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domingo, 27 de octubre de 2019

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Kalinina Ortega. "Autonomía universitaria (3): Ignacio Burk". El Nacional, Caracas, 3/04/1981.
- Hugo Briceño Salas. "La Universidad y el país". El Nacional, 02/06/66.
- Orlando Araujo, Héctor Silva Michelena y Heinz Sonntag: la renovación universitaria. Deslinde, Caracas, 03/04 y 04/05/69.
- Faitha Nehmens. "Boulton por todos los cielos". Exceso, Caracas, nr. 116 de 02/99.
- J.F. Reyes Baena. "Creyón: Evaluación política de la palabra". El Nacionl, 14/10/68.

Reproducción: Jóvito Villalba, Orador de Orden en la sesión del Concejo Municipal del Distrito Federal, con motivo del cincuentenario de la Generación del ´28. El Nacional, Caracas, 02/03/1978.

domingo, 16 de septiembre de 2018

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- S/a. Entrevista a Mons. Luis Rotondaro: el Padre Pedro Antero Alfonzo. Élite, Caracas, nr 1538 del 26/03/1955.
- Ignacio Burk. "Abuso tecnocrático de la ciencia". El Nacional, Caracas, 13/10/76.
- Elena Block. "¿Qué significa ser de izquierda? (Jesús Angel Paz Galarraga, Rafael Pizani, Eduardo Gallegos Mancera, Luis Herrera Campíns). El Nacional, 19/12/84. Feriado.
- Arturo Uslar Pietri. "Aron y la libertad". El Nacional,  14/02/82.
- Myriam Cupello. "Valores e ideales". El Nacional, 09/11/79.

Reproducción: El Naconal, Caracas, 13/04/1953.

martes, 27 de febrero de 2018

PARA QUEBRAR LAS BAYONETAS

EL IMPULSO, Barquisimeto, 23 de febrero de 2018
Ignacio Burk, un sabio germano-venezolano
Luis Eduardo Cortés Riera

