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domingo, 26 de febrero de 2017

UN MODESTO TRIBUTO

Loscher
Luis Barragán


Hoy multiplicadas, las redes sociales de antes estuvieron también representadas por la televisión y la radio. Ésta, particularmente, nos familiarizaba con el mundo de acuerdo a la versión de quienes se convirtieron en referentes de la comunicación y, por ello, desde los inicios de nuestro bachillerato, Iván Loscher ocupaba una buena porción del pequeño aparato de transistores, debajo de la almohada,  varias veces extendido en el comentario de alguna pieza musical. Incluso,  inexplicablemente aún recordamos la noche de un domingo en el que exaltaba las virtudes de “Escaleras al cielo” de Led Zeppelin, con las pausas y entradas de la voz, la guitarra y la batería; o aludía al estudio de grabación que tenía Leon Russell -  recientemente desaparecido - en casa, mientras combatíamos el sueño a sabiendas que debíamos madrugar para ir el lunes al liceo.

Marcó nuestra predilección por el rock progresivo y sinfónico, como si cupiese alguna distinción, aunque  descubrimos el género en español con  dos  diales más allá de la 710 AM. Sobrevino la etapa de sus  libros de entrevistas y relatos, avalados por sendos programas realizados junto a Corina Castro, adquiriendo una cada vez más acentuada sobriedad el micrófono, diluyendo el estereotipo físico que Joselo recreó y
consagró a través de uno de sus populares personajes en la viva época de la nacionalización petrolera.

A la vuelta de los años, le dispensamos  una mayor atención, a propósito de una novela por la que José Balza nos reconoció en la historia de  la industria de la radio en Venezuela y, en definitiva, reconoció a la generación que tuvo en Loscher uno de sus más destacados integrantes (*).   Escaseando  las oportunidades para escucharlo, en este siglo, nos lo reportaba la 104.5 FM con una buena selección musical que prontamente nos teñía de nostalgia.

En la  dición de la FIA 2013, lo conocimos personalmente gracias a Nicomedes Febres, pidiéndole una fotografía y, quizá extrañado porque el diputado no lo convocase para un vanidoso selfie al alimón, lo colocamos con un fondo favorito de Rafael Barrios, aunque lo ideal hubiese sido una pieza de su hermano Rolando Peña (El Príncipe Negro). Apenas, un par de años atrás, conocimos a otro profesional del micrófono, Julio César III Venegas, en el cumpleaños de Sara Lizarraga, y fue inevitable preguntarle por Iván: ya tenía dos o más ACV en su haber.

Se ha ido Loscher y con él,  toda una etapa de la radio en Venezuela. El liceísta que fuimos desea rendirle un sentido tributo, pues, con él aprendimos de muchas cosas en los tiempos que un profesional de la locución, despierto, serio e inteligente, se hizo tambiénred social.

(*) http://www.biblioteca.org.ar/libros/150779.pdf, originalmente publicado por Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid: https://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/numero30/jbalza.html.

Fotografía: LB (FIA 2013, Caracas).

27/02/2017:
Breve nota LB: Colocamos dos capturas de pantalla: la una, por casualidad, Carlos Balladaes puso una gráfica de IL  con una pieza de Rafael Barrios de fono (quizá por un momento pensó que reclamábamos la autoría); y, la otra, le transmitimos nuestras condolencias a Rolando pena (Facebook). Valga la curiosidad: el trabajo sobre Balza y el rock, aparece en versión PDF que, además, dicen tener registrada la autoría por 2010. Originalmente fue publicado por Espéculo, una revista literaria de la Complutense a la que me habitué a mediados de la década pasada y, después, desapareció decidiendo migrar sus textos ad infinitum.

sábado, 3 de septiembre de 2016

CUADERNO DE BITÁCORA

Cuán difícil es tomar las fotografías en las peligrosas calles, pasarlas a la pc, clasificarlas, publicarlas. Obviamente, quita tiempo. Fue más fácil tomarlas con motivo de la llamada toma de Caracas. Y, al respecto, nos permitimos una breve reflexión, aunque se deja constancia nuevamente de la existencia del Rafael Barrios.

Por lo menos, más de un millón de gráficas - profesionales o no - se toman en eventos semejantes, desde ángulos privilegiados o no. Suele ocurrir que, al buscarlas en las redes, pocas logran cotizarse. Resultan escasas las que pueden sobrevivir al bombardeo de aportes. Y no sólo ingresan al vasto cementerio de las redes a favor, incluso, de las más banales, perdiéndose quizá para siempre, sino que muy pronto se confunden las supervivientes co las imágenes de otros eventos. De modo que, por muy meritorias que fuesen y muy sentidos los actos, se traspapelan en la memoria colectiva y personal, diluyéndose hasta perderse.


Además, las hay muy demostrativas de la espléndidez o fracasos del evento, según la intención del fotógrafo. Al lado de otras que son, por decirlo de alguna manera, parte de la cotidianidad del acontecimiento. Cotidianidad que se explica, por una parte, con las gráficas celebrativas del reencuentro entre familiares y amigos, cuando no el ya sempiterno selfie que queda casi como una constancia notarial: "Yo estuve ahí", es la leyenda implícita.


Por otra, están las tomas aleatorias. En propiedad, las de la cotidianidad. Habla del transcurrir normal del acto, desde sus entrañas. Incluyendo  un humilde homenaje a Juan Gabriel, recientemente fallecido.


Varias veces, hemos visto el viejo edificio cercano a la sede del SUDEBAN. Impecable por fuera. Parece completamente residencial. Al irnos de la concentración, pasamos cerca y fue inevitable apuntar y disparar el movil celular. Las terrazas no tienen rejas exteriores. Algo excepcional. Algo significativo en la arquitectrua caraqueña.
LB

viernes, 25 de septiembre de 2015

CAZA DE CITAS

Biografía

Ahora cuando escribo sin certeza
mi bionotabibliográfica
a petición de alguien que desea excluirme
de favor y por nada
en consabida antología
de la sempiternamente joven senescente
poesía española de posguerra
(de qué guerra me habla esta mañana,
delicado Giocondo, entre tenues olvidos,
de la guerra de quién con quién
y cuándo)
cuando escribo
mi bioesquelonotabibliográfica
compruebo minucioso la fecha de mi muerte
y escasa es, digo con gentil tristeza,
la ya marchita gloria del difunto.

José Angel Valente

CAZA DE CITAS

Soledades
De ayer estoy hablando, de las flores,
de la fuerte agua, transparente y fría,
del alma, de la luna abierta, ¡oh mía!,
de un ángel dulce y solo en los albores.

De tantas noches secas y menores,
del perseguido bien sin alegría;
del aire, de la sombra y la agonía,
de lumbres, cielos y arduos pasadores.

De ti, tiempo llegado y desprendido,
que vas en mí y me dejas en velada:
solitario, desierto y sin sentido.

Y encima de ti, vida delicada,
cabello suave, quieto y advertido,
la muerte sueña y mueve su morada.

