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domingo, 19 de abril de 2020

INDEPENDENCIA

De un 19 de abril coronoviral (o los muelles morales)
Luis Barragán

Olvidando los hazañosos orígenes republicanos, la mayoría de los venezolanos hicieron de  las fechas patrias una esperada ocasión para el asueto, relegados los gobiernos de turno al cumplimiento del ritual.  El largo y exitoso período del rentismo petrolero, contribuyó a la ilusión de una riqueza ilimitada   que, de un modo u otro, afectó  nuestra propia identidad, trastocada la historia en una crónica tediosa y ajena.

La vieja ilustración de Pedro León Zapata (El Nacional, Caracas, 19/04/1988)  que, al mismo tiempo fue denuncia de un proceso de descomposición, por cierto,  apenas esbozado,  luce demasiado elocuente. Conminado a regresar al cabildo, refiere el humorista, Emparan pregunta “¿cuánto hay pa eso?”.

Nada casual, quedó así constancia de una realidad que exigía de la rápida reorientación y  transformación del país,  suficientemente advertida por los expertos respecto al inevitable período post-rentista que,  desde entonces,  ya explicaba los más profundos dramas compartidos. Sin embargo, frustrados los esfuerzos de modernización y de apertura económica de inicios de la última década del siglo XX, precisamente,  en nombre del patriotismo irredento, surgió la estafa socialista del XXI que nos hizo más ultra-rentistas todavía, despilfarrando demencialmente lo que por fortuna agigantó nuestras arcas y, faltando poco, procurando falsear un pasado histórico que ya a muy pocos convence, domiciliados exactamente en una catástrofe humanitaria a  la que se suma ahora la pandemia.

Confinados en nuestros hogares, la más elemental, previsiva y auto-disciplinada medida ante un Estado negador de los servicios públicos indispensables y cuyos agentes preguntan cuánto hay pa’eso por unas gotas dolarizadas de gasolina, traficando - así - con la desgracia ajena, emerge un movimiento espontáneo de recuperación y valoración de lo que remotamente fuimos.  Los sucesos históricos de 1810, con la mirada puesta en el presente, nos alerta de una extraordinaria convicción republicana que caminó hacia la libertad e independencia, decidida y firme, que no reparó en sacrificio alguno para convertir en realidad  los sueños que, no hay otra opción, realizamos sólo a punta de realidades.

Constituido el nuevo gobierno, a través de José de las  Llamozas y Martín Tovar Ponte, en fecha 27/04/1810 se dirige a los cabildos de las principales capitales americanas: “Caracas debe encontrar imitadores en todos los  habitantes de la América, en quienes el  largo hábito de la esclavitud no haya relajado todos los  muelles morales” (Santos Rodulfo Cortés, “Antología documental de Venezuela 1492-1900”, Editorial Pregón, Caracas, 1971: 244 s.).  Hoy, en tiempos de coronavirus, ojalá también  seamos precursores de la  definitiva liberación de la peste totalitaria, afianzados por el profundo convencimiento de una ética que reclama cordura y audacia política, encausando el inmenso sacrificio que aún hacemos los venezolanos.

19/04/2020:
https://www.lapatilla.com/2020/04/19/luis-barragan-de-un-19-de-abril-coronoviral-o-los-muelles-morales/
https://newstral.com/es/article/es/1150344907/luis-barrag%C3%A1n-de-un-19-de-abril-coronoviral-o-los-muelles-morales-

jueves, 7 de noviembre de 2019

LA MÓRBIDEZ DE LA FICCIÓN

El próximo pueblo
José Rafael Herrera

A mi hermano de la vida,
Henry Collet Camarillo

Juan Nuño fue el más ilustre, conspicuo y polémico representante del escepticismo lógico en Venezuela. Agudo y punzante, inteligente y satírico, nadie puede poner en duda -ni siquiera el propio Nuño, quien habituaba ponerlo todo entre signos de interrogación- ni su densa y sólida formación filosófica ni la decisiva importancia que ha tenido su contribución para el quehacer filosófico contemporáneo, tanto en Hispanoamérica como, especialmente, en el país que escogió para emigrar desde su España natal apenas con una veintena de años, para hacerse discípulo de Juan David García Bacca, de quien no solo recibió el pléroma -esa unidad primordial- de la filosofía clásica antigua, sino el riguroso dominio de la lógica  formal y de la filosofía de la ciencia.

Después vinieron Cambridge y el positivismo lógico, la Sorbona y el existencialismo de Merleau-Ponty, Suiza y las enseñanzas de Bochenski. La época dorada de la filosofía en Venezuela pasa, de modo inevitable, por la tonalidad incandescente que le brindaran los tropos del escepticismo de Nuño, esa doctrina -ciertamente, mordaz- que considera que no existe ningún saber firme ni ninguna opinión definitiva. Pero, además, como afirmara Jesús Sanoja Hernández, “Nuño intentó bajar poco a poco desde las alturas de la filosofía a las tierras llanas de la polémica cotidiana”. Y es que es eso lo que, precisamente, transforma al catedrático de filosofía en auténtico filósofo, teniendo o no la razón siempre de su lado.


En algún artículo de opinión, Juan Nuño dejó claro que Venezuela, a diferencia de otras regiones más transparentes, nunca había tenido la mayor importancia para el imperio español. No era un virreinato sino, apenas, una capitanía general y, en última instancia, un lugar de paso, un puerto de entrada ubicado al norte del sur del continente. Un puerto, con todas las implicaciones que el término sugiere. Una puerta, un portal, un toc-toc. La puerta de los gallos (portu-galia) del Caribe. El desprecio -y, más bien, el reconcomio político- de los españoles del Renacimiento frente a Portugal marcó el destino de Venezuela, cuyo nombre de pila, por aquello de los palafitos, ya llevaba inscritos los caracteres de la poca monta: una Veneci-ucha, una Vene-zuela: la zuela de Venecia. Según esta descripción, Venezuela, incluso antes de nacer, comporta los signos de la decadencia. Su bautismo revela un reflejo especular, la imagen invertida de su referente europeo. Es la extensa llanura, aguas abajo, del virreinato de la Nueva Granada. La casamata desde la cual se puede resguardar la vastedad de las playas caribeñas, ya desde entonces, plagadas de piratas ingleses, holandeses, franceses, entre otros, pero no el lugar estratégicamente indicado para la fundación de la capital imperial en los nuevos territorios que se iba anexando.

Al liberarse definitivamente del dominio monárquico español, Bolívar, venezolano y caraqueño, no pensó en su terruño como la capital de la nueva república independiente sino, por cierto, en Santa Fe de Bogotá, la antigua capital del virreinato de la Nueva Granada. Allá estaba la ilustración, la cultura, la educación, la institucionalidad, en fin, como él decía, “la universidad”. Venezuela era el “cuartel” y Ecuador el “convento”. Por eso se convirtieron en los otros dos Departamentos de “Colombia la grande”, como el Libertador -inspirándose para ello en la Colombeia de Francisco de Miranda- solía denominar a la nueva nación. Al producirse la ruptura y tener lugar en Valencia la fundación de la República de Venezuela, la incipiente conciencia comienzó a construir y destruir -una y otra vez- su propio artificio. Si, por un lado, con el doble triunfo obtenido -el haberse independizado de la monarquía española y el haberse separado del antiguo centro político y cultural neogranadino- el pueblo venezolano parecía haber llegado a su más alta cumbre, por el otro, iba dando rienda suelta a sus determinaciones interiores. Y al volverlas hacia afuera se iban poniendo en evidencia sus discordias. Ya no estaba en lucha contra sus anteriores opresores, pero al cumplir la misión y llegar al goce de sí mismo, comenzó a reproducir dentro de sí la oposición que acababa de anular. La progresiva descomposición interna fue la inmediata consecuencia de su victoria. Y, así, el final de la tiranía exterior puso en evidencia la presencia de la tiranía que se llevaba por dentro. Ya no había tensión hacia afuera, pero ahora se ponía de manifiesto la descomposición interna. Su más alta cumbre terminó por dar inicio a su decadencia. Como podrá observarse, la geografía no es tan solo el “estudio de la Tierra”, sino que precisamente por ello es historia viva.

