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jueves, 12 de marzo de 2020

EXIGENCIA DE SOBRIEDAD

Guillermo Tell Aveledo: Democracia y liberalismo son conceptos en tensión
El politólogo diferencia democracia y liberalismo, términos que, pese a ser contrarios, están entrelazados desde el siglo XVIII, cuando emerge el concepto de democracia liberal. Clímax presenta «Democracia en crisis», una serie de entrevistas de opinión sobre el papel de la representación política en el siglo XXI
Jesús Piñero
 
La democracia liberal pareciera hacer aguas en todo el mundo. Desde los últimos 30 años, la armonía entre democracia y liberalismo empezó a tensarse, tal vez por su origen contrario, antagónico: mientras que una idea apela al pueblo, la otra se refiere al individuo. Su vínculo procede del siglo XIX, como resultado de las grandes revoluciones políticas de occidente ocurridas durante las centurias XVII y XVIII. En la actualidad, el politólogo Guillermo Tell Aveledo hace sus diferencias entre ambos conceptos.

Pero dentro de la democracia liberal se encuentra la semilla de su propia destrucción, que la somete a una crisis perenne, porque al estar sujeta a la coexistencia de opiniones contrarias, al disenso, requiere de instituciones sólidas, de pesos y contrapesos para mantenerse: “Si entre nosotros hubiese quienes desean disolver esta Unión, o cambiar su forma republicana dejémosles tranquilos, como monumentos a la confianza con que puede tolerarse un error de opinión cuando la razón se halla en la disposición de combatirlo”, escribió Thomas Jefferson al empezar el siglo XIX. Ideas opuestas a las de Jean Jacques Rousseau, quien, para el historiador israelí Jacob Talmon, sentó las bases de la “democracia totalitaria”, o el gran consenso en el que no existen contradicciones.

Guillermo Tell Aveledo define a la democracia liberal como un sistema en el que la soberanía recae entre los habitantes de un territorio y sus gobernantes tienen limitantes, es decir, una serie de instituciones legitimadas desde la soberanía popular, regular y razonable (el dêmos) “(…) para la selección de los miembros del poder público mediante elecciones regulares, plurales y competitivas”. Un régimen en el que si bien la mayoría decide, la minoría no pierde sus derechos, tal como lo refirió Jefferson, uno de sus protagonistas estelares, en su primer discurso de toma de posesión: “(…) todos considerarán el sagrado principio de que aun cuando la voluntad de la mayoría es la que prevalece en todos los casos, esa voluntad, para ser justa, debe ser razonable; que la minoría goza de los mismos derechos, los cuales se ven protegidos por las mismas leyes, y que violar esos derechos sería una forma de opresión”.

El profesor de historia del pensamiento político en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y de la Universidad Metropolitana (Unimet) explica que la tensión entre democracia y liberalismo cada vez es mayor en la actualidad, pese haber convivido de forma armoniosa durante la posguerra y la segunda mitad del siglo XX. “La democracia liberal, al fin y al cabo, es una amalgama tensa y contradictoria entre la idea de controlar el poder político, especialmente el poder político del Estado, de la monarquía absoluta, y la pulsión por la soberanía popular. La soberanía popular, si es realmente soberana, va a querer más poder. Entonces, también, en la democracia liberal se impone el elemento democrático más avasallante, más mayoritario de esa ecuación”.

—Y la democracia liberal pareciera hacer aguas con el auge del nacionalismo y una tendencia antiglobalizante. ¿Los autoritarismos de las distopías son el futuro?

—No es tanto así, hay que verlo con cierta sobriedad. Hay una tensión entre el componente democrático, que no siempre es pro apertura, pro limitación del poder, pro tolerancia y derechos humanos; y el elemento liberal que no siempre está dado hacia la voluntad de la provisión. Esos sistemas dependen de ser eficientes en lo económico, porque la aspiración de la población es estar mejor, es estar más próspera. Por eso durante la segunda mitad del siglo pasado se discutía si era mejor tener una dictadura o una democracia para ser desarrollado. Pero desde los años noventa, con el auge del neoliberalismo y las reformas de apertura, los cambios en China, etcétera, ¿qué es lo que ha pasado? Tienes una reversión del Estado hacia más austeridad, hacia menos gasto público, y hasta cierto punto eliminar una de las presiones democráticas de redistribución del ingreso de las décadas previas. Y eso genera en el mundo una frustración que parecía en el crecimiento económico de la década de los noventa de la década pasada, que significaba una mejora de la calidad de vida –somos más eficientes, somos más productivos y demás– pero eso no se refleja en nuestra vida real en las últimas dos décadas, no se siente que todos mejoramos al mismo ritmo. Entonces, las gallinas cantan como gallos, como diría la famosa frase. Estamos en esa revulsión, desde Chile al Líbano. De Beirut a París, y de París hasta Hong Kong.

—O sea, que Latinoamérica también se enmarca en esta etapa.

—Sí, pero es un malestar que no sólo es latinoamericano. Aquí está ocurriendo un reclamo durante una década de mayor democratización, y en los últimos años tuvimos una suerte de reversión de esa dinámica. Y esa reversión fue hacia estas democracias mayoritarias, esa “marea rosa” de la década de los 2000, que dictó pauta en América Latina hacia una mayor retribución del ingreso, pero también derivó en más autoritarismo, siendo además ineficiente económicamente por los resultados de la política redistributiva.

—¿Y cómo entramos en ese escenario que describe?

—Hay una gran decepción con la democracia: las reformas de la ‘Tercera Ola’ y esa apertura no parecieron dar un genuino poder al pueblo. También hay un gran descontento con las democracias de izquierda de la década pasada, por su incapacidad administrativa. Luego, se suma a esas dos corrientes revulsiva la desesperanza aprendida del latinoamericano: “aquí todo va a estar peor”. Nuestro marco de referencia es uno de mucho cinismo. Latinoamérica es uno de los continentes de mayor cinismo político, lo vemos en Latinobarómetro, en la desafección con los partidos políticos, en el modo en que esos partidos políticos suben y bajan de una elección a otra. No hay partidos estables en América Latina, salvo el peronismo, el peronismo es eterno. Lo que se ve aquí es un gran descontento en el cual, no es que Venezuela haya sido pionera, sino que es parte de ese ritmo. Nosotros nos democratizamos antes y el descontento llegó antes. Pero ahí va llegando esa ola al resto del continente.

—De hecho, las protestas se parecen mucho a las de hace 30 años en Venezuela. ¿Somos el futuro del continente?

—A veces parece que venimos del futuro y eso por supuesto que da un panorama sumamente sombrío. Pero vamos a estar claros, por una parte, hasta ahora, no parece haber en estas protestas una reacción que indique una dirección autocrática, autoritaria de las mismas. Esa es una posibilidad, que Venezuela sea como un ejemplo, no de liberación de los pueblos, sino de autocratización, que puede ser de izquierda o de derecha, en respuesta al caos, a la sensación de inoperatividad del sistema político, como pasó aquí en los años noventa. ¿Pero qué diferencias o similitudes hay? Tanto en el caso de Pérez, como en el caso de todas estas protestas de América Latina casi todas se dan en un contexto de sistemas democráticos, de modo que las respuestas son peor vistas, porque toda represión en un sistema democrático es peor vista que en un sistema autoritario. En un sistema autoritario se supone que se va a reprimir; esto es normal, ordinario. Por eso los sistemas democráticos son tan exigentes, porque requieren un consenso que minimice represión, lo cual puede llegar a ser muy difícil. El costo de la represión en sistemas políticos autoritarios sólo es tal si estos se avergüenzan o son inefectivos. Lo que pasó en la Alemania oriental hace 30 años no pasó en Nicaragua ni en Venezuela hace dos años. Aquí había una represión desvergonzada. ¿Qué decían el Estado nicaragüense y el venezolano? No importa la condena internacional, yo me las juego.