Ricardo E. Molinari

sábado, 30 de mayo de 2015

BITÁCORA

¿Cómo no constatar a Rafael Barrios, hoy, a propósito de la concentración de protesta?
 Circulos de la cuadratura.
Río vertical.
Libertad de opinión. A veces, ingenua porque Leopoldo López - si mal no recordamos - solicitó su ingreso a la IS. Bemoles del proceso político venezolano.
 Preámbulos de la concentración. Oportunidades para expresarse.
Es difícil, ante las escasas alternativas de comunicación, mantener viva la memoria. El esfuerzo de recordar permanentemente la situación actual de los presos políticos,en medio de otros y numerosos problemas (inflacón, etc.), incluye la de aquellos que llevan años tan injustamente encarcelados. Digamos, hay un diseño perverso del régimen que lleva a la fragilidad de la memoria mediata e inmediata. Contrastante, por cierto, con la tarea rutinaria del gobierno como es la de recordarnos, martillarnos a diario, sobre un pasado remoto y reciente, pues Alberto Lovera combina perfectamente con Robert Sierra para ese ensayo enfermizo y continuo de estigmatizar a la oposición. Cuenta con todos los recursos materiales y simbólicos del Estado. Hoy, por ejemplo, en cadena nacional, Maduro habló de la candidatura parlamentaria de la madre de Sierra. Con todo el respeto que nos merece la señora madre de Sierra, luce obvia la triple intención: convertirla en vivo símbolo del "martirio" que ayude a agredir a la oposición, tratando de acomplejarla; la conformación de una bancada no sólo inexperta, sino muy agradecida con el adedador que la designa; y la facturación interna de aspirantes.
 No quisimos subir a una tarima extremadamente poblada en la concentración de hoy, difícil de reciclar. El problema no residió en hacerlo, dada la condición de parlamentarios, sino esa dura competencia de "pescueceo" varias veces inútil, pues la noticia no es la de ocupar esa tribuna. La noticia es la de movilizar a la ciudadanía, como ocurrió hoy.
 Otros medios.
Concentración de hoy, frente a El Lido, en reclamo de una fecha electoral y a favor de los presos políticos. 

lunes, 9 de marzo de 2015

LA PUPILA SATURADA

Contaminación visual
Luis Barragán


El paisaje rural y urbano venezolano ha cambiado, gracias a la tupida propaganda oficialista. No hay rincón en caseríos, pueblos y ciudades que no ostente el rostro del extinto presidente y el de su sucesor, además de la autoridad local políticamente afín, reforzando la monotonía del deterioro que los enmarca.

Nuevos y viejos, son infinitos los afiches, grafitis, vallas y demás motivos iconográficos que amparan la noche y el día en calles y avenidas, por no citar las dependencias gubernamentales, sea oficina de tránsito terrestre, ambulatorio, abasto o lo que una vez se llamó jefatura civil. Donde sobran los nombres presidenciales, faltan los alimentos y medicamentos indispensables.

Hay hogares – sobre todo en los barrios populares – necesitados de esa distinción iconográfica, pues, de no tenerla, los mal vistos por las juntas comunales y grupos similares de defensa del gobierno nacional, gozarán más de las agresiones que de la ayuda efectiva en el contexto general de las necesidades cada vez más apremiantes. Lo poco que puede llegar a las profundidades de la miseria, si el hampa lo permite, depende de las simpatías visibles hacia el régimen.

Las vallas comerciales que antes sensatamente cuestionábamos, trenzando toda la vialidad pública, encuentran el apurado reemplazo en el gesto beisbolístico de uno u otro mandatario, cuarteado por la lluvia y el sol. Obviando la extraordinaria demanda de viviendas, los pocos edificios construidos por el gobierno exhiben una gran rúbrica, como aspiran exponer aquellos invadidos por años para tramitar el reconocimiento de la ocupación.

Excepto las panaderías, barberías y cadenas privadas que sobreviven, marcado el atraso ornamental, el pretexto gráfico recuerda la deuda que – aseguran – tenemos con las entidades comercializadoras del Estado incapaces de facilitar los insumos básicos. Queda como un recuerdo desvencijado, aquellos murales de décadas pasadas, en carnicerías y bares de dudoso prestigio que contrataban a un decorador de ocasión, a veces, inadvertidamente todo un artista, pero – poco a poco – esos los locales estampan en sus paredes las pancartas adhesivas que puntualizan la prohibición de fumar, de portar armas y municiones, de discriminar racialmente, de incumplir con las obligaciones tributarias, el pago del seguro social o de la electricidad, mordiendo polvo y humedad.

En días pasados, por mandato expreso del médico que exige la mayor precisión de sus resultados, fuimos a una clínica privada a realizarnos varios exámenes, aunque la falta de reactivo postergó el más simple de ellos, funcionando a  medias el laboratorio clínico. Y nos llamó la atención que hubiese una pieza de Rafael Barrios a la entrada, como ya no se ve con la frecuencia de antes: quizá el hábito de convivir con estas pequeñas muestras de arte, en determinados lugares, no permite reparar sobre la excepción y, agreguemos, la descuidada muestra de José Campos Biscardi en Caurimare – al este caraqueño – podrá faltar algún día, sin que a nadie le duela, como ocurrió con la pieza de un artista olvidado al oeste, después que el otrora alcalde – Aristóbulo Istúriz – se antojara de una transformación de la avenida, quedando la arquitectura colegial del San José de Tarbes  como el único alivio del tránsito que ya ni las torres del Centro Simón Bolívar – por cierto – cumplimentan.

Espesa contaminación visual, el ciudadano reclama un mayor respiro para sus pupilas. El régimen está presente en toda la porosidad cotidiana, intentando explicar el mundo y las cosas como rudimentariamente trató de hacerlo Antonio Guzmán Blanco y su insatisfecha vanidad ecuestre.

Fuente:
http://www.diariocontraste.com/contaminacion-visual-por-luis-barragan-luisbarraganj/
Fotografía: Rafael Barrios, Hospital de Clínicas Caracas (04/2015).

