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jueves, 12 de marzo de 2020

CLARIDAD ANTE EL ABORTO


EL NACIONAL, Caracs, 06/04/1981.  Pío Bello, Iglesia Católica, Aborto, Conferencia Epicopal Venezolana, Prensa, Distorsión, Medios.

miércoles, 29 de enero de 2020

QUEDA LA IMPRONTA

Colectivos lanzaron orina y heces fecales a periodistas que cubrían protesta de maestros en la plaza Bolívar de Caracas

Los trabajadores de la prensa se defendieron y huyeron del lugar ante este nuevo ataque contra los medios venezolanos.

Colectivos del régimen de Nicolás Maduro agredieron a un grupo de periodistas que se encontraba cubriendo la protesta de maestros convocada para este miércoles en la plaza Bolívar de Caracas.
A los trabajadores de la prensa les lanzaron orina y heces fecales, denunció el periodista Luis Gonzalo Pérez por Twitter.
En el lugar de la manifestación se encontraban al menos cinco equipos de diferentes medios de comunicación.
«Colectivos y seguidores del madurismo persiguieron, acorralaron y golpearon a varios miembros de la prensa. Ellos daban cobertura a la manifestación por el Día del Maestro en los alrededores de la plaza Bolívar de Caracas», reclamó el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa.
Los periodistas se defendieron y huyeron del lugar ante esta nueva agresión contra la prensa venezolana.
El Colegio Nacional de Periodistas registró ataques en este lugar especialmente contra Luis Gonzalo Pérez de NTN24 y Rubens Di Prado de CNVE24.
Otro grupo de comunicadores también fue agredido en los alrededores de la Asamblea Nacional. Los medios se encontraban siguiendo a la comisión de diputados que intentaba llegar al Palacio Federal Legislativo, cuando un grupo de colectivos los emboscaron con piedras, palos y disparos. 
Los vehículos en los que viajaban los parlamentarios muestran los daños que ocasionaron los delincuentes.
Carlos Berrizbeitia, segundo vicepresidente de la Asamblea Nacional, denunció que los colectivos armados atentaron contra sus vidas.

Fotgrafíao: @yonygiltorres

sábado, 22 de septiembre de 2018

OBESIDAD DEL PODER

Moral y luces, las últimas necesidades
Luis Barragán


El ejercicio del poder acarrea severas responsabilidades, por arbitrario y troglodita que sea. Parece inevitable una cierta fascinación y una abierta tentación hacia el hedonismo, pero tienes sus límites aún en los regímenes más bárbaros.

Venezuela, como en otras latitudes, cuenta con una galería de dictadores que, a pesar de un abusivo poderío, se vieron forzados a una cotidianidad modesta, aun cuando fuese cierto el desbordamiento de la parentela y demás relacionados. Sin embargo, por ejemplo, la tribu consanguínea estuvo a punto de quedarse con todo, al morir Juan Vicente Gómez.

Inevitable, por poco o mucho que se tenga, el ejercicio del poder traduce una personal concepción de la vida, del mundo y de las cosas. Por más sofisticados que sean los recursos y las herramientas del Estado contemporáneo, o lo que queda de él, para diseñar sendas campañas de terrorismo psicológico, no todo se  puede prever a través de los más acuciosos sondeos de opinión, ni hay especialistas capaces que cubran todas las facetas de las respuestas que deben darse. Por consiguiente, en última instancia, todo queda bajo la absoluta orientación del líder o de los líderes, por sus lances espontáneos, ocurrencias, gestos y  palabras, decisiones y postergaciones, todo salido desde el fondo del alma, de las paredes intestinales o de a punta del zapato reluciente que refleja la mirada curiosa de quien lo calza.