Aparte del paréntesis democrático, que durante cuatro décadas hizo florecer a un pueblo que parecía encaminarse finalmente hacia su civilidad, conducido de la mano por sus instituciones universitarias, las reiteradas convulsiones orgánicas y la inclinación mórbida por la autoflagelación parecen ser sus constantes. Son los reflejos de un reflejo, las ruinas circulares de un inmenso fractal de odios y venganzas contra sí mismo. Un espejo roto y enterrado en la arena sangrante. Una constante que, por estos días, pareciera no ser exclusiva de la multitud venezolana. Es tiempo de que esta ficción de la conciencia natural se termine. Para superarse a sí misma, Venezuela no puede “volver a ser lo que fue”, ni debe “salvarse” nada en ella. El “como éramos antes” es parte de la ficción. Sólo queda reinventarse y rehacerse o, más bien, re-crearse. No era difícil adversar el entendimiento de Nuño desde el historicismo filosófico, pero era fácil reconocer el correcto ejercicio de sus refutaciones. Quizá Nuño no llegara e tener plena conciencia de las implicaciones contenidas en su negación del mito venezolano. Pero, en todo caso, conviene advertir que es en virtud del escepticismo que el espíritu se pone en condiciones de examinar lo que es verdad, haciéndolo desesperar de sus propias representaciones. Quizá sea este, como dice Hegel, “el camino de la duda y la desesperación”. Pero es el único camino capaz de hacerle saber a los muertos que tienen la obligación de enterrar a sus muertos.

Fuente:
https://www.elnacional.com/opinion/el-proximo-pueblo/
Vid.https://lbarragan.blogspot.com/search?q=juan+nu%C3%B1o

viernes, 13 de julio de 2018

TERRITORIO DE CONQUISTA

EL NACIONAL, Caracas, 11 de julio de 2018
Ética aplicada
Elio Pepe Trifance

Con el sentido analítico aplicado por el Centro Hastings en 1969 y por el Instituto de Ética Georgetown’s Kennedy en 1970, se comienza a tratar la ética en sus especificaciones de política pública, que establece las tipificaciones del desarrollo objeto de las preocupaciones fundamentales de un gobierno democrático.

Profundizando aspectos ya considerados por Bertrand Russell, Ludwig Wittgenstein y Gottlob Frege, en Principia ética de 1997, George Edward Moore demuestra que se han confundido lo extrínseco con lo intrínseco, los medios con los fines. Nace la “falacia naturalista” por la cual tanto las teorías naturalistas como la metafísica de la ética han atribuido el valor del bien en sí a los objetivos de lo bueno, lo suprasensible, lo útil, el placer.

En los cálculos probabilísticos para la solución de problemas, Moore afirma que “la relación de la parte con el todo no es la misma que la del todo con la parte”, de modo que las combinaciones entre una serie de bienes o males intrínsecos hacen posible la “idea de libertad” ínsita en la acción determinada por el libre albedrío del hombre, máxime si este es responsable del gobierno del Estado, de modo que el concepto que de ella tienen los políticos determina el nivel de la democracia y de la participación de los ciudadanos, su organización social, su relación con el Estado.

Es oportuno precisar que el sentido comparativo (mejor que, peor que) y superlativo (lo mejor, lo peor), mediante la existencia de escalas de grado en lo bueno y lo malo, dispone condiciones de indeterminación, a pesar de que tanto el bien como el mal quedan precisados por el nivel que respectivamente los califica.

Estas premisas de carácter filosófico permiten definir la ética aplicada en el desarrollo como reflexión sobre medios y fines para los cambios socioeconómicos que las diversas políticas pueden resguardar. Se crea una sustancial diferencia entre la relación de los valores propios del desarrollo, la defensa de las teorías básicas normativas del modelo escogido, la funcionalidad de las decisiones adoptadas. Derivan las características de la relación entre naturaleza e historia que distinguen la ética de los países desarrollados de la aplicada por los países emergentes o subdesarrollados.

David Krocker (2004) precisa que la ética debe acompañar las reflexiones sobre los fines y medios utilizables en los cambios económicos y sociales de los países pobres o, añadimos, que han sido reducidos a la condición de pobreza por la conducción política, económica y social aplicada por gobiernos preocupados por detener el poder a espalda de las necesidades básicas y los derechos humanos de la población.

Pero ni la historia ha terminado ni la ideología ha muerto, por lo cual Kjell Magne Bondevik (2003), en la perspectiva del Club de Madrid, y superando la concepción kantiana, niega la posibilidad de que el mundo sea regido solo por intereses económicos y formula la hipótesis de que los principios éticos y los valores y derechos humanos, la protección del ambiente y la solidaridad se pueden convertir en una fuente de movilización política para determinar la tipología del desarrollo y así contribuir al cambio socioeconómico.

La injusticia presente en grados y formas diferentes en cada nación, el aumento generalizado de la pobreza como síntoma emblemático en la conducción política y económica del caso venezolano en la historia de las naciones de los últimos dos siglos, si a alguna circunstancia se puede atribuir es al uso intensivo de la tecnología; en la situación específica emerge por la visible incapacidad de las instituciones para aplicar las normas que permitirían combatirla. Se contrapone la necesidad de que el desarrollo se haga constante en el tiempo y se precisa la aplicación de la ética propia para promover, formar y consolidar en el comportamiento de la dirigencia política y en el desenvolvimiento de la vida de cada día, la “conciencia ética” de cada ciudadano y de la sociedad en su conjunto.

De este modo, los actores institucionales, el gobierno, las empresas, los sindicados de trabajadores y los gremios profesionales, la sociedad civil, la misma Iglesia católica y las otras confesiones religiosas, en el ámbito de las respectivas competencias, adquieren precisas responsabilidades hacia la recuperación interna e internacional del país. Es ilusorio que esta se pueda averiguar sin el aporte de un análisis previo del estatus presente, del nivel de la propia evolución o involución política, económica y social, de las causas del deterioro del desarrollo, de las condiciones de disfuncionalidad de las empresas públicas y privadas, al contrario, es preciso indicar formas, modalidades y medios que pueden permitirla a través de las acciones consecuentes para producir el cambio.

En particular, cada quien con su propia identidad e idiosincrasia, y en las formas y modalidades definidas por la ley, gobierno y oposición, deberían enfrentar y solucionar los problemas de la justicia y de la exclusión, de la deuda y de la inflación, de las inversiones productivas para reducir el desempleo, aumentar la demanda, eliminar la especulación, estabilizar la economía; la Asamblea Nacional tendría que legislar para la adecuación, vigilar al Poder Ejecutivo según lo establecido en la Constitución, promover y defender en cualquier instancia los derechos humanos, crear enlaces dialógicos entre las partes sociales y el Estado en el marco definido por la ética del comportamiento.

Pero el Estado-nación ha perdido cualquier credibilidad nacional e internacional y se ha transformado en territorio de conquista de los narcotraficantes y del extranjero: independientemente de quien esté interesado en realizar dicha conquista para perseguir finalidades explícitas y ocultas relacionadas con la opción política que representa, queda para Venezuela solo la perspectiva de ser transformada en la nueva colonia de América Latina del siglo XXI, una condición que niega los valores de la lucha liberadora descrita por los padres de la patria y que anula los sacrificios constantes realizados por los ciudadanos en el curso de la historia para la emancipación individual y colectiva conquistada en los procesos de transición que han caracterizado a la civilización de la sociedad venezolana.

