NOTITARDE, Valencia, 30 de marzo de 2014
Jesús cura a un ciego de nacimiento (Jn.9,1-41)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes
Legamos al cuarto domingo de cuaresma y en el evangelio se nos presenta el milagro que realiza Jesús en sábado a un ciego de nacimiento. Si ya de por sí el milagro es un acontecimiento maravilloso, extraordinario; más significativo es como dice el mismo receptor del milagro ante el interrogatorio de los fariseos: "que jamás se ha oído decir que alguien haya devuelto la vista a un ciego de nacimiento". Solo Jesús es capaz de hacer este tipo de milagros y la razón está en que Él es el mismo Dios presente en medio de su pueblo; que ha venido para "dar vista a los ciegos", porque es la "la luz del mundo".
Toda la narración habla de un proceso pedagógico para alcanzar la fe o dicho de otra forma, el milagro que Jesús realiza a este hombre va desde el darle la luz física (poder ver) a la luz de la fe (reconocer a Jesús como el Hijo del Hombre, como el enviado de Dios). Realmente es edificante como a pesar de las críticas de los fariseos fanáticos, de las amenazas de los religiosos del momento, de lo contrastante de guardar el sábado y no vivir la caridad o hacer el bien, de la sociedad injusta que condenaba a un enfermo de nacimiento y lo señalaba como pecador (como si ya no era suficiente la carga física de la propia enfermedad para que le colocasen encima una etiqueta moral que afirmaba que su enfermedad era a causa de su pecado o del pecado de sus padres), el ciego reconoce a Jesús como Mesías y Salvador, afirmando "yo creo" y se postró ante Él, como signo de adoración y reconocimiento de su divinidad.
De esa cultura injusta y de una religión de culto vacío, sin proyección hacia el prójimo, procedían los primeros seguidores de Jesús que le preguntan: "¿Quién pecó, él o sus padres para que haya nacido ciego?" y Jesús con su conducta les demuestra que es lo que quiere Dios, como se acerca al hombre enfermo, al que vive desesperado, despreciado, solitario, desamparado y lo ve, lo escucha, lo atiende, lo sana, lo incorpora a la sociedad y alecciona a los que ven el milagro y el cambio de esa persona. Es la pedagogía de Dios; es su amor y bondad revelada en Cristo.
El evangelio deja claro, al final, que realmente el ciego no era aquel hombre que nació sin poder ver físicamente; por eso dice Jesús a los fariseos "si fueran ciegos no tendrían pecado, pero como dicen: vemos, su pecado permanece". Con esto, estaba afirmando que el hecho de nacer ciego físicamente no era signo de pecado; peor era ver con los ojos físicos, pero no reconocer ante ellos, con todos los signos que se les iban presentando que Jesús es el Dios verdadero, el Mesías, el Salvador y la Luz del mundo. En esto, es ejemplarizante la fe y la actitud del hombre que recupera la vista y cuando ve a Jesús, manifiesta su fe en Él, se postra y le adora como Dios.
El cristiano es hijo de la luz y está invitado a vivir en la luz. Desde el bautismo ha recibido la fuerza y la luz del Espíritu Santo. Por eso, el discípulo de Cristo está llamado a reconocer a Jesús como su Dios y Señor y al mismo tiempo, trabajar constantemente para vencer toda oscuridad que haya en su vida personal, familiar o en su entorno social; es invitado a permanecer fiel a Él que es la luz del mundo; luchar contra el pecado, contra la cultura de la muerte, del odio, del paganismo, traducido en esa sociedad que vive de espaldas a Dios, con el corazón cerrado a los hermanos y con la autodestrucción en el mundo de los vicios o placeres desordenados.
Esta cuaresma que estamos viviendo tiene que ser propicia para que nosotros, los cristianos católicos, de manera particular, vivamos nuestro compromiso cristiano de "ser luz y sal de la tierra"; de alumbrar el camino en nuestro andar cotidiano, de disipar las tinieblas del mal y esto será posible si permanecemos unidos, conectados a la fuente de la luz, a aquel que es el sol que nace de lo alto: Cristo. No podremos vivir como hijos de la luz ni ser luz para los demás, si no permanecemos unidos a Nuestro Señor, Jesucristo. Que superemos el fanatismo de los fariseos que pensaban que solo por ser fariseos ya estaban salvados o eran mejores que los demás; que aprendamos de Jesús la caridad.
La misma pregunta de Jesús al que fue ciego vale para nosotros: "¿Tú crees en el Hijo del Hombre?". La respuesta es personal.
IDA Y RETORNO: El Vaticano ha manifestado su disposición de ser intermediario o ayudar en la crisis que se vive en Venezuela. La Iglesia dice presente en este momento difícil que vive el país y quiere aportar para que haya progreso, justicia, unidad, reconciliación y paz. Sigamos orando para que la Luz de Cristo alumbre el camino que necesitamos emprender los venezolanos para superar este momento de oscuridad que nos afecta a todos por igual y sobre todo a las familias que han perdido un ser querido en medio de las protestas que se han dado en el país. Dios y la Virgen bendigan al país.
Breve nota LB: Entre otros aspectos, en su homilía de hoy, inteligentemente
prudente, pero decidora, el Padre José
Vicente Ramírez Meza (Redentorista) insistió en el tema de la paz. Palabras
más, palabras menos, hay quienes no desean ver lo que ocurre, para una
reflexión extraordinaria.Además, insistió no es paz la pasividad.
Cfr. José Martínez de Toda (SJ): http://radioevangelizacion.org/noticia/reflexion-al-evangelio-creo-senor
Obra: Carlos Zerpabzueta.
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domingo, 30 de marzo de 2014
domingo, 9 de marzo de 2014
LLAMADO A LA PAZ
San Mateo (4,1-11)
Nuestra gran tentación
José Antonio Pagola
La escena de “las tentaciones de Jesús” es un relato que no hemos de interpretar ligeramente. Las tentaciones que se nos describen no son propiamente de orden moral. El relato nos está advirtiendo de que podemos arruinar nuestra vida, si nos desviamos del camino que sigue Jesús.
La primera tentación es de importancia decisiva, pues puede pervertir y corromper nuestra vida de raíz. Aparentemente, a Jesús se le ofrece algo bien inocente y bueno: poner a Dios al servicio de su hambre. “Si eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”.
Sin embargo, Jesús reacciona de manera rápida y sorprendente: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de boca de Dios”. No hará de su propio pan un absoluto. No pondrá a Dios al servicio de su propio interés, olvidando el proyecto del Padre. Siempre buscará primero el reino de Dios y su justicia. En todo momento escuchará su Palabra.
Nuestra necesidades no quedan satisfechas solo con tener asegurado nuestro pan. El ser humano necesita y anhela mucho más. Incluso, para rescatar del hambre y la miseria a quienes no tienen pan, hemos de escuchar a Dios, nuestro Padre, y despertar en nuestra conciencia el hambre de justicia, la compasión y la solidaridad.
Nuestra gran tentación es hoy convertirlo todo en pan. Reducir cada vez más el horizonte de nuestra vida a la mera satisfacción de nuestros deseos; hacer de la obsesión por un bienestar siempre mayor o del consumismo indiscriminado y sin límites el ideal casi único de nuestras vidas.
Nos engañamos si pensamos que ese es el camino a seguir hacia el progreso y la liberación. ¿No estamos viendo que una sociedad que arrastra a las personas hacia el consumismo sin límites y hacia la autosatisfacción, no hace sino generar vacío y sinsentido en las personas, y egoísmo, insolidaridad e irresponsabilidad en la convivencia?
