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viernes, 1 de mayo de 2020

DÍA DE LOS DESALARIZADOS Y JUECES LABORALES PROVISORIOS

Del día de las inspectorías del trabajo
Luis Barragan

De nuevo, en las vecindades del Primero de Mayo, constatamos la naturaleza, vocación e impudicia del régimen socialista que, según el viejo credo, se dice defensor de los trabajadores. Simplificando la tragedia que todos vivimos a un inútil asunto salarial, aumentarlo es un negocio redondo para sus prohombres en el marco de una economía delictiva, humillando cínicamente, incluso, a quienes alguna vez lograron engañar.

Paradoja recurrente en el mundo entero, el siglo XXI ha significado la eliminación real y objetiva del proletariado y de sus organizaciones sindicales reemplazadas por aparatos de ocasión, prestos a las más descaradas corruptelas.  Si alguna representación intenta el régimen, es la de una burocracia acantonada en las Inspectorías del Trabajo, pues, el resto de los funcionarios de la administración pública, antes, piezas teatrales para un fugaz encuentro con el antecesor y el sucesor, ya no se prestan para la barata opereta.

Les importa un bledo que no tener proletarios que le den soporte al discurso del poder, bastándoles la trilladísima consigna de “presidente-obrero”. Además, no los hay, porque los siquitrillaron al lumpemproletarizar al país.

Era muy  antes que los cubanos,  los europeos orientales, los asiáticos y, por supuesto, los  soviéticos, hablaban de la alianza histórica obrero-campesina, porque – diciéndolo todo y, a la vez, nada  – la tal alianza, acá, ahora y siempre,  es cívico – militar. Desde hace mucho tiempo, el proletariado y la lucha de clases, fueron sustituidos por los movimientos sociales, incluso,  reivindicado el peronismo, según la pluma de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe; o, dicho por un conocido sociólogo y marxista español, César Ruendeles, proletariado y lucha de clases constituye un  reduccionismo.

O, lo que igual, dirán los adalides del Estado Criminal en Venezuela: si no les gustan estos principios, acá tenemos otros, como bien ironizó Groucho  Marx miles de años atrás. Luego, trabajadores que celebran su día: he acá el  socialismo del siglo XXI que corre por las venas de las Inspectorías del Trabajo.

30/03/2020:

DÍA DE LOS INSPECTORES DEL TRABAJO Y PARAPETOS SINDICALES

Boliburgueses del mundo, ¡uníos!
Luis Barragán

Cierto, variados son los bemoles del socialismo, pero el protagonismo del proletariado es uno de los sellos inconfundibles de la propuesta que se ha realizado hasta el hartazgo, jurándole por siempre un extraordinario papel histórico de acuerdo al canon. Sin embargo, en Venezuela, empeorada la versión cubana, el proletario no sólo está relegado en la amplia escenografía de los artificios, sino que el régimen socialista lo ha pulverizado inmisericordemente.

El obrero calificado que, al comenzar el siglo, gozaba de una envidiable estabilidad laboral y vivienda propia, con seguridad social y posibilidades de ahorro para enviar a sus hijos a la universidad y hasta disfrutar de unas vacaciones en el exterior, hoy está sumergido en las áreas marginales de cualquier localidad, desempleado,  médicamente desatendido y vapuleado por la hiperinflación.  Chávez Frías y Maduro Moros, como pocos podían hacerlo, se encargaron de ello, negándole alguna defensa porque igualmente arrasaron con los sindicatos autónomos.

¿Habrá dudas al respecto?, pues, tras el  saqueo sistemático de los recursos públicos,  incursionando en otros ámbitos igualmente delictivos, emergió la clase conductora del socialismo del siglo XXI, quizá teniendo por origen el más burdo testaferrismo. Exactamente domiciliada en  los paraísos fiscales, ha adquirido o dice haber adquirido una cierta autonomía respecto a los prohombres del régimen, extendiendo en lo posible sus intereses a los sectores de oposición para garantizar no sólo la propia supervivencia, sino condicionar cualesquiera transiciones que se planteen. Así de sencillo, por cierto.

En este Primero de Mayo, ya saben que no hay proletariado alguno que les reclame su ascendencia, protagonismo y,  en fin, estelaridad. Y, en el supuesto negado de sobrevivir a la debacle,  serán los campeones del libre mercado y de todas las libertades pendientes, pues, en la perspectiva marxista que les sirvió de tanto provecho, no habrá rivalidad histórica alguna que los conmueva. Excepto,  un pequeño problema:  el de las consabidas sanciones internacionales que operan como el mayor peligro para el exclusivo gremio que ha fallado en su unidad, compactación y solidez política, porque les está dando alcance la intransferible responsabilidad individual.

Desmentidas sus promesas históricas, el socialismo dejará como legado a un gremio que clama por la unión de todas sus fuerzas, ahora, preventivamente dispersas por el mundo, aunque posiblemente serán pocos los que quedarán en pie con sus fortunas mal habidas. Y, en el Día del Trabajador, temen a la peor de  las marchas: a la cárcel.

30/04/2020:

sábado, 21 de diciembre de 2019

TAMBIÉN LA REALIDAD ESTÁ DETRÁS DE LAS REJAS

La política de la descomposición
Luis Barragán

Todavía tenemos pendientes asir o aprehender el sentido, la intención, el leitmotiv o el hilo conductor de los (in) conscientes yerros políticos que definitivamente caracterizan a un sector de la oposición en su empeño de banalizar el mal. Quizá tratamos de un utilitarismo extremo que responde a la subyacente y prolongada tradición del rentismo o de la mentalidad rentista  de origen prepetrolero, valga el dato; quizá la anomia negativa ha corroído la propia osamenta espiritual, apostando siempre por los caminos de fácil y rentable andar. 

Las redes sociales reportan mensajes, incluyendo sendas entrevistas, destacando el pragmatismo supuestamente amoral que pasa por un realismo inspirado, pues, lo importante es correr la arruga, olvidar los errores, silenciar cualquier inquietud, fijado como objetivo estelar el de derrocar a la dictadura, realzado como una ciega tarea común. Implica la irresponsabilidad o impunidad por los fracasos, , la exoneración inmediata de los costos que acarrean, porque ya los diálogos de Santo Domingo u Oslo se suponen remotos, prescritos o caducos, sin posibilidad alguna de una rendición de cuentas para el debate y la rectificación, por muy parlamentario que sea el escenario natural de los actores.

