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jueves, 6 de febrero de 2020

EN EL FONDO, LA CULTURA POLÍTICA

EL IMPULSO, Barquisimeto, 3 de febrero de 2020
En Venezuela no hay ley, no hay derecho y la justicia no se administra sino que se negocia 
Juan Bautista Salas

Venezuela es un país donde no hay ley, no hay Derecho y no hay justicia, asegura el doctor Alberto Arteaga, conocido y destacado abogado y profesor universitario, quien advierte además que en el país “no se administra la justicia, sino que se negocia la justicia”, emitiendo estas consideraciones en el marco del Día Internacional del Abogado.

Advierte que el derecho está torcido en Venezuela, “no tenemos lamentablemente, en una fecha como esta, o cada vez que nos toca hablar del derecho, nos toca decir que en el país no hay ley, aun cuando tenemos muchas leyes, hay leyes para todos, reglamentos, providencias, instructivos, un país donde no hay ley, pero hay muchas leyes, no hay Constitución, pero hemos tenido 26 Constituciones, pero en un país donde no hay ley y no hay derecho, no hay justicia, ese es el panorama”.

Explica que los abogados forman parte, de acuerdo con la Constitución, del Sistema de Justicia, están para defender la justicia, están para que la gente vea que los abogados, los jueces, los fiscales y perciba que es posible resolver los conflictos, con un árbitro que sea imparcial, independiente, autónomo, probo y ejemplo para la comunidad, ese es el juez y así debe ser también el abogado.

“Triste y lamentablemente, esa no es la imagen que tenemos en este momento de los jueces y tampoco de los abogados”, asegura.

Señala que cuando le solicitan algún informe, sobre esta profesión tan deprimida, como cualquier otra profesión en Venezuela, después de hace todas las consideraciones jurídicas, al final siempre hay que colocar una coletilla, esto es lo que dice el derecho, así deberían resolverse las cosas en el derecho; sin embargo, aquí no podemos garantizar absolutamente nada, en otras palabras y en términos criollos, usted tiene razón, pero va preso, admitiendo que esto es realmente “muy triste”.

“Esto es grave decirlo, pero en Venezuela no se administra justicia, en Venezuela se negocia la justicia, porque hemos convertido al Poder Judicial, en un poder que está al al servicio de otros Poderes y al servicio de otros intereses. El juez es una de las profesiones más dignas en una sociedad, también los maestros, pero triste y lamentablemente sabemos la situación en la que se encuentran los maestros, los profesores universitarios y en la que se encuentran los jueces y la justicia, y contrastando con esto, vemos como hace dos días, el 31 de enero, en la apertura del Año Judicial, el Presidente de la República, habla de un nuevo Poder Judicial, de una comisión para reformar el Poder Judicial, presidida la Presidencia de la República, lamentablemente después de 20 años estamos hablando de una reforma del Poder Judicial ¿Qué se ha hecho en estos 20 años para reformar el Poder Judicial? ¿Qué Poder Judicial tenemos?”.

Advierte que un país no es un país, una sociedad no es una sociedad, si no tiene un Poder Judicial autónomo e independiente, un verdadero Poder Judicial.

“Pero también tenemos que decir con honestidad y con objetividad, que en Venezuela, en toda nuestra vida republicana, no henos tenido nunca un verdadero Poder Judicial, pero también tenemos que decir con claridad, que nunca habíamos tenido un poder judicial sometido a la voluntad, a los designios, a los intereses del Poder Ejecutivo, y esto históricamente es claro, y ha sido la estrategia del gobierno, por lo cual es difícil entender las apreciaciones y cuales serían las intenciones del Jefe del Gobierno, Nicolás Maduro cuando habla de que reconoce sus errores, reconoce que es necesario reformar el Poder Judicial, pero habría que recordarle al señor Maduro, lo que ocurrió en los años 2.000, después de aquella decisión que se dio después del 11 de abril, con una decisión muy polémica, en la cual el Tribunal Supremo de Justicia decidió, si mal no recuerdo, por 11 votos, que no había habido un golpe de Estado, sino un vacío de poder, es decir que tomaron una decisión y se fueron de vacaciones, dejando el desastre total”, dijo entre otros cosas el especialista en entrevista en el Circuito Exitos, con motivo del Día Internacional del Abogado.

Fuente:
https://www.elimpulso.com/2020/02/03/en-venezuela-no-hay-ley-no-hay-derecho-y-la-justicia-no-se-administra-sino-que-se-negocia-3feb/?fbclid=IwAR3ZZuiIco7_l7P28Pa0FK4XJWlowh1xyh1yZbkL8MboMqS9KgONuk7aU-U


EL NACIONAL, Caracas, 9 de septiembe de 2019. Papel Literario.
Habla Alberto Arteaga Sánchez
Nelson Rivera

Vivimos bajo la sensación generalizada de que Venezuela está al borde de un cambio inminente. Quisiera preguntarle por lo deseable: ¿Nuestro país necesita reconstruirse o requiere de cambios muy profundos, estructurales?

Nuestro país exige un cambio profundo, estructural, de mentalidad y no de leyes. Siempre hemos pensado en cambios en la Constitución, en las leyes, en las normas vigentes, como si se tratara de resolver los problemas que tenemos por la vía fácil de hacer “paquetes de leyes” o una “nueva Constitución”. Ya tenemos 26 constituciones y un país en franco retroceso que ha dejado a un lado la justicia para transitar por los atajos de los “arreglos” al margen de la ley, por fórmulas de venganza selectiva o por la impunidad que ha dejado sin sanción algunos gravísimos hechos contra el patrimonio del Estado o ataques certeros a la vida, a la integridad moral, a la propiedad de ciudadanos que dejaron en la puerta toda esperanza de ser resarcidos por algún vestigio de respeto a la ley.

