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domingo, 14 de octubre de 2012

EJE (S)

Menos mal que hay familia!
ANGEL OROPEZA |  EL UNIVERSAL
miércoles 25 de julio de 2012 

Una de las características más resaltantes de la psicología política de los venezolanos, es su apego a la familia. Los Estudios Mundiales de Valores (estudios sobre Cultura Política realizados en más de 70 países del mundo) han identificado a Venezuela como una de las naciones con los niveles más altos de afecto y dependencia hacia la familia.  Las familias son inseparables del venezolano, y los venezolanos no se conciben a sí mismos sino en una familia, más allá de las  características peculiares y para nada tradicionales de la morfología familiar criolla.

Sin embargo, el rasgo más relevante que caracteriza a la familia venezolana del siglo XXI, y que la diferencia de los perfiles de familia típicos de otros países, es la multiplicidad de funciones que con el tiempo se le han venido asignando, y las cargas de responsabilidad que progresivamente se ha visto obligada a asumir.  Repasemos sólo unos cuantos ejemplos de nuestra cotidianidad,  los cuales usted como lector seguramente reconocerá de inmediato.

Cuando un venezolano sufre de algún apuro económico, ¿quién suele ser la instancia de auxilio financiero más cercana e inmediata? La familia. Cuando un venezolano se enferma, ¿a quién suele acudir en busca de cuido? A su familia. Cuando alguien en Venezuela se queda sin empleo, ¿a quién recurre para que le ayude mientras consigue otro? A su familia. Cuando nuestras madres venezolanas necesitan salir a trabajar para llevar plata para la casa, ¿quién se ocupa de los muchachos? Pues las abuelas u otras de las mujeres de la familia. Igual ocurre si algún miembro del hogar sufre alguna discapacidad física o mental, o está inhabilitado por razones de edad o de enfermedad.  Cuando a alguien en Venezuela se le cae o se le inunda la casa, la única forma de librarse de la tragedia de los refugios, es si cuenta con algún familiar que le dé cobijo. Y cuando un venezolano tiene un accidente, o cae en una enfermedad que requiera un tratamiento costoso, ¿quiénes son los primeros en socorrerle o en buscar cubrir esos gastos? Pues otros miembros de la familia.  Incluso los altísimos niveles de violencia e inseguridad en el país, que han obligado a nuestros compatriotas a encerrarse en sus casas para poder sobrevivir,  han hecho de la familia el lugar privilegiado de recreación y entretenimiento.  Así, como inteligentemente lo señala el profesor Luis Pedro España,   la familia se ha convertido en la escuela, la farmacia, la agencia de empleo, el centro de salud, el centro de cuido para niños, enfermos y ancianos, el sistema de seguridad y hasta el principal lugar de recreación.  Pero, ¿por qué ocurre esto?

La familia venezolana de hoy se ha visto obligada a cumplir con esta larga lista de responsabilidades y funciones,  porque no existe en el país un gobierno que se encargue de esas tareas. En otras palabras, el Estado venezolano actual ha dejado sola a la familia, y la ha abandonado a su propia suerte.  Hoy, 4 de cada 10 jóvenes no asisten al bachillerato;  más de la mitad de la pensión de nuestros abuelos se va en la compra de medicinas necesarias para mantener su salud; sólo 60% de los menores de 6 años tienen posibilidades de atenderse en centros de cuidado infantil; tenemos los niveles más altos de embarazo adolescentes de Sur América; el 40% de los niños entre 3 y 6 años no asiste al pre-escolar y al menos 30% de los menores de 3 años necesitan protección alimentaria y de salud; casi 25% de los niños entre 2 y 14 años presentan en Venezuela algún grado de desnutrición importante, según las últimas cifras oficiales disponibles.   Las injusticias y desidias de un gobierno insensible y de muy mal corazón ha hecho que los venezolanos sepan que lo único que tienen es a su propia familia.

Es necesario corregir con urgencia esta situación. Se hace imprescindible migrar de la actual "colcha de retazos" en que consisten los operativos sociales de la administración chavecista,  al diseño y construcción de una política social integral y comprensiva por parte del Estado venezolano, que tenga como objetivo primordial servir de apoyo a las familias, y hacer de éstas el eje sobre el cual giren y desarrollen los programas e iniciativas sociales de un Estado con vocación de progreso y de futuro.