Importa mantenerse en la palestra, coexistiendo deslealmente con la restante oposición como se pretende que ella lo haga con el régimen que le ha predestinado un cupo inaudito para el ornamento y la extorsión.  Todo  tiene un precio a pactar, porque no hay valores que defender, sino intereses a resguardar; la política es un compromiso excesivamente demodé, teniendo por tal la burda gestión de las circunstancias y el rédito personal que pueda dar; lo importante es estar y ¿para qué ser?, en un despliegue del oportunismo que luego hallará la consigna adecuada.

Necesario es echarle tierra encima al batiburrillo de la corrupción entre quienes juran combatirla, hurgando y acusando de cualquier cosa al denunciante, abriendo un solo surco para el triste reingreso de los diputados del llamado chavismo que fueron aplaudidos por propios y extraños en el hemiciclo; el de maniobrar insólitamente para unos comicios pactados tras bastidores, aunque violenten el Estatuto de la Transición; o el de ensayar un pretendido consenso por la vía de la extorsión que no es consenso, virtualizando la vida parlamentaria en un país de realidades que siguen su curso insobornable. Para ello, está el cinismo más descarado, el falaz argumento de una pérdida del parlamento que ya hasta su sede de trabajo no controla, ofreciendo espacios para que otros oportunistas, incluyendo aquellos que no tienen responsabilidades políticas inmediatas, verbalmente se inserten en el juego de un clientelismo digital capaz de materializarse con atrevidas incursiones en los laboratorios de guerra sucia, la candidatura a un rectorado del CNE o el contrato con este o el siguiente goberno, según esa concepción del azar histórico que cuenta con un venezolanismo harto expresivo: ¡lechazo!, o, toda una gesta, ¡lechazo histórico!

Al régimen sólo le interesa las sanciones impuestas y, por muy individuales y delictivos sean los protagonistas y sus motivos, otros dicen descubrir una vertiente para el entendimiento, con alivio de la represión que, a veces, dista de darles alcance: un movimiento para levantar esas  sanciones, haya cupo expreso o tácito en el juego político. Lo indecible es susceptible de una legitimación en nombre de la supervivencia o de la burda supervivencia que apunta a la descomposición ética y a la teatralidad política que es hablar de la política de la descomposición: el período navideño contribuye a una urgida actualización de los principios y valores que nos inspiran, o al deplorable reconocimiento de una lógica implacable del sistema que nos recuerda a Groucho Marx: si no le gustan mis principios, tengo otros.

Fotografía: LB (AN, Caracas, 2019).

domingo, 13 de mayo de 2018

ESTÉTICA DE LA CRISIS

Las cejas de Groucho
Siul Narragab


Forzados al empleo del metro, entre los violentos empujones y sudoríficos apretones, nos hemos distraído de estación en estación observando la vestimenta de los pasajeros, intentando clasificarlos y adivinar el descenso social experimentado. Delincuencia aparte, obligados también a desprenderse preventivamente de cualquier objeto llamativo, preferiblemente electrónico, quizá oculto en la intimidad incómoda del viaje,  el grueso de los viandantes exhibe viejas telas y zapatos que no atisban un reemplazo inmediato. Sin embargo, como si de un corte sociológico se tratara, pasamos de este juego – reflexión, a la estética de los rostros femeninos que, por sus elevados costos, más que por la moda, ahorran el maquillaje.

Nos percatamos, sobre todo entre las adolescentes, por muy delgadas que sean al detallarlas, las cejas suelen llevar la marca de un grueso brochazo a lo Groucho Marx. De trazos casi perfectamente geométricos, los dos paraguas negros sobre la mirada, parecían sostener la cara flotante de una jovencita que nada debe saber del célebre comediante.

Quedó la duda sobre la hazaña pictórica y, al navegar por la red, constatamos que se trata de una moda que ya está pasando en las principales capitales o pasarelas del mundo. Nos dijimos que no es semejante la estética femenina de otras décadas, a la del presente, pero, a la vez, tratamos de adivinar que inadvertidamente estamos anclados en los años de la última bonanza petrolera, la más grande de la historia con el innombrable, cuando hubo divisas para importar los cosméticos que, hoy, como los automóviles, ya no podemos sufragar para el empleo masivo que se hizo hábito saudita.

Probablemente, ya están cerrando aquellas franquicias especializadas en  la delineación o creación de las gruesas cejas y, dejando a un personal adiestrado, los o las habrá que buscan el sustento realizando el trabajo a destajo. Imaginamos, una técnica sencilla que requiere de paciencia, insiste en una versión facial poco a  poco superada, por lo que el registro fotográfico  o el selfie de cada día, dará cuenta de una convicción estética, simplemente superada de acuerdo al survey de la moda.

Por lo demás, a contrapelo de las viejas generaciones que se burlaban de los aborígenes de cualquier parte del mundo que “rayaban” su cuerpo, el tatuaje es una credencial de la contemporaneidad, la que creen que – así -  jamás perderán. Pocos, los hay muy elaborados y llamativos, reclamando mayores espacios en la piel; y,  muchos, los hay mal trazados, de coloración perdida, llevándonos a dos convicciones: la una, la  clara diferenciación de los precios del estampado; y, la otra, los motivos suelen ser convencionales, figurativos o góticos, cercanos a la cursilería que una vez denunció la consabida canción de Desorden Público.