Es exigencia de la ética aplicada para recuperar la identidad y soberanía nacional, tanto en el contexto de las naciones como en el comportamiento con los organismos internacionales mediante la tipificación del desarrollo, la búsqueda de la recomposición de condiciones aceptables de vida para cada ciudadano, la consecución de un moderno funcionamiento y la organización de las estructuras de la sociedad, que si bien descansan en la voluntad política, tienen raíces en los profundos cambios ideológicos y programáticos de la economía, de la sociología, de la cultura.

No es utopía pregonar un nuevo comportamiento de la sociedad entera en el modo de concebir la política, lo jurídico, la economía, pero bajo un enfoque ético y humanístico, más cónsono con el intento de encontrar proposiciones de evaluación y de alternativas sociales que aseguren una evolución positiva del ser del hombre, en conformidad con los valores y principios definidos en la Constitución de la República.

Es nuestra obligación seguir los acontecimientos con sentido hermenéutico, es decir mediante un racionalismo evolutivo que, más allá de los postulados por la Escuela de Frankfurt, se fundamenta en el puro pragmatismo: el soporte teórico será utilizado para definir los aportes de las diferentes realidades históricas con las reflexiones que serán permitidas por los conceptos de razón instrumental y objetiva. Este es el camino analítico que indicamos para estructurar una formulación ética de la política y que intentaremos seguir en los límites de nuestro conocimiento.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/etica-aplicada_243329
Fotografía:
http://www.novacorrientes.com/nota.asp?n=2017_7_20&id=33974&id_tiponota=24

domingo, 27 de mayo de 2018

LAS NOTAS PENDIENTES

¿Quién dijo que no pueden modificar la letra del Himno Nacional?
Luis Barragán

Automatizadas sus incursiones en las redes sociales, en días recientes Nicolás Maduro recordó el 137º aniversario del decreto de Guzmán Blanco,  consagrando el “Gloria al bravo pueblo” como Himno Nacional. Se dirá que el recordatorio nada tiene de particular, aunque es necesario advertir sobre el probable problema que pueden suscitar las disposiciones legales vigentes.

En efecto, la Ley de Bandera, Escudo e Himno Nacional de fecha 09/03/2006, en sus capítulos I y IV, reconoce el “Gloria al bravo pueblo” como Himno Nacional, pero no especifica la letra universalmente atribuida a Vicente Salias. Al parecer, no hubo necesidad de hacerlo, según la historia legislativa en la materia, siendo objeto de una reglamentación en la que, incluso, las más (auto) reconocidas dictaduras militares que tuvimos, solían respetar el legado. Sin embargo, no es descabellado pensar que el régimen prevaleciente hoy en Venezuela, cuya naturaleza es radicalmente distinta a la de los precedentes, incurra o pueda incurrir en una interesada y quirúrgica modificación, yendo al nervio mismo del imaginario social.

Imposible una nueva habilitación presidencial, espurio el artefacto constituyente que inventó, no podrá trastocar la ley, aunque sí pudiese alegar y usar sus facultades reglamentarias para pretextar alguna actualización histórica o historiográfica, conveniente al despliegue de una estrategia psicológica que lo reafirme, como aconteció con la bandera nacional al agregar la octava estrella, modificando puntualmente la ley del 10/02/1954. Consideremos que, siempre que les convenga, siendo uno el discurso antes de ejercer el poder y otro, al ejercerlo y muy desmedidamente, que los prohombres y relacionados del régimen son harto convencionales, celosamente ortodoxos y hasta ridículamente patrioteros al tratarse de la simbología o identidad nacional, pisando los terrenos del derecho penal (por ejemplo, véase el texto de Juan Martorano, en: https://www.aporrea.org/ddhh/a140840.html). 

Estamos muy lejos de pretender que toda la vida social ha de regularse formalmente, haciendo objeto de leyes y reglamentaciones cualesquiera vicisitudes que se nos antoje. Existen países que ni siquiera cuentan con leyes para sus símbolos patrios, preservándolos eficazmente, pero – en nuestro caso – resulta indispensable evitar toda manipulación, pues, comprobado, los socialistas de esta hora tan aciaga, carecen de escrúpulos: defienden con una asfixiante retórica la soberanía que, continuamente, en la práctica,  traicionan y, así, como en un despacho viceministerial, el titular celebra la única bandera que tiene sobre el escritorio, la de Cuba, como nos comentó consternado un dirigente del gremio profesoral que diligenció personalmente las demandas del sector, también nos ha hundido en una insólita hambruna.

Por consiguiente, la Ley de Bandera, Escudo e Himno Nacional urge de una preventiva reforma que puntualice muy bien la letra del “Gloria al bravo pueblo” y, aunque no seamos optimistas al respecto, no hay peor diligencia que la que no se hace. A nadie podrá sorprenderle que, mañana, por la vía reglamentaria, demuelan los versos e, incluso, los socialistas de esta hora, agreguen  estrofas que canten al 4-F y al comandante eterno de sus insomnios.

27/05/2018:
https://www.lapatilla.com/site/2018/05/27/quien-dijo-que-no-pueden-modificar-la-letra-del-himno-nacional-por-luis-barragan/ 

sábado, 28 de enero de 2017

CUÑO PETROLERO DE UNA IDENTIDAD DILUIDA

Trump, el identitario
Luis Barragán


Reconozcamos que las remotas bonanzas dinerarias nos concedieron una  inevitable identidad nacional, aunque la rechazáramos o resistiéramos. No todos llegamos a Cúcuta,  Miami o París, por esas épocas, tratando  de enseñorear nuestras veleidades de nuevos ricos, pero el “ta’baratismo” fue un fenómeno que, de un modo u otro, penetró en todos los sectores sociales, colmándolos de expectativas más de las veces frustradas, y generando consecuencias que los psicólogos sociales todavía advierten con demasiada claridad.

A la exportación de petróleo, se sumó el magnífico esfuerzo de la producción telenovelística, pero – sostenemos –  los concursos de belleza redondearon nuestras faenas de la banalidad infinita. Respetamos a aquellos que todavía celebran el rubro exportable de las “mises”, y creemos que al negocio – porque lo ha sido y es -  todavía le falta un decidido aporte de la academia para una valoración más exacta del imaginario social que aportó. Sin embargo, valga una doble paradoja.

De un lado, el siglo XXI supo de las otras bonanzas que prontamente se perdieron, por obra de un  régimen que también fue posible por ese imaginario de la banalidad inaudita que lo catapultó al finalizar el anterior, e, igualmente, endeudándonos hasta lo inverosímil, nos obliga a regresar a la realidad que siguió su curso insobornable a pesar del espeso maquillaje. Nos estamos enterando ahora que es inútil y contraproducente la nostalgia por aquellos tiempos de la riqueza fácil, siéndolo el de un cambio que  conduzca a la libertad, a la prosperidad como fruto de nuestros propio esfuerzos, a  la  imaginación creadora, al desempeño  perseverante, disciplinado, a la urgida equidad, recuperando los mejores valores y principios.

Del otro, huelga comentar las circunstancias e implicaciones del ascenso al poder de Donald Trump, mas no que haya sido o es propietario de una transnacional que supo de nuestro aplaudido reconocimiento, como el “Miss Universe”.  Recurrentemente se cita la concepción y el trato que el hoy presidente estadounidense tiene y da a la mujer, pero solemos olvidar cuán celebrada fue su empresa que ayudó a emblematizar a las venezolanas en el mundo, estereotipándolas, añadido el auge que vivió la cirugía estética todas las escuelas de medicina.

Trump contribuyó al cuño petrolero de nuestra identidad, con resultados que beneficiaron a Chávez Frías al abonar el terreno para sus más sorprendentes simplicidades. Acotemos, el portazo de la trivialidad nos dejó varados en el siglo XX, amenazando a Estados Unidos con un retroceso semejante de socavar la fe y confianza en las instituciones, lo que aparentemente no logran seriales exitosos como “House of Cards”.

Captura de pantalla: Transmisión de ABC News, inauguración presidencial (21/01/2016).