¿Por qué nos estremecemos de que vaya aumentando de manera trágica el número de personas que se suicidan cada día? ¿Por qué seguimos encerrados en nuestro falso bienestar, levantando barreras cada vez más inhumanas para que los hambrientos no entren en nuestros países, no lleguen hasta nuestras residencias ni llamen a nuestra puerta?
La llamada de Jesús nos puede ayudar a tomar más conciencia de que no sólo de bienestar vive el hombre. El ser humano necesita también cultivar el espíritu, conocer el amor y la amistad, desarrollar la solidaridad con los que sufren, escuchar su conciencia con responsabilidad, abrirse al Misterio último de la vida con esperanza.
http://odresnuevos.wordpress.com/evangelio-domingos/evangelio-9-marzo-2014/
Cfr. José Martínez de Toda (SJ): http://radioevangelizacion.org/noticia/reflexion-al-evangelio-dominical-no-solo-pan-vive-hombre
Isabel Vidal de Tenreiro: http://elimpulso.com/articulo/buena-nueva-el-combate-espiritual#
Notitarde, Valencia, 9 de marzo de 2014
"Caminando con Cristo"
El camino cuaresmal (Mt.4, 1
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes
El miércoles pasado, con el llamado "Miércoles de Ceniza", los cristianos católicos hemos iniciado el tiempo de cuaresma, cuarenta días que nos preparan a la celebración de la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo; un tiempo especial para acompañar a Jesús camino al Calvario, para llevar nuestra propia cruz detrás de Él, para luego resucitar, encontrar la paz, la fortaleza, la alegría, la vida plena en este mundo y después la vida eterna, que de una vez para siempre, nos alcanzó Jesús en el madero de la cruz.
La cuaresma es un tiempo donde la misma Palabra de Dios nos invita a intensificar la vida de oración; es decir, nuestro diálogo amoroso y confiado con Dios, que sabemos nos ama y está atento a nuestras necesidades y nos acompaña en el caminar de nuestra existencia; también el ayuno, que significa privarnos de comer algo o hacer algo que nos causa placer o gusto y ofrecérselo a Dios como un pequeño sacrificio, poniendo delante de Él una petición especial, pidiendo que nos ayude a vencer algo que nos cuesta, a luchar contra el mal, para que Él en su infinita bondad se digne atenderla y si sabe nos conviene y es útil para nuestra vida espiritual nos conceda lo que le pedimos. Dice el mismo Jesús, que hay ciertos demonios que salen con oración y ayuno. Cuaresma también es tiempo para la penitencia; es decir, revisar nuestra vida, arrepentirnos del pecado cometido, del mal que descubrimos en nosotros y decidirnos a ser mejores; para esto Jesús ha dejado el sacramento de la confesión o de la penitencia, para perdonarnos los pecados y ayudarnos a vencer el mal. Sobre todo en la cuaresma se nos invita a intensificar la caridad, el amor, la misericordia para con el otro. Una fe sin obras de amor está muerta, un cristiano que dice tener fe y seguir a Cristo, pero que tiene su corazón endurecido, cerrado al perdón, indiferente a las necesidades de sus hermanos, lleno de egoísmo, de maldad y odio, no ha conocido realmente ni ha dejado que el amor de Dios lo llene y transforme. Por eso, la caridad es un llamado que de manera especial Jesús nos hace en este tiempo que nos prepara a la Pascua. La cuaresma, en fin, nos hace un llamado a convertirnos, a volver a Dios, a seguir los pasos de Jesús, a vivir un cristianismo auténtico, sobre todo en el amor a Dios y al prójimo, con el que más sufre.
Cuando un cristiano, llamado por Dios a vivir en su amor, decide seguir a Cristo, siempre en el camino encontrará tentaciones, situaciones, acontecimientos, personas, el mismo demonio que querrá apartarlo del camino de Dios. Tal como le sucedió a Jesús en su vida pública y que en el momento de prepararse para manifestarse a Israel, fue al desierto en oración y ayuno y allí se le apareció el demonio poniéndole una serie de tentaciones, en el placer, el poder y el tener, las cuales fueron superadas por Jesús, por estar en todo momento en encuentro profundo con su Padre Dios. No olvidemos que Jesús fue plenamente humano también, el Hijo de Dios, pero humano, menos en el pecado y fue sometido a la tentación, como le sucede a cualquier persona; pero Él claro de quién era y unido a su Padre eterno, pudo vencer y ahuyentar al mal, al mismo demonio y salió fortalecido. No será la última vez que el demonio viniera a tentarle, burlarse, ponerle pruebas, zancadillas, venderle mentiras como verdades; serán muchas veces, pero siempre Jesús venció, hasta que definitivamente en el madero de la cruz venció a la muerte, al pecado, al mal y al demonio para siempre. Desde allí y por Él, con Él y en Él, es que el cristiano, su discípulo puede vencer al mal, al demonio, puede superar las tentaciones y alcanzar realmente lo que llena la vida y le da auténtico sentido. Desde el bautismo, cuando Jesús nos donó su Espíritu Santo, tenemos la capacidad, el poder espiritual para vencer las tentaciones, para ahuyentar al mal y salir victoriosos en Cristo.
Aprovechemos este tiempo de cuaresma para orar, hacer ayuno, acercarnos al sacramento de la confesión y vivir la caridad y así iremos creciendo y fortaleciendo nuestra amistad con Dios.
IDA Y RETORNO: Agradezco al Señor porque el pasado viernes 7 de marzo, mi querida mamá Evangelia cumplió 77 años. Jesús la siga bendiciendo, junto a mi papá y toda la familia.
El Seminario de Valencia, junto a mi persona y otros hermanos sacerdotes del Equipo formativo, participamos, días atrás, en dos encuentros de oración ecuménica por la paz en Venezuela, guiados por la Iglesia Católica y promovido por la Alcaldía de San Diego, en el Parque Metropolitano de ese municipio. Asistieron muchas personas, pastores de algunas iglesias evangélicas y tuvimos la oportunidad de encontrarnos y pedir a Dios por nuestro país que vive momentos difíciles. Agradecemos al Alcalde Enzo Scarano por ésta iniciativa y a todas las personas que con fe y devoción asistieron a éste encuentro espiritual.
Fotografía: Postrimerías de la misa del Padre J.V. Ramírez Meza, muestra los niños de la catequésis con sus dibujos llamando a la paz entre los venezolanos.
Nuestra gran tentación
José Antonio Pagola
La escena de “las tentaciones de Jesús” es un relato que no hemos de interpretar ligeramente. Las tentaciones que se nos describen no son propiamente de orden moral. El relato nos está advirtiendo de que podemos arruinar nuestra vida, si nos desviamos del camino que sigue Jesús.
La primera tentación es de importancia decisiva, pues puede pervertir y corromper nuestra vida de raíz. Aparentemente, a Jesús se le ofrece algo bien inocente y bueno: poner a Dios al servicio de su hambre. “Si eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”.
Sin embargo, Jesús reacciona de manera rápida y sorprendente: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de boca de Dios”. No hará de su propio pan un absoluto. No pondrá a Dios al servicio de su propio interés, olvidando el proyecto del Padre. Siempre buscará primero el reino de Dios y su justicia. En todo momento escuchará su Palabra.
Nuestra necesidades no quedan satisfechas solo con tener asegurado nuestro pan. El ser humano necesita y anhela mucho más. Incluso, para rescatar del hambre y la miseria a quienes no tienen pan, hemos de escuchar a Dios, nuestro Padre, y despertar en nuestra conciencia el hambre de justicia, la compasión y la solidaridad.
Nuestra gran tentación es hoy convertirlo todo en pan. Reducir cada vez más el horizonte de nuestra vida a la mera satisfacción de nuestros deseos; hacer de la obsesión por un bienestar siempre mayor o del consumismo indiscriminado y sin límites el ideal casi único de nuestras vidas.