La visita de Maduro Moros al restaurant de Salt Bae, en Estambul, naturalmente ha indignado al país sumergido en una catástrofe humanitaria y, por más que se arguya la teoría del trapo rojo, es necesario responder a tamaño impacto de inmoralidad. El comensal decidió compartir el momento de gloria para escarmentar, una de las tantas opiniones en curso, pero fue él, enteramente él, disfrutándose con el agasajo: un encuentro consigo mismo, necesario de difundir, pues, como las francachelas de Pérez Jiménez, si lo hubiese deseado, los servicios correspondientes habrían previsto e ideado medios de ocultación, como seguramente ha ocurrido en casos semejantes.

Los humildes bombero, trastocados en  presos políticos, Ricardo Prieto y Carlos Varón, opinar humorísticamente sobre Maduro Moros, ilustran muy bien el uso desproporcionado del poder al amparo de una tal ley constitucional, parida por una constituyente espuria.  Quienes tienen por oficio salvar vidas, reciben una insólita demostración de rabia que, además, incurriendo en ellas, celebra las descalificaciones, burlas y desprecio del llamado pomposamente sistema público de medios.

Y a un joven periodista, Esteban Rojas, le arroja un balde de hielo seco, creyendo intimidarlo, al preguntar por la suerte de los bomberos en un intento de reivindicar la majestad presidencial. El declarante que, no por casualidad indaga de tal o cuál universidad egresó el fablistán, lo cree un tema baladí para una rueda de prensa internacional, pues, debe suponerse, está preparado para las más exigentes materias, así concluya maldiciendo a otros mandatarios.

Últimas necesidades, no hay moral ni luces que inspiren y necesiten defenderse en una dictadura que, valga acotar, fue heredada.  Los muchos años en el ejercicio del poder, agotado, no impide que brote las más íntimas convicciones y estilos de vida.

24/09/2018:
http://www.diariocontraste.com/2018/09/moral-y-luces-las-ultimas-necesidades-por-luis-barragan-luisbarraganj/

lunes, 26 de junio de 2017

OPORTUNIDAD

EL PAÍS, Madrid, 26 de junio de 2017
 TRIBUNA
La democracia requiere hechos
Antonio Caño