A lo largo de estos veinte años, en distintas oportunidades, los sectores democráticos han mostrado dificultades para acordar políticas unitarias frente a la dictadura. ¿Qué explica esta tendencia al desacuerdo? ¿Son negativos estos desacuerdos? ¿Hay en nuestras prácticas políticas una tendencia a la confrontación, aún cuando existan objetivos en común?

El desacuerdo es producto de una sociedad que no ha transitado el camino del dialogo y de la justicia. En Venezuela no puede haber justicia porque se trata de una materia pendiente, como decía antes, que no ha sido aprendida y, por tanto, no internalizada por la sociedad. Sencillamente, las leyes no se cumplen porque no las hemos inscrito en el corazón y en la mente de los venezolanos. El dicho contradictorio de que “las leyes se acatan, pero no se cumplen” retrata nuestro día a día. Nos hemos convertido en verdad en un país “anómico”, no por falta de leyes, sino por el incumplimiento absoluto de cualquier norma. Hemos perdido la capacidad de asombro ante la incertidumbre legal que llega hasta el extremo de poder afirmar que la libertad de un ciudadano está en manos del arbitrio del poder, por lo cual, todos estamos en libertad condicional, suspendida, sometida al capricho de quien, de hecho, maneja los mecanismos de represión del Estado.

En medios de comunicación y redes sociales viene produciéndose un fenómeno: persistentes manifestaciones de nostalgia hacia el país previo a 1999. ¿Es posible que el deseo de cambio oculte, en alguna medida, un deseo de volver atrás? ¿Es retrógrado el deseo de volver atrás?

No comparto el deseo de volver atrás. Es natural la nostalgia, pero el pasado debe ser solo un punto de referencia y aprendizaje para el futuro.

El país, previo a 1999, no era el país ideal, aunque la etapa democrática dejó una marca indeleble en el venezolano, pero no fue capaz de hacerle frente a las desviaciones de una dirigencia que nos llevó a la amarga experiencia que vivimos y que no entendió a cabalidad que debía abrir el camino a nuevas generaciones. Otra cosa es la nostalgia por una Venezuela de inclusión, amable, tolerante, sin odios, que la vivimos y creímos que tenía carácter de permanencia, siendo así que era absolutamente frágil por la debilidad institucional.

Por lo demás, nos caracteriza no aprender de la experiencia y distraernos con los recuerdos del pasado, para tranquilidad de nuestra conciencia y obstáculo para el desempeño de las tareas del presente.

¿Qué reivindicaría del período 1958-1998? ¿Es factible recuperar algunas prácticas de esas cuatro décadas?

El periodo 58-98 con sus aciertos, fue una gran lección de ejercicio democrático para superar los autoritarismos militaristas que han signado nuestra vida republicana, pero no cumplió con todas las expectativas y a mi juicio, no dio el paso exigido por la independencia  auténtica del poder judicial en el que se encarna la justicia aunque, sin duda, hizo posible que hombres probos y dignos llegaran a la Corte Suprema –como se llamaba antes-  desempeñaran cargos judiciales o estuvieran al frente de órganos contralores, contrapesos y garantía para el funcionamiento de los poderes públicos como la Fiscalía, la Contraloría General de la República o la Defensoría del Pueblo. Es imperioso formalizar un pacto para la escogencia de quienes integran los órganos de administración de justicia que solo deben ostentar méritos académicos, con conocimientos y, sobre todo, con honestidad a toda prueba.

¿Hay factores o energías en la cultura política venezolana que nos permitan ser optimistas ante la necesidad de cambio? ¿O es razonable la sospecha de que el deseo de un poder clientelar y distribuidor de subsidios, sigue siendo un paradigma de una parte importante de la sociedad?

Me preocupa en particular que los sectores llamados democráticos –que muchos lo son por simple denominación, pero no por convicción- marchen al son del resentimiento, del revanchismo y del afán de hacerse con alguna cuota del poder. Esos malsanos sentimientos que impulsan, entre otras cosas, el mantenimiento del dominio de un factor que ha sido determinante para el logro de fines políticos: el manejo del poder judicial. Este nunca ha sido, entre nosotros, un verdadero poder autónomo, sino dependiente de los intereses de la política o sujeto a sus presiones. Y esa utilización ha hecho que, en definitiva, se tenga el temor de dar el paso que se impone: que  “los partidos” o “el partido” saquen sus manos de los tribunales, convertidos en ejecutores, hoy, de los designios de grupos de poder que, con sus “líderes”, marcan las líneas de acción o de gobierno.

¿Fuerzas como la polarización, el revanchismo, la dificultad para escuchar opiniones distintas y la fragilidad de los liderazgos, deben preocuparnos? ¿Pueden ser factores que afecten la perspectiva de cambio?