Sucedió mi encuentro con este extraordinario pensador y docente de manera fortuita. Ocurrió en el Liceo Egidio Montesinos de Carora cuando se me acerca su director, el profesor Simón Villegas, a ofrecerme 40 horas de psicología y filosofía de cuarto y quinto año respectivamente. No dudé ni un instante y acepte el ofrecimiento. Aquello fue una revelación y un magnifico apoyo para mi formación intelectual. Tenía yo un marcado interés por conocer estas dos magnificas y complejas aéreas del conocimiento,y que no había podido cursar durante mis estudios de pregrado en Historia en la Universidad de Los Andes.
Tomé entonces en mis manos aquellos voluminosos y densos libros de este Maestro y sentí una fuerte emoción mientras entraba en conocimiento de la filosofía griega de los presocráticos, la psicología de la gestalt, las mónadas de Leibniz, las cinco vías de Santo Tomás de Aquino, el nacimiento del psicoanálisis freudiano o el estructuralismo francés de Lévi-Strauss, entre otros muchos y variadísimos tópicos. Era todo un mundo de cosas que debí asimilar con cierta premura para atender a quince secciones de ciencias y humanidades de aquel centenario instituto de educación media. Me sentí abrumado y un vértigo me atacaba por momentos como cuando preparaba clases sobre el mito de la caverna platónico o sobre la famosa cuchilla de Occam.
Ese encuentro sucedió en 1980 y el balance de esta circunstancia inesperada cambia el rumbo, o mejor dicho, amplía y ensancha de manera desmesurada mi visión del mundo. Me hizo un historiador mejor dotado de herramientas conceptuales y de análisis. Y cuando comencé mis estudios de posgrado en 1989 con los doctores Federico Brito Figueroa y Reinaldo Rojas, me topé con la Escuela de Anales fundada en 1929 por Marc Bloch y Lucien Fevbre, y una cuestión llamada historia de las mentalidades. En el Pedagógico de Barquisimeto entré en contacto con el pensamiento histórico y sociológico francés de Durkheim, Mauss, Halbswachs, Vilar y Fernand Braudel cuando venía de formarme de la mano con el Maestro Burk en las complejas cuestiones de la filosofía germana: Hegel, Nietzsche, Marx, Dilthey, Husserl y Heidegger. Me convertí en un germanófilo intelectualmente hablando que debió desde allí asimilar y comprender las ciencias del hombre, según la concepción francesa. Pero fue la fenomenología alemana de Husserl la que me vincula de manera exitosa con la historia de las mentalidades de la escuela analista a través de aquella fértil idea de que no es lo mismo explicar que comprender. El explicar es propio de las ciencias naturales, en tanto que el comprender se aplica a las ciencias del espíritu. Al decir ello en clases fue de sumo agrado para el doctor Brito Figueroa, quien me felicita con un fuerte abrazo.
Como es sabido, Anales hizo de las mentalidades su fortaleza desde un principio con las obras Los reyes taumaturgos de Bloch y Lutero, un destino de Fevbre. Desde allí comencé a pensar que podía hacer también historia de las mentalidades colectivas en los temas-problemas por mí escogidos: La mentalidad religiosa en Carora, el sentido de casta de los godos de Carora, y una exploración de la psicología individual del doctor Ramón Pompilio Oropeza, fundador del Colegio La Esperanza o Federal Carora en 1890. Otro tanto hice con el libro Viajeros de Indias del médico psiquiatra doctor Francisco Herrera Luque, quien aplica la fenomenología histórica a nuestra enorme carga psicopática y criminal.
Y más recientemente penetro en el pensamiento crítico-literario del larense Rafael Domingo Silva Uzcátegui, quien basado en las inaceptables ideas del criminólogo italiano Césare Lombroso y del médico judío y sionista Max Nordau, califica muy destempladamente de degenerados, viciosos, afeminados y dipsómanos a los grandes creadores de la literatura Fin de Siglo: Poe, Baudelaire, Withman, y a los latinoamericanos, poetas modernistas Rubén Darío y Leopoldo Lugones.
En los días que corren tengo la inmensa satisfacción de asesorar en su tesis doctoral sobre el Maestro Ignacio Burk al licenciado Mitchel Camacho, un inteligente docente caroreño de educación media y a quien años atrás le sugerí que tomara al Maestro germano-venezolano Ignacio Burk para sus investigaciones, y quien llega a las playas de Venezuela con los hermanos salesianos para internarse en la Guayana, luego dicta cátedra en Valera, estado Trujillo, para luego hacer brillante carrera docente en el Instituto Pedagógico Caracas en dos áreas del conocimiento en apariencia irreconciliables, esto es, la Química y la Psicología. Con ello el Maestro Ignacio Burk se ha convertido en un adelantado de lo que hogaño se llama la teoría de la complejidad, la que trata de reconciliar las humanidades con las ciencias de la naturaleza. Es el momento de recordar a este noble e inteligente educador que hizo de nuestro país su patria querida.

Fuente:

viernes, 4 de agosto de 2017

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Joaquín Marta Sosa. "La mística como  sexualidad". El Nacional, Caracas, 12/05/1985. Papel Literaria.
- Cesia Ziona Hirshbein. "El erotismo de Thomas Mann". Últimas Noticias, Caracas, 21/07/79. Suplemento Cultural.
- Umberto Eco. "Mickey Mouse y el erotismo". El Nacional, 08/01/89. Papel Literaria.
- Ignacio Burk. "Sociología de la sexualidad". El Nacional, 02/09/81.
- Rubén Monasterios. "El rostro oculto de un genio: Voltaire pornógrafo".