02/02/2017:
http://www.noticiasdevenezuela.org/2017/01/31/trump-el-identitario-escrito-por-luisbarraganj/

domingo, 25 de diciembre de 2016

DESORDEN CONCEPTUAL

EL PAÍS, Madrid, 24 de diciembre de 216
 EN ANÁLISIS
Identidades y discurso populista en el siglo XXI
Héctor E. Schamis  

Una clarificación preliminar. “Populismo” es una polisemia, término con varios significados. Tanto que Trump, Le Pen, Putin, Farage, Tsipras e Iglesias son populistas. Presumiblemente al igual que Maduro, los Kirchner, Morales, Correa, Ortega, Lula y sigue la lista. Y eso solo entre los vivos, dejando a los populistas muertos descansar en paz. Cuando todos son populistas, nadie lo es. Populismo y política terminan siendo sinónimos.

El desorden conceptual—y, por ende, taxonómico—nunca ayuda. En función de ello restringiré aquí el uso de populismo en el tiempo y el espacio. Algunas consideraciones serán tal vez de aplicabilidad general, pero me referiré al “populismo” del siglo XXI en América Latina. Las comillas ahora por mi propio agnosticismo sobre qué es, y qué no es, el populismo. Pero no obstante se trata del populismo tal cual está instalado en el debate.

Nótese, entonces, la siguiente curiosidad. Maduro habla de líderes y “lideresas”, palabra que desafina pero que hace un explícito reconocimiento de género. Rafael Correa y Evo Morales siempre reivindican a los pueblos indígenas. De hecho, este último incluso utiliza la palabra “indio”, con énfasis y orgullosamente. Cristina Kirchner, por su parte, se definía como una luchadora por el matrimonio igualitario—durante su gobierno se legisló sobre ello. También reivindicaba el derecho a la definición autónoma de la identidad de género. Por momentos se presentaba como una líder(esa) natural del movimiento LGBT.

Lo de la curiosidad es porqué el populismo de este siglo ha incluido en su discurso la “política de la diferencia”. La cual es una forma de hacer política anclada en el reconocimiento de la diversidad y la distintiva identidad de los grupos que conforman ese espacio social diverso. La igualdad en este contexto no es homogeneizar; es reconocer esa diferencia y otorgar derechos para institucionalizarla. Y esto representa una cierta heterodoxia, sino una completa herejía populista.

En el marco de la política de la diferencia la justicia opera como reparación simbólica más que material, esta última propia del populismo. Es el acto de introducir un reconocimiento postergado: reafirmar la identidad de grupos que reclaman derechos específicos a efectos de proteger su singularidad. Como es el caso del matrimonio igualitario, las cuotas de género y las constituciones de Bolivia y Ecuador que norman los derechos indígenas, a propósito de Morales y Correa.

Pero al mismo tiempo ello ilustra la tensión entre la uniformidad que emana de la noción de pueblo (y de nación)—premisa original en la concepción de ciudadanía del populismo—y la desagregación derivada de reconocer derechos especiales. Es decir, la contradicción surge de la idea de ciudadanía como agregación y homogeneidad, o de entenderla como heterogeneidad y expresión multicultural.

En el discurso de los populistas esta tensión se ve con regularidad: su retórica va y vuelve entre estas dos concepciones, aparentemente sin fricción alguna. Subrayo “aparentemente” por la inherente disonancia del populismo con la desagregación. Es que si las partes son reconocidas y legitimadas, la representación exclusiva del todo—que el populismo encarna por definición—se vuelve imposible. En otras palabras, si las partes y sus subjetividades son legítimas se complica la básica tarea de reificar al pueblo. Y sin dicha reificación ya no hay populismo.

En definitiva, y paradójicamente, así se erosiona el populismo como sistema de representación y, ergo, de dominación. El reconocimiento a la particularidad otorga recursos simbólicos—“empodera”, repiten incesantemente los mismos populistas—lo cual quiere decir que los constituye como sujetos autónomos. Y cuando el ejercicio de esa autonomía sobrepasa los mecanismos de control social, la coerción se hace manifiesta, como en la represión del Tipnis en Bolivia en 2011, por marchar contra la construcción de una carretera, o de la comunidad Shuar en Ecuador la semana pasada, por oponerse a un proyecto minero.

Pero todo esto es aún más problemático para los sufrientes populistas. Sin duda como efecto no buscado, la reivindicación de la diferencia y la desagregación de la identidad—con la consiguiente autonomía de los actores sociales—los lleva en dirección de lo que tanto aborrecen: el constitucionalismo liberal, cuyo principio fundamental es la protección de los derechos de las minorías. Ello a sabiendas de que la definición de minoría es a la carta: quien se sienta minoría, pues lo es.

Siempre dije que el populismo es un fenómeno democratizador. Claro que en el largo plazo y, a menudo, a pesar de sí mismo.

Fuente:
http://internacional.elpais.com/internacional/2016/12/23/america/1482520856_385059.html

martes, 8 de noviembre de 2016

SEGÚN LES CONVENGA

Las identidades (en plural), no se decretan, se deconstruyen

Decisión emitida por el Ministerio de Interior, Justicia y Paz, publicada en la Gaceta número 41.019 con fecha de 28 de octubre de 2016, N° 143 fija las normas que regulan el uso de la bandera en el territorio nacional. El Artículo 7. señala que La Bandera Nacional en ningún caso debe usarse como elemento decorativo.

El argumento (considerando) elaborado por la intelectualidad revolucionaria del período Triásico psuvista, vertebrados terrestres dominantes durante 17 años, desde el inicio del Jurásico (hace 20 años) hasta el final del Cretácico (hace cuatro años), es que "Se hace necesario consolidar la fuerza y el orgullo de la Identidad Nacional, mediante lineamientos formales y uniformes sobre el uso de los Símbolos Patrios, en acatamiento de lo dispuesto en la normativa legal vigente, a fin de enaltecer el legado de nuestros antepasados". De algo estamos claros con esta resolución...EL AUTORITARISMO CULTURAL AVANZA A PASOS DE NEGOCIACIÓN REVOLUCIONARIA.

Soc. Msc. Esp. Carlos Enrique Guzmán Cárdenas
Director del ININCO-UCV

Fuente:
https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10209875820107127&set=a.1156000935170.24774.1082111265&type=3&theater

sábado, 23 de abril de 2016

BANDERÍAS

Dictadura y gentilicio
Luis Barragán


Presuntamente, los cubanos en el exilio estadounidense ya están cansados de la culpa que recae sobre el gentilicio por los tercos afanes de supervivencia de los Castro en el poder y, así, suelen remitir el caso a los propios países que sucumben a sus influencias. Algo parecido pueden decir y dirán los venezolanos en el exterior, al creerse directa y personalmente cuestionados por el influjo negativo de Chávez Frías (y sucesores).

Recientemente, en una entrevista interneteana, el periodista adujo que 100 o 150 mil cubanos constituyen una cifra muy inferior a los millones de venezolanos con los que comparten el mismo suelo, por lo que no deben convertirse en un pretexto para los problemas que nos aquejan. Le respondimos que es cierto, pero también que controlan servicios vitales como los de identificación y extranjería, registros y notarías, entre otros que se sospechan respecto a áreas sensibles en el ámbito de nuestra  seguridad y defensa (*), remitiéndonos al régimen que los convirtió en emisarios.

Las dictaduras de orientación marxista, acostumbran a apelar a la nacionalidad para su sobrevivencia.  Perfeccionado el aporte de claro cuño estalinista a la escuela, la dictadura se equipara al propio gentilicio.

En nuestro país, desde un primer instante, ha querido confundirse revolución, o  dizque revolución, con la propia venezolanidad. Infructuoso esfuerzo que la maquinaria publicitaria y propagandística intenta, aunque debe pasar por el culto a la personalidad del gobernante y si Chávez Frías no pudo convertirse en sinónimo de nuestra identidad, menos lo va a hacer Maduro Moros de inferiores condiciones para un  liderazgo político convincente.