domingo, 28 de septiembre de 2014

EN PIE

San Mateo, 21: 28-32
Aprende a perdonarte y sigue adelante
Marcos Rodríguez
 
Contexto
Jesús acaba de realizar la “purificación del templo”. En el episodio inmediatamente anterior, los sumos sacerdotes y los senadores, preguntan a Jesús con qué autoridad actúa así. Él les responde con otra pregunta: ¿El bautismo de Juan era cosa de Dios o cosa humana? No se atreven a contestar, y Jesús les cuenta esta parábola.
Mateo trata de justificar que la comunidad cristiana se apartara del organigrama religioso judío, pero quiere advertir también a la nueva comunidad que no debe caer en el mismo error.
También debemos tener en cuenta las dos parábolas siguientes: “los viñadores homicidas” y “el banquete de bodas”, que vamos a leer los próximos domingos. Las tres constituyen una provocación, intolerable para la casta religiosa de su tiempo.
Seguimos con el tema de las advertencias a la comunidad. Lo importante no es mantenerte perfecto, sino saber rectificar lo que has hecho mal.  La pura teoría no sirve para nada, sólo la vida salva. Lo que digamos o lo que proclamemos son palabras vacías, mientras no vayan acompañadas por una actitud vital, que inevitablemente se manifestará en las obras.
En el evangelio de Juan, en las discusiones con los judíos, Jesús pone como instancia definitiva sus obras. “Si no me creéis a mí, creed a las obras”.
Explicación
El domingo pasado nos hablaba de jornaleros mandados a la viña. Hoy nos habla de hijos. Esta diferencia es muy importante, a la hora de valorar lo que nos quiere decir el texto.
En el AT, el pueblo, en su conjunto, se consideraba hijo de Dios. Jesús distingue ahora dos hijos: los que se consideran verdaderos israelitas (buenos) y los que los jefes religiosos consideran “pecadores”.Para descubrir la profundidad del relato tenemos que recordar que ser hijo significaba hacer en todo la voluntad del padre. Un buen hijo era el que salía al padre, el que imitaba perfectamente la figura del progenitor. Como consecuencia el que dejaba de hacer la voluntad del padre, dejaba de ser hijo. Preguntar “¿quién hizo la voluntad del padre?” es lo mismo que decir “¿quién de los dos es verdadero hijo?”
Jesús se enfrenta a los jefes religiosos, como respuesta a la radical oposición que ellos le han manifestado. Todos los evangelios dejan clara esa lucha a muerte de las instancias religiosas contra Jesús. Sin embargo, no podemos sacar de estas parábolas argumentos antisemitas. Las prostitutas y los recaudadores de impuestos, que Jesús pone por delante de las instancias religiosas, eran también judíos; y los primeros cristianos eran todos judíos.
Los sumos sacerdotes y los ancianos no tenían nada de qué arrepentirse, eran perfectos, porque decían “sí” a todas los mandamientos de Dios. Consideraban que tenían derecho al favor de Dios. Por eso rechazan de plano el cambio que les exige Jesús. Como los de primera hora del domingo pasado exigen la paga justa por su trabajo. Para ellos es intolerable que Dios pague lo mismo al que no ha trabajado. No se dan cuenta de que su respuesta es solamente formal, literal, sin compromiso vital alguno. El espíritu de la Ley les importaba un pito. “Este pueblo me honra con la boca, pero su corazón está lejos de mí”.
El escándalo está servido: para Jesús no hay duda, los que se consideran buenos son los malos, y los malos son los buenos. Los primeros eran lo estrictos cumplidores de la Ley, los segundos ni la conocían ni les interesaba. Los primeros ponían su empeño en el cumplimiento externo de las normas. Los otros buscaban una posibilidad de hacerse más humanos, porque se sabían pecadores. Jesús deja claro cual es la voluntad de Dios, y quien la cumple. Es curioso que Jesús da a entender que tanto los unos como los otros son hijos.
“Los recaudadores y las prostitutas os llevan la delantera en el Reino”. Es una de las frases más hirientes que pudo decir Jesús a los jerifaltes religiosos de su tiempo. Eran las dos clases de personas más denigradas y odiadas por la sociedad religiosa.
Pero Jesús sabía muy bien lo que decía. El organigrama religioso-social de su tiempo era el más represivo e injusto que conocemos. Que esa situación se mantuviera en nombre de Dios no podía aguantarlo quien había descubierto un Dios, que lo único que quiere es el bien del hombre. Utilizar a Dios para esclavizar al hombre es lo más contrario al mensaje de Jesús. 
No se alude en el relato a las otras dos situaciones que se pueden dar: El hijo que dice sí y va a trabajar a la viña; y el hijo que dice no, y no va. En estos dos casos no hay posibilidad de equivocarse ni cabe la pregunta de quién cumple la voluntad del padre. Lo que pretende el relato es advertir sobre el engaño en que puede caer el que interprete superficialmente la situación del que dice “sí” y no va; y del que dice “no” pero va.
Aplicación
No debemos engañarnos. La simplicidad del relato esconde una enseñanza fundamental. Como conclusión general, tenemos que decir que los hechos son lo importante, y que las palabras sirven de muy poco. La praxis prevalece siempre sobre la teoría.
El evangelio no nos invita a decir primero no y después sí. El ideal sería decir sí y hacer; pero lo maravilloso del mensaje está precisamente ahí: Dios comprende nuestra limitación y admite la posibilidad de rectificación después de “recapacitar”
Si tuviésemos que calificar la religiosidad de nuestro tiempo, yo emplearía el término incoherencia. Llevamos dos mil años alejándonos del verdadero mensaje de Jesús y haciendo una religión de ritos, doctrinas y preceptos que en realidad no nos obligan a nada.
No hay más que ver lo que se entiende por “practicante” para darse cuenta de que no tiene nada que ver con la vida real, sino sólo con una serie de obligaciones formales con relación a Dios y a la institución. Nos estamos yendo cada vez más por las ramas y alejándonos del tronco del evangelio. Mucha palabrería, pero el pensar en los demás no va con nosotros.
Se nos llena la boca proclamando pomposamente que somos cristianos, pero hay muchos que sin serlo, cumplen el evangelio mucho mejor que nosotros. El fariseísmo se ha convertido en moneda corriente entre los cristianos, y damos por hecho que una cosa es hablar del evangelio u oír hablar de él y otra muy distinta, vivirlo. Esto último no va con nosotros. Hay un refrán que lo expresa muy bien: “Una cosa es predicar y otra dar trigo”.
Pero en la primera lectura se nos dice que ni siquiera las obras negativas son definitivas, el ser humano es libre en su actitud del momento, y esa es la que vale en última instancia. Podemos en cualquier momento rectificar la trayecto­ria equivocada. Esa última rectificación es la que vale a la hora de valorar nuestra postura ante Dios. Los errores cometidos pueden ayudarnos a encontrar el camino verdadero.
Somos limitados y tenemos que aceptar esta condición porque es parte de nuestra naturaleza. No podemos pretender ni para nosotros ni para los demás, la perfección. Cuando exigimos a un ser humano ser pluscuamperfecto estamos exigiéndole que deje de ser humano. Todo lo que somos lo hemos conseguido a base de corregir errores. El mensaje de las lecturas de hoy es este: no importa que falles; lo nefasto es que no descubras tus fallos, o no los corrijas.
Una consecuencia inmediata de esta verdad es que ni las normas morales ni las doctrinas ni los ritos pueden tener un carácter absoluto y definitivo. Lo que los seres humanos han tenido por bueno en un momento determinado de la historia, puede que no sea tan bueno o incluso que se oponga frontalmente a las posibilidades de ser humano hoy.
Los seres humanos nos estamos siempre haciendo. La experiencia me dice qué es lo que me deteriora como ser humano y qué es lo que me enriquece.
Cuando damos por absoluta una norma nos anclamos en el pasado y nos negamos a progresar. El gran peligro para esta fijación es creer que Dios nos ha dado directamente esa norma. Desde esa perspectiva se han cometido y se siguen cometiendo hoy verdaderas barbaridades en contra del ser humano. El Dios de Jesús nunca puede ir en contra del hombre; las normas que hemos promulgado en su nombre, sí.
Entender la religión como verdades, normas y ritos absolutos, es fundamentalismo puro. Ser hijo de Dios significa imitarle en la búsqueda del bien del hombre. Lo que no sea esta actitud vital, será teoría, aprendizaje, programación que ni enriquece ni salva. Será ponernos en la postura del hijo que dijo: voy, pero no fue.
También hoy podemos ir un poco más allá de la parábola. Ni siquiera las obras tienen valor absoluto. Las obras pueden ser la manifestación de una actitud vital, que es lo verdaderamente importante. Pero pueden ser reacciones automáticas desconectadas de nuestro verdadero ser, y conectadas sólo al interés egoísta.
Los fariseos cumplían escrupulosamente todas las normas, pero lo hacían mecánicamente, sin ninguna sinceridad de corazón.
No pierdas el tiempo tratando de situarte en una de las partes. Todos estamos diciendo “no” cada tres por cuatro, y todos estamos diciendo “sí” con una pasmosa ligereza, sin comprometernos de verdad. Lo importante es tomar conciencia de que hay que trabajar por los demás, porque de lo contrario no daremos un paso en la vida espiritual.
Meditación-contemplación
“Dijo: no quiero; pero después, recapacitó y fue”.
El verdadero amor espera sin límites, como decía Pablo.
Si a la primera no somos capaces de decir “sí”,
Dios acepta siempre nuestra rectificación.
………………
Casi siempre acertamos a costa de rectificaciones.
No estamos capacitados para descubrir la meta a la primera.
Descubrir lo que es bueno para nosotros es una tarea ardua.
Se nos da la posibilidad de aprender de los errores
…………………..
No deben preocuparnos las equivocaciones.
Pero me debe preocupar que sea incapaz de rectificar.
Dios demuestra conocernos muy bien cuando perdona.
Aprender a perdonarse y a seguir adelante, es de sabios.
 
