Del estrecho callejón a la avenida promisoria
Luis Barragán
Convengamos, fueron muchas las expectativas generadas con el triunfo parlamentario opositor de 2015 que, sincerada aún más al siguiente año, derribando la fachada de sus cuidadosas formalidades, forzó el reconocimiento de la dictadura por los más escépticos, interesados o no: se vieron igualmente acorralados en el estrecho callejón de la represión y el chantaje en sus variadas modalidades, por más constancias de buena conducta que exhibiesen. Truncada la aplicación de la Carta Democrática Interamericana, por obra de las calculadas maniobras del gobierno venezolano que también halló complicidades en quienes supuestamente lo combatían y combaten, la comunidad internacional privilegió la mirada hacia otros problemas, aunque – sobre todo los vecinos – saben de las graves consecuencias que reportará la consolidación del Estado Cuartel en su inaudita versión socialista.
Un balance de la gestión asamblearia de 2016, fundado en la extendida y peligrosa coyuntura, no debe versar principalmente sobre la producción legislativa, las investigaciones adelantadas y los debates celebrados, pues, destacando algunos de sus méritos, lo más importante era y aún es la respuesta política oportuna, decidida y contundente que no se dio al concluir el período postergando la declaratoria de abandono del cargo presidencial, sin el reemplazo de los consabidos magistrados del TSJ y rectores del CNE. La llamada mesa de diálogo finalmente no sólo neutralizó las posibilidades reales para reivindicar el Estado Constitucional, sino – particularmente – las responsabilidades de la Asamblea Nacional, revelando la ineficacia de una conducción en el marco de un régimen de facto que brega por el ornamento institucional.
Cuatro partidos monopolizan la MUD y toman sendas iniciativas que, desoyéndolas, afectan a todas las fuerzas de la oposición; e, incluso, resistiéndose a la ampliación e innovación de la instancia, por más que reconozcamos el capital de sus curules, trasladan la dirección al parlamento con algunas consecuencias: por ejemplo, ninguna incumbencia tienen los sectores políticos y sociales que no cuentan con diputados, suponiéndose representados; delegan responsabilidades en actores secundarios, ahorrando el costo de los fracasos a los principales; la propia conducción estratégica, suele confundirse con las realizaciones tácticas; el hemiciclo sustituye la calle, un escenario indispensable en tiempos de franca anormalidad democrática. Además, el revestimiento que procura el TSJ darle, no desmiente una situación de facto que, para el drenaje de las tensiones, hasta ahora concibe a la Asamblea Nacional como el visible referente conspirativo, según el relato oficial que ansía e intenta su sustitución por otro.
El período legislativo recién inaugurado, tiene o debe tener por prioridad encarar el desafío político esencial y, como tareas complementarias, por una parte, sancionar el instrumental jurídico que coadyuvará a la transición que no ha de tardar, propiciando las discusiones como un medio para obligar a la bancada oficialista a pronunciarse, poniéndose en evidencia, y como campana de resonancia de los justos planteamientos de la hora. Nadie niega que pueda darse un diálogo con el gobierno, término que él mismo ha vaciado de significado, pero nunca la apuesta ha de tener un carácter incondicional que, asegurando su completa impunidad, adquiera los rasgos de una inmensa feria de distracción, levantando toda suerte de sospechas y de certezas.
Se abren las avenidas promisorias de insistir en la transición democrática que la ciudadanía espera, ampliar la plataforma unitaria de la oposición que supere todo ardid electoral, profundizar en una dirección política que sea tal, reconocer los liderazgos reales jamás desmentidos, a pesar que muy específicas circunstancias relegaron a sus partidos a pocos diputados principales o suplentes, o a ninguno. La MUD, trastocada en una mera alianza electoral, igualmente impidió – es necesario reconocerlo – el reconocimiento de los liderazgos que compiten con otros sobre-representados, por lo que la fundamental promesa reside en sincerar y reconocer las fuerzas que emergen indeteniblemente.