Reproducción: Molina, fotografía para un reportaje de Yolanda Herrera, "Nancy: La sonrisa que canta". Momento, Caracas, nr. 531 del 18/09/1966.

martes, 23 de noviembre de 2010

de la profunda escolaridad


Burk y la (anti) política
Luis Barragán


Extraordinario pedagogo venezolano, Ignacio Burk (1905-1984) destacó no sólo por sus más conocidos manuales de psicología y filosofía, sino por los sugestivos, oportunos y perspicaces artículos de opinión. De una extensa bibliografía, profesó el racionalismo crítico distinguiendo entre el saber científico, metodológicamente obtenido e impersonal, el cual versa sobre variables y no causas, y el saber vulgar, caótico y superficial, adquirido fortuitamente con mezcla de verdad y falsedad (A: “Filosofía. Una introducción actualizada”, Editorial Buchivacoa, Capatárida, 1998).

Valga la digresión, el citado texto, colaborado por Pedro Luis Díaz García y Luis Felipe Quintanilla Ponce, originalmente fue editado a mediados de 1973 (A: 451, 481), destinado a la educación secundaria. Por cierto, prologando otra obra, José Hernán Albornoz aseveraba: “De Burk nos consta que es un científico y un filósofo, o más bien, un sabio” (B: “Muro de dudas”, Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1985: I, 9).

OBSERVANCIA Y CONVICCION

Burk acogió la consabida diferenciación weberiana entre la ética de la responsabilidad y la de la convicción, acentuando tres virtudes del “político de raza” como la pasión, responsabilidad y “ojo de buen cubero” (B: II, 150). Sin embargo, en su texto escolar, también hizo fuertes señalamientos que muy después caracterizarán a la llamada antipolítica, entre nosotros.

Tratando de Kant y la asunción de un idealismo trascendental, término que no siempre refiere a una instancia o facultad relacionada con el conocer, expresa: “… evitemos la mala costumbre de los tribunos y líderes políticos que emplean el término a troche y moche, sólo porque suena bien y llena la boca” (A. 284). Acotación repentina en una sección tan rigurosa de la obra, que pareciera costumbre exclusiva de los dirigentes políticos, aunque – de un lado – el lenguaje de hoy experimenta una grosera y empobrecedora simplificación nunca antes sospechada, y – del otro – hay otros actores de mayor presencia y contundencia circense en los medios de comunicación social.

Fundamentalmente tratamos del medio televisivo y sus consabidas características, que luego reconocerá Burk como fuente de emociones confesables e inconfesables, provocando respuestas comportamentales propias del animal humano (B: I, 376). Empero, no conocerá las nefastas consecuencias del consumado empleo estatal de las plantas radiotelevisivas.

La manipulación moralista también la imputará a los dirigentes políticos e instituciones de gobernar (SIC) del mundo, contra quienes protesta empleando “los recursos angustiantes de la conciencia moral” (A:399). Empero, ampliando el abanico, muy después deja constancia de una convicción muy actual: “La ética ideológica de la más baja ley se llama utilitarismo. En la Venezuela, fingidamente capitalista, los valores morales están ampliamente subordinados a la utilidad de gremios, clases, empresas e intereses creados” (B: II, 136).

Volviendo al tratamiento de Kant, manifiesta al estudiantado que son “los políticos (los) que demuestran y contra-demuestran con argumentos formalmente lógicos las tesis más inverosímiles” (A: 380). Asumimos que la extendida y activa cultura de la falacia no es – precisamente – el terreno en el que únicamente abona la dirigencia política, habida cuenta de las consabidas, intensas e influyentes campañas propagandísticas y publicitarias de cualquier signo, añadidas las gubernamentales.

Ventilando la filosofía contemporánea, el autor en cuestión constata que nos encontramos “en un mundo gobernado por políticos y economistas” (A: 418). Y añade a los generales, inculpándolos a todos porque “ no sólo toleran la violencia sino que la imponen y legalizan” (A:492).

