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sábado, 25 de abril de 2020

UNA BATUTA FRENTE AL CAOS

Felipe Izcaray: Vivo mi mejor momento como artista
Várvara Rangel Hill  

El director de orquestas venezolanos se sabe vencedor del cáncer, se cobija en la tierra que lo vio nacer y en sus estudios para continuar su labor como docente en el Sistema en la región larense, que le sirve de “elixir de vida”. No hay tiempo para el retiro.

En ese impulso por mantener viva la llama de la música, el maestro Felipe Izcaray lamenta la caótica situación de las orquestas y de sus directores, de cómo “se nos ha drenado la savia de nuestro arte”.

-¿Cómo descubrió que estaba enfermo? ¿Tuvo algún síntoma?

-No hubo síntomas de ningún tipo. Todos los años me realizo mis exámenes de rutina, y así se descubrió el problema. Es el ejemplo de prevenir en vez de lamentar, y en este caso funcionó a la perfección.

-¿Cómo decidió afrontar el cáncer?

-Como se enfrentan esas cosas en mi familia: Es solo un enemigo a vencer, y se vence.

-¿Cuál es su situación actual de salud?

-Apartando este escollo, ya superado, nunca me sentí mejor. Estoy vital, lleno de energía y disfrutando el saber que he enfrentado los retos de mi vida con honestidad y con la seguridad que da el estudio.

-¿Qué música, qué piezas lo han acompañado por este trance?

-Yo escucho de todo, y solo exijo calidad. Mi Ipod es un verdadero cofre de tesoros y ahí hurgo según el momento. Me puedes encontrar bailando con mi nieto el Jala jala, de Richie Ray (salsa de la dura de los ’60); cavilando con Olha Maria, de Jobim, cantada por Chico Buarque o deslumbrado con Oscar Peterson, en A little Jazz Excercize, o revisando grabaciones de algún concierto que me ha dado satisfacciones especiales. Actualmente, tengo muy presente una obra que ha significado mucho en mi vida, y que por casualidad tenía ya programada para fin de año con mi querida orquesta de Carora, y es la Sinfonía Patética, de Tchaikovsky. Prometo una vorágine de emociones, porque la llevo por dentro y quiere salir con mucha fuerza.

-¿Continúa o continuará su trabajo docente en Carora?

-Si te gusta lo que haces y obtienes la respuesta adecuada, no hay razón para interrumpir. Los muchachos están entusiasmados con el proyecto de la “Patética”, y con el homenaje a los 100 años del maestro Antonio Lauro. A pesar de algunas ausencias mías por razones familiares o de salud, ellos han continuado el trabajo con seriedad y tesón. Nuestra orquesta ha dado de qué hablar, ya que trabaja con pocos recursos pero se reinventa día a día. Estar al frente de eso es como un elixir de vida.

Una maleta cargada de quinchonchos, plátano verde y vida

-¿Qué le ofrece la tierra larense que le hizo volver a ella?

-Debe ser lo mismo que le ofreció al maestro universal, Alirio Díaz, quien transcurrió sus años mayores en Carora, entre sus magias, sus olores, sus sabores, sus añoranzas, su gente… Quienes me conocen de verdad saben que he llevado a Carora conmigo todo el tiempo, que es parte de mi equipaje.

“Una anécdota con Alirio me hizo comprender lo identificado que estaba con su terruño. Durante una gira a Italia, en 1981, con la Orquesta Municipal de Caracas, en la que yo iba como parte de un grupo de directores al curso del maestro Franco Ferrara, estábamos en tránsito en Roma con rumbo a Sicilia, y Alirio, solista invitado, se quedaba en Roma con su familia un par de días. Él me pidió que lo ayudara con una de sus maletas hasta el área de aduanas. Así lo hice, y noté que la valija estaba muy pesada. Le pregunté si llevaba libros y partituras, y me respondió: “No chico, esos son quinchonchos, chícharos y plátanos verdes para hacer tostones”, rememoró Izcaray.

“El maestro universal cargaba a Carora consigo. Yo viví 46 años fuera de Carora, residí en ambos hemisferios, viví las nieves del norte y del sur, pero en mis días y noches siempre había aunque fuera un momento para abrir el cofre de Carora, sentirla y disfrutar con sus añoranzas”, agregó.

