Mostrando entradas con la etiqueta Poder. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poder. Mostrar todas las entradas

domingo, 24 de mayo de 2020

CAZA DE CITAS

"Para que la crítica del poder concentrado resulte convincente, el socialismo debería recordar su inspiración liberal antes que sus ambiciones prometeicas"

Raymond Aron

("Ensayo sobre las libertades", Alianza Editorial, Madrid, 1969: 118)

jueves, 14 de mayo de 2020

ESCOGENCIA Y CORRESPONDENCIA

Del individuo como persona y otros políticos más
Nelson Chitty La Roche

«Ego sum qui sum». 
Dios a Moisés 
(Éxodo 3 :14)

Una interesante plática aconteció hace algunas semanas, en el Consejo de la Escuela de Estudios Políticos y Administrativos, de la Facultad de Ciencias Políticas y Jurídicas de la UCV. Se trató de determinar si un trabajo de investigación sobre el tema género y derechos humanos era o no un elemento de naturaleza política o acaso, más bien jurídica.
No tuvimos tiempo de profundizar, pero quedó abierto a consideración y avanzaré en consecuencia algunas reflexiones al respecto, con el ánimo de penetrar en lo que viene siendo una línea de investigación en la que transito desde el inicio de 2020 o un poco antes quizá, el homo verus.
Comenzaré resaltando un trabajo del nunca suficientemente bien ponderado Michel Foucault y por el titulado Introducción a la vida no fascista, ampliamente glosado el susodicho en investigaciones sobre la política y su naturaleza, que escribió el francés a guisa de prólogo de la edición americana del anti-Edipo de Deleuze y Guattari. El título, nos indica Laura Llevadot, “es una paráfrasis irónica del libro de San Francisco de Sales, Introducción a la vida devota. Con este incisivo título, Foucault señalaba dos desplazamientos con relación a la teoría política clásica que hoy se han vuelto casi obvios; en primer lugar, que la vida cotidiana es política, que lo personal es político, tal como lo denunciaban las feministas, que la parte aparentemente más intima de nuestra vida reproduce a menudo las relaciones de dominación que encontramos en la sociedad porque está hecha a partir de sus consignas y estructuras y, en segundo lugar, que lo más fácil, lo que nos sale espontáneamente si no prestamos atención, es que esa política que rige nuestras vidas íntimas es totalmente fascista, que replicamos a menudo en nuestras relaciones, con nosotros mismos y con cada gesto impensado, esquemas autoritarios, relaciones jerárquicas, juicios sumarísimos, violencia y humillación, hasta propagar la tristeza en el lugar mismo en que creemos dar a luz al amor”. (Valls Boix, Juan Evaristo, Agamben, Política sin obra, Editorial Gedisa, Madrid 2016) Subrayado nuestro.
Arendt conmovió el paradigma epistémico de acuerdo con el cual el poder era una manifestación de mando y obediencia, que incluía necesariamente el uso de la violencia cuando afirmó por el contrario que solo había poder cuando mediara la concertación entre los destinatarios. Aún cuando la reflexión de la filósofa alemana de origen hebreo no corresponde a una acabada elaboración conclusiva, abrió un boquete en la perspectiva analítica que se exhibía para aquel momento monolítica y le opuso su originalidad y su genio provocador y rutilante. En su libro sobre la mentira y la violencia se lee una definición del poder como la aptitud del hombre para accionar, para accionar de forma concertada. El poder debe ser aceptado para que subsista y no impuesto meramente.
Arendt no arriba a ese puerto epistémico sin un recorrido sobre nociones claves que en su pensar clarifican, muestran, desnudan su hallazgo al contrastarlo con aquellas profesadas por la mayoría de los que teorizaban sobre el tema. La consideración sobre las esferas públicas y privadas aporta elementos imprescindibles al seguimiento genealógico del asunto, así como la fundamentación histórica que se permite la alumna de Heidegger, metodológicamente punzante y precisa y audaz a la hora de develar lo que otros no ven o manejan asidos a perspectivas arrastradas como un hecho cultural simplemente. Por eso, hago notar que Arendt contribuye a cimentar su aserto sobre el poder como fenómeno de acción y concertación al afirmar: “El poder y la violencia son opuestos; donde uno domina absolutamente falta el otro. La violencia aparece donde el poder está en peligro pero, confiada a su propio impulso, acaba por hacer desaparecer al poder. Esto implica que no es correcto pensar que lo opuesto de la violencia es la no violencia, hablar de un poder no violento constituye en realidad una redundancia. La violencia puede destruir al poder; [pero] es absolutamente incapaz de crearlo” (Crisis de la república, versión de Guillermo Solana, Taurus, Madrid, 1998, p. 146).
El poder requiere entonces la convicción compartida y militancia en ella. Y a mi juicio, allí aparece como constructo básico, la política que emerge simultánea, en una dinámica simbiótica y sistémica. Todos involucrados en el espacio público, identificándose con sus pares, pero al hacerlo expresa una identidad propia en un momento irrepetible.
Por eso, cada ser humano lo es en su carácter de zoon politikon, lo cual supone una compulsiva comunicación con sus congéneres ciertamente, pero en el ejercicio tiene, requiere, demanda una afirmación de identidad propia de su condición humana que, como nos enseña Kant, en cada cual hay no un medio sino un fin en sí mismo.
Si lo personal es político, como lo indicó Foucault, la definición de cada cual es política, es una escogencia y una correspondencia, se trata de un rasgo fenotípico que supone el genotipo y la influencia ambiental social con consecuencias para él y para su entorno societario que no puede ni debe ser soslayado ni por él ni por los otros, so pena de disfuncionalidad. A esos elementos el agrega uno capital y es, su escogencia, su libertad, su impulso, su perfil personalísimo que lo acaba por definir y acredita su identidad personal y su posicionamiento.
No hay espacio para abundar en el protagonismo moral del hombre y a los fines de este modestísimo ensayo, no haré convocatoria aun cuando, para hablar del hombre hay que hablar de persona en su naturaleza y apreciación, pero bastará una cita cuya pertinencia, por ella sola, para luego volver al carril que nos ha traído hasta acá. Se trató de una conferencia dictada hace unos años en la Universidad Católica de Santo Toribio de Mogrovejo, titulada “Persona y personalismo”,  con ocasión de su nombramiento como doctor honoris causa en octubre de 2008.
El persona Elio Sgreccia fue la primera persona que comenzó a hablar de “bioética personalista” en los años ochenta (solo se hablaba de bioética principialista, utilitarista, bioética liberal y casuística) y…La persona humana es fundamento ético en sentido subjetivo (acción es ética cuando expresa una elección de la persona); en sentido objetivo (la persona es fundamento, medida y término de la acción moral). En otras palabras, una acción es ética si respeta la plena dignidad de la persona humana y los valores que están intrínsecamente inscritos en su naturaleza.
Y agrega Sgreccia: “La reflexión filosófica contemporánea sobre el concepto de persona, recupera el significado de la relación, no en el sentido de auto-relación sino de hetero-relación, es decir, relación con el mundo y con los demás. Husserl identifica el Yo con intencionalidad entienda como relación “con” lo otro. La conciencia es el trascendental que “da sentido al mundo”, y no a sí misma. Scheler definió persona como “relación con el mundo”, la sociedad y el ambiente. Heidegger el concepto de persona como “ser-aquí” (Da-sein) y como relación con el mundo (in-der-Welt-sein). (Bioética, persona humana y personalismo Prezi 2014)
Corrientemente, sin embargo, la personalidad es entendida como las formas de presentación, expresión e identificación de la persona y la recepción de esas manifestaciones por parte de la comunidad en la que el ser humano convive. Cada uno asume sus características, las que legitima por su escogencia como propias y en esa medida, las que son percibidas como de esa persona.
Políticamente y jurídicamente, un ser humano es, pues, sujeto en acto y potencia, titular de derechos y obligaciones y ciudadano susceptible de ejercicio como miembro del cuerpo político. En tal carácter, ejerce su libertad basado en su discernimiento y en el marco legal que rodea a todos sus similares, pero también en lo que  a él concierna y en sus vertientes existenciales, en su condición de individuo.
Quiso el derecho subsumir la personalidad en un cuadro legal, pero la persona como entidad lo trasciende y lo anticipa y así no logra racionalmente comprimirlo en una disposición. La persona es más que el trato que el derecho pueda darle y suele culminar, ampliando su consideración jurídica.
El asunto se complica en cuanto a la conciliación de los elementos objetivos de la identidad formal, tales como, nacionalidad, filiación, sexo, raza y la conciliación con su derecho a ser y mostrarse como lo que quiere ser. De allí que, la Constitución Nacional en su artículo 20, en el título tercero de los Derechos humanos y garantías y de los deberes, establezca: Toda persona tiene derecho al libre desenvolvimiento de su personalidad, sin más limitaciones que las que derivan del derecho de las demás y del orden público y social.(subrayado nuestro).
También es de rigor constitucional y es menester destacarlo, el principio de progresividad que acompaña al reconocimiento y garantía de los derechos humanos, dándoles una perspectiva que los magnifica y convierte en una categoría en constante y definitivo progreso aunque produzca paralelamente, una suerte de hipertrofia del individuo ante el cosmos social que lo rodea y lo contiene. Así, postula una categoría que deviene avasallante ante los derechos de los demás y, el orden público y social que deberán admitirlo en la complejidad de su fenomenología. Como diría Bobbio al referirse a la filosofía política y al derecho, son caras de una misma moneda.
Por eso, el individuo ha movido la cerca de sus derechos en detrimento de la de los demás, pero igualmente del orden público y social que luce perplejo o simplemente superado por la gravitación conceptual de los derechos del individuo y su expansión en el coto racional de occidente fundamentalmente.
De allí que el feminismo, el LGBT, el matrimonio entre personas del mismo sexo encuentren más que comprensión, sostenido apoyo de los Estados y del derecho positivo que está presto para modificar incluso la institucionalidad más cara para la sociedad, complaciendo sus demandas que otrora habrían sido calificadas como estrafalarias e incluso, delictuales y baste recordar el juicio a Oscar Wilde, la argumentación de los abogados como tesis contrapuestas y las decisiones tomadas y ejecutadas por la justicia británica, a la luz del tratamiento que el asunto recibe hoy en día en el Reino Unido.
El homo verus es político porque su exposición lo es. También su naturaleza por cuanto afecta inevitablemente a los otros, los irradia e impacta aun más allá de su paulatina reducción como sujeto gregario, el individuo reta la sociedad con la complicidad de la sociedad misma y del aparato público. Es un signo de este tiempo.

