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domingo, 24 de mayo de 2020

CAZA DE CITAS

"Para que la crítica del poder concentrado resulte convincente, el socialismo debería recordar su inspiración liberal antes que sus ambiciones prometeicas"

Raymond Aron

("Ensayo sobre las libertades", Alianza Editorial, Madrid, 1969: 118)

sábado, 14 de abril de 2018

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Juan Francisco Hernández. "Campanario: 'Los viajeros de Indias' de Francisco J. Herrera Luque y 'Biografía del Hospital Vargas' de Oscar Beaujon". El Nacional, Caracas, 12/07/1961.
- José Vicente Rangel. "Unidad, impunidad y atropello". Clarín, Caracas, 30/01/64.
- Jesús Sanoja Hernández. "La pacificación ha muerto. !Viva la pacificación". Deslinde, Caracas, 31/10/69.
- Diego Bautista Urbaneja. "Socialismo y experimentación". El Nacional, 03/11/81.
- José Vicente Rangel. "El tema militar". Vea y Lea, Caracas, nr. 32 del 25/05/70.

Reproducción: Reseña social, graduación del Dr. Francisco J. Herrera Luque. El Nacional, Caracas, 05/08/1953.

Breve nota LB:  Sólo cabe preguntarse, a propósito de Sanoja Hernández y Rangel: ¿Acaso, es más fácil hacer esos comentarios hoy que ayer? ¿No hubo una efectiva pacificación y reconocimiento de la pluralidad ahora demolidas? ¿Cuán lejos llegó la propuesta socialista al experimentar con el hambre misma del venezolano? ¿Cómo abordaría el siglo XXI venezolano, Herrera Luque?

lunes, 26 de marzo de 2018

ENTRE EL ARDID Y LA EPOPEYA (4)

De una insuperable y dramática contradicción
Luis Barragán


Incluido en la extraordinaria compilación que dirige, junto a José Alberto Olivar (“Entre el ardid y la epopeya. Uso y abuso de la simbología en el imaginario chavista”, Negro Sobre Blanco, Caracas, 2018), Luis Alberto Buttó aporta un texto de muy oportuna e indispensable lectura, dada las cruciales circunstancias hoy vividas: “La antinomia democracia-socialismo del siglo XXI” [19-80]. Desde una decidida perspectiva liberal, defiende  las libertades hoy conculcadas por el socialismo que, faltando poco, ha hambreado a la Venezuela petrolera para una insólita quiebra, en más de un sentido.

Necesario “ejercicio de deconstrucción del marxismo”  [77],  ejemplifica muy bien, más que los yerros, las improvisaciones de los que, no sin arrogancia, se dicen adalides en la construcción de un modelo que se jura de la presente centuria, con la hábil, paciente y cruel administración de la violencia que lo explica. “Falacia descomunal”,  suelen equiparar el socialismo y la democracia, reelaborado febrilmente un lenguaje de tergiversación y falsificación de las realidades, sumergido en una verborrea que constituye toda una técnica de comunicación política [19 ss., 77],

Los adalides en cuestión, suelen piratear o plagiar a Marx, Lenin, Stalin o Mao, convertidas las citas en un recurso mecánico de autoridad ante los propios, siendo preciso y recurrente el contraste de Buttó con las fuentes originales. Por cierto, toda una curiosidad, amplios sectores de la oposición nunca cuestionaron la invocación oficialista del marxismo, su naturaleza y alcances, porque – es nuestra la convicción – tampoco lo conocen y, por ello, de un modo u otro, facilitaron su entronización.

Vaga acotar, una invocación delatora, pues, muy escasos son los que, en ejercicio del poder, conocen de una corriente o movimiento susceptible de adaptaciones o transformaciones en otras latitudes, a veces, sinceras y, otras, abiertamente deshonestas, cuyas mutaciones son meramente tácticas. Acá, los más avisados, acostumbran a dispensar algún asesoramiento y, recordamos, al hábito de la remisión formal de sendos proyectos a la Asamblea Nacional, en años anteriores, se sumaba alguna cita descontextualizada de Castoriadis o Foucault que no dejaba de sorprendernos, para la veleidad del firmante que jamás los encontró   en la guía telefónica.

El capitalismo sirve de pretexto para el desarrollo de la propuesta totalitaria en curso, como si fuese – precisamente – el manchesteriano, con el que cerramos la anterior centuria. Hay más de argumentación falaz, efectista y maniquea al caracterizarlo, lo cual permite evadir las características del socialismo del siglo XXI que nunca Chávez Frías, su más excelso promotor, aceptó discutir amplia o restringidamente, con actores políticos internos o foráneos. Por ello, compartimos  la observación en torno al “anacronismo evidenciado en el descubrimiento retardado de lecturas desfasadas (…) Lecturas incompletas; lecturas apresuradas; lecturas de breviarios; lecturas de títulos de capítulos, introducciones y/o conclusiones” [35].


Por lo demás, Buttó señala o, mejor, denuncia que la propiedad colectiva (estatal) de los medios de producción, equivale a un gigantesco e hipertrofiado capitalismo de Estado, generador de una consecuente estructura y relaciones de clase, ilustrada por una trilogía perversa, inherente a la nomenklatura que hace y deshace: la del funcionariado, la del sistema de privilegios y prebendas que lo explican, como de los grupos de testaferros que logran accederlo, convirtiendo la propuesta socialista en toda una estafa teórica o “descomunal añagaza ideológica”  [49 ss., 53,  61, 77]. Las cifras de pobreza y desnutrición esbozadas, dibujan – apenas – las consecuencias del socialismo, un “sistema económico rabiosamente excluyente” [58 ss.].

El chavismo, denominación coloquial y mediática [21, 57], pendiente otra que lo inscriba como un fenómeno político más amplio de la crisis estructural que nos aqueja por décadas, ahora, asombrosamente agudizada, ha pretendido banal y vanamente equiparar democracia y socialismo, harto comprobada la incompatibilidad de los términos.  Agreguemos, persistente el dato pretoriano en el “bosque relicto” del socialismo real [29], por mucho que Jorge Giordani, otrora estelar figura del régimen, hubiese hecho del MAS objeto de viejos trabajos académicos, el chavismo de estricto origen militar olímpicamente ignora el debate que los sectores marxistas dieron en Venezuela en torno a tamaña equiparación, en el que tampoco estuvo interesada la ultraizquierda reacia aceptar la derrota de la consabida lucha armada.

Buttó toma una posición definida y definitiva al aseverar que “sólo existe una democracia verdadera y efectiva: la liberal-representativa”, deslindándose de sus más interesadas adjetivaciones [22, 24 s., 65]. Y considera “fundamental y obligatorio propiciar que el hombre se enriquezca, en el estricto sentido material del término, lo cual sólo puede ocurrir cuando es propietario de medios de producción y dicha propiedad no depende del favor o benevolencia del Estado y/o del carácter más o menos permisivo de sus gobernantes” [71].

Insistimos, el promedio  ágrafo de la dirigencia política de ambas aceras, facilitó el ascenso y la entronización del socialismo que no ha aportado novedad alguna, replicando las recetas amargamente conocidas en otras latitudes, añadiendo la dramáticamente más cercana: la de la dictadura cubana. El texto de Buttó, como los otros que integran la valiosa antología de ensayos, puede decir, constituye un exitoso ataque a la extemporaneidad que ahora embarga al país.

Ilustraciones: José Félix Rivas, según Martín Tovar y Tovar; y portada de la obra.
26/03/2018:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/32239-barragan
https://www.noticiasdevenezuela.org/2018/03/26/de-una-insuperable-y-dramatica-contradiccion-entre-el-ardid-y-la-epopeya/
http://www.entornointeligente.com/articulo/4061850/VENEZUELA-De-una-insuperable-y-dramatica-contradiccion-entre-el-ardid-y-la-epopeya-26032018

domingo, 26 de julio de 2015

CARTA Y CARTILLA

EL IMPULSO, Barquisimeto, 21 de julio de 2015
Socialismo y democracia en 1977
Andrés cañizalez

En la edición 394 de la revista SIC, correspondiente a abril de 1977, la revista se hacía eco de la llamada Carta 77 que por aquellos días había difundido un respetado conjunto de intelectuales y escritores de Checoslovaquia. El documento tenía un valor significativo, pues por un lado se recogía la importancia de la consolidación de los derechos económicos y sociales en este país, entonces bajo la égida soviética, pero al mismo tiempo se alertaba sobre la necesidad de que el proyecto socialista se levantara con las banderas de la libertad y de la defensa de derechos civiles y políticos. La posibilidad de que cada ser humano pueda escoger libremente aspectos vitales como religión, información y militancia política "no son un lujo exigido por deformados paladares burgueses”, sostenía al presentar la carta checa la revista, que es editada por el Centro Gumilla http://www.gumilla.org. Para SIC, que históricamente ha enarbolado las banderas de la justicia social, cualquier proyecto político que persiga el bienestar de las mayorías, debe estar asentado –necesariamente- en un sistema político plural. Por tal razón, al analizar la situación de los países de la entonces órbita comunista soviética, la revista hacía suya la idea expresada por Rosa Luxemburgo: "sin democracia no hay socialismo y sin socialismo no hay democracia”. Aún en un sistema que en teoría persigue el bien social, es necesario que esté establecido el derecho al desacuerdo, a poder expresarlo libremente sin retaliaciones políticas, laborales o sociales. La "Carta 77” trató de marcar distancia de los extremos que se debatían entonces, pues rescató positivamente las políticas sociales y económicas del comunismo checoslovaco, pero enarbolando de forma simultánea las banderas de las libertades individuales, con lo cual abogó –a fin de cuentas- por un socialismo humano.
En otro mes de abril, hace 13 años, en la edición 643 de SIC, correspondiente al año 2002, Arturo Sosa reflexionaba sobre el papel de la iglesia católica en la Venezuela actual. Para el ex director de nuestra revista, el rol eclesial resultaba de primer orden debido la extrema polarización que se vivía en aquellos días, en la que todo parecía verse en blanco y negro. En un artículo anterior Sosa había acuñado la imagen de un choque de trenes para analizar el contexto político, que venía calentándose desde fines del año 2001. En dicha situación, el papel de la iglesia (entendiéndola como todo el pueblo de Dios) no podía ser de alineación con alguna de las partes en pugna, sino precisamente convertirse en generadora del diálogo. Teniendo como telón de fondo a una "sociedad enceguecida” por la confrontación política, el rol eclesial necesariamente debía apuntar a la luz emanada del evangelio, para propiciar acciones concretas a favor del reencuentro y el diálogo.
Mientras tanto, en la edición 573 de SIC, de abril de 1995, Javier Duplá evaluaba el plan de acción del Ministerio de Educación, el cual estaba en la cresta de la ola del debate público. El propio ministerio aseguraba que "la educación venezolana ha devenido en un gigantesco fraude con respecto a las expectativas que el país ha colocado en ella en cuanto a instrumento de democratización, de progreso y de modernización de la sociedad”. Este plan implicó una verdadera revolución en su momento al acentuar el peso de la acción gubernamental en la educación básica y resaltar que el fracaso de la educación simboliza el fracaso de una nación. La bandera principal era alcanzar una educación integral y de calidad, poniendo al recurso humano como uno de sus énfasis, con una propuesta de dignificación de la función docente.

