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domingo, 17 de mayo de 2020

SOPORTE DEL ESTADO CRIMINAL

Del poder lumpemproletario
Luis Barragán

Hubo fascinación y horror por el fascismo, saliendo ileso el comunismo tras la victoria aliada  en la segunda guerra mundial.  No obstante, François Furet insistió en la “copertenencia” de ambos fenómenos, por sus trágicas, costosos e inocultables resultados.

Tienen en común la degradación y el terror moral y político que suele perfeccionar el empleo del antifascismo como consigna, llevándola  a los últimos  confines del cinismo. Cuentan con el lumpemproletariado como soporte, acelerando la descomposición del poder político que lleva a la configuración del Estado Criminal, como acaece en la Venezuela de los días que corren. 

En el transcurso de la cuarentena, removiendo viejos papeles, hallamos un texto de principios del presente siglo por el cual asomamos una preocupación  razonable de acuerdo a los hechos después cumplidos. Conservado el recorte de prensa, a propósito de un artículo aún más añejo de Antonio García Ponce, llamamos la atención sobre la conjunción de la escuela de Frantz Fanon y Norberto Ceresole, como  del fenómeno del lumpemproletariado que fue objeto de observación del añejo leninismo venezolano (El Nacional, Caracas, 25/02/2002), hoy, realizador del imaginario guevarista cubano en el marco decididamente delictivo de la globalización.

Más recientemente, un autor como Antenor Viáfara Márquez, a través de un lúcido ensayo  sobre las coordenadas populistas y fascistas del chavismo, nos impone sobre la devastación y desarticulación social de una experiencia que todavía no culmina (AA.VV. “Entre el ardid y la epopeya”, Negro Sobre Blanco, Caracas, 2018: 121-149).  Ciertamente, las enseñanzas de Fanon hallaron tierra fértil en este lado del mundo y, por ello, nada extrañan – por ejemplo – las numerosas escenas represivas de 2017, intentando o logrando despojar el represor de las pertenencias personales del reprimido, como un acto previo y desvergonzado a su posible y definitiva detención;  el forcejeo de los elementos militares (GNB), por quitarles el móvil celular a varios diputados y asistentes administrativos, durante los incidentes del túnel de La Cabrera, año y tanto atrás, cuando principiábamos el largo y consabido camino hacia el Táchira; o la indiferencia oficialista por la muerte, siempre que sea ajena, aunque sea de hambre y de mengua, sólo útil para la propaganda de ocasión.

Por enero de 2003, Chávez Frías lamentaba la muerte de un joven copartidario por defender la Ley de Tierras, y, seguidamente,  invocaba el asesinato de Fabricio Ojeda y Alberto Lovera de décadas atrás (Alocución del 05/01/2003, en: Chávez Frías, Hugo, “El golpe fascista contra Venezuela”, Ediciones Plaza,  La Habana, 2003: 20 s.), aunque – a la postre – sus sucesores pretenden jamás responder por las muertes masivas y selectivas, como las de 2014 y 2017, por citar apenas un par de casos. Luego, el ejercicio lumpemproletario del biopoder, en el contexto de la pandemia, alarma aún más, criminalizando de antemano toda interrogación que se haga en torno al curso del COVID19, por más acreditados que sean científicamente aquellos que manifiestan sus inquietudes, palpable en el comunicado de  la  Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales.

Cfr. 

domingo, 12 de abril de 2020

COMBUSTIÓN SOCIAL

De una cierta escatología viruscoronaria
Luis Barragán

Quizá estamos más familiarizados con el lenguaje escatológico que la propia disciplina teológica, la wikipédicamente orientada a la realidad última del ser humano y el universo. Sin embargo, vestigios de la llamada Nueva Era que tuvo entre nosotros sus esplendores justo con el ascenso socialista del XXI, dato significativo, solemos escuchar regularmente aquello de la constante reencarnación de todo, menos de los corotos que poco a duras penas saben de varios siglos.

Nada más duro y difícil para los familiares que  un fallecimiento en tiempos de pandemia, peor que  los ocurridos en todas las fechas de feriado oficial que hemos acumulado. Las angustiosas diligencias suelen multiplicarse, postergando el dolor propio, comenzando  por el elemental trámite y  obtención de un acta de defunción.

