Mostrando entradas con la etiqueta Francisco Herrera Luque. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Francisco Herrera Luque. Mostrar todas las entradas

domingo, 24 de mayo de 2020

HASTA AQUÍ, ESTADO CUARTEL

De una doble paradoja 
Luis Barragán

Una teoría del  Estado fallido, la es del Estado cada vez  más desestructurado hasta hacerse inexistente. Queda circunscrita a la suerte de quienes (in) voluntariamente hicieron suya la empresa de una descomposición que afecta a los ciudadanos, incluso, más allá de las fronteras.

Surge una casta predadora de las propias instituciones que le dieron sustento, añadida la que supuestamente le adversa, reclamando para sí y  sólo para sí,  la licitud – antes que la legitimidad – del uso exclusivo de la fuerza. Causa o resultado de un proceso de disolución social, determinado territorio y población devienen fáciles presas de intereses nacionalmente ajenos.

El Estado, cada vez más afantasmado,  pierde  las características de  Estado, aunque  no debemos confundirlo con los considerados Estados fantasmas (“Phantom States”) que, por modestos que fueren, siendo muy escasamente reconocidos por  otros, parecen serlo. De la existencia de  Osetia del Sur y Abjasia,  por ejemplo, nos enteramos al reconocer y concurrir sus representantes a la juramentación de Maduro Moros, como muy pocos países se atrevieron, después del fraude electoral de 2018.

Convengamos,  al menos, la ucronía de Francisco Herrera Luque (“1998”, Caracas, 1992), que versa sobre el descuartizamiento territorial de Venezuela, deja constancia de la existencia y derrota del Estado que no puede impedir la división, mas sigue siendo Estado. Muy distinto a lo que acaece con la Venezuela actual, sufrimos un proceso acelerado de desestructuración y descomposición que, además, convertidos en amenaza y peligro para la comunidad internacional, nos ubica en la órbita del Estado fallido, susceptibles de una urgida intervención humanitaria.

Ya no constituye novedad alguna la paradójica quiebra de una potencia petrolera, las masivas e  inéditas oleadas de desplazados y refugiados que el régimen ha suscitado, al igual que su dependencia extrema con La Habana que nos convierte más en una suerte de protectorado que de entidad confederada.  Y tampoco, otra paradoja,   la realización de un Estado Cuartel que acabó o pretende acabar con lo que queda del Estado, luego de hacerlo con la Fuerza Armada: como vemos, peor que el COVID19.

25/05/2020:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/36965-paradoja-

martes, 11 de septiembre de 2018

¿HASTA CUÁNDO FLOTAR SOBRE LAS CIRCUNSTANCIAS?

Distopía y utopía
Luis Barragán


La ilusión no fue sólo la de un cambio de década, sino de siglo. Mejor aún, la de un distinto milenio, disparando algunos atavismos.

A medida que se acercaba el 2000, en la ya vieja prensa sobró el testimonio de un optimismo razonable, aunque – a veces – también francamente delirante. El país, por la sola producción del petróleo, faltando poco,  inagotable, constituía una apuesta segura.

Que sepamos, apenas hubo una mirada articulada y enteramente pesimista, como la de Francisco Herrera Luque con su postrera  novela “1998” (Grijalbo, Caracas, 1992), deshecha Venezuela en las fauces del fascismo devenido epidemia continental. No obstante, finalizando la centuria de logros contrastantes con la anterior, la versión catastrófica de las realidades dijo ofertar mejor el paraíso a la vuelta de la esquina.

Maldito el FMI y los agentes del patio, la superación de las inauditas cotas de pobreza, corrupción e inseguridad personal tendría por garantía una democracia, cuya única profundidad dependería de la celebración de numerosas consultas electorales, importando poco que fuesen plebiscitarias, impuntuales e inauditables. Se daba como un hecho que la producción - de todos modos -  alcanzaría un promedio de seis millones de barriles diarios,  al igual que los precios jamás descenderían afianzados por las pugnas de una irreprimible multipolaridad al avanzar el siglo.

Y acá nos encontramos, cierta, irrefutable y plenamente realizada esa versión catastrofista que logró colarse y prender, deshaciéndose la propia República en las manos de un socialismo al que sólo lo alimenta el sacrificio inútil y genocida de una población fuertemente reprimida. Empero, este XXI inquilinario al que de nuevo llegamos tarde, cuenta con un futuro próximo y realizable, con la reivindicación de las libertades públicas y personales ahora negadas, un modelo y  estrategia alterna de desarrollo afincada en el emprendimiento y el trabajo, capaces de abrir las puertas a una elevada calidad de vida con equidad social: puede decirse, hay un importante aprendizaje generacional que cobrará una decidida actualización de comprometerse con los principios y valores que alguna vez, desgraciadamente, olvidamos.

Ilustración: Alberto Savinio.
09/09/2018:
http://guayoyoenletras.net/2018/09/09/distopia-y-utopia/

sábado, 14 de abril de 2018

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Juan Francisco Hernández. "Campanario: 'Los viajeros de Indias' de Francisco J. Herrera Luque y 'Biografía del Hospital Vargas' de Oscar Beaujon". El Nacional, Caracas, 12/07/1961.
- José Vicente Rangel. "Unidad, impunidad y atropello". Clarín, Caracas, 30/01/64.
- Jesús Sanoja Hernández. "La pacificación ha muerto. !Viva la pacificación". Deslinde, Caracas, 31/10/69.
- Diego Bautista Urbaneja. "Socialismo y experimentación". El Nacional, 03/11/81.
- José Vicente Rangel. "El tema militar". Vea y Lea, Caracas, nr. 32 del 25/05/70.

Reproducción: Reseña social, graduación del Dr. Francisco J. Herrera Luque. El Nacional, Caracas, 05/08/1953.

