Interpretar el horizonte (y AP)
Luis Barragán
Imposible de hallar un soporte doctrinario e ideológico, sobrio, profundo y coherente del régimen predominante en Venezuela y, por ello, prestamos atención a toda suerte de literatura que lo inspire o pretenda inspirarlo clamando por las oportunidades. La improvisación ha llegado a niveles inauditos, padeciendo una revolución que jamás tuvo la amabilidad de explicarse.
Una publicación gubernamental, Jesús Puerta ha entregado el ensayo escrito tres años atrás: “Interpretar el horizonte. El sentido ético y político de la militancia” (Fundación CELARG, Caracas, 1999). Premio Nacional de Investigación en Ciencias Sociales Orlando Fals Borda, realiza un interesante ejercicio académico a partir de la distinción entre la verdad vital y la epistemológica, aclarándonos posturas y tendencias que, desde la filosofía política, iluminan el camino.
De inobjetable solvencia académica, a nuestro juicio, el autor cuida de no especificar el minado terreno de las realidades que sobrevuela con sus enunciados. Por una parte, tímidamente se distancia del marxismo-leninismo, cuya herencia es la del socialismo real, devenido ingeniería social, reivindicándolo a través de los aportes, evaluaciones y sueños de Edgar Morin y el pensamiento complejo: refiere que la identificación con la víctima es insuficiente para una filosofía de la liberación, colocando el acento en el voluntarismo, el sacrificio, la humildad, lo heroico, la nueva hegemonía, la apertura generosa al sujeto revolucionario, por ejemplo (70, 117 s., 176 ss., 173). Sin embargo, evade un examen a profundidad del marxismo oficial y oficioso en Venezuela privado del apoyo proletario que lo fuerza a sustentarse en el lumpemproletariado, la manipulación de la víctima, la imposición de una yunta cívico-militar harto interesada en prolongarse, la épica preelaborada de la maquinaria propagandística y publicitaria, la debacle económica, la corrupción y la generación de los estamentos sociales consiguientes.
Por otra, señala que el nacionalismo bolivariano cuenta con “nueva ideología política reciente: el chavismo”, al que disparan por mampuesto, reconociéndolo como un mito político, pero “en todo caso, es un sistema de creencias, frase que igual puede describir una doctrina política, una filosofía (incluso epistemológica) que una religión”, cuyas inconsistencias pasan por un “quizás, en pleno desarrollo o en elaboración no definitiva” (77 s., 80). Quisimos hallar una contra-réplica cuidadosa de lo alegado por Germán Carrera Damas, Ana Teresa Torres y, agregaríamos, Yolanda Salas o Miguel Angel Perera sobre nuestra mitología, pero el vuelo es rasante, convirtiendo el disenso en todo un delito: “… Consecuencia lógica, la única manera de rechazar el bolivarianismo es desde un exterior racional, pragmático, cosmopolita e individualista liberal y, quizás, hasta no-venezolano” (72). Por cierto, el autor asegura que Chávez Frías hizo suyo el debate de los años setenta, posterior a la derrota de la lucha armada, excepto la asunción de las clases medias (82), aunque sostenemos que el actual régimen expresa fielmente a quienes – rehusándolo – pasaron de largo, desarrollando el ultraizquierdismo que, convertido en poder, Puerta tampoco demuestra cuán democrático es.
Finalmente, la militancia ha de tener sentido y verdad vital que procura para una “nueva dirección moral e intelectual, o sea, de una hegemonía” (152, 168) que los hechos no comprueban, salvo la hegemonía. La suya es una versión heroica del revolucionario trastocado en una dignidad, merecimiento, aspiración en el horizonte (152 ss.): dignidad del combatiente que se realiza a través de un pueblo soberano rebelde que lucha por imponer sus valorizaciones y sentidos, con voluntad de poder y ascesis popular, realizador de una mística (54, 64, 152 ss., 167). Acotemos: la movilización oficialista que se hizo, dejándoles el camino libre quienes deben velar por el orden púlico, a objeto de violentar a los seguidores de Leopoldo López con motivo de la consabida sentencia, con el saldo de una persona muerta, apenas deja constancia de uno de los miles de ejemplos de lo que, en definitiva, es un ejercicio retórico propio de los socialismos reales que no soportan siquiera una teoría crítica que dé cuenta de las condiciones sociales e históricas de su propia concepción, como aspira Puerta (126).
