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domingo, 14 de enero de 2018

CAZA DE CITAS

"No puede aceptarse en forma tan general el concepto de que todo poder legítimo es, por ese solo motivo, esencialmente democrático. La historia política de latinoamérica - especialmente -  está llena de ejemplos de gobiernos que ejercieron poder legítimo, pues cumplieron originariamente con todos los requisitos legales para obtenerlo, pero que en la práctica y luego de instalados en el poder, ignoraron completamente los principios democráticos; claro que estos conceptos nos lleva a analizar el término democracia, a la luz de los más recientes estudios y orientaciones de la Ciencia Política moderna..."

Antonio Castagno

("Las bancas parlamentarias. Su pertenencia", Editorial Astrea de Rodolfo Depalma y Hmnos., Buenos Aires, 1972, : 34)

lunes, 25 de noviembre de 2013

TRANSPORTAR VALORES

De ½ coletilla (y la autoridad moral)
Luis Barragán


La transportación pública perdió las más elementales condiciones de seguridad, confort y confianza, igualados los conductores y pasajeros en vehículos que deben transitar todos los senderos del peligro personal con la inaceptable ausencia del Estado.  Al problema tarifario o de la calidad del servicio, se antepone el de la más angustiosa inseguridad personal.

Autoridad moral

Frecuentemente, el régimen apela al remoto heroísmo de la subversión de los sesenta, reivindicándose como heredero legítimo de una decisión y de un proyecto político que naufragó con prontitud. Por si fuese poco, clama a los cielos televisivos por la persecución y muerte de aquellos militantes que cayeron en la deliberada confrontación.

Dice de una autoridad moral que, por experiencia naturalmente ajena, evidenciado el relevo generacional, sirve curiosamente para despotricar, apabullar y reducir al adversario, sin escucharlo. Son muchísimos los golpes que el oficialismo se da en el pecho, sobre todo en el ámbito parlamentario, creyéndose en medio de una inconclusa gesta épica. Sin embargo, medio siglo atrás, fue monumental el fracaso al intentar el sabotaje de los comicios generales y, en el fondo, provocar un golpe de Estado que supuestamente le allanara el camino a las guerrillas.

La campaña para la elección presidencial, parlamentaria y edilicia de diciembre de 1963, se realizó en medio de un despliegue de insólita violencia que dejó muertos y heridos.  La tragedia de El Encanto, el inimaginable regadío de tachuelas en las avenidas caraqueñas, el arsenal de Paraguaná, la fábrica de bombas de Barquisimeto, el incendio de la GoodYearb en Puerto La Cruz, incendio de oleoductos y gasoductos, hurtos millonarios en oficinas públicas, quema de autobuses, francotiradores que concitaban la anarquía en horas dramáticas, llamado a la huelga general, envío postal de explosivos a dirigentes políticos, ejemplifican los eventos que precedieron a la cita electoral.

Cincuenta años más tarde, suena un triqui-traqui y alguien osa negarles el voto en la Asamblea Nacional, el oficialismo denuncia la violencia, como si fuese portador de la paz, pretextando un magnicidio y un golpe de Estado. Pasado el susto, se encamina a la represión selectiva y morbosa de sus oponentes, sometidos previamente al escarnio público, pues, todavía no se atreve a una más  brutal, personal y literal  demolición del adversario.

Medio siglo atrás, llenaron de sangre el escenario. No recuerdan aquello del “haz patria, mata a un policía”.

http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/17509-de-f-coletilla-y-la-autoridad-moral

domingo, 7 de julio de 2013

¿Y SI EXTRAEMOS UN SOLO EJEMPLAR ...?

¿Políticos pensantes?
Ox Armand  


Un amigo me comentó el Tweed de Iván Méndez (@ivanxcaracas)  sobre los libros y  los políticos o, más exactamente, con sus actos. A simple vista, no parece una relación virtuosa, pero son diferentes las perspectivas para tratarla. Digamos que ¿lo primero es el libro y después el testimonio político, o a la inversa?  En un caso, estaríamos hablando del intelectual que se mete en política, realizando su programa. Sería como un tecnócrata que tiene éxito previamente, como ciertos ministros de Carlos Andrés Pérez II, y luego debe probarlo con la ventaja del “ya lo dijo antes”. O si se tratara del libro en sí mismo, dedicado a otras cosas, como la novela, estaría moralmente autorizado como lo estuvo Rómulo Gallegos o Arturo Uslar Pietri.