miércoles, 1 de julio de 2015

REIVINDICACIÓN DE UN TEXTO


Probablemente,  el texto se encuentre en los "libros menores" que le publicó la Academia Nacional, compilando sus incursiones de prensa. En nuestro Cuadernos Hemerográficos, al colocar poraquél año el recorte de periódico, nos preguntábamos expresamente sobre el autor. Días después, aparece una carta al director, mediante la cual Ludovico Silva reivindica el artículo objeto de los dicterios ajenos e imputado a otra persona. Con el escaner de mano, la pieza salió torcida pero se lee que es lo importante. Otros tiempos para la prensa venezolana. Por cierto, particular socialismo, Marx es el gran ausente en la Venezuela de hoy. Socialismo que pasa por debajo de la mesa en el terreno de la discusión necesaria.

miércoles, 21 de mayo de 2014

SOBRE PALADINES

La crisis de los patidos es la crisis de todos nosotros
Nicomedes Febres

* La caída del muro de Berlín determinó la extinción del comunismo como una opción para solucionar los problemas de la sociedad moderna y esa lógica ausencia, en vez de usarla la sociedad democrática occidental para replantarse el futuro, se enchinchorró en su victoria y por ello el mundo se volvió un avispero. Se dejó de pensar en los problemas sociales, se confió en la tecnología para solventar soluciones que estaban más allá de su razón de ser, se sacralizó el afán de lucro y se relajaron los valores morales de la lucha por un mundo mejor. Pareciese que muerto el coco, se acabó el miedo. Con el fin de las ideologías socialistas cayeron también las ideas antagónicas a ellas y las víctimas fueron los partidos políticos. Todos los partidos, en todo el mundo, salvo en Estados Unidos donde se valora más al ciudadano, calcaron el modelo estalinista de la organización política, todos eran partidos de cuadros con pretensión de ser partidos de masas. El remezón de los partidos permitió que grupos de presión trataran de pescar en río revuelto buscando substituirlos. Surgieron teocracias en los países más atrasados del Medio Oriente, algunos plutócratas se trastocaron en políticos, pésimos por lo demás, como Ross Perot o el fantoche de Donald Trump que además es farandulero, los dueños de medios de comunicación aspiraron a dirigir ellos o por personas interpuestas a sus países, como Berlusconi o Hearst y de allí a la farándula neopolítica. Fue una confabulación criminal contra los partidos, arrinconándolos, estigmatizándolos y tratando de quitarles su rol natural de intermediación entre los ciudadanos y las estructuras del poder. En Venezuela los partidos tradicionales cometieron errores garrafales, por un lado se encerraron en sí mismos y basaron su política en populismo y demagogia, pasando la confrontación inmanente de la política, de la calle a las convenciones. Todos se dedicaron a la compra de delegados hasta para la elección de las reinas de belleza. Ni siquiera la reforma impuesta por CAP con la elección directa de gobernadores y alcaldes los hizo replantearse cambios en la lucha política, de allí que el difunto y Salas Römer les pasaron por encima a Irene Sáez y Alfaro Ucero. Pero aquellos que estigmatizaron a los partidos y con intenciones aviesas trataron de destruirlos, hoy les exigen ser la vanguardia de la lucha. Eso es como cortarle las alas a un pájaro y pedirle que vuele después. Si son tan verracos porque no fundan sus partidos y suben los cerros para conectarse con los humildes y viéndoles a los ojos conocer de primera mano sus necesidades. Porqué esos paladines no se mudan a municipios de gente pobre y se dedican a representar a la gente y luchar por sus problemas. No creo que los partidos sean congregaciones de vestales inmaculadas, pero siguen siendo muy importantes y tan creo en ellos que voté en 1993 por Álvarez Paz, militantemente, no teniendo una buena opinión personal de él por flojo pero tampoco concuerdo con su visión, y aún así, no me arrepiento de haberlo hecho, pero no ando por allí denigrando de los partidos. Por experiencia sé que infinitamente peores son los políticos “independientes”, esos sí son unos gangsters y todos estos que gobiernan no son más que una asociación de independientes para delinquir que se montaron en el portaviones que fue el difunto, como expresión de la antipolítica. Estos no son socialistas, ni saben qué carajo es eso, sino bolivarianos con pretensiones de ser dolarianos. Ni haciendo votos de santidad, pobreza y humildad en un convento por 20 años les llegarán moralmente al tobillo a los padres de la democracia venezolana, y me refiero a todos, desde Germán Borregales, Prieto, Betancourt, Leoni, Caldera, hasta los hermanos Machado. Sé que de esta camada de jóvenes, junto al nuevo liderazgo, que está en la calle saldrá la nueva generación de líderes curtidos que enderezarán el rumbo del país. Solo confíen en políticos que han sido políticos desde jóvenes y curtidos en la oposición al poder que abusa. Del resto, ni con el Papa Francisco de fiador. Espero haber pisado bastantes callos.
* La foto del día es de unos indios waraos trabajando para la Bermúdez & Company en Guanoco en 1901 donde se presentó un conflicto laboral en aquella época. Estoy tras la pista de eso que no aparece en ningún informe. Conocer la historia de nuestra industria petrolera es obligante. No se imaginan la cantidad de hechos de la industtria que siempre han sido silenciados.

https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10203524983425966&set=a.2324650196458.132741.1255727869&type=1&theater

lunes, 2 de julio de 2012

EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA

EL NACIONAL - Sábado 30 de Junio de 2012     Opinión/10
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
Pensamiento único
JAVIER BIARDEAU R.

Cuando se plantean los espinosos asuntos de la transición socialista en la geografía de las experiencias latinoamericanas y caribeñas, se reactivan cuestiones aparentemente elementales: ¿Es posible imaginar y pensar la transición socialista desde una variante del "pensamiento unidimensional", simplificador o único? ¿Qué es el socialismo? ¿Qué es el comunismo? ¿Qué es el poscapitalismo? ¿Cómo traducir estos debates de marcado acento eurocéntrico a las realidades de los cuerpos, voces e imaginarios nuestro-americanos? La primera conclusión es que una "revolución" por decreto y desde arriba, basada en un pensamiento unidimensional y simplificador no es ninguna revolución. Allí siempre cabe rectificar a profundidad. Ya en 1964 Marcuse había descrito el pensamiento unidimensional como resultante del "cierre del universo del discurso" impuesto por la clase política dominante y sus aparatos de difusión de masas: "Su universo del discurso está poblado de hipótesis que se autovalidan y que, repetidas incesante y monopolísticamente, se tornan en definiciones hipnóticas o dictados".
Esto ocurre tanto en la derecha, como en la izquierda. El pensamiento unidimensional es una plaga espiritual, una estupidez generalizada, que cruza transversalmente ambos campos, incluso para aquellos perplejos que han perdido estas elementales referencias.
Más recientemente Lucien Sfez ha propuesto el término "tautismo" en su Crítica a la comunicación.
El concepto es un "neologismo formado por la contracción de `tautología’ (el `repito y por lo tanto pruebo’ corriente en los medios) y `autismo’ (el sistema de comunicación que me vuelve sordo y mudo, aislado de los otros, casi autista), neologismo que sugiere una mirada totalizadora, incluso totalitaria.
En otras palabras, a partir del tautismo, tomo en adelante la "realidad representada", sus simulacros y espectáculos mediados se asumen como realidad directamente expresada. Dice Sfez, confusión primordial y fuente de todo delirio. Hay por tanto una izquierda tautista y una derecha tautista.
Suponen que su autorreferencia es la "realidad objetiva" y la "única realidad normativa".
Mundos sin perspectivas, sin disonancias y sin disensos, como ha dicho Marcuse: "Cierre del universo del discurso".
Marcuse reconstruyó uno de los retratos más exhaustivos del "marxismo soviético", lo que Bujarin y Stalin calificaron como "marxismo-leninismo ortodoxo" cuya función fue apoderarse del legado leninista, hacer propaganda mundial y cerrar el universo de discurso en el campo de las izquierdas revolucionarias.
La obra abierta, heterogénea y crítica de Marx se hizo monolito dogmático bajo una actitud de interpretación unívoca, simplificadora y unidimensional. Se buscaba sobre todo la lealtad revolucionaria hacia la interpretación unidimensional de la "élite bolchevique", no la irreverencia en la discusión que supone un pluriverso polémico. El que no asentía pasaba a "tribunal disciplinario", purga o silenciamiento institucional. Se clausura el universo del discurso, con el subterfugio de la pluralidad, algo muy difundido en el "saber universitario".
Cuando Ramonet reintrodujo la idea de pensamiento único enfatizaba la pretensión universal de los intereses del capital financiero transnacional, reconocía que el paisaje ideológico posterior a la caída del Muro de Berlín había suprimido en los altares del proyecto neoliberal/neoconservador la idea de "pensamiento aceptable", monopolizando todos los foros académicos e intelectuales.
Por tanto, hay un tufillo de violencia simbólica y de prefiguración de la violencia atroz cuando izquierdas y derechas son portadoras de "pensamiento único" y monopolizadoras de la "verdad objetiva".
Se trata, como ha dicho Maturana, de argumentos para obligar, para someter, para uniformar representaciones, discursos e imaginarios. Seguimos presos de un viscoso y aburrido maniqueísmo marcado por la decadencia... Como diría José Rafael Pocaterra, quizás, si estuviera entre nosotros.
Ante esto, sólo podemos optar por el quinismo plebeyo. ¿Dijo usted "verdad objetiva" en tiempos pospositivistas? ¡Huele a fétida estupidez!

sábado, 5 de mayo de 2012

LA INFINITA DESPEDIDA

EL NACIONAL - Sábado 05 de Mayo de 2012     Papel Literario/2
Acerca de Adiós al socialismo
EDUARDO VÁSQUEZ
   

Hegel la consideró una creación suya. Aferrémonos a la interpretación de Marx quien se declaró discípulo de ese gran pensador.

