Petróleo y estigmatización
Luis Barragán
En materia petrolera, el régimen ha hecho el contra-milagro de quebrar la industria, faltándole imaginación para inculpar al tal imperio, a la oposición y a los propios venezolanos sumergidos en la espantosa perplejidad que reporta la noticia, luego de la terca, enfermiza y engañosa publicidad que nos dijo y aseguró, nada más y nada menos, que somos y seremos una potencia. Bastará con constatar la crisis humanitaria que padecemos, ya sin las libertades necesarias para desmentir la prédica obsesiva del socialismo demoledor.
Lo curioso es que todas las publicaciones oficiales relacionadas con la materia, insisten en el pretendido desenmascaramiento de las políticas entreguistas del pasado, las que precisamente hicieron de PDVSA una de las transnacionales más poderosas, rentables, eficaces y, en definitiva, competitivas del planeta. Y es que, con todas sus fallas y errores, distorsiones y equívocos, nunca supo de la situación en la que hoy se encuentra, prohibida cualquier indagación por más parlamentaria que sea.
Lejos de descalificar o demeritar al autor, recientemente leímos un par de ensayos de Carlos Mendoza Pottellá que corroboran nuestra convicción: “Vigencia del nacionalismo petrolero” (El Perro y la Rana, Caracas, 2016), pues, parte de una terca premisa moral: la arraigada deshonestidad de los viejos ejecutivos y políticos relacionados con el petróleo que, simplemente, lo subastaron y entregaron a la voracidad de los intereses transnacionales completamente ajenos al país. Por supuesto, acentuando los preceptos políticos, prefería la más completa estatización del negocio y maximización a todo trance de la renta, aportando páginas harto interesantes sobre determinados aspectos técnicos, pero siempre predispuesto frente a la “ideología empresarial”.
Por casualidad, semanas atrás, descubrimos y registramos un viejo artículo de Gustavo Coronel (http://lbarragan.blogspot.com/2017/10/tinta-petrolera.html), distinguiendo entre los beneficios efectivos que conquistó el país, más allá del Estado-Nacional. Útil y necesaria distinción, importante para una relación de complementariedad, mientras avanza la globalización orientada a un impredecible reacomodo de los factores, que clama por una modernización del discurso, sentimos, más que las trampas de la post-modernidad, como escribió Mendoza Pottellá en 1998, que somos víctimas de un sorprendente asalto a la premodernidad.
A través de sus publicaciones oficiales, es nuestro convencimiento, la actual dictadura insiste en los ya remotos enfoques en el campo petrolero, cuestionando la integridad ética de toda la dirigencia que llevó adelante una política exitosa, procurando neutralizar la crítica al monumental fracaso del siglo XXI, e – intimidándolo – estigmatizar a todo crítico que se atreva a la más modesta denuncia y reflexión. Por ello, ni siquiera sabemos de una respuesta sobria, fundada y coherente que se haya dado, por ejemplo, al informe suscrito por el entonces presidente de la Comisión de Contraloría de la Asamblea Nacional sobre PDVSA, diputado Freddy Guevara, a finales de 2016, que no la es la ridícula demanda que supuestamente interpuso Rafael Ramírez, como tampoco se dice del actual poder petrolero interno, representado por ejecutivos aventajados por el anonimato, que deja demasiado atrás a la tecnocracia, por lo demás, públicamente conocida, que tanto le satisfizo desterrar Chávez Frías, comprometiendo el futuro mismo de la industria.
Pieza: Rolando Peña.
06/11/2017:
http://www.noticierodigital.com/2017/11/luis-barragan-petroleo-y-estigmatizacion http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=86371 https://actualidadvenezuela.org/2017/11/06/luis-barragan-petroleo-y-estigmatizacion/ http://www.ventevenezuela.org/petroleo-estigmatizacion-luis-barragan http://venezuela.shafaqna.com/ES/VE/1124366
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sábado, 4 de noviembre de 2017
jueves, 22 de septiembre de 2016
HOW BAD OFF IS OIL-RICH VENEZUELA?
América Latina
El demoledor artículo de The New York Times sobre la política petrolera del chavismo
El periódico The New York Times publicó un detallado artículo que retrata el descalabro en el que está sumida la producción de petróleo en Venezuela luego de años de gestión chavista, la miseria de sus trabajadores y el efecto que tendría su colapso en el mercado mundial.
Pese a que el país sudamericano es uno de los Estados que cuentan con las mayores reservas de hidrocarburos en el mundo y su economía tiene una fuerte dependencia de su producción, la actividad de la estatal Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) disminuyó notoriamente en los últimos años y el país ha tenido que pedir ayuda a quien, en el discurso chavista, es su mayor enemigo: Estados Unidos.
"PDVSA está en el piso ahora", resumió Luis Centeno, líder gremial de los trabajadores petroleros. El jefe sindical denunció que los empleados hasta dejaron de recibir elementos de seguridad, como botas, cascos y guantes.
La empresa, nacionalizada tras la nueva Constitución impulsada por Hugo Chávez en 1999, está ahogada en deudas. Según destacó el diario, dos tercios de sus exportaciones están destinadas a pagar compromisos asumidos por el régimen (en su mayoría, con China) y se están agotando los recursos para pagar a técnicos internacionales o a sus propios empleados.