No soy historiador, no soy analista político, pero creo que este régimen nos ha conducido a un estado de deterioro moral que ha tocado la conciencia de la Venezuela digna que demanda la acción por parte de quienes asuman el poder, sin prestarse a simples arreglos retóricos ni medias tintas, ni paños calientes y exige una verdadera transformación del Estado y una redefinición de sus relaciones con el ciudadano. Yo creo que hemos crecido como sociedad, creo que los jóvenes han tomado conciencia de su protagonismo, creo que los líderes de relevo están claros que solo lo son en la medida en que se constituyen en referencias vivas de coherencia, de honestidad, de rectitud, de espíritu abierto a la consulta y a la obtención de la asesoría de los más capaces. Tal vez, esto sea lo inédito, ante otros cambios del pasado: ahora, después de llegar a situaciones desconocidas de desesperanza colectiva, de experiencias dolorosas, de separación de familiar, de golpes duros a nuestra autosuficiencia y falsa creencia de ser un país rico, conscientes de nuestras limitaciones y habiendo padecido el golpe certero de las carencias que creíamos ajenas al “venezolano”,  creo que tenemos una fuerza desconocida o inédita para iniciar un nuevo rumbo signado por la democracia, por el respeto a los derechos humanos y por la institucionalidad, a los fines de abrir el camino que nos permita reconstruir a Venezuela.

Se dice que el desafío que enfrentará Venezuela tras el cambio de régimen es inédito. ¿Comparte Usted esa afirmación? ¿Venezuela debe enfrentarse a lo inédito?

Yo creo que habrá cambios, creo que las vivencias democráticas no han desaparecido, creo en una nueva generación formada con la secuencia de las tragedia que nos agobia, pero tengo mis temores por el hecho de que la urgencia y los requerimientos de una nueva etapa de este “proceso” solo nos haga pensar y actuar en el plano de lo económico o de lo político y no en el de los valores, desdibujados en el perfil del venezolano. Me preocupa, por lo demás, la incapacidad que tiende a manifestarse de no aprender de la experiencia y arrimarnos a la comodidad de un líder carismático que resuelva nuestros problemas… para volver, una vez más, a repetir la historia.

Fuente:
https://www.elnacional.com/papel-literario/habla-alberto-arteaga-sanchez/
Fotografías:
https://www.elnacional.com/papel-literario/habla-alberto-arteaga-sanchez/
https://www.larazon.net/2015/12/alberto-arteaga-sanchez-designaciones-de-magistrados-son-un-fraude-a-la-constitucion/

sábado, 23 de junio de 2018

UN GOLPE AL SIGLO QUE NO COMIENZA

Variaciones

Luis Barragán

Agudizada la maldición discursiva a finales de los ’90 del ‘XX, independientemente de toda apreciación y discusión objetiva en torno a sus éxitos y fracasos, el puntofijismo constituyó la principal bandera de quienes ideológicamente supieron encapucharse en su ascenso – por lo demás – electoral al poder. La sola  premisa, contiene elementos para un debate actualizador sobre la estafa política que se acuerpó en el presente siglo y, hoy, al descubierto, apela – irremediablemente – a la fuerza bruta para sostenerse: la crítica bienintencionada – en la que destacaron ciertos sectores liberales – se convirtió en una poderosa arma revanchista en manos del marxismo más retrógrado que todavía abusa del poder, enmascarándose hábilmente con el pretorianismo que terminó por afectarlo y condicionarlo, configurando el Estado Cuartel; neutralizó y deslegitimó asombrosamente, toda posibilidad de entendimiento entre las diferentes corrientes sociales y políticas del país, prescindiendo de un acuerdo histórico, estable y estabilizador; y, por consiguiente, visada la concentración creciente de poderes en Chávez Frías que actos – precisamente – de significación castrense avalaron, como el unilateral e impune ascenso de numerosos oficiales por julio de 1999, contrario a la por entonces vigente Constitución de 1961, sufrimos de la conversión y comprensión de una victoria comicial en un triunfo diferido de la intentona golpista de febrero de 1992, estelarizándose ante los consabidos hechos de noviembre del mismo año.

La tarea discursiva será, inaugurando la nueva centuria, la de manipular y versionar cualesquiera de los resentimientos que arrojaban  los sondeos de opinión y, a falta de una propuesta político-cultural alternativa y real, apelar al interesado romanticismo  guerrillero de los sesenta. Entendemos, la Venezuela que se resistía a la pérdida irreparable de sus mejores épocas, indispuesta para comprender los motivos de sus reveses, agotado el programa de 1958, acogió al novísimo y desconocido liderazgo que sólo le prometió el aprovechamiento de los últimos resquicios del país petrolero.

La propuesta o el proceso chavista, adjetivo que perderá vigencia con los años al manifestarse un fenómeno que fue y es superior al barinés,  no tocará las fibras más íntimas y peligrosas del “nuevo-riquismo”, sino que obtendrá provecho de sus secuelas de superficialidad, facilismo, ostentación y derroche. Descartada la posibilidad de una sobreabundancia inmediata de recursos, la cual llegará tarde, a mediados del decenio de un XXI de sorprendente comportamiento del mercado petrolero internacional, en provecho exclusivo de las camarillas del poder, persistirá – agravándose – la realidad de una sociedad que no contó con un sistema racional y compartido de premios y castigos, trastocada la solidaridad en simple asistencialismo paternal, indiferente al desfalco de un banco, al cobro de peaje en una barriada, al hacerse justicia por mano propia, añadido el linchamiento popular (*).

En su discurso inaugural, Chávez Frías comenzará a construir la otra épica del voluntarismo, profundizando en el gesto moralizador. Enfatizará la herencia de una podredumbre ética y material, aguijoneando el asistencialismo de un Estado que no soportará su agigantamiento, aunque aún no lo reconozca.

