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martes, 9 de abril de 2019

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Abilia Moreno. "¿Bonche o religión? Las dos caras de la Semana Santa". Resumen, Caracas, nr. 335 del 06/04/1980.
- Ovidio Pérez Morales. "Por qué enseñar religión?". El Nacional, Caracas, 29/09/91.
- P. L. Blanco Peñalver. "Catolicismo y política". El Mundo, Caracas, 10/12/84.
- Francisco Vera Izquierdo. "Malariología y DDT". Resumen, nr. 143 del 01/08/76.
- Luz Machado. "La octava estrella". El Nacional, 11/10/77.

Reproducción: El Universal, Caracas, 06/08/1951. Alide Delgado, Radiodifusión, Wolfgang Larrazábal, Felipe Serrano, Radio Rumbos.

Breve nota LB: Curioso, la narración de un encuentro de béisbol de 1931. Quizá natural para la época, suponemos la reconstrucción del juego y no la transmisió de alguna copia fonográfica.  ¿Cómo sería? ¿Con o sin comerciales? ¿Cuándo se perdió este interés histórico?

jueves, 31 de agosto de 2017

REENFOCAR LAS ESPERANZAS

No es un país para ateos
Hermann Alvino

Un estudio sobre religión en Latinoamérica, indica que Venezuela es el país con el mayor porcentaje de personas que creen que Jesucristo volverá al mundo durante el período de sus vidas; esto es, que vivirán para verlo, aunque no para contarlo, porque todo acabaría. El porcentaje indicado en el reporte es del 57%, derivado a su vez de un 82% de protestantes, y el 53% de católicos (http://goo.gl/KGI9Tm).

– Inquieta entonces que un país con alrededor de un 70% de Católicos (http://goo.gl/haUAfX), la mitad piense de esta forma, y que del alrededor del 17% de evangélicos, 8 de cada 10 están convencidos de lo mismo, porque, de acuerdo a las escrituras -que son el sustrato de ambos grupos-, esa vuelta de Jesucristo al planeta sería definitiva -ya no habrá más Historia-, y si eso llegara a ocurrir, pues entonces no valdría la pena oponerse al chavismo, ya que más pronto que tarde, ellos también serán juzgados -y eventualmente condenados al infierno eterno, aunque presuman ser creyentes.

– Por otra parte, la venida divina efectivamente debería a la brevedad, porque en esas cifras no solo se incluyen jóvenes o adultos de mediana edad, sino también a los más ancianos, que como le restan menos años por vivir, pues habrá que cumplir con sus expectativas.

– La gente debería recordar que los griegos de la antigüedad dejaban que las cosas de dioses la resolviesen ellos (y ellas), percibían el tiempo de forma circular y reiterativa, y no de la manera judeocristiana que plantea un final de los tiempos, redentor o condenatorio. Visto así, es obvio que política y religión no deben mezclarse; por ejemplo, los más viejos recuerdan muy bien las fotos de Larrazábal persignándose, y las de Fidel con su cadenita y crucifijo; por su parte, los más jóvenes recuerdan cuantas veces el extinto barinés recurría al Creador, se persignaba, y rezaba, gestos suficientes para capturar la voluntad de millones de incautos, quienes habiendo comprobado su propia debilidad al reiteradamente caer en tentación, intentan sacudirse esa sensación de culpa convenciéndose que el líder que se les presenta como creyente en el mismo dios, no cederá ante esas mismas tentaciones.

– Al contrario, basta igualmente una legítima afirmación de que no se es religioso, para que hasta el más decente de los mortales pierda inmediatamente la confianza de su entorno laboral, familiar, o político, al suponer que sin religión no tiene moral, ni límite a su conducta,  por no tener temor de Dios.

– Por eso es que los sistemas políticos deben ser laicos, aunque la sociedad en su conjunto no deba eximirse en educar con valores laicos y cívicos, para no discriminar a nadie, ni siquiera con el pensamiento. Pero eso nunca ha ocurrido en Venezuela.

– La verdad es que provoca creerles a los encuestados, y que baje El Salvador a poner orden en casa, al menos en Venezuela, y de paso resolvernos de una vez nuestro destino final.

