Información: desconocida
Luis Barragán
Junto a la persecución política, una de las tareas más eficaces del régimen ha sido la de publicar inoportuna, distorsionada y malintencionadamente sus estadísticas, las que deben ser – no lo olvidemos – de Estado. Cifras indispensables para la adopción y corrección de las políticas públicas, brillan por su ausencia en los más disímiles ámbitos.
La omisión más conocida y sentida que, por sí misma, genera consecuencias impredecibles, corresponde a la economía. Nada se sabe de la versión oficial de los niveles de inflación, como si bastara para detenerla, por muy expreso e inequívoco que sea el mandato constitucional y legal de su publicación periódica, apenas un ejemplo del veto que sobre ésta y otras materias afines prevalece, dejando que la deducción obre partiendo del testimonio personal y familiar: una canasta básica equivale a siete cartones de huevos, innovando la nomenclatura de nuestras urgencias.
La Carta Semanal del ministerio de Minas e Hidrocarburos, entregada impresa al antiguo liceísta que tenía pendiente una exigente tarea, es un curioso recuerdo, porque los números dedicados a la producción y todas las facetas de la industria petrolera, deben obtenerse partiendo de los portales digitales de la OPEP o de la Agencia Internacional de Energía, en la que – por cierto – figura nada más y nada menos que Cuba como destacada productora del crudo. Las memorias y cuentas ministeriales, si se obtienen, exhiben un poemario de guarismos contradictorios que no tienen correspondencia alguna con la realidad.
Algún brote epidémico, inmediatamente es censurado como si fuese suficiente para superarlo, y poco o nada se conoce de las tasas de enfermedades recurrentes, contagiosas y otras dolencias agravadas por la falta de equipos y demás insumos. Así como catalogan de empleo cualquier diligencia forzosa para sobrevivir, entendemos que los números de las Inspectorías del Trabajo son de una lamentable insinceridad de los casos ventilados y resueltos, por no hablar de las cotas alarmantes y angustiosas de las muertes violentas, harto sospechosas, apenas conocidas, en las que no figuran otros delitos que, por consiguiente, no parecen tales.
En una reciente rueda de prensa liderada por la colega diputada María Corina Machado, contó con el complemento técnico de la exposición del Ing. Miguel Lara, revelando cifras preocupantes sobre la industria eléctrica, obtenidas por su reconocida especialidad en la materia, o, luego, el Ing. Víctor Poleo difundió otras que hablan de una estafa por encima de $ 17 mil millones en el sector. Coincidieron los tres, en la carencia de números oficiales que revelen la íntima situación en la que nos encontramos en el campo de la generación y distribución eléctrica, contrastando con las décadas anteriores.
Las inversiones realizadas en el sector eléctrico entre 1950 y 1998, incluyendo obras como la del Guri, siendo el apagón toda una rareza en el país que llegó a exportar la energía, es la mitad o menos de la mitad de lo que se ha “invertido” desde 1999 hasta el presente, con el desastre – antes impensable – ocasionado. Irremediablemente “desiguanizado” el tema, apenas constituye un ejemplo del desastre que ha creado el régimen, poniendo en peligro la misma República.
Próxima la discusión del presupuesto público en el hemiciclo parlamentario, es necesario denunciar la desaparición forzosa de las estadísticas oficiales. Por cierto, solía y suele pasar en los socialismos reales.
Fuente:
http://www.diariocontraste.com/informacion-desconocida-por-luis-barragan-luisbarraganj/
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lunes, 12 de octubre de 2015
viernes, 6 de junio de 2014
domingo, 29 de septiembre de 2013
CONSTELACIÓN DEL PODER
Ministerios de propaganda
Luis Barragán
Búsquense cualesquiera ediciones de la Gaceta Oficial y contabilícense los ministerios existentes, por no citar los viceministerios y demás entidades adscritas a los más disímiles despachos, añadidas las fundaciones beneficiarias del augusto presupuesto asignado y de los infaltables créditos adicionales que explican el esencial ejercicio parlamentario del oficialismo. No hay un problema, por más sobrevenido que sea, multiplicando las instancias con semejantes tareas y angostando los recursos, que no merezca un edificio burocrático capaz de asomar las apetencias que encuentran su mejor pretexto, a la vez que una ventilación puertas adentro de los errores, faltas, equívocos y omisiones que resquebrajan las bases hincadas en terrenos movedizos.
En medio de una continua tempestad de la imprevisión e ineficiencia, la constante es crear y recrear esas instancias, reducido el asunto a la cadena de mando más que a la institucionalidad del Estado (desinstitucionalizado). A modo de ilustración, militarizando los asuntos públicos, recientemente sabemos de un tal Órgano Superior de la Economía, agrietando la estructura departamental de los diferentes dispositivos que hay en la material, cual Estado Mayor de las Lluvias convertido en hábito para atender las inundaciones calamitosas.
Otro ejemplo, es el ministerio encargado de la energía eléctrica en Venezuela que jamás guarda comparación con las empresas públicas y privadas que tuvimos en el área, como la propia atención dispensada por los órganos del Poder Público, en cuanto al diseño y desempeño institucional. Remedio que ha empeorado la enfermedad, sumado el estelar rol de titulares como Alí Rodríguez Araque y Jesse Chacón, inconsecuente – por cierto – con su promesa de renunciar, por no citar la breve estadía pinacular de alguien que hurtaba la energía pública para su casa de habitación, cuyo nombre olvidamos, es otro de los elefantes enrojecidos en medio de la cristalería del país petrolero.