Por cierto, grosso modo, Putin ha rendido un formidable tributo a Stalin al promover la grandeza de Rusia y así lo verificamos con motivo de una sesión de la Asamblea Nacional  venezolana, a finales del pasado período, con la regocijada presencia del embajador ruso que festejó la victoria soviética de 1945 como antecedente del gobierno que representa, aplaudiendo las intervenciones extravagantemente bolcheviques de los  diputados del oficialismo. Y nada puede extrañar que una transición post-comunista, adelantada por las mafias que cimentó, a la postre homenajeen a Fidel como adalid de la nacionalidad, a título de inventario por su ineludible siembra en el imaginario social.

(*)
https://www.youtube.com/watch?v=jMXcURx0s4k
https://www.youtube.com/watch?v=ReHQpt0plas
Fuente: https://www.google.co.ve/search?q=gentilicio+y+dictadura+barragan&ie=utf-8&oe=utf-8&client=firefox-b-ab&gfe_rd=cr&ei=j30uV6TFFoul-wX60ZuoDw

viernes, 25 de septiembre de 2015

FAVOR QUE SE HACE

EL PAÍS, Madrid, 26 de septiembre de 2015
COLUMNA »
Identidad
El núcleo de todo fervor identitario es religioso, aunque su orientación y vocabulario sean laicos
Fernando Savater 

Milan Kundera dijo que los rusos empiezan por llamar “eslavo” a todo lo que quieren convertir en ruso. De igual modo, Germá Gordó llama “países catalanes” a lo que quiere anexionar a su ilusoria república catalana. Son ejemplos de identidades culturales pervertidas para justificar maniobras políticas. Pero ese mismo fenómeno ocurre también con identidades piadosas, étnicas, eróticas, ideológicas… Son variantes que nos explica y contra las que nos advierte Jean-Claude Kaufmann en su excelente librito Identidades. Una bomba de relojería (editorial Ariel). La democracia contemporánea ha ampliado la autonomía de cada ciudadano, que puede y debe elegir los rasgos que le caracterizan con una libertad que desampara a los menos dispuestos o peor preparados para tal aventura. Las identidades colectivas, fuertes y obligatorias, les dispensan de esa búsqueda personal, acogiéndoles bajo lo que Nietzsche llamó “un calor de establo” homogéneo y tranquilizador.
El núcleo de todo fervor identitario es religioso, aunque su orientación y vocabulario sean laicos. Se basan en dogmas tan sugestivos como indemostrables, prometen alguna forma de bienaventuranza y movilizan a los creyentes contra la caterva de infieles que se interpone entre ellos y el paraíso. En el fondo, aunque cree que aspira a un premio mayor, el fanatismo de la identidad es ya una recompensa en sí mismo. Nadie tiene que torturar su mente buscando razones para elegir bien, basta con saberse parte del pueblo elegido. No opongas resistencia, relájate y disfruta. O padece, que ser víctima también es un gozo cuando la recompensa es una buena conciencia libre de dudas. Lo importante es tener claro quienes son los enemigos, porque ellos delimitan la identidad. Háganse el favor de leer a Kaufmann: reforzará sus identidades menos obtusas y más inclusivas, les hará temer las otras.

(http://elpais.com/elpais/2015/09/25/opinion/1443195184_298685.html)

domingo, 2 de agosto de 2015

NOTICIERO RETROSPECTIVO







- Alberto Caminos. "Reportaje: Los gallos de pelea". Élite, Caracas, nrs. 517 y  518 del 03/08 y 17/08/1935.
- Enrique Castellano. "¿Recobraremos la identidad?". El Nacional, Caracas, 12/08/79.
- Elizabeth Schön y Valencia. El Nacional, 04/01/83.
- "Las fiestas patronales de Baruta". Élite,  nr. 1414 del 08/11/52.

Reproducción: Yolanda Moreno. Élite, Caracas, nr. 1965 del 25/05/1963.

lunes, 9 de junio de 2014

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Miguel Cardona. "San Benito tiene esclavas y vasallos. Una jira folklórica por el estado Trujillo". El Nacional, Caracas, 02/04/1950.
- Miguel Angel Campos. "Sobre identidad e inequidad". El Universal, Caracas, 24/10/96. Verbigracia.
- Fernando Rodríguez. "Cultura para armar: ¿Qué es eso de patria?". El Nacional, 08/01/92. Papel Literario.
- Elena Dorante. "Los Andes: Espacio mito-mágico". El Nacional,  06/08/77.

Reproducciones: "Paisaje de Baruta" de José Canelones, pintor nacido en Caracas; muy joven, ingresó a la Academia de Bellas Artes, donde estudió dibuja y pintura con Herrera Toro y Alvarez García; ha expuesto individualmente en el Ateneo de Caracas, Club Venezuela y Ateneo de Valencia. El Farol, Caracas, nr. LXXXIII de 01/1947.


domingo, 9 de febrero de 2014

HISTORIETADOS

De algunas preguntas
Luis Barragán


¿Cómo fuímos y somos los venezolanos realmente? ¿Qué es lo real e imaginario, que no deja de serlo, frente a las ilusiones falseantes y (auto) percepciones falsificadoras? ¿Por qué el resto de los venezolanos es raspa-cupo y devorador de la renta petrolera que el gobierno ha confiscado y dilapidado, administrando a su antojo las divisas? ¿Acaso no existe el lógico desarrollo de conductas indeseables cuando impera la escasez, una escasez injustificable y que, además, nunca se había visto? ¿El poder político no lo es cuando modela esas conductas o compramos esa colosal estafa que hace ver a la oposición como si lo tuviese y ejerciera al tratarse de la crisis? ¿La telenovela es la culpable por excelencia cuando la industria televisiva de exportación no sólo ha colapsado, sino está prácticamente desaparecida con la pretendida guerrilla comunicacional que no es otra cosa que la hegemonía de las actuales camarillas del poder? ¿No basta ya de banalizar nuestros dramas colectivos procurando regresar y reencontrarnos con la olvidada razón? ¿Basta la ligera interpretación, (auto) caricaturizándonos? ¿Y si es de abordar el problema del cómo somos los venezolanos, por qué no debatirlo desde una perspectiva más sobria, consistente o trascendente? ¿No existe una suficiente literatura al respecto, destacando estudios que probablemente no tienen ahora equivalentes como los de Jeannette Abouhamad, Maritza Montero o Roberto Zapata, aunque son importantísimos los aportes que realizan todavía ensayistas reconocidos y, por si fuese poco, columnistas de la prensa que aseguran - por lo menos - una meritoria tarea divulgadora como Axel Capriles o Angel Oropeza? ¿El problema no es que ya pulverizaron el sentido y las instancias naturales para el debate público, necesitados urgentemente de reconstruir? ¿La llamada institucionalidad opositora no es otro ejemplo de esa pulverización?