Dirá, en una u otra ocasión de 1999: “Yo llamo a los venezolanos todos a luchar para que tengamos Patria, para que tengamos una Venezuela verdadera” o, al referirse a la fundación del partido MVR,  que “nunca nos dio el Estado un bolívar ni le pedimos tampoco. Al contrario, nos quitaron cosas” (**).

La “Venezuela verdadera” es la del presente, tras veinte años de una asombrosa devastación del país petrolero que fuimos. Y huelga comentar que el principal partido de gobierno o, mejor, sus más aventajados clanes que demolieron al Estado para convertirlo en un emporio de las mafias, es el legado que ha perfeccionado Maduro Moros.

Frases tan trilladas, se impone la necesidad de otros paradigmas en correspondencia con un liderazgo político de oposición, distinto al que, importa expresarlo, ayudó – voluntaria e involuntariamente – al desarrollo de un régimen que lo utiliza o desecha, a menos que tenga por vana ilusión la de ser la oposición ornamental de una Unión Soviética o Europa Oriental que la confinó a pocas curules de animación.  Son otras las fibras más íntimas, otros los nervios más sensibles de una emoción y emocionalidad del venezolano que debe empinarse por encima de estas fatales circunstancias, y descubrir o insistir en os principios y valores capaces de mantenerlo en pie.

No sobra el tiempo para las disquisiciones históricas, sociológicas, psicológicas, politológicas o de otro cuño científico, pero resulta y resultará inevitable hacerlas y canalizarlas a través de un debate muy diferente al comentario, circunstancial, anecdótico y efímero. Urge que la reflexión creadora explique la acción política de los días por venir y, por ello, importa la recuperación de un capital intelectual, como el que tuvo Venezuela aún en sus viejas y aciagas horas, porque debemos reiventarnos de aspirar a un país de plenas libertades públicas, rico de verdad, socialmente equitativo y, aunque parezca irónico, que tenga un territorio físico donde asentarse.

La razón es un poderoso instrumento para la discusión y la realización de la empresa de reconstrucción de la propia República. Y, por más que nos empeñemos, no es asunto que concierna a la literatura de la auto-ayuda, con el respeto que nos merecen quienes la cultivan.

Superar las condiciones que hicieron posible este socialismo de las demoliciones, es el mandato de los próximos años. No se trata de cambiar un elenco de poder por otro, ni de pretender que un Tweed sea el vehículo para conquistar un futuro alternativo.

No apostamos por gobierno alguno de filósofos, pero nos espanta que la transición pueda estar manos de otros improvisados, fruto de la sociedad de ágrafos en la que se ha empeñado la dictadura. Por fortuna, hay manifestaciones novedosas en las filas del liderazgo opositor que deben macerarse con la mayor prontitud posible, porque será inmensa la tarea que todos los venezolanos afrontaremos.

(*) Distintas voces advirtieron las consecuencias de una sociedad dineraria e improductiva que consagró el discurso moralizante, a propósito de las denuncias que efectivamente se hacía sobre la corrupción administrativa. Valga la humorada de ZAPATA, recordamos una ilustración de una leyenda tan ingeniosa, como elocuente: “Aquél remoto país estaba tan mal administrado que llamar administrativa a su corrupción era excederse en el elogio, Coromotico”. Vid. ZAPATA, Pedro León (1978) “Zapatazos”, El Nacional, Caracas, 09/08. Cfr. CASTILLO S., Ignacio (1977) “Sociedad y moral”, SIC, Caracas, nr. 392 de febrero; y ORTEGA, G. (1979) “Encuesta: ¿Es nuevo rico el venezolano?”, El Nacional, Caracas, 04/02.

(**)  CHÄVEZ FRÍAS, Hugo (2000) “Seis discursos del Presidente Constitucional de Venezuela”. Ediciones de la Presidencia de la República: 17, 105.

Ilustración: Weston Frizzell.
24/06/2018:
http://guayoyoenletras.net/2018/06/24/variaciones/

jueves, 12 de noviembre de 2015

VARIOS DE LOS TECHOS

EL NACIONAL - SÁBADO 04 DE AGOSTO DE 2007    PAPEL LITERARIO/3  
Intelectualidad, especialización y establecimiento cultural en la Venezuela de Punto Fijo
Arturo Almandoz (1960) es un destacado ensayista, que se ha especializado en la ciudad y en la reflexión sobre lo urbano. Sus libros han sido reconocidos con varios premios, entre ellos el Premio Fundarte de Ensayo (1993), el Premio Municipal de Literatura (1998), el Premio Teoría y Crítica de la IX Bienal de Arquitectura, entre otros