Tratamos de una disertación académica que no se permite responder a las realidades en curso, apelando al discurso que, en última instancia, ha perfeccionado o dice perfeccionar el madurato. Ojalá, lo intente, por lo menos, con los Diarios de Debates de la Asamblea Nacional en los últimos años.
Alirio Palacios
Lamentamos profundamente la muerte de Alirio Palacios, quien ya galopa hacia la eternidad. Sus últimas muestras, la vimos en la Galería Ascaso en Las Mercedes: por lo menos, la podíamos ver aunque no la comprásemos, pues, sólo los enchufados pueden hacerlo y preservar las obras de arte en casa con más dinero para su protección.
Fuente:
http://www.diariocontraste.com/interpretar-el-horizonte-y-aa-por-luis-barragan-luisbarraganj/
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domingo, 13 de septiembre de 2015
jueves, 22 de marzo de 2012
RECAPITULACIÓN (3)

EL NACIONAL - Sábado 17 de Marzo de 2012 Papel Literario/1
Adiós al socialismo
HÉCTOR SILVA MICHELENA
Personas libres y soberanas El socialismo, palabra abusada en los tiempos modernos, es repetida en los más disparatados sentidos, pero pocos saben cómo y porqué surgió, y casi nadie comprende en qué ha devenido realmente hoy en día. El libro Adiós al socialismo, de Enzo del Búfalo, busca aclarar estos temas y colocar la reflexión política en el ámbito de la tendencia moderna hacia la construcción de una sociedad de personas libres y soberanas.
Aquí hallamos la primera de las tesis fundamentales del texto: las prácticas sociales que han ido socavando la vieja sociedad feudal occidental remplazándola con la sociedad moderna, definen una tendencia a la formación de una figura subjetiva particular que se denomina individuo soberano. Este tipo de subjetividad necesita vivir en una sociedad en la cual cada individuo se relaciona con otros sin ningún tipo de sumisión que el autor denomina despótica. Este es el sentido de la historia moderna.
Esta tendencia es también la de constituir una subjetividad humana distinta. Sustenta esta tesis el postulado según el cual el ser humano se va transformando con sus prácticas sociales. Este postulado es propio del materialismo histórico que contra lo que sostiene cierta tradición marxista no tiene nada que ver con la dialéctica hegeliana; por el contrario, es su más radical negación puesto que pone en el origen la idea; en cambio, el materialismo histórico rastrea el origen de cada concepto en su radical diversidad, y en la materialidad de los procesos sociales, su verdadero origen; este análisis se complementa con la llamada plasticidad histórica de la subjetividad.
Con esta base metodológica, el autor articula el análisis del socialismo como un movimiento que expresa un momento histórico de la tendencia a la constitución de la sociedad de personas libres e iguales. De hecho el socialismo, al igual que el liberalismo antes que él, surge como práctica y doctrina que reivindica espacios de libertad contra el orden despótico imperante pero, al igual que el liberalismo, termina siendo recuperado por el orden despótico. Si el liberalismo, en su afirmación de la soberanía del individuo, insurge contra el Estado absolutista y los privilegios de clase para dejarse atrapar por la organización despótica de la industria y el comercio; el socialismo surge para superar esta capitulación del liberalismo frente a la organización capitalista y se deja seducir por el Estado. Pero Estado y capital son tan sólo dos formas del mismo orden despótico que siempre ha sido y será incompatible con la sociedad de individuos soberanos.
Tanto la organización capitalista de la producción como el Estado, en todas sus variantes, son organizaciones sociales basadas en relaciones de sumisión. Ni el liberalismo ni el socialismo entienden correctamente la naturaleza del poder despótico y es por eso que su concepción de las transformaciones sociales es jacobina, es decir, se basa en la idea de que este poder despótico puede ser apropiado, mediante la revolución, por una minoría ilustrada que lo empleará para reconstruir la sociedad.
