El sábado 16, próximo pasado, cumplimos con dos actividades programadas con suficiente antelación. La una, visitar el Seminario Diócesano de El Hatillo con la finalidad de conversar con el Padre Efrén Cisneros Faja, gracias a las diligencias realizadas por Luis Tarrazzi: hay una materia pendiente - ojalá, a mediano o largo plazo - que requiere de las orientaciones del especialista en teología moral, pues, el trabajo parlamentario no se improvisa, así las circunstancias actuales digan lo contrario; fue, además del encuentro, grato hallarse en espacios ordenados y limpios, cuya sencillez habla de a delicada misión que le compete a la institución en la formación y desarrollo de las caracas vocaciones sacerdotales, como muy pocas veces ocurre en otros ámbitos. La otra, el foro de la serie adelantada por a Comisión del Centenario de Rafael Caldera, en el que intervinieron Blanca Rosa Mármol y Paciano Padrón, en torno al pensamiento constitucional del yaracuyano; por cierto, reflejando fielmente las circunstancias, en medio de la intervención de Juan José Caldera, se fue la luz eléctrica por quince o veinte minutos aproximadamente.
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martes, 19 de abril de 2016
BITÁCORA: INTERCAMBIO DE IDEAS
El sábado 16, próximo pasado, cumplimos con dos actividades programadas con suficiente antelación. La una, visitar el Seminario Diócesano de El Hatillo con la finalidad de conversar con el Padre Efrén Cisneros Faja, gracias a las diligencias realizadas por Luis Tarrazzi: hay una materia pendiente - ojalá, a mediano o largo plazo - que requiere de las orientaciones del especialista en teología moral, pues, el trabajo parlamentario no se improvisa, así las circunstancias actuales digan lo contrario; fue, además del encuentro, grato hallarse en espacios ordenados y limpios, cuya sencillez habla de a delicada misión que le compete a la institución en la formación y desarrollo de las caracas vocaciones sacerdotales, como muy pocas veces ocurre en otros ámbitos. La otra, el foro de la serie adelantada por a Comisión del Centenario de Rafael Caldera, en el que intervinieron Blanca Rosa Mármol y Paciano Padrón, en torno al pensamiento constitucional del yaracuyano; por cierto, reflejando fielmente las circunstancias, en medio de la intervención de Juan José Caldera, se fue la luz eléctrica por quince o veinte minutos aproximadamente.lunes, 25 de enero de 2016
COMUNICADO

Comunicado Comisión Centenario...
Una
Reflexión entre Nosotros, De Social Cristianos para Social Cristianos... De
socialcristianos para socialcristianos Una reflexión entre nosotros Entre
nosotros, porque se cumplen 100 años del nacimiento de Rafael Caldera y,
significativamente, también 80 de la fundación de la Unión Nacional de
Estudiantes (UNE) y 70 de la fundación del Partido Social Cristiano Copei. Cien
años, y muchos le hemos dado impulsiva e injustamente la espalda al largo y
profundo significado de las luchas de Rafael Caldera por Venezuela, sin
comprender que así dañamos nuestra propia identidad. Es hora de hacer justicia.
De poner las cosas en su lugar. Sí, es una reflexión entre nosotros,
militantes, simpatizantes, colaboradores, seguidores y amigos, que, durante
muchos años, compartimos el orgullo de formar parte de una fuerza política que,
guiada por el responsable y poderoso liderazgo de Caldera, contribuyera a
garantizar la vigencia de la democracia en Venezuela, al postular los valores
del pensamiento socialcristiano.
No se trata de celebrar el centenario de su
nacimiento por afecto a su persona, sino porque recordar su obra –así como la
de Rómulo Betancourt y de otros políticos venezolanos– es reivindicar lo mejor
de nuestro pasado democrático; es reivindicarnos a nosotros mismos,
reivindicarnos como pueblo. Es un acto, en fin, que confronta de manera natural
el infausto despropósito de quienes gobiernan nuestro país en esta hora aciaga.