– Pero por si acaso ello no llegara a ocurrir, confirmando así que el tiempo de Dios no es perfecto –Capriles dixit-, tal vez sería más práctico que esos creyentes reenfocaran su porcentaje de esperanzas, para que en vez de desear el fin de los tiempos, contribuir decisivamente al fin del régimen.

– Porque bien vale la pena ser ateo, sin con eso se sale del chavismo.

Fuente:
https://vivalapolitica.wordpress.com/2014/11/16/no-es-un-pais-para-ateos

domingo, 6 de septiembre de 2015

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- José Ratto Ciarlo. "El testamento de Bergson y el catolicismo". El Nacional, Caracas, 02/09/1943.
- Esteban Emilio Mosonyi. "La causa indígena no está perdida". El Diario de Caracas, 06/09/81.
- Pedro Grases. "A la luz de os nuevos documentos: Bolívar y Sucre en la Constitución de Bolivia". El Nacional, 28/07/77.
- Manuel Bermúdez. "Discursos". El Nacional, 10/01/88. Papel Literario.

lunes, 2 de marzo de 2015

¿DE LA PÓLVORA VIENES Y A LA PÓLVORA VOLVERÁS?

EL PAÍS, Marid, 01 de marzo de 2015
LA CUARTA PÁGINA
Con violencia despiadada
Los clérigos de las religiones monoteístas han recurrido al terror y la desolación para mantener a raya a sus fieles o a los creyentes de otras confesiones. Es lo que hoy hacen los matarifes del Estado Islámico
Santos Juliá 