Reconstrucción del orden despótico Nada más falso, sostiene el autor. El poder despótico se rehace a sí mismo y es por eso que todas las revoluciones lo reproducen. Sin embargo, el poder despótico se destruye mediante la separación. El socialismo inicial fue un movimiento realmente subversivo porque tendía a sustraerse al orden de la fábrica capitalista y al del Estado oligárquico y, así, interrumpía su funcionamiento poniendo en crisis la estabilidad social. Pero esto duraba tan sólo el tiempo que el capital necesitaba para recuperarlo mediante reformas que al satisfacer parcialmente sus aspiraciones, permitían recomponer el orden despótico. La historia del socialismo es, según del Bufalo, la historia de los distintos momentos de separación y recuperación del movimiento en un orden despótico superior. Un movimiento dialéctico en el cual una masa inicial de gente depauperada y embrutecida se separa de la fábrica para reivindicar mejores pautas de trabajo y de vida que les permitan desarrollar su subjetividad autovalorando su fuerza de trabajo. Este momento reivindicativo es seguido por cambios tecnológicos en el proceso productivo y por reformas sociales que permitían satisfacer estas reivindicaciones, al tiempo que hace posible relanzar la acumulación sobre una base superior. Este conflicto generó el gran dinamismo de la sociedad moderna y se expresa en el movimiento dialéctico entre autovaloración obrera y acumulación del capital que en cada fase culmina con una mayor subsunción de la producción y de la sociedad en el ciclo del capital. Así denominó Marx este proceso mediante el cual primero las pautas de trabajo, y luego todas las instancias de la vida social se van reconformando de acuerdo a la lógica acumulacionista.
De manera que la historia del socialismo es la de un movimiento de masas embrutecidas y depauperadas que dirigidas por una minoría radical democrática llamada su conciencia externa causa un conflicto social al plantear su separación del orden social que el orden despótico recupera mediante concesiones y reformas. Esta dinámica conflictiva va transformando, por un lado, la subjetividad proletaria, diversificándola en múltiples series de individuos, liberándola así de esa estratificación típicamente despótica que es la clase social; pero, por el otro, no sólo las pautas de trabajo, sino también las instancias en las que reproduce la vida de estos individuos, como la familia, escuela, el esparcimiento, etc., son subsumidas en la lógica de la acumulación. Si en las primeras décadas del movimiento socialista, administrado por la conciencia externa del partido, prevalecía el momento de la separación, con el pasar del tiempo empezó a prevalecer el momento reformista o revolucionario en el cual el socialismo se convertía en instrumento de prácticas políticas y sociales que si bien satisfacían ciertas reivindicaciones de los trabajadores, hacían posible una mayor subsunción de la subjetividad obrera y de toda la sociedad en el ciclo de acumulación. Así los socialistas y comunistas ocuparon el poder del Estado para hacer reformas o para hacer la revolución jacobina. En el primer caso, el socialismo construyó el Estado del bienestar que, si bien satisface muchas de las reivindicaciones sociales, funciona como estabilizador de la acumulación de capital en las economías de libre mercado.
En el segundo caso, el socialismo creó un orden social a imagen y semejanza de la fábrica capitalista del siglo XIX con el Estado y la nueva clase como únicos extractores de excedentes, y controladores de toda la vida social. Así el socialismo es hoy la manera más eficaz de administrar la subsunción de la sociedad en el capital.
Vivir en multiplicidad Frente a esto, todo movimiento que quiera mantenerse en la tendencia hacia la construcción de una sociedad de personas libres y soberanas debe luchar contra todas las formas de sumisión despótica. Es la manera de separarnos de la subsunción del capital. "Podría decirse pues que, hoy en día todo socialismo es necesariamente fascistoide [...] y es hoy en día inevitablemente fascista y debe ser repudiado por todos aquellos que se colocan en la tendencia histórica del conflicto social que nos pone más allá del socialismo".
Hay que afirmar las diferencias de cada individuo como diferencias de igual valor social. Esto es lo que significa vivir en multiplicidad.
Pero esta tendencia no podrá realizarse hasta tanto no se supere toda organización despótica. Inventar formas organizativas que no impliquen sumisión es el reto que tiene el individuo para superar el último obstáculo para la afirmación de su plena soberanía. Para hacerlo debe antes abatir los fantasmas de la historia. Este libro quiere ayudar a estos fines ¿otra utopía de la edad de oro?