—Latinoamérica tiene una historia en común: independencias, caudillismo, dictaduras, gobiernos democráticos, tendencias liberales y el auge de la izquierda en los 2000. Ahora, las protestas y el descontento hacia el poder…

—Los que están protestando en Bolivia no están protestando con las mismas banderas que lo que están protestando en Chile o los que están protestando en Haití. Son reclamos distintos. ¿Qué tienen en común? La sensación de desigualdad frente a los poderosos. La sensación de desafección hacia la democracia y hacia los partidos políticos, que es sumamente peligrosa, pero también hacia los canales ordinarios de participación y manifestación de quejas y agravios. Eso es muy serio, y aquí parece que nuestro caso es más avanzado en su decaimiento que en las naciones europeas. Ahora, en el 2012 teníamos unas revueltas terribles en Londres, unos pocos años después en París, y no hablamos de la epidemia europea. El fatalismo latinoamericano nos domina y nos hace ver las cosas completamente negras. Veamos las cosas con un poco de perspectiva y quizá nos hagan ser más sobrios en nuestra aspiración y análisis. Hay en general un descontento hacia la democracia y hacia los partidos políticos. O sea, América Latina sufre de la misma decepción europea occidental con las necesidades del tercer mundo, del mundo en desarrollo, lo que genera una combinación pavorosa, pero no inusual.

Transición y alternancia

Las dictaduras militares de mediados del siglo XX vieron su ocaso a finales de los años cincuenta y después de algunos destellos democráticos, muchas volvieron al poder. Lo que hizo que, en palabras del profesor Aveledo, se generaran transiciones incompletas y demandas por una democracia más amplia. “Le pones a eso la crisis por deuda en los años ochenta, las medidas de los noventa y te da ese descontento que da lugar a demandas socializantes que canalizan estas mareas rosas de los 2000. Y esto pasó de forma democrática, no por golpes de Estado. Sólo en algunos casos particulares fue una reversión autoritaria de forma completa: el caso de Venezuela, el caso de Nicaragua, pero no así en el caso de Ecuador, en el caso de Bolivia, donde fue abortado. Tampoco el caso de Brasil ni el de Argentina. Y no estoy negando ni la corrupción ni los abusos de poder de esos gobiernos, pero no eran todos gobiernos definitivamente autoritarios”.

La alternancia el poder es otro factor que el profesor Guillermo Tell Aveledo considera a la hora de diagnosticar la crisis política que atraviesa América Latina. “El temor que uno de los dos sectores se quede para siempre. La izquierda colombiana teme que el uribismo sea gobierno para siempre, lo cual no parece que esté pasando. La izquierda brasileña teme que Jair Bolsonaro haya cambiado definitivamente el sistema político, y eso no parece que está ocurriendo, hay visiones que dejan ver que es un tipo más razonable de lo que parece. La nueva oposición argentina y la oposición mexicana temen que se queden allí para siempre los Fernández y el peronismo, y Andrés Manuel López Obrador y Morena, y esto es aún prematuro afirmarlo”.

—Todo parece resumirse en debate entre izquierda y derecha.

—Aquí hay algo que se manifiesta en todo el mundo: el retorno de esas etiquetas políticas, el retorno optimista o el retorno pesimista de esas etiquetas políticas. En el caso latinoamericano siempre está la evocación a la Revolución cubana y, por supuesto, a estos paradigmas de la izquierda continental, pero también la idea de que el Estado es neutral, de que el Estado no tiene ideología, sino que es puramente técnico, que es la vieja etiqueta de los sesenta y setenta, a veces estatista, a veces libremercadista, no era verdad, porque al fin y al cabo tú estás haciendo una escogencia que se basa en mayor libertad o mayor igualdad. La aspiración en realidad, aunque es contradictoria, es simultánea; tú debes procurar la una y la otra, y por eso durante el tiempo más estable de las democracias de América Latina eso funcionaba como el consenso social democrático. Pero eso tiene muchos costos, mucha ineficiencia, y siempre habrá que escoger. De repente lo resolvemos con mayor autoritarismo o con mayor redistribución, pero al cabo de poco tiempo el cuero vuelve a saltar. Eso ha sido así, forma parte de la vida política y de la vida humana. Pretender solucionarlo de manera definitiva acarrea enormes peligros.

—Entonces, ¿la región estará signada para siempre en ese debate?

—No es que Latinoamérica esté signada a ese debate: lo está toda la humanidad. Y con esto no quiero ponerme fatalista o incluso relativizar el asunto, pero más bien decir con cierto cuidado que no hay soluciones perfectas en política. Nuestra aspiración democrática, que es progresiva, no se detiene, pero no quiere decir que nuestro retroceso y nuestros traspiés sean simplemente, como insiste el fatalismo latinoamericano, que eso sí nos caracteriza siempre. No, hay una aspiración constante: la tenacidad de la población de querer vivir con sus derechos, de vivir con mejoras, es una oportunidad. Así ha sido con Europa, ¿cuántas de las democracias europeas actuales lo fueron hace 30, 40 o 50 años? Hay que verlo con cierta humildad y con realismo.

—¿Y en el caso de Estados Unidos?

—Claro, Estados Unidos tiene eso con una visión política más bien antigua en comparación con los demás, que unos dirían republicana en lugar de democrática. Pero también con grandes desigualdades que no vemos porque son de las dimensiones de esa economía. Si uno va a los guetos de Maryland o a los barrios latinos de Los Ángeles, la situación es casi similar a los países del tercer mundo. O vas a las montañas Apalaches, que son sitios absolutamente cavernarios. Así como el Medio Oriente no es Dubái, el mundo norteamericano no son los rascacielos de Nueva York. Estados Unidos tiene una gran producción, pero también su propio modelo se agota, y eso lo vemos a lo largo del tiempo. Ahí están las revelaciones: ese país también es presa del populismo. Hoy está mandando una derecha, pero ya una izquierda reclama un espacio cada vez más agresivo. Ese consenso o esa moderación dura tanto como te dure el fundamento material.