Nos engañamos si pensamos que ese es el camino a seguir hacia el progreso y la liberación. ¿No estamos viendo que una sociedad que arrastra a las personas hacia el consumismo sin límites y hacia la autosatisfacción, no hace sino generar vacío y sinsentido en las personas, y egoísmo, insolidaridad e irresponsabilidad en la convivencia?
¿Por qué nos estremecemos de que vaya aumentando de manera trágica el número de personas que se suicidan cada día? ¿Por qué seguimos encerrados en nuestro falso bienestar, levantando barreras cada vez más inhumanas para que los hambrientos no entren en nuestros países, no lleguen hasta nuestras residencias ni llamen a nuestra puerta?
La llamada de Jesús nos puede ayudar a tomar más conciencia de que no sólo de bienestar vive el hombre. El ser humano necesita también cultivar el espíritu, conocer el amor y la amistad, desarrollar la solidaridad con los que sufren, escuchar su conciencia con responsabilidad, abrirse al Misterio último de la vida con esperanza.
http://odresnuevos.wordpress.com/evangelio-domingos/evangelio-9-marzo-2014/
Cfr. José Martínez de Toda (SJ): http://radioevangelizacion.org/noticia/reflexion-al-evangelio-dominical-no-solo-pan-vive-hombre
Isabel Vidal de Tenreiro: http://elimpulso.com/articulo/buena-nueva-el-combate-espiritual#
Notitarde, Valencia, 9 de marzo de 2014
"Caminando con Cristo"
El camino cuaresmal (Mt.4, 1
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes
El miércoles pasado, con el llamado "Miércoles de Ceniza", los cristianos católicos hemos iniciado el tiempo de cuaresma, cuarenta días que nos preparan a la celebración de la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo; un tiempo especial para acompañar a Jesús camino al Calvario, para llevar nuestra propia cruz detrás de Él, para luego resucitar, encontrar la paz, la fortaleza, la alegría, la vida plena en este mundo y después la vida eterna, que de una vez para siempre, nos alcanzó Jesús en el madero de la cruz.
La cuaresma es un tiempo donde la misma Palabra de Dios nos invita a intensificar la vida de oración; es decir, nuestro diálogo amoroso y confiado con Dios, que sabemos nos ama y está atento a nuestras necesidades y nos acompaña en el caminar de nuestra existencia; también el ayuno, que significa privarnos de comer algo o hacer algo que nos causa placer o gusto y ofrecérselo a Dios como un pequeño sacrificio, poniendo delante de Él una petición especial, pidiendo que nos ayude a vencer algo que nos cuesta, a luchar contra el mal, para que Él en su infinita bondad se digne atenderla y si sabe nos conviene y es útil para nuestra vida espiritual nos conceda lo que le pedimos. Dice el mismo Jesús, que hay ciertos demonios que salen con oración y ayuno. Cuaresma también es tiempo para la penitencia; es decir, revisar nuestra vida, arrepentirnos del pecado cometido, del mal que descubrimos en nosotros y decidirnos a ser mejores; para esto Jesús ha dejado el sacramento de la confesión o de la penitencia, para perdonarnos los pecados y ayudarnos a vencer el mal. Sobre todo en la cuaresma se nos invita a intensificar la caridad, el amor, la misericordia para con el otro. Una fe sin obras de amor está muerta, un cristiano que dice tener fe y seguir a Cristo, pero que tiene su corazón endurecido, cerrado al perdón, indiferente a las necesidades de sus hermanos, lleno de egoísmo, de maldad y odio, no ha conocido realmente ni ha dejado que el amor de Dios lo llene y transforme. Por eso, la caridad es un llamado que de manera especial Jesús nos hace en este tiempo que nos prepara a la Pascua. La cuaresma, en fin, nos hace un llamado a convertirnos, a volver a Dios, a seguir los pasos de Jesús, a vivir un cristianismo auténtico, sobre todo en el amor a Dios y al prójimo, con el que más sufre.
Cuando un cristiano, llamado por Dios a vivir en su amor, decide seguir a Cristo, siempre en el camino encontrará tentaciones, situaciones, acontecimientos, personas, el mismo demonio que querrá apartarlo del camino de Dios. Tal como le sucedió a Jesús en su vida pública y que en el momento de prepararse para manifestarse a Israel, fue al desierto en oración y ayuno y allí se le apareció el demonio poniéndole una serie de tentaciones, en el placer, el poder y el tener, las cuales fueron superadas por Jesús, por estar en todo momento en encuentro profundo con su Padre Dios. No olvidemos que Jesús fue plenamente humano también, el Hijo de Dios, pero humano, menos en el pecado y fue sometido a la tentación, como le sucede a cualquier persona; pero Él claro de quién era y unido a su Padre eterno, pudo vencer y ahuyentar al mal, al mismo demonio y salió fortalecido. No será la última vez que el demonio viniera a tentarle, burlarse, ponerle pruebas, zancadillas, venderle mentiras como verdades; serán muchas veces, pero siempre Jesús venció, hasta que definitivamente en el madero de la cruz venció a la muerte, al pecado, al mal y al demonio para siempre. Desde allí y por Él, con Él y en Él, es que el cristiano, su discípulo puede vencer al mal, al demonio, puede superar las tentaciones y alcanzar realmente lo que llena la vida y le da auténtico sentido. Desde el bautismo, cuando Jesús nos donó su Espíritu Santo, tenemos la capacidad, el poder espiritual para vencer las tentaciones, para ahuyentar al mal y salir victoriosos en Cristo.
Aprovechemos este tiempo de cuaresma para orar, hacer ayuno, acercarnos al sacramento de la confesión y vivir la caridad y así iremos creciendo y fortaleciendo nuestra amistad con Dios.
IDA Y RETORNO: Agradezco al Señor porque el pasado viernes 7 de marzo, mi querida mamá Evangelia cumplió 77 años. Jesús la siga bendiciendo, junto a mi papá y toda la familia.
El Seminario de Valencia, junto a mi persona y otros hermanos sacerdotes del Equipo formativo, participamos, días atrás, en dos encuentros de oración ecuménica por la paz en Venezuela, guiados por la Iglesia Católica y promovido por la Alcaldía de San Diego, en el Parque Metropolitano de ese municipio. Asistieron muchas personas, pastores de algunas iglesias evangélicas y tuvimos la oportunidad de encontrarnos y pedir a Dios por nuestro país que vive momentos difíciles. Agradecemos al Alcalde Enzo Scarano por ésta iniciativa y a todas las personas que con fe y devoción asistieron a éste encuentro espiritual.
Fotografía: Postrimerías de la misa del Padre J.V. Ramírez Meza, muestra los niños de la catequésis con sus dibujos llamando a la paz entre los venezolanos.
lunes, 3 de marzo de 2014
ABSOLUTA CONFIANZA
NOTITARDE, Valencia, 2 de marzo de 2014
"Caminando con Cristo"
Cada día tiene su afán (Mt.6, 24-34)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes
El texto del evangelio de este domingo tiene dos partes: En la primera Jesús afirma que no se puede servir a Dios y al dinero al mismo tiempo y en la segunda hace una invitación a no preocuparse demasiado por las cosas que necesitamos. Estas dos partes que el evangelio de hoy nos presenta tiene una misma invitación: Poner de primero a Dios en la vida, centrar nuestro corazón en Él, rendirle culto y adoración solo a Él y lo demás vendrá por añadidura.
Sabemos, por experiencia humana que el dinero en la vida es necesario y que el ser humano tiene necesidades básicas que necesita satisfacer para poder tener una vida digna y desarrollarse como persona. Necesitamos la alimentación, el vestido, la educación, la salud, la vivienda, entre otras cosas, para poder realizar la vida familiar, el encuentro como seres humanos y avanzar hacia la felicidad. Quien pasa hambre, quien no tiene con qué vestirse, quien no tiene un mínimo de formación académica, que está enfermo y no tiene un hogar, por sencillo que sea, difícilmente podrá anhelar o aspirar otras cosas, ni siquiera lo espiritual. Dios sabe, como lo dice Jesús, que todo hijo suyo necesita todas estas cosas para poder vivir en paz, en tranquilidad y en la base que nos abre al camino de la felicidad.
La advertencia que nos hace Jesús es que nuestra vida no caiga en la ambición, por una parte, ni en el desespero neurótico por llenarnos de cosas o preocuparnos al extremo de las cosas del mañana. Jesús no quiere que sus discípulos sean esclavos del materialismo ni de un futuro incierto, que no caigan en la tentación de la opulencia ni de la angustia por cosas que esclavizan la vida del hombre. Jesús nos quiere libres, con el corazón y la vida centrada en Dios que es la fuente del amor, de la libertad, de la paz y felicidad plena. Quien busca a Dios y tiene a Dios en su vida lo tiene todo y lo puede todo. Nunca Dios abandonará a un hijo suyo, siempre El Señor será Padre providente para quien pone su fe y confianza en Él. Si Dios es providente con la naturaleza, nos dice Jesús, es más providente y está siempre atento a las necesidades de sus hijos; pero más que buscar cosas, el creyente necesita buscar a Dios, ésa es realmente su principal y mayor necesidad; porque si Dios no está en la vida del hombre, la vida se hace estéril, vacía, pesada; su amor, su amistad y providencia sostienen nuestra existencia, le dan plenitud y fuerza.
El cristiano necesita y debe tener siempre como prioridad el Reino de Dios y su justicia; es decir, que Dios debe ser siempre lo más importante en nuestra vida, que desde Él podamos construir una vida plena y podamos planificar y vivir nuestro diario peregrinar. Que no sea el dinero, ni las cosas materiales, ni las cosas pasajeras de este mundo lo más importante en nuestra vida; que por supuesto, demos un uso adecuado a los bienes de este mundo, pero que nuestra felicidad sea tener a Dios en nuestro corazón; vivir de acuerdo a su palabra y de aspirar siempre a los bienes del cielo, a la vida eterna.
La doble advertencia que nos hace Jesús hoy vale para ricos y pobres; ya que el rico puede querer tener más y más y se llena de ambición excesiva y el pobre se desespere por satisfacer las penurias que tiene y pierda su horizonte. La invitación a seguir y buscar a Dios de primero es para todos también; Él debe ser siempre nuestro anhelo principal, nuestro mayor tesoro, nuestro principal bien.
En fin, Dios no quiere que el cristiano sea idólatra del dinero, de las cosas materiales, sino que tenga un corazón lleno de fe en Él. Que sepa utilizar los bienes de este mundo sin apegos, sin caer en esclavitud. Quien tiene a Dios de primero en su vida sabrá encontrar y satisfacer lo que necesita para vivir una vida digna, para tender la mano al otro y realizarse como persona. Quien cae en la idolatría del dinero y del materialismo excluye a Dios y se cierra a las necesidades de los hermanos. Busquemos siempre el Reino de Dios.
IDA Y RETORNO: Venezuela vive en estos momentos una grave crisis económica, social y política que nos mantiene en tensión en estos momentos. Lamentablemente hay muertos en estos días que nos duelen a todos. No queremos una sociedad polarizada, enfrentada ni llena de odio. Necesitamos buscar caminos de entendimiento, reconciliación y un diálogo efectivo. La hora que vive Venezuela no está ni para la retórica ni para la politiquería. Todos los venezolanos queremos soluciones efectivas y urgentes al problema de la inseguridad, desabastecimiento, inflación y alto costo de la vida. Queremos y aspiramos a tener un país en paz, unido, en desarrollo, con democracia sólida y donde se respeten los derechos de todos, sin excepción alguna. Oremos por Venezuela, pidamos a Dios ya la Virgen que nos ayuden y bendigan, que podamos superar este difícil momento que vivimos en el país. Que su amor de Padre providente nos alcancen la paz, la justicia y libertad que anhelamos.
Pieza: Rolando Peña.
Breve nota LB: El Padre José Vicente Ramírez Meza (Redentorista), insistió hoy en el tema de la violencia y las puertas que abre a una guerra civil. Una reflexión muy sentida y cuidadosa de una interpretación partidista. Olvidaba que la semana pasada, el Padre Jesús señaló, entre otros aspectos, la tardanza de varias generaciones en cerrar las heridas ahora abiertas del odio.
"Caminando con Cristo"
Cada día tiene su afán (Mt.6, 24-34)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes
El texto del evangelio de este domingo tiene dos partes: En la primera Jesús afirma que no se puede servir a Dios y al dinero al mismo tiempo y en la segunda hace una invitación a no preocuparse demasiado por las cosas que necesitamos. Estas dos partes que el evangelio de hoy nos presenta tiene una misma invitación: Poner de primero a Dios en la vida, centrar nuestro corazón en Él, rendirle culto y adoración solo a Él y lo demás vendrá por añadidura.
Sabemos, por experiencia humana que el dinero en la vida es necesario y que el ser humano tiene necesidades básicas que necesita satisfacer para poder tener una vida digna y desarrollarse como persona. Necesitamos la alimentación, el vestido, la educación, la salud, la vivienda, entre otras cosas, para poder realizar la vida familiar, el encuentro como seres humanos y avanzar hacia la felicidad. Quien pasa hambre, quien no tiene con qué vestirse, quien no tiene un mínimo de formación académica, que está enfermo y no tiene un hogar, por sencillo que sea, difícilmente podrá anhelar o aspirar otras cosas, ni siquiera lo espiritual. Dios sabe, como lo dice Jesús, que todo hijo suyo necesita todas estas cosas para poder vivir en paz, en tranquilidad y en la base que nos abre al camino de la felicidad.
La advertencia que nos hace Jesús es que nuestra vida no caiga en la ambición, por una parte, ni en el desespero neurótico por llenarnos de cosas o preocuparnos al extremo de las cosas del mañana. Jesús no quiere que sus discípulos sean esclavos del materialismo ni de un futuro incierto, que no caigan en la tentación de la opulencia ni de la angustia por cosas que esclavizan la vida del hombre. Jesús nos quiere libres, con el corazón y la vida centrada en Dios que es la fuente del amor, de la libertad, de la paz y felicidad plena. Quien busca a Dios y tiene a Dios en su vida lo tiene todo y lo puede todo. Nunca Dios abandonará a un hijo suyo, siempre El Señor será Padre providente para quien pone su fe y confianza en Él. Si Dios es providente con la naturaleza, nos dice Jesús, es más providente y está siempre atento a las necesidades de sus hijos; pero más que buscar cosas, el creyente necesita buscar a Dios, ésa es realmente su principal y mayor necesidad; porque si Dios no está en la vida del hombre, la vida se hace estéril, vacía, pesada; su amor, su amistad y providencia sostienen nuestra existencia, le dan plenitud y fuerza.
El cristiano necesita y debe tener siempre como prioridad el Reino de Dios y su justicia; es decir, que Dios debe ser siempre lo más importante en nuestra vida, que desde Él podamos construir una vida plena y podamos planificar y vivir nuestro diario peregrinar. Que no sea el dinero, ni las cosas materiales, ni las cosas pasajeras de este mundo lo más importante en nuestra vida; que por supuesto, demos un uso adecuado a los bienes de este mundo, pero que nuestra felicidad sea tener a Dios en nuestro corazón; vivir de acuerdo a su palabra y de aspirar siempre a los bienes del cielo, a la vida eterna.
La doble advertencia que nos hace Jesús hoy vale para ricos y pobres; ya que el rico puede querer tener más y más y se llena de ambición excesiva y el pobre se desespere por satisfacer las penurias que tiene y pierda su horizonte. La invitación a seguir y buscar a Dios de primero es para todos también; Él debe ser siempre nuestro anhelo principal, nuestro mayor tesoro, nuestro principal bien.
En fin, Dios no quiere que el cristiano sea idólatra del dinero, de las cosas materiales, sino que tenga un corazón lleno de fe en Él. Que sepa utilizar los bienes de este mundo sin apegos, sin caer en esclavitud. Quien tiene a Dios de primero en su vida sabrá encontrar y satisfacer lo que necesita para vivir una vida digna, para tender la mano al otro y realizarse como persona. Quien cae en la idolatría del dinero y del materialismo excluye a Dios y se cierra a las necesidades de los hermanos. Busquemos siempre el Reino de Dios.
IDA Y RETORNO: Venezuela vive en estos momentos una grave crisis económica, social y política que nos mantiene en tensión en estos momentos. Lamentablemente hay muertos en estos días que nos duelen a todos. No queremos una sociedad polarizada, enfrentada ni llena de odio. Necesitamos buscar caminos de entendimiento, reconciliación y un diálogo efectivo. La hora que vive Venezuela no está ni para la retórica ni para la politiquería. Todos los venezolanos queremos soluciones efectivas y urgentes al problema de la inseguridad, desabastecimiento, inflación y alto costo de la vida. Queremos y aspiramos a tener un país en paz, unido, en desarrollo, con democracia sólida y donde se respeten los derechos de todos, sin excepción alguna. Oremos por Venezuela, pidamos a Dios ya la Virgen que nos ayuden y bendigan, que podamos superar este difícil momento que vivimos en el país. Que su amor de Padre providente nos alcancen la paz, la justicia y libertad que anhelamos.
Pieza: Rolando Peña.
Breve nota LB: El Padre José Vicente Ramírez Meza (Redentorista), insistió hoy en el tema de la violencia y las puertas que abre a una guerra civil. Una reflexión muy sentida y cuidadosa de una interpretación partidista. Olvidaba que la semana pasada, el Padre Jesús señaló, entre otros aspectos, la tardanza de varias generaciones en cerrar las heridas ahora abiertas del odio.
domingo, 9 de febrero de 2014
SOLICITUDES
San Mateo, 5: 13-16
En su homilía de hoy, el Padre José Vicente Ramírez Meza (Redentorista), comenzó señalando para qué sirve la sal. Hallándose los niños que se preparan para la Primera Comunión, fue muy didáctico: el sabor y la preservación de los alimentos, permitiéndose comentar el texto evangélico. Mas, nos atrajo los otros comentarios y pedimentos. Palabras más, palabras menos, pidió porque cesara la violencia y que las autoridades respondieran adecuadamente, frente a las actuales y consabidas circunstancias. Pocas veces reparamos que la Iglesia Católica, en sus oraciones dominicales, pide porque las instituciones políticas respondan a las necesidades y demandas de la población. Hay un determinado lenguaje, una cierta redacción de las solicitudes, que procura expresar el deseo de todas las comunidades.
Pieza: Kumi Yamashita
En su homilía de hoy, el Padre José Vicente Ramírez Meza (Redentorista), comenzó señalando para qué sirve la sal. Hallándose los niños que se preparan para la Primera Comunión, fue muy didáctico: el sabor y la preservación de los alimentos, permitiéndose comentar el texto evangélico. Mas, nos atrajo los otros comentarios y pedimentos. Palabras más, palabras menos, pidió porque cesara la violencia y que las autoridades respondieran adecuadamente, frente a las actuales y consabidas circunstancias. Pocas veces reparamos que la Iglesia Católica, en sus oraciones dominicales, pide porque las instituciones políticas respondan a las necesidades y demandas de la población. Hay un determinado lenguaje, una cierta redacción de las solicitudes, que procura expresar el deseo de todas las comunidades.
Pieza: Kumi Yamashita
lunes, 13 de enero de 2014
EMERGENCIA, FAVOR CEDER EL PASO
Luis Barragán
Somos víctimas de una prolongada, sórdida y eficaz campaña gubernamental destinada a la dislocación de los valores humanos fundamentales. La sostenida e inescrupulosa didáctica de los opresores, está orientada al desconocimiento, fingimiento, adulteración, manipulación y aniquilación de todo principio capaz de cuestionarlos, tras década y media.
La libertad, la paz, la democracia, la justicia, la solidaridad, el respeto, la convivencia, la tolerancia, la disciplina, entre otras, constituyen nociones esenciales que no debemos permitir que la consabida crisis vapuleé, falsificándolas. Recientemente, el Padre José Vicente Ramírez Meza (Redentorista), llamó la atención sobre la formación hogareña de los valores que sometemos luego a la dura prueba de las realidades, aunque – a juzgar por las redes sociales – tendemos a ensimismarnos, huyendo de las calamidades que se convierten en rutina.
El hogar, la escuela, el gremio, la junta de condominio, el partido, la red vecinal, el empleo formal e informal, ejemplifican los mejores escenarios para contrarrestar la referida campaña del Estado que pretende reemplazarlos, en defensa de las más caras y legítimas convicciones de un pueblo que no surgió por el gracioso decreto de quienes actualmente lo sojuzgan. Impone la urgencia de una reflexión sobre la tragedia nacional que pisa nuestras propias intimidades, además, buscando anudarlas a la corrupción ética que amenaza con extenderse.
Nada fortuita es la elevación de las tasas de criminalidad, inflación o desempleo que se ofrecen como un dato estructural del socialismo parasitario, junto a la paternidad precoz, la deserción escolar, el repunte de la malaria o la generación de sendas mafias. Faltando poco, nos inunda de eufemismos, apuntalando las prebendas y el consumismo, aunque ya seamos una sociedad que no consume los insumos básicos en el renglón de los alimentos y medicamentos.
Hace poco, Nicomedes Febres hurgó en el perfil virtual de uno de los presuntos homicidas de Mónica Spear, reportándonos la inimaginable pobreza de valores que anidó en el joven victimario que, no por casualidad, creció y se formó a la sombra del régimen. La curiosidad trastocada en la otra consternación, sobran las condiciones necesarias para una generalizada, masiva y punzante descomposición social que se ofrece como requisito indispensable para sincerar todo proyecto totalitario.
Importa aún el más modesto esfuerzo para alcanzar el contrapeso decisivo en todas nuestras facetas cotidianas, legitimando una respuesta alternativa que no tiene otro domicilio que la defensa de la dignidad de la persona humana. Semejante a las previsiones y destrezas que aceptamos, aprendemos e implementamos para evadir en todo lo posible al hampa en las calles que arriesgamos, a sabiendas que la casa ya no es garantía de resguardo y fortaleza, debemos volver, reivindicar, defender, profundizar y promover aquellos principios y valores que garantizan – sencillamente – un futuro.
El nuestro no es un pueblo de indolentes, cegados por el rencor y el oportunismo. No olvidemos que la muestra más visible y contundente de la solidaridad inmediata, honesta, fiable y contundente la dimos con la vagüada de Vargas, por ejemplo, hasta que el gobierno la atajó y tergiversó, tardando demasiado en solventar los problemas que se multiplicaron al compás de los indecibles intereses creados.
Podemos concursar de mil formas para esta contracampaña en cuestión, pero la más decisiva reside en una pedagogía de los valores y principios que ponderemos e impartamos con nuestro testimonio, como padres, compañeros de oficio, agremiados, etc. Luce inaceptable acoger resignadamente la versión de las personas, el mundo y las cosas, que ofrecen los conductores del Estado, prestos al : suicidio moral.
http://www.noticierodigital.com/2014/01/la-urgente-pedagogia-de-valores/
Fotografía: LB, Caracas (17/12/13).
domingo, 12 de enero de 2014
San Mateo, 3: 13-17
Entre otros aspectos, en su homilía de hoy el Padre José Vicente Ramírez Meza (Redentorista), partió de una consideración sobre los valores que se aprenden y fundamentalmente parten del hogar para confrontarse con la calle. La solidaridad real con los otros. La imposibilidad de aceptar como rutina la serie de los consabidos asesinatos. La gracia, por llamarla así, de la inmensa campanada que ha significado la muerte tan lamentable de la conocida actriz. La preocupación obstinada por nosotros mismos de exhibirnos en las redes sociales, obviando lo que realmente acontece en la sociedad.
Entre otros aspectos, en su homilía de hoy el Padre José Vicente Ramírez Meza (Redentorista), partió de una consideración sobre los valores que se aprenden y fundamentalmente parten del hogar para confrontarse con la calle. La solidaridad real con los otros. La imposibilidad de aceptar como rutina la serie de los consabidos asesinatos. La gracia, por llamarla así, de la inmensa campanada que ha significado la muerte tan lamentable de la conocida actriz. La preocupación obstinada por nosotros mismos de exhibirnos en las redes sociales, obviando lo que realmente acontece en la sociedad.
domingo, 15 de diciembre de 2013
LO NECESARIO Y LO INDISPENSABLE
San Mateo, 11: 2-11
En su homilía de hoy, entre otros aspectos, el Padre José Vicente Ramírez Meza (Redentorista) llamó a hacer una distinción entre lo necesario y lo indispensable. Orientados hacia el mundo: los hermanos. Jesús no responde con una tesis de 50 páginas, sino con la claridad, sencillez y profundidad de un mensaje. Comprometerse.
Fotografía: LB, Padre Ramírez Meza en medio de su homilía Iglesia de La Coromoto, Caracas (15/12/13).
En su homilía de hoy, entre otros aspectos, el Padre José Vicente Ramírez Meza (Redentorista) llamó a hacer una distinción entre lo necesario y lo indispensable. Orientados hacia el mundo: los hermanos. Jesús no responde con una tesis de 50 páginas, sino con la claridad, sencillez y profundidad de un mensaje. Comprometerse.
Fotografía: LB, Padre Ramírez Meza en medio de su homilía Iglesia de La Coromoto, Caracas (15/12/13).
domingo, 13 de octubre de 2013
MIRAR
San Lucas, 17: 11-19
Entre otros aspectos, en su homilía de hoy el Padre José Vicente Ramírez versó sobre la gratitud. E, incluso, señaló que - de un lado - nos excedemos en las circunstancias más banales, pero no en hacerlo con Dios. Solemos olvidar - del otro - que también agraecemos a Dios cuando hacemos el bien a un hermano, al que debemos mirar. Y - finalmente - la humildad está vinculada con el agradecimiento.
Fotografía: Javier Campano.
Cfr.
http://elimpulso.com/articulo/buena-nueva-dios-es-quien-sana#.UlsTwFMweEw
Entre otros aspectos, en su homilía de hoy el Padre José Vicente Ramírez versó sobre la gratitud. E, incluso, señaló que - de un lado - nos excedemos en las circunstancias más banales, pero no en hacerlo con Dios. Solemos olvidar - del otro - que también agraecemos a Dios cuando hacemos el bien a un hermano, al que debemos mirar. Y - finalmente - la humildad está vinculada con el agradecimiento.
Fotografía: Javier Campano.
Cfr.
http://elimpulso.com/articulo/buena-nueva-dios-es-quien-sana#.UlsTwFMweEw
domingo, 6 de octubre de 2013
LIBERTAD E INTERPELACIÓN
Señor, aumenta nuestra fe Lc 17, 5-10
¿Somos creyentes? Orar desde la duda
José Antonio Pagola
¿SOMOS CREYENTES?
Jesús les había repetido en diversas ocasiones: “¡Qué pequeña es vuestra fe!”. Los discípulos no protestan. Saben que tiene razón. Llevan bastante tiempo junto a él. Lo ven entregado totalmente al Proyecto de Dios; solo piensa en hacer el bien; solo vive para hacer la vida de todos más digna y más humana. ¿Lo podrán seguir hasta el final?
Según Lucas, en un momento determinado, los discípulos le dicen a Jesús: “Auméntanos la fe”. Sienten que su fe es pequeña y débil. Necesitan confiar más en Dios y creer más en Jesús. No le entienden muy bien, pero no le discuten. Hacen justamente lo más importante: pedirle ayuda para que haga crecer su fe.
La crisis religiosa de nuestros días no respeta ni si quiera a los practicantes. Nosotros hablamos de creyentes y no creyentes, como si fueran dos grupos bien definidos: unos tienen fe, otros no. En realidad, no es así. Casi siempre, en el corazón humano hay, a la vez, un creyente y un no creyente. Por eso, también los que nos llamamos “cristianos” nos hemos
de preguntar: ¿Somos realmente creyentes? ¿Quién es Dios para nosotros? ¿Lo amamos? ¿Es él quien dirige nuestra vida?
La fe puede debilitarse en nosotros sin que nunca nos haya asaltado una duda. Si no la cuidamos, puede irse diluyendo poco a poco en nuestro interior para quedar reducida sencillamente a una costumbre que no nos atrevemos a abandonar por si acaso. Distraídos por mil cosas, ya no acertamos a comunicarnos con Dios. Vivimos prácticamente sin él.
¿Qué podemos hacer? En realidad, no se necesitan grandes cosas. Es inútil que nos hagamos propósitos extraordinarios pues seguramente no los vamos a cumplir. Lo primero es rezar como aquel desconocido que un día se acercó a Jesús y le dijo: “Creo, Señor, pero ven en ayuda de mi incredulidad”. Es bueno repetirlas con corazón sencillo.
Dios nos entiende. El despertará nuestra fe.
No hemos de hablar con Dios como si estuviera fuera de nosotros. Está dentro. Lo mejor es cerrar los ojos y quedarnos en silencio para sentir y acoger su Presencia. Tampoco nos hemos de entretener en pensar en él, como si estuviera solo en nuestra cabeza. Está en lo íntimo de nuestro ser. Lo hemos de buscar en nuestro corazón.
Lo importante es insistir hasta tener una primera experiencia, aunque sea pobre, aunque solo dure unos instantes. Si un día percibimos que no estamos solos en la vida, si captamos que somos amados por Dios sin merecerlo, todo cambiará. No importa que hayamos vivido olvidados de él. Creer en Dios, es, antes que nada, confiar en el amor que nos tiene.
ORAR DESDE LA DUDA
En el creyente pueden surgir dudas sobre un punto u otro del mensaje cristiano. La persona se pregunta cómo ha de entender una determinada afirmación bíblica o un aspecto concreto del dogma cristiano. Son cuestiones que están pidiendo una mayor clarificación.
Pero hay personas que experimentan una duda más radical, que afecta a la totalidad. Por una parte sienten que no pueden o no deben abandonar su religión, pero por otra no son capaces de pronunciar con sinceridad ese «sí» total que implica la fe.
El que se encuentra así suele experimentar, por lo general, un malestar interior que le impide abordar con paz y serenidad su situación. Puede sentirse también culpable. ¿Qué me ha podido pasar para llegar a esto? ¿Qué puedo hacer en estos momentos? Tal vez lo primero es abordar positivamente esta situación ante Dios.
La duda nos hace experimentar que no somos capaces de «poseer» la verdad. Ningún ser humano «posee» la verdad última de Dios. Aquí no sirven las certezas que manejamos en otros órdenes de la vida. Ante el misterio último de la existencia hemos de caminar con humildad y sinceridad.
La duda, por otra parte, pone a prueba mi libertad. Nadie puede responder en mi lugar. Soy yo el que me encuentro enfrentado a mi propia libertad y el que tengo que pronunciar un «sí» o un «no».
Por eso, la duda puede ser el mejor revulsivo para despertar de una fe infantil y superar un cristianismo convencional. Lo primero no es encontrar respuestas a mis interrogantes concretos, sino preguntarme qué orientación quiero dar a mi vida. ¿Deseo realmente encontrar la verdad? ¿Estoy dispuesto a dejarme interpelar por la verdad del Evangelio? ¿Prefiero vivir sin buscar ver- dad alguna?
La fe brota del corazón sincero que se detiene a escuchar a Dios. Como dice el teólogo catalán E. Vilanova, «la fe no está en nuestras afirmaciones o en nuestras dudas. Está más allá: en el corazón... que nadie, excepto Dios, conoce».
Lo importante es ver si nuestro corazón busca a Dios o más bien lo rehúye. A pesar de toda clase de interrogantes e incertidumbres, si de verdad buscamos a Dios, siempre podemos decir desde el fondo de nuestro corazón esa oración de los discípulos: «Señor, auméntanos la fe». El que ora así es ya creyente.
Breve nota LB: En su homilía de hoy, el Padre José Vicente Ramírez Meza (Redentorista), entre otros aspectos, dijo que era pecado la falta de fe en nosotros mismos. Más de las veces esperamos un milagro, queriéndole arrancar a Dios la decisión sin comprometernos, al recordar que oró mucho para enfrentar un examen escrito de bachillerato: le dio mucha rabia fracasar cuando había escuchado que podí pedir pasar y pasaría. Esperamos resultados distintos, procediendo como siempre, en lugar de un obrar distinto.
http://www.musicaliturgica.com/0000009a2106d5d04.php
Pieza: María Eugenia Catoni.
¿Somos creyentes? Orar desde la duda
José Antonio Pagola
¿SOMOS CREYENTES?
Jesús les había repetido en diversas ocasiones: “¡Qué pequeña es vuestra fe!”. Los discípulos no protestan. Saben que tiene razón. Llevan bastante tiempo junto a él. Lo ven entregado totalmente al Proyecto de Dios; solo piensa en hacer el bien; solo vive para hacer la vida de todos más digna y más humana. ¿Lo podrán seguir hasta el final?
Según Lucas, en un momento determinado, los discípulos le dicen a Jesús: “Auméntanos la fe”. Sienten que su fe es pequeña y débil. Necesitan confiar más en Dios y creer más en Jesús. No le entienden muy bien, pero no le discuten. Hacen justamente lo más importante: pedirle ayuda para que haga crecer su fe.
La crisis religiosa de nuestros días no respeta ni si quiera a los practicantes. Nosotros hablamos de creyentes y no creyentes, como si fueran dos grupos bien definidos: unos tienen fe, otros no. En realidad, no es así. Casi siempre, en el corazón humano hay, a la vez, un creyente y un no creyente. Por eso, también los que nos llamamos “cristianos” nos hemos
de preguntar: ¿Somos realmente creyentes? ¿Quién es Dios para nosotros? ¿Lo amamos? ¿Es él quien dirige nuestra vida?
La fe puede debilitarse en nosotros sin que nunca nos haya asaltado una duda. Si no la cuidamos, puede irse diluyendo poco a poco en nuestro interior para quedar reducida sencillamente a una costumbre que no nos atrevemos a abandonar por si acaso. Distraídos por mil cosas, ya no acertamos a comunicarnos con Dios. Vivimos prácticamente sin él.
¿Qué podemos hacer? En realidad, no se necesitan grandes cosas. Es inútil que nos hagamos propósitos extraordinarios pues seguramente no los vamos a cumplir. Lo primero es rezar como aquel desconocido que un día se acercó a Jesús y le dijo: “Creo, Señor, pero ven en ayuda de mi incredulidad”. Es bueno repetirlas con corazón sencillo.
Dios nos entiende. El despertará nuestra fe.
No hemos de hablar con Dios como si estuviera fuera de nosotros. Está dentro. Lo mejor es cerrar los ojos y quedarnos en silencio para sentir y acoger su Presencia. Tampoco nos hemos de entretener en pensar en él, como si estuviera solo en nuestra cabeza. Está en lo íntimo de nuestro ser. Lo hemos de buscar en nuestro corazón.
Lo importante es insistir hasta tener una primera experiencia, aunque sea pobre, aunque solo dure unos instantes. Si un día percibimos que no estamos solos en la vida, si captamos que somos amados por Dios sin merecerlo, todo cambiará. No importa que hayamos vivido olvidados de él. Creer en Dios, es, antes que nada, confiar en el amor que nos tiene.
ORAR DESDE LA DUDA
En el creyente pueden surgir dudas sobre un punto u otro del mensaje cristiano. La persona se pregunta cómo ha de entender una determinada afirmación bíblica o un aspecto concreto del dogma cristiano. Son cuestiones que están pidiendo una mayor clarificación.
Pero hay personas que experimentan una duda más radical, que afecta a la totalidad. Por una parte sienten que no pueden o no deben abandonar su religión, pero por otra no son capaces de pronunciar con sinceridad ese «sí» total que implica la fe.
El que se encuentra así suele experimentar, por lo general, un malestar interior que le impide abordar con paz y serenidad su situación. Puede sentirse también culpable. ¿Qué me ha podido pasar para llegar a esto? ¿Qué puedo hacer en estos momentos? Tal vez lo primero es abordar positivamente esta situación ante Dios.
La duda nos hace experimentar que no somos capaces de «poseer» la verdad. Ningún ser humano «posee» la verdad última de Dios. Aquí no sirven las certezas que manejamos en otros órdenes de la vida. Ante el misterio último de la existencia hemos de caminar con humildad y sinceridad.
La duda, por otra parte, pone a prueba mi libertad. Nadie puede responder en mi lugar. Soy yo el que me encuentro enfrentado a mi propia libertad y el que tengo que pronunciar un «sí» o un «no».
Por eso, la duda puede ser el mejor revulsivo para despertar de una fe infantil y superar un cristianismo convencional. Lo primero no es encontrar respuestas a mis interrogantes concretos, sino preguntarme qué orientación quiero dar a mi vida. ¿Deseo realmente encontrar la verdad? ¿Estoy dispuesto a dejarme interpelar por la verdad del Evangelio? ¿Prefiero vivir sin buscar ver- dad alguna?
La fe brota del corazón sincero que se detiene a escuchar a Dios. Como dice el teólogo catalán E. Vilanova, «la fe no está en nuestras afirmaciones o en nuestras dudas. Está más allá: en el corazón... que nadie, excepto Dios, conoce».
Lo importante es ver si nuestro corazón busca a Dios o más bien lo rehúye. A pesar de toda clase de interrogantes e incertidumbres, si de verdad buscamos a Dios, siempre podemos decir desde el fondo de nuestro corazón esa oración de los discípulos: «Señor, auméntanos la fe». El que ora así es ya creyente.