-¿Planea volver a la dirección de grandes orquestas o, por el contrario, planea su retiro?

-¿Cómo voy a pensar en retirarme si siento que estoy viviendo mi mejor momento como director, como músico y como artista? Sería una forma muy cruel de autoflagelarme, con matices suicidas.

-¿Qué obras le falta por dirigir?

-Son tantas… pero hay una a la que le he tenido ganas hace años, y es el War Requiem, de Benjamin Britten, muy complicada por la logística de su montaje. Hay obras que he ensayado pero no dirigido en público, como la Consagración, de Stravinsky; el Requiem, de Faure y la Segunda sinfonía, de Mahler.

Un escenario demoledor

-A su juicio, ¿cuál es la situación actual de la dirección musical de agrupaciones sinfónicas en Venezuela?

-La situación actual general de las orquestas sinfónicas en Venezuela no puede ser catalogada de otra forma que caótica. Los músicos venezolanos sufren la crisis como el resto de sus compatriotas, con el agravante de que el mantenimiento de los instrumentos musicales tiene un costo estratosférico, ya que los insumos y accesorios son importados. Hoy en día el mejor sueldo de un músico de orquesta no alcanza para comprar un juego de cuerdas, una caña o una boquilla.

De acuerdo con el maestro, “tenemos orquestas cuyas nóminas se han reducido o modificado en altísimos porcentajes en menos de un año”.

Izcaray sostiene que “el renglón dirección también sufre los embates de la crisis. Hay orquestas sin director titular, y que paradójicamente hacen todo lo posible por no tenerlo. Es una combinación de no tener los recursos para pagar un salario de director, con el afán de algunos administradores de aferrarse a la cuota de poder que significa el decidir qué, dónde, cómo o cuándo la orquesta toca”.

“He propuesto programaciones novedosas y “baratas” a distintas agrupaciones, y recibo como respuesta el silencio o criterios que van desde el “no hay plata”, hasta cosas como por ejemplo: “Esa obra es polaca y queremos que la dirija un polaco (nombres y nacionalidades han sido cambiados)”. Y cuando les digo que yo he dirigido esa obra siete veces y el propuesto polaco no la ha dirigido nunca, responden: “Pero es polaco”. Un director musical consciente e involucrado con su orquesta no da esa respuesta. Hace poco recibí una propuesta de una orquesta de otro país, acepté las condiciones, me solicitaron varias opciones de programa, las envié, el titular de esa orquesta seleccionó una opción, y todo en menos de dos días. Hay orquestas que funcionan mejor en este aspecto, pero en general la situación está muy inestable”, lamentó.

Izcaray se ha refugiado en la orquesta que dirige en Carora: “A pesar de los muchos pesares, hemos logrado hacer programaciones que se cumplen, sin recursos, con pocos instructores, pero hemos hecho cosas muy interesantes. En 2015, dijimos que haríamos las Nueve Sinfonías, de Beethoven y las hicimos. Hemos abordado repertorios exigentes y los muchachos los enfrentan con entusiasmo y fervor. Eso se logra porque ellos confían en su director y en su criterio. Durante mis ausencias forzadas cuento con un equipo de primera no solo en lo musical, sino en lo humano. Los conciertos han seguido dándose, la orquesta ha seguido creciendo en tamaño y en calidad, y esto da origen a que solistas de muchas partes quieren tocar con nosotros”.

Ejemplificó que “un gran solista hace poco se sorprendió al llegar a su primer ensayo, y se sintió inquieto al ver que la mayoría de los integrantes tenían menos de 15 años (“¿Dónde vine a parar?”, se preguntaba). Al finalizar su actuación me dijo que estaba a la orden para volver, que se sintió mejor que con muchas orquestas profesionales”.

“En resumen –afirmó el maestro- el secreto está en la programación, y como se enfrentan las crisis con el trabajo. La Filarmónica de Berlín sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial, y cuando Alemania estaba en ruinas, sin servicios, sin divisas y sin recursos, la orquesta estaba intacta en su estructura humana. Se quedaron sin director, a su titular Furtwaengler le prohibieron dirigir hasta que cesara la investigación sobre sus nexos con los nazis. A su sucesor Leo Borchard, lo mataron de un balazo en una confusión durante un toque de queda, no tenían dinero para pagar a alguien de fuera, y recurrieron a un recién graduado de la Hochschule für Musik, a quien algunos integrantes habían visto dirigir. Lo probaron con la Cuarta Sinfonía, de Brahms, y surgió la estrella del gran director rumano Sergiu Celibidache, quien asumió la dirección de su primera orquesta y siguió con ella hasta 1955, cuando comenzó la era Karajan. Es una historia de supervivencia victoriosa”.