Como ya advirtió Max Weber, con aquella fuerza sintética que siempre caracterizó su escritura: “Toda organización de la salvación en una institución universalista de la gracia se sentirá responsable de las almas de todos los hombres, o al menos de todos los que le han sido confiados, y por ello se sentirá obligada a combatir, incluso con violencia despiadada, toda amenaza de desviación en la fe”. Nada sobra, nada falta: la organización de salvación en instituciones universalistas, esto es, la clerecía, si puede, recurrirá a la violencia despiadada: tal es la ley que atraviesa todas las historias de las religiones de salvación hasta que un poder civil, que no construye su legitimidad en la lectura de ningún libro sagrado, es capaz de reducir la religión al ámbito y al espacio que le son propios: la comunidad de creyentes y el templo.
Pero tanto la religión cristiana, como la musulmana y la judía han erigido sus templos —catedrales, mezquitas, sinagogas— en el centro del espacio público para que sus sacerdotes, imames y rabinos dominen desde esas imponentes construcciones la vida de los fieles, sus creencias y su moral, y para mantener a raya a los fieles de otras iglesias o los creyentes de otras religiones. No existe ninguna clerecía administradora de una religión de salvación que no haya pretendido que su voz, desde el púlpito, el minbar o el amud, se extendiera sobre todo el espacio circundante hasta llegar a someterlo a su mandato. Así es como los clérigos creen cumplir su misión como responsables de la salvación universal, aunque para lograrlo tengan que mezclar, según las ocasiones, la persuasión con el terror. Nada importa que, en sus orígenes, la religión de salvación haya germinado en comunidades de fraternidad y amor, como sin duda lo fue entre los primeros cristianos; cuando llegan los clérigos y se constituyen en poder, la fraternidad se transforma en odio y por amor se es capaz de llevar al matadero al hermano en la fe si sucumbe a la tentación de desviarse de la sagrada doctrina.
Por eso es vana, para alguien que no crea en una determinada religión, la pretensión de establecer cuál es su verdadero contenido o cuál el significado único de su libro sagrado: no hay ni puede haber un islamismo verdadero, de la misma manera que nunca hubo un cristianismo ni un judaísmo verdaderos, siempre idénticos a sí mismos durante todo el tiempo y en cualquier circunstancia. Más aún, los clérigos de las religiones asociadas a una concreta moral pública y de las que se derivan determinadas prácticas políticas, como ocurre con las tres monoteístas, suelen contemplar cómo surgen de sus mismas entrañas voces que se alzan contra la interpretación de la palabra divina sobre la que ellos construyen su poder; son los herejes, perseguidos y condenados a la hoguera por desviarse de la verdadera fe establecida por los dueños de los textos sagrados. Antes que a un infiel, que por definición no cree en la palabra revelada, a quien mata un creyente es al hereje, que le disputa el control de esa palabra.
Si disponen de poder para hacerlo o lo creen en peligro, derraman la sangre del infiel o del hereje
De ahí que pueda predicarse de todas las religiones monoteístas, contempladas a lo largo de siglos, aquello que Carl Schmitt decía de la católica, que era una complexio oppositorum: paz de Dios junto a guerra santa; o también: guerra santa y tregua de Dios. Lo mismo puede decirse de la judía y de la musulmana, las tres monoteístas, las tres basadas en un libro sagrado que contiene verdades reveladas, las tres —y este es el punto que aquí interesa— regidas por una clerecía, formada exclusivamente de hombres que por elección divina se encuentran investidos de autoridad para interpretar la palabra. Son ellos, los clérigos, quienes transmiten en cada momento y por medio de rituales que solo ellos pueden celebrar, y en los que solo ellos toman la palabra, el verdadero y único sentido de la fe revelada. En las tres religiones, los libros sagrados son mudos hasta que alguien, con el poder derivado de su consagración como clérigo, interpreta lo que allí quedó escrito.
Las tres con largos tramos de sus respectivas historias en los que no solo era posible sino voluntad misma de Dios, Alá o Jehová morir o matar en defensa de la fe, una voluntad que se transforma en violencia despiadada sobre las cosas y las personas cuando los clérigos sienten amenazado el poder de vida y muerte que detentan sobre la sociedad. En la larga y sangrienta historia de las religiones, no es posible encontrar ninguna dotada de ritos que celebrar, de libro sagrado en que creer y de clérigos a quienes obedecer, que no haya servido como instrumento de muerte y desolación cuando el dios de los creyentes alcanza la categoría de único dios en el mundo, cuando del libro sagrado se derivan leyes que rigen la conducta de los miembros de toda la sociedad y cuando los clérigos reclaman para sí y conquistan el poder de erigir sus templos sobre las ruinas de los antepasados, de destruir estatuas que el paso del tiempo ha convertido en símbolos perdurables de otros cultos y otras creencias, o de enviar a disidentes y heterodoxos a la muerte, después de conducirlos en procesión por las vías públicas: los herejes o las pobres brujas que la santa Inquisición llevaba a la hoguera tras someterlos a refinadas torturas; esos desventurados cristianos degollados hoy como corderos ante la mirada del mundo. Antes que derramar su sangre como mártires de la fe, los clérigos de las religiones de salvación, si pueden, si disponen de poder para hacerlo, o creen que ese poder corre peligro, derramarán la sangre del infiel o del hereje. Siempre lo han hecho, siempre lo van a hacer.
Los yihadistas ejecutan igual el sacrificio de vidas humanas y la destrucción de estatuas milenarias
Nosotros guardamos en la memoria alguna reciente experiencia de toda esta desgracia. En aquel estremecedor y admirable panfleto que será por siempre Los grandes cementerios bajo la luna, el católico Georges Bernanos, procedente de la derecha nacionalista francesa y testigo horrorizado en 1936 de las matanzas en Mallorca, en las que tomaba parte uno de sus hijos bajo el mando del impostor conde Rossi, dejó escrito que “el Terror habría agotado desde hace mucho tiempo su fuerza si la complicidad más o menos reconocida, o incluso consciente, de los sacerdotes y de los fieles no hubiera conseguido finalmente darle un carácter religioso”. Fue primero el terror implantado por militares y fascistas; luego llegaron los clérigos: la religión católica vino a sacralizar la práctica derivada de una política de muerte. No fue que los rebeldes, por creyentes, mataran; fue que los asesinos, para proseguir su acción hasta el exterminio, la revestían de aura sagrada y la tomaban como prenda de salvación: la alta clerecía había predicado una guerra santa, una cruzada contra infieles e invasores que, con la religión, destrozaban la patria; su destino no podía ser otro que la muerte.
La palabra yihad podrá significar, para los eruditos en la interpretación de textos sagrados, lo que quiera que sea: esfuerzo, ayuda, lucha de liberación. Da igual. Es una auténtica yihad vivida como guerra santa —si fueran cristianos: una cruzada— lo que hoy repiten, celebrando ese horrible ritual ideado para transmitirse a todos los confines del mundo por las redes globales, los matarifes del Estado Islámico bajo la atenta mirada de un clérigo, todo vestido de negro, que observa a corta distancia y con idéntica impasibilidad el sacrificio de vidas humanas y la destrucción de estatuas milenarias.

