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domingo, 6 de mayo de 2018

DESBANCARIZABLES

Banco de espera
Luis Barragán

Asunto ineludible, lo que está ocurriendo con la banca privada no es poca cosa. La otra cara de la Venezuela Saudita del siglo XXI, cuyos resultados catastróficos están a la vista, guarda en sus alforjas una historia que tardará varios años en revelarse con la exactitud esperada.

Completamente, ajenos al sector bancario y de los seguros, apenas logramos atisbar un drama que es propio del indecible monopolio estatal de las divisas que, obvio,  ha generado una mafia de enmarañados hilos.  Y es que, si bien es cierto que ha tardado la llamada nacionalización de los servicios, según el libreto, no menos lo es que, de un modo u otro, se ha realizado por lustros de acuerdo a las vicisitudes e intereses de las camarillas del poder que quizá hoy llegan al punto culminante del completo desmantelamiento, permitiéndose acordar y ejercer una completa supremacía. 

La orden de captura y efectiva detención de un grupo determinado de directivos bancarios, indiciados por sendos delitos de una tipificación tan amplia que bien cabe, como ocurre, en este u otros y ajenos ámbitos, genera desconfianza en  la ciudadanía. Y esto, porque – mal que bien – el cuentadante del banco ahora en desgracia, añadido el modesto ahorrista, ha sido mejor servido de compararse con las agencias gubernamentales  hasta por un detalle, como es el portal digital;  siendo numerosos los cajeros electrónicos, amenazado pública y reiteradamente por voceros oficiales u oficiosos de los que aún no se sabe si están o estuvieron revestidos de alguna autoridad,  no hubo disponibilidad de dinero en efectivo, al menos, como en cierta medida contaron otras entidades afines; o, simplemente, los aliados de antes, ahora se convierten en los  más enconados enemigos.

El sistema bancario de la dictadura que, desde un inicial momento lo procuró, prolijo e, inevitable,  incompetente, cuyas quiebras ostentan un récord imbatible, pasa o dice pasar inadvertido, admitiendo sólo la facturación política para airear la punta de un hilo que se pierde rápido en la madeja noticiosa, por no hablar de la situación real de sus trabajadores que escandalizaría al más conservador de los ejecutivos de la OIT. Pocos logran apreciar técnicamente las condiciones de un desenvolvimiento obscuro, pues, como hubiese ocurrido antes, y medianamente ocurrió, no admiten la más distraída investigación parlamentaria.

Transacciones electrónicas aparte, cotizándose el llamado punto de venta como no lo imaginamos jamás, en esta economía del desastre,  parece que la actividad bancaria va sincerándose a tenor de los parámetros totalitarios del régimen, cuyo mejor banco es el de la espera para saldar cuentas con quienes hicieron o se rehusaron a tener negocios con los prohombres del socialismo de la centuria.  Y, aunque luzca paradójico, se va imponiendo  la desbancarización, por mucha taquilla o transferencia de la que se disponga para pagar los salarios y los bonos de un oportunismo insólito, pues, junto a las fichas, las literales fichas del sueño chavista, las pequeñas o grandes actividades financieras sólo compete o competirá a los señores de  la gleba. 

domingo, 8 de abril de 2018

CAZA DE CITAS

"¿Cuándo ocurrió o, mejor dicho, pudo ocurrir? Para confirmar esto último la evidencia sigue siendo el norte: antes, la ciudad poseía límites forestales. Por el sur, riachuelos, bosques; hacia el este y el oeste raras combinaciones de la cordillera, el progresivo descenso hacia los territorios cálidos y bajos. Todo eso desapareció, devorado por autopistas, ranchos y edificaciones"

José Balza

("Después Caracas", Monte Avila Editores Latinoamericana, Caracas, 1995: 245)

Fotografía: LB, pieza de Rolando Peña (UCAB, Caracas, 16/04/2016).

sábado, 4 de noviembre de 2017

DEL SABER CONDICIONADO

Petróleo y estigmatización
Luis Barragán

En materia petrolera, el régimen ha hecho el contra-milagro de quebrar la industria, faltándole imaginación para inculpar al tal imperio, a la oposición y a los propios venezolanos sumergidos en la espantosa perplejidad que reporta la noticia, luego de la terca, enfermiza y engañosa publicidad que nos dijo y aseguró, nada más y nada menos, que somos y seremos una potencia. Bastará con constatar la crisis humanitaria que padecemos, ya sin las libertades necesarias para desmentir la prédica obsesiva del socialismo demoledor.

Lo curioso es que todas las publicaciones oficiales relacionadas con la materia, insisten en el pretendido desenmascaramiento de las políticas entreguistas del pasado, las que precisamente hicieron de PDVSA una de las transnacionales más poderosas, rentables, eficaces y, en definitiva, competitivas del planeta. Y es que, con todas sus fallas y errores, distorsiones y equívocos, nunca supo de la situación en la que hoy se encuentra, prohibida cualquier indagación por más parlamentaria que sea.

Lejos de descalificar o demeritar al autor, recientemente leímos un par de ensayos de Carlos Mendoza Pottellá que corroboran nuestra convicción: “Vigencia del nacionalismo petrolero” (El Perro y la Rana, Caracas, 2016), pues, parte de una terca premisa moral: la arraigada deshonestidad de los viejos ejecutivos y políticos relacionados con el petróleo que, simplemente, lo subastaron y entregaron a la voracidad de los intereses transnacionales completamente ajenos al país. Por supuesto, acentuando los preceptos políticos, prefería la más completa estatización del negocio y maximización a todo trance de la renta, aportando páginas harto interesantes sobre determinados aspectos técnicos,  pero siempre predispuesto frente a la “ideología empresarial”.

Por casualidad, semanas atrás, descubrimos y registramos un viejo artículo de Gustavo Coronel (http://lbarragan.blogspot.com/2017/10/tinta-petrolera.html), distinguiendo entre los beneficios efectivos que conquistó el país, más allá del Estado-Nacional.  Útil y necesaria distinción, importante para una relación de complementariedad, mientras avanza la globalización orientada  a un impredecible reacomodo de los factores, que clama por una modernización del discurso, sentimos, más que las trampas de la post-modernidad, como escribió Mendoza Pottellá en 1998, que somos víctimas de un sorprendente asalto a la premodernidad.

A través de sus publicaciones oficiales, es nuestro convencimiento,  la actual dictadura insiste en los ya remotos enfoques en el campo petrolero, cuestionando la integridad ética de toda la dirigencia que llevó adelante una política exitosa, procurando neutralizar la crítica al monumental fracaso del siglo XXI, e – intimidándolo – estigmatizar a todo crítico que se atreva a la más modesta denuncia y reflexión. Por ello, ni siquiera sabemos de una respuesta sobria, fundada y coherente que se haya dado, por ejemplo, al informe suscrito por el entonces presidente de la Comisión de Contraloría de la Asamblea Nacional sobre PDVSA, diputado Freddy Guevara, a finales de 2016, que no la es la ridícula demanda que supuestamente interpuso Rafael Ramírez, como tampoco se dice del actual poder petrolero interno, representado por ejecutivos aventajados por el anonimato, que deja demasiado atrás a la tecnocracia, por lo demás, públicamente conocida, que tanto le satisfizo desterrar Chávez Frías, comprometiendo el futuro mismo de la industria.

Pieza: Rolando Peña.
06/11/2017:
http://www.noticierodigital.com/2017/11/luis-barragan-petroleo-y-estigmatizacion http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=86371 https://actualidadvenezuela.org/2017/11/06/luis-barragan-petroleo-y-estigmatizacion/ http://www.ventevenezuela.org/petroleo-estigmatizacion-luis-barragan http://venezuela.shafaqna.com/ES/VE/1124366

domingo, 14 de mayo de 2017

CAZA DE CITAS

"Los petro-Estados son institucionalmente débiles en el sentido de que son fácilmente influenciados por los grupos organizados para obtener rentas. Al ser el ingreso generado en el exterior, los Gobiernos tienen menos límites en la forma como ejecutan el gasto. Al mismo tiempo, muestran altos niveles de ineficiencia y corrupción porque la sociedad no les exige responsabilidad por su pobre desempeño en alcanzar los objetivos propuestos o en implementar políticas públicas. Los recursos administrados no son impuestos generados internamente y por ello los actores sociales y económicos tienen poco interés en controlar su uso; lo relevante es obtener la tajada más grande de los mismos"

Fernando Spiritto

("¿Tiempo perdido? El aprendizaje  macroeconómico en Venezuela, 1983-2016", en: AA. VV.  "La nueva economía venezolana", Editorial Alfa, Caracas, 2017: 101)

domingo, 17 de abril de 2016

POR CIERTO, ¿POR QUÉ PDVSA NO EXPLORA LA FACHADA ATLÁNTICA VENEZOLANA?

