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domingo, 3 de septiembre de 2017

REFUTACIÒN DEL PASADO

Desautorización moral
Luis Barragán


Hoy, gobiernan generaciones distantes a las que decretaron e hicieron la subversión en la década de los sesenta del XX. Coaligadas, las promociones de los setenta y ochenta, se sienten legítimas herederas de los que, en buena parte, irremediable, se vieron obligados a hacer la crítica de las armas tras la derrota.

Crítica que no tiene importancia ni significación alguna para el poder establecido, excepto la pretendida traición de los renegados y capituladores. Por ello, sobreviven los  vicios ideológicas y las prácticas propagandísticas que justifican la auto-victimización para intentar el imaginario del heroísmo  en una lucha desigual, pues, a modo de ilustración, la muerte de Danilo Anderson,  Eliécer Otaiza o Robert Serra, recordemos, fue expuesta como el resultado – nunca probado – de una gigantesca y macabra conspiración de la derecha opositora, tentados por la definitiva versión del asesinato teledirigido del propio Chávez Frías.

Otra faceta de la llamada antipolítica, la necropolítica actual retoma el antiguo amarillismo que convirtió a buena parte de los caídos en las acciones guerrilleras en un mito irresistible, pintando a la democracia representativa como un monstruo de ilimitadas maldades. La cúpula que ahora gobierna a Venezuela, abrevó en una historiografía, literatura y filmografía que, por sus interesadas inexactitudes, todavía está pendiente del debate,   acaso de un mayor rigor académico que ayude a descontaminar el foro político.

Valga el ejemplo, numerosas fueron las veces que, en el pasado período legislativo, escuchamos intervenciones que inculpaban – faltando poco – a la bancada opositora por muertes como la de la estudiante veinteañera Livia Gouverneur, cuyo nombre todavía exhibe el centro de estudiantes de psicología en la UCV. Entre otros, Antonio García Ponce tuvo el coraje de desmentir la falsa versión que, por muchos años, prosperó en torno al asesinato en manos del gobierno, cuando realmente el fatídico hecho ocurrió accidentalmente a manos de uno de los compañeros de la joven, en el fallido atentado contra una de las asociaciones de cubanos anticastristas exiliados en nuestro país, a finales de 1961 (“La guerrilla de los años 60”, Libros Marcados, Caracas, 2010: 22, 219 ss.). 

La muerte de  la dirigente devino símbolo arrollador e incriminador y,  una muestra de la propaganda de entonces, junto a otra de las víctimas de la represión, nos la presenta de manera brutal para conmemorar la semana del estudiante.  Muestra tomada del diario Clarín (Caracas, nr. 575 del 18/11/1963), órgano de un sector interno de URD que supo también de una posterior militancia maoísta, como fue el caso de Víctor José Ochoa, en el contexto de una contra-campaña de sabotaje de los comicios generales,  nos impone de las claves de comunicación por entonces manejadas, dándole escuela a las actuales, aun tratándose de partidos diferentes al MIR y al PCV que capitanearon el guerrillerismo.

La muerte de más de cien jóvenes por protestar pacíficamente,  sólo en los últimos meses del presente año, casi todos con sobrados testigos presenciales, contrasta con la estridencia de una dictadura que se burla de ellos. Hechos reales, siendo inevitable la difusión y consternación generalizada,  lejos del morbo propagandístico, dibujan muy bien  el alcance de un martirio que tiene por marco la pavorosa crisis humanitaria que nos aqueja, bajo la militante censura y bloqueo informativo.

El asunto permitiría una consideración más extensa en la materia, añadida la construcción artificial de un imaginario que ha fracasado. Por lo pronto, concluimos en la palpable desautorización moral de un régimen que, dándole bríos a la antipolítica que renueva, quizá no tarde en una campaña sobre ese remoto pasado que diga relevarlo de un presente que lo atenaza.

Reproducción: Clarín, Caracas, nr. 575 del 18/11/1963.
04/09/2017:
http://radiowebinformativa.com/2017/09/desautorizacion-moral/

domingo, 19 de junio de 2016

EL COLMO



De la faceta escatológica del régimen

Luis Barragán

Asunto escabroso, pero inevitable. La paz ni siquiera encuentra domicilio en los cementerios, convertidos en peligrosas, increíbles e indecibles barriadas que los aprietan como en el General del Sur de Caracas.