Fuente:
Fotografía: María F. Sigillo, pieza de Rafael Barrios, FIA 2014.

viernes, 28 de marzo de 2014

CAZA DE CITAS

Intervalo

Arquitecturas instantáneas
sobre una pausa suspendidas,
apariciones no llamadas
ni pensadas, formas de viento,
insubstanciales como tiempo
y como tiempo disipadas.

Hechas de tiempo, no son tiempo;
son la hendedura, el intersticio,
el breve vértigo del entre
donde se abre la flor diáfana:
alta en el tallo de un reflejo
se desvanece mientras gira.

Nunca tocadas, claridades
con los ojos cerrados vistas:
el nacimiento transparente
y la caída cristalina
en este instante de este instante,
interminable todavía.
Tras la ventana: desoladas
azoteas y nubes rápidas.
El día se apaga, se enciende
la ciudad, próxima y remota.
Hora sin peso. Yo respiro
el instante vacío, eterno.

Octavio Paz

Pieza: Rafael Barrios, Chacaito (Caracas, 27/03/2014)..

lunes, 17 de marzo de 2014

FE VIVA, CREATIVA Y EXPRESIVA

Miedo a Jesús
José Antonio Pagola

La escena conocida como "la transfiguración de Jesús" concluye de una manera inesperada. Una voz venida de lo alto sobrecoge a los discípulos: «Este es mi Hijo amado»: el que tiene el rostro transfigurado. «Escuchadle a él». No a Moisés, el legislador. No a Elías, el profeta. Escuchad a Jesús. Sólo a él.
«Al oír esto, los discípulos caen de bruces, llenos de espanto». Les aterra la presencia cercana del misterio de Dios, pero también el miedo a vivir en adelante escuchando sólo a Jesús. La escena es insólita: los discípulos preferidos de Jesús caídos por tierra, llenos de miedo, sin atreverse a reaccionar ante la voz de Dios.
La actuación de Jesús es conmovedora: «Se acerca» para que sientan su presencia amistosa. «Los toca» para infundirles fuerza y confianza. Y les dice unas palabras inolvidables: «Levantaos. No temáis». Poneos de pie y seguidme. No tengáis miedo a vivir escuchándome a mí.
Es difícil ya ocultarlo. En la Iglesia tenemos miedo a escuchar a Jesús. Un miedo soterrado que nos está paralizando hasta impedirnos vivir hoy con paz, confianza y audacia tras los pasos de Jesús, nuestro único Señor.
Tenemos miedo a la innovación, pero no al inmovilismo que nos está alejando cada vez más de los hombres y mujeres de hoy. Se diría que lo único que hemos de hacer en estos tiempos de profundos cambios es conservar y repetir el pasado. ¿Qué hay detrás de este miedo? ¿Fidelidad a Jesús o miedo a poner en "odres nuevos" el "vino nuevo" del Evangelio?
Tenemos miedo a unas celebraciones más vivas, creativas y expresivas de la fe de los creyentes de hoy, pero nos preocupa menos el aburrimiento generalizado de tantos cristianos buenos que no pueden sintonizar ni vibrar con lo que allí se está celebrando. ¿Somos más fieles a Jesús urgiendo minuciosamente las normas litúrgicas, o nos da miedo "hacer memoria" de él celebrando nuestra fe con más verdad y creatividad?
Tenemos miedo a la libertad de los creyentes. Nos inquieta que el pueblo de Dios recupere la palabra y diga en voz alta sus aspiraciones, o que los laicos asuman su responsabilidad escuchando la voz de su conciencia. En algunos crece el recelo ante religiosos y religiosas que buscan ser fieles al carisma profético que han recibido de Dios. ¿Tenemos miedo a escuchar lo que el Espíritu puede estar diciendo a nuestras iglesias? ¿No tememos apagar el Espíritu en el pueblo de Dios?
En medio de su Iglesia Jesús sigue vivo, pero necesitamos sentir con más fe su presencia y escuchar con menos miedo sus palabras: «Levantaos. No tengáis miedo».

http://www.feadulta.com/anterior/Ev-Pag_A_11-2c.htm
Cfr. José Martínez de Toda (SJ):http://www.homiletica.org/PDF058/aahomiletica011881.html
Fotografía: LB, pieza de Rafael Barrios (Caracas, 16/03/14).

sábado, 23 de noviembre de 2013

DESPLIEGUE DE ALAS (1)

EL PAÍS, Madrid, 24 de noviembre de 2013
TRIBUNA
Futuros fatídicos que ya están aquí
La sociedad descrita en ‘Un mundo feliz’ es la pesadilla a la que parecemos dirigirnos
Juan Jacinto Muñoz Rengel 