10/04/2020:
https://www.elnacional.com/opinion/del-individuo-como-persona-y-otros-politicos-mas/
Composición gráfica: Michal Zahornacky.

viernes, 3 de abril de 2020

DEL PODER ACRECENTADO

When Disease Comes, Rulers Grab More Power
Anne Applebaum / The Atlantic Post Column

That same day, we called our college-freshman son in the United States and told him to get to the airport. He had been planning to stay with friends and family after his university closed. Instead, we gave him 30 minutes’ notice to get on one of the last flights to London, connecting to one of the last flights to Berlin. By the time he landed in Europe on Sunday, Poland had shut its borders to all public transportation. He took a train from Berlin to Frankfurt an der Oder, a town at the Polish-German border. Then he got out and walked across, carrying his luggage, as if in a Cold War movie about a spy exchange. He saw roadblocks, soldiers with guns, men in hazmat suits taking temperatures. My husband picked him up on the other side.
Poland was not the first European country to shut its borders, nor was it the last. About a dozen European countries have now halted or dramatically slowed border crossings. In addition, the Schengen Area—the European Union’s free-movement zone—has now stopped admitting non-EU citizens. The medical evidence for these dramatic border closures is muddy: Amy Pope, a former National Security Council staffer who worked on the Ebola crisis in 2014, told me that the Obama administration considered closing borders to travelers from West Africa at the time, but “scientists strongly advised against it, as it would likely make the outbreak worse.” Border closures, without careful planning, can slow down movement of equipment and expertise or create clusters of infectious people at airports and other checkpoints. Closures also give the illusion of resolute action without changing the reality on the ground. Back in January, President Donald Trump’s decision to stop flights from China gave him and his administration the false sense that they had stopped COVID-19. They had not.
In Poland’s case, the abrupt, seemingly unplanned decision caused massive chaos. Polish citizens are now stranded all over the place, and the government has been forced to arrange charter flights to get them home. Thousands of citizens of Ukraine, Belarus, and the Baltic states—including truck drivers and tourists just trying to get home—were lined up in their cars at the Polish-German border for several days, using nearby fields as a toilet, because border guards were refusing non-Poles entry. The German Red Cross was handing out food, drinks, and blankets.
None of these harsh, dramatic measures stopped the virus in Poland. The epidemic had already begun to spread a few weeks earlier and is still spreading. But despite the chaos—perhaps even because of the chaos—the border clampdown is immensely popular. The state is doing something. And this may be a harbinger of what is to come.
There is nothing new about the sudden enthusiasm for aggressive government intervention during a health crisis. Throughout history, pandemics have led to an expansion of the power of the state. As the Black Death spread across Europe in 1348, the authorities in Venice closed the city’s port to vessels coming from plague-infested areas and forced all travelers into 30 days of isolation, which eventually became 40 days; hence the word quarantine. A couple of centuries later, William Cecil, the chief minister to Queen Elizabeth I, battled the plague in England with a law that allowed authorities to shut the sick in their houses for six weeks. A few years later, the Plague Act of 1604 made criticizing these and other measures illegal.
At least while they were frightened, people complied. At times when people fear death, they go along with measures that they believe, rightly or wrongly, will save them—even if that means a loss of freedom. Such measures have been popular in the past. Liberals, libertarians, democrats, and freedom-lovers of all kinds should not fool themselves: They will be popular now too.
In some European countries, we are already watching that process unfold with a good deal of social consensus. Italy has gone into total lockdown. All shops and businesses are closed except those deemed essential; roadblocks are in place to prevent unnecessary travel; public parks and playgrounds are shut. Italian police already have fined tens of thousands of people for being outside without a valid reason. Since last Tuesday, Paris has been on a similarly stringent lockdown. You cannot leave home without filling out a form; 100,000 police officers have been assigned to make sure people don’t break the rules. On one day alone—Wednesday of last week—French police issued 4,000 fines for being outside for nonessential reasons.
Harsh, yes—but people now accept these measures as necessary. The Italian prime minister, Giuseppe Conte, enjoys the support of seven out of 10 Italians at the moment, an extraordinary number in a country that historically distrusts its politicians. The French president, Emmanuel Macron, has openly described the fight against the virus as a “war,” and this tougher approach and language have won him a majority of national approval too.
Taking advantage of this impulse, some are already going much farther. On Friday, the Hungarian government sent a bill to Parliament that will give dictatorial powers to the prime minister, Viktor Orbán, in the name of the “emergency.” For an indefinite period of time, he will be able to ignore whichever laws he wishes, without consulting legislators; elections and referenda are to be suspended. Breaking of quarantine will become a crime, punishable by a prison sentence. The spread of false information or other information that causes “disturbance” or “unrest” will also be a crime, also punishable by a prison sentence. It is unclear who will define false: The language is vague enough that it could include almost any criticism of the government’s public-health policy. None of this will fix the fact that Hungary is one of the European countries least prepared to fight the pandemic—not least because the policies of its nationalist government persuaded so many educated people, doctors included, to leave the country.
In normal times, the Hungarian opposition would never support such a blatant transfer of power, especially one that seems designed to hide the government’s failures. But at this time, some who would normally oppose the government will go along. “All of their warning systems have been switched off,” Péter Krekó, a Hungarian analyst, told me. At this moment of rising fear, he said, nobody wants to be seen as unpatriotic, as somehow harming the health and safety of Hungarians. Everybody wants to believe in the essential goodness of the nation and the state.
A similarly abrupt transition is taking place in Israel, where Benjamin Netanyahu—still prime minister despite having lost a recent election—has enacted an emergency decree that allows him to postpone the start of his own criminal trial and that prevents the newly elected Israeli Parliament, in which the opposition has a majority, from convening. He has also given himself huge new powers of surveillance without any oversight. Institutions and tactics normally used to track terrorists will now be used to monitor quarantine compliance, follow average citizens’ activity and movement, and keep track of their temperatures and health status. A part of the Israeli population will never accept either the enhanced role of security services or Netanyahu’s self-interested crackdown: The English edition of the newspaper Ha’aretz has already dubbed these moves a “corona-coup.” But as long as Israelis are frightened, another part of the population will.
Americans should be prepared for their fellow citizens to react the same way. Our federal system does give us some advantage: Quarantine powers vary from state to state; those who enforce them are more likely to be state police than federal security services. But the American president has already proved that he prefers gesture politics to real measures, border closures to the mass production of masks and test kits. More to the point, he has a longer record: The Ukraine scandal showed us that Trump has little respect for rule of law, and the Mueller investigation showed us that he cares little for the independence of the Department of Justice. He has already abused government power for political reasons, and he has a loud claque of supporters who have applauded him for doing so. In the coming weeks or months, it is very likely that he will use this crisis to accrue more power, just like Orbán and Netanyahu have, and it is very likely that Fox News will support him. So will many Americans. The Department of Justice, Politico has reported, has already asked Congress for powers to detain Americans without trial, even though such powers are not remotely necessary. Those lawmakers who resist these and similar measures to come should prepare to be accused of endangering their constituents’ lives.
In an alternate universe with a different president, health officials in the United States could have had better options, better ways to channel public anxiety, better ways to monitor the public’s well-being, using technology and without suspending the rule of law. South Korea, a flourishing and robust democracy, is using apps to track coronavirus patients and others under quarantine yet has not felt the need to suspend Parliament. Sema Sgaier of the Surgo Foundation, an organization that promotes the use of data and behavioral science in public health, points out that technology can help in other ways—for instance, by monitoring outbreaks of COVID-19 so that quarantines and lockdowns can be targeted to particular neighborhoods or towns, thereby avoiding the blanket shutdowns that entire American states have imposed. It should also be possible to use tracking technology in transparent ways, offering citizens the right to log out of the system once the pandemic is over.
Here in Poland, the government is a long way away from deploying such sophisticated tactics, and the old methods are still in place. Local police in our rural district have been phoning, regularly, to make sure that everyone in our house remains inside: 14 days of quarantine are now compulsory for everyone in the country who has returned from abroad. They have been polite. I understand that they are doing their jobs, and I understand that the point is to make people safe. But neither I nor anyone else on their lists has any way of knowing whether, after this epidemic subsides, new powers ceded to the authorities during the crisis will ever be given back.