Novedad alguna reporta el camposanto de la ciudad capital en relación a los hechos vandálicos y a las continuas profanaciones de tumbas, ante la indiferencia militante de las autoridades, a veces, sospechosas de las atrevidas incursiones por alguna convicción religiosa, pseudorreligiosa o patológica. Versiones estas que surgen al calor de un anecdotario propio de la necropolítica que los informa, en el tozudo empeño de prolongarse en el poder.

Sobran los testimonios de personas con padres, parientes y amigos de violentadas tumbas que, además, no frecuentan por los riesgos que comporta hacerlo con la frecuencia deseada. Por contraste, hay reportes respecto a aquellos que ya se habituaron a tenerlas como hogar, por no mencionarlas como refugio de delincuentes: dos o tres años atrás, tuvimos ocasión de acudir al sepelio del familiar de una persona amiga y, realizado en poco menos de 40 minutos, previo pago del malandro que protegió el acto con el permiso de otros que fijaron el plazo, constatamos cuan populoso es el lugar: hábitat indefinible para los más pobres que se resignan a compartirlo hasta con los rateros de los pocos monumentos artísticos que van quedando.

Ha sido necesaria, aunque indeseable, la profanación a tumbas como la de Rómulo y Teostiste Gallegos o la de Isaías Medina Angarita para el estremecimiento de la opinión pública, tan asediada por otras urgentes y variadas noticias. Lo peor ha sido la vergonzosa respuesta del alcalde menor de Caracas, Jorge Rodríguez, y la de otros funcionarios, que las negaron, pretendiendo no sólo reducir el asunto a un eufemismo, sino  evadir sus responsabilidades ante el delito recurrente que, valga acotar, parece reforzar el elemento escatológico que explota nada inocentemente el gobierno.

Difícil de plantear en el pasado período legislativo, conseguimos la ocasión a propósito del debate suscitado por la autorización parlamentaria para que los restos de César Rengifo fuesen mudados del ya citado cementerio al Panteón Nacional. Y, a pesar del comentario adverso que luego produjo en la propia bancada de la oposición, señalamos en abril de 2015: “… Partiendo del inicio del debate (de hoy) donde se habló de la inseguridad personal, no sólo de las personas que obviamente están vivas, sino de los cementerios públicos: por lo general, visitados por los familiares, relacionados y demás deudos, constituyen un motivo de peligro y, por lo que frecuentemente observamos, de profanación. El traslado de César Rengifo al Panteón Nacional, por lo menos, asegura que su tumba no será profanada. El traslado de César Rengifo al Panteón Nacional, por lo menos asegura que exista la posibilidad de que pueda descansar en paz, sin que sus deudos y relacionados corran el peligro de un grave asalto a mano armada, como por lo general ocurre en un monumento artístico como el Cementerio General del Sur, como en otros cementerios públicos nacionales y municipales que frecuentemente constituyen una referencia para el delito” (http://lbarragan.blogspot.com/2015/04/salvo-dos-consideranda.html). 

lunes, 23 de mayo de 2016

Y DE UNA FARRAGOSA CURSILERÍA



La militarización de la política

Luis Barragán

La crisis social y económica trastocada en humanitaria, ya pisa los terrenos de la seguridad y defensa. Por una parte, irresponsablemente llegamos al nada envidiable estadio, por la evidente incapacidad gubernamental de aplicar las medidas más sensatas y de contar con un enfoque realista de las circunstancias que reiteran el fracaso de un modelo; y, por la otra, tenemos el deliberado esfuerzo de Maduro Moros para plantear la situación en los términos de una inaudita guerra civil que lo conduce al más grosero chantaje: nos resignamos a morir de hambre, o de todos modos lo haremos a través de un conflicto de consecuencias inimaginables.

Dato importante para el ascenso al poder en 1999, la antipolítica ha tenido como correlato la necropolítica, explotada hasta la saciedad por un régimen que todavía intentar inflar el culto a una personalidad cada vez más olvida, ajena a nuestra propia identidad de pueblo, como quiso y sus especialistas pretendieron sembrar en el imaginario social. Limitados por una realidad insobornable, ahora intentan responder tozudamente con los hechos de fuerza, militarizando cada vez más  el lenguaje.