Fuente:
Fotografía: Dniel Hernández.

jueves, 7 de diciembre de 2017

CUADERNO DE BITÁCORA

El pasado 21 de noviembre, se cumplieron 60 años de la protesta estudiantil, corajuda y trascendental, contra la dictadura de Pérez Jiménez. Hicimos un proyecto de Acuerdo alusivo del cual se hizo portadora la diputada Dignora Hernández para gestionarlo en nombre de la fracción parlamentaria 16-JULIO, pero no cupo en el Orden del Día de la Asamblea Nacional, cuya sesión ordinaria casualmente se realizó el martes 21. Algo que asombra, pues, proveniente algunos diputados del medio universitario hasta no hace mucho, planteada la crisis de las universidades venezolanas, está ausente un mínimo de consciencia histórica y una vocación por temas que vayan más allá de las líneas políticas inmediatas, como la del diálogo dominicano. Entonces, decidimos hacer una propuesta alternativa para el Día del Profesor Universitario que cayó, justo, el martes 5 de diciembre del presente año. Además, públicamente, la Asociación de Profesores de la Universidad Simón Bolívar (APUSB), había solicitado en fecha 20 de noviembre, un derecho de palabra al diputado Julio Borges, con la idea de iniciar un debate de fondo sobre la autonomía universitaria en peligro, como la misma universidad, y los diputados de Vente Venezuela habíamos planteado lo propio en fecha 28 de octubre. Es de suponer, ninguna comunicación recibió respuesta. Por lo que, para el día 5 de diciembre, pretendimos incluir el asunto en la agenda parlamentaria y sólo fue permitido un punto de información que lo dió la diputada Hernández, quien se adelantó con una declaración  (https://www.lapatilla.com/site/2017/12/05/diputada-dignora-hernandez-y-f16jul-esta-dictadura-no-lograra-acabar-con-la-universidad-venezolana).  Dejamos la respectiva congratulación a los docentes universitarios en Facebook y, por cierto, fue lapidaria la nota de Guillermo Aveledo.

No gustamos de hacer referencias públicas a COPEI, pero resulta inevitable hacerlo a propósito de esta nota que, al parecer, está confirmada.  Ocurre con este o cualesquiera partidos. Es suficientemente grave, pues, arrepentimientos aparte, así como existe el lavado de capitales dudosos, también está el del prestigio, reputación o qué sabemos nosotros de la política - además - opositora. Hay que tener la cara muy de tabla para semejante candidatura. El problema, evidentemente, es ético. Y la ética de la que muchos confian, tiene una ineudible importancia para el presente y el futuro de un país que la expulsó, sin apelación alguna. Los vivianes del momento, no aportan piedra alguna para lareedificación del republicanismo indispensable, por vistosos que sean los disfraces.

Escribe Marie Claire Chahda: "Nadie está en los zapatos de nadie... Sacarlo o no sacarlo es un acto personalísimo. Conozco gente que lo tiene y está económicamente estable. Hay gente que lo necesita por no tener o haber perdido el poder adquisitivo de comida y medicina y no tiene cómo irse del país. Yo ni lo saco ni me voy, total ese carnet es puro cuento y manipulación, no servirá para nada porque nada sirve. Aùn cuando quisiera vivir del CLAP, no podría llegan cada 3 meses, los hospitales están en decadencia-sin medicinas y el fulano carnet ni es mágico ni hace magia" (https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10156088807128442&set=a.51015238441.59985.695763441&type=3&theater).

miércoles, 7 de junio de 2017

OFRENDA

EL NACIONAL, Caracas, 21 de mayo de 2017
Las homilías de la resistencia
Los hábitos y las sotanas tienen un espacio en las marchas del último mes y medio. En las iglesias se ora por las madres de los caídos en protestas y para “iluminar a los gobernantes”. El presidente Nicolás Maduro, señalan analistas, está manipulando la posición del Vaticano sobre el diálogo a fin de apuntalar su nueva estrategia
Carmen Victoria Inojosa

Después de proclamar el Evangelio según San Juan, queda un lapso para atender las circunstancias que enfrenta el país. Los feligreses miran al sacerdote como intentando, por medio de la palabra de Dios, obtener respuestas ante la incertidumbre política. Por la quietud de sus cuerpos podrían confundirse con las imágenes de yeso en los altares del templo. Quizás sea una calma que, puertas afuera, no existe. Ese silencio que cubre a la Catedral de Caracas, también los envuelve para escuchar la homilía.
Monseñor Adán Ramírez, deán del Capítulo Metropolitano de Caracas, con un pasaje bíblico de la vida de Jesucristo promete una historia de salvación. Celebran la cuarta semana de Pascua y cuenta cuando Jesús, después de lavar los pies a sus discípulos, les dijo: “Yo les aseguro: el sirviente no es más importante que su amo, ni el enviado es mayor que quien lo envía. Si entienden esto y lo ponen en práctica, serán dichosos”. Monseñor explica la frase: “Puede que caigamos en la tentación de sentirnos más cuando se nos da un servicio en la comunidad o en la Iglesia. La persona puede creerse que es dueño de Dios, que es dueño de todo”.
Pese a que es jueves y es la misa de 8:00 am, la cantidad de voces que contestan “Gloria a ti, Señor Jesús” logra la sonoridad de un coro. El padre –sin hacer mención directa a gobernantes y políticos– le encomienda a Dios a quienes “tienen cargos y responsabilidades al servicio de los demás. Para que busquen siempre el progreso y la paz”.
Hace 10 días, en el Santuario Nacional Expiatorio, en La Concordia, ofrendaron velas “para darle luz a los gobernantes y que entiendan que su trabajo es un servicio”. El sacerdote inició la homilía con una plegaria por las madres de los jóvenes que han muerto durante las protestas. Luego de una breve pero contundente pausa, retomó sus palabras para enlazar con la cotidianidad que abruma a los feligreses.
“No todo es vida, esa vida debe ser plena. Por eso hay jóvenes que prefieren morir en la calle que vivir sin ser libres”. Las miradas se mantenían fijas al frente. De vez en cuando, alguna voz carraspeaba en medio de las pausas. Apenas el padre continuaba su prédica, el silencio se imponía para atender a las palabras que salían desde el púlpito. Paso a paso los asistentes cumplieron con los responsorios y las ofrendas: una por la paz, otra por las madres que perdieron a sus hijos en protestas, otra por los alimentos, la salud y por la iluminación de los gobernantes.
Antes de terminar, el sacerdote recordó que la oración era una herramienta que ambos grupos estaban dejando por fuera. “Si hay marcha y no hay oración, no hacemos nada; una constituyente sin oración, no sirve de nada; una protesta sin oración, no lleva a nada. La oración debe ser nuestra fuerza, el insumo principal que nos ayude a salir de esta situación”. Recordó que hace poco –a propósito de su cumpleaños– la escasez lo dejó sin torta porque, como la mayoría de los venezolanos, no tenía harina de trigo para preparar el tradicional pastel. Aprovechó el momento para decir que “la protesta sin fe es como una torta sin harina”.
Más allá de las declaraciones de los jerarcas de la Iglesia, misa a misa, en las homilías se hace un trabajo de resistencia. Entre oraciones, sermones y hostias racionadas por la escasez de harina, encuentra cierto sosiego la conflictividad que se agravó en el país, luego de que el Tribunal Supremo de Justicia suprimió las funciones de la Asamblea Nacional, lo que ha llevado a casi 50 días continuos de protesta y un número similar de muertos durante la represión de las manifestaciones. La crisis política del país también se dirime en los templos.
El 7 de mayo fue el domingo del Buen Pastor y en la parroquia homónima –ubicada en Bello Campo, en Caracas, a media cuadra de donde se han librado encarnizadas batallas entre manifestantes y la GNB– se escuchó antes de la misa de 9:00 am un audio con la lectura de uno de los comunicados de la Conferencia Episcopal Venezolana. En él exhortan al gobierno al cese de la represión, rechazan el llamado a una Asamblea Nacional Constituyente y exigen que se cumpla la Constitución vigente.
Al concluir la lectura con los nombres de los obispos firmantes, comenzó la misa. El párroco, Carlos Márquez, saludó a la feligresía con una esperanza: “Aunque caminemos por cañadas oscuras –aludiendo al salmo 22 de la Biblia– nos llevará a pastos tranquilos”. Hizo referencia rápidamente, sin aspavientos ni tragedias, a las duras circunstancias que les ha tocado vivir estos días. Terminada la eucaristía, el sacerdote anunció que la misa de las 5:30 pm tuvo que ser suspendida por los recurrentes disturbios. “Tengo al menos 30 latas de bombas lacrimógenas que han caído dentro de las instalaciones”, contó luego de la ceremonia.
“La homilía es un medio para alentar al pueblo frente a esta situación que estamos viviendo actualmente donde Dios es el centro del camino que nos lleva a ese encuentro con los demás. Y siempre teniendo presente que su palabra va encaminada con la verdad que vivimos. La iglesia no puede vivir ajena a este momento”, explica el sacerdote Alberto Cisneros, misionero claretiano.Los religiosos también piensan en lo que vendrá después de la polvareda. “Nos va a tocar reconstruir el tejido social que está desgarrado. Eso no será sencillo. Hay que hacerlo con la caridad, con la verdad y con la justicia. Aquí se ha dicho que hay una guerra económica, social, de todo tipo. Pero yo apunto como sacerdote, que lo que existe es una guerra espiritual”, señala monseñor Ramírez.

