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domingo, 31 de agosto de 2014

DOS NOTAS

EL NACIONAL - Sábado 30 de Agosto de 2014     Opinión/6
Barrotes y detritus
Ramón Hernández
   
Dariel Alarcón Ramírez, conocido como "Benigno" se incorporó a la guerra de guerrillas a los 17 años de edad.
Camilo Cienfuegos lo enseñó a disparar y el Che Guevara las primeras letras. Fue su compañero en Bolivia, uno de los pocos que sobrevivió. Como premio, pero resultó un castigo, en 1981, le tocó ser jefe de una cárcel en las afueras de La Habana, en la que estaban recluidas más de 6.000 personas.
En sus memorias ­que no han leído María Iris Varela, "revolucionaria y socialista" ni Miguel Rodríguez Torres, el responsable del manejo y las ejecutorias de los cuerpos de seguridad de la revolución bolivariana­, Alarcón Ramírez cuenta algunas de las barbaridades que cometían contra los presos, tanto políticos como comunes, porque todos estaban juntos; sin distinciones, como ocurría en la URSS. "Disuadían" las protestas con chorros de agua y golpeándolos con la manguera en el pecho y la espalda. A uno lo hicieron explotar porque le metieron la manguera en la boca y abrieron el chorro. El Partido Comunista de Cuba se las arregló para que el homicida no fuese juzgado.
Nadie se alarmó. Al traspasar las puertas del centro penitenciario un letrero advertía: "El recluso tiene derecho, única y exclusivamente, a reclamar su medicina. A nada más. Cuando pasa de esta puerta para dentro, el hombre ha perdido todos sus derechos".
En ninguna cárcel de Venezuela nadie se ha atrevido, por ahora, a poner por escrito la autorización para cometer semejante tropelía, pero las perpetran, iguales o peores. El estudiante de la ULA Gerardo Carrero fue golpeado con una tabla y luego amarrado de rodillas durante doce horas a los barrotes de la celda del Sebin en El Helicoide, un atropello de los derechos humanos tan grave como las torturas que sufrió el buhonero revolucionario Efraín Labana Cordero en el TO3 a mediados de los años sesenta del siglo pasado; un caso denunciado por el entonces diputado José Vicente Rangel y el periodista Freddy Balzán.
La única diferencia con el caso de Carrero es que entonces la izquierda era la oposición y había escogido la lucha armada, la violencia, para llegar al poder. Ahora se trata de un campamento estudiantil frente al PNUD, pacífico en extremo.
Carrero pedía, precisamente, que se respeten los derechos humanos. Presto manifiesto de la Comisión por la Justicia y la Verdad, que depende administrativamente del Consejo Moral Republicano; sin usar, con el papel celofán entero, virginal.

jueves, 11 de abril de 2013

¿Y LO DIJO AL GOBIERNO?

EL NACIONAL - Jueves 11 de Abril de 2013     Opinión/10
Hora de audiencia
El penitenciarismo socialista europeo
ELIO GÓMEZ GRILLO

Hace años cumplí prolongados viajes de trabajo por el mundo socialista europeo con la finalidad de conocer y estudiar las características de la criminalidad, de la penología y del penitenciarismo existentes en esos países.
Visité establecimientos penales y de reeducación de menores de naciones entonces socialistas como Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Rumania, Yugoslavia...
Además, obtuve suficientes informaciones en Bulgaria y en otros Estados socialistas.
¿Cómo eran las cárceles del socialismo europeo? ¿Cuál era la verdadera situación en esos países? Comienzo por advertir que no creo que exista un denominador común exacto, preciso, riguroso que caracterice criminológica, penológica y penitenciariamente esas naciones.
Se pueden indicar algunos fundamentos estructurales comunes. El primero de ellos, y que reviste mucho interés, quizás sea el de sustituir la pena privativa de libertad por sanciones que no exijan la reclusión carcelaria del infractor. Por ello, en los penales socialistas europeos su población penal la constituía menos de la mitad de las personas condenadas.
Una segunda característica fundamental era que los penales socialistas europeos se asemejaban más a fábricas que a cárceles. Fábricas rigurosamente organizadas.
Recuerdo que quizás el modelo era el penal yugoslavo de la capital, Belgrado, donde existía una fábrica de determinados repuestos de vehículos cuya producción abastecía a todo el país. Este penal era visitado y estudiado constantemente por penitenciaristas del mundo entero.
Evoco también que en una cárcel checa de mujeres en Praga existía una fábrica de guantes para el invierno, cuya producción surtía a toda Checoslovaquia.
En Rumania, talleres penitenciarios fabricaban artesanías y muebles que exportaban virtualmente al mundo entero.
En esas fábricas penitenciarias, impecablemente organizadas, del orbe socialista europeo, trabajaban absolutamente todos los presos, salvo los enfermos o los imposibilitados para hacerlo y recibían la paga legal.
(*Por equivocación, apareció en la edición de ayer un artículo publicado anteriormente. Este era el que correspondía.)

viernes, 8 de junio de 2012

CONSTRUYENDO UNA GRAN PRISIÓN

EL NACIONAL - Viernes 08 de Junio de 2012     Opinión/9
¡Para qué la CIDH!
HÉCTOR FAÚNDEZ LEDESMA

En la última Asamblea General de la OEA, celebrada en Cochabamba, Bolivia, del 3 al 5 de junio pasado, con el pretexto de fortalecer el sistema interamericano de derechos humanos, Venezuela, Ecuador y Brasil, con el apoyo del secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, continuaron una campaña dirigida a debilitar o, de ser posible, desmantelar la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

En este sentido, el lunes pasado, en una breve aparición pública, el presidente Chávez se preguntó para qué se necesita una Comisión Interamericana de Derechos Humanos. La pregunta es pertinente, y merece ser respondida.

Hitler, Mussolini, Franco, Stalin, Idi Amín, o Pol Pot, no se sentían sometidos a estándares internacionales que debían respetar, y no tuvieron que responder ante ninguna instancia internacional por la forma como trataban a sus pueblos. Por el contrario, en nuestro continente, dictadores como Pinochet, Videla, o Ríos Montt, debieron enfrentarse a una Comisión Interamericana de Derechos Humanos que, aunque con escasos poderes, tuvo oportunidad de visitar esos países (con el consentimiento de los tiranos), rescatar de la tortura a muchas víctimas, e incluso salvar vidas humanas. Los informes de la CIDH denunciaron ante el mundo lo que estaba pasando en esos países, e hicieron posible que la presión internacional pusiera fin a esos regímenes detestables.

El Gobierno de El Salvador debió responder ante la CIDH por el asesinato de los sacerdotes jesuitas, del mismo modo que el régimen de Fujimori encontró en la CIDH un obstáculo más para avanzar en sus propósitos dictatoriales. Tiranías de izquierda y de derecha han debido responder ante esa instancia internacional.

Incluso en países con cierta cultura democrática, la labor de la CIDH también ha tenido un impacto notable. Discrepancias razonables en torno al alcance de los derechos humanos, de sus limitaciones o de las restricciones legítimas que se pueden imponer a tales derechos en una sociedad democrática han sido abordadas por la CIDH, lo que derivado en reformas legislativas, en cambios en las prácticas policiales o militares, y en modificaciones en las tendencias jurisprudenciales. Para los Estados que tienen un compromiso genuino con el respeto a los derechos humanos, la actuación de la CIDH nunca ha sido traumática, ni se ha percibido como una amenaza para la soberanía nacional. Por eso, cuando los electores sustituyan a este gobierno, muchos chavistas se arrepentirán de no haber levantado su voz para defender a la CIDH.

Los regímenes de Pinochet y de Somoza se enfrentaron con virulencia a la CIDH, la acusaron de violar el derecho de defensa del Estado, de inmiscuirse en sus asuntos internos, de atentar contra la soberanía nacional, y de ser un instrumento al servicio de Estados Unidos. Llama la atención que el presidente Chávez recurra al mismo lenguaje y a los mismos argumentos de dictadores de extrema derecha para descalificar a un órgano encargado de proteger a los ciudadanos cuyos derechos han sido conculcados. Es irónico que un gobierno que se niega a acatar las decisiones de la Comisión y las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos proponga crear nuevos mecanismos de protección de los derechos humanos, en el marco del Celac o de Unasur. ¿Para qué? ¿Por qué hay que desmantelar una instancia que les ofrece garantías a los ciudadanos, y sustituirla por un órgano que, sin duda, carecerá de independencia e imparcialidad? La pregunta es ¿por qué Chávez le teme a la CIDH y no permite que ésta visite Venezuela? La respuesta a su pregunta es simple, Presidente: la CIDH sirve para protegernos de gobernantes como usted.

lunes, 8 de agosto de 2011

DE UNA POLÍTICA PÚBLICA


De un gobierno prisionero
Luis Barragán


Harto evidente, no hay una política pública en materia penitenciaria aunque crean alcanzarla bautizándola con un eufemismo: misión. Y lo curioso es que pudieron decididamente tomar los invalorables aportes de Elio Gómez Grillo, libre de toda sospecha, por ejemplo, para remediar el agigantado problema, incluyendo las garantías ofrecidas por una larga continuidad administrativa, las bonanzas dinerarias y el control ejercido en todos los órganos del Poder Público. Sin embargo, fracasaron.

Imposible de ocultar ese fracaso, por la sangre que ha corrido en todos los hacinados establecimientos, evaden la responsabilidad y el costo políticos intentando transferirlos a una oposición que es eso: oposición. Muy bien refiere Eugenio Lahera Parada, la capacidad de gobernar es un bien escaso y depende precisamente de un gobierno que es eso: gobierno.

Muy probablemente, el abultamiento del tren ministerial permitirá agravar la situación. En tiempos ya remotos, otro ejemplo, no se necesitó de la creación de un despacho para diagnosticar la situación, mejorar el proceso penal y descongestionar las cárceles con un instrumento legal para la suspensión condicional de la pena.

La articulación de políticas orientadas a solucionar el asunto, con una urgente reingeniería legal, será una buena noticia excepto que el gobierno nacional siga prisionero de sí mismo y del modelo que lo inspira. A modo de ilustración, la fórmula no puede condensarse en transferir –esta vez – el problema a las comunidades, responsabilizando finalmente a las juntas comunales del seguimiento, vigilancia y superación personal de los reos, convertida en la opción principal de acuerdo a la estricta lógica que se desprende de sus reiterados propósitos y conductas.

Después de fracasar en la construcción masiva de viviendas, incumpliendo sus promesas, tampoco afrontar la exclusiva edificación de sendos establecimientos penitenciarios que cumplan con las exigencias mínimas. Y es que, en el supuesto de que lo haga en tiempo récord, siendo el fondo de la tragedia, no cuenta con el recurso humano calificado, eficiente y – sobre todo – incorruptible para ello, arriesgándonos a todos – esta vez – a un abultamiento de la burocracia, pues, seguramente, se convertirá en ocasión para darle cabida a un vasto clientelismo político.

Importa muchísimo el debate sobre la materia, gozando con un poco más de humildad por parte del gobierno que ha de reconocer sus errores. Sumada una renuncia: la de manipular a los sectores más empobrecidos de la población, en cuyo nombre gobierna aunque los haya condenado al infierno recreado constantemente.

Fuente:www.medios24.com/p38823.html
Fotografía: Leo Matiz. Actividades religiosas decembrinas en la cárcel Modelo de Caracas. Elite, Caracas, nr. 75 del 20/12/57.


martes, 29 de marzo de 2011

¿Y ESTO NO CONMUEVE, HUGO?


EL NACIONAL - Domingo 27 de Marzo de 2011 Primera Página/1
Lágrimas y forcejeo en La Planta
Momentos de tensión se vivieron en el internado judicial de El Paraíso. Un enfrentamiento entre presos por el control del penal hizo que se suspendiera la visita ayer. Entre gritos y empujones, intentaron acceder a las instalaciones y arrancaron un portón. El viceministro de Política Interior, Edwin Rojas, informó que fue destituido el Jefe de Seguridad de la cárcel y que se había llegado a un acuerdo con los familiares para evaluar los expedientes que presentan retraso procesal. Las visitas se reanudarán el día de hoy
Fotografía: Antonio Rodríguez