No existe el más mínimo esfuerzo de comprender el dato económico, ni la evidencia social y, así, la inflación, la insólita cifra mensual de muertes violentas, las epidemias, el desabastecimiento o cualesquiera otras materias que se elijan, tienen por  justificación  la conspiración del enemigo preferiblemente interno, porque el tal imperio a veces luce indiferente y hasta indolente, que amerita de una nada virtual desaparición de los deslealmente competidos adversarios. La propia “guerra económica”, un artefacto verbal que lo releva de la consideración del drama humano que nos aqueja, lleva a Maduro Moros a adoptar decisiones que únicamente se explican por el empleo abusivo de la Fuerza Armada, pues, a cascazo limpio cederá la inflación.

La política militarizada que teme del debate sobrio y abierto en la instancia parlamentaria que se hizo naturalmente para el verbo y la razón, fundada en la contraposición de amigo y enemigo, identificando con éste al más tímido disidente, se afinca en una relación vertical de todos los actores, el fiel cumplimiento del dogma en boga, el uso de la fuerza para zanjar las diferencias. En la cúspide, está el improvisado e inseguro Maduro Moros que se entiende frente a un gran teatro de operaciones y, dado su talante autoritario,  concibe las soluciones en términos de movilización, logística y maniobra táctica, mas no en el orden de las estrategias que otros concebirán y aconsejarán: creemos, nunca fue un dirigente político de alta competencia, puede decirse, sino un activista con una muy buena estrella y, siguiendo el símil, sus peroratas dibujan más al envalentonado infante de marina que al oficial de estado mayor.

El lenguaje y la política de la civilidad le son extraños a quienes, por cosas del destino, alcanzaron un buen día la colina, no otra que el Estado, y para defender la posición dictamina con la elegancia de la que es capaz: si me joden, se joden todos. Por cierto, a propósito de la sentencia inevitable de Pepe Mujica, no por casualidad, emulando quizá una escena de la “Venezuela heroica” de Eduardo Blanco, se dice loco de amor por Chávez Frías, inconsciente prisionero Nicolás de la más farragosa cursilería.

Ilustración: José Lara (exposición Biblioteca Nacional, Caracas, 11/03/2016). 

23/05/2016

domingo, 20 de diciembre de 2015

ALGUNAS FACETAS

El sentimiento navideño (y una coletilla larga sobre la necropolítica)
Luis Barragán


Difíciles y duras las circunstancias, creyentes y no creyentes debemos perseverar por el sentimiento de amor que explica el período navideño. Al desearles una Buena Noche a nuestros amables lectores, recordando con nostalgia a Los Tucusitos que también hicieron nuestra infancia (https://www.youtube.com/watch?v=34PrEMi3CqE), oramos porque la paz labrada por la solidaridad, la justicia y la hermandad, sea la que prospere en sus hogares.

Necropolítica y elecciones

Sucedánea a la antipolítica, la invocación del extinto presidente y todo el fenómeno que implica, no fue suficiente. Apenas sirvió para enmascarar la responsabilidad misma de Chávez Frías, asumiendo el sucesor absolutamente  toda en torno a la crisis que tardará en concluir.

Enunciando algunas de las características propias e impropias de la necropolítica,  proliferaron las candidaturas que, al pretender romper con la polarización desde el mismo PSUV, no  deslizaron la preferencia del elector hacia las numerosas tarjetas que les son subsidiarias, frente a la tarjeta única  de la Unidad Democrática. Fue inequívoco el rechazo de la población hacia el régimen y sus consecuencias, restándole sonoridad a los presuntos matices que otros partidos oficialistas y clientelares – por cierto, muy pocas veces – imploran.

En el estado Aragua, no prosperó la abierta confusión que se quiso con la candidatura homónima a la de Ismael García, cuya cercanía en el tarjetón evidenció una maniobra más urdida desde el Consejo Nacional Electoral (CNE). A la postre, la grotesca ubicación y escandalosa publicidad, generó efectos contrarios y, por lo demás, toda estrategia que parta de  la estupidez del electorado, oculta el suculento negocio que reporta para los prestamistas del nombre, pero subraya el infeliz papel de los promotores y financistas.

