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martes, 27 de octubre de 2015

NOTICIERO RETROSPECTIVO





- Rodolfo José Cárdenas. "Gerontocracia y revolución". El Nacional, Caracas, 31/12/1965.
- Héctor Mujica. "Corea en 1970: El país de los amaneceres tranquilos". Deslinde, Caracas, 15/10/69.
- Gonzalo Barrios. "Medinismo, antiadequismo y mala memoria". El Nacional, 09/11/63.
- Rigoberto Lanz. "Partidocracia y universidad". Últimas Noticias, Caracas, 14/01/97.
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sábado, 9 de agosto de 2014

PANEBARCO 8/10

EL NACIONAL - Domingo 17 de Octubre de 2010     Opinión/9
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo 
El marxismo de los curas
Rigoberto Lanz

"...Vivimos una guerra de escatologías mesiánicas".
Jacques Derrida: Spectres de Marx. P. 101

La burocracia eclesiástica está cruzada por diversas tendencias que representan visiones y sensibilidades heterogéneas. Hay allí gente muy avanzada que convive con los sectores más retrógrados. Hay actores críticos que están en permanente tensión con los jerarcas del catolicismo.
Gente estudiosa y bien preparada se consigue de vez en cuando. Pero la media intelectual de la vocería de los jerarcas de la Iglesia es de un patetismo insoportable. Eso no tendría mayores consecuencias si la acción religiosa ocurriera puertas adentro. Pero sucede que los voceros de la Iglesia son muy activos en el espacio público, forman parte de la agenda del statu quo y defienden los valores y los intereses del poder.
Mientras la discusión transcurra en los niveles primarios del día a día, las opiniones de la Iglesia pasan sin pena ni gloria. El asunto se complica cuando los jerarcas se ven obligados a hacer pronunciamientos sobre temas de envergadura intelectual. Es allí donde se devela la precariedad con la que se manejan asuntos de alto vuelo, la sustitución de los buenos argumentos por criterios de autoridad, la manipulación de problemas muy complejos en nombre de la fe (piense usted en el aborto, el uso de preservativos o la clonación).
En Venezuela tenemos un laboratorio muy visible para apreciar este fenómeno. En la medida en que los gobiernos van y vienen sin ninguna agenda de cambios verdaderos, la Iglesia se acomoda funcionalmente echando manos de toda suerte de complicidades. Pero cuando aparece una coyuntura socio-política en la que las transformaciones de fondo están a la orden del día, entonces el discurso eclesiástico se activa para torpedear estos procesos.
En ese afán se recurre a cualquier expediente. No podía faltar una consideración demoníaca sobre el marxismo.
Pero ¿a qué marxismo se refieren los curas? Puede usted estar seguro de que nadie se ha tomado la molestia de leer algún texto de Marx, mucho menos estudiar la producción intelectual asociada al marxismo por más de un siglo. Allí lo que se respira es ignorancia pura y dura.
Eso sí, exhibida con aires de insufrible suficiencia desde el púlpito de las iglesias o engolosinados frente a las cámaras de televisión.
Hay un marxismo de pacotilla que circula impunemente en los discursos ordinarios de la derecha histérica, en las peluquerías y en cualquier sala de espera donde consigue usted un concentrado de la densidad cultural de buena parte del país.
Es ese el marxismo que está en la cabeza de los curas fanatizados contra la revolución. Mientras no tengan que expresarse públicamente, el asunto queda en casa reforzando el "exceso de ignorancia" del que nos hablaba el filósofo Cantinflas.
Como se comprenderá, allí no cabe ninguna discusión mínimamente fundada. De la misma manera que el texto sagrado de la Biblia no está hecho para generar discusiones, el texto imaginario del antimarxismo clerical no está hecho para azuzar algún debate.
Es un anticomunismo visceral alimentado durante largo tiempo sin que se requiera algún control crítico que ponga en evidencia la ramplonería de este tipo de pensamiento.
Está claro que los aparatos religiosos operan en la práctica como dispositivos políticos amparados en la fragilidad de las creencias y los hábitos espirituales de la gente. Allí no hace falta una gran preparación teórica. Basta un rudimentario abecedario en el que aparezcan los términos malditos: revolución, socialismo, marxismo, izquierda.
Con audiencias cautivas y el truco de ser voceros de alguna divinidad se aseguran la credibilidad ante los fieles.
Esta operación viene haciéndose durante siglos. Entrar y salir de esta lógica opresiva supone toda clase de traumas psicológicos.
Para que un debate serio aparezca es preciso desbrozar hasta toparse con teólogos formados y con criterios para entablar una conversación pertinente. No digo que sea fácil, pero no hay otro camino.

miércoles, 17 de abril de 2013

LANZ

EL NACIONAL - Miércoles 17 de Abril de 2013     Opinión/9
ATresManos
Miradas múltiples para el diálogo
atresmanosrlanz@gmail.com
¡Indignaos!
RIGOBERTO LANZ


Homenaje a Stephane Hessel

El autor de este panfleto de agitación ya no está entre nosotros.
Nos queda sí su rebeldía y su espíritu contestatario. No hay que creerse demasiado que las muchedumbres que chillan en las calles son todos "indignados". Me temo que buena parte de estas agitaciones están referidas a problemas estomacales y sólo una pequeña fracción se plantea la cuestión del modelo que padecemos a escala mundial. Lo digo sin ambigüedades: el gentío no entiende casi nada, sea que se le denomine como "el pueblo" o con el eufemismo de las derechas, "la sociedad civil".
Hay una permanente confusión entre los malestares y sus correspondientes protestas con la lucha subversiva contra toda forma de aparato, contra el régimen de partido que es siempre reaccionario (llámese como se llame), contra esa cosa babosa que engolosina a todo burócrata: las instituciones; contra el régimen de verdad instalado, contra la cultura dominante, contra "los valores" y las "creencias", es decir, contra prácticas y discursos que están allí (en todas partes) para reproducir las relaciones de dominación. En ninguna parte del mundo existen pensamientos, movimientos o estrategias político-intelectuales que tengan de verdad algún filo subversivo (desde Al Qaeda a los partidos socialistas en función de gobierno). Los grupos de izquierda realmente existentes en el mundo son todos (dije bien, todos) opciones progresistas con mucha sensibilidad social, con gran protagonismo al lado del "pueblo", pero con un completo vaciamiento de antiguas agendas de transformación radical.
Esta crisis mundial de los viejos paradigmas de la izquierda tiene mucho que ver con su renuncia a plantear estrategias políticas de cambios de fondo.
Ello no alude a la valentía o blandenguería de esta o aquella agrupación. Tampoco tiene que ver con las formas de lucha (armada, pacífica) ni con los tamaños de cada organización. En todos los casos lo que se evidencia es un desfase brutal entre una época que muere (la Modernidad) y otra civilización que se abre paso (la Posmodernidad). La vieja izquierda no se ha enterado. Los dogmas y clichés de un pensamiento decimonónico hace imposible la tarea teórica primera de descifrar el presente y comprender por dónde van los tiros. No creo que este patético cuadro sea remediable.
Intelectuales de la talla de Toni Negri, Edgar Morin, Michel Maffesoli o Boaventura de Sousa Santos (cito sólo a algunos amigos con los que comparto algunos desvelos) llevan años explorando alternativas en el campo de un pensamiento verdaderamente subversivo.
Allí hay aportes fundamentales para lo que ha de ser la plataforma intelectual de otra manera de pensar y hacer política.
La vieja izquierda seguirá anclada en las mitologías "revolucionarias" del siglo XIX. Del mundo de los "Indignados" podemos esperar una voluntad de hacerlo de otra manera. Tal vez haya sido esa la esperanza de S. Hessel. Ese es el problema de haber vivido tanto y haber visto casi todo. Estoy seguro de que este viejo camarada no apostaba ni un centavo por la autotransformación de la izquierda estalinista, o de la izquierda electorera, o de la izquierda socialdemócrata, o de la izquierda foquista o de la izquierda de la derecha. La apuesta por el movimiento de los "Indignados" es una provocación que intenta incomodar el apoltronamiento intelectual de la izquierda y brindar aliento a gente que dentro de ese movimiento mira un poco más allá de reivindicaciones estomacales.
Parece que pensar de otra manera resulta algo complicado, más complicado aún es practicar coherentemente una acción subversiva en cada espacio de la sociedad. El adormecimiento de las energías de la revuelta está determinado por la crisis de un modelo de civilización (la Modernidad).
La crisis de la izquierda es parte de esos atascos. Crisis ésta que comienza por no poder ver en dónde estamos y hacia dónde podríamos ir.
El maestro S. Hessel luchó siempre por otra manera de pensar la revolución. Nadie dijo que sería fácil, por fortuna hay mucha gente que toma el testigo.
(*) El sociólogo Rigoberto Lanz falleció ayer. Fue colaborador de El Nacional desde 2004 y desde julio de 2007 comenzó a coordinar este espacio, destinado a la discusión académica desde la diversidad. Este fue su último artículo publicado el 24 de marzo.