El periodismo es imprescindible para la convivencia en una sociedad libre, para el equilibrio de poder necesario en una democracia. Sin el periodismo desaparecería la crítica ordenada, y sin la crítica caeríamos en el imperio de la arbitrariedad y el miedo. Los abusos de poder no son monopolio de los regímenes autoritarios; se dan también en las democracias, y aunque el periodismo independiente no los puede evitar, la denuncia de esos abusos cumple en sí misma una función extraordinariamente valiosa.
La prensa ha cometido muchos errores; eso es indudable. Aunque la prensa ha sido un componente esencial de las democracias liberales desde su nacimiento, también es cierto que, sobre todo en las últimas décadas, el periodismo ha vivido en ocasiones en un pedestal de éxito, se ha separado en exceso de la sociedad a la que se dirigía y ha utilizado de forma algo arrogante el enorme poder del que ha gozado.
Esa arrogancia es muy visible hoy en algunos entornos dominados por periodistas que pontifican, toman partido y dan lecciones de moral en cualquier plató, a todas las horas del día y sobre cualquier asunto que se tercie. Pero el problema principal al que hacemos frente hoy es el intento de eliminación del periodismo, es la sustitución del periodismo por lo que ahora se llama “el relato”, es la sustitución del esfuerzo serio, profesional de la enumeración de los hechos, por la imposición de una narración creada al gusto del consumidor.
A este fenómeno se le ha llamado de distintas formas. La más difundida últimamente es la de posverdad. La posverdad se corresponde con el nacimiento de una era en la que la verdad, como todo, es relativo y todo depende del cristal ideológico con el que se mire y el propósito que se busque con su difusión.
La posverdad es peor que la mentira, en el sentido de que la mentira puede llegar a descubrirse, pero la posverdad es incuestionable en la medida en que no necesita ser corroborada con hechos. Los responsables de comunicación de la Casa Blanca le han llamado también “hechos alternativos”, como si lo ocurrido se pudiera manipular como plastilina para darle la forma que más convenga a los intereses que se defienden. Tradicionalmente, a todo esto se le ha llamado así: manipulación. Y la función de la moderna posverdad es la misma que la de la vieja manipulación: impedir que los ciudadanos estén bien informados, que conozcan la verdad, que sean auténticamente libres.
Estamos, pues, ante un fenómeno, que lejos de ser anecdótico o pasajero, tiene una gran profundidad. Como advierte Timothy Snyder: “Abandonar los hechos es renunciar a la libertad. La posverdad es el prefascismo”. Estamos, probablemente, ante la mayor amenaza que existe contra las democracias en estos momentos. Porque la negación de los hechos, la manipulación de los hechos o la creación de relatos que satisfacen los prejuicios y el sectarismo no es una actividad inocente, tiene un propósito que siempre está ligado con el control del poder.
Negar los hechos o manipularlos tiene un propósito que está ligado con el control del poder
Eliminada la función crítica de la prensa se puede deformar la realidad al capricho del consumidor. Exagerar los problemas, torcer los datos y prometer soluciones fáciles y paraísos inexistentes. Vivimos tiempos en que lo emocional lo invade todo, lo justifica todo. Yo “siento” que las cosas van mal, luego van mal. Yo “creo” que las cosas ocurrieron así, luego ocurrieron así. Es la demagogia del “todas las opiniones merecen respeto”, ya sea la de un profesional como la de un iletrado. Tanto vale mi impresión como una estadística. Tanto vale una emoción como un dato.
En parte esto se debe al desgaste de las instituciones, de todas las instituciones, por culpas propias y ajenas. En parte esto se debe al desprestigio de la autoridad, de toda autoridad. Es lo que Moisés Naím llama “el fin del poder”. Hay muchos ángulos positivos de este deterioro del poder en su concepción tradicional. El mundo se ha democratizado extraordinariamente. La iniciativa individual, el emprendimiento, la solidaridad encuentran hoy canales muy accesibles por los que desarrollarse. Google, Facebook… la revolución tecnológica nos ha permitido saber más, saberlo antes, comunicarnos mejor, más rápidamente. Viajamos más, conocemos a más gente, tenemos acceso a más puntos de vista.
Junto a la magnífica erupción de oportunidades, la revolución tecnológica ha traído también una proliferación de nichos ideológicos, de sectarismo que actúa como caldo de cultivo del odio, la xenofobia y el racismo. Desgraciadamente, es muy frecuente que los usuarios de las redes sociales no las usen para acceder al extraordinario mundo de conocimiento que ofrecen, sino para interactuar entre el reducido círculo de los que son como yo, de forma que los prejuicios se retroalimentan y adquieren categoría de doctrina incuestionable.
Algo similar ocurre con muchas de las páginas web, blogs y confidenciales que circulan en nuestro entorno. Como periodista, entiendo como una oportunidad magnífica la de poder poner en marcha un periódico sin apenas recursos económicos y una tecnología básica y al alcance de cualquiera.
No hay duda de que todos tenemos que felicitarnos de las enormes posibilidades de pluralismo que esto representa. Pero también tenemos que admitir que muchos de esos confidenciales se han convertido en armas de destrucción de los rivales políticos o económicos, en propagadores de rumores, medias verdades o rotundas mentiras con propósitos espurios.
Algunos políticos prefieren periódicos que les den razón y no los sometan a la crítica
Bienvenidos sean los nuevos medios, bienvenidos sean al periodismo todos aquellos que puedan contribuir a la diversidad y al pluralismo. Pero, bienvenidos al periodismo, con sus normas y sus reglas y su código deontológico, no a la selva de demagogia y calumnias en la que algunos están convirtiendo el panorama de la información.
El periodismo no solo no está muerto sino que se encuentra ante un gran momento y una gran oportunidad. Pero el buen periodismo es caro, muy caro. Contar bien una historia exige desplazarse hasta el lugar de los hechos, hablar con una diversidad de fuentes que frecuentemente no quieren hablar, corroborar los datos obtenidos, someterlos a una edición rigurosa. Cumplir con ese deber es más necesario que nunca, pero también es más difícil que nunca.
La amenaza a la libertad de expresión y al periodismo de calidad no se produce en sí mismo por las nuevas tecnologías. El periodismo de calidad y la libertad de expresión están amenazados porque algunos políticos han descubierto que quizá la nueva política se puede hacer mejor y con mucho más éxito sin periodismo exigente. Y porque algunos políticos prefieren periódicos que les den razón y no los sometan a la investigación y la crítica.
(*) Extracto del discurso pronunciado en la inauguración de los Cursos de Verano de la Universidad del País Vasco.
Fuente:
http://elpais.com/elpais/2017/06/23/opinion/1498227187_423650.html
Ilustración: Tomás Ondarra.

