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domingo, 26 de marzo de 2017

PEDAGOGÍA

NOTITARDE, Valencia, 25 de marzo de 2017
“Caminando con Cristo”
Jesús cura a un ciego de nacimiento (Jn.9,1-41)
Joel de Jesús Núñez Flautes

Llegamos al cuarto domingo de cuaresma y en el evangelio se nos presenta el milagro que realiza Jesús en sábado a un ciego de nacimiento. Si ya de por sí el milagro es un acontecimiento maravilloso, extraordinario; más significativo es como dice el mismo receptor del milagro ante el interrogatorio de los fariseos: “que jamás se ha oído decir que alguien haya devuelto la vista a un ciego de nacimiento”. Sólo Jesús es capaz de hacer este tipo de milagros y la razón está en que Él es el mismo Dios presente en medio de su pueblo; que ha venido para “dar vista a los ciegos”, porque es la “la luz del mundo”.

Toda la narración habla de un proceso pedagógico para alcanzar la fe o dicho de otra forma, el milagro que Jesús realiza a éste hombre va desde el darle la luz física (poder ver) a la luz de la fe (reconocer a Jesús como el Hijo del Hombre, como el enviado de Dios). Realmente es edificante como a pesar de las críticas de los fariseos fanáticos, de las amenazas de los religiosos del momento, de lo contrastante de guardar el sábado y no vivir la caridad o hacer el bien, de la sociedad injusta que condenaba a un enfermo de nacimiento y lo señalaba como pecador (como si ya no era suficiente la carga física de la propia enfermedad para que le colocasen encima una etiqueta moral que afirmaba que su enfermedad era a causa de su pecado o del pecado de sus padres), el ciego reconoce a Jesús como Mesías y Salvador, afirmando “yo creo” y se postró ante Él, como signo de adoración y reconocimiento de su divinidad.

De esa cultura injusta y de una religión de culto vacío, sin proyección hacia el prójimo, procedían los primeros seguidores de Jesús que le preguntan: “¿Quién pecó, él o sus padres para que haya nacido ciego?” y Jesús con su conducta les demuestra que es lo que quiere Dios y cómo se comporta Dios con el ser humano.

IDA Y RETORNO: Se necesitan líderes para Venezuela.

Fuente:
http://www.notitarde.com/jesus-cura-a-un-ciego-de-nacimiento-jn91-41-36363/columnistas-del-dia/2017/03/26/1053007/

Cfr.
Pedro Olalde y Patxi Loidi: http://www.feadulta.com/anterior/Evang-14-4-C-08.htm
Isabel Vidal de Tenreiro: http://www.elimpulso.com/opinion/buena-nueva-sanaciones 
Ilustración: Raúl Herrera. 

VER A JESÚS

Evangelio Dominical: Ciego de nacimiento
José Martínez de Toda, S.J.

Comentario dialogado al Evangelio que se proclama el cuatro Domingo de Cuaresma, ciclo A, correspondiente al domingo 26 marzo 2017. La lectura es tomada del Evangelio según San Juan 9, 1-41
"Creo, Señor"
¿Puede un ciego recobrar la vista?
Un día iba Jesús caminando con sus discípulos, cuando pasó junto a un ciego de nacimiento. Inmediatamente sus discípulos ya suponen que el ciego lo es por su culpa o de sus padres. Y le preguntan a Jesús:
- "Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciese ciego?" (v. 2).
Jesús salta en defensa del que es acusado injustamente: "Ni este pecó, ni sus padres: él es ciego para que las obras de Dios se manifiesten en él" (v. 3).
Jesús ve en el ciego, no a un pecador..., sino a un hombre necesitado de ayuda y de comprensión, destinado a la felicidad y llamado a ser objeto del amor de Dios. Inclusive ve en esta desgracia del ciego una oportunidad para que se manifieste en él la misericordia de Dios, pues no sólo quedará curado, sino que se convertirá en un proclamador de su gloria.
¿Cómo curó al ciego?
Utilizó la metodología curativa de entonces, haciendo lodo con la saliva, y untando con el lodo los ojos del ciego, pero añadiendo el poder curativo de Dios. Además le dijo:
-Ve, lávate en el estanque de Siloé . "Y fue, se lavó, y volvió viendo" (v. 7). Pero su curación causó revuelo en Jerusalén. Y hubo hasta cuatro interrogatorios sobre su caso.
¿Cuál fue el primero?
El primer interrogatorio es el de los vecinos, que al principio no acaban de creer en el milagro. Se dicen: "Pero, ¿no es éste el que mendigaba sentado?" (v. 8).
Pero también piensan que sólo se le parece. Antes de la curación sus ojos estarían pálidos y sin vida. Ahora sus ojos están abiertos y llenos de luz. Está emocionado y asombrado. Eso cambia toda la fisonomía del que era ciego. Y él repite a todos:
-"Soy yo, el mismo, el que estaba ciego".
Pero cuando explica que fue Jesús el que lo curó, no se quieren comprometer y llevan el caso a los poderosos Fariseos, que saben que no veían bien a Jesús.
¿Qué problema encontraban los fariseos en la curación de Jesús?
Los fariseos, después de hablar con el curado, ven que Jesús lo curó en sábado, día que ellos habían llenado de reglas, por las que no se podía hacer nada, ni siquiera curar a un enfermo. No se podía amasar ni hacer barro con saliva ni ponerlo barro sobre los ojos.
Por desgracia, la gran preocupación de los fariseos no es la salvación de las personas ni ayudar al necesitado, sino la estricta observancia de la ley. Son incapaces de alegrarse de que alguien que estaba enfermo desde su nacimiento ahora pueda tener una mejor calidad de vida. Por otra parte, no pueden explicarse cómo un 'pecador' como Jesús, pueda hacer este milagro, y estaban divididos sobre Jesús. Ante la duda, los fariseos tratan de buscar más información sobre el milagro, y preguntan a los padres del curado (3er interrogatorio).
Pero los padres, que eran judíos, tienen miedo de ser expulsados de la sinagoga, de la comunidad y separado de Dios. Por eso responden con mucha cautela:
- "Él tiene edad, pregúntenle á él" (v. 21).
Los fariseos vuelven al curado, a quien le hacen el 4to interrogatorio de esta historia, llamando a Jesús 'pecador'. Pero el curado proclama:
-Si es pecador, no lo sé: una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.
El dictamen final de los fariseos fue echar fuera al curado. No sabemos si simplemente lo echaron fuera de su presencia o si lo echaron realmente de la sinagoga, lo que para él resultaría algo catastrófico religiosa, social y económicamente.
¿Cómo reacciona Jesús ante las presiones contra aquel perseguido por su causa?
Oyó Jesús que le habían echado fuera, y fue a buscarlo para consolarlo, acompañarlo y darle fuerza. Recuerda la historia de las huellas en la playa:

Y el curado responde a Jesús con una gran confesión de fe. Jesús le dice:
- "¿Crees tú en el Hijo de Dios?" (v. 35). Y él respondió: 'Creo, Señor', y lo adoró.
Se nota cómo ha avanzado en el conocimiento de la identidad de Jesús. Poco a poco le ha ido dando siete títulos a Jesús: Primero lo llama 'el hombre': 'ese hombre' (v.11). Después lo llama 'Jesús' (v.11), 'profeta' (v.17), 'Cristo' (v.22), 'Hijo del hombre' (v.35), 'Revelador' ("el que habla contigo", v.37; cf. 4,26), y por fin 'Señor' (v.38).
Pero se nota que las reacciones ante el milagro son muy diversas.
Así es. Vemos que ante el milagro se notan las siguientes reacciones:
-los vecinos se sorprenden, pero dudan;
-los padres del curado se vuelven débiles por miedo a los fariseos;
-el curado experimenta un crecimiento en su fe hasta adorar a Jesús como a Dios; y
- los fariseos se van radicalizando enceguecidos cada vez más contra Jesús, tanto que Jesús comentó: "Para eso he venido a este mundo: para que los que no ven, vean".
Pero Jesús no obliga a creer a nadie: ni al ciego ni a las autoridades. Permite escoger. El ciego responde creyendo, y las autoridades se niegan a creer.
¿Tiene este milagro alguna enseñanza para nosotros?
Hay muchas. Por ejemplo, la tenacidad y valentía del curado.
También Jesús proclama ante los discípulos antes de la curación:
"Yo soy la luz del mundo". Como luz del mundo, Jesús ha venido a iluminar y a enseñar a la gente sobre Dios. Este hombre le presenta la oportunidad de demostrar su misión de dar la luz. Jesús traerá la luz física a un hombre ciego, igual que traerá la luz espiritual al mundo.
También, el milagro se parece al bautismo. El ciego se lavó en las aguas de Siloé, y salió curado. Así también los que se bautizan quedan espiritualmente renovados y curados de la ceguera en la que nacieron. En el bautismo recibimos la Luz y la nueva Vida de hijos de Dios.
Además indica lo que significa ser cristiano. Ser cristiano no es simplemente seguir ciertas doctrinas y ritos. Es tener una relación íntima con Jesús, es tener profunda fe en Él. El que era ciego y pedía limosna, tiene ahora luz en sus ojos y fe en Jesús, y se dedica ahora a ser testigo de Él. Así seremos nosotros, si tenemos fe en Él.

Fuente:
 http://radioevangelizacion.org/noticia/evangelio-dominical-ciego-nacimiento
Cfr.
Marcos Rodríguez: http://www.feadulta.com/anterior/Ev-jn-09-01-41.htm
Ilustración:  Ilustración: J. Kirk Richards.

domingo, 15 de marzo de 2015

LAETARE

NOTITARDE, Valencia, 15 de marzo de 2015
Caminando con Cristo”
Jesús sana a un ciego de nacimiento (Jn. 9, 1-41)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

Este cuarto domingo de cuaresma es conocido como domingo de “laetare” (alegría), porque nos anuncia la cercanía de la Pascua del Señor, donde vamos a celebrar los misterios de su Pasión, Muerte y Resurrección; es decir, el misterio de nuestra salvación y redención.
El evangelio de este domingo, nos presenta a Jesús que sana a un ciego de nacimiento. Para la concepción judía una persona enferma o que nacía con un defecto físico era considerado un pecador; por eso la pregunta que le hacen los apóstoles a Jesús viendo al ciego mientras iban de paso con Jesús “¿Quién pecó éste o sus padres?” y es la misma concepción de los fariseos y los jefes religiosos que cuando escuchan las palabras del ciego justificando la acción de Jesús en sábado le dicen: “Todo tú eres puro pecado desde que naciste y ¿nos vas a enseñar a nosotros?”. Jesús enseña a los discípulos que tener una enfermedad o haber nacido con una limitación no significa que la persona sea un pecador y que haya que rechazarlo o condenarlo como impuro. Jesús se acercó a éste hombre, no le importó que fuera sábado y lo sanó. Este milagro hizo que los judíos y los jefes religiosos se escandalizaran porque alguien había hecho un milagro en sábado y afirmaban que quien lo había hecho no era un hombre de Dios, por ir contra el descanso del sábado; pero en otra ocasión Jesús afirmó que el hombre; un hijo de Dios es más importante que el sábado; es decir, que lo más importante ante Dios es el amor; por tanto, hacer el bien es el más grande culto y alabanza a Dios. Podemos recordar aquí la parábola del buen samaritano (Lc. 10, 25-37) que nos habla de la centralidad del amor y de la importancia del prójimo.
El evangelio de hoy nos hace entender que no sólo éste hombre que Jesús sana estaba ciego; los fariseos y jefes religiosos tenían una ceguera espiritual; ya que no eran capaces de ver y entender que tenían delante de sí al Hijo de Dios, al Mesías y Salvador esperado y por su soberbia y por no saber interpretar adecuadamente Las Escrituras no entendieron el proceder de Jesús. Dios nos advierte de no dejarnos llevar por la soberbia, arrogancia o el creernos más que los demás ni con el derecho de juzgar y condenar a nadie; como lo hicieron estos hombres que se habían apropiado de lo religioso y condenaban en nombre de Dios. Jesús en cambio, muestra el verdadero rostro del Padre, muestra cercanía, bondad, misericordia, perdón y amor. Es lo que debe y necesita vivir un verdadero discípulo de Cristo. La Palabra de Dios se resume en el amor y quien ama es realmente un discípulo de Jesús.
Jesús vino a sanar y redimir al hombre, a mostrarle el camino que conduce a la felicidad; se presentó a sí mismo como la Luz del mundo; se hizo cercano a los pobres y marginados de su tiempo que eran rechazados por razones sociales, políticas o religiosas y les habló y enseñó qué es lo esencial en la vida cristiana: el amor que está por encima de cualquier sacrificio, culto u oblación.
En el diálogo que se da entre Jesús y el hombre que es sanado de su ceguera se percibe la fe y el reconocimiento de éste a la persona de Jesús, a quien reconoce como Mesías, Dios y Salvador. Jesús lo movió a la fe y éste hombre creyó, al punto de postrarse y adorarlo. Así debe ser el cristiano católico, reconocer a Cristo y adorarlo, vivir en el amor y el servicio a los más necesitados; hacer el bien y proclamar con valentía ante el mundo las maravillas que Dios hace en nuestras vidas.
IDA Y RETORNO: El próximo miércoles 18 de marzo el Padre Alfredo Fermín, rector del Seminario, tendrá la segunda ponencia en La Parroquia La Resurrección del Señor de La Esmeralda titulada: “Ángeles, demonios, evangelio y satanismo”, a partir de las 6:30 pm, la misma ponencia se realizará el miércoles 25 de marzo en el Anfiteatro de la UC a partir de las 10:00 am. Están cordialmente invitados para conocer más nuestra fe cristiana católica.
La Jornada 24 Horas para El Señor, convocada por el Papa Francisco el pasado 13 y 14 de marzo, fue todo un éxito en nuestra arquidiócesis y podemos estar seguros de los beneficios y bendiciones que Dios va a derramar cuando Él quiera y como quiera sobre el mundo y nuestra patria. Dios es bueno, fiel y nos ama.
Ilustración: Leiko Ikemura.