Fuente:
Fotografías:

Cuando llega la enfermedad, los gobernantes toman más poder
Anne Applebaum

El 13 de marzo, el viernes 13, como sucedió, mi esposo conducía por una carretera polaca cuando dio la noticia y se enteró de que las fronteras del país se cerrarían en 24 horas. Se detuvo y me llamó. Compré un boleto de Londres a Varsovia minutos después. No vivo allí todo el tiempo, pero mi esposo es polaco, la única casa que tengo es en la Polonia rural, y quería estar en ella. A la mañana siguiente, el aeropuerto de Heathrow estaba aterradoramente vacío, excepto por el vuelo de Varsovia, que estaba lleno de personas que intentaban obtener uno de los últimos viajes comerciales de regreso a su país. Durante el check-in, los agentes se negaron a subir a los pasajeros sin un pasaporte polaco (tengo uno) o documentos de residencia. Entonces alguien se dio cuenta de que las nuevas reglas entraron en vigencia solo a la medianoche, así que presencié una conversación entre uno de los mayordomos y dos pasajeros no polacos: “Te das cuenta de que tal vez no puedas volar de nuevo. Te das cuenta de que puedes estar en Varsovia durante mucho tiempo ...
Ese mismo día, llamamos a nuestro hijo de primer año de la universidad en los Estados Unidos y le dijimos que fuera al aeropuerto. Había planeado quedarse con amigos y familiares después del cierre de su universidad. En cambio, le avisamos con 30 minutos de anticipación para tomar uno de los últimos vuelos a Londres, conectando con uno de los últimos vuelos a Berlín. Cuando aterrizó en Europa el domingo, Polonia había cerrado sus fronteras a todo el transporte público. Tomó un tren de Berlín a Frankfurt an der Oder, una ciudad en la frontera polaco-alemana. Luego salió y cruzó, cargando su equipaje, como en una película de la Guerra Fría sobre un intercambio de espías. Vio barricadas, soldados con pistolas, hombres con trajes de materiales peligrosos que tomaban temperaturas. Mi esposo lo recogió del otro lado.
Polonia no fue el primer país europeo en cerrar sus fronteras, ni fue el último. Alrededor de una docena de países europeos han detenido o reducido drásticamente los cruces fronterizos. Además, el espacio Schengen, la zona de libre circulación de la Unión Europea, ha dejado de admitir a ciudadanos no pertenecientes a la UE. La evidencia médica de estos dramáticos cierres de fronteras es confusa: Amy Pope, ex miembro del personal del Consejo de Seguridad Nacional que trabajó en la crisis del Ébola en 2014, me dijo que el gobierno de Obama consideró cerrar las fronteras a los viajeros de África occidental en ese momento, pero "los científicos desaconsejado, ya que probablemente empeoraría el brote ". El cierre de las fronteras, sin una planificación cuidadosa, puede ralentizar el movimiento de equipos y experiencia o crear grupos de personas infecciosas en aeropuertos y otros puntos de control. Los cierres también dan la ilusión de una acción decidida sin cambiar la realidad sobre el terreno. En enero, la decisión del presidente Donald Trump de detener los vuelos desde China les dio a él y a su administración la falsa sensación de que habían detenido COVID-19. No lo hicieron.
En el caso de Polonia, la decisión abrupta y aparentemente no planificada causó un caos masivo. Los ciudadanos polacos ahora están varados por todas partes, y el gobierno se ha visto obligado a organizar vuelos charter para llevarlos a casa. Miles de ciudadanos de Ucrania, Bielorrusia y los estados bálticos, incluidos camioneros y turistas que intentaban llegar a casa, estuvieron en fila en sus automóviles en la frontera polaco-alemana durante varios días, utilizando los campos cercanos como un retrete, porque los guardias fronterizos estaban rechazando la entrada no polaca. La Cruz Roja Alemana estaba repartiendo comida, bebidas y mantas.
Ninguna de estas medidas duras y dramáticas detuvo el virus en Polonia. La epidemia ya había comenzado a extenderse unas semanas antes y todavía se está extendiendo. Pero a pesar del caos, tal vez incluso por el caos, la represión fronteriza es inmensamente popular. El estado está haciendo algo. Y esto puede ser un presagio de lo que está por venir.
No hay nada nuevo sobre el repentino entusiasmo por la intervención agresiva del gobierno durante una crisis de salud. A lo largo de la historia, las pandemias han llevado a una expansión del poder del estado. A medida que la Peste Negra se extendió por Europa en 1348, las autoridades de Venecia cerraron el puerto de la ciudad a embarcaciones procedentes de zonas infestadas de plagas y obligaron a todos los viajeros a 30 días de aislamiento, que finalmente se convirtieron en 40 días; de ahí la palabra cuarentena . Un par de siglos después, William Cecil, el primer ministro de la reina Isabel I, luchó contra la peste en Inglaterra con una ley que permitía a las autoridades encerrar a los enfermos en sus casas durante seis semanas. Unos años más tarde, la Ley de Plaga de 1604 hizo que criticar estas y otras medidas fuera ilegal.
Al menos mientras estaban asustados, la gente obedeció. En los momentos en que las personas temen a la muerte, adoptan medidas que creen, correcta o incorrectamente, las salvarán, incluso si eso significa una pérdida de libertad. Tales medidas han sido populares en el pasado. Los liberales, los libertarios, los demócratas y los amantes de la libertad de todo tipo no deben engañarse a sí mismos: ahora también serán populares.
En algunos países europeos, ya estamos viendo cómo se desarrolla ese proceso con un buen consenso social. Italia ha entrado en un encierro total. Todas las tiendas y negocios están cerrados, excepto los que se consideran esenciales; existen obstáculos para evitar desplazamientos innecesarios; Los parques públicos y parques infantiles están cerrados. La policía italiana ya ha multado a decenas de miles de personas por estar afuera sin una razón válida. Desde el martes pasado, París ha estado en un bloqueo igualmente estricto . No puede salir de casa sin completar un formulario; Se han asignado 100,000 policías para asegurarse de que las personas no infrinjan las reglas. Solo en un día, el miércoles de la semana pasada, la policía francesa emitió 4.000 multas por estar afuera por razones no esenciales.
Duro, sí, pero la gente ahora acepta estas medidas según sea necesario. El primer ministro italiano, Giuseppe Conte, cuenta con el apoyo de siete de cada 10 italianos en este momento, un número extraordinario en un país que históricamente desconfía de sus políticos. El presidente francés, Emmanuel Macron, describió abiertamente la lucha contra el virus como una "guerra", y este enfoque y lenguaje más duros también le han valido la aprobación nacional.
Aprovechando este impulso, algunos ya están yendo mucho más lejos. El viernes, el gobierno húngaro envió un proyecto de ley al Parlamento que otorgará poderes dictatoriales al primer ministro, Viktor Orbán, en nombre de la "emergencia". Por un período de tiempo indefinido, podrá ignorar las leyes que desee, sin consultar a los legisladores; Las elecciones y los referendos se suspenderán. La ruptura de la cuarentena se convertirá en un delito, punible con una pena de prisión. La difusión de información falsa u otra información que causa "disturbios" o "disturbios" también será un delito, también castigable con una pena de prisión. No está claro quién definirá falso: el lenguaje es lo suficientemente vago como para incluir casi cualquier crítica a la política de salud pública del gobierno. Nada de esto solucionará el hecho de que Hungría es uno de los países europeos menos preparados para combatir la pandemia, sobre todo porque las políticas de su gobierno nacionalista persuadieron a tantas personas educadas, incluidos los médicos, a abandonar el país.
En tiempos normales, la oposición húngara nunca apoyaría una transferencia de poder tan descarada, especialmente una que parece diseñada para ocultar los fracasos del gobierno. Pero en este momento, algunos que normalmente se opondrían al gobierno seguirán. "Todos sus sistemas de advertencia han sido desconectados", me dijo Péter Krekó, un analista húngaro. En este momento de creciente miedo, dijo, nadie quiere ser visto como antipatriótico, ya que de alguna manera perjudica la salud y la seguridad de los húngaros. Todos quieren creer en la bondad esencial de la nación y el estado.
Se está produciendo una transición igualmente abrupta en Israel, donde Benjamin Netanyahu, aún primer ministro a pesar de haber perdido una elección reciente, ha promulgado un decreto de emergencia que le permite posponer el inicio de su propio juicio penal y eso impide que el recién elegido Parlamento israelí, en el que la oposición tiene mayoría, desde la convocatoria. También se ha dado enormes poderes nuevos de vigilancia sin ningún tipo de supervisión. Las instituciones y tácticas que normalmente se usan para rastrear a los terroristas ahora se usarán para monitorear el cumplimiento de la cuarentena, seguir la actividad y el movimiento de los ciudadanos promedio y realizar un seguimiento de sus temperaturas y estado de salud. Una parte de la población israelí nunca aceptará el papel mejorado de los servicios de seguridad o la represión egoísta de Netanyahu: la edición en inglés del periódico Ha'aretz ya ha calificado estos movimientos como un "golpe de corona". Pero mientras los israelíes estén asustados, otra parte de la población lo hará.
Los estadounidenses deberían estar preparados para que sus conciudadanos reaccionen de la misma manera. Nuestro sistema federal nos da algunas ventajas: los poderes de cuarentena varían de estado a estado ; quienes los hacen cumplir son más propensos a ser policías estatales que servicios de seguridad federales. Pero el presidente estadounidense ya ha demostrado que prefiere la política gestual a las medidas reales, el cierre de fronteras a la producción en masa de máscaras y kits de prueba. Más concretamente, tiene un historial más largo: el escándalo de Ucrania nos mostró que Trump tiene poco respeto por el estado de derecho, y la investigación de Mueller nos mostró que le importa poco la independencia del Departamento de Justicia. Ya ha abusado del poder del gobierno por razones políticas, y tiene un fuerte grupo de seguidores que lo aplaudieron por hacerlo. En las próximas semanas o meses, es muy probable que use esta crisis para acumular más poder, al igual que Orbán y Netanyahu, y es muy probable que Fox News lo apoye. También lo harán muchos estadounidenses. El Departamento de Justicia, informó Politico , ya ha pedido poderes al Congreso para detener a estadounidenses sin juicio, a pesar de que dichos poderes no son remotamente necesarios. Los legisladores que resisten estas y otras medidas similares por venir deberían prepararse para ser acusados ​​de poner en peligro la vida de sus electores.
En un universo alternativo con un presidente diferente, los funcionarios de salud en los Estados Unidos podrían haber tenido mejores opciones, mejores formas de canalizar la ansiedad pública, mejores formas de monitorear el bienestar del público, utilizando la tecnología y sin suspender el estado de derecho. Corea del Sur, una democracia floreciente y robusta, está utilizando aplicaciones para rastrear a pacientes con coronavirus y otras personas en cuarentena, pero no ha sentido la necesidad de suspender el Parlamento. Sema Sgaier de la Fundación Surgo, una organización que promueve el uso de datos y ciencias del comportamiento en la salud pública, señala que la tecnología puede ayudar de otras maneras, por ejemplo, al monitorear los brotes de COVID-19 para que las cuarentenas y los bloqueos puedan ser atacados. a barrios o ciudades particulares, evitando así los cierres generales que han impuesto estados estadounidenses completos. También debería ser posible utilizar la tecnología de seguimiento de manera transparente, ofreciendo a los ciudadanos el derecho de cerrar sesión en el sistema una vez que la pandemia haya terminado.
Aquí en Polonia, el gobierno está muy lejos de desplegar tácticas tan sofisticadas, y los viejos métodos aún están vigentes. La policía local en nuestro distrito rural ha estado llamando regularmente para asegurarse de que todos en nuestra casa permanezcan adentro: 14 días de cuarentena ahora son obligatorios para todos en el país que han regresado del extranjero. Han sido educados. Entiendo que están haciendo su trabajo, y entiendo que el punto es hacer que las personas estén seguras. Pero ni yo ni nadie más en sus listas tenemos alguna manera de saber si, después de que esta epidemia disminuya, los nuevos poderes cedidos a las autoridades durante la crisis serán devueltos.