Algunos podrían sostener que sería muy temprano para intentar apreciar
desapasionadamente la importante obra de Rafael Caldera. Han pasado, dirían,
muy pocos años desde su desaparición física y aún el tamiz del tiempo no ha
cernido, suficientemente, su figura de las inevitables y grandes controversias
que acompañan a los hombres cuyas decisiones afectan la vida de los pueblos.
Tal vez sea verdad, pero la hora que vive nuestro país nos impone apresurar el
paso para rescatar y valorar lo esencial de su labor de entre las brumas de
muchas decisiones polémicas. A alguna de ellas haremos, sin embargo, necesaria
e ineludible referencia. Sí, entre nosotros, que parece que hemos olvidado la
significación histórica de las consecuencias de la decisión de Caldera de
iniciar a la muerte de Juan Vicente Gómez –y actuando tanto contra poderosos
enemigos como contra el pesimismo de los amigos– la construcción de una opción
política que llegaría a su tiempo a postular el valor de cada ser humano, la
solidaridad, la pluralidad; que promovería el bien común, la lucha permanente
por la justicia social, la perfectibilidad de la sociedad y el carácter
subsidiario de la acción del estado. Una fuerza que volcaría en el torrente de nuestro devenir de pueblo nada más y nada menos que los valores esenciales y permanentes del humanismo cristiano. No fue fácil. Todo comenzó cuando Caldera y un puñado de jóvenes estudiantes, que no superaban los 20 años de edad, fundaron en el año 1936 la Unión Nacional Estudiantil (UNE) –simiente del Partido Socialcristiano COPEI– para enfrentar el radicalismo izquierdista de la Federación de Estudiantes de Venezuela y comenzar a abrirle paso a otra visión de la política en Venezuela. Luego, como en un enjambre, comenzamos a crecer y nos fuimos sumando en distintos tiempos y lugares para llegar a ser decenas, centenares, miles y millones. Y fueron una persona misma el joven Caldera, cultor de Andrés Bello en 1935, el de la primera Ley del Trabajo de 1936, el del apoyo a la reforma de la legislación petrolera de 1943 y el defensor del voto para la mujer en 1944. Caldera, el autor de la tesis doctoral titulada libro de Derecho del Trabajo de 1939 y el profesor de dicha materia en la UCV por más de veinte años. El hombre que en 1945 apoyó la creación de un sistema de gobierno basado en el voto universal, directo y secreto proclamado por la Revolución de Octubre.
Que fue un actor principal en la Asamblea Constituyente que aprobó la Constitución de 1947 e igualmente en el Congreso Nacional que, 1961, dotó al país de la Constitución de más larga vigencia hasta ahora conocida en nuestra historia republicana. Caldera, el hombre que en ese mismo año de 1947, con 31 años de edad, es postulado por primera vez a la Presidencia de la República y conquista el segundo lugar contra el maestro Rómulo Gallegos. Caldera, el opositor severo al gobierno de Acción Democrática que se había radicalizado y sectarizado después de su triunfo en las elecciones del 46 y el 47. El político que no cedió ni un ápice durante los años de la dictadura perezjimenista. Que clamó públicamente en 1952 contra la existencia de “Guasina”, el campo de concentración creado en el Delta del Orinoco para opositores al régimen militar.