CERCANÍA Y CONOCIMIENTO

El milagro de ser libre
Fray Marcos (Rodríguez)

En este cuarto domingo de cuaresma leemos otro texto de Juan que nos pone en contacto con Jesús que trae la verdadera salvación (luz) al ser humano.
Como en el caso de la samaritana, la iniciativa la toma Jesús, pero el interesado debe responder personalmente.
Se trata de advertir a los catecúmenos del camino que tienen que recorrer antes del bautismo. Todos somos ciegos hasta que hemos aceptado la luz. Si después del recorrido, confiesan a Jesús como el Señor, están en condiciones de ser bautizados.
Todo el relato es simbólico. Con él se está proponiendo un proceso catecumenal que lleva al hombre de las tinieblas a la luz; de la opresión a la libertad; de no ser nada a ser hombre cabal.
Jesús tiene que alejarse del templo huyendo de los fariseos que querían apedrearle por haber dicho: “Yo soy la luz del mundo”. Lo repite y lo va a demostrar con hechos, dando la vista al ciego.
Jesús no le consulta antes, porque siendo ciego de nacimiento, no sabe lo que era la luz y por lo tanto, no puede desearla de manera especial. Sin embargo no suprime su libertad, le ofrece la oportunidad, pero la decisión queda en sus manos. Tendrá que ir a lavarse a la piscina, para llegar a ser él mismo.
Los demás personajes siguen en su ceguera: fariseos, apóstoles, paisanos, padres son símbolos de la dificultad de aceptar la luz cuando amenaza con iluminar lo que no queremos ver.
Al mezclar la tierra con su saliva está simbolizando la creación del hombre nuevo, compuesto por la tierra-carne y la saliva-Espíritu. De ahí la frase que sigue: le untó su barro en los ojos. El barro, modelado por el Espíritu, es el proyecto de Dios realizado ya en Jesús, y con posibilidad de realizarse en todos los seres humanos.
Juan usa dos verbos para indicar la aplicación del barro en los ojos: aquí untar-ungir, en relación con el apelativo de Jesús "Mesías". Más adelante dirá sencillamente aplicar (9,30).
Aquí está la clave de todo el relato. El ciego es ahora un “ungido”, como Jesús. El hombre carnal ha sido transformado por el Espíritu. La duda de la gente sobre la identidad del ciego, refleja la novedad que produce el Espíritu. Siendo el mismo, es otro.
Hay gran diferencia entre el hombre sin iniciativa ni libertad y el hombre libre. De ahí que el ciego  utilice las mismas palabras que tantas veces en Juan utiliza Jesús para identificarse: "Soy yo". Esta fórmula refleja la identidad del hombre transformado por el Espíritu. Descubre la transformación que se ha operado en su persona y quiere que los demás la vean.
El ciego opta libremente por la luz. Sigue el camino que Jesús le marca y llega a la meta indicada. Él, que era solo carne, descubrió el Espíritu.
Como en los demás milagros narrados por Juan, no  le da ninguna importancia al hecho de la curación física. Lo despacha con media línea. Lo que de verdad importa es que este hombre estaba limitado y carecía de toda libertad antes de encontrarse con Jesús. Ahora descubre lo que significa ser hombre y se siente completamente realizado. El Espíritu le ha capacitado para desplegar todas las posibilidades de ser “Hombre”.
El horizonte que se abre para él es indescriptible. El mundo ha cambiado radicalmente. Su vida, anodina y dependiente, está ahora llena de sentido. Pierde todo miedo y comienza a ser él mismo, no sólo en su interior sino ante los demás.
La piscina de Siloé estaba fuera de los muros de la ciudad. Recogía el agua de la fuente de Guijón que llegaba a ella conducida por un canal-túnel (de ahí el nombre arameo de "siloah"=emisión-envío, agua emitida- enviada). Juan aplica el nombre a Jesús, el enviado.
La doble mención de untar-ungir y la de la piscina, término que era utilizado para designar la fuente bautismal, nos muestra que se está construyendo este relato a partir de los ritos de iniciación (bautismo) de la primera comunidad.
No se había mencionado que el ciego era mendigo (pedía limosna, sentado). Estaba inmóvil, impotente, dependiendo de los demás. Este punto de partida es clave para resaltar el punto de llegada. Jesús le va a dar la movilidad y la independencia. Le hace hombre cabal.
Tampoco se menciona que era sábado hasta mediada la narración. Jesús no tiene en cuente esa circunstancia a la hora de hacer bien al hombre.
Amasar barro estaba explícitamente prohibido por la interpretación farisaica de la Ley. El amasar el barro el día séptimo, prolonga el día sexto de la creación. Jesús termina la creación del hombre.
A los fariseos no les interesa el hecho de la curación, sino el cómo; porque ahí se podía descubrir la infracción. No se alegran del bien del hombre; lo humano se analiza sólo a través de lo legal.
Los fariseos acuden a los padres para desvirtuar el hecho que no pueden negar. Los padres no tenían culpa, pero tienen miedo. Son gente sometida, en tinieblas. La pregunta es triple: ¿Es vuestro hijo? ¿Nació ciego? ¿Cómo recobró la vista?