Tensión histórica
En las escenas más convulsas de la historia del país, las sotanas han entrado en el encuadre: desde el padre José Cortés de Madariaga en el balcón del Ayuntamiento aquel 19 de abril de 1810 hasta la carta pastoral que publicó monseñor Rafael Arias Blanco, arzobispo de Caracas, cuando faltaba un año para el fin de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez, en la que denunciaba que la mayoría del pueblo estaba viviendo en condiciones que no se podían calificar de humanas.
El Estado y la Iglesia, desde el inicio de la República, han tenido una relación hostil. En los gobiernos de José Antonio Páez, Antonio Guzmán Blanco, José Tadeo Monagas, Juan Vicente Gómez, Cipriano Castro y en el primer período de los adecos hubo grandes tensiones. Incluso, hasta Simón Bolívar fue excomulgado. Con Hugo Chávez también se estableció una posición frontal desde muy temprano.
“Las élites tenían posiciones contrarias al catolicismo, aunque eso empieza a cambiar a mediados del siglo XX, lo que permite una nueva relación porque en el Estado había élites más simpatizantes, las socialcristianas y socialdemócratas. Además, se le veía a la Iglesia como un socio del sistema político. Cuando llega el chavismo la Iglesia es considerada parte de la élite a desmontar, planteaban que debería existir una iglesia genuinamente cristiana y separada de la jerarquía eclesiástica. Y desde muy temprano tuvieron malas relaciones con la Conferencia Episcopal Venezolana”, explica el politólogo e historiador Guillermo Tell Aveledo.
En estos dos meses de protestas, la presencia de religiosos en la calle asistiendo a las marchas, se hace cada vez más evidente. Hábitos y sotanas, imágenes y rosarios han sido parte de los símbolos de esta etapa del conflicto. La única movilización que ha logrado llegar al oeste de Caracas fue precisamente “La marcha del silencio”, que tenía como destino la sede de la CEV, en Montalbán. La participación del Vaticano en los intentos de diálogo y las declaraciones de la alta jerarquía católica han marcado el ritmo de la tensión política venezolana.
El sacerdote jesuita, abogado y politólogo, Arturo Peraza, hace una analogía del momento con la historia de Moisés y el cruce del Mar Rojo, que significó para el pueblo de Israel el paso de la esclavitud a la libertad, para explicar el papel de los religiosos en este momento: “Cuando vives en un contexto de opresión, la palabra viene a buscar caminos de liberación. Este es el elemento más fundamental de la palabra de Dios. Moisés, que lo escucha, viene, ilumina a su pueblo y lo hace atravesar el Mar Rojo para caminar hacia la libertad”.
Presidente cristiano
La última vez que el gobierno se reunió con la directiva de la CEV fue el 10 de julio de 2012. El entonces vicepresidente Elías Jaua fue el encargado de asistir a la 98° reunión de la institución católica. Dijo que querían restablecer el clima de respeto tras 13 años de desacuerdos. El presidente de la CEV, monseñor Diego Padrón, expresó en ese momento que la intención del encuentro era la búsqueda de una relación por los canales institucionales. Durante la rueda de prensa, Padrón atendió una llamada del presidente Chávez a través del celular de Jaua. Ambos se saludaron y prometieron reunirse.
En 2010 Chávez había llamado “trogloditas y cavernícolas” a los obispos venezolanos, luego de que la CEV respaldara al cardenal Jorge Urosa Savino tras acusar al mandatario de violar la Constitución e impulsar el proyecto socialista. En 2006 fue el cardenal Rosalio Castillo Lara quien declaró que Chávez –que ya había aparecido con un crucifijo en la mano luego del golpe de Estado del 11 de abril de 2002– estaba llevando al país al desastre.
Aveledo señala que el poco apoyo que tenía el chavismo en la jerarquía católica, que era monseñor Mario Moronta, lo ha abandonado. Arturo Sosa, sacerdote de la Compañía de Jesús, pese a su posición de izquierda, ha sido crítico desde 2014. Los cardenales que se han nombrado, como Castillo Lara, Urosa Savino y ahora Baltazar Porras, todos han sido críticos.
Hace 10 días el presidente Nicolás Maduro dio muestras en cadena nacional de su fe, en medio de otro episodio de tensiones con la Iglesia. “Yo soy católico. Soy un cristiano, practicante profundo, no solo por la oración, soy cristiano de acción”, dijo mientras mostraba una foto de él como monaguillo. Ese día rechazó que la CEV se negara a asistir al encuentro para presentar la propuesta de la constituyente convocado para el 8 de mayo en Miraflores. “El jefe de Estado convoca a la cúpula de la Iglesia por la paz, la democracia, la constituyente y dicen: ‘No quiero hablar’. Se niegan a hablar con un presidente cristiano. ¡Qué se puede esperar de ellos!”, aseveró. La instrucción que le dio al ministro Elías Jaua fue “obligarlos” hasta que se sienten a dialogar, “como ha sido el mandato del Papa”. Maduro, incluso, solicitó una audiencia al nuncio apostólico, Aldo Giordano, para presionar a los prelados venezolanos.
Este año, la Conferencia Episcopal Venezolana ha fijado posición tras la publicación de las sentencias del Tribunal Supremo de Justicia, en torno a la crisis económica y social, por la represión en las marchas y también por la convocatoria al proceso constituyente. Este mes los exhortos no han cesado. Y esta semana realizaron la 43° Asamblea Extraordinaria Plenaria otra vez centrada en la crisis del país y reiteraron lo que han dicho: “No hay que reformar la Constitución, sino cumplirla”, y aceptaron recibir a Jaua, nuevamente, en la sede del episcopado.
Peraza señala que Maduro busca apoyarse en los llamados al diálogo que ha hecho el Vaticano para aplicarlas al caso de la constituyente. “Eso es utilizar o manipular las frases del papa Francisco a favor de propuestas que no han sido de ninguna manera apoyadas por él. El Papa ha llamado a la necesidad del diálogo, y este diálogo tiene unas precondiciones que fueron definidas por el cardenal Pietro Parolín, secretario de Estado del Vaticano. Sobre eso es lo que Maduro no desea dialogar cuando ese es expresamente el llamado del Santo Padre”.
Aveledo agrega que pese a que el gobierno ha intentado manipular el discurso del papa Francisco, “la Conferencia Episcopal Venezolana influye más en la Santa Sede de lo que se podría creer”.