Fotografía: Luis Millé.

lunes, 23 de agosto de 2010

mixturas


EL NACIONAL - Viernes 20 de Agosto de 2010 Cultura/6
EXPOSICIÓN Ocupación doble combina esculturas y ensamblajes pictóricos
Luis Millé y Jhonny Fung comparten su pasión por el color y el espacio
La muestra establece un contrapunteo técnico y generacional entre dos exponentes de la abstracción
CARMEN VICTORIA MÉNDEZ

El Espacio de Arte del hotel Altamira Suites recuerda los restaurantes de comida rápida en los cuales es posible ordenar la comida desde el carro. A un lado y otro del estacionamiento hay obras suspendidas en vitrinas, que no pasan inadvertidas a pesar del ajetreo de conductores y transeúntes. Desde ayer, todos los ojos se posan en las esculturas de Luis Millé y en los ensamblajes pictóricos de Jhonny Fung, los protagonistas de la muestra Ocupación doble.

El esquema expositivo poco convencional le viene de perlas a la propuesta cromática y espacial de ambos, señala el curador Alberto Asprino, cuya intención es aprovechar la bipolaridad de la sala para establecer diálogos artísticos entre distintas generaciones y visiones del arte contemporáneo.

Millé y Fung tienen sus propias orientaciones, pero comparten dos pasiones: el espacio y el color. La relación entre ambos elementos es clave en sus respectivas investigaciones, basadas en la abstracción geométrica.

En las piezas de Millé, el elemento cromático se despoja por completo del volumen y se manifiesta de manera espacial. Es el caso de la pieza Digresión roja y azul, inspirada en las Ambivalencias de Jesús Soto. "Esa obra es puro espacio. Trabajo con la atemporalidad y propongo un manejo de la forma y la energía al mismo tiempo", señala el artista.

Millé plantea un juego entre segmentos vacíos y llenos para hacer que el espectador se pregunte si el tono que observa viene del fondo de la obra, o si está superpuesto como una última capa de color. La reflexión espacio-temporal pareciera recordar que hoy en día la escultura y el arte en general han superado sus limitaciones materiales para convertirse en una experiencia, la misma promesa que hacen en otros ámbitos de la cultura las películas 3D y la cocina de autor.

Una segunda etapa de Millé se despoja del color para concentrarse en la ingravidez del objeto tridimensional, con creaciones basadas en el mundo del papel que recuerdan al origami, aunque se trata de estructuras de aluminio pintadas con acrílico. Las esculturas son creadas a partir de ligas que generan tensiones y que determinan las formas. Estas piezas guardan relación con la más reciente exposición del artista en la galería Graphicarts.

Cuando el arte está en el marco. Si Millé representa al color en el espacio, Fung lo traslada al ámbito del volumen. Sus obras se basan en listones de madera que alguna vez formaron parte de marcos de cuadros que el artista ha hallado, con los cuales crea una composición de líneas verticales. "Me interesa combinar elementos pictóricos y extrapictóricos en mis ensamblajes. En este caso, lo que una vez fue un marco pierde su sentido original, lo descontextualizo y pasa a ocupar el lugar de la obra de arte", dice Fung.

Las piezas del artista rompen con la homogeneidad y se caracterizan por su ritmo. Los volúmenes difieren entre sí y constituyen policromías que no pueden negar la herencia cinética de su creador. "Trabajo la sensación de color a través de la acumulación de materiales. Creo que mi obra dialoga con la de Millé porque ambos trabajamos la línea, aunque para él la línea es tensión y yo la veo más bien como color".

Fung expuso el mes pasado en el Museo Alejandro Otero.

Desde sus inicios, ha trabajado con el arte hecho de fragmentos. El artista disfruta fusionar diversos materiales por lo general objetos hallados con una intención casi lúdica, como quien se sienta ante un lego. Así crea sus ensamblajes y collages, que luego interviene con pinturas preparadas por él mismo.

La experiencia pictórica que propone Fung trasciende las limitaciones del marco a partir de la aplicación de la técnica mixta y la búsqueda de texturas, tan en boga en el arte contemporáneo.