sábado, 23 de abril de 2016

AGRESIÓN (ES) EN EL ORGANISMO ELECTORAL

El costillar de Mildred
Luis Barragán


En lugar de una confrontación de poderes, como técnicamente puede concebirse en un Estado de Derecho, asistimos a una ya evidente confabulación para liquidar a la Asamblea Nacional, recientemente legitimada por el sufragio de todos los venezolanos.  Concertación liderada por el Sr. Nicolás Maduro, encuentra su quizá más torpe manifestación en el CNE, desinhibido escenario de sucesos tan repetidos, como lamentables.

Pretendiendo cumplir pacientemente con todos los requisitos establecidos, la solicitud del consabido revocatorio encuentra todas las trabas posibles del organismo electoral, sin que entregue – solicitadas  desde el 9 de marzo del presente año – las planillas correspondientes. A la burda maniobra de un sencillo trámite administrativo, orientada a retrasar el proceso mismo de petición, se suma el piquete de choque con el que el oficialismo procura evitar el apersonamiento físico de los peticionarios a la sede del CNE, contando con la colaboración de la Guardia Nacional.

Un decidido grupo de jóvenes diputados, ante la radical indiferencia de las autoridades electorales, se encadenó recientemente a las escaleras de acceso de la citada sede, aspirando a una respuesta que, de otro modo, no logran. Importando muy poco la investidura, no sólo fueron brutalmente desalojados, junto a los periodistas, sino  tuvo que sortear el piquete minoritario, pero armado, que los esperaba con una ansiedad morbosa y probablemente tengan que acudir ante un juez que nerviosamente vela por su propia estabilidad laboral.  No obstante, respecto a los periodistas, la decisión más importante del triste momento, fue la de evitarlos como testigos de un evento que, por su coraje, ya conoce el mundo entero.

Acontecimiento previo, desocuparon a la prensa violentamente y, sin que haya tribunal capaz de sancionar las graves lesiones sufridas, por ejemplo, Mildred Manrique ha sufrido días terribles, convertido su costillar en el otro referente de una involuntaria noticia. La fractura y demás secuelas de la golpiza, como prontamente nos enteramos gracias a Sara Lizarraga, ofrecen una inmediata radiografía de la situación de un país al que desea patológica y reiteradamente escarmentar el gobierno nacional.