Estos últimos años hemos podido observar un incremento de la literatura distópica, que de repente parece haberse convertido en una moda. Pero ¿qué ha propiciado este interés por el género en un país que siempre ha desdeñado la literatura de ciencia ficción? ¿Por qué ahora las novelas prospectivas que nos advierten de la llegada de un futuro adverso, que dibujan la peor de las sociedades posibles, acaparan la atención? Quizá las épocas de crisis nos vuelven más temerosos, o más prudentes. O puede que ese futuro fatídico, cuya expresión literaria vino de la mano de la sociedad moderna, esté más cerca que nunca, a apenas unas décadas de distancia. O quizá ya ha comenzado a manifestarse, quizá ya está aquí. Después de todo, podría ser que cuando un autor de nuestro tiempo da forma a una novela distópicano esté haciendo otra cosa que literatura realista.
Se acaban de cumplir 50 años de la muerte de´y, un prolífico escritor y pensador que medio siglo después sigue siendo recordado sobre todo por su novela Un mundo feliz, que en realidad fue escrita hace aún más tiempo, en los primeros años treinta. Y a pesar de todo, mientras otras distopías literarias prescriben o pierden fuerza, esta obra de inicios de otro siglo se torna cada día más terrible y poderosa. Esto se debe en gran medida, salvando las licencias y metáforas, a su verosimilitud, a su vigencia. A su gran número de inquietantes aciertos. Todavía hoy podemos sentir como amenaza un mundo semejante.
En concreto, son dos los grandes aciertos de Huxley: anticipó el auge de la ciencia y la tecnología que dominan hoy nuestras vidas y predijo la absoluta hegemonía de la cultura del consumo.
Huxley anticipó el auge de la ciencia y predijo la absoluta hegemonía de la cultura del consumo
Hay otros aspectos, claro, en los que de momento no nos vemos tan fielmente reflejados. La estratificación social en base a castas modificadas genéticamente todavía parece lejos de imponerse; aunque las técnicas de fecundación in vitro, algo remoto en 1932, están sobradamente probadas hoy en día y los avances en manipulación genética han sido sorprendentes.
Tampoco hemos acabado instaurando de manera oficial una droga de diseño como el soma, que nos mantenga a todos felices e idiotizados, ni un método de condicionamiento durante el sueño mediante mensajes grabados, sin embargo, quizá todo eso ha ido adquiriendo su forma perfecta en la publicidad y en la televisión. Eso lo supo ver mejor Ray Bradbury, que en Fahrenheit 451 (1953) imagina una sociedad que vive en torno a pantallas gigantes y realities: “El televisor es real. Es inmediato, tiene dimensión. Te dice lo que debes pensar y te lo dice a gritos. Ha de tener razón. Parece tenerla”.
Y, con todo, a pesar de las pequeñas inexactitudes, el modelo que propone Un mundo feliz sigue siendo en su mayoría la pesadilla a la que parecemos dirigirnos. O quizá ya hemos llegado. Una vez relegadas las distopías comunistas, tras la caída del muro de Berlín y la desintegración de las repúblicas soviéticas, otros modelos como los imaginados por Zamiatin o por Orwell quedan fuera de nuestro horizonte, al menos en su planteamiento general. Si bien sus novelas están plagadas de intuiciones alarmantes: en 1984 (1949), por ejemplo, para los miembros del Partido no había nada que temer de los proletarios, que generación tras generación y siglo tras siglo continuarían trabajando, procreando y muriendo, no solo sin sentir impulsos de rebelarse, sino sin comprender que el mundo podría ser diferente.
Son las consecuencias del fordismo, tan temidas por Huxley, las que han terminado haciéndose con el control del mundo.

Son las consecuencias del fordismo tan temidas por Huxley, no obstante, las que han terminado haciéndose con el control del mundo. Es el consumismo a gran escala, unido al desarrollo de la tecnología, el que rige nuestra civilización. Al fin, nos hemos rendido por completo a las ciegas exigencias del capital, carente de ética y de moral, en un vano intento de lograr una adormecida felicidad.
También lo auguraba Jack London muchos años antes, en El talón de hierro (1908): “De la inconsistencia e incoherencia morales del capitalismo los oligarcas extrajeron una ética nueva, coherente y definida, tajante y rígida como el acero, la más absurda, la menos científica y más poderosa que hubiese tenido jamás una clase de tiranos”. Pero la profecía huxleyana afina aún más al intuir que el origen del mal sería anónimo. En Un mundo feliz no hay una cabeza visible de Gobierno, ni un líder definido, ni nadie en concreto contra quien rebelarse, solo hay personas que mandan más y personas que mandan menos, pero todo forma parte de un sistema impersonal y abstracto que nadie dirige y al que nadie escapa.
El británico Aldous Huxley rechazaba los sistemas comunistas tanto como aborrecía las sociedades capitalistas. Y en su última novela, La isla (1986), utópica al fin, como si se tratase de una llamada a la esperanza, formuló un buen número de posibles alternativas. Hoy parece, sin embargo, que algunos quieren verlo todo blanco o negro. Como si fuésemos ya los descerebrados ciudadanos de una novela distópica.
(*) Juan Jacinto Muñoz Rengel es escritor, sus últimos libros publicados son El sueño del otro y El libro de los pequeños milagros.

Fotografía: LB, pieza de Rafael Barrios, La Castellana, Caracas (23/11/13).

DESPLIEGUE DE ALAS (3)

EL PAÍS, Madrid, 24 de noviembre de 2013 / OPINIÓN
Mito y conspiración
Para el ciudadano de hoy es directamente inexplicable la falta de protección de Kennedy en Dallas en su última jornada
Lluís Bassets 

Por falsas y delirantes que sean las teorías de conspiración, en todas late una verdad ingenua: no expresan la disconformidad con la versión que conocemos de los hechos, sino con los hechos mismos. Esto es lo que les sucede al 61% de los estadounidenses que todavía se niegan a creer que Lee H. Oswald fuera el asesino único y solitario que terminó con la vida de John F. Kennedy hace 50 años. Su desconfianza revela una incapacidad para aceptar que una mera trágica circunstancia accidental pudiera cambiar el curso de una presidencia percibida como un momento culminante del sueño americano. Para esta forma de razonar, hay que buscar una mano mucho más poderosa, una confabulación mafiosa, Fidel Castro y la Unión Soviética, la propia CIA, el vicepresidente Johnson, o incluso el complot de varios conspiradores para explicar la capacidad de torcer la historia de forma tan injusta.
Ha sucedido con casi todos los atentados, a los que solemos observar con ojos retroactivos, aplicando criterios e ideas del presente a la sociedad y a la atmósfera de la época. Para el ciudadano de hoy es directamente inexplicable la falta de protección y de seguridad de Kennedy en Dallas en su última jornada. También lo es la destrucción de pruebas y la impericia de la comisión de investigación. Aquellos acontecimientos trágicos quebraron el rumbo inercial de la historia hasta el punto de proyectar automáticamente la hipótesis de una historia distinta, contrafactual. ¿Cómo hubiera sido Estados Unidos y el mundo si Kennedy hubiera sobrevivido al atentado?