08/01/2017:
http://guayoyoenletras.net/2017/01/08/del-estrecho-callejon-la-avenida-promisoria/
http://www.radiowebinformativa.com/opinion/del-estrecho-callejon-a-la-avenida-promisoria-luisbarraganj/
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lunes, 16 de enero de 2017
lunes, 18 de enero de 2016
SISTEMATIZACIÓN DEL PROBLEMA
¿Elecciones auténticas en Venezuela?Luis Barragán
Toda democracia se afianza (y autentica) a través de las elecciones auténticas, jerarquizadas como un derecho fundamental y, no por casualidad, el régimen denunció – tiempo atrás - el Pacto de San José que también así lo reconoce. .Y sobre la inautenticidad inherente al actual orden de cosas, luego de un inteligente y didáctico prólogo, versan Antonio Canova González, Rosa E. Rodríguez Ortega y Tomás Arias Castillo, en una obra que sistematiza la materia y con un estilo lacónico y eficaz, por cierto, propio del buen litigante: “¿Elecciones auténticas en Venezuela?” Un análisis sobre la imparcialidad, el registro y el sistema automatizado” (Editorial Galipán, Caracas, 2015).
Antaño contribuidos por la antipolítica, el abstencionismo electoral y la desafección política también tuvieron un sentido estratégico para el otrora poder emergente que hizo de los comicios un instrumento generador de la desconfianza generalizada, asegurándolos para sí mediante el organismo electoral, la tecnología y la sobrerrepresentación. Paradójica afirmación, la vocación plebiscitaria del régimen se afincó en el discurso populista y las realizaciones prebendarias que atrajo y tuvo un soporte mínimo y considerable de votantes frente al desestímulo de las mayorías cada vez más crecientes que también padecieron el complejo de minorías: hubo confianza exagerada y paciente en el cumplimiento de la promesa clientelar, a la vez que resignada y peligrosa impotencia ante la complejidad de los recursos electrónicos empleados que, sostenemos, expresó un aspecto importante de la guerra psicológica emprendida desde las más altas esferas del Estado.
Para el 6-D ya era imposible el más modesto gesto apático, evasivo o huidizo, sumergidos en una crisis nacional que se adueñó – sencillamente – de nuestros hogares, por lo que no valió el artilugio tecnológico, como las restantes herramientas políticas, propagandísticas y logísticas gubernamentales para revertir un resultado que, además, sospechamos, fue superior para la oposición democrática. Así, corroborando que los “electores no pasan súbitamente de ser abstencionistas consistentes a votantes asiduos” (89), a pesar de las incontables maniobras y amenazas oficialistas, la masiva asistencia de los descontentos y – su otra expresión - la cautelosa inhibición de los adeptos, beneficiarios de algún dispositivo clientelar, traducen no pocos y todavía insuficientes años de lucha, principalmente sintetizados por el testimonio de movilización y determinación que arrojó el difícil despertar de los consabidos hechos de 2014. Empero, aunque el reciente triunfo opositor promete otros más sorprendentes aún, prevalecen las condiciones que convirtieron nuestros comicios entre semicompetitivos o nada competitivos.
Comprobamos la confidencialidad del sufragio sobre la cual todavía pesa el mito interesado de su fragilidad, aunque sobreviven los otros factores que pudimos superar en diciembre próximo pasado, como la mediatización del ente comicial, el registro electoral y la automatización no transparente. Esta vez falló la correlación de las irregularidades que deriva del anormal crecimiento del registro, la irregular emisión de los documentos de identidad, las forzadas migraciones, la reaparición de los abstencionistas crónicos, el dudoso proceso de naturalizaciones o las oscuras transmisiones de datos (62, 96), impidiendo una auditoría verdadera (73).
La conversión innecesaria del Consejo Nacional Electoral (CNE) que – antes – cumplió convincentemente sus tareas (26 ss.), como también ocurrió con el Ministerio Público y la Contraloría General de la República, en un órgano del Poder Público, por ironía restó el equilibrio de los controles, pesos y contrapesos, que alguna vez expuso. De modo que, en principio, a la novísima Asamblea Nacional le corresponde reformar la Ley Orgánica de los Procesos Electorales e, incluso, asegurar la independencia del organismo comicial al revisar la composición de su rectorado.
Será posible con el decidido concurso de la sociedad civil y, específicamente, de la academia que ha participado activamente en el esfuerzo de desenmascaramiento de las trampas y triquiñuelas de la más alta sofisticación tecnológica (71). Importa la multiplicación y especialización de sendas organizaciones no gubernamentales que, a nivel nacional, regional y local, profundicen la lucha a favor de las elecciones auténticas, investiguen y contribuyan a su mejoramiento y, en definitiva, cuales escuelas de ciudadanía, retransmitan las experiencias conquistadas a las sucesivas generaciones, asociadas igualmente a los departamentos correspondientes de los partidos y gremios de toda índole.