Otra de las varias facetas, las  gubernamentales fueron solo candidaturas de poste, siendo raras y atropelladas las veces que incursionaron en las comunidades. Al optar por la inundación publicitaria que significó una gigantesca e inmoral inversión, humillando a quienes los padecen, ahorrándose toda explicación – así fuese interesada – del drama que nos aqueja, también apuntaron a la inexistencia de una debida y mínima representación o representatividad política.

Fotografía: LB, en algún lugar del Circuito 2 del estado Aragua. Apenas, vimos esta casa con una exposición testimonial de la campaña gubernamental.

Fuentes:
http://www.radiowebinformativa.com/opinion/el-sentimiento-navideno-y-una-coletilla-larga-sobre-la-necropolitica/
http://www.diariocontraste.com/el-sentimiento-navideno-y-una-coletilla-larga-sobre-la-necropolitica-por-luis-barragan-luisbarraganj/

domingo, 5 de abril de 2015

SOMBRA DE TRÁNSITO

De la Venezuela saudí a la andorrana
Luis Barragán


Históricamente definida en Venezuela, la etapa saudí estuvo varias veces caracterizada por una incontrolable bonanza petrolera,  un desbordado endeudamiento y una sórdida corrupción, con sus caras: la más lejana, afianzada una mínima cultura e institucionalidad democrática, susceptible de la derrota electoral del gobierno, también se tradujo en la elevación de nuestra calidad de vida, el impulso de las industrias básicas o el plan masivo de formación académica en el exterior; y, la más cercana, apuntalado el autoritarismo por unos comicios semicompetitivos, prolongado un mismo gobierno, el deterioro pareciendo no hallar límites, ha quebrado la economía o la desesperanza empuja a la emigración de los más atrevidos. El consabido caso de la Banca Privada de Andorra y de los altos funcionarios venezolanos vinculados a sendos delitos financieros, sancionados por el gobierno estadounidense, contribuyen a caracterizar la otra etapa de un rentismo al que  sólo le faltaba dar soporte a un modelo socialista.

Valga la coletilla, existe una distancia considerable – por ejemplo – entre Pérez Jiménez, quien se llevó un buen dinero, compró La Moraleja y se dedicó exitosamente a los negocios privados, desechando las oportunidades reales para regresar al gobierno,  y los de ahora que acumulan fabulosas propiedades, satisfacen la vieja vanidad de gozar entre sus caballos de paso e incursionan en la legitimación de capitales, ligando que nunca caiga el gobierno que los premió. El paso siguiente al ascenso social y la estabilidad económica, consiste en la consagración de los excesos emparentados inconscientemente con los remotos seriales estadounidenses, los que – apenas – resolvían el problema de un tornillo comprando otro avión, mientras que los actuales empleados del varias veces quebrado impunemente Banco Industrial de Venezuela, están sumergidos en la angustia de un cierre cuya promesa cierta es la del desempleo. Sin embargo, buscando una anacrónica confrontación anti-imperialista que les conceda alguna prestancia, el cinismo moral nos conduce a las amargas vicisitudes de la vida diaria en nuestro país.

Enunciemos, debemos soportar las largas colas para intentar el acceso a los insumos, alimentos y medicamentos más elementales, pretendiendo inculpar a terceros de una crisis generada por el propio gobierno suficientemente advertido de sus terquedades, errores y torpezas que, persecución y censura por delante, criminaliza todo cuestionamiento. Empeoradas las condiciones para un abierto y libre debate, la temeraria versión oficial choca contra las realidades, pretendido que todo reclamo sea una mera veleidad capitalista, por cierto, como si fuesen sucesores de un consumado período manchesteriano.

Negada la utilidad y comodidad del automóvil particular, cualquier medio de transportación pública, por inseguro, riesgoso y agotador que fuese, es suficiente y hasta preferible que andar a pie, aunque – se dirá – ofrece la ocasión para ejercitarse físicamente. El consumo eléctrico, por más complejo hidroeléctrico de  Guri que tengamos,  una herencia menoscabada, comienza a orbitar como un pecado capital.