EL NACIONAL - Viernes 16 de Marzo de 2012 Opinión/6
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
¿Adiós al socialismo?
JESÚS PUERTA*
Los libros de Enzo del Bufalo siempre nos han ofrecido una exquisita erudición en una hermosa prosa. Adiós al socialismo no es la excepción, aparte de que constituye un valioso aporte a un debate necesario. Es imposible dar cuenta de este libro tan rico en un breve artículo de opinión. En el marco del Doctorado de Ciencias Sociales de la UC le dedicamos una mañana que fue corta. Valga, de todos modos, este corto texto para comentar algunas cosas.
¿Por qué Enzo del Bufalo le dice adiós al socialismo? Fundamentalmente porque se desvió del proyecto de una sociedad de individuos libres e iguales. La postura del autor se presenta diferente de la del neoliberal y del decepcionado amargado por el engaño en que perdió parte de su vida. La desviación del socialismo para Enzo tiene que ver con que a) el socialismo asumió la defensa del estado nación, lo cual implica compromisos con las relaciones despóticas; b) dejó de ser movimiento de diferenciación respecto del despotismo capitalista y se integró al capital; y c) por obsoleto, fracasado, etc.
El "individuo soberano": esa fue la "promesa incumplida" del liberalismo, el cual "traicionó" por entrar en compromisos con los despotismos feudales. Pero la utopía se confronta con su propia base "genealógica", pues la modernidad resulta ser un "compromiso de relaciones despóticas, iguales y de parentesco". Enzo sólo valora el socialismo en el momento en que fue un movimiento de separación del movimiento obrero respecto del despotismo del capital en el siglo XIX. Pero la utopía se mezcla y se abigarra. Creemos sentir aquí el pesar del teórico al ver mancharse y mezclarse el limpio y puro ideal, cuando entra en contacto con su aplicación.
Con la misma sensibilidad, el autor opone la "muchedumbre abigarrada" del "eclecticismo" propio del actual socialismo (alusión al chavismo) a la "multitud múltiple diferenciada" donde se lucha contra los despotismos afirmando las diferencias individuales que nunca convergen en el "Uno".
Todo esto lleva a Enzo a un extraño razonamiento que ya hemos observado en otros autores antichavistas. Para él, el socialismo actual (¿Venezuela? ¿China?) es, necesariamente, fascismo. La explicación de este salto en el razonamiento está en la página 515: "El ejemplo histórico que mejor interpreta esa territorialización es el fascismo". No se explica por qué el fascismo es "el mejor ejemplo" de territorialización nacional.
Pero sigue más abajo con que el socialismo es "necesariamente fascista", pues reedita la articulación "entre el capitalismo privado globalizado y un capitalismo de Estado nacional". Reconoce, sólo de paso, que este movimiento beneficia la situación de los "hambrientos"; pero internaliza el socialismo para subsumirlo en el capital.
La cosa es que esa conjunción, que para él es fascista, también la hizo históricamente la socialdemocracia. Por otra parte, el nacionalismo de nación oprimida o colonia es diferente del chovinismo imperial.
Por no considerar esto, Enzo no ubica nada de fascismo del lado del imperialismo actual, materializado en el intervencionismo terrorista del gran capital.
Para nosotros, el fascismo es la dictadura terrorista del gran capital sobre los trabajadores y colonias, que aplasta su movimiento emancipador social y etno-nacional, acompañada de una política guerrerista. La integración capitalismo-Estado, aun en sentido social, tiene que ver con las superestructuras del keynesianismo que, sí, puede ser usado por el fascismo, pero también por el "welfare state".
Habría que preguntarse: si ha habido tantas versiones del socialismo (o de la izquierda), que han tenido sus fallas, fracasos y errores, pero todas de alguna manera expresan esa tendencia hacia una sociedad de hombres libres, iguales y fraternos, no hay razón para abandonar su aspecto utópico, así como para un cristiano no bastan las atrocidades de la Iglesia Católica para abandonar su fe.
Al parecer el teórico introdujo un elemento impuro, concreto y abigarrado en su razonamiento puro y abstracto: el rechazo silvestre al chavismo.
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viernes, 16 de marzo de 2012
SOCIALISMO A VARIAS MANOS

EL NACIONAL - Miércoles 14 de Marzo de 2012 Opinión/8
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
Sobre Adiós al socialismo
ENZO DEL BUFALO
Hola Rigoberto.
Gracias por haberte tomado la molestia de hacer algunas consideraciones que entiendo son preliminares sobre mi libro. De entrada leo algo que me sorprende: "Una clave interpretativa que atraviesa todo el texto (y que es tal vez un factor polémico del que no será fácil prescindir) es la atribución al término `socialismo’ de una propiedad material que está en las prácticas sociales y no principalmente en el pensamiento".
Querido Rigoberto: ¡Cuando se rompe el espejo, luego es muy difícil juntar los pedazos sin que se noten los quiebres! El pensamiento es parte integrante de toda práctica social y toda práctica social es pensamiento. Este es el principio fundamental del materialismo histórico, el de Marx y el mismo que reproduce Foucault en su teoría del enunciado. No hay actores sociales inmersos en un metabolismo material como si fueran espíritus astrales caídos en un mundo demoníaco de la materia inerme; sino prácticas sociales que configuran subjetividades que actúan, piensan y sienten de acuerdo con las r eglas que en cada caso las definen en una red de relaciones de poder. (Esto es: prácticas sociales). Por eso ya incorporan de suyo "las condiciones epistemológicas de visiones del mundo, miradas y mentalidades que tienen su propio dinamismo. Claro está, fuertemente articuladas a la dialéctica específica de los movimientos socio-económicos," y por eso también "en ningún caso derivables de las prácticas materiales".
En todo caso, el libro trata del socialismo como movimiento social en todas sus vertientes para acortarlo como un momento en el desarrollo tendencial de la modernidad; desarrollo irregular ciertamente, pero definible en una tendencia a la constitución de la sociedad común de personas libres e iguales en la cual se inscribe el "riquísimo debate en la izquierda mundial en el último medio siglo XX. Me parece que allí está uno de los mejores capítulos de la controversia socio-política del pensamiento socialista". Controversia socio-política del pensamiento socialista que este libro no ignora; por el contrario presume de ser su sinopsis más completa, para no decir ¡la mejor! Decir adiós al socialismo es ya una primera respuesta a: La cuestión central es poder discernir sobre las construcciones teóricas que invocan el "socialismo" como referencia y se asumen explícitamente como alternativas anticapitalistas.
¿En qué consiste ese "socialismo"? ¿Cómo se articula a las tradiciones socialistas del pasado? ¿Cuál es la consistencia de una tal denominación en la coyuntura de hoy? ¿Cómo se vincula este "socialismo" con la crisis de paradigmas de la vieja izquierda y del pensamiento crítico? Es una respuesta porque significa deslastrarse de aquello que ya no está en la tendencia para volver a pensar y actuar de modo que se superen los viejos paradigmas que nos atrapan, como puede constarse en este mismo intercambio.
Un Abrazo Enzo
Amigo Enzo: Me concentro en este asunto cardinal: la cuestión del "socialismo" no es lo mismo que pensamiento crítico o que marxismo crítico o que izquierda radical. Entonces conviene situar bien de qué estamos hablando cuando nombramos la palabra "socialismo". (Por cierto, en lo personal nunca me interesó demasiado el asunto, no recuerdo haber usado esa terminología en varias décadas de debates; cuando me animo a tematizar este asunto es para evidenciar problemas).
Lo que ocurre es que hay una envoltura muy difícil de despejar con la superposición de "socialismo" con "pensamiento crítico". Por ejemplo, ¿qué es el libro de Marcuse sobre la naturaleza de la URSS? Es un brutal desmantelamiento de la barbarie estalinista hecha desde el pensamiento crítico.
¿Entonces? Marcuse no está defendiendo ningún "socialismo", está argumentando desde una postura teórica y política a favor de la revolución. Lo mismo diría de Toni Negri, Edgar Morin o Martin Hopenhayn.
Lo que sostengo es que el interés de una discusión sobre el "socialismo" pasa por su conexión con la agenda del pensamiento crítico, de otro modo se corre el riesgo de desenterrar cadáveres y ese no es el oficio del amigo Enzo.
R. Lanz
EL NACIONAL - Viernes 16 de Marzo de 2012 Opinión/6
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
¿Adiós al socialismo?
