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viernes, 1 de mayo de 2020

DÍA DE LOS DESALARIZADOS Y JUECES LABORALES PROVISORIOS

Del día de las inspectorías del trabajo
Luis Barragan

De nuevo, en las vecindades del Primero de Mayo, constatamos la naturaleza, vocación e impudicia del régimen socialista que, según el viejo credo, se dice defensor de los trabajadores. Simplificando la tragedia que todos vivimos a un inútil asunto salarial, aumentarlo es un negocio redondo para sus prohombres en el marco de una economía delictiva, humillando cínicamente, incluso, a quienes alguna vez lograron engañar.

Paradoja recurrente en el mundo entero, el siglo XXI ha significado la eliminación real y objetiva del proletariado y de sus organizaciones sindicales reemplazadas por aparatos de ocasión, prestos a las más descaradas corruptelas.  Si alguna representación intenta el régimen, es la de una burocracia acantonada en las Inspectorías del Trabajo, pues, el resto de los funcionarios de la administración pública, antes, piezas teatrales para un fugaz encuentro con el antecesor y el sucesor, ya no se prestan para la barata opereta.

Les importa un bledo que no tener proletarios que le den soporte al discurso del poder, bastándoles la trilladísima consigna de “presidente-obrero”. Además, no los hay, porque los siquitrillaron al lumpemproletarizar al país.

Era muy  antes que los cubanos,  los europeos orientales, los asiáticos y, por supuesto, los  soviéticos, hablaban de la alianza histórica obrero-campesina, porque – diciéndolo todo y, a la vez, nada  – la tal alianza, acá, ahora y siempre,  es cívico – militar. Desde hace mucho tiempo, el proletariado y la lucha de clases, fueron sustituidos por los movimientos sociales, incluso,  reivindicado el peronismo, según la pluma de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe; o, dicho por un conocido sociólogo y marxista español, César Ruendeles, proletariado y lucha de clases constituye un  reduccionismo.

O, lo que igual, dirán los adalides del Estado Criminal en Venezuela: si no les gustan estos principios, acá tenemos otros, como bien ironizó Groucho  Marx miles de años atrás. Luego, trabajadores que celebran su día: he acá el  socialismo del siglo XXI que corre por las venas de las Inspectorías del Trabajo.

30/03/2020:

DÍA DE LOS INSPECTORES DEL TRABAJO Y PARAPETOS SINDICALES

Boliburgueses del mundo, ¡uníos!
Luis Barragán

Cierto, variados son los bemoles del socialismo, pero el protagonismo del proletariado es uno de los sellos inconfundibles de la propuesta que se ha realizado hasta el hartazgo, jurándole por siempre un extraordinario papel histórico de acuerdo al canon. Sin embargo, en Venezuela, empeorada la versión cubana, el proletario no sólo está relegado en la amplia escenografía de los artificios, sino que el régimen socialista lo ha pulverizado inmisericordemente.

El obrero calificado que, al comenzar el siglo, gozaba de una envidiable estabilidad laboral y vivienda propia, con seguridad social y posibilidades de ahorro para enviar a sus hijos a la universidad y hasta disfrutar de unas vacaciones en el exterior, hoy está sumergido en las áreas marginales de cualquier localidad, desempleado,  médicamente desatendido y vapuleado por la hiperinflación.  Chávez Frías y Maduro Moros, como pocos podían hacerlo, se encargaron de ello, negándole alguna defensa porque igualmente arrasaron con los sindicatos autónomos.

¿Habrá dudas al respecto?, pues, tras el  saqueo sistemático de los recursos públicos,  incursionando en otros ámbitos igualmente delictivos, emergió la clase conductora del socialismo del siglo XXI, quizá teniendo por origen el más burdo testaferrismo. Exactamente domiciliada en  los paraísos fiscales, ha adquirido o dice haber adquirido una cierta autonomía respecto a los prohombres del régimen, extendiendo en lo posible sus intereses a los sectores de oposición para garantizar no sólo la propia supervivencia, sino condicionar cualesquiera transiciones que se planteen. Así de sencillo, por cierto.

En este Primero de Mayo, ya saben que no hay proletariado alguno que les reclame su ascendencia, protagonismo y,  en fin, estelaridad. Y, en el supuesto negado de sobrevivir a la debacle,  serán los campeones del libre mercado y de todas las libertades pendientes, pues, en la perspectiva marxista que les sirvió de tanto provecho, no habrá rivalidad histórica alguna que los conmueva. Excepto,  un pequeño problema:  el de las consabidas sanciones internacionales que operan como el mayor peligro para el exclusivo gremio que ha fallado en su unidad, compactación y solidez política, porque les está dando alcance la intransferible responsabilidad individual.

Desmentidas sus promesas históricas, el socialismo dejará como legado a un gremio que clama por la unión de todas sus fuerzas, ahora, preventivamente dispersas por el mundo, aunque posiblemente serán pocos los que quedarán en pie con sus fortunas mal habidas. Y, en el Día del Trabajador, temen a la peor de  las marchas: a la cárcel.

30/04/2020: