NOTITARDE, 16 de octubre de 2016
“Caminando con Cristo”
“Tu fe te ha salvado” (Lc.17, 11-19)
Joel de Jesús Núñez Flautes
El evangelio de éste domingo nos presenta a Jesús realizando un milagro de curación de diez leprosos, con lo cual pone de manifiesto que el Reino de Dios había llegado al mundo, que se iniciaba en su persona. Los milagros realizados por Jesús (unos 35 en total), de lo cual dan cuentan los evangelios sinópticos, quieren resaltar no sólo la divinidad de Cristo, sino que con esos signos o señales milagrosas se confirmaba delante de los ojos de sus interlocutores la llegada del Mesías Salvador profetizado desde antiguo. La mayoría de estos milagros realizados por Nuestro Señor Jesucristo nos relatan la curación de enfermos y endemoniados. En el caso del evangelio que hoy meditamos, se narra la curación de diez leprosos, uno de los cuales, era samaritano, se regresa donde estaba Jesús, postrándose ante Él, le da gracias y éste alaba su gesto y le expresa: “tu fe te ha salvado”.
Debemos entender todo el contexto de la narración del evangelio de éste domingo. Primero, Jesús va camino de Jerusalén, la ciudad de las promesas, la del desenlace final de su vida. Él pasa antes por Samaría y Galilea y es en uno de esos pueblos que le salen al encuentro unos leprosos que le gritan: “Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros”. Hay que recordar que un leproso en la época de Jesús era la persona más despreciada y rechazada que existía. Llevaba cuatro cargas sobre sus hombros: era pobre, estaba enfermo, por su enfermedad era considerado pecador y, por ser contagiosa tenía que colocarse al cuello una campana para que al sonido de ésta las personas que la escuchaban se alejaran y se libraran de contagiarse y esto causaba una carga moral de desprecio y soledad que lo hacía sentir no persona.
Jesús sanó a los diez y sólo uno regresa agradecido y era samaritano. Hay que pedir, pero también agradecer lo que Dios nos regala y nos otorga. Fe y gratitud.
IDAY RETORNO: Dios bendiga a nuestros peloteros, al béisbol venezolano, que bendiga a Venezuela y al Magallanes!
Fuente:
http://www.notitarde.com/Tu-fe-te-ha-salvado-Lc17-11-19/Columnistas-del-Dia/2016/10/09/1028625
Cfr.
San Lucas, 18: 1-8:
Pedro Olalde y Patxi Loidi http://www.feadulta.com/anterior/Ev-lc-18-09-14.htm
Mons. Antonio José López Castillo http://www.elimpulso.com/opinion/arquidiocesana/arquidiocesana-poder-la-oracion
Para el volante, vid, http://lbarragan.blogspot.com/2016/10/una-cara-del-caro-volante.html
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domingo, 16 de octubre de 2016
domingo, 9 de octubre de 2016
ACCIÓN DE GRACIAS
Evangelio Dominical: Leprosos
José Martínez de Toda, S.J.
Comentario al Evangelio que se proclama el 28° Domingo del Teimpo Ordinario, Ciclo C, correspondiente al domingo 9 de octubre de 2016. La lectura es tomada del Evangelio según San Lucas 17, 11-19
"¿Sólo uno volvió a dar gracias?"
¿Hay gente desagradecida?
Te cuento esta historia:
<Érase una vez un niño que jugando en el muelle del puerto se cayó a las aguas profundas del océano. Un viejo marinero, sin pensar en el peligro, se lanzó al agua, buceó para encontrar al niño y finalmente, agotado, lo sacó del agua. Dos días más tarde la madre vino con el niño al muelle para encontrarse con el marinero. Cuando lo encontró le preguntó:
- "¿Es usted el que se lanzó al agua para rescatar a mi hijo?
- "Sí, yo soy", respondió. La madre le dijo:
- "¿Y dónde está el gorro de mi hijo?"> (Félix Jiménez, escolapio)
El evangelio de hoy nos recuerda una dimensión profunda de toda vida humana y cristiana: la gratitud, la acción de gracias.
Los leprosos debían soportar su propia enfermedad, y eran excluidos para que no contagiaran a los demás. Pero además su enfermedad era considerada como un terrible castigo divino; por ello eran «impuros» y debían ser repudiados por todos. Y sentían menos compasión por ellos, porque creían que el leproso había causado por sí mismo el castigo.
Los leprosos debían vivir en lugares apartados, tenían estrictamente prohibido entrar en las ciudades, y cuando iban por los caminos debían gritar "¡Inmundo! ¡Inmundo!", para que nadie se les acercara (Levítico 13, 45).
Como la enfermedad era tenida también por incurable, la única esperanza que les quedaba a estos enfermos era el milagro. Si la curación se producía, un sacerdote tenía que certificar con su palabra que su curación era cierta (Levítico 14, 1-32).
¿Qué hacen los leprosos cuando ven a Jesús?
Comienzan a gritar: "Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros" (v. 13). Si se dirigiesen a un viajero corriente, este llanto de merced podría ser un simple pedir limosna. Pero en este caso conocen el nombre de Jesús y se dirigen a él como 'Maestro'. Han oído hablar de Él, que cura enfermedades, y ahora su llanto es un pedir salvación.
¿Cómo reacciona Jesús ante los leprosos?
La gente de ordinario ignoraba a los leprosos. Los trataba como si no existieran, como hacemos nosotros con los mendigos de la calle en la gran ciudad: prescindimos de ellos y seguimos adelante sin siquiera mirarlos. En cambio el evangelio dice que Jesús 'los vio'. No era una mirada casual, sino de interés y cariño por ellos.
¿Qué les dice Jesús?
- "Vayan, muéstrense a los sacerdotes" (v. 14b).
Jesús, antes de sanarlos, les manda ser inspeccionados por los sacerdotes. Normalmente, éstos pasan una semana en el templo de Jerusalén, pero residen en otro lugar. Había sacerdotes judíos y samaritanos, que podían garantizar la salud del enfermo.
Además ellos podrán testimoniar el gran poder que tiene Jesús.
Y ¿qué les pasó a los leprosos?
"Y aconteció, que yendo ellos, fueron limpios" (v. 14). Los leprosos no fueron sanados de inmediato, sino que son sanados al obedecer a Jesús.
Pero la palabra usada es quedar 'limpio'. "Sanar" tiene que ver con restauración de la salud corporal. Ser hechos "limpios" incluye dimensiones adicionales, como la salud social y religiosa. Ahora, los que eran leprosos han sido restaurados y pueden volver a entrar en la sociedad.
¿Cómo reaccionan los leprosos, cuando se ven curados?
"Entonces uno de ellos, como se vio que estaba limpio, volvió glorificando a Dios a gran voz" (v. 15). Seguro que se lo diría a los otros nueve leprosos. Pero ninguno de ellos lo acompañó.
"Y derribóse sobre el rostro a los pies de Jesús, dándole gracias" (v. 16a).
"Y éste era Samaritano" (v. 16b). Y Jesús comenta:
"¿No son diez los que fueron limpios? ¿Y los nueve dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero?" (vv. 17-18).
La ingratitud a menudo brota del egoísmo. Después de tan largo aislamiento, han de estar ansiosos de reunirse con sus familias y reasumir una vid
a normal. Nos podemos imaginar a los otros nueve, yendo cada uno por su camino, ansiosos por regresar a sus vidas antiguas.
Y Jesús le dice al samaritano: "Levántate, vete; tu fe te ha salvado" (v. 19).
El samaritano fue 'curado', además fue hecho 'limpio' y ahora es 'salvado': tres pasos, cada uno mejor que el anterior.
¿Cómo damos gracias nosotros?
- La misa es, antes que nada, dar gracias a Dios. Eucaristía significa 'dar gracias'.
- Muchos acuden a la iglesia para dar gracias por los beneficios recibidos.
- En el examen diario, que muchos hacen a mediodía hasta durante 15 minutos, éstos son los puntos que Ignacio de Loyola recomienda tocar: 1 Dar gracias por los bienes recibidos. 2 Pedir luz para conocer los pecados de ese día. 3 Examinarse. 4 Pedir perdón. 5 Proponer enmienda.
- Es bueno dar gracias antes de comer.
- También intercalamos en nuestra conversación la frase 'Gracias a Dios', cuando algo salió bien.
Debemos dar gracias a Dios por los acontecimientos extraordinarios que nos vengan, pero también por los beneficios cotidianos, que recibimos todos los días. Todos son dones de Dios.
Si las estrellas salieran solo una noche al año, todos nos pasaríamos esa noche horas sin dormir para poder contemplarlas. Pero las vemos con tanta frecuencia, que ya no nos molestamos ni en echarles un vistazo. ¡Qué fácilmente nos acostumbramos a nuestras bendiciones y nos olvidamos de dar gracias por ellas!
Fuente:
http://radioevangelizacion.org/noticia/evangelio-dominical-leprosos
Cfr.
Pedro Olalde y Patxi Loidi: http://www.feadulta.com/anterior/Ev-lc-17-11-19.htm
Mons. Antonio José López Castillo: http://www.elimpulso.com/correos-diarios/enterate/arquidiocesana-gratitud
Ilustración: Alexey Tchernigin.
José Martínez de Toda, S.J.
Comentario al Evangelio que se proclama el 28° Domingo del Teimpo Ordinario, Ciclo C, correspondiente al domingo 9 de octubre de 2016. La lectura es tomada del Evangelio según San Lucas 17, 11-19
"¿Sólo uno volvió a dar gracias?"
¿Hay gente desagradecida?
Te cuento esta historia:
<Érase una vez un niño que jugando en el muelle del puerto se cayó a las aguas profundas del océano. Un viejo marinero, sin pensar en el peligro, se lanzó al agua, buceó para encontrar al niño y finalmente, agotado, lo sacó del agua. Dos días más tarde la madre vino con el niño al muelle para encontrarse con el marinero. Cuando lo encontró le preguntó:
- "¿Es usted el que se lanzó al agua para rescatar a mi hijo?
- "Sí, yo soy", respondió. La madre le dijo:
- "¿Y dónde está el gorro de mi hijo?"> (Félix Jiménez, escolapio)
El evangelio de hoy nos recuerda una dimensión profunda de toda vida humana y cristiana: la gratitud, la acción de gracias.
Los leprosos debían soportar su propia enfermedad, y eran excluidos para que no contagiaran a los demás. Pero además su enfermedad era considerada como un terrible castigo divino; por ello eran «impuros» y debían ser repudiados por todos. Y sentían menos compasión por ellos, porque creían que el leproso había causado por sí mismo el castigo.
Los leprosos debían vivir en lugares apartados, tenían estrictamente prohibido entrar en las ciudades, y cuando iban por los caminos debían gritar "¡Inmundo! ¡Inmundo!", para que nadie se les acercara (Levítico 13, 45).
Como la enfermedad era tenida también por incurable, la única esperanza que les quedaba a estos enfermos era el milagro. Si la curación se producía, un sacerdote tenía que certificar con su palabra que su curación era cierta (Levítico 14, 1-32).
¿Qué hacen los leprosos cuando ven a Jesús?
Comienzan a gritar: "Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros" (v. 13). Si se dirigiesen a un viajero corriente, este llanto de merced podría ser un simple pedir limosna. Pero en este caso conocen el nombre de Jesús y se dirigen a él como 'Maestro'. Han oído hablar de Él, que cura enfermedades, y ahora su llanto es un pedir salvación.
¿Cómo reacciona Jesús ante los leprosos?
La gente de ordinario ignoraba a los leprosos. Los trataba como si no existieran, como hacemos nosotros con los mendigos de la calle en la gran ciudad: prescindimos de ellos y seguimos adelante sin siquiera mirarlos. En cambio el evangelio dice que Jesús 'los vio'. No era una mirada casual, sino de interés y cariño por ellos.
¿Qué les dice Jesús?
- "Vayan, muéstrense a los sacerdotes" (v. 14b).
Jesús, antes de sanarlos, les manda ser inspeccionados por los sacerdotes. Normalmente, éstos pasan una semana en el templo de Jerusalén, pero residen en otro lugar. Había sacerdotes judíos y samaritanos, que podían garantizar la salud del enfermo.
Además ellos podrán testimoniar el gran poder que tiene Jesús.
Y ¿qué les pasó a los leprosos?
"Y aconteció, que yendo ellos, fueron limpios" (v. 14). Los leprosos no fueron sanados de inmediato, sino que son sanados al obedecer a Jesús.
Pero la palabra usada es quedar 'limpio'. "Sanar" tiene que ver con restauración de la salud corporal. Ser hechos "limpios" incluye dimensiones adicionales, como la salud social y religiosa. Ahora, los que eran leprosos han sido restaurados y pueden volver a entrar en la sociedad.
¿Cómo reaccionan los leprosos, cuando se ven curados?
"Entonces uno de ellos, como se vio que estaba limpio, volvió glorificando a Dios a gran voz" (v. 15). Seguro que se lo diría a los otros nueve leprosos. Pero ninguno de ellos lo acompañó.
"Y derribóse sobre el rostro a los pies de Jesús, dándole gracias" (v. 16a).
"Y éste era Samaritano" (v. 16b). Y Jesús comenta:
"¿No son diez los que fueron limpios? ¿Y los nueve dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero?" (vv. 17-18).
La ingratitud a menudo brota del egoísmo. Después de tan largo aislamiento, han de estar ansiosos de reunirse con sus familias y reasumir una vid
a normal. Nos podemos imaginar a los otros nueve, yendo cada uno por su camino, ansiosos por regresar a sus vidas antiguas.
Y Jesús le dice al samaritano: "Levántate, vete; tu fe te ha salvado" (v. 19).
El samaritano fue 'curado', además fue hecho 'limpio' y ahora es 'salvado': tres pasos, cada uno mejor que el anterior.
¿Cómo damos gracias nosotros?
- La misa es, antes que nada, dar gracias a Dios. Eucaristía significa 'dar gracias'.
- Muchos acuden a la iglesia para dar gracias por los beneficios recibidos.
- En el examen diario, que muchos hacen a mediodía hasta durante 15 minutos, éstos son los puntos que Ignacio de Loyola recomienda tocar: 1 Dar gracias por los bienes recibidos. 2 Pedir luz para conocer los pecados de ese día. 3 Examinarse. 4 Pedir perdón. 5 Proponer enmienda.
- Es bueno dar gracias antes de comer.
- También intercalamos en nuestra conversación la frase 'Gracias a Dios', cuando algo salió bien.
Debemos dar gracias a Dios por los acontecimientos extraordinarios que nos vengan, pero también por los beneficios cotidianos, que recibimos todos los días. Todos son dones de Dios.
Si las estrellas salieran solo una noche al año, todos nos pasaríamos esa noche horas sin dormir para poder contemplarlas. Pero las vemos con tanta frecuencia, que ya no nos molestamos ni en echarles un vistazo. ¡Qué fácilmente nos acostumbramos a nuestras bendiciones y nos olvidamos de dar gracias por ellas!
Fuente:
http://radioevangelizacion.org/noticia/evangelio-dominical-leprosos
Cfr.
Pedro Olalde y Patxi Loidi: http://www.feadulta.com/anterior/Ev-lc-17-11-19.htm
Mons. Antonio José López Castillo: http://www.elimpulso.com/correos-diarios/enterate/arquidiocesana-gratitud
Ilustración: Alexey Tchernigin.
CONTEXTUALIDAD
NOTITARDE, Valencia, 9 de octubre de 2016
“Caminando con Cristo”
“Tu fe te ha salvado” (Lc.17, 11-19)
Joel de Jesús Núñez Flautes
El evangelio de éste domingo nos presenta a Jesús realizando un milagro de curación de diez leprosos, con lo cual pone de manifiesto que el Reino de Dios había llegado al mundo, que se iniciaba en su persona. Los milagros realizados por Jesús (unos 35 en total), de lo cual dan cuentan los evangelios sinópticos, quieren resaltar no sólo la divinidad de Cristo, sino que con esos signos o señales milagrosas se confirmaba delante de los ojos de sus interlocutores la llegada del Mesías Salvador profetizado desde antiguo. La mayoría de estos milagros realizados por Nuestro Señor Jesucristo nos relatan la curación de enfermos y endemoniados. En el caso del evangelio que hoy meditamos, se narra la curación de diez leprosos, uno de los cuales, era samaritano, se regresa donde estaba Jesús, postrándose ante Él, le da gracias y éste alaba su gesto y le expresa: “tu fe te ha salvado”.
Debemos entender todo el contexto de la narración del evangelio de éste domingo. Primero, Jesús va camino de Jerusalén, la ciudad de las promesas, la del desenlace final de su vida. Él pasa antes por Samaría y Galilea y es en uno de esos pueblos que le salen al encuentro unos leprosos que le gritan: “Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros”. Hay que recordar que un leproso en la época de Jesús era la persona más despreciada y rechazada que existía. Llevaba cuatro cargas sobre sus hombros: era pobre, estaba enfermo, por su enfermedad era considerado pecador y, por ser contagiosa tenía que colocarse al cuello una campana para que al sonido de ésta las personas que la escuchaban se alejaran y se libraran de contagiarse y esto causaba una carga moral de desprecio y soledad que lo hacía sentir no persona.
Jesús sanó a los diez y sólo uno regresa agradecido y era samaritano. Hay que pedir, pero también agradecer lo que Dios nos regala y nos otorga. Fe y gratitud.
IDAY RETORNO: Dios bendiga a nuestros peloteros, al béisbol venezolano, que bendiga a Venezuela y al Magallanes!
Fuente:http://www.notitarde.com/Tu-fe-te-ha-salvado-Lc17-11-19/Columnistas-del-Dia/2016/10/09/1028625/
Cfr.
Marcos Rodríguez:
http://www.feadulta.com/anterior/Ev-lc-17-11-19_MR-C.htm
Isabel Vidal de Tenreiro: http://www.elimpulso.com/opinion/buena-nueva-sana-dios
Ilustración: Jerry Bacik.
“Caminando con Cristo”
“Tu fe te ha salvado” (Lc.17, 11-19)
Joel de Jesús Núñez Flautes
El evangelio de éste domingo nos presenta a Jesús realizando un milagro de curación de diez leprosos, con lo cual pone de manifiesto que el Reino de Dios había llegado al mundo, que se iniciaba en su persona. Los milagros realizados por Jesús (unos 35 en total), de lo cual dan cuentan los evangelios sinópticos, quieren resaltar no sólo la divinidad de Cristo, sino que con esos signos o señales milagrosas se confirmaba delante de los ojos de sus interlocutores la llegada del Mesías Salvador profetizado desde antiguo. La mayoría de estos milagros realizados por Nuestro Señor Jesucristo nos relatan la curación de enfermos y endemoniados. En el caso del evangelio que hoy meditamos, se narra la curación de diez leprosos, uno de los cuales, era samaritano, se regresa donde estaba Jesús, postrándose ante Él, le da gracias y éste alaba su gesto y le expresa: “tu fe te ha salvado”.
Debemos entender todo el contexto de la narración del evangelio de éste domingo. Primero, Jesús va camino de Jerusalén, la ciudad de las promesas, la del desenlace final de su vida. Él pasa antes por Samaría y Galilea y es en uno de esos pueblos que le salen al encuentro unos leprosos que le gritan: “Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros”. Hay que recordar que un leproso en la época de Jesús era la persona más despreciada y rechazada que existía. Llevaba cuatro cargas sobre sus hombros: era pobre, estaba enfermo, por su enfermedad era considerado pecador y, por ser contagiosa tenía que colocarse al cuello una campana para que al sonido de ésta las personas que la escuchaban se alejaran y se libraran de contagiarse y esto causaba una carga moral de desprecio y soledad que lo hacía sentir no persona.
Jesús sanó a los diez y sólo uno regresa agradecido y era samaritano. Hay que pedir, pero también agradecer lo que Dios nos regala y nos otorga. Fe y gratitud.
IDAY RETORNO: Dios bendiga a nuestros peloteros, al béisbol venezolano, que bendiga a Venezuela y al Magallanes!
Fuente:http://www.notitarde.com/Tu-fe-te-ha-salvado-Lc17-11-19/Columnistas-del-Dia/2016/10/09/1028625/
Cfr.
Marcos Rodríguez:
http://www.feadulta.com/anterior/Ev-lc-17-11-19_MR-C.htm
Isabel Vidal de Tenreiro: http://www.elimpulso.com/opinion/buena-nueva-sana-dios
Ilustración: Jerry Bacik.
domingo, 13 de octubre de 2013
MIRAR
San Lucas, 17: 11-19
Entre otros aspectos, en su homilía de hoy el Padre José Vicente Ramírez versó sobre la gratitud. E, incluso, señaló que - de un lado - nos excedemos en las circunstancias más banales, pero no en hacerlo con Dios. Solemos olvidar - del otro - que también agraecemos a Dios cuando hacemos el bien a un hermano, al que debemos mirar. Y - finalmente - la humildad está vinculada con el agradecimiento.
Fotografía: Javier Campano.
Cfr.
http://elimpulso.com/articulo/buena-nueva-dios-es-quien-sana#.UlsTwFMweEw
Entre otros aspectos, en su homilía de hoy el Padre José Vicente Ramírez versó sobre la gratitud. E, incluso, señaló que - de un lado - nos excedemos en las circunstancias más banales, pero no en hacerlo con Dios. Solemos olvidar - del otro - que también agraecemos a Dios cuando hacemos el bien a un hermano, al que debemos mirar. Y - finalmente - la humildad está vinculada con el agradecimiento.
Fotografía: Javier Campano.
Cfr.
http://elimpulso.com/articulo/buena-nueva-dios-es-quien-sana#.UlsTwFMweEw
PASO A PASO
NOTITARDE, Valencia, 13 de octubre de 2013
“Tu fe te ha salvado” (Lc.17, 11-19)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flaute
El evangelio de este domingo nos presenta a Jesús realizando un milagro de curación de diez leprosos, con lo cual pone de manifiesto que el Reino de Dios había llegado al mundo, que se iniciaba en su persona. Los milagros realizados por Jesús (unos 35 en total), de lo cual dan cuentan los evangelios sinópticos, quieren resaltar no sólo la divinidad de Cristo, sino que con esos signos o señales milagrosas se confirmaba delante de los ojos de sus interlocutores la presencia del Reino de Dios, la llegada del Mesías Salvador profetizado desde antiguo. La mayoría de estos milagros realizados por Nuestro Señor, Jesucristo, nos relatan la curación de enfermos y endemoniados. En el caso del evangelio que hoy meditamos, se narra la curación de diez leprosos, uno de los cuales, era samaritano, se regresa donde estaba Jesús, postrándose ante Él, le da gracias y éste alaba su gesto y le expresa: “tu fe te ha salvado”.
Debemos ir paso por paso para entender todo el contexto de la narración del evangelio de este domingo. Primero, Jesús va camino de Jerusalén, la ciudad de las promesas, la del desenlace final de la vida de Nuestro Señor. Él pasa antes por Samaria y Galilea y es en uno de esos pueblos que le salen al encuentro unos leprosos que le gritan: “Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros”. Hay que recordar que un leproso en la época de Jesús era la persona más despreciada y rechazada que existía. Llevaba cuatro cargas sobre sus hombros: era pobre (andaba en las periferias o las zonas marginales de las ciudades), estaba enfermo (veía como su cuerpo cada vez se deformaba y su carne se caía a pedazos), por su enfermedad, como era la costumbre judía, se consideraba pecador y por eso Dios los había castigado de esta forma y por llevar una enfermedad contagiosa, tenía que colocarse al cuello una campana para que al sonido de ésta las personas que la escuchaban se alejaran y se libraran de contagiarse con aquella terrible enfermedad. Por tanto, las personas que padecían de esta forma llevaban también un peso moral de verse rechazados, despreciados, no se sentían personas. Seguramente aquellos diez hombres leprosos habían escuchado hablar de Jesús de Nazaret, de sus palabras, de sus milagros, de su actitud frente a los pobres y enfermos; por eso, al verlo, manteniéndose a distancia (podemos imaginar el ruido de sus campanas colocadas al cuello) gritan desesperados al Maestro que los sane y es admirable la fe de los diez que hacen caso a las palabras de Jesús que les dijo que fueran a presentarse a los jefes judíos para que estos al estar curados dieran testimonio de quien lo había hecho. Pero, ante tal curación, sólo uno se muestra agradecido y se regresa, se postra ante Jesús (señal de adoración y la ley judía decía que sólo ante Dios el hombre debía postrarse y éste hombre lo que estaba reconociendo con su actitud y con su fe era que Aquel que tiene delante es Dios mismo). Una cosa más había que añadir a lo que ya dijimos antes, que aparte de pobre, enfermo, pecador y sin moral ni apariencia humana, éste era un samaritano; es decir, un enemigo del pueblo judío (ya que los samaritanos y judíos no se trataban y se odiaban a muerte), pero la actitud del Maestro judío que tiene frente así es otra y de hecho lo alaba y le dice que se vaya en paz porqule su fe lo ha salvado. Jesús con su actitud receptiva, de diálogo cercano, de no salir corriendo al sonido de la campana de estos hombres y ante su petición angustiosa, les muestra el rostro de Dios y deteniéndose a dialogar con aquel hombre samaritano que regresaba para darle gracias, manifiesta lo que Dios quiere para todo hombre, de lo que Dios hace por cada persona y de lo que espera de cada cristiano. Dios quiere la salvación, la paz, la renovación de cada ser humano y para esto pide fe en su persona, como la tuvo este leproso y como la tuvieron los otros nueves, que aunque no se mostraron agradecidos luego, tuvieron fe; sólo éste último completó lo que debe hacer el hombre frente a Dios: no sólo pedir, sino agradecer una vez que Dios se ha mostrado compasivo y misericordioso.
Aprendamos nosotros a mantener la fe en Jesucristo, hacer agradecidos con su benevolencia y ser como Jesús: Compasivos.
IDA Y RETORNO: Me preguntan algunas personas: ¿Por qué los cristianos evangélicos y las sectas religiosas odian tanto a la Iglesia Católica y basan su predicación sólo en atacar a la misma? Es una pregunta que me han hecho por email y verbalmente en varios momentos. Primero, no me atrevería a generalizar; yo tengo amigos cristianos evangélicos y son respetuosos, viven su fe o tratan de ser fieles; segundo, hay muchas iglesias evangélicas y muchas sectas y cada una mantiene sus criterios, estilos de predicación y algunas de ellas, ciertamente, atacan ferozmente a la Iglesia, su predicación la utilizan para descalificar, juzgar y sembrar odios entre sus seguidores contra el Papa, sacerdotes y creyentes en general; lo que realmente es contrario al evangelio de Cristo que se resume en el amor y la unidad. El amor es el distintivo de un auténtico cristiano y no el odio ni sus derivados.
Ilustración: František Kupka.
Cfr. http://www.eluniversal.com/opinion/131012/el-fundamento-cristiano-de-la-felicidad
“Tu fe te ha salvado” (Lc.17, 11-19)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flaute
El evangelio de este domingo nos presenta a Jesús realizando un milagro de curación de diez leprosos, con lo cual pone de manifiesto que el Reino de Dios había llegado al mundo, que se iniciaba en su persona. Los milagros realizados por Jesús (unos 35 en total), de lo cual dan cuentan los evangelios sinópticos, quieren resaltar no sólo la divinidad de Cristo, sino que con esos signos o señales milagrosas se confirmaba delante de los ojos de sus interlocutores la presencia del Reino de Dios, la llegada del Mesías Salvador profetizado desde antiguo. La mayoría de estos milagros realizados por Nuestro Señor, Jesucristo, nos relatan la curación de enfermos y endemoniados. En el caso del evangelio que hoy meditamos, se narra la curación de diez leprosos, uno de los cuales, era samaritano, se regresa donde estaba Jesús, postrándose ante Él, le da gracias y éste alaba su gesto y le expresa: “tu fe te ha salvado”.
Debemos ir paso por paso para entender todo el contexto de la narración del evangelio de este domingo. Primero, Jesús va camino de Jerusalén, la ciudad de las promesas, la del desenlace final de la vida de Nuestro Señor. Él pasa antes por Samaria y Galilea y es en uno de esos pueblos que le salen al encuentro unos leprosos que le gritan: “Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros”. Hay que recordar que un leproso en la época de Jesús era la persona más despreciada y rechazada que existía. Llevaba cuatro cargas sobre sus hombros: era pobre (andaba en las periferias o las zonas marginales de las ciudades), estaba enfermo (veía como su cuerpo cada vez se deformaba y su carne se caía a pedazos), por su enfermedad, como era la costumbre judía, se consideraba pecador y por eso Dios los había castigado de esta forma y por llevar una enfermedad contagiosa, tenía que colocarse al cuello una campana para que al sonido de ésta las personas que la escuchaban se alejaran y se libraran de contagiarse con aquella terrible enfermedad. Por tanto, las personas que padecían de esta forma llevaban también un peso moral de verse rechazados, despreciados, no se sentían personas. Seguramente aquellos diez hombres leprosos habían escuchado hablar de Jesús de Nazaret, de sus palabras, de sus milagros, de su actitud frente a los pobres y enfermos; por eso, al verlo, manteniéndose a distancia (podemos imaginar el ruido de sus campanas colocadas al cuello) gritan desesperados al Maestro que los sane y es admirable la fe de los diez que hacen caso a las palabras de Jesús que les dijo que fueran a presentarse a los jefes judíos para que estos al estar curados dieran testimonio de quien lo había hecho. Pero, ante tal curación, sólo uno se muestra agradecido y se regresa, se postra ante Jesús (señal de adoración y la ley judía decía que sólo ante Dios el hombre debía postrarse y éste hombre lo que estaba reconociendo con su actitud y con su fe era que Aquel que tiene delante es Dios mismo). Una cosa más había que añadir a lo que ya dijimos antes, que aparte de pobre, enfermo, pecador y sin moral ni apariencia humana, éste era un samaritano; es decir, un enemigo del pueblo judío (ya que los samaritanos y judíos no se trataban y se odiaban a muerte), pero la actitud del Maestro judío que tiene frente así es otra y de hecho lo alaba y le dice que se vaya en paz porqule su fe lo ha salvado. Jesús con su actitud receptiva, de diálogo cercano, de no salir corriendo al sonido de la campana de estos hombres y ante su petición angustiosa, les muestra el rostro de Dios y deteniéndose a dialogar con aquel hombre samaritano que regresaba para darle gracias, manifiesta lo que Dios quiere para todo hombre, de lo que Dios hace por cada persona y de lo que espera de cada cristiano. Dios quiere la salvación, la paz, la renovación de cada ser humano y para esto pide fe en su persona, como la tuvo este leproso y como la tuvieron los otros nueves, que aunque no se mostraron agradecidos luego, tuvieron fe; sólo éste último completó lo que debe hacer el hombre frente a Dios: no sólo pedir, sino agradecer una vez que Dios se ha mostrado compasivo y misericordioso.
Aprendamos nosotros a mantener la fe en Jesucristo, hacer agradecidos con su benevolencia y ser como Jesús: Compasivos.
IDA Y RETORNO: Me preguntan algunas personas: ¿Por qué los cristianos evangélicos y las sectas religiosas odian tanto a la Iglesia Católica y basan su predicación sólo en atacar a la misma? Es una pregunta que me han hecho por email y verbalmente en varios momentos. Primero, no me atrevería a generalizar; yo tengo amigos cristianos evangélicos y son respetuosos, viven su fe o tratan de ser fieles; segundo, hay muchas iglesias evangélicas y muchas sectas y cada una mantiene sus criterios, estilos de predicación y algunas de ellas, ciertamente, atacan ferozmente a la Iglesia, su predicación la utilizan para descalificar, juzgar y sembrar odios entre sus seguidores contra el Papa, sacerdotes y creyentes en general; lo que realmente es contrario al evangelio de Cristo que se resume en el amor y la unidad. El amor es el distintivo de un auténtico cristiano y no el odio ni sus derivados.
Ilustración: František Kupka.
Cfr. http://www.eluniversal.com/opinion/131012/el-fundamento-cristiano-de-la-felicidad
FE ENFERMA
Creer sin agradecer. Recuperar la gratitud
José Antonio Pagola
CREER SIN AGRADECER
El relato comienza narrando la curación de un grupo de diez leprosos en las cercanías de Samaría. Pero, esta vez, no se detiene Lucas en los detalles de la curación, sino en la reacción de uno de los leprosos al verse curado. El evangelista describe cuidadosamente todos sus pasos, pues quiere sacudir la fe rutinaria de no pocos cristianos. Jesús ha pedido a los leprosos que se presenten a los sacerdotes para obtener la autorización que los permita integrarse en la sociedad. Pero uno de ellos, de origen samaritano, al ver que está curado, en vez de ir a los sacerdotes, se vuelve para buscar a Jesús. Siente que para él comienza una vida nueva. En adelante, todo será diferente: podrá vivir de manera más digna y dichosa. Sabe a quién se lo debe. Necesita encontrarse con Jesús. Vuelve “alabando a Dios a grandes gritos”. Sabe que la fuerza salvadora de Jesús solo puede tener su origen en Dios.
Ahora siente algo nuevo por ese Padre Bueno del que habla Jesús. No lo olvidará jamás. En adelante vivirá dando gracias a Dios. Lo alabará gritando con todas sus fuerzas. Todos han de saber que se siente amado por él.
Al encontrarse con Jesús, “se echa a sus pies dándole gracias”. Sus compañeros han seguido su camino para encontrarse con los sacerdotes, pero él sabe que Jesús es su único Salvador. Por eso está aquí junto a él dándole gracias. En Jesús ha encontrado el mejor regalo de Dios.
Al concluir el relato, Jesús toma la palabra y hace tres preguntas expresando su sorpresa y tristeza ante lo ocurrido. No están dirigidas al samaritano que tiene a sus pies. Recogen el mensaje que Lucas quiere que se escuche en las comunidades cristianas.
“¿No han quedado limpios los diez?”.¿No se han curado todos? ¿Por qué no reconocen lo que han recibido de Jesús?
“Los otros nueve, ¿dónde están?”. ¿Por qué no están allí? ¿Por qué hay tantos cristianos que viven sin dar gracias a Dios casi nunca? ¿Por qué no sienten un agradecimiento especial hacia Jesús? ¿No lo conocen? ¿No significa nada nuevo para ellos?
“¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?”. ¿Por qué hay personas alejadas de la práctica religiosa que sienten verdadera admiración y agradecimiento hacia Jesús, mientras algunos cristianos no sienten nada especial por él? Benedicto XVI advertía hace unos años que un agnóstico en búsqueda puede estar más cerca de Dios que un cristiano rutinario que lo es solo por tradición o herencia. Una fe que no genera en los creyentes alegría y agradecimiento es una fe enferma. para dar gloria a Dios
RECUPERAR LA GRATITUD
Se ha dicho que la gratitud está desapareciendo del «paisaje afectivo» de la vida moderna. El conocido ensayista José Antonio Marina recordaba recientemente que el paso de Nietzsche, Freud y Marx nos ha dejado sumidos en una «cultura de la sospecha» que hace difícil el agradecimiento.
Se desconfía del gesto realizado por pura generosidad. Según el profesor, «se ha hecho dogma de fe que nadie da nada gratis y que toda intención aparentemente buena oculta una impostura». Es fácil entonces considerar la gratitud como «un sentimiento de bobos, de equivocados o de esclavos».
No sé si esta actitud está tan generalizada Pero sí es cierto que, en nuestra «civilización mercantilista», cada vez hay menos lugar para lo gratuito. Todo se intercambia, se presta, se debe o se exige. En este clima social la gratitud desaparece. Cada cual tiene lo que se merece, lo que se ha ganado con su propio esfuerzo. A nadie se le regala nada.
Algo semejante puede suceder en la relación con Dios si la religión se convierte en una especie de contrato con él: «Yo te ofrezco oraciones y sacrificios y tú me aseguras tu protección. Yo cumplo lo estipulado y tú me recompensas». Desaparecen así de la experiencia religiosa la alabanza y la acción de gracias a Dios, fuente y origen de todo bien.
Para muchos creyentes, recuperar la gratitud puede ser el primer paso para sanar su relación con Dios. Esta alabanza agradecida no consiste primariamente en tributarle elogios ni en enumerar los dones recibidos. Lo primero es captar la grandeza de Dios y su bondad insondable. Intuir que solo se puede vivir ante él dando gracias. Esta gratitud radical a Dios genera en la persona una forma nueva de mirarse a sí misma, de relacionarse con las cosas y de convivir con los demás.
El creyente agradecido sabe que su existencia entera es don de Dios. Las cosas que le rodean adquieren una profundidad antes ignorada; no están ahí solo como objetos que sirven para satisfacer necesidades; son signos de la gracia y la bondad del Creador. Las personas que encuentra en su camino son también regalo y gracia; a través de ellas se le ofrece la presencia invisible de Dios.
De los diez leprosos curados por Jesús, solo uno vuelve «glorificando a Dios», y solo él escucha las palabras de Jesús: «Tu fe te ha salvado». El reconocimiento gozoso y la alabanza a Dios siempre son fuente de salvación.
http://www.musicaliturgica.com/0000009a2106d5d04.php
Ilustración: František Kupka.
José Antonio Pagola
CREER SIN AGRADECER
El relato comienza narrando la curación de un grupo de diez leprosos en las cercanías de Samaría. Pero, esta vez, no se detiene Lucas en los detalles de la curación, sino en la reacción de uno de los leprosos al verse curado. El evangelista describe cuidadosamente todos sus pasos, pues quiere sacudir la fe rutinaria de no pocos cristianos. Jesús ha pedido a los leprosos que se presenten a los sacerdotes para obtener la autorización que los permita integrarse en la sociedad. Pero uno de ellos, de origen samaritano, al ver que está curado, en vez de ir a los sacerdotes, se vuelve para buscar a Jesús. Siente que para él comienza una vida nueva. En adelante, todo será diferente: podrá vivir de manera más digna y dichosa. Sabe a quién se lo debe. Necesita encontrarse con Jesús. Vuelve “alabando a Dios a grandes gritos”. Sabe que la fuerza salvadora de Jesús solo puede tener su origen en Dios.
Ahora siente algo nuevo por ese Padre Bueno del que habla Jesús. No lo olvidará jamás. En adelante vivirá dando gracias a Dios. Lo alabará gritando con todas sus fuerzas. Todos han de saber que se siente amado por él.
Al encontrarse con Jesús, “se echa a sus pies dándole gracias”. Sus compañeros han seguido su camino para encontrarse con los sacerdotes, pero él sabe que Jesús es su único Salvador. Por eso está aquí junto a él dándole gracias. En Jesús ha encontrado el mejor regalo de Dios.
Al concluir el relato, Jesús toma la palabra y hace tres preguntas expresando su sorpresa y tristeza ante lo ocurrido. No están dirigidas al samaritano que tiene a sus pies. Recogen el mensaje que Lucas quiere que se escuche en las comunidades cristianas.
“¿No han quedado limpios los diez?”.¿No se han curado todos? ¿Por qué no reconocen lo que han recibido de Jesús?
“Los otros nueve, ¿dónde están?”. ¿Por qué no están allí? ¿Por qué hay tantos cristianos que viven sin dar gracias a Dios casi nunca? ¿Por qué no sienten un agradecimiento especial hacia Jesús? ¿No lo conocen? ¿No significa nada nuevo para ellos?
“¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?”. ¿Por qué hay personas alejadas de la práctica religiosa que sienten verdadera admiración y agradecimiento hacia Jesús, mientras algunos cristianos no sienten nada especial por él? Benedicto XVI advertía hace unos años que un agnóstico en búsqueda puede estar más cerca de Dios que un cristiano rutinario que lo es solo por tradición o herencia. Una fe que no genera en los creyentes alegría y agradecimiento es una fe enferma. para dar gloria a Dios
RECUPERAR LA GRATITUD
Se ha dicho que la gratitud está desapareciendo del «paisaje afectivo» de la vida moderna. El conocido ensayista José Antonio Marina recordaba recientemente que el paso de Nietzsche, Freud y Marx nos ha dejado sumidos en una «cultura de la sospecha» que hace difícil el agradecimiento.
Se desconfía del gesto realizado por pura generosidad. Según el profesor, «se ha hecho dogma de fe que nadie da nada gratis y que toda intención aparentemente buena oculta una impostura». Es fácil entonces considerar la gratitud como «un sentimiento de bobos, de equivocados o de esclavos».
No sé si esta actitud está tan generalizada Pero sí es cierto que, en nuestra «civilización mercantilista», cada vez hay menos lugar para lo gratuito. Todo se intercambia, se presta, se debe o se exige. En este clima social la gratitud desaparece. Cada cual tiene lo que se merece, lo que se ha ganado con su propio esfuerzo. A nadie se le regala nada.
Algo semejante puede suceder en la relación con Dios si la religión se convierte en una especie de contrato con él: «Yo te ofrezco oraciones y sacrificios y tú me aseguras tu protección. Yo cumplo lo estipulado y tú me recompensas». Desaparecen así de la experiencia religiosa la alabanza y la acción de gracias a Dios, fuente y origen de todo bien.
Para muchos creyentes, recuperar la gratitud puede ser el primer paso para sanar su relación con Dios. Esta alabanza agradecida no consiste primariamente en tributarle elogios ni en enumerar los dones recibidos. Lo primero es captar la grandeza de Dios y su bondad insondable. Intuir que solo se puede vivir ante él dando gracias. Esta gratitud radical a Dios genera en la persona una forma nueva de mirarse a sí misma, de relacionarse con las cosas y de convivir con los demás.
El creyente agradecido sabe que su existencia entera es don de Dios. Las cosas que le rodean adquieren una profundidad antes ignorada; no están ahí solo como objetos que sirven para satisfacer necesidades; son signos de la gracia y la bondad del Creador. Las personas que encuentra en su camino son también regalo y gracia; a través de ellas se le ofrece la presencia invisible de Dios.
De los diez leprosos curados por Jesús, solo uno vuelve «glorificando a Dios», y solo él escucha las palabras de Jesús: «Tu fe te ha salvado». El reconocimiento gozoso y la alabanza a Dios siempre son fuente de salvación.
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Ilustración: František Kupka.
Etiquetas:
František Kupka,
José Antonio Pagola,
San Lucas 17: 11-19
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