JESÚS PUERTA*
Los libros de Enzo del Bufalo siempre nos han ofrecido una exquisita erudición en una hermosa prosa. Adiós al socialismo no es la excepción, aparte de que constituye un valioso aporte a un debate necesario. Es imposible dar cuenta de este libro tan rico en un breve artículo de opinión. En el marco del Doctorado de Ciencias Sociales de la UC le dedicamos una mañana que fue corta. Valga, de todos modos, este corto texto para comentar algunas cosas.
¿Por qué Enzo del Bufalo le dice adiós al socialismo? Fundamentalmente porque se desvió del proyecto de una sociedad de individuos libres e iguales. La postura del autor se presenta diferente de la del neoliberal y del decepcionado amargado por el engaño en que perdió parte de su vida. La desviación del socialismo para Enzo tiene que ver con que a) el socialismo asumió la defensa del estado nación, lo cual implica compromisos con las relaciones despóticas; b) dejó de ser movimiento de diferenciación respecto del despotismo capitalista y se integró al capital; y c) por obsoleto, fracasado, etc.
El "individuo soberano": esa fue la "promesa incumplida" del liberalismo, el cual "traicionó" por entrar en compromisos con los despotismos feudales. Pero la utopía se confronta con su propia base "genealógica", pues la modernidad resulta ser un "compromiso de relaciones despóticas, iguales y de parentesco". Enzo sólo valora el socialismo en el momento en que fue un movimiento de separación del movimiento obrero respecto del despotismo del capital en el siglo XIX. Pero la utopía se mezcla y se abigarra. Creemos sentir aquí el pesar del teórico al ver mancharse y mezclarse el limpio y puro ideal, cuando entra en contacto con su aplicación.
Con la misma sensibilidad, el autor opone la "muchedumbre abigarrada" del "eclecticismo" propio del actual socialismo (alusión al chavismo) a la "multitud múltiple diferenciada" donde se lucha contra los despotismos afirmando las diferencias individuales que nunca convergen en el "Uno".
Todo esto lleva a Enzo a un extraño razonamiento que ya hemos observado en otros autores antichavistas. Para él, el socialismo actual (¿Venezuela? ¿China?) es, necesariamente, fascismo. La explicación de este salto en el razonamiento está en la página 515: "El ejemplo histórico que mejor interpreta esa territorialización es el fascismo". No se explica por qué el fascismo es "el mejor ejemplo" de territorialización nacional.
Pero sigue más abajo con que el socialismo es "necesariamente fascista", pues reedita la articulación "entre el capitalismo privado globalizado y un capitalismo de Estado nacional". Reconoce, sólo de paso, que este movimiento beneficia la situación de los "hambrientos"; pero internaliza el socialismo para subsumirlo en el capital.
La cosa es que esa conjunción, que para él es fascista, también la hizo históricamente la socialdemocracia. Por otra parte, el nacionalismo de nación oprimida o colonia es diferente del chovinismo imperial.
Por no considerar esto, Enzo no ubica nada de fascismo del lado del imperialismo actual, materializado en el intervencionismo terrorista del gran capital.
Para nosotros, el fascismo es la dictadura terrorista del gran capital sobre los trabajadores y colonias, que aplasta su movimiento emancipador social y etno-nacional, acompañada de una política guerrerista. La integración capitalismo-Estado, aun en sentido social, tiene que ver con las superestructuras del keynesianismo que, sí, puede ser usado por el fascismo, pero también por el "welfare state".
Habría que preguntarse: si ha habido tantas versiones del socialismo (o de la izquierda), que han tenido sus fallas, fracasos y errores, pero todas de alguna manera expresan esa tendencia hacia una sociedad de hombres libres, iguales y fraternos, no hay razón para abandonar su aspecto utópico, así como para un cristiano no bastan las atrocidades de la Iglesia Católica para abandonar su fe.
Al parecer el teórico introdujo un elemento impuro, concreto y abigarrado en su razonamiento puro y abstracto: el rechazo silvestre al chavismo.
*Universidad de Carabobo
EL NACIONAL - Viernes 16 de Marzo de 2012 Opinión/7
Socialismo bolivariano
ÓSCAR LUCIEN
1. Lejos quedaron aquellos días cuando el teniente coronel Chávez y connotados voceros oficialistas se referían a la Constitución venezolana como un infante que requería de todos los mimos.