La leña que echaremos a ese fuego alimentará todavía más la llama de la conspiración. Lyndon B. Johnson jamás hubiera sido presidente. La guerra de Vietnam habría terminado antes. También la guerra fría hubiera tomado otro curso. Todo contribuye desde la perspectiva posterior al asesinato a cargar aquellos hechos incomprensibles de sentido retrospectivo.
Así es cómo la teoría de la conspiración enlaza incluso con su clasificación en el ranking presidencial, ejercicio compulsivo en el país de la competencia individual. El limitado balance que ofrecen los escasos mil días de Kennedy no es obstáculo para que el balance contrafactual sitúe al presidente asesinado en la cima, pero no exactamente de la historia sino en su frontera con la mitología. Aunque los historiadores se ocupen de descrestar el mito, lo que pesa al final son las expectativas y los sueños incumplidos sin que hubiera tiempo para el desengaño, al contrario de lo que le ha sucedido a Obama.
Cuanto más tiempo pase más sabremos todavía sobre los acontecimientos de aquel 22 de noviembre de 1963 sobre los que tanto sabemos ya, pero es difícil que un joven héroe, caído absurdamente antes de la decepción, pierda pie en el Olimpo donde se le venera como uno de los grandes mitos del siglo XX.

Fotografía: LB, pieza de Rafael Barrios, La Castellana, Caracas (23/11/13).

DESPLIEGUE DE ALAS (4)

