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sábado, 21 de marzo de 2020

LA PESTE DE UN MISIL

El Covid-19: los misterios de la naturaleza
Trino Márquez
 
Yuval Noah Harari, el célebre escritor de Sapiens: De animales a dioses y de Homo Deus: Breve historia del futuro, dos libros de imprescindible lectura, dice en este último texto que las epidemias y todas las pestilencias que azotaron y diezmaron a la humanidad, son cosas del pasado. Pertenecen a esa etapa en la cual el conocimiento científico no había alcanzado las cotas de desarrollo actual, ni se sabía cómo se estructura el genoma humano. Ahora el Hombre se ha entronizado sobre la Naturaleza.

A Harari le pasó algo similar a lo ocurrido con Francis Fukuyama cuando, después de derrumbado el Muro de Berlín y la implosión de la Unión Soviética, predijo que en el mundo entero se extendería la democracia liberal, en el plano político, y la economía de mercado, en el área económica. En relación con lo segundo, su profecía tuvo éxito. Con respecto a la democracia, poco después de finalizada la Guerra Fría los regímenes autoritarios, al igual que las bacterias, mutaron hasta dominar de nuevo gran parte del planeta.

Yuval Harari no pudo prever la aparición del Covid-19. En realidad, nadie podía anticipar un hecho tan dramático como inesperado, aunque por allí andan circulando versiones de un grupo de ‘profetas’ que se atribuyen visiones premonitorias que veían ‘clarito’ el surgimiento de una pandemia que haría temblar a la Humanidad. Necedades de supersticiosos delirantes.

Harari tiene razón en que el impacto sanitario del Covid-19 será menor que el de plagas como la Peste Negra o la Fiebre Española, causantes de millones de muertes en todo el mundo. Sin embargo, el pánico y el efecto que ese virus, hasta ahora desconocido, están provocando en la economía mundial, escapa a todo pronóstico. Las consecuencias en la economía serán devastadoras. Todo 2020 estará signado por la gravitación de ese microorganismo sobre la economía planetaria. Al final, no habrá causado la muerte de millones de seres humanos, como sucedía en el pasado, pero sus secuelas en la esfera productiva, en el comercio, en las finanzas y, en general, en la economía, serán gigantescas.

Otra zona que está siendo estremecida es la social. Las relaciones interpersonales se han visto modificadas. El contacto entre las personas, a la vez se ha estrechado y se ha distanciado. La gente ha tenido que regresar al redil de su espacio más íntimo, la familia nuclear. Pero, se ha visto obligada a alejarse de los círculos de parientes y amigos que antes frecuentaba. Es probable que la aprehensión frente a la otra persona permanezca durante algún tiempo, nadie sabe cuán prolongado. Resulta probable que quede gravada en el ánimo de las personas, la sospecha de que el otro eventualmente es portador de un organismo patógeno que puede causarle daño.

A la Naturaleza hay que respetarla. Ya lo decía Francis Bacon, el filósofo inglés de los siglos XVI y XVII. Quien pretenda manipularla, cambiarla o someterla debe saber que en ella se esconden misterios insondables. Y que el viaje al microcosmos donde se mueven partículas imperceptibles es una travesía llena de enigmas y riesgos, capaces de comprometer la vida de miles o millones de seres humanos.

Resulta inevitable que el Hombre se considere el centro del Universo. Se encuentra en el punto más alto de la evolución de las especies. Sin embargo, está obligado a convivir y a sobrevivir en medio de un ambiente natural que no siempre puede dominar y que en numerosas ocasiones le resulta hostil. Convendría un poco de prudencia y humildad en el trato con la Naturaleza. Dedicar a la investigación científica anticipatoria mayores recursos, luce como otro aprendizaje fundamental. La investigación tendría que ser más proactiva que reactiva, de modo que sea capaz adelantarse a las tragedias antes de que estas ocurran.

En el caso particular de Venezuela, la presencia del Covid-19 nos toma en un período de enormes dificultades materiales y emocionales.

El país viene atravesando una fase crítica desde hace muchos años en todos los campos y, con especial dureza, en el sector salud. Ahora nos topamos con este factor natural desconocido que nos confronta con la muerte, tanto la nuestra como la de nuestros seres queridos. A la incertidumbre anterior se suma esta. Afrontemos la nueva situación con mayor presencia de ánimo aún. Los venezolanos nos hemos acostumbrado a luchar contra la adversidad y tenemos que continuar haciéndolo.

Debemos consolidar la comprensión, la tolerancia y, sobre todo, la empatía. Nosotros y nuestros familiares estaremos bien si el entorno que nos rodea se encuentra bien.

Hay que evitar deprimirse. Hay, también, que prescindir de las compras compulsivas, el acaparamiento egoísta y el desprecio por los demás. El momento demanda sacar a flote lo mejor de nuestros valores. Las autoridades tienen una obligación con la salud pública que no pueden eludir. Los ciudadanos tenemos un compromiso con nuestra comunidad que no debemos soslayar.

Fuente:
Ilustración: Jeremy Geddes.

MISIL APESTOSO

Nuccio Ordine: “El coronavirus nos muestra que las personas no son islas”
El filósofo italiano inaugura una serie de entrevistas con destacados intelectuales sobre el impacto del Covid-19
Xavi Ayén
 
 ¿ (SIC) La pandemia del coronavirus obliga a repensar el mundo? Con el objetivo de fomentar el debate, La Vanguardia inicia hoy una serie de entrevistas con destacados intelectuales y creadores que reflexionan sobre la cuestión. Uno de los pensadores más respetados de Italia, el profesor y filósofo Nuccio Ordine (Diamante, 1958), gran experto en el Renacimiento y autor de obras como El umbral de la sombra, La utilidad de lo inútil abre fuego, desde el confinamiento que sufre en su casa de Calabria, mediante videoconferencia.
 
¿Cómo está?

Un poco triste. Hoy ha fallecido por coronavirus mi amigo, el gran arquitecto Vittorio Gregotti, acabo de escribir su obituario para el Corriere della Sera.

¿Dónde se encuentra?

En mi casa, los italianos estamos todos en prisión. Es una gran tristeza, todo está cerrado, solo abren las farmacias y los supermercados.

¿Cómo le afecta en el día a día?

Mi vida es la misma, me levanto a las seis de la mañana y trabajo hasta la noche. Me falta la libertad de salir a comer con los amigos, ir al cine o a un concierto. Se han anulado todas mis actividades, el 11 de marzo iba a dar un concierto-conferencia junto a Jordi Savall en el auditorio Verdi de Milán, el mismo que hicimos en el Palau de la Música hace dos años.

¿Qué pensamientos le genera la situación?

Es un momento muy importante para reflexionar. Es una ocasión para revisar nuestra vida social, política y personal. La crisis es la fase decisiva de una enfermedad y puede ser una modificación positiva o negativa, crisis significa en latín decisión, elección, y tenemos que tomar muchas decisiones.

¿La literatura sirve para algo?

Permite comprender el pasado para, a través suyo, comprender el presente. En el Decamerón de Boccaccio, de 1348, se reúnen unos amigos en el campo a contarse historias como terapia frente a la peste que asuela Florencia. Ellos respetarán unas reglas convenientes no solo a su salud física sino a la salud del espíritu porque la peste genera tristeza y depresión. Boccaccio es inteligente y nos dice que lo peor es el miedo al miedo, esa extrema confianza que te hace hacer cosas contra ti mismo y tu comunidad, él describe la irracionalidad de la gente que cree estar haciendo cosas para mejorar su salud pero que en realidad son muy dañinas. Leamos la primera frase del libro: ‘Humana cosa es tener compasión de los afligidos’. ¿Ve el poder de la literatura como fármaco?

¿Qué tipos de irracionalidad?

La gente cae en comportamientos extremos: comer mucho, ir a discotecas frecuentadas... El miedo a contactar con otra gente en realidad es positivo, evita que se difunda más la enfermedad.

¿Más lecciones?

La realidad social y económica de Florencia era caótica, no había un poder religioso, político, sanitario... nada, todo era el caos. Los diez confinados se someten a unas reglas.

¿Había otro tipo de discursos?

Matteo Villani escribió su crónica de la peste, la enfermedad que lo mató, para él la enfermedad es un castigo que Dios nos envía por la corrupción y los pecados que dominan el mundo. Boccaccio no tiene esa visión. Hoy, en Internet, muchos sitios hablan de punición divina, hay gente que propaga ideas locas.

¿Destaca alguna referencia literaria anterior sobre las plagas?

El texto más importante es la descripción que hace Tucídides de la peste en la Historia de la guerra del Peloponeso, en el siglo V a.C.

¿Qué temas se repiten a lo largo de los siglos?

Por ejemplo, cómo estalla la noticia de la infección, la reacción de la gente, la difusión del miedo, la impotencia ante el mal, la degradación moral, la peste vista como un elemento extranjero que penetra en la comunidad...

¿Qué más nos enseña el coronavirus?

La necesidad de una estructura central. En Italia, hemos comprendido que la educación y la salud no pueden ser delegadas a los gobiernos regionales, cada uno con su política. En un momento de emergencia nacional, no puedes crear 26 dispositivos para arreglar el problema. Italia sufre una tendencia a regionalizar la escuela y la salud, es un error gravísimo. Son los dos pilares del desarrollo de la sociedad. El Estado debe ocuparse del bien común, el interés de una región puede resultar negativo para la región que está al lado. Pero una centralización no es suficiente, porque si Italia toma unas medidas y Alemania, Austria y Francia no lo hacen no sirve de nada.

¿Qué nos dice de Europa?

Europa no existe ¿dónde está la solidaridad? La presidenta europea ha decidido invertir unos 8.000 millones de euros contra el coronavirus... y solo el gobierno italiano ha gastado ya 25.000.

¿Que más lecciones han aprendido en Italia?

Algo básico sobre la producción empresarial. Italia no tiene producción nacional de mascarillas, nada, todas vienen de China. Frente a una epidemia extrema ¿como vamos a esperar que nos lleguen de China? Es un pequeño modelo de cómo deberíamos funcionar en muchas otras cosas.

¿Y en lo personal?

En este momento en que la gente no se puede abrazar, darse la mano o besarse, descubrimos que no es verdad la idea que regía el mundo, ese individualismo que asegura que los hombres son islas separadas. Al contrario, tenemos necesidad del otro. Si me daño yo, daño a la comunidad entera. La humanidad es un continente; como decía el poeta John Donne, ‘ningún hombre es una isla’, ese es el tema de un libro mío que aún no ha llegado a España. El gesto irresponsable de una sola persona tiene enormes consecuencias en toda la comunidad: tras la decisión del gobierno italiano de cerrar toda la Lombardía, 20.000 personas tomaron el coche, el tren, el bus y emigraron al sur de Italia, es un gesto irresponsable que infecta zonas donde no estaba el virus.

¿Y Estados Unidos?

Esa nación carece de solidaridad sanitaria, su sistema de salud es privado y un test de coronavirus puede costar 2.000 dólares, eso solo lo pueden pagar los ricos, no los trabajadores. El virus se difunde de manera incontrolable entre los pobres. En Italia ya hemos vivido que, en los hospitales, no hay suficientes máquinas de respiración asistida, con lo que si, de las 50 de un hospital, solo quedan dos libres y de repente entran cuatro enfermos, el médico está teniendo que elegir quiénes de los cuatro van a sobrevivir. ¡Es terrible! Esa es otra pregunta que nos lanza el coronavirus: ¿Una sanidad privada es un buen sistema? No lo es.

El virus despierta gestos generosos, pero otros muy negativos...

Florece la especulación. En estos momentos dramáticos para la humanidad, hay gente que piensa en hacer dinero. En Internet se venden cosas que cuestan 50 céntimos por 30 euros porque la gente, en su desesperación, está dispuesta a pagar lo que sea por mascarillas o desinfectante para las manos (agotado en toda Italia). También se venden hoy ‘vitaminas contra el virus’, que, por supuesto, no 
hacen nada contra él.

El sistema educativo, una de sus obsesiones como autor, se ha visto sacudido...

Han cerrado las escuelas y universidades. ¿Cómo evitar la ruptura total entre profesores y estudiantes? La única posibilidad son los cursos a distancia, telemáticos. Yo soy contrario a esa enseñanza pero entiendo que es la única posible ahora. Sin embargo, escucho a rectores de universidad y pensadores que dicen que el coronavirus es la oportunidad de aprender que el e-learning es el futuro. ¡Menuda sandez! Transformar la educación de emergencia en la normalidad es muy peligroso. La verdadera enseñanza no es virtual, sino en el aula, con el profesor mirando a los ojos del estudiante, solo la mediación física, la palabra del maestro en clase, puede cambiar la vida de los estudiantes. No es solo comunicar un contenido sino la experiencia humana que se comparte en clase. Leer el Quijote en pantalla no es lo mismo que leerlo en papel, los neurocientíficos demuestran que, aunque el texto de Cervantes sea el mismo, la concentración del lector es muy diferente, en la pantalla hay más distracciones y una menor comprensión del texto que en papel.

¿Qué propone para este curso?

Que las clases se prolonguen, ya presencialmente, en los meses de junio y julio.

Un mensaje final...

El virus nos muestra la importancia de la solidaridad, que algunos habían olvidado. Leamos la última página de La peste de Camus: “Esto es lo que se aprende en medio de las plagas, hay más cosas en los hombres a admirar que despreciar”.

Fuente:
otografía: Isabelle Pawlak, Nuccio Ordine, en su casa de Calabria durante una entrevista por Skype con La Vanguardia Fecha toma: 15 de marzo del 2020..

sábado, 2 de diciembre de 2017

EL HOMBRE NUCLEAR

EL MUNDO, Barcelona, 30 de noviembre de 2017
UNA COLUMNA CON VISTAS
¿Quién puede parar a Kim?
Iñaki Gil

Kim lo ha vuelto a hacer. El líder gamberro del Estado más gamberro ha disparado un petardo que ha soliviantado a toda la comunidad de vecinos.Sólo que el petardo de Kim Jong Un, líder de Corea del Norte, era un Hwasong-15 y la vecindad enfadada es el mundo.Este misil balístico intercontinental (ICBM) es el tercero de la serie. Voló unos 50 minutos y ascendió 4.500 km, unas diez veces más alto que la órbita de la Estación Espacial de la Nasa. Si hubiera seguido una trayectoria más habitual, su recorrido superaría los 13.000 kilómetros y podría haber impactado en Washington o Europa. El 3 de septiembre, Corea del Norte llevó a cabo su sexto ensayo nuclear. El más potente. Según el régimen, era una bomba H tan pequeña como para ser alojada en un misil.Porque nadie fabrica ICBMs si no piensa dotarlos de cabezas nucleares. ¿Comprenden ahora la alarma mundial? Expertos citados por la BBC calculan que los ingenieros de Kim están a dos o tres años de lanzar una bomba atómica con un misil de este porte. El paso final es crítico. No sólo es cuestión de alojar la cabeza nuclear en el misil. Éste no se tiene que desintegrar en su reentrada a la atmósfera terrestre. Por eso es significativo que las primeras informaciones de Japón hablaran de tres impactos. El petardo de Kim se rompió antes de caer en aguas del Mar de Japón.Aspectos militares al margen, la voluntad de Kim de hacer de Corea un Estado nuclear, como él ha presumido, alarma en todas las capitales del mundo.Los rusos están muy enfadados con Kim. Les ha dejado en ridículo: la víspera declararon que a raíz de sus iniciativas, estaba dispuesto a congelar sus pruebas nucleares y balísticas.La autoridad de China, sostén económico de la dictadura coreana, está también en cuestión. Xi Jingping envió hace poco un emisario personal. Nada se supo de su gestión pero el misil de Kim demuestra que la presión de Pekín no le hace mella. Y eso irrita a los chinos porque justifica la presencia militar de EEUU.Trump también tiene razones para el enojo. Sus amenazas, las maniobras militares, con tres portaviones en aguas de Corea del Sur, tampoco han frenado al heredero de la dinastía comunista. La retórica belicista del presidente americano, que tiene 28.500 soldados en Corea del Sur, ha sido criticada con razón. Confiemos en la diplomacia pero, después de ocho rondas de sanciones de Naciones Unidas, ¿quién puede parar a Kim?

Fuente:

domingo, 26 de noviembre de 2017

TODA DICTADURA ES ARMADA

El término de la distancia
Luis Barragán

Percibido como demasiado lejano y ajeno,  al igual que sus consecuencias, el programa atómico de Pyongyang, apenas, se ha convertido en una curiosidad para la prensa – convencional y digital – venezolana. Aldea monotemática, al fin y al cabo, según el deseo de esta dictadura, la materia no alcanza el cupo mínimo y necesario ante los problemas de la inmediata supervivencia planteados.

Problemas que ocultan una de las características propias de toda experiencia totalitaria, como es la de una rápida, audaz y desproporcionada actualización armamentística, pública o secreta, capaz de sustentarla en contraste con una población sometida o propensa a recurrentes y peligrosas hambrunas y epidemias. Y, aunque rompa la debida relación entre Estado, sociedad y guerra, descompaginada la aspiración o el empleo de la más alta tecnología con la doctrina y los procedimientos militares en uso, existen dictaduras que apuestan por el desarrollo de un programa nuclear o, al menos, por la disposición de sendos misiles con ojivas en abierto desafío y chantaje a la comunidad internacional.

Las hay, por estos años, como la de Kim Jong-un en Corea del Norte, quien se interesó en la difusión de sus intenciones y pruebas, fallidas y exitosas, con tan delicado armamento, aunque la otrora novel dictadura de los Castro,  en la Cuba de 1962, prefirió contrabandearlo y ensamblarlo hasta el ya sabido  descubrimiento y la consiguiente crisis que generó, estabilizándose a  la postre.  En definitiva, como ayer, el principal reto está orientado hacia la definitiva y resignada  aceptación y coexistencia con los regímenes conculcadores de las libertades y de los derechos humanos. 

Sumergidos en demasiadas e inéditas vicisitudes, los venezolanos tendemos a desinteresarnos de lo que ocurre al otro lado del mundo, como si tuviésemos la garantía irrefutable de una póliza que nos ampara de cualesquiera nefastas consecuencias de un conflicto que literalmente puede estallar de un momento a otro, teniendo por epicentro a la Norcorea con la que insólitamente se tienen las más normales y cordiales relaciones diplomáticas.  Desinterés que incluye la necesaria lectura de una circunstancia que puede ser la nuestra, anunciada por la inversión privilegiada en armas y equipos antimotines, a pesar de la inexistencia o escasez de alimentos y medicamentos, pues, de prolongarse ad infinitum el régimen representado por Maduro Moros, no tardará en incursionar en los más atrevidos planes y escenarios que hagan de la guerra, o su inminente amenaza, una tabla de salvación, proveyéndose de los más sofisticados y costosísimos artefactos.