Valga la sátira, la ya conocida impugnación de los tres parlamentarios del estado Amazonas por motivos que nos remiten a las inveteradas prácticas gubernamentales, si bien no afecta la correlación de fuerzas asamblearia, asoma cuán temeraria se harán las futuras actuaciones oficialistas con la ayuda del Consejo Nacional Electoral y del Tribunal Supremo de Justicia. Los victimarios trastocados en víctimas, repetirán el papel con el mismo descaro del opresor que trata de imputarle a la oposición los muertos de 2002 y 2014.
Fuente:
domingo, 10 de enero de 2016
SI YO FUERA COMPETENTE
EL NACIONAL, Caracas, 10 de enero de 2016
Incompetencia militar y política
Raúl Fuentes
Cuando ocurren tantas cosas casi al unísono, como ha sucedido últimamente, no halla uno por dónde comenzar a cortar para ofrecerle al lector una pieza razonablemente estructurada, sobre todo si lo acontecido no presagia nada bueno. En estos casos, la ortodoxia aconseja comenzar por el principio; sin embargo, no es dable precisar cuál fue el inicio de la serie de eventos que caldearon los ánimos y tensaron el ambiente a tal punto que el ministro de defensa tuvo que difundir un pronunciamiento tan sí pero no, que ni siquiera mediante un proceso de desambiguación logró distender el enrarecido clima que precedió a la instalación de la nueva legislatura; mas, para tranquilidad general, se pasó del suspenso al anticlímax , sin solución de continuidad, al aparecer en el hemiciclo capitolino un diputado rojillo que, durante sus 15 minutos de fama, trató penosamente de poner orden en lo que parecía una pea monumental – ¿si sufría de trastornos cognitivos, como arguyeron sus compinches, por qué carajo lo pusieron a hacer el ridículo? –; y, a pesar de no ser ésta la primera cuenta del rosario, bien vale como obertura.
El tragicómico farfullo del referido congresista y el derroche de consignas devenidas en ruidos insignificantes por parte de su bancada (el Cantinflas de Si yo fuera diputado se agiganta en nuestra memoria) ilustran por qué a los periodistas se les impedía cubrir la fuente parlamentaria y explican que estemos cómo estamos; daba alipori escucharles chacharear sin argumentos, y estimo que la Unidad Democrática debe disculpas a Pastrana por haberle sometido a esa deplorable ordalía.
Lo anterior supone un desvío del itinerario que nos habíamos propuesto recorrer a partir de una pregunta que, en su último artículo del año pasado, formula Carlos Blanco: “¿Se han puesto a pensar que la victoria opositora del 6-D tal vez fue aún mayor que la de 112 diputados?”. Esta interrogante, sustentada en las actuaciones de las señoras que gestionan el CNE como si fuese una empresa subsidiaria del gobierno, viene a cuento porque el ominoso dictamen con que la sala electoral del TSJ puso en jaque la incorporación a la asamblea de los diputados del estado Amazonas podría conducir a la anulación y repetición de las elecciones en esa entidad, en cuyo caso, aunque el gobierno gane tiempo tratado de escapar tangencialmente del control parlamentario sufrirá una paliza mayor que la antecedente y tendrá un diputado menos, lo que parece importarle un bledo.
La duda sembrada por Blanco tiene que ver, también, con cierta rumorología de botiquín que anuncia y amplifica ruidos de sables sin precisar de dónde vienen y hacia dónde van, derivada quizá de las enigmáticas palabras del ratificado Padrino –“Si algo nos enseñó el comandante Hugo Chávez fue a respetar y defender nuestra Constitución: Dentro de ella todo, fuera de ella nada. La FANB es profundamente bolivariana y revolucionaria”–; y, como enero es proclive a los sobresaltos, no está demás prestar atención a tales aprensiones y precisar que, en Venezuela, desde 1958, ninguna alzamiento armado ha tenido éxito y, la más de las veces, terminaron en inútiles derramamientos de sangre a costa del pagapeos habitual, el pueblo que pone los muertos. De Castro León a Carmona, pasando naturalmente por Chávez, las conspiraciones y asonadas con que se ha intentado quebrantar el orden constitucional podrían servir de alimento a la versión corregida y aumentada de la Breve historia de la incompetencia militar (Stupid wars: a citizen's guide to botched putsches, failed coups, inane invasions, and ridiculous revolutions, 2008), ensayo en el que Ed Strosser y Michael Prince pasan revista con buena dosis de humor a los chascos que, desde el imperio romano a la guerra de Las Malvinas, explican por qué Clemanceau consideraba la guerra asunto demasiado serio para delegarla en militares. Los milicos enquistados en el poder, sin dar señales de saber de qué se trata, ¿podrán evitar la hambruna que vaticinan estudiosos de nuestra situación? ¿Y qué decir de las guerras imaginarias, como la “económica” que libra sanchopancescamente el sucesor para ocultar su incompetencia política y sobre la que volvió a machacar durante la juramentación del no muy flamante gabinete de crisis?