Ilustración: Enrique Flores.

domingo, 21 de julio de 2013

CATOLICIDAD

EL NACIONAL - Domingo 21 de Julio de 2013     Siete Días/4
Latinoamérica pierde su fe
El papa Francisco, elegido en marzo de 2013, comienza mañana su primera visita al continente. No irá a su país natal, Argentina, sino a Brasil, donde participará en la Jornada Mundial de la Juventud. Llegará a una región en la que la religión católica predomina, pero la feligresía va en descenso
La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, recibirá mañana en Brasil al papa Francisco

Lastimada por los escándalos de pederastia y la ausencia de una respuesta consistente de la Iglesia a temas como las bodas gay, la fecundación in vitro y la participación de la mujer en el sacerdocio, la religión católica, aunque predominante con 80%, en promedio, de la población de América Latina, registra un descenso de fieles, mientras crece paulatinamente el número de seguidores de la fe protestante o evangélica.
El papa Francisco es el primer pontífice nacido en el continente y tiene el reto de devolver la confianza de los latinoamericanos en la Iglesia.
Mañana, en su primer viaje internacional, el país que visitará es precisamente el que cuenta con mayor número de católicos en la región: Brasil. Muchos esperan que reanime la vida de una religión que pierde creyentes lentamente.
Especialistas consultados consideran que la Iglesia Católica no cuenta con una estrategia de proselitismo como la emprendida por las iglesias cristianas-evangélicas, mientras que obispos reconocen un choque de la institución con "un paradigma de valores secularizados que está rigiendo al mundo moderno".
Durante la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (2007), celebrada en la ciudad Aparecida, en Brasil, el entonces papa Benedicto XVI hizo un llamado urgente de evangelizar en Latinoamérica para enfrentar la disminución del número de católicos, el avance de "secularismo hedonista" y la penetración de otras religiones. En ese entonces, se dio a conocer que el número de personas que reciben sacramentos como el matrimonio o el bautizo también estaba en descenso.
Efecto Bergoglio. Sólo en Argentina se afirma que la elección de Francisco, el primer papa de esa nación, ha revitalizado la presencia de la Iglesia y las expresiones de fe. Aunque todavía es prematuro para que se consolide una tendencia definitiva, un informe del Centro de Estudios sobre las Nuevas Religiones revela que 53% de los sacerdotes percibe en su propia comunidad un aumento de las personas que se acercan a la iglesia y se confiesan.
El "efecto Bergoglio", reflejado en un sondeo entre 200 sacerdotes y religiosos, muestra que ese crecimiento es "consistente", según 43,8% de los curas consultados.
Pero no es igual en el resto del continente. En México, la mayoría de la población practica la religión católica. No obstante, su descenso ha sido notable en las tres últimas décadas. De acuerdo con los Censos de Población y Vivienda que elabora cada década el Instituto Nacional de Estadística y Geografía e Informática en 1990, 89,7% de mexicanos se declaró católico, en 2000 ese porcentaje se redujo a 88% y en 2010 disminuyó a 83,9%.
Jorge Traslosheros, del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México, afirma que "desde la jerarquía católica no existe un plan de acción específico para la recuperación de fieles o su no deserción. Lo que sí existe es un protagonismo que han trasladado los laicos en movimientos eclesiásticos a nivel parroquial".
Elio Masferrer Kan, antropólogo de las religiones, asegura que la Iglesia Católica no ha logrado una estrategia inteligente para evitar que sus fieles huyan a las filas de nuevas manifestaciones religiosas.
Manuel Corral, secretario ejecutivo de la Conferencia del Episcopado Mexicano, organización que congrega a todos los obispos del país, reconoce que la Iglesia Católica no ha sabido utilizar un lenguaje más emotivo y menos rígido con los fieles.
Migración en Venezuela. En Venezuela la institución no ha abandonado su vocación pastoral ni se ha alejado de la comunidad, pero la comunidad sí ha migrado hacia otros credos.
Un estudio del Laboratorio de Ciencias Sociales mostró que en 1987 85% de los venezolanos era católico, pero en 2011 la cifra había bajado a 75%. A la par, los cristianos evangélicos crecieron de 7% a 14% en el mismo período.
La encuestadora GIS XXI indica que, en 2010, 71% del país era católico y 17% evangélico.
La misma firma informa que 54% no creía en los sacerdotes.
Las investigaciones muestran una clara tendencia: el éxodo de los católicos hacia las filas evangélicas, en las que los ritos son más vistosos y han atraído a los que viven en pobreza.
La Conferencia Episcopal Venezolana está al tanto de la merma y ha hecho públicos varios datos: recientemente reveló que sólo 15% de los católicos va a misa y que hace 5 años había 1.000 seminaristas y actualmente son 800. La aprobación de la Iglesia como institución, sin embargo, ha superado siempre 60%, por encima de los medios de comunicación y los partidos políticos.
Pocos rituales. En agosto de 2012 el Instituto Nacional deEstadística y Censos de Ecuador presentó las primeras estadísticas oficiales sobre filiación religiosa en el país, que reveló que 80,44% de la población es cristiana católica. Eso sí, solamente 3 de cada 10 personas que se identifica asiste a servicios religiosos una vez a la semana.
Tanto el INEC como un informe del Programa Latinoamericano de Estudios Sociorreligiosos, citado en el Reporte de Libertad Religiosa 2011, coinciden en que la religión protestante es la que ocupa un segundo lugar.
En Puerto Rico el panorama no es diferente. A la religión católica pertenece entre 75% y 85% de los boricuas, según la Enciclopedia del Mundo Cristiano.