13/05/2018:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/32585-narragab

domingo, 10 de septiembre de 2017

MARX COMO PRETEXTO

EL NACIONAL, Caracas, 10 de septiembre de 2017
Groucho y las aguas del comandante
Raúl Fuentes

Imagino que todo columnista tiene su peculiar manera de abordar el tema sobre el que se propone opinar; no me refiero a un método de organizar la narrativa, sino más bien a un recurso o artificio que le permita superar la parálisis psicológica o «síndrome de la página en blanco» que, en más de una oportunidad, dificulta precisar el rumbo de la escritura. Cuando ese culipandeo inmoviliza la pluma, suelo hacer de una frase, una imagen o una contingencia, sin aparente relación con lo que intento exponer, el punto de partida para la perpetración –fea palabra– de las fechorías que, periódicamente, someto a consideración del lector. El truco funciona, sobre todo si nos decantamos por una efeméride significativa y tenemos la suerte de que la publicación coincida con su celebración. Es el caso de hoy, cuando el memorial deportivo nos recuerda que hace 57 años, el 10 de septiembre de 1960, el atleta etíope Abebe Bikila ganó, con registro récord, el maratón de cierre de los Juegos Olímpicos de Roma –los primeros en ser televisados en vivo y en directo–, hecho que no tendría mucho de particular, si no fuese porque corrió completamente descalzo los 42 kilómetros y 195 metros de la prueba. En Venezuela, donde el revanchismo igualitarista bolichaviano, a juro y por debajo, redujo al habitante promedio a la menesterosa condición de pata en el suelo, y en el que un par de alpargatas, de conseguirse, cuesta lo suyo, la proeza del maratonista africano debe servir de ejemplar consuelo de tontos.

No es la histórica carrera de fondo citada el único acontecimiento a festejarse hoy, pues, en su santoral, la Iglesia Católica consagra el día al místico monje agustino Nicolás de Tolentino, la rima es casualidad, que es santo patrón de al menos cinco localidades colombianas y ya me dirán usted si es casualidad acaso que, en razón de este onomástico, al mandón nacional se le cuestione su venezolanidad y se le asigne por terruño la cuna de Nariño y Santander, dos próceres de la hermana república de los que Hugo Rafael hablaba pestes. Hay también evocaciones tardías o adelantadas que sirven de pábulo para continuar la andadura dominical, aferrados a la idea de que, cual encomiaba un entrañable y desaparecido predicador de cantinas, recordar es tan instructivo y divertido como beber y vivir. Vamos, entonces, a divertirnos e instruirnos con el marxismo. No con las paparruchas derivadas de especulaciones teóricas endilgadas a Carlucho, que de esas estamos ahítos, sino con los corrosivos apotegmas de la tendencia Groucho.

El pasado mes de agosto cumplió 40 años de haber partido al paraíso de los humoristas, que debe ser el infierno de la gente de rostro adusto, Julius Henry «Groucho» Marx, y el venidero mes de octubre, de vivir, estaría coleando a la sorprendente y provecta edad de 127 años, así que estamos atrapados entre 2 aniversarios de este insigne comediante que, sin querer queriendo, dejó para la posteridad, además de desternillantes películas protagonizadas por él y sus hermanos, una colección de frases que siguen maravillando por su agudeza y podrían pasar como ocurrencias de un tuitero inconforme que, de escuchar las interminable chácharas encadenadas de Chávez y el eco adormecido de los lamentos de Maduro, tal vez trinaría: «Si eres capaz de hablar sin parar, al final te saldrá algo gracioso» y, seguramente, acotaría que «partiendo de la nada, hemos alcanzado las cotas más altas de miseria». Y, después de casi 2 décadas de fallida administración, sin que el gestor nominal del socialismo militar haya podido determinar las causas de su fracaso, provoca lanzar pedradas de este tenor: «Él puede parecer un idiota y actuar como un idiota. Pero no se deje engañar. Es realmente un idiota».

¿Cómo no tener presente su mordaz fraseología cuando oímos disparatar a algún ministro y concordar con él en que «es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definidamente»? O, en relación con el encausamiento de civiles por tribunales militares, cómo no traer a colación lo que pensaba al respecto: «La justicia militar es a la justicia lo que la música militar es la música». Pensando en la oposición, y a propósito de las declaraciones de Chúo Torrealba, desmarcándose de las estrategias de la MUD, podríamos echar mano a su concepto de la política: «Arte de buscar problemas, encontrarlos por todas partes, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados»; una definición que cuadra con su singular código de ética para camaleones, sintetizado en un solo precepto, endosable a los saltadores de talanqueras: “Estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros».

Podríamos continuar hurgando en su catálogo de dichos y pensamientos y maravillarnos con la cantidad y calidad de asertos que acuñó a lo largo de su carrera, muchos de ellos recogidos en libros de su autoría. No es mi idea convertir esta entrega en antología de aforismos marxianos. Para eso están los suplementos literarios; sin embargo, me gustaría, para aterrizar, no dejar por fuera un par de preguntas muy propias de quien profesó indistintamente la ironía y el sarcasmo y fue capaz de sostener que no podría pertenecer a un Club que lo tuviera a él entre sus miembros: «¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí?». Probablemente no le inquietase de verdad trascender, pero lo hizo. Hay quienes acaparan boletos con la fatua esperanza de que la lotería de la fama se ocupe de ellos más allá de los 15 minutos que le corresponden. Lo hizo el oficialismo al exacerbar el culto a la personalidad del santo paracaidista celestial; culto que rebasa los límites de la racionalidad y es parte de una epopeya forjada en la fragua de las mixtificaciones históricas, en la que el despropósito es norma. Por eso –esta gente es capaz de lo impensable–, creo factible que el gobierno, a través de los comités locales de producción y abastecimiento (CLAP), esté distribuyendo una línea de productos higiénicos, exornados con los ojitos de quien resulta pavoso nombrar insistentemente, bajo la denominación “Aguas del comandante”. –Si la información no proviene de un bromista opositor, ya podrá Maduro, en sus procaces arrebatos, mandar al objeto de su ira a lavarse el paltó con las fulanas aguas. Menos mal no se trata de papel toilette. Sonaría muy feo eso de ¡a limpiarse el rabo con el comandante!

Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/groucho-las-aguas-del-comandante_202718
Ilustración: Brian McCarthy.

domingo, 26 de junio de 2016

GROUCHADA

EL NACIONAL, Caracas, 26 de junio de 2016
Criterio marxista
Raúl Fuentes

Suelo escribir estas líneas la noche del miércoles o, a más tardar, la mañana del jueves; esta semana, sin embargo, aguijoneado por la temprana lectura de dos trabajos firmados por un par de javieres, colaboradores habituales de El País semanal y de obra justamente reconocida y laureada, Javier Cercas (El lado humano) y Javier Marías (Perrolatría), estuve tentado a acometer esta tarea el mismísimo domingo. ¿La razón? Ambos mencionan a Hitler y a los perros: el primero, al referirse a la bondad que subyace en los hombres, aun cuando sean arquetipos de iniquidad –en la época de Pérez Jiménez, una actriz sureña vinculada sentimentalmente a Miguel Silvio Sanz, decía que este, a pesar de ser un torturador de sádico y sobresaliente desempeño (no en balde fue mano derecha de Pedro Estrada), tenía un corazón de oro–, sostiene que “Hitler no era (…) un perro inhumano; si lo hubiese sido, el problema estaría resuelto: muerto el perro, se acabó la rabia. Pero no era un perro y la rabia no se ha acabado”; en otro registro, acaso para irritar a los hombres que aman a los perros, Marías, al tildar de lerda la idea de que los “perrólatras gozan de superioridad moral y de un salvo conducto de ‘bondad”, nos recuerda en un paréntesis que el bueno de Adolfo era uno de tales canófilos.

Si a esa convergencia añadimos unas palabras de Hermann Göring, relegadas al depósito de los ya veremos para qué sirven –“...El pueblo puede ser persuadido. Esto es fácil. Todo lo que hay que decir es que está siendo atacado y denunciar a los pacifistas como faltos de patriotismo porque quieren exponer su país al peligro. Da resultado en todas las naciones”–, el mandado estaba hecho; había nomás que extrapolar: muerto Chávez no sucumbió el chavismo –el líder perdura a través de un médium que, no es ni su sombra y, más faramallero y peleón que él, dice tener su corazón, balbuciendo un remedo de su jerga belicista y rabiosa, llena de conflictos asimétricos y conflagraciones de cuarta o quinta generación–. Seguir por esa senda e hilvanar un previsible alegato antirrojo era un tiro al piso, porque, como reza el refrán, perro que ladra no muerde, menos aún el alimentado con guerrarina económica.

Ya con los pies en el lunes, quise saber qué sucedía con el esfuerzo ciudadano para hacer respetar su decisión de prescindir de los servicios de Nicolás ¿Podíamos ignorar jornadas que, pase lo que pase, serán memorables, sobre todo porque la voluntad del soberano se ha revelado inquebrantable frente a los obstáculos que el Ejecutivo y los poderes alcahuetes siembran en el camino del cambio? No. El martes, empero, cuando proyecciones conservadoras señalaban que la validación de firmas, malgré las morrocoyas del CNE, podría alcanzar la cantidad requerida para seguir adelante con el largo adiós –quedaría pendiente la certificación de las mismas, otro as bajo las mangas quelonias–, el señor José Luis Rodríguez Zapatero –¡CLAP!, ¡CLAP!, ¡CLAP!–, actuando en la práctica (para solaz de Podemos) como enviado del gobierno bolivariano (írrito de origen y ejercicio), intentaba en la OEA desconcentrar a la nación invocando un diálogo imposible, porque entre las premisas que listó no incluyó la petición de Fuenteovejuna para deponer al comendador, cuestión no negociable para la mayoría opositora.

Oyéndole desgranar su rosario de razones para “mediar” con miras a una “reconciliación nacional”, entre las que silencia, u olvida a posta, la voluntad de un pueblo –presumible y constitucionalmente– partícipe y protagonista de su destino, aumenta en uno la certidumbre de que el sosias de Mr. Bean y los otros miembros del trío tocan de oídas o guiados por la batuta de Maduro. Se aferró a “tantos y tan tontos tópicos”, que perecía repetir una lección aprendida para la ocasión. Sostuvo que ni él ni sus pares, el istmeño Torrijos y el quisqueyano Fernández, “han perdido el tiempo”. ¡Por supuesto que no, lo ganan para Nicolás! No procuran deshacer el nudo gordiano de la crisis, sino de asegurar un fílmico happy end a su patrocinante. Y la gata subió a la batea al sacar a relucir la “comisión de la verdad”, parapeto ingeniado por el régimen militar para ocultarla. Discurría, no hay otra, un nefelibata o un hipócrita que pasó por Venezuela sin que la realidad alterase sus preconceptos.

Y llegamos al atravesado miércoles barruntando que no es necesario hacer hoy lo que podemos hacer mañana, de modo que el jueves 23, víspera de tambores y desfiles, decido que es mejor meter la pata que cruzarse de brazos y pongo en negro sobre blanco mis pareceres. Si estos no gustan a los lectores, puedo parafrasear a Marx –Groucho, naturalmente– y ofrecerles otros. En ocasión distinta y sin ladridos, ¡claro!