http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/18179-de-algunas-preguntas
Caricatura tomada de: http://vvcaricaturas.blogspot.com/2014/01/solo-venezuela.html

viernes, 6 de septiembre de 2013

ENSAYO CARTOGRÁFICO

EL NACIONAL - Jueves 09 de Mayo de 2013     Opinión/9
Identidad
COLETTE CAPRILES

Lo que está en crisis en Occidente no es tanto la democracia y sus formas, sino las identidades políticas que hasta no hace tanto tiempo acompañaban o se subordinaban al orden político. Las instituciones de la democracia liberal siguen allí; las prácticas políticas no han cambiado, pero la calidad de su funcionamiento, o más bien, la experiencia cívica, busca otros derroteros. El fenómeno de los regímenes híbridos, del cual Venezuela es un ejemplo, en los que coexisten formas democráticas con prácticas cada vez más despóticas, es objeto de preocupación y atención mundial, aunque goza de una especie de inmunidad brindada por una indiferencia global que es muy difícil de explicar, pero que seguramente tiene que ver con que, en otra escala, las democracias consolidadas sufren también excepcionalidades: Frigide Barjot y el movimiento de "Manif’pour tous" en Francia o Beppe Grillo en Italia, o el Tea Party en Estados Unidos: casos en los que la interpelación va dirigida no a cuestionar al régimen o a suplantar un gobierno, sino a representar nuevas identidades más o menos difusas pero que demandan reconocimiento. Difusas digo, porque lo característico es que las antiguas taxonomías del espectro derechaizquierda son totalmente insuficientes para describirlas.
En Venezuela, el empeño en manufacturar una identidad política con los códigos polvorientos de la Revolución cubana (que no es sino un oxímoron en el que una dictadura militar obsesivamente nacionalista se viste de leninismo y "macondismo" latinoamericano) pretendió sacar provecho de esa confusión postmoderna. Se abrió el closet de los estandartes más gastados y pretéritos del fallecido comunismo para actualizarlos y utilizarlos en la aspiración de construir una nueva identidad nacional para este país. El proyecto del chavismo no es político; es identitario. Su oferta es gestionar, mediante una voraz cúpula burocrática que se sueña aristocrática y enfilada hacia su destino manifiesto, la silueta definitiva y única del ser venezolano.
Y eso no tiene nada que ver con ninguna izquierda conocida o por conocer; tiene que ver con algo extrapolítico, con el diseño de un modo de ser. El aparato de propaganda oficial es como una fábrica de ornamentos simbólicos de esa nueva identidad nacional, repleta de referencias étnicas y estamentales, asociada a una perversa narrativa histórica, y que se articula sobre el resentimiento y asociaciones emotivas para ofrecer un ticket mesiánico hacia un futuro de redención.
Y que pide lealtad, no consentimiento. Como dice el historiador Raphael Gross, allí está la clave del discurso fascista, y específicamente del nacionalsocialismo: mientras el paisaje ideológico del marxismo está poblado de conceptos que pretenden una descripción objetiva de la identidad a través de la posición y el interés de clase en el proceso productivo, es decir, en la economía, el nazismo operaba con conceptos morales y emocionales. Construía una cartografía de "buenos" y "malos" rasgos "naturales" (etnicidad o pertenencia cultural), con lo que atribuía a la biología un poder moral; se afincaba en las ideas de honor, de camaradería, de lealtad, conectándolas en una nueva red de significados que prometía dignidad y elevación moral.
La eficacia de la fábrica identitaria del chavismo está por evaluarse. Por ahora puede decirse que no es suficientemente potente como para reemplazar la experiencia de una sociedad que proviene del pluralismo, del valor del ascenso social (que es lo contrario del resentimiento), y que sobre todo no ha podido olvidar la conciliación como forma de relación cultural (y no se resigna a la oferta divisiva). No sustituye tampoco la deliberación política, como lo muestra el resultado electoral. Pero ahí está, alimentada diariamente desde el omnipotente aparato de difusión masiva que sostiene el simulacro.

sábado, 11 de mayo de 2013

NOTAS SOBRE EL FASCISMO (1)

EL NACIONAL - Jueves 09 de Mayo de 2013     Opinión/9
Identidad
COLETTE CAPRILES

Lo que está en crisis en Occidente no es tanto la democracia y sus formas, sino las identidades políticas que hasta no hace tanto tiempo acompañaban o se subordinaban al orden político. Las instituciones de la democracia liberal siguen allí; las prácticas políticas no han cambiado, pero la calidad de su funcionamiento, o más bien, la experiencia cívica, busca otros derroteros. El fenómeno de los regímenes híbridos, del cual Venezuela es un ejemplo, en los que coexisten formas democráticas con prácticas cada vez más despóticas, es objeto de preocupación y atención mundial, aunque goza de una especie de inmunidad brindada
por una indiferencia global que es muy difícil de explicar, pero que seguramente tiene que ver con que, en otra escala, las democracias consolidadas sufren también excepcionalidades: Frigide Barjot y el movimiento de "Manif’pour tous" en Francia o Beppe Grillo en Italia, o el Tea Party en Estados Unidos: casos en los que la interpelación va dirigida no a cuestionar al régimen o a suplantar un gobierno, sino a representar nuevas identidades más o menos difusas pero que demandan reconocimiento. Difusas digo, porque lo característico es que las antiguas taxonomías del espectro derechaizquierda son totalmente insuficientes para describirlas.
En Venezuela, el empeño en manufacturar una identidad política con los códigos polvorientos de la Revolución cubana (que no es sino un oxímoron en el que una dictadura militar obsesivamente nacionalista se viste de leninismo y "macondismo" latinoamericano) pretendió sacar provecho de esa confusión postmoderna. Se abrió el closet de los estandartes más gastados y pretéritos del fallecido comunismo para actualizarlos y utilizarlos en la aspiración de construir una nueva identidad nacional para este país. El proyecto del chavismo no es político; es identitario. Su oferta es gestionar, mediante una voraz cúpula burocrática que se sueña aristocrática y enfilada hacia su destino manifiesto, la silueta definitiva y única del ser venezolano.
Y eso no tiene nada que ver con ninguna izquierda conocida o por conocer; tiene que ver con algo extrapolítico, con el diseño de un modo de ser. El aparato de propaganda oficial es como una fábrica de ornamentos simbólicos de esa nueva identidad nacional, repleta de referencias étnicas y estamentales, asociada a una perversa narrativa histórica, y que se articula sobre el resentimiento y asociaciones emotivas para ofrecer un ticket mesiánico hacia un futuro de redención.
Y que pide lealtad, no consentimiento. Como dice el historiador Raphael Gross, allí está la clave del discurso fascista, y específicamente del nacionalsocialismo: mientras el paisaje ideológico del marxismo está poblado de conceptos que pretenden una descripción objetiva de la identidad a través de la posición y el interés de clase en el proceso productivo, es decir, en la economía, el nazismo operaba con conceptos morales y emocionales. Construía una cartografía de "buenos" y "malos" rasgos "naturales" (etnicidad o pertenencia cultural), con lo que atribuía a la biología un poder moral; se afincaba en las ideas de honor, de camaradería, de lealtad, conectándolas en una nueva red de significados que prometía dignidad y elevación moral.
La eficacia de la fábrica identitaria del chavismo está por evaluarse. Por ahora puede decirse que no es suficientemente potente como para reemplazar la experiencia de una sociedad que proviene del pluralismo, del valor del ascenso social (que es lo contrario del resentimiento), y que sobre todo no ha podido olvidar la conciliación como forma de relación cultural (y no se resigna a la oferta divisiva). No sustituye tampoco la deliberación política, como lo muestra el resultado electoral. Pero ahí está, alimentada diariamente desde el omnipotente aparato de difusión masiva que sostiene el simulacro.
Ilustración: Ugo.

domingo, 15 de julio de 2012

(DES) ANCLAJES

EL NACIONAL - MIÉRCOLES 14 DE FEBRERO DE 2001 / OPINION
No somos nada
M. C. Valecillos