El Caldera del histórico acuerdo con Rómulo Betancourt y Jòvito Villalba, después de la caída de la dictadura, firmado el 31 de octubre de1958 en su propia casa caraqueña, de nombre “Puntofijo”, con el que se inició el período de paz, libertad y progreso social más prolongado que haya conocido nuestra historia. El Rafael Caldera que, en los años sesenta, sostuvo la democracia contra los varios intentos de derrocar a los legítimos gobiernos de Rómulo Betancourt y Raúl Leoni. El de la lucha contra la subversión patrocinada por la Cuba de Fidel y el Caldera que después fue entre otras muchas cosas el Presidente de la justa y exitosa política de pacificación. El Caldera del lenguaje de altura, profundamente respetuoso de todas las personas y, en especial, de los opositores a sus gobiernos. Reconocido por su integridad personal, por el ejemplo de su familia, junto a su esposa Doña Alicia Pietri, animadora de diferentes iniciativas a favor de la infancia y, en particular, el emblemático Museo de los Niños. El Dr. Caldera, de profunda y permanente vocación social, quien en gesto excepcional e inédito, fue invitado en 1987 por el Papa Juan Pablo II al Vaticano para hablar ante el Colegio Cardenalicio en la conmemoración de los veinte años de la encíclica “Populorum Progressio” (Sobre el desarrollo de los Pueblos”).
Todo eso, y mucho más de la obra de
Caldera, parece habérsenos olvidado por la controversia desatada posteriormente
a su decisión de “soltar” a Chávez. Y decimos posteriormente, porque fue
después, solamente después de que el Chávez en el poder comenzara a mostrar el
funesto talante de su gobierno, cuando se hizo urgente encontrar un culpable de
lo que estaba ocurriendo. Ciertamente muchos de los que lo habían apoyado y
elegido presidente comenzaron a buscar a un responsable sobre quien arrojar la
culpa de su equivocada decisión y, como se hacía en algunos pueblos de la
antigüedad, buscaron y encontraron en esa decisión de Caldera, al chivo de su
expiación promoviendo algunos de ellos abiertamente y otros de manera solapada,
una infamia simple y conveniente: Caldera es el único culpable de todos lo
males que le han hecho al país Chávez y su inepto sucesor y, desgraciadamente,
muchos de nosotros hemos compartido en algún momento o medida esa iniquidad. Es
cierto que Caldera dictó el sobreseimiento de Chávez cuando la popularidad de
éste no llegaba a 4 puntos en las encuestas y que también lo hizo para veinte
militares más incursos en la misma causa. ¿Quién no le pidió entonces a Caldera
esos sobreseimientos?
Lo solicitaban públicamente numerosos sectores, medios de
comunicación y muchas personalidades que incluso ahora, por cierto, lo disimulan.
Sí, lo “soltó”, porque seguramente de buena fe creyó que era así como se podía
conjurar la amenaza cierta que su rebelión había implicado e implicaba para
nuestra ya fatigada democracia. Esa acción de Caldera fue, sin duda,
consecuente con su idea de pacificar y de someter al juicio de la democracia a
quienes la amenazaran desde posiciones y conductas radicales. Actuó convencido,
como lo hizo siempre, de que era lo mejor para su país. ¿Que Caldera se
equivocó?… ni él ni nadie podía adivinar el futuro y, menos aún, que serían
millones los venezolanos que después elegirían a Chávez Presidente, sin tener
tampoco el don de predecir el porvenir y que, por supuesto, no podían imaginar
el daño que le harían Chávez y su heredero a nuestro país. Ha llegado para todos
nosotros, por imperativo de la agobiante realidad que estamos viviendo, la hora
de rescatar el legado de Rafael Caldera, de limpiar la hojarasca que nubla su
nombre, de recuperar el respeto que siempre nos inspiró para, respetándolo a
él, respetarnos a nosotros mismos y redimir su nombre de una carga que en
justicia no le pertenece y que tampoco nos pertenece a nosotros. Es el tiempo
de sumarnos al esfuerzo de permear de nuevo nuestra sociedad con los valores
del socialcristianismo que encarnó Rafael Caldera durante toda su vida, y de
levantar la cabeza para reconstruir la fuerza de la que en el pasado nos
sentimos orgullosos. Para finalizar esta reflexión y apelación entre nosotros,
recordemos algunos versos del poema que escribió Antonio Machado a Un olmo
seco: …antes que te descuaje un torbellino y tronche el soplo de las sierras
blancas; antes que el río hasta la mar te empuje por valles y barrancas, olmo,
quiero anotar en mi cartera la gracia de tu rama verdecida. Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera. Comisión
Centenaria… Caldera 100 años después.