Fuente: http://www.el-nacional.com/opinion/Criterio-marxista_0_872312825.html

domingo, 8 de junio de 2014

INSUFRIBLE MARADONA

EL NACIONAL, 8 de junio de 2914
Idioteces y exageraciones
Raúl Fuentes

En una de esas galas benéficas a las que asisten las estrellas porque es bueno para su imagen o porque no tienen nada mejor que hacer, la actriz  Brooke Shields, al referirse a los perjuicios ocasionados por el tabaco, dijo algo así  como que “fumar mata y, si mueres, pierdes una parte muy importante de tu vida”. En otro escenario, Giosue Cozzarelli, aspirante a Miss Panamá 2009, cobró notoriedad cuando sostuvo que “Confucio, además de ser uno de los chinos japoneses más antiguos”, había inventado la confusión. Ambos desatinos forman parte del repertorio de idioteces atribuidas a los famosos que circula por Internet y certifica que para ser una celebridad no se requiere de mucha perspicacia; para dirigir una nación, tampoco. Así, al menos, puede derivarse de lo que salió de la boca de un mandatario norteamericano que, para asentarse en la oficina oval, recurrió a trapacerías similares a las que licenciaron al CNE para proclamar presidente de Venezuela a quien hoy ejerce el cargo aunque él mismo dude de su legitimidad. “Un número bajo de votantes es indicativo de que menos personas están yendo a votar”, fue la perogrullada con la que George Bush trató de justificar su mediocre poder de convocatoria.
Aquí, la bobería emana del infructuoso esfuerzo del oficialismo por ocultar las costuras de su deshilvanada gestión para lo cual podría inventar, por ejemplo, que un súbito brote de gigantismo entre los enanos limita el desarrollo de las artes circenses; o, al revés, que una inesperada epidemia de enanismo afecta la práctica del baloncesto, y la culpa sería, por supuesto, de la oposición, el imperialismo, los medios y los sabios de Sion. De allí que cuando uno examina las frases inventariadas en el referido catálogo de necedades  se percata de que allí deberían figurar, con rango de sobresalientes, los argumentos con que eso que llaman Alto Mando Político-Militar de la Revolución  forja evidencias para desvelar planes enfilados a poner fin al gobierno y a la vida de Nicolás Maduro; planes inverosímiles, pero que llaman la atención por el abuso de una cierta dimensión  hiperbólica que confieren a las falsas conjuras un aire de exagerada suprarrealidad. Y es que la exageración es la esencia del discurso chavista.
Sobrecargado y narcisista, tal discurso gira alrededor de pocas y escuetas ideas orientadas a mantener a la población pendiente de las amenazas que estarían cerniéndose sobre el líder, cuya máxima expresión sería ese muy improbable atentado contra su vida que lo convierte en potencial mártir de la revolución por la cual estaría jugándose la vida y sería su pasaporte a la eternidad. Chávez no murió con las botas puestas ni a manos de enemigos que lo emboscaran; sin embargo, sus hagiógrafos se las han ingeniado para insinuar lo contrario. El asesinato político existe y la historia es pródiga en ejemplos, pero su conversión en cuña de intriga del tipo ahí viene el lobo es una vulgar estratagema propagandística, diseñada por los cubanos, que busca maximizar la significación histórica del supuesto objetivo, en este caso Nicolás Maduro. Sin obra que mostrar ni cualidades que lo  distingan, el heredero necesita de una tabla de salvación que le permita mantenerse a flote mientras se ejercita en la política en los términos de Groucho Marx, es decir, generando conflictos para hacer un diagnóstico equivocado y aplicar recetas inadecuadas en una cadena de desaciertos que ha disparado las alarmas de quienes se creían eran incondicionales aliados –Lula, Correa, Mujica– y suscitado el rechazo de gente a la que el exceso verbal del eterno iluminado de Sabaneta o, en su defecto, el barril sin fondo del tesoro público, logró cautivar y que ahora le dan la espalda, tal como lo ha hecho el insufrible Maradona.
Hay quienes opinan, y tal vez sea políticamente incorrecto sostener esta tesis que no compartimos –y, estamos seguros, es producto de la jodienda y no pasa de ser una humorada de gusto dudoso– que algunas personas están vivas solamente porque el asesinato es ilegal; quienes así piensan son los mismos que alegre o irresponsablemente trinan su descontento en las redes sociales y abonan el huerto de acusaciones que cultivan los cuerpos de seguridad del Estado y los agentes del G-2 que los asesoran. A ellos se debe la sucesión de fantasmales intentos de magnicidio (¿tiranicidio?) que cada tanto son desempolvados para distraer la atención de problemas reales con la convicción de que –como podría haber dicho Salvador Dalí– el mundo jamás se cansará de las exageraciones. Quién sabe si por eso Maduro tacha de asesina a María Corina y Arreaza presiente una inminente “tragedia nacional”. O quién sabe si solo se trata de ruido para acallar la furia del enemigo interno.

lunes, 30 de mayo de 2011

MARXONOMÍA


EL NACIONAL - Sábado 28 de Mayo de 2011 Opinión/6
ATres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
Sacudir el marxismo de las carabelas
JAVIER BIARDEAU R.*

Observando los impasses del actual proceso de transformación y el bloqueo teórico (epistemológico y hermenéutico) del llamado "socialismo del siglo XXI", así como de los "marxismos burocráticos", legados por el seguidismo ideológico a la revolución bolchevique o incluso al "marxismo-leninismo" de la Revolución Cubana, son cada vez más necesarias prácticas interpretativas radicalmente críticas y creativas; que vayan más allá de prácticas de reapropiación crítica y selectiva del pensamiento marxiano, que hundan su esclarecimiento en la raíz de los problemas y desmonten los prejuicios de la modernidad eurocéntrica, del colonialismo interno e intelectual. ¿En función de qué? De sustentar programas de investigación-acción para la transformación de la sociedad hegemónica.

El "marxismo de las carabelas" es un marxismo colonizador, un marxismo que reproduce los mitos del progreso, del desarrollismo, de la neutralidad ideológica de las fuerzas productivas, del productivismo y el consumismo, del occidentalismo e incluso de la lógica de la sociedad adquisitiva.

Además, ha sido un fracaso con relación a los proyectos para sustituir formas de dominación estatal, distribuir y organizar las relaciones de poder de manera radicalmente democrática, calcando los mitos hegemónicos que son parte del problema civilizatorio, y que no despejan los caminos para construir vías de solución de los problemas. Hay quienes suponen que no es necesario ningún debate teórico, que las recetas están hechas para ser aplicadas. Basta repetir a Lenin, glosar al Che, gritar: ¡Que viva Fidel!, darle un toque espiritual con una dosis de "teología de la liberación", colocar algunos aliños para reconocer cierto indo-socialismo ó la llamada afrodescendencia, reivindicar el feminismo de palabra y la ecología del "desarrollo sustentable", pero manteniendo intacta la falacia desarrollista, sin cuestionar las estructuras de dominación capitalistas ni las prácticas que prefiguran la burocracia socialista.

El cerebro de los vivos sigue aprisionado por las vestimentas ideológicas de tradiciones veneradas como dogmas sacrosantos. Se repiten cuentos, narrativas, argumentos y descripciones que corresponde a las inercias ideológicas de la vieja izquierda despótica, con su sacrosanto cuento de los manuales soviéticos, las codificaciones del partido-aparato, los rituales, la liturgia de los textos y estribillos sagrados, la escolástica de los "profesionales de la revolución", la repetición de la amalgama de una singular lectura de Marx, los habitus, en fin: alabado sea el dogma.

La crisis y el bloqueo del socialismo del siglo XXI no sólo son prácticos, son además teóricos. No hay salidas fáciles, no hay populismos que disfracen las debilidades del pensamiento revolucionario, ni hay mesianismos que sustituyan la formación política para el autogobierno de la ciudadanía republicana, no hay estructuras políticas que funcionen como cascarones carentes de concepciones ideológicas renovadas.