Fuente:
Fotografías:
Brevísima nota LB: Magnífica portada. Pequeño fomato el original, hubo que capturar la imagen.

sábado, 14 de marzo de 2020

LA RAZON ABANDONADA

Jo-ann Peña Angulo: Venezuela vive un estado de excepción
Además de coordinadora del grupo de investigación Ideas en libertad, Jo-ann Peña Angulo es historiadora Magna Cum Laude y Magíster en Ciencias Políticas. Coordina la Cátedra de Estudios sobre el Holocausto Hillo Ostfeld.
Nelson Rivera

Uno de los fundamentos de la dominación totalitaria es la instauración de un régimen de vida donde la violencia es omnipresente y cotidiana. ¿Es esta la situación de Venezuela?

La dominación totalitaria comprende la institucionalización de la violencia, eso es lo que ha pasado en Venezuela desde 1999. Desde su ascenso al poder político, el chavismo convierte a la violencia en política de Estado, pero también en cotidianidad, para tal fin, configura mecanismos y procedimientos, ejecutados por grupos institucionalizados o no dentro del aparato estatal. Al margen de la ley se articula con ellos, deja de lado el castigo y en su lugar propone la impunidad y hasta la recompensa del delito. “La revolución es la tentativa del uso de la violencia” decía Bobbio. ¿La llamada revolución bolivariana ha hecho algo distinto?

El chavismo estableció su propio itinerario a través de las redes de la violencia, con el único objetivo de mantener el poder, lo cual involucra necesariamente el sometimiento de los ciudadanos, característica de todo régimen totalitario.

Hannah Arendt define el carácter instrumental de la misma y su necesaria justificación en un fin futuro. En el programa del chavismo, la violencia consigue justificación para el logro de su revolución bolivariana y posteriormente para la consecución del socialismo el siglo XXI, ambos para la instauración de un Estado corrupto, violador de DDHH, tal como se demuestra en el Informe de Michelle Bachelet.

Esto nos pone de frente con la anatomía del chavismo, al mostrarnos sus dos caras: como poder, surge del contexto democrático en crisis, al ganar el voto de los venezolanos. La inacabada apelación romántica al pretérito heroico consiguió darle legitimidad. Como bien dice Arendt, “El poder necesita legitimidad no justificación” y el chavismo supo legitimar su poder.

