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viernes, 28 de febrero de 2014

ESCENAS

EL UNIVERSAL, Caracas, 28 de febrero de 2014
Scorsese por Scorsese
GABRIEL VARGAS-ZAPATA 

En El lobo de Wall Street (The Wolf of Wall Street), Martin Scorsese se convierte en Leonardo DiCaprio, viva encarnación no de un personaje real, tampoco de un director, sino de una obra, o mejor dicho de una filmografía casi incuestionable. Actor y director se funcionan finalmente y se entregan al cine, en este caso, una fiesta, un desfile de drogas y sexo, al que la cámara vuelve arte.
Cercano a sí mismo como nunca, Scorsese construye momentos verdaderamente únicos, no tienen que ver con sentimientos o con la belleza de la imagen, tienen que ver con el arte cinematográfico directamente. Posiciones de cámara, encuadres y movimientos que no solo le definen como director (probablemente de los más técnicos de su generación), forman parte además de una narración sólida que, sin dejar a lo visual toda la carga, confía en ella buena parte de los asuntos narrativos y lo hace con la soltura que solo el peso de los años otorga.
Pero hablar de El lobo de Wall Street es hablar de Leonardo DiCaprio casi de manera simultánea. El actor sigue la estela de los grandes. El papel le convierte en imprescindible en el éxito del filme. Devora la historia con una energía que quién sabe de dónde sale, con líneas que se vuelven prosa y que desembocan en la miseria de la ambición. Todo a punta de expresión. No hay trucos, es Leonardo en su estado puro, también con la distancia de la experiencia, que viene ahora a catapultarlo a niveles de una perfección simplemente única en el cine. En el fondo, un niño jugando con dinero.
Jonah Hill forma también parte de esa estructura que roza la perfección y que no distingue entre personajes y posiciones de cámaras. Se trata de un todo, un cine total que se compone laboriosamente de todas sus partes. Para nada producto del azar. Hill es en buena medida, el pie de muchas de las mejores intenciones de DiCaprio y sin duda un juguete al que Scorsese ha moldeado a su gusto. Del mismo modo, Cristin Milioti y Margot Robbie en el apartado femenino.
Ocurre también que Scorsese es incapaz de resumir su historia y optimizar el tiempo; aunque son evidentes los esfuerzos realizados a nivel de montaje, particularmente meticuloso y equilibrado. Por otra parte, más allá de cuatro o cinco personajes, el resto son solo sombras que contribuyen a que la historia parezca incluso más larga de lo que es. Es verdad que ningún plano tiene desperdicio, una vez vista la película, pero la historia grita desesperadamente ser recortada por alguna parte. Y no es que me haya parecido aburrida, solo que es demasiado tiempo para tan pronta historia.
Scorsese, en un acto creativo de lo más postmoderno, construye uno de sus testimonios cinematográficos más interesantes de su filmografía. El lobo de Wall Street, no solo es una especie de mirada hacía la vida de Jordan Belfort, personaje absoluto que va más allá de la película, gracias al trabajo de DiCaprio; es también el punto de encuentro entre sus películas más importantes y es también una mirada hacía sí mismo, probablemente una reflexión sobre lo que con los años, se han convertido en mañas y trucos. Vuelta a su cine más insigne, una mezcla entre Toro Salvaje (1980) y Casino (1995), quizá muy dependiente de su propia obra pero solvente y llena de fuerza, que al mismo tiempo parece gritar aquello que León Tolstói ya afirmó hacia finales del XIX: "Todas las familias felices se parecen, pero las desgraciadas los son cada cual a su manera".

Breve nota LB: Nos aburrió y tanto, que la vimos en dos o tres noches. Sin embargo, hay escenas estupendas. Una de ellas, cuando ingieren una fuerte droga de efectos retardados que los hace arrastrarse al piso. Así, nos remitió a la poderosa intuición de Emilio Lovera y otros, en relación a los famosos "Waperó" de la Radio Rochela.


viernes, 23 de septiembre de 2011

YORCH JARRISON


EL NACIONAL - MARTES 20 DE SEPTIEMBRE DE 2011 ESCENAS/2
CINE La viuda del cantante presentó la cinta
Martin Scorsese redescubre a George Harrison
El documental Living in the Material World relata la constante búsqueda de la paz interior por parte del ex beatle
SAN SEBASTIÁN EFE

Desde el principio se dio cuenta de que los Beatles no le darían la satisfacción definitiva, afirmó Olivia Harrison, la viuda del músico
Martin Scorsese presentó en el Festival de Cine de San Sebastián Living in the Material World, un documental de tres horas y media que relata la discreción de la que hizo gala George Harrison en su infatigable búsqueda de la paz interior.

El trabajo de Scorsese trata de responder si se podía ser un actor secundario en la banda más popular de la historia de la música. "Desde el principio, en la cima del éxito, se dio cuenta de que los Beatles no le darían la satisfacción definitiva", asegura su viuda, Olivia Harrison, una de las voces que el director de Taxi Driver utiliza para componer un espléndido mosaico de teselas célebres y hechos de sobra conocidos que, en cambio, alumbran una verdad distinta y novedosa sobre Harrison.

Mientras Paul McCartney y John Lennon hablaban del ayer, de dejarlo estar o de imaginar un mundo sin posesiones, Harrison se dejaba seducir por la simpleza de ese "aquí está el sol" o "algo en la manera en que ella se mueve", con lo que mostraba una intensa sensibilidad por lo mínimo y abría un espacio para la percepción silenciosa.

"George siempre decía: Si quieres saber algo sobre mí, escucha mi música", relató en una entrevista su viuda, Olivia Harrison, que viajó a San Sebastián para presentar el documental. Y así el que introdujo a los Beatles en las prácticas del gurú Maharishi, que pagó de su propio bolsillo La vida de Brian de los Monty Python y desempeñó todas las tareas del hogar en su palacio Friar Park se desvela como una epifanía para el neófito y una reinterpretación fascinante para el experto.

"Feliz no es la palabra que representa mi estado, pero sí me satisface ver que la esencia de George está en la película. Sientes que estás con él mientras la ves, en sus tiempos felices y difíciles, en los más oscuros y los más luminosos", agregó.

Después de repasar las vidas de Bob Dylan o los Rolling Stones, Scorsese se pliega de forma apasionada y minuciosa al poder de fascinación, de reflexión y de tormento que Harrison genera, de esa "defensa de la paz y defensa de la ira" que era capaz de articular, así como a la calidad musical exquisita de su obra, a veces mucho más allá de los parámetros pop.

"Era alguien que jugaba en otra liga", dice de él Jane Birkin, mientras que Eric Clapton, que le robó a su mujer Pattie Boyd, lo definía como un auténtico innovador. Pero quizá lo más deslumbrante era su capacidad para quemar etapas en busca de satisfacción. "Era un reto vivir con él, porque tenía el don de sacarte de tu zona de confort para obligarte a mirarte a ti mismo de verdad. Era una manera a veces bonita, a veces dolorosa, de enfrentarte a tus propios límites, y creo que eso es importante para seguir creciendo", indicó Olivia Harrison.