Felipe González, al precisar que “Maduro ha devaluado tanto la moneda como la figura del Libertador que le da su nombre”, concluye que el gobierno tendrá que optar entre del default o el rescate chino. Así las cosas, la nación pone sus ojos en el nuevo congreso. Éste debe recoger el guante de la arrogante provocación que le arrojó Maduro y definir mecanismos para decirle hasta aquí llegaste, Nicolás, no te vistas que no vas, y el ciudadano sienta que su lucha tiene sentido. Para eso los elegimos, señores diputados; no nos defrauden.
Fotografía: escena de "Si yo fuera diputado" de Miguel M. Delgado (1952).
Incompetencia militar y política
Raúl Fuentes
Cuando ocurren tantas cosas casi al unísono, como ha sucedido últimamente, no halla uno por dónde comenzar a cortar para ofrecerle al lector una pieza razonablemente estructurada, sobre todo si lo acontecido no presagia nada bueno. En estos casos, la ortodoxia aconseja comenzar por el principio; sin embargo, no es dable precisar cuál fue el inicio de la serie de eventos que caldearon los ánimos y tensaron el ambiente a tal punto que el ministro de defensa tuvo que difundir un pronunciamiento tan sí pero no, que ni siquiera mediante un proceso de desambiguación logró distender el enrarecido clima que precedió a la instalación de la nueva legislatura; mas, para tranquilidad general, se pasó del suspenso al anticlímax , sin solución de continuidad, al aparecer en el hemiciclo capitolino un diputado rojillo que, durante sus 15 minutos de fama, trató penosamente de poner orden en lo que parecía una pea monumental – ¿si sufría de trastornos cognitivos, como arguyeron sus compinches, por qué carajo lo pusieron a hacer el ridículo? –; y, a pesar de no ser ésta la primera cuenta del rosario, bien vale como obertura.
El tragicómico farfullo del referido congresista y el derroche de consignas devenidas en ruidos insignificantes por parte de su bancada (el Cantinflas de Si yo fuera diputado se agiganta en nuestra memoria) ilustran por qué a los periodistas se les impedía cubrir la fuente parlamentaria y explican que estemos cómo estamos; daba alipori escucharles chacharear sin argumentos, y estimo que la Unidad Democrática debe disculpas a Pastrana por haberle sometido a esa deplorable ordalía.
Lo anterior supone un desvío del itinerario que nos habíamos propuesto recorrer a partir de una pregunta que, en su último artículo del año pasado, formula Carlos Blanco: “¿Se han puesto a pensar que la victoria opositora del 6-D tal vez fue aún mayor que la de 112 diputados?”. Esta interrogante, sustentada en las actuaciones de las señoras que gestionan el CNE como si fuese una empresa subsidiaria del gobierno, viene a cuento porque el ominoso dictamen con que la sala electoral del TSJ puso en jaque la incorporación a la asamblea de los diputados del estado Amazonas podría conducir a la anulación y repetición de las elecciones en esa entidad, en cuyo caso, aunque el gobierno gane tiempo tratado de escapar tangencialmente del control parlamentario sufrirá una paliza mayor que la antecedente y tendrá un diputado menos, lo que parece importarle un bledo.