Entiende el autor de marras que gobernar es insertarse en el pensamiento antropocéntrico de la modernidad, pues hay razones terrenalmente humanas y humanitarias que llevan al poder político a fundarse en la factibilidad y funcionalidad de las cosas y el rango lo conceden las técnicas de alta productividad, profundizando en un Estado de poderoso pragmatismo impersonal y anónimo, más allá del mero poder de las personas sobre las personas (B: I, 159 s.). Empero, postmodernidad aparte, tal aspiración supone el destierro definitivo de aquellas prácticas políticas que demasiado daño generaron (y generan).

Trabajando la sección relacionada con el problema moral, consigna: “A estas alturas históricas, los mesías históricos están desprestigiados; todos han fallido (SIC). Pero sin que por ello se acabara el mesianismo. Hoy pone la gente sus esperanzas en los mesías políticos. ¿Nos salvarán?” (A: 366). Precisamente, retrotraídos a etapas que creímos superadas, nuevamente somos víctimas del mito salvacionista en Venezuela, reconocida la internalización de esquemas emocionales y operantes, como un sinfín de prejuicios, necesarios de superar habida cuenta que “dada la mentalidad de nuestros tiempos, la futura ética ha de ser necesariamente racional” (A: 23, 28, 392).

UNA PROFUNDA ESCOLARIDAD

De observaciones y convicciones se ha hecho nuestra común escolaridad, sobre todo por los comentarios reiterativos, espontáneos y dispersos del docente en el aula, semejante a los expedidos por Burk en su obra, aunque valga el reclamo que formula: “En este texto se imponen ideas y posturas que tú no has de aceptar sin más. Pero te deben inducir a pensar. Ni el autor de este libro ni tus profesores son proselitistas” (A: 371). No obstante, constatada la prisa y ligereza de sus apostillas al lado de una argumentación más sólida, hagamos dos importantes observaciones.

Por una parte, al parecer, inicialmente redactado en 1968, el texto escolar en cuestión refleja algunas impresiones o vivencias inmediatas de – por lo menos – mediados de 1973: “en estos días”, época en la que “los muchachos tienen hambre y sed de ideales”, siendo notorio el fenómeno de la violencia “patotera”, sexo, drogas y fármacos, hippies, Mao, Allende (A: 220, 296, 418, 431, 450 s., 481). De modo que, naturalmente, recibió el impacto de la campaña presidencial que inauguró la polarización electoral en nuestro país.

Campaña muy particular, la de 1973 estuvo fundada en el espectáculo y en una agobiante y costosa publicidad de los principales contendores. Y fue tan preocupante, indicio de las irritaciones y predisposiciones generalizadas, que se hizo parte del debate interno de uno de los partidos que la protagonizaron con motivo de la posterior renovación de sus autoridades juveniles (por ejemplo, puede verse: Paciano Padrón, “Toma tu boina y sígueme”, mimeo, Caracas, 1975).

Por otra parte, acaso nuestra profunda escolaridad está afianzada por una peculiar tradición oral, la del maestro o profesor que desliza sus inevitables opiniones personales. Empero, valoramos aquellas digresiones que constan en textos relacionados con materias – por lo demás – decidida y definitivamente abstractas, como el de Burk, a pesar de la otra tradición: la ágrafa.

Dudamos de una frecuente e íntegra lectura del texto por los educandos, aunque también sospechamos de buena parte de los educadores, en una materia no sólo vista en el último año lectivo, sino exclusiva de los cursantes del bachillerato en humanidades. Nuestra larga escolaridad está alimentada de tácitas y expresas visiones, perspectivas y expectativas que, no obstante, tienen por inspiración textos de una particular e inadvertida interpretación.

LA ANTIPOLITICA PRECURSORA

Convengamos, el fenómeno en Venezuela tiene por esencia un remoto y sostenido desprecio hacia los partidos, actualizado por la actuación inexorablemente más visible, la de los que tienen por oficio la política.