Puede decirse que los deudos pisan las últimas  realidades terrenales en la despedida de quien las traspasa, sobre todo por los costos. Noticia probablemente nada aislada, nos enteramos hace poco que las funerarias marabinas incluyen por sus servicios el pago de veinticinco litros de gasolina para sus idas y venires, por lo demás, intentando suplir al mismo Estado – por decir lo menos  negligente.

Los más avisados, dirán con razón que versamos en torno a una ley económica infranqueable,  por más que los socialistas de la hora juren alterar la ley de gravitación universal misma. Simplemente, un bien tan escaso y  en especie, suple la golpeada unidad monetaria oficial u oficiosa, dándole alcance a las divisas, comprensible aunque inaceptable.

En todo caso, asistimos a las postrimerías de un sistema o régimen que hizo méritos para llegar a un estadio que sus economistas intentan maquillar, desde hace un buen rato. Nada más aparatoso que hacerlo con el Frankenstein de tantas puntadas de hilo, en el que los instrumentos quedaron dentro, despuntando como un par de tornillos en el rostro de una experiencia imposible de repetir: a menos que creamos en la reencarnación.

Referencia:

domingo, 19 de junio de 2016

EL COLMO



De la faceta escatológica del régimen

Luis Barragán

Asunto escabroso, pero inevitable. La paz ni siquiera encuentra domicilio en los cementerios, convertidos en peligrosas, increíbles e indecibles barriadas que los aprietan como en el General del Sur de Caracas.

Novedad alguna reporta el camposanto de la ciudad capital en relación a los hechos vandálicos y a las continuas profanaciones de tumbas, ante la indiferencia militante de las autoridades, a veces, sospechosas de las atrevidas incursiones por alguna convicción religiosa, pseudorreligiosa o patológica. Versiones estas que surgen al calor de un anecdotario propio de la necropolítica que los informa, en el tozudo empeño de prolongarse en el poder.

Sobran los testimonios de personas con padres, parientes y amigos de violentadas tumbas que, además, no frecuentan por los riesgos que comporta hacerlo con la frecuencia deseada. Por contraste, hay reportes respecto a aquellos que ya se habituaron a tenerlas como hogar, por no mencionarlas como refugio de delincuentes: dos o tres años atrás, tuvimos ocasión de acudir al sepelio del familiar de una persona amiga y, realizado en poco menos de 40 minutos, previo pago del malandro que protegió el acto con el permiso de otros que fijaron el plazo, constatamos cuan populoso es el lugar: hábitat indefinible para los más pobres que se resignan a compartirlo hasta con los rateros de los pocos monumentos artísticos que van quedando.

Ha sido necesaria, aunque indeseable, la profanación a tumbas como la de Rómulo y Teostiste Gallegos o la de Isaías Medina Angarita para el estremecimiento de la opinión pública, tan asediada por otras urgentes y variadas noticias. Lo peor ha sido la vergonzosa respuesta del alcalde menor de Caracas, Jorge Rodríguez, y la de otros funcionarios, que las negaron, pretendiendo no sólo reducir el asunto a un eufemismo, sino  evadir sus responsabilidades ante el delito recurrente que, valga acotar, parece reforzar el elemento escatológico que explota nada inocentemente el gobierno.

Difícil de plantear en el pasado período legislativo, conseguimos la ocasión a propósito del debate suscitado por la autorización parlamentaria para que los restos de César Rengifo fuesen mudados del ya citado cementerio al Panteón Nacional. Y, a pesar del comentario adverso que luego produjo en la propia bancada de la oposición, señalamos en abril de 2015: “… Partiendo del inicio del debate (de hoy) donde se habló de la inseguridad personal, no sólo de las personas que obviamente están vivas, sino de los cementerios públicos: por lo general, visitados por los familiares, relacionados y demás deudos, constituyen un motivo de peligro y, por lo que frecuentemente observamos, de profanación. El traslado de César Rengifo al Panteón Nacional, por lo menos, asegura que su tumba no será profanada. El traslado de César Rengifo al Panteón Nacional, por lo menos asegura que exista la posibilidad de que pueda descansar en paz, sin que sus deudos y relacionados corran el peligro de un grave asalto a mano armada, como por lo general ocurre en un monumento artístico como el Cementerio General del Sur, como en otros cementerios públicos nacionales y municipales que frecuentemente constituyen una referencia para el delito” (http://lbarragan.blogspot.com/2015/04/salvo-dos-consideranda.html). 

sábado, 26 de marzo de 2016

DESDE EL MÁS ACÁ

EL UNIVERSAL, Caracas, 6 de junio de 2016
El más allá según Küng
Ricardo Gil Otaiza

Los grandes autores tienen la particularidad de no cansar a sus lectores; es más, sus libros se convierten en fuente inagotable de placer, de goce del sentido de lo estético; de disfrute intelectual y emocional. Una obra de un autor particular, si es grata, necesariamente lleva a otra y otra hasta convertirse en toda una cadena de complicidad entre el lector y quien escribe. En este sentido, termino de leer otro tomo de Hans Küng (de quien reseñé hace pocos días en estas mismas páginas su libro titulado Lo que yo creo), se trata esta vez de su ya clásico y discutido texto ¿Vida eterna? (Editorial Trotta, 2001).
Debo decir que los libros de Küng son difíciles de hallar en Venezuela, y cuando tenemos la suerte de encontrarlos, nos enfrentamos con sus altísimos costos, que hacen cuesta arriba la tarea. Superados estos escollos (fundamentales en nuestro caso ante la crisis económica que nos sacude) nos adentramos en las páginas de este filósofo y teólogo suizo, quien no se cansa de azuzar el espíritu de la duda inherente a quien pone en tela de juicio sus propios referentes y "certezas" intelectuales y personales. Se adentra Küng en este tema de primer orden sin prejuicios interreligiosos y sin atavismos doctrinarios, buscando en todo caso hacer inteligible a quienes se acercan a estas páginas, los intríngulis de una cuestión que ha sido durante siglos (toda la historia de la humanidad: ¿qué dudas caben?) centro de discusión e interés por parte del ser humano.
No busca el autor la tranquilidad de quien se siente reconfortado por la creencia de una vida más allá de la muerte física, sino que paradójicamente estimula la reflexión que profundice sin prejuicios ni limitaciones en los denominados puntos neurálgicos (encuentros y desencuentros, luces y sombras), que han hecho de esta interminable cuestión una especie de noria que pasa de generación en generación hasta caer siempre en lo mismo: la no-certeza frente a lo inconmensurable e inasible. Si bien como bien lo apunta Küng la ciencia ha hecho sus ingentes aportes en este campo (que podríamos definir como "escatológico"), sus "hallazgos" no logran aún poner un punto final a tanta interrogante nacida del cotejo entre la experiencia personal (hecho empírico) y los inmensos hiatos y brechas imposibles de cerrar desde nuestra visión plana (y chata de la realidad fenoménica).
Comenta Küng trabajos fundamentales sobre el tema, que abren espacios para interesantes discusiones, como son: Vida después de la vida de Raymond Moody, así como las investigaciones de la autora norteamericana Elisabeth Kübler-Ross, cuyos hallazgos son (después de tantos años de publicados) fuentes de agudas controversias entre médicos, filósofos y religiosos, así como de ávido interés por parte de los lectores. Llega Hans Küng a la inexorable conclusión de que no puede hablarse de experiencias del más allá por parte de pacientes que han sido declarados muertos, si ninguno de ellos ha sufrido la denominada "muerte total", que implica el cese absoluto y sin amago de dudas de todas las funciones vitales.
No niega el teólogo la importancia de tales experiencias, que podrían servir de base a estudios ulteriores en tan espinoso tema, sino que, según su opinión, "no prueban nada a favor de una posible vida tras la muerte, pues en ellas se trata de los últimos cinco minutos antes de morir, no de una vida eterna después de la muerte". Tal vez a futuro, como lo afirma el propio autor, equipos interdisciplinarios (médicos, filósofos, juristas, teólogos) podrían darnos las respuestas que hoy aguardamos, mientras en el ínterin continúa la incertidumbre atávica, el temor a la finitud; la eterna duda sembrada en medio de nuestra existencia.

(http://www.eluniversal.com/opinion/140606/el-mas-alla-segun-kung)
Ilustración: Andrés Serrano.

sábado, 21 de junio de 2014

DESDE EL MÁS ACÁ

EL UNIVERSAL, Caracas, 6 de junio de 2014
El más allá según Küng
Ricardo Gil Otaiza

Los grandes autores tienen la particularidad de no cansar a sus lectores; es más, sus libros se convierten en fuente inagotable de placer, de goce del sentido de lo estético; de disfrute intelectual y emocional. Una obra de un autor particular, si es grata, necesariamente lleva a otra y otra hasta convertirse en toda una cadena de complicidad entre el lector y quien escribe. En este sentido, termino de leer otro tomo de Hans Küng (de quien reseñé hace pocos días en estas mismas páginas su libro titulado Lo que yo creo), se trata esta vez de su ya clásico y discutido texto ¿Vida eterna? (Editorial Trotta, 2001).
Debo decir que los libros de Küng son difíciles de hallar en Venezuela, y cuando tenemos la suerte de encontrarlos, nos enfrentamos con sus altísimos costos, que hacen cuesta arriba la tarea. Superados estos escollos (fundamentales en nuestro caso ante la crisis económica que nos sacude) nos adentramos en las páginas de este filósofo y teólogo suizo, quien no se cansa de azuzar el espíritu de la duda inherente a quien pone en tela de juicio sus propios referentes y "certezas" intelectuales y personales. Se adentra Küng en este tema de primer orden sin prejuicios interreligiosos y sin atavismos doctrinarios, buscando en todo caso hacer inteligible a quienes se acercan a estas páginas, los intríngulis de una cuestión que ha sido durante siglos (toda la historia de la humanidad: ¿qué dudas caben?) centro de discusión e interés por parte del ser humano.
No busca el autor la tranquilidad de quien se siente reconfortado por la creencia de una vida más allá de la muerte física, sino que paradójicamente estimula la reflexión que profundice sin prejuicios ni limitaciones en los denominados puntos neurálgicos (encuentros y desencuentros, luces y sombras), que han hecho de esta interminable cuestión una especie de noria que pasa de generación en generación hasta caer siempre en lo mismo: la no-certeza frente a lo inconmensurable e inasible. Si bien como bien lo apunta Küng la ciencia ha hecho sus ingentes aportes en este campo (que podríamos definir como "escatológico"), sus "hallazgos" no logran aún poner un punto final a tanta interrogante nacida del cotejo entre la experiencia personal (hecho empírico) y los inmensos hiatos y brechas imposibles de cerrar desde nuestra visión plana (y chata de la realidad fenoménica).
Comenta Küng trabajos fundamentales sobre el tema, que abren espacios para interesantes discusiones, como son: Vida después de la vida de Raymond Moody, así como las investigaciones de la autora norteamericana Elisabeth Kübler-Ross, cuyos hallazgos son (después de tantos años de publicados) fuentes de agudas controversias entre médicos, filósofos y religiosos, así como de ávido interés por parte de los lectores. Llega Hans Küng a la inexorable conclusión de que no puede hablarse de experiencias del más allá por parte de pacientes que han sido declarados muertos, si ninguno de ellos ha sufrido la denominada "muerte total", que implica el cese absoluto y sin amago de dudas de todas las funciones vitales.
No niega el teólogo la importancia de tales experiencias, que podrían servir de base a estudios ulteriores en tan espinoso tema, sino que, según su opinión, "no prueban nada a favor de una posible vida tras la muerte, pues en ellas se trata de los últimos cinco minutos antes de morir, no de una vida eterna después de la muerte". Tal vez a futuro, como lo afirma el propio autor, equipos interdisciplinarios (médicos, filósofos, juristas, teólogos) podrían darnos las respuestas que hoy aguardamos, mientras en el ínterin continúa la incertidumbre atávica, el temor a la finitud; la eterna duda sembrada en medio de nuestra existencia.

martes, 29 de enero de 2013

VERSIONES

CIUDAD CARACAS, 29 de Enero de 2013
Escatología y apuestas de la derecha venezolana
NELSON GUZMÁN