El hecho es tan evidente que, por sí mismo está acusando a los fariseos. Los padres responden a las dos primeras preguntas, pero a la tercera, la más importante, no se atreven a responder. El miedo les impide aceptar cualquier complicidad con el hecho.
Ante los fariseos, los padres temen que pueda considerarse un crimen que el ciego vea, por ello quieren eludir toda responsabilidad. Tienen miedo de ser expulsados de la institución. Están atemorizados, porque no pueden imaginar que exista otra salida.
Al fallarles la argucia empleada con los padres, intentan confundir al ciego. Quieren, por todos los medios, conseguir la lealtad del ciego aun en contra de la evidencia. Condenan a Jesús en nombre de la moral oficial y pretenden que le condene también el que ha sido curado.
Ellos lo tienen claro, Dios no puede estar de parte del que no cumple la Ley. Dios no puede actuar contra el precepto ni siquiera en benefició del hombre. Quieren hacerle ver que la vista de que ahora goza es contraria a la voluntad de Dios.
Siguen defendiendo su postura negando la evidencia. Enemigos de la luz, con la mentira pretenden extinguirla
Al contrario que los padres, el ciego no tiene miedo de expresar lo que piensa ante los jefes. El hombre no quiere meterse en cuestiones teológicas. A las teorías teológicas, opone los hechos. Puede que se haya quebrantado la Ley, pero lo que ha sucedido es tan positivo para él, que se tiene que hacer la pregunta: ¿No estará Jesús por encima del sábado?
Ha experimentado el amor gratuito y liberador. Él sabe ahora lo que es ser un hombre cabal y, gracias a eso, sabe también lo que es Dios. Él ahora ve, los maestros están ciegos. Descubre que en Jesús, está presente Dios. El hombre utiliza una teología admitida por todos. Dios no puede conceder a un descreído que realice una obra tan extraordinaria.
Los fariseos están tan seguros de su Ley, que no dudan en negar la misma realidad. Pero al ciego le es imposible negar lo que personalmente ha vivido. Por no negar su propia experiencia ni renunciar al bien que ha recibido, lo expulsan.
Con su mentira han querido apagar la luz-vida. Al no conseguirlo, el hombre no puede permanecer dentro del ámbito de la muerte-tiniebla que es la sinagoga. Lo mismo que Jesús tuvo que salir del templo, el ciego que ha recibido la luz, tiene que salir de la sinagoga.
"Fue a buscarlo". eurwn no significa un encuentro fortuito, sino el fruto de una actividad con la intención de encontrar algo o a alguien. El contraste salta a la vista. Los fariseos lo expulsan, Jesús lo busca.
No le dice, como al inválido de la piscina, que no vuelva a dejarse someter, porque ya había superado la prueba manteniéndose firme ante los fariseos. Con su pregunta va a acabar la obra de iluminación que había comenzado. La acción de Jesús había hecho descubrir al ciego una nueva manera de ser hombre, cuyo modelo era "el Hombre". Jesús quiere que tome conciencia de esta realidad.
El relato termina con la plena aceptación de Jesús. "Se postró" prosekunhsen es el mismo verbo con que se designa la adoración debida a Dios (4,20-24). El gesto de postrarse para adorar a Jesús no es infrecuente en los sinópticos, sobre todo en Mateo, pero este es el único pasaje de Juan en que aparece.
Jesús, el Hombre, es el nuevo santuario donde se verifica la presencia de Dios. El ciego, expulsado, encuentra el verdadero santuario, Jesús, donde se rinde el culto en espíritu y verdad, anunciado a la Samaritana. Este culto no se puede dar a Dios más que en el hombre, porque consiste en la práctica del amor.
Termina el relato con una proclamación solemne de Jesús: “para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean y los que creen ver se queden ciegos”.
Naturalmente, estas no son palabras de Jesús sino de los cristianos de finales del siglo I.
Clara alusión a los fariseos que se revuelven contra Jesús. Para ellos, los conocedores y cumplidores de la Ley, que tenían por ciegos a los demás, era inconcebible que alguien pudiera tenerles por ciegos.
Pero la respuesta de Jesús deja muy clara la realidad sangrante: los que más cerca se creen de Dios, son los que menos le conocen. Esto debía hacernos pensar, porque también puede pasarnos a nosotros.
¿También nosotros estamos ciegos?
Meditación-contemplación
¿Crees tú en el Hijo del Hombre?
Creer en Jesús es creer en el Hombre.
Él es el modelo de hombre, el hombre acabado según el designio de Dios.
Alcanzó esa plenitud dejando que el Espíritu lo invadiera.
.....................
Jesús es, a la vez, la manifestación de Dios y el modelo de hombre.
En su humanidad, se ha hecho presente lo divino.
La “carne” ha llegado a su grado máximo de transformación.
El Espíritu asumió y elevó la materia hasta transformarla en Espíritu.
........................
Mi meta es también dejarme transformar en Espíritu.
Para ello hay que nacer de nuevo.
Tengo que morir a todo lo que en mí hay de terreno.
Y dejar que se despliegue en mí lo que hay de divino.