Distingamos entre ese desprecio, irritación, inconformidad u observación dispensada a los oficiantes, respecto a la interesada sistematización que se resume en el divorcio de los problemas públicos con los personales, apalancado por el espectáculo. Muy distintas son las observaciones puntuales que avisan del prestigio o no, adquirido o perdido por los políticos, con las que tienen una trascendencia inusitada, al coincidir o hacerse eco de viejos prejuicios.

En un caso, como ocurrió en la década de los sesenta, adquieren una extraordinaria relevancia y significación aquellas figuras artísticas que dejan atrás a los oficiantes de otros ámbitos, como el político, académico y – añadimos - militar. Bastará el comentario del columnista Pacheco Soublette para ilustrar la premisa: “Ha nacido un nuevo ídolo. La juventud de nuestros días siente la necesidad de buscar héroes en quienes descargar sus impulsos y sus frustraciones. No son héroes políticos ni intelectuales los que mayor admiración despiertan en las multitudes de adolescentes. La juventud de todas partes del mundo - por lo menos, la juventud del llaado mundo occidental – escoge los ídolos del deporte y, más frecuentemente, en ese medio frívolo de la farándula. El nuevo ídolo de Caracas y quizás del interior a donde llega la señal de televisión es Néstor Zavarce, casi un imberbe a quien toda Venezuela admiró con cariño en la película venezolana ‘La balandra Isabel llegó esta tarde’ “ (El Nacional/Caracas, 01/08/60).

En otro caso, lo hemos comprobado por nuestra propia vivencia, la llamada antipolítica también surge de los propios partidos, enlazándose con un fenómeno que los lleva al inevitable suicidio cívico (agreguemos: y de todas las instancias societarias). Recordemos la contratación y aparición del ex - senador y pretendiente presidencial, Leonardo Montiel Ortega, en el primer y exitoso capítulo de una telenovela en los setenta, en horario apto para todo público, que sirvió para la interpelación del Centro Gumilla sobre “el barníz pseudocultural de los culebrones (que) justifica la exhibición de adulterios, divorcios, incestos”, en medio de una “competencia desleal” que obliga a “replantearse un nuevo sendero para la televisión venezolana” (SIC/Caracas, 12/77).

Por consiguiente, los comentarios o disgresiones escolares contribuyeron a la edificación de una mentalidad antipolítica, siendo tanto o más decisivos los actos contraproducentes de los mismos políticos de oficio, en el marco de una degenerativa lucha mercantil de los medios audiovisuales. E, importa acentuar, lucha que ha significado el pago de una costosísima factura en la última década, concediéndole una muy presunta legitimidad al Estado para liquidar en lo posible todos los medios privados.

UN PRIMER PASO, REGRESO A LA SENSATEZ POLITICA

Haciéndole una concesión al saber vulgar, Ignacio Burk utiliza la delicada tribuna escolar para la protesta ocasional, aunque sus observaciones inmediatas contradigan la sólida convicción que tuvo sobre la política. Sin lugar a dudas, dejando atrás algunas impresiones circunstanciales sobre la irrelevancia heroica de políticos, académicos o militares, las observaciones escolares coincidieron con la determinante actuación de líderes o partidos que alcanzaron resonancia en los medios de comunicación social, caracterizados por una desleal y degenerativa competencia.

La influencia de una profunda y larga tradición escolar, oral y escrita, se ha hecho sentir en torno a nuestras percepciones e interpretaciones de naturaleza política, siendo necesario revisar y debatir los aportes del Estado en la última década, distorsionándolas y agravándolas. Sobre todo porque la llamada antipolítica, en principio un prejuicio y una reacción antipartidista entre nosotros, paradójicamente nos lleva al autoritarismo abiertos y a la imposición de hegemonías inesperadas.

La discusión responsable de la materia, debe significar el regreso a una mínima sensatez política para la actualización de expectativas y perspectivas. Todos los actores sociales, incluyendo a los partidos, tienen por obligación afrontar con absoluta franqueza una situación que todavía los interpela, como primer paso hacia la transición democrática que está pendiente, pues, de lo contrario, banalizando la crisis y los dramas nacionales, seguirá arrollándonos un régimen fundamentado en los más inimaginables prejuicios y anacronismos que nos caracterizan en la vida pública (y privada).

Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2010/11/burk-y-la-anti-politica/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=712576

sábado, 16 de octubre de 2010

sobre una despreciada herramienta (fundamental)


Un alicate contra el totalitarismo
Luis Barragán


De nuevo, el gobierno intenta evadir el drama educativo venezolano. Presupuesto universitario aparte, incluyendo la mercalización de los insumos escolares, extraordinario e incontrolado negocio, el regreso a clases está neutralizado por los resultados de las elecciones parlamentarias. No obstante, deseamos ventilar uno de los temas imposible de debatir en una democracia participativa y protagónica, según la consigna en boga. La lectura es la herramienta fundamental de la escuela, pues, a menos que se haga realidad la pastilla del conocimiento del “Congreso de futurología” de Stanislaw Lem, sencillamente no hay otra que pueda sustituirla. Paradójicamente, es la más despreciada y no por la sola imposición del universal imperio iconográfico que también nos agobia, sino por una larga tradición que la asocia al más profundo aburrimiento. Materia prima del esfuerzo escolar, por lo general, educando y educadores la conciben como una tarea en la que comparten un tácito sufrimiento, hábito imposible para adentrarse a los sueños y realidades que tampoco sospechan. Rutina apenas aceptable al llenar formularios, exámenes y otros trámites de ocasión, insospechada práctica de distracción informática, la lectura regular contribuye a la consagración de grandes estigmas que apuntan a la rareza y hasta enfermedad de quienes la descubren como el mejor visado para internarse en otros mundos que la percepción inmediata impide. Leer constituye un supremo esfuerzo, porque así se ha encargado la escuela de concebir un acto que se supone vital. Y, aún deseando extenderla como afición, los millares de impresos del gobierno tienen por única finalidad la propaganda y el burdo adoctrinamiento, por cierto, rebotando con facilidad al no intervenir bienintencionada y creadoramente en los complejos procesos educativos, sumadas las precarias condiciones socioeconómicas y materiales que los soportan. Frecuentemente, la muchachada no incurre en el atrevimiento de leer con cierta densidad, ni siquiera para adelantarse al docente que, tomado por riguroso e implacable, la desafía. Y la llamada sociedad civil, aquella que reclama o dice reclamar una vida autónoma respecto al Estado que pugna por colonizarla, habitarla y supeditarla según sus específicos intereses de supervivencia, tampoco acuerda y promueve grandes iniciativas que hagan de la lectura una clave de superación, tan acorde a los deterioros culturalmente asimilados. Hay posibilidades, pistas o indicios que pueden autorizar ese esfuerzo pendiente de recuperación de la lectura como instrumento de la libertad liberadora, por ejemplo, la propensión a la vasta literatura de auto-ayuda en boga que, como punto de partida, puede catapultarnos hacia otra más sobria, especializada, convincente, acreditada y eficaz. Y es que aquélla, pretendiendo una consideración psicológica, ética y estética de nuestra vida, puede dar paso a ésta, con obras de mayor consistencia, además, desde el punto de vista estrictamente narrativo. La telemática es otro de los ámbitos favoritos de los jóvenes desenvueltos en una dinámica que la creen de siempre, sin adivinar que hay sociedades en las que la información y el conocimiento estratégico hablan muy bien de la prosperidad alcanzada. El intercambio de correos electrónicos, el chat, las redes sociales o los más sorprendentes juegos, los fuerza a la ineludible necesidad de leer y de perfeccionar la lectura, en medio del inmenso basurero que – maravillosas bondades aparte – también es internet. Empero, la propia práctica educativa los lleva al recurrente copiado y pegado de las informaciones, pues, concluimos, concebimos nuestro empeño de conocer, vivir, aprender a aprender y compartir, como un asunto del azar. La confianza que depositamos en la memoria auditiva o visual, presta a posteriores solapamientos y confusiones, no tiene parangón con la desconfianza invertida en la reflexión, y – por ello – en la escritura. Solemos inclinarnos por la distracción hedonista de acuerdo al canon, despreciando una herramienta utilitaria que puede convertirse en placentera: aula tediosa hecha de accidentes, porque una respuesta pertinente puede llegar casualmente gracias al fogonazo de un comentario hecho por un compañero o el propio docente que la deslizó en el tránsito de su cansada, agobiada o quizá malhumorada exposición, añadido el padre o la madre que hizo la consulta virtual y la imprimió para ayudar al indisciplinado horario del hijo o representado que no “consume” sus textos obligatorios siquiera en un porcentaje “decente”. Hallamos un par de citas adecuadas, a propósito de una exploración de días atrás sobre el imaginario escolar. Ignacio Burk, sabio ya desaparecido, autor de obras de impecable vocación pedagógica, señalaba: “La escuela cumple con su cometido, si logra que tú seas un competente autodidacta (…) Las máquinas computadoras son verdaderas ‘prótesis’ cerebrales, exactamente como el alicante es una prótesis manual” (“Filosofía. Una introducción actualizada”, Editorial Buchivacoa, Capatárida, 1973/1998: 79, 225). Una sociedad lectora, crítica y creadora, nos interroga. Además, es un alicate contra toda experiencia totalitaria.

miércoles, 4 de agosto de 2010

dudas de la I a la II


Muro burkeano
LB


Ignacio Burk fue conocido ampliamente por las generaciones anteriores, debido a sus textos de bachillerato (principalmente de filosofía y psicología), amén de otras obras de divulgación científica. Tiempo atrás, retomé su “Introducción a la filosofía”, apuntando algunas consideraciones que se deslizaron sobre la política como oficio. Y, recordé que tenía los dos tomos de “Muro de dudas” (Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1985), adquiridos unos diez años atrás, en la propia Academia, por uno de esos “por sia acaso” (como decimos los venezolanos). Y, al empeñarme en hurgar al autor sobre el tema político para un probable y breve artículo de prensa, quedé “enganchado” , leyéndolo en el curso de este año cuando me apetecía, en una u otra oportunidad, poco a poco, hasta concluirlo. Claro está, no pretendendo en modo alguna compararme con Mario Vargas Llosa, pero recuerdo que éste escribió un texto extraordinario avisando que había concluido las Obras Competas de Ortega y Gasset, leídas poco a poco en el transcurso de algunos años.

“Muro de Dudas” es una extraordinaria compilación de los artículos de prensa publicados por Burk en el diario “El Nacional” de Caracas. De una profundísima sabiduría y magnífico sentido común, para la discrepancia y la coincidencia, trata de una variedad exquisita de temas sobre la ciencia, la técnica, la inteligencia, los genios, la evolución, los parapsicólogos, la ética y la moral, lo religioso… Por cierto, con sentido del presente, con la oportuna intención de responder a las circunstancias y planteamientos del momento en los que escribió sus notas. Y hasta de cine escribe, opinando con absoluto conocimiento de Bergman o Bueñuel, a propósito de la proyección de películas que llamaron la atención del público….

Puede decirse de un Buró enciclopédico, pero con posturas muy propias, fundadas, atractivas y respetuosas. Valga acotar, éste es el tipo de enciclopedias que ya pueden tenerse en casa en su versión impresa, en lugar de otras que – excepto las ilustraciones – pueden ocupar mucho espacio en casa o en la oficina. Bastará una que otra, Británica u Ameba, porque la red de redes ofrece lugares confiables para la oportuna consulta. Pero no es fácil hallar a un Buró extenso y abierto, en la red. Creo que no lo hay.

Cfr.
http://wapedia.mobi/es/Ignacio_Burk
http://www.venezuelatuya.com/biografias/