El medio estadounidense entrevistó también a trabajadores que viven la crisis en carne propia. Claudio Lezama, quien forma parte de la empresa desde hace ocho años, indicó que ha perdido 25 kilos en los últimos meses, ya que el sueldo sólo le alcanza para comer una vez al día. "Estamos trabajando prácticamente gratis", remató Pedro Velásquez, supervisor de una planta en Punta de Mata.
El artículo, escrito por los periodistas Nicholas Casey desde Venezuela y Clifford Krauss desde Houston, indicó que la industria petrolera "es tal vez el capítulo más urgente de la crisis económica del país", pero las enormes ganancias "se evaporaron por el mal manejo y la caída del precio del petróleo".
La publicación destacó una queja presentada por un grupo de trabajadores que detalla una serie de derrames producidos desde 2012 por falta de mantenimiento en la costosa infraestructura, ahora abandonada, lo que ha generado incluso problemas de salud en las comunidades cercanas. "Todo fue ocultado. Estamos extremadamente molestos porque nadie ha hecho nada para detener este desastre", afirmaron en el documento.
El colmo del abandono es cuando toda la producción de una planta es paralizada por semanas cuando falta una única pieza de equipamiento, según los autores.
La crisis obligó a Venezuela a importar hidrocarburos desde Estados Unidos para complementar su producción. "Los llaman imperio, sin embargo les están comprando petróleo", ironizó Centeno. "¿Qué tan mal está Venezuela, rica en petróleo? Le está comprando a EEUU", sintetizaron en el título del reportaje los autores, que destacaron que, aunque el recurso natural siempre fue esencial para la identidad y soberanía nacional, el aporte de norteamericano se convirtió en una parte vital de la producción.
A su vez, el artículo manifiesta la preocupación de los mercados mundiales por el posible colapso de PDVSA, cuyas deudas sumarían USD 25 mil millones. Los autores recuerdan lo ocurrido en 2002, cuando una huelga en contra de las reformas del caudillo bolivariano paralizó la producción y el precio del crudo tuvo un salto del 30 por ciento.
"Este país está literalmente implosionando", remarcó Helima Croft, especialista en commodities del Royal Bank de Canadá. "Actualmente, no hay ningún productor de petróleo que esté cayendo tan dramáticamente como Venezuela", agregó Croft.
Fuente:
http://www.infobae.com/america/america-latina/2016/09/21/el-demoledor-articulo-de-the-new-york-times-sobre-la-politica-petrolera-del-chavismo /
Cfr.
http://www.nytimes.com/2016/09/21/world/americas/venezuela-oil-economy.html?_r=0
El demoledor artículo de The New York Times sobre la política petrolera del chavismo
El periódico The New York Times publicó un detallado artículo que retrata el descalabro en el que está sumida la producción de petróleo en Venezuela luego de años de gestión chavista, la miseria de sus trabajadores y el efecto que tendría su colapso en el mercado mundial.
Pese a que el país sudamericano es uno de los Estados que cuentan con las mayores reservas de hidrocarburos en el mundo y su economía tiene una fuerte dependencia de su producción, la actividad de la estatal Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) disminuyó notoriamente en los últimos años y el país ha tenido que pedir ayuda a quien, en el discurso chavista, es su mayor enemigo: Estados Unidos.
"PDVSA está en el piso ahora", resumió Luis Centeno, líder gremial de los trabajadores petroleros. El jefe sindical denunció que los empleados hasta dejaron de recibir elementos de seguridad, como botas, cascos y guantes.
La empresa, nacionalizada tras la nueva Constitución impulsada por Hugo Chávez en 1999, está ahogada en deudas. Según destacó el diario, dos tercios de sus exportaciones están destinadas a pagar compromisos asumidos por el régimen (en su mayoría, con China) y se están agotando los recursos para pagar a técnicos internacionales o a sus propios empleados.
El medio estadounidense entrevistó también a trabajadores que viven la crisis en carne propia. Claudio Lezama, quien forma parte de la empresa desde hace ocho años, indicó que ha perdido 25 kilos en los últimos meses, ya que el sueldo sólo le alcanza para comer una vez al día. "Estamos trabajando prácticamente gratis", remató Pedro Velásquez, supervisor de una planta en Punta de Mata.
El artículo, escrito por los periodistas Nicholas Casey desde Venezuela y Clifford Krauss desde Houston, indicó que la industria petrolera "es tal vez el capítulo más urgente de la crisis económica del país", pero las enormes ganancias "se evaporaron por el mal manejo y la caída del precio del petróleo".
La publicación destacó una queja presentada por un grupo de trabajadores que detalla una serie de derrames producidos desde 2012 por falta de mantenimiento en la costosa infraestructura, ahora abandonada, lo que ha generado incluso problemas de salud en las comunidades cercanas. "Todo fue ocultado. Estamos extremadamente molestos porque nadie ha hecho nada para detener este desastre", afirmaron en el documento.
El colmo del abandono es cuando toda la producción de una planta es paralizada por semanas cuando falta una única pieza de equipamiento, según los autores.
La crisis obligó a Venezuela a importar hidrocarburos desde Estados Unidos para complementar su producción. "Los llaman imperio, sin embargo les están comprando petróleo", ironizó Centeno. "¿Qué tan mal está Venezuela, rica en petróleo? Le está comprando a EEUU", sintetizaron en el título del reportaje los autores, que destacaron que, aunque el recurso natural siempre fue esencial para la identidad y soberanía nacional, el aporte de norteamericano se convirtió en una parte vital de la producción.