En general los obispos puertorriqueños mantienen una postura conservadora, se oponen a medidas que extienden derechos a la comunidad gay como el derecho de adoptar hijos, la protección de una ley contra la violencia doméstica y la protección contra la discriminación del empleo por motivo de identidad sexual. Esa posición los aleja de la gente.
En Brasil el catolicismo romano se redujo 8,94% en 10 años, según datos comparativos de los censos de 2000 y 2010. Aun así, es la religión más fuerte del país.
El investigador y profesor de Teología de la PUC-Río, Paulo Fernando Carneiro de Andrade, explica que la reducción del catolicismo está conectada con la pluralización y la secularización, fenómenos en los que el hombre vive en un mundo muchas veces prescindiendo de la religión. "Este es el desafío pastoral, cómo evangelizar esa sociedad ahora plural", reflexiona.
En Colombia una encuesta contratada por El Tiempo en diciembre del 2011, y realizada por la firma Datexco, concluyó que 8 de cada 10 colombianos se consideran católicos.
Sin embargo, la misma investigación, realizada en las principales ciudades del país, evidenció que muy pocos viven una fe comprometida y que el catolicismo es, en la mayoría de casos, simplemente una herencia familiar que no siempre se lleva a la práctica. Por ejemplo: sólo 45% va a misa los domingos, 20% acude a la iglesia únicamente a ceremonias especiales y apenas 28% lee la Biblia de vez en cuando.
Explosión de denuncias. La Iglesia Católica chilena ha vivido en carne propia las dificultades que se han expresado en todas partes del mundo. Los últimos años han sido un tiempo de tensiones al interior del clero y, también, entre el clero y sus fieles. Los datos obtenidos luego del censo de 2012 demuestran que la explosión de denuncias por abusos sexuales ­con el caso del sacerdote Fernando Karadima como emblema de ese tiempo oscuro­, no ha provocado en el país una debacle religiosa, como algunos temieron. El conflicto se resolvió más como una "crisis de confianza" que como una "crisis de identificación religiosa", de manera que el descenso en la proporción de católicos es de dos puntos, proporción inferior a la registrada en el censo anterior, cuando cayó de 77% a 70%.
En abril de 2013, además, otra noticia causó inquietud: las vocaciones sacerdotales, según cifras de 18 de 33 seminarios, fueron un tercio de las que había en 2002. Ese año 71 jóvenes ingresaron a 18 casas de formación, mientras que en 2013 ingresaron apenas 24. En un período de 11 años, de 634 estudiantes, sólo 56 llegaron al sacerdocio o a los votos perpetuos (en el caso de las congregaciones religiosas).
Uruguay es un caso aislado en el continente. Desde hace un siglo ha mostrado un extraordinariamente bajo nivel de religiosidad. Una encuesta de 2008 estableció que apenas 51,9% se decía católico romano. Más de la mitad de los católicos no asiste a servicios religiosos.
En Costa Rica de acuerdo con una reciente encuesta de la empresa consultora Unimer 57% de la población mayor de 18 años se declara católica.
Los seguidores del catolicismo han disminuido en los últimos años, pues en 1999 representaban 73% de la población. La caída fue más abrupta a mediados de esa década producto de escándalos económicos y sexuales de la Iglesia que llevaron a 2 sacerdotes famosos a la cárcel.
Para atraer a fieles actualmente la Iglesia Católica costarricense ha emprendido una labor de renovación acercándose a la gente y creando una idea de comunidad.
Por ejemplo, en barrio Cuba, una zona marginal de la capital, el presbítero Alfredo del Toro decidió hacer las misas en la calle y hasta llevar mariachis para incentivar la participación de los vecinos. Los esfuerzos de renovación de la fe se activan. Bergoglio será parte de esta campaña.