El otro caso, se refiere al político práctico, tan práctico que nunca ofrece con antelación sus ideas sistematizadas. Vale la eficacia, no el dogma. Deben otros interpretarlo y escribir, porque – a lo sumo – lo que puede publicar luego son sus memorias, la compilación de los discursos o las entrevistas concedidas. Pérez fue prolijo en discursos y hay antologías oficiales extraordinarias, no sin comentar que Agustín Blanco Múñoz o Alfredo Peña recogieron eficazmente su pensamiento en sendas obras de entrevistas, como no pudieron hacerlo Roberto Giusti y Ramón Hernández.

El prototipo clásico del dirigente político venezolano, fue el que pensaba y el que actuaba. Vale decir, el que simultáneamente reflexionaba según previera o evaluara sus actos. Y de todas las tendencias: Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Gustavo Machado, por ejemplo. Otro ejemplo, Rodolfo José Cárdenas, Domingo Alberto Rangel y Carlos Canache Mata. Digan lo que digan, se dedicaban.  José Rodríguez Iturbe, Teodoro Petkoff y Constantino Quero Morales. Además, político que se preciara, escribía semanalmente en la prensa. Pero todo decayó. La política banal de veinte o diez años para acá, les exige un estudio de televisión y el ventajoso reportaje de la prensa, antes que tinta constante y sonante. Todo (a mi modo de ver) degeneró, comenzando por los que les hacían los artículos ubicados en los espacios graciosamente concedidos por periódicos y portales. Hay quienes jamás necesitaron demostrar sus ideas, afinar sus planteamientos, darle consistencia a sus propuestas, apelando al lugar común que otros interpretaban, como Chávez Frías. Por añadidura, goza de todo el fondo editorial de El Perro y La Rana o Monte Ávila para sus intérpretes y linsonjeros de oficio.

Además, ¿quién duda de la influencia de algunos políticos, autores de obras que sentaron precedentes? ¿”Venezuela, política y petróleo” de Rómulo Betancourt no influyó determinantemente en nuestra compartida visión de país? Incluso, un amigo ya adelanta un seminario en la UCV sobre libros de marcada trascendencia, como el de Betancourt, “Especificidad de la democracia cristiana” de Caldera, “Checoeslovaquia, el socialismo como problema” de Petkoff, “Del buen salvaje al buen revolucionario” de Carlos Rangel, entre otros. Pero ¿hoy se pide un libro porque hay un sector serísimo de la opinión pública?

Todo político que se tenga por tal, es pensante. Otra cosa es la piratería: se hace pasar por meditabundo. Una anécdota: un connotado político quiso por escenario una universidad al sur del país. Y, al solicitarlo a otro amigo, por cierto,  me dijo que le negó la posibilidad ya que iba a hablar de la política diaria, no del derecho del trabajo como Caldera, por decir algo.

http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/15807-ipoliticos-pensantes

martes, 16 de abril de 2013

BREVE NOTA BOBBIANA

Apreciación inicial
Luis Barragán


Catorce años continuos de poder, diluidos en los muy pocos días de una campaña  electoral en la que no pudieron esconder el bulto del ventajismo, la arrogancia y el despilfarro. Sobre el lomo de una crisis social reprimida, ha cabalgado la indecible necropolítica, agotándose, respecto a las fuerzas gubernamentales, tal como la antipolítica ha experimentado lo suyo en una oposición que está encontrando el rumbo.

