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viernes, 13 de diciembre de 2019

ALMA EFÍMERA

François Lochon / GETTY.
Kundera, el apátrida que vive en la literatura universal
Los checos devuelven el pasaporte al genio exiliado en París que solo quiere deberse, según él, “a la desprestigiada herencia de Cervantes”
Jesús Ruíz Mantilla

En las novelas de Milan Kundera raramente leerán ustedes la palabra Checoslovaquia. Tampoco a nadie que proceda de ahí. Por contra, no existe autor vivo que mejor haya retratado el alma efímera de un país que apenas sobrevivió a su propio nombre setenta años.

Las gentes que pueblan su mundo pertenecen a Bohemia. Lo cual también es algo reductivo para alguien que nació en Moravia: concretamente en su capital, Brno, hace 90 años. Convengamos que de la suma de ambas tierras, junto a Silesia, existe lo que hoy conocemos como República Checa y que Kundera procede de esa convención territorial, aunque solo sea porque ha utilizado esa lengua para crear la mayor parte de sus obras maestras. Por eso sí, pero no porque conservara la etérea nacionalidad y el pasaporte que en 1979 sus compatriotas le arrebataron y hoy, no exentos de vergüenza y pidiéndole perdón, le acaban de devolver.

Fue en un acto íntimo, en su casa de París, donde solo estuvieron presentes su esposa Vera, Petr Drulak, el embajador checo en Francia y el escritor. Kundera había aceptado el ofrecimiento que meses antes le había hecho el primer ministro, Andrej Babiš. Simbólico, dicen. Y quizás carente de valor para quien desde hace mucho tiene claro cuál es su verdadera patria, su más imbricado destino. Lo confiesa en una de sus obras fundamentales, El arte de la novela: “Pero, si el porvenir no representa un valor para mí, ¿a quién o a qué me siento ligado?: ¿A Dios? ¿A la patria? ¿Al pueblo? ¿Al individuo? Mi respuesta es tan ridícula como sincera: no me siento ligado a nada salvo a la desprestigiada herencia de Cervantes”.


La desprestigiada herencia de Cervantes… Ahí es nada. Y todo para quien desde hace décadas se observa, se acepta, se confiesa apátrida hasta el punto de haber renunciado en su última etapa al idioma materno y escribir en francés. Miembro de esa parcela ignota donde el lenguaje y la creación son ley sin frontera.

Una de las virtudes que Kundera reivindica en Cervantes es el relativismo. Con ese presupuesto moral, sostiene, aparece el inicio de la novela moderna. No cabe otra misión en ella desde entonces que la búsqueda de la escurridiza verdad –o mejor, pluralidad de verdades- que nos vemos obligados a atrapar y que para todos y cada uno de nosotros pueden ser distintas.

Dentro de esa aplicación del relativismo como tarea intelectual se despliega la faceta visionaria del checo. Acertó Kundera en no desarrollar sus novelas en un territorio que se llamara Checoslovaquia pese a que no existirán mejores documentos de identidad para definirla que La broma, La vida está en otra parte, La insoportable levedad del ser o La inmortalidad. En su aplicación de la lógica histórica –fue hijo de la caída del imperio Austrohúngaro y por tanto de la dinámica de la desintegración, hoy resucitada por la miopía del nacionalismo y el populismo- supo ver que aquella convención artificial como estado no duraría. Lo mismo que hoy por hoy seguimos sin poder apostar por la eternidad de nada que se parezca a una comunidad instalada tras diversas líneas que delimiten fronteras.

En eso, quizás Kundera fue capaz de adivinar su destino en las peripecias de otros a quienes admira. Pongamos por caso a Franz Kafka, a Franz Werfel y a Jaroslav Hasek, tres autores que cohabitaron en la misma ciudad durante una época determinada y pertenecían a imaginarios de países distintos pese a haber nacido en el mismo lugar… Praga, ese maremágnum de cruces que conducen siempre hacia el epicentro de sí misma: las naciones desaparecen a su alrededor, pero la ciudad persiste en su inextinguible esencia. De ahí la vigencia errante y el alcance de las respectivas peripecias tragicómicas de estos tres autores: absurdas, cuando menos; totalmente paradójicas en su naturaleza.

Kafka devino en símbolo universal al adivinar que la burocratización del mundo conectaba con el alma por llegar dentro de un cráter alienante: la oficina, cuya sede central era el castillo. No habría mejor modo de huir de ella que, a la vez, mediante la fantasía y la pesadilla. Escribió en alemán y por eso hoy los checos no lo consideran un autor de los suyos, pero nadie puede negar que el autor de La metamorfosis construyó Praga como metáfora de la modernidad en sus oscuras premoniciones.

Hasek, en cambio, sí entra en el club de los de su país. A modo identitario y a base de humor traza su Quijote checo, El buen soldado Švejk. Kundera sostiene sobre él que la ironía desconcertada en el laberinto de su tragedia se basa en que no sabe para quién ni por qué lucha. Werfel, es quien más triste destino se gana –o mejor, pierde- entre los tres. Pese a su grandísima talla, hoy es el día en que entras a una librería de Praga y no encuentras sus libros traducidos al checo. Este último encarna como nadie las consecuencias de ese destierro. Al escribir también en alemán, ha sido repudiado de su propio territorio y hoy, tristemente, sus propios paisanos desconocen la brillantez de Una letra femenina azul pálido. Historia de una monja o La novela de la ópera. Su ejemplo prueba hasta qué punto, con los años y un proceso de lobotomía ciudadana, autores de lenguas ajenas a la esencia de lo que reivindiquen los ultranacionalistas, quedan enterrados en un injusto olvido.

Un frente de bastardos apátridas
Pongamos que todos ellos, con Kundera al frente del batallón, constituyen un frente de bastardos apátridas con domicilio en Praga como ciudad símbolo de un ejemplar mestizaje. En sus filas, también incluiría a varios cómplices austrohúngaros: al Hermann Broch de Los sonámbulos y La muerte de Virgilio, al Robert Musil de El hombre sin atributos, al Joseph Roth de La marcha Radetzky u Hotel Savoy, a caballeros cuyo último grito callado fue el suicidio, como Stefan Zweig o Sandor Marai. Quizás no a Max Brod, testaferro de Kafka, a quien Kundera ajusta cuentas –con razones más que discutibles- en Los testamentos traicionados. Por supuesto también a poetas como Rilke, igualmente nacido en Praga o a Vladimir Holan, que se recluyó para expatriarse en mitad del comunismo dentro del mismo centro de la ciudad. Lo hizo como un monje místico, entregado a desentrañar átomos de luz desde la extrema oscuridad de su propia poesía: el ángel negro, lo llamaban.

Todos surgen de otra convención, geográfica o más bien geocultural. Centroeuropa. “Ese laboratorio del crepúsculo”, tal como lo define Kundera. Juntos, a coro, conforman un espíritu que reinventa hacia caminos infinitos la modernidad. Dentro de ella exploran un alarido errante y desentrañan la diversidad y la polifonía como cualidades irrenunciables de su propio legado y como prueba de su mayor riqueza. Algo que contagian de alguna forma a otras diásporas y que exploran a conciencia escritores judíos en Estados Unidos, como Philip Roth: ¿Por qué este, curiosamente, viajaba tanto a Praga? ¿Era consciente de que sólo allí desentrañaría su propia piedra filosofal tras los pasos del Golem? Al igual también que los autores del Boom latinoamericano buscan su expatriación en París y Barcelona, todos ellos, en algo que nadie mejor que Kundera ha sabido aglomerar en sus ensayos, más allá de pasaportes concretos y nacionalidades con fecha de extinción, se saben habitantes del territorio que Goethe quiso conquistar y señaló como paraíso: la literatura universal.

Fuente:
https://elpais.com/cultura/2019/12/12/babelia/1576149659_031464.html

sábado, 7 de julio de 2018

KUNDERÍSTICA

Milan Kundera y la fama
Alirio Pérez Lo Presti

En «Jacques y su amo» (1981), Milan Kundera realiza un homenaje a Diderot.

Se trata de una obra de teatro en tres actos en la cual vincula historias en un entremezclamiento «polifónico» de las mismas. La obra está precedida por una introducción que nos recuerda el carácter melancólico de Kundera: «Cuando los rusos ocuparon, en 1968, mi pequeño país, todos mis libros quedaron prohibidos y, de golpe, ya no tuve posibilidad legal alguna de ganarme la vida».

Pero la convulsa fama la alcanza con su obra «La insoportable levedad del ser» (1984), su libro comercialmente más exitoso, combina el erotismo y la seducción de Tomás con las vicisitudes que tiene que pasar. Se trata de un médico exitoso quien, a raíz de una declaración política escrita, es despojado de su cargo y debe trabajar como limpiador de ventanas. El libro tiene una atmósfera filosófica que toma el tema del ser. Nietzsche es uno de los filósofos que componen la estructura de la obra. No es casual que sea precisamente Nietzsche, el filósofo «punta de lanza» de la contemporaneidad, el señalado por Kundera para desarrollar sus ideas: «La idea del eterno retorno es misteriosa y con ella Nietzsche dejó perplejos a los demás filósofos: ¡Pensar que alguna vez haya de repetirse todo tal como lo hemos vivido ya, y que incluso esa repetición haya de repetirse hasta el infinito! ¿Qué quiere decir ese mito demencial?».