A su vez, el artículo manifiesta la preocupación de los mercados mundiales por el posible colapso de PDVSA, cuyas deudas sumarían USD 25 mil millones. Los autores recuerdan lo ocurrido en 2002, cuando una huelga en contra de las reformas del caudillo bolivariano paralizó la producción y el precio del crudo tuvo un salto del 30 por ciento.
"Este país está literalmente implosionando", remarcó Helima Croft, especialista en commodities del Royal Bank de Canadá. "Actualmente, no hay ningún productor de petróleo que esté cayendo tan dramáticamente como Venezuela", agregó Croft.
Fuente:
http://www.infobae.com/america/america-latina/2016/09/21/el-demoledor-articulo-de-the-new-york-times-sobre-la-politica-petrolera-del-chavismo /
Cfr.
http://www.nytimes.com/2016/09/21/world/americas/venezuela-oil-economy.html?_r=0
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domingo, 3 de julio de 2016
LA OTRA VENEZUELA

Venezuela, políticos y petróleo
Luis Barragán
El sábado próximo pasado, nos
correspondió intervenir en el Foro Centenario correspondiente a la relación de
Rafael Caldera con Rómulo Betancourt. Dijimos, menudo compromiso en el que nos
colocó Sara Lizarraga, pues, no estaba previsto, después de las extraordinarias
y brillantes intervenciones de Gehard Cartay y Carlos Canache Mata.
De una larga experiencia política
y parlamentaria, ellos dictaron toda una cátedra de historia contemporánea que
le agradecemos inmensamente, incluyendo un anecdotario inédito que mantuvo
atenta a una audiencia a la que no le bastó las más de cuatro horas de un
evento originalmente pautado – a lo sumo – para hora y media. Cumplido un periplo de las esenciales
coincidencias y también discrepancias, confirmamos la bondad de una complementación
histórica en la que ambas personalidades, fuertes, recias y también prudentes,
auspiciaron la ruptura con una tradición de guerras y escaramuzas civiles que
abarca un poco más de 150 años de vida republicana. No obstante,
inelegantemente, nos permitimos acentuar un aspecto de nuestra modesta
participación.
Nos referimos a la posibilidad
cierta para una Política Petrolera de
Estado que, con todos sus matices, desembocó en la exitosa nacionalización y la
creación de una empresa que, como PDVSA, se hizo realmente competitiva en los
mercados internacionales. Todo esto, fácil de constatar, hasta que llegó el
fenómeno que provisionalmente se ha dado en llamar el chavismo, suerte de OVNI
deslumbrante del que ya sabemos sus nefastas consecuencias.
Específicamente, aludimos a la
generación de un sector dirigencial convincentemente preocupado por la materia, pues, por una parte, la política
petrolera en la que confluyeron y ayudaron a perfeccionar Caldera y Betancourt,
apuntó a la creación, estabilidad, respeto e independencia de sendos cuadros
técnicos y gerenciales que le dieron empuje y reconocimiento a la naciente
industria nacionalizada. Y, por otra, alentaron por siempre, afianzando una
sana división del trabajo partidista, a cuadros políticos, integrantes de las
direcciones partidistas y parlamentarias, especializados en un tema tan
complejo y, así, el país tuvo por
referentes a Humberto Calderón Berti, Arturo Hernández Grisanti, Leonardo
Montiel Ortega, Alvaro Silva Calderón, entre otros que ejercían una sobria,
informada y responsable vocería: un fenómeno que irradió desde COPEI y AD para
un modo hoy extraño – hoy - de hacer
política.
Ya sabemos lo ocurrido en el
siglo XXI, siquitrillada la industria petrolera y, respecto a los partidos, una
tribuna que les fue indispensable. Huelgan los comentarios, aunque – acentuamos
- requerimos de la renovada participación de los políticos en una materia que
supieron conducir Caldera y Betancourt, con todos sus bemoles.