Fuente:http://www.feadulta.com/anterior/Ev-MR_A_13-4c_.htm
Cfr. José Antonio Pagola:  http://www.feadulta.com/anterior/Ev-Pag_A_13-4c.htm
Ilustración: Miguel Angel Vidal.

domingo, 30 de marzo de 2014

PEDAGOGÍA DE FE

NOTITARDE, Valencia, 30 de marzo de 2014
Jesús cura a un ciego de nacimiento (Jn.9,1-41)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

Legamos al cuarto domingo de cuaresma y en el evangelio se nos presenta el milagro que realiza Jesús en sábado a un ciego de nacimiento. Si ya de por sí el milagro es un acontecimiento maravilloso, extraordinario; más significativo es como dice el mismo receptor del milagro ante el interrogatorio de los fariseos: "que jamás se ha oído decir que alguien haya devuelto la vista a un ciego de nacimiento". Solo Jesús es capaz de hacer este tipo de milagros y la razón está en que Él es el mismo Dios presente en medio de su pueblo; que ha venido para "dar vista a los ciegos", porque es la "la luz del mundo".
Toda la narración habla de un proceso pedagógico para alcanzar la fe o dicho de otra forma, el milagro que Jesús realiza a este hombre va desde el darle la luz física (poder ver) a la luz de la fe (reconocer a Jesús como el Hijo del Hombre, como el enviado de Dios). Realmente es edificante como a pesar de las críticas de los fariseos fanáticos, de las amenazas de los religiosos del momento, de lo contrastante de guardar el sábado y no vivir la caridad o hacer el bien, de la sociedad injusta que condenaba a un enfermo de nacimiento y lo señalaba como pecador (como si ya no era suficiente la carga física de la propia enfermedad para que le colocasen encima una etiqueta moral que afirmaba que su enfermedad era a causa de su pecado o del pecado de sus padres), el ciego reconoce a Jesús como Mesías y Salvador, afirmando "yo creo" y se postró ante Él, como signo de adoración y reconocimiento de su divinidad.
De esa cultura injusta y de una religión de culto vacío, sin proyección hacia el prójimo, procedían los primeros seguidores de Jesús que le preguntan: "¿Quién pecó, él o sus padres para que haya nacido ciego?" y Jesús con su conducta les demuestra que es lo que quiere Dios, como se acerca al hombre enfermo, al que vive desesperado, despreciado, solitario, desamparado y lo ve, lo escucha, lo atiende, lo sana, lo incorpora a la sociedad y alecciona a los que ven el milagro y el cambio de esa persona. Es la pedagogía de Dios; es su amor y bondad revelada en Cristo.
El evangelio deja claro, al final, que realmente el ciego no era aquel hombre que nació sin poder ver físicamente; por eso dice Jesús a los fariseos "si fueran ciegos no tendrían pecado, pero como dicen: vemos, su pecado permanece". Con esto, estaba afirmando que el hecho de nacer ciego físicamente no era signo de pecado; peor era ver con los ojos físicos, pero no reconocer ante ellos, con todos los signos que se les iban presentando que Jesús es el Dios verdadero, el Mesías, el Salvador y la Luz del mundo. En esto, es ejemplarizante la fe y la actitud del hombre que recupera la vista y cuando ve a Jesús, manifiesta su fe en Él, se postra y le adora como Dios.
El cristiano es hijo de la luz y está invitado a vivir en la luz. Desde el bautismo ha recibido la fuerza y la luz del Espíritu Santo. Por eso, el discípulo de Cristo está llamado a reconocer a Jesús como su Dios y Señor y al mismo tiempo, trabajar constantemente para vencer toda oscuridad que haya en su vida personal, familiar o en su entorno social; es invitado a permanecer fiel a Él que es la luz del mundo; luchar contra el pecado, contra la cultura de la muerte, del odio, del paganismo, traducido en esa sociedad que vive de espaldas a Dios, con el corazón cerrado a los hermanos y con la autodestrucción en el mundo de los vicios o placeres desordenados.
Esta cuaresma que estamos viviendo tiene que ser propicia para que nosotros, los cristianos católicos, de manera particular, vivamos nuestro compromiso cristiano de "ser luz y sal de la tierra"; de alumbrar el camino en nuestro andar cotidiano, de disipar las tinieblas del mal y esto será posible si permanecemos unidos, conectados a la fuente de la luz, a aquel que es el sol que nace de lo alto: Cristo. No podremos vivir como hijos de la luz ni ser luz para los demás, si no permanecemos unidos a Nuestro Señor, Jesucristo. Que superemos el fanatismo de los fariseos que pensaban que solo por ser fariseos ya estaban salvados o eran mejores que los demás; que aprendamos de Jesús la caridad.
La misma pregunta de Jesús al que fue ciego vale para nosotros: "¿Tú crees en el Hijo del Hombre?". La respuesta es personal.
IDA Y RETORNO: El Vaticano ha manifestado su disposición de ser intermediario o ayudar en la crisis que se vive en Venezuela. La Iglesia dice presente en este momento difícil que vive el país y quiere aportar para que haya progreso, justicia, unidad, reconciliación y paz. Sigamos orando para que la Luz de Cristo alumbre el camino que necesitamos emprender los venezolanos para superar este momento de oscuridad que nos afecta a todos por igual y sobre todo a las familias que han perdido un ser querido en medio de las protestas que se han dado en el país. Dios y la Virgen bendigan al país.

Breve nota LB: Entre otros aspectos, en su homilía de hoy, inteligentemente prudente, pero decidora, el Padre  José Vicente Ramírez Meza (Redentorista) insistió en el tema de la paz. Palabras más, palabras menos, hay quienes no desean ver lo que ocurre, para una reflexión extraordinaria.Además, insistió no es paz la pasividad.
Cfr. José Martínez de Toda (SJ): http://radioevangelizacion.org/noticia/reflexion-al-evangelio-creo-senor
Obra: Carlos Zerpabzueta.