Derrumbe del mito petrolero
Luis Barragán


Relato de los orígenes que conceden identidad, convicción e inspiración, por fuerza providencial o por el curso irresistible de la historia, el mito luce como un fenómeno natural de la especie. Por irracional que fuese, opera efectivamente en la vida de los pueblo y, entre nosotros,  no hay otro más poderoso que el de la gesta independentista que, por épocas,  parece debilitarse a favor de otros que a la postre lo complementan.

Grosso modo, aún hay confusión respecto al Día de la Independencia, su enunciado o declaración, pues, debido a la trascendencia de ambos eventos, el formidable impacto de los sucesos, el difícil contexto de ambos en un conflicto inevitable de actores, el 19 de Abril de 1810 se equipara al 5 de Julio de 1811.  Todavía el régimen escolar no logra zanjar la debida distinción y valoración, agravada la circunstancia por el deseo de profundizar el mito bolivariano, sintetizador definitivo como injusto de toda la Independencia, procurando auspiciar el más reciente y, a la vez, frágil: Chávez Frías.

Ya sugerido, al poderoso mito independentista le siguen otros que, en crisis, lo golpean: clara reminiscencia de la prédica bicentenaria, el oficialismo nos dijo un “pueblo valiente” en la última campaña electoral que lo hizo acreedor de un incuestionable rechazo popular, porque – además – la exaltada personalidad del llamado “comandante eterno” fue lo que nos trajo a la debacle actual que, a falta de explicación, remite a los ritos de un culto que nunca tuvo la suficiente fortaleza por más que la maquinaria propagandística lo trillara. Y solemos pasar ahora por alto el derrumbe del otro mito: la potencia petrolera que somos y debemos ser, cuando desaparecen hasta nuestras más elementales ventajas competitivas en los mercados internacionales, ya quebrada PDVSA.

Consabido, el modelo rentista petrolero reclama, por lo menos, desde hace tres décadas, el reemplazo por otro que permita – valga subrayarlo – el libre desarrollo de todas nuestras potencialidades, fuerzas y factores. Sin embargo, cuando comenzaba a legitimarse en el imaginario colectivo, una economía (y una sociedad) post-rentista, irrumpió nuevamente el mito del país de infinitas capacidades petroleras y, por pesado que fuese el crudo que duerme esperándonos en el subsuelo, susceptible de todas las necesarias alianzas, inversiones y tecnologías que reclaman, hicimos de nuestras reservas una bandera insustituible, pretendimos decretarnos como potencia y radicalizamos un nacionalismo – acotemos – insincero, para aterrizar en una realidad demitificadora: retrocedimos a un vulgar país productor que tampoco alcanza el milagro de las cifras que antes nos prestigiaban, con increíbles pérdidas de mercado y, para más señas, con las refinerías literalmente en el suelo.

Derrumbándose por obra de una realidad insobornable, el mito chavista arrastra en su descenso al de una inexpugnable potencia petrolera, afectando – mas no liquidando – el bolivariano. Y, cuando ya desaparecía la ilusión que nos daba fuerza moral, explicando hasta el origen y secreto mismo de la fuerza de un país, exigiendo otra más novedosa,  aquélla recobró un engañoso vigor para descalabrarse lenta, pero efectivamente: el mito petrolero que, ahora, aunque nos resistamos, pone no sólo en duda la celebración independentista del 19-A y el 5-J, sino la independencia y vigencia misma de la República.

Fotografías: LB (UCAB), piezas de Rolando Peña.


18/04/2016

domingo, 4 de octubre de 2015

CAZA DE CITAS

"En el fondo se trata de las dos caras de una misma moneda:  moralismo y economicismo coinciden en el uso militar de la fuerza porque ambos se alimentan de la misma historia: la historia del petróleo o el límite mismo de una historia que ha carecido de revoluciones y mediaciones y que siempre tuvo como protagonista principal a una 'junta cívico-militar' "

Omar Astorga 

("El mito de la legitimación", UCV, Caracas, 1995: 197)

Obra: Rolando Peña.

lunes, 3 de marzo de 2014

ABSOLUTA CONFIANZA

NOTITARDE, Valencia, 2 de marzo de 2014
"Caminando con Cristo"
Cada día tiene su afán (Mt.6, 24-34)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

El texto del evangelio de este domingo tiene dos partes: En la primera Jesús afirma que no se puede servir a Dios y al dinero al mismo tiempo y en la segunda hace una invitación a no preocuparse demasiado por las cosas que necesitamos. Estas dos partes que el evangelio de hoy nos presenta tiene una misma invitación: Poner de primero a Dios en la vida, centrar nuestro corazón en Él, rendirle culto y adoración solo a Él y lo demás vendrá por añadidura.
Sabemos, por experiencia humana que el dinero en la vida es necesario y que el ser humano tiene necesidades básicas que necesita satisfacer para poder tener una vida digna y desarrollarse como persona. Necesitamos la alimentación, el vestido, la educación, la salud, la vivienda, entre otras cosas, para poder realizar la vida familiar, el encuentro como seres humanos y avanzar hacia la felicidad. Quien pasa hambre, quien no tiene con qué vestirse, quien no tiene un mínimo de formación académica, que está enfermo y no tiene un hogar, por sencillo que sea, difícilmente podrá anhelar o aspirar otras cosas, ni siquiera lo espiritual. Dios sabe, como lo dice Jesús, que todo hijo suyo necesita todas estas cosas para poder vivir en paz, en tranquilidad y en la base que nos abre al camino de la felicidad.
La advertencia que nos hace Jesús es que nuestra vida no caiga en la ambición, por una parte, ni en el desespero neurótico por llenarnos de cosas o preocuparnos al extremo de las cosas del mañana. Jesús no quiere que sus discípulos sean esclavos del materialismo ni de un futuro incierto, que no caigan en la tentación de la opulencia ni de la angustia por cosas que esclavizan la vida del hombre. Jesús nos quiere libres, con el corazón y la vida centrada en Dios que es la fuente del amor, de la libertad, de la paz y felicidad plena. Quien busca a Dios y tiene a Dios en su vida lo tiene todo y lo puede todo. Nunca Dios abandonará a un hijo suyo, siempre El Señor será Padre providente para quien pone su fe y confianza en Él. Si Dios es providente con la naturaleza, nos dice Jesús, es más providente y está siempre atento a las necesidades de sus hijos; pero más que buscar cosas, el creyente necesita buscar a Dios, ésa es realmente su principal y mayor necesidad; porque si Dios no está en la vida del hombre, la vida se hace estéril, vacía, pesada; su amor, su amistad y providencia sostienen nuestra existencia, le dan plenitud y fuerza.
El cristiano necesita y debe tener siempre como prioridad el Reino de Dios y su justicia; es decir, que Dios debe ser siempre lo más importante en nuestra vida, que desde Él podamos construir una vida plena y podamos planificar y vivir nuestro diario peregrinar. Que no sea el dinero, ni las cosas materiales, ni las cosas pasajeras de este mundo lo más importante en nuestra vida; que por supuesto, demos un uso adecuado a los bienes de este mundo, pero que nuestra felicidad sea tener a Dios en nuestro corazón; vivir de acuerdo a su palabra y de aspirar siempre a los bienes del cielo, a la vida eterna.
La doble advertencia que nos hace Jesús hoy vale para ricos y pobres; ya que el rico puede querer tener más y más y se llena de ambición excesiva y el pobre se desespere por satisfacer las penurias que tiene y pierda su horizonte. La invitación a seguir y buscar a Dios de primero es para todos también; Él debe ser siempre nuestro anhelo principal, nuestro mayor tesoro, nuestro principal bien.
En fin, Dios no quiere que el cristiano sea idólatra del dinero, de las cosas materiales, sino que tenga un corazón lleno de fe en Él. Que sepa utilizar los bienes de este mundo sin apegos, sin caer en esclavitud. Quien tiene a Dios de primero en su vida sabrá encontrar y satisfacer lo que necesita para vivir una vida digna, para tender la mano al otro y realizarse como persona. Quien cae en la idolatría del dinero y del materialismo excluye a Dios y se cierra a las necesidades de los hermanos. Busquemos siempre el Reino de Dios.
IDA Y RETORNO: Venezuela vive en estos momentos una grave crisis económica, social y política que nos mantiene en tensión en estos momentos. Lamentablemente hay muertos en estos días que nos duelen a todos. No queremos una sociedad polarizada, enfrentada ni llena de odio. Necesitamos buscar caminos de entendimiento, reconciliación y un diálogo efectivo. La hora que vive Venezuela no está ni para la retórica ni para la politiquería. Todos los venezolanos queremos soluciones efectivas y urgentes al problema de la inseguridad, desabastecimiento, inflación y alto costo de la vida. Queremos y aspiramos a tener un país en paz, unido, en desarrollo, con democracia sólida y donde se respeten los derechos de todos, sin excepción alguna. Oremos por Venezuela, pidamos a Dios ya la Virgen que nos ayuden y bendigan, que podamos superar este difícil momento que vivimos en el país. Que su amor de Padre providente nos alcancen la paz, la justicia y libertad que anhelamos.