Las apuestas de la derecha venezolana evocan lo escatológico, se pretende liquidar a Hugo Chávez de un solo trompicón, como no pueden acuden al discurso melindroso, altisonante, o simplemente invocan a la parca que se avecina. La muerte debe fagocitarlo para así liberar a los venezolanos de este diablillo de la noche. A continuación en una suerte de culebrón televisivo asoman la idea de que Nicolás Maduro y Diosdado Cabello han desobedecido lo establecido por el Presidente en su pretendido testamento sucesoral. Este es un momento esencial, la oposición echa mano a la metafísica para apurar sus locuras, sus fatuidades son extremas, han habilitado a un tal doctor Marquina, más cercano a Alain Kardec que a la ciencia.
Cuando se trata de la muerte y del sitio en el cual deben refugiarse los muertos los venezolanos temen, sin duda, tropezarse en el infierno con Leopoldo López, con Henrique Capriles Radonski, con Ramos Allup y con muchos prohombres de la política nacional. En Venezuela la derecha y la ultraderecha no terminan de ponerse de acuerdo sobre su ideal de país democrático. El ideario neoliberal de los lechuguinos de Primero Justicia no visualiza por ningún lado construir una Venezuela de la inclusión y de iguales oportunidades. Las costuras se les ven claras cuando reniegan de la historia, de su enseñanza y de la construcción de un mundo que reivindique nuestras epopeyas históricas del siglo XIX.
La escuela, la medicina, los deportes, las calles, todo absolutamente debe ser privatizado. Para estos señores los gobiernos no deben tener una vocación hacia lo popular. Al pueblo venezolano se le ha tratado de confundir diciendo que la asistencia médica que prestan los cubanos en Venezuela es pirata. Se ha insistido en una pertinaz campaña de descrédito que las universidades creadas en estos años por el presidente de la República no tienen nivel académico. Se vive del miedo, se siembra el terror y la desconfianza. Los canales televisivos y la prensa escrita siembran la duda en el pueblo diciéndole que sus casas no han sido construidas con materiales de primera calidad. En toda esta fanfarria de mentiras ha jugado un papel de primer orden el poder mediático.
Sin embargo los condenados de la tierra, los hombres que vienen sintiendo la flagelación en sus pieles desde el siglo XIX han terminado por comprender la argucia de las razones de sus enemigos. Se apuesta permanentemente al fracaso que emprenden las empresas del Gobierno, pero los hombres han comenzado a vencer el miedo y les es difícil asimilar las patrañas de la derecha. Las misiones han comenzado a dar sus frutos. Es necesario seguir formando galenos con aprendizaje humanista, asistidos por el ideal ético de la buena vida que debemos tener todos los que habitamos en el planeta. El hoy para los venezolanos está expresado en una gran cruzada: colectivizar los beneficios de la educación y de la ciencia.
La thanática oposición en su convulsión irresistible juega a calentar la calle. No están de acuerdo con el argumento del Tribunal Supremo de Justicia cuando expresó que no hay vacío de poder, pues el presidente Chávez está de permiso médico. Los petimetres de Primero Justicia tratan de llenar las calles del país de violencia. Esta oposición golpista esgrime de nuevo las banderas del fanatismo y del incendio. Recordemos el año 2007 cuando los estudiantes manitos blancas intentaron quemar en la Escuela de Trabajo Social de la UCV a todos aquellos que no comulgaran con sus credos políticos.
Los líderes de la derecha entienden la democracia como un traje a la medida. Las universidades deben servir a un ideario universalista que recurra al capitalismo monopólico. La crisis del capitalismo europeo y norteamericano pareciera no decirles nada. La actitud del Estado de Israel contra los palestinos la consideran normal. El capitalismo mundial y los grandes bastiones imperiales armados resuelven las diferencias a bombazo limpio.
El peor camino que se puede construir en América Latina es el del miedo. La diplomacia hay que hacerla con firmeza y con claridad. Venezuela es un Estado independiente y soberano que aspira a un desarrollo sustentable y humanístico que haga posible la construcción de una nación equilibrada y desarrollada. El lenguaje del fascismo invoca la muerte de Fidel Castro, de Chávez. Esta derecha no se ha dado cuenta del profundo cambio de la Fuerzas Armada. Los peligros para el Socialismo del siglo XXI siempre han sido inminentes, se azuza permanentemente la discordia hacia Venezuela en los tribunales internacionales. La semántica de la derecha habla de presos políticos y no de políticos presos. La disociación de los representantes del neoliberalismo es flagrante. Se instiga a los venezolanos que están en los refugios a la descreencia, se les dice que el Gobierno no les dará la vivienda prometida. La derecha venezolana juega a la catástrofe, en una borrachera de inquina y de odios ha quedado atrapada.