"No somos suizos", "no somos australianos", "no somos japoneses". Ya basta. Basta de definirnos por lo que no somos. Es hora, en esta ídem de revolución, definir claramente qué es lo que sí somos: conócete a ti mismo como conoces a tu prójimo.
Conversaba con un colega, oriundo de la República Popular China, acerca del año nuevo chino, celebrado este año el 24 de enero y regido, también este año, por la serpiente, emblema de cambio y renovación por aquello de la muda del cuero. La conversación giraba sobre su eje y sobre lo mucho que a un occidental le extraña que una celebración caiga un año en una fecha y al año siguiente en otra. Como si uno celebrase, vaya de ejemplo loco, una fiesta larga, elaborada y tradicional un año en marzo y al año siguiente en abril. Totalmente absurdo. Me decía Zhu-san que sí, que no deja de tener su inconveniencia, pero que por inconveniente que nos parezca eso de que cada año el año nuevo cae en fecha distinta (esta regido por el calendario lunar, el mismo que rige la hemodescarga de los cinco días que hace a la mujer tan resilente, tan misteriosa, tan impenetrable), por lo menos hay predictabilidad y posibilidad de planificación (igualito que con la susodicha), cosa que no había en otros tiempos. Me contaba que en la milenaria de antes sucedía mucho que cada vez que había una revuelta medianamente exitosa y cambiaba el reparto de la telenovela, el nuevo galán del imperio siempre comenzaba por decretar un "Año Nuevo pa ti, pa ti" que coincidía, generalmente con la fecha de la asonada y/o con la toma del poder.
A lo mejor no suena nada extremo, pero recordad cuán apegados a las tradiciones son los orientales que ahí mismito empezaban con que si las hojas y el pabilo para las hallacas, que si no hay uvas en el mercado, que si donde esta el cassette de Andrés Eloy, que si el reproductor no ha sido inventado, que si Isaac se comió las lentejas, que si la maleta todavía esta llena de la ropa que compré en Miami, que quién se estreno mis pantaletas amarillo limón limón. En fin, un corre corre inaguantable y agotador y eso sin haber nombrado todavía al nuevo gabinete. Tal fue el desespero que la gente comenzó a rogar a los dioses para que le diera larga vida en el trono al soberano (en ese tiempo el soberano era el que estaba arriba), pues tal longevidad garantizaba un respirito para, por lo menos, poder planificar el asueto y el bonche con cierta antelación (dicen que lo malo es que dios los complació pero ese es otro cuento).
¡Eureka!, le dije al primo Zhu, lo descubrí; "todo cuerpo sumergido en agua desplaza un volumen de liquido...". Digo, descubrí lo que somos, somos chinito soy chinito, de la China vengo yo; la tierra de los lotos y del naranjo sol. Como corolario propongo que se integre la estrofa anterior al nuevo himno nacional y que de ahora en adelante celebremos con el año nuevo chino, las diversas y lunáticas efemérides patrias.

Fotografía: Tomada de "Caracas Pa'Locos" /Facebook

viernes, 29 de junio de 2012

39° DE IDENTIDAD PETROLERA

EL NACIONAL - LUNES 09 DE OCTUBRE DE 2006    B/14
Cultura y Espectáculos
ENTREVISTA
MIGUEL ÁNGEL CAMPOS, sociólogo
"La gente de este país nunca había sido tan consumista y fetichista"
El escritor trujillano, profesor de la Universidad del Zulia y autor de La ciudad velada (2001), Desagravio del mal (2005) y La fe de los traidores (2005); analiza la tradición ensayística que condena al petróleo, comenta los efectos que tuvo la "Venezuela saudita" en la intelligentsia criolla y esboza un país que nunca existió. Todo esto en una entrevista
ALBINSON LINARES

El sudor perla las frentes cuando alcanza los 39º centígrados. Lentamente, Miguel Ángel Campos se acomoda en un banco de concreto y juguetea con su bastón. Sociólogo, con dotes excepcionales para el ensayo, es famoso por lo agudo de sus construcciones en prosa.
No menos afilado es su verbo que, con calma y firmeza, esboza juicios que revelan la idiosincrasia nacional. O la casi ausencia de una, hecho que revela los signos de una crisis que trasciende la diatriba política diaria.
Andino, de Motatán para ser exactos, Campos se sabe heredero de un legado valioso y poco recordado que tiene como epítomes a Mariano Picón Salas y Mario Briceño¬Iragorry.
¬¿Cuándo se comienza a consi derar al petróleo como el origen de nuestros males?
¬Muy tempranamente al petróleo se le asocia en Venezuela con el imperialismo, ésta fue una perspectiva de intelectuales y escritores que se impuso a los lectores antes de que la experiencia colectiva pudiera derivar hacia sus propios juicios. Perspectiva simplista y mecánica, pero venía en línea directa de la cultura de la pobreza, como emblema del redentorismo y formalmente de cierto criollismo que tipificó lo nacional. Luego, con el fracaso del Estado en la tarea de redimirlos a todos, se incubó una especie de resentimiento que prendió ampliamente en todas las capas de la sociedad. Era una explicación fácil y fraudulenta pero muy rentable políticamente, dejaba a salvo la incompetencia de la élite dirigente para administrar la riqueza fiscal, hacía caer todo el peso en la fatalidad de un agente causal que no podía ser encarado, entonces se le miró con encono, se le identificó como algo extraño, ajeno.
¬Desde cuándo surge la tesis del "petróleo perverso"? ¬La tesis del petróleo perverso como instrumento forense está lista y opera en el imaginario venezolano ya hacia la época de la actualización material (modernización), finales de los 40. Los grandes usufructuarios de esta explicación falsa del sufrimiento son los partidos políticos, pues esto les evitó hacer las reformas necesarias y producir reflexiones de fondo e incluso la mea culpa. En 40 años, y luego hasta hoy, el esquema de retención del poder fundado en el parlamentarismo, democracia digital y estado de derecho como parapeto, se ha mantenido intacto, financiado exclusivamente por la capacidad de conciliar del Estado.
"Es un mecanismo tan poderoso que aquellos que se levantaron contra la gallina de los huevos de oro terminaron arropándola tiernamente para que no se resfriara. Los insumos civiles y de naturaleza ideológica son casi inexistentes en la estructuración de la vida social venezolana, la cacareada politización de la población es sólo fruto de la novísima cercanía entre la masa filistea y simuladora y lo que en Venezuela equivocadamente se considera expresión característica de lo político: el Estado".
¬¿Qué ensayistas reforzaron esa tesis? ¬En el ensayo esta tesis es más bien escasa. La muestra tiende a ser claramente panfletaria y esto nos pone a salvo. Pienso en dos nombres como Ramón Díaz Sánchez y Joaquín Gabaldón Márquez. Es sobre todo en la escritura de ficción, novela y cuento, en la que el discurso es más elaborado y su alcance se presta para una valoración. La primera novela del petróleo que en sentido estricto organiza el tema es representativa de esta tesis, Mancha de aceite (1935), luego tenemos Mene (1936), Ofici na Nº 1, que linealmente comienza en Casas muertas.
"Los narradores construyen símbolos y arquetipos, éstos modelan un parecer y el sentir, es el arte de un país encarando un tiempo y un conflicto, y esta tarea no es menor ni desestimable. Para bien o para mal, es la grave responsabilidad de este tipo de indagación, que ha sido conservadora y simplista, subsidiaria de intereses ajenos a la literatura misma. Uslar es, sobre todo, un hombre angustiado por el derroche y cuando hace juicio se muestra como el hombre culto y moralista; Adriani es el economista cuyo plan ni siquiera considera el petróleo como una fuerza del futuro; Picón Salas lo ignora y cuan do lo toca es esquivo y mordaz. ¬Como investigador, ¿cuándo decide escribir para desmitificar al petróleo?
¬Seguramente mis imágenes del niño que vivió una vida de pobreza alrededor de un campo, visto desde fuera, de lejos, me aguijoneó para explicarme una realidad del presente: aquel niño observaba no con rabia sino con emoción, con alegría por el futuro que debía estar en algún lugar. Mi gratitud con el petróleo, verlo como fuente de felicidad y haberme salvado de una vida rural y bárbara, se lo debo a mi madre. Su maravillosa intuición la hizo movilizarse desde los Andes deprimidos y tristes hacia la bulla de los campos para educar a sus hijos; ella siempre creyó en esa fuerza transformadora y no se rindió ante la cultura gamonal y las penurias.
¬Durante el proceso de inves tigación, ¿cuándo tiene la certeza de que esta explosión minera no era perjudicial, sino todo lo contrario?
¬Aún sin proyecto, sin plan estable y de largo alcance, el impacto del petróleo ha sido claramente positivo. En ausencia de aquellas gestiones ha actuado como una fuerza inercial de consecuencias salvadoras. Lo sentí leyendo las historias resentidas y un tanto simplistas de la narrativa, estudiando la condición del país antes de 1936. Si los jóvenes que hoy tienen menos de 25 años tuvieran alguna remota idea de lo que era la Venezuela desolada y vacía de antes de esa fecha, se morirían del susto.
Los efectos de la "Venezuela Saudita" ¬¿Puede plantearse un parangón histórico con otros países?, es decir, los cambios dramáticos que trajo el advenimiento del petróleo para Venezuela, ¿tienen algún antecedente en otras naciones?
¬En México hay una conducta similar, la economía minera tiende a ser vista como un agente casual, no enraizado en la identidad, como los procesos de la agricultura, digamos, pero nadie achaca a la caña de azúcar o al conucaje males como la degradación y sumisión gamonal. López Velarde, el autor de Suave patria, poema cíclico de totalización de lo mexicano, dice: "El niño Dios te dio un pesebre y el diablo los veneros del petróleo".
¬¿Los vicios generados por la riqueza y la abundancia minera tienen algún reparo? ¿o la idiosincrasia del venezolano está marcada irremediablemente por este hecho?
¬La sociedad sabe que es una explicación ruidosa pero desleal. Adquirió de un modo de vida novedoso y estimulante sus rasgos más deplorables, hicimos de una posibilidad de dignidad material una expectativa de redención, mezclamos riqueza con mala conciencia y desde la penuria material, el resultado no podía ser sino la condena de aquello que no obstante nos sacó de la barbarie.
¬¿Qué efecto tuvo la "Venezue la saudita" en la intelligentsia criolla?
¬El mismo que tiene hoy. Ésta sigue siendo una sociedad dominada por valores arraigados en la ausencia de solidaridad, frívola y consumista, estragada por agentes típicos del capitalismo subdesarrollado, es decir, hábitos marginales y pretensiones de modernidad. Extrema pobreza y riqueza grosera son los efectos de gestiones de desarrollo fundadas sólo en la inversión neta y el clientelismo. La intelligent sia creyó, supongo, que el país ya estaba resuelto y pensado, que todo aquello de interrogarse por el desgarro y demás era cosa cursi y del pasado.
"Una expresión sería la llamada República del Este. Hoy tenemos santificadores de oficio, muchachones oportunistas, aquellos bebían hasta reventar y celebraban la vida breve. Éstos reviven teorías a conveniencia y otros se quedaron sin programa, los sacó de paso la novedad pintoresca de la oralidad, enmudecieron y esperan por los buenos tiempos. Felizmente, siempre tenemos pequeñas reservas de beligerancia y disidencia, y esto dignifica a individuos aislados.
El país que nunca existió
¬¿Existe la identidad nacional como un concepto arraigado entre los venezolanos?
¬Ni siquiera tenemos sentido de arraigo, intuición de un origen común. Tampoco el reconocimiento de una heredad que debe permanecer en el tiempo. La única fuente de unidad ha estado representada en el ejercicio del poder público. El Estado unifica por medio de una cultura de tutelaje, culto servil al poder de oficina, es fácil acomodarse a esto. Pero la acción de remitir los acuerdos y una voluntad colectiva a un patrimonio fundado en adscripción y pertenencia es algo casi fantasioso, totalmente inexistente.
¬El país glosado, analizado y proyectado por nuestros pensadores, ¿existió alguna vez?
¬Es sólo una aspiración ideal, de carácter moral. Lo concibieron como recurso frente a la disgregación y la angustia del finis patriae. Hemos tenido hombres buenos, seguramente, pero no buenos ciudadanos, por lo demás todos han demostrado un recurrente amor por las formas públicas del poder, representación deformada y torva de esa patria entrevista en los raptos de buena conciencia. Tampoco una clase política en términos medianamente técnicos, sólo líderes de liderismo, según la definición de Mijares, y por supuesto, hombres que tiran la parada.
¬¿Cree que este gobierno ha utilizado las carencias y la falta de pertenencia del ciudadano medio para fortalecer el proceso revolucionario?
¬Ha canalizado las tendencias igualitarias de una sociedad cuyo enorme complejo de culpa la hace delegar todo su poder en manos de quien representa sus más oscuras frustraciones.
¬¿Es correcto calificar a este proceso político como una "revolución"?, es decir, ¿cree que los cambios son tan abruptos como para que eso sea correcto?
¬Los únicos cambios que sociológicamente se pueden definir como tales son los culturales. La gente de este país nunca había sido tan consumista y fetichista. Quienes escandalizan con el espanto de comunismos y socialismos, debieran apartar cita con el oftalmólogo.