Hagamos antes una breve exposición de lo que entendió Hegel por tal y la función que cumple en su filosofía.

Hegel fue un contemporáneo de la Revolución Francesa. En esa Revolución se declararon los derechos universales del hombre y del ciudadano. Hegel considera a ese acontecimiento la culminación de la historia universal (la de Occidente).

Su filosofía integra a ella la historia, por primera vez. ¿Cómo hemos llegado a ese resultado? Hegel busca en la historia una respuesta a esa pregunta. Son los hombres los que han hecho la historia y lo que han llegado a ser es por su propia acción.

Son ellos los autores y actores de su propio drama. Por consiguiente, la acción humana cumple un papel importante.

La subjetividad se propone siempre realizar su finalidad en lo objetivo frente a ella por medio de la acción (§ 8, Filosofía del derecho). Hay que pensar que esa subjetividad libre es la de hombres en sociedad. Es lo universal. Lo que ella traslada al objeto transformándolo es lo universal. Pero ella no traslada, no coloca fuera de ella todo lo que está dentro de ella sino partes de ella. Hegel las llama determinaciones. Cada época histórica tiene determinaciones que no son otra cosa que exteriorizaciones de la subjetividad: es la voluntad libre que usurpe (o se apodera de su contrario, el objeto, penetrándolo mediante su determinación) (Ibid, § 24, Observación).

En el Estado que Hegel describe encontramos: "la moralidad, la eticidad, el interés del Estado; cada una de estas figuras es una determinación y una existencia empírica de la libertad" (Ibid, § 30). La libertad contenida en cada determinación, como derecho de la subjetividad, va realizándose en la historia. Una vez realizada una determinación, el pensamiento (o el espíritu) no permanece en ellas sino que tratará de realizar otra. Y aquí entra el elemento más importante de la dialéctica, lo que hace que el pensamiento se mueva, la negatividad.

Hegel reclama la paternidad del descubrimiento de esa fuerza que mueve al concepto. Este contiene no sólo las determinaciones o particularizaciones, sino también la negación de ellas.

Escuchémoslo: "Concebir la negatividad inmanente en lo universal o idéntico, así como en el yo fue el más amplio paso que tuvo que dar la filosofía especulativa". La historia es para Hegel el resultado de las distintas exteriorizaciones y, a la vez, la negación de cada una para que pueda emerger otra. Sin negatividad no hay dialéctica. Pero también esa negatividad no es una que destruye totalmente la anterior, sino que la conserva, uniéndose a ella. Es la síntesis de la primera posición con la que surgió para oponérsele.

Es la negación que conserva o Aufhebung. Aquí tenemos a toda la dialéctica aplicada (o propia) de la sociedad humana. No es un método. Es una explicación que rechaza la causalidad, ya que el espíritu se mueve a sí mismo y no por la acción sobre ella de fuerzas externas.

Sin tener en cuenta la exteriorización, las etapas de la libertad, la negatividad inmanente, la negación que conserva, no puede entenderse lo que dice Enzo Del Búfalo sobre la dialéctica. Su libro toma como buena la exposición de Engels, la cual elimina todo lo anterior.

¿Cómo pudo ignorar el autor lo que dice Marx de lo grande de la Fenomenología de Hegel y su resultado final, la dialéctica de la negatividad como el principio motor y engendrador? Hegel capta la esencia del trabajo y concibe al hombre objetivado y verdadero, por ser el hombre real, como resultado de su propio trabajo" (aunque ese trabajo sea intelectual: ponerse y oponerse del propio pensamiento) (Sagrada familia, pág. 55). Nada de eso se encuentra en la dialéctica según Engels, aceptada acríticamente por Enzo Del Búfalo.

En consecuencia, todas las derivaciones que saca de la dialéctica son falsas en el sentido de que no se trata de la dialéctica de Hegel, sino de la adoptada por Lenin y los bolcheviques. ¿Cómo podía Lenin aceptar que la negación es inmanente a su sociedad, que ella podía ser negada? No hay negatividad en la concepción bolchevique. Ni tampoco negación que conserva. Pues Lenin, el exterminador de la burguesía y de los campesinos, convirtió a estos en los judíos de Rusia. En una carta dirigida a Stalin en noviembre de 1922, le dice: "Purificaremos a Rusia por mucho tiempo". Sus enemigos eran todos lo que se oponían a su política. Por eso la guerra civil fue una de las más sangrientas de la historia. Convirtió a la lucha de clases en guerra civil y erigió al gobierno en un enemigo de su propio pueblo. Trostky mismo recomendaba a sus comisarios "no quitar las manos de sus revólveres".

En el libro de Enzo Del Búfalo no hay historia. La historia, según él, se deriva de la concepción que tiene Engels de la dialéctica. Es ella la que por ser despótica engendra el despotismo. Es la idea la que engendra la realidad. La historia le diría que la revolución no fue producto de los obreros industriales de Occidente (que no era una masa desesperada y embrutecida, estas calificaciones las aplica Marx al proletariado en andrajos), sino que tuvo lugar en Rusia por la acción de unos hombres armados y dispuestos a todo.

No fue con ellos que Lenin ejerció su dictadura, sino con el despotismo del concepto.

Según esa tesis todos los que utilizan conceptos ejercen despotismo (queda exceptuado Funes, el memorioso). Los médicos, los ingenieros, los filósofos, todos los que piensan con conceptos son déspotas.

Los medios que utilizan para combatir la enfermedad, son despóticos. Pero en el caso de Lenin es distinto. Era partidario de que el fin justifica los medios, pero los medios que él empleó destruyeron al socialismo. Fue allí donde se dijo adiós al socialismo.

Cfr. texto de Freddy Yépez: http://www.aporrea.org/ideologia/a142088.html

jueves, 3 de mayo de 2012

DE LA DIALÉCTICA "EMPODERADA"

Dialéctica sin Hegel
EduardoVásquez

En el capitulo titulado “El materialismo y la dialéctica” (pág. 420, Adiós al socialismo). Enzo Del Búfalo, toma como legitima la exposición que hace Engels de la dialéctica hegeliana. La exposición que hace Engels concluye en que la dialéctica queda reducida a ser “ciencia de las leyes generales del movimiento”. El autor no utiliza a Marx cuando expone que para demostrar que Hegel no era un perro muerto se declaró abiertamente discípulo del gran pensador y llegó a coquetear con él en el capitulo consagrado a la teoría del valor. En la traducción del F.C.E. (W. Roces) desaparecen los términos propios de la dialéctica. Tampoco utilizó a “La critica de la dialéctica y la filosofía hegeliana en general”. Allí dice Marx que lo que hay de grande en la Fenomenología de Hegel y en su resultado final- la dialéctica de la negatividad como principio motor y engendrador- y también Marx sostiene que Hegel captó la esencia del trabajo y concibe al hombre objetivado y verdadero, por ser el hombre real, como resultado de su propio trabajo. En la exposición de Engels sobre la dialéctica nada de lo anterior aparece: ni negatividad, ni el trabajo que convierte al hombre en resultado de su propio trabajo. Tampoco aparece Hegel. No aparece en ese libro lo que constituye el verdadero elemento dialéctico: lo negativo que el concepto contiene dentro de sí (Tomo I, Pág. 73, Ciencia de la lógica). ¿Por qué Enzo Del Búfalo escogió a Engels y desplazó a Hegel y a su discípulo? ¿Dónde entra la negatividad en la ciencia de las leyes del movimiento? En la dialéctica Hegel-Marx la negatividad surge como oposición entre lo singular y lo universal. Sócrates (singular) surge como oposición o negatividad a lo universal (los atenienses). Es una oposición contenida dentro del pensamiento mismo. Tesis y antítesis. Pero lo propio de cada miembro de la oposición no desaparece por ser negado, sino que, por ser determinaciones de la libertad, se conservan al unirse. Es a esto a que Hegel llama Aufhebung. Es por ello que esa Aufhebung es tan importante, pues es por ella que se conservan las determinaciones de la libertad que han surgido en la historia. Del Búfalo lo cita sólo una vez (Pág. 285) y lo califica de captura despótica (?).

Se nos ocurre al leer al Adios… que como Lenin y Stalin y los bolcheviques se apoderaron de la dialéctica según Engels e impusieron una dictadura superlativa en horrores, Del Búfalo sostiene que ella es un movimiento que ordena de manera despótica la realidad. En Hegel, eso es insostenible, pues su Estado es uno en el que la libertad está realizada. No así en Lenin, el cual es “la fuente de la ideología totalitaria de la intolerancia” (D. Volkogonov), con discípulos en Cuba y Venezuela. Los bolcheviques tenían que rechazar la dialéctica hegeliana cuyo concepto Aufhebung es fundamental. ¿Cómo podían admitir en su plan de exterminio de los que consideraban burgueses que podía haber conciliación (síntesis de los opuestos)?

El movimiento en la naturaleza se produce por la acción de unos entes contra otros. En la dialéctica la fuerza negativa no viene de afuera. Se encuentra dentro del mismo concepto.

La dialéctica es completamente diferente del método de las ciencias de la naturaleza. Pero en Del Búfalo lo propio de la dialéctica es que ella opera con conceptos y de allí que quien la utilice convierte a su pensamiento en uno despótico. Esta concepción es propia de los heideggerianos irracionales. No nos figuramos al Del Búfalo convertido en Funes, el memorioso, incapaz de pensar, “pues para pensar hay que abstraer, separar, juntar en un solo concepto lo fundamental… Pensar es generalizar, abstraer, olvidar diferencias” (Borges). El origen de los campos de concentración, según Vattimo, no se encuentra en el odio a los judíos de los nazis, ni en la política de exterminio de los Kulaks y campesinos, opuestos a la política de Lenin, sino en la razón que organiza el pensamiento en conceptos. ¿Puede llamarse despótico a esa actividad, propia del pensamiento que busca en los datos sensibles lo que es semejante y encuentra diferencias en lo que parece semejante o semejanzas en lo que parece diferente? ¿Puede calificarse de despótico al pensamiento que penetra al objeto, se lo apropia y lo hace pensable? Despotismo es una actividad contra seres humanos y no contra seres carentes de pensamiento. De haber leído la Filosofía del derecho Del Búfalo habría aprendido que los hombres no pueden ser propietarios de otros hombres, esto es convertirlos en objetos. Por otra parte, los que buscan una finalidad (por ejemplo, el socialismo) deben emplear medios adecuados. Los medios que utilizó Lenin (o Castro o Chávez) destruyen la finalidad. Es allí donde se encuentra el adiós al socialismo. Ese adiós se encuentra en factores irracionales, tales como el odio (Lenin, Stalin, el Che, Chávez), en no reconocer la universalidad de los derechos del hombre y del ciudadano: los escuálidos, apátridas, traidores a la patria, no son seres humanos, con derechos, son animales, o peores que pueden ser eliminados impunemente.

Fuente: http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=862586

sábado, 7 de abril de 2012

DE LA AUTORIDAD MORAL


TAL CUAL, Caracas, 31 de Marzo de 2012
Fin de semana
Carta a Rigoberto Lanz
GERMÁN CABRERA

Estimado Sr. Lanz: Leo a menudo su columna A tres manos en uno de los periódicos que compro diariamente y me divierte mucho..

Colaboro circunstancialmente con algún artículo en Tal Cual ya que me siento identificado con su línea editorial y con su gente. Para entrar en el área de "las etiquetas" me considero un hombre de izquierda democrática o centro izquierda y por lo tanto tan apartado de la extrema izquierda como de la extrema derecha. Sin embargo fui militante radical de izquierda en mi juventud y pertenecí al MLN-Tupamaros uruguayo.

A lo largo de muchos años fui experimentando, como tantos otros, un proceso de profundos cambios en mi visión política, el cual concluí "liberándome" de los dogmas que limitaban mi vida y mi pensamiento y declarándome "librepensador", un término que si bien decimonónico, me permite razonar como me dé la gana, en base a principios y no a preconceptos. Ateo desde mi formación más temprana percibí que había adoptado una religión con sus liturgias y su dogma de fé y esta religión era La Revolución, así con mayúsculas, que de herramienta para el cambio se había transformado en un objetivo en sí misma arrastrando a sus militantes al pensamiento acrítico, a ignorar los cambios de la historia y lo que es peor a sentirse dueños absolutos de la verdad.

Cuando consideraba concluido mi proceso de cambio llegaron los golpes de Estado de Chávez y su gente y luego todo el largo proceso político en el que aún estamos inmersos. Este proceso ha sido muy útil para mi formación política ya que me ha enseñado lo que es sufrir en carne propia los desmanes de una autodenominada Revolución aún cuando los revolucionarios lleguen al poder mediante elecciones democráticas, con el novedoso objetivo de parasitar al Estado Democrático (o a su criterio Estado Burgués) y la economía de mercado para implosionarlos. El hecho de ser testigo del autoritarismo militarista y de la ineficacia absoluta acabó con el respeto que aún podía sentir hacia, por ejemplo, la revolución cubana o la nicaragüense, obligándome de paso a revisar hasta cuándo fui ingenuo en el pasado y cuándo comencé a ser cómplice. La experiencia enriquecedora que significa observar cómo se desbarata un país y la relación entre sus habitantes en nombre de la justicia social, me ha transformado,¡¡oh pecado!! , en un convencido y profundo reformista .

Considero muy injusto que haya que someter a un país a traumas tan profundos con el objeto de, sobre las ruinas del Estado de Derecho, construir una sociedad mítica basada en la utopía de la justicia absoluta y el igualitarismo perfecto sin tomar en consideración el desastre dramático en el que han derivado todos los procesos revolucionarios inspirados en las teorías marxistas leninistas.

En su artículo "Democracia para Amador" Ud. aborda el tema de la visita de los ex Presidentes Ricardo Lagos, Felipe González y Fernando Henrique Cardozo con todo tipo de descalificaciones, tanto etarias como intelectuales porque considera que no tuvieron "ningún rastro de vocación para transformar la sociedad". Hasta donde yo sé, éstos señores impulsaron sus países hacia un desarrollo sostenido, cada uno a su manera y en su momento, con visión de equidad y futuro, sin necesidad de recurrir a la violencia, a la polarización política y a la atomización de sus respectivas sociedades. Ud. puede discrepar con sus visiones políticas pero ¿por qué tanta arrechera? ¿Porque "actúan bajo el manto del socialismo o el paraguas de la izquierda" como Ud. mismo dice? ¿Quién tiene derecho, según su criterio, a considerarse de izquierda?, ¿sólo los autodenominados Revolucionarios aunque estos actúen como fascistas y populistas pasándose por el forro a su propio pueblo y todas las normativas de convivencia en una sociedad democrática? "Representan netamente a un tipo de izquierda liberal que se postró inocuamente ante la fatalidad del capitalismo", agrega más adelante. ¿Ud quiere decir que nadie puede luchar por una sociedad más justa si no es bajo el concepto de deconstruir o mejor dicho desmadrar "la democracia burguesa y el capitalismo para construir el hombre nuevo"? ¿Cómo Pol Pot o Abimael?..

Después añade: "Lo que vemos es un aplanamiento de la reflexión, trivialidades dichas con voz de autoridad, pajudeces que a cualquier estudiante de primer año de ciencias políticas daría pena"...y después habla de "completa falta de probidad intelectual", de que "allí nunca ha habido pensamiento", de "colección de lugares comunes sin un matiz de originalidad".

¡Qué riñones tiene Ud. Sr Lanz expresándose de esa manera de esos hombres mientras por otro lado apoya al gobierno de Hugo Chávez! Siempre me ha parecido comprensible que los más humildes y desheredados de bienes y conocimientos hayan sucumbido ante las loqueterasdel Teniente Coronel, pero me parece incomprensible que personas con alguna instrucción puedan verse reflejados en tremendo disparate. Cualquiera diría que en Venezuela vivimos bajo un gobierno de ideas preclaras y originales aportadas día a día al acervo político mundial. Que nuestro Presidente y por cierto único e irreemplazable líder del proceso, ilustra e ilumina a nuestro pueblo con conceptos e ideas refrescantes, carentes de lugares comunes y plenas de originalidad. Que el nivel moral e intelectual de este gobierno es ejemplo de cambios profundos en la mentalidad del ser humano, en el camino hacia la construcción del hombre nuevo y que sus iniciativas inspiran cambios de fondo en el orbe y deben ser emuladas para el bien de la humanidad.

No es conveniente Sr., hablar de sogas en la casa del ahorcado y creo que su reacción, muy común por cierto entre los adulantes del Máximo Líder, es un reflejo de la inevitable comparación que cualquiera puede hacer entre esos denostados ex presidentes y el nuestro. Como ejemplo ilustrativo le voy a contar que hace años pude presenciar en VTV un diálogo muy jocoso entre Hugo Chávez y Mario Silva en el programa "La Hojilla".

En aquella amena conversación a través de "El Canal de todos los venezolanos" ambos afirmaron , para mi sorpresa, que iban a practicar con la oposición el juego de "el rojo" (que como Ud.sabe quiere decir tú te agachas y yo te cojo) y también a "la piragua, que es lo mismo que el rojo pero en el agua".

Supongo que, a su criterio así debe actuar un Presidente de izquierda verdadera, un socialista a toda prueba, probo intelectualmente, enemigo de la decadencia del pensamiento, haciendo gala de su gracia discursiva y agregando un fuerte matiz de originalidad al discurso político mundial.

Lo felicito por sus necedades a la francesa.


EL NACIONAL - Domingo 25 de Marzo de 2012 Opinión/8
ATres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
"Democracia para Amador"
RIGOBERTO LANZ


"Tras el fracaso de las economías
del socialismo realmente existente;
tras el fracaso, más oculto pero más
tenaz, del capitalismo; tras el fracaso
de las formas de capitalismo de Estado;
tras el fracaso de las economías
postsocialistas, la única vía es
reinventar zapatos, caminos, mapas,
carretas, y recuperar razones
para ponerse de nuevo en marcha".
Juan Carlos Monedero: El gobierno de las palabras, p. 281.


¿ Quiere usted un ejemplo vivo de la decadencia del pensamiento? Es muy fácil: observe con detenimiento lo dicho y hecho por el trío de ex presidentes que desfilaron por la banca privada en plan de consejeros sobre la democracia. En verdad, con un mínimo de perspicacia, nadie estaría esperando genialidades intelectuales de estos venerables personajes. Alguien podría suponer que estos señores acomodaron sus discursos para portarse de forma políticamente correcta ante el tenor de los anfitriones. Pero no hace falta esta interpretación tan alada. Lo dicho corresponde demasiado fielmente a lo que bulle en la cabeza fatigada de estos políticos. Allí nunca ha habido pensamiento (salvo en los lejanos tiempos en los que Fernando H. Cardoso aparecía en las fotos de familia de los dependentólogos). Nada de raro, pues, esta colección de lugares comunes sin el más mínimo esfuerzo por agregar aunque fuera un matiz de originalidad.

Respecto a la jugada publicitaria, nada de pecaminoso que un banquero busque por allí los modos de legitimar su posicionamiento en el mercado de la opinión pública. Respecto a los invitados, sin pena ni gloria.

Si usted le borra el crédito de "ex presidentes", allí no queda nada. Ya sabemos que pensar y ser presidente no van necesariamente juntos. Es más bien raro que un personaje de estos tenga algo interesante que decir (pregúntele a R. Reagan, a M. Thatcher, a Bush, a Fox, a Jaime Lusinchi, a Pinochet, a A. Uribe, a Aznar, a Fujimori, a Sarkozy o a Berlusconi). Una brevísima lista del bochorno intelectual que acompaña impúdicamente a una más larga constelación de nulidades que, no obstante, pueden desfilar por el mundo con grandes honores y prosopopeyas.