Elías López, Abdón Vivas Terán, Paciano
Padrón, Oswaldo Álvarez Paz, Naudy Suárez, Adonis Dager, Flora Aranguren, Luis
Barragán, Nelson Oxford, Luis Ignacio Planas, Sergio Urdaneta, Rubén Dario
Jiménez, Macky Arenas, Douglas Estanga, Nelson Hamana, Werner Corrales,
Saralilian Lizarraga.
domingo, 19 de abril de 2015
ELOCUENCIA PARLAMENTARIA
En una y en otra comisión parlamentariaLuis Barragán
Principiando la actual legislatura, la Comisión Permanente de Cultura de la Asamblea Nacional recibió y procesó, por razones muy obvias, la interesada denuncia de una diputada regional del oficialismo que intentó responsabilizar a Henrique Capriles de las modificaciones sufridas por un inmueble histórico de la gobernación mirandina, muy luego de recibido el impacto de un artefacto explosivo. De una presunta remodelación, más no restauración, la ordenación de los hechos aconsejaba citar a cualesquiera funcionarios públicos relacionados e, incluyendo al gobernador Capriles, nos pareció rigurosamente lógico hacerlo con su predecesor, Diosdado Cabello, en cuyo período ocurrió la explosión.
Por supuesto, la bancada oficialista clamó a los cielos, pretendiendo una aberración de nuestra solicitud gracias a la condición parlamentaria de Cabello. Sin embargo, aprobado en la Comisión y después levantada la sanción en la siguiente sesión, olvidaba que tratamos de una invitación para aclarar las cosas, ni siquiera una interpelación, e ignoraba que, en el viejo Congreso, aún en el ejercicio de la senaduría o diputación, el parlamentario debía acatar la citación de una comisión distinta a la de su adscripción, tal como - en efecto - ocurrió en décadas pasadas.
Esta nota contrastante entre Congreso de la República y Asamblea Nacional o, mejor, entre las comisiones de trabajo de una y otra, podemos ejemplificarla con un par de notas adicionales, pues, por una parte, hoy resulta inverosímil, atrevido y subversivo que sea citado e interpelado el más modesto funcionario público, libremente interrogado por propios y extraños. Jamás se daría un caso como el de la Dra. Gladys de Lusinchi, a quien – conculcados sus derechos – acudió a la Comisión de Medios del Congreso y, muy a pesar de las diligencias, trabas u obstáculos interpuestos por el otrora partido de gobierno, ofreció un completo testimonio que afectaba a su presidencial marido, en la segunda mitad de los ochenta del XX.
Por lo demás, reivindicada la autonomía de las comisiones permanentes de décadas atrás, actuantes las minorías parlamentarias por ínfimas que fuesen, una sola sesión de ellas ilustraba la sobriedad, el respeto, la consideración, la solemnidad, la indispensable formalidad de sus actos. Comenzando por el atuendo de los parlamentarios, el riguroso respeto al debate y a la decisión reglamentados, la debida programación y evaluación de los trabajos, y el propio diseño de los espacios que presidía únicamente Bolívar y otros símbolos patrios.Huelga comentar las dramáticas diferencias con el presente, pues, transcurridos tres años como diputado adscrito a la Comisión de Cultura, con breve pasantía por la de Política Exterior (un poco más formal) y la Administración y Servicios, transferido involuntariamente, las conocemos muy bien por lo que respecta al fondo y la forma. Antes impensable que las dependencias legislativas exhibieran una fotografía del Presidente de la República, como impuso Chávez Frías con la suya al principiar el siglo XXI y lo continua Maduro Moros, por lo demás, arriesgando su diputado que no reclame tamaña distinción.