Sin sacudir el pensamiento tradicional de la izquierda cavernaria, la revolución se hunde por efecto de sus lastres ideológicos. El agotamiento es parte no sólo del reflujo del poder constituyente como multitud movilizada, sino como vacío de tareas del intelectual colectivo. He allí un grave asunto a ser asumido: sin pensamiento colectivo insurgente no habrá revolución.

¿Se habrán dado cuenta de este pequeño detalle los colectivos de propaganda bancaria y "revolucionaria", las escuelas de los partidos-maquinaria, los responsables de construir referentes ideológicos para la transformación? Por ahora, se reproduce el círculo vicioso del apagón revolucionario. Se requieren varios sacudones. Entre estos, hay uno del que nadie dice sino poco: el sacudón del pensamiento colectivo insurgente.

La burocracia huele que se ha quedado sin coartadas. ¿Dijo usted "militancia socialista" en la primera línea estratégica del PSUV? Comencemos por limpiar el jardín socialista de toda su basura ideológica. Hay que sacudir el colonialismo intelectual, dejar bien lejos el "marxismo" de las carabelas.

*UCV

Ilustración: Turcios

NOTA LB:

Un esfuerzo de legitimación, de remarxistización, de actualización. Quizá una salvación de las responsabilidades, frente al régimen. Lo cierto es que, frente a esa profesión de fe del Comandante-Presidente y seguidores más cercanos,prácticamente se dice poco sea a favor o en contra...

lunes, 23 de mayo de 2011

DEL MARXISMO EN EL PODER


El marxismo olvidado
Luis Barragán
(*)

Celebramos la realización de esta jornada de reflexión sobre el marxismo, el de antes y el de hoy, agradeciéndole al Dr. Jonathan Benavides, presidente de la fundación, su amable invitación. Constituye una iniciativa importante, pues, la profesión de fe del presidente Chávez suele pasar inadvertida, hay otras prioridades en el extenso y duro problemario socio-económico nacional y, a lo sumo, la versión más vulgar de la escuela es la que llega a cotizarse en la opinión pública, quizá por los consabidos efectos de la llamada “antipolítica”.

Breve digresión, la variedad, urgencia y tratamiento de los problemas nacionales frecuentemente impide el planteamiento de fondo del proyecto en curso, igualmente imputable a la escasa vocación para meditarlos, un dato importante de la cultura política impuesta y compartida en la década. La propensión a banalizar los acontecimientos públicos, sublimarlos según la coyuntura, en los cuadros oficialistas y – es necesario reconocerlo – en la oposición, impide ventilar aquellos asuntos supuestamente tediosos que nos agobian o pueden agobiarnos: las consignas de ocasión, no permiten airear – tratándose del propósito expreso de los actuales conductores del Estado – el modelo específico que Jorge Giordani, casi excepcionalmente, identifica como socialismo rentístico, u otros asuntos como la lucha de clases o la propia teoría del valor.

Luce indispensable una breve consideración del imaginario social que se ha implantado, más o menos exitosamente, teniendo por tal lo que el régimen cree de sí y del país (y lo que creemos de ambos), considerando los elementos racionales e irracionales que lo conforman. A guisa de ilustración, Gisela Kozak Rovero ha ponderado la supervivencia de un imaginario propio de los sesenta, al examinar con acierto un conjunto de novelas de gran influencia o éxito editorial (1), por lo que nos importa indagar sobre la otrora crisis que ese imaginario experimentó al fracasar la insurrección armada, asombrosamente superviviente.

Ejercicio de precisión, intentaremos esbozar y contrastar el componente racional luego de revisar dos importantes y – por entonces - impactantes ensayos: (A) “Proceso a la izquierda (o de la falsa conducta revolucionaria)” de Teodoro Petkoff (Editorial Planeta, Barcelona, 1976), y, replicándolo, “La izquierda y su proceso” de Moisés Moleiro (Ediciones Centauro, Caracas, 1977). Ciertamente, hay un conocimiento histórico que es parte de nuestro acervo socio-cultural convertido en sentido común, donde el núcleo figurativo explica la estructura conceptual (núcleo central), según colegimos de Elisa Casado G (2).

Adelantándonos, sostendremos que priva un imaginario social anacrónico que compensa el déficit de reflexión teórica del marxismo hecho poder en Venezuela. Y, a pesar del profundo debate de la inmediata etapa post-subversiva, los ya viejos errores fueron obviados en la última década, trastocados en recursos de sostenimiento en la dirección del Estado.

IMPROVISACIÓN ACTUAL DEL MARXISMO

Hay coincidencia en la sobrevaloración de la insurrección de los sesenta, cuya derrota agudizó el verbalismo revolucionario, generó un ritual moralista y facilitó el chantaje político, obviando otros instrumentos teóricos, inculpando exclusivamente a la burguesía de las distorsiones o muralla de prejuicios que aisló a la izquierda marxista, según Petkoff (A: 14, 24, 65 s.). Este cuestiona el modo de ser revolucionario que Moleiro, sencilla y radicalmente, acusa de haber dejado de serlo (A: 17 s., 75; B: 217), pareciéndonos interesante la estimación del marxismo como “toda una cultura, en medio de la cual nos movemos” y “pretendemos esclarecer y esclarecemos” los problemas esenciales (B: 174 s., 190, 196).

Interesante y también decisiva, porque el marxismo venezolano de ayer, no es el mismo de hoy, independientemente de las distintas circunstancias vividas. Antes, hubo una diferenciación de posturas e identidades de alcance conceptual y estratégico, o - por lo menos – acusados matices entre el PCV, MIR y FALN y sus desprendimientos, mientras que ahora se intenta el camino del partido hegemónico (PSUV), en el que suelen invocarse indiscriminadamente los liderazgos y escuelas encarnadas por Trotsky y Dieterich, Mao y Chomsky, Marulanda y Mariátegui, Gramsci y Guevara: todo antecedente revolucionario sirve al esfuerzo de legitimación actual del poder, independientemente de las contradicciones y desacuerdos suscitados ayer en los propios cuadros marxistas.

Tamaña invocación obedece a la extrema y utilitaria simplificación del discurso oficial, expuesto como continuidad de un mismo relato heroico, por forzado que fuese. Por consiguiente, dando la pista inicial del retroceso, la crisis es del marxismo como cultura y tradición en abusivo beneficio del imaginario de los sesenta que revela el soporte anacrónico del ejercicio de poder.