Fuentes:
Fuentes:
04/07/2016
domingo, 17 de agosto de 2014
AVISO
Llamado petrolero
Ox Armand
Hay materias muy especializadas, aunque por serlas no significa que la gente común pueda dar una opinión valedera sobre los problemas que las explican. El pretendido aumento de la gasolina y la no menos pretendida venta de Citgo nos impone de una complejidad de asuntos que jamás impedirán que ensayemos e implementemos la solución más sensata, básica, elemental, sustancial: aumentar o no, vender o no. Claro está, los expertos orientan, precisan, aclaran, detallan sobre las operaciones y riesgos que comportan o, mejor, sus consecuencias previsibles. Pero, además del problemón que significa el par de decisiones pendientes, tenemos otros: los expertos confiables, reconocidos, acreditados y, agregaríamos, hasta representativos, escasean. Uno de los milagros de Midas que hemos tenido a lo largo y ancho de quince años, es que el elenco notable de esos especialistas quebró. Me refiero a los que contribuyen a eso que llaman la opinión pública o lo que siguen llamándose partidos políticos. Con las rigurosas excepciones, los “petrólogos”, dedicados exclusivamente al tema y ampliamente conocidos, cuyas actividades y convicciones ideológicas generan cierta fe en lo que dicen, ya no están al frente de las empresas, atrevidos a asomar sus diferencias, ni en las direcciones partidistas y, menos, sentados en el parlamento. Golpeadas tan duramente las instituciones republicanas o las nociones que están asociadas a ellas, quedan los estudiosos de toda cosa que la necesidad obliga, como al principiar el siglo XX, abiertamente subestimados y desechados por los clanes de opinión y políticos, pues se impuso el “como vaya viniendo, vamos viendo”. Esa necesaria sociología política del último siglo que tanta falta hace, por lo menos en los cursos universitarios que arrojen sendas tesis, útiles y valederas, anuncia algunas características del anterior debate petrolero venezolano. Nombres como los de Rómulo Betancourt, Arturo Uslar Pietri, Radamés Larrazábal, Eduardo Acosta Hermoso, Aníbal R. Martínez, Manuel Pérez Guerrero, Domingo Alberto Rangel, Rafael Tudela, Alberto Quirós Corradi, Ezequiel Monsalve Casado, Domingo Maza Zavala, entre otros, eran referentes en la materia, aunque más voluntaria que involuntariamente, necesitando de interlocutores, auspiciaron con el debate mismo la aparición de grandes especialistas que inexorablemente ocuparon grandes responsabilidades de Estado en el área, partiendo de las páginas de opinión, la gerencia privada o las jefaturas partidistas. A pepa de ojo, citamos a Hugo Pérez La Salvia, Rafael Alfonzo Ravard, Valentín Hernández, Andrés Sosa Pietri, Arturo Hernández Grisanti, Celestino Armas, Humberto Calderón Berti, Ignacio Moreno León, y habría que añadir la sucesión, con la denominada V República, de Alí Rodríguez Araque, Alvaro Silva Calderón, quedando en el tintero Bernardo Alvarez, José Rafael Zanoni o David Paravisini, a favor de alguien del que no se sabía en la discusión pública como experto en petróleo: Rafael Ramírez.
Toda esta perorata me parece necesaria, porque subir la gasolina no es cosa fácil ni vender Citgo tampoco, convencido como estoy que moralmente este gobierno no tiene autoridad alguna en una materia u otra. Esta sola convicción me permite calificarlo de vende-patria, pero ando ocupado en mis cosas y para perfeccionar esa convicción que tengo, busco la opinión de los especialistas o expertos de cada acera. Consigo es la campaña propagandística del gobierno por doquier y muy poco de la oposición. Ya dije, hay una realidad en términos de la sociología política actual. Pero ella merece remediarse. Injustamente olvidado por Chávez Frías y Maduro en todos estos años, Paravisini, el mismo que en los noventa fustigaba con argumentos la política petrolera de Caldera II, tratando de promoverse así sea tardíamente, dice en La Razón (17/08/14) que Citgo es un mal negocio, derrumbado por la corrupción desde sus orígenes, a pesar de reconocer que tiene un margen de ganancias, y nadie quiere comprarla. Y propone que se debata en televisión lo de la gasolina. Vale decir, con el monólogo de una cadena presidencial. Ahora bien, mi llamado petrolero (si se puede catalogar así), es que alguien diga, con cierta autoridad, si es mal o buen negocio, por no mencionar que, vivo, Calderón Berti (por citar un ejemplo), debe decirnos algo al respecto. Y, si no lo hace, los integrantes de la comisión de los asuntos petroleros de la Asamblea Nacional. Que en ésta haya integrantes no expertos, arbitrariamente destinados a esa Comisión, bueno, hay que echar pa’lante y asesorarse bien y decir algo (¡por favor!) con cifras en mano. Mis convicciones necesitan de respaldo y las que dan los publicistas del régimen no logran cambiarlas. Así que espero, pues.
Ox Armand
Hay materias muy especializadas, aunque por serlas no significa que la gente común pueda dar una opinión valedera sobre los problemas que las explican. El pretendido aumento de la gasolina y la no menos pretendida venta de Citgo nos impone de una complejidad de asuntos que jamás impedirán que ensayemos e implementemos la solución más sensata, básica, elemental, sustancial: aumentar o no, vender o no. Claro está, los expertos orientan, precisan, aclaran, detallan sobre las operaciones y riesgos que comportan o, mejor, sus consecuencias previsibles. Pero, además del problemón que significa el par de decisiones pendientes, tenemos otros: los expertos confiables, reconocidos, acreditados y, agregaríamos, hasta representativos, escasean. Uno de los milagros de Midas que hemos tenido a lo largo y ancho de quince años, es que el elenco notable de esos especialistas quebró. Me refiero a los que contribuyen a eso que llaman la opinión pública o lo que siguen llamándose partidos políticos. Con las rigurosas excepciones, los “petrólogos”, dedicados exclusivamente al tema y ampliamente conocidos, cuyas actividades y convicciones ideológicas generan cierta fe en lo que dicen, ya no están al frente de las empresas, atrevidos a asomar sus diferencias, ni en las direcciones partidistas y, menos, sentados en el parlamento. Golpeadas tan duramente las instituciones republicanas o las nociones que están asociadas a ellas, quedan los estudiosos de toda cosa que la necesidad obliga, como al principiar el siglo XX, abiertamente subestimados y desechados por los clanes de opinión y políticos, pues se impuso el “como vaya viniendo, vamos viendo”. Esa necesaria sociología política del último siglo que tanta falta hace, por lo menos en los cursos universitarios que arrojen sendas tesis, útiles y valederas, anuncia algunas características del anterior debate petrolero venezolano. Nombres como los de Rómulo Betancourt, Arturo Uslar Pietri, Radamés Larrazábal, Eduardo Acosta Hermoso, Aníbal R. Martínez, Manuel Pérez Guerrero, Domingo Alberto Rangel, Rafael Tudela, Alberto Quirós Corradi, Ezequiel Monsalve Casado, Domingo Maza Zavala, entre otros, eran referentes en la materia, aunque más voluntaria que involuntariamente, necesitando de interlocutores, auspiciaron con el debate mismo la aparición de grandes especialistas que inexorablemente ocuparon grandes responsabilidades de Estado en el área, partiendo de las páginas de opinión, la gerencia privada o las jefaturas partidistas. A pepa de ojo, citamos a Hugo Pérez La Salvia, Rafael Alfonzo Ravard, Valentín Hernández, Andrés Sosa Pietri, Arturo Hernández Grisanti, Celestino Armas, Humberto Calderón Berti, Ignacio Moreno León, y habría que añadir la sucesión, con la denominada V República, de Alí Rodríguez Araque, Alvaro Silva Calderón, quedando en el tintero Bernardo Alvarez, José Rafael Zanoni o David Paravisini, a favor de alguien del que no se sabía en la discusión pública como experto en petróleo: Rafael Ramírez.