Fotografías:
- Sesión ordinaria de la Comisión de Medios del Congreso de la República (1987): De izquerda a derecha L. Barragán (Secretario), G. Cartay (Vicepreidente), J.C. Moreno (Presidete) y, entre varios de los diputados integrantes, J. Pulgar, O. Yánes, L. Mazzarri, A. E. Blanco Iturbe.
- Otra sesión ordinaria de la Comisión de Medios del Congreso: V. Humpiérrez, Lb Barragán, J.C. Moreno, G. Cartay, J. Pulgar, O. Yánes, L. Mazzarri, H. Ramos Allup, entre otros.
- La Dra. Gladys de Lusinchi acude a la Comisión de Medios (1987).
- Una sesión ordinaria de la Comisión de Contraloría del Congreso /1985): entre otros, Paciano Padrón (Presidente) y Juan Blanco Peñalver (Secretario).
lunes, 7 de octubre de 2013
NOTICIERO RETROSPECTIVO
- JFH. "Campanario: Censura de televisión y espectáculos". El Nacional, Caracas, 30/07/1961.
- Onésimo Herrera. "La televisión, fábrica de violencia". Momento, Caracas, nr. 727 del 21/06/70.
- Paciano Padrón. "¿Qué pasa con la televisión?" El Mundo, Caracas, 12/06/80.
- (Encuesta entre mujeres). "Las teleculebras, elefante blanco de la TV venezolana". Semanario COPEI, nr. 3 del 22/12/69.
- JFH. "Campanario: Radio y televisión". El Nacional, 07/07/63.
Reproducción: La Religión, Caracas, 16/06/1957. Suplemento Televisión.
miércoles, 15 de agosto de 2012
VOLANTE
Presumimos el volante como parte de la campaña electoral estudiantil de 1968, en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Venezuela. Quizá pueda decirse de cierto abaratamiento del material propagandístico que facilitó la promoción del candidato a vicepresidente del Centro de Estudiantes, o de su propia exaltación en una alianza, materia que queda pendiente. Y presumimos que, además de Paciano, se trata de José Amalio Graterol, quien luego fuera importante miembro del Comité Regional de COPEI-Caracas y diputado, a quien conocimos en nuestros años mozos.Valga comentar la reaparición del volante, pues, hacia 2002, reabierta la sede devastada de Cujicito, formó parte de un promontorio de papeles injustificadamente destinados al basurero. Logramos rescatar algunas cosas, reorganizar fotografías de lo que fue un viejo archivo, dejándolas clasificadas en 2006 cuando entregamos nuestro cargo en la dirección. No sabemos qué ha pasado con ese material. Ocurre que el volante en cuestión fue parte de la donación masiva que hizo el Centro de Estudios de la Experiencia Socialcristiana a Venezuela, desafortunada porque se perdieron extraordinarios testimonios incluyendo una bibliografía ahora de muy difícil hallazgo. Enterados después, tal patrimonio soportó los embates de la interperie y el pillaje. Hubiese sido preferible que lo remitieran a la Biblioteca Nacional.
El problema ha sido de todos los partidos políticos en Venezuela que, excepto los históricos archivos del Consejo Nacional Electoral (CNE), de los que ya poco se sabe, pudieron muy bien entregar sus papeles a sendas entidades académicas. Creemos que hasta las actas ordinarias, tienen por destino los grandes basureros, aunque la destructora de documentos ha auxiliado más de un desprendimiento.
LB
martes, 23 de noviembre de 2010
de la profunda escolaridad

Burk y la (anti) política
Luis Barragán
Extraordinario pedagogo venezolano, Ignacio Burk (1905-1984) destacó no sólo por sus más conocidos manuales de psicología y filosofía, sino por los sugestivos, oportunos y perspicaces artículos de opinión. De una extensa bibliografía, profesó el racionalismo crítico distinguiendo entre el saber científico, metodológicamente obtenido e impersonal, el cual versa sobre variables y no causas, y el saber vulgar, caótico y superficial, adquirido fortuitamente con mezcla de verdad y falsedad (A: “Filosofía. Una introducción actualizada”, Editorial Buchivacoa, Capatárida, 1998).