En ese tenor conmemoraron sus años iniciales. También hubo días en que la carta magna se enarboló como una amenaza contra los "escuálidos", y bautizada como la bicha, se le mostraba a los venezolanos con el mismo talante de quien confronta al demonio con un crucifijo o a un vampiro con un espejo. Pero ya esto es historia.
Para Chávez y la mariclaque que lo secunda, el famoso librito azul ha sido degradado a tal punto que apenas si queda como banal utilería prêt à porter de actos oficiales, desaplicada y vaciada de todo su contenido doctrinario y normativo. Un mínimo detalle: más relevancia institucional tuvo para el Gobierno la conmemoración de la cruenta felonía de Hugo Chávez el 4 de febrero de 1992 que la conmemoración de la aprobación de la Constitución de la República en 1999 en referéndum popular. Como se dice en criollo, por la maleta se conoce al pasajero.
2. "Socialismo bolivariano: democracia autosuicidada" es el título de unos apuntes que en condición de comentarista presenté en el Encuentro de Organizaciones de la Sociedad Civil, realizado en la Universidad Católica Andrés Bello, del 6 al 10 de marzo. Titulé mis comentarios a partir de una analogía entre el título de la ponencia de Ricardo Combellas: "Actuales desafíos de la representación política y de la participación ciudadana" y, particularmente, de su conclusión: "Una democracia sin control será insostenible, pues el desprecio de la autorrestricción que impone el principio de la legalidad equivale al suicido de la democracia".
Al reconocer la consistencia argumental del texto de Combellas, en su trazado de la pertinente genealogía conceptual de términos como representación y participación, los cuales forman parte de nuestra cotidianidad pero integran una carga histórica muy precisa, quise detenerme sobre lo más específico del ejercicio de la ciudadanía y la importancia relevante de las ONG como instancias de participación en las sociedades democráticas, como entes contralores de la gestión pública y como defensoras de derechos políticos y civiles de los ciudadanos. Resulta muy transparente para nosotros que las ONG no reemplazan a los partidos políticos ni al sistema de representación política. De igual manera, que la mera actuación de los ciudadanos para elegir sus gobernantes se revela como insuficiente para hacer frente a las complejidades de la vida social: pasamos de la mera democracia representativa a la democracia participativa, la cual demanda cada vez con más urgencia un papel activo de los ciudadanos en las cuestiones públicas.
Como pocas en el mundo, la Constitución de Venezuela, en su artículo 62 consagra el rango definitorio de esta participación: "Todos los ciudadanos y ciudadanas tienen el derecho de participar libremente en los asuntos públicos, directamente o por medio de sus representantes elegidos o elegidas. La participación del pueblo en la formación, ejecución y control de la gestión pública es el medio necesario para lograr el protagonismo que garantice su completo desarrollo, tanto individual como colectivo.
Es obligación del Estado y deber de la sociedad facilitar las condiciones más favorables para su práctica". Asimismo, la Carta Democrática Interamericana, de la cual Venezuela es país signatario, reafirma la participación como una condición necesaria para el pleno y efectivo ejercicio de la democracia.
Lamentablemente, estos reconocimientos formales se han convertido en letra muerta en la realidad venezolana y padecemos lo que en alguno de sus pasajes Combellas llama "esquizofrenia constitucional". Valga decir que esta conclusión fue coincidente y unánime entre todos los panelistas y comentaristas de la sesión: El ciudadano y el Estado. Estado de Derecho y organización del Estado.
3. El socialismo bolivariano (sic) recurre, en algunos casos de manera tácita, aunque frecuentemente en forma perversa y manipulada, a la dicotomía pueblo versus ciudadano. El pueblo, encarnado por el líder máximo del proceso subsume su participación en la gestión de gobierno y en instancias orquestadas en el llamado Estado comunal, absolutamente contrarias a la Constitución, que alienan la verdadera participación autónoma y sin ataduras; mientras que quienes actuamos libremente en ONG somos víctimas cotidianos de esta esquizofrenia constitucional: se consagra la participación pero se criminaliza y persigue a quienes participan. Y sin participación, libre, no hay democracia
.
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