Toda esta perorata me parece necesaria, porque subir la gasolina no es cosa fácil ni vender Citgo tampoco, convencido como estoy que moralmente este gobierno no tiene autoridad alguna en una materia u otra. Esta sola convicción me permite calificarlo de vende-patria, pero ando ocupado en mis cosas y para perfeccionar esa convicción que tengo, busco la opinión de los especialistas o expertos de cada acera. Consigo es la campaña propagandística del gobierno por doquier y muy poco de la oposición. Ya dije, hay una realidad en términos de la sociología política actual. Pero ella merece remediarse. Injustamente olvidado por Chávez Frías y Maduro en todos estos años, Paravisini, el mismo que en los noventa fustigaba con argumentos la política petrolera de Caldera II, tratando de promoverse así sea tardíamente, dice en La Razón (17/08/14) que Citgo es un mal negocio, derrumbado por la corrupción desde sus orígenes, a pesar de reconocer que tiene un margen de ganancias, y nadie quiere comprarla. Y propone que se debata en televisión lo de la gasolina. Vale decir, con el monólogo de una cadena presidencial. Ahora bien, mi llamado petrolero (si se puede catalogar así), es que alguien diga, con cierta autoridad, si es mal o buen negocio, por no mencionar que, vivo, Calderón Berti (por citar un ejemplo), debe decirnos algo al respecto. Y, si no lo hace, los integrantes de la comisión de los asuntos petroleros de la Asamblea Nacional. Que en ésta haya integrantes no expertos, arbitrariamente destinados a esa Comisión, bueno, hay que echar pa’lante y asesorarse bien y decir algo (¡por favor!) con cifras en mano. Mis convicciones necesitan de respaldo y las que dan los publicistas del régimen no logran cambiarlas. Así que espero, pues.
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lunes, 15 de julio de 2013
NOTICIERO RETROSPECTIVO
- Carlos Vaz Ferreira. "La tragedia de la democracia". Billiken, Caracas, nr. 914 del 15/05/1940.
- José M. Castañón. "La Rotunda". El Nacional, Caracas, 14/07/86.
- Luis Herrera Campíns. "La nueva dependencia es vieja". El Nacional, 29/04/77.
- Carlos Canache Mata. "Historia de los derechos humanos". El Nacional, 12/07/86.
- Orlando Araujo. "La política petrolera de Betancourt". Qué Pasa en Venezuela, Caracas, 04/04/64.
Fotografía: Reportaje que habla de un cabildo abierto del candidato presidencial: cinco horas para responder a 179 preguntas, con 1033 amas de casa de diferentes clases sociales. Élite, Caracas, nr. 1981 del 14/09/1963.
Breve nota LB: Frecuentemente se habla, como si el pasado fuese manifestación de un plan matemática y malévolamente desarrollado, de las sucesiones presidenciales, incluso, con un menor esfuerzo de los pretendientes. Empero, el más modesto vistazo histórico revela que todo podía suceder, aún las situaciones más asombrosas (de hecho, aconteció en las postrimerías del siglo XX). Por consiguiente, por muchos acuerdos que suscitaran las aspiraciones hasta decantarse, había que ganar terreno palmo a palmo, sin flaquear.
- José M. Castañón. "La Rotunda". El Nacional, Caracas, 14/07/86.
- Luis Herrera Campíns. "La nueva dependencia es vieja". El Nacional, 29/04/77.
- Carlos Canache Mata. "Historia de los derechos humanos". El Nacional, 12/07/86.
- Orlando Araujo. "La política petrolera de Betancourt". Qué Pasa en Venezuela, Caracas, 04/04/64.
Fotografía: Reportaje que habla de un cabildo abierto del candidato presidencial: cinco horas para responder a 179 preguntas, con 1033 amas de casa de diferentes clases sociales. Élite, Caracas, nr. 1981 del 14/09/1963.
Breve nota LB: Frecuentemente se habla, como si el pasado fuese manifestación de un plan matemática y malévolamente desarrollado, de las sucesiones presidenciales, incluso, con un menor esfuerzo de los pretendientes. Empero, el más modesto vistazo histórico revela que todo podía suceder, aún las situaciones más asombrosas (de hecho, aconteció en las postrimerías del siglo XX). Por consiguiente, por muchos acuerdos que suscitaran las aspiraciones hasta decantarse, había que ganar terreno palmo a palmo, sin flaquear.
martes, 19 de junio de 2012
FALSARIOS
Sol de Margarita, Caracas, 19 de Junio de 2012
Rostros del reverso
Falsa independencia
Hay muchos ejemplos más de la verdadera independencia de la política venezolana. Hoy la dependencia nacional del petróleo solo se compara con la de los tiempos de Gómez.