Hay un giro importante en su obra, donde se conjuga lo filosófico, lo erótico, con mucho más peso que en sus trabajos anteriores, y lo político está entremezclado con todos estos elementos, adquiriendo quizá una relevancia equivalente; o al menos determinando los acontecimientos de los personajes, pero como marco histórico referencial.

«Teresa, a la una y media de la mañana, se puso el pijama y se acostó junto a Tomás. Dormía. Se inclinó sobre la cara de él y al besarlo notó en su pelo un perfume extraño. Volvió a olerlo otra vez y otra más. Lo olfateó como un perro y entonces comprendió: era el olor de un sexo de mujer». Señalando más adelante: «A los que creen que los regímenes comunistas de Europa Central son exclusivamente producto de seres criminales, se les escapa una cuestión esencial: los que crearon estos regímenes criminales no fueron los criminales, sino los entusiastas, convencidos de que habían descubierto el único camino que conduce al paraíso». Con esta novela alcanza el culmen literario y gana lectores a montones.

«El arte de la novela» es un ensayo donde Kundera expone su posición personal sobre este género. Compuesto por varios textos, dedicados a autores como Hermann Broch, Franz Kafka, en donde hace referencia en múltiples ocasiones a Rabelais, Cervantes, Sterne, Diderot, Flaubert, Tolstói, Musil, Gombrowicz. Se tra

Quizá sea «La inmortalidad» (1989), lo mejor de toda su producción literaria. A partir del gesto encantador de una mujer de cierta edad, el escritor desarrolla un extraordinario volumen de más de 400 páginas en donde entrelaza la trama de múltiples personajes pertenecientes a distintas épocas históricas. Para el muy singular profesor Avenarius, por ejemplo, el mundo de hoy no sirve como objeto de juego. En este libro, Kundera ya no plantea el elemento político como parte de la obra. Plantea la exacerbación colectiva del culto a la imagen en la sociedad actual, y todo el texto está enmarcado en un sentido lúdico acerca del arte y el artista.

El texto comienza de esta singular forma: «Aquella señora podía tener sesenta, setenta y cinco años. Yo la miraba mientras estaba acostado en una camilla frente a la piscina de un club de gimnasia situado en la planta de un edificio moderno. Pasó junto al instructor y cuando estaba a unos tres o cuatro pasos de distancia, volvió hacia él la cabeza, sonrió, e hizo con el brazo un gesto de despedida. ¡En ese momento se me encogió el corazón! ¡Aquella sonrisa y aquel gesto pertenecían a una mujer de veinte años!».

Desde este trabajo Kundera va a cambiar de manera ostensible. Son otros los temas y las situaciones que nos presenta. Son otros los conflictos de los personajes. Ya no existe una crítica a la pretensión del progreso. Ahora se pasea minuciosamente por la estética y los problemas del mundo actual. El escritor que era en 1967 ha quedado muy atrás. Sus temas son los temas de la contemporaneidad.
ta de explorar la posición que ocupa la novela en la contemporaneidad y los retos que ha de asumir. Desarrolla una interesante teoría de la novela: «Cada novela, quiéralo o no, propone una respuesta a la pregunta: ¿qué es la existencia humana y en qué consiste su poesía?». Llega a conclusiones como la siguiente, muy en concordancia con los tiempos en que vivimos: «Flaubert descubrió la necedad. Me atrevo a decir que éste es el descubrimiento más importante de un siglo tan orgulloso de su razón científica». «El descubrimiento flaubertiano es para el porvenir del mundo más importantes que las turbadoras ideas de Marx o de Freud».
Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/32883-perez-lo

Eterno retorno a Kundera
Alirio Pérez Lo Presti 

A veces siento que estoy en deuda con Milan Kundera por haber tenido el infinito gusto de leerlo. Entonces escribo nuevamente sobre él.

Milan Kundera es un escritor checoslovaco nacido en 1929. Se afilió al partido comunista al término de la segunda guerra mundial y fue expulsado del mismo en

1948. Profesor de la Escuela de Estudios Cinematográficos de Praga, perdió su cargo tras la invasión rusa (1968). Sus obras fueron retiradas de la calle, y desapareció de los manuales de literatura. En 1979 fue privado de su nacionalidad checoslovaca por la publicación de la obra «El libro de la risa y el olvido». Representa al escritor «total», en sentido de que su obra alcanza la perfección en la novela, el cuento, el teatro, el ensayo y la crítica literaria.