SENCILLA PREGUNTA

Caminos hacia la fe
José Antonio Pagola

El relato es inolvidable. Se le llama tradicionalmente "La curación del ciego de nacimiento", pero es mucho más, pues el evangelista nos describe el recorrido interior que va haciendo un hombre perdido en tinieblas hasta encontrarse con Jesús, «Luz del mundo».
No conocemos su nombre. Sólo sabemos que es un mendigo, ciego de nacimiento, que pide limosna en las afueras del templo. No conoce la luz. No la ha visto nunca. No puede caminar ni orientarse por sí mismo. Su vida transcurre en tinieblas. Nunca podrá conocer una vida digna.
Un día Jesús pasa por su vida. El ciego está tan necesitado que deja que le trabaje sus ojos. No sabe quién es, pero confía en su fuerza curadora. Siguiendo sus indicaciones, limpia su mirada en la piscina de Siloé y, por primera vez, comienza a ver. El encuentro con Jesús va a cambiar su vida.
Los vecinos lo ven transformado. Es el mismo pero les parece otro. El hombre les explica su experiencia: «un hombre que se llama Jesús» lo ha curado. No sabe más. Ignora quién es y dónde está, pero le ha abierto los ojos. Jesús hace bien incluso a aquellos que sólo lo reconocen como hombre.
Los fariseos, entendidos en religión, le piden toda clase de explicaciones sobre Jesús. El les habla de su experiencia: «sólo sé una cosa: que era ciego y ahora veo». Le preguntan qué piensa de Jesús y él les dice lo que siente: «que es un profeta». Lo que ha recibido de Él es tan bueno que ese hombre tiene que venir de Dios. Así vive mucha gente sencilla su fe en Jesús. No saben teología, pero sienten que ese hombre viene de Dios.
Poco a poco, el mendigo se va quedando solo. Sus padres no lo defienden. Los dirigentes religiosos lo echan de la sinagoga. Pero Jesús no abandona a quien lo ama y lo busca. «Cuando oyó que lo habían expulsado, fue a buscarlo». Jesús tiene sus caminos para encontrarse con quienes lo buscan. Nadie se lo puede impedir.
Cuando Jesús se encuentra con aquel hombre a quien nadie parece entender, sólo le hace una pregunta: «¿Crees en el Hijo del Hombre?» ¿Crees en el Hombre Nuevo, el Hombre plenamente humano precisamente por ser expresión y encarnación del misterio insondable de Dios? El mendigo está dispuesto a creer, pero se encuentra más ciego que nunca: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»
Jesús le dice: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es». Al ciego se le abren ahora los ojos del alma. Se postra ante Jesús y le dice: «Creo, Señor». Sólo escuchando a Jesús y dejándonos conducir interiormente por él, vamos caminando hacia una fe más plena y también más humilde.

http://www.feadulta.com/anterior/Ev-Pag_A_13-4c.htm
Cfr. Isabel Vidal de Tenreiro: http://elimpulso.com/articulo/buena-nueva-sanacion-de-nuestra-tierra#
Obra: Carlos Zerpabzueta

TIERRA-CARNE, SALIVA-ESPÍRITU

Juan 9, 1-41
Que la luz te inunde
Marcos Rodríguez

Deja que la luz te inunde. Aunque alumbre telarañas, te hará también descubrir el diamante.
Todo el relato es simbólico. Con él se está proponiendo un proceso catecumenal que lleva al hombre de las tinieblas a la luz; de la opresión a la libertad; de no ser nada a ser hombre cabal.
Jesús tiene que salir del templo huyendo de los fariseos que querían apedrearle por haber dicho “Yo soy la luz del mundo”. Ahora lo repite y lo va a demostrar con hechos, dando la vista al ciego.
Jesús no le consulta, porque siendo ciego de nacimiento, no sabe lo que era la luz ni puede desearla. No suprime su libertad, le ofrece la oportunidad, pero la decisión queda en sus manos. Tendrá que ir a lavarse a la piscina, para llegar a ser él mismo.
Los demás personajes del relato siguen en su ceguera: fariseos, apóstoles, paisanos, padres, son símbolos de lo difícil que es aceptar la luz cuando ilumina lo que no queremos ver.
Al mezclar la tierra con su saliva está simbolizando la creación del hombre nuevo, compuesto por la tierra-carne y la saliva-Espíritu. De ahí la frase que sigue: le untó su barro en los ojos. El barro, modelado con el Espíritu, es el proyecto de Dios realizado ya en Jesús, y con posibilidad de realizarse en todos los seres humanos.
Juan usa dos verbos para indicar la aplicación del barro en los ojos: aquí “untar-ungir”, en relación con el apelativo de Jesús "Mesías". Más adelante dirá sencillamente “aplicar” (versículo 30). Aquí está la clave de todo el relato. El ciego es ahora un “ungido”, como Jesús. El hombre carnal ha sido transformado por el Espíritu.
La duda sobre la identidad del ciego refleja la novedad que produce el Espíritu. Siendo el mismo, es otro. Hay diferencia entre el hombre sin iniciativa ni libertad y el hombre libre. De ahí que, más adelante utilice las mismas palabras que tantas veces en Juan, utiliza Jesús para identificarse: "Soy yo". Esta fórmula refleja la nueva identidad del hombre transformado por el Espíritu. Descubre la transformación que ha operado en su persona.
El ciego opta libremente por la luz. Sigue el camino que Jesús le marca y llega al sitio indicado. Él, que era sólo carne, encontró el Espíritu.
Como en los demás milagros narrados por Juan, no da ninguna importancia al hecho de la curación física. Lo despacha con media línea. Lo que de verdad importa es que este hombre estaba limitado y carecía de toda libertad antes de encontrarse con Jesús. Ahora descubre lo que significa ser hombre y se siente completamente realizado. El Espíritu le ha capacitado para desplegar todas las posibilidades de ser “Hombre”. El horizonte que se abre para él es indescriptible. El mundo ha dado para él un cambio radical. Su vida anodina y dependiente está ahora llena de sentido. Pierde todo miedo y comienza a ser él mismo, no sólo en su interior sino ante los demás.
La piscina de Siloé se encontraba fuera de los muros de la ciudad. Recogía el agua de la fuente de Guijón que llegaba a ella conducida por un canal-túnel (de ahí el nombre arameo de "siloah"= emisión-envío o agua emitida-enviada). Juan aplica el nombre a Jesús: el enviado.
La doble mención de untar-ungir y la de la piscina, término que será utilizado para designar la fuente bautismal, nos muestra que se está construyendo este relato de la actividad de Jesús a partir de los ritos de iniciación (bautismo) de la primera comunidad.
No se había mencionado que el ciego era mendigo (pedía limosna, sentado). Estaba inmóvil, impotente, dependiendo de los demás. Este punto de partida es clave para resaltar el punto de llegada. Jesús le va a dar la movilidad y la independencia. Le hace hombre cabal.
Tampoco se menciona el precepto del sábado hasta mediada la narración. Jesús no tiene en cuente esa circunstancia a la hora de hacer bien al hombre. Amasar barro estaba explícitamente prohibido por la interpretación farisaica de la Ley. El amasar el barro el día séptimo, prolonga el día sexto de la creación. Jesús termina la creación del hombre.
A los fariseos no les interesa el hecho de la curación, sino el cómo; porque ahí se podía descubrir la infracción. No se alegran del bien del hombre; lo humano se analiza sólo a través de lo jurídico. Los fariseos acuden a los padres para desvirtuar el hecho que no pueden negar. Los padres no tenían culpa, pero tienen miedo a los dirigentes. Pertenecen a la gente sometida, en tinieblas.
La pregunta es triple: ¿Es vuestro hijo? ¿Nació ciego? ¿Cómo recobró la vista? El hecho es tan evidente que, por sí mismo está acusando a los fariseos. Los padres responden a las dos primeras preguntas, pero a la tercera, la más importante, no se atreven a responder. El miedo les impide aceptar cualquier complicidad con el hecho. Como los fariseos consideran un crimen que el ciego vea, ellos eluden toda responsabilidad. Tiene miedo de ser expulsados de la institución. Están atemorizados, porque no tienen otra salida.
Al fallarles la argucia con los padres, intentan otra vez confundir al ciego. Quieren, por todos los medios conseguir la lealtad del ciego, aún en contra de la evidencia. Condenan a Jesús en nombre de la moral oficial y pretenden que le condene también el que ha sido curado. Ellos lo tienen claro, Dios no puede estar de parte del que no cumple la Ley. Dios no puede actuar contra el precepto ni siquiera en beneficio del hombre. Quieren hacerle ver que la vista de que ahora goza es contraria a la voluntad de Dios. Siguen defendiendo su postura negando la evidencia. Son los enemigos de la luz. Con la mentira pretenden extinguirla
Al contrario que los padres, el ciego no tiene miedo de expresar lo que piensa ante los jefes. El hombre no se mete en cuestiones teológicas. A las teorías teológicas, opone los hechos. Puede que se haya quebrantado la Ley del Sábado, pero lo que ha sucedido es tan positivo para él, que se tiene que hacer la pregunta: ¿No estará Jesús por encima del Sábado?
Ha experimentado el amor gratuito y liberador. Él sabe ahora lo que es ser un hombre cabal y gracias a eso, sabe también lo que es Dios. Él ahora ve, los maestros están ciegos. En Jesús que le dio la vista, está presente Dios. El hombre utiliza una teología admitida por todos. Dios no puede conceder a un descreído, realizar una obra tan extraordinaria.
Por no negar su propia experiencia ni renunciar al bien que ha recibido, lo expulsan. Con su mentira han querido apagar la luz-vida. Al no conseguirlo, el hombre no puede permanecer dentro del ámbito de la muerte-tiniebla que es la sinagoga. Lo mismo que Jesús tuvo que salir del templo, el que recibe la luz, tiene que salir de la sinagoga.