En la otra, glorificó la lucha armada, los grupos guerrilleros y paramilitares, así como también a personajes como Fidel Castro, Che Guevara, Sadam Hussein, solo por nombrar algunos. En este aspecto la inversión de los valores de vida por los de la muerte resulta fundamental y allí están los especialistas de la violencia para ejercerla, en escenarios de represión y tortura. Así todo aquel que se enfrente o se oponga a la violencia, “descubrirá que no se enfrenta a hombres sino a artefactos de los hombres”, como los llama Arendt. De esta forma la violencia moral, material y simbólica nos asedia desde el inicio del proyecto ideológico del chavismo, es su naturaleza y así ha quedado demostrado desde febrero de 1992.

Se tiene la percepción de que, en el país previo al régimen de Chávez y Maduro, la violencia era menor y distinta. ¿Es posible tal distinción? ¿Hay diferencias?

No solo la percepción del venezolano con respecto a su aumento durante el chavismo se cimienta en bases sólidas, sino que hay una clara distinción de la misma antes y durante el chavismo. A partir de 1999 es alimentada desde y por el propio Estado, debido a los altos niveles de impunidad y al resquebrajamiento institucional, asociada al continúo llamado a la confrontación.

El Observatorio de la Violencia en su informe del año 2011, expone que entre 2001 y 2011 hubo un aumento de 1.000 homicidios más. Estos niveles de violencia, homicidios y violencia criminal, son propios de contextos de guerra, ¿cómo explicar lo ocurrido? El informe concluye que la respuesta a esta situación reside en los continuos llamados a la guerra, el elogio de la violencia y a la impunidad. Así, “La vida social del venezolano regida por normas ha sido substituida por el uso de la fuerza”, destaca dicho informe. Año tras año, la violencia ha ido en aumento en Venezuela.

En un reciente artículo suyo, referido a la Venezuela de hoy, habla de “construcción de la violencia”. ¿Podría exponer cómo se ha construido la violencia de hoy?

Quiero destacar en primer lugar, los planteamientos neurálgicos que hice en otro escrito, “Breviario sobre la ritualización política del odio”, para comprender aspectos fundamentales del chavismo como tal. En este escenario tribal, el odio y el resentimiento se convierten en ritos iniciáticos. Ambos cohesionan a la tribu política del odio y al mal como institución.

Denomino prácticas políticas del odio al conjunto de procesos formales y no formales, que avalados o no por el Estado, expropian la dignidad y la condición humana. Dichas prácticas se convierten en actividades cotidianas, articuladas gracias al apoyo de las redes de la violencia, que las ritualizan y le atribuyen una función “sagrada”, vinculada a la “misión o venganza histórica”, como parte de los ritos del ente totalitario. Se materializa la idea de la venganza histórica, que no es otra que la revancha de un grupo, que se toma para sí la concreción de sus propios resentimientos, miedos y complejos.

La construcción de la violencia por parte del chavismo comprende las representaciones discursivas, simbólicas y materiales, en su propósito de transformar radicalmente los valores y significaciones de la sociedad venezolana. De allí que la creación del imaginario de la violencia y la exaltación constante del maniqueísmo, constituya para el chavismo, un programa imprescindible aunado a la biopolítica y el biopoder como mecanismos de control y sumisión.

Otra vertiente: la exhibición, por parte del poder, de su capacidad de violencia, potencial o real. En el caso de Venezuela, ¿el poder venezolano, oculta o exhibe la violencia que ejerce?

El chavismo nunca ocultó su naturaleza violenta. En realidad, no le ha hecho falta. Lo que sí ha hecho es enmascararla, paradójicamente a partir de los mecanismos democráticos. Muchas de estas prácticas desapercibidas al principio, se generalizaron como parte misma de la política.

El enamoramiento ideológico de los simpatizantes del chavismo, bien nos recuerda la idea de Derrida sobre la fascinación admirativa que ejerce en el pueblo, la «figura del gran delincuente, que “no es alguien que ha cometido tal o cual crimen», por quien se experimentaría una profunda admiración, es alguien que, al desafiar la ley, pone al desnudo la violencia del orden jurídico mismo”.

Bajo este contexto es lógico que al chavismo no le haga falta ocultar su violencia, hacerlo es contraponerse a su esencia misma.

Hay poderes que se fundamentan en el uso instrumental de la violencia. Su lógica es: a más violencia, más poder. ¿El poder del régimen venezolano es cada día mayor? 

Poder y violencia no son sinónimos, aunque suelen ir de la mano. Debo aquí hacer una distinción de dos momentos precisos: una cosa es el poder obtenido por Chávez y otra cosa, el poder conseguido por Maduro, especialmente sí se hace referencia a las elecciones presidenciales de 2018.

En el segundo caso, se acrecienta la instrumentalización de la violencia al deslegitimarse el poder. La misma puede justificarse, pero jamás legitimarse, como nos dice Arendt. Esto no siempre se cumple y la historia lo demuestra. Por ejemplo, la llamada Ley Constitucional contra el odio, por la convivencia pacífica y la tolerancia, 2017, se asegura de un mecanismo legal para acechar a sus víctimas, en su artículo 11.

La amenaza y la tortura instrumentalizan la violencia ante la pérdida de legitimidad del poder. A cambio, el miedo y el terror de los ciudadanos, los ensimisma en un letargo emocional. Algunos sin esperanzas y desmoralizados, otros asumirán el desafío de contradecir la violencia del chavismo en el poder, se conseguirán allí con los artefactos de los hombres no con los hombres.

Rafael Sánchez Ferlosio escribió que la tortura es un delito peor que el asesinato. ¿Constituye la tortura una demarcación, el límite que marca el fin de la política, el embrutecimiento total del régimen?

Sin duda alguna. La tortura es un ataque a la dignidad humana, es una frontera entre el bien y el mal, ante la indiferencia. Inflige daños corporales, morales y espirituales. Dereck Jeffreys habla del “horror espiritual” de la tortura y la imposibilidad de medir sus consecuencias espirituales.

El uso de la violencia y de la fuerza contemplados en la tortura van en contra de la razón. Dice Ayn Rand que la condición previa de la civilización es impedir que la fuerza física sustituya a las relaciones sociales. Ante el abandono de la razón se impone la violencia. De allí que podemos hablar del embrutecimiento como naturaleza inequívoca de todo régimen totalitario. Se impone el dolor como mecanismo de control.

Lamentablemente ha sido justificada y legitimada como práctica política, su ejecución y todo lo que implica amerita de cómplices, indiferentes o neutrales, como les gusta autodenominarse. Hillo Ostfeld, sobreviviente de la Shoá, preguntaba ¿qué es lo contrario al bien?, la gente solía decirle “el mal”, él respondía: “la indiferencia”.

La instauración de un estado permanente y cotidiano de violencia, ¿constituye un estado de excepción? ¿Venezuela vive en estado de excepción?

La cotidianidad de la violencia, sus usos desde el Estado y la tendencia a “normalizarla” van en contra de la convivencia y la libertad. En este sentido, no hay duda que Venezuela vive un estado de excepción. Una sociedad caracterizada por el llamado permanente a la guerra y cuya tranquilidad es sustituida por la socialización del peligro, proceso que permite compartir el miedo o el temor de todos sus ciudadanos, no puede considerarse una sociedad sana.

Si nos referimos a la categoría estado de excepción, hecha por Carl Schmitt, colaborador del régimen nazi, en dichos estados se justifican en las crisis políticas e institucionales. Básicamente plantean la omnipresencia y la omnipotencia del poder soberano sobre la vida de los ciudadanos, al apelar a la normativa jurídica de las garantías constitucionales. Fueron precisamente esas disposiciones las que sustentaron, los campos de concentración nazi. Giorgio Agamben expresa que los estados de excepción se han convertido hoy en la norma. No es de gratis que el chavismo hasta el 2018 lleve 16 prórrogas del decreto de estado de excepción, contemplado en el artículo 337 de la constitución venezolana.

Por último, quiero preguntarle sobre el modo en que la violencia ha destruido los espacios de actuación de personas, familias y grupos sociales. ¿Se han logrado preservar espacios de actuación? ¿Hay una resistencia activa en Venezuela?

Las universidades venezolanas han logrado mantenerse como espacios de reflexión y defensa de la libertad. Sin embargo, hacernos conscientes de la impronta de la violencia en Venezuela es sustancial en la organización y planificación de las políticas post-chavismo, orientadas a programas educativos, que consoliden ámbitos de estudio sobre las amenazas a la libertad. Esto disminuirá sin duda que los individuos no se conviertan en artefactos de hombres, como propagadores y perpetradores de la violencia.