Lamentablemente para ellos la realidad es mucho más rica que las ideas. La misión vivienda ha empezado a cumplir las metas que se ha propuesto. La deuda histórica con los pobres el Gobierno ha comenzado a saldarla. Los medios privados a pesar de las regulaciones continúan distorsionando la verdad. La alharaca histórica de la derecha y la ultraderecha sigue sosteniendo que no viven en un Estado de derecho, sino en un régimen de abuso.
Se ficciona que hay un vacío de poder, se olvida que una revolución es el concurso de un colectivo que lucha por fundar un mejor país. La tragedia de la oposición es pensar que el 23 de enero les pertenece como bandera, creen vivir en una dictadura y marcharán con un blasón prestado, pues el 23 de enero representa la lucha de un pueblo que se puso de pie frente a un régimen de terror y de oprobio como el de Marcos Pérez Jiménez. La dictadura pérez jimenista violó los derechos humanos durante ocho años. En aquel enero de 1958 el pueblo salió a la calle porque se le tornaba imposible vivir en una sociedad donde se exterminaban con la metralleta las diferencias ideológicas. En el gobierno de Hugo Chávez Frías no hay presos políticos, sino connotados cabecillas de la derecha que pagan condena por violadores de la Constitución Nacional y el Estado de derecho.
No hay que olvidar nunca a los asesinados del llagunazo, 19 venezolanos fueron víctimas de la osadía golpista de los adalides de la democracia cuarta republicana. No se puede olvidar tampoco el asalto del cual fue víctima la embajada cubana y el pago de francotiradores que hizo esa derecha macabra y carroñera, que obedeciendo a la agenda del Pentágono sembró de cadáveres a Venezuela. Chávez es el Presidente de los venezolanos por encima del leguleyismo de unos políticos reconocidos por el pueblo venezolano por su deslealtad a la Constitución y a las leyes. Chávez ha sido elegido por cuarta vez por un pueblo que lo ha ratificado sucesivamente. El pueblo sabe plenamente quiénes son sus amigos y sus enemigos. El golpismo ha sido una constante, la embajada norteamericana ha jugado un papel cardinal. Desde el Norte se atiza la insurrección, la desobediencia. Esta cultura tiene sus sostenedores mediáticos en una canalla anticastrista y antichavista que creen que la única manera de salir del Presidente es mediante la muerte. La doble moral de la conferencia episcopal venezolana es más que evidente. Chávez es considerado por esa elite antidemocrática como un forajido.
Carmona Estanga y un puñado de militares golpistas disolvieron los poderes públicos y la Asamblea Nacional. Los prohombres de la democracia violando las instancias de la deliberación empujaron a una masa humana hacia el sitio donde estaban apostados los francotiradores de Puente Llaguno. El ministro para la época, Rodríguez Chacín, fue asediado, hecho preso y expuesto a la muerte por Leopoldo López y Enrique Capriles. Rodríguez Chacín fue expuesto al linchamiento público.
No se puede continuar invocando la democracia cuando se tiene el garrote en la mano. Los altos dignatarios de la iglesia fueron cómplices de esta acción mendaz e inusitada contra nuestro país. La conferencia episcopal ha seguido teniendo lealtad con aquellos que nunca han reconocido a Chávez. Es necesario recalcar que Chávez, por encima de las circunstancias que han mediado su salud, continúa siendo el Presidente legítimo de todos los venezolanos.


Ilustraciones: Etten Carvallo (Ciudad Caracas) y Rayma (El Universal), Caracas, 29/01/13.