Nota LB:


Descubrimos a Rigoberto Lanz a mediados de los noventa, aunque fueron no pocos los artículos de prensa que le apuntamos. “El malestar de la política”, publicado en la década (ULA), también inspiró una interesantísima discusión en las preliminares del seminario internacional que la fracción parlamentaria de COPEI hizo sobre la antipolítica, entre 1996 y 1997. Valga la anécdota, conocedor de lo que hablaba, en una informal conversación, fue – digamos – asediado por una persona que de carambola sabía de Marx, lo que generó más molestia entre los “atacantes” reales que en el propio Lanz, sonreído por alguna ocurrencia del entrometido.

De estilo “calambrino”, caracterización hecha por Jesús Sanoja Hernández, al dar noticias de las incursiones de Lanz, como de Carlos Blanco, en los tiempos de la llamada Renovación Universitaria, para “Deslinde”, desarrolló un exitoso espacio para El Nacional, esforzándose en la otra perspectiva teórica del socialismo del XX. Interesante espacio, en propiedad, para las incursiones de una postmodernidad que todavía no aprehendemos suficientemente, inclinados más hacia un Eduardo Vásquez que la ha cuestionado, Lanz respondía los correos en la medida de sus posibilidades, a todo quien le requiriera y, de hecho, sin publicar la respuesta, tuvo a bien mostrarse interesado por la réplica que le hicimos a un texto suyo sobre la religión de Estado, etc.

Lamentamos mucho la desaparición física de RL que, para la coincidencia y la discrepancia, pensaba y escribía. Y esta sola circunstancia, extraña a un oficialismo de comprobadas violencias, heredero de la Cuba que   poco o nada aportó al marxismo, lo hizo un interlocutor válido.


Descubrimos a Rigoberto Lanz a mediados de los noventa, aunque fueron no pocos los artículos de prensa que le apuntamos. “El malestar de la política”, publicado en la década (ULA), también inspiró una interesantísima discusión en las preliminares del seminario internacional que la fracción parlamentaria de COPEI hizo sobre la antipolítica, entre 1996 y 1997. Valga la anécdota, conocedor de lo que hablaba, en una informal conversación, fue – digamos – asediado por una persona que de carambola sabía de Marx, lo que generó más molestia entre los “atacantes” reales que en el propio Lanz, sonreído por alguna ocurrencia del entrometido.

domingo, 10 de febrero de 2013

TÍMIDAMENTE, RL

EL NACIONAL - Domingo 10 de Febrero de 2013     Opinión/8
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
La enfermedad del fanatismo
RIGOBERTO LANZ

"Me imagino una ciudad inmensa...
podría ser Nueva York.

¿Qué hacer allí dentro?
Una sola cosa: vender y
comprar mercancías o imágenes,
lo que viene a ser lo mismo,
porque son símbolos planos,
sin profundidad...".
Julia Kristeva:
Las nuevas enfermedades del alma, p. 35


Un fanático es una persona inhabilitada en una amplia proporción para funciones básicas como pensar, crear, ejercer la crítica, tener opinión propia y actuar autónomamente. Cuando esta anomia se hace fenómeno colectivo estamos en presencia de una verdadera tragedia para toda iniciativa de convivencia democrática, para el fortalecimiento de la ciudadanía, para que la multitud se posicione autónomamente de la gestión de la sociedad.
Cuando el fanatismo se entremezcla con religión y política nos enfrentamos a un revoltillo ideológico-político sencillamente letal. Hoy observamos con gran "normalidad" las aberraciones de Estados confesionales, de partidos directamente religiosos, de universidades definidas por su naturaleza religiosa, de medios de información expresamente identificados con sectas de variada procedencia.
Todo ello revela la dificultad mayor de desarrollar la conquista moderna consistente en la neta separación entre el Estado y cualquier iglesia, entre las legítimas inclinaciones religiosas de la gente y la manipulación de los aparatos eclesiásticos en el seno del espacio público.
Esta perversión de Estados confesionales se combina con modalidades más sutiles en las que las prácticas y discursos religiosos se asumen de hecho como ingredientes del desempeño público del Estado. Ello es de suyo muy preocupante y lo es más aún cuando la deriva del fanatismo político se ve legitimado por las incrustaciones de iglesias y sectas que deberían permanecer en el estricto ámbito de la vida privada. El delirio ciego de las muchedumbres no tiene remedio.
Los niveles de irracionalidad son variables. Dependiendo de los ámbitos donde nos fijemos, el fanatismo político constituye un campo de manipulación donde los argumentos han sido desplazados por el griterío, las buenas razones ceden el paso a las pasiones histéricas, las empatías psicológicas se vuelven patologías y las pautas de identidad o pertenencia ya no pasan por la discusión y la crítica.
Cuando la política está muy centrada en las disputas electorales, este fanatismo encuentra cauce en la algarabía de calle que transmite la dudosa sensación de fuerza, de arrastre de masas, de fortaleza de los aparatos; la autogestión política verdadera es desplazada por el bullicio del gentío excitado; el gregarismo de la calle suministra la falsa percepción de una participación orgánica en los asuntos públicos: si no hay posicionamiento verdadero de la multitud en las decisiones públicas, ello quiere decir que estamos lejos de cambios revolucionarios.
La deriva fanática va en el sentido opuesto de la toma de partido consciente y crítico. El consignismo de una gentarada fanatizada no sirve para casi nada. Una manifestación pública de la multitud no es necesariamente una reunión de fanáticos. No confundir una y otra cosa. Lo que es preciso combatir es la mezcolanza entre la afinidad política intensa, que es perfectamente legítima, y los arrebatos histéricos de muchedumbres que sólo consumen consignas, banderolas y estridencias. Los esfuerzos por construir verdaderos mecanismos de participación de la multitud en los asuntos públicos (autogestión) son mucho más lentos y exigentes que la agitación propagandística.
El desmantelamiento del capitalismo de Estado que padecemos pasa por el creciente posicionamiento de la gente en los espacios de decisión que les conciernen. Ello no tiene nada que ver con conductas fanáticas ni con dogmas políticos. Al contrario, se trata de poner en juego con máxima intensidad la voluntad de cambio, la creatividad política y la capacidad crítica de la gente.
El espejismo de las empatías histéricas ­en la izquierda y en la derecha­ distrae un tiempo y una energía que deben ser revertidas hacia la formación y el empoderamiento de la gente en la conducción de sus asuntos. La voluntad política ciega no va a...


Fotografía: Noticiero Digital (Camatagua).

lunes, 21 de enero de 2013

TRANSUBSTANCIADOS

Sincretismo de Estado
Luis Barragán


Recientemente, Rigoberto Lanz ha hecho una breve disertación sobre la irrupción de la modernidad y la consiguiente aconfesionalidad del Estado.  Supusimos, por el título del artículo (“Regreso del catolicismo reaccionario”), que inscribiría la postura antigubernamental de los sectores católicos en la incansable terquedad de preservar sus privilegios, asediados por las tribus post-modernas que pudieran confundirlos, pero – alimentando un poco la acertada peregrinación conceptual de Oscar Schemel, en torno al liderazgo religioso – denunció   las prácticas católicas regresivas de Chávez Frías y sus  colaboradores. Sin embargo, circunscrito a una determinada liturgia, olvida que el ceremonial de Estado ha apelado a otras, confiscada inescrupulosamente la llamada religación por quienes no sabemos definitivamente a cuál Dios rezan.

Confiscación que no teme  simular las prácticas y hacerse de los símbolos de las distintas creencias, suponiendo de derecho divino la entronización del régimen. Éste es el dato fundamental, derivando el culto a la personalidad presidencial, perfeccionamiento del bolivariano de cuño guzmancista y lopecista,  en una radical política de la fe que oculte toda evidencia de los fracasos y contradicciones, como no ocurriría con la del escepticismo; autorizando y promoviendo a sectas de menor impacto, como contraprestación a una afinidad política que garantiza un insospechado crecimiento de las más audaces; e intentando, ante la consabida enfermedad, un discurso de la resurrección que las circunstancias puedan convenir como de relevo y encarnación. Por cierto, no es casual que el ministro Giordani hable de “transubstanciación”, en uno de sus libros,   dizque para explicar las políticas económicas que concibe convertido en un extraño tomista en el socialismo de novísima centuria.

Los católicos post-conconciliares adoptamos también diferentes posturas ante el régimen, e – incluso – feligrés asiduo a la Iglesia de San Francisco, debemos apuntar que,  las homilías de los jesuitas, por más simpatizantes o adversos que se digan del proceso, no están contaminadas por el mensaje de una específica militancia partidista.  Y, aunque de yerros se hace la trayectoria terrenal, la Conferencia Episcopal plantea sus denuncias y señala sus orientaciones con la prudencia que reclama la coyuntura.