La duda sembrada por Blanco tiene que ver, también, con cierta rumorología de botiquín que anuncia y amplifica ruidos de sables sin precisar de dónde vienen y hacia dónde van, derivada quizá de las enigmáticas palabras del ratificado Padrino –“Si algo nos enseñó el comandante Hugo Chávez fue a respetar y defender nuestra Constitución: Dentro de ella todo, fuera de ella nada. La FANB es profundamente bolivariana y revolucionaria”–; y, como enero es proclive a los sobresaltos, no está demás prestar atención a tales aprensiones y precisar que, en Venezuela, desde 1958, ninguna alzamiento armado ha tenido éxito y, la más de las veces, terminaron en inútiles derramamientos de sangre a costa del pagapeos habitual, el pueblo que pone los muertos. De Castro León a Carmona, pasando naturalmente por Chávez, las conspiraciones y asonadas con que se ha intentado quebrantar el orden constitucional podrían servir de alimento a la versión corregida y aumentada de la Breve historia de la incompetencia militar (Stupid wars: a citizen's guide to botched putsches, failed coups, inane invasions, and ridiculous revolutions, 2008), ensayo en el que Ed Strosser y Michael Prince pasan revista con buena dosis de humor a los chascos que, desde el imperio romano a la guerra de Las Malvinas, explican por qué Clemanceau consideraba la guerra asunto demasiado serio para delegarla en militares. Los milicos enquistados en el poder, sin dar señales de saber de qué se trata, ¿podrán evitar la hambruna que vaticinan estudiosos de nuestra situación? ¿Y qué decir de las guerras imaginarias, como la “económica” que libra sanchopancescamente el sucesor para ocultar su incompetencia política y sobre la que volvió a machacar durante la juramentación del no muy flamante gabinete de crisis?
Felipe González, al precisar que “Maduro ha devaluado tanto la moneda como la figura del Libertador que le da su nombre”, concluye que el gobierno tendrá que optar entre del default o el rescate chino. Así las cosas, la nación pone sus ojos en el nuevo congreso. Éste debe recoger el guante de la arrogante provocación que le arrojó Maduro y definir mecanismos para decirle hasta aquí llegaste, Nicolás, no te vistas que no vas, y el ciudadano sienta que su lucha tiene sentido. Para eso los elegimos, señores diputados; no nos defrauden.
Fotografía: escena de "Si yo fuera diputado" de Miguel M. Delgado (1952).
miércoles, 30 de diciembre de 2015
PROBAR LOS CAMINOS MÁS RETORCIDOS

Faltando poco, es el gobierno el
que pretende desestabilizar políticamente al país
Circula en las redes sociales una
declaración del diputado reelecto Luis Barragán, actual Subjefe de la Fracción
Parlamentaria de Vente Venezuela, y del Dr. Daniel Merchán, Coordinador
Político Regional de Vente Aragua, dada al pie del Samán de Güere, Circuito 2
de la entidad federal, mediante la cual coinciden en que es la propia
Constitución de la República la que ordena a los parlamentarios que fueron
proclamados por el Consejo Nacional
Electoral (CNE) a instalarse el venidero 5 de enero: “Ha de constituirse
íntegramente el cuerpo, dada la reciente reactualización del importante órgano
del Poder Público, sin que quepa ningún
diferimiento del acto para algunos y, mucho menos, para todos los que
resultaron triunfadores el 6-D, desde la más elemental perspectiva jurídica”.
“Lo que el régimen no logró con
los votos, no debe alcanzarlo por otros caminos – además – retorcidos, juzgando
por su misma condición: inventan un ventajismo y unas triquiñuelas que son las
que explican una conocida conducta de muchos años en el campo electoral,
intentando imputárselas a la oposición democrática que ha sido – como todo el
pueblo venezolano – paciente, pero nunca resignada a los abusos del poder.
Demuestran una vez más que no saben perder siquiera al aplicar las mismas
reglas que se han inventado”.
Fuentes:
http://www.primicias24.com/nacionales/vente-venezuela-el-gobierno-es-el-desestabilizador-politico-del-pais/
http://www.iberoamerica.net/venezuela/prensa-generalista/primicias24.com/20151230/noticia.html?id=1Gb1WuK
http://www.iberoamerica.net/venezuela/prensa-generalista/lapatilla.com/20151230/noticia.html?id=9GpK8ZX
http://www.entornointeligente.com/articulo/7624742/VENEZUELA-Vente-Aragua-Es-el-gobierno-el-que-pretende-desestabilizar-poliacute;ticamente-al-paiacute;s-30122015
http://ve.prensadehoy.com/region1846.html
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