Valga la digresión, el citado texto, colaborado por Pedro Luis Díaz García y Luis Felipe Quintanilla Ponce, originalmente fue editado a mediados de 1973 (A: 451, 481), destinado a la educación secundaria. Por cierto, prologando otra obra, José Hernán Albornoz aseveraba: “De Burk nos consta que es un científico y un filósofo, o más bien, un sabio” (B: “Muro de dudas”, Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1985: I, 9).
OBSERVANCIA Y CONVICCION
Burk acogió la consabida diferenciación weberiana entre la ética de la responsabilidad y la de la convicción, acentuando tres virtudes del “político de raza” como la pasión, responsabilidad y “ojo de buen cubero” (B: II, 150). Sin embargo, en su texto escolar, también hizo fuertes señalamientos que muy después caracterizarán a la llamada antipolítica, entre nosotros.
Tratando de Kant y la asunción de un idealismo trascendental, término que no siempre refiere a una instancia o facultad relacionada con el conocer, expresa: “… evitemos la mala costumbre de los tribunos y líderes políticos que emplean el término a troche y moche, sólo porque suena bien y llena la boca” (A. 284). Acotación repentina en una sección tan rigurosa de la obra, que pareciera costumbre exclusiva de los dirigentes políticos, aunque – de un lado – el lenguaje de hoy experimenta una grosera y empobrecedora simplificación nunca antes sospechada, y – del otro – hay otros actores de mayor presencia y contundencia circense en los medios de comunicación social.
Fundamentalmente tratamos del medio televisivo y sus consabidas características, que luego reconocerá Burk como fuente de emociones confesables e inconfesables, provocando respuestas comportamentales propias del animal humano (B: I, 376). Empero, no conocerá las nefastas consecuencias del consumado empleo estatal de las plantas radiotelevisivas.
La manipulación moralista también la imputará a los dirigentes políticos e instituciones de gobernar (SIC) del mundo, contra quienes protesta empleando “los recursos angustiantes de la conciencia moral” (A:399). Empero, ampliando el abanico, muy después deja constancia de una convicción muy actual: “La ética ideológica de la más baja ley se llama utilitarismo. En la Venezuela, fingidamente capitalista, los valores morales están ampliamente subordinados a la utilidad de gremios, clases, empresas e intereses creados” (B: II, 136).
Volviendo al tratamiento de Kant, manifiesta al estudiantado que son “los políticos (los) que demuestran y contra-demuestran con argumentos formalmente lógicos las tesis más inverosímiles” (A: 380). Asumimos que la extendida y activa cultura de la falacia no es – precisamente – el terreno en el que únicamente abona la dirigencia política, habida cuenta de las consabidas, intensas e influyentes campañas propagandísticas y publicitarias de cualquier signo, añadidas las gubernamentales.
Ventilando la filosofía contemporánea, el autor en cuestión constata que nos encontramos “en un mundo gobernado por políticos y economistas” (A: 418). Y añade a los generales, inculpándolos a todos porque “ no sólo toleran la violencia sino que la imponen y legalizan” (A:492).
Entiende el autor de marras que gobernar es insertarse en el pensamiento antropocéntrico de la modernidad, pues hay razones terrenalmente humanas y humanitarias que llevan al poder político a fundarse en la factibilidad y funcionalidad de las cosas y el rango lo conceden las técnicas de alta productividad, profundizando en un Estado de poderoso pragmatismo impersonal y anónimo, más allá del mero poder de las personas sobre las personas (B: I, 159 s.). Empero, postmodernidad aparte, tal aspiración supone el destierro definitivo de aquellas prácticas políticas que demasiado daño generaron (y generan).
Trabajando la sección relacionada con el problema moral, consigna: “A estas alturas históricas, los mesías históricos están desprestigiados; todos han fallido (SIC). Pero sin que por ello se acabara el mesianismo. Hoy pone la gente sus esperanzas en los mesías políticos. ¿Nos salvarán?” (A: 366). Precisamente, retrotraídos a etapas que creímos superadas, nuevamente somos víctimas del mito salvacionista en Venezuela, reconocida la internalización de esquemas emocionales y operantes, como un sinfín de prejuicios, necesarios de superar habida cuenta que “dada la mentalidad de nuestros tiempos, la futura ética ha de ser necesariamente racional” (A: 23, 28, 392).
UNA PROFUNDA ESCOLARIDAD
De observaciones y convicciones se ha hecho nuestra común escolaridad, sobre todo por los comentarios reiterativos, espontáneos y dispersos del docente en el aula, semejante a los expedidos por Burk en su obra, aunque valga el reclamo que formula: “En este texto se imponen ideas y posturas que tú no has de aceptar sin más. Pero te deben inducir a pensar. Ni el autor de este libro ni tus profesores son proselitistas” (A: 371). No obstante, constatada la prisa y ligereza de sus apostillas al lado de una argumentación más sólida, hagamos dos importantes observaciones.
Por una parte, al parecer, inicialmente redactado en 1968, el texto escolar en cuestión refleja algunas impresiones o vivencias inmediatas de – por lo menos – mediados de 1973: “en estos días”, época en la que “los muchachos tienen hambre y sed de ideales”, siendo notorio el fenómeno de la violencia “patotera”, sexo, drogas y fármacos, hippies, Mao, Allende (A: 220, 296, 418, 431, 450 s., 481). De modo que, naturalmente, recibió el impacto de la campaña presidencial que inauguró la polarización electoral en nuestro país.
Campaña muy particular, la de 1973 estuvo fundada en el espectáculo y en una agobiante y costosa publicidad de los principales contendores. Y fue tan preocupante, indicio de las irritaciones y predisposiciones generalizadas, que se hizo parte del debate interno de uno de los partidos que la protagonizaron con motivo de la posterior renovación de sus autoridades juveniles (por ejemplo, puede verse: Paciano Padrón, “Toma tu boina y sígueme”, mimeo, Caracas, 1975).
Por otra parte, acaso nuestra profunda escolaridad está afianzada por una peculiar tradición oral, la del maestro o profesor que desliza sus inevitables opiniones personales. Empero, valoramos aquellas digresiones que constan en textos relacionados con materias – por lo demás – decidida y definitivamente abstractas, como el de Burk, a pesar de la otra tradición: la ágrafa.
Dudamos de una frecuente e íntegra lectura del texto por los educandos, aunque también sospechamos de buena parte de los educadores, en una materia no sólo vista en el último año lectivo, sino exclusiva de los cursantes del bachillerato en humanidades. Nuestra larga escolaridad está alimentada de tácitas y expresas visiones, perspectivas y expectativas que, no obstante, tienen por inspiración textos de una particular e inadvertida interpretación.
LA ANTIPOLITICA PRECURSORA
Convengamos, el fenómeno en Venezuela tiene por esencia un remoto y sostenido desprecio hacia los partidos, actualizado por la actuación inexorablemente más visible, la de los que tienen por oficio la política.
Distingamos entre ese desprecio, irritación, inconformidad u observación dispensada a los oficiantes, respecto a la interesada sistematización que se resume en el divorcio de los problemas públicos con los personales, apalancado por el espectáculo. Muy distintas son las observaciones puntuales que avisan del prestigio o no, adquirido o perdido por los políticos, con las que tienen una trascendencia inusitada, al coincidir o hacerse eco de viejos prejuicios.
