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sábado, 1 de febrero de 2020

¿RECUPERAR LA VIDA CON TEMPESTADES QUE LA AHOGAN?

Advertencia a los chilenos
Luis Barragán

Pocos dudan de situaciones flagrantes de injusticia, incuso, históricas en Chile.  Empero, lo acontecido es de una violencia desmedida que la agravan y agravarán aún más, lesionando irreparablemente los logros económicos alcanzados y bien ilustrados por el servicio de transportación subterránea de Santiago, incinerado tan irresponsablemente.

Siendo toda una excepción en el continente, los niveles de calidad de vida y desarrollo económico conquistados están severamente comprometidos por el discurso de una oposición a Sebastián Piñera, por cierto, extraordinariamente solidario con la causa venezolana por la libertad, caracterizada por un insólito atraso.  El imaginario de los `60 y `70 de `XX ha sobrevivido, desesperado por pasar una increíble factura, como ocurrió con la Venezuela que victimizó a una ultra-izquierda revanchista y militarista que demolió la potencia petrolera que fuimos, dándole cabida al modelo cubano de un sórdido parasitismo.

Nada casual, los consabidos eventos chilenos coincidieron con los esfuerzos de desestabilización  ecuatoriana y el resto de las vicisitudes que permiten avizorar toda una cruzada anti-occidental en este lado del mundo. Mal que bien, retomada  una cultura y tradición política de larga data, con instituciones eficaces de escaso equivalente en diferentes países, casi repentinamente soportaron el estallido de una protesta desproporcionada que esboza una conspiración nada local.

Una famosa actriz propagandizará la protesta y, lo leímos, argumentó que el panadero de la esquina tiene años robándola, porque – muy quizá – no sabe cuán gigantesco es el robo y las consecuencias del “pan pa`l pueblo” en Venezuela.  Retrotraídos a la barbarie, queman iglesias y emplean los objetos sagrados como barricadas, o pública y grotescamente se exhiben hombres y mujeres, desnudos y sodomizados, dando el testimonio inaudito de una inconformidad que violenta toda dignidad.

Por supuesto, la fórmula arranca con una ilusión constituyente que para Venezuela resultó una tragedia, empeñados en polarizar a la sociedad entre la izquierda y la (ultra)  derecha de todos nuestros tormentos, ofreciendo injustamente a Piñera como una versión actualizada de un Pinochet que, además, observado por el polémico liberal Alfredo Jocelyn-Holt, explica – paradójicamente – la constitucional supervivencia de los partidos de la Concertación. Son numerosos los venezolanos acogidos tan generosamente en Chile que pueden rendir testimonio de lo acá ocurrido y no es un ataque de súbito conservatismo, pero bien vale decir: están los chilenos buscando lo que no se les ha perdido, a manos de un alianza opositora históricamente agotada de  democristianos, socialistas, comunistas y remanentes miristas reacios a la indispensable actualización.

Ilustraciónes: Crisvector y Daniele Panebarco.

Brevísima post-data LB: ¿Recuperar la vida confundiendo actores, épocas, vicisitudes y revanchismos?
03/02/2020:

viernes, 31 de agosto de 2018

TELEPROMPTER

EL MUNDO, Barcelona, 14 de agosto de 2018
TRIBUNA
Citas y pensamiento político
Nicolás Redondo Terreros

Las citas incrustadas en los discursos políticos dicen mucho del orador. Muchos creen que sólo sirven para confirmar las ideas propias con un argumento de autoridad de algún personaje consagrado, pero algunas de ellas retratan perfectamente la cultura, la ideología, los sentimientos de quien las utiliza. Cierto es que algunos autores o políticos del pasado son tan utilizados que nos dicen poco sobre quién habla. Son tantos los que citan versos de Machado que podemos, en ese caso, presumir que estamos oyendo a un orador superficial. ¿Qué decir de la utilización del Quijote? Algunos hasta lo suelen utilizar mal. Éstos no sólo son superficiales, son descaradamente descuidados. Los citados suelen ser autores que todos conocen de oídas y, por lo tanto, inicialmente invisten a quienes los utilizan de un conocimiento del que fácilmente pueden carecer.

Otras citas, sin embargo, definen mejor de lo que quisiera al orador. El nuevo presidente del PP, en el discurso que le sirvió para ganar el congreso de su partido, utilizó varias citas. Alguna de ellas, coincidamos en que poco vulgares, como la de Julián Marías, no tenía fuerza para definirle; Marías es un autor respetado por la inmensa mayoría de sus lectores, y aun igual mayoritariamente, por quienes no lo han leído. Otro autor citado por Casado, sin embargo, era un autor poco utilizado por los políticos españoles y, aunque la cita era una irrelevancia sobre las razones para estar juntos, resultaba muy significativo para el orador. Se trata de un autor de los que define a quien con todo el derecho lo utiliza. En un país que tiene a gala no conocer su Historia, el citado pasó desapercibido y, sin embargo, ponía a Casado en una contradicción con su propia definición política. Utilizó a uno de los autores españoles más influyentes en la historia del pensamiento político internacional, más que Unamuno y, en mi opinión, tanto como Ortega, aunque sin ser protagonista reconocido, por lo menos de un tiempo a esta parte .

Forma parte del nutrido grupo de autores del siglo XIX que sirven a algunas escuelas de pensamiento político norteamericanas. Antes fue elogiado, apreciado, citado y utilizado por Carl Schmitt. En el ámbito de la política práctica se le conoce como el encargado, entre otras muchas actividades, de llevar a cabo los designios de María Cristina, la esposa de Fernando VII, en Madrid, mientras ella vivía su exilio parisino. Furibundo enemigo de Espartero y, por extensión, del partido progresista, dedicó todo su empeño y su conocimiento, que era mucho, a defender las posturas contrarias a la Monarquía constitucional: "Yo no creo en el derecho divino de los reyes, pero creo que en la majestad suprema, considerada en abstracto, hay algo divino, y creo que la persona que la ejerce es sagrada (no cree en la divinidad pero defiende la sacralidad)... Isabel de Borbón es una niña de 13 años, sí, pero además es otra cosa, es una institución que tiene 14 siglos". Su correspondencia con la ex regente, sinuosa y meliflua, es digna de ser leída y no digamos ya la más franca y campechana con el marido morganático de la viuda de Fernando VII. Eso es historia y no la juzgo, menos cuando muy pocos estuvieron a la altura requerida en aquella España comida por el odio, la ignorancia y el sectarismo.

No pasó el personaje a la historia del pensamiento político por sus intrigas palaciegas; en ese caso serían muchos los españoles que inundarían las escuelas políticas de Norteamérica y de Europa. ¡No! Pasó a la posteridad, el por otro lado brillantísimo intelectual, por su pensamiento político. Una muestra de él que hoy tiene mucha actualidad por la crisis provocada en la legalidad española por el independentismo catalán, la contemplamos en su discurso Sobre la dictadura, pronunciado en las Cortes.

El 4 de enero de 1849 interviene Donoso Cortés, autor al que me he venido refiriendo a causa de su utilización por el presidente del PP, contestando al diputado Cortina: "...¿Cuál es el principio del señor Cortina ? El principio de S.S., bien analizado su discurso, es el siguiente: la legalidad, todo por la legalidad, todo para la legalidad, la legalidad siempre, la legalidad en todas las circunstancias, la legalidad en todas las ocasiones: y yo, señores, que creo que las leyes se han hecho para las sociedades y no las sociedades para las leyes, digo: la sociedad, todo para la sociedad, la sociedad siempre, la sociedad en todas las circunstancias, la sociedad en todas las ocasiones.... cuando la legalidad basta para salvar a la sociedad, la legalidad; cuando no basta, la dictadura".

No digo que Pablo Casado comulgue con este discurso, sé que no lo hace. Es más, he realizado algún alegato en su favor cuando le intentaban silenciar en Vitoria o cuando su contundencia neófita sobre el gran problema de las emigraciones les ha servido a algunos para situarle ideológicamente donde no creo que se encuentre. Digo que, cuando menciona sin necesidad a Donoso Cortés, legítimamente realiza una declaración de principios conservadora. Casado es un representante, insisto que legítimo, de esa nueva derecha que en EEUU ya existía y que ha empezado a aparecer en Europa debido, muy fundamentalmente, al combate por los votantes que mantienen la derecha tradicional con expresiones políticas nacionalistas y xenófobas. Por esto no parece razonable que se le compare con Macron cuando su parecido más fiel es con Fillon, el último candidato francés de la derecha a las elecciones presidenciales de la República. Tampoco es admisible que se le sitúe en la extrema derecha contra la que combate esta nueva expresión del conservadurismo, aunque en ocasiones puedan terminar pareciéndose. Creo que la apuesta por Europa y el humanismo les separan de las opciones más extremas, nacionalistas y antieuropeas. Es sencillamente -o quiere representar- una opción netamente conservadora, alejada de las zonas templadas del centro y del liberalismo tal y como se entiende en la vieja Europa.

En el pasado, el eje diferenciador entre los conservadores y los progresistas era la naturaleza de la monarquía: absolutista y sagrada, en palabras de Cortés, o constitucional. Hoy el eje se nos plantea de una manera mucho más compleja, más difusa, casi si asideros. Considero que, según cómo reaccionemos a los cambios, se establecen actualmente las opciones ideológicas. "El mundo no está cambiando, está empezando a funcionar de manera diferente... y esa remodelación está ocurriendo más rápidamente de lo que hemos sido capaces de remodelarnos nosotros mismos, nuestros líderes, nuestras instituciones, nuestras sociedades y nuestras elecciones éticas", dice Dov Seidman. Las alternativas ideológicas se establecerán según aceptemos o no esa revolución que se está produciendo en todos los ámbitos. Para más claridad, según estemos dispuestos a ampliar los efectos beneficiosos de la misma y a disminuir las consecuencias negativas o simplemente rechazarla por motivos éticos (que se suelen confundir con razones religiosas), políticos o económicos, estaremos ante grupos proactivos, progresistas.

Esa lucha entre el conservadurismo y la apuesta por liderar todos los ámbitos de la globalización se está dando en todos los países. Francia con Macron pudo ganar a Fillon y después a la expresión más siniestra del miedo a perder lo que creían ser, Le Pen. En Gran Bretaña ganaron los extremos alejando al sereno y moderado país de la gran aventura europea; en EEUU Trump no sólo ganó a los demócratas sino que también derrotó a todas las familias de la derecha republicana. Ése es el problema del conservadurismo tradicional, parte de su discurso lo manipulan sin escrúpulos los integrantes de la derecha extrema, dejándoles poco espacio para su acción política. En la izquierda el fracaso ha sido igualmente evidente. Los nuevos tiempos han convertido gran parte de su discurso en lugares comunes que se ven obligados a desdeñar si tienen la fortuna de llegar al gobierno .

En España, a la cuestión que plantea Dov Seidman, los nacionalismos identitarios, envueltos en sus banderas, en su supremacismo, en su nostalgia fantasiosa, ya han contestado dónde se sitúan, por mucho que se las quieran dar de lo contrario. Los conservadores españoles tienen la tentación de no dejar que aparezcan a su derecha discursos más asilvestrados; pero ese objetivo, si se convierte en obsesivo, les llevará cerca de los más extremos. Éste es el reto que tiene ante sí Casado, por mucho que le digan y le canten al oído las sirenas, el tiempo pasado no volverá. Todo parece en ebullición , todo es más inestable, todo va suficientemente deprisa como para adivinar que el tiempo tranquilo de mayorías estables y duraderas no volverá y, en ese marco, el objetivo marcado influirá en los resultados significativamente.

(*) Nicolás Redondo Terreros es miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

Ilustración inicial: Sean Mackaqui.  
Ilustraciones seguidas: Daniele Panebarco:
https://lbarragan.blogspot.com/2011/12/boleta-de-citacion.html
https://www.facebook.com/photo.php?fbid=1009557913793&set=a.1009557553784&type=3&theater   
Fuente:
http://www.elmundo.es/opinion/2018/08/14/5b714fd922601d45128b45a5.html

sábado, 9 de agosto de 2014

PANEBARCO 1/10

EL NACIONAL, 7 de agosto de 2014
De Marx a los bolcheviques: un Reader’sDigest (I)
Héctor Silva Michelena

El target de este trabajo es mostrar, brevemente, la larga cola de paga que tiene el PSUV, al momento de realizar su III Congreso.
En artículo pasado señalé que la palabra socialismo era, en palabras de Engels (1845) “vaga, indefinida e indefinible”.  Esta situación arropó a la propia Unión Soviética, a los países del Este europeo y a China, sin olvidar a Vietnam y Cuba.  En una clara nota  en su libro The Socialist System. The Political Economy of Communism, Princeton (1992, p.10), János Kornai escribe: “Mi elección entre los términos ‘sistema socialista’ y ‘comunismo’ se basa en la siguiente consideración. El marxismo-leninismo, la ideología oficial del  Partido Comunista, usa la expresión ‘comunista’ en un sentido muy distinto. El Partido llama comunista a la nunca lograda sociedad  utópica del futuro, en la cual todos participarán de la producción social según sus necesidades. Los militantes del Partido Comunista  en el poder nunca se refirieron a su propio sistema como comunista”.
En la historia intelectual del socialismo previo a Marx, se produjeron ideas de un alto valor intrínseco. Decenas de miles de personas en el mundo todavía se aferran –y siempre habrá quiénes lo sigan haciendo, los hombres y sistemas perecen: las ideas no– ¿Cómo estar en desacuerdo con la visión de una sociedad fraternal, equitativa y democrática que, mediante una planificación indicativa, asuma un Estado en sinergia con el mercado, a fin de controlar las fallas de este último, y las desigualdades intolerables que genera, si se lo deja al arbitrio de un arcaico  laissez faire, laissez passer?
El espíritu socialista fue herido de gravedad cuando la Revolución Rusa generó de sus entrañas una dictadura totalitaria, y se debilitó aun más cuando espurios movimientos autoritarios expropiaron la palabra socialista. Esta gente pensante se pregunta, con razón ante la presente crisis mundial, en particular la europea: “después del Estado de Bienestar, ¿qué?” Hay respuestas, pero no por el camino de una ilusión, de una entelequia cuya praxis dejó millones de cadáveres sembrados por el mundo. Son cadáveres, pero sus gritos de dolor y sangre aun se escuchan. No olvidemos que Sócrates, el Tábano de Atenas, dijo: “...Porque, si me matáis, difícilmente encontraréis otro hombre como yo, a quien el dios ha puesto sobre la ciudad, aunque el símil parezca ridículo, como el tábano que se posa sobre el caballo, remolón, pero noble y fuerte, que necesita un aguijón para arrearle. Así, creo que he sido colocado sobre esta ciudad por orden del dios para teneros alerta y corregiros, sin dejar de estimular a nadie, deambulando todo el día por calles y plazas...”.
Las corrientes socialistas mencionadas fueron ríos tributarios de una poderosa corriente que dominó la tradición socialista en el último tercio del siglo XI: el marxismo. Karl Marx (1818-1883), poseía una poderosa mente sintetizadora: fusionó la filosofía idealista alemana, con la economía política británica y con el socialismo francés. Su pensamiento maduro se inicia con El Manifiesto Comunista (1848), publicado junto con Friedrich Engels, su compañero intelectual de toda la vida.
El Manifiesto Comunista es bien conocido, sin embargo, presentamos aquí un digesto: para Marx la sociedad es una balanza móvil de fuerzas antitéticas, la discrepancia es la madre de todas las cosas, y el conflicto social es el núcleo del proceso histórico. Los hombres luchan contra la naturaleza para arrancarle sus medios de vida. En este proceso, los hombres se relacionan entre sí, y estas relaciones difieren según la etapa de desarrollo que han alcanzado en sus actividades productivas. Emerge en la sociedad la división del trabajo, la cual conlleva a la formación de clases antagónicas que son los primeros actores del drama histórico. En contraste con sus predecesores, Marx no vio la historia como una simple lucha entre ricos y pobres o entre poderosos y desposeídos; mostró que tales luchas difieren cualitativamente dependiendo de cual clase histórica particular emerge en una etapa dada de la historia. Marx define a una clase como un conjunto de hombres que comparten una posición común en el proceso productivo y desarrollan una visión común y la realización de sus intereses mutuos. Introduce el concepto de modo de producción el cual, en último análisis es el factor decisivo de un movimiento de la historia. Sostuvo que las relaciones de producción constituyen la estructura económica de la sociedad sobre la cual se erige toda una súper estructura política, cultural, religiosa, etc.
Denominó a su doctrina “socialismo científico”, para diferenciarlo del de sus predecesores que proponían un “socialismo utópico”. La lucha de clases conforma la historia; la lucha de los proletarios contemporáneos contra sus amos capitalistas conducirá inevitablemente a una sociedad comunista, después de un período de transición liderada por la dictadura del proletariado, para despojar despóticamente a la burguesía de sus medios de producción; logrado este objetivo los trabajadores se asociarán para diseñar su destino colectivo cooperativamente, libres de toda restricción económica y social. La lucha de clases llegaría así a su fin.
Como profesor, pregunté a muchos aspirantes a hacer equivalencias con el currículo de la Universidad Central, de sus materias aprobadas en la Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos Patricio Lumumba, donde les inculcaron que la lucha de clases es el motor de la historia: si el motor de la historia es la lucha de clases, entonces, una vez apagado el motor ¿qué mueve a la sociedad comunista? La respuesta se reflejaba en el desconcierto de sus ojos.
El Manifiesto no tuvo impacto en las revoluciones europeas de 1848, y Marx y Engels se dedicaron al estudio aislado en Inglaterra y en el Continente. El socialismo era, en esa época el credo de sectas aisladas, a menudo exiladas. Pero en 1864 volvieron al trabajo con orientación internacionalista sobrepasando a los estados nacionales. Fundaron así Asociación Internacional de Trabajadores o Primera Internacional. En Inglaterra la clase obrera fue impermeable a la ideología marxista. En el Continente, especialmente en Alemania, el marxismo se difundió rápidamente y pronto se convirtió en la principal doctrina de los movimientos laborales. La social democracia alemana jugó un papel muy importante en la difusión y polémica del socialismo. Sus principales representantes fueron: Ferdinand Lassalle (1825-1864) quien fue el arquitecto del movimiento laboral alemán, Karl Kautsky (1854-1938) y Eduard Bernstein (1850-1932). Entre estos dos últimos autores hubo grandes polémicas relacionadas con la conciliación de la teoría marxista con la participación de los socialistas en las actividades nacionales de los países burgueses.  Estas discrepancias dieron lugar a los que se conoce con el nombre de revisionismo. Entre estos dos importantes pensadores se desarrolló una agria polémica, el revisionismo conmovió  las bases del Partido alemán. Las tesis de Bernstein fueron derrotadas en 1903, pero el revisionismo impregnó al Partido, en especial a sus líderes sindicales y parlamentarios. Cuando estalló la Gran Guerra casi la totalidad de los líderes socialistas apoyaron a sus respectivos gobiernos, poniendo así fin a sus pretensiones internacionalistas.
La Primera Internacional generó una variedad de movimientos socialistas en toda Europa, y pronto se hizo evidente que el movimiento internacional ya no podría ser controlado por un solo centro directivo. Después de eso la disolución de la Primera Internacional en 1876, Marx y Engels permanecieron como figuras paternales cuyo consejo era solicitado; pero ellos ya no podían dirigir el movimiento. La historia del socialismo se convirtió entonces en movimientos nacionales separados, que solo con un reconocimiento ceremonial de la ortodoxa marxista tendieron cada vez más hacia una línea revisionista y no revolucionaria. Tal vez por eso, a inicios del siglo XX el socialismo ya era una fuerza parlamentaria poderosa en la mayoría de los países europeos. La excepción fue Rusia donde la autocracia zarista aún se mantenía. Pero permanecían minorías de izquierda, revolucionarias ortodoxas.
La Segunda Internacional estaba dominada por el partido alemán que mantenían la retórica marxista tradicional y eran inflexibles contra la propuesta de apoyar la participación socialista en los gobiernos burgueses. Para el momento esta posición no era realista, claramente intransigente. Cuando el asunto se sometió a voto en el congreso de Ámsterdam de 1904, se produjo un enfrentamiento entre los alemanes u otros socialistas liderados por Jean Jaurès, quien dijo: “Detrás de la inflexibilidad de las formulas teóricas de su excelente camarada Kautsky le proveerá hasta el fin de sus días, ustedes esconden… su incapacidad para actuar”. Sin embargo, cuando estalló la guerra la mayoría de los componentes nacionales del partido abandonaron la idea de la solidaridad internacional de la clase obrero: los obreros, después de todo, tenían una patria.
Como vimos los bolcheviques habían tomado el poder en octubre  de 1917 y sostenían la creencia de que la revolución se difundiría por el resto de Europa. Con el tiempo las tesis de Bernstein se han ido imponiendo; sostenía en su obra Socialismo Evolucionario (1899) que el partido debería abandonar el bagaje revolucionario y reconocer teóricamente lo que ya había aceptado en la práctica, es decir, que Alemania no tenía por qué atravesar convulsiones revolucionarias con el fin de alcanzar los objetivos socialistas. Estas tesis fueron gravemente discutidas y dieron lugar a severas acusaciones y condenas. Finalmente, la socialdemocracia alemana, desde 1951 dejó de mencionar la lucha de clases y otros elementos marxistas tradicionales. En 1959, en Bad Godesberg, el partido eliminó los últimos remanentes del marxismo, el nombre de Marx y las palabras “clases” y “lucha de clases” no aparecen en el programa que se hizo. El partido apoyaba la tesis de: tanta competencia como sea posible y tanta planificación como sea necesaria. La “economía mixta” fue vista como un ideal. Y ya para 1969, bajo el liderazgo de Willy Brandt, el partido se volvió reformista, pluralista y democrático, y hecho las bases del Estado del Bienestar.
Volvamos atrás y miremos brevemente los acontecimientos en Rusia. El padre del marxismo ruso fue Gregory Plejanov quien, conforme con Marx sostenía que la revolución burguesa era inevitable en Rusia en el curso del desarrollo industrial, lo que generaría una clase obrera importante, fundamental para lograr el comunismo. Pero, contra la etiqueta del marxismo alemán, Lenin (1970-1924) argumento en su panfleto qué hacer 1902 que el socialismo sólo se lograría cuando revolucionarios profesionales tuviesen éxito en movilizar a las masas obreras y campesinas, las cuales, dejadas a sí mismas no irían mas lejos de formarse una conciencia sindicalista. Se necesitaba una organización de revolucionarios militantes, disciplinada y sin compromisos para moer a las masas. Este es el origen de las tesis adoptadas por todos los comunistas según la cual el partido es la vanguardia de la revolución: nació así el vanguardismo, que no es más que un jacobinismo que hizo demasiado daño al movimiento.
Lenin y sus seguidores del Partido Social-Demócrata Ruso de Trabajadores se reunieron (ilegalmente) en Londres. Pronto se formaron dos corrientes: una, liderada por L. Martov  pseudónimo de Yuly Osipovich Tsederbaum (1873-1923), la más ortodoxa quien sostenía: “A nuestro modo de ver el partido no se limita a una organización de revolucionaros profesionales. Consiste de ellos, más toda la combinación de los elementos activos y líderes del proletariado” las dos fracciones se enfrentaron hasta su división final en 1912 en Mencheviques (minoría) y bolcheviques (mayoría) donde estaban Lenin y Trotsky.
La chispa que hizo estallar la revolución de fue un motín de  masas de campesinos descontentos por la recluta para la guerra, y se amotinaron al negase a dispararles a las multitudes civiles insurrectos. Los generales, temerosos de que el motín se propagara al frente, persuadieron alzar Nicolás de que abdicara con el fin de salvar a Rusia de la derrota. El zar abdicó el 15 de marzo y se retiró. Asumió el poder un comité de diputados de la Duma, que se autodenominó “gobierno provisional”. Su primer ministro fue Gueorgui Lvov, del  Partido Constitucional Democrático (KD o kadete, liberal). Renunció a su cargo el 20 de julio de 1917 tras recibir de sus ministros socialistas una lista de principios generales que debían dar pie a un programa de reformas políticas y que se basaba en las resoluciones del Primer Congreso Nacional de los Soviets (Consejos). Demasiado radical para Lvov, este rechazó la propuesta y dimitió. Lvov rechazaba subordinar el gobierno a las decisiones del Sóviet de Petrogrado, aplicar el programa de reforma agraria del ministro social revolucionario de Agricultura, Víctor Chernov, disolver la Duma Imperial de Rusia o proclamar la república.

Nota LB: Descubrimos a Daniele Panebarco (*) muy a principios de los ochenta, cuando la curiosidad nos llevaba a adquirir revistas como “El Viejo Topo”, “Debate” y otra de probable origen paraguayo, cuyo nombre no recuerdamos. Precisamente, en “Debate”, en una de las tres ediciones que conservaba y, como siempre, un préstamo que jamás nos devolvieron (¿Vladimir Bolívar?), traía las ingeniosas ilustraciones de la italiana. Removiendo papeles en diciembre de 2007, hallé de nuevo las fotocopias (creo que la hice circular entre contados amigos de la universidad). E, incluso, fallida anécdota, en una reunión que se hizo fastidiosa en la sede de la Coordinadora Democratica, enseñé el juego de copias a un conocido de Bandera Rojas, quizá a Armando Díaz, a quien no le hizo demasiada gracia (las cargaba al intentar salvarlas digitalizándolas, cosa que no hice finalmente). Ahora, por sugerencia de otro amigo, “pdfeo” las aventuras del piccolo, complementándola con otras ilustraciones, escasas en la red de redes. Digamos, que se trata de una “edición” destinada a muy contados y cercanos internautas, pues, inadvertidamente, influyó la Panebarco un poco más de lo que creemos en nuestra visión de algunas cosas, colándose en nuestro siempre imperfecto y modesto sentido de la ironía. Valga acotar que no pretendemos ridiculizar a los personajes históricos, ni asumir postura política alguna al compartir las ilustraciones. Teniendo una determinada convicción ideológica, celebramos por siempre el humor ajeno, porque el nuestro es escaso o carente de talento. Ojalá sirva de ocasión para intercambiar otras versiones semejantes, sean o no de Daniele Panebarco.
(18/03/08): https://www.facebook.com/profile.php?id=1070325318&sk=photos&collection_token=1070325318%3A2305272732%3A69&set=a.1009557553784.2534.1070325318&type=3

PANEBARCO 2/10

EL NACIONAL, Caracas, 8 de agosto de 2014
De Marx a los bolcheviques: Un Reader’s Digest (y II)
Héctor Silva Michelena

Aleksandr Kérenski que había sucedido a Gueorgui Lvov, del Partido Constitucional Democrático (KD o kadete, liberal) actuó como el segundo y último primer ministro del Gobierno provisional instaurado tras la Revolución de Febrero, del cual era su figura principal, fue capaz de hacer fracasar el golpe del general Lavr Kornílov, pero no pudo evitar la Revolución de Octubre en la que los bolcheviques tomaron el poder. Estos primeros Gobiernos realizaron una amplia labor de reforma política, pero no resolvieron los problemas más importantes para la población: el fin de la guerra, la reforma agraria, los cambios en las condiciones de los obreros urbanos y las aspiraciones de las minorías. Kerenski liberó de la cárcel a los bolcheviques que habían participado en el golpe de Kornilov, y les proporcionó armas. Durante los siete meses del “gobierno provisional”, existió en Rusia un “poder dual”, ya que los soviets de Petrogrado (San Petersburgo) y Moscú, muy poderosos, incitaban a la subversión.
En las elecciones a los soviets celebradas el mes siguiente, los bolcheviques obtuvieron resultados impresionantes, lo que indicó a Lenin que había llegado el momento del golpe decisivo, y así fue. La  decisión de tomar el poder se decidió en una reunión clandestina celebrada la noche del 23 al 24 de octubre de 1917. El golpe tuvo lugar el 7 noviembre  (calendario gregoriano adoptado en 1918), que corresponde al 25 de octubre, según el calendario juliano, vigente en esa época. Cuando los bolcheviques se estaban preparando para asaltar el Palacio de Invierno, sede del Gobierno provisional, en el Palacio Smolny comenzaron las sesiones del Segundo Congreso de los Sóviets de los Representantes de Obreros y Soldados de Rusia. Del total de 670 delegados, 300 eran bolcheviques y unos 100 miembros del partido social-revolucionario de izquierda que también estaban a favor de derrocar al Gobierno provisional. Los demás delegados insistían en calificar de ilegítimo el asalto al Palacio de Invierno.
Lev Trotski dijo que eran “penosos individuos aislados” y les instó a marchar al “basurero de la historia”. Los que no estaban a favor de los bolcheviques abandonaron el Palacio Smolny. Unos cuantos días atrás, Lenin había lanzado su famosa consigna: “Todo el poder a los soviets”, que penetró rápidamente en los soviets urbanos de San Petersburgo (Petrogrado) y Moscú. Fue el soviet de San Petersburgo el que dio a Trotski  el instrumento militar con el cual fue capaz de derribar el gobierno provisional, instalado en el Palacio de Invierno.
Cuando los bolcheviques se estaban preparando para asaltar el Palacio de Invierno, sede del Gobierno provisional, en el Palacio Smolny comenzaron las sesiones del Segundo Congreso de los Sóviets de los Representantes de Obreros y Soldados de Rusia. Del total de 670 delegados, 300 eran bolcheviques y unos 100 miembros del partido social-revolucionario de izquierda que también estaban a favor de derrocar al Gobierno provisional. Los demás delegados insistían en calificar de ilegítimo el asalto al Palacio de Invierno. Lev Trotski dijo que eran “penosos individuos aislados” y les instó a marchar al “basurero de la historia”. Los que no estaban a favor de los bolcheviques abandonaron el Palacio Smolny.
Lenin proclamó el triunfo de la revolución. El congreso aprobó un mensaje a todos los ciudadanos de Rusia en el que se anunciaba la caída del Gobierno provisional y la toma del poder por el sóviet de comisarios del pueblo. Lenin fue elegido su presidente, Trotski encabezó la comisaría de relaciones exteriores y Iósif Dzhugashvili, el nombre real de Stalin, se ocupó de las minorías étnicas.
Los bolcheviques estaban convencidos de que, con la toma del poder, la revolución se difundiría rápidamente por toda Europa. Lenin siempre tuvo una perspectiva internacionalista; para ese entonces, no aceptada la tesis de “la revolución en un solo país”. Karl Marx había sentenciado: “Es imposible la revolución en un solo país”. Y Engels, todavía más enfático: “La emancipación del proletariado no será posible más que como un acto internacional”. Cuando Lenin constató que la gran mayoría de los líderes socialistas habían apoyado a sus gobiernos nacionales en 1914, cuando estalló la Gran Guerra, los denunció como traidores a la causa y dedicó sus fuerzas a echar las bases de una nueva organización de revolucionarios socialistas. Después de apoderarse del poder, los bolcheviques  resolvieron crear una Tercera Internacional. Cuando los delegados concurrentes se reunieron en Moscú en 1919, un levantamiento revolucionario en Berlín había sido aplastado, y sus líderes asesinados. Pero la gran mayoría de la clase obrera alemana quería, con toda evidencia, darle una oportunidad  al liderazgo social demócrata de crear una nueva República alemana. Empero,  para los líderes rusos todavía se avistaba cercana la revolución mundial.
Los bolcheviques formaron, de esta manera, la llamada Internacional Comunista, o Comintern, que se reunió en Moscú en julio de 1920; ya no se trataba de una reducida reunión de individuos o de representantes de pequeñas sectas, sino de un congreso de delegaciones provenientes de más de una docena de los mayores Partidos Comunistas europeos. Como resultado de esta reunión, se le entregó a los bolcheviques el control  de la nueva Internacional, que rompió definitivamente con el movimiento socialista, a quienes acusaron de “social patriotas”,  un herejía antimarxista. El Comintern quedó bajo la férula de los líderes rusos que exigían disciplina y obediencia revolucionaria. Hacia 1923, la tan esperada marea revolucionaria en Europa nunca se desarrolló. Más bien, Europa entró en una fase de relativa estabilidad económica y social. Después de la muerte de Lenin en 1924, los bolcheviques, bajo Stalin, comenzaron a utilizar los partidos sobre los cuales todavía ejercían un cierto dominio como instrumentos de la política exterior rusa. Aunque un líder de la talla de Trotski todavía creía (y murió creyendo) que la revolución mundial estaba en la agenda del Partido, su fe ya no era compartida por la mayoría del liderazgo ruso.
En el período de entre guerra se produce la ruptura total y agresiva de socialistas y comunistas. Los comunistas denunciaron por el mundo entero a los socialistas como “traidores sociales” que “objetivamente” estimulaban el sostenimiento del capitalismo. Los acusaron de haber repudiado el marxismo y traicionaron al socialismo internacional. Los socialistas replicaron enérgicamente demostrando los hechos dictatoriales del Estado soviético y acusaron a los comunistas de haber traicionado la tradición democrática socialista. El movimiento socialista europeo quedo irremediablemente dividido. La oposición fue tan agria que en las elecciones de 1932, los nazis ganaron el 33 por ciento de los votos, más que cualquier otro partido. En enero de 1933, Hitler fue nombrado canciller con el apoyo de los comunistas, al partido nazi (los socialistas se opusieron). Los comunistas esperaban que la victoria nazi sería solo temporal y que, después las masas alemanas los seguirían a ellos. Su grito de batalla era: “Después de los nazis, nosotros”. El resultado final fue el desastre: tanto comunistas como socialistas fueron duramente perseguidos por los nazis, que habían ayudado al ascenso del fascismo.
Ahora nos preguntamos ¿cuál es el carácter del PSUV? Aplicando la frase de la Biblia: “Por sus obras los conocerías” (Mt 7,15-20). Ciertamente, los primeros siete años del gobierno de Chávez no definieron nunca con claridad el carácter de su “revolución bolivariana”, más bien hubo muchos vaivenes en el modelo económico, y la economía fue sometida a la política bajo el mando de Chávez pues la consolidación del poder político fue la guía de su gestión, y para eso ajustaba en una u otra forma el modelo económico. La pretensión de un Estado socialista se dibuja, al fin, después de muchas indefiniciones y esperas en el proyecto de reforma constitucional sometido a Referendo en diciembre de 2007 y derrotado. En el artículo 112 del citado proyecto se planteaba que, el Estado promovería una economía productiva, independiente, diversificada, fundada en valores humanísticos y la preponderancia de los intereses comunes sobre los individuales, todo ello con el objeto de crear las mejores condiciones para la construcción de una economía socialista. La propuesta fue derrotada en Referéndum, sin embargo, la propuesta fue introducida mediante leyes habilitantes y una enmienda constitucional aprobada en referéndum de 2009.
Se desarrolló entonces una estructura económica caracterizada por un capitalismo de Estado muy importante, una decreciente economía privada y un pequeño de economía social, que se aspiraba a extender. Así en su programa de gobierno presentado al CNE el 11 de junio de 2012 para las elecciones del 7 de octubre de ese año, titulado “Plan de la Patria”. Programa del Gobierno Bolivariano 2012-2019. Planteada una “radical supresión de la lógica del capital que debe irse cumpliendo paso a paso”. “para avanzar hacia el socialismo necesitamos de un poder popular capaz de desarticular las tramas de opresión, explotación y dominación que subsisten en la sociedad venezolana”. Un párrafo importante es el siguiente: “La consolidación y el acompañamiento del Poder popular en el periodo 2013-2019 afianzaran la conformación de tres mil Comunas Socialistas, considerando un crecimiento anual aproximado de 450 Comunas, de acuerdo a las características demográficas de los ejes de desarrollo territorial. Esta Comunas agruparan 39.000 Consejos Comunales donde harán vida 4.680.000 familias, lo que representa 21.060.000 de ciudadanos. Es decir, que alrededor de 68% de los venezolanos en el años 2019 (30.550.479) vivirán en subsistemas de Comunas”. Finalmente, digamos que su última gran divisa política fue: ¡Comuna o nada! De esta manera Chávez trazo los rasgos de la Revolución Socialista Bolivariana.
Quedaban así definidos un Poder Público y un Pode Comunal. En la realidad, el Poder Público exacerbó su presencia  e introdujo una maraña irrespirable de controles en toda la vida económica y social, que ataron el movimiento progresivo de la economía y la llevaron al profundo agujero económico en que hoy nos encontramos.
Celebrado el III Congreso del PSUV del 26 al 29 de julio de 2014, y entregado los documentos el 30 de julio a Nicolás Madura en el suntuoso Cuartel de la Montaña (tomado del poema de Neruda dedicado a Bolívar), se produjeron 32 resoluciones que el articulista de Aporrea Yuri Valecillo tituló adecuadamente, de “Infusiones para dormir”, no atacaron nada especial. Sin embargo, propusieron “transformar el partido en poderosa herramienta de lucha para superar la pobreza. Generar desde el Partido, en unos perfecta con el Gobierno Bolivariano, la estrategia de lucha”. También aprobaron “asumir plenamente, desde la practica revolucionaria el carácter cívico-militar  de la Revolución Bolivariana Socialista”.
Es decir, se actuó con un típico partido marxista –leninista: una organización vanguardista, vertical, y en este caso unida a una oligarquía militar obcecada por la “enfermedad infantil del comunismo” (Lenin). Esta oligarquía es la verdadera dueña del poder. En conclusión, no se admitió que la crisis económica fue generada por las políticas tomadas y practicadas por el tándem Giordani/Chávez. No comprendieron que los profundos desequilibrios económicos son un signo claro del fracaso total del modelo diseñado por el “líder Eterno y presidente fundador” del Partido.
El Buró Político del PSUV (en verdad comunistas), en especial Maduro, Cabello y Jorge Rodríguez ignoraron que la historia ya había sentenciado el colapso del comunismo. Lean: 
El ocho de diciembre de 1991 los líderes de Rusia, Bielorrusia y Ucrania, ex repúblicas de la URSS de población eslava, se reunieron en el coto natural de Belovézhskaya Puscha para firmar un acuerdo que pusiera fin a la Unión Soviética y establecer la Comunidad de Estados Independientes (CEI), inicialmente percibida por muchos habitantes de la URSS como el mismo perro con distinto collar.
Pero muy pronto se dieron cuenta de que no era así. El veinte de diciembre el jefe de un Estado que ya no existía, Mijaíl Gorbachov, renunció a la Presidencia de la Unión Soviética y declaró la disolución de la misma. Inmediatamente después Gorbachov firmó un decreto por el que traspasaba el botón nuclear al jefe de las fuerzas armadas de la CEI, mariscal Yevgueny Sháposhinikov, ex ministro de defensa de la URSS. La entelequia creada por Marx quedo al desnudo: era una ilusión. Al tratar de imponerla por la fuerza, se convirtió en represión, crimen y terror.

PANEBARCO 3/10

EL NACIONAL, Caracs, 31 de mayo de 1998 / OPINION
Marx y el marxismo
El retorno del fantasma
El 150 aniversario de la publicación del Manifiesto Comunista es ocasión propicia para reflexionar en torno a la validez del pensamiento de este filósofo alemán, en cuyo nombre se instauraron regímenes que alguna vez gobernaron a las dos quintas partes de la Humanidad y que ahora lucen derrotados y en retirada. Sobre esto exponen sus puntos de vista el escritor cubano y articulista de la Agencia de Noticias AIPE, Luis Aguilar León, y el profesor jubilado de la Universidad Central de Venezuela, Luis Cipriano Rodríguez

I Cuando se habla o se escribe acerca de Carlos Marx, parece imposible escapar de los radicalismos, subjetivismos y fanatismos que turban la conciencia. Igualmente imposible parece no caer en lugares comunes. Sin embargo, es difícil ignorar o silenciar sus ideas, u obviarlas en la vida y las luchas de hoy, cuando el mundo postmoderno y post soviético vive -o muere- en el marco de la globalización cuyo proceso inicial fue advertido precisamente por él hace más de un siglo.
II ¿Cómo abordar de nuevo a este teórico y activista? ¿Cuál fue su preocupación fundamental? "Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos, pero de lo que se trata es de transformarlo", dijo.
Independientemente de las diversas opiniones, sus investigaciones y reflexiones aportaron elementos para algunas teorías polémicas relativas a la explotación, la alienación y la acumulación. De igual manera, contribuyeron a entender la naturaleza del trabajo, la plusvalía y la mercancía con sus respectivos valores de uso y de cambio. No menos importantes fueron sus consideraciones para una teoría de la historia hecha por los hombres (y mujeres) bajo determinadas condiciones reales, en marcos de contradicciones, alianzas y luchas de clases e ideas.
Todo construido como arma teórica para los intelectuales, obreros y campesinos que en la segunda mitad del siglo XIX luchaban en Europa y otras partes del mundo por transformaciones clasistas.
III Pero, sobre todo, su aporte fue el método dialéctico que permite el tratamiento científico de las contradicciones y las síntesis, las tesis y las antítesis, la unidad y la lucha de los contrarios. Método que, a la vez, plantea los pasos cognitivos: desde lo abstracto a lo concreto, hasta el retorno a conceptualizaciones y categorías de análisis que construyen el marco teórico, base de la praxis concreta de los individuos, las clases y los pueblos.
Esto bajo el criterio de totalidad-diversidad, donde son creativas y fluidas las relaciones entre la "base económica" y la "superestructura". Sin determinismos mecanicistas de aquélla sobre ésta (como desde 1880, con Paul Barth a la cabeza, ha pretendido manipular antimarxistamente la intelectualidad burguesa), sino en los términos planteados por Marx en El 18 Brumario, en reconocimiento del papel no subordinado que juegan lo ideopolítico, lo jurídico, lo religioso y lo ético en la dinámica de dicha totalidad.
IV En el plano del debate teórico, más daño le han hecho a Marx los marxistas dogmáticos que los críticos de él; sobre todo, cuando dichos críticos reúnen las altas condiciones intelectuales e investigativas de Karl Popper y Jean Paul Sartre. Por ello, los marxistas auténticos están en la obligación de investigar, debatir y disentir, siempre basándose en los postulados claves de la metodología dialéctica.
Una de las tragedias ocurridas al marxismo es la negligencia o la falta de libertad ideopolítica para ampliar el estudio de aspectos no resueltos por Marx y Engels (como sí lo hicieron creadoramente en distintos campos, Lenin, Mariátegui, Luckas, Gramschi, Bloch, Vigotski y Hauser).
En este sentido, debemos tomar como permanente enseñanza, lo ocurrido en algunos niveles de la Unión Soviética. Allí, según Agdas Burganov, el burocratismo verticalista redujo el debate teórico, lo cual condujo a "la desintelectualización del Partido y a la desintelectualización de la sociedad". Esto lo asumimos como advertencia porque es necesario enriquecer el marxismo, y no secuestrarlo.
Tal criterio debería regir la praxis de quienes hoy reivindicamos los aportes de Marx y de los marxistas autocríticos y creadores. Más allá de los antimarxistas y conversos, la lucha teórica sigue en pie, con exigencias y sin dogmas. Falta todavía recorrer un largo camino para redimensionar a Marx. Igualmente, es todavía largo el proceso para que, uniendo factores y socializando los medios y las fuerzas productivas, el mundo pueda democratizarse, liberarse de las necesidades y conquistar su redención; entendiendo, desde luego, que en este pórtico del siglo XXI, no será sólo el marxismo nuestra guía transformadora y emancipadora; también habrán de serlo las referencias cristianas de la "Teología de la Liberación" y los componentes bolivarianos de la integración anfictiónica, en un vasto cauce latinoamericano y caribeño multiétnico y pluricultural.

PANEBARCO 4/10

EL NACIONAL - Viernes 12 de Noviembre de 2010     Opinión/8
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
Marxismo y posmodernidad
Una clave del discurso posmoderno es la diversidad desplegada en una idea del pluralismo cultural
Camilo Perdomo

En la página que coordina el amigo Rigoberto empiezan a aparecer trazas de discursos indicando que estamos entrando en materia del pensamiento transformador, sobre todo en relación con los signos culturales de estos tiempos posmodernos. Sí, en plural, como usted lo lee, pues no hay manera de sacarle el cuerpo a las ideas plurales sobre el desencanto social y humano que vivimos. Usted puede optar por hacerse el distraído o echarle una miradita (como recomienda Nietzsche: guiñando el ojo) a esta sociedad de la banalidad. Si despojamos a la idea tradicional de crisis en la que su neutralidad permite propuestas de izquierda, derecha y totalitarismos renovados, parece posible hablar de un nuevo marxismo que invita a recuperar pasiones perdidas y a evitar seducciones maltratadas.
A mi juicio, la derecha (desde la izquierda burocrática) fue exitosa en poner en circulación un discurso del marxismo como doctrina oficial de un Estado socialista resultante de una Europa viviendo en guerras permanentes. Guerras que sepultaron la viabilidad de las propuestas libertarias de la modernidad política y que el discurso posmoderno mostró en sus límites teóricos.
En efecto, si por posmodernidad algunos entienden, sin mucha reflexión, el vaciamiento ético, y por crisis del marxismo, la herencia de las publicaciones comunistas de fuerte signo estaliniano, obvio que no hay pasión ni seducción en el debate.
Pienso desde otro lugar de las prácticas comunistas y socialistas burocráticas en un marxismo que invita a transformar el todo y sus partes; es decir mundo y humanos. En esta tarea las palabras interpretar, leer, transformar, justificar y avalar deben ser arrancadas del viejo diccionario y convertidas en pinzas capaces de violentar las páginas de la obra marxista a fin de sacarle las ideas que necesitamos hoy. No es lo mismo decir que usted interpretó la Teoría del Valor de Marx porque lo leyó cien veces y luego termina diciendo que Marx no conoció el computador y por ello se equivocó y terminó siendo un filósofo parecido a Platón en su lectura dual de cuerpo y alma, es decir un Marx metafísico.
Eso no es interpretar nada, sino emitir una opinión y a su vez especular en el campo de los discursos, lo que no es ni bueno ni malo; sino parte de una necedad intelectual. Lo real es que hay necesidad de romper con una herencia típica de Caín bajo la voluntad del Dios cristiano y similar a ese marxismo de etiqueta que siguen manejando los dirigentes de partidos socialistas-comunistas bajo la voluntad de encerrar las ideas de Marx en una concepción casi necesaria de un Estado negador de libertades y pluralismos.
Una clave del discurso posmoderno es la diversidad desplegada en una idea del pluralismo cultural. En este sentido el marxismo en clave posmoderna es recuperar su pasión de transformarlo todo. Otra es releer la idea del trabajador en su opacidad como sujeto capaz de transformar el mundo. Malas noticias, hoy el trabajo escasea.
Sin embargo, la explotación sigue con la globalización, la exclusión también, y la coerción desde el Estado sigue vivita. Entonces, ¿el marxismo ha perdido vigencia como instrumento teórico de crítica al capitalismo en la posmodernidad? Responder implica criticar a una clase dirigente que en nombre del marxismo y el socialismo se ha encargado de justificar los reformismos del capitalismo en vez de crear condiciones para el rompimiento con él. Esa es mi propuesta de debate, pues una ética-estética desde el marxismo puede ser recreada desde Venezuela. Claro, hay la posibilidad de que los partidos burocráticos oficializantes de toda idea de socialismo digan que el marxismo no les interesa, lo cual es válido aceptar si somos tolerantes, pero eso nos dirige por otro camino: el de tener que decirle a la gente que no compartimos un socialismo alejado de la pasión y la seducción por una vida bella.
*Universidad de Los Andes/ Trujillo

PANEBARCO 5/10

EL NACIONAL - Sábado 26 de Enero de 2013     Opinión/7
ATres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
Izquierda bolivariana y chavismo
Javier R. Biardeau
   
"A medida que pase el tiempo y la perspectiva implicable de la historia se imponga por sobre las pasiones humanas, el 27-N y el 4-F, así como los hombres que participamos en estos hechos, nos iremos confundiendo en un solo punto vibrante sobre el horizonte, referencia ineludible para no comprender los sucesos que vendrán, a raíz de los cuales el pueblo venezolano recuperará su dignidad y labrará sus propios caminos en la lucha de la verdad".
Hugo Chávez, febrero-marzo, Yare 1993.

Mucha tinta ha corrido y seguirá corriendo con relación a la caracterización de la revolución bolivariana, y la significación de eventos como los del 4-F y el 27-N para la comprensión histórica del presente.
Sin embargo, cabe destacar en las intervenciones de reconocidos opositores a la revolución bolivariana, a aquellos intelectuales de derecha que han tratado el análisis de las relaciones entre el llamado "chavismo" y la "izquierda".
Aníbal Romero, por ejemplo, escribió un artículo en el año 2004 titulado "Izquierda, chavismo y fascismo" donde señala lo siguiente: "El chavismo ha ocupado el espacio político e ideológico de la izquierda, sin sus avances democráticos poscomunistas. En otras palabras, el esfuerzo realizado por un sector de la izquierda, la que en los años setenta fundó al MAS luego de asimilar las lecciones del descalabro soviético, el colapso intelectual del marxismo, y el fracaso del despotismo cubano, se ha visto superado por el radicalismo guevarista de la izquierda nodemocrática, sobreviviente de la lucha guerrillera, dogmática e irreductible".
Romero planteaba que resultaba comprensible que lo que resta de la izquierda democrática venezolana, y en particular sus intelectuales, se empeñen en caracterizar al chavismo como "fascista", pues esta es una manera de separarle de la izquierda como tal, y de ubicarle en otro esquema político-ideológico asociado a la derecha. En palabras llanas, para Romero la caracterización adecuada era la siguiente: "El régimen chavista es, hoy, un populismo militarista de izquierda, en vías de transformarse en una dictadura de izquierda radical y militarizada. Pero lo crucial es tener claro esto: el chavismo no es fascista porque el chavismo es de izquierda. Por lo demás, el fascista Ceresole rompió con Chávez, porque Chávez se identifica con Fidel Castro y la Revolución Cubana". Llama la atención la periferia del análisis; es decir, la interrogación sobre la existencia de un sector de izquierda que en Venezuela desplazó sus conexiones ideológicas y conceptuales con la apología a la URSS para dirigirse al llamado "avance democrático poscomunista", que asimiló el "descalabro soviético", el colapso intelectual del "marxismo" y el fracaso del "despotismo cubano"; es decir, que dio paso al MAS.
"Si creemos que llegó el fin de los totalitarismos, si es verdad la caída del comunismo soviético, si llegó la hora de los pueblos, ¿cómo, entonces, podemos dudar de nuestro pueblo y sus fuerzas? ¿Acaso este teatro cogollista y sectario que domina y envilece nuestro país es más fuerte y estable que lo que era la dominación del PCUS? ¿Acaso estas camarillas de policías políticos, atemorizadores y matones, son más capaces que la KGB? Si aquellos pueblos se restearon por dignidad, democracia, participación y libertad, ¿quién podría exigirle pasividad al pueblo de Simón Rodríguez? Por eso nos lanzamos a la acción con una sencillísima plataforma de referencias que obligue a la participación colectiva hacia la construcción de un sueño posible: la democracia bolivariana, mucho mas avanzada y progresista que las reformas de gotero ad aeterno por los cómplices de la Copre y de quienes le pagan".
Al parecer, aquellos comandantes del 4-F, carecían de nostalgia por el comunismo soviético, la dominación del PCUS o el terrorismo de la KGB. Plantearon una sencillísima plataforma de lucha para fácil recepción del pueblo explotado y humilde, con referencias que para muchos opositores de derecha estaban fuera del quicio de la racionalidad política de una modernidad como el llamado sistema EBR: Zamora, Bolívar y Simón Rodríguez.
¿Eran "totalitarios" aquellos elementos ideológicos?

PANEBARCO 6/10

El Nacional - Miércoles 07 de Abril de 2004     A/8
Izquierda, chavismo y fascismo
Aníbal Romero

Todos los regímenes autoritarios se parecen de un modo u otro, pero no todos son fascistas. En nuestro medio, el término fascista está siendo utilizado con ligereza e inmanejable amplitud, sin precisión teórica ni claridad política. Por un lado, Chávez acusa a sus opositores de fascistas, mas de otro lado algunos intelectuales de la izquierda democrática califican también al régimen chavista de fascista, y pareciera que en esta oscura noche venezolana todos los gatos son pardos (fascistas). Es obvio que alguien debe estar equivocado, posiblemente ambos.
Para la izquierda democrática venezolana Chávez ha sido un verdadero desastre. Le ha quitado el oxígeno y la ha marginalizado. El chavismo ha ocupado el espacio político e ideológico de la izquierda, sin sus avances democráticos poscomunistas.
En otras palabras, el esfuerzo realizado por un sector de la izquierda, la que en los años setenta fundó al MAS luego de asimilar las lecciones del descalabro soviético, el colapso intelectual del marxismo y el fracaso del despotismo cubano, se ha visto superado por el radicalismo guevarista de la izquierda no democrática, sobreviviente de la lucha guerrillera, dogmática e irreductible.
En estas circunstancias, resulta comprensible que lo que resta de la izquierda democrática venezolana, y en particular sus intelectuales, se empeñen en caracterizar al chavismo como fascista, pues esta es una manera de separarle de la izquierda como tal, y de ubicarle en otro esquema político ideológico. No obstante, el régimen chavista no es fascista, aunque tenga rasgos que se asemejan al llamado fascismo “auténtico” mussoliniano. El uso inflacionario del término fascism para descalificar al adversario político es una vieja táctica de la izquierda, y desde esta perspectiva Pinochet, Perón, Duvalier, Blair y Bush son también fascistas. Semejante confusión conceptual se explica, como ya dije, por el uso superficial de un término con fines puramente polémicos.
Cuando afirmo que el régimen chavista no es fascista no intento minimizar sus rasgos autoritarios.
Es más, estoy convencido de que la dinámica intrínseca del régimen le llevará eventualmente a convertirse en una dictadura sin disfraces, pero no será fascista. El régimen chavista es, hoy, un populismo militarista de izquierda, en vías de transformarse en una dictadura de izquierda radical y militarizada. Pero lo crucial es tener claro esto: el chavismo no es fascista porque el chavismo es de izquierda. Por lo demás, el fascista Ceresole rompió con Chávez, porque Chávez se identifica con Fidel Castro y la Revolución Cubana.
En lo ideológico, insisto, el chavismo es un régimen de izquierda radical, guevarista y antidemocrático.
Pienso que esta es una caracterización certera desde el punto de vista teórico. El chavismo responde a las más profundas raíces de la cultura de izquierda latinoamericana, una vez que se le deslastra de los elementos democráticos y liberales que adquirió en algunas partes –entre ellas Venezuela– después de la ruina de la URSS y la catástrofe conceptual marxista. Ubicar con nitidez al chavismo como una manifestación político ideológica de izquierda es esencial, si queremos que de esta experiencia surja algún día un aprendizaje político creativo en la sociedad venezolana. En efecto, si admitimos la caracterización de fascista que algunos intelectuales quieren endosarle al chavismo, una vez que el régimen llegue a su fin tendremos entonces a los izquierdistas de siempre volviendo a las andadas, argumentando que lo que acá ocurrió estos años nada tenía que ver con la izquierda, y empujando al país nuevamente por la misma senda de fracasos, aunque sin el radicalismo guevarista ni los impulsos autoritarios de Chávez. En un medio como el venezolano la cultura de izquierda en sus diversas variantes es predominante, y una de las pocas cosas buenas que podrían surgir de la experiencia chavista es que ese izquierdismo que millones parecieran llevar en la sangre, sufriese un severo resquebrajamiento, abriendo las puertas a una cultura política de centro derecha, única fórmula capaz de sacar al país de su atraso económico y social.
La izquierda democrática organizada y sus intelectuales han sido dejados de lado por el chavismo, pero continúan enviando un mensaje equívoco: Chávez, nos dicen, no es de izquierda, sino fascista, por lo tanto, la “verdadera” izquierda, la que realmente hará lo que requiere Venezuela, todavía no ha tenido su turno. Con este mensaje, la izquierda no chavista se protege ahora para proseguir después con el mismo rumbo fundamental, estatista, antinorteamericano, asistencialista y anticapitalista de costumbre, el mensaje que ha traído a Venezuela donde ahora se encuentra, y que Chávez enarbola como receta infalible del más profundo retroceso en la historia moderna del país.

EL NACIONAL - MIÉRCOLES 19 DE ABRIL DE 2000
Ceresole y los militares venezolanos
Aníbal Romero

El carácter confuso y en ocasiones delirante de los planteamientos ceresolianos no debe ocultarnos un hecho: "ideas" similares han producido en el pasado reciente graves daños al sector castrense latinoamericano, como lo muestran -entre otros- los casos argentino y chileno de los años 60 y 70. Por lo tanto, a pesar de su naturaleza opaca y violenta, el mensaje ceresoliano requiere discusión.
En esencia, Ceresole pide dos cosas a los militares venezolanos: en primer término, que adopten una visión geopolítica nueva y se ajusten a otra alianza estratégica, ambas sustentadas en la confrontación con Estados Unidos, alineándonos dentro de un bloque diferente que a decir verdad jamás es definido con precisión por el sociólogo argentino, pero que pareciera incluir una Rusia otra vez beligerante, así como los regímenes árabes radicales y, por supuesto, la Cuba castrista. En segundo lugar, Ceresole asegura a nuestros militares que el "proyecto revolucionario" ahora puesto en práctica en Venezuela constituye su única salvación. En sus palabras: "No existen dos proyectos militares. Existe uno solo, porque el otro está orientado a la destrucción de la Fuerza Armada, tal como ya ha ocurrido en la mayoría de los países liberalizados y democratizados de la América Meridional".
Las elucubraciones ceresolianas son poco originales. Esa extraña mezcla de antiyanquismo y antisemitismo, con elementos de marxismo y fascismo unidos a una enrevesada teoría conspirativa de la historia, ha jugado ya un papel en el proceso de decadencia ideológica de los ejércitos latinoamericanos, con trágicas consecuencias. Por fortuna, en Venezuela el veneno ceresoliano ha tenido, hasta ahora, escasa penetración en el sector castrense en general, pero lamentablemente, pareciera que el jefe del Estado simpatiza con las tesis del sociólogo argentino. Así lo evidencia, por un lado, el antiyanquismo de nuestra actual política exterior, la defensa de la revolución castrista, la búsqueda de un mundo geopolíticamente "multipolar" (contra Estados Unidos), y la fantasiosa concepción de una "OTAN del Sur" para responder ante amenazas que nadie parece tener claras, y que más bien apuntan hacia la famosa unidad de los "ejércitos revolucionarios" en América Latina. Por otro lado, desde luego, el impacto ceresoliano se plasma en la visión de la "postdemocracia" plebiscitaria del caudillo-ejército-pueblo, en franca ruptura con la tradición occidental de la democracia representativa.
A mi modo de ver, las recetas de Ceresole constituyen el más seguro y expedito camino para el deterioro profesional, institucional y moral de nuestros militares, y la eventual aniquilación de las Fuerzas Armadas venezolanas como sector comprometido con un orden político civilizado. Para empezar, la visión geopolítica del sociólogo argentino implica romper con el principal socio estratégico, comercial y sociocultural de Venezuela, los Estados Unidos, una nación que está al frente del progreso en todos los órdenes de la existencia contemporánea, y con la cual nos unen hondos y sólidos vínculos de toda índole, que en múltiples sentidos y aspectos nos benefician. El sociólogo argentino parte de la premisa errada de que la actual hegemonía norteamericana pronto será puesta en juego por Rusia y China, lo cual no es en modo alguno cierto, y pretende que Venezuela sacrifique sus lazos con Washington a favor de un cadáver histórico como sin duda lo es la revolución castrista en Cuba. Semejante transformación en nuestra ubicación geopolítica sería sencillamente un acto demencial, que acabaría por ubicarnos junto a regímenes oprobiosos que poco o nada tienen que ver con nuestras tradiciones, costumbres, valores y aspiraciones.
Ceresole argumenta además que han sido la democratización y liberalización políticas de estos pasados años las que han "destruido" a las Fuerzas Armadas latinoamericanas. El sociólogo argentino parece olvidar que la "destrucción" (en realidad, pérdida de prestigio y peso político-social) de los militares en su país fue el resultado de las terribles dictaduras ejercidas por el sector castrense en Argentina (dictadura en no poca medida inspiradas en la ideología ceresoliana), de la bufonesca aventura de las Malvinas, y de la indignante "guerra sucia". En cuanto a Venezuela, nadie, absolutamente nadie en su sano juicio ha propuesto o siquiera sugerido la eliminación de las Fuerzas Armadas. Al contrario, el gran peligro que corre nuestro sector castrense se deriva precisamente de la politización forzada a que está siendo sometido por el jefe del Estado, en parte gracias a los "consejos" malevolentes y distorsionadores de un hombre que por desgracia ha importado a nuestro país el tono y los contenidos del mensaje fascistoide que tanto daño ha causado entre los militares de otras naciones hermanas, y que ahora amenaza con contaminar a los nuestros. Las Fuerzas Armadas venezolanas enfrentan un desafío crucial en estos tiempos de mengua, y su responsabilidad ante el país y ante sí mismas es ineludible. El rumbo que les señala Norberto Ceresole, y al que parece acogerse el Presidente de la República, representa un verdadero suicidio para la institución castrense nacional. La advertencia está hecha.

PANEBARCO 7/10

El Nacional - Domingo 08 de Mayo de 2005     A/11
Marxismo-leninismo
El discurso del marxismo-leninismo no sirve para legitimar dictadores que sólo abandonan el poder cuando se les acaba la vida (Stalin), mientras que el leninismo funciona de maravilla para cuanta voluntad de poder absoluto ande por ahí. El poder algunas veces requiere de su vestimenta
Massimo Desiato

Es decir, la doctrina oficial del estalinismo. Porque Lenin no se decía a sí mismo marxista-leninista (no era megalómano) ; pero tampoco podía reconocerse sin más ni más como marxista, al romper con los textos de Marx y Engels en lo concerniente a la dictadura del proletariado.
Entonces, cuando alguien afirma que es marxista-leninista está simplemente afirmando que es en realidad estalinista (sería mejor decir un “seguidor de Stalin” ) una de las peores versiones del comunismo real.
No hay que sostener, como cierta clase de izquierda quiere dar a entender, que la verdadera alternativa a Stalin no fue el marxismo, ni Trotsky, ni Bujarin, sino Lenin. Por el contrario, Lenin fue la premisa y la condición de Stalin, y cuando el eurocomunismo en la década de los ochenta comienza la crítica del segundo, olvida por completo criticar al primero como el gran desertor del texto marxista. En palabras de Vittorio Strada: “Por esta razón, el marxismo oficial sigue siendo lo que es desde cuando se casó con el leninismo:
un obstáculo casi impenetrable para la investigación histórica y política, un instrumento de dominio y represión, posesión exclusiva de la cúspide de una jerarquía que logra arrojar su propia oscuridad mental hasta los niveles más bajos”.
Hay que llevar a cabo una crítica del leninismo precisamente para romper el guión que permite la fusión marxismo-leninismo como si se tratara de un mismo curso. Si bien esta crítica fue llevada a cabo por Rosa Luxemburg, también es cierto que no se trató de una crítica radical, pues aceptaba la revolución bolchevique mientras reivindicaba su opuesto, es decir, aquella democracia que la revolución de Lenin había inevitablemente aniquilado.
Recuerdo todo esto porque si Venezuela tiene que inventar el socialismo del siglo XXI sería bueno que explícitamente se dijera que esta nueva búsqueda nada quiere ni tiene que ver con el marxismo-leninismo. Ni con Lenin, ni con Stalin ni con cualquier otro gobernante en el mundo que los haya reivindicado o los use como fuente permanente de inspiración. Porque Lenin y Stalin rechazaron la democracia, mientras Marx no lo hizo (desde luego, Marx no constituyó un comunismo real.
Marx se quedó en los textos).
Insisto en recordar con Agnes Heller, entre muchos otros intérpretes, que el leninismo nació como oposición cada vez más clara e irreconciliable contra el movimiento socialdemócrata y marxista ruso de cuyo seno salió para reconocerse como “bolchevique” en oposición a “menchevique”.
La diferencia entre Marx y Lenin se reduce, para el formato de esta nota, como sigue. Para Marx el sujeto revolucionario se apropia del Estado para democratizarlo de punta a punta y, al así hacerlo, lo transforma de aparato de represión en dispositivo de liberación. Pero esto significa que no es suficiente apropiarse del Estado y ponerlo a andar, sino que hay que construir un nuevo Estado que “quiebre la estructura burocráticapolicial-militar a favor de la autogestión del pueblo”.
Como puede verse, para Marx Estado militar y autogestión no pueden ir juntos. Para Lenin sí. A tal punto que Lenin se apoderó del Estado pero no lo transformó. El Estado siguió siendo esa estructura “burocráticapolicial-militar” que al final terminó con Stalin quebrando la autogestión y traicionando la Revolución.
En palabras más sencillas:mientras el marxismo no es sinónimo de dictadura, el leninismo sí lo es. Y todavía más lo es el marxismoleninismo de Stalin, donde el “guión es abusivo”.
Uno se preguntará por qué el leninismo y el marxismo-leninismo han tenido tanta suerte, mientras el marxismo se quedó en letra muerta. La respuesta es, si se quiere, bastante sencilla:
el discurso del segundo no sirve para legitimar dictadores que sólo abandonan el poder cuando se les acaba la vida (Stalin), mientras que el primero funciona de maravilla para cuanta voluntad de poder absoluto ande por ahí. El poder algunas veces requiere de su vestimenta.
Para algunas cosas es pudoroso.
Resumiendo tenemos entonces:
1) la democracia representativa liberal burguesa; 2) la democracia radical marxista; 3) la dictadura marxista-leninista.
Si Venezuela parece haber descartado la primera opción, tiene que elegir entre 2 o 3. Si elige la democracia radical marxista, es bueno recordar que quien guía la suerte del país cambia periódicamente.
Si elige el marxismoleninismo, el líder no cambia nunca. Pero en ese caso no se habrá inventado nada nuevo.

PANEBARCO 8/10

EL NACIONAL - Domingo 17 de Octubre de 2010     Opinión/9
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo 
El marxismo de los curas
Rigoberto Lanz

"...Vivimos una guerra de escatologías mesiánicas".
Jacques Derrida: Spectres de Marx. P. 101

La burocracia eclesiástica está cruzada por diversas tendencias que representan visiones y sensibilidades heterogéneas. Hay allí gente muy avanzada que convive con los sectores más retrógrados. Hay actores críticos que están en permanente tensión con los jerarcas del catolicismo.
Gente estudiosa y bien preparada se consigue de vez en cuando. Pero la media intelectual de la vocería de los jerarcas de la Iglesia es de un patetismo insoportable. Eso no tendría mayores consecuencias si la acción religiosa ocurriera puertas adentro. Pero sucede que los voceros de la Iglesia son muy activos en el espacio público, forman parte de la agenda del statu quo y defienden los valores y los intereses del poder.
Mientras la discusión transcurra en los niveles primarios del día a día, las opiniones de la Iglesia pasan sin pena ni gloria. El asunto se complica cuando los jerarcas se ven obligados a hacer pronunciamientos sobre temas de envergadura intelectual. Es allí donde se devela la precariedad con la que se manejan asuntos de alto vuelo, la sustitución de los buenos argumentos por criterios de autoridad, la manipulación de problemas muy complejos en nombre de la fe (piense usted en el aborto, el uso de preservativos o la clonación).
En Venezuela tenemos un laboratorio muy visible para apreciar este fenómeno. En la medida en que los gobiernos van y vienen sin ninguna agenda de cambios verdaderos, la Iglesia se acomoda funcionalmente echando manos de toda suerte de complicidades. Pero cuando aparece una coyuntura socio-política en la que las transformaciones de fondo están a la orden del día, entonces el discurso eclesiástico se activa para torpedear estos procesos.
En ese afán se recurre a cualquier expediente. No podía faltar una consideración demoníaca sobre el marxismo.
Pero ¿a qué marxismo se refieren los curas? Puede usted estar seguro de que nadie se ha tomado la molestia de leer algún texto de Marx, mucho menos estudiar la producción intelectual asociada al marxismo por más de un siglo. Allí lo que se respira es ignorancia pura y dura.
Eso sí, exhibida con aires de insufrible suficiencia desde el púlpito de las iglesias o engolosinados frente a las cámaras de televisión.
Hay un marxismo de pacotilla que circula impunemente en los discursos ordinarios de la derecha histérica, en las peluquerías y en cualquier sala de espera donde consigue usted un concentrado de la densidad cultural de buena parte del país.
Es ese el marxismo que está en la cabeza de los curas fanatizados contra la revolución. Mientras no tengan que expresarse públicamente, el asunto queda en casa reforzando el "exceso de ignorancia" del que nos hablaba el filósofo Cantinflas.
Como se comprenderá, allí no cabe ninguna discusión mínimamente fundada. De la misma manera que el texto sagrado de la Biblia no está hecho para generar discusiones, el texto imaginario del antimarxismo clerical no está hecho para azuzar algún debate.
Es un anticomunismo visceral alimentado durante largo tiempo sin que se requiera algún control crítico que ponga en evidencia la ramplonería de este tipo de pensamiento.
Está claro que los aparatos religiosos operan en la práctica como dispositivos políticos amparados en la fragilidad de las creencias y los hábitos espirituales de la gente. Allí no hace falta una gran preparación teórica. Basta un rudimentario abecedario en el que aparezcan los términos malditos: revolución, socialismo, marxismo, izquierda.
Con audiencias cautivas y el truco de ser voceros de alguna divinidad se aseguran la credibilidad ante los fieles.
Esta operación viene haciéndose durante siglos. Entrar y salir de esta lógica opresiva supone toda clase de traumas psicológicos.
Para que un debate serio aparezca es preciso desbrozar hasta toparse con teólogos formados y con criterios para entablar una conversación pertinente. No digo que sea fácil, pero no hay otro camino.

PANEBARCO 9/10

EL NACIONAL, Caracas, 3 de abril de 1997
Notas
Eduardo Vásquez

Hemos dicho en ocasiones recientes que la izquierda venezolana ha sido muy responsable de nuestra pobreza intelectual, y añadiría también de nuestra miseria moral. Me considero como ubicado a la izquierda, si se entiende como tal respetar lo que se tiene por verdadero, creer en la igualdad de los hombres, denunciar y condenar todo lo que nos envilece, nos degrada y despoja de nuestra libertad. Creemos haber sido consecuentes durante nuestra vida universitaria con esos principios.
Hacia los años setenta nos ubicábamos en la izquierda en la Universidad. Pero la izquierda dogmática y pro soviética nos combatió con todas las armas a su alcance porque habíamos traducido el libro de Henri Lefebvre, El Materialismo Dialéctico, y difundíamos el pensamiento de George Lukacs, lo cual culminó con nuestra traducción de Investigaciones Dialécticas, de Lucien Goldmann, discípulo de Lukacs. Estos pensadores fueron declarados revisionistas por el marxismo soviético que nada quería entender de libertad, de enajenación (o cosificación), de totalidad concreta, etc., todo lo cual implicaba una larga crítica del positivismo stalinista pseudomarxista. También dimos a conocer el pensamiento de Fritz Sternberg, cuya obra Le Conflict du Szécle es el mejor, elaborado y más completo análisis de la evolución política y económica de la Unión Soviética, en el que se veía que ella no era ni socialista ni marxista. Los ahora masistas y para entonces comunistas nos colocaron en los bandos de la reacción y de los lacayos del imperialismo. La Unión Soviética también tenía sus lacayos y para desgracia de la Universidad Central eran allí la fuerza dominante. Académicamente, se obligó a los profesores, cuando no eran militantes, a callarse, a no ver, a no criticar. Es por eso que hemos sostenido que la ``izquierda'' venezolana le hizo un gran daño intelectual al país.
Hoy vemos al ministro Petkoff, jefe de la izquierda universitaria y ahora jefe de las fuerzas antiuniversitarias, criticar duramente a la Universidad, cuyos vicios o carencias él contribuyó grandemente a formar. Podemos hablar de las Facultades de Humanidades y Economía porque tenemos conocimientos muy completos de lo que ocurría con ellas. Era norma la no presentación de concursos. Los militantes del partido dominante, la izquierda, por supuesto, entraban como interinos; esto es, debían presentar concurso en breve tiempo. Pero allí permanecían diez o más años y si se llamaba a concurso era porque ya el interino era dueño de la cátedra. Concursos que eran una farsa, con jurados ad hoc . Esto impuso en la Universidad una incorporación de profesores, por todos los partidos con poder. Pero la izquierda dominante, supuestamente crítica, se convirtió en cómplice y patrocinadora. Ya la responsabilidad académica por el atraso ideológico es enorme. Pero la responsabilidad política que hizo posible la primera tiene también gran trascendencia.
En 1970, las autoridades interinas, Oswaldo De Sola, Juan José Puigbó y yo mismo, nos enfrentamos a la alternativa de transformar la Universidad de tal modo que fuera posible la aplicación cabal de la Ley de Universidades y la restauración de la autonomía, o bien llamar a elecciones para mantener el status quo . O bien reforma o bien elecciones. Para comprender por qué las autoridades tuvieron que llamar a elecciones hay que recordar la situación política de la época. Caldera decidió la intervención de la Universidad Central, con todo el apoyo de Acción Democrática; tenía como candidato presidencial a Lorenzo Fernández. Fue así que las izquierdas, entre las cuales estaba el MAS de Teodoro Petkoff, prometieron su apoyo a Copei contra Carlos Andrés Pérez a cambio de no cambiar nada en la Universidad. Este pacto hizo imposible todo cambio en la UCV, toda reforma destinada a extirpar vicios y violaciones de ley. Ninguna fuerza política quiso transformación alguna en la UCV, y no es pequeña la parte de responsabilidad que le atañe al profesor Petkoff en colaborar para que la Universidad cayera en una degradación constante y le fuera imposible salir de ella. Los partidos políticos que hoy condenan a la Universidad y que la acusan de no ser capaz de autoevaluarse, de no aplicar la heterologación, son los principales responsables de que ello no se haya podido realizar. Siempre han apoyado a las autoridades que aspiran a ser elegidas, no por su trayectoria universitaria, sino por compromiso de no hacer nada que afecte sus intereses. Hoy, uno de los responsables, el profesor Petkoff, responsabiliza a la Universidad por lo que él en gran parte es responsable, por lo que él y sus huestes no le permitieron hacer. Es cierto que la postración de las universidades venezolanas es un hecho, está allí y es difícil negarlo. Pero ese hecho es un resultado, es el producto de todo un proceso en el que los partidos políticos que hoy la enjuician son los principales gestores de ese resultado. Y el jefe del MAS, que hoy la enjuicia tan duramente, no es el menos responsable.

PANEBARCO 10/10

El Nacional - Sábado 07 de Octubre de 2006     A/8
Misión Añagaza
Ramón Hernández

Ahora, que han desaparecido hasta los restos de escombros que unos pocos guardaban como recuerdo del Muro de Berlín --se deshicieron de ellos al constatar que no tendrían valor de uso ni de cambio-y que ha quedado al descubierto que eso que con mucho bombo se llamaba Academia de Ciencias de la URSS no era más que una farsa en la que se refugiaban una sarta de burócratas embaucadores, de científicos de pacotilla y no pocos saltimbanquis de la epistemología, asombra que en Venezuela se recurra como la gran novedad al marxismo-leninismo como método de estudiar la realidad social y económica, que equivaldría a utilizar un vaso de cartón mojado en asuntos para los que un carnicero usa un cuchillo de acero bien afilado.
Cuando la academia cubana descubrió en 1994, obviemos la tardanza, que habían sido engañados por la "inteligentzia soviética" y que todo lo que habían recibido como enseñanzas "marxistas" no eran más que distorsiones manualescas y chapucerías, su respuesta inmediata no fue asumir los daños directos y colaterales, sino mantener la mentira y con particular viveza caribeña, mira, tú, fueron transformando los cursos de marxismo-leninismo que se dictaban en las universidades y demás centros de estudios superiores para incorporar los CTS, que no es la fórmula de la energía atómica, pero sí la trocha que encontraron para, sin necesidad de autocríticas indignas, recuperar el camino de la seriedad científica. CTS significa ciencia, tecnología y sociedad, que es algo muy distinto a las arbitrariedades léxico-semánticas en las que se regodeaba F. Konstantinov en sus disquisiciones churriguerescas del materialismo dialéctico y sus derivaciones científico-prácticas.
La imaginación popular que no tiene límites, pero que siempre es superada por la realidad en las formas más estrambóticas y bizarras, inventó la historia de dos presos rusos que, siendo vecinos de calabozo, lograron establecer comunicación a través de un pequeño agujero en la pared. Por ahí hablaban sin límites y sin temores, y por ahí uno descubrió que el otro conocía Barcelona y tenía una capacidad increíble para describir las calles, los avisos luminosos, las faldas de las mujeres y su contoneo al caminar, las conversaciones que tuvo en lo bares y las distracciones que tropezó en los café. También que hablaba catalán y que no tenía problema en ensañárselo. Desde entonces, se dedicó a entender el significado de las palabras, su pronunciación, las especificidades gramaticales, las reglas y las excepciones.
Pronto pudieron comunicarse en la lengua aprendida y conversaban de asuntos muy pueriles pero también se enredaban en disquisiciones que salpicaban con Kant y también con Diderot. A los pocos meses, sin que nos toque explicar el laberinto de la justicia soviética, quedó libre. Sin nada que hacer y con la posibilidad de conocer Barcelona, hizo el viaje. En la estación del tren, tan pronto cruzó la primera palabra se dio cuenta que no lo entendían. Que aunque se afanaba en pronunciar despacio y articular debidamente vocales y consonantes, no lo entendían. Nadie lo entendía. Era más fácil encontrar quien entendiera su ruso que el catalán que con tanto éxito le había enseñado su compañero de prisión. Su decepción fue inmensa cuando entendió que eso que había aprendido no era catalán ni idioma alguno conocido, que había sido víctima de una broma cruel, que su amigo le había inventado una lengua, que le resultaba inútil, que era su único hablante.
Cuando se desplomó la Unión Soviética y la "academia" cubana tuvo que recurrir al resto del mundo sin intermediarios radicados en Moscú, cayó en cuenta de que había aprendido una jeringonza, pero no un método científico de interpretar la realidad, que si no se contaba con los rublos de Moscú, el materialismo dialéctico que "hablaba del tiempo y del espacio como elementos estéticos constituyentes de la realidad" no les servía para sembrar frijoles ni para la zafra de la caña; muchísimo menos para entender cómo la voluntad caprichosa podía anular todas las categorías contrarias a la explotación del hombre por el hombre a que se referían Marx y Engels en el Manifiesto comunista, pero también en el antiduring.
En lugar de reconocer el engaño, y hasta dar un salto adelante y reconocer las carencias teóricas y programáticas del marxismo, su inutilidad, el sociolismo cubano revitalizó su parasitismo estructural y sin amagos ni vergüenzas estableció su propia modalidad de ideología revolucionaria, que no necesariamente se le denomina castrismo en los libros de texto y difusión académica, sino por las siglas CTS. La mandarina pelada está.
La hipocresía y la viveza caribeña, que también encierra mucho miedo a los caprichos del aparato, hizo que el tradicional examen de filosofía marxista que en Cuba deben pasar todos los aspirantes a categorías docentes principales, así como el examen mínimo de filosofía para la obtención de grados científicos de doctor, en disciplinas tanto sociales como técnicas, se ha transformado en un examen de "problemas sociales de la ciencia y la tecnología", que ya se le conoce entre los profesores como CTS, sin más. Mientras, a Venezuela se mandan los profesores de marxismo-leninismo que no han podido aprender el CTS. Ay, Asalia, tanto leer a Mao para ahora tener que decir: "Ordene, mi comandante". Alquilo catecismo rojo.

EL NACIONAL, Caracas, 16 de octubre de 1997
El grado cero del pensamiento
Roberto Hernández Montoya

En estos adioses del siglo se ha puesto de moda la muerte de las ideologías. Vemos con la irónica compasión de Borges por los heresiarcas a todos aquellos que se contorsionan con ideas fijas, tutelares y absolutas. No estaríamos como en la Edad Media, cuando había quien sostenía que saltar en la tumba de cierto santo movilizaba como nada la fisiología del espíritu, para no hablar de la circulación sanguínea. Otros que María no era virgen y que Cristo tuvo una porción de hermanos. Por ideas así mataban o se hacían matar. Con frecuencia ambas cosas.
Cuando comenzó esta Democracia había un espectro político bastante didáctico: la izquierda era el Partido Comunista de Venezuela, la derecha Copei, Acción Democrática la izquierda "con vaselina" (Rómulo dixit). URD quedaba como enigma único, al buen tuntún de los lances de Jóvito Villalba, su líder total. Comodín de la política, premonitorio del presente, Jóvito era un profeta. Ahora, niños, ya saben quién es el epónimo del Parque del Oeste. De resto la gente se decidía por un partido u otro segén su visión ante la historia de Venezuela, si aplaudía a los liberales o a los conservadores de la Guerra Federal, si creía en Dios o no y cómo. Tanto fue así que cuando Rómulo sumió a AD en la tradición retrógrada que tanto combatió, los jóvenes indignados, Domingo Alberto Rangel, Jorge Dáger, Américo Martín, se fueron un rato a la guerrilla, a matar o a hacerse matar por las ideas traicionadas. Se aliaron con Teodoro y Pompeyo. Luego vino la "democracia con energía" y con ella esta entropía ideológica. Candidatearse ahora es decir "ese hombre sí camina", "yo tengo la voluntad", "­palante!", que son ideologías más bien deficitarias.
En realidad no ha muerto ninguna ideología. Lo que ha menguado es el marxismo. Y ni tanto, porque ahí está Fidel. Las demás están intactas. No he visto al Papa disolver el Vaticano ni a los ayatolas decir que ya no creen en las cosas esas. La secta Moon es tan poderosa que la expulsan a pesar de sus inversiones básicas. Hay gente que se suicida por acudir a una cita con una nave espacial estacionada tras un cometa. Gente que mata por Euzkadi. No estamos en ese mundo de ciertos intelectuales exquisitos que dicen no creer en nada, aparentemente admiradores de Borges, que han construido una estética sobre su incompetencia absoluta en todo, hasta para escribir, pintar o componer, que se supone que es lo que saben hacer. Están como los demás: en la ideología de la desvergüenza, en la que no se oponen visiones del mundo sino acciones de facto. Así será de desheredado el debate que el único que empuña una ideología es el Movimiento Bolivariano.
Tal vez sea mejor así, como sugiere Janet Kelly. Si aunque sea hubiera un candidato como lo esbozaba José Ignacio, que no hablara tanto y tapara unos baches o hiciera funcionar tuberías. Quizás ese candidato es Irene, que solo produce pasión entre quienes la adversan por bonita y por mujer y entonces dicen la tontería de que es tonta. Es una lástima que una beldad no produzca pasión entre sus admiradores. Es inconcebible que en el contexto político cerrado de Venezuela un candidato cimarrón gane las elecciones y se las respeten. Pero si no va a ser apasionante sería al menos divertido que ganara Irene.
rhernand@analitica.com

miércoles, 28 de noviembre de 2012

NO ES NADA, SÓLO UN JUEGO

EL NACIONAL - Miércoles 28 de Noviembre de 2012     Opinión/9
¿Marxismo-leninismo?
HEINZ R. SONNTAG

La dupla indicada en el título está siendo usada casi siempre cuando se hace referencia a las bases ideológico-políticas de los regímenes surgidos a partir de la Revolución de Rusia en 1917. Insinúa que el pensamiento de Carlos Marx y el de Vladimir Iljitsch Uljanov, alias Lenin, tienen nexos epistémicos y teóricos que permiten el acoplamiento de los dos en un solo concepto. Sin embargo, la realidad es bastante diferente y la dupla una simplificación.
Empezamos por recordar que Marx, cuando Friedrich Engels le propuso que la base del Manifiesto Comunista de 1848 tenía que ser el pensamiento marxista, le escribió que no había creado ningún "ismo" en el cual pudiera encerrarse su obra y que esta era el análisis científico y crítico del desarrollo y funcionamiento económico, social y político del capitalismo.
La teoría crítica de Marx como dialéctica se reconoce condicionada por la praxis, esto es: el movimiento real de la sociedad capitalista y como tal la expresión más consecuente del pensamiento sobre la realidad del siglo XIX.
Marx expresaba su creencia apasionada en el individuo y una profunda desconfianza en dogmas abstractos. No consideraba solamente el papel de la clase trabajadora ni la producción material un fetiche. Les dedicó especial atención a los sectores medios. Su preocupación por la economía fue un resultado de su pretensión de reducir el poder de la misma sobre la humanidad. Su materialismo fue compatible con convicciones morales y espirituales.
Para citar a Teodoro Petkoff, "el socialismo no comenzó a aparecer por donde se le esperaba, en los países capitalistas avanzados, sino precisamente en los mas atrasados. El primer ejemplo fue precisamente el Imperio Ruso. Como dijera Marx, `la historia parece desenrollar su madeja por el otro extremo". Aunque en la segunda mitad del siglo XIX había progresado la industria en ese país, su estructura económica era todavía predominantemente agraria. Como decía Lenin en 1897: "De los 125,6 millones de habitantes, 97% son población agrícola". Aun en estas condiciones, la revolución había comenzado a principios del siglo XX, sobre la base de un desarrollo capitalista. Sin embargo, ambos cambios no habían podido transformar las estructuras sociales y políticas del reino autocrático.
Sin embargo, dentro de la sociedad existía un pequeño grupo que quería cambiar las estructuras sociales de su país, si era necesario a la fuerza: la intelligentsia. Aun con la rigidez de las estructuras políticas, este grupo empezó a crecer y a crear partidos y movimientos.
El más importante fue uno que se parecía a la socialdemocracia, en el que jugaron papeles importantes Alexander Herzen y Georgi Plejanov. Lenin se afilió al grupo a finales del siglo XIX. Su primera contribución esencial fue el libro ¿Qué hacer? Allí modificó la unidad de la "teoría" y la "praxis". Como abandona la fundamentación filosófica de la práctica y de la praxis, el leninismo no se puede entender sino solamente como una doble realidad dialéctica: por un lado como "teoría" (que se entiende como conjunto de instrucciones para la práctica) y por el otro como práctica revolucionaria misma. En otras palabras, Lenin, basado en ciertas afirmaciones de Engels, convierte la teoría crítica de Marx en un libro de enseñanza parar la acción. Esto implica que abandona la esencia humanista de la teoría crítica de Marx y la convierte esencialmente en un método.
Al proceder de esta manera, las expresiones de Lenin se modifican muchas veces según la situación en la cual son efectuadas. La mayoría de los trabajos de Lenin son "trabajos de ocasión". Menciono tan solo un ejemplo: en 1916 publica un libro titulado Estado y revolución.
En el mismo, siguiendo más a Engels que a Marx, argumenta en favor de la desaparición del Estado y de su sustitución por otras formas de organización política y administración de la "res publica", a través de las comunas. En Febrero de 1917, en una conferencia ante los estudiantes de la Universidad de Swerdlow, insiste en la necesidad de un Estado fuerte para conducir el proceso revolucionario. Ciertamente, a Marx y Lenin les une la idea de la revolución, pero los separa ­ entre otras cosas ­ la imagen de las condiciones, las cuales deben estar dadas para Marx y Lenin pretende crearlas con la revolución política.
Que la dogmatización del "marxismo-leninismo" en varios sentidos fue fatal para el movimiento revolucionario internacional es hoy un hecho históricamente probado. Sobre todo la conjunción de dogmatización y papel dirigente de la Unión Soviética condujo a que la revolución mundial fuera puesta al servicio de la revolución soviética porque fue considerada como la materialización histórica del "marxismo-leninismo".
¿Hasta cuándo entonces "marxismo-leninismo"?

Ilustración: http://digilander.libero.it/rinascitacividale/archivio%201/file%20piccolo%20Lenin/piccolo%20Lenin.html

Brevísima nota LB: ¿Habrá comentado alguna vez a Furet?