Pieza: Rolando Peña.

Breve nota LB:  El Padre José Vicente Ramírez Meza (Redentorista), insistió hoy en el tema de la violencia y las puertas que abre a una guerra civil. Una reflexión muy sentida y cuidadosa de una interpretación partidista. Olvidaba que la semana pasada, el Padre Jesús señaló, entre otros aspectos, la tardanza de varias generaciones en cerrar las heridas ahora abiertas del odio.

viernes, 28 de febrero de 2014

ESCENAS

EL UNIVERSAL, Caracas, 28 de febrero de 2014
Scorsese por Scorsese
GABRIEL VARGAS-ZAPATA 

En El lobo de Wall Street (The Wolf of Wall Street), Martin Scorsese se convierte en Leonardo DiCaprio, viva encarnación no de un personaje real, tampoco de un director, sino de una obra, o mejor dicho de una filmografía casi incuestionable. Actor y director se funcionan finalmente y se entregan al cine, en este caso, una fiesta, un desfile de drogas y sexo, al que la cámara vuelve arte.
Cercano a sí mismo como nunca, Scorsese construye momentos verdaderamente únicos, no tienen que ver con sentimientos o con la belleza de la imagen, tienen que ver con el arte cinematográfico directamente. Posiciones de cámara, encuadres y movimientos que no solo le definen como director (probablemente de los más técnicos de su generación), forman parte además de una narración sólida que, sin dejar a lo visual toda la carga, confía en ella buena parte de los asuntos narrativos y lo hace con la soltura que solo el peso de los años otorga.
Pero hablar de El lobo de Wall Street es hablar de Leonardo DiCaprio casi de manera simultánea. El actor sigue la estela de los grandes. El papel le convierte en imprescindible en el éxito del filme. Devora la historia con una energía que quién sabe de dónde sale, con líneas que se vuelven prosa y que desembocan en la miseria de la ambición. Todo a punta de expresión. No hay trucos, es Leonardo en su estado puro, también con la distancia de la experiencia, que viene ahora a catapultarlo a niveles de una perfección simplemente única en el cine. En el fondo, un niño jugando con dinero.
Jonah Hill forma también parte de esa estructura que roza la perfección y que no distingue entre personajes y posiciones de cámaras. Se trata de un todo, un cine total que se compone laboriosamente de todas sus partes. Para nada producto del azar. Hill es en buena medida, el pie de muchas de las mejores intenciones de DiCaprio y sin duda un juguete al que Scorsese ha moldeado a su gusto. Del mismo modo, Cristin Milioti y Margot Robbie en el apartado femenino.
Ocurre también que Scorsese es incapaz de resumir su historia y optimizar el tiempo; aunque son evidentes los esfuerzos realizados a nivel de montaje, particularmente meticuloso y equilibrado. Por otra parte, más allá de cuatro o cinco personajes, el resto son solo sombras que contribuyen a que la historia parezca incluso más larga de lo que es. Es verdad que ningún plano tiene desperdicio, una vez vista la película, pero la historia grita desesperadamente ser recortada por alguna parte. Y no es que me haya parecido aburrida, solo que es demasiado tiempo para tan pronta historia.
Scorsese, en un acto creativo de lo más postmoderno, construye uno de sus testimonios cinematográficos más interesantes de su filmografía. El lobo de Wall Street, no solo es una especie de mirada hacía la vida de Jordan Belfort, personaje absoluto que va más allá de la película, gracias al trabajo de DiCaprio; es también el punto de encuentro entre sus películas más importantes y es también una mirada hacía sí mismo, probablemente una reflexión sobre lo que con los años, se han convertido en mañas y trucos. Vuelta a su cine más insigne, una mezcla entre Toro Salvaje (1980) y Casino (1995), quizá muy dependiente de su propia obra pero solvente y llena de fuerza, que al mismo tiempo parece gritar aquello que León Tolstói ya afirmó hacia finales del XIX: "Todas las familias felices se parecen, pero las desgraciadas los son cada cual a su manera".

Breve nota LB: Nos aburrió y tanto, que la vimos en dos o tres noches. Sin embargo, hay escenas estupendas. Una de ellas, cuando ingieren una fuerte droga de efectos retardados que los hace arrastrarse al piso. Así, nos remitió a la poderosa intuición de Emilio Lovera y otros, en relación a los famosos "Waperó" de la Radio Rochela.


domingo, 17 de noviembre de 2013

CAZA DE CITAS

"Si la democracia se erige como un sistema basado en la convivencia y el respeto como virtudes ciudadanas, sus cortos años de vida en Venezuela se han debido más a la fuerza narcótica de una riqueza natural (petróleo) y la vigilancia silenciosa de unas Fuerzas Armadas celosas del país, que al ejercicio de esas nobles cualidades"

Miguel Angel Perera

("Venezuela ¿nación o tribu? La herencia de Chávez", UCV, Caracas, 2012 :236)

Ilustración: Rolando Peña, "El barril de Higgs" (2012)

domingo, 29 de septiembre de 2013

CONSTELACIÓN DEL PODER

Ministerios de propaganda
Luis Barragán


Búsquense cualesquiera ediciones de la Gaceta Oficial y contabilícense los ministerios existentes, por no citar los viceministerios y demás entidades adscritas a los más disímiles despachos, añadidas las fundaciones beneficiarias del augusto presupuesto asignado y de los infaltables créditos adicionales que explican el esencial ejercicio parlamentario del oficialismo. No hay un problema, por más sobrevenido que sea, multiplicando las instancias con semejantes tareas y angostando los recursos, que no merezca un edificio burocrático capaz de asomar las apetencias que encuentran su mejor pretexto, a la vez que una ventilación puertas adentro de los errores, faltas, equívocos y omisiones que resquebrajan las bases hincadas en terrenos movedizos.

En medio de una continua tempestad de la imprevisión e ineficiencia, la constante es crear y recrear esas instancias, reducido el asunto a la cadena de mando más que a la institucionalidad del Estado (desinstitucionalizado). A modo de ilustración, militarizando los asuntos públicos, recientemente sabemos de un tal Órgano Superior de la Economía, agrietando la estructura departamental de los diferentes dispositivos que hay en la material, cual Estado Mayor de las Lluvias convertido en hábito para atender las inundaciones calamitosas.

Otro ejemplo, es el ministerio encargado de la energía eléctrica en Venezuela que jamás guarda comparación con las empresas públicas y privadas que tuvimos en el área, como la propia atención dispensada por los órganos del Poder Público, en cuanto al diseño y desempeño institucional. Remedio que ha empeorado la enfermedad, sumado el estelar rol de titulares como Alí Rodríguez Araque y Jesse Chacón, inconsecuente – por cierto – con su promesa de renunciar, por no citar la breve estadía pinacular de alguien que hurtaba la energía pública para su casa de habitación, cuyo nombre olvidamos, es otro de los elefantes enrojecidos en medio de la cristalería del país petrolero.

Y, como suele ocurrir, por más portales digitales que exhiban, reina la desinformación de los usuarios que pueden incurrir – además – en algún delito, en el caso de hallar y denunciar las razones reales de sus tomentos.  Únicamente vale el pronunciamiento de los burócratas, a través del denominado sistema nacional de medios públicos, mas no la modesta indagación y precaución que puedan exhibir la prensa independiente y los angustiados usuarios, siendo impensable una autónoma organización social en reclamo de las consecuencias domésticas del colapso eléctrico, como la pérdida de alimentos,  electrodomésticos y hasta equipos médicos.