La diligente periodista, por cierto, a la que conocimos en un extraordinario acto de la campaña electoral en Turmero, igualmente precedido por un intento de sabotaje de los ya sabidos adversarios, tiene por características una probada valentía y un sensato criterio, expuestos en sus reseñas, entrevistas y reportajes. Y es que, a pesar de los pesares, habla de un gremio también heroico, firme y honesto, cuya vocación es la noticia.
Fotografía: @milmanrique


25/04/2016

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lunes, 12 de octubre de 2015

CAZA DE CITAS

"... El que introduce a las audiencias en el juego de la ideología de las noticias compartida por periodistas y medios no podía ser de otro tipo: suponer que lo publicado/transmitido por los medios de comunicación social son noticias, puesto que se producen por una suerte de generación espontánea y, en cosecuencia, no so costruidas. Ese es un supuesto en perecta consonancia con el 'periodista cazador de noticias' que está presente en el imaginario colectivo, con el 'olfato periodistico' y con la frecuente referencia explícita de los medios  a la competencia entre ellos para obtener la noticia exclusiva y 'mantener bien informado al público' "

Jenny Bustamente Newball 

("De las audiencias supuestas a los supuestos de las audiencias", en: "Anuario ININCO. Investigaciones de la comunicación", XIII edición, Caracas, 2002: 114 y 147)

domingo, 7 de junio de 2015

VIEJO TECLADO

Érase la crónica parlamentaria
Guido Sosola


Toda dictadura que se respetara, contaba con su órgano legislativo. Limitado, imperfecto y escasamente convincente, pero – al fin y al cabo – Congreso Nacional.

Poco importaba que tuviese por exclusiva dedicación la de manufacturar leyes, pues – de un modo u otro – permitía cierto drenaje de las angustias colectivas. No hubo medio, desde el siglo XIX, aunque parezca una exageración, que no cotara con una sección que reflejase las formalidades parlamentarias, claro está, con la excepción de aquellas etapas de una radical franqueza del régimen de fuerza.

Hasta Juan Vicente Gómez, reforzando la normalidad que tuvo a bien crear, definitivamente consolidado, podía exhibir el reporte que la prensa – o, mejor, su prensa – daba al día siguiente de las sesiones del Capitolio Federal de Caracas, como bien lo ejemplificamos con la nota de El Nuevo Diario (Caracas, domingo 01/07/1934).  A lo largo del siglo XX, en los dos períodos de democracia liberal de los que supimos, uno   breve y otro inéditamente prolongado, fue tan perfeccionada la fuente política que derivó en la amplia reseña de las deliberaciones de senadores y diputados que, en buena medida, la soportaron, alcanzando facetas hoy insospechadas. Y, por cierto, fue complementada con la frecuente transcripción de los discursos más llamativos y hasta su publicación como aviso pagado, por el interesado en periódicos de amplia o modesta circulación nacional o local.

Las sesiones plenarias de ambas cámaras y el trabajo  de las comisiones, fueren permanentes o especiales, o las voces individuales de los parlamentarios, contaban con el seguimiento persistente de la opinión pública. A veces, era excesiva la personal atención de los periodistas que invadían los propios hemiciclos, sobre todo al imponerse el medio televisivo, incomodando con sus cámaras, pero les era el reconocido el derecho de trabajar para indagar e informar in situ.

Hoy, ya es escasa la crónica parlamentaria y, por la escasez de papel, amenazados los bytes, con las honrosas salvedades del caso, a lo sumo está la versión arbitraria e interesada de un gobierno que se dice expresión culminante de nuestra experiencia histórica. Además, hay profesionales con la exacta prohibición de acceder a los predios legislativos, como es el caso de Maru Morales, sin contar a otros de sus colegas que enfrentan los más disímiles obstáculos, y – autocensura y bloqueo informativo por delante – diputados de la oposición que suelen ejercer sus responsabilidades, sin que nadie se entere.

Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/22767-erase-la-cronica-parlamentaria
Reproducción: El Nuevo Diario, Caracas, 01/07/1934.

lunes, 4 de mayo de 2015

DE LA OTRA AGRESIÓN DESDE EL ESPACIO

TeleSur
Luis Barragán


Años atrás, tendimos en Venezuela a subestimar la creación de TeleSur.  Otras y quizá más urgidas líneas editoriales, incluyendo las inquietudes de los partidos de la oposición, obviaron lo que quizá se tomó por una veleidad más del extinto presidente.