"Fue a buscarlo". eurwn no significa un encuentro fortuito, sino el fruto de una actividad con la intención de encontrar algo o a alguien. El contraste salta a la vista. Los fariseos lo expulsan, Jesús lo busca. No le dice, como al inválido de la piscina, que no vuelva a dejarse someter. Ya había superado la prueba manteniéndose firme ante los fariseos. Con su pregunta va a acabar la obra de iluminación que había comenzado. La acción de Jesús había hecho descubrir al ciego, una nueva manera de ser hombre, cuyo modelo era "el Hombre". Jesús quiere que tome conciencia de esta realidad.
El relato termina con la plena aceptación de Jesús. "Se postró" prosekunhsen es el mismo verbo con que se designa la adoración debida a Dios (Jn 4, 20-24). El gesto de postrarse para adorar a Jesús no es infrecuente en los sinópticos, sobre todo en Mateo, pero éste es el único pasaje de Juan en que aparece. Jesús, el Hombre, es el nuevo santuario donde se verifica la presencia de Dios. El ciego, expulsado de las instituciones judías, encuentra el verdadero santuario, Jesús, donde se rinde el culto en espíritu y verdad anunciado a la Samaritana. Este culto no se puede dar a Dios más que en el hombre, porque consiste en la práctica del amor.
Meditación-contemplación
¿Crees tú en el Hijo de Hombre?
Creer en Jesús es creer en el Hombre.
Él es el modelo de hombre,
el hombre acabado según el designio de Dios
Alcanzó esa plenitud dejando que el Espíritu lo invadiera.
.....................
Jesús es, a la vez, la manifestación de Dios y el modelo de hombre.
En su humanidad, se ha hecho presente lo divino.
La “carne” ha llegado a su grado máximo de transformación.
El Espíritu asumió y elevó la materia hasta transformarla en Espíritu.
........................
Mi meta es también dejarme transformar en Espíritu.
Para ello hay que nacer de nuevo.
Tengo que morir a todo lo que en mí hay de terreno.
Y dejar que se despliegue en mí lo que hay de divino.

http://www.feadulta.com/anterior/Ev-jn-09-01-41.htm
Pieza: Carlos Zerpabzueta.

lunes, 4 de abril de 2011

MIRADA HONESTA A LA REALIDAD Y ADHESIÓN PERSONAL


San Juan, 9: 1, 6-9, 13-17, 34-39

En su homilía de hoy, el Padre Numa Molina (SJ) resaltó el pasaje desde el principio mismo, pues Jesús vio, no fue indiferente, como también nos ve y no le somos indiferentes a nuestras cegueras. Hay toda una simbología: hizo barro, lo envió a la piscina, le obedeció.

Hasta que no seamos capaces de reconocer nuestro propio barro para vernos, en lugar de mirar a los demás. El ciego está feliz, mientras que los fariseos son infelices. Estos se preocupan por el sábado: infelices por el hermano feliz. Envidia. Persecución. Soberbia. El ciego no ha estudiado teología para afirmar que Jesús es un profeta.

Y es que también somos así. Católicos que no aceptamos que un ateo pueda decir la verdad, tampoco la gente sencilla que no ha cursado teología. Incluye a los sacerdotes. De muchas maneras Dios nos está hablando a través de la gente sencilla.

Siempre en las oraciones – prosigue el Padre Molina – pide a Dios conocer sus cualidades, pero también el propio barro del que se está hecho, para que lo convierta en vasija. Ver la realidad de la gente, ser honesto con lo que se ve.

Ser humildes. No hacerse el sordo ante llamada de Jesús. Vivir con humildad la cuaresma para ver la realidad. Prepararnos.

Lacasta

En su homilía del 02/03/08, el Padre Alvaro Lacasta (SJ), refería - telegráficamente apuntamos - que el ciego no pidió nada, es Jesús el que lo mira, quien corta o rompe con la mentalidad judía de considerarlo un pecador por el hecho de encontrarse invidente; todos somos ciegos de nacimiento, todos estamos enfermos, pero es necesario pasar de las tinieblas a la luz; el ciego tiene fe, además, en definitiva, el cristianismo no es cuestión de ideas o teorías, sino de adhesión personal, de tener compromiso de fe; preguntemosle a la Vírgen María si e resultó fácil vivir la fe; Jesús no pide crear doctrina abstracta, teología, etc., pues - prosigue Lacasta - hay teólogos de gran preocupación y apenas han tenido contacto personal de adhesión a Cristo. Finalmente, el cristianismo no sabe de cosas, porque se trata de una adhesión plena e incondicional a Jesús: busquemos espacio y tiempo para escucharlo.

Ilustración: "Proun" (gouache), El Lissitzky

domingo, 3 de abril de 2011

DE LA RUPTURA CON UN SUPUESTO


NOTITARDE, Valencia, 3 de Abril de 2011
Jesús y el ciego de nacimiento (jn.9,1-41)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

El evangelio de este cuarto Domingo de Cuaresma, nos presenta el milagro que hace Jesús al devolverle la vista a un ciego de nacimiento. Así como el domingo pasado, con el diálogo de Jesús con la samaritana, el tema central era el agua que significaba el bautismo, la vida eterna, hoy se nos presenta el tema de la luz, de la fe, con la curación de este ciego de nacimiento. El tema de la luz también está relacionado con el bautismo y aquel ciego recibe la luz de la sanación por su fe en Jesús, que es la Luz del mundo. El bautismo hace que el cristiano, el creyente viva iluminado, transformado por la fe en Jesucristo.

La narración se inicia con la pregunta que hacen los discípulos a Jesús: "¿Por qué nació ciego este hombre? ¿Por el pecado de sus padres o por su propio pecado?". La pregunta viene por la creencia judía de quien nacía enfermo o padecía una enfermedad grave era a causa del pecado de sus padres o de su propio pecado. La respuesta de Jesús es categórica, niega lo que afirmaba la cultura judía, dejando ver que la enfermedad de una persona no es consecuencia de un pecado, sino realidades de la propia naturaleza humana. Por eso, Jesús le hace el milagro de la sanación y lo cura en sábado, el día sagrado para los judíos, el día del descanso, sólo para rendir culto a Dios. Pero Jesús que es Dios en medio de los hombres, sabe que el mejor culto a Dios es el amor, la caridad hecha realidad hacia el hermano pobre, desamparado, que sufre. En esto alecciona a sus discípulos y les hace ver que el culto que Dios quiere, el verdadero sacrificio es el amor. Un culto a Dios no puede ser real, auténtico si no se vive el amor, si no se atiende al prójimo en su necesidad; ya que el hombre, el ser humano es más importante para Dios que cualquier precepto, que cualquier ritualismo.

Aquel ciego que es sanado por Jesús va siendo conducido por Él hacia la fe en su persona, fe en el Mesías, el Hijo de Dios, la Luz del Mundo, el Salvador que ha venido al mundo para traer la liberación al ser humano. Aquel ciego pasa de la ceguera física a la luz de sus ojos y de aquí a la luz de la fe con su seguimiento de Jesús, como Dios y Salvador.

En el evangelio Jesús se declara a si mismo como la Luz del mundo, aquel ciego lo reconoce como Dios, se postra ante Él afirmando que cree en su persona por lo que acaba de hacer en su vida y Jesús declara que hay algunos que no pudiendo ver con los ojos físicos, no sólo recobran la vista, sino que dan ahora el salto de la fe ("los que no ven, vean"), mientras que los que pueden ver con sus ojos físicos (los fariseos y jefes religiosos de su tiempo), no dan el salto de la fe, reniegan de Jesús, se sienten ofendidos cuando el ciego les pregunta si ellos también quieren seguirlo y lo consideran un blasfemo e irreverente por haber hecho tal milagro en el día sábado ("los que ven se queden ciegos"). El ciego desde su ceguera e ignorancia religiosa da el salto de la fe en la persona de Jesús reconociéndolo como Mesías y Salvador, mientras que los fariseos desde su soberbia espiritual, desde su formación religiosa son incapaces de ver a Jesús como Dios en medio de los hombres, que es capaz de devolverle la vista a un ciego de nacimiento, se obstinan en su incredulidad en Jesús y caen, por tanto, en una ceguera espiritual.

Jesús afirma de si mismo: "Yo soy la Luz del mundo", este "Yo Soy", recuerda la majestad de Yahvé en el Antiguo Testamento, se está afirmando, por tanto, que Jesús es Dios en medio de los hombres. El mismo Juan a lo largo de su evangelio resalta la divinidad de Jesús: Yo soy el Buen Pastor, yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, yo soy la Resurrección y la Vida, yo soy el Pan de Vida… Para no dejar dudas de que aquel hombre que contemplan sus contemporáneos, no es cualquier hombre, sino el Hijo de Dios, que ha puesto su morada en medio de la humanidad.

Aquel ciego representa nuestra ceguera, la ceguera de la humanidad y la invitación a caminar como hijos de la luz, a acercarnos a Cristo que nos puede conducir por los caminos de la iluminación, del amor, de las buenas obras, de la justicia y verdad. A vivir con radicalidad nuestro bautismo, el discipulado.

IDA Y RETORNO: Ayer tuvimos la alegría de tener un nuevo sacerdote para nuestra Arquidiócesis: el Padre Aníbal Ochoa de la Parroquia San Agustín de Guacara que viene desempeñando sus labores como formador en nuestro Seminario. Que Dios lo bendiga con el don de la fidelidad y perseverancia final, para el bien de toda la Iglesia. El próximo sábado 9 de abril será ordenado diácono el seminarista Rodolfo Verastegui de nuestra Arquidiócesis, que el Señor lo consagre con su amor. Sigamos orando por el aumento, perseverancia y fidelidad de las vocaciones sacerdotales y religiosas.

Levanto mi voz de rechazo a toda pretensión de adoctrinamiento militarista-partidista de nuestros niños y adolescentes, hecho que va contra la Constitución y la razón de ser de la escuela y educación en democracia.

Ilustración: El Lissitzky