El despacho eléctrico, como el resto de aquellos que hacen inviable,  complicado y farragoso el consejo de ministros, si es que efectivamente sesiona, no está para responder a las demandas ciudadanas, catalogadas de sospechosas cuando – recurrentes – manifiestan su inconformidad con las versiones oficiales del desastre ocasionado por un servicio que, sencillamente, antes de 1998, nunca expuso los apagones tan prolongados, inexplicables y habituales de ahora. Y, menos, cuando en década y media se ha evidenciado una quiebra gerencial tan vasta que, lo sabemos, costará años en recuperar.

Y es que la progresión aritmética de las dependencias oficiales, amén de enjugar la crisis ocasionadas por el clientelismo partidista puertas adentro, se debe a las rigurosas exigencias de una maquinaria propagandística y publicitaria que se departamentaliza. El presupuesto anual y las infaltables solicitudes de crédito público, así lo dibujan, como el talante que demuestren sus titulares para emplear los micrófonos y las cámaras de video en eso que llaman gobierno de calle.

Ilustración: Rolando Peña.
http://www.analitica.com/va/politica/opinion/3404827.asp

SACUDIMIENTO

Romper la indiferencia. No ignorar al que sufre
José Antonio Pagola

ROMPER LA INDIFERENCIA
Según Lucas, cuando Jesús gritó “no podéis servir a Dios y al dinero”, algunos fariseos que le estaban oyendo y eran amigos del dinero “se reían de él”. Jesús no se echa atrás. Al poco tiempo, narra una parábola desgarradora para que los que viven esclavos de la riqueza abran los ojos.
Jesús describe en pocas palabras una situación sangrante. Un hombre rico y un mendigo pobre que viven próximos el uno del otro, están separados por el abismo que hay entre la vida de opulencia insultante del rico y la miseria extrema del pobre.
El relato describe a los dos personajes destacando fuertemente el contraste entre ambos. El rico va vestido de púrpura y de lino finísimo, el cuerpo del pobre está cubierto de llagas. El rico banquetea espléndidamente no solo los días de fiesta sino a diario, el pobre está tirado en su portal, sin poder llevarse a la boca lo que cae de la mesa del rico. Sólo se acercan a lamer sus llagas los perros que vienen a buscar algo en la basura.
No se habla en ningún momento de que el rico ha explotado al pobre o que lo ha maltratado o despreciado. Se diría que no ha hecho nada malo. Sin embargo, su vida entera es inhumana, pues solo vive para su propio bienestar. Su corazón es de piedra. Ignora totalmente al pobre. Lo tiene delante pero no lo ve. Está ahí mismo, enfermo, hambriento y abandonado, pero no es capaz de cruzar la puerta para hacerse cargo de él.
No nos engañemos. Jesús no está denunciando solo la situación de la Galilea de los años treinta. Está tratando de sacudir la conciencia de quienes nos hemos acostumbrado a vivir en la abundancia teniendo junto a nuestro portal, a unas horas de vuelo, a pueblos enteros viviendo y muriendo en la miseria más absoluta.
Es inhumano encerrarnos en nuestra “sociedad del bienestar” ignorando totalmente esa otra “sociedad del malestar”. Es cruel seguir alimentando esa “secreta ilusión de inocencia” que nos permite vivir con la conciencia tranquila pensando que la culpa es de todos y es de nadie.
Nuestra primera tarea es romper la indiferencia. Resistirnos a seguir disfrutando de un bienestar vacío de compasión. No continuar aislándonos mentalmente para desplazar la miseria y el hambre que hay en el mundo hacia una lejanía abstracta, para poder así vivir sin oír ningún clamor, gemido o llanto.
El Evangelio nos puede ayudar a vivir vigilantes, sin volvernos cada vez más insensibles a los sufrimientos de los abandonados, sin perder el sentido de la responsabilidad fraterna y sin permanecer pasivos cuando podemos actuar.
NO IGNORAR AL QUE SUFRE
El contraste entre los dos protagonistas de la parábola es trágico. El rico se viste de púrpura y de lino. Toda su vida es lujo y ostentación. Sólo piensa en «banquetear espléndidamente cada día». Este rico no tiene nombre pues no tiene identidad. No es nadie. Su vida vacía de compasión es un fracaso. No se puede vivir sólo para banquetear.
Echado en el portal de su mansión yace un mendigo hambriento, cubierto de llagas. Nadie le ayuda. Sólo unos perros se le acercan a lamer sus heridas. No posee nada, pero tiene un nombre portador de esperanza. Se llama «Lázaro» o «Eliezer», que significa «Mi Dios es ayuda».
Su suerte cambia radicalmente en el momento de la muerte. El rico es enterrado, seguramente con toda solemnidad, pero es llevado al «Hades» o «reino de los muertos». También muere Lázaro. Nada se dice de rito funerario alguno, pero «los ángeles lo llevan al seno de Abrahán». Con imágenes populares de su tiempo, Jesús recuerda que Dios tiene la última palabra sobre ricos y pobres.
Al rico no se le juzga por explotador. No se dice que es un impío alejado de la Alianza. Simplemente, ha disfrutado de su riqueza ignorando al pobre. Lo tenía allí mismo, pero no lo ha visto. Estaba en el portal de su mansión, pero no se ha acercado a él. Lo ha excluido de su vida. Su pecado es la indiferencia.
Según los observadores, está creciendo en nuestra sociedad la apatía o falta de sensibilidad ante el sufrimiento ajeno. Evitamos de mil formas el contacto directo con las personas que sufren. Poco a poco, nos vamos haciendo cada vez más incapaces para percibir su aflicción.
La presencia de un niño mendigo en nuestro camino nos molesta. El encuentro con un amigo, enfermo terminal, nos turba. No sabemos qué hacer ni qué decir. Es mejor tomar distancia. Volver cuanto antes a nuestras ocupaciones. No dejarnos afectar.
Si el sufrimiento se produce lejos es más fácil. Vivimos momentos en el que el hambre, la miseria o la enfermedad aumentan en datos, números y estadísticas que nos informan de la realidad sin apenas tocar nuestro corazón. También sabemos contemplar sufrimientos horribles en el televisor, pero, a través de la pantalla, el sufrimiento siempre es más irreal y menos terrible. Cuando el sufrimiento afecta a alguien más próximo a nosotros, nos esforzamos de mil maneras por anestesiar nuestro corazón.
Quien sigue a Jesús se va haciendo más sensible al sufrimiento de quienes encuentra en su camino. Se acerca al necesitado y, si está en sus manos, trata de aliviar su situación.

http://www.musicaliturgica.com/0000009a2106d5d04.php

En la hoja dominal, el Padre Antonio Gracia (Pasionista), pregunta: "¿Vives la caridad solidaria? ¿Con qué obras manifiestas tu amor con los necesitados?" ("El Domingo, Día del Señor", año XLVII,  Domingo XXVI del Tiempo Ordinario /C).




Ilustración: Rolando Peña.

OPULENCIA Y TRAMPA

NOTITARDE, Valencia, 29 de septiembre de 2013
El rico y el pobre Lázaro (Lc.16, 19-31)
Lic. Joel de Jesús Nuñez Flautes

Con la parábola del domingo pasado nos advertía Jesús que no se podía servir a Dios y al dinero al mismo tiempo; en este domingo nos habla directamente diciendo que el hombre que pone su confianza en el dinero y se cierra a Dios y al hermano irá al fuego eterno, al infierno; en cambio, quien abre su corazón a Dios y al prójimo necesitado conquistará la vida eterna. Vuelve aparecer la advertencia de no “anclar” nuestro corazón en las cosas materiales y efímeras de este mundo, sino en el amor a Dios y al prójimo que son la garantía de una vida plenamente feliz y seguridad para conquistar la vida futura. De entrada, hay que decir que no es la inmediata pertenencia sociológica de ser rico o pobre lo que nos salva o condena; es la actitud que se tenga frente al dinero y ante las necesidades del hermano que no ha tenido las mismas oportunidades y carece de lo fundamental para vivir.
En la parábola del rico y del pobre Lázaro que hoy meditamos, se puede percibir que Jesús advierte acerca de la actitud y no del simple hecho de poseer. No se cuestiona al rico lo que tiene o lo que posee, sino la utilidad que le da, olvidándose de aquel que está a su lado. Vale la pena resaltar que Lucas en su evangelio no señala el nombre del rico, para significar que ese rico puede ser cualquier hombre en una época distinta; no sucede lo mismo con el pobre que se llama Lázaro; que en hebreo es Eleazar o Eliécer y significa “Dios ayuda”. Es la única vez que aparece un nombre propio en una de las parábolas de Jesús. Se destaca así la providencia divina, el atender al pobre o necesitado que tiene como su única riqueza la fe en Dios que lo asiste y ampara. El rico de la parábola se condena al final por no haber atendido, socorrido y ayudado al pobre que llamaba a su puerta; mientras él banqueteaba y se daba buena vida. “Ese pobre rico” ignoró que la riqueza mal vivida no asegura la vida eterna, perdió su oportunidad de salvarse, pensó que nunca moriría, se dejó llevar por el consumismo, el derroche; como le sucede a tantos en nuestros días, sin ir muy lejos en nuestra sociedad venezolana. “Ese pobre rico” perdió el horizonte de lo espiritual, de lo sobrenatural, de los valores que trascienden este mundo materialista. También se ve que no sólo ese rico vivía indiferente al hermano pobre, ensimismado en sus riquezas; también su familia estaba en la misma condición; por eso cuando después de muerto ve su destino, el que se había construido desde esta vida, quería que aunque fuera un muerto fuera a visitar a sus hermanos para que no llegaran a ese mismo lugar; pero hay personas que están tan embebidas en su realidad que no son capaces de reaccionar ni aunque se les presente ante sus ojos un mismo ángel.
El llamado, pues, de la parábola es convertir el corazón a Dios y al prójimo. Descubrir que nuestro mayor tesoro es el Señor y que Él está presente en el rostro del hermano que pasa hambre, enfermedad, que no tiene casa ni sustento alguno. Quien vive así con lo mucho o lo poco que posee alcanzará la vida eterna. Como se lo dijo San Pablo a Timoteo: “conquista la vida eterna”. El camino para hacerlo es con un sincero amor a Dios y al prójimo.
En Venezuela estamos viviendo una situación social de injusticia, de miseria, de hambre; hay hermanos sin techo, muchos enfermos sin esperanza, otros tantos sin empleo, sin un hogar donde vivir, sin futuro, sin horizonte. A la par vemos un Estado rico, opulento por el petróleo, hay corrupción en el país, trampa, mentira. Ante este panorama que pudiera desesperanzar, el cristiano, el discípulo de Cristo tiene que abrir su corazón a la solidaridad, al compartir, a la lucha por un mundo más justo. Tenemos que convertirnos en esos profetas de la parábola que anuncian y denuncian en nombre de Cristo para que los hombres se conviertan al amor solidario. El cristiano católico sea cual sea su puesto en la sociedad; ya sea que esté en un alto cargo político, económico, empresarial o simplemente en su vida común, desde allí ha de vivir la solidaridad y trabajar por transformar las estructuras injustas, las promesas incumplidas, los engaños, el abuso e ir en contra de la utilización que se hace de los más pobres.
IDA Y RETORNO: Mañana a las 9:30 am se realizará el acto solemne de apertura del nuevo año académico 2013-214 de nuestro Seminario encabezado por Mons. Reinaldo Del Prette, que presidirá la Eucaristía, en la cual el cuerpo de profesores hará el juramento de compromiso de formar a los futuros sacerdotes según las enseñanzas de Cristo y de la Iglesia. Luego de la celebración eucarística habrá una lección magistral a cargo de la profesora magister María Auxiliadora Bocaney que disertará acerca de “Los estudios Académicos en el Seminario”.
Felicitaciones a mi querida hermana Elisa que está hoy de cumpleaños, que junto a su esposo Fernando y a sus hijos Fernando de Jesús y Sofía Fernanda siga recibiendo muchas bendiciones de parte de Cristo y de María Santísima.

Cfr. Isabel Vidal de Tenreiro: http://elimpulso.com/articulo/buena-nueva-ricos-y-pobres#.Ukiv23_3OD8
Ilustración: Rolando Peña.

domingo, 18 de marzo de 2012

DESAGREGACIÓN Y QUIEBRA


EL NACIONAL - Sábado 17 de Marzo de 2012 Papel Literario/2
Sin traumas
El venezolano se capacitó como sujeto económico del sector terciario pero no como sujeto político, para aquello le bastaba tener hambre y aspiraciones, para esto necesitaba educarse y reivindicar la herencia social
MIGUEL ÁNGEL CAMPOS

Si el estilo de la política en Venezuela en los últimos setenta años ha sido tallado por la renta petrolera, el modelo de bienestar definido por la sociedad corresponde casi exclusivamente a las expectativas del consumo. La manera como desde el Estado se organizó la retención del poder (consenso y promesalismo mediante la aclamación electoral) determinó las lapidarias tensiones de una comunidad anclada en las puras reivindicaciones económicas. Civilidad y ciudadanía no están en el origen de los acuerdos, son más bien una consecuencia residual de la gestión política, ni siquiera de la educación.

Los conflictos de una sociedad desideologizada como la nuestra se resuelven en el mero aspecto funcional de la distribución de la riqueza, y esto pudiera parecerse a las demandas de una horda de la glaciación repartiéndose la cacería del día. Pero algo más debería haber para intercambiar y ejecutar en las rutinas de un país que emerge de un tiempo de minoridad, y que tras el fin del gomecismo estaba en la obligación de asumirse como una comunidad de intereses, y no como una horda que esperaba ser alimentada. Los traumas, pues, se van acumulando y tras sobrevivir a los desacuerdos del día, los desecha como una enfermedad vergonzosa, no los encara, ignora la terapia, ellos son sólo sospechosas delicadezas. La angustia, síntoma de inconformidad y opuesta a la fatalidad, es vista como una infección. En una sociedad fracasada todos simulan normalidad y éxito, nadie quiere oír que estamos en un cul de sac, y que incluso ya el tiempo de la mea culpa quedó atrás y ahora se impone, en la emergencia, el diagnóstico ya no en su alcance redentor sino puramente salvador. A la gente se le dice, por ejemplo, que debe votar pues es la única manera de participar e intervenir en la vida pública (tener cédula laminada y estar inscrito en el registro electoral, resulta así la máxima cuantía de aquella civilidad). En un país cuya democracia se abrió paso desde el voto censitario, al menos debiera serse consecuente con un aspecto inercial de este igualitarismo y que en fondo es la otra cara de lo anticensitario: el derecho sin coerción.

Se predica contra la abstención o el voto nulo, cuando éstas son justamente expresiones superiores de la disidencia en medio de los acuerdos precarios, si no votas te quedas sin derechos, suelen decirle al indeciso o incluso con esta retahíla amenazan al fastidiado. Yo le recuerdo a estos mentores electorales que se equivocan e incurren en un delito de lesa iuris, oigan bien, la abstención es una calificada disidencia: aquella que abjura no sólo de los optantes y sus programas, también de unos electores poco exigentes, y de aquello que se ha edificado.

Condenada a elegir, no a expresarse, esa ciudadanía puramente forense es dada a sobrevalorar procedimiento formal de la vida democrática. Las virtudes de un recurso moderno, que ha garantizado el desarrollo de una civilización, no han servido en Venezuela para alcanzar un quehacer sostenido de armonía y prosperidad. Parlamentarismo, elección directa y secreta y separación de los poderes, el legado más estable de las formas políticas de Occidente, en alianza con una fuente constante de financiamiento, no ha producido los logros capaces de asegurar larga estabilidad política y generación de virtudes entre los acordados.

Vaciadas de prácticas democráticas consistentes, aquellas formas redujeron su eficacia en el plano real del intercambio y lo electoral concluyó siendo un fetichismo dominguero.

Y, sin embargo, Estado discrecional y renta petrolera ya no son una herencia para juzgar, son constitutivos de un balance, agentes de una hechura, y deben ser situados desde las omisiones o defecciones de otros. Cuando en 1994 (en el cenit de la gestión del grupo de Los notables) se insurge contra la visión ya ortodoxa del Estado ineficiente y voraz, Mayz Vallenilla, el revisionista, defiende frente a Uslar Pietri el carácter social de la institución que se abroga el amparo de la población, desde la construcción de carreteras hasta la educación y la salud, y está pensando, obviamente, desde el referencial año 1936. "Las empresas privadas, no el Estado, arruinaron el país", es su conclusión. Y en el recordatorio truena el sentido común: extinción del paludismo, medicina hospitalaria y vacunación, refundación de la escuela, comedores escolares, escuelas técnicas, legislación petrolera solvente, urbanización, ¿cómo podían arruinar al país? Las empresas se convirtieron en beneficiarias, incluso damnificadas, tras la oleada de buena conciencia, asumieron la novedad sólo como mercado y suscriptores, desentendiéndose de obligaciones como reproducir a una escala de hábitos y compensación lo que el Estado hacia en el vasto orden social. Usufructuaron la modernización y profesionalización introducida por las instituciones, el resguardo jurídico de nuestro aluvión legislativo de los años cuarenta, y todo en un marco espléndido: la circulación de dinero y movilidad que adviene con la economía petrolera.

Cuando los propietarios de un centro comercial (escena de hoy) esperan a que algún organismo público les repare el asfaltado del estacionamiento hecho pedazos, pues no lo entienden como costo de funcionamiento, expresan esa conducta doméstica y venal. Históricamente, han carecido de proyecto civil, para tenerlo es preciso ver la continuidad de sus intereses en un escenario más estable y menos inmediato que la contabilidad, se pretenden acompañantes de lo público en la fiesta de los negocios, protagonistas de una nación sólo de consumidores.

Exigen al gobierno que genere empleo, pero la administración pública representa el mayor volumen de la nómina formal, la democrática condonación de deudas nunca distinguió entre ganaderos y estudiantes de Funda Ayacucho. En Maracaibo, en la primera mitad de los cuarenta se desvanece el primer gran esfuerzo de organización de una orquesta sinfónica, la Sociedad Zuliana de Conciertos, por falta de cooperación de los capitanes de empresa del pujante puerto local.

El colegio Emil Friedman sería después una gran referencia nacional en materia de docencia musical.

Hoy, en el cenit del llamado proceso, esta relación simbiótica de mutualismo obra conforme a su franco principio de alianza, la renta petrolera funda y financia directamente corporaciones de empresas privadas que no requieren de acumulación originaria, estos nuevos empresarios son los validos del gobierno, miembros del aparato del partido único y agentes de las distintas asociaciones de Fedecámaras, o simplemente protegidos y arribistas de toda calaña. Es el propio Estado desideologizado, pragmático y funcional, tutor de la sociedad pero también de un capitalismo bodeguero: entre ambos medran en el amplio orden de una economía de réditos puramente financieros y comerciales, el primero insufla el mínimo oxígeno a las masas consumidoras indispensables a la legitimidad y aclamación.

El segundo crea la ilusión de libertad y gestión individual de esas masas.

Relaciones societarias perturbadas, ausencia de procesos densos y orgánicos, crisis de jerarquía y responsabilidad, esta pudiera ser una caracterización justa y que resiste el análisis. Todo esto puntualmente debía engendrar patologías en el tejido de las relaciones formales, recelo y socarronería respecto a los procedimientos, y entrega a lo factual, pesada herencia de los vínculos patrimoniales. La política de los caudillos resultó así un esquema exitoso en el trato con la res publica, pero deshacerse de ella no significó nunca el fin de los estilos domésticos en los negocios de Estado; el fondo amargo se continúa en el culto de todo personalismo, la ascendencia del carisma sobre la función del Derecho.

Pero la retención del poder en la era de la democracia electoral significó la entronización del populismo como un valor, la santificación del pueblo en tanto recurso legitimador de unos acuerdos públicos donde el énfasis del espectáculo procedimental resultaba abrumador. Celebrar la fiesta de la democracia siempre ha significado en Venezuela expectativas de encargos para unos funcionarios, nunca la requisitoria ante las deficiencias de una práctica. Exaltación de los peores rasgos frente a las urgencias del acomodo ("Del Negro Primero no miramos su analfabetismo y la violencia vegetal: alabamos la expresión de su fe primitiva en la libertad", dice Briceño Iragorry), se amplía la tolerancia de las carencias y se magnifican las escasas virtudes. Transarse con lo poco y sacrificar las exigencias, drama de todo aquel a quien el tiempo se le agota, elegir entre el mal y el mal menor, cuando normalmente se elige entre el bien y el mal, definitivamente una sociedad así no es de fiar. El Estado de Derecho debía ser entonces una representación vacía de hábitos y certidumbres, tan sólo la simulación de quienes todo lo esperan de la redención, pero también en la primera oportunidad se hacen matar por una media res o un televisor en un saqueo cualquiera.

El venezolano se capacitó como sujeto económico del sector terciario pero no como sujeto político, para aquello le bastaba tener hambre y aspiraciones, para esto necesitaba educarse y reivindicar la herencia social. El caso de lo que ocurrió con la irrupción de la educación universitaria es paradigmático. En diciembre de 1958 la matrícula era alrededor de 1500 estudiantes, hacia mediados de los años ochenta hay unos 200.000 estudiantes sólo en las universidades públicas.

Pues ese importante fenómeno de democratización en térmicos estadísticos y culturales garantizó la movilidad social, quien obtenía un título universitario ascendía en el estatus socioeconómico, pero nada significó en el estímulo de la solidaridad y la madurez ciudadana; por ejemplo ¿cuántos médicos en Venezuela tienen una hora de consulta al mes gratis, en retribución de una formación costosa y gratuita? Ingenieros y abogados salen inspirados a hacer dinero.

Hoy, la ausencia de programas de más alcance en aquella educación profesionalizante y fraudulenta, atiborra los registros subalternos de títulos de mera contabilidad, engrosando el desempleo de unos amargados. El espanto de la renovación universitaria bolivariana radica en que al fraude cognitivo debe sumarse la altanería de unos egresados convencidos de que todo se les debe. El igualitarismo, demagógico por naturaleza, exaltó la concurrencia pero ni garantizó el ejercicio de los derechos políticos y tampoco podía establecer la preeminencia del concepto de justicia sobre el de justicia social.

"Cuando teníamos igualdad, ya no teníamos libertad", dice Augusto Mijares al juzgar el inmediato balance de la Guerra Federal. Pero las consecuencias pueden ir más lejos. Hoy en Venezuela cualquier ciudadano es potencialmente un agresor, un asesino, alguien liberado de los mínimos frenos modeladores de la convivencia. El sicariato, por ejemplo, es un mecanismo para zanjar diferencias entre vecinos agriados, pero el imaginario lo remite exclusivamente a un submundo de mafias y conspiración. La incapacidad del sistema de justicia para restituir el equilibrio pone a la orden del día la justicia por su mano. Si la delincuencia devino en una economía, la violencia ciudadana es el resultado de la destrucción de la cohesión, esa que garantiza no el gregarismo sino el reconocimiento de la alteridad, el otro como sujeto psíquico y no sólo jurídico.

La violencia es, entonces, un mecanismo de adscripción del venezolano en tiempos de desagregación mental y quiebra absoluta del Estado de Derecho.

Fotografía: Rolando Peña, "¿El petróleo es nuestro?".

lunes, 20 de junio de 2011

RETRATISTA DE LA VENEZUELA RENTISTA (RVR)


EL NACIONAL - Sábado 18 de Junio de 2011 Papel Literario/3
A propósito del reconocimiento otorgado por la AICA
Rolando Peña, Maestro del arte venezolano
En cuanto a su obra; hay que decirlo, Peña ha llevado a cabo un discurso estético multiforme que guarda gran coherencia en el logro de una totalidad orgánica
JOSÉ ANTONIO PARRA

En días recientes la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA) le otorgó a Rolando Peña el galardón de "Maestro del Arte Venezolano". La experiencia de este creador está llena de ricas texturas y gran exuberancia dada la multiplicidad de formatos en los que ha trabajado. Sujeto mismo de un destino que lo llevaría a ser artífice de una obra tanto vehemente como refinada, ya a la edad de 7 años tuvo lugar su primer performance cuando fue fotografiado por uno de sus hermanos orinando el Lago de Maracaibo.

Rolando es quizá uno de los artistas que tuvo mayor vinculación con personajes del star system de la contracultura; es de este modo como llevó a cabo en la década de los sesenta el espectáculo multimedia The illumination of the Buddha, junto al Dr. Timothy Leary (profeta del LSD y provocador de oficio) y Allen Ginsberg. Igualmente en ese período trae al país toda una serie de conceptos de avanzada y montó en la UCV los primeros espectáculos que combinaban la multimedia con la danza, el teatro, el cine, la proyección de diapositivas y las luces. En este contexto crea Testimonio y el Homenaje a Henry Miller, en colaboración con José Ignacio Cabrujas. No obstante, la vida de este artista-personaje tiene cualidades similares a las del mítico conde de Saint Germain o el propio Francisco de Miranda durante los tiempos en los que recorrió las cortes Europeas. Para Peña estos escenarios son familiares; así, mientras tuvo participación activa en la Factory de Andy Warhol, éste le bautizó con el nombre de Príncipe Negro. El artista tuvo oportunidad de conocer en ese territorio a Nico, Edie Sedgwick, Ultra Violet, Paul Morrissey, Joe Dallesandro e incluso a Lou Reed. Ya para ese momento, Rolando había compartido con el legendario Porfirio Rubirosa y más adelante, durante los años ochenta, con Truman Capote, Pelé, Sharon Stone, John Lennon y Yoko Ono en las singulares noches de Studio 54 en Nueva York.

En cuanto a su obra; hay que decirlo, Peña ha llevado a cabo un discurso estético multiforme que guarda gran coherencia en el logro de una totalidad orgánica. Durante su juventud, el Príncipe se formó en la danza y el teatro llegando a ser discípulo de Martha Graham y Alwin Nikolais.

Su búsqueda arqueológica --volcada sobre sí-- lo encaminó al cuestionamiento del status quo del cual proviene y es así como durante el año de 1979 concretó su performance The seven vanishing points, en el que destruye una serie de espejos que le reflejaban.

El creador en ese punto hace fragmento a su propia imagen representacional e inaugura una cosmogonía novedosa.

Quedaba en evidenciada la vuelta de tuerca que daría su obra a nivel semántico, dado que al año siguiente --1980-comenzarían sus experimentaciones con el petróleo y sus significados-significantes propios.

En esa elaboración coherente, no sólo en niveles superficiales, sino en niveles profundos del discurso, el Maestro apelaría no sólo a multiplicidad de medios sino también a andamiajes plásticos polimorfos. Lo simbólico quedaría develado aquí no sólo a través de claves inscritas en lo mágico religioso --que tendrían un cierto matiz cínico-- sino por medio de los referentes obvios del objeto petróleo, en los que el artista pondría su mirada en tanto fuente de energía a la que él nombra como "movilizadora no sólo de este mundo sino de otros". En esta fase de su obra, Rolando "desmonta" los aspectos "saudíes" de la cultura petrolera al tiempo que lanza una advertencia demoledora al incluir junto al objeto de la representación profecías apocalípticas hopis.

El mito aquí es parte de una poderosa trama que expresa la realidad social, política y económica; no sólo de la nación venezolana durante este período histórico, sino de un mundo que palpita y derrama su sangre por el combustible.

A través de miradas sucesivas al petróleo, El Príncipe Negro ha hecho de su leit motiv ombligo mismo de un fenómeno estético. El arte, la ciencia y la tecnología se hacen una totalidad armónica. En este camino, su lenguaje ha llegado a estar subido de tono, con una intensidad grandilocuente; un grado tan superlativo como el nivel de los reconocimientos de los que ha sido objeto, no sólo en el presente con el premio AICA, sino también con su participación en Documenta 7 en Kassel y en la Bienal de Venecia de 1997, donde representó a Venezuela. De igual manera, obtuvo la Beca Guggenheim en el año 2009 por su mirada ecologista a través de la propuesta Petróleo Verde, en colaboración con el astrofísico Claudio Mendoza y el Dr. Juan Carlos Sánchez, quien formó parte del grupo intergubernamental sobre cambio climático de la ONU que recibió el Premio Nobel de la Paz junto a Al Gore en 2007.

El artista ha comparado al fenómeno del arte con los prodigios del mago --de un Houdini ha dicho él--, de aquellos que hacen posible lo imposible y visible lo invisible. De esta manera se torna vivencia su forma propia de religiosidad, sutil mezcla de taoísmo chino con budismo que desemboca en el Zen.

Con la obra de Rolando Peña asistimos a un momento privilegiado de las artes universales, una mirada desenvuelta en la que lo emblemático, el mito y lo simbólico se conjugan en una trama con gran potencia y provocación.

Fotografía: Leonardo Noguera

sábado, 26 de marzo de 2011

SOBRE BARRILES DE PÓLVORA


EL NACIONAL - Sábado 26 de Marzo de 2011 Opinión/7
La implosión de un modelo
FREDDY CARQUEZ

Es una de una profunda torpeza ignorar que desde hace más de 30 años nuestro crecimiento económico se detuvo, lo que nos encontró sometidos a un sostenido y franco deterioro de nuestra infraestructura productiva, con los conocidos efectos de pobreza creciente y autoritarismo, presionados por una mayor dependencia de la explotación petrolera con sus perversos efectos sobre el conjunto de la estructura material y cultural de nuestra sociedad.

El trágico signo de la economía de puertos, rasgo dominante de nuestra vida comercial desde los inicios de la república, ha adquirido con el presente Gobierno expresiones dramáticas dada la transformación urbana desarrollada entre nosotros durante el siglo XX, tendencia que se ha multiplicado casi exponencialmente, debido a la transformación del Poder Ejecutivo en un superagente comercial importador, como nunca había sucedido en épocas pasadas.

Mienten descaradamente quienes hablan una y otra vez de autonomía y soberanía nacional.

Nos encontramos a kilómetros de distancia de tales consignas porque, en los hechos, las realizaciones económicas del chavismo reproducen las orientaciones que la globalización les ha impuesto a partir del Consenso de Washington a todos y cada uno de los países periféricos del sistema mundo capitalista.

Muy particularmente y con solícita atención para los petroestados, los centros financieros del primer mundo han facilitado cualquier tipo de compras y negocios, desde los más importantes, como Arabia Saudita, Irak o Irán, hasta los más pequeños como Ecuador, pasando por Argelia, Libia o Venezuela. Incluso mediante el endeudamiento a futuro, sobra petróleo con qué pagar las chucherías que se adquieren.

El derrumbe del norte de África en buena medida responde a la dinámica señalada, por la sencilla y muy básica razón de que en el interior de las poblaciones que se encuentran al norte del Sahara el proceso de control y dominación armado por Estados Unidos y la antigua Unión Soviética a partir de la descolonización posterior a la segunda Guerra Mundial ha llegado al final.

En medio siglo y bajo el efecto del incremento productivo, el crecimiento de nuevos sectores sociales y la influencia cultural del capitalismo desarrollado, han surgido nuevas generaciones que a todos los niveles demandan un trato más justo para sus aspiraciones. Y en la conciencia de ellas se ha fortalecido la comprensión de que existe la posibilidad de conquistar mejores condiciones de vida, pero que esto sólo se logra combatiendo en forma organizada.

Es demasiado evidente que las antiguas versiones burocráticas y autoritarias del estatismo y del nacionalismo utilizadas en el mundo árabe se encuentran en profunda crisis, se derrumban y demandan importantes reajustes en el interior del establecimiento, fenómeno en el cual quizás lo novedoso estará dado por el surgimiento de nuevas élites y una conciencia colectiva más independiente de los poderes tradicionales, tanto del militarismo como de la teocracia, en un panorama universal de un mayor equilibrio entre los superpoderes.

Tampoco debemos subestimar la influencia de los sucesos que hoy conmueven las autocracias árabes en el escenario suramericano, especialmente en los petroestados (Venezuela y Ecuador) y su periferia parasitaria (Cuba, Nicaragua y Bolivia). A estas alturas del camino recorrido resulta imposible devolverse de las realizaciones políticas compartidas, como tampoco pueden desaparecerse las imágenes de complicidad y compadrazgo en los negocios construidos.

Con un incomprensible y descomunal atraso, el eje La Habana-Caracas ha organizado e intentado desarrollar un modelo político-administrativo similar para nuestra sociedad, en el cual se dan la mano las deformaciones y perversiones que han consumido el anacrónico proyecto del estatismo burocrático y del panarabismo, coincidencias que explican la intimidad del presidente Chávez con los personajes más relevantes de esas experiencias, como son Fidel Castro y Muamar Gadafi.

Fotografía: tomada de la red, Rolando Peña.

viernes, 24 de septiembre de 2010

petrolidad


EL NACIONAL - Sábado 15 de Agosto de 2009 Papel Literario/6
Incredulidad
OSCAR RODRÍGUEZ ORTIZ

Ante todo, el enigma de un título y, desde luego, el cauce al que somete la expectativa del lector. No se resuelve tampoco en los capítulos finales. ¿En qué no cree, en qué ha dejado de creer? Mejor todavía: ¿en qué no quiere creer el autor, puesto que se trata de su obra más personal? Ya en las primeras páginas se percibe que no es un título cualquiera, indistinto o comercial, para llamar la atención o vender. Incredulidad ante los consensos personales y sociales como los que en Venezuela se dice aportan la educación y la universidad al individuo y la colectividad. Miguel Ángel Campos los refuta furioso y desesperanzado. Ya tenemos aquí dos propiedades de la obra. En la primera porción del libro su escritura se turba seguramente llevada por el asunto que discute. Sus varios años de docencia lo han conducido a la terrible conclusión de que el esfuerzo mayor de los estudiantes y de la institución superior es cumplir a cabalidad con las tramitaciones burocráticas semestrales en lugar del propósito de aprender y enseñar. Verifica también que la vida en sociedad de los venezolanos está dominada cada vez más por la tramitación ante el Estado, cuya máxima entidad es la obtención y renovación de la cédula de identidad. Se vive para el cumplimiento del trámite. Con eso basta.

Lógicamente, la incredulidad se espesa al recorrer los lenguajes y razonamientos políticos de la actualidad venezolana, de todas las tendencias, y las visiones y conclusiones que ambas sacan de la realidad.

No es una postura ni-ni, sino una angustiada verificación de los hechos que impiden su racionalización acerca de lo que ocurre en el país y de lo que la nacionalidad puede alcanzar. Al respecto el libro contiene el trémulo testimonio de la experiencia emocional de tratar de entender, sin los clichés de las consignas políticas, los sucesos del 10 al 13 de abril de 2002. Da voz a muchos aunque no es la voz de los muchos. Incredulidad entonces, también, respecto a los resultados cognoscitivos de las Ciencias Sociales que a la larga pasan nuevamente por la tramitación. Campos es sociólogo de formación, de la que felizmente ha desertado por la literatura y el ensayo socio-histórico sobre el país, particularmente la nación del siglo XX presente en todos sus libros y artículos. Incredulidad sería pues mucho más que desconfianza y algo más cercano al escepticismo o si se quiere al agnosticismo respecto a cualquier idea en tanto convenida. Recordaría aquella distinción que hacía Ortega y Gasset entre ideas y creencias. Campos la emprende contra las recurrentes creencias venezolanas. Pero no se crea que su libro es un catálogo de desmañados combates quijotescos irracionales contra la mitología nacional.

En el primer tercio del libro Miguel Ángel Campos asoma su historia personal, acaso como entonación de la historia social y literaria de la que está tratando. Como en los cuadros del Renacimiento, el autor se pinta en un costado y es parte de la escena.

Lo que se medita lo ha vivido en carne propia. El ensayo adquiere pues un tono personal y biográfico indisolublemente unido a la materia sobre la que reflexiona. Esto es dirimir la naturaleza del género ensayo y el gran tema o contenido que ha tenido el autor como objeto de su vida intelectual. Forma y contenido --decía Bujarin-- son una unidad, pero una unidad de contradicciones. Se esboza así la historia de una familia trujillana que en busca de un futuro viaja al Zulia. Y no es una historia de los legendarios años veinte, sino que ocurre en los cincuenta y en los años sesenta del siglo XX.

Miguel Ángel es llevado de niño a la porción limítrofe de Trujillo con el Zulia e instalado en un sitio llamado Concesión Siete, que ni siquiera es un pueblo. Su madre es la fundadora del servicio de enfermería. Entre el tránsito y la instalación en el otro lugar está el símbolo de un árbol, en este caso un caujaro, la imagen de la pobreza y el desamparo del lugar de la adolescencia. Hubo la pérdida de un arraigo y el proceso de instalación o arraigo en otro sitio. ¿De lo grato a lo inhóspito? Vida dura. De manera que el interés de Miguel Ángel Campos por el tema del petróleo y su relación con la literatura no es un asunto meramente académico. Las novedades del petróleo (1994) y Desagravio del mal (2005) son apenas avances que rastrean el enigma de por qué este gran acontecimiento venezolano tiene tan escasa representación en su literatura.

Y cuando la tiene es ofrecido casi siempre como una maldición, como un daño, como el mal necesitado del exorcismo. Ocurrió a muchos y no sólo a Campos, por eso, seguramente, se recurre a símiles de la literatura venezolana que el escritor Miguel Ángel Campos recuerda y ha hecho suyos: la parada fantasmal que en la costa del lago de Maracaibo hace el camionero de la novela de Salvador Garmendia; las migraciones de parentelas que ocurren en la literatura de Armas Alfonso; el delta soñado por José Balza en contraste con la ciudad; el sueño pesadillesco con una ave o reptil como en los cuentos de Díaz Solís.

Se está tratando de crear un espacio, de habitar un lugar de la imaginación. Es el esfuerzo constante de la literatura venezolana por crear un espacio, un espacio literario.

Sitio habitable por las palabras. Instalado en Maracaibo desde 1969 Miguel Ángel ha hecho suya la ciudad y la propone como mito en su libro La ciudad velada (2001), antecedente directo del presente Incredulidad. Mito, por una parte opuesto al imperio del mito centralista metropolitano de Caracas y por otro, mito particular de la sustancia de una ciudad misma que pretende entender por la vía tanto del mito urbano como de sus personajes pintorescos: el fraude de la idea de la cultura urbana en Venezuela, la ilusión del marquesado de Perijá, los dogmas de la refinada educación jesuítica. Desacraliza las creencias maracuchas xenófobas tanto como las creencias venezolanas actuales y del pasado reciente. De ahí, acaso, la incredulidad. Pero hay dolor en descreer y el libro, además de sus diversos temas coincidente, es la historia del doloroso proceso de tratar de entender y no confiarse en las apariencias.

Las tres cuartas partes restantes del libro están dedicadas a trabajos literarios que en general van a disentir también de las creencias literarias del país. En la apuesta sobre quién inicia la modernidad novelística en el país, contra la opinión generalizada y el culto, señala a Mariño Palacio y no a Guillermo Meneses. A ambos dedica sendos trabajos. Acepta la índole profética de los ensayos literarios, pictóricos y nacionalistas de Úslar Pietri respecto a quien la academia más versada guarda distancia de la creencia de la opinión popular que lo canoniza como el escritor. Recorre la mitología de Felipe Pirela, el espejismo que creó el público y el espejismo literario creado por la novela de José Napoleón Oropeza. Entra en la obra de José Balza contra los prejuicios que lo aíslan, rescata a Miguel Toro Ramírez porque rompe el maniqueísmo idílico nacional frente al decadente extranjero. Aborda a Julio Garmendia y al mitológico Ramos Sucre. Enfrenta la desestimación general de Argenis Rodríguez, por quien siente simpatía en sus negaciones. Julio Miranda y Moreno Villamediana se le presentan más refrescantes.

Y hay que decir que en esta reducida porción del libro el autor está más contento y confiado, menos incrédulo.

Leer a Miguel Ángel Campos es exigente: lo escrito parece una piedra esculpida con mandarria. Duro y fuerte, con una expresión vigorosa que niega y afirma a la vez.

De pronto el razonamiento se resuelve en metáforas (pulsión de lo irrevocable, manantial colapsado, enigmas venturosos). O las acciones se indican en gerundio (una lápida aplastando al estilista, el petróleo agotándose, sangre fundiéndose) que quieren presentar un argumento en contra del lenguaje escrito en línea recta. Lenguaje que entre la retórica y la exaltación evoca mucho más el propósito de crear una lengua experimental, inventada, apta para la urgencia de pensar.

Lucha con la expresión, confrontada permanente con lo que se está exponiendo. Dice un sentir, una incertidumbre que no puede ser razonada por completo así como tampoco expresada por medios convencionales. Si cabe otra comparación, hace pensar en lo que Briceño Guerrero llamaba el "discurso salvaje" con todas sus consecuencias ideológicas. Esta nomenclatura diferente no fue encontrada hace poco por Campos, pues emerge ya en su primer libro La imaginación atrofiada que se impuso limpiamente entre la avalancha de libros con seudónimo llegada al premio de ensayo de la Bienal Picón-Salas de 1991.

En este espacio de tiempo Campos se ha convertido en una solidificada voz a la que la historia del ensayo venezolano contemporáneo tiene que escuchar como fuente segura de autoridad literaria.

Fotografía: El Nacional, Caracas, 22/09/10