Inconcebible la prohibición para los elencos privilegiados del poder que, además, los escandaliza la sola mención de la famosa niñera armada que voló a Brasil, se les antoja demasiado suntuoso que el resto de la población pretenda un médico especializado, una vivienda desahogada,  una lectura actualizada, un desodorante medicado, una vestimenta según el gusto, una dieta especial, un grifo resistente, un anticaspa,  una ortopantomografía, un espectáculo exigente, un móvil celular inteligente, un fármaco avanzado, un desinfectante eficaz, una mano de pintura para el techo hogareño, un bocado innovador. Del extravagante “ta’ barato dame dos”, pasamos al penoso “agarrando aunque sea fallo”, cumpliendo un itinerario que desemboca en los alegatos principistas esgrimidos por el poder establecido, traicionados frecuentemente por los hechos, así los propagandistas y publicistas oficiales ingenien las más más variadas consignas y motivos gráficos, en un país donde la necropolítica oficialista  tiene por asidero más de veinte mil muertos anuales.

Los gastos de consumo presidencial, hasta que sean visibles en el presupuesto público, sustentan una moral, una decencia, unas buenas costumbres, nada ejemplarizantes. Moral andorrarizada que, definitiva, cumplimenta todo un ciclo.

Fuente:
http://www.diariocontraste.com/de-la-venezuela-saudi-a-la-andorrana-por-luis-barragan-luisbarraganj/

martes, 17 de febrero de 2015

SOLAMENTE HAY UNO

De una variante de la necropolítica
Luis Barragán


Recientemente,  la Asamblea Nacional consideró y aprobó sendos acuerdos en tributo a Cecilio (Chio) Zubillaga y Américo Díaz Núñez. Raro contexto, respondimos a uno de ellos, pues, desde comienzos de la sesión ordinaria, el oficialismo habló de renegados, intelectuales orgánicos, traición a la patria y otros de los acostumbrados aportes de los diputados gritones que, agotadas las consignas, con el aval de la dirección de debates, pretenden el sabotaje de los oradores de la oposición.

Correspondiéndonos intervenir en la plenaria con motivo de la propuesta en homenaje a Díaz Núñez, al partir de la esencial definición pluralista de la bancada democrática, sumamos nuestros votos sin complejo ni mezquindad alguna y, en contraposición al ponente, diputado Earle Herrera, quien destacó la trayectoria parlamentaria del embajador fenecido y sus luchas por la libertad de prensa y autonomía universitaria, consignamos nuestras observaciones. Un proyecto de acuerdo equilibrado, fue empañado por el parlamentario que obvió la actual asfixia presupuestaria de las universidades públicas y autónomas, o el bloqueo informativo y la censura, por no citar al otrora integrante del Congreso de la República tan respetado por minoritaria que fuese su bancada. Sin embargo, otro doble motivo llamó poderosamente la atención, concluyendo que para el oficialismo hay muertos de primera y de segunda.

En efecto, Pedro León Zapata ni Carlos Noguera suscitaron el interés de los partidarios del gobierno que consintieron un minuto de silencio para el gran ilustrador de opinión, aunque un diputado opositor – hablando  de otro asunto -  se adelantó a lo que puede quizá llamarse la estrategia del debate. Y, a pesar de su extraordinaria importancia en la literatura venezolana, en ejercicio de la presidencia de Monte Ávila Editores al morir, la única mención y reconocimiento que mereció Noguera fue – paradójicamente – de la oposición.

Convengamos en la poca importancia que tienen los acuerdos parlamentarios frente a la enormidad de los más urgentes y graves problemas del país, pero  los ponderamos en la medida que sinceran el indelegable discurso del poder establecido. Salvo que las urgencias del imaginario social que pretende moldear el régimen ameriten de otros refuerzos, solamente hay una muerte capaz de sensibilizarlo, movilizarlo y hasta dinamizarlo: la de Chávez Frías, consagrado el sucesor como el exclusivo intérprete.

Acaso,  siendo Chávez Frías el fundamento de la necropolítica actual, admite otras variantes, como la pretensión de asimilar y explotar  a los fallecidos de 2002 o de 2014, en nombre de la cruzada antiguarimbera, a objeto de inculpar a la propia dirigencia opositora.  Los estudiosos del fenómeno podrán abundar más sobre la materia, mas sostenemos que únicamente hay el consabido protagonista capaz de alzar el vuelo de lo mágico-religioso y los demás cumplen un rol complementario.

Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/21767-de-una-variante-de-la-necropolitica

lunes, 4 de agosto de 2014

COMPLICIDAD PSICOLÓGICA

Del culto tatuado a la personalidad (y nota previa)
Luis Barragán


La inconformidad evidentemente está reprimida en muchos sectores medios y populares, como ocurre en el emblemático oeste caraqueño.  La diputada María Corina Machado participó efectivamente en una Asamblea de Ciudadanos realizada en Caricuao e, inmediatamente después, los colectivos consabidamente armados se presentaron y, además,  le dispararon a corta distancia: impactado el vehículo, afortunadamente salió ilesa, pero el caso ejemplifica muy bien su coraje y el de todos los venezolanos que ya se apoderaron del miedo gubernamental, dispuestos a celebrar el Congreso de Ciudadanos.

La ya inimaginable necropolítica

Sucedánea de la antipolítica, los elencos actuales en el poder necesitan urgentemente de Chávez Frías para mantenerse y, por ello, recrudece el culto a la personalidad huérfano de la correspondiente solución de continuidad.  Deseándolo parte de la nueva identidad nacional que procuran construir, creyéndola fruto de una constante maniobra publicitaria, el pretendido y  revelador aumento de la gasolina está precedido de la festejada fecha natal, al igual que de la insólita ocurrencia de estamparlo en el cuerpo de los que también lo aspiran como una inequívoca credencial en sus afanes clientelares.


Se dirá que el régimen se postmoderniza con el sello gráfico que impone a sus seguidores, a través de sendos operativos merecedores de una mejor causa. Así como enumera la desesperación, marcando  el brazo de las personas que hacen cola para adquirir los alimentos de la ya escasa oferta del Estado, ahora pretende el imborrable y memorable  tatuaje que pudiera pasar de la sencilla rúbrica a un inaudito código de barras.

El culto a la personalidad no expresa la mera afición litúrgica de sus beneficiarios, sino que manifiesta una necesidad extrema de preservación del poder, incluyendo, curiosamente, su denuncia a juzgar por la extraordinaria maniobra de Kruschev, dada la por entonces indudable solidez del régimen a mediados de los ’50 (XX),  como deducimos de la parte final del infaltable Isaac Deutscher y su biografía política de Stalin. Ahora, curiosamente, la debilidad del régimen venezolano acentúa por cualesquiera medios una devoción que, por cierto, ha trabajado acuciosamente Miguel Ángel Perera en una obra publicada dos años atrás.

Necesidad que implica una suerte de  una masiva complicidad psicológica y sobre la cual los especialistas pudieran orientarnos, abundando los hechos preocupantes de una novísima y asombrosa patología. La necropolítica adquiere dimensiones inimaginables, haciendo del laboratorio nuestro gentilicio.

Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2014/08/del-culto-tatuado-a-la-personalidad-y-nota-previa/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=1045699

domingo, 15 de diciembre de 2013

NECROPOLÍTICA

¿Y Gómez?
Ox Armand


A alguien se le ocurrió fechar el deceso, consecuente con los datos de su nacimiento. Nace en La Mulera, un 24 de julio de 1957; muere en Maracay, un 17 de diciembre de 1935. Así de fácil para emparentarlo con Simón Bolívar. Ya nadie sabe si la data es cierta, pero no es difícil suponer (por lo menos) la urgencia política que supuso la conclusión de 27 años de dictadura. Feliz ocurrencia, dirán algunos, porque así reforzaban la herencia, claro está, en la misma causa.  Además, este importante refuerzo simbólico no sólo favorecía al familiar del viejo que reclamase el trono, aunque don Eustoquio Gómez poco sabía de esas sutilezas, o al ministro de la Guerra y Marina que meditó largamente la transición con … Eleazar López Contreras, sino que también se convertía en una dique para la oposición disminuida en territorio nacional, aunque reenvalentonada en el extranjero.  En todo caso, como dijo Guillermo Meneses en uno de sus buenos artículos de prensa, fue larga la espera silenciosa y nadie podía creer  la noticia en Caracas, cuando llegó como un murmullo que inspiraba miedo  (El Nacional, 17/12/1965).  Por cierto, miedo que no logró transmitir Domingo Alberto Rangel en un ensayo, más que una novela, llamada “Junto al lecho del caudillo” (1981).