La desesperación lleva a los altos personeros del Estado, según el hábito heredado, a espectacularizar sus urgencias políticas y, banalizando la muerte, como ha ocurrido con las 20 mil personas que dejaron el pellejo en las calles en 2012,  el constante seguimiento o monitoreo de la opinión pública, realizado a través de costosísimos estudios y abnegados analistas, dice legitimarlos para protagonizar cualquier evento religioso que los ayude a reforzar un imaginario social que les ha prodigado importantes y decisivos dividendos. Predominantemente católico, las modalidades son fáciles de adivinar para aprovecharse de un pueblo que vive en constante zozobra.


Ilustración: Robert Indiana, "Love" de 1967 (invertida). 

OTRO ES EL PLEONASMO

EL NACIONAL - Domingo 20 de Enero de 2013     Opinión/9
ATresManos
Miradas múltiples para el diálogo
Regreso del catolicismo reaccionario
RIGOBERTO LANZ



"Yo te acepto y te tomo: encarnación del mal,
 devastación del alma".
Henry Miller
(Trópico de Capricornio, p. 505)


En Venezuela se viene experimentando desde hace algún tiempo un oscuro proceso de incrustación religiosa a dos velocidades: una, la impronta de un catolicismo que arropa al Estado que ya se había liberado de este oscurantismo con el advenimiento de la Modernidad. Otra, el repoblamiento en los sectores populares de toda clase de sectas que van colonizando ­en sincretismos muy peculiares­ la subjetividad de amplios sectores de la población.
Me concentro ahora sólo en el ablandamiento del Estado laico que heredamos de la Modernidad, que sin dudas representa una de las aportaciones mayores en la lucha contra el oscurantismo católico que azotó al mundo durante tantos siglos.
El Estado laico representa un hito en la emancipación que encarnó la Modernidad. En todos lados este fue un proyecto frustrado, pero en el terreno de la separación de los aparatos religiosos y el espacio público del Estado, la Modernidad logró poner las cosas en su lugar: las prácticas religiosas son un asunto del mundo privado y el Estado está en la obligación de preservar escrupulosamente este principio de convivencia política.
¿Qué está pasando hoy en Venezuela? Hay una deriva que ignora esta regla de oro, todo se mezcla en una amalgama en la que parecen "normales" las incrustaciones discursivas en las instituciones del Estado, el funcionariado adopta las poses del catolicismo en todo evento y se trasmite la sensación de que la Iglesia y el Gobierno son una gran familia.
Allí hay una alta responsabilidad del jefe del Estado quien ha asumido que sus creencias religiosas forman parte de la gestión del Estado. Semejante extravío lleva a diversas aberraciones en el espacio escolar, en el campo comunicacional y en variadas esferas de la vida pública.
Con la enfermedad del señor Presidente estos desvaríos se han acentuado de forma escandalosa.
Se ha creado un clima clerical en el que la espiritualidad de la multitud es recuperada maliciosamente por un catolicismo reaccionario (disculpen el pleonasmo) que secuestra la multiplicidad de formas en la que puede expresarse la solidaridad y la afectación de tanta gente por la salud de Chávez. La presencia de rituales religiosos en todos los escenarios, las invocaciones del mismo género en cualquier actividad pública, este clima reverencial manejado por curas y la inocencia que envuelve todo este tinglado, hacen muy vulnerable la subjetividad de la gente que se postra ante la avalancha de puestas en escena en nombre del noble propósito de "pedir" por la salud del Presidente.
Por si no está claro, precisemos: la gente tiene todo el derecho de practicar la religión que le plazca (en su vida privada); nadie tiene por qué involucrase en las decisiones que cada quien toma en ese terreno.
En lo personal soy muy respetuoso de lo que la gente hace o deja de hacer en el campo religioso (sobre todo, si eso permanece estrictamente en el ámbito privado).
Pero cuando este submundo se convierte en discurso y práctica del Estado, se encienden las alarmas porque la categoría de Estado laico es una conquista históricamente muy valiosa sin la cual la violencia cultural se instaura y la noción de sociedad vuelve a la Edad Media.
El clima enrarecido en el mundillo político no deja mucho margen para un debate serio sobre las implicaciones de largo plazo de lo que vengo de plantear. No importa. Esta palabra está dirigida a toda ciudadana y ciudadano que no están imbuidos de credos religiosos, que no definen sus vidas a partir alguna iglesia y que son capaces de convivir con la gente de todos los dioses. A estas alturas tener que recordar que el Estado Moderno se define como "Estado laico" (con todas las implicaciones de esta definición) habla por sí mismo de los retrocesos que pueden incubarse en derivas a veces imperceptibles que se cruzan en el entramado de la sociedad.
Bienvenidas todas la religiones... a condición de que no crucen la acera del Estado.

Fotografía: http://zonatwive.wordpress.com/tag/hugo-chavez-frias/

domingo, 6 de enero de 2013

TÚNELES

EL NACIONAL - Domingo 06 de Enero de 2013     Opinión/6
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
Sociología del rumor
RIGOBERTO LANZ

"El problema ya no es adónde ir, sino cómo ir". Fernando Claudin: "¿Adónde va la Unión Soviética?", en revista Claves, Nº 3. Madrid, junio 1990 .
La estrategia del rumor existe y ha existido en todas las sociedades.
Opera en pequeños grupos, en medianas comunidades o en inmensas poblaciones. Con el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación, la escala y el impacto de esta modalidad de información cambia rápidamente. La base común para todas las modalidades de rumores es la dificultad para tener acceso a las informaciones fidedignas (sobre lo que sea). La distancia entre hechos e información sobre hechos es cada vez mayor, por tanto, el espacio del rumor es directamente proporcional a la dificultad de acceso a la información veraz, confiable, precisa. Ese vacío en los hechos y la información sobre los hechos se remedia con interpretaciones, conjeturas, imaginería, mitos, leyendas. El rumor es justamente el modo como se construyen imágenes, creencias, valoraciones alrededor de hechos cuya información es compleja, cargadas de conflictos e intereses. Este proceso tiene mucho de manipulación pero también se afinca en la dificultad objetiva de manejar o entender lo que realmente ocurre con determinadas experiencias (la enfermedad de Chávez, por ejemplo).
La sociología del rumor debe estudiar no sólo las fuentes de informaciones manipuladas sino el impacto colectivo que tiene la inducción de valoraciones, imágenes y percepciones alrededor de cualquier hecho y en cualquier escenario de la vida sociopolítica. Es probable que la vida privada esté más cruzada por los tejidos del rumor administrados como instrumentos de manipulación sobre personas. En la vida pública opera igualmente como un discurso subterráneo que califica o descalifica a las personas en función de intereses de grupos, sectores, partidos. Es un ámbito que puede ser manejado por profesionales del rumor, con técnicas avanzadas de construcción de imágenes hechas por equipos de expertos que se proponen construir o destruir imágenes de personalidades.
También funciona la estrategia del rumor de forma mucho más primaria en las relaciones cotidianas de la gente en sociedad.
Ello quiere decir que el rumor forma parte de un modo muy fuerte de comunicación entre poblaciones que no puede ser controlado con simples fórmulas burocráticas (¿Cómo se lucha contra un rumor?).
En el escenario político es muy vieja la experiencia de las técnicas de manipulación en las que el rumor cumple un papel primordial y a veces con completa ausencia de responsabilidad ética y de seriedad política, otras veces con elaboraciones sofisticadas que terminan en el mismo propósito.
La reciente experiencia de la enfermedad de Chávez muestra las variadas facetas del manejo de las estrategias del rumor. La diferencia con los rumores ordinarios e intrascendentes es que lo que se dice, como se dice y lo que se deja de decir entra en un circuito infernal de interpretaciones en el que nada puede ser discernido. Ello revela que en ciertos ámbitos alrededor de determinados hechos (como la enfermedad del Presidente) se disparan procesos de recepción muy sensibles y de alto impacto en los que no hay manera de ejercer controles ni de filtrar contenidos. De allí la enorme ambigüedad y confusión que hemos visto en este tiempo en el que la cuestión de la enfermedad del Presidente ha sido manejada por todos los operadores de una forma impropia, errática y confusa. Como lo he indicado en otra ocasión, no me estoy refiriendo a la necedad de "decir la verdad", sino a la obligación ­ética y política­ de un manejo idóneo, oportuno, creíble y honesto de un asunto tan delicado como la enfermedad del Presidente. Eso falló desde el comienzo, por eso ha sido tan difícil enderezar las cargas en el camino. En este punto reitero la postura que mucha gente honesta ha estado sosteniendo en el campo revolucionario: aunque se ha perdido mucho tiempo, tal vez no sea tarde para restablecer un sistema de información en el que la vocería del Gobierno funcione con criterios apropiados en el manejo de este asunto.
Nada es más importante que la salud del Presidente, mientras tanto sería demasiado útil que la información en torno a este asunto sea adecuadamente manejada.