Valga la anécdota, recordamos que, al anunciarse su creación,  no lográbamos obtener la respectiva Gaceta Oficial y, a última hora de un viernes, día de la publicación del decreto, la consiguió un amigo que la necesitaba - por otras razones - para su portal aduanero. Y, como nos correspondía el siguiente lunes ejercer la vocería del partido al que pertenecíamos, el solitario aporte de un millón de dólares – si mal no recordamos – por el gobierno venezolano, reforzaba una preocupación que ya la habíamos manifestado en una discusión que habíamos generado en la dirección sobre la libertad de expresión. Sin embargo, en la rueda de prensa poco o ningún caso se  hizo a nuestra referencia, a pesar de empuñar en la mano el ejemplar de una gaceta que ese lunes tempranero escasas personas tendrían, privilegiando informativamente una necedad del momento.

De vez en cuando hemos sintonizado la emisora y, antojándonos de una versión que tiende a imitar a CNN u otras cadenas internacionales,  nos parece lamentable lo lejos que llega propagandísticamente so pretexto de la tal veracidad noticiosa. Una indecible manipulación ideológica que, entre otros aspectos, emplea una más perversa técnica que la que acostumbra a denunciar sobre las transnacionales de la información;  cuenta con una versión maniquea de lo que ha acaecido y acaece en el mundo, sin aceptar convincentemente otras; o, como si fuese el edén de las libertades, reseña y permite que nos reseñen y opinen desde Cuba con un inconmensurable cinismo.

Por ahora, puedo cambiar de canal. Sin embargo, hay una diferencia con CNN u otras cadenas: TeleSur se sostiene con las divisas de todos los venezolanos, añadidos el par de satélites artificiales que deben darle soporte, absorbiendo y maquillando sus fracasos, y, a pesar de todo, únicamente el régimen y sus adláteres acceden a un canal absolutamente vedado a la oposición. Claro, excepto para su incriminación.

Entendemos, con sede principal en Caracas, no hay manera de auditar el canal, ni de preguntar sobre el desbarajuste administrativo del que también se habla. Sobreprotegido hoy, quizá mañana cuando ya sea insostenible económicamente, podríamos encontrarnos con alguna sorpresa: alguna personalidad del régimen venezolano ampliado a otros países, o sus herederos, como copropietario o  beneficiario de su privatización.

Fuente:
http://www.diariocontraste.com/telesur-por-luis-barragan-luisbarraganj/
Fotografía: LB, tomada desde el iso 15 del edificio "José Vargas", Caracas.

martes, 18 de marzo de 2014

CAZA DE CITAS

"Curiosamente la prensa, que había sido vocero de las consignas del movimiento de protesta, veía ahora en ésta un instrumento de desorden y anarquía. Las multitudes, que esperaban mucho más de lo conseguido el 14 de febrero, eran ahora acusadas de bárbaras, turbas o masa inorgánica"

Luis Salamanca

(Protestas contra la tiranía: el nacimiento del movimiento ciudadano entre 1935 y 1937", UCV, Caracas, 2011:  250)

Fotografía: http://mariafsigillo.blogspot.com/

viernes, 23 de agosto de 2013

EL MISMO PAPEL

EL PAÍS, Madrid, 24 de agosto de 2013
TRIBUNA
Revoluciones en red
Las redes sociales empiezan a desempeñar el papel que tuvo la prensa
Mario Tascón / Yolanda Quintana Serrano 