La ciencia-ficción, el futuro y las distopías políticas
Javier Bilbao   

La ciencia-ficción ha buscado con frecuencia representar peligros cercanos bajo formas extrañas. Como un juego que permite aproximarse de forma inofensiva a ideas o temores que de otra forma sería complicado abordar directamente. Respecto a su estética y a la tecnología que muestran… básicamente suele ser la que ya existe en su época pero agigantada. Rascacielos más altos, transportes más rápidos, máquinas con más botones…
Por ello nada envejece peor que una película futurista. Aunque conservan un peculiar encanto, con ese futuro que ya nunca será. Además uno siempre experimenta cierto regocijo cuando el mundo se va pareciendo siquiera un poquito a esas predicciones fantásticas, como si la realidad de vez en cuando nos hiciera un guiño. Como por ejemplo ver por la ventana las Cuatro Torres de la Castellana y fantasear con que se está en Neo-Tokio o Los Ángeles año 2019. Teniendo en cuenta que ya hay al menos una abandonada, tampoco es tan descabellado… Y si no se tiene suficiente, paciencia, que bastarán un par de legislaturas más de Esperanza Aguirre para ver convertida Madrid en Negociudad.
Según cuenta Fernando Savater, en el año 1900 las mayores amenazas en el ámbito social y político que sentían los parisinos ante el nuevo siglo que llegaba eran una posible invasión de los cosacos, el neokantismo y la incineración de cadáveres. Lamentablemente el cine estaba aún en sus inicios y no podemos disfrutar hoy día de vibrantes historias de zombies chamuscados, de cosacos asaltando París a bordo de zancudos AT-AT Walkers y de neokantianos haciendo cosas neokantianas. Pero no tuvieron que pasar muchos años para que pudiéramos ver futuros distópicos y mundos paralelos que mostraban apocalipsis ecológicos, guerras nucleares, regímenes totalitarios e hiperburocráticos que controlan hasta los pensamientos más íntimos y grandes corporaciones multinacionales que deciden sobre las vidas de sus clientes-trabajadores-ciudadanos. Peligros que a los terrícolas del siglo XX y XXI nos han quitado el sueño, y que las generaciones venideras quizá vean con la ternura con la que miramos ahora aquellas preocupaciones decimonónicas, murmurando un “pobres, eso no será nada en comparación con que les pasará…”.
Pero quién sabe, en algunos casos tal vez no acaben ocurriendo precisamente por estas advertencias. Obras como 1984 de George Orwell, están tan presentes en el pensamiento contemporáneo que vuelven muy impopulares ciertas iniciativas de gobiernos y parlamentos. O que vuelvan a ocurrir. Por ello me gustaría comenzar prestando especial atención a dos películas europeas pioneras, una rusa y otra alemana. Precisamente dos países que conocieron bien esa invención característicamente moderna que es el Estado totalitario.
La revolución obrera en Marte
Aelita (Yákov Protazanov, 1924) tiene el honor de ser la primera película de ciencia-ficción soviética. Comienza con un misterioso mensaje procedente del espacio que ha sido recibido en diversas estaciones del mundo. Este hallazgo inspira a un ingeniero moscovita llamado Losi a desarrollar los planos de un cohete espacial para ir en busca del origen de esa señal. Absorbido por tan elevada misión, tarda en reaccionar al hecho de que mientras tanto su esposa ha comenzado a flirtear con un aprovechado recién llegado a su casa. Cuando empiezan a acumularse las sospechas en la mente de Losi —parece que brillante para la ingeniería pero algo torpe para las relaciones sociales— se ofusca por los celos, va a su casa y se lía a tiros con su mujer. Acto seguido decide construir el cohete cuyos planos había estado diseñando, para irse a vivir a Marte y así no pagar por su crimen. La típica reacción. Mientras tanto, la Reina de Marte, Aelita, ha estado viendo al ingeniero a través de un nuevo telescopio que ha inventado uno de sus siervos y ha quedado perdidamente enamorada de él. También le ha llamado la atención de la civilización terrícola que las parejas se besen en la boca.
La reina Aelita. A juzgar por su vestido, la mutante de Desafío Total no fue la primera marciana con tres tetas.
Poco después vemos a un soldado que está por la calle paseando con su novia, ella se detiene ante un escaparate, pero él no tiene dinero y siguen caminando. Entonces pasan junto a la nave espacial que está en construcción y se le ocurre ir al donde el ingeniero para ofrecerse como astronauta. Es aceptado y al día siguiente parten hacia el infinito y más allá, acompañados por un detective que estaba siguiendo la pista del autor del crimen y en el último momento se metió dentro de cohete. Cuando llegan, la alegría de Aelita no puede ser mayor y ya hace planes de boda. Juntos gobernarán Marte. Mientras tanto, el soldado ha conocido a la clase oprimida de Marte, formada por obreros habitantes del subsuelo, y la solidaridad proletaria le lleva a incitarles a la Revolución:
“¡Camaradas, sólo vosotros os podéis ayudar a vosotros mismos! Nosotros sufrimos como vosotros, pero entonces…”
Vemos imágenes de un esclavo que rompe sus cadenas y coge la antorcha de la Libertad para escribir con su fuego: “25 de octubre de 1917”. Acto seguido, un obrero moldea a martillazos una hoz y finalmente pone su martillo cruzado con ella. Tras estas imágenes cargadas de un simbolismo no excesivamente sutil, remata su arenga:
“¡Seguid nuestro ejemplo, camaradas! ¡Formad la República Federal Socialista de Marte!”
Entonces, mientras suena La Marsellesa, aparece Aelita y se autoproclama líder de la revolución, pese a las comprensibles reservas del soldado. Tras una violenta refriega que termina con la victoria de los sublevados, la reina anuncia que las armas ya no serán necesarias en Marte y anima a los obreros a dejarlas. Acto seguido ordena a las tropas, ahora de su lado, que abran fuego contra los trabajadores rebeldes para que vuelvan a sus cuevas. Qué cabrona. En un tiempo récord, el nuevo régimen revolucionario se ha vuelto tan tiránico como el recién depuesto. Una audaz crítica a la Revolución Rusa y a algo que tantas veces hemos visto en diferentes fechas y países. ¿Cómo fue posible que en la URSS de 1924 se rodara una película con semejante mensaje? Quizá porque el año en que se rodó hubo cierto vacío de poder, al coincidir con la muerte de Lenin y la sucesión de Stalin.
Pero sigamos con la historia: mientras Aelita le hacía carantoñas a Losi, este veía en ella a su difunta esposa. Así que una vez se proclama la nueva dueña de Marte y aprovechando que están a solas, ¿qué hace Losi? Pues lo que le pide el cuerpo, que no es otra cosa que empujarla desde un precipicio. Matar una vez a su esposa no debió parecerle suficiente. Esa afición por la violencia doméstica no creo que fuera consentida en una película actual. Tras este acto contrarrevolucionario, nuestro protagonista despierta de nuevo en Moscú y comprende que en realidad todo había sido un sueño. Un final muy original… en 1924. En conclusión, se trata de una película con detalles muy originales y divertidos y un mensaje interesante. Bajo estas líneas puede verse, ya libre de derechos de copyright. La primera hora, desarrollada en gran parte en la Tierra, se hace un tanto larga, pero los 20 últimos minutos —ya íntegramente en Marte— son una maravilla:
La tiranía de las máquinas
En septiembre de 1933, la revista nazi Film-Kurier condenó la representación “de una clase subversiva y criminal desarrollada a través de fantasías sobre la metrópolis de un gigantismo destructivo”. Se refería, obviamente, a Metrópolis (Fritz Lang, 1927). La ciudad que inspiró la película fue, como no resulta difícil deducir, Nueva York. Concretamente de un viaje del director en 1924 con la productora UFA para un acuerdo de distribución, una productora que acabaría quebrando a causa de esta película precisamente. La historia tiene lugar en Metrópolis en el año 2000 y muestra dos clases sociales claramente diferenciadas: la clase obrera, que vive sometida bajo la superficie, y la clase alta, siempre ociosa, correteando por sus jardines versallescos y haciendo dios sabe qué guarrerías tras setos primorosamente podados.
La enorme maquinaria a la que sirven los obreros se convierte cada vez que se estropea en Moloch, el dios que requiere sacrificios humanos. Ese neoludismo que considera que las máquinas acaban esclavizando a los hombres estaba también presente unos años después en Tiempos modernos (Charlie Chaplin, 1936) y ha llegado a convertirse en uno de los tópicos fundamentales del cine de ciencia-ficción, con títulos como la saga de Terminator (James Cameron, 1984), Matrix (Andy y Lara Wachowski, 1999), Blade Runner (Ridley Scott, 1981), Sueños eléctricos (Steve Barron, 1984), Juegos de guerra (John Badham, 1983) 2001: Una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968), La rebelión de las máquinas (Stephen King, 1986), Yo Robot (Alex Proyas, 2004)… Lo cual no deja de ser paradójico, dado que este género se deleita especialmente en mostrar máquinas. Que invariablemente cada vez que adquieren conciencia de sí mismas solo nos traen disgustos.
Otro elemento de esta película característico del género es el arquetipo del científico loco. Encerrado en su laboratorio espaldas del mundo, crea un robot que inicialmente iba a tener el aspecto de la difunta esposa del magnate dueño de la ciudad. Ese robot, cómo no, cobrará vida y liderará hacia la revolución a la clase obrera. El final conciliador e ingenuo de la película, que encarna el lema que la abre (“Mediador entre el cerebro y las manos ha de ser el corazón”) no gustó nada al propio director, que dejó la parte ideológica de la narración en manos de su esposa. La cual posteriormente se divorciaría de él y abrazaría el nazismo.
En cualquier caso, la estética de la película es fascinante y ha tenido una enorme influencia posterior. Uno de los mejores ejemplos es el célebre vídeo de Queen, Radio Gaga, todo un homenaje.
Pero si tanto Metrópolis como Aelita ya describían sociedades tiránicas y con clases sociales fuertemente estratificadas, fueron novelas como Un mundo feliz, Fahrenheit 451 y 1984 las que supieron captar la novedosa naturaleza del Estado totalitario. Respecto al autor del último —sin duda el más citado, parafraseado e involuntario inspirador de programas de televisión simiescos— dice el historiador Tony Judt en su libro Pensar el siglo XX que la clave de la lucidez y perspicacia de Orwell estaba en que:
“Tenía esa capacidad de imaginar las conspiraciones y complots —por absurdos que pudieran parecer— que estaban teniendo lugar entre bambalinas y tratarlos como reales, haciéndolos reales a nuestros ojos. Los que entendieron correctamente el siglo XX ya fuera anticipadamente —como Kafka— o como observadores contemporáneos, tuvieron que ser capaces de imaginar un mundo para el que no existían precedentes. Tuvieron que suponer que esta situación insólita y a todas luces absurda estaba sucediendo en realidad, en lugar de dar por hecho, como todos los demás, que era grotescamente inimaginable.”
1984 ha contado con dos adaptaciones al cine, la más conocida la rodada en el año del título con John Hurt de protagonista, actor que posteriormente interpretaría en V de Vendetta (James McTeigue, 2006) un papel precisamente de “Gran Hermano”. Pero las películas más celebradas no son esas adaptaciones fieles al libro, sino las inspiradas en él como El dormilón (Woody Allen, 1974) y Brazil de (Terry Gilliam, 1984).
Respecto a la segunda, que inicialmente iba a llamarse 1984 y medio hasta que apareció por en medio la versión de Hurt, se trata de una distopía sobre un régimen hiperburocrático de un futuro cercano. De una estética sorprendente, a ratos divertida, oscura… podrían decirse muchas cosas de esta película extraordinaria y lo cierto es que ya han sido dichas, así que basta con poner el enlace.
A veces la presión no viene del Estado, sino de una gran corporación que ha ido creciendo más y más, convirtiéndose en un conglomerado empresarial que abarca actividades inicialmente al margen del mercado como la seguridad, las cárceles… y convirtiéndose por tanto en un Estado. Uno que buscará ante todo que sus ciudadanos sean rentables y, por tanto, sacrificables si eso genera un beneficio superior. Como en el caso de los tripulantes de la nave Nostromo. O los participantes de cualquier concurso televisivo sangriento que entusiasme a las masas, de los muchos que en el futuro al parecer habrá.
La Tyrell Corporation
Un patrón común en muchas historias es el de mostrar un régimen autoritario que no se conforma con la aquiescencia de la población, sino que desea su apoyo incondicional y entusiasta. Reprimiendo para ello cualquier disidencia por mínima que sea. Hasta que aparece el protagonista y generalmente a partir de una pequeña casualidad, anécdota, malentendido… encuentra una grieta en el sistema, comienza a tirar del hilo y a cuestionarse más y más cosas que hacen desmoronarse su sistema de creencias. Otras veces es un recién llegado, que a la manera de los westerns pronto descubre quién es el que impone la ley del más fuerte en el pueblo y le reta, poniéndose del lado de los débiles. En ambos casos con su actitud pasa a ser un elemento subversivo que tiene que ser reeducado o eliminado. Ya en la clandestinidad generalmente suele descubrir a más como él, que le prestarán ayuda. Algunas explosiones y persecuciones después, el protagonista tiene la posibilidad de destruir el régimen y salvar a la ciudadanía de la alienación en la que vive inmersa. Aunque como en el caso de Demolition Man (Marco Brambilla, 1993), Stallone ayude a la clase social denominada “Despojos” en su lucha contra el régimen, pero tras su victoria les advierta de que tampoco vayan a convertirse ahora en unos comunistas, ojito.
Otro ejemplo de héroe que se alza contra el poder es la enorme bosta adolescente convertida durante los últimos años en un icono de rebeldía, la anteriormente mencionada V de Vendetta. Aunque con la frase anterior ya se han ido unos cuantos lectores indignados a escribir en los comentarios insultos hacia mi madre y cosas peores como “este artículo no está a la altura de Jot Down”, déjenme que lo explique. Veamos, si un futuro gobierno tiránico emplea la lucha contra el terrorismo como excusa para controlar a la población, no parece demasiado inteligente volverse un terrorista para oponerse a dicho gobierno. El cual, inexplicablemente, oculta los atentados en lugar de darles publicidad, lo que le haría ganarse el favor de la ciudadanía y le cargaría de razones acerca de todas las medidas liberticidas aprobadas o por venir. Un disparate.
Pero habíamos mencionado unas líneas atrás un concepto clave: alienación. No confundir con Alien Nación (Graham Baker, 1988) distopía sobre la llegada de alienígenas a la Tierra que vienen a convivir con nosotros, en una parábola de las dificultades de la convivencia interracial en Estados Unidos. El concepto de alienación, decíamos, era muy querido por Marx y en general por toda clase de doctrinas políticas, filosóficas y religiosas. Consiste en que el sujeto no busca sus propios intereses sino los de alguien ajeno a él: el gobierno, las empresas, los bancos, el patriarcado, el sionismo internacional, el hombre blanco, el diablo, Facebook, los líderes religiosos, la chica a la que le paga las Fantas, las máquinas, los extraterrestres, los morlocks… quienes para poder explotarlo le hacen vivir en una ilusión. Solamente si es capaz de ver más allá de las apariencias podrá toma conciencia de su situación y romper las cadenas.
La realidad es mentira
¿Y en qué consiste esa ilusión? En hacer creer a los ciudadanos que llevan una vida idílica, ya que cuando las cosas funcionan bien el sentido común nos dicta que es mejor dejarlo todo como está y no cambiar nada. Pero tras esa fachada tarde o temprano se descubre que las esposas siempre complacientes en realidad son robots, como en Las mujeres perfectas (Frank Oz, 2004), que todo nuestro entorno no es más que un gigantesco escenario, como en El Show de Truman (Peter Weir, 1998) o Destino oculto (George Nolfi, 2011) —aunque en este caso para un único y celestial espectador—, o que uno es criado como mero repuesto de órganos como en La isla (Michael Bay, 2005), o eliminado al cumplir los 30 como en La fuga de Logan (Michael Anderson, 1976) o resulta tener algún defecto genético como en Gattaca (Andrew Niccol, 1997) o vive en una completa ilusión de los sentidos esclavizado por extraterrestres o máquinas como en Están vivos (John Carpenter,1998), Dark City (Alex Proyas, 1998) y la trilogía de Matrix (Andy y Lara Wachowski, 1999-2003)… etc.