Breve nota LB:  Sólo cabe preguntarse, a propósito de Sanoja Hernández y Rangel: ¿Acaso, es más fácil hacer esos comentarios hoy que ayer? ¿No hubo una efectiva pacificación y reconocimiento de la pluralidad ahora demolidas? ¿Cuán lejos llegó la propuesta socialista al experimentar con el hambre misma del venezolano? ¿Cómo abordaría el siglo XXI venezolano, Herrera Luque?

martes, 27 de febrero de 2018

PARA QUEBRAR LAS BAYONETAS

EL IMPULSO, Barquisimeto, 23 de febrero de 2018
Ignacio Burk, un sabio germano-venezolano
Luis Eduardo Cortés Riera

Sucedió mi encuentro con este extraordinario pensador y docente de manera fortuita. Ocurrió en el Liceo Egidio Montesinos de Carora cuando se me acerca su director, el profesor Simón Villegas, a ofrecerme 40 horas de psicología y filosofía de cuarto y quinto año respectivamente. No dudé ni un instante y acepte el ofrecimiento. Aquello fue una revelación y un magnifico apoyo para mi formación intelectual. Tenía yo un marcado interés por conocer estas dos magnificas y complejas aéreas del conocimiento,y que no había podido cursar durante mis estudios de pregrado en Historia en la Universidad de Los Andes.
Tomé entonces en mis manos aquellos voluminosos y densos libros de este Maestro y sentí una fuerte emoción mientras entraba en conocimiento de la filosofía griega de los presocráticos, la psicología de la gestalt, las mónadas de Leibniz, las cinco vías de Santo Tomás de Aquino, el nacimiento del psicoanálisis freudiano o el estructuralismo francés de Lévi-Strauss, entre otros muchos y variadísimos tópicos. Era todo un mundo de cosas que debí asimilar con cierta premura para atender a quince secciones de ciencias y humanidades de aquel centenario instituto de educación media. Me sentí abrumado y un vértigo me atacaba por momentos como cuando preparaba clases sobre el mito de la caverna platónico o sobre la famosa cuchilla de Occam.
Ese encuentro sucedió en 1980 y el balance de esta circunstancia inesperada cambia el rumbo, o mejor dicho, amplía y ensancha de manera desmesurada mi visión del mundo. Me hizo un historiador mejor dotado de herramientas conceptuales y de análisis. Y cuando comencé mis estudios de posgrado en 1989 con los doctores Federico Brito Figueroa y Reinaldo Rojas, me topé con la Escuela de Anales fundada en 1929 por Marc Bloch y Lucien Fevbre, y una cuestión llamada historia de las mentalidades. En el Pedagógico de Barquisimeto entré en contacto con el pensamiento histórico y sociológico francés de Durkheim, Mauss, Halbswachs, Vilar y Fernand Braudel cuando venía de formarme de la mano con el Maestro Burk en las complejas cuestiones de la filosofía germana: Hegel, Nietzsche, Marx, Dilthey, Husserl y Heidegger. Me convertí en un germanófilo intelectualmente hablando que debió desde allí asimilar y comprender las ciencias del hombre, según la concepción francesa. Pero fue la fenomenología alemana de Husserl la que me vincula de manera exitosa con la historia de las mentalidades de la escuela analista a través de aquella fértil idea de que no es lo mismo explicar que comprender. El explicar es propio de las ciencias naturales, en tanto que el comprender se aplica a las ciencias del espíritu. Al decir ello en clases fue de sumo agrado para el doctor Brito Figueroa, quien me felicita con un fuerte abrazo.
Como es sabido, Anales hizo de las mentalidades su fortaleza desde un principio con las obras Los reyes taumaturgos de Bloch y Lutero, un destino de Fevbre. Desde allí comencé a pensar que podía hacer también historia de las mentalidades colectivas en los temas-problemas por mí escogidos: La mentalidad religiosa en Carora, el sentido de casta de los godos de Carora, y una exploración de la psicología individual del doctor Ramón Pompilio Oropeza, fundador del Colegio La Esperanza o Federal Carora en 1890. Otro tanto hice con el libro Viajeros de Indias del médico psiquiatra doctor Francisco Herrera Luque, quien aplica la fenomenología histórica a nuestra enorme carga psicopática y criminal.
Y más recientemente penetro en el pensamiento crítico-literario del larense Rafael Domingo Silva Uzcátegui, quien basado en las inaceptables ideas del criminólogo italiano Césare Lombroso y del médico judío y sionista Max Nordau, califica muy destempladamente de degenerados, viciosos, afeminados y dipsómanos a los grandes creadores de la literatura Fin de Siglo: Poe, Baudelaire, Withman, y a los latinoamericanos, poetas modernistas Rubén Darío y Leopoldo Lugones.
En los días que corren tengo la inmensa satisfacción de asesorar en su tesis doctoral sobre el Maestro Ignacio Burk al licenciado Mitchel Camacho, un inteligente docente caroreño de educación media y a quien años atrás le sugerí que tomara al Maestro germano-venezolano Ignacio Burk para sus investigaciones, y quien llega a las playas de Venezuela con los hermanos salesianos para internarse en la Guayana, luego dicta cátedra en Valera, estado Trujillo, para luego hacer brillante carrera docente en el Instituto Pedagógico Caracas en dos áreas del conocimiento en apariencia irreconciliables, esto es, la Química y la Psicología. Con ello el Maestro Ignacio Burk se ha convertido en un adelantado de lo que hogaño se llama la teoría de la complejidad, la que trata de reconciliar las humanidades con las ciencias de la naturaleza. Es el momento de recordar a este noble e inteligente educador que hizo de nuestro país su patria querida.

Fuente:

domingo, 19 de junio de 2016

INÉDITO (I)