Los ciudadanos reclaman en todo el mundo un cambio del modelo económico y político; lanzan mensajes con sus demandas a través de nuevas plataformas; y urgen un cambio en el ecosistema de los medios de comunicación.
En Madrid las personas congregadas en la puerta del Sol desde los primeros momentos del #15M clamaban contra los medios tradicionales que, a su modo de ver, no estaban destacando lo que sucedía en las calles. Sol se había llenado de manera inesperada para los políticos, la policía y… muchos periodistas.
Mientras que las protestas de la capital española ocupaban espacio en los informativos de los principales sitios web y televisiones tradicionales extranjeras, los medios locales apenas hacían ligeras menciones sobre aquel fenómeno que aparecía de improviso ante sus ojos y que incluso fue recibido por muchos comunicadores con aspereza.
Sin embargo el movimiento consiguió una gran repercusión pública sin que, en general, hubieran funcionado los mecanismos de mediación comunicacional convencionales. Las antiguas élites que estaban siendo acusadas (políticos, sindicatos, medios), los organizadores, y las nuevas masas que protestaban así como la propia población general se empezaron a enterar de lo que pasaba en un 82% por las redes sociales frente a un 33% por la tele o un 23% por la prensa, según datos del análisis Tecnopolítica y 15M.
El mecanismo viejo de transmisión de mensajes y movilización social no se había comportado como siempre, pero el efecto de lo nuevo mezclado con lo viejo era muy superior.
En las primaveras árabes los movimientos sociales habían pasado también desapercibidos para las agencias de prensa y los observadores internacionales hasta el estallido final. Los primeros y más recientes ecos de las manifestaciones apartidistas en São Paulo y resto de ciudades brasileñas solo fueron recogidos al principio por la prensa local e internacional como simples “protestas por las tarifas del transporte público”.
Los políticos están descolocados en un mundo que les cuesta comprender
En Turquía ha pasado lo mismo y las masas de indignados dieron la espalda a los políticos al igual que a los medios de toda la vida: ninguno les había anticipado nada de lo que se avecinaba. La gente a falta de periodismo independiente se ha puesto a tuitear. El terreno está abonado con el hartazgo social y por el silencio cómplice de diarios, radios y televisiones con la corrupción política.
Hace pocos días leíamos en este periódico: “Al concluir la protesta, el Movimiento por el Pase Libre de São Paulo emitió un comunicado en Facebook, su gran medio de difusión, donde decía (…)”. El gran medio de difusión de los brasileños no es la poderosa Globo TV, ni el popular diario Folha de Sao Paulo, es Facebook, una red social global.
Los indignados (en una gran parte las clases medias) han venido tomando esas redes como los nuevos medios de comunicación y difusión de ideas y actividades, a la vez que desarrollan una hostil actitud hacia buena parte del colectivo de la prensa convencional, al que acusan de, como mínimo, connivencia con el poder económico y político del cual emana la situación de crisis contemporánea. En México el importante movimiento #yosoy132 se inició como contestación a la supuesta imposición mediática del candidato Peña Nieto y su primer punto reivindicativo pide la democratización y transformación de los medios.
Históricamente en cada cambio político importante algún nuevo medio de comunicación había acompañado y crecido con la nueva élite emergente que luchaba por conseguir el poder. Siempre había una radio, un periódico hermanado de algún modo con las masas reformistas o revolucionarias. Hoy ese papel apenas es asumido por algunos periodistas individuales, pequeños medios digitales, redes de blogs o incluso antiguos y nuevos foros utilizados como catacumbas en las que se preparan y discuten estrategias políticas. Las cabeceras tradicionales están en gran parte ausentes.