Breve nota LB: Creemos fallido el artículo. Habla en sí del rumor, pues una sociología está pendiente. La fabricación no sólo sugiere la natural aparición del rumor, voluntario e involuntario, y la posibilidad de constatar verdades, sino la organización de una maquinaria capaz de echarlo a andar y hacerlo políticamente rentable. Y si de compararlo se trata, se queda corto respecto al superestado manufacturador de rumores  y emprendedor de la guerra psicológica, tan militarista él, y quienes tratan de resistirlo....¿Puede hablarse de túneles exitosos y fracasados del rumor?

domingo, 9 de diciembre de 2012

NECROPOLÍTICA


EL NACIONAL - Domingo 09 de Diciembre de 2012     Opinión/10
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
La salud de Chávez
RIGOBERTO LANZ

"Lo que caracteriza una época, antes
que cualquier otra cosa, es
la gestión del cuerpo".
Michel Maffesoli
(La transfiguración de lo político, p.187)

Siguen los misterios con la enfermedad del Presidente, ¿por qué? Porque desde el comienzo se escogió el camino de la opacidad; queriendo evitar el uso politiquero de un asunto tan natural como padecer dolencias, se logra un efecto contrario que es estimular el chismorreo, la psicología necrofílica que está en pequeños grupos de la derecha histérica. Están instalados unos criterios para el manejo de estos asuntos que son erráticos, y ya transcurrió suficiente tiempo para enderezar los tiros y recolocar las cosas.
Hay varios caminos cerrados que sólo producen ruidos y confusiones. Uno de ellos es apelar a la "privacidad del Presidente". Hay que decirlo sin tapujos: un Presidente no tiene ­de hecho­ ninguna posibilidad de tener secretos aunque tenga todos los derechos formales de poseerlos.
Resguardar la "privacidad" de un presidente es tarea imposible; pero invocar tal "privacidad" para tratar un tema tan delicado como su salud es un camino equivocado. Se paga un precio político inútil. Hay otras esferas de su intimidad que pueden correr mejor suerte, pero garantías para ello no existen.
Otro camino cerrado es el del superhéroe que es infalible a esas tonterías de estar enfermándose. Por esa vía se genera un imaginario completamente erróneo que obliga a fabricar fantasías y leyendas de invulnerabilidad que luego se revierten de un modo perverso (hace algún tiempo me ocupé de este aspecto del problema). Como no es ya posible un completo ocultamiento de este tema, entonces prosperan los simulacros y las versiones que no cumplen el papel primordial de informar para desmontar las manipulaciones necrofílicas de determinados opositores. Hacer como si nada ocurre es un poco idiota; hacer un montaje para minimizar esos problemas sigue estando en la misma línea.
Lo que el Presidente hace con su enfermedad no es la discusión, cómo se maneja esa información frente a los ciudadanos es lo que está en cuestión.
Nadie tiene interés en estar opinando sobre su tratamiento o curucuteando sobre los detalles de su convalecencia, esos morbos mediáticos se los dejamos a las inframinorías que viven de estas miserias. Estas observaciones van en otra dirección: devolver la normalidad a un hecho que no tiene nada de misterioso: la gente, incluidos los presidentes, se enferman, se curan, se agravan, se mejoran, se mueren, se sanan. ¿Cuál es el misterio? Como lo he sostenido en otras oportunidades, lo más importante en este asunto es que el Presidente cuide de su salud, nada es más prioritario. Mientras tanto, es también muy importante que este episodio recurrente sea manejado con sobriedad, sin fabricar escenarios para mostrar a un Chávez superpoderoso que es incólume a esas bagatelas de enfermarse. Ese camino es enteramente equivocado.
Los temores a las manipulaciones de los adversarios son naturales, pero sin exageraciones. Estar pendiente del basurero mediático para actuar es francamente ocioso. Fabricar versiones para pintar panoramas risueños es errático. Ya sabemos que la "verdad" no existe (es siempre una negociación de poder).
Pero de allí no se sigue que se pueda hacer o decir cualquier cosa en asuntos que involucran tan de cerca la figura de la máxima autoridad del país.
Nunca será demasiado tarde para poner estas cosas en su lugar, para retomar la sobriedad y la transparencia en la información, para tratar este tema con la naturalidad de suponer que el Presidente se enferma.
No sólo hay una gran mayoría de ciudadanos que esperan con ansiedad noticias sobre la salud del Presidente, sino que todo ese asunto empastela el desempeño completo del Estado, del Gobierno y enrarece ambientes.
Insisto: lo prioritario es que Chávez cuide su salud. En el tránsito sería igualmente importante que la información sobre este asunto fluya con naturalidad, sin misterios, con una franca voluntad de enterar a la gente.
El reto del Presidente es salir adelante y hacer creíble lo que dice sobre su salud.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

ANTIMAJADERÍA (3)

El Nacional - Viernes 28 de Enero de 2005     A/9
¿Qué es eso de “cultura”?
Rigoberto Lanz

La pregunta no es majadera. Aunque cueste admitirlo a estas alturas, ocurre que estamos todavía enredados en antiguas creencias sobre la vida simbólica de los pueblos. No sería tan grave esta circunstancia si se tratara sólo de opiniones privadas de la gente, sin consecuencias en la vida pública. Pero cuando las creencias y opiniones son la base para la toma de decisiones, entonces entramos en zona de peligro. Es eso exactamente lo que está ocurriendo en la Unesco con el importantísimo asunto de lograr la firma de una Convención sobre la Protección de la Diversidad Cultural. Se trata en efecto de proteger la diversidad cultural gravemente amenazada en todo el mundo por las perversiones del mercado.
Hasta allí hay un amplísimo consenso a escala planetaria (sólo perturbado por murmullos aislados de sectores intelectuales ultraconservadores). Pero pasado ese umbral aparecen rápidamente las dificultades. Uno de esos bloqueos es precisamente la idea de “cultura” que está detrás de las distintas apreciaciones vertidas en el texto de la convención que hoy se discute en la Unesco.
¿Cuál es el rollo?
La cuestión central es abrir —complejizar— el concepto de cultura de modo tal de poder recuperar un espectro amplio de prácticas simbólicas en las que se destacan vitalmente: los saberes populares alternativos, los patrimonios tecno-científicos y la dimensión de la Educación Superior. Es obvio que para la gestión de estos espacios la Unesco cuenta con organismos especializados en cada uno de ellos. Pero sería un dispendio injustificado de recursos, tiempo y esfuerzos pretender que cada área particular emprenda por cuenta propia el tortuoso camino de firmar una convención para la protección de su diversidad.
La posición del Estado venezolano en el seno de la Unesco ha sido clara: este es el momento oportuno para explicitar en el texto de la convención que está en curso un posicionamiento sobre la cuestión cardinal de considerar la Educación Superior, los saberes populares alternativos y los patrimonios científico-técnicos como entidades culturales que han de ser expresamente cubiertas por las políticas y medidas internacionales de protección.
Para adoptar la posición del país en esta delicada materia el Observatorio Internacional de Reforma Universitaria (ORUS) conjuntamente con los ministerios a los que concierne esta responsabilidad, y en particular, en estrecha concertación con la Delegación Permanente de Venezuela ante la Unesco, ha procedido desde hace ya un año ha sistematizar una consulta nacional a través de sucesivas reuniones de expertos donde se han podido recoger diversas aportaciones que en definitiva han permitido enriquecer una política de Estado en esta materia.
Más de 500 delegados-expertos de todos los países del mundo se han dado cita para abordar esta compleja y decisiva materia (lo harán de nuevo en los próximos días para dar continuidad al debate y perfilar un texto que espera aprobarse definitivamente en octubre de 2005). El texto revisado del que hoy disponemos tiene el mérito de recoger la impresionante variedad que proviene de todos los países del globo.
Pero sigue prisionero de una visión de la “cultura” que la antropología académica hace tiempo superó; que las prácticas culturales de los pueblos hace rato dejaron atrás; que los debates teóricos de la agenda posmoderna pulverizó hace varias décadas. Sería una verdadera pena que un instrumento jurídico de esta envergadura, políticamente avanzado en el mapa de la mundialización, resulte amarrado por anacronismos conceptuales que provienen más del atraso intelectual que de los intereses en juego (que también los hay, como ha de suponerse).
Este debate es un buen ejemplo de cómo “las palabras no son neutras”. Cuánto en verdad pesan las tradiciones, las creencias, los prejuicios, los paradigmas en la acepción del amigo Edgar Morin, es decir, el conjunto de presupuestos a partir de los cuales pensamos lo que pensamos.
Es justamente merced a las mentalidades en escena que se escoge éste o aquel camino. Es gracias a lo que tenían en mente los expertos que redactaron el primer borrador de esta convención que aparece o no aparece el contenido que Venezuela está reclamando con justeza.
Hay un choque de intereses que puede bloquear cualquier avance en esta materia. Eso no es sólo comprensible sino que se inscribe en la lógica de una negociación que debe ser dialogada con toda la comunidad internacional, sin excepción. Eso habla de suyo de la enormidad de la tarea que viene cumpliéndose desde que el Estado francés planteó en el año 2003 el camino de un acuerdo mundial para proteger la diversidad cultural (de cara a las pretensiones de la OMC de considerar “mercancía” a toda la producción cultual y con ello decretar un nuevo culturicidio planetario).
Hay margen todavía para que la discusión se enriquezca con la multiplicidad de voces que deben ser recuperadas en un debate democrático. En los próximos meses deben multiplicarse los encuentros intelectuales donde la diversidad del país pueda expresarse y las sensibilidades matizadas puedan ser recogidas apropiadamente. Entendiendo que la discusión tiene un destinatario preciso en esta coyuntura: la convención de Unesco. Sabemos que los problemas en debate son permanentes y no se clausuran con la firma de esta convención. De allí la importancia de poder habilitar espacios de encuentro donde converjan las más variadas expresiones del hecho cultural, en la seguridad de poder traducir genuinamente el parecer de toda la nación.