Bolívar de carne, hueso y genio
José Rafael Revenga 

En 1980, Rafael Poleo y yo decidimos entrevistar por Venevisión a varios de los principales conocedores de la vida y obra del Libertador.
Se aproximaba el Bicentenario de su nacimiento y por eso consideramos oportuna una nueva indagación sobre un tema esencial a la nacionalidad y de una vigencia permanente.
Las transcripciones de los programas nunca han sido publicadas, por lo cual pienso que su presencia digital es un reconocimiento a nuestros invitados y puede ser útil como una aproximación adicional a la comprensión del Bolívar de hueso, carne y genio.
Para esta nota el invitado es el bien conocido historiador Francisco Herrera Luque. (El programa salió al aire el 17.12.1980).
JRR.- ¿Cómo reacciona el Libertador frente al atentado en contra de su vida en septiembre de 1828 y ante otro hecho tan negativo como fue el asesinato del Mariscal Sucre en 1830?
FHL.- Sorpresivamente, el Libertador, que siempre se había mostrado tan enérgico, tuvo como reacción abandonarlo todo y perdonar a sus enemigos. Yo creo que en ese momento comienza la enfermedad del Libertador. Precisamente el libro de Oscar Beaujon, “El Libertador enfermo”, señala que esa enfermedad que se arrastraba se hace presente después de septiembre del año 28. También la muerte de Sucre desgarra al Libertador; Sucre para el Libertador es la representación del hijo que no tuvo, era su heredero en todos los sentidos. Son dos grandes golpes. Yo creo que en el Libertador se cumple la muerte biográfica y la muerte física. La muerte física sucede el 17 de diciembre, pero la muerte biográfica yo creo que comienza o se produce el 8 de mayo de 1830 cuando abandona a Bogotá y se pierde en la niebla; yo creo que ya iba muerto.
RP.- ¿Y por qué abandona a Bogotá?
FHL.- Cuando salen electos Mosquero y Caicedo Presidentes ya no tiene nada que hacer. Aquella insurrección que se produce en Bogotá, las turbas al grito de “!Longaniza! ¡Longaniza!”—incluso el vicepresidente Caicedo tiene que dormir con él esa noche— fue un momento sumamente doloroso para el Libertador. Ahora, la decadencia de toda su proyección y su vida política y el sentido de su existencia yo creo que comienza después de su retorno del Perú; ya viene resentido y en 1827, cuando está en Caracas, es sumamente triste y luego viene el suceso definitivo del año 28, de septiembre del 28.
RP.- Pero esa decadencia ¿tiene algo que ver con su estado de salud o es solamente la situación política que lo deprime?
FHL.- Es una pregunta interesante, porque muchos médicos creemos que la gente se muere cuando quiere, cuando ha perdido el sentido de su existencia.
JRR.- ¿Usted cree que Bolívar había perdido el sentido de su existencia una vez lograda la liberación del Perú, la creación de Bolivia?
FHL.- Bueno, como yo digo en mi artículo, Bolívar es un héroe solar. Los héroes solares mueren jóvenes. Cumplida su obra, el peligro más grande que tiene un héroe es sobrevivirse, como fue el caso de José Antonio Páez; si José Antonio Páez muere en Carabobo hubiese sido Sigfrido pero, desgraciadamente, se prolongó en el tiempo como Porfirio Díaz.
RP.- Ahora, se ha especulado siempre sobre supuestas anomalías psíquicas, estructurales, en Simón Bolívar, hasta el punto de que aparte de lo que pudiera haber de congénito, por los años 40 se habló mucho y se le dio cierta carta de seriedad a una teoría según la cual el Libertador, en su vida tormentosa, había contraído una sífilis y estaría para determinada época, quién sabe para el momento… justamente para el momento en que alcanza el punto máximo de su gloria, en el estadio casi final de la sífilis, eso que llaman parálisis general progresiva que trae cosas tales como delirios de grandeza y otras formas sublimes de locura. A eso se le dio mucha seriedad médica hace algunas décadas. ¿Qué valor tiene eso hoy?
FHL.- Ninguno. Es decir, la psiquiatría no tiene nada que decir respecto de Bolívar; la respuesta la tiene la Historia. El Libertador, indiscutiblemente, como todo genio tenía una singularidad temperamental, es decir, que se sale de la norma. El Libertador cae en estado de depresiones tremendas en los momentos de euforia que no son comunes al hombre mayoritario. Ahora, Bolívar en este caso debe medirse por su obra y no por si es epiléptico, y la tesis de Carbonell no tiene ningún sentido igual que la de Lope de Mesa de que era psicótico maníaco-depresivo. Estas patografías estuvieron muy en boga hace veinte o treinta años pero en mi opinión no deben tomarse muy en serio.
JRR.- ¿Es su opinión o es la opinión de los psiquiatras?
FHL.- Hay bastantes psiquiatras que opinan como yo.
JRR.- ¿Y cuál era la actitud, el estado de ánimo de Simón Bolívar frente a la muerte durante los últimos meses de su vida?
FHL.- Es curioso y sorprendente. Bolívar siempre tuvo ante la muerte una actitud muy dual. En el momento en que se encuentra fracasado quiere vivir con pasión… y vive, lucha y vence. Y en los momentos de gloria se deprime. Bolívar poco antes de morirse creía que iba a vivir. Alguien expresó que era la alegría del tísico; eso es también una expresión un poco demodé. Yo sí creo que Bolívar pensaba, en su trayectoria hacia Cartagena, regresar, como en efecto sucedió: Urdaneta dio su golpe de Estado y retornó al poder. Pero cuando llega la invitación ya la enfermedad está muy avanzada… Él mismo lo dice: “Ya no puedo sostenerme en pie”.
RP.- Sobre la vida afectiva del Libertador que se ha especulado tanto, ¿no habrá un cierto exceso romántico en esa importancia que se atribuye a su relación con Manuela Sáenz? Porque hasta ese momento, y aparte de su matrimonio adolescente, no aparece ninguna mujer importante. Ya ha realizado su obra y todavía no aparece una mujer determinante en su existencia. Cuando aparece Manuela ya él es un hombre que ha culminado lo fundamental de su obra y más bien va a empezar la decadencia. ¿Fue tan importante esa relación?
FHL.-No, yo estoy de acuerdo contigo. Yo hice precisamente un último trabajo, yo no creo en ese mito del gran amor del Libertador y Manuela. Es decir, hay muchas pruebas: el Libertador, por ejemplo, cuando llega al Perú se enamora y está año y medio sin ver a Manuelita. Luego la deja en el Perú cuando él regresa a Colombia y entre su muerte y su partida de Bogotá transcurren nada menos que ocho meses…
RP: Y Manuelita está ausente…