Las glorias de la edad

A Izcaray no le gusta “hablar de heredar niveles, porque para heredar a alguien, éste debe haber fallecido, desaparecido o renunciado a su carrera. No se hereda a los maestros vivos, se aprende de ellos hasta el final”.

-¿Cree que las nuevas generaciones de directores han heredado el nivel de quienes le precedieron?

-Así como en su momento recibí un gran apoyo por parte de personas como el maestro José Antonio Abreu, que generaron el hecho de que he dirigido 52 conciertos con la Orquesta Simón Bolívar y muchos otros en el interior, así soy muy firme en apoyar a las nuevas generaciones de directores. Algunos de mis alumnos ya hacen carrera propia. Ahora bien, no puedo estar de acuerdo con la tendencia a desplazar a un director al olvido solamente por razones de edad. “La historia nos demuestra que los grandes, los verdaderamente grandes, forjaron sus gloriosas carreras en base a años de experiencia y de madurar su arte. Nadie osó decirle a Toscanini, a Furtwaengler o a Bernstein, “Maestro, tiene que hacerse a un lado porque hay que darle oportunidad a los jóvenes directores”.

Aquí se trajo a los septuagenarios Maazel y Abbado a dirigir a nuestros jóvenes porque aportaban al proceso formativo de los mismos. Dudamel es muy bueno, es mucho mejor que hace 20 años y será mucho mejor dentro de otros 20. ¿Le vas a decir que se haga a un lado porque se le ven las canas? Hay otros jóvenes muy talentosos y con criterio y formación que tienen el triunfo asegurado, y hay otros que por su propio mérito pasarán al túnel del olvido”, criticó el director.

Seguir el ejemplo sin imitar

-¿En qué géneros (ópera, sinfónico, sinfónico-coral, ballet) se requieren talentos para la dirección en el país?

-En todos los géneros se necesitan maestros con criterio, con formación sólida, con cultura, con conocimiento de causa. A mis alumnos siempre les digo: “Sigue el ejemplo, no imites”.
“Creo que debería haber más interacción entre la dirección de orquesta y la de coros. El director de orquesta debería llegar con conocimiento de causa a ensayar un oratorio, cantata o una misa. También es cierto que los buenos directores corales deben conocer bien a la orquesta antes de dirigir obras sinfónico corales”, aconsejó.

-¿Quiénes son las mejores batutas de relevo a los veteranos?

-Las pertenecientes a los maestros conscientes, estudiosos, con conocimiento de causa, los que se paran en un podio y saben o al menos desean saber lo que hacen, los que siguen un ejemplo pero no imitan a nadie.

“Vivir en el interior limita mis posibilidades de seguir jóvenes carreras, pero entre los que conozco, además de Gustavo Dudamel, puedo mencionar a Carlos Izcaray, José Ángel Salazar, Cristian Vásquez, Elisa Vegas, Enluis Montes y María Tovar, una talentosa directora larense que lamentablemente tuvo que irse y ahora comparte la dirección de jóvenes con el canto popular en locales nocturnos en una isla del Caribe”, mencionó el larense.

Las propuestas

-¿Qué recomienda para afrontar esta crisis “caótica” y de “inestabilidad” que atraviesan las orquestas?

-Las orquestas no son islas. Son parte del país. La solución de nuestros problemas vendrá con los horizontes que divisa el venezolano promedio. Estamos fuera del engranaje mundial en todo. Se nos ha drenado la savia de nuestro arte, sus jóvenes músicos. Cualquier solución a la penuria actual de nuestras orquestas deberá contar con el regreso de gran parte de esa lastimosa diáspora. Mientras tanto, hay que aprovechar y estimular a quienes se han quedado aquí.

-El afán de poder por administrar las orquestas y mantenerlas sin directores titulares, ¿a qué se lo atribuye?