En el caso que nos ocupa hay una nota un poco más vergonzante: se trata de personas que actúan bajo el manto del "socialismo" o en los paraguas de la "izquierda". De nuevo, un palmario ejemplo de la vaciedad de esas palabras. Basta una rápida mirada a sus gobiernos para constatar el patetismo de administradores de la crisis del capitalismo sin ningún rastro que recuerde alguna vocación --aunque lejana-- de transformación de la sociedad. Los señores González, Cardoso y Lagos representan netamente a un tipo de izquierda liberal que se postró inocuamente ante la fatalidad del capitalismo. El saldo neto de su tránsito en funciones de gobierno es francamente calamitoso (sobremanera, de cara a las pretensiones de un referente "socialista" o cosa parecida).

Pero todavía podría quedar el consuelo de personas que son portadoras de una reflexión teórico-política que insinúa alguna novedad, alguna gracia discursiva. Pues nada de nada. Lo que vemos es un aplanamiento de la reflexión, trivialidades dichas con voz de autoridad, pajudeces que a cualquier estudiante de primer año de ciencias políticas le daría pena. ¿Hay necesidad de exponerse de esta manera? Mucho más digno es pasar su retiro en el anonimato, sin hacer estos tristes papelones.

La audacia del señor Aznar, por ejemplo, de dictar cátedra en universidades fantasmas, es el colmo del ridículo. Basta un mínimo de precaución personal para que no falte el decoro y el sentido de las proporciones. Estos señores han de tener otros méritos con los cuales vivir su jubilación sin sobresaltos. ¿A qué viene esta pretensión de dar consejos? La maniobra de un montaje para atacar al Gobierno es muy burda. Se puede hacer de muchas maneras, sin necesidad de ser marionetas de los poderes fácticos. A partir de allí flaquea la autoridad moral que, sumada a la completa falta de probidad intelectual, nos coloca en la evidencia de un show publicitario sin destino.

La derecha tiene de dónde agarrarse, por qué entonces estos desatinos. Pídanle consejos a Fernando Savater.

SOCIALISMO: CURSO BÁSICO


EL NACIONAL - Sábado 07 de Abril de 2012 Opinión/4
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
¿Adiós socialismo, adiós capitalismo?
JAVIER BIARDEAU R.


"...Algunos declaran con placer que
en lo que concierne a la política, y
más precisamente a la política
revolucionaria, todo ha terminado
y para siempre. Sin embargo, renunciar
a la emancipación equivale a actuar como
un médico que, al fracasar en el descubrimiento
de una vacuna, declara el
triunfo eterno de una enfermedad"
(Pensar la libertad. Miguel Bensayag, p.14)


El diálogo polémico (Bajtin dixit) con el más reciente trabajo del doctor Enzo del Bufalo, Adiós al socialismo, continúa con diversos géneros de discurso (Jesús Puerta, Rigoberto Lanz, Héctor Silva Michelena, Eduardo Vásquez, entre otras voces). En Valencia tuvimos la grata oportunidad de presentar un texto denso, polémico, que invita a un debate con implicaciones (aún postergado) sobre cuestiones sustantivas de las izquierdas (socialismo / comunismo / poscapitalismo), que requiere adentrarse en la "enciclopedia" (Eco dixit) utilizada por el profesor Del Bufalo: la corriente de interpretación "autonomista" propia de los marxismos del siglo XXI (Negri, Virno, Medrazza, Hardt), la apropiación de la inmanencia de Deleuze, la genealogía de Nietszche / Foucault, la contraposición de la línea materialista: Maquiavelo / Spinoza / Marx a Hobbes / Rousseau / Hegel, cierto núcleo positivo del liberalismo político radical (¿McPherson?), una tendencia crítico-libertaria contra la hegemonía del "bolchevismo doctrinario" (Korsch, Rosa Luxemburgo), para salir del impasse de la figura del "movimiento obrero administrado" por el "socialismo nacionalestatal".

La tesis de Enzo del Bufalo sugiere reabrir debates aparentemente saldados por guiones ideológicos de una izquierda latinoamericana refugiada en mitos consoladores: repetir la corriente jacobina de la Revolución francesa (Robespierre / Saint-Just), repetir la Comuna de París (Blanqui), repetir la Revolución rusa (Lenin), repetir la Revolución china (Mao), repetir la Revolución cubana (Fidel / Che), cuando no recaer en neoarcaísmos autoritarios.

Repetir, como compulsión de "calco y copia", hasta llegar a decir: "Seamos como Fidel y como el Che". Una suerte de "platonismo inconsciente" se desliza en boca de "revolucionarios", sociedad-fábrica, encarnada por un "partido único" conductor de la sociedad, con comisarios políticos e ideológicos y sus anhelados "comités de salud pública".

Lo que sacude el texto Adiós al socialismo es la genealogía de toda esta parafernalia moderna, industrialista, disciplinaria, reproductora de diferentes versiones y prácticas del unodespótico, ajena al reconocimiento de diferencias-multiplicidades como potencias que configuran nuevos espacios de libertad. Basta meditar en la cita introductoria del texto de la Liga de los Comunistas donde "estos comunistas de la libertad" dejan claro su diferendo frente a comunistas autoritarios que enarbolaron el fetiche del "socialismo realmente inexistente".

Oponerse en todas las relaciones de sumisión despóticas, esa es la pretensión central del texto de Enzo del Bufalo; y desde mi perspectiva no puede comprenderse sin la lectura de Notas sobre Babilonia. ¿Podrá acaso el "movimiento socialista" cumplir la promesa incumplida del primer liberalismo político, concretar la idea moderna de una sociedad de hombres libres e iguales, en la cual no cabe un poder que organiza la sociedad en estratos de sumisión-despotismo o bajo la soberanía de una instancia que monopoliza decisiones fundamentales? ¿O degradará el "movimiento" en una "gobernanza" para la constitución de Estados nacionales subsumidos al metabolismo del capital? El efecto más perverso de la lucha histórica del "movimiento" sería la constitución de una "lumpen-burguesía de Estado", administradora de negocios comunes de una "nueva clase de privilegiados".

Se liquidaría así el antídoto para semejante regresión histórica que impide realizar cualquier "adiós al capitalismo": la articulación histórica de prácticas de democracia radical, social y participativa que superen el orden despótico de la sociedad-fábrica capitalista.

miércoles, 4 de abril de 2012

LA VENTANA EN LA PARED


EL NACIONAL - Miércoles 04 de Abril de 2012 Opinión/8
Hora Mundial
Socialismos existentes e inexistentes
DEMETRIO BOERSNER

Quienes anhelamos participar de modo práctico en la lucha por una Venezuela libre y justa, y nos ubicamos en el campo teórico socialdemócrata, basamos nuestras propuestas en la percepción de realidades concretas, tales como el cambio climático, la crisis del capitalismo clásico y su reemplazo por modelos emergentes, el impacto de cambios técnicos y psicosociales en el ejercicio democrático, los reacomodos de la correlación de fuerzas estratégicas globales, el auge de neofascismos y amenazas terroristas, y nuestro drama de descomposición.

Esporádicamente nos llegan las voces de una élite etérea (aunque no desinteresada) de estudiosos de teorías sociopolíticas "posmodernas" que nos reprochan nuestra "banalidad" o "mediocridad", al basar nuestras propuestas en lo que realmente es y no en lo que "debería" ser. Esa izquierda intelectual etérea quisiera que, en lugar de dar unos primeros pasos, siguiendo ejemplos reformistas de centroizquierda que han demostrado su eficacia en otros países, esperemos con los brazos cruzados a que ella nos suministre el modelo perfecto (engendrado en sus cerebros por una suerte de concepción inmaculada) de un socialismo posmoderno ideal, libre tanto de las lacras tiránicas del comunismo estalinista y postestalinista como de las debilidades claudicantes que a veces caracterizaran a la socialdemocracia kautskiana, fabiana o bernsteiniana.

Sin embargo, tal "tercer tipo" de socialismo, desprovisto de fallas, jamás ha existido realmente ni podrá existir, salvo como producto de un proceso histórico de larga duración. Los únicos dos socialismos "realmente existentes" han sido y son hasta ahora el comunismo y la socialdemocracia. El primero fracasó históricamente cuando colapsó la Unión Soviética. El otro ha tenido momentos gloriosos en las resistencias antifascistas y anticolonialistas, y notables éxitos en la construcción de una nueva sociedad, basada en una economía de mercado pero orientada por los intereses y la voluntad democrática de los mayoritarios sectores laborales, populares y medios.

En Noruega, Suecia y otros países democráticos avanzados construyeron Estados de bienestar poscapitalistas con elevados niveles de igualdad y calidad de vida. En países en vías de desarrollo ese modelo puede ser adaptado a las circunstancias. En ambos casos, se puede avanzar de la economía de mercado "capitalista" a una economía de mercado esencialmente "laborista" o socialmente democrática. Creemos que no existe otro camino. Su éxito depende de la amplitud de la democracia política que lo enmarque.

Fotografía: María F. Sigillo, Proyector Casa Sindical El Paraíso Caracas (03/12)

jueves, 22 de marzo de 2012

RECAPITULACIÓN (1)


EL NACIONAL - Miércoles 14 de Marzo de 2012 Opinión/8
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
Sobre Adiós al socialismo
ENZO DEL BUFALO

Hola Rigoberto.

Gracias por haberte tomado la molestia de hacer algunas consideraciones ­que entiendo son preliminares­ sobre mi libro. De entrada leo algo que me sorprende: "Una clave interpretativa que atraviesa todo el texto (y que es tal vez un factor polémico del que no será fácil prescindir) es la atribución al término `socialismo’ de una propiedad material que está en las prácticas sociales y no principalmente en el pensamiento".

Querido Rigoberto: ¡Cuando se rompe el espejo, luego es muy difícil juntar los pedazos sin que se noten los quiebres! El pensamiento es parte integrante de toda práctica social y toda práctica social es pensamiento. Este es el principio fundamental del materialismo histórico, el de Marx y el mismo que reproduce Foucault en su teoría del enunciado. No hay actores sociales inmersos en un metabolismo material como si fueran espíritus astrales caídos en un mundo demoníaco de la materia inerme; sino prácticas sociales que configuran subjetividades que actúan, piensan y sienten de acuerdo con las r eglas que en cada caso las definen en una red de relaciones de poder. (Esto es: prácticas sociales). Por eso ya incorporan de suyo "las condiciones epistemológicas de visiones del mundo, miradas y mentalidades que tienen su propio dinamismo. Claro está, fuertemente articuladas a la dialéctica específica de los movimientos socio-económicos," y por eso también "en ningún caso derivables de las prácticas materiales".

En todo caso, el libro trata del socialismo como movimiento social en todas sus vertientes para acortarlo como un momento en el desarrollo tendencial de la modernidad; desarrollo irregular ciertamente, pero definible en una tendencia a la constitución de la sociedad común de personas libres e iguales en la cual se inscribe el "riquísimo debate en la izquierda mundial en el último medio siglo XX. Me parece que allí está uno de los mejores capítulos de la controversia socio-política del pensamiento socialista". Controversia socio-política del pensamiento socialista que este libro no ignora; por el contrario presume de ser su sinopsis más completa, para no decir ¡la mejor! Decir adiós al socialismo es ya una primera respuesta a: La cuestión central es poder discernir sobre las construcciones teóricas que invocan el "socialismo" como referencia y se asumen explícitamente como alternativas anticapitalistas.

¿En qué consiste ese "socialismo"? ¿Cómo se articula a las tradiciones socialistas del pasado? ¿Cuál es la consistencia de una tal denominación en la coyuntura de hoy? ¿Cómo se vincula este "socialismo" con la crisis de paradigmas de la vieja izquierda y del pensamiento crítico? Es una respuesta porque significa deslastrarse de aquello que ya no está en la tendencia para volver a pensar y actuar de modo que se superen los viejos paradigmas que nos atrapan, como puede constarse en este mismo intercambio.

Un Abrazo Enzo


Amigo Enzo: Me concentro en este asunto cardinal: la cuestión del "socialismo" no es lo mismo que pensamiento crítico o que marxismo crítico o que izquierda radical. Entonces conviene situar bien de qué estamos hablando cuando nombramos la palabra "socialismo". (Por cierto, en lo personal nunca me interesó demasiado el asunto, no recuerdo haber usado esa terminología en varias décadas de debates; cuando me animo a tematizar este asunto es para evidenciar problemas).

Lo que ocurre es que hay una envoltura muy difícil de despejar con la superposición de "socialismo" con "pensamiento crítico". Por ejemplo, ¿qué es el libro de Marcuse sobre la naturaleza de la URSS? Es un brutal desmantelamiento de la barbarie estalinista hecha desde el pensamiento crítico.

¿Entonces? Marcuse no está defendiendo ningún "socialismo", está argumentando desde una postura teórica y política a favor de la revolución. Lo mismo diría de Toni Negri, Edgar Morin o Martin Hopenhayn.

Lo que sostengo es que el interés de una discusión sobre el "socialismo" pasa por su conexión con la agenda del pensamiento crítico, de otro modo se corre el riesgo de desenterrar cadáveres y ese no es el oficio del amigo Enzo.

R. Lanz


EL NACIONAL - Jueves 22 de Marzo de 2012 Opinión/8
ATresManos
Miradas múltiples para el diálogo
Sobre Adiós al socialismo (II)
ENZO DEL BUFALO

Querido Rigoberto: Estoy totalmente de acuerdo: la cuestión del "socialismo" no es lo mismo que pensamiento crítico o que marxismo crítico o que izquierda radical. El socialismo del que me ocupo en mi libro es aquel conjunto de prácticas sociales que han configurado por casi doscientos años ese movimiento social, que con multifacéticas expresiones políticas e intelectuales ha querido reorganizar la sociedad y que en su devenir diverso se ha reconocido en el término "socialismo". El pensamiento crítico puede que guarde relación con el socialismo, o puede que para seguir siendo crítico deba separarse definitivamente de todo lo que el término y la realidad que define.

Esto es una discusión posible; pero no es mi prioridad en este momento.

No porque no crea que sea importante, sino porque no es oportuno, si antes no se mira claramente al pasado que es aún presente. Entrar en este tipo de discusión sin antes haber saldado cuentas de manera clara con esa "compleja realidad" abarcada genéricamente por ese término, es como invitar a un banquete de excelentes platillos a gente con una crisis de constipación. La purga es una limpieza necesaria para asegurarnos de que a la mesa se sienten comensales capaces de apreciar los platillos. En el fondo se trata de establecer las diferencias que impidan a la crítica ser recuperada ­dialécticamente o no­ por un sistema de sumisión. Esto por lo menos es el deseo de esa subjetividad que sólo se perfila en la tendencia ¿hacia...? Enzo Del Bufalo Leyendo el libro, muy interesante para el debate por venir, el título pudo ser "genealogía de los socialismos", pero fue Adiós al socialismo ... Lo singular del socialismo es que fue multiplicidad y subsumir bajo un mismo significante; la heterogeneidad de prácticas parece un contrasentido, con las mismas premisas del autor, pero es muy sugerente.

El libro traerá cola aunque sigue marcado por cierto horizonte de prejuicios que no terminan de explicitarse, sobre todo el uso de las prácticas sociales sin referencia explícita a las relaciones de fuerzas.

Por otra parte, eso de "individuo soberano" después de la ruptura freudiana del sujeto todo-conciencia, o del sujeto que controla la red semiótica que lo soporta me parece bastante fofo... El sujeto colectivo no es una agregación de individuos libres e iguales que pactan desde la conciencia un poder inmanente... Hay cierta nostalgia por recuperar cierta dosis de subjetividad radical-libertaria que creo que en las actuales condiciones de posibilidad es una extravagancia, pero vale la pena mantener esa ficción a ver cómo funciona en el lazo social, más allá de la modernidad y la colonialidad...

Javier Biardeau ¡No! el libro jamás podría llamarse "genealogía de los socialismos". El libro es Adiós al socialismo como movimien- to político, social, intelectual etc., porque además de una genealogía tiene principalísimamente un análisis de la tendencia de las prácticas sociales a construir una nueva subjetividad que es su parte central y la que obviamente se te escapa, Javier. Una subjetividad que la modernidad ha definido como "individuo soberano", no yo. Dicho sea de paso, el individuo soberano no tiene nada que ver con la conciencia, es figura de la subjetividad construida por las prácticas sociales ­por ciertas prácticas sociales­ en el marco de una conflictualidad históricamente determinada. Es por lo menos sorprendente criticarle la falta de referencia explícita a las "relaciones de fuerzas" a un libro que muy bien podría leerse como una fenomenología del conflicto social.

Creo que, una vez más, estamos frente a una incomprensión muy común ­no sólo tuya­ de qué son las prácticas sociales y qué relación guardan con la plasticidad histórica de la subjetividad. Sólo si se entiende qué es la tendencia y cómo se define mediante el conflicto de las prácticas sociales, se entiende qué es la construcción de subjetividad, esa subjetividad que no es nada nostálgica y precisamente por eso le dice adiós a un pasado agotado por la propia tendencia que lo rebasa.

Un saludo cordial, Enzo del Bufalo

RECAPITULACIÓN (2)


EL NACIONAL - Domingo 19 de Febrero de 2012 Opinión/8
ATresManos
Miradas múltiples para el diálogo
El país que falta
RIGOBERTO LANZ

"El espacio político de la sociedad de
multiplicidades está formado por instituciones
que reconocen la divergencia como principio de
organización social...".

Enzo Del Bufalo: Adiós al socialismo , P.521


He insistido en varias ocasiones en la existencia de una Venezuela sumergida que no es perceptible a través del discurso electoral. No se trata de una parcela física ubicada en alguna geografía misteriosa. Se trata sí de una realidad transversal, que está en todos lados, invisibilizada por la predominancia de los poderes en escena.

Pero, además, tenemos desde hace rato una dicotomía exacerbada por la hostilidad de los discursos, por una beligerancia política que no se corresponde con la naturaleza de los cambios reales que están en agenda. Estamos pagando una factura de caviar cuando en verdad comemos diablito.

¿Cuál es el negocio? Las palabras no son neutras, por ellas se pagan altos precios cuando se aumenta el volumen sin respaldo efectivo en la realidad.

La operación --maquiavélica-- debería ser exactamente al revés: hacer cambios radicales y matizarlos con lenguajes amigables... haciendo siempre "como si" no pasara nada. Hay una parte importante del país que está permanentemente señalada con discursos de exclusión (de lado y lado).

El resultado psicológico (y luego político) es la sensación de campos de batalla donde todo vale, donde se juega a matar o morir, y, por tanto, donde se definen los bandos amigosenemigos.

Este clima pre-político está hace rato instalado en las facciones más activas del juego político-electoral. Pero hay otro país: por debajo, por encima, en un costado. País que responde a otras lógicas, que espera respuestas del Estado, que no está en el juego electoral, que no se ha enfermado de histeria colectiva, que espera su momento.

Bien lejos de esa imagen falaz y bobalicona de "rescatar la democracia" como si aquí alguna vez ha habido alguna democracia verdadera. O de esta otra imagen tan socorrida de la "reconciliación" como si alguna vez este país hubiese vivido en armonía y agarraditos de las manos. Venimos del infierno de una Venezuela atravesada por toda clase de aberraciones sociales. Por allí no es la cosa.

De lo que se trata es de instaurar un sentido de la gobernanza que coloque a la sociedad toda en el centro de las políticas públicas, con los conflictos y contradicciones que están en la base de este modelo de sociedad, sin inventar falsas hermandades donde sólo hay intereses fundamentales contrapuestos. Pero justamente por ello es esencial que una visión de Estado coloque las reglas de juego que marcan el límite de lo que es aceptable, así la acción de gobierno supera el sectarismo de partido, la visión restringida de una lucha de todos contra todos y la exclusión a priori de todo aquello que no es "lo mío".

En una compleja transición como esta, en la que se dilapidan demasiadas energías en trifulcas mediáticas que dejan rastro, es indispensable resituar las prioridades y el manejo de antagonismos en clave de juego democrático, comprometiendo al adversario en cada conflicto, colocando siempre el horizonte-país por encima de la pragmática de los intereses parciales, separando netamente la lógica de partido de la lógica de Estado (esta confusión es letal), abriendo el juego cada vez que la violencia ciega intenta cerrarlo. No estoy planteando una agenda utópica para un país extraterrestre.

Lo que estoy argumentando está ya en la tradición democrática de muchos países, no estamos inventando el agua tibia. Lo curioso es que este abecé de la política parece un sueño dado el primitivismo de las prácticas y discursos realmente existentes.

Cambios inmediatos deben producirse. El desgaste de los discursos, la acumulación de extravíos, la pérdida de oportunidades por las que nadie responde, la elementalidad de las opciones que aparecen en escena, el diferimiento de grandes decisiones que marcarán lo que será Venezuela en los próximos 30 años, en fin, los enormes vacíos de visiones trascendentes en los operadores que ocupan la escena pública, suscitan una sensación de urgencia que ya no se puede colmar con las expectativas de 1999.


EL NACIONAL - Domingo 11 de Marzo de 2012 Opinión/9
ATres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
En la era de los adioses
RIGOBERTO LANZ

"La izquierda subsiste... porque habrá una afinidad...
entre esa izquierda ideológicamente difunta y una
sociedad políticamente indiferente, entre una izquierda
transparente y una sociedad sin secretos, entre
la resignación de esa izquierda a todo objetivo
histórico y la resignación de la sociedad civil
a toda voluntad política".

Jean Baudrillard: La gauche divine, p.117


El amigo Enzo Del Bufalo nos propone ahora una revisión histórica de la idea de "socialismo" recreando para ello pensamientos y escenarios que vienen de muy lejos. Con el sugerente título de Adiós al socialismo (Caracas, Edit. Bid & co., 2011), nos pasea por ese largo historial de debates y confrontaciones en las que la izquierda política ha intentado erigirse como opción frente a la sociedad capitalista.

Una clave interpretativa que atraviesa todo el texto (y que es tal vez un factor polémico del que no será fácil prescindir) es la atribución al término "socialismo" de una propiedad material que está en las prácticas sociales y no principalmente en el pensamiento. Es decir, será "socialismo" el propio metabolismo de la sociedad industrial, una suerte de secreción del mundo del trabajo y la producción. Esta lectura tiene más de un problema, desde luego.

Tal vez su tensión más aguda la apreciamos en la dificultad para dar cuenta del riquísimo debate en la izquierda mundial en el último medio siglo XX. Me parece que allí está uno de los mejores capítulos de la controversia socio-política del pensamiento socialista. Esta ausencia se entiende porque la mirada analítica se centra en las caracterizaciones de las prácticas materiales de los actores sociales en cada momento histórico. Lo que estoy planteando es que será muy difícil convenir sobre una idea de "socialismo" que no penetre las condiciones epistemológicas de visiones del mundo, miradas y mentalidades que tienen su propio dinamismo. Claro está, fuertemente articuladas a la dialéctica específica de los movimientos socio-económicos, pero en ningún caso derivables de las prácticas materiales.

Hay una construcción discursiva (un "régimen de enunciación", Foucault dixit) donde el metarrelato "socialista" funciona como representación, como ideología, como imaginario colectivo, como agenciamiento identitario, como programa político. El conjunto de presupuestos, teorías, conceptos y categorías, sistemas interpretativos y lecturas de la realidad, con las que la izquierda pensó la revolución (incluido el "socialismo") tienen una determinada racionalidad que debe ser penetrada con una mirada autónoma, deconstruida en su propio humus epistémico. De ese modo, la idea de "socialismo" remite a un constructo intelectual --una cierta narrativa-- que tiene sus propios contenidos teórico-ideológicos, a su vez disímiles por la diversidad de "socialismos" que se han cruzado, sobremanera, en la segunda mitad del siglo XX.

Es cosa bien diferente evaluar el fracaso del socialismo como agotamiento e implosión de una configuración ideológica singular (como el estalinismo, por ejemplo) que situarlo en el terreno de su depasamiento de cara al tipo de capitalismo donde nació. Alguien dirá que las dos cosas van juntas. Sí, pero no. Ciertos debates no se entenderían fuera de su contexto histórico. Las elaboraciones teórico-políticas están conectadas con los eventos de cada coyuntura. Los distintos "socialismos" conocidos son expresión de esos metabolismos. Ese no es el punto. La cuestión central es poder discernir sobre las construcciones teóricas que invocan el "socialismo" como referencia y se asumen explícitamente como alternativa anticapitalistas. ¿En qué consiste ese "socialismo"? ¿Cómo se articula a las tradiciones socialistas del pasado? ¿Cuál es la consistencia de una tal denominación en la coyuntura de hoy? ¿Cómo se vincula este "socialismo" con la crisis de paradigmas de la vieja izquierda y del pensamiento crítico? Adiós al socialismo evoca una imagen del mismo tipo del Adiós a la modernidad con la que hemos caracterizado insistentemente este cambio epocal por donde transitamos hoy, o el Adiós al proletariado con el que Gorz escandalizó en su tiempo. Moraleja: no es lo mismo decir adiós... que hasta luego.

EL NACIONAL - Jueves 29 de Marzo de 2012 Opinión/9
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
Sobre Adiós al socialismo (III)
JAVIER BIARDEAU

Ciertamente, se me escapa el análisis de tendencia de la nueva subjetividad, no he llegado allí, pero esta combinación de fuentes: Foucault, Negri y Deleuze, tratando de escapar a la malla dialéctica de extracción hegeliana es común en una tendencia ya conocida: el autonomismo y la multitud; aunque insisto: ¿y por qué no nuevas subjetividades(s)? ¿Por qué tanto énfasis en el rasgo unario del uno despótico si precisamente allí reside la confusión permanente entre el orden simbólico y lo real en sentido lacaniano? El orden simbólico genera una poderosa fuerza hacia la "ley" como equivalencia del código. ¡Nueva subjetividad! ¿No se lee acaso allí una insistencia en que la salida es una determinación por abstracción en el código de equivalencias? ¿Dónde queda lo disparatado de la "nueva subjetividad"? No hay que despachar la gramática, ni la retórica ni la lógica como trivium de la semiótica de las prácticas sociales.

Unificar el socialismo feudal, el socialismo de Proudhon, el socialismo fabiano en el rasgo unario de socialismo como si las prácticas sociales convergen en el significante-amo que organiza las relaciones sociales sigue siendo una incógnita poco despejada. Allí hay una operación teórica poco clarificada en el texto. La "diferencia" pareciera recaer en "lo mismo", dada la in-distinción entre alteridad y diferencia. Seguimos presos en la malla semiótica de la lengua castellana para abordar lo inabordable desde esta red: la heterogeneidad de lo disparatado, que son fuerzas, intensidades, espacios que descuadran la geometría del concepto, cuando éste deja de apelar a las formas platónicas...

querer brincar sobre la sombra platónica para terminar girando en círculos con ella.

Insisto, los estratos de sumisión ciertamente dan cuenta de la conflictualidad que opera en las prácticas sociales, pero hay conceptos con genealogías contractualistas, como aquel de la "legitimidad". El "autor" tal vez debe abordar las incomprensiones, matices, tensiones, hendiduras, desgarramientos, aberraciones, sobreinterpretaciones como elementos, justamente, de la heterogeneidad de lo disparatado de las prácticas sociales.

Saludos.

Javier.

Comentario al margen: 1) Enzo del Bufalo, en una ya numerosa obra, ha insistido en una genealogía de la subjetividad en la cual juega con dos términos dicotómicos, con los cuales categoriza las prácticas sociales: las relaciones de equivalencia y las despóticas.

Las primeras resultan del mercado, son como la extensión de las condiciones de intercambio de productos equivalentes a la relación entre los seres humanos. En ellas encuentran su génesis desde la razón hasta cualquier asomo de relación no-despótica. Esta forma de plantear la cuestión, ¿no inocula cierto maniqueísmo en una polaridad que inicialmente sirve simplemente para categorizar, pero luego, al aplicarse a períodos históricos demasiado largos, se sustantivizan en dos principios independientes? 2) Otra duda a aclarar: cuando se afirma que la modernidad ha definido una nueva subjetividad, el "individuo soberano", ¿se trata de la modernidad central o de la periférica, es decir, de la colonialidad? ¿Ese "individuo soberano" aparece en todo lugar? Ya sé que hay autores (entre ellos el propio Rigoberto y creo que Enzo también) que definen la modernidad desde un referente europeo, a partir de la Ilustración; pero pienso que esa forma de comprender la cuestión oculta una parte importante del cuento.

3) Hablar del "individuo soberano", ¿no es dibujar una perspectiva, un horizonte, una proyección de las tendencias de la Modernidad? Si es así, la operación se parece a la del Marx, para quien el comunismo nunca fue un proyecto de sociedad que habría que imponer, sino "el movimiento histórico" mismo. Sobre la base de esas tendencias históricas, Marx se permitía esbozar elementos programáticos en el plano político, que no en el teórico. En su obra propiamente teórica, Marx siempre advertía que no se proponía imponer un proyecto prediseñado de sociedad, sino vislumbrar hacia dónde tendían las contradicciones y conflictos de la sociedad moderna.

Jesús Puerta

RECAPITULACIÓN (3)


EL NACIONAL - Sábado 17 de Marzo de 2012 Papel Literario/1
Adiós al socialismo
HÉCTOR SILVA MICHELENA

Personas libres y soberanas El socialismo, palabra abusada en los tiempos modernos, es repetida en los más disparatados sentidos, pero pocos saben cómo y porqué surgió, y casi nadie comprende en qué ha devenido realmente hoy en día. El libro Adiós al socialismo, de Enzo del Búfalo, busca aclarar estos temas y colocar la reflexión política en el ámbito de la tendencia moderna hacia la construcción de una sociedad de personas libres y soberanas.

Aquí hallamos la primera de las tesis fundamentales del texto: las prácticas sociales que han ido socavando la vieja sociedad feudal occidental remplazándola con la sociedad moderna, definen una tendencia a la formación de una figura subjetiva particular que se denomina individuo soberano. Este tipo de subjetividad necesita vivir en una sociedad en la cual cada individuo se relaciona con otros sin ningún tipo de sumisión que el autor denomina despótica. Este es el sentido de la historia moderna.