En Zardoz, el vestuario es bastante más razonable y discreto que el guión
En otras ocasiones el lavado de cerebro es un castigo por cometer un crimen, como en La naranja mecánica (Stanley Kubrick, 1971), o proporciona unos recuerdos implantados como en Desafío Total —o El vengador del futuro en Hispanoamérica— (Paul Verhoeven, 1990) objeto de un inexplicable remake que nos hace levantar la ceja pero que no dejaremos de ver. En definitiva, la disyuntiva que a menudo suele plantearse está entre si queremos vivir en una jaula de oro o en libertad. Disfrutando del orgasmatrón, del soma, del ocio televisivo sangriento, del orden y de la pulcritud… o bien ser humanos libres, conscientes e independientes. La opción por la que se decanta la moraleja de cada narración suele ser la b, pero en casos en la novela Un mundo feliz donde viven cómodamente, drogados y disfrutando del sexo, no queda del todo claro cuál es el problema. Algo parecido ocurre en Wall-E (Andrew Stanton, 2008) donde los humanos de esa sociedad futurista disfrutan de un estado de ociosidad permanente al que han llegado gracias al progreso tecnológico, del que finalmente reniegan para deslomarse en el campo como los campesinos medievales (¿?). Tengo la impresión de que aquellos que ensalzan las virtudes del trabajo es porque tienen alguno bastante cómodo y nunca han trabajado ni en el campo, ni en muchos otros ámbitos. O eso o andan un poco alienados y deberían hacérselo mirar. Otro caso parecido es el del film Zardoz (John Boorman, 1974) homenaje a El Mago de Oz —del que tanto beben las anteriormente mencionadas— que nos muestra una sociedad futurista formada por una aristocracia de humanos inmortales dedicados al placer, aunque reciban consignas de una gigantesca cabeza de piedra voladora:
“La pistola es el Bien. El pene es el Mal. El pene dispara espermatozoides y crea nuevas vidas que envenenan la Tierra con una plaga de hombres, como una vez fue, pero la pistola dispara muerte, y purifica la Tierra. Ve… ¡y mata!”
De la misma manera que una película de tres dimensiones requiere unas gafas apropiadas para dar relieve al inicial caos desenfocado, para que Zardoz cobre sentido a los ojos del espectador exige el consumo previo de una elevada dosis de LSD. Así que concluyo aquí este artículo recomendando a los lectores que vean —sobrios o no— este indescriptible film e invitándoles, si lo desean, a incluir cualquiera de las muchas películas que han quedado sin mencionar.

http://www.jotdown.es/2012/09/la-ciencia-ficcion-el-futuro-y-las-distopias-politicas/

Fotografía: LB, pieza de Rafael Barrios. La Castellana, Caracas, 23/11/13.