-A no “dejarse mandar”, quizás. Sin embargo, hay orquestas que hacen buena labor reinventándose. La Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas, con Rodolfo Saglimbeni, programa inteligentemente, sus conciertos tienen hilación y propósito, son ejemplo a seguir. Esa orquesta siempre ha tenido un titular capaz, y eso se ha reflejado en sus temporadas

-Después de este panorama que ha dibujado sobre las orquestas y los directores, ¿cómo ve el futuro de ambos sectores?

-En las circunstancias actuales, muy difícil. Pero a medida que el país encuentre su camino, el futuro será consecuencia y parte de un gran renacer.

-Además de fortalecer su salud y vencer al cáncer ¿qué perspectivas y metas tiene para 2018? ¿Tomará las maletas para dejar por otro rato a Carora?

-Tal y como te dije al principio, estoy y estaré bien. En abril dirijo la Orquesta Nacional de Colombia, con el programa Sinfonismo Latinoamericano. Otras invitaciones están por concretarse.

“En Carora tenemos buenos planes, entre ellos explorar el sinfonismo cinematográfico, otro festival barroco (este año hicimos Vivaldi), y completar el ciclo Brahms, con las sinfonías que nos faltan. Lo de las maletas no es algo que deseo hacer, al menos definitivamente. Tendrías que ver un ensayo en Carora, con una orquesta que toca cada día mejor y que encima te sonríe. ¡Claro! tampoco es que tengo vocación de fakir. El sufrimiento tiene un límite. Tengo que cuidar mi salud para seguir sintiéndome chévere. Cada vez que necesito una medicina comienza un Vía Crucis pernicioso. Algo tiene que pasar, o …”, finalizó.

Fotografía: 
26/11/2017:

martes, 27 de febrero de 2018

PARA QUEBRAR LAS BAYONETAS

EL IMPULSO, Barquisimeto, 23 de febrero de 2018
Ignacio Burk, un sabio germano-venezolano
Luis Eduardo Cortés Riera