Grupos y vanguardias disidentes. La pesquisa por las fuentes del imaginario urbano en Venezuela después de 1958 remite, por un lado, al renacimiento político y cultural enmarcado en el Pacto de Punto Fijo, así como al desarrollo de un rico Estado que se hacía paternalista y hasta represivo, a la vez que buscaba la pacificación. En este sentido, cabe primeramente recordar que la caída de Pérez Jiménez propició la irrupción en Venezuela de grupos intelectuales que reflejaban las más diversas inquietudes del convulsionado mundo de la guerra Fría y la revolución cubana.
Alguna atención exigen esos grupos, para entender el contexto cultural e ideológico en el que se produjeron los imaginarios de la Venezuela urbana, especialmente en los primeros lustros de la restauración democrática.
Si bien venía reuniéndose desde finales de la dictadura en el café Iruña, de Reducto a Municipal, Sardio (1958-1961) emergió como el grupo germinal de la restaurada democracia, el cual dio cabida a diferentes géneros de poesía, narrativa y ensayo; entre sus miembros se contaron escritores y profesores universitarios como Salvador Garmendia, Guillermo Sucre, Adriano González León, Rodolfo Izaguirre, Ramón Palomares, Gonzalo Castellanos, Antonio Pasquali, Héctor Malavé Mata, Francisco Pérez Perdomo, Oswaldo Trejo y Elisa Lerner. Si bien Sardio se proclamaba orientado a "un humanismo político de izquierda", las más jóvenes facciones que hubo de generar se perfilaron de corte más radical. Integrado por Rafael Cadenas, Jesús Sanoja Hernández y Manuel Caballero, entre esas facciones estuvo Tabla Redonda (1958-1961), la cual exigía "del creador un compromiso personal activo, más no panfletario, con la realidad del país", que era ya en buena medida la de una sociedad urbanizada .
(2)
La Revolución Cubana había acentuado el carácter crítico, contracultural y disidente de otros grupos que conformaron esa parte de la vanguardia artístico-literaria de los sesenta, conocida como "izquierda cultural venezolana"; aquí se alineaban El Techo de la Ballena (19611968), que acogió a González León e Izaguirre, y cuyos controversiales "homenajes" plásticos estuvieron liderados por Carlos Contramaestre y Juan Calzadilla.
Búsquedas más rigurosas y experimentales desde el punto de vista formal fueron emprendidas por escritores como Carlos Noguera, José Balza y Luis Alberto Crespo, en las revistas En Haa y LAM. Si bien hubo mutaciones ideológicas y migraciones de miembros entre esos grupos, puede decirse con Arráiz Lucca que El Techo de la Ballena y Tabla Redonda se orientaron a la izquierda, mientras que en Sardio militaron originalmente los que reconocían más factibilidad en el proyecto democrático venezolano .
(3)
Después de burlarse del establecimiento político y literario del país –de Betancourt a Gallegos y Andrés Eloy– esos grupos terminarían abandonando el radicalismo de izquierda, una vez que la Revolución Cubana dio sus primeras muestras de autoritarismo y represión, asimilándose desde entonces a la plataforma cultural de un Estado que procuraría la pacificación de la guerrilla. Así por ejemplo Sardio, que después del café Iruña solía reunirse en otros locales de Sabana Grande, adonde acudían también las figuras forjadoras de la música moderna en Venezuela, como Inocente Carreño y Antonio Estévez, o escritores nacionales consagrados, como Picón Salas y Liscano; también recibían el estímulo de luminarias de paso por o residentes en Caracas, como Octavio Paz, Miguel Ángel Asturias y Alejo Carpentier. En decantada lección de veterano vanguardista, este último les recordaba que los jóvenes suelen tener razón en lo que afirman, pero no en lo que niegan, consejo que "bajó los humos de Sardio", según recuerda González León como parte de una historia que es todavía oral en buena medida.
Hombres de letras y especialistas. Frente a las estéticas innovadoras y disidentes de la volátil literatura que siguiera en Venezuela a la caída de Pérez Jiménez, el establecimiento intelectual de la restauración democrática construyó un aparato institucional para la profesionalización de la cultura, el cual terminaría sirviendo también de plataforma para la intelectualidad contestataria. Antes de su temprana muerte en 1965, bajo la égida de Picón Salas se promovieron la Asociación Pro-Venezuela y el Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes (Inciba, 1964), que logró congregar a buena parte de la otrora disidente intelectualidad de la generación del 28, enriquecida ahora con el imaginario de la gesta opositora a la dictadura.
En el marco del pluralismo político que siguiera al Pacto de Punto Fijo, escritores y creadores como Rafael Caldera, Miguel Otero Silva, Luis Beltrán Prieto Figueroa, José Luis Salcedo Bastardo, Pedro Díaz Seijas y Alejandro Otero, entre otros, pasaron a integrar ese establecimiento cultural democrático.
En un proceso que no deja de ser paradójico, la institucionalización y profesionalización intelectuales en la Venezuela de Punto Fijo fueron paralelas a la extinción del humanista integral, cuyo saber proteico y cultura erudita se desintegraron ante la especialización cognitiva y discursiva fomentada desde las universidades y otros medios profesionales. Ese reemplazo es también predicable del mundo hispano de la segunda posguerra, donde hombres de letras y polígrafos de las más diversas tendencias, del arielismo al positivismo, fueran sustituidos por especialistas y académicos durante el segundo tercio del siglo XX. Es un transvase del saber, la cultura y los conocimientos que magistralmente captara Vargas Llosa al retratar al "hombre de letras" que Alfonso Reyes fue. "Tenemos magníficos creadores, nuestras universidades cuentan con profesores eminentes, sin duda, grandes especialistas en algunas o acaso en todas las disciplinas, y en las revistas y diarios abundan los periodistas que dominan los buenos y malos secretos de su profesión. Pero lo que ha desaparecido es ese personajepuente que antaño conjugaba la academia con el diario, la sabiduría universitaria con la inteligibilidad del artículo o el ensayo que llega al lector común. Reyes u Ortega y Gasset, Henríquez Ureña, Azorín, Francisco García Calderón fueron exactamente eso. Y, por eso, gracias a escritores como ellos la cultura mantuvo una cierta unidad y contaminó a un cierto sector del público profano, ese que hoy ha dado la espalda a las ideas y se ha refugiado en las adormecedoras imágenes".
(5)
Aunque no sea el protagonista de reflexión aquí, pedimos seguir un momento más de la mano de Reyes, a quien Octavio Paz también viera en El laberinto de la soledad (1950), como el "Literato" por excelencia: "el minero, el artífice, el peón, el jardinero, el amante y el sacerdote de las palabras. Su obra es historia y poesía, reflexión y creación".
Obviamente no todo hombre de letras o intelectual puede parangonar la colosal estatura del mexicano; pero lo que deseo hacer notar es que, además del sentido de integración cultural, genérica y académica que ya le atribuyera Vargas Llosa al hombre de letras, el autor de El labe rinto... también predica de aquél un estilo de discurso que refleja una manera de pensar; por eso "leerlo es una lección de claridad y transparencia. Al enseñarnos a decir, nos enseña a pensar". Con ello nos enfatiza Paz la importancia de un estilo que en Reyes alcanza cotas eximias, difíciles de igualar por todo intelectual, a pesar de lo cual la posesión de un estilo puede verse como indicador del hombre de letras o intelectual sobre el que una investigación como la nuestra sobre la ciudad imaginaria ha querido concentrarse, por más difícil y exquisito que pueda ser visto al tratar de convertirlo en criterio de selección.
Alta cultura, intelectualidad y universidad Buscando correspondencia con la palestra venezolana, puede decirse que la formidable erudición de los doctores del gomecismo, así como las diletantes pero polivalentes inquietudes intelectuales de las generaciones del 18 y 28, cederían terreno a especialistas de las crecientes facultades de la Central y otras universidades nacionales; ello conllevando cambios en la temática, la estructura y el registro del ensayo, que con frecuencia se tornó un discurso más especializado y monográfico. Si a comienzos de los sesenta se contaba todavía con las obras multiformes de escritores como Picón Salas, Gallegos y Díaz Sánchez, después de cuyas desapariciones Uslar y Liscano asumieron el rol de conciencia nacional hasta finales del siglo XX, todos ellos se vieron acompañados desde finales de la década por miembros de la que Rodríguez Ortiz ha llamado "generación del 58": Orlando Araujo, Ludovico Silva, Guillermo Sucre, José Balza, Guillermo Morón, Francisco Rivera, José Manuel Briceño Guerrero, Manuel Caballero, entre otros cuya producción intelectual fue en buena medida generada desde la especialización universitaria .
(6)
De manera que, sobre todo después de la restauración democrática de 1958, nos enfrentamos a una etapa muy difícil de registrar en lo concerniente al ensayo urbano, porque se profesionalizó, diversificó y especializó la producción intelectual que antes estaba reunida en la "alta cultura", en el sentido
"Puede decirse que la erudición de los doctores del gomecismo, así como las inquietudes intelectuales de las generaciones del 18 y 28, cederían terreno a especialistas de las crecientes facultades de la Central y otras universidades nacionales"
"La institucionalización y profesionalización intelectuales en la Venezuela de Punto Fijo fueron paralelas a la extinción del humanista integral"
que todavía planteara Picón Salas como ideal a comienzos de los años cuarenta. Como bien lo ha reconocido Rodríguez Ortiz, ya para los sesenta los humanistas venezolanos quedaron en el recuerdo frente a los discursos especializados de los expertos, por lo que "tratar sobre educación, política, el ser en cuanto ser, la explosión demográfica, las injusticias sociales o la locura citadina, pertenecen a territorios particulares y el público confía más en el experto que en el hombre genérico en trance de meditación universalizadora". En esa misma dirección, al preguntarse recientemente "Quiénes son los intelectuales", también Arráiz Lucca –exponente de este proceso de profesionalización cultural, alimentado por la cantera creativa– señaló que el renacimiento democrático desde 1958, con su consecuente masificación educativa, estableció en Venezuela una "relación cada vez más estrecha entre el recinto académico y el intelectual", a la manera como ha funcionado en países anglosajones y germanos desde el siglo XIX .
(7)
En cierta forma, Arráiz Lucca tiende a reducir el ámbito intelectual al universitario; pero desde este último, Daniel Mato ha recordado una interesante distinción. A diferencia de aquellas sociedades "metropolitanas", donde los scholars dedicados a las ciencias sociales y las humanidades pueden desarrollar sus prácticas casi exclusivamente desde las universidades, todavía en América Latina, por razones que van de las coyunturas políticas a las restricciones económicas, la producción y actividad intelectuales trascienden los recintos académicos .
(8)
Además de no reducir o reemplazar al intelectual por el académico en términos de sus foros o ámbitos de ejercicio, se nos recuerda así que aquél no ha desaparecido en tanto voz autorizada; pero creo que hay otros rasgos que añadir a esta sana distinción, por lo que concierne al tipo de discurso y su alcance. La obra del intelectual tiene una divulgación o proyección comunitaria mayor, en el sentido de llegar al gran público, más allá del especializado; y tal impacto le viene, además de su usual presencia en los medios de comunicación masiva, por estructurarse a través de un discurso creativo, especulativo y/o reflexivo.
De esta manera, si bien debe haber superado el diletantismo del que con frecuencia adolecieron las aproximaciones previas a la especialización universitaria, el valor divulgativo de la obra del ensayista contemporáneo no debería competir con, sino derivarse de un respaldo científico o especializado, cuya expresión más técnica se reservaría empero a las publicaciones científicas tipo journal; de manera análoga, tampoco deberían ser excluyentes los roles del académico o experto, por un lado, y el intelectual, por otro, ya que son posiciones que pueden cambiar según los foros o medios en los que se estén debatiendo las ideas. En este sentido y por fortuna, la cotidianidad e inmediatez de la ciudad siempre han concitado los más diversos registros discursivos a su alrededor, lo que ha hecho que sigan clamando por ella las voces del intelectual y el especialista, aunque ambos sean a veces la misma figura.