En Venezuela la mayor parte de la población es católica, pero no fanática, destaca el investigador. 7 de cada 10 ciudadanos ve favorable la influencia de la institución. “La sociedad tiende a ver positivamente a la Iglesia y al papado. Por eso su influencia en esos momentos pesa para el gobierno, al que le convendría que la institución solo se dedicara a los asuntos pastorales. Pero la Iglesia tiene desde hace años una vocación no solo de opinar, sino de intervenir por las mejoras en la sociedad”.
Vaticano mediante
En julio de 2016 el gobierno y la oposición aceptaron el acompañamiento del Vaticano para un eventual diálogo. En septiembre ambos grupos políticos hicieron formal esa invitación. Pese a que solo se lograron dos encuentros entre las partes y sin efectos, desde entonces el papa Francisco sigue de cerca la situación en Venezuela
2016
24 de octubre: El presidente Maduro se reunió con el papa Francisco en  Roma y conversaron sobre la situación en Venezuela. Ese mismo día el representante del Vaticano, monseñor Emir Paul Tscherrig y el Nuncio Apostólico, Aldo Giordani, sostuvieron un encuentro con representantes de la oposición.
30 de octubre: Monseñor Claudio María Celli, enviado del Vaticano, calificó como “un buen comienzo” el primer encuentro entre el gobierno y la oposición en el museo Alejandro Otero.
1 de noviembre: El papa dijo: “apuesto todo y de corazón  por el diálogo para resolver los conflictos” en referencia a Venezuela. Calificó la situación como "compleja".
5 de noviembre: Monseñor Celli expresó que si el diálogo fracasa, “es el pueblo venezolano el que se hunde más”, en advertencia a la posibilidad de que alguna de las partes se levantara de la mesa.
11 de noviembre: El segundo encuentro entre los actores políticos en el Hotel Meliá Caracas, el monseñor Celli lo calificó como un momento de “intenso diálogo”. Reconoció que existen posiciones diferentes sobre algunos asuntos, pero expresó que existe el deseo de encontrar soluciones.
20 de noviembre: Francisco recibió en una audiencia privada al cardenal venezolano Baltazar Porras, y dijo: “La Santa Sede ha enviado, por pedido de ambas partes de mediadores, un facilitador para ayudar al diálogo y eso es para servir al pueblo de Venezuela; a todas las partes y para que se logre la paz y un acuerdo”.
1° de diciembre: El secretario de Estado del Vaticano, cardenal Prieto Parolin, envió una carta para mostrar su preocupación ante el retraso en la aplicación de los acuerdos. Demandó que se produzcan cuatro hechos antes del 6 de diciembre: implementación urgente de medidas para el abastecimiento de comida y medicinas, un cronograma electoral, la restitución de las competencias del Parlamento, y los instrumentos legales para acelerar la liberación de los detenidos.
6 de diciembre: La MUD en protesta por el incumpliendo de los acuerdos, decidió mantener la relación únicamente con los mediadores. Se reunieron por separado con monseñor Celli.
25 de diciembre: El papa Francisco dedicó un momento a Venezuela en su mensaje de Navidad: “Dicha valentía anime también a la amada Venezuela para dar los pasos necesarios con vistas a poner fin a las tensiones actuales y a edificar conjuntamente un futuro de esperanza para la población entera”.
25 de diciembre: La MUD afirma que no existen condiciones para restituir la mesa de diálogo en la sesión programada para el 13 de enero, luego del receso navideño. Pidieron al Vaticano activar mecanismos para verificar "el no cumplimiento de los acuerdos" por parte del gobierno.
2017
6 de enero: Tras una reunión con representantes del gobierno, monseñor Claudio María Celli ratificó su disposición de diálogo en Venezuela.
9 de enero: Francisco pidió que el gobierno y la oposición apuesten al diálogo y busquen la paz del país, para que "las consecuencias de la crisis política, social y económica" dejen de pesar sobre los ciudadanos.
19 de enero: Monseñor Celli comunica su renuncia a visitar Venezuela, por lo que no participará en próximas reuniones. El lugar fue ocupado por el Nuncio Apostólico Aldo Giordano.
21 de enero: El papa ratificó el papel de la mediación del Vaticano en los intentos de acercamiento en el gobierno y la oposición. Pero afirmó que “la diplomacia vaticana tiene que ser mediadora, no intermediaria".
22 de febrero: El presidente Maduro se reunió con el Nuncio Apostólico Aldo Giordano para tratar de reanudar el diálogo. El gobernador de Miranda, Henrique Capriles, descartó esa posibilidad.
2 de abril: El papa Francisco pidió evitar la violencia y abogó por buscar "soluciones políticas" en Venezuela, cuya situación política aludió tras el rezo del Ángelus.
25 de abril: El Vaticano se solidarizó a través de una llamada telefónica con el cardenal Urosa Savino por la arremetida que sufrió la iglesia católica en la Basílica de Santa Teresa.
30 de abril: Francisco aseguró que la Santa Sede está dispuesta a intervenir frente a la crisis: “Tiene que ser con condiciones, condiciones muy claras. Hubo intervención de la Santa Sede bajo pedido fuerte de cuatro presidentes que trabajaban como facilitadores. Y la cosa no resultó. Quedó ahí. No resultó porque las propuestas no eran aceptadas o se diluían. Eran un sí sí, pero no no”.
6 de mayo: El Vaticano llamó a los obispos a hacer lo posible para que se establezcan puentes entre el gobierno y la oposición. La Conferencia Episcopal Venezolana publicó la carta en que el pontífice les expresa su cercanía “consciente de las dificultades que están atravesando”, y les agradece “su continuo llamamiento a evitar cualquier forma de violencia, a respetar los derechos de los ciudadanos y a defender y promover la dignidad humana y los derechos fundamentales”.
13 de mayo: “Se necesita mucha buena voluntad de parte de todos, comenzando por el gobierno, que debe dar señales que quiere solucionar y tomar en cuenta el clamor del pueblo y buscar soluciones. Yo creo que las soluciones son las elecciones”, dijo el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado de la Santa Sede, durante la canonización de los pastorcitos con motivo a la misa de la Virgen de Fátima.