Breve nota LB: En su homilía de hoy, el Padre José Vicente Ramírez Meza (Redentorista), entre otros aspectos, dijo que era pecado la falta de fe en nosotros mismos. Más de las veces esperamos un milagro, queriéndole arrancar a Dios la decisión sin comprometernos, al recordar que oró mucho para enfrentar un examen escrito de bachillerato: le dio mucha rabia fracasar cuando había escuchado que podí pedir pasar y pasaría. Esperamos resultados distintos, procediendo como siempre, en lugar de un obrar distinto.
http://www.musicaliturgica.com/0000009a2106d5d04.php
Pieza: María Eugenia Catoni.
domingo, 15 de septiembre de 2013
PROYECTO Y FIDELIDAD
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San Lucas, 15: 1-32
Entre otros aspectos, el Padre
José Vicente Ramírez Meza (Redentorista), señaló – por una parte – que estamos
habituados a la fabricación en masa y esto, permite que salga imperfectos (o
desperfectos) que a nadie le importa. Lo que importa es seguir la producción. A
Jesús, estos imperfectos o desperfectos si le importan, y cuentan con su
atención. Después que el pastor se asegura que el resto de las ovejas están
bien, sale y celebra el hallazgo de la perdida. ¿Solemos hacerlo nosotros?
Además, nos sentimos bien con el que conocemos y esperamos una gratificación o
contraprestación, mas no nos atrevemos con el que no conocemos y no promete
darnos nada a cambio. Y – por otra – indicó que el Padre Nuestro es un Proyecto
del Reino a realizar.
El Padre Antonio Gracia
(Pasionista), pregunta en la hoja dominical de hoy (Domingo XXIV del Tiempo
Ordinario / C): “¿Tienes dificultad en perdonar o te sientes feliz al poderlo
realizar? ¿Cómo vives en tu corazón el perdón de Dios?”.
El gesto más escandaloso
José Antonio Pagola
El gesto más provocativo y escandaloso de Jesús fue, sin duda, su forma de acoger con simpatía especial a pecadoras y pecadores, excluidos por los dirigentes religiosos y marcados socialmente por su conducta al margen de la Ley. Lo que más irritaba era su costumbre de comer amistosamente con ellos.
De ordinario, olvidamos que Jesús creó una situación sorprendente en la sociedad de su tiempo. Los pecadores no huyen de él. Al contrario, se sienten atraídos por su persona y su mensaje. Lucas nos dice que “los pecadores y publicanos solían acercarse a Jesús para escucharle”. Al parecer, encuentran en él una acogida y comprensión que no encuentran en ninguna otra parte.
Mientras tanto, los sectores fariseos y los doctores de la Ley, los hombres de mayor prestigio moral y religioso ante el pueblo, solo saben criticar escandalizados el comportamiento de Jesús: “Ese acoge a los pecadores y come con ellos”. ¿Cómo puede un hombre de Dios comer en la misma mesa con aquella gente pecadora e indeseable?
Jesús nunca hizo caso de sus críticas. Sabía que Dios no es el Juez severo y riguroso del que hablaban con tanta seguridad aquellos maestros que ocupaban los primeros asientos en las sinagogas. El conoce bien el corazón del Padre. Dios entiende a los pecadores; ofrece su perdón a todos; no excluye a nadie; lo perdona todo. Nadie ha de oscurecer y desfigurar su perdón insondable y gratuito.
Por eso, Jesús les ofrece su comprensión y su amistad. Aquellas prostitutas y recaudadores han de sentirse acogidos por Dios. Es lo primero. Nada tienen que temer. Pueden sentarse a su mesa, pueden beber vino y cantar cánticos junto a Jesús. Su acogida los va curando por dentro. Los libera de la vergüenza y la humillación. Les devuelve la alegría de vivir.
Jesús los acoge tal como son, sin exigirles previamente nada. Les va contagiando su paz y su confianza en Dios, sin estar seguro de que responderán cambiando de conducta. Lo hace confiando totalmente en la misericordia de Dios que ya los está esperando con los brazos abiertos, como un padre bueno que corre al encuentro de su hijo perdido.
La primera tarea de una Iglesia fiel a Jesús no es condenar a los pecadores sino comprenderlos y acogerlos amistosamente. En Roma pude comprobar hace unos meses que, siempre que el Papa Francisco insistía en que Dios perdona siempre, perdona todo, perdona a todos..., la gente aplaudía con entusiasmo. Seguramente es lo que mucha gente de fe pequeña y vacilante necesita escuchar hoy con claridad de la Iglesia.
http://www.luisaleman.es/evangelio.htmhttp://www.luisaleman.es/evangelio.htm
Cfr. Isabel Vidal de Tenreiro: http://elimpulso.com/articulo/buena-nueva-salvado-en-la-raya#.UjZAQn_3OD8
Reproducción: LB, portada de la revista Billiken, Caracas, nr. 593 del 28/03/1931.
José Antonio Pagola
El gesto más provocativo y escandaloso de Jesús fue, sin duda, su forma de acoger con simpatía especial a pecadoras y pecadores, excluidos por los dirigentes religiosos y marcados socialmente por su conducta al margen de la Ley. Lo que más irritaba era su costumbre de comer amistosamente con ellos.
De ordinario, olvidamos que Jesús creó una situación sorprendente en la sociedad de su tiempo. Los pecadores no huyen de él. Al contrario, se sienten atraídos por su persona y su mensaje. Lucas nos dice que “los pecadores y publicanos solían acercarse a Jesús para escucharle”. Al parecer, encuentran en él una acogida y comprensión que no encuentran en ninguna otra parte.
Mientras tanto, los sectores fariseos y los doctores de la Ley, los hombres de mayor prestigio moral y religioso ante el pueblo, solo saben criticar escandalizados el comportamiento de Jesús: “Ese acoge a los pecadores y come con ellos”. ¿Cómo puede un hombre de Dios comer en la misma mesa con aquella gente pecadora e indeseable?
Jesús nunca hizo caso de sus críticas. Sabía que Dios no es el Juez severo y riguroso del que hablaban con tanta seguridad aquellos maestros que ocupaban los primeros asientos en las sinagogas. El conoce bien el corazón del Padre. Dios entiende a los pecadores; ofrece su perdón a todos; no excluye a nadie; lo perdona todo. Nadie ha de oscurecer y desfigurar su perdón insondable y gratuito.
Por eso, Jesús les ofrece su comprensión y su amistad. Aquellas prostitutas y recaudadores han de sentirse acogidos por Dios. Es lo primero. Nada tienen que temer. Pueden sentarse a su mesa, pueden beber vino y cantar cánticos junto a Jesús. Su acogida los va curando por dentro. Los libera de la vergüenza y la humillación. Les devuelve la alegría de vivir.
Jesús los acoge tal como son, sin exigirles previamente nada. Les va contagiando su paz y su confianza en Dios, sin estar seguro de que responderán cambiando de conducta. Lo hace confiando totalmente en la misericordia de Dios que ya los está esperando con los brazos abiertos, como un padre bueno que corre al encuentro de su hijo perdido.
La primera tarea de una Iglesia fiel a Jesús no es condenar a los pecadores sino comprenderlos y acogerlos amistosamente. En Roma pude comprobar hace unos meses que, siempre que el Papa Francisco insistía en que Dios perdona siempre, perdona todo, perdona a todos..., la gente aplaudía con entusiasmo. Seguramente es lo que mucha gente de fe pequeña y vacilante necesita escuchar hoy con claridad de la Iglesia.
http://www.luisaleman.es/evangelio.htmhttp://www.luisaleman.es/evangelio.htm
Cfr. Isabel Vidal de Tenreiro: http://elimpulso.com/articulo/buena-nueva-salvado-en-la-raya#.UjZAQn_3OD8
Reproducción: LB, portada de la revista Billiken, Caracas, nr. 593 del 28/03/1931.
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