(1)
Pasajes de ésta y las siguientes secciones introductorias fueron presentadas dentro de la ponencia "Claves para una revisión urbana de novela y ensayo venezolanos, 1960-1980", I Coloquio Venezolano de la International Association for Dialogue Analysis (IADA), Caracas: IADA, Facultad de Humanidades y Educación, Comisión de Estudios de Postgrado, Universidad Central de Venezuela, abril 21-23, 2005.
(2)
José Ramón Medina, Noventa años de literatura venezolana (19001990). Caracas: Monte Ávila Editores, 1993, pp. 261-262; Yolanda Segnini, Historia de la cultura en Ven ezuela. Caracas: Alfadil Ediciones, 1995, p. 68. Varias referencias siguientes se apoyan en estas obras.
(3)
Rafael Arráiz Lucca, "Las tareas de la imaginación: la cultura en el siglo XX venezolano", en Enrique Vitoria Vera (comp.), Venezuela: balance del siglo XX.
Caracas: Universidad Metropolitana, Decanato de Estudios de Postgrado, 2000, pp. 11-65, p. 45.
(4)
Así lo señaló Adriano González León en la Cátedra Permanente de Imágenes Urbanas, Fundación para la Cultura Urbana, Caracas, junio 29, 2004.
(5)
Mario Vargas Llosa, "Hombre de letras", El Nacional, Caracas: febrero 20, 2005, p. A-11.
(6)
Oscar Rodríguez Ortiz, Paisaje del ensayo venezolano.
Maracaibo: Universidad Cecilio Acosta, 1999, pp. 86-88.
(7)
Rafael Arráiz Lucca, "¿Quiénes son los intelectuales?", El Nacional, Caracas: septiembre 1, 2003, p. A-6.
(8)
Daniel Mato, "Estudios y otras prácticas intelectuales latinoamericanas en cultura y poder", Relea. Revista Latinoa mericana de Estudios Avanzados, No. 14, Caracas: Centro de Investigaciones Posdoctorales (Cipost), mayo-agosto 2001, pp. 19-61, pp. 44, 46.

Fotografía: Daniel González.Techo de la Ballena: Rodolfo Izaguirre, Mary Ferrero, Adriano González León y Capoulican Ovalles 

domingo, 7 de julio de 2013

DE UN PAÍS A OTRO

De un remoto esfuerzo de normalización
Luis Barragán

Hemos vivido etapas históricas de una dramática y hoy impensable conjunción de violencias, conspiraciones, traiciones, agresiones, deslealtades o voracidades oportunistas, como la acaecida en los inicios de la democracia representativa en Venezuela.  Apuntando a una guerra civil que la sola voluntad de la coalición gubernamental alejó, nuestro destino pareció por momentos  subastarse entre los extremismos de derecha y de izquierda.

No somos partidarios de una versión idílica de épocas ya remotas,  pero tampoco nos contenta el discurso maniqueo en boga que adivina maldades, malvados y malévolos en una acera, mientras que en la otra, reclamando una herencia política y moral,  cuentan bondades,  inocentes y benevolentes.  Complotados los comicios generales de 1963, por ejemplo, la difícil situación reclamó todo el talento, la habilidad y convicción política que fuese posible, en el intento de conquistar una normalidad institucional y un desarrollo pacífico de las relaciones políticas que, a pesar de las adversidades, a la vuelta del quinquenio y propio del proyecto puntofijista, logró ampliar e integrar a las más disímiles corrientes en una experiencia irrepetida de nuestro historial republicano.

Medio siglo atrás, por el mes de julio,  Acción Democrática - Gobierno seleccionó a través de una convención, a Raúl Leoni como candidato presidencial,  lo cual   no negaba las más altas conversaciones con enconados adversarios como Acción Democrática – Oposición, la que terminó postulando a Raúl Ramos Giménez; aguzó el ingenio de los socialcristianos, abanderando a Rafael Caldera en el marco de la llamada Autonomía de Acción; aglutinó a importantes sectores políticos y sociales, impulsando la opción de Arturo Uslar Pietri; o suscitó el debate que no solventó las diferencias entre Jóvito Villalba y Wolfgang Larrázabal,  tímidos canalizadores de la atención de aquellos todavía no convencidos del militante llamado de abstención de la subversión sostenida. Una campaña electoral que no naufragó por el coraje de la dirigencia o – mejor – de partidos políticos que, comprometidos, fueron tales.

Dijimos ampliación e integración, porque el modelo político en construcción así se explicaba. Empero, ha sido tan devastadora la satanización del puntofijismo que no permite ver la viga en el propio ojo, condenando la paja en los ajenos.

Hay más de ignorancia sobre el pasado que distracción, aún tratándose de la dirigencia política que, inadvertidamente, ha de sentir – por lo menos – curiosidad histórica. Resulta indispensable masificar la formación histórica y política, doctrinaria e ideológica, en los cuadros de una oposición alternativa o que se desea como tal, pues, no es posible tan galopante y vanidoso desconocimiento, poblada la red de redes de textos y piezas audiovisuales que aseguran la interpretación gubernamental que, por si fuese poco,  financia.