Desindustrializado aceleradamente el país, nada sorprende el anuncio de la pronta apertura de una fábrica de Kaláshnikov, por Castro Soteldo, vicepresidente del área económica. Prosigue la festividad de las armas en Venezuela, contrastando demasiado con el recurrente y desesperado asalto de los basureros.

Ilustración: Pancho Graels, para un un artículo intitulado "!Hágala! si puede..." de F.L./G.Z.D.("La bomba H: Un secreto a voces". El Nacional, Caracas, 05/01/1980.
27/11/2017:
http://www.noticierodigital.com/2017/11/luis-barragan-el-termino-de-la-distancia 
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=87965

viernes, 13 de octubre de 2017

FISIÓN

EL PAIS, Madrid, 17 de septiembre de 2017
PIEDRA DE TOQUE
La bomba de Kim Jong-un
Mario Vargas Llosa
 
Hijo y nieto de tiranos, tirano él mismo y especialista en el asesinato de familiares, nadie se preocupó demasiado cuando el joven gordinflón y algo payaso Kim Jong-un (tiene ahora 33 años y pesa 130 kilos) tomó el poder en Corea del Norte. Sin embargo, en la actualidad, el mundo reconoce que quien parecía nada más que un pequeño sátrapa mozalbete y malcriado ha materializado el sueño de su abuelo, Kim Il-sung, fundador de la dinastía y de Corea del Norte, pues tiene en sus manos la llave de una catástrofe nuclear de dimensiones apocalípticas que podría retroceder el planeta a la edad de las cavernas o, pura y simplemente, desaparecer en él toda forma de vida. Sin dejar de temblar, hay que quitarse el sombrero: ¡vaya macabra proeza!

Cuando en octubre de 2006 Corea del Norte llevó a cabo su primera prueba nuclear nadie le hizo mucho caso y los científicos occidentales ningunearon aquel experimento ridiculizándolo: tener bombas atómicas estaba fuera del alcance de esa satrapía miserable y hambrienta. Y, en todo caso, si las cosas se ponían serias, China y Rusia, más realistas que su perrito faldero norcoreano, lo pondrían en vereda. En aquella época todavía hubiera sido posible parar en seco a Kim Jong-un mediante una acción militar limitada que pusiera fin a sus sueños de convertir a su país en una potencia nuclear y sirviera de escarmiento preventivo al “Brillante Camarada”, como llaman los norcoreanos al amo del país.

Hoy día ya no es posible aquella acción militar, por más que el presidente Trump haya amenazado a Corea del Norte con “una furia y un fuego jamás vistos en el mundo”. Y no lo es por la sencilla razón de que, en primer lugar, aquella acción ya no sería “limitada” sino de gran envergadura —lo que significa miles de muertos—, y, en segundo, porque la respuesta de Kim Jong-un podría causar otra matanza gigantesca en los propios Estados Unidos, o en Corea del Sur y Japón, y quién sabe si desatar una guerra generalizada en la que todo el siniestro polvorín nuclear en que está convertido el mundo entraría en actividad. Perecerían así millones de personas.

Esta perspectiva parecerá absurda y exagerada a mucha gente racional y sensata, que está a años luz de ese joven extremista que goza de poderes absolutos en su desdichado país, y al que, probablemente, la condición de dios viviente a que ha sido elevado por la adulación y el sometimiento de sus veinticinco millones de vasallos hace vivir una enajenación narcisista demencial que lo induce a creer aquello de lo que alardea: que la minúscula Corea del Norte, dueña ahora de una bomba varias veces más poderosa que las que se abatieron sobre Hiroshima y Nagasaki, puede, si lo quiere, herir de muerte a Estados Unidos. Podrá no desaparecerlo, pero sí infligirle daños monumentales si es verdad que su bomba de hidrógeno es capaz de ser acoplada a uno de esos misiles que, por lo visto, ya podrían alcanzar las costas norteamericanas.

La racionalidad y la sensatez llevaron a los países occidentales a responder al desafío nuclear norcoreano con sanciones, que, aprobadas por las Naciones Unidas, han ido aumentado en consonancia con los experimentos nucleares de Pyongyang, sin llegar, sin embargo, por la oposición de Rusia y China, a los extremos que quería Estados Unidos. En todo caso, convendría reconocer la verdad: esas sanciones, por duras que sean, no servirán absolutamente para nada. En vez de obligar al líder estalinista a dar marcha atrás le permitirán, como las sanciones económicas de Estados Unidos a Cuba, que, al igual que lo hacía Fidel Castro, responsabilice a Washington y al resto de países occidentales de la penuria económica que sus políticas estatistas y colectivistas han acarreado a su nación. Pues, gran paradoja, las sanciones sólo son eficaces contra sistemas abiertos, donde hay una opinión pública que, afectada por aquellas, reacciona y presiona a su Gobierno para que negocie y haga concesiones. Pero, contra una dictadura vertical, cerrada a piedra y lodo contra toda actividad cívica independiente, como es Corea del Norte, las sanciones —que, por otra parte, jamás llegan a materializarse por completo, pues abundan los Gobiernos que las violan, además de los contrabandistas— no afectan a la cúpula ni a la nomenclatura totalitaria, sólo al pueblo que tiene que apretarse cada vez más el cinturón.
 
Quienes creen que las sanciones pueden amansar a Kim Jong-un citan el ejemplo de Irán: ¿acaso allí no funcionaron? Sí, es verdad, las sanciones hicieron tanto daño económico y social al régimen de los ayatolás, que la jerarquía se vio obligada a negociar y poner fin a sus experimentos nucleares a cambio de que las sanciones fueran levantadas. Aunque se trate en ambos casos de dictaduras, la iraní está lejos de ser un régimen unipersonal, dependiente exclusivamente de un sátrapa. Irán tiene una estructura dictatorial religiosa que permite una acción cívica, dentro, claro está, de los parámetros rígidos de obediencia a la “legalidad” emanada del propio sistema. En el mismo régimen hay diferencias, a veces grandes, y una acción cívica es capaz de manifestarse.

Si las cosas son así ¿qué cabe hacer? ¿Mirar a otro lado y, por lo menos los creyentes, rezar a los dioses que las cosas no vayan a peor, es decir, que un error o accidente no ponga en marcha el mecanismo de destrucción que podría generar una guerra atómica? Esto es, en cierto modo, lo que está ocurriendo. Basta ver la prensa. Si lo que está en juego es, nada más y nada menos, la posibilidad de un cataclismo planetario, el tema debería seguir ocupando las primeras planas y los comentarios centrales en el mundo de las comunicaciones. El experimento de una bomba de hidrógeno ocupa uno o dos días las primeras planas de los diarios y las televisiones; luego pasa a tercer o cuarto lugar y, por fin, un ominoso silencio cae sobre el asunto, que sólo lo resucitará con un nuevo experimento —sería el séptimo—, que acarrearía nuevas sanciones, etcétera.

¿Cómo hemos llegado a esta situación? En muchísimos sentidos el mundo ha ido mejorando en las últimas décadas, dando pasos gigantescos en los campos de la educación, de los derechos humanos, de la salud, de las oportunidades, de la libertad, dejando atrás las peores formas de la barbarie que a lo largo de tantos siglos causaron sufrimientos atroces a la mayor parte de la humanidad. Para una mayoría de seres humanos, el mundo es hoy menos cruel y más vivible. Y, sin embargo, jamás ha estado la humanidad tan amenazada de extinción como en esta era de prodigiosos descubrimientos tecnológicos y donde la democracia —el régimen menos inhumano de todos los que se conocen— ha dejado atrás y poco menos que desaparecido a los mayores enemigos que la amenazaban: el fascismo y el comunismo.

No tengo ninguna respuesta a esa pregunta que formulo con un sabor de ceniza en la boca. Y temo mucho que nadie tenga una respuesta convincente sobre por qué hemos llegado a una situación en la que un pobre diablo seguramente inculto, de inteligencia primaria, que en las pantallas parece una caricatura de sí mismo, haya sido capaz de llegar a tener en sus manos la decisión de que la civilización siga existiendo o se extinga en un aquelarre de violencia.

Fuente:
Ilustración: Fernando Vicente.

sábado, 7 de octubre de 2017

UNO Y MÚLTIPLE

Peter Sellers en Pyongyang
Luis Barragán

En el mandato legislativo anterior, nos alarmaba no sólo que existiera un grupo de amistad con Corea del Norte, sino que los diputados adscritos lo celebrasen al mencionar el hecho en las sesiones plenarias. Obviamente, el asunto nos remitía a la tragedia personal que sufrió el poeta venezolano Alí Lameda, décadas atrás, como a la hambruna padecida por un país que diligenciaba una bomba atómica, ciertamente contrastante con una Corea del Sur próspera y de mayores como evidentes libertades.

La monarquía comunista de tan larga data, porque no es otra cosa, ideó una alternativa de supervivencia fundada en un  vil chantaje.  Kim Jong-un, el heredero con alguna estampa de rockero jubilado, por absurdo que fuese en un país hundido en la miseria, pero eficazmente sojuzgado, ahora cuenta con armas de un elevadísimo costo económico que agrava toda la situación mundial por la sola amenaza de utilizarlas.

Pareciendo una mezcla del general Ripper y del doctor Strangelove, arrinconado el capitán Mandrake, que tan magnífica como simultáneamente representó Peter Sellers para una película nada más y nada menos que de Stanley Kubrick: “Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb” (1964), Jong-un goza del concurso impredecible del presidente Trump y de sus colaboradores. Peor no puede presentarse el siniestro cuadro aun para países geográficamente tan distantes como el nuestro, un dato nada importante por las  consabidas consecuencias  de una conflagración atómica.

Inmensas y calamitosas las dimensiones de la crisis que confrontamos, siendo tan severa la amenaza del Sellers que ha volado de Caracas a Pyongyang, es un tema más que secundario en la opinión pública venezolana. Natural, esta dictadura ni siquiera sueña con romper diplomáticamente con la dictadura asiática, una lógica iniciativa de la transición democrática y pacífica a la que aspiramos.

Trátese de una dictadura comunista o de una teocrática, la aspiración común e ineludible es la de contar con una bomba nuclear para sobrevivir mediante la extorsión, a sabiendas de que será táctica para el que la lanza y estratégica para el que la recibe, como observó en un viejo libro Léo Hamon, recordando a Jules Moch. Por lo pronto, no sin recomendar la película en cuestión (https://www.youtube.com/watch?v=hvBITSsxYcw), nada  descabellado pensar es, según el canon, que de sobrevivir la dictadura venezolana, Sellers volverá a Caracas para represar – ahora, sí - la mayor cantidad de petrodólares que pueda y fabricar su propio artefacto que el mayor Kong lanzará y saludará con entusiasmo.

jueves, 5 de octubre de 2017

CAZA DE CITAS

"Como muy bien dice Jules Moch, toda arma nuclear es táctica para el que la tira y estratégica para el que la recibe"

Léo Hamon

("Estrategia contra la guerra", Ediciones Guadarrama, Madrid, 1969: 191)

domingo, 10 de enero de 2016

STRANGELOVE

EL PAÍS, Madrid, 10 de enero de 2016
PIEDRA DE TOQUE »
La bomba norcoreana
Mario Vargas Llosa 
  
Hace unos 10 años comencé a leer un libro apasionante, pero abandoné su lectura a las pocas páginas porque era, al mismo tiempo, terrorífico. Lo había escrito un grupo de científicos que, luego de establecer, hasta donde era posible, el número de armamentos nucleares que pueblan el planeta —se debe haber incrementado en el tiempo transcurrido—, explicaba las consecuencias que podría tener para el mundo el que, por un acto de locura ideológica o un mero accidente, esos artefactos de destrucción masiva comenzaran a estallar.
Las cifras eran escalofriantes tanto en número de muertos y heridos como en contaminación del aire, las aguas, la fauna y la flora, al extremo de que, a la corta o a la larga, podía desprenderse de este proceso la extinción de toda forma de vida en el astro que habitamos.
Si esto es cierto, y supongo que lo es, ¿no resulta incomprensible que un asunto tan trascendente —la preservación de la vida— apenas llame la atención del público muy de tanto en tanto, por ejemplo esta semana, cuando Kim Jong-un, el patológico sátrapa de Corea del Norte, anunció que, celebrada por toda la población norcoreana, acaba de hacer estallar su primera bomba de hidrógeno? Los técnicos de Estados Unidos y Europa se han apresurado a decir que este anuncio es exagerado, que la última dictadura estalinista del planeta apenas ha conseguido fabricar hasta el momento una bomba nuclear. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la Unión Europea y distintos Gobiernos —entre ellos, el de China— han condenado el experimento (cierto o falso) anunciado por Kim Jong-un. ¿Habrá nuevas sanciones de castigo al régimen norcoreano? En teoría, sí, pero en términos prácticos, ninguna, porque ese país vive en un aislamiento total, como dentro de una probeta, y sobrevive gracias al puño de hierro que aherroja a sus infelices ciudadanos-esclavos, al contrabando y a la demagogia delirante.
Oficialmente, hay seis países en el mundo que poseen armas nucleares —Estados Unidos, Rusia, China, India, Pakistán y Corea del Norte— y solo dos de ellos, Estados Unidos y Rusia, han experimentado bombas de hidrógeno, que tienen una capacidad destructiva siete u ocho veces mayor que las bombas que aniquilaron Hiroshima y Nagasaki. Sólo una décima parte del arsenal nuclear ya acumulado sería suficiente para acabar con todas las ciudades del globo y desaparecer a la especie humana. Debemos estar todos muy locos en este mundo para haber llegado a una situación semejante sin que nadie haga nada y sigamos contemplando, a nuestro alrededor, cómo los arsenales nucleares siguen allí, acaso aumentando, a la espera de que, en cualquier momento, algún fanático con poder encienda la chispa que provoque la gigantesca explosión que nos extermine.
Algún fanático con poder podría encender la chispa que provoque la explosión que nos extermine
Ya sé que hay organizaciones pacifistas que tratan —sin mucho éxito, por lo demás— de movilizar a la opinión pública contra este armamentismo suicida, y Gobiernos e instituciones que, de manera ritual, protestan cada vez que un nuevo país, como Irán hasta hace poco, intenta acceder al club exclusivo de potencias atómicas. Pero lo cierto es que, hasta ahora, el desarme ha sido una mera retórica sin consecuencias prácticas y que, empezando por los de Estados Unidos y Rusia, los planes de desarme no avanzan. Los depósitos de armas de destrucción masiva continúan allí, como anuncio permanente de un cataclismo que acabaría con la historia humana.
¿Hay que resignarse, esperando que esta situación se prolongue, o es posible hacer algo? Sí, es posible, y hay que comenzar por hacer exactamente lo contrario de lo que hice yo hace 10 años con aquel libro aterrador. Hay que enterarse del horror que nos rodea y, en vez de jugar al avestruz, encararlo, difundirlo, alarmar a cada vez más gente con la siniestra realidad a fin de que las campañas pacifistas dejen de ser obra de minorías excéntricas y cobren una magnitud que movilice por fin a los Gobiernos y haga funcionar de manera efectiva a los organismos internacionales. Nada de esto es utópico; cuando hay una voluntad política resuelta, es posible sentar a una mesa de diálogo a los adversarios más encarnizados, como ha ocurrido con Irán, que ha consentido detener su programa atómico a cambio del levantamiento de las sanciones que tenían paralizada a su economía.
 ¿Y si la negociación es imposible? En raros casos esto puede ser cierto y, sin duda, uno de estos casos podría ser el régimen de Pyongyang. La satrapía de los Kim no sólo ha condenado al pueblo norcoreano a vivir en la miseria, la mentira y el miedo. Con su búsqueda frenética del arma nuclear que, cree, le garantizará la supervivencia, pone en peligro a sus vecinos de la península y a todo el Asia. La comunidad internacional tiene la obligación de actuar, poniendo en acción todos los medios a su alcance para acabar con un régimen que se ha convertido en un riesgo para el resto del planeta. Hasta China, que fue uno de los escasos valedores de la dictadura norcoreana, parece haber comprendido el peligro que representan para su propia supervivencia las iniciativas demenciales de Kim Jong-un. Y la forma de actuar más eficaz es cortar de raíz la posibilidad de que el régimen de Pyongyang continúe con unos experimentos nucleares que constituyen, en lo inmediato, una gravísima amenaza para Corea del Sur, China y Japón. La comunidad internacional puede dar un ultimátum al régimen norcoreano, a través de las Naciones Unidas, dándole un plazo preciso para que desmantele sus instalaciones atómicas so pena de proceder a destruirlas. Y cumplir con la amenaza en caso de no ser escuchada. No creo que haya un caso más evidente en el que un mal menor se imponga por sobre el riesgo de que Pyongyang provoque una catástrofe con cientos de miles de víctimas en el Asia y, tal vez, en el mundo entero.
En uno de esos lúcidos ensayos con los que se enfrentó al mesianismo ideológico al que sucumbieron tantos intelectuales de su tiempo, George Orwell se preguntaba si el progreso científico debía ser celebrado o temido. Porque esos extraordinarios avances en el conocimiento, al mismo tiempo que han creado mejores condiciones de vida —en la alimentación, la salud, la coexistencia, los derechos humanos—, han desarrollado también una industria de la destrucción capaz de producir matanzas que ni la imaginación más enfermiza de antaño podía anticipar. En nuestros días, el avance de la ciencia y la tecnología ha sembrado el planeta de unos artefactos mortíferos que, en el mejor de los casos, podrían devolvernos al tiempo de las cavernas, y, en el peor, retroceder este planeta sin luz a aquel pasado remotísimo en que la vida no existía aún y estaba por brotar, no se sabe todavía si para bien o para mal. No tengo respuesta para esta pregunta. Pero lo que haré de inmediato será buscar aquel libro que dejé sin terminar y leerlo esta vez hasta la última línea.
Fotografías:
Kim Jong-un: http://mashable.com/2015/03/04/kim-jong-un-bending-over-meme/
Escena de Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb" de Stanley Kubrick (1964).

martes, 27 de octubre de 2015

NOTICIERO RETROSPECTIVO





- Rodolfo José Cárdenas. "Gerontocracia y revolución". El Nacional, Caracas, 31/12/1965.
- Héctor Mujica. "Corea en 1970: El país de los amaneceres tranquilos". Deslinde, Caracas, 15/10/69.
- Gonzalo Barrios. "Medinismo, antiadequismo y mala memoria". El Nacional, 09/11/63.
- Rigoberto Lanz. "Partidocracia y universidad". Últimas Noticias, Caracas, 14/01/97.
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domingo, 13 de septiembre de 2015

THE PROPAGANGA GAME

EL PAÍS, Madrid, 13 de septiembre de 2015
Reportaje »
Corea del Norte, campo de batalla de la propaganda
Pyongyang abre sus puertas y muestra su mejor cara a un cineasta español
Naiara Galarraga 

Los primeros intentos fracasaron. Fue cuando aún se enviaban cartas con sobre y sello. Nunca dirigieron sus propuestas para hacer el documental a Pyongyang; escribían a Suiza, a la única dirección conocida de la República Democrática Popular de Corea, a su delegación en la sede de Naciones Unidas en Ginebra. “Nos las devolvían ¡sin abrir! ¿No es genial?”, cuenta el cineasta Álvaro Longoria. El plan era entrevistar al mismísimo Kim Jong-il, gran cinéfilo que secuestraba cineastas para mejorar el cine local, hijo del fundador de Corea del Norte y padre del actual dictador. Nunca hubo respuesta. Hoy el país más secretista del mundo abre embajadas.