Cfr. http://internacional.elpais.com/internacional/2013/07/21/actualidad/1374375842_663839.html

lunes, 21 de enero de 2013

TRANSUBSTANCIADOS

Sincretismo de Estado
Luis Barragán


Recientemente, Rigoberto Lanz ha hecho una breve disertación sobre la irrupción de la modernidad y la consiguiente aconfesionalidad del Estado.  Supusimos, por el título del artículo (“Regreso del catolicismo reaccionario”), que inscribiría la postura antigubernamental de los sectores católicos en la incansable terquedad de preservar sus privilegios, asediados por las tribus post-modernas que pudieran confundirlos, pero – alimentando un poco la acertada peregrinación conceptual de Oscar Schemel, en torno al liderazgo religioso – denunció   las prácticas católicas regresivas de Chávez Frías y sus  colaboradores. Sin embargo, circunscrito a una determinada liturgia, olvida que el ceremonial de Estado ha apelado a otras, confiscada inescrupulosamente la llamada religación por quienes no sabemos definitivamente a cuál Dios rezan.

Confiscación que no teme  simular las prácticas y hacerse de los símbolos de las distintas creencias, suponiendo de derecho divino la entronización del régimen. Éste es el dato fundamental, derivando el culto a la personalidad presidencial, perfeccionamiento del bolivariano de cuño guzmancista y lopecista,  en una radical política de la fe que oculte toda evidencia de los fracasos y contradicciones, como no ocurriría con la del escepticismo; autorizando y promoviendo a sectas de menor impacto, como contraprestación a una afinidad política que garantiza un insospechado crecimiento de las más audaces; e intentando, ante la consabida enfermedad, un discurso de la resurrección que las circunstancias puedan convenir como de relevo y encarnación. Por cierto, no es casual que el ministro Giordani hable de “transubstanciación”, en uno de sus libros,   dizque para explicar las políticas económicas que concibe convertido en un extraño tomista en el socialismo de novísima centuria.

Los católicos post-conconciliares adoptamos también diferentes posturas ante el régimen, e – incluso – feligrés asiduo a la Iglesia de San Francisco, debemos apuntar que,  las homilías de los jesuitas, por más simpatizantes o adversos que se digan del proceso, no están contaminadas por el mensaje de una específica militancia partidista.  Y, aunque de yerros se hace la trayectoria terrenal, la Conferencia Episcopal plantea sus denuncias y señala sus orientaciones con la prudencia que reclama la coyuntura.

La desesperación lleva a los altos personeros del Estado, según el hábito heredado, a espectacularizar sus urgencias políticas y, banalizando la muerte, como ha ocurrido con las 20 mil personas que dejaron el pellejo en las calles en 2012,  el constante seguimiento o monitoreo de la opinión pública, realizado a través de costosísimos estudios y abnegados analistas, dice legitimarlos para protagonizar cualquier evento religioso que los ayude a reforzar un imaginario social que les ha prodigado importantes y decisivos dividendos. Predominantemente católico, las modalidades son fáciles de adivinar para aprovecharse de un pueblo que vive en constante zozobra.