Sólo en las dictaduras hay miedo con la muerte del gobernante, el único que la sostiene. En las democracias no se acostumbra, porque prevalecen las instituciones en la que él es su expresión más visible, mas no la única.  Es en las dictaduras, por más precauciones que se tomen, donde el fallecimiento inminente amenaza con descalabrar todo, agudizándose las luchas entre las camarillas, casi siempre cruel como acaeció con Stalin.  Y el apellido adquiere una superior ventaja, heraldizado el poder.  El desenlace es un cambio gatopardiano, a pesar de que la dinastía de Corea del Norte es la excepción de la regla, porque la innovación es un artículo prohibido.  Sus relacionados  pudieron urgentemente reacomodarse en la apuesta que hicieron, porque los familiares de Gómez Chacón aceptaron el inmediato y dorado exilio, excepto el primo Eustoquio, literalmente desaparecido.  Otras veces, como enseña la historia de Venezuela de Francisco González Guinán y sus 14 tomos para acá, no conviene sacar de una a los deudos, sino que se les entrega unas posiciones importantes que, por el poco combustible disponible, poco a poco irán abandonando mediante el despido directo e indirecto.  Pero no siempre es así, ya que Franklin Delano Roosevelt falleció finalizando una guerra (nada más y nada menos que la II Guerra Mundial que pudo prolongarse), y funcionaron espléndidamente los mecanismos institucionales estadunidenses. Esto únicamente ocurre en democracia.

El cuento viene al caso, no porque estemos a la caza de motivos con el Almanaque de Rojas Hermanos en … mano: esa larga dictadura de Gómez se ha olvidado completamente. Emergió como una gran promesa de rectificación, y para salir de ella, no sólo bastó la muerte, sino el sacrificio de varias generaciones. Es en 1958 cuando suena otra clarinada y 40 años después, se apagó bajo  otras promesas.  Ojalá los muchachos de esta hora volteen un poco hacia atrás. Hay duras lecciones que se archivan con pasmosa facilidad. Está el otro 17 de diciembre como una gran oportunidad para la reflexión.
http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/17692-iy-gomez

martes, 16 de abril de 2013

BREVE NOTA BOBBIANA

Apreciación inicial
Luis Barragán


Catorce años continuos de poder, diluidos en los muy pocos días de una campaña  electoral en la que no pudieron esconder el bulto del ventajismo, la arrogancia y el despilfarro. Sobre el lomo de una crisis social reprimida, ha cabalgado la indecible necropolítica, agotándose, respecto a las fuerzas gubernamentales, tal como la antipolítica ha experimentado lo suyo en una oposición que está encontrando el rumbo.

A modo de ilustración, no puede pasar por alto que un buen día Capriles escenifique uno de los tantos actos que conmovieron a la población, gratuita y espontáneamente movilizada para verlo y escucharlo, en el estado Anzoátegui, y, en horas de la noche, llega Maduro para intentar replicarle. Y lo hace, confundiendo el Estado con el principalísimo partido del cual es candidato, al pie del flamante avión presidencial que lo ha puesto ante la agrupación militar que le rinde honores: ésta sola circunstancia ha debido inhibirlo, pero no temió rasgarse las vestiduras, despachando una versión prepotente, agresiva y caprichosa de una candidatura que tuvo por único y literal argumento reclamarse como hijo de Chávez Frías, devolviéndonos al siglo XIX de las guerras y escaramuzas saldadas por no pocos motivos triviales.

Y, hoy, cuando escribimos a punta de madrugada,  ha sido demasiado evidente la agresiva soberbia de un oficialismo que, por un lado, no sabe responder a las  cifras alcanzadas que no guardan proporción alguna con la vastedad de los recursos y servicios del Estado impunemente empleados. Y, por el otro, no pueden verle la cara a sus seguidores de buena fe, quienes intuyeron una derrota de la cual sólo el abuso podría salvarlos o, mejor, salvar a los ministros, gobernadores y alcaldes que constituyen la augusta nomenclatura del régimen.