Valga la coletilla, por aquellos días de julio de 1963, el Consejo de Facultades eligió a Jesús María Bianco como rector de la UCV. Fue un firme, decidido y corajudo defensor de la autonomía universitaria que hoy traiciona el gobierno nacional, acaso sin equivalente como probado defensor, aunque la supo también presta para las lides insurreccionales.

De los ascensos

La corporación armada atraviesa la época de graduación y promoción de sus oficiales, aunque la materia no despierta la libre inquietud e interés de propios y extraños, como ocurría antes. Imperfecto, el ascenso de la alta oficialidad dependía del parlamento, según nuestra larga tradición constitucional, incluida la doctrina bolivariana, pero ha resultado peor el remedio que la enfermedad.

Es el Comandante-en-Jefe el que decide exclusivamente esos ascensos y el resto de los venezolanos ni siquiera nos convertimos en espectadores, porque no existe la posibilidad de indagar verazmente sobre los motivos y razones que los produjeron, legitimando toda conjetura.  Sesionando pocas veces al año, se nos ha dicho, la Comisión Permanente de Defensa de la Asamblea Nacional, no tiene competencia alguna en la materia, aunque pareciera que en ninguna otra, pues, la política militar tampoco sabe de la opinión, interrogación y evaluación de sus miembros.

Luego, la infranqueable alianza cívico-militar que constituye la clave del proceso inaugurado casi quince años atrás, es la de los altos estamentos, dejando para la población los más vistosos desfiles y el llamado a defenderla a cualquier costo. Y hasta la fecha patria misma, la de la Independencia, la confisca como una gesta que sólo la dirección político-militar revolucionaria interpreta y celebra, pretendiendo criminalizar a quienes osen preguntar por qué.

Segunda fotografía: Almirante Carmen Meléndez, http://coquivacoatelevision.com.ve/
Fuente:  http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/15861-de-un-remoto-esfuerzo-de-normalizacion

jueves, 26 de julio de 2012

MOMENTÁNEAMENTE

EL NACIONAL - SÁBADO 29 DE MAYO DE 1999
Balances históricos, progreso y "momento constituyente"
Oscar Aguilera *

A Luis Castro Leiva, in memorian

Hasta ahora mis contribuciones en este espacio habían estado signadas por mi condición de profesor universitario e investigador en el campo de la Sociología. Sin embargo, sin abjurar de esa condición, quisiera hablar como ciudadano de este país, quisiera incluso poder dirigirme al Presidente de la República a fin de poder entender con algún grado de claridad cuáles son sus verdaderos propósitos. Comencemos haciendo algunas precisiones: 1.- No voté por el actual Presidente. 2.- Nunca voté por AD ni por Copei. Esta doble aclaratoria me permite afirmar que me encuentro dentro del porcentaje de venezolanos que quieren cambios pero dudan, legítimamente, que la orientación de los cambios deba estar impuesta por algún sector nuevo o viejo del país, independientemente de su rol, popularidad o virtudes. 3.- No entiendo el afán descalificatorio de los últimos 40 años, a los venezolanos nos sale realizar el balance del siglo o incluso de toda nuestra corta historia republicana. Sin embargo, un balance objetivo y racional pasa necesariamente por precisar los errores, limitaciones y perversiones pero, por favor, también los progresos logros y potencialidades. La sociedad venezolana sólo puede mejorar si identifica claramente sus "ventajas comparativas" y se monta en ellas y aprende a profundizarlas.
Si nos concentráramos en el siglo XX e identificáramos cuestiones esenciales como: 1.- ¿Qué capacidad de producir instituciones exitosas hemos tenido y cómo pudiéramos multiplicarlas? (¿cuáles son nuestras instituciones exitosas?). 2.- ¿Qué provocó que el proyecto civilizador de los herederos del gomecismo fuera roto abruptamente por la juventud militar y el partido político que resultó más exitoso en recoger el aliento transformador de la generación del 28? 3.- ¿Por qué satanizado el pasado lopecista y medinista y conquistada una popularidad arrasadora incluyendo Asamblea Nacional Constituyente (véase en ese espejo señor Presidente) debimos soportar la ruptura de una década de dictadura militar? 4.- Retornados a un punto de nuevo comienzo, "espíritu del 23 de Enero" de por medio (deliberadamente omitido ahora en la satanización del pasado inmediato) el país reasume la construcción de la democracia. Expresión de esa nueva alborada son la moribunda y el hipersatanizado "Pacto de Punto Fijo" como si la nueva constitución no deba expresar, inevitablemente, un nuevo pacto.
¿No deberíamos autocráticamente analizar estos tres comienzos en el siglo XX de proyectos llenos de las mejores intenciones encarnados por hombres de elevada calidad y devenido en fracasos y desvíos? ¿Cuáles fueron los éxitos pero sobre todo los fracasos de Bolívar? ¿Cuales fueron los aciertos de López, Medina y Arturo Uslar pero, sobre todo, cuáles sus equivocaciones? ¿Cuáles fueron los méritos de Betancourt, Caldera y Villalba pero cuáles sus desaciertos?
En medio de tanto debate insulso y en aras de aprender de nuestra historia del siglo XX invito a los venezolanos de buena fe y quisiera incluirlo en esa lista, Presidente, a identificar no sólo nuestras lacras y desviaciones sino a reivindicar nuestros logros y potencialidades. Sólo así se puede construir un proyecto de nación con perspectivas de progreso que invite a sumar y no a restar.
* Sociólogo, profesor e investigador de la Universidad de los Andes odagui@ula.ve