Ilustración: Manuel Pérez.

jueves, 23 de agosto de 2012

BIZARROS

EL NACIONAL - Jueves 23 de Agosto de 2012     Opinión/9
A primera vista
Debates socialistas
JUAN BARRETO

Por fortuna se ha iniciado un debate sobre cuál socialismo.
Creo que dicho debate no puede ser llevado a cabo despachando y descalificando como pequeño burgués o estalinista, de una vez, una u otra postura ideológica. Revisar la naturaleza de los procesos que hasta hoy se han reclamado del pensamiento socialista es una necesidad. Interrogarse sobre la burocratización y el fracaso del Bloque del Este es también acercarse a los aciertos de experiencias exitosas y alternativas. Es el deber del debate para que éste sea fructífero y sincero.
No puede darse debate haciendo abstracción de la forma de Estado que tenemos y lo que queremos construir; de las relaciones de clase en lo concreto; de la naturaleza de los bloques en pugna y, por supuesto, sobre las formas de organización que practicamos.
Algunas preguntas: ¿Hay acaso una fórmula del socialismo? ¿La planificación centralizada es antagónica a la autogestión y al control directo de los obreros y las comunidades? ¿Hasta dónde se centraliza y qué se centraliza? ¿Qué se centraliza, la planificación o el control? ¿Qué hacer con las relaciones de mando y control, con las jerarquías y la burocracia al interior del proceso productivo? ¿Qué hacer con el conocimiento y la toma de decisiones? ¿Se puede hablar de modo de producción sin hablar de relaciones sociales de producción? ¿Si la producción es centralizada y el Estado propietario, se garantiza que las relaciones sociales y el modo sean socialistas? ¿Si, por el contrario, la propiedad es comunal, acaso hay una desviación y una perversión? ¿Si la propiedad no es directamente estadal, ya la planificación no puede ser centralizada y la producción controlada? ¿No hay posibilidad de mixturas o de experimentos múltiples en los que proliferen experienciarios de nueva acción; en los que se promuevan distintas formas de propiedad, y de allí un modo de producción social alternativo al capital, con participación directa e indirecta de los productores inmediatos? ¿Desde dónde se construye el Estado? ¿Y la relación del trabajador con lo que se produce, con la división técnica y social del trabajo, con el tiempo de la producción y con la máquina? ¿Qué se produce, cuáles necesidades y de qué modo se distribuye? ¿Y el mercado, y el capital, y su retorno, y sus formas de acumulación? ¿Y el valor de uso y el valor de cambio, y su relación con la producción y el productor? ¿Los obreros qué son, propietarios del Estado, asalariados del Estado al servicio de la producción social; obreros propietarios sin relación con el Estado; de abajo hacia arriba solamente; de arriba hacia abajo nada más? En la era de las multitudes, o sea, en el arco de tiempo en el que predominan las llamadas nuevas tecnologías de la información y la comunicación, y en donde la producción llamada inmaterial supera al momento del capitalismo de primera generación; es decir, a la era de la producción fordista y tailorista, del obrero masa y del obrero técnico, directamente vinculado a la cadena operativa, ¿se puede seguir hablando en los mismos términos de la III Internacional, como si no ha pasado nada? ¿Qué pasa sobre la abolición del valor de uso a favor del valor de cambio? ¿Y el tránsito hacia la sociedad de la comunicación y el giro estratégico del Estado burgués, de un Estado coercitivo a un Estado del control? ¿Hay algún síntoma del metabolismo del capital que valga la pena tomar en cuenta a la hora de discutir las nuevas formas y relaciones sociales que se tejen desde la producción inmaterial; dirigidas al control productivo del ocio y el tiempo libre? ¿Omitimos alguna de estas preguntas o más bien buscamos nuevas interrogantes que resolver? ¿Estamos preparados para el debate o perdemos el tiempo en prejuicios y descalificaciones?


Nota LB:

Paradójicamente, un diario de oposición ha ofrecido espacio a mejores planteamientos que aquéllos golosamente brindados por los diarios gubernamentales en relación al proyecto en curso. De nuevo, hay una interrupción de los aportes organizados y administrados por Rigoberto Lanz para El Nacional, Caracas, aspirando a una perspectiva de las ciencias sociales inexistente o, acaso, sobrevivientes en la prensa del IVA (la que pagamos todos). De variada calidad, el  espacio ha sido superior permitiéndonos descubrir algunos planteamientos y expositores que tienen dificultad para orbitar en la del IVA de definitiva vocación panfletaria, con muy contadas excepciones. Ahora, sobrevive Barreto. Digamos de un socialismo bizarro que, por muchas capas de pintura académica, plasmó muy bien en su gestión parlamentaria y municipal ya consabida. Versión que, como siempre,  simula un debate. Y éste, mal que bien, se dió en el periódico con Lanz así no tuviese la importacia política que la ampliación le hubiese concedido.

domingo, 12 de agosto de 2012

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Víctor Cedeño Jiménez. "Crónica especial: Bolívar, seguidor de Jesús". La Religión, Caracas, 17 de Julio de 1990.
- Mario Szichman. "Los libros expurgados". Últimas Noticias, Caracas, 06/02/83. Suplemento Cultural.
- Manuel Pérez Vila. "Pulso en la historia: El defensor de Piar". El Nacional, Caracas, 20/05/80.
- Eduardo Gallegos Mancera. "¿Cómo concebirla? La Revolución Francesa en sus 200 años". Tribuna Popular, Caracas, 27/01/89.
- Rigoberto Lanz. "Un nuevo discurso político". Últimas Noticias, 27/12/85.

Fotografía: (S/a) Luis Herrera Campíns. Resumen, Caracas, nr. 245 del 16/07/78

jueves, 14 de junio de 2012

MEMO

EL NACIONAL - Jueves 14 de Junio de 2012     Opinión/8
ATresManos
Aponte Aponte y la inmoralidad
Miradas múltiples para el diálogo
EMIRO ROTUNDO PAÚL*

¿ Por qué las instituciones jurídicas, políticas y legislativas de un Estado que se proclama democrático y que fundamenta su patrimonio moral y sus valores de libertad, igualdad, justicia y paz en la Constitución bolivariana de 1999 (artículo 1º) se niega obstinadamente a investigar las imputaciones que en calidad de confesión, más que de denuncia, ha hecho públicamente un ex fiscal militar y ex magistrado del máximo tribunal de la nación que ponen en tela de juicio la moralidad, la legalidad y la legitimidad del Gobierno, del Tribunal Supremo de Justicia, de la Fiscalía General de la nación, de la Contraloría General de la República y del Alto Mando de la Fuerza Armada Nacional? El Gobierno y los otros órganos del poder público no han refutado en forma convincente las acusaciones del ex magistrado, no han demostrado la falsedad de sus imputaciones, ni han desvirtuado con razones y pruebas contundentes el contenido acusador de su dramático mea culpa. Se han limitado a infamarlo y a descalificarlo, lo han tildado de pillo, traidor y vendido. Pero tales adjetivos no invalidan ni debilitan en nada las graves implicaciones que en relación con el desempeño de la función pública se derivan del testimonio de quien fuera por muchos años un fiel camarada y un decidido compañero de ruta.

Más bien, creo, las reafirman.

Porque, véase bien: ¿quién, sino un pillo, puede cometer felonías en cumplimiento de un papel compartido con otros funcionarios con anuencia de la jerarquía superior? ¿Quién, sino un traidor, puede exponer con tanto detalle los hechos dolosos cometidos en función de un fin político que contraviene el espíritu de la Constitución? ¿Quién, sino un vendido, puede cambiar o vender la información valiosa que posee en relación con esos hechos para salvar sus posesiones, su libertad y su vida? El Estado bolivariano no puede investigar ni éste, ni ninguno de los otros casos denunciados con anterioridad (los muertos del 11 de abril de 2002 y la renuncia del Presidente, Antonini Wilson y la maleta con los 800.000 dólares para la campaña presidencial de Cristina Kirchner, Geovanny Vásquez y el asesinato del fiscal Danilo Anderson, Walid Makled y las acusaciones de narcotráfico por parte de la cúpula militar, etc.) La razón es clara: una investigación imparcial de cualquiera de estos casos arrojaría un resultado devastador para el Gobierno. Pondría de manifiesto, sin ningún atenuante, el verdadero carácter del régimen: su implícita inmoralidad, su radical inconsistencia entre los valores que se proclaman y las acciones que se realizan, es suma, su consustancial falsedad.

La ideología del equipo gobernante conduce, sin remedio, al país por esos derroteros.

La corrupción, el populismo, el clientelismo, la manipulación de las conciencias, la utilización de los recursos del Estado para comprar fidelidades y votos, el irrespeto a la Constitución y las leyes, el atropello, la persecución, el engaño, la mentira, el acoso, la ofensa y otros vicios, eran males que se denunciaban y se combatían con ardor cuando se cometían (en grado mucho menor) en la llamada cuarta república, pero ahora, en la república bolivariana, esas prácticas son válidas porque tienden a un fin superior: la instauración del socialismo.

Si la historia reciente del mundo no estuviera plagada de casos similares que han fracasado estruendosamente, dando paso a sistemas renovados de justicia, libertad y moralidad, tendríamos serios motivos para sentirnos acongojados, pero la experiencia nos dice que no hay razón para ello, que más temprano que tarde las cosas cambiarán, y no para regresar al pasado, sino para escalar un nuevo escalón del progreso, de la justicia, de la paz y la tranquilidad. Que así sea.

*UCV Estimado amigo: La cultura de la corrupción está instalada muy hondo en los cromosomas de la sociedad.

Se parece mucho a la violencia delincuencial: una cosa es el manejo policial-judicial del asunto y otra mucho más apretada es superar las raíces psicosociológicas de la delincuencia crapulosa. Los bochornos a los que te refieres indican la magnitud de la tarea que está por delante.

R. Lanz

domingo, 3 de junio de 2012

TENTATIVA DE ... (AUTO) EXPLICACIÓN

EL NACIONAL - Domingo 03 de Junio de 2012     Opinión/9
ATresManos
Miradas múltiples para el diálogo
La izquierda de Pepe Mujica
RIGOBERTO LANZ

"Los riesgos subsiguientes a la erosión del contrato social 
son demasiado graves para permanecer cruzados de brazos".
Boaventura de Sousa Santos: La caída del angelus novus, p. 290


Don Pepe Mujica es un verdadero personaje en el paisaje político de América Latina. Sencillo, de una modestia que no es fingida, habla siempre desde el talante de la sabiduría. Si usted no le conoce ni sabe nada de Uruguay, no importa: se nota a leguas que no es Presidente de China, de la India, de Australia o de Brasil. Es obvio que le sobrecogen esas dimensiones, del mismo modo que se espanta de las grandilocuencias discursivas que exaltan con tanta ligereza palabrotas como "revolución" o "socialismo".
Don Pepe prefiere su "Canchunchú florido" que los oropeles de palacio (como a nuestro Luis Mariano Rivera allá en Carúpano; la última vez que nos deleitamos allí --luego de un intenso seminario sobre M.
Foucault-- hicimos un simpático careo bajo la dirección del amigo Eddy Córdova, con la guitarra de Wicho, yo rasguñando el cuatro y la amiga Magaldy Téllez con su delicada voz; según la votación popular parece que "ganamos", sobre todo con la generosa opinión de don Mariano).
Conociendo el modo salvaje como vivió don Pepe Mujica su experiencia política en el Uruguay de los gorilas, resulta conmovedora su generosidad, su picardía, su profundo anclaje en la realidad que conoce como al vecindario.
De allí nace tal vez ese rudo realismo político que le ahorra toda tentativa de inflar retóricamente lo que modestamente puede hacerse, lo que en verdad es viable. Sabe don Pepe Mujica que la frágil correlación de fuerzas con la que cuentan las izquierda de Latinoamérica no da para mucho; sabe por ello mismo que todas las experiencias de avanzada que hoy se viven en la región no van más allá del límite de un capitalismo de Estado (más distributivo, tal vez; otros más sociales, otros más nacionalistas, etc.). Sabe don Pepe que el estatismo puede ser tan nefasto como la falta de Estado, que el paternalismo burocrático ha sido históricamente un freno para el verdadero protagonismo del pueblo erigido como auténtico poder popular.
De allí sus reservas respecto a encandilamientos ideológicos que deberían confrontarse con la tarea primera de todo proceso de cambio: viabilizar, crear condiciones de gobernanza, hacer lo que es posible hacer y hacerlo bien.
Hay un curioso parecido de don Pepe Mujica con el estilo de austeridad retórica de Hollande en Francia. Son pieles políticas a contrapelo del sifrinismo mediático, de toda exaltación propagandística, de cualquier héroe salvador de la patria. Esa brutal conexión a tierra --hecha desde una inequívoca posición de izquierda-- parece que genera un efecto empático para millones de ciudadanos y ciudadanas hastiadas del formato idiotizante de agencias publicitarias que construyen y manipulan mercados electorales en el mismo registro de cualquier otra mercancía.
La izquierda de don Pepe Mujica no es en absoluto un pragmatismo resignado que no se atreve a ir más lejos. Al contrario, es la medida de lo posible en condiciones siempre hostiles, el cálculo que le permite saber dónde, cuándo y hasta dónde se puede estirar la cuerda. Sabiendo que llegar a un gobierno por elecciones no tiene nada que ver con "tomar el poder" (justamente lo que ocurre en muchos países de la región cuyos mejores logros quedan encerrados en los marcos del capitalismo de Estado, no porque los dirigente sean "cobardes" o "traidores a la revolución").
Don Pepe lo ha expresado de un modo elocuente: "Yo admiro el socialismo del siglo XXI pero sé que después del mejor esfuerzo no habrá ningún socialismo". Lo que está detrás de este planteamiento pesa una tonelada. No tiene por qué pelearse con sus aliados, celebra que su colega Cristina nacionalice su petróleo, que Correa enfrente a la canalla mediática, que Evo siga avanzando y así por el estilo.
No digo que la izquierda de don Pepe sea la que yo propugno, digo sí que es un portento de sabiduría y honestidad a las que sumo estas palabras de reconocimiento.

sábado, 5 de mayo de 2012

O COMO VAYA VINIENDO ...

EL NACIONAL - Domingo 22 de Abril de 2012     Opinión/9
ATres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
Caminante, sí hay camino
RIGOBERTO LANZ  
"De lo que no se puede hablar, mejor es callarse".
Ludwig Wittgenstein: Tractatus Logico-Philosophicus, p. 203

La imagen poética de Machado ("Caminante, no hay camino...") tiene la fuerza creadora de la voluntad, la apuesta por la invención y el desafío a lo establecido. Desde luego es una evocación poética y no una instrucción de autoayuda.

Por ello hay que devolver la película y situar bien los términos del problema: ¿cuál es el papel de las ideas en el direccionamiento de la vida de la gente? ¿Los criterios de realidad dominantes son acaso "neutros" respecto a lo que hacen y dejan de hacer las personas? En la antípoda, el imaginario judeocristiano de un "destino" en el que el guión de la vida ya está escrito, funciona comúnmente como un referente para dar sentido a tantos sobresaltos que nos depara la existencia.

Pero sigue abierta la cuestión de valorar hasta dónde el curso largo de una experiencia vital está fuertemente impactado por ideales, por visiones del mundo, por mentalidades, por maneras de concebir la propia realidad.

No se trata, por supuesto, del mecanicismo causalista de querer explicar cada detalle de la experiencia individual por la pertenencia a una clase social, a una religión o a una cultura.

Esos contextos no pueden colocarse como "causa" del bienestar espiritual de una persona o de su bancarrota económica, por ejemplo. Pero tampoco se pueden ignorar, como si la vida misma fuera una fatalidad que transcurre en cualquier tiempo o lugar comandada secretamente por fuerzas misteriosas. Lo que hay en verdad es una complejísima combinación de los azares de la cotidianidad (una infinita bifurcación de posibilidades) con ejes estructuradores de la experiencia que funcionan como el límite de esas posibilidades (nadie decide caprichosamente amanecer un día millonario, al día siguiente miserable, y así sucesivamente).

Variando muchísimo de una persona a otra, incluso en el seno de una misma sociedad, parece claro que el "paquete" cognitivo-ético-estético con el que cada quien está equipado influye poderosamente en las orientaciones gruesas de los trayectos existenciales, en la dirección que toman los modos de vida, en las elecciones que no están gobernadas por "fuerzas mayores" o por las carambolas de la cochina realidad.

Hay horizontes valóricos que marcan --a veces brutalmente-- lo que son las personas, lo que resume sus prácticas y discursos, lo que perfila una cierta ruta existencial (siempre vivida irreductiblemente como mismidad intransferible). Es justamente a esos marcos normativos a los que se refiere este acento en los límites que tiene el despliegue de la voluntad.

"El que quiere, puede". Sí, pero no. Este dicho popular pone el énfasis en la fuerza de la voluntad, en la pujanza y el espíritu altanero. Pero no se lo crea tan literalmente (sobremanera, porque puede llevarse grandes decepciones).

Nadie inventa desde cero su ruta existencial. Nadie "escoge" libremente un modo de vida. Al lado de los condicionantes sociológicos estructurales que coloca un techo a las aspiraciones individuales, tenemos también una pesada carga cultural de la que no es tan fácil desprenderse. Los individuos terminan moldeados en gran parte de lo que creen que son, de lo que creen que "eligen", de lo que creen que hablan (los individuos no hablan, son "hablados", decía Michel Foucault).

De allí, entonces, el estrecho margen que va quedando para que la voluntad individual se abra camino con un mínimo de autenticidad. La extrema relativización de lo bueno, lo bello y lo verdadero (posmodernidad mediante) hace mucho más escabroso el ejercicio de despejar lo que quiero y lo que puedo.

Las prácticas no son ciegas, lo que la gente hace y deja de hacer está demasiado preñado de predeterminaciones que él mismo no maneja (ni conoce).

No hay ninguna fatalidad que me condene a priori. Pero tampoco tengo un universo ilimitado para hacer "lo que me dé la gana". Ya sería bastante con una modesta brújula que le ayude a discernir cuál es el norte cuando usted quiere ir al sur. Mejor si lo puede compartir placenteramente con un montón de gente que la pasa bien.

Tal vez no sean "caminos", sino rumbos.


Fotografía: Vanessa Díaz (Facebook)

jueves, 3 de mayo de 2012

RIQUÌSIMO NEOBARROCO POSTMODERNO..., ¿DIJO?

EL NACIONAL - Jueves 03 de Mayo de 2012     Opinión/8
ATresManos
Miradas múltiples para el diálogo
La izquierda venezolana
BENJAMÍN E. MARTÍNEZ

"Florecemos en un abismo".
Rafael Cadenas, Homenaje

Como sujeto interesado en la cultura del venezolano, muchas de las interpretaciones que realizan desde hace algunos años investigadores interesados en comprender la política desde nuestra realidad me han dejado un sabor agrio en el corazón, pues, desde mi punto de vista, no posibilitan un genuino encuentro con el nosotros plural que somos, importando percepciones ibéricas unas, sajonas otras, se diluyen en una acomodación prístina en modelos inoperantes, sin hablar de aquellos que pretenden justificar una entelequia en función del análisis semiótico como panacea de la actual crisis planetaria, quizás después de todo, no sea precisamente la transformación en función del prójimo lo que desean.

Símbolos y signos pensados, reconfigurados bajo la vigencia de una posible orientación crítica de lo vivido, nos invitan a una sacudida de lo que pretendemos ser, que puede o no condicionarnos como sujetos ajenos a cualquier pretendida vinculación a estadios culturales importados, catalogándonos distantes de un pretendido modelo de civilización.

El proceso histórico venezolano nos invita a vivir la pluralidad evocada y sentida desde nuestra cotidianidad ante aquellos principios de vida que, al ser ajenos a lo nuestro, se pretenden legitimar desde la academia, incluso, desde esa academia que dice surgir desde las necesidades del pueblo, cuyos fundamentos no sólo aparecen obsoletos y poco funcionales, sino que lamentablemente reproducen modos de vida alienantes.

La estructuración burocrática de nuestra propia cultura en los diversos espacios en que la producimos y reproducimos, ajena, incluso, a cualquier praxis nacida desde una reflexividad crítica, debe ser cuestionada en función de una posibilidad de combate, desde otras lógicas necesariamente anticapitalistas, pues nuestro ethos en la mayoría de los casos se presenta imprescindiblemente materialista.

Nuestro proceso cultural, por cierto, muy rico, se encuentra forzadamente oculto en diversos escenarios, con lo cual la política desaprovecha intencionalmente las figuraciones de una genuina realización. La potencialidad de la compleja izquierda venezolana como principio interpretativo de una praxis necesaria, actualmente fluctúa entre una tradición de resistencia y un moldeamiento a los intereses personales que, si bien siempre han existido, hoy se enfrentan a la imposibilidad de su continuidad.

La izquierda venezolana se encuentra culturalmente en una encrucijada: o reafirma su lealtad a lo diverso de su composición o sigue manteniendo el striptease ante el imperialismo. El actual sujeto cultural venezolano posee su propia potencialidad para hacerse a sí mismo, más allá de lo que nuestros hábitos parecen suponer, aprovechemos la circunstancia.

Sirvan estas líneas para, junto con muchos otros compañeros de lucha, reafirmar la voluntad de transitar nuestra humanidad con la convicción de quien reafirma lo que es en un momento inevitable como hoy.

"Y viene la lluvia iluminada por fogones celestes, y el arcoíris convierte la tarde en la puerta de los siglos".

Vicente Gerbasi, Tiempo de cosecha Amigo: Siempre con especial atención a las bien intencionadas invocaciones de lo "nuestro" y ese recurrente rechazo de lo "ajeno". Sospecho que allí se agazapa más de un problema.

¿Quiénes somos "nosotros"? Me resulta siempre dudoso este tipo de posicionamiento: al final, los contenidos (de los enfoque, de las miradas) quedan sumergidas en la etiqueta de que no es "nuestro". Yo sugiero remitirse a los contenidos (poco importa si son "nuestros" o "ajenos"). Hay contenidos sustantivos inapelables en distintas esferas; especialmente en el terreno del pensamiento político, donde lo "nuestro" es francamente precario. Una nueva izquierda tiene como tarea primera comprender el tiempo que vivimos, adentrarse en nuestro riquísimo neobarroco posmoderno y aportar lo que brota de nuestra experiencia histórica singular.

R. Lanz

jueves, 19 de abril de 2012

TACHADURA DE FALSEDAD


EL NACIONAL - Jueves 19 de Abril de 2012 Opinión/6
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
El falso concepto de plusvalía marxista
EMIRO ROTUNDO P.*

¿Por qué volver sobre un tema tan trillado? Porque es menester. La teoría del valor-trabajo, de la plusvalía y de la explotación del trabajo es la columna vertebral del pensamiento marxista en relación con el capitalismo, y aunque la falsedad de esos conceptos ha sido demostrada en la teoría y en la praxis, aún perviven en la mente y en las acciones de personas que, por esas circunstancias absurdas de la historia, hoy deciden, en buena parte, el destino del país. Estas notas no tendrán ninguna influencia sobre los acontecimientos, pero son una manifestación de desagrado, de rebeldía y de rechazo de lo que se nos quiere imponer.

Para Marx el valor de las mercancías está dado por el valor del trabajo acumulado en su producción. En esta aseveración se considera trabajo únicamente el que realiza el trabajador u obrero. Luego, si se produce una ganancia a favor del industrial o capitalista, la misma no puede ser otra cosa que una apropiación indebida.

En la Antigüedad y en la Edad Media la producción social descansaba en la esclavitud y la servidumbre. Existía la producción artesanal para el mercado, pero era limitada y no cubría las necesidades de toda la población. En ella estaban presentes todos los elementos del sistema capitalista: mercado, mercancías, talleres, moneda, salario, capital, interés, ahorro, ganancia, etc. Y ello es así desde épocas muy remotas.

El capitalismo no nace con la Revolución Industrial. Es tan antiguo como la humanidad.

En la esclavitud y en la servidumbre había una apropiación directa de todo o de parte del trabajo realizado por el esclavo y por el siervo. ¿Por qué? Porque entre el trabajo realizado por uno y otro y el beneficio recibido por el amo y el señor feudal no mediaba nada. Con la Revolución Industrial la cosa cambia.

Por primera vez en la historia se hace posible producir bienes de consumo en forma masiva, con posibilidades de mejorar el nivel de vida de la población en general. Marx, que vivió la etapa inicial de la industrialización, caracterizada por la explotación sin límites del obrero, estigmatizó la ganancia del empresario al equipararla erróneamente con las antiguas apropiaciones del amo y del señor feudal.

Marx y sus seguidores no entendieron que la ganancia industrial (a la que llamó plusvalía) era de naturaleza diferente a las viejas apropiaciones. En el proceso industrial, la producción es la suma del esfuerzo humano y del trabajo realizado por las máquinas y se puede alegar que la ganancia del industrial no se basa en la fuerza del trabajo humano, sino en el valor agregado aportado por las máquinas que son de su propiedad. No hay, por tanto, apropiación del trabajo ajeno. Tampoco es cierto que el industrial expropió los medios de producción de los artesanos. Las herramientas del trabajo manual quedaron obsoletas cuando se desarrollaron las máquinas.

La ganancia o plusvalía no es sólo el beneficio capitalista. Es el objeto y el motor del sistema industrial. Sin ella, el sistema no existiría. Ella permite: a) el mantenimiento de la planta industrial, b) la constante expansión e innovación de la misma, c) la capitalización, d) la reinversión constante de esa acumulación y d) el financiamiento del gasto público mediante el pago de los impuestos.

Cuando en la URSS se estatizó el capital, la plusvalía no desapareció, sino que se camufló. De conformidad con la lógica marxista, la explotación del obrero continuaba. La contradicción se zanjaba diciendo que, como el nuevo Estado era de los obreros y de los campesinos, no de la burguesía, no había explotación, porque la clase obrera no se podía explotar a sí misma. ¿Qué tal? La plusvalía en manos de los empresarios es mucho más productiva que en manos del Estado. Y la razón es simple: el interés privado no puede ser eliminado sin anular al individuo y sin producir grandes estragos sociales, como ha sucedido con los Estados totalitarios que han intentado la formación del hombre nuevo.

El resultado ha sido una sociedad anquilosada, sumergida en una gris medianía, donde nada nuevo surge y la capacidad creadora del hombre naufraga en medio de una generalizada abulia.

*Universidad Central de Venezuela

Ilustración: Andy Warhol, "Martillo y hoz" (1976)

domingo, 15 de abril de 2012

UNA VERSIÓN DE LA DERECHA


EL NACIONAL - Domingo 15 de Abril de 2012 Opinión/8
ATres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
No a la derecha histérica
RIGOBERTO LANZ

"El ser humano no es capaz de eliminar
la muerte, pero sí es perfectamente
capaz de evitar la matanza recíproca".
Norbert Elías: Humana conditio, p. 88

Mientras usted lee este artículo relajadamente, en algún lugar --generalmente oscuro-- sectores que no creen para nada en eso del juego democrático están maquinando las maneras de adueñarse del poder. Esto se los digo no por un arrebato de imaginación hollywoodense, sino por el manejo de información privilegiada de los servicios de inteligencia. Sabemos quiénes son y lo que traman. No hay nada nuevo bajo el sol. Son los mismos grupos de siempre. Juegan todos los juegos y si las cuentas no cuadran, apelan al "plan C".

La derecha que juega limpio (con todas las precauciones de esta expresión, mire usted las fechorías de la pandilla de "los 15") sabe que es mal negocio la aventura de los caminos verdes para preservar sus intereses. No porque se haya convertido repentinamente en "santa", sino porque en cualquier hipótesis ajustarse a las reglas de juego es el único camino para que el negocio funcione. La derecha pragmática, aquella que tiene mucho dinero y pocas ideas, saca sus cuentas y al final puede dormir tranquila si no se pasa de la raya. Pero en su seno persisten los grupos que se desesperan y no atinan a acomodarse a las nuevas reglas de un país que apenas si les pide que aflojen sus pretensiones, que administren su avaricia, que no se crean los "amos del valle", que suspendan los abusos y atropellos como forma de hacer negocios. Con ese sencillo manual de urbanidad pueden fácilmente incrementar su capital en cualquier área de actividad (sin excepción).

¿Por qué cree usted que estas facciones de la derecha histérica no saben sacar cuentas? ¿Qué curioso impulso los lleva a suicidarse en primavera? No tengo la explicación, lo que sí parece claro es que tales grupúsculos existen, que están actuando en los albañales de la política, que pueden interferir la agenda de la derecha republicana y que su capacidad de hacer daño es muy grande. Esa derecha fscistoide trabaja afanosamente en la creación de climas de ingobernanza, en el bochinche inducido, en el aprovechamiento de descontentos diversos, en el encadenamiento de eventos aislados que pueden dispararse en recursividad negativa (espirales de violencia aparentemente inconexas que se vuelven impredecibles). Para ello no hay que contar con grandes organizaciones ni con demasiadas ideas. Allí lo que vale es una buena dosis de odio disociado y un buen sponsor que pague la factura. Precisamente por esta elementalidad de base es por lo que resulta relativamente fácil que ciertos grupos económicos jueguen en varios tableros: en la superficie guardan la compostura de correctos ciudadanos y en el subterráneo traman sus fechorías. Esto ha sido así desde siempre. Ocurre aquí y en todas partes del mundo. La cuestión clave es generar las condiciones para que estas facciones de la extrema derecha sean objetivamente neutralizadas. No me refiero solamente a la acción preventiva de las instituciones que de eso se ocupan. Importa mucho más el compromiso explícito de los múltiples sectores del mundo democrático por desligarse claramente de las aventuras y provocaciones de esta derecha histérica.

Cada incidente de violencia y atropellos en el marco del frenesí electoral abona de algún modo para el lado de estos grupos delirantes. Sabemos que el control de estas facciones --una vez que se desatan-- es muy costoso. Por eso es tan importante la concertación política (mucho más que la acción de marcaje de los órganos del Estado), la apuesta por las reglas del marco democrático, la neutralización política (junto con la neutralización operacional). Pero, por encima de todo, la seguridad de que las aventuras de esta derecha fascistoide conduce al derrape de todos los sectores democráticos que adversan al Gobierno. Pero la desesperación que origina los malos números electorales dispara todo tipo de alucinaciones.

La consigna podría ser: amarren a sus locos. Pero, por si acaso, es bueno saber que están pillaos.

CIUDAD CARACAS, 15 de Abril de 2012
LETRA FRÍA/ Los crímenes de la derecha
HUMBERTO MÁRQUEZ

Lo que mucha gente no puede entender es tanto crimen convicto y confeso de la derecha, sin castigo contundente y ejemplarizante. Los crímenes de Plaza Altamira, conocidos por todos, siguen en la impunidad. La confesión de parte de la derecha fue la manipulación del video trasmitido la misma noche de la matanza, presentando a Gouveia al lado del Alcalde Bernal, cuando a esa hora venía en un avión de TAP, para venir a ejecutar el encargo criminal. Los 30 años de Joao de Gouveia en prisión, no pagan lo que debe Medina Gómez, señalado por Juan Barreto en su momento. Gouveia confesó ser contratado por 35 millones para la masacre, por el general golpista. Una joyita que fue acusado por Jorge Nieves, asesinado también, de torturar campesinos cuando era comandante del Teatro de Operaciones N° 1 de Guasdualito, en la Cuarta República. ¿Dónde andará Medina Gómez?

El otro es el general Felipe Rodríguez (“El Cuervo”), uno de los militares disidentes de Altamira, acusado de atentados contra las sedes diplomáticas de Colombia y España en 2003, y del asesinato de tres soldados que aparecen muertos con heridas de arma de fuego y torturados, el 16 de febrero de 2003, en la hacienda Palo Gacho, estado Miranda. Con los occisos, se localizó otra joven herida por arma de fuego y quien sobrevivió al ataque, al parecer creyéndola muerta, que denunció como principal indiciado al general Rodríguez, conocido con el apodo de “El Cuervo,” y otros en funciones de vigilantes que registraban antecedentes delictivos.

Lo genial de toda esta historia es que el fulano Cuervo estaba pagando condena y lo liberaron por la huelga de las nalguitas blancas dirigidos por el otro asesino en potencia, Julio César Rivas de Javu, y da la casualidad que vuelven los atentados a misiones diplomáticas, esta vez más productivos para la campaña de Caprilito, porque producen dinero de los secuestros express y el robo a la residencia del embajador de México. ¿Habrá vuelto El Cuervo a las andadas?.

Eso para no hablar de los ajusticiados con tiros en la cabeza del 11-A, los dirigentes campesinos asesinados y de cuanto atentado está ocurriendo en los últimos días o ¿serán otras casualidades los crímenes de Aguilarte y el diputado Figarella?

Lo que sí está claro es que cuando esta gente se desespera, se activa en jornadas violentas incontrolables y así lo están, porque el candidadito no levanta ni con grúa y la presencia del pueblo en la calle el viernes 13, los debe tener maquinando otro golpe de estado, con la diferencia de que ahora sí es verdad que están pelando gajo del bueno, porque esta Revolución llegó para quedarse.