Es evidente la improvisación en los diferentes enfoques dizque marxistas del presidente Chávez, literalmente utilizados para fustigar a sus adversarios. No están muy lejos los oradores municipales o parlamentarios afines , permitiéndonos valorar las actas o diarios de debate como fuente insustituible para la calibración de toda comprensión y compromiso contraído con el régimen.

Puede tomarse como objetivo actual, la revolución socialista e independencia nacional (B: 133, 186), consumada ya las consabidas etapas que ocasionó la división del PCV y creación del MAS, en el plano teórico y estratégico (consumación de la democracia representativa, lucha anti-imperialista, salto hacia el socialismo, aunque sin reclutar a la burguesía industrial que se supuso haría causa común). Hallamos un exceso de adjetivaciones del socialismo en curso que, al mezclar las viejas consignas, no transmiten ese esfuerzo de reelaboración creadora que mereció o dijo merecer al compás del debate teórico de la etapa post-subversiva.

El marxismo en el poder, apela a la maniquea confrontación del capitalismo-socialismo, sin considerar siquiera – en términos generales – la sociedad ultrarrentista que impulsa incesantemente. Hay dudas sobre la acabada naturaleza capitalista del modelo que dice suplantar Chávez Frías y, por lo menos, Petkoff versaba “más exactamente” en torno a la “sui géneris civilización burguesa venezolana” (A: 26), deseosa de suplantar sin el cumplimiento del estapismo programado por el PCV, pero jamás el oficialismo ha expuesto una tesis coherente y convincente respecto al modelo de sociedad que desea y se empeña en destruir.

¿QUIÉN PROTAGONIZA?

Hoy, muy pocas veces se habla de la otrora celebérrima dictadura del proletariado, sobre la cual – partidario – abundó Moleiro (B: 182 ss.), acusado Petkoff de destruir como mito al proletariado mismo, ensayando un bloque social que no protagoniza o hegemoniza, de acento gramsciano (B: 122, 176 s., 185 s., 201, 261). Y llama la atención sobre una tarea todavía pendiente: “La izquierda venezolana no ha hecho siquiera un estudio serio de la clase obrera venezolana, de sus diversas capas, de su grado de conciencia política”, dando lugar a “ideas absurdas”, incurriendo en una “deificación de los pobres” (B: 244, 261).

Petkoff, tipificándolo como un “teleologismo histórico de izquierda”, la acusa de simplificar grosera y ficticiamente la complejidad social, transustanciada la clase obrera, denunciando que la mayor parte de las posiciones que le endilgan no preexisten en ella, al tratar el nuevo bloque social (A: 103 ss., 110). Genera la arraigada noción de vanguardia, que es mero voluntarismo, expresada – en última instancia - en la organización vertical, la falsa “unanimidad”, la atmósfera de intolerancia y la “imaginería de la organización revolucionaria como ‘Estado Mayor’” (A: 19, 31 s.).

Moleiro establece una relación importante del foquismo con el vanguardismo, acentuando en éste el abandono de la teoría por la acción heroica, la desvinculación con la clase obrera, el gesto que reemplaza a la organización, la simplificación del proceso cubano, el ciego activismo, la confrontación permanente, y – clave – el empeño de “reducir la política en términos militares” (B: 163, 254). Obviamente, junto a Petkoff, habida cuenta de sus diferencias polémicas, comulgan con la intención y misión de corregir las desviaciones. No obstante, sostenemos, no sólo sobrevivieron, sino que gozan de una amplísima vigencia.

Es cierto que no nos encontramos en medio de una dictadura como la conocida por Europa Oriental décadas atrás, pero no menos lo es que – partiendo de una cultura y sociedad básicamente democrática que lo condiciona, por los momentos – el régimen ha agudizado y perfeccionado sus rasgos autoritarios. Y, aunque Giordani insista en la generación de un nuevo bloque social (3), no es – precisamente – la clase obrera la que lo lideriza, ejemplificado el fenómeno extraordinariamente con la suerte que le ha tocado en la región de Guayana.

Por lo demás, desactualizada toda radiografía de las clases sociales en Venezuela, parece sobradamente evidente el privilegio capitalizado por la alianza cívico-militar que se traduce en la inmensa ventaja de quienes acceden a la burocracia y contrataciones públicas, capturando las divisas petroleras y haciéndose capaz de actos heroicos amparados por el Estado. Inevitable, ellas se realizan a través del PSUV, como aparato partidista y agencia clientelar que hace suya la fraseología revolucionaria, con todos los atributos de una vanguardia o foco de la sociedad militarizada que también impulsa, justamente deificada la pobreza a la que asiste – incluso – como negocio.

La radicalización presuntamente es verbal, incurriendo en el sostenido moralismo que observara Petkoff, quien advirtiera decenios atrás que la lucha de clases no debe confundirse con el resentimiento social, y – valga subrayar – cultivadora de lo que llamó la nostalgia por la lucha armada (A: 44 ss.). Esta, a nuestro juicio, es el motor de un imaginario que cuestionó, al igual que Moleiro, experimentando una crisis que se creyó terminal, hasta resurgir en reemplazo de toda la reflexión actualizadora que el marxismo venezolano olvidó.

Moleiro cuestionaba la presentación o exhibición de determinados dirigentes, como “comandantes”, durante la campaña electoral de 1973 (B: 146), mientras – ya lo citamos – Petkoff versaba sobre el “Estado Mayor”, siendo inevitable recordar la pública y oficial denominación o intitulación de Chávez Frías como “Comandante-Presidente”, al igual que los hay “Comandante-Diputado” y “Comandante-Concejal”. Es parte del imaginario reconstruido, de la historia contemporánea reescrita, contextualizadora en los términos de Casado, en absoluta sustitución de la discusión teórica sobre las intenciones y pretensiones del régimen. No obstante, de todo lo que se ha olvidado el marxismo actual venezolano, algo se salvó.