Fausto Masó
Chávez se presenta como un adversario a tiempo completo de Estados Unidos y el mundo occidental. Por lo menos retóricamente muestra constantemente su alegría por la crisis de los países europeos y los fracasos de la política exterior de Washington, mientras el imperio que sin duda se alegraría de verlo fuera de Miraflores no prepara ninguna operación militar semejante a la que organizó contra Cuba en abril de 1961, solo que Chávez celebra una crisis de nuestros clientes, que está provocando ya una caída dramática de la economía venezolana.
Al mismo tiempo, desde Miraflores se repite que los sucesivos gobiernos venezolanos acataron servilmente todas las órdenes de Estados Unidos, que siguieron una política petrolera que nunca se enfrentó a los deseos estadounidenses. Quizá esto sea más exacto aplicado al dictador Gómez, el cual de todas maneras contaba con una excusa válida para cortejar las inversiones extranjeras: Venezuela no contaba con recursos y capacidad técnica para desarrollar su industria, lo más que estaba a su alcance era buscar multinacionales que compitieran una con la otra para colocar a Caracas en la posición de complacer más a una que otra. Algo parecido a la actitud hace 20 años de Pdvsa frente a la faja petrolífera del Orinoco.
Sin embargo, una vez terminada la dictadura de Gómez, Venezuela presionó para aumentar su participación en los beneficios petroleros que mejoraron sustancialmente entre 1940 y 1948, lo que permitió a Pérez Jiménez una bonanza para el país y financiar sus grandes obras.
Más tarde, Rómulo Betancourt y Pérez Alfonso impulsaron lo que ha sido el desafío mayor de los países subdesarrollados a Estados Unidos y Europa, la creación de la OPEP, porque la OPEP buscaba una alianza contra los intereses de los consumidores, es decir, del mundo occidental, y logró pronto aumentos significativos de los ingresos, Venezuela alcanzó una participación cercana a 80 y 90% de los ingresos.
En la guerra de las Malvinas, Luis Herrera Campíns apoyó con armas, suministrando cohetes y repuestos al Gobierno argentino, a pesar de que políticamente se oponía a la dictadura militar. Carlos Andrés Pérez y Caldera desarrollaron una política exterior en Centroamérica que aisló y terminó derrocando a un gran aliado y amigo de Estados Unidos, la dictadura nicaragüense. La doctrina Betancourt que en los años sesenta no contaba con apoyo internacional se volvió política mundial, el rechazo y aislamiento de las dictaduras hoy se aplica en África y en América Latina fue uno de los factores que salvó a Chávez el 11 de abril. Ningún presidente venezolano ha mantenido una posición más firme que Jaime Lusinchi frente a Colombia. Cuando en una crisis con Álvaro Uribe Chávez movilizó tropas hacia la frontera, Bogotá no le concedió ninguna importancia. En la crisis de la corbeta Caldas, el gobierno vecino retrocedió, sacó la corbeta del lago de Maracaibo porque se convenció de la firmeza de Jaime Lusinchi, de que realmente las fuerzas venezolanas hundirían el Caldas. Carlos Andrés Pérez se enfrentó políticamente a la dictadura de Fujimori, Luis Herrera y los distintos presidentes democráticos apoyaron militantemente a los enemigos de Pinochet.
Hay muchos ejemplos más de la verdadera independencia de la política venezolana. Hoy la dependencia nacional del petróleo solo se compara con la de los tiempos de Gómez. Chávez cree que China y Rusia lo respaldan realmente, supone que vivimos todavía en los tiempos de la guerra fría, ignora que el principal cliente de China es Estados Unidos y que desde hace buen tiempo el mundo es multipolar. No comprende que la política exterior venezolana perseguía fortalecer un eje andino y de los países del Pacífico para crear un equilibrio geopolítico frente a dos gigantes: Brasil y Estados Unidos.
Venezuela sin instituciones es totalmente dependiente de la voluntad de un hombre, Chávez, de los recursos del petróleo y del ejército nacional, nuestra política exterior carece de la sutileza de la de Brasil, que reconoce la necesidad de aliarse con Estados Unidos, o con los países del BRIC, según la conveniencia nacional, es decir, es independiente, y ha desarrollado una economía que sí sustenta realmente esa independencia, en lo que cabe en un mundo globalizado.
Fotografía: Horacio Coppola
Rostros del reverso
Falsa independencia
Hay muchos ejemplos más de la verdadera independencia de la política venezolana. Hoy la dependencia nacional del petróleo solo se compara con la de los tiempos de Gómez.
Fausto Masó
Chávez se presenta como un adversario a tiempo completo de Estados Unidos y el mundo occidental. Por lo menos retóricamente muestra constantemente su alegría por la crisis de los países europeos y los fracasos de la política exterior de Washington, mientras el imperio que sin duda se alegraría de verlo fuera de Miraflores no prepara ninguna operación militar semejante a la que organizó contra Cuba en abril de 1961, solo que Chávez celebra una crisis de nuestros clientes, que está provocando ya una caída dramática de la economía venezolana.