Esta tendencia es también la de constituir una subjetividad humana distinta. Sustenta esta tesis el postulado según el cual el ser humano se va transformando con sus prácticas sociales. Este postulado es propio del materialismo histórico que contra lo que sostiene cierta tradición marxista no tiene nada que ver con la dialéctica hegeliana; por el contrario, es su más radical negación puesto que pone en el origen la idea; en cambio, el materialismo histórico rastrea el origen de cada concepto en su radical diversidad, y en la materialidad de los procesos sociales, su verdadero origen; este análisis se complementa con la llamada plasticidad histórica de la subjetividad.

Con esta base metodológica, el autor articula el análisis del socialismo como un movimiento que expresa un momento histórico de la tendencia a la constitución de la sociedad de personas libres e iguales. De hecho el socialismo, al igual que el liberalismo antes que él, surge como práctica y doctrina que reivindica espacios de libertad contra el orden despótico imperante pero, al igual que el liberalismo, termina siendo recuperado por el orden despótico. Si el liberalismo, en su afirmación de la soberanía del individuo, insurge contra el Estado absolutista y los privilegios de clase para dejarse atrapar por la organización despótica de la industria y el comercio; el socialismo surge para superar esta capitulación del liberalismo frente a la organización capitalista y se deja seducir por el Estado. Pero Estado y capital son tan sólo dos formas del mismo orden despótico que siempre ha sido y será incompatible con la sociedad de individuos soberanos.

Tanto la organización capitalista de la producción como el Estado, en todas sus variantes, son organizaciones sociales basadas en relaciones de sumisión. Ni el liberalismo ni el socialismo entienden correctamente la naturaleza del poder despótico y es por eso que su concepción de las transformaciones sociales es jacobina, es decir, se basa en la idea de que este poder despótico puede ser apropiado, mediante la revolución, por una minoría ilustrada que lo empleará para reconstruir la sociedad.

Reconstrucción del orden despótico Nada más falso, sostiene el autor. El poder despótico se rehace a sí mismo y es por eso que todas las revoluciones lo reproducen. Sin embargo, el poder despótico se destruye mediante la separación. El socialismo inicial fue un movimiento realmente subversivo porque tendía a sustraerse al orden de la fábrica capitalista y al del Estado oligárquico y, así, interrumpía su funcionamiento poniendo en crisis la estabilidad social. Pero esto duraba tan sólo el tiempo que el capital necesitaba para recuperarlo mediante reformas que al satisfacer parcialmente sus aspiraciones, permitían recomponer el orden despótico. La historia del socialismo es, según del Bufalo, la historia de los distintos momentos de separación y recuperación del movimiento en un orden despótico superior. Un movimiento dialéctico en el cual una masa inicial de gente depauperada y embrutecida se separa de la fábrica para reivindicar mejores pautas de trabajo y de vida que les permitan desarrollar su subjetividad autovalorando su fuerza de trabajo. Este momento reivindicativo es seguido por cambios tecnológicos en el proceso productivo y por reformas sociales que permitían satisfacer estas reivindicaciones, al tiempo que hace posible relanzar la acumulación sobre una base superior. Este conflicto generó el gran dinamismo de la sociedad moderna y se expresa en el movimiento dialéctico entre autovaloración obrera y acumulación del capital que en cada fase culmina con una mayor subsunción de la producción y de la sociedad en el ciclo del capital. Así denominó Marx este proceso mediante el cual primero las pautas de trabajo, y luego todas las instancias de la vida social se van reconformando de acuerdo a la lógica acumulacionista.

De manera que la historia del socialismo es la de un movimiento de masas embrutecidas y depauperadas que dirigidas por una minoría radical democrática ­llamada su conciencia externa­ causa un conflicto social al plantear su separación del orden social que el orden despótico recupera mediante concesiones y reformas. Esta dinámica conflictiva va transformando, por un lado, la subjetividad proletaria, diversificándola en múltiples series de individuos, liberándola así de esa estratificación típicamente despótica que es la clase social; pero, por el otro, no sólo las pautas de trabajo, sino también las instancias en las que reproduce la vida de estos individuos, como la familia, escuela, el esparcimiento, etc., son subsumidas en la lógica de la acumulación. Si en las primeras décadas del movimiento socialista, administrado por la conciencia externa del partido, prevalecía el momento de la separación, con el pasar del tiempo empezó a prevalecer el momento reformista o revolucionario en el cual el socialismo se convertía en instrumento de prácticas políticas y sociales que si bien satisfacían ciertas reivindicaciones de los trabajadores, hacían posible una mayor subsunción de la subjetividad obrera y de toda la sociedad en el ciclo de acumulación. Así los socialistas y comunistas ocuparon el poder del Estado para hacer reformas o para hacer la revolución jacobina. En el primer caso, el socialismo construyó el Estado del bienestar que, si bien satisface muchas de las reivindicaciones sociales, funciona como estabilizador de la acumulación de capital en las economías de libre mercado.

En el segundo caso, el socialismo creó un orden social a imagen y semejanza de la fábrica capitalista del siglo XIX con el Estado y la nueva clase como únicos extractores de excedentes, y controladores de toda la vida social. Así el socialismo es hoy la manera más eficaz de administrar la subsunción de la sociedad en el capital.

Vivir en multiplicidad Frente a esto, todo movimiento que quiera mantenerse en la tendencia hacia la construcción de una sociedad de personas libres y soberanas debe luchar contra todas las formas de sumisión despótica. Es la manera de separarnos de la subsunción del capital. "Podría decirse pues que, hoy en día todo socialismo es necesariamente fascistoide [...] y es hoy en día inevitablemente fascista y debe ser repudiado por todos aquellos que se colocan en la tendencia histórica del conflicto social que nos pone más allá del socialismo".

Hay que afirmar las diferencias de cada individuo como diferencias de igual valor social. Esto es lo que significa vivir en multiplicidad.

Pero esta tendencia no podrá realizarse hasta tanto no se supere toda organización despótica. Inventar formas organizativas que no impliquen sumisión es el reto que tiene el individuo para superar el último obstáculo para la afirmación de su plena soberanía. Para hacerlo debe antes abatir los fantasmas de la historia. Este libro quiere ayudar a estos fines ¿otra utopía de la edad de oro?

EL NACIONAL - Viernes 16 de Marzo de 2012 Opinión/6
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
¿Adiós al socialismo?
JESÚS PUERTA*

Los libros de Enzo del Bufalo siempre nos han ofrecido una exquisita erudición en una hermosa prosa. Adiós al socialismo no es la excepción, aparte de que constituye un valioso aporte a un debate necesario. Es imposible dar cuenta de este libro tan rico en un breve artículo de opinión. En el marco del Doctorado de Ciencias Sociales de la UC le dedicamos una mañana que fue corta. Valga, de todos modos, este corto texto para comentar algunas cosas.

¿Por qué Enzo del Bufalo le dice adiós al socialismo? Fundamentalmente porque se desvió del proyecto de una sociedad de individuos libres e iguales. La postura del autor se presenta diferente de la del neoliberal y del decepcionado amargado por el engaño en que perdió parte de su vida. La desviación del socialismo para Enzo tiene que ver con que a) el socialismo asumió la defensa del estado nación, lo cual implica compromisos con las relaciones despóticas; b) dejó de ser movimiento de diferenciación respecto del despotismo capitalista y se integró al capital; y c) por obsoleto, fracasado, etc.

El "individuo soberano": esa fue la "promesa incumplida" del liberalismo, el cual "traicionó" por entrar en compromisos con los despotismos feudales. Pero la utopía se confronta con su propia base "genealógica", pues la modernidad resulta ser un "compromiso de relaciones despóticas, iguales y de parentesco". Enzo sólo valora el socialismo en el momento en que fue un movimiento de separación del movimiento obrero respecto del despotismo del capital en el siglo XIX. Pero la utopía se mezcla y se abigarra. Creemos sentir aquí el pesar del teórico al ver mancharse y mezclarse el limpio y puro ideal, cuando entra en contacto con su aplicación.

Con la misma sensibilidad, el autor opone la "muchedumbre abigarrada" del "eclecticismo" propio del actual socialismo (alusión al chavismo) a la "multitud múltiple diferenciada" donde se lucha contra los despotismos afirmando las diferencias individuales que nunca convergen en el "Uno".

Todo esto lleva a Enzo a un extraño razonamiento que ya hemos observado en otros autores antichavistas. Para él, el socialismo actual (¿Venezuela? ¿China?) es, necesariamente, fascismo. La explicación de este salto en el razonamiento está en la página 515: "El ejemplo histórico que mejor interpreta esa territorialización es el fascismo". No se explica por qué el fascismo es "el mejor ejemplo" de territorialización nacional.

Pero sigue más abajo con que el socialismo es "necesariamente fascista", pues reedita la articulación "entre el capitalismo privado globalizado y un capitalismo de Estado nacional". Reconoce, sólo de paso, que este movimiento beneficia la situación de los "hambrientos"; pero internaliza el socialismo para subsumirlo en el capital.

La cosa es que esa conjunción, que para él es fascista, también la hizo históricamente la socialdemocracia. Por otra parte, el nacionalismo de nación oprimida o colonia es diferente del chovinismo imperial.

Por no considerar esto, Enzo no ubica nada de fascismo del lado del imperialismo actual, materializado en el intervencionismo terrorista del gran capital.

Para nosotros, el fascismo es la dictadura terrorista del gran capital sobre los trabajadores y colonias, que aplasta su movimiento emancipador social y etno-nacional, acompañada de una política guerrerista. La integración capitalismo-Estado, aun en sentido social, tiene que ver con las superestructuras del keynesianismo que, sí, puede ser usado por el fascismo, pero también por el "welfare state".

Habría que preguntarse: si ha habido tantas versiones del socialismo (o de la izquierda), que han tenido sus fallas, fracasos y errores, pero todas de alguna manera expresan esa tendencia hacia una sociedad de hombres libres, iguales y fraternos, no hay razón para abandonar su aspecto utópico, así como para un cristiano no bastan las atrocidades de la Iglesia Católica para abandonar su fe.

Al parecer el teórico introdujo un elemento impuro, concreto y abigarrado en su razonamiento puro y abstracto: el rechazo silvestre al chavismo.