A modo de ilustración, no puede pasar por alto que un buen día Capriles escenifique uno de los tantos actos que conmovieron a la población, gratuita y espontáneamente movilizada para verlo y escucharlo, en el estado Anzoátegui, y, en horas de la noche, llega Maduro para intentar replicarle. Y lo hace, confundiendo el Estado con el principalísimo partido del cual es candidato, al pie del flamante avión presidencial que lo ha puesto ante la agrupación militar que le rinde honores: ésta sola circunstancia ha debido inhibirlo, pero no temió rasgarse las vestiduras, despachando una versión prepotente, agresiva y caprichosa de una candidatura que tuvo por único y literal argumento reclamarse como hijo de Chávez Frías, devolviéndonos al siglo XIX de las guerras y escaramuzas saldadas por no pocos motivos triviales.

Y, hoy, cuando escribimos a punta de madrugada,  ha sido demasiado evidente la agresiva soberbia de un oficialismo que, por un lado, no sabe responder a las  cifras alcanzadas que no guardan proporción alguna con la vastedad de los recursos y servicios del Estado impunemente empleados. Y, por el otro, no pueden verle la cara a sus seguidores de buena fe, quienes intuyeron una derrota de la cual sólo el abuso podría salvarlos o, mejor, salvar a los ministros, gobernadores y alcaldes que constituyen la augusta nomenclatura del régimen.

Nuestro escenario particular ha sido el de todas las dificultades y peligros, ocupado por la gravísima amenaza de un acto de torpeza de las camarillas del poder, pues, retrotraídos a una asombrosa premodernidad política, ellas – y nada más que ellas - nos colocan en el innecesario dilema que alguna vez le leímos a Norberto Bobbio, entre la consideración doctrinaria del principio de legitimidad y el problema real de la obediencia únicamente dispensada al mandato del poder legítimo. Innecesario, en la medida que se resisten a pagar el costo político de las devaluaciones, por decir lo menos, replicando con el temerario y posible allanamiento de la inmunidad de los parlamentarios de sus antojos, arrastrando a toda la población.

La oposición pide el reconteo manual de los votos, una natural y universal demanda que, por sí misma, la legítima. Y el oficialismo, a menos de 24 horas de celebrados los comicios presidenciales, no puede resistirse y negarse echándole más leña al fuego.
 
http://www.noticierodigital.com/2013/04/apreciacion-inicial/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=957546
Fotografía: LB, Caracas (12/04/13).

viernes, 31 de agosto de 2012

EL OTRO OCTUBRISMO

Nos ha sorprendido descubrir la celebración en la etapa tardía del régimen dizque provisional de Pérez JIménez, por lo pronto, debido a tres consideraciones. Tamaña reivindicación, a las puertas del plebiscito, nos obligará a revisar cierta perspectiva del octubrismo que sostenemos.

Así, por una parte, creímos que los afanes de legitimación del esfuerzo constituyente se apagaron una vez consolidado el gobierno surgido del fraude de 1952.  Tienen razón los amigos, al facilitarnos una muestra como tuvo a bien  Guillermo Tell Aveledo, en un rápido intercambio de la mensajería facebookeana que también  incluyó a José Hermoso, Jonathan Benavides y Fernando Falcón, pues, hubo el empeño de avalarse con  los consabidos  sucesos de 1945.

Nos preguntamos, por otra, en torno a las reflexiones que hizo Laureano Vallenilla-Lanz Planchart, sobre todo por sus aportes a El Heraldo que, reconociendo la supremacía de las Fuerzas Armadas, no estaba a gusto con el ya viejo golpe de Estado, por lo menos, respecto a los socios de entonces y al trastocamiento del inmediato y prolongado orden post-gomecista. Era de imaginar una distinta legitimidad para el período constitucional aspirado por Pérez Jiménez, en el que quizá hubiese ensayado un mandato (y una vestimenta) civil.

Finalmente, la celebración de la fecha no era una circunstancia más, pues, contaba con toda la marcialidad del caso, aunque fuese modesta la reseña de la prensa, convertida en un solemne acto de Estado que incluía el recuerdo de los caídos, hoy, por siempre olvidados. No eran adivinos para creer que a la vuelta de la esquina estarían fuera del poder, porque lograron controlar eficazmente otros eventos conspirativos de una quizá mayor contundencia, aunque las jornadas del 23 de Enero tuvieron una carga inédita aún no suficientemente reivindicada.

LB

Fuente: El Nacional, Caracas, 19/10/57.