Y, como suele ocurrir, por más portales digitales que exhiban, reina la desinformación de los usuarios que pueden incurrir – además – en algún delito, en el caso de hallar y denunciar las razones reales de sus tomentos. Únicamente vale el pronunciamiento de los burócratas, a través del denominado sistema nacional de medios públicos, mas no la modesta indagación y precaución que puedan exhibir la prensa independiente y los angustiados usuarios, siendo impensable una autónoma organización social en reclamo de las consecuencias domésticas del colapso eléctrico, como la pérdida de alimentos, electrodomésticos y hasta equipos médicos.
El despacho eléctrico, como el resto de aquellos que hacen inviable, complicado y farragoso el consejo de ministros, si es que efectivamente sesiona, no está para responder a las demandas ciudadanas, catalogadas de sospechosas cuando – recurrentes – manifiestan su inconformidad con las versiones oficiales del desastre ocasionado por un servicio que, sencillamente, antes de 1998, nunca expuso los apagones tan prolongados, inexplicables y habituales de ahora. Y, menos, cuando en década y media se ha evidenciado una quiebra gerencial tan vasta que, lo sabemos, costará años en recuperar.
Y es que la progresión aritmética de las dependencias oficiales, amén de enjugar la crisis ocasionadas por el clientelismo partidista puertas adentro, se debe a las rigurosas exigencias de una maquinaria propagandística y publicitaria que se departamentaliza. El presupuesto anual y las infaltables solicitudes de crédito público, así lo dibujan, como el talante que demuestren sus titulares para emplear los micrófonos y las cámaras de video en eso que llaman gobierno de calle.
Ilustración: Rolando Peña.
http://www.analitica.com/va/politica/opinion/3404827.asp
Luis Barragán
Búsquense cualesquiera ediciones de la Gaceta Oficial y contabilícense los ministerios existentes, por no citar los viceministerios y demás entidades adscritas a los más disímiles despachos, añadidas las fundaciones beneficiarias del augusto presupuesto asignado y de los infaltables créditos adicionales que explican el esencial ejercicio parlamentario del oficialismo. No hay un problema, por más sobrevenido que sea, multiplicando las instancias con semejantes tareas y angostando los recursos, que no merezca un edificio burocrático capaz de asomar las apetencias que encuentran su mejor pretexto, a la vez que una ventilación puertas adentro de los errores, faltas, equívocos y omisiones que resquebrajan las bases hincadas en terrenos movedizos.
En medio de una continua tempestad de la imprevisión e ineficiencia, la constante es crear y recrear esas instancias, reducido el asunto a la cadena de mando más que a la institucionalidad del Estado (desinstitucionalizado). A modo de ilustración, militarizando los asuntos públicos, recientemente sabemos de un tal Órgano Superior de la Economía, agrietando la estructura departamental de los diferentes dispositivos que hay en la material, cual Estado Mayor de las Lluvias convertido en hábito para atender las inundaciones calamitosas.
Otro ejemplo, es el ministerio encargado de la energía eléctrica en Venezuela que jamás guarda comparación con las empresas públicas y privadas que tuvimos en el área, como la propia atención dispensada por los órganos del Poder Público, en cuanto al diseño y desempeño institucional. Remedio que ha empeorado la enfermedad, sumado el estelar rol de titulares como Alí Rodríguez Araque y Jesse Chacón, inconsecuente – por cierto – con su promesa de renunciar, por no citar la breve estadía pinacular de alguien que hurtaba la energía pública para su casa de habitación, cuyo nombre olvidamos, es otro de los elefantes enrojecidos en medio de la cristalería del país petrolero.
Y, como suele ocurrir, por más portales digitales que exhiban, reina la desinformación de los usuarios que pueden incurrir – además – en algún delito, en el caso de hallar y denunciar las razones reales de sus tomentos. Únicamente vale el pronunciamiento de los burócratas, a través del denominado sistema nacional de medios públicos, mas no la modesta indagación y precaución que puedan exhibir la prensa independiente y los angustiados usuarios, siendo impensable una autónoma organización social en reclamo de las consecuencias domésticas del colapso eléctrico, como la pérdida de alimentos, electrodomésticos y hasta equipos médicos.
El despacho eléctrico, como el resto de aquellos que hacen inviable, complicado y farragoso el consejo de ministros, si es que efectivamente sesiona, no está para responder a las demandas ciudadanas, catalogadas de sospechosas cuando – recurrentes – manifiestan su inconformidad con las versiones oficiales del desastre ocasionado por un servicio que, sencillamente, antes de 1998, nunca expuso los apagones tan prolongados, inexplicables y habituales de ahora. Y, menos, cuando en década y media se ha evidenciado una quiebra gerencial tan vasta que, lo sabemos, costará años en recuperar.
Y es que la progresión aritmética de las dependencias oficiales, amén de enjugar la crisis ocasionadas por el clientelismo partidista puertas adentro, se debe a las rigurosas exigencias de una maquinaria propagandística y publicitaria que se departamentaliza. El presupuesto anual y las infaltables solicitudes de crédito público, así lo dibujan, como el talante que demuestren sus titulares para emplear los micrófonos y las cámaras de video en eso que llaman gobierno de calle.
Ilustración: Rolando Peña.
http://www.analitica.com/va/politica/opinion/3404827.asp
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Rolando Peña
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