Con las diferencias históricas del caso y sin intenciones comparativas, quiero rescatar experiencias de resistencia activa. Al respecto, una de las enseñanzas más importantes, luego de mis estudios en Yad Vashem, Jerusalén, Israel y de la cercanía de los testimonios de los sobrevivientes de la Shoá, no rendirse y resistir, debe convertirse en un acto de contenido espiritual no necesariamente religioso, es ese proyecto de vida, el que permite seguir a pesar de las dificultades. Si se carece de esto, fácilmente se renuncia a la propia vida. Allí está el secreto, tal como lo hicieron los niños y adolescentes del guetto de Theresienstandt, cuando a escondidas de los nazis publicaron su revista KAMARÁD, hecha con los materiales que conseguían. ¿Podemos imaginar el significado que tiene tal hazaña? Una revista escrita a mano, con dibujos e historietas. Su editor usaba el seudónimo de Ivan Polak.

En Venezuela, hay elementos claros para hablar de resistencia activa. Es la resistencia de las ideas y de las palabras, librada en los espacios de conocimiento y saber que se oponen a la política de la barbarie. Existir, resistir con palabras, defender a la libertad y denunciar a sus enemigos. No en vano Ideas en Libertad, en algunas semanas publicará su primer libro titulado El Mal y la Política. Es nuestra forma de resistir.

19/09/2019:
https://www.elnacional.com/papel-literario/jo-ann-pena-angulo-venezuela-vive-un-estado-de-excepcion/
Cfr.
http://www.saber.ula.ve/bitstream/handle/123456789/46074/el_mal_y_la_politica.pdf?sequence=1&isAllowed=y

domingo, 16 de febrero de 2020

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- S/f. "Importante conferencia de don Pedro Estrada (Auditorio de la Escuela Militar de El Valle)". Biliken, Caracas, nr. 2028 de mayo de 1956.
- Humberto Njaim. "La inconfortable oposición". Economía Hoy, Caracas, 20/06/89.
- Guillermo Meneses "Comentarios: Vocación de poder y voluntad de servir". El Universal, Caracas, 16/05/63.
- "Ana Luisa Llovera acusa: los políticos venezolanos desprecian a la mujer". El Nacional, Caracas, 11/04/62.
- José Antonio Calcaño. "Síntesis histórica de la música en Venezuela". El Farol, Caracas, nr. 150 de 02/64.

Reproducción: Hugo Chávez, Doctor Honoris Causa, Corea. El Nacional, Caracas, 17/10/1999.

Cfr.
https://chavezvive.com/2013/02/

sábado, 22 de septiembre de 2018

OBESIDAD DEL PODER

Moral y luces, las últimas necesidades
Luis Barragán


El ejercicio del poder acarrea severas responsabilidades, por arbitrario y troglodita que sea. Parece inevitable una cierta fascinación y una abierta tentación hacia el hedonismo, pero tienes sus límites aún en los regímenes más bárbaros.

Venezuela, como en otras latitudes, cuenta con una galería de dictadores que, a pesar de un abusivo poderío, se vieron forzados a una cotidianidad modesta, aun cuando fuese cierto el desbordamiento de la parentela y demás relacionados. Sin embargo, por ejemplo, la tribu consanguínea estuvo a punto de quedarse con todo, al morir Juan Vicente Gómez.

Inevitable, por poco o mucho que se tenga, el ejercicio del poder traduce una personal concepción de la vida, del mundo y de las cosas. Por más sofisticados que sean los recursos y las herramientas del Estado contemporáneo, o lo que queda de él, para diseñar sendas campañas de terrorismo psicológico, no todo se  puede prever a través de los más acuciosos sondeos de opinión, ni hay especialistas capaces que cubran todas las facetas de las respuestas que deben darse. Por consiguiente, en última instancia, todo queda bajo la absoluta orientación del líder o de los líderes, por sus lances espontáneos, ocurrencias, gestos y  palabras, decisiones y postergaciones, todo salido desde el fondo del alma, de las paredes intestinales o de a punta del zapato reluciente que refleja la mirada curiosa de quien lo calza.

La visita de Maduro Moros al restaurant de Salt Bae, en Estambul, naturalmente ha indignado al país sumergido en una catástrofe humanitaria y, por más que se arguya la teoría del trapo rojo, es necesario responder a tamaño impacto de inmoralidad. El comensal decidió compartir el momento de gloria para escarmentar, una de las tantas opiniones en curso, pero fue él, enteramente él, disfrutándose con el agasajo: un encuentro consigo mismo, necesario de difundir, pues, como las francachelas de Pérez Jiménez, si lo hubiese deseado, los servicios correspondientes habrían previsto e ideado medios de ocultación, como seguramente ha ocurrido en casos semejantes.

Los humildes bombero, trastocados en  presos políticos, Ricardo Prieto y Carlos Varón, opinar humorísticamente sobre Maduro Moros, ilustran muy bien el uso desproporcionado del poder al amparo de una tal ley constitucional, parida por una constituyente espuria.  Quienes tienen por oficio salvar vidas, reciben una insólita demostración de rabia que, además, incurriendo en ellas, celebra las descalificaciones, burlas y desprecio del llamado pomposamente sistema público de medios.

Y a un joven periodista, Esteban Rojas, le arroja un balde de hielo seco, creyendo intimidarlo, al preguntar por la suerte de los bomberos en un intento de reivindicar la majestad presidencial. El declarante que, no por casualidad indaga de tal o cuál universidad egresó el fablistán, lo cree un tema baladí para una rueda de prensa internacional, pues, debe suponerse, está preparado para las más exigentes materias, así concluya maldiciendo a otros mandatarios.

Últimas necesidades, no hay moral ni luces que inspiren y necesiten defenderse en una dictadura que, valga acotar, fue heredada.  Los muchos años en el ejercicio del poder, agotado, no impide que brote las más íntimas convicciones y estilos de vida.

24/09/2018:
http://www.diariocontraste.com/2018/09/moral-y-luces-las-ultimas-necesidades-por-luis-barragan-luisbarraganj/

domingo, 29 de octubre de 2017

CLICK-ART

De la breve radiografía de un instante
Luis Barragán

De nuevo, nos ocupa la iconografía de la tal constituyente. Prolifera el gesto presuntamente histórico de un foro que, no siéndolo, se sabe producto del fraude; por lo menos, sus pares de 1952 fueron más pudorosos.

El instante se prolonga al fijar nuestra mirada, adivinada la pieza como parte de un futuro relato hazañoso que, en un caso, de prolongarse el régimen, inflará sus ínfulas democráticas, versionando – incluso -  una prosperidad que hará de las vallas publicitarias su mejor medio; o, en el otro, de caer, abonará a un temerario discurso de victimización. Sin embargo, ahora, lo importante  es ese o sé qué de fotografía soviética, aún de los tiempos en los que Gorbachov se valía de la agencia Nóvosti para proclamar la actualización del socialismo.

La flamante presidente de la tal constituyente, comparte un momento grato de reconocimiento, rodeada por el atento cariño de los camaradas que le rinden un tributo de admiración al escucharla, añadidas dos  altas funcionarias del antecesor que siguen disciplinadamente las líneas maestras del sucesor. Por supuesto, la jornada de trabajo tiene por escena el patio del Palacio Legislativo que nos ilustra sobre la capacidad de la protagonista para compartir más allá de las sesiones formales de la entidad que encarna, más que representa.

Otra gráfica, la muestra encabezando la junta directiva que toma juramento a los cuatro gobernadores electos de la oposición, reemplazado el acto de la plenaria de la tal constituyente que luce como la instancia lógica para validarlo. Por cierto, comentario nada personal, quizá nunca imaginó tamaño papel, pues, aristotélicamente rigurosos, ella y no otro,  es la líder alterna, por encima del vicepresidente ejecutivo y de cualesquiera vicepresidentes de área, ministros y gobernadores, del régimen y, tan originario su poder, del país mismo, quizá incomprensible para quien hace las veces – simultáneamente -  de fiscal y de defensor.