FHL.- Y Manuelita está ausente y no era por restricciones políticas, porque Manuelita hacía y deshacía en Bogotá. Y después del golpe de Estado que da Urdaneta, que son dueños de la situación, Manuelita perfectamente ha podido regresar y si no regresa es porque el Libertador no quiere. Hay otras mujeres en la vida del Libertador muy importantes y muy silenciadas. Por ejemplo, como es el caso de Pepita Machado. Pepita Machado está presente en la vida del Libertador desde 1813 cuando él entra a Caracas—y ella es la muchacha que le pone la corona de laureles—hasta 1820. Se dice que muere tuberculosa pero no estoy seguro. Es una mujer que tiene bastante importancia y ya nadie la recuerda, era una mujer bastante intrigante. Y en cuanto a María Teresa del Toro, su primera mujer, yo creo que son los balbuceos de un adolescente y de algo edípico; esa búsqueda de la madre que se fue pronto. Es decir, si Tito Salas la pinta fea y Vicente Lecuna la debió transmitir como se veía, debió ser en mi opinión bastante insignificante. De todas maneras, yo no creo que muchas mujeres tengan importancia en la vida de Bolívar.
JRR.- Entonces, es un hombre cuya vida se desarrolla sin un mayor énfasis afectivo.
FHL.- Bueno, de acuerdo con esa singularidad temperamental de la cual te he hablado no hay gran ligazón, y eso no solamente se proyecta en la vida amorosa del Libertador, sino en los amigos también. No son casualidad, por ejemplo, los disgustos que él tiene con Miranda, con Andrés Bello. ¿Qué pasó con Andrés Bello? Y él parece que cometió lo que pudiera considerarse como un error grave cuando él cambia de amigos al llegar la gente de la Legión Británica; parece que la gente de la Legión Británica con su sabor europeo le atraía más que sus viejos camaradas criollos y los abandona…
JRR.- ¿Usted no cree que allí perdió mucho del soporte psicológico, de la vinculación psíquica con sus subordinados que, de haber permanecido esa vinculación, le hubiera servido mucho en las horas terribles después del año 26?
FHL.- Sí; al Libertador, indiscutiblemente, en los momentos de gloria como les pasa a muchos políticos, el yo personal se infla con el yo colectivo y entonces confunde una cosa con la otra y las antiguas alianzas ya no se resisten. Soublette, Córdoba mismo, infinidad de colaboradores… no hay que olvidar que Santander y Páez, a quienes estamos acostumbrados a ver como los enemigos mortales de Bolívar, fueron sus mejores colaboradores. Sin embargo, el Libertador estalla, los separa y se queda con los de la Legión Británica. En este aspecto también llama la atención lo siguiente: Bolívar era un romántico, y tú sabes bien que el Romanticismo en Hispanoamérica nunca se ha dado; es flor exótica. Es decir, aquí tenemos un realismo tremendo mientras que los compañeros de la Legión Británica, europeos, sí eran tan románticos como Bolívar. Por algo estaban aquí y habían venido por eso. Lord Byron quería venir para acá…
RP.- Eran unos girondinos…
FHL.- Sí, eran unos girondinos, claro, eran garibaldinos. Es una gente que quiere venir a Venezuela para encontrarse con esa realidad sanchopancina de un Páez o de un Pena. Yo me explico por qué fue la disyuntiva.
RP.- Fue entonces un hecho de analogía de él con aquellos europeos románticos antes que con nuestros criollos que estaban buscando al suyo.
FHL.-¡Claro! Tú te imaginas lo que significaba quitarle a los caraqueños la capital para pasarla a Bogotá para que sea “villa y corte” de un imperio amasado con sangre venezolana? Eso necesariamente tenía que provocar anticuerpos. Yo creo que el Libertador pierde la proporción en ese momento.
JRR.- Ahora, Bolívar pudo haber sido rey; él tuvo la oportunidad de convertirse en monarca y no lo hizo a pesar de ese romanticismo que tú mencionas.
FHL.- No, porque los románticos por ejemplo, cuando Napoleón… Napoleón es el héroe de los románticos mientras es Primer Cónsul y entonces lo execran cuando él se corona Emperador. Entonces el Libertador… yo estoy convencido de que el Libertador admiraba profundamente a Napoleón pero para no perder su identidad lo rechaza, lo rechaza totalmente.
JRR.- ¿Y el perdón de Santander ya no indica una debilidad, una flaqueza en el carácter, en el ánimo del Libertador… en 1828?
FHL.- Bueno, es lo que decía anteriormente: hay un desmadejamiento del Libertador en ese instante. Su primera reacción es abandonarlo todo; es decir, ya presiente la muerte, ya presiente que su labor ha concluido. Y yo por eso creo que el 17 de diciembre en vez de ser día de luto debía ser día de júbilo, porque el Libertador precisamente comienza a vivir después de su muerte. Ése es el momento realmente glorioso del Libertador. Todo el mundo quería que el Libertador se coronase, comenzando por Urdaneta y Páez, cosa que la gente muchas veces no sabe. Y aquella célebre carta de María Antonia a su hermano diciéndole que “primero Libertador…” ¡María Antonia era monárquica! Lo que pasa es que hay muchos aspectos de nuestra Historia que están silenciados. San Martín le recomienda a Bolívar que se establezca una monarquía. ¿Qué ventajas ofrecía la monarquía? La continuidad y la estabilidad. La alternabilidad republicana le da paso a los golpes de Estado, a la apetencia de los caudillos. Si nos ponemos a revisar nuestra historia nosotros hemos tenido, salvo breves interregnos, Presidentes vitalicios. Incluso José Tadeo Monagas creo que tiene las pretensiones casi de hacer una Presidencia hereditaria. Tenemos más o menos seis o siete reyes a lo largo de toda nuestra Historia. Ahora, en sus últimos días, el Libertador se pronuncia diciendo que la América Latina es ingobernable.
RP.- Si era ingobernable, ¿lo hubiese sido también bajo una monarquía?
FHL.- No me atrevería a responderte, no he reflexionado lo suficiente sobre eso, pero quizás aseguraría una mayor estabilidad, creo yo.
JRR.- ¿Cómo era Bolívar en carne y hueso, Bolívar el hombre de todos los días?
FHL.- Mira, ante todo y para evitar equívocos  porque yo tengo fama de ser tan irreverente como Rafael Poleo, debo hacer profesión de fe de mi amor al Libertador y de una profunda admiración hacia él. Pero el Libertador de verdad dista mucho de ser el Libertador en bronce. Nadie se imagina por ejemplo, que Bolívar pudiera ser, hablando en criollo, un buen mamador de gallo y sí lo era. Bolívar cantaba, Bolívar era afable, Bolívar montaba en cólera fácilmente y echaba chispas, soltaba bollos.
RP.- Eso que llaman un temperamento vivo.
FHL.- Un temperamento vivo y muy venezolano, muy caraqueño, muy llano, y cuando se tenía que poner solemne se ponía solemne, pero generalmente el Libertador era un hombre vivaz, nervioso, sumamente inquieto. Hablaba muy bien, era de una gran facilidad en su dicción… pero sin pedantería. Yo creo que ese Libertador con esa voz roncota y distante que lo ponen por ahí, lo aleja de nuestro pueblo.
RP.- Tenía la voz chillona…