Ilustración: Robert Indiana, "Love" de 1967 (invertida). 

OTRO ES EL PLEONASMO

EL NACIONAL - Domingo 20 de Enero de 2013     Opinión/9
ATresManos
Miradas múltiples para el diálogo
Regreso del catolicismo reaccionario
RIGOBERTO LANZ



"Yo te acepto y te tomo: encarnación del mal,
 devastación del alma".
Henry Miller
(Trópico de Capricornio, p. 505)


En Venezuela se viene experimentando desde hace algún tiempo un oscuro proceso de incrustación religiosa a dos velocidades: una, la impronta de un catolicismo que arropa al Estado que ya se había liberado de este oscurantismo con el advenimiento de la Modernidad. Otra, el repoblamiento en los sectores populares de toda clase de sectas que van colonizando ­en sincretismos muy peculiares­ la subjetividad de amplios sectores de la población.
Me concentro ahora sólo en el ablandamiento del Estado laico que heredamos de la Modernidad, que sin dudas representa una de las aportaciones mayores en la lucha contra el oscurantismo católico que azotó al mundo durante tantos siglos.
El Estado laico representa un hito en la emancipación que encarnó la Modernidad. En todos lados este fue un proyecto frustrado, pero en el terreno de la separación de los aparatos religiosos y el espacio público del Estado, la Modernidad logró poner las cosas en su lugar: las prácticas religiosas son un asunto del mundo privado y el Estado está en la obligación de preservar escrupulosamente este principio de convivencia política.
¿Qué está pasando hoy en Venezuela? Hay una deriva que ignora esta regla de oro, todo se mezcla en una amalgama en la que parecen "normales" las incrustaciones discursivas en las instituciones del Estado, el funcionariado adopta las poses del catolicismo en todo evento y se trasmite la sensación de que la Iglesia y el Gobierno son una gran familia.
Allí hay una alta responsabilidad del jefe del Estado quien ha asumido que sus creencias religiosas forman parte de la gestión del Estado. Semejante extravío lleva a diversas aberraciones en el espacio escolar, en el campo comunicacional y en variadas esferas de la vida pública.
Con la enfermedad del señor Presidente estos desvaríos se han acentuado de forma escandalosa.
Se ha creado un clima clerical en el que la espiritualidad de la multitud es recuperada maliciosamente por un catolicismo reaccionario (disculpen el pleonasmo) que secuestra la multiplicidad de formas en la que puede expresarse la solidaridad y la afectación de tanta gente por la salud de Chávez. La presencia de rituales religiosos en todos los escenarios, las invocaciones del mismo género en cualquier actividad pública, este clima reverencial manejado por curas y la inocencia que envuelve todo este tinglado, hacen muy vulnerable la subjetividad de la gente que se postra ante la avalancha de puestas en escena en nombre del noble propósito de "pedir" por la salud del Presidente.
Por si no está claro, precisemos: la gente tiene todo el derecho de practicar la religión que le plazca (en su vida privada); nadie tiene por qué involucrase en las decisiones que cada quien toma en ese terreno.
En lo personal soy muy respetuoso de lo que la gente hace o deja de hacer en el campo religioso (sobre todo, si eso permanece estrictamente en el ámbito privado).
Pero cuando este submundo se convierte en discurso y práctica del Estado, se encienden las alarmas porque la categoría de Estado laico es una conquista históricamente muy valiosa sin la cual la violencia cultural se instaura y la noción de sociedad vuelve a la Edad Media.
El clima enrarecido en el mundillo político no deja mucho margen para un debate serio sobre las implicaciones de largo plazo de lo que vengo de plantear. No importa. Esta palabra está dirigida a toda ciudadana y ciudadano que no están imbuidos de credos religiosos, que no definen sus vidas a partir alguna iglesia y que son capaces de convivir con la gente de todos los dioses. A estas alturas tener que recordar que el Estado Moderno se define como "Estado laico" (con todas las implicaciones de esta definición) habla por sí mismo de los retrocesos que pueden incubarse en derivas a veces imperceptibles que se cruzan en el entramado de la sociedad.
Bienvenidas todas la religiones... a condición de que no crucen la acera del Estado.

Fotografía: http://zonatwive.wordpress.com/tag/hugo-chavez-frias/