La labor de watchdog (vigilantes del poder) que tradicionalmente se atribuyó a los periodistas ha desaparecido del imaginario de los lectores. No hay alli lugar más que para un puñado de periodistas que aguantan como pueden su imagen de independientes, y ahora a ellos se suman blogueros, tuiteros o redes de opinión colectiva en la que no se distinguen con claridad las voces más significadas porque cada día hay oportunidad para una nueva. Un problema incluso de interlocución para el poder tradicional que no sabe con quién tiene que hablar, con quién puede negociar, a quién intentar sobornar ya que no hay líderes. Las aristocracias políticas y financieras están inquietas. Lo anticipan las letras de grupos de punk rap como Los Chikos del Maíz en su canción El miedo va a cambiar de bando. Ahora es el rap y no el rock la música de la reivindicación.
¿Qué papel pueden tener los medios si están ausentes de las vidas de las personas?
El papel de foro de la opinión pública y la democracia está siendo arrebatado a los pseudo-parlamentos de tubos catódicos y los escaños de papel impreso por las nuevas élites conectadas que se empiezan a configurar y que llevan a la calle y a las redes la discusión política, en un nuevo espacio con tremendas resonancias a bits e incomprendido por las élites antiguas, desplazadas por una marea que en cada sitio adopta un color y una red social de cabecera. Políticos, pero también periodistas, se sienten descolocados en un mundo que les cuesta comprender. Ya lo anticipó Barlow en su Declaración de Independencia del Ciberespacio en 1996: “Gobiernos… no sois bienvenidos entre nosotros. No ejercéis ninguna soberanía sobre el lugar donde nos reunimos (la Red)”
Una idea antes podía ser transcrita con tinta en un papel, ser un titular, o la cubierta de un manifiesto; hoy pasa a convertirse en software y a formar parte de un nuevo mecanismo en el que la colectividad es capaz de mejorarla, moverla y discutirla a una velocidad que hubiera sorprendido a Antonio Gramsci, pensador comunista cuyas ideas sobre la lucha entre élites parecen hoy, muchas décadas después de su muerte, tan actuales.
Erdogan, primer ministro turco, hacía referencia a esta preocupación: “Hay un problema que se llama Twitter. Allí se difunden mentiras absolutas”. Una declaración que resume el sentir de muchos políticos, intelectuales…y periodistas. Hace años el punto de mira, el enemigo, en situaciones similares hubieran sido los medios de comunicación, ahora son las redes sociales, lo digital, porque tienen parte del papel que anteriormente tuvo la prensa; la opinión pública gravita sobre ellos, como si fueran una corriente, un caudal. Y los medios, sin negar el papel que siguen desempeñando en ocasiones, ven como parte de su posición social ha menguado, está siendo también desplazada. Sus propios trabajadores se acaban de manifestar en Estambul contra el autoritarismo del gobierno y la autocensura de las cabeceras para las que escriben.
El usuario de Twitter @Paktin sentenciaba: “Los medios turcos demostraron que ninguno es suficientemente valiente para hacer las noticias de hoy. La historia se está escribiendo a través de los medios sociales”.
La prensa lleva años debatiendo cuál es su nuevo modelo de negocio, incluso algunos se atreven a plantear una imprescindible transformación de producto más allá de las obvias metamorfosis a las que obliga el multimedia. La compra del Washington Post por Jeff Bezos no hace sino agitar esta polémica. Pero… y si la cuestión básica fuera ¿qué papel reclama la sociedad para los medios cuando se enfada con ellos por estar ausentes de sus cambios, de su vida? Contestando a esta última pregunta seguro que se halla la respuesta a las anteriores.
(*) Mario Tascón y Yolanda Quintana son autores del libro Ciberactivismo: las nuevas revoluciones de las multitudes conectadas.

miércoles, 16 de enero de 2013

CAZA DE CITAS

"Durante muchos años leí el periódico comenzando por el final. Así me acostumbré de niña y así me gustaba leerlo. De atrás para adelante. Agarraba el leajo de papel, lo desplegaba y dándole vuelta, me detenía en las notas de la última página. En la crónica roja. Luego, continuaba con el resto del periódico. Era un ritual inalterable, una costumbre que adopté desde pequeña y que mantuve por muchos años, hasta que la publicidad (que acaparó los espacios), los estudios de periodismo y la intensidad de las crónicas - que de rojas pasaron a ser moradas - acabaron con la costumbre"


Mirtha Rivero

("Historia ...", Alfa, Caracas, 2012)