Al mismo tiempo, desde Miraflores se repite que los sucesivos gobiernos venezolanos acataron servilmente todas las órdenes de Estados Unidos, que siguieron una política petrolera que nunca se enfrentó a los deseos estadounidenses. Quizá esto sea más exacto aplicado al dictador Gómez, el cual de todas maneras contaba con una excusa válida para cortejar las inversiones extranjeras: Venezuela no contaba con recursos y capacidad técnica para desarrollar su industria, lo más que estaba a su alcance era buscar multinacionales que compitieran una con la otra para colocar a Caracas en la posición de complacer más a una que otra. Algo parecido a la actitud hace 20 años de Pdvsa frente a la faja petrolífera del Orinoco.
Sin embargo, una vez terminada la dictadura de Gómez, Venezuela presionó para aumentar su participación en los beneficios petroleros que mejoraron sustancialmente entre 1940 y 1948, lo que permitió a Pérez Jiménez una bonanza para el país y financiar sus grandes obras.
Más tarde, Rómulo Betancourt y Pérez Alfonso impulsaron lo que ha sido el desafío mayor de los países subdesarrollados a Estados Unidos y Europa, la creación de la OPEP, porque la OPEP buscaba una alianza contra los intereses de los consumidores, es decir, del mundo occidental, y logró pronto aumentos significativos de los ingresos, Venezuela alcanzó una participación cercana a 80 y 90% de los ingresos.
En la guerra de las Malvinas, Luis Herrera Campíns apoyó con armas, suministrando cohetes y repuestos al Gobierno argentino, a pesar de que políticamente se oponía a la dictadura militar. Carlos Andrés Pérez y Caldera desarrollaron una política exterior en Centroamérica que aisló y terminó derrocando a un gran aliado y amigo de Estados Unidos, la dictadura nicaragüense. La doctrina Betancourt que en los años sesenta no contaba con apoyo internacional se volvió política mundial, el rechazo y aislamiento de las dictaduras hoy se aplica en África y en América Latina fue uno de los factores que salvó a Chávez el 11 de abril. Ningún presidente venezolano ha mantenido una posición más firme que Jaime Lusinchi frente a Colombia. Cuando en una crisis con Álvaro Uribe Chávez movilizó tropas hacia la frontera, Bogotá no le concedió ninguna importancia. En la crisis de la corbeta Caldas, el gobierno vecino retrocedió, sacó la corbeta del lago de Maracaibo porque se convenció de la firmeza de Jaime Lusinchi, de que realmente las fuerzas venezolanas hundirían el Caldas. Carlos Andrés Pérez se enfrentó políticamente a la dictadura de Fujimori, Luis Herrera y los distintos presidentes democráticos apoyaron militantemente a los enemigos de Pinochet.
Hay muchos ejemplos más de la verdadera independencia de la política venezolana. Hoy la dependencia nacional del petróleo solo se compara con la de los tiempos de Gómez. Chávez cree que China y Rusia lo respaldan realmente, supone que vivimos todavía en los tiempos de la guerra fría, ignora que el principal cliente de China es Estados Unidos y que desde hace buen tiempo el mundo es multipolar. No comprende que la política exterior venezolana perseguía fortalecer un eje andino y de los países del Pacífico para crear un equilibrio geopolítico frente a dos gigantes: Brasil y Estados Unidos.
Venezuela sin instituciones es totalmente dependiente de la voluntad de un hombre, Chávez, de los recursos del petróleo y del ejército nacional, nuestra política exterior carece de la sutileza de la de Brasil, que reconoce la necesidad de aliarse con Estados Unidos, o con los países del BRIC, según la conveniencia nacional, es decir, es independiente, y ha desarrollado una economía que sí sustenta realmente esa independencia, en lo que cabe en un mundo globalizado.
Fotografía: Horacio Coppola
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Teodoro Petkoff
viernes, 15 de junio de 2012
OXIMORÓN
EL UNIVERSAL, Caracas, 15 de Junio de 2012
La denuncia de Ramírez en la OPEP
¿Qué pasa si el precio del petróleo se viene abajo? ¿De qué tamaño sería el ajuste?
MIGUEL ÁNGEL SANTOS
Rafael Ramírez acudió el pasado miércoles a la OPEP para alertar sobre "la posibilidad de un desplome en la demanda petrolera", que a raíz de la "profunda crisis del sistema capitalista mundial" se ha convertido en "un peligro inminente". He ahí la esencia del sancocho mental: el socialista, reunido con un pequeño grupo de productores, alertándolos sobre la necesidad de recurrir (de nuevo) al mecanismo de mercado, para restringir la oferta y recuperar los precios. ¿Qué es lo que ha alarmado tanto a Ramírez?
En las últimas siete semanas el precio de la cesta de petróleo venezolana ha caído 22 dólares. ¿Qué representa eso? Utilizando los volúmenes de exportación efectivamente cobrados por Pdvsa, si esa caída se mantuviese por espacio de un año, dejaríamos de percibir 11.900 millones de dólares (2,4% del PIB calculado a 4,3 bolívares por dólar). Ahora bien, desde hace años Venezuela mantiene una serie de convenios a través de los cuales envía petróleo a sus aliados políticos en la región en condiciones muy ventajosas. Por cada 100.000 barriles por día de esos convenios dejamos de percibir unos 3.500 millones de dólares al precio actual, o 4.200 millones antes de la caída de precios. Es decir, 300.000 barriles regalados al día representan una pérdida similar, en términos de ingresos, a la que ha producido la caída de precios reciente en el mercado mundial. Venezuela, cortesía de la petrodiplomacia, tiene ya varios años sufriendo pérdidas superiores a las que acudió a denunciar Ramírez a la OPEP.