Antojados por la estética soviética del poder, con el primer ministro asomado a la Plaza Roja aplaudiendo al Ejército Rojo o dirigiéndose al multitudinario Soviét Supremo, con momentos calculados para romper el protocolo y departir con sus admiradores, reservándose el primer plano, como ocurría con los cosmonautas, los deportistas de alta competencia o los héroes del trabajo,  ella se abre paso entre los suyos que también saben demasiado del apoyo con el que cuenta, más acá o más allá de las fronteras. Estamos en el curso de un relevo que, reminiscente de las organizaciones de ultraizquierda que tomaron calor desde la inicial bonanza petrolera de los ’70 del ‘XX, dejan  atrás los históricos referentes del marxismo-leninismo y el MVR mismo, promoviéndose imparablemente: no parará de hacerlo, en reclamo de la herencia, y no le pararán a los otros que, en esta perversa división del trabajo político, quedan para los programas de televisión ridiculizantes, reducida cada vez más una efectiva influencia en la dictadura que les dará, si no lo ha hecho ya, alcance. 

Fotografía: Tomada de las redes (25/10/2017).
30/10/2017:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/31182-instante-

martes, 10 de octubre de 2017

SÍMBOLOS DEL PODER

La batalla simbólica
Nicomedes Febres

* Tener el poder significa también apropiarse de una serie de símbolos colectivos y aceptados para dirigir a una nación, reconocibles por el más humilde sus ciudadanos hasta los miembros de las más encumbradas élites, porque al final, todos ellos son ciudadanos con iguales deberes y derechos, y para legitimar ese poder se requiere de un protocolo y una actitud especial cada día, donde el político vencedor debe expresar sobriedad, magnanimidad, elevación del espíritu y conocimiento y comprensión de todos aquellos valores que induzcan al respeto y el afecto de sus conciudadanos y todo eso se llama la “Majestad del poder”, un aura que tranquiliza e inspira confianza a todos los ciudadanos, tanto los que lo apoyan como a los que lo adversan. Y eso es tan profundo que toda persona investida de autoridad siempre se reviste de símbolos de poder, como es el caso de los cuerpos de seguridad, porque un policía sin uniforme es indistinguible de un atracador. La majestad es tan exigente que impone un ritmo a la actitud del poderoso, debe hablar pausado, no decir mentiras, ser preciso en sus comentarios, jamás ser desaforado porque el que mucho habla mucho yerra y saber siempre de lo que está hablando, incluso pierde el derecho público a opinar o extenderse en sus comentarios, porque está revestido del derecho de decidir y por eso debe hablar de último en las reuniones y ser cauto en lo que dice. Él no opina, él decide. Por supuesto, la estética de la majestad del poder lo ha encarnado siempre para mí el general Gómez, por su sobriedad en los comentarios, por la distancia que imprimía a sus actos y la austeridad personal que debe transmitir el poderoso. Un hombre realmente poderoso debe, incluso, abstenerse de prendas y ropajes que delaten ostentación y lujo que en su caso denota frivolidad, hasta en la marca de sus relojes, que transmiten más nuevorriquismo que poder. Por otro lado, la política siempre tiene el riesgo que gente zafia o delirante aspire a dominarla, y esos son los candidatos folclóricos, que no pasan de ser simbólicos y son siempre motivo de chanza y usufructuarios del voto castigo contra el sistema político, porque son inofensivos y porque jamás tienen una opción ganadora. Recuerdo que una vez el candidato a la alcaldía de París fue un hipopótamo del zoológico, quien ganó las elecciones porque la gente lo eligió como protesta de los políticos del momento. Lo traigo a colación porque ayer vi los vídeos de una candidata a gobernadora presentándose como boxeadora, al igual que el tal señor Lacava de Carabobo presentándose manejando un burro en Globovisión, ambos del gobierno. Esos son indicios de la degradación profunda donde ha caído el régimen que carece del menor pudor y del sentido de la majestad. Qué dirán los militares de ambos performances y de todo lo que está sucediendo en el universo simbólico y lo digo porque si hay alguien para quien la simbología del poder es vital son los militares, siempre dedicados a esos asuntos simbólicos llenos de insignias y condecoraciones.
*Ambos candidatos folklóricos gubernamentales no son originales en su disparatada actitud que debe responder a una estrategia que eligieron, la cual por supuesto no entiendo, pero en todo caso, no son nada originales porque esa originalidad fue iniciada por Francisco Pedroza, el hombre del burro o el hombre del tabaco, un albañil humilde de raza negra que se paseaba por el centro de la ciudad para recoger unas monedas para su campaña, por supuesto no tenía ni slogans y fue tema de burla permanente en la campaña de 1973, si mal no recuerdo, las chanzas contra él en los programas de la tele eran francamente crueles. Desafortunadamente no tengo fotos de él en mis archivos de imágenes.

Fuente:
https://www.facebook.com/nicfebres/posts/10213587162534155

domingo, 10 de septiembre de 2017

(A) ATONALIDADES

EL NACIONAL, Caracas, 23 de agosto de 2017
Ética de la racionalidad
Elio Pepe Trifance

La conquista del poder asume confrontaciones ideológicas, políticas y programáticas que determinan el comportamiento de las instituciones, de las relaciones geoestratégicas, del ritmo y tipificación del crecimiento que influencian la soberanía, la independencia, la misma identidad de la nación.

De la contraposición de los planteamientos emergen las diferentes tipificaciones y objetivos que persigue el desarrollo a través de alternativas estratégicas que, bajo la estricta racionalidad entre costos, beneficios y medios empleados, configuran la estructuración del sistema productivo, económico y social. Sería contradictoria una racionalidad que no fuese permeada de vínculos y valores éticos, tanto cuando se aplica para la escogencia de las finalidades generales del desarrollo, tanto cuando se define el marco estratégico y las modalidades tácticas para alcanzarlas; es decir, el contexto en el cual la acción sustancia la postura ideológica de referencia.

No se trata de recurrir a la ética de la racionalidad simplemente como instrumento para señalar los ideales y emitir un juicio de valor sobre los medios utilizados para sus aplicaciones, sino que la toma de decisión implique como imperativo categórico el conocimiento y práctica de los valores: pues, por su propia formulación, la ética de la racionalidad encierra la esencia del Ser del hombre, los caracteres distintivos de su naturaleza. Es un principio seguramente conocido, pero que nunca ha sido aplicado en plenitud por los gobiernos de la cuarta república: pero, para el gobierno de la revolución bolivariana, conforme con la aplicación del centralismo democrático social leninista, constituye la negación de su esencia totalitaria y la admisión de una diversidad por la cual debería reconocer y aplicar el sistema democrático.  

Es una insistencia iterativa, casi una mortificación tautológica a la cual este concepto nos obliga para el perseguimiento constante de las libertades constitucionales y de una mayor justicia social. Cada día, perdura y aumenta la crisis y evidencia el estatus de necesidad determinado por la inconsistencia de la distribución equitativa de la riqueza; pero, en lo económico, sin inversiones productivas, sin el acceso al conocimiento y a la investigación como medios para la superación, sin el uso de las tecnologías y de los recursos humanos que abandonan el país se aleja la hipótesis de recuperación. Es apremiante la organización de una sociedad que difiere del simple conformismo para otorgar presunta eficacia a la solución de problemas, mientras que limita su actuación solo en defensa de los intereses particulares de grupos o de una elite: al contrario, sin el perseguimiento del bien colectivo la sociedad pierde su funcionalidad primaria por la cual se traduce en fisionomía representativa de la unidad del Estado. Por consiguiente, es perentorio otorgar a la política la significación originaria de su responsabilidad específica que con ética y sindéresis debe asumir para la administración general de los bienes públicos y del Estado.

La política asume su supremacía cuando se emplea no como arte de las posibilidades de manipulación, sino más bien como ciencia de las posibilidades de cambio de los valores, parámetros y finalidades del crecimiento de la democracia, exactamente lo que exige la hipótesis de un nuevo desarrollo; por el contrario, cuando las posibilidades se vinculan a un proyecto político que impide la valoración de los principios democráticos sometidos de manera instrumental a la praxis partidista, emergen las limitaciones ínsitas en la toma de decisiones y en las acciones consiguientes. En estas circunstancias, la ética pierde su función inspiradora y no genera reflexiones críticas sobre los contenidos, la conducción, los alcances de la acción social y económica y sus consecuencias sobre la vida de los ciudadanos.

Cuando prevalece la irracionalidad en el uso de los recursos, y el peculado y la corrupción envuelven la administración de los gastos corrientes y de los bienes públicos, el cuestionamiento de los datos económicos y políticos no puede asumir que una significación negativa: en particular deriva la inconformidad con el dinamismo presunto o real que exprime la acción gubernamental, máxime cuando a través de sus formulaciones se pretende determinar un sometimiento relativo de los valores al proyecto político que se sobrepone a las necesidades esenciales de la población que, al contrario, se deberían enfrentar como obligación prioritaria del ejercicio del poder.