Longoria (Santander, 1968), que sopesó ser diplomático y fue banquero de inversión, estrena ahora lo que entonces empezó a germinar. The Propaganda Game es un documental en inglés que muestra Corea del Norte como escenario de una feroz batalla propagandística, interna y con el exterior. Promete un documental distinto sobre esta potencia nuclear que, sea por su hermetismo, por la extravagancia de sus líderes, por la estética retro de los privilegiados vecinos de su capital o por sus deslumbrantes desfiles militares, ejerce una enorme fascinación popular pese a ser un Estado totalitario sin par en la era contemporánea.

Por el secretismo que imponen las autoridades, las noticias reales se mezclan aquí con chismes
Son meses intensísimos para el cineasta inmerso en la esquizofrenia de parir tres proyectos dispares. Días antes del estreno de este documental en la sección Zabaltegi del Festival de Cine de San Sebastián llega a las pantallas Ma ma, la película de Penélope Cruz y Julio Medem que coproduce con ambos. Y, mientras, ultima Altamira, sobre el descubrimiento de las pinturas prehistóricas.
Que nadie espere imágenes movidas tan características de las grabaciones en Corea del Norte. “Me llama la atención por qué siempre que se habla de Corea del Norte parece una película de James Bond. Está el Doctor No, malo malísimo, y los demás estamos a ver si a este Doctor No se le ocurrirá soltar una bomba nuclear. Aquello me parecía una simplificación hollywoodiana”, dice en la cocina de su productora, Morena Films, en Madrid. Aunque admite que en algunos momentos sí se sintió como el protagonista de El show de Truman, como si estuviera rodeado de actores.

Algo casi inédito, buena parte de la película está rodada en el país de la fracasada utopía estalinista –como lo bautizó el experto Andrei Lankov, al que entrevista– con Longoria como narrador. La llave para que esta vez el proyecto cuajara se la topó en un periódico. Longoria leyó una historia sobre un noble catalán, comunista desde la adolescencia, que fue militar y que, tras muchos viajes al país, se había convertido en embajador informal norcoreano. El cineasta acababa de descubrir a Alejandro Cao de Benós. “Le escribí por Facebook. Le dije: ‘Oye, quiero hablar contigo para un documental”. Esta vez sí hubo respuesta.
Un año de negociación. Las puertas de Corea del Norte están abiertas para quien acepte grandes limitaciones a su libertad. “Las reglas eran: ‘Nunca puedes salir solo; no te puedes salir del itinerario. Cuando te digamos que pares de rodar, tienes que parar de rodar inmediatamente; si no, te quitaremos la cámara y lo que hayas grabado. Ese era mi mayor miedo, que me quitaran lo rodado”. Aceptó. En primavera de 2014, él y dos cámaras, Rita Noriega y Diego Dusuel, recibieron por fin un visado que les permitió estar seis días en el país.

“Por primera vez en cinco días nos hemos quedado solos”, susurra a cámara dentro de la furgoneta cuando se percata de que por fin los omnipresentes guías/traductores no le oyen.
Cao de Benós, que se presenta como el único extranjero que trabaja para el Gobierno norcoreano, fue su anfitrión. Longoria descartó la idea original de que fuera el protagonista porque “es un personaje interesante, pero no deja de ser una curiosidad”. El viaje depara sorpresas como una vitrina frigorífica de (la prohibida) Coca-Cola atisbada en el lado comunista de la última frontera de la Guerra Fría, una misa dominical inolvidable o una exhibición de monopatín. También incluye momentos burdamente propagandísticos como la visita a lo que se presenta como una vivienda del montón –en un país que recibe ayuda alimentaria de la ONU– y resulta que hay un ordenador HP; una copia de Brave, de Disney; jabón Dove, y una supuesta inquilina que calla cuando se le pregunta: “¿Qué va a cocinar esta noche?”. Longoria recuerda la surrealista escena: “Nunca vimos el frigorífico [por dentro]”.

Las puertas de Corea del Norte están abiertas para quien acepte grandes limitaciones a su libertad
The Propaganda Game es un paseo por lo que el régimen de Kim Jong-un quiere mostrar de la mano de Cao de Benós. Pero va más allá. La cara que Pyongyang quiere ocultar, la de nietos encarcelados por los crímenes de sus abuelos, los campos de prisioneros políticos, el entramado de delatores, la división en castas de afines y hostiles…, está ahí, a través de entrevistas con especialistas, periodistas, académicos, representantes de la ONU, Amnistía Internacional –que solo aceptó participar tras asegurarse de que no había un duro de Pyongyang en el proyecto–, disidentes… Ellos explican cómo “a los norcoreanos les lavan el cerebro desde el minuto cero” (dice Barbara Demick, autora de Querido líder, vivir en Corea del Norte) o “es el único país del mundo que ejecuta a personas por hacer llamadas internacionales sin permiso” (relata una adolescente que huyó del norte para refugiarse en Corea del Sur).

Oliver Stone, con el que ha colaborado en documentales sobre Fidel Castro y Arafat y que estuvo en los primeros tanteos para el proyecto, no participa directamente en la película, pero sí está presente: “Cuando no sé qué hacer, siempre pienso: ‘¿Cómo lo haría Oliver Stone?’. Él me ha ayudado en el proceso”. El español lo considera un maestro.
Longoria asegura que ha intentado responder a las preguntas que un lector de prensa interesado como él se hace. El mismo planteamiento de Hijos de las nubes, la última colonia, su primer documental, sobre el conflicto saharaui, con Javier Bardem de narrador. “Yo lo que hago es un análisis sobre la información y la manipulación de la misma en torno a Corea del Norte. La que usa el Gobierno con su gente, la propaganda que usa hacia fuera y luego la extraña tergiversación de la información que se da en los medios internacionales cuando se habla de Corea del Norte. Es la manipulación de la información en esas tres direcciones”.
El secretismo que imponen las autoridades lo ha convertido en terreno fértil para la confusión. Las noticias reales (Corea del Norte lanza siete misiles tierra-aire sobre el mar de Japón) se mezclan constantemente con chismes (reaparece la esposa de Kim Jong-un) y, a veces, con auténticas fabulaciones (la noticia de que el dictador echó a su tío desnudo a una jauría de perros para que lo devoraran es una invención). Es una mezcolanza que triunfa.

Estaba en plena producción el español cuando una parodia para adolescentes sobre el asesinato del tirano norcoreano, soez hasta el infinito, se convirtió súbitamente las Navidades pasadas en símbolo mundial de la libertad de expresión. El estreno de La entrevista quedó en suspenso tras un espectacular ataque informático que paralizó Sony Pictures, sacó a la luz miles de correos electrónicos y, con ellos, algunas miserias de sus directivos. El FBI culpó directamente a Corea del Norte. El presidente Barack Obama prometió solemne una respuesta proporcionada: “No podemos tener una sociedad en la que algún dictador en algún lugar puede empezar a imponer la censura aquí, en Estados Unidos, e intimidar a la gente por el estreno de una pelícu­la satírica. Imaginen qué empezarán a hacer cuando vean un documental que no les gusta”.
A Longoria aquella polémica no le preocupa. “Una película que caricaturiza todos los clichés de Corea del Norte, las increíbles represalias contra Sony, y que además ni siquiera se sabe si lo han hecho los norcoreanos… Es una suerte. Casi un ejemplo práctico de lo que estábamos haciendo”. Desde muy pronto, él mismo sintió que se movía en territorio minado. Al poco de anunciar el proyecto fue acusado de hacerle el juego a un Estado totalitario, de hacer propaganda. Le pilló por sorpresa, confiesa, y le hizo plantearse que la “simplificación de la información” también podría aplicarse y perjudicar a su trabajo. Él lo niega tajante. “Yo estoy intentando enseñar todos los puntos de vista, no solo uno. Eso no es propaganda, propaganda sería si solo enseñara uno”, recalca. Darle al espectador la información de los diversos implicados y que sea él quien saque las conclusiones.
Antes de dedicarse al cine, fue durante ocho años un tipo de traje y corbata, un banquero de inversión en Nueva York y Londres. De aquello tiene una experiencia muy útil con los números y los planes de negocio en estos tiempos de acuciante crisis. Los 400.000 euros que ha costado el documental los consiguió a través de las ventas internacionales en el extranjero. “Yo siempre digo que en el mundo de las películas hay gente muy complicada, muy sofisticada. Pero al lado del mundo de las finanzas, es todo una broma. La gente verdaderamente complicada, la verdaderamente peligrosa, está en el mundo de las finanzas. Cuando trabajaba en la banca, siempre decía que era un privilegio trabajar con gente tan inteligente y una pena que esos talentos se desperdiciaran en comprar y vender derivados en lugar de hacer algo creativo. Pero sí, estoy bien entrenado, incluso para lidiar con los norcoreanos”.

Fotografías:
- Norcoreanos en el Gran Monumento de la Montaña Mansu, que contiene el homenaje a la revolución socialista (en la imagen, al fondo) y las gigantescas estatuas de 22 metros de Kim Il-sung y su hijo, Kim Jong-il (fuera de la fotografía, a la derecha), hacia las que dirigen sus reverencias los visitantes. El primero dirigió el país desde su fundación, en 1948, hasta su muerte, en 1994. Su hijo heredó el poder, que ostentó hasta 2011, cuando, al fallecer, el actual dictador asumió las riendas.
- l cineasta Álvaro Longoria, director del documental The Propaganda Game, saluda a un veterano de la guerra que dividió la península coreana.
- Escena del filme donde el realizador se topa con una máquina de Coca-Cola, en un país donde está vetado su consumo.
- Estudiantes durante una representación en su colegio.
- Familias y parejas se mezclan con soldados en un parque de Pyongyang junto al monumento al Partido de los Trabajadores con la hoz (que simboliza a los campesinos), el martillo (los obreros) y el pincel (los artistas).
- Misa en una iglesia de Pyongyang.
- Kim Jong-un, en uno de sus habituales baños de multitudes en visitas organizadas.
- Kim Jong-un, en un parque de atracciones.

Fuente:
http://elpais.com/elpais/2015/09/10/eps/1441902666_263371.html

sábado, 14 de diciembre de 2013

AMISTOSAMENTE

EL NACIONAL - Sábado 14 de Diciembre de 2013     Opinión/8
Algo huele mal
SERGIO DAHBAR

" Uno piensa que los días de un árbol son todos iguales. Sobre todo si es un árbol viejo. No. Un día de un viejo árbol es un día del mundo".
He recordado las primeras líneas del libro La balada del álamo carolina , del escritor Haroldo Con- ti, ahora que en Corea del Norte ocurren hechos que colocan otra vez al mundo al borde de una situación extrema.
Autoridades de Corea del Norte han ejecutado, después de celebrar un juicio militar, al segundo hombre más poderoso de esa nación, Jang Song-thaek, tío de Kim Jong-un.
Este jerarca en desgracia, de 67 años, fue acusado por actos de corrupción, juego, consumo de drogas, mujeriego, mala gestión de la economía, y llevar una vida disoluta y depravada.
El tribunal militar a cargo de su caso consideró que Song-thaek había cometido "crímenes horrorosos como intentar derrocar al Estado mediante todo tipo de intrigas y métodos despreciables, con la salvaje ambición de hacerse con el poder supremo", anunció la Agencia Coreana de Noticias, KCNA. También lo calificaron de "escoria humana" y "peor que un perro".
Algunos analistas internacionales piensan que este movimiento en el tablero del poder podría significar que el joven Kim ha consolidado finalmente su poder. Otros debaten que la desaparición de esta figura mayor, partidario de reformas, sea una fuente de inestabilidad que lleve a un acción bélica contra el sur.
Cabe preguntarse ¿en qué país ocurre este extraño movimiento de fichas que sin duda rearticula el poder en un momento de transición? Nada menos que en uno que tiene dos mitades enfrentadas a muerte.
Panmunjon, también conocida como Joint Security Area, separa las dos Coreas desde 1945. Son 4 kilómetros de ancho por 250 kilómetros de largo, en el paralelo 38 de la península coreana. No sólo es como la zona más militarizada del planeta, sino que posee el campo de golf más peligroso.
A lo largo del paralelo 38 corre la DMZ, o Zona Desmilitarizada. Nombre curioso: del lado sur 37.000 marines aguardan preparados para cualquier contingencia, muy cerca de cientos de miles de soldados surcoreanos.
Más allá de la frontera norte, entre arrozales y montes, hay ­camuflados­ centenares de búnkeres, con tanques, artillería pesada, gas nervioso, armas químicas, silos para misiles y campos minados. Las estadísticas de inteligencia americana aseguran que la frontera se encuentra protegida por 1 millón de hombres.
La historia negra de esta frontera ocurrió un 18 de agosto de 1976.
Ese día cuatro soldados estadounidenses, pertenecientes a las fuerzas de las Naciones Unidas, recibieron la orden de recortar las ramas de un álamo, ubicado a setenta metros del puente que separa ambos países. La visión no era clara desde las garitas de protección de la parte sur.
Una tarea insignificante para cuatro soldados bien entrenados, pero militares norcoreanos impidieron que tocaran el árbol. Los cuatro hombres regresaron con las hachas sin usar. Varios días después el comandante de la base repitió la orden, pero mandó a catorce soldados.
Esta vez el enfrentamiento cobró tal grado de tensión, que se fueron a las manos. Al grito de "maten a los norteamericanos", dos soldados de Naciones Unidas fueron asesinados.
El gobierno de Estados Unidos reaccionó con una operación conocida como Paul Bunyan, nombre de un leñador famoso del oeste. Y movilizó la fuerza militar más insólita que haya conocido la humanidad para tumbar un pedazo de naturaleza.
El acorazado USS Midway patrulló las costas de Corea día y noche. Decenas de F-11 y dos bombarderos B-52 cayeron como moscas sobre la frontera. Miles de soldados y un batallón de tanques pisaron la entrada de la Joint Security Area. En cuestión de minutos el álamo era una nostalgia en el paisaje.
En semejante contexto, armado hasta los dientes, donde las fuerzas opuestas no pierden oportunidad para medir quién orina más lejos, el recuerdo de un árbol presagia un futuro oscuro.
Lejos del paralelo 38, donde una chispa puede encender la peor pesadilla del siglo XXI, en un enclave autoritario y medieval, un joven heredero de 30 años juega al ajedrez con la muerte. La primera víctima ha sido su tío. No será la última.
Cfr.http://antv.gob.ve/m8/noticiam8.asp?id=54531

sábado, 18 de mayo de 2013

PISAR EN FALSO O FALSEAR LA PISADA

EL IMPULSO, Barquisimeto, 18 de mayo de 2013
Corea: ninguna guerra “termonuclear”
Edgard Otaiza Vasquez

Hace años, en los libros especializados se describía la guerra termonuclear y el arma causante. Era el hidrógeno el elemento químico que, al fusionarse consigo mismo, liberaba una gigantesca cantidad de energía superior a la que se obtenía en el proceso de fisión de átomos de uranio o plutonio en la ya probada bomba atómica (bomba A).
El nuevo artefacto explosivo fue bautizado como bomba de hidrógeno, bomba H o bomba termonuclear. Para la fusión del hidrógeno se necesita un disparador, el cual es una bomba A de fisión “normal”, que eleve la temperatura del proceso a muchos millones de grados Kelvin. De allí el término de arma termonuclear, de 1952, según el diseño de sus creadores, los físicos estadounidensesEdward Teller y StanislawUlam, que aún se mantiene.
Lo anterior sirve para referirnos al texto en la página A3 de este diario(11-04-2013)del acreditado internacionalista Julio César Pineda. Al referir la posibilidad de una primera guerra “termonuclear” iniciada por Corea del Norte, Pineda induce a confusión al extender el uso del término termonuclear a cualquier evento que emplee armas nucleares, cuando solamente se ajusta al uso de la bomba H. Si el mundo se alarmó por las amenazas del joven dictador norcoreano ante la posible utilización de un escaso número de bombas atómicas de baja potencia, debería aterrorizarse en grado sumo si se tratara de bombas termonucleares.
En sus dos primeros ensayos atómicos (2006 con 1,5kT y 2009 con 3kT), Corea del Norte empleó plutonio como material fisionable. Se estima que dispone de plutonio para 4-8 nuevos ensayos. La bomba de 2013, aproximadamente con 7kT (la lanzada sobre Hiroshima tenía 20kT), fue probablemente con uranio enriquecido.La producción de plutonio en los reactores nucleares es reconocible desde satélites, pero el enriquecimiento de uranio es indetectable, pues las centrífugas necesarias para suprocesamiento solo se observanin situ. Para 2010, las instalaciones atómicas de Yongbyon tenían alrededor de 2.000 centrífugas, según Siegfried Hecker, profesor de la Universidad de Stanford, ex-director del Laboratorio Nacional de Los Alamos,conocedor de esas instalaciones.
El Instituto Isis de Washington estima, que hasta 2016 Corea del Norte podría producir uranio fisionable para construir 21-32 bombas atómicas.Pero es dudable sucapacidad para construir una cabeza explosiva suficientemente pequeña que se ajuste en un cohete balístico y, más importante, cuándo puede disponer de un sistema portador confiable.Los especialistas opinan, que tal tecnología, más desafiante que construir una bomba A, no está al alcance de Corea del Norte.  La  debilidad central del programa norcoreano yace en lafalta de suficientes ensayos, indispensables para hacer práctico un sistema de armas tan complejo.
Hasta tanto, pesa más el efecto „amenaza“, sin despreciar las baladronadas y provocaciones.En consecuencia, aunque Kim Jong Un apretara ahora el hipotético botón que cita Pineda para producir el efecto apocalíptico, no sucedería nada.
Corea del Norte tampoco ha perdido „todo apoyo de estos antiguos aliados“ (Rusia y China), como escribe Pineda. El grave error norcoreano fue pasar la línea roja al anunciar un ataque atómico preventivo contra Estados Unidos, que no sería compartido por sus aliados y puso en alerta a Norteamérica. Si bien la influencia rusa ha disminuido, la de China se mantiene.Ninguna otra nación como China tiene tanta influencia sobre Corea del Norte, dada su dependencia alimentaria y de armas convencionales. Solamente Estados Unidos y China pueden devolverle la cordura al joven dictador, diplomática, económica y militarmente.
La acción diplomática se está practicando.Estados Unidos y China han convenido hace poco alcanzar una península coreana libre de armas atómicas. China promueve un desarme y se mantiene cautelosa. Los gritos norcoreanos disminuyen.
El conocido científico Carl Sagan, astrofísico, profesor de astronomía y ciencias espaciales de la Universidad de Cornell, excepcional comunicador, proponente de las sondas espaciales Mariner, Viking y Voyager, pionero en alertar al mundo sobre los peligros del calentamiento global del planeta y el análisis de las consecuencias climáticas de la guerra nuclear, la que combatió intensamente, escribió:"No es la tierra ni la vida en la tierra lo que está en juego, sino nuestra existencia como seres humanos y todo lo que nosotros defendemos".
Fotografía: Tomada de la red.

sábado, 30 de marzo de 2013

TERROR

Norcorea, Alí Lameda y un llamado a la oposición parlamentaria
Luis Barragán


Tomando algunos apuntes para el artículo de Noticiero Digital del venidero lunes, sobre las circunstancias que desembocaron en los comicios de 1963, tropezamos con el caso de los cohetes del año anterior, en Cuba. Nos hizo reflexionar sobre esas torpezas demenciales que nos arrojan no sólo a las crisis, sino a la inminente y masiva muerte de inocentes por terquedades fundamentalistas. Y, por ello, nadie puede dormir con tranquilidad cuando un país atrasado, sumergido en la indecible pobreza y  enfermo por el culto a la personalidad, hoy no sólo tenga bien ojivados sus misiles, sino que  - envalentonado – esté dispuesto al suicidio, arrastrando al mundo entero.

Suele ocurrir, por siempre el pretexto es el empleo de la energía nuclear con fines pacíficos y, a falta de una prensa libre, como del reconocimiento de otros derechos fundamentales, luce fácil ocultar los propósitos esenciales de una descomunal inversión que, a lo sumo, se convierte en una inspirada y adicional promesa de justicia social para el pueblo engañado. Pueblo que, además, cree defender la soberanía e independencia nacional, dispuesto a donar su sangre, cuando la comunidad internacional naturalmente indaga sobre las pretensiones y finalidades de ensayos disfrazados de una beata y repentina caridad.

La situación empeora al tratarse de naciones caracterizadas por el fanatismo religioso que, al llevarse por el medio al mayor número de infieles, dicen contar con el rápido ascenso y el mismísimo hospedaje en el paraíso de las sensualidades tan anheladas, como terrenalmente postergadas. Parece que no hay cupo para una mínima y sensata convivencia, en el desconcierto mundial que genera el terrorismo y el tráfico de estupefacientes, armas y órganos humanos, por citar apenas el tsunami que ha arrasado hasta la más elemental noción de Estado.

La dinastía comunista de Corea del Norte, aparentemente imperturbable, ha ideado armarse atómicamente como la mejor fórmula para su supervivencia, osando amenazar ya no a la Corea del Sur, cuya prosperidad la acompleja, sino a Estados Unidos y a todo aquel que ose atajarla en sus ya remoto compromiso de convertir al poder popular en potencia. Por familiar que nos parezca el récipe, el autor original fue Kim Il-Sung, el fundador del régimen. Sin embargo, es otra la familiaridad con ese lejano y desconocido país, amarga y frecuentemente olvidada.

Militante del Partido Comunista, el poeta caroreño Alí Lameda llegó a Norcorea para trabajar en la traducción al español de las obras de Il-Sung,  y – en 1967 – fue apresado por el servicio secreto, acusado de espía. Pasó un tormentoso año, en un calabozo de dos metros por uno, devuelto a la soledad de un pequeño apartamento, expulsada su esposa del país, para volver a prisión por obra de un juicio en el que los camaradas cubanos testificaron en contra: una condena de veinte años de trabajos forzados, incomunicado,  bajo condiciones infrahumanas, sin que nadie – en aquél y en este lado del mundo – supiera de su paradero, hasta que, enterado,  Carlos Díaz Sosa emprendió el prolongado periplo para rescatarlo.

Convertido en un problema de Estado, el gobierno venezolano agotó a principios todas las diligencias posibles para sacar del campo de concentración a Lameda y traerlo, a principios de los setenta, siendo fue el chivo expiatorio de la confrontación que tuvo Fidel Castro con el PCV. Rafael Caldera y Carlos Andrés Pérez, asumieron el problema como nunca lo hicieron los camaradas venezolanos o aquél amigo llamado Alejo Carpentier, a pesar de la inquietud que generaba su ignorada suerte.

No entendimos nunca, cómo hubo y hay un Grupo de Amistad Venezolano-Norcoreano  en el viejo y nuevo parlamento, sin la mínima interpelación que el caso Lameda todavía suscita y, menos, sobre las actuales pretensiones belicistas del vástago de la dinastía y sus adláteres. Tenemos a la mano las versiones digitalizadas de un artículo del caroreño sobre Malraux (El Nacional, 01/07/58), otro de Pedro Beroes en torno a su poesía (Últimas Noticias, 08/07/78), y otros referentes (Deslinde, 15/06/69; y Summa, 05/70). Sin embargo, otra es la exigencia.

Quisiéramos de los parlamentarios opositores – adscritos a la Comisión de Política Exterior - que se incorporen el venidero martes, que planteen un proyecto de acuerdo que no importa que sufra le negación de su propia discusión por el oficialismo. Y que, al condenar con toda franqueza las aspiraciones belicistas de Norcorea, recuerden también por lo que pasó Alí.

Fotografía: Summa, Caracas, nr. 19 de 1970.
http://www.noticierodigital.com/2013/03/norcorea-ali-lameda-y-un-llamado-a-la-oposicion-parlamentaria/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=952511

jueves, 4 de octubre de 2012

CAZA DE CITAS

"Las reformas democráticas realizadas en este período bajo el activo apoyo y la participación entusiasta de todo el pueblo, introdujeron cambios radicales en todas las facetas de nuestra sociedad y echaron sólidos cimientos para eastablecer la República Popular Democrática de Corea. Como resultado de la reforma agraria, fue liquidado en el campo el sistema de explotación feudal y los campesinos que laboraban la tierra pasaron a ser dueños de la misma. Con la nacionalización de las instalaciones industriales que eran propiedad del imperialismo japonés y de los traidores a la nación, se eliminó la base material de la esclavitud colonial. La Ley del Trabajo para los obreros y oficinistas, la ley sobre la emancipación de las mujeres de la desigualdad social, la ley sobre la protección de la propiedad privada y otras, así como se lleva a cabo también exitosamente la labor para liquidar el sistema de enseñanza esclavizante del imperialismo japonés y establecer un nuevo sistema de enseñanza popular (...)  A fin de convertir a nuestra Patria en un Estado independiente, rico y poderoso, los comités populares tienen que consolidar y desarrollar aún más los éxitos ya logrados en las reformas democráticas"

Kim Il Sung

(Pyongyang, 01/11/46; "Sobre la construcción del poder popular", Ediciones en Lenguas Extranjeras, Corea, 1978: 161, 163)

domingo, 15 de julio de 2012

ENEMISTADOS PROGRAMÁTICAMENTE HACIA ADENTRO

Ojivación programática
Luis Barragán


La sola y grave circunstancia del ejercicio del poder, lo hace importante. Además de carecer de autoridad moral para plantear sus propuestas y promesas, recicladas interminablemente durante casi década y media,  provocan literalmente la risa del atento lector: Corea del Norte, por ejemplo,  puede mirarse así misma como una potencia por el único intento de ojivar atómicamente sus misiles, porque sus recurrentes hambrunas contrastan rápidamente con el Sur.
Y es que eso de convertir a Venezuela en una potencia por decreto, tiene una burda connotación pretoriana que nuevamente apunta a la irresponsabilidad del candidato continuista. U ofrece una pista segura de la fusión estatal con Cuba en los venideros años, procurándole esa dimensión del estadista con la que sueña, alfarero de repúblicas, fundador de Estados, en la tentativa de emular la épica bolivariana a falta de las realidades que cursan indigeriblemente. No obstante, deseamos llamar la atención sobre el posible origen del plan o programa de gobierno que, en el fondo, guarda una extraordinaria correspondencia con los supuestos que inspiraron la celebérrima carta que Chávez Frías enviara a la Corte Suprema de Justicia en 1999.
Simple, no hay ideas y – menos – voluntad de debate en el PSUV y sus partidos subsidiarios, para afrontar el desafío de un plan o programa de gobierno, excepto que ahora digan de las 19 mil consultas clandestinas  realizadas como ocurrió con el Proyecto de la Ley Orgánica del Trabajo, etc. Constituye una operación riesgosa la de  interpretar al Comandante-Presidente, actualizando las demandas de una militancia que, nada inédito, predominantemente es clientelar, oportunista y descomprometida.
Por consiguiente, otra vez aprovechándose de los recursos humanos y materiales del Estado, pendiente otro Plan de la Nación que, por un arrebato de originalidad, llaman “Simón Bolívar”,  lo confisca y hace suyo, aunque no debemos llamarnos a engaño. Es decir, por mucho que el aporte tecnocrático sea todo lo racional y limpio que pretenda, pasa por el colador presidencial y sus engreídos ofuscamientos creativos.
Seguramente, algún técnico reconocerá lo que consideró una novedad al entregar su papel ministerial de trabajo, ahora resignado ante la caricaturización. Probablemente, tiempo atrás,  introdujo la noción del país-potencia extendiéndose en algunas variables acaso dignas de discutir, pero ahora la encuentra hecha una caricatura y una apuesta que, por celo de su quincena, debe recibir con resignación y festejar por obligación.
Quien ahora se queja de la antipolítica, siguiendo – esta vez – el aporte hecho por la presidente del CNE, como si no la hubiese materializado hasta el hartazgo, ha compilado sus arengas para hablar de banderas, de contenidos, de interpretaciones, de reelaboraciones bolivaristas como parte adicional de la estrategia electoral.  Una farsa planificada o programada, en definitiva.

Fuente: http://www.analitica.com/va/economia/opinion/3715591.asp
Fotografía: http://www.asambleanacional.gob.ve/index.php?option=com_content&view=article&id=41826:constituido-grupo-de-amistad-parlamentaria-venezuela-corea-del-norte&Itemid=50

Post-data:

 Kim Jong-un nombra a un nuevo alto mando del Ejército norcoreano:http://internacional.elpais.com/internacional/2012/07/17/actualidad/1342509346_084341.html


sábado, 24 de marzo de 2012

DESLUMBRAMIENTO


EL NACIONAL - Sábado 24 de Marzo de 2012 Opinión/7
El país del Brillante Camarada
SERGIO DAHBAR

Siempre son pequeños detalles los que definen la trascendencia de un momento histórico. El hombre que heredó el poder el 20 de diciembre pasado en Corea del Norte, Kim Jong-un, es el tercero en sucesión y ha sido identificado como Brillante Camarada, hijo del Querido Líder, Kim Jong-il, y nieto del Presidente Eterno, Kim Il-sung.

Una dinastía de nombres ampulosos y ridículos ha convertido ese país de 24 millones de víctimas en "un parque temático estalinista, gulag dirigido por los Monthy Python", en palabras del periodista inglés Tony Wheeler.

Esta nación presupone que "los propietarios únicos de la revolución y la construcción posterior son las masas".

Un no lugar donde el maquillaje es el único anclaje que poseen las mujeres para sobrevivir a la opresión y las carencias. "La señora Song prefería saltarse el desayuno antes que acudir al trabajo sin maquillaje", reporta Barbara Demick en su magnífico Querido Líder. Vivir en Corea del Norte (Tur- ner, 2011).

No sólo hay que pensar qué le pasa por la cabeza a una familia en el poder para bautizar con semejantes nombres a personajes que deciden la muerte, el atraso, el exilio y la hambruna de miles de habitantes. Gente que distorsiona con obsesión el estudio de las matemáticas, porque esta ciencia no puede dejar la ideología de lado.

Así instruyen los manuales educativos de Corea del Norte: "Tres soldados del Ejército Popular de Corea matan a treinta soldados norteamericanos. ¿A cuántos soldados norteamericanos mató cada uno si todos mataron el mismo número de soldados enemigos?". Esa compulsión a convertir cualquier detalle de la vida cotidiana en pensamiento político no ha servido, sin embargo, para resolver graves problemas de alimentos ni de electricidad.

En el caso del Brillante Camarada, autoridad máxima norcoreana en este momento, cambiaron su fecha de nacimiento, lo engordaron, le enseñaron a comportarse, aplaudir, vestirse y reír. Este cambio de imagen llegó hasta la cirugía plástica. Habría que preguntarse por qué.

La respuesta la dio An Changil, ex oficial norcoreano, entrevistado por The New York Times.

"Cuando los norcoreanos miran a Kim Jong-un, ven a Kim Il-sung cuando tenía 33 años, momento en el que se proclamó libertador de un pueblo oprimido por los japoneses. Después de todos estos años de dificultades ­bajo el yugo de Kim Jong-il­, el pueblo quiere un nuevo libertador".

Lo que de alguna manera es una tragedia para el Brillante Camarada. Hasta el año 2010, Kim Jongun era un perfecto don nadie. La construcción de su biografía y su carrera fue fugaz. Lo que no entró en esa cartilla que se repite hoy de forma monocorde es que es amante de las películas de artes marciales y del actor Jean Claude Van Damme. Su padre lo era de las películas pornográficas.

El Brillante Camarada es hijo de la segunda esposa de Kim Jong-il, se educó en Suiza como todos sus hermanos, habla inglés, francés y alemán, y aunque siempre trató de evitar las influencias de Occidente adora el básquet y admira a Michael Jordan.

Estas frivolidades han quedado en un segundo plano desde que la muerte de su padre lo convirtió en teniente general y vicepresidente de la Comisión Militar Central, institución que gobierna el cuarto Ejército más numeroso del mundo: 1,1 millones de soldados en activo y 4,7 millones en la reserva. Su gasto consume 33% del producto interno bruto.

Una de las preguntas que activa la memoria de los norcoreanos de manera fluida es qué estaban haciendo cuando murió Kim Ilsung. Algunos tenían un examen final de música y la muerte del Presidente Eterno aplazó su graduación hasta el año próximo. En toda casa debe haber una imagen de Kim Il-sung y Kim Jong-il, y no puede faltar el trapito para limpiarles el polvo.

No se puede esperar menos de un país donde los muros de las casas no pueden superar el metro y medio de altura para que los policías puedan observar qué ocurre dentro y donde la intimidad es un uno de los privilegios más costosos.

Barbara Demick lo expone de esta manera a través de la historia de una pareja, Mi-ran y Jun-sang.

Novios a pesar de que la sangre de ella era impura por culpa de un error de su padre, se veían de noche a escondidas.

Amparados por el atraso de un país sin electricidad, la clandestinidad era el único espacio de rebelión frente al control obsesivo del régimen. El amor siempre redime.

Ilustración: Ugo

martes, 10 de enero de 2012

¿POR QUÉ OLVIDARLO?


EL NACIONAL - Sábado 24 de Diciembre de 2011 Opinión/7
El Tejado Roto
De poetas y rejas
RAMÓN HERNÁNDEZ

El poeta venezolano Alí Lameda conoció los campos de concentración de Corea del Norte.

Fue un militante comunista que se creyó el cuento de la revolución y quiso vivirlo en carne propia. Convencido de que ese era el destino glorioso de la humanidad aceptó un trabajo como traductor de los discursos de Kim Il-sung, desde una versión francesa.

Le dieron un apartamento, carro y chofer, que le cambiaban todas las semanas para que no pudieran entablar amistad. Al poco tiempo se dio cuenta de que todo era una farsa, que el pueblo moría de hambre y que se trataba de una vulgar y militarizada dictadura. En las cartas y postales que enviaba a su familia en Carora criticaba y se quejaba del régimen, a veces con amargura y otras con desdén y bastante humor. Contaba que los sufridos norcoreanos "se comían todo lo que volaba, menos los aviones".

El 24 de septiembre de 1967, Alí Lameda asistió a un banquete con los empleados del Departamento de Publicaciones Extranjeras. Hubo algunos chistes velados y risas simuladas sobre el "gran líder" Kim Il-sung y sus soporíferos discursos. A los 3 días, nueve esbirros lo fueron a buscar a su casa y se lo llevaron preso.

Sin que mediara acusación alguna lo recluyeron durante 1 año en una celda de 2 metro de largo por 1 de ancho, muy parecida a las del Sebin. Lo sometían a largos interrogatorios, refinadas torturas y a una dieta de 300 gramos. Mucho menos de un cuarto de la cantidad de kilocalorías que el ministro Loyo se ufana de considerar como suficientes para sobrevivir.

Lameda rebajó 22 kilos. Su cuerpo se llenó de llagas y sufría de hemorragias.

Cuando por fin empezó el juicio lo acusaron de agente de la CIA y de haber hablado mal del glorioso Kim, el fundador de la primera dinastía comunista. Los diplomáticos cubanos sirvieron de testigos y falsamente declararon que Lameda era un espía.

Sentenciado a veinte años de trabajos forzados, lo arrojaron a una celda de castigo en el campo de prisioneros de Sariwon. Estuvo esposado por tres semanas y a temperaturas por debajo de cero durmió en el piso, sin cobija ni otro abrigo. Después lo recluyeron en celdas sin calefacción. Se le congelaron los pies y se le cayeron las uñas. Sufrió infinitos simulacros de fusilamiento y no le entregaron ni una de las muchas cartas de sus familiares y amigos.

Vivió una novela de terror. En septiembre de 1974, el presidente Carlos Andrés Pérez logró su liberación. El régimen de Corea del Norte no ha cambiado, camarada. Vendo historia olvidada.

Fotografía: Summa, Caracas, nr. 19 de 1970