En el fondo, su desesperación viene también de otra parte. El Gobierno ha venido incurriendo en un desequilibrio fiscal colosal para mantener a flote la candidatura de Chávez. El déficit fiscal de caja está por el orden de 15% del PIB. Ya se tenía decidido que, de repetir el Comandante, sólo una macrodevaluación podría corregir ese desbalance. Ahora, si eso era con el petróleo por encima de 100 dólares: ¿qué pasa si el precio se viene abajo? ¿De qué tamaño sería ese ajuste? A fin de cuentas, ir a hacer lobby en la OPEP y devaluar son las únicas dos estrategias que le quedan a la revolución.
La oposición, por fortuna, tiene muchas más. Entre ellas, sincerar la situación de estos convenios y concertar un cronograma para traerlos de vuelta a precios de mercado. Aun con el hueco que dejaría la revolución, tenemos un amplio abanico de opciones a las que ellos no pueden recurrir. Basta con constatar la evolución del riesgo soberano en la medida en que se hace más evidente la posibilidad de un cambio político. La oposición puede provocar un cambio significativo en las expectativas, que reactive la inversión y el empleo. Puede levantar el control de cambio, y desatar las fuerzas productivas que la revolución ha ido amarrando o anulando en estos catorce años. Puede continuar la estrategia actual de asociarse con privados para acelerar la producción petrolera, pero en condiciones mucho más ventajosas. Esto es importante porque, de alguna forma, se ha ido imponiendo la idea de que nuestra economía sufriría un 2013 terrible si gana la oposición. En realidad, es al revés. Es enfrentar el mismo problema, disponiendo de una batería de soluciones muchísimo mayor.
Fotografía: Benito Esteban, "Oximorón"
La denuncia de Ramírez en la OPEP
¿Qué pasa si el precio del petróleo se viene abajo? ¿De qué tamaño sería el ajuste?
MIGUEL ÁNGEL SANTOS
Rafael Ramírez acudió el pasado miércoles a la OPEP para alertar sobre "la posibilidad de un desplome en la demanda petrolera", que a raíz de la "profunda crisis del sistema capitalista mundial" se ha convertido en "un peligro inminente". He ahí la esencia del sancocho mental: el socialista, reunido con un pequeño grupo de productores, alertándolos sobre la necesidad de recurrir (de nuevo) al mecanismo de mercado, para restringir la oferta y recuperar los precios. ¿Qué es lo que ha alarmado tanto a Ramírez?
En las últimas siete semanas el precio de la cesta de petróleo venezolana ha caído 22 dólares. ¿Qué representa eso? Utilizando los volúmenes de exportación efectivamente cobrados por Pdvsa, si esa caída se mantuviese por espacio de un año, dejaríamos de percibir 11.900 millones de dólares (2,4% del PIB calculado a 4,3 bolívares por dólar). Ahora bien, desde hace años Venezuela mantiene una serie de convenios a través de los cuales envía petróleo a sus aliados políticos en la región en condiciones muy ventajosas. Por cada 100.000 barriles por día de esos convenios dejamos de percibir unos 3.500 millones de dólares al precio actual, o 4.200 millones antes de la caída de precios. Es decir, 300.000 barriles regalados al día representan una pérdida similar, en términos de ingresos, a la que ha producido la caída de precios reciente en el mercado mundial. Venezuela, cortesía de la petrodiplomacia, tiene ya varios años sufriendo pérdidas superiores a las que acudió a denunciar Ramírez a la OPEP.
En el fondo, su desesperación viene también de otra parte. El Gobierno ha venido incurriendo en un desequilibrio fiscal colosal para mantener a flote la candidatura de Chávez. El déficit fiscal de caja está por el orden de 15% del PIB. Ya se tenía decidido que, de repetir el Comandante, sólo una macrodevaluación podría corregir ese desbalance. Ahora, si eso era con el petróleo por encima de 100 dólares: ¿qué pasa si el precio se viene abajo? ¿De qué tamaño sería ese ajuste? A fin de cuentas, ir a hacer lobby en la OPEP y devaluar son las únicas dos estrategias que le quedan a la revolución.
La oposición, por fortuna, tiene muchas más. Entre ellas, sincerar la situación de estos convenios y concertar un cronograma para traerlos de vuelta a precios de mercado. Aun con el hueco que dejaría la revolución, tenemos un amplio abanico de opciones a las que ellos no pueden recurrir. Basta con constatar la evolución del riesgo soberano en la medida en que se hace más evidente la posibilidad de un cambio político. La oposición puede provocar un cambio significativo en las expectativas, que reactive la inversión y el empleo. Puede levantar el control de cambio, y desatar las fuerzas productivas que la revolución ha ido amarrando o anulando en estos catorce años. Puede continuar la estrategia actual de asociarse con privados para acelerar la producción petrolera, pero en condiciones mucho más ventajosas. Esto es importante porque, de alguna forma, se ha ido imponiendo la idea de que nuestra economía sufriría un 2013 terrible si gana la oposición. En realidad, es al revés. Es enfrentar el mismo problema, disponiendo de una batería de soluciones muchísimo mayor.
Fotografía: Benito Esteban, "Oximorón"
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