FHL.- Tenía la voz chillona, estridente, desagradable. Bueno, muchos tribunos nuestros, Guzmán Blanco entre otros, tenían la voz chillona. Yo creo que ese Libertador en bronce lo aleja de nuestro pueblo y hay que aproximar a Bolívar. Es un consuelo para los malos estudiantes saber que el Libertador fue un pésimo estudiante hasta los 19 años. Lo más importante de Bolívar es saberse vencer. Por supuesto que es un genio, y en el genio hay factores nativos, factores de oportunidad y factores biográficos… Hay otra cosa que yo sí quisiera desvirtuar, sobre eso sí he reflexionado bastante: la historia sagrada explica que el Libertador se hace Libertador porque se le muere su primera mujer. ¡Yo no creo eso! Es propio de una novelita rosa. Si no se le muere la mujer, él sigue siendo Libertador y la pone de lado. Pero es una novelita rosa que no creo, y es lo mismo que tú me preguntabas sobre Manuelita Sáenz. Manuelita Sáenz, su adorable loca, lo divierte, hay una buena comunicación entre ellos, intelectual, carnal, afectiva…
RP.- Lo que eran ellos es grandes amigos aparentemente.
FHL.- Sí, amantes; eran eso, amantes, pero creer que fuera su mujer exactamente ¡no!... Él nunca tuvo una mujer de la que se pudiera decir que era su mujer. ¡Ninguna! Ahora, Manuelita sí alcanzó aparentemente tener con él una gran vinculación afectiva. ¡Eso es verdad!
JRR.- ¿Cómo preveía el Libertador los últimos años de su vida? Porque él se encuentra en Santa Marta en vísperas de un viaje a Europa donde pensaba radicarse y quizás escribir sus memorias.
FHL.- Mira, pensando en este carácter contradictorio del Libertador, no hay que olvidar que el Libertador era un hábil político, muy astuto, y los políticos profesionales -¿no es así Rafael?- no se expresan con la verdad.
RP.- A veces sería hasta inconveniente que la dijeran.
FHL.- Se posterga la verdad persiguiendo un objetivo. Es posible que haya pensado irse a Londres… Eso de que el Libertador murió en la miseria es falso; el Libertador tenía por el Congreso una renta de 10.000 pesos, además de las minas de Aroa; eso es falso que el Libertador estuviera en la miseria. El Libertador era todavía un hombre rico en ese momento… Muy generoso, muy desprendido, había perdido buena parte de su fortuna en su empresa, pero era un hombre rico.
RP.- Pero no un hombre que se había hecho rico.
JRR.- ¿Cómo fueron las relaciones entre Andrés Bello y Simón Bolívar?
FHL.- Bueno, fíjate una cosa, hay un presupuesto… Bello y Bolívar, en mi opinión, son los dos grandes y únicos genios que ha producido Venezuela, pero eran contradictorios. Bello era apolíneo y el Libertador era dionisíaco.
RP.- Tendrás que explicar qué es una cosa y otra.
 FHL.- Apolíneo es el hombre clásico, el hombre ponderado, el hombre ordenado, el hombre de la verdad armónica. El hombre dionisíaco es el hombre tomado por el pathos, por el afecto o por el cariño o por la emoción. Eso es muy importante. La afectividad es predominante. Entonces necesariamente tenían que chocar; yo no me explico por qué el Libertador se precia de haber tenido por maestro a Bello, con aquella ortografía infame que tenía en 1799. Ellos no han debido entenderse…
RP.- En cuanto a Simón Rodríguez… fíjate, buscando las influencias psíquicas en el Libertador en el sentido más amplio, casi pedagógico y formativo ¿Simón Rodríguez influyó tanto realmente en el Libertador?
FHL.- Yo creo que Simón Rodríguez se encuentra con el Libertador cuando él es viudo por segunda vez y le descubre todo ese mundo, el romanticismo napoleónico al que Bolívar por temperamento estaba dispuesto. Ahora, también es sorprendente que cuando el Libertador se regresa, creo que en 1807, se cortó la comunicación con Simón Rodríguez. Simón Rodríguez está de espaldas al movimiento emancipatorio hasta 1824, cuando va a buscar al Libertador en el Perú. ¿Qué pasó entre Simón Rodríguez y el Libertador?
RP.- Puede haber sido un alejamiento por la personalidad monomaníaca de Rodríguez.
FHL.- Hubo la oportunidad de que participara en la gesta de la Emancipación por parte de Rodríguez. Es decir, es inexplicable.
RP.- Pero Rodríguez si podía ser psíquicamente objetable. Rodríguez es un personaje que podía desencadenar procesos muy interesantes en el Libertador, pero él mismo era como inmanejable.
FHL.- Mira, yo estoy de acuerdo con Úslar Pietri en este libro en que él trata la personalidad de Simón Rodríguez: en que es bastante injusto aquello de tratar a Simón Rodríguez como un tipo pintoresco.
RP.- Como un aventurero…
FHL.- No, era un hombre sumamente culto, con ideas muy claras, vigentes actualmente en los procesos educativos. Ahora, ¿qué es lo que pasa? No se les olvide señores que… ¡imagínense! Para aquellos generalotes de esa época hablarles como hablaba Simón Rodríguez… no podía pasar de ser un loco. Yo tengo mucho respeto por la personalidad de Sucre, por su valía humana, como estadista y como gobernante, pero yo no sé, yo no me siento muy inclinado a creer que Sucre tuviese la cultura de Simón Rodríguez; tenían que chocar, necesariamente.
JRR.- ¿Por qué ve en Sucre el Libertador el hijo que no tuvo? ¿Había alguna afinidad, alguna empatía?
FHL.- Si, yo creo que el que más lo entendía era Sucre, y también Santander; es decir, no hay que menospreciar a Santander. Santander era un hombre sumamente culto, era un institucionalista, y el Libertador en ese momento, después de haber sido un institucionalista, se transforma en un autócrata; comienzan a chocar. Además, las separaciones entre Bolívar y su lugarteniente… Yo estoy de acuerdo, y lo he dicho, con que el Libertador no toma en cuenta que Venezuela era Venezuela y Nueva Granada era Nueva Granada, con idiosincrasias, historias, economías, totalmente diferentes. Era una bella realidad pero no era realizable.
JRR.- Irreconciliables.
FHL.- Eran realidades bastante irreconciliables. Yo creo incluso que la emancipación del Perú obedece a razones militares pero no políticas. Yo creo que la verdadera proyección nuestra, como lo ha demostrado la Historia, es hacia el Caribe más bien, que fue la política que se siguió luego.
RP.- Pero Bolívar iba también hacia el Caribe; él no se limitaba al país andino, el quería el país latinoamericano, quería el contrapeso frente al coloso del Norte para que no ocurriera lo que ocurrió después.
FHL.- Viendo, por ejemplo ,el norte de Colombia, es muy similar al nuestro, muy proyectado hacia el Caribe todo. Y yo creo que fue a causa de Carlos III, porque si Carlos III, en vez de hacer así hace asao, hubiera dos países homogéneos, pero hizo así e hizo dos países heterogéneos para mantener el equilibrio del poder.

Fuente:
http://opinionynoticias.com/opinioncultura/26668-bolivar-de-carne-hueso-y-genio

martes, 10 de julio de 2012

SOBRE EL ICEBERG CULTURAL

EL NACIONAL - Martes 10 de Julio de 2012     Opinión/8
Violencia intelectual
ALEJANDRO MORENO

Cuando Augusto Mijares publicó La interpretación pesimista de la sociología hispanoamericana, obra poco citada y, presumo, menos leída, se atrevió a romper con una inveterada tradición intelectual predominante en toda Hispanoamérica, la que veía y analizaba, sobre pretendidas bases científicas, de manera brutalmente negativa la realidad de nuestros pueblos tachados de primitivos, atrasados, negados a toda posible modernidad. Unos se lo atribuían a las razas, otros a la cultura hispánica o a otras causas por el estilo.
Herrera Luque con Los viajeros de Indias lleva al culmen estas ideas recurriendo a la herencia genética de nuestros pueblos, la cual transmitiría toda una serie de enfermedades psíquicas y entre ellas una "criminalidad morbosa" característica de nuestra gente. A pesar de Mijares y de algún otro, esta tradición no muere; se muestra viva permanentemente en autores actuales que, si bien ya no hablan de herencia, que no está de moda, hablan de "viveza", de rancho en la cabeza, de dependencia patológica del poder paternalista fundado todo ello sobre una inveterada estructura cultural.
Hasta en quienes proclaman la dignidad de nuestro pueblo la tradición negativa asoma su blanca oreja en expresiones como "barrio adentro" en la que el término "adentro", que en nuestra tradición aparece unido a espacios peligrosos como selva (selva adentro), llano, mar y otros, nos habla del barrio como un lugar silvestre, incivilizado, proceloso, para llegar al cual se requieren esfuerzos de aventura, sacrificio y heroísmo.
Sobre las ciencias sociales y sus cultores hay que decir que la persistencia de esa tradición se explica por la forma que tienen de elaborar el conocimiento de nuestro pueblo a partir y con base en grandes teorías que se consideran aceptadas como universalmente válidas sin tener en cuenta que han sido elaboradas en el mundo-de-vida de otras culturas y para ellas, aunque, por un incorregible modernocentrismo (última evolución del eurocentrismo), se pretenden válidas universalmente como descriptivas de la naturaleza misma de todos los hombres.
Hoy, sin embargo, está claro para la ciencia actual que no tienen validez esas macroteorías omniabarcantes, sino que se trata más bien de construir microteorías explicativas, no del mundo, sino de cada micromundo a partir de la investigación concretamente situada. Si partimos del psicoanálisis, por ejemplo, sea de Freud, sea de Melanie Klein, aun modificado, elaborado de partida sobre la experiencia de la familia europea de una determinada época, y judía para más señas, nuestra familia matricentrada no puede ser vista sino como patológica y así se pueden sacar terribles conclusiones sobre el venezolano tales como "subjetividad primitiva, regresiva... orientada hacia lo necrofílico", "tendencia destructiva y autodestructiva que se resuelve en una pulsión de muerte" y más. Esto explicaría la violencia actual en Venezuela como inevitable y estructuralmente incorporada al ser mismo del venezolano. Ninguna diferencia de fondo con Herrera Luque.
A la cualidad constitutiva de un acontecimiento humano no se llega desde fuera, desde un horizonte hermenéutico otro, sino desde dentro, desde su propio horizonte. Esto no sólo es lo científico, sino lo ético. Los otros no se desprecian, sirven para el diálogo y, por ende, el acuerdo o el disenso pero seguirlos como marco referencial es ficcionar el acontecimiento y describir una ficción. Lo demás, mal que pese, es violencia intelectual.
Las investigaciones desde dentro, esto es, convividas, que desde hace 30 años venimos desarrollando en el Centro de Investigaciones Populares, nos dicen otra cosa.

Fotografía: Tomada de la red.

Brevísima nota LB: Título inadecuado.

sábado, 16 de abril de 2011

HERRERO-DIVÁN-IMPRESO


EL NACIONAL - VIERNES 15 DE ABRIL DE 2011 CULTURA/6
MEMORIA Hace 20 años murió el fabulador del pasado, Francisco Herrera Luque
Réquiem por el psiquiatra que narró y diagnosticó las psicopatías nacionales
La proyección internacional del autor es comparable con la de Rómulo Gallegos
MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ

El país en el que hace dos décadas falleció Francisco Herrera Luque no tiene mucho que ver con el que conoció el psiquiatra y escritor de novelas como Boves, el urogallo (1972).

Parece, más bien, una reproducción en tercera dimensión del descrito en su obra futurista 1998 (1992): una Venezuela fragmentada que no sabe reconocerse en sus propios signos de identidad.

La proyección internacional de Herrera Luque es sólo comparable con las de Rómulo Gallegos y Arturo Uslar Pietri.

El autor de Las lanzas coloradas fue nominado al Premio Cervantes en varias ocasiones y él lo estuvo en 1990, año en que finalmente el galardón se otorgó a Adolfo Bioy Casares.

La obra de Herrera Luque ha sido traducida a varios idiomas, incluidos el alemán, el ruso y el polaco. En 1993 se creó una cátedra con su nombre en la Universidad de Salamanca, su alma máter española, dedicada al estudio de la identidad venezolana. Sólo dos más de sus compatriotas cuentan con programas similares en esa institución: Andrés Bello, con uno de estudios iberoamericanos, y José Antonio Ramos Sucre, con otro de investigaciones literarias.

Lo más destacable en la carrera de Herrera Luque, sin embargo, fue el peso intelectual que llegó a tener en el país.

En vida se le consideró controversial, pues renunció a la Academia de Medicina en 1977, cinco años después de haber ingresado a ella, al ser increpado por "el trato injurioso" que ­según sus detractores­ dio a ilustres académicos en El pez que escupe el agua por la boca o de denunciar la corrupción que vio mientras fue embajador de Venezuela en México.

Pero las polémicas más importantes a las que dio pie nacieron en sus libros, en los que diagnosticó las psicopatías atávicas de la nación y cuestionó la paradójica herencia mestiza que los venezolanos abrazan en el discurso y niegan en la práctica.

Y precisamente todas las diatribas que causó evidencian que siempre fue recto con su propia pluma. Tranquiliza pensar que luego de las discusiones que rodearon su nombre y de los miedos que debían asaltarlo ante las conclusiones de sus investigaciones, Herrera Luque parece haber muerto en paz, por lo menos con su escritura, que es el legado más grande que dejó al país.

"Yo creo que ya cumplí como médico y como escritor. A los jóvenes autores les diría: `Trabajen duro, revisen, investiguen. En la historia nuestra aún quedan muchos temas, personajes increíbles, fabulosos...’. Me gustaría volver a ser como era de niño. Mudarme a la Colonia Tovar, o a una isla.

Estar solo, no pensar en nada, ver el mar, el paisaje", le dijo meses antes de morir a su amigo Juan Alberto Dávila, médico que en ese entonces era el director literario de la editorial Pomaire, sello que publicó casi todas las primeras ediciones de sus libros.

Con los años, la trascendencia del psiquiatra sólo ha crecido y, ahora que los intelectuales del país ­trágicamente divididos por los colores de su pensamiento­ se cuestionan sobre las marcas de la venezolanidad, el momento se hace propicio para releer su obra, ocupada como está del diagnóstico de los males que aquejan la identidad nacional.

Ya Herrera Luque hizo el análisis, a la generación actual corresponde poner en práctica el tratamiento.

Fotografía: http://www.prisaediciones.com/uploads/imagenes/autor/principal/201102/principal-francisco-herrera-luque_grande.jpg

sábado, 9 de abril de 2011

REPORTAJE PSICOPÁTICO


EL NACIONAL - Sábado 09 de Abril de 2011 Papel Literario/4
Francisco Herrera Luque (1927 ­- 1991)
Veinte años después
ELOY SILVIO POMENTA

En sus primeras obras: Los viajeros de Indias (1961), La huella perenne (1969) y Las personalidades psicopáticas (1969), estudió las psicopatías, no porque fueran el objeto primordial de su interés científico, sino porque ya tenía en mente la idea de generar una visión de nuestra idiosincracia, distinta a la tradicionalmente establecida por la historia. Esta intención ya es evidente desde 1964 con su tesis doctoral "Fundamentos para una interpretación antropológica de Venezuela". Trató de explicar nuestras peculiaridades individuales y sus turbulencias históricas, basándose en la idea de una sobrecarga psicopática aportada por conquistadores en su mayoría voluntarios sacados de las cárceles de Sevilla y Extremadura.

Ellos generaron una conquista signada por la violencia excesiva, la crueldad y el exterminio indígena.

Baste recordar al sanguinario Alfinger, quien cortaba la cabeza del indio que se cansaba en la fila, para no detenerse y abrir la cadena que llevaba al cuello.

En 1570, para 260 blancos habían ya 9.000 mestizos en Venezuela. Los conquistadores habían esparcido ampliamente su carga psicopática. Este fenómeno se vió reforzado por el hecho de que los indios fueron esclavizados o perseguidos, y se les prohibió además, el trato sexual con las indias, quienes por razones de supervivencia llegaron a preferir a los españoles. Las indias fueron propiedad de los españoles y así proliferaron los mestizos.

Posteriormente en la Colonia, con el establecimiento de las castas y la limpieza de sangre, la raza blanca quedó privilegiada y se produjo una tendencia a la endogamia dentro del grupo español. Estas circunstancias produjeron una verdadera concentración del "pool genético" psicopático español, primero como determinante del mestizaje y luego como una sobrecarga similar en los mantuanos por efecto de la endogamia. De ellos se deriva la casi totalidad de la población venezolana hasta nuestros días.

De esa población emerge una guerra de Independencia sangrienta y despiadada; un siglo XIX convulsivo, plagado de alzamientos, montoneras, guerras civiles; y un siglo XX con escasos espacios democráticos.

Digamos, períodos de turbulencia social predominando sobre períodos de estabilidad. Resultaba razonable preguntarse si no ocurriría algo en la mente de sus habitantes. Herrera Luque asumió estas interrogantes y estudió el fenómeno. Describió ciertos tipos populares venezolanos y trató de identificarlos con los personajes de nuestra historia. Los rasgos de estos tipos, los he agrupado en tres prototipos, que aún podemos ver hoy como estructura recurrente del poder en la escena pública venezolana: --El agresivo-impulsivo-intolerante: típico del caudillo y sus fanáticos seguidores.

--El acomodaticio-disimulador-ondulante: muchos de los servidores y aduladores.

-- El fantasioso- locuaz- bromista: propio de los oportunistas.

En Boves el Urogallo (1972), reveló las típicas contradicciones de la sociedad venezolana. Blanco y español fue idolatrado por miles de lanceros llaneros y mestizos que ciegamente lo siguieron. Y esas lanzas llaneras, venezolanas, destrozaron a los patriotas. El Urogallo es "el ave que se apendejea cuando le canta a su hembra". Fue el nombre que le dió su amada, la mantuana Inés, al caballo que le regaló a Boves justo antes de que este partiera a la batalla de Urica. El Urogallo se "apendejeó" y en esa batalla mataron a Boves.

Siendo español, blanco y rubio, vivió y sintió como venezolano desde que llegó de España en su adolescencia. Por ser de clase social baja fue discriminado por españoles y patriotas. Las leyes de Indias prohibían el matrimonio entre personas de distintas castas, de manera que no pudo casarse con una mantuana (Magdalena Zarrasqueta) y se llenó de odio y resentimiento.

Por su resentimiento se identificó, aún siendo blanco, con los pardos, indios y negros; y por su carisma se convirtió en el primer caudillo nacional, pero que peleó al lado de los españoles en contra de los patriotas. Los hombres que lo seguían no buscaban respaldar la lucha por la causa del rey, sino que luchaban contra los blancos propietarios (patriotas o realistas) que ultrajaban a los de color. ¡Tremendas contradicciones! Boves sirvió en la Armada Española y en buques mercantes. Involucrado en contrabando, fue sentenciado a ocho años de prisión y se le conmutó la pena por el destierro en Calabozo. Después se asentó en la región de los llanos y se dedicó al comercio.

Al estallar la guerra de Independencia intentó unirse a la causa patriota. Pero, a pesar de su experiencia militar, se le negó la posibilidad de comandar tropas de caballería en el ejército patriota, porque no pertenecía a la oligarquía mantuana, que para ese entonces dirigía la guerra. Se le rechazó por ser "un pulpero". Terminó siendo acusado por los patriotas de traidor y sentenciado a muerte. Lo liberó en Calabozo el jefe militar español Antoñanzas y así se unió al ejército realista de Monteverde. Logró armar un ejército de lanceros, conocido como La Legión Infernal, y derrotó a los patriotas. A pesar de su muerte en Urica, los patriotas perdieron la Segunda República.

Boves fue temido por ser extremadamente sanguinario y cruel. Tristemente célebre es el pasaje de sus fiestas, que terminaban en insólitas degollinas, mientras se interpretaba con arpa, cuatro y maracas un ritmo criollo llamado "El Pilirico". A pesar de que formó parte de las fuerzas españolas, su lucha se centró en el odio a las clases poderosas que explotaban a los campesinos llaneros, lo cual le valió la simpatía de los sectores desposeídos en la región llanera. A Boves se le reconoce como el precursor en Venezuela de las ideas de abolición de la esclavitud y la igualdad de razas.

Herera Luque trabajó sobre la "historia silenciada", negada o soslayada, cuyos documentos fueron destruídos o incinerados, por intereses políticos: "La verdad puede falsifi carse por acción y por omisión. Nuestra historia rebosa de omisiones..."