Sucedió mi encuentro con este extraordinario pensador y docente de manera fortuita. Ocurrió en el Liceo Egidio Montesinos de Carora cuando se me acerca su director, el profesor Simón Villegas, a ofrecerme 40 horas de psicología y filosofía de cuarto y quinto año respectivamente. No dudé ni un instante y acepte el ofrecimiento. Aquello fue una revelación y un magnifico apoyo para mi formación intelectual. Tenía yo un marcado interés por conocer estas dos magnificas y complejas aéreas del conocimiento,y que no había podido cursar durante mis estudios de pregrado en Historia en la Universidad de Los Andes.
Tomé entonces en mis manos aquellos voluminosos y densos libros de este Maestro y sentí una fuerte emoción mientras entraba en conocimiento de la filosofía griega de los presocráticos, la psicología de la gestalt, las mónadas de Leibniz, las cinco vías de Santo Tomás de Aquino, el nacimiento del psicoanálisis freudiano o el estructuralismo francés de Lévi-Strauss, entre otros muchos y variadísimos tópicos. Era todo un mundo de cosas que debí asimilar con cierta premura para atender a quince secciones de ciencias y humanidades de aquel centenario instituto de educación media. Me sentí abrumado y un vértigo me atacaba por momentos como cuando preparaba clases sobre el mito de la caverna platónico o sobre la famosa cuchilla de Occam.
Ese encuentro sucedió en 1980 y el balance de esta circunstancia inesperada cambia el rumbo, o mejor dicho, amplía y ensancha de manera desmesurada mi visión del mundo. Me hizo un historiador mejor dotado de herramientas conceptuales y de análisis. Y cuando comencé mis estudios de posgrado en 1989 con los doctores Federico Brito Figueroa y Reinaldo Rojas, me topé con la Escuela de Anales fundada en 1929 por Marc Bloch y Lucien Fevbre, y una cuestión llamada historia de las mentalidades. En el Pedagógico de Barquisimeto entré en contacto con el pensamiento histórico y sociológico francés de Durkheim, Mauss, Halbswachs, Vilar y Fernand Braudel cuando venía de formarme de la mano con el Maestro Burk en las complejas cuestiones de la filosofía germana: Hegel, Nietzsche, Marx, Dilthey, Husserl y Heidegger. Me convertí en un germanófilo intelectualmente hablando que debió desde allí asimilar y comprender las ciencias del hombre, según la concepción francesa. Pero fue la fenomenología alemana de Husserl la que me vincula de manera exitosa con la historia de las mentalidades de la escuela analista a través de aquella fértil idea de que no es lo mismo explicar que comprender. El explicar es propio de las ciencias naturales, en tanto que el comprender se aplica a las ciencias del espíritu. Al decir ello en clases fue de sumo agrado para el doctor Brito Figueroa, quien me felicita con un fuerte abrazo.
Como es sabido, Anales hizo de las mentalidades su fortaleza desde un principio con las obras Los reyes taumaturgos de Bloch y Lutero, un destino de Fevbre. Desde allí comencé a pensar que podía hacer también historia de las mentalidades colectivas en los temas-problemas por mí escogidos: La mentalidad religiosa en Carora, el sentido de casta de los godos de Carora, y una exploración de la psicología individual del doctor Ramón Pompilio Oropeza, fundador del Colegio La Esperanza o Federal Carora en 1890. Otro tanto hice con el libro Viajeros de Indias del médico psiquiatra doctor Francisco Herrera Luque, quien aplica la fenomenología histórica a nuestra enorme carga psicopática y criminal.
Y más recientemente penetro en el pensamiento crítico-literario del larense Rafael Domingo Silva Uzcátegui, quien basado en las inaceptables ideas del criminólogo italiano Césare Lombroso y del médico judío y sionista Max Nordau, califica muy destempladamente de degenerados, viciosos, afeminados y dipsómanos a los grandes creadores de la literatura Fin de Siglo: Poe, Baudelaire, Withman, y a los latinoamericanos, poetas modernistas Rubén Darío y Leopoldo Lugones.
En los días que corren tengo la inmensa satisfacción de asesorar en su tesis doctoral sobre el Maestro Ignacio Burk al licenciado Mitchel Camacho, un inteligente docente caroreño de educación media y a quien años atrás le sugerí que tomara al Maestro germano-venezolano Ignacio Burk para sus investigaciones, y quien llega a las playas de Venezuela con los hermanos salesianos para internarse en la Guayana, luego dicta cátedra en Valera, estado Trujillo, para luego hacer brillante carrera docente en el Instituto Pedagógico Caracas en dos áreas del conocimiento en apariencia irreconciliables, esto es, la Química y la Psicología. Con ello el Maestro Ignacio Burk se ha convertido en un adelantado de lo que hogaño se llama la teoría de la complejidad, la que trata de reconciliar las humanidades con las ciencias de la naturaleza. Es el momento de recordar a este noble e inteligente educador que hizo de nuestro país su patria querida.

Fuente:

miércoles, 7 de junio de 2017

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Jorge Olavarría entrevista al presidente Carlos Andrés Pérez. Videomovil y Resumen se asocian: Gilberto Correa. Resumen, Caracas, nr. 113 del 04/01/1976.
- Carta de Gustavo Martin (CIV-3470205). "Racismo en Venezuela". Summa, Caracas, nr. 50 de 05/72.
- Gustavo y Eduardo Machado. "40 años de militancia". Qué Pasa, Caracas, 18/06/65.
- Alí Pérez. "La reforma agraria en Carora". Semanario COPEI, Caracas, 04/01/70.

Fotografía: Virgilio Lovera y María Teresa Castillo, año impreciso. Biblioteca de la Asamblea Nacional.

lunes, 30 de marzo de 2015

NOTICIERO RETROSPECTIVO





- Mons. Dr. Luis E. Henríquez. "Cartas de Roma: Actitud de la Iglesia para con las religiones no cristianas". El Nacional, Caracas, 31/10/1965.
- Augusto Ortega Rodríguez. "La Rerum Novarum". El Gráfico, Caracas, 12/12/49.
- "Jesús Faría pregunta: ¿A la derecha de quién estaría yo?" Deslinde, Caracas, 15/06/69. 
- Guillermo Luhe. "Sacerdotes solidarios con la lucha del campesino de Carora". Semanario COPEI, Caracas, 16/07/70.

Reproducción: Zapata. El Nacional, Caracas, 21/09/1976.