Nuestro escenario particular ha sido el de todas las dificultades y peligros, ocupado por la gravísima amenaza de un acto de torpeza de las camarillas del poder, pues, retrotraídos a una asombrosa premodernidad política, ellas – y nada más que ellas - nos colocan en el innecesario dilema que alguna vez le leímos a Norberto Bobbio, entre la consideración doctrinaria del principio de legitimidad y el problema real de la obediencia únicamente dispensada al mandato del poder legítimo. Innecesario, en la medida que se resisten a pagar el costo político de las devaluaciones, por decir lo menos, replicando con el temerario y posible allanamiento de la inmunidad de los parlamentarios de sus antojos, arrastrando a toda la población.

La oposición pide el reconteo manual de los votos, una natural y universal demanda que, por sí misma, la legítima. Y el oficialismo, a menos de 24 horas de celebrados los comicios presidenciales, no puede resistirse y negarse echándole más leña al fuego.
 
http://www.noticierodigital.com/2013/04/apreciacion-inicial/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=957546
Fotografía: LB, Caracas (12/04/13).

lunes, 11 de marzo de 2013

LA OTRA RUTA

Dopaje y prejuicio
Luis Barragán


Presunción que ya no admite prueba en contra, el anuncio del fallecimiento de Chávez Frías se haría cuando todos los dispositivos estuviesen listos.  Esencial, no sería una simple y adolorida noticia, sino el despliegue de una inmensa maquinaria propagandística y publicitaria para construir el otro y rápido imaginario social que les resulta indispensable: reforzar la identidad del chavismo, sintetizarla en el heredero designado y martirizar al hijo de Sabaneta, víctima -  expresamente dicho -  de todo el vilipendio, por decir lo menos, que ningún otro  acumuló en todo nuestro historial republicano.

El más desavisado, ha recordado motivos, ceremonias y operaciones semejantes, como los funerales de Lenin y Stalin, y  seguramente lo será con Fidel cuando le toque, como ha ocurrido con la dinastía norcoreana, so pretexto del lacayismo imperial superviviente.  Ha sido inmenso el dopaje intentado en nuestro país, asociado a la campaña electoral que ya se inicia,  contando con un extraordinario éxito, aunque no ha impedido los cacerolazos espontáneos y dispersos, ni la propia invocación de casos como los referidos.

El esfuerzo de lograr ese otro imaginario, por supuesto, necesita de la cooperación de quienes se opusieron y se oponen socialmente al régimen, aunque – está demostrado – más desde el palabrerío digital que en el sufragio y su defensa cuando les toca.  Y, en efecto, lo consiguen porque la crítica contra Chávez Frías y su sucesor, es decidida y definitivamente estética y no ética, dejando  intacto el equipaje de prejuicios que, precisamente, facilitó su ascenso al poder.

Quisiera más de uno ser autobusero en este país, contando con un salario y una mínima seguridad social como la garantizó el Metro de Caracas en sus inicios, o  avance en una camioneta por-puesto que le ayude a llevar el pan a la casa como ya no lo puede hacer un técnico medio, un abogado o un médico. Sin embargo, desde la cumbre del desprecio social, aguijoneado por los servicios de contra-inteligencia del país, a quienes seguramente se debe el éxito de la prédica, estos sectores ilustrados de la oposición descargan su ira, la de sus propias impotencias y carencias, sobre un Maduro que, goloso, recordó en la Asamblea Nacional que también hizo de escolta o guardaespaldas.

Parece muy complicado denunciar que el corto gobierno de Maduro ha devaluado la moneda y espera el plebiscito para adoptar las medidas complementarias, o recordar las miles de muertes violentas. Y tan complicado como hacer el trabajo que está pendiente para ganar o neutralizar electoralmente al régimen, pues, inventándose cada quien un “pedigreé”, para contentura del oficialismo, la pretendida nobleza lo impide, por cierto, omitiendo que un tiempo atrás, dentro o fuera del poder, el autobusero Miquilena fue espléndidamente festejado.

De la antipolítica a la necropolítica, un subproducto, la guerra psicológica ha  hurgado en la profundidad de las amarguras y frustraciones del venezolano que no sabe todavía de su preferencia por el general y doctor que labró nuestras guerras decimonónicas, amarrándose – por si fuera poco – al prejuicio racial que no repara siquiera en los braguetazos ancestrales. Profundidad tal que permite identificar e implementar una estrategia que, a pesar de la gigantesca crisis social y económica,  tiene un éxito indudable al distorsionarla y reprimirla.