En un caso, como ocurrió en la década de los sesenta, adquieren una extraordinaria relevancia y significación aquellas figuras artísticas que dejan atrás a los oficiantes de otros ámbitos, como el político, académico y – añadimos - militar. Bastará el comentario del columnista Pacheco Soublette para ilustrar la premisa: “Ha nacido un nuevo ídolo. La juventud de nuestros días siente la necesidad de buscar héroes en quienes descargar sus impulsos y sus frustraciones. No son héroes políticos ni intelectuales los que mayor admiración despiertan en las multitudes de adolescentes. La juventud de todas partes del mundo - por lo menos, la juventud del llaado mundo occidental – escoge los ídolos del deporte y, más frecuentemente, en ese medio frívolo de la farándula. El nuevo ídolo de Caracas y quizás del interior a donde llega la señal de televisión es Néstor Zavarce, casi un imberbe a quien toda Venezuela admiró con cariño en la película venezolana ‘La balandra Isabel llegó esta tarde’ “ (El Nacional/Caracas, 01/08/60).
En otro caso, lo hemos comprobado por nuestra propia vivencia, la llamada antipolítica también surge de los propios partidos, enlazándose con un fenómeno que los lleva al inevitable suicidio cívico (agreguemos: y de todas las instancias societarias). Recordemos la contratación y aparición del ex - senador y pretendiente presidencial, Leonardo Montiel Ortega, en el primer y exitoso capítulo de una telenovela en los setenta, en horario apto para todo público, que sirvió para la interpelación del Centro Gumilla sobre “el barníz pseudocultural de los culebrones (que) justifica la exhibición de adulterios, divorcios, incestos”, en medio de una “competencia desleal” que obliga a “replantearse un nuevo sendero para la televisión venezolana” (SIC/Caracas, 12/77).
Por consiguiente, los comentarios o disgresiones escolares contribuyeron a la edificación de una mentalidad antipolítica, siendo tanto o más decisivos los actos contraproducentes de los mismos políticos de oficio, en el marco de una degenerativa lucha mercantil de los medios audiovisuales. E, importa acentuar, lucha que ha significado el pago de una costosísima factura en la última década, concediéndole una muy presunta legitimidad al Estado para liquidar en lo posible todos los medios privados.
UN PRIMER PASO, REGRESO A LA SENSATEZ POLITICA
Haciéndole una concesión al saber vulgar, Ignacio Burk utiliza la delicada tribuna escolar para la protesta ocasional, aunque sus observaciones inmediatas contradigan la sólida convicción que tuvo sobre la política. Sin lugar a dudas, dejando atrás algunas impresiones circunstanciales sobre la irrelevancia heroica de políticos, académicos o militares, las observaciones escolares coincidieron con la determinante actuación de líderes o partidos que alcanzaron resonancia en los medios de comunicación social, caracterizados por una desleal y degenerativa competencia.
La influencia de una profunda y larga tradición escolar, oral y escrita, se ha hecho sentir en torno a nuestras percepciones e interpretaciones de naturaleza política, siendo necesario revisar y debatir los aportes del Estado en la última década, distorsionándolas y agravándolas. Sobre todo porque la llamada antipolítica, en principio un prejuicio y una reacción antipartidista entre nosotros, paradójicamente nos lleva al autoritarismo abiertos y a la imposición de hegemonías inesperadas.
La discusión responsable de la materia, debe significar el regreso a una mínima sensatez política para la actualización de expectativas y perspectivas. Todos los actores sociales, incluyendo a los partidos, tienen por obligación afrontar con absoluta franqueza una situación que todavía los interpela, como primer paso hacia la transición democrática que está pendiente, pues, de lo contrario, banalizando la crisis y los dramas nacionales, seguirá arrollándonos un régimen fundamentado en los más inimaginables prejuicios y anacronismos que nos caracterizan en la vida pública (y privada).
Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2010/11/burk-y-la-anti-politica/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=712576
Etiquetas:
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