Fotografía: Tomada de la red

AL BORDE DE SÍ A TRAVÉS DE LOS OTROS

EL NACIONAL - MIÉRCOLES 14 DE FEBRERO DE 2001 / OPINION
No somos nada
M. C. Valecillos

"No somos suizos", "no somos australianos", "no somos japoneses". Ya basta. Basta de definirnos por lo que no somos. Es hora, en esta ídem de revolución, definir claramente qué es lo que sí somos: conócete a ti mismo como conoces a tu prójimo.
Conversaba con un colega, oriundo de la República Popular China, acerca del año nuevo chino, celebrado este año el 24 de enero y regido, también este año, por la serpiente, emblema de cambio y renovación por aquello de la muda del cuero. La conversación giraba sobre su eje y sobre lo mucho que a un occidental le extraña que una celebración caiga un año en una fecha y al año siguiente en otra. Como si uno celebrase, vaya de ejemplo loco, una fiesta larga, elaborada y tradicional un año en marzo y al año siguiente en abril. Totalmente absurdo. Me decía Zhu-san que sí, que no deja de tener su inconveniencia, pero que por inconveniente que nos parezca eso de que cada año el año nuevo cae en fecha distinta (esta regido por el calendario lunar, el mismo que rige la hemodescarga de los cinco días que hace a la mujer tan resilente, tan misteriosa, tan impenetrable), por lo menos hay predictabilidad y posibilidad de planificación (igualito que con la susodicha), cosa que no había en otros tiempos. Me contaba que en la milenaria de antes sucedía mucho que cada vez que había una revuelta medianamente exitosa y cambiaba el reparto de la telenovela, el nuevo galán del imperio siempre comenzaba por decretar un "Año Nuevo pa ti, pa ti" que coincidía, generalmente con la fecha de la asonada y/o con la toma del poder.
A lo mejor no suena nada extremo, pero recordad cuán apegados a las tradiciones son los orientales que ahí mismito empezaban con que si las hojas y el pabilo para las hallacas, que si no hay uvas en el mercado, que si donde esta el cassette de Andrés Eloy, que si el reproductor no ha sido inventado, que si Isaac se comió las lentejas, que si la maleta todavía esta llena de la ropa que compré en Miami, que quién se estreno mis pantaletas amarillo limón limón. En fin, un corre corre inaguantable y agotador y eso sin haber nombrado todavía al nuevo gabinete. Tal fue el desespero que la gente comenzó a rogar a los dioses para que le diera larga vida en el trono al soberano (en ese tiempo el soberano era el que estaba arriba), pues tal longevidad garantizaba un respirito para, por lo menos, poder planificar el asueto y el bonche con cierta antelación (dicen que lo malo es que dios los complació pero ese es otro cuento).
¡Eureka!, le dije al primo Zhu, lo descubrí; "todo cuerpo sumergido en agua desplaza un volumen de liquido...". Digo, descubrí lo que somos, somos chinito soy chinito, de la China vengo yo; la tierra de los lotos y del naranjo sol. Como corolario propongo que se integre la estrofa anterior al nuevo himno nacional y que de ahora en adelante celebremos con el año nuevo chino, las diversas y lunáticas efemérides patrias.

Fotografía: Tomada del grupo "Caracas Pa'Locos" (Facebook)