Con Boves El Urogallo se inaugura el género de La historia fabulada (1981-83), que tiene el gran mérito de penetrar en la historia nacional dentro de una dimensión de mayor entendimiento y de amena lectura. A través de la historia fabulada se propuso vislumbrar la esencia de lo que ha sido Venezuela, no en términos académicos sino vivenciales. Se trata de una manera muy particular de narrar la historia, donde lo importante es revivir la atmósfera en la cual ocurrieron los hechos y sentir humanamente a los personajes que los protagonizaron. Por eso la ficción cobra tanta importancia y la verdad de los hechos se subordina a la necesidad de recrear las situaciones en una forma más humana y creíble.

Herera Luque trabajó sobre la "historia silenciada", negada o soslayada, cuyos documentos fueron destruídos o incinerados, por intereses políticos: "La verdad puede falsificarse por acción y por omisión. Nuestra historia rebosa de omisiones...". Para comprender los sucesos utilizó la intuición y la imaginación, la fabulación y el mito, tan importantes para la vida de un pueblo como las historias bien documentadas. Y privilegió la tradición oral que todo lo recuerda y lo va pasando de generación en generación, la única que "no se puede saquear, robar, ni borrar".

Herrera Luque fue un espíritu irreverente. Reveló la verdad oculta en Los amos del valle (1979), oligarquía despiadada de dudosos ancestros, los "grandes cacaos" que se lucraron con el auge del cacao, que ganaron los favores del rey y hasta compraron títulos nobiliarios. Debajo de esa opulencia se ocultaba un clima de violencia, sensualidad y sadismo. Fueron una casta cerrada que despreció a los pardos y mestizos. Esa misma oligarquía estuvo detrás de las dictaduras de Guzmán Blanco (Los cuatro reyes de la baraja, 1991) y de Juan Vicente Gomez (En la casa del pez que escupe el agua, 1975).

En ese mismo sentido trató de mostrar un Bolívar no idealizado por el "bolivarianismo".

Comenzando por los sucesos ocurridos en la Primera República. Siendo Bolívar el responsable de la plaza de Puerto Cabello, se rindió, tal vez por su poca experiencia militar, y esa rendición constituyó una de las causas que llevó al fracaso de la Primera República. Luego Bolívar fue uno de los involucrados en la entrega de Miranda a los españoles, después de la capitulación. En los manuales de historia escolar no se promueve una admiración por Miranda, quien es sólo recordado en la fría descripción de sus proyectos políticos o en su definitivamente asignado rol de precursor o "segundón" del Libertador.

Igualmente desmitifica la guerra de Independencia, que en sus comienzos no pasó de ser un enfrentamiento de intereses entre blancos españoles, que pretendían mantener el poder absoluto y los blancos criollos que luchaban por aumentar sus privilegios. Esta fue una de las causas de los fracasos de la Primera y la Segunda República, y a ello no escapa la propia figura del Libertador, como criollo mantuano. Posteriormente la motivación de la guerra cambió por la aparición de figuras como la de Boves en el ejército realista y las de Páez y Piar, en el ejército patriota, quienes lograron motivar a las grandes mayorías mestizas de la población. El liderazgo de Boves, por primera vez ofreció a la mayoría de la población (campesinos y esclavos) la libertad y la propiedad de las tierras. Es desde entonces que Bolívar comenzó a desarrollar un pensamiento igualitario.

Sin embargo, a pesar de haber ofrecido la libertad de los esclavos y la entrega de tierras, Bolívar nunca pudo concretar estos ofrecimientos.

Su vinculación con Piar estuvo impregnada de intrigas y rivalidades. Piar, era hijo ilegítimo de una mantuana (una de las Aristiguieta), no se sabe si con el Príncipe de Braganza (de paso en Venezuela) o con el propio padre de Bolívar, según lo cual Piar vendría siendo "hermanastro" del Libertador. Entre ambos existía una ambivalencia de amor-odio, frecuente entre los hijos legítimos y bastardos de un mismo padre. En su fusilamiento (1817) cuando ostentaba el rango de General de Brigada y Segundo Jefe Militar, estuvo de por medio esa lucha por el liderazgo (Piar, caudillo de dos colores, 1987). Este es el acontecimiento más polémico de la historia nacional. Indicio de la familiaridad entre ellos fue el llanto del Libertador ante el fusilamiento y su frase: "He derramado mi sangre".

En cuanto a la personalidad de Bolívar: se sabe que era nervioso e inquieto, se movía de un lado a otro, hablaba mucho, cambiaba de opinión y de tema con rapidez y era terrible cuando se irritaba (O’Leary). Persuasivo, pero a la vez de un autoritarismo destemplado que a veces predisponía en su contra. Hombre retador, valiente y arriesgado. Era objetivo y conciso, detestaba lo difuso y fácilmente entraba en impaciencia y desesperación. El mismo Bolívar lo expresaba en 1825: "No soy difuso... soy precipitado, descuidado e impaciente".

Bolívar de niño era fantasioso, extrovertido, alegre y juguetón; gustaba andar con los hijos de peones y esclavos, con los que aprendió a nadar y montar a caballo. Por su precocidad y viveza innata, participaba en la conversación de los mayores. Era "fogoso, entusiasta, indómito, y se enfurecía con facilidad sin hacer caso de los regaños... Era un niño rebelde! Al respecto escribió el padre Andujar: "el niño se burló de mis lecciones, prendió fuego a unos papeles... e intentó salirse por la ventana".

Huérfano de padre a los 3 años, su madre muere a los 9 años y luego su abuelo, la familia se dispersó. Estuvo a cargo de su tío Carlos como tutor, quien no se ocupó de él y quedó Simón como un niño realengo, que jugaba con los niños de la calle y adquirió un vocabulario vulgar. A los 12 años se fugó de la casa. A partir de allí se decidió por Tribunal su traslado a la casa de Simón Rodriguez, quien sería su mentor y amigo. Sin duda, un niño problemático proveniente de una familia disfuncional.

Este era el Bolívar de carne y hueso (1983), amado y odiado, idolatrado y perseguido, de grandes aciertos y también errores. Un hombre que vió perder su república y el sueño de la integración latinoamericana, en manos de los traidores y de las nuevas elites dominantes; un hombre desprestigiado, tomado a burla. Hay quienes aún creen que a la muerte de Bolívar todo el continente americano se fue en llanto, cuando en realidad eso sería la excepción, pues se produjeron hasta celebraciones públicas por la muerte del "loco tirano".

En síntesis, Herrera Luque con la percepción de una sobrecarga psicopática esparcida por los conquistadores y utilizando la intuición y la imaginación, logró mostrarnos imágenes de nuestra historia más vivenciales que académicas, que nos permiten visualizar los usos y costumbres, así como las peculiaridades de los sucesos, ambientes y personajes que han estado en el transfondo de nuestra idiosinracia hasta nuestros días. Termino con una frase que seguramente Herrera aprobaría: los psicópatas aún siguen al acecho.