Con olor a ovejas y a lacrimógenas
El padre Wilfredo Corniel asegura que al asistir a las protestas lo que hace es acompañar al pueblo de Dios que sufre. Dice que está entre el rebaño, pastoreando. Pero también se le ha visto respirando gas mientras lleva pancartas con mensajes religiosos
CVI

La sotana beige del padre Wilfredo Corniel resistió a la lluvia, al sol y también a 12 horas de plantón en la avenida Victoria el lunes 15 de mayo. Es de Cojedes y desde septiembre de 2016 está en Caracas como párroco de la iglesia San Miguel Arcángel de El Cementerio. En apenas ocho meses en la capital se ha convertido en un símbolo de las marchas. Ora por Venezuela no solo ante el altar, también lo hace entre cientos de personas que piden libertad en las calles. En sus manos no lleva el cáliz ni la vinajera, sino un pote de agua que contiene bicarbonato y un cartel con mensajes que considera pertinentes para el momento. El de ese día: “No más muertos por protestar”. Detrás de la cartulina se esconde, como una protección, una imagen de San Miguel Arcángel.“Pido que el corazón que se ha endurecido de aquellos que nos gobiernan se ablande y no sean sordos a la voz del pueblo. Esto se parece a lo que era el tiempo de los profetas. Los gobernantes se olvidaron de escuchar al pueblo y la comunidad sufría”, dice Corniel en medio de un grupo. La gente se le acerca y él también la aborda. Entre bendiciones, palabras de consuelo, ha caminado desde el inicio de las protestas en el mes de abril. “He asistido a casi todas. Menos a las de Semana Santa porque estaba haciendo mi trabajo como sacerdote. No he abandonado nunca mi realidad principal: ser sacerdote”.
Dice que como pastor le corresponde acompañar al pueblo de Dios que sufre, pero también está ahí por sus compromisos como ciudadano. “Estoy por quienes no pueden hacerlo por temor a que los saquen del CLAP. Estoy como un agente de paz. No solamente es orar, ofrecer la eucaristía, sino también caminar por la paz de Venezuela”, insiste.
En 2013, cuando el papa Francisco presidió su primera misa crismal de Jueves Santo, pidió a los sacerdotes presentes renovar el espíritu de santidad con que fueron ungidos el día en que se ordenaron como presbíteros. “Esto os pido: sed pastores con ‘olor a oveja’, que eso se note”, dijo. Monseñor Adán Ramírez explica que eso hacen los sacerdotes y religiosas que asisten a las movilizaciones: “Estamos llamados a tender puentes, no a ahondar en las heridas. Eso también es una manera de expresar lo que dice el papa Francisco: ‘Hay que oler a oveja’. Un sacerdote tiene que estar con su pueblo. En este caso muchos no solamente han olido a oveja, sino que también han tragado bombas lacrimógenas”.

El padre Corniel, de 41 años de edad, es uno de los que ha tenido su dosis de gas, pese a que en las marchas se ubique en un punto intermedio para socorrer y levantar a las personas que resultan heridas o asfixiadas. Además de lacrimógenas, recibe amenazas. Le han llegado amenazas de que le van a rayar la iglesia, que lo van a secuestrar. “Aquí en El Cementerio muchas personas me dicen que tenga cuidado. También me acusan de ‘apátrida’ en las redes sociales. Yo oro por todo el pueblo de Dios. Soy el párroco de todos. Si es chavista igual lo voy a atender con todo el amor y el cariño”. Asegura que un “grupo de inteligencia social” acude a sus misas para escuchar lo que dice.
El lunes en la avenida Victoria el padre Corniel alivió a muchos con su prédica. Cerró la jornada con una plegaria por la justicia y la verdad. Los manifestantes entrelazaron las manos para rezar el Padre Nuestro. Al terminar les dijo: “Podemos ir en paz”.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/sociedad/las-homilias-resistencia_183250
Fotografías: Omar Véliz.

lunes, 18 de enero de 2016

SONORIDAD DE UNOS FILOS

Cuando las bayonetas hablan
Luis Barragán


En las vecindades de un nuevo aniversario de la caída del régimen encabezado por Marcos Pérez Jiménez, debe adquirir una importante (re) significación el espíritu unitario de entonces, en el (otro) contexto de las difíciles circunstancias actuales. Inédito en nuestro historial republicano, la promesa democrática emergió – por entonces – sobre los hombros de una movilización o, mejor, un movimiento político opositor articulado y convincente que valoró la experiencia acumulada, aunque algunas de sus expresiones sobredimensionaron otras posibilidades. Empero, deseamos apuntar a la curiosa  supervivencia del propio dictador derrocado en el imaginario colectivo, como muy pocos lo lograron.

En efecto, a la vuelta de pocos años, el perezjimenismo adquirió el rango de un exitoso movimiento político y social, consagrado en un  partido que alcanzó un número importante de curules parlamentarias y edilicias. Puede aseverarse que tuvo también una fortísima competencia con la insurrección armada que, al penetrar a la institución castrense, le restó un quizá natural soporte, diluyéndose igualmente influido por el desarrollo de la política de pacificación, principiando la década de los setenta del XX.

Pérez Jiménez representa toda una era de la modernización,  patente en las grandes obras públicas que heredamos, monumentales o faraónicas muchas de ellas que, junto a los superbloques, transmitió la idea que se hizo convicción en torno a la solución de los problemas habitacionales, como los restantes del país. E hizo de la institución armada un soporte simbólico incuestionable, perfeccionando los postulados del positivismo.

Digamos de inquietudes a las que, de una u otra forma, ha respondido una compilación de quince trabajos de factura académica, publicada a finales del año pasado, bajo la responsabilidad de José Alberto Olivar y Guillermo T. Aveledo: “Cuando las bayonetas hablan. Nuevas miradas sobre la dictadura militar 1948-1958” (Unimet-UCAB, Caracas, 2015). Distintos ámbitos, como el político, ideológico, discursivo, militar, comunicacional, jurídico, económico, petrolero, educativo, eclesiástico, artístico, urbano, internacional, añadido el infaltable Mario Briceño Iragorry, explican una  antología de indispensable consulta.

Específicamente, por una parte, nos llama la atención el aporte de María Elena del Valle: “El discurso político de Marcos Pérez Jiménez: Su estructura e implicaciones” (55-86). Al realizar un análisis crítico en torno al uso del lenguaje, versa sobre el imaginario – por cierto, persistente – de lo heroico, mito fundacional que “coquetea” con el elemento militar (58), colaborador exclusivo en los esfuerzos de modernización que redundan en el nacionalismo inspirado por el Nuevo Ideal Nacional. La autora no duda sobre una propuesta “profundamente militar” que contrasta con los pueblos fracasados, dirigidos por civiles (70, 72).

La invocación de los valores, el honor y  la fe, propulsores de una mística del combate, orientan a la reconquista de las viejas glorias de la Independencia (83), algo que todavía es tan familiar al presente venezolano. La legitimidad del “ser militar”, deriva de la pertenencia a “ese selecto grupo [que] implica codearse con la plenitud y ser civil es sinónimo de la parcialidad o sentido incompleto de la labor histórica” (81 s.),  algo que – nos permitimos consignar - ofrece mayores dificultades para Maduro Moros, no ocurriendo así con Chávez Frías, aunque éste no tuvo las credenciales académicas y profesionales de Pérez Jiménez.

Inmediatamente, por otra, acudimos al trabajo de Luis Alberto Buttó: “¿Modernización de las Fuerzas Armadas?” (87-138), quien – al incidir sobre lo militar – señala una cosmovisión que amplía sus horizontes convertidos sus miembros en “operadores de primera línea de las funciones gubernamentales  entre las postrimerías de 1948 y los albores de 1958” (99).  El siglo XXI depara una situación semejante que, explicando las diferentes facetas del imaginario colectivo, afortunadamente le permite al autor apuntar al válido y pedagógico contraste de las realizaciones de los gobiernos democráticos con las de la década militar en cuestión, respecto al kilometraje de las autopistas y de las carreteras asfaltadas por año, la construcción de viviendas o las obras militares (101 ss.).

Además, desde la especialidad, diserta sobre el nivel de desarrollo castrense que encontró Pérez Jimenez al arribar al poder y, luego, el que propulsó,  destacando las grandes inversiones en la adquisición del sistema de armas y el resto del equipamiento, acorde a la hipótesis de conflicto por entonces prevaleciente. Ignorada y combatida toda discusión pública, bien observa Buttó: “… Gastos […] erogados sin escrutinio alguno de la sociedad civil, negando de plano cualesquiera posibilidades de que la población debatiera en torno a la eventualidad de que en sí mismos tales desembolsos constituyeran dispendio […]  los venezolanos […]  nada pudieron decir en relación con la conveniencia o no, la necesidad o no, la pertinencia o no, de privilegiar la dotación de la fuerza armada como proyecto clave de los regímenes actuantes; es decir, el costo de oportunidad implícito en tal escogencia que la nación debió pagar, todo ello sin la posibilidad de detectar posibles actos de corrupción debido a la ausencia de eficaces mecanismos de contraloría institucional y/o social” (131), utilizando a “su leal saber y entender” los ingresos petroleros (129).

Luego, no sólo puede asombrar la supervivencia inmediata y mediata de un imaginario social que muy bien cotizara y legara Pérez Jiménez,  sino constatar la necesidad de profundizar en un estudio que, al multiplicar las perspectivas,  marque también una orientación respecto a la polémica política actual, como bien lo hace Buttó. Por ello, tenemos confianza en que Del Valle podrá ofrecernos otros trabajos que, intencionadamente o no, contribuyan a ganar nuevas interrogantes, pues, el suyo – en esta oportunidad – apenas fue “un abreboca del potencial que arroja la deconstrucción de los diferentes discursos pronunciados por diferentes personajes históricos” (86).

Fotografía: Guillermo T. Aveledo (tomada de Facebook).
Fuente:

sábado, 25 de enero de 2014

¿IMITARLOS?

Notas breves sobre Ucrania (desde alguien que no es internacionalista, y que sólo ve las cosas internas de cada sistema político, por defecto)
Guillermo Tell Aveledo Coll

- ¿Es un conflcto entre Occidentalización o Europeización? ¿O es un conflcto entre sectores urbanos y sectores rurales del país? (Las encuestas parecen confirmarlo, pero claro, si hay algún clima de intimidación, quién sabe)...
- Hay además un conflcto entre las distintas facciones emanadas desde la revolución naranja, y los respectivos grupos económicos que las apoyan. Desde el acenso de Yushenko, el país ha sido bastante inestable, con el ascenso y caída de la Tmoshenko, la familia Yanukovich, etc.
- Se creería leyendo la prensa que las protestas son de un sólo sector, indignado con el ejecutivo ucraniano. Políticamente, se trata de facciones de una misma corriente; socialmente, hay manifestaciones también a favor del gobierno.
- Vitali Klitschko, uno de los jefes opositores de Ucrania que más es publicitado por las redes, es también hijo de la revolución naranja (con todo lo que eso implica). Es boxeador y tiene un PhD (en ciencias del deporte), lo que lo hace un media darling. Pero aún no ha logrado su partido, ni su corriente, más de 18% en elecciones locales.
¿Está dividido ideológicamente el sistema ucraniano? Parece que es más bien un problema personalista que se viste de ideología. ¿Es valiente la sociedad ucraniana? Seguro, dadas las condiciones, pero tambien francamente irracional... Defiende libertades aupando liderazgos de manera volátil, pero refresca que no dejen que ningún personalismo se quede quieto. Pero tampoco han tenido el éxito que se esperaba cuando iniciaron las revoluciones de colores (el sueño de protestas que tumban oligarquías corruptas, que es muy viejo).
¿Debemos imitarlos? No creo que nuestras decisiones políticas tengan que seguir tal o cual modelo, sino nuestras circunstancias (y mi preferencia personal no es marcador para nadie). De todos modos, desde hace años venismo diciendo que el mundo va hacia modelos más autoritarios, incluso entre sus democracias liberales.

https://www.facebook.com/gaveledo

viernes, 31 de agosto de 2012

EL OTRO OCTUBRISMO

Nos ha sorprendido descubrir la celebración en la etapa tardía del régimen dizque provisional de Pérez JIménez, por lo pronto, debido a tres consideraciones. Tamaña reivindicación, a las puertas del plebiscito, nos obligará a revisar cierta perspectiva del octubrismo que sostenemos.

Así, por una parte, creímos que los afanes de legitimación del esfuerzo constituyente se apagaron una vez consolidado el gobierno surgido del fraude de 1952.  Tienen razón los amigos, al facilitarnos una muestra como tuvo a bien  Guillermo Tell Aveledo, en un rápido intercambio de la mensajería facebookeana que también  incluyó a José Hermoso, Jonathan Benavides y Fernando Falcón, pues, hubo el empeño de avalarse con  los consabidos  sucesos de 1945.

Nos preguntamos, por otra, en torno a las reflexiones que hizo Laureano Vallenilla-Lanz Planchart, sobre todo por sus aportes a El Heraldo que, reconociendo la supremacía de las Fuerzas Armadas, no estaba a gusto con el ya viejo golpe de Estado, por lo menos, respecto a los socios de entonces y al trastocamiento del inmediato y prolongado orden post-gomecista. Era de imaginar una distinta legitimidad para el período constitucional aspirado por Pérez Jiménez, en el que quizá hubiese ensayado un mandato (y una vestimenta) civil.

Finalmente, la celebración de la fecha no era una circunstancia más, pues, contaba con toda la marcialidad del caso, aunque fuese modesta la reseña de la prensa, convertida en un solemne acto de Estado que incluía el recuerdo de los caídos, hoy, por siempre olvidados. No eran adivinos para creer que a la vuelta de la esquina estarían fuera del poder, porque lograron controlar eficazmente otros eventos conspirativos de una quizá mayor contundencia, aunque las jornadas del 23 de Enero tuvieron una carga inédita aún no suficientemente reivindicada.

LB

Fuente: El Nacional, Caracas, 19/10/57.

lunes, 30 de mayo de 2011

ADVERTENCIA A LOS PARTIDÓFOBOS


EL NACIONAL - Domingo 29 de Mayo de 2011 Nación/4
El foro del domingo
GUILLERMO TELL AVELEDO Opina que el desencanto sin organización no trasciende
"Los indignados de España y Venezuela necesitan a los partidos"
EDGAR LÓPEZ

Ficha personal
POLITÓLOGO Y DOCTOR EN
· CIENCIAS POLÍTICAS DE LA UCV DIRECTOR DE LA ESCUELA
· DE ESTUDIOS LIBERALES DE LA UNIMET

Por tratarse de realidades muy distantes y distintas es difícil establecer paralelismos entre las revueltas en África del Norte, el Medio Oriente y Europa Occidental y lo que ocurre en América Latina y en Venezuela. Sin embargo, el director de la Escuela de Estudios Liberales de la Universidad Metropolitana, Guillermo Tell Aveledo, destaca que el denominador común es el desencanto de los ciudadanos frente a las élites gobernantes.

Aveledo se aproxima con cautela a la efervescencia en las plazas de África del Norte, Medio Oriente y Europa Occidental: "Han surgido elementos libertarios y románticos, pero también grupos fascistas. Ello pudiera indicar, al menos en el caso de España, que la democracia con moderación es muy frágil".

­¿Hay algún catalizador de las protestas que no se ha hecho visible? ­Puede haber factores radicales que tratan de capitalizar una revuelta, pero lo verdaderamente meritorio es la capacidad de organizarla. Si las masas no tienen organización, si las masas no tienen partidos políticos, si las masas no tienen algún elemento de vanguardia que logre ordenar la acción, no hay trascendencia sino frustración.

­¿Cómo se explica esa especie de contagio internacional de la protesta? ­Estas protestas cuentan con la simpatía de las élites intelectuales de Occidente. Se presentan como mecanismos de incidencia factibles y moralmente lícitos. Además, están protagonizadas por una generación que ha crecido sin el miedo a la Unión Soviética, sin el miedo al holocausto nuclear, sin detenerse a examinar otros riesgos. En todas hay un factor denominador común: el desencanto con la élite política y la convicción de que existe una profunda desigualdad en la distribución del poder.

­¿En qué se parecen los indignados de España a los nini de Venezuela? ¿Se trata del rechazo del ciudadano a todas las opciones políticas que se le presentan? ­Creo que en Venezuela lo que hay son grupos de independientes que en momentos electorales oscilan entre un lado y otro. Hay quienes han sugerido que esos ni-ni tienen una serie de creencias muy articuladas, conductas políticas muy estables. Pero hasta ahora no parece ser esa la evidencia empírica de acuerdo con los resultados electorales, no de las encuestas de opinión. Insisto, la organización es la clave. Los indignados de España y Venezuela necesitan a los partidos políticos y no conformarse con que los encuentren muertos en Choroní, como dice la canción.

­El nombre del movimiento viene del título del libro In- dignaos, publicado en 2010 por Stephen Hessel, corredactor de la Declaración de los Derechos del Hombre, que pide reacción contra el desmantelamiento del Estado Social. ¿El desmantelamiento del Estado Social es motivo de reclamo en América Latina? ­No somos sociedades suficientemente productivas, igualitarias y comprometidas.

En América Latina tenemos partidos débiles. A cada rato surgen movimientos populistas y antisistema que tienen éxito político. Es precisamente lo que ocurre ahora en Perú, y en el pasado en Colombia, con el ascenso al poder de Álvaro Uribe y de Juan Manuel Santos al margen del vetusto sistema político colombiano, o en Argentina con el resurgir del peronismo. Pensábamos que los partidos sólo estaban para garantizarnos orden, estabilidad y competitividad democrática; en suma, derechos políticos. Pero también deben garantizarnos derechos sociales. Eso es un reto pendiente.

"El oficialismo pretende disolver el Estado representativo sin disolver el poder concentrado de la vanguardia gobernante"

­Hay otros retos: superar la burocracia y el sectarismo.

¿Cómo estos dos componentes inciden en la protesta callejera en Venezuela? ­En Venezuela, el oficialismo pretende disolver el Estado representativo tradicional, sin que ello esté acompañado de un deseo genuino de disolver el poder concentrado de la vanguardia gobernante.

Ante la aspiración frustrada de un poder difuso, se ha impuesto la voluntad de quien asume unilateralmente la interpretación de los deseos de la sociedad. Cuando se sugiere que el líder es el pueblo, se entiende que si la democracia es el gobierno del pueblo, la democracia es el gobierno del líder...

­¿Cómo cree usted que el oficialismo entiende la democracia? ­Considera que la democracia es igualdad social. El asunto es que no logra superar la exclusión y opta por la imposición del poder para tratar de moldear la sociedad y crear un hombre nuevo. Eso choca con la realidad porque la cultura política cambia muy lentamente y el cambio no se decreta desde arriba. Además, choca con la pluralidad política como un valor arraigado entre los venezolanos, aunque a veces compita con añoranzas de autoritarismo.

­¿Cómo evalúa la evolución de la protesta callejera en el país? ­Se ha demostrado que la protesta produce beneficios, al menos para los sectores que salen a la calle a hacer reclamos puntuales: mejoras laborales, mejores servicios públicos, una vivienda... Pero no hay una vinculación de los reclamos con el problema estructural del sistema político actual, el cual está burocratizado y centralizado. Un sistema político que rechaza cualquier iniciativa social independiente, sea el sector privado o la sociedad civil organizada. En definitiva, ningún Estado puede obtener logros sin el respaldo de la sociedad

­¿Qué opina de la promoción del apartidismo desde Puerta del Sol o desde algunos sectores radicales en Venezuela? ­En Venezuela no reconocemos una democracia sin partidos. En los últimos años, varios movimientos han prendido en la población: desde el MVR, pasando por Un Nuevo Tiempo y Primero Justicia, hasta Voluntad Popular. Sin partidos surgen liderazgos personalistas antidemocráticos.

­¿Cuál es el riesgo? ­Que ese liderazgo personalista se apropie del poder y plantee un nuevo juego con nuevas reglas; es decir, que establezca un sistema autoritario.

­¿Eso fue lo que ocurrió con Chávez? ­Entre otros casos en América Latina. En 1998 escogimos al que tenía más claridad sobre como apoderarse del control político. En 2007, cuando Chávez proclamó el proceso que lidera como una revolución socialista, impuso un nuevo juego con otras reglas. De allí en adelante se niega el más mínimo espacio para la disidencia y los principios fundamentales de la democracia, como elecciones periódicas, imperio de la ley y separación de poderes, se limitan a simples formalidades.

­¿Qué puede aprender el liderazgo político y la sociedad civil venezolana de las revueltas al otro lado del Atlántico? ­Para los que abrigan esperanzas en el disenso social como modo de cambio del estado actual de cosas, la lección es que sin organización no se llega a ninguna parte; que sin organización no toma el poder la plaza sino el Ejército.

­¿Cuál es el desafío de los partidos venezolanos de oposición en la actual coyuntura? ­Los partidos venezolanos sobreviven en un ambiente extremadamente hostil. Mucha gente todavía siente una fuerte aversión hacia un modo de hacer política grotesca que quedó en el imaginario colectivo. Además la vida institucional de los partidos está mermada por un Estado que no es precisamente pluralista. El primer gran reto es sobrevivir para seguir siendo oposición. En segundo lugar, mantener la unidad, para evitar que algún discurso personalista, en un tono parecido al de Chávez, secuestre los esfuerzos por transitar el camino electoral para un relevo en Miraflores y trate de imponer salidas milagrosas, ensoñaciones o asaltos. Es imposible un cambio político en Venezuela por la vía del milagro.

Fotografía: Sandra Bracho