En efecto, para finalizar, Moleiro deslizó lo siguiente: “El grado de violencia represiva en una sociedad socialista dependerá de la resistencia que se le ofrezca, de las violaciones que se hagan de su legalidad, de la implementación de formas subversivas de violencia que puedan dañar seriamente el proyecto. Como todas las sociedades organizadas, por lo demás. Pero pretender que el socialismo será la reconciliación de todos los venezolanos, por encima de sus posiciones políticas y de los intereses en juego, no es más que un sueño. Y un sueño tonto” (B: 196 s.). Huelgan los comentarios.

Notas:

(1) http://www.analitica.com/va/politica/opinion/9233479.asp

(2) "La teoría de las representaciones sociales", en: Casado, E. - Calonge, S. (2001) "Conocimiento social y sentido común". Facultad de Humanidades y Educación. Universidad Central de Venezuela. Caracas: 57-105.

(3) http://www.analitica.com/premium/ediciones2009/5812611.asp

http://www.noticierodigital.com/2010/09/la-ferrarizacion-del-pais/

(*) Ponencia para la Jornada de Reflexión sobre el Marxismo Venezolano, Instituto de Formación “Juan Germán Roscio”. Caracas, 18 de Mayo de 2011.


Post-data:

Curioso, pues, al emplear frecuentemente la estampa de don Groucho para referirnos al marxismo, por el ya consabido grafiti del llamado Mayo Francés, unos se disgustan por irrespetar al magnífico comediante, mientras otros por ofender a don Karl....

sábado, 14 de mayo de 2011

¿Y LA NOVEDAD NO ES OBVIA?


EL NACIONAL - Sábado 14 de Mayo de 2011 Opinión/7
ATres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
Bienvenido el nuevo socialismo
JAVIER BIARDEAU R.*

Adiós al socialismo burocrático. Lo planteamos sin ambigüedades. La ruta viable históricamente no será el socialismo burocrático del siglo XX (Bahro) ó el estatismo autoritario (Poulantzas) cuestionado por diversas corrientes de pensamiento crítico marxista o socialista. Esta ruta está marcada por la liquidación de la democracia radical y plural.

El nuevo socialismo del siglo XXI implica la más amplia y diversa deliberación, participación y protagonismo de múltiples sujetos populares, de movimientos sociales y fuerzas políticas, que plantean puntos de vista concurrentes o conflictivos, reconociendo de entrada el "juego democrático" y el "pluralismo radical", propios de la condición histórica de la sociedad actualmente existente y potencialmente por-venir.

El pluralismo cultural, social y político condiciona aspectos fundamentales, como el proceso de reconocimiento social de la diversidad, para lograr establecer una sociedad justa, igualitaria, libre, radicalmente democrática, participativa y protagónica, constructora del bien común, multiétnica y pluricultural. Allí están los valores y principios indispensables que permiten renovar la construcción socialista para el siglo XXI.

Por tanto, hay claros cuestionamientos, por ejemplo, de las doctrinas capitalistas neoliberales (que consideran que la "justicia social" es un sinsentido-Hayek), o del monolitismo ideológico que caracterizó a las sociedades que experimentaron el dictat del pensamiento único de izquierdas.

Ni pensamiento único de derecha ni pensamiento único de izquierda. Por una razón muy simple, el pensamiento único, con toda su rigidez cognitiva, con todo su integrismo moral, con toda su pasión intolerante, puede fecundar en cualquier segmento del arco ideológico del espectro. No se trata, por cierto, de instituir prohibiciones legales contra el "pensamiento único" de derecha o de izquierda (una legalidad reaccionaria o una legalidad sectaria), pero sí de debilitar al máximo, a través de la lucha de tendencias y opiniones, las condiciones de posibilidad políticas para establecer su dictat ideológico como "pensamientos de la dominación". En cuestiones de pensamiento, no hay que ceder ningún terreno frente al despotismo de cualquier signo ideológico. En este terreno, justamente, hay que analizar las luces y sombras del proyecto de la Ilustración o la Modernidad, sea centralhegemónica o sea periféricasubalterna.

El socialismo democrático, participativo, de avanzada por el que vale la pena luchar hasta el final se enmarca en lo establecido jurídicamente en el artículo 3 de la Constitución bolivariana: el Estado democrático y social de Derecho y de justicia, tiene como fines esenciales la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto a su dignidad, el ejercicio democrático de la voluntad popular, la construcción de una sociedad justa y amante de la paz, la promoción de la prosperidad y el bienestar del pueblo y la garantía del cumplimiento de los principios, derechos y deberes reconocidos y consagrados en esta Constitución.

Bajo la hegemonía del pensamiento único de derecha o de izquierda es prácticamente imposible alcanzar estos fines.

Habrá que recordar que los saberes contrahegemónicos son pensamientos contra las sumisiones del espíritu. Habrá que recordar al enragé y cura del pueblo Jacques Roux cuando decía que: "La libertad no es otra cosa que un fantasma inútil, cuando una clase de hombres puede reducir al hambre impunemente a la otra. La igualdad no es otra cosa que un fantasma inútil, cuando el rico, mediante el monopolio, ejerce el derecho de vida y muerte sobre sus semejantes".

La democracia podría ser un fantasma, una farsa, cuando el representante existe gracias a que el representado sólo puede emplear su esfuerzo y tiempo en procurar únicamente la subsistencia. En medio de la miseria y la pobreza, la democracia participativa resulta un imposible. La clave del liderazgo revolucionario y democrático reside en las actitudes emancipadoras de Simón Rodríguez, en el aprendizaje del autogobierno popular, en fin, una educación política para la libertad, la igualdad y la ciudadanía republicana.


(*) Universidad Central de Venezuela

sábado, 13 de noviembre de 2010

el espejo de carlos marx



Grouchismo
LB


No hay debate político, público y abierto, sobre el marxismo del encaje que fuera. Menos, una discusión teórica. Procuramos reflejar la poca que hay en éste departamento. Frecuentemente, el espacio de Rigoberto Lanz nos lo brinda, independientemente del básico desacuerdo que tenemos con la escuela. Simplemente, al reflejarlo en nuestro modesto blog, no deseamos que se pierdan los textos, unos de mayor y otros de menor valía. Lo que lamentamos es la poca disposición a la confrontación. Se aislan. Evaden. Sobre todo cuando Emeterio Gómez o Eduardo Vásquez los punza. Un grouchismo, pues....