Es lo que pasa cuando el desarrollo se reduce a una política populista, como por ejemplo la que se manifiesta en la práctica de las “misiones”, sin que se hayan solucionado los problemas de fondo de las condiciones de pobreza crítica a través de la dignidad del trabajo. Igualmente, cuando se utilizan otros instrumentos de asistencia social para perseguir el continuismo administrativo del poder y se define y aplica una estrategia del desarrollo que privilegia unos pocos, se atan las aspiraciones de legitima mejora de las condiciones de vida de la mayoría a un presunto crecimiento genérico, a una hipótesis de modernización revolucionaria que no produce cambios estructurales y que deja sometidas las relaciones de participación y responsabilidad individual y colectiva al arbitrio de quien ejercita el poder.

En completa contraposición, la ética de la racionalidad política aplicada a una programación de desarrollo se transforma en la guía segura que inspira la acción de la recuperación pregonada, pues permite enfrentar las endemias presentes y transforma la evanescente dialéctica que ha rodeado y rodea la justicia social en opciones fundamentales de crecimiento. Por consiguiente, quedan evidenciados los límites, las frustraciones y la impotencia de la política volcada a la afirmación de un proyecto excluyente, seudosocialista, que utiliza para sus finalidades particulares los recursos generales del país, por ejemplo, cuando, entre otros aspectos, en la práctica gubernamental de la política habitacional, sanitaria y de asistencia social beneficia solo a los seguidores de su orientación política.

En nuestra visión, la escogencia de las opciones del ejercicio del poder debe ser realizada en favor del conjunto de la sociedad que con su pronunciamiento, en cualquier caso, las determina por los valores que previamente ha aceptado y que persigue con el ejercicio del control mediante el seguimiento específico definido en las formas y las funciones establecidas por la Constitución de 1999. Por supuesto, el desarrollo se tipifica por la aplicación de la estrategia escogida, asume el sello distintivo con el cual se manifiesta en el contexto internacional, pero su objetivo prioritario queda vinculado a la satisfacción interna de la demanda económica de bienes y servicios, a las obligaciones institucionales y a los principios de solidaridad social.

La búsqueda de nuevas posibilidades de desarrollo en una economía de mercado requiere entre otros aspectos, la formulación de  normas para facilitar las inversiones y la transferencia de tecnología; es decir, que se deben formular políticas que sean el reflejo concreto de las legítimas exigencias de progreso que la propia comunidad nacional, a través de sus estructuras jurídicas, económicas y sociales, ha logrado formular bajo la racionalidad empírica que filtra en el tiempo, a través del conocimiento científico, la solución más eficiente de los problemas.

Pero, si a la secuencia del hacer y de la racionalidad científica se contrapone la voluntad política, se producen condiciones que anulan los esfuerzos precedentes, se perjudica la gobernanza del Estado y su funcionalidad, y se inducen crisis cuyas variables, en los mejores de los casos, intentan limitar los daños preservando las instituciones, sin preocuparse del ulterior deterioro de la sociedad, pues si se  llega a la alteración de las reglas que garantizan la funcionalidad de las instituciones, se determina en los hechos la ruptura del orden constitucional, se anula la división de los poderes y se conculcan los derechos de los ciudadanos, máxime cuando la tentación totalitaria se manifiesta como hipérbole del continuismo del abuso con el cual se ha secuestrado el ejercicio del poder.

La experiencia histórica evidencia que en un sistema democrático se impone el crecimiento del conocimiento proyectado en el tiempo y en el desarrollo económico y social. Es un proceso científico que transforma y hace crecer la sociedad cuando en su actuación prevalece la racionalidad de la ética: su inspiración y conducción no solo deben caracterizar las acciones concretas de los comportamientos de las instituciones, sino que al mismo tiempo exigen la promoción de los valores de los cuales son portadores los actores políticos, económicos, sociales y culturales.

Los alcances de  libertad, de justicia, de dignidad e inviolabilidad de la persona, de los derechos humanos, de la pulcritud y transparencia de la administración pública, de su funcionalidad y eficiencia, son objetivos estratégicos que califican el sistema democrático y le otorgan la legitimación que deriva por alcanzar una superior categoría de civilización: es este el proceso evolutivo que merece el reconocimiento, respeto y aceptación como expresión de la forma más democrática a la cual la humanidad ha llegado en la estructuración del poder del Estado, muy lejos del albedrío jurídico e imposición practicada por el órgano tutor de la legitimidad democrática para inhabilitar los candidatos de la oposición a la representación de los ciudadanos.

Los principios que el sistema democrático expresa por su formulación y por su espíritu procedimental, relativizan las finalidades perseguidas por las otras racionalidades presentes en las estructuras del Estado y de la sociedad. Las leyes que definen el comportamiento de las diversas instituciones necesarias para la funcionalidad global de un Estado promotor de desarrollo y de las consecuentes relaciones con la sociedad indican las pautas y modalidades con las cuales se aplican los principios filtrados por la ética de la racionalidad.

Queda un axioma: la libertad es la dimensión histórica del hombre, nunca el prevalecer de la racionalidad de la ética disminuirá o conculcará libertades, sino que propiciará la continuidad entre el fin de un periodo histórico y el comienzo de otro para incorporar en la transición las modificaciones propiciadas por el principio de causalidad, la inspiración de la estética y los valores morales que deben permear las acciones de los ciudadanos en sus relaciones con las instituciones definidas en el pacto social vigente.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/etica-racionalidad_199971

jueves, 27 de julio de 2017

MURCIÉLAGUIZACIÖN DEL ESTADO



Del pistoresco bloqueo del TSJ

Luis Barragán

Aportante de una variedad de posibles acontecimientos y escenarios, mecida entre la utopía y la distopía, por lo menos, las viejas novelas de política-ficción tendían a acentuar la importancia de las instituciones en el marco y desarrollo de las crisis que ideaba. Sobre todo la literatura relacionada con Estados Unidos, el presidente seguía siéndolo, así estuviese en un bunker subterráneo o fuera de la Casa Blanca, surcando los cielos o cumpliendo una ruta submarina, al igual que los senadores, representantes, magistrados, jefes policiales o bomberiles que perdiesen las oficinas en las que ordinariamente despachaban.

Desde los tiempos de juventud, nos llamaba la atención esa concepción subyacente y compartida del poder constitucional que no dependía de la efectiva ocupación de una sede física, por muy simbólico que fuese el inmueble. Y, por supuesto, el contraste con la América Latina que convierte el control de todo palacio de gobierno, ni siquiera de la capital,  en suficiente demostración del ejercicio efectivo del poder, aunque se resista el resto del país.

El asunto viene al caso, pues, la inicial y abusiva medida que ha tomado la dictadura venezolana es la de bloquear literalmente la sede del Tribunal Supremo de Justicia,  afectando obviamente el normal desenvolvimiento de sus vecinos, para evitar que los nuevos y legítimos magistrados, designados y juramentados por la Asamblea Nacional, lo accedan. Además, ni siquiera se decidió el reemplazo de todos los integrantes de la máxima instancia judicial, sino el de los que fueron nombrados en abierto fraude a la Constitución a finales de 2015.

Persecución aparte, el solo aislamiento e impedimento para que los noveles magistrados o cualesquiera otros entren al edificio, desde antes amurallado como nunca lo concibieron sus arquitectos, incluyendo al litigante común, obedece a esa anacrónica concepción del poder aferrado a un determinado espacio físico.  Digamos, los médicos son tales al atender a sus pacientes en un lugar distinto a los centros hospitalarios que, en sí mismos, nada son por mucho que rondemos los terrenos del fetichismo.

 Candidateados, examinados, calificados, nombrados y juramentados con un estricto apego a la Constitución y a las leyes, los magistrados que sustituyen a los que resultaron del fraude gubernamental, lo son así les impidan ocupar la sede natural. Y es que, difundidas las gráficas con un TSJ harto custodiado, trenzado por los llamados murciélagos de la Guardia Nacional Bolivariana, remitiéndonos a una ridícula estampa del peor tercermundismo, en el fondo se trata de un terrible testimonio: el de la brutal y también estrafalaria relación de fuerza que pretende eternizarse, y el de la relación constitucional que pronto inauguraremos.
Fotografías: