos profesionales –no todos, hay médicas y médicos muy abnegados– hayan convertido la misma en un negocio rentable y por lo tanto han terminado dando al ejercicio de sanar el mismo tratamiento que se le da a una tienda de computación o a un supermercado. Todo tiene una etiqueta, un número, un precio, un código sin el cual no te atienden, no te dan acceso. Son franquicias de la salud que generan ríos de dinero a costa del dolor.
El primero y único trabajo profundo y exigente es la formación en las escuelas de medicina. ¿Qué pasó que nuestros médicos han perdido tanto en humanidad? ¿Cuál es la columna vertebral de la carrera? Con tecnomedicina no vamos a salvar la vida plena de la gente. De ahí que hoy se hable de los médicos integrales comunitarios. En vez de criticar y subestimar este modo de ejercer, quienes la cuestionan deberían preguntarse: ¿Qué hemos hecho de nuestra profesión para que se haya llegado al punto de tener que crear un adjetivo nuevo del ejercicio médico que se llame “integral comunitario? Si la historia nos ha llevado hasta allá y las comunidades más vulnerables están de acuerdo con este nuevo modo de ejercer la medicina, es evidente que la profesión médica había perdido mucho en cuanto al talante humanitario. Es evidente que ya no era integral ni comunitaria sino atomizada, focalizada solo a un aspecto del paciente, elitista, había olvidado la complejidad que somos los seres humanos.
Creo que con una formación en valores humanos y cristianos sería suficiente para que tengamos médicos ejemplares como José Gregorio Hernández y tantos otros héroes y heroínas anónimos que han dejado su huella tatuada en los corazones de la gente, porque amaron apasionadamente su profesión, porque más allá de ser una profesión la entendieron como un apostolado, como una misión. Fueron y son muchos, misioneros y misioneras de la salud y de la vida.
Ilustración: Etten Carvallo

domingo, 23 de diciembre de 2012

CAZA DE CITAS



"La vida humana es un estar queriendo ser y pudiendo existir, un convertir lo que no es ella en un objeto para ella, trátese del agua o del infinito. La vida humana convierte las circunstancias posibilitantes de su curso en estructuras dotadas de la capacidad de preferir, de solicitar o de repeler ciertas clases de valores: la vida humana no se limita simplemente a aumentar o a reducir el volumen de sus circunstancias"

Américo Castro

("Los españoles: cómo llegaron a serlo", Taurus, Madrid, 1965:248)

Ilustración: Piet Lap

domingo, 4 de marzo de 2012

DESETIQUETAMIENTO


EL UNIVERSAL, Caracas, 4 de Marzo de 2012
¿Será que se están perdiendo los valores?
El Ser Humano no tiene ninguna Manera definitiva de Ser, ningún Ser.
EMETERIO GÓMEZ

En un taller de Ética para Gerentes, tal vez lo menos inteligente sea empezar diciendo que la Civilización Occidental -a la cual pertenecemos- vive una profunda Crisis Moral. Pero no la simple "crisis" propia de cualquier realidad que tiene un largo período de vida estable y temporalmente le sobreviene una alteración. No es de ese tipo, la Crisis Ética que vive Occidente. No esa que se sintetiza en el Lugar Común según el cual "Se están perdiendo los valores". Como si en alguna época dorada anterior hubiese existido una estructura sólida de ellos que "la gente respetaba"; no había corrupción estatal, estafas o chanchullos; y, sobre todo, era impensable que un cantante, ídolo de la juventud, declarase públicamente su homosexualidad.

La crisis ética que vivimos es mucho más profunda que todo eso. Es una que -para empezar- se caracteriza por intuir que no es que "se estén perdiendo los valores", sino que ¡¡nunca los hubo!! Que jamás existió esa supuesta Época Dorada en la que la Moral era sólida y cualquiera "sabía" ¿qué eran el Bien, lo Justo, la Honestidad o la Dignidad? Y, mucho más importante, que jamás pudo la Humanidad vivenciar esos valores "en sí mismos", existencialmente. Que jamás pudimos sentirlos o palparlos "en nuestro propio Ser"... ¡¡Porque ellos no existen, no están allí... ni en ninguna parte!! Sólo aparecen si nosotros tenemos la suficiente Fuerza Espiritual para imponerlos.

Dicha crisis empieza por vislumbrar que nunca hubo esa Época Humanista o Clásica, en la que era posible detectar en nosotros los contenidos éticos o morales, con la misma claridad que Aristóteles detectó los contenidos lógicos o racionales. Pero ¡¡más importante aún!! que era posible -en dicha época- palpar lo idéntico que eran en cada ser humano (de cualquier raza, religión o cultura) esos contenidos morales, de la misma forma fascinante en que todas nuestras mentes -ateas o creyentes, islámicas o judías- son absolutamente idénticas... cuando de la lógica o la geometría se trata. Que un ángulo recto, un teorema matemático o una deducción racional son idénticos para todos; y que si una deducción no lo es, entonces, sin el menor temor a equivocarnos, podemos deducir... ¡¡que no es lógica!!

No es que "se estén perdiendo los valores", sino que, por mucho que nos aterre -así como en el plano de la Lógica "todos somos idénticos"- en el de la Ética "cada cabeza es, de verdad, un mundo". Que a la hora de ser honesto ¡¡cada quien es libre para serlo o no!! Y que si no hay ningún interés, conveniencia, provocación, tentación, chantaje o amenaza que pueda inducirnos a no serlo... entonces, será muy fácil serlo. Pero que si hay fuertes "razones" o presiones para ser deshonesto, entonces, como diría un maracucho: Vos Veis. Y que no ganamos mucho con creer que uno es distinto y no actuará o pensará así. Porque sólo sabremos si somos honestos, leales o dignos, en cada caso concreto y ante cada conjunto de presiones concretas. En otras palabras, que el Ser Humano no tiene ninguna Manera definitiva de Ser, ningún Ser.

Que el esfuerzo ético que se requiere para enfrentarse a las presiones animales, hormonales, sociales, políticas, económicas, jurídicas, hepáticas, etc., que la realidad ejerce sobre nosotros, puede ser superior a las fuerzas morales de nuestra especie. Y que toda la debacle que vive la Humanidad, toda la tragedia financiera actual, no es una crisis pasajera, sino que pudiera ser expresión de la inviabilidad moral del Ser Humano. Una exigencia a la que sólo podríamos hacerle frente con un nivel ético superior.


Fotografía: Henry Rivas y Reinaldo Niño, con "coraje de indios". El Universal, Caracas, 04/03/12