Estas son algunas notas que deseo compartir por entregas, pues de su producción literaria me he dedicado a estudiar los siguientes libros: 1. La broma. Novela (1967). 2. El libro de los amores ridículos. Cuentos (1968). 3. La despedida. Novela (1973). 4. La vida está en otra parte. Novela (1973). 5. El libro de la risa y el olvido. Novela. (1978) 6. Jacques y su amo. Obra de teatro en homenaje a Diderot (1981). 7. La insoportable levedad del ser. Novela (1984). 8. El arte de la novela. Ensayo. (1986). 9. La inmortalidad. Novela (1989). 10.Los testamentos traicionados. Ensayo (1993). 11. La lentitud. Novela (1995). 12.La identidad. Novela (1997). 13.La ignorancia. Novela (2000). 14.El Telón. Ensayo (2005). 15. La fiesta de la insignificancia. Novela (2014).

Sus primeras obras van a estar muy condicionadas por elementos políticos, cuyo eje central es la crítica a los regímenes totalitarios y cómo se ven afectados los personajes de la novela por la política, desde la forma de plantearse aspectos elementales de la existencia, hasta la manera de vinculación interpersonal de la gente.

En «La broma» (1967), un personaje quiere impresionar a la joven con la cual galantea y escribe en una postal «para herirla, asombrarla y confundirla: ¡El optimismo es el opio del pueblo! El espíritu sano hiede a idiotez. ¡Viva Trotski! Ludvik». El gesto, pilar fundamental de esta novela, le cuesta caro. Tiene que pagar con la pérdida de su libertad la supuesta arremetida contra el régimen. El personaje es denunciado por la propia joven con la cual mantiene una relación afectiva. Kundera es meticuloso cuando narra la forma en que es vejado por soldados adolescentes encargados de su custodia. El contenido es eminentemente político. Una crítica al totalitarismo imperante en su vida, pero particularmente cómo afecta la conducta de las personas con las cuales se vincula.

«El libro de los amores ridículos» (1968), tiene un carácter más lúdico. Orienta su obra literaria hacia escenarios de mayor profundidad psicológica. Sin embargo, el contenido de lo político sigue presente y el autor se vale de la ironía «…los mártires son quienes tienen permitido reafirmarse placenteramente en su dulce inactividad al confirmarles que la vida no ofrece más que una disyuntiva: ser aniquilado o ser obediente».

En «la vida está en otra parte» (1973), el autor exacerba sus cualidades irónicas al construir un personaje. Se trata de un poeta «revolucionario» que llega incluso a elaborar los «versos socialistas acerca de la muerte». El poeta expresa en sus letanías el deseo de poder relatar sólo historias de amor: «¡Es tan agradable relatar este tipo de historias! ¡Qué maravilloso sería poder olvidarse de aquella que ha sorbido la savia de nuestras cortas vidas para poder emplearla en sus vanas obras, qué hermoso sería olvidarse de la Historia». El controvertido tema del artista «comprometido» y la potencial mengua de su capacidad artística.

En «La despedida» (1973), la seducción y el erotismo se entremezclan con el contexto político: «… lo que lo impulsaba a conquistar a las mujeres era el deseo de venganza, era la tristeza y el descontento o la compasión y la lástima, el mundo de las mujeres se confundía para él con su amargo drama en este país, en el que había sido perseguidor y perseguido y donde había vivido muchas peleas y pocos idilios».

En «El libro de la risa y el olvido» (1978), sigue siendo el totalitarismo el escenario donde se mueven sus personajes: «Mirek es un corrector de la historia igual que lo es el partido comunista, igual que todos los partidos políticos, que todas las naciones, que el hombre. La gente grita que quiere crear un futuro mejor, pero eso no es verdad. El futuro es un vacío indiferente que no le interesa a nadie, mientras que el pasado está lleno de vida y su rostro nos excita, nos irrita, nos ofende y por eso queremos destruirlo o retocarlo. Los hombres quieren ser dueños del futuro sólo para poder cambiar el pasado. Luchan por entrar al laboratorio en el que se retocan las fotografías y se reescriben las biografías y la historia».

Kundera representa la paradoja genial de aquello que nos divierte y a la vez nos condena.
Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/32850-perez-l


El salto de Kundera
Alirio Pérez Lo Presti

Con este texto finalizamos las entregas sobre Milan Kundera, escritor con quien me siento en deuda permanente.

"Los testamentos traicionados" (1993), es un ensayo sobre la novela. Pensamos que el arte de la novela es el protagonista de este libro; el espíritu de humor que lo engendró; su misterioso parentesco con la música; su historia, que evoluciona (como la música) en tres tiempos; la estética de su tercer tiempo (el de la novela moderna) y su sabiduría existencial. El cambio dado por Kundera es tal que ya no escribe en checo. Ha adoptado el francés como el idioma para el desarrollo de éste y de sus futuros trabajos. Un idioma que permite una comercialización más fluida de sus obras.

En "La lentitud" (1995), entremezcla personajes de varias épocas que coinciden en un castillo de Francia convertido en hotel. Se exacerba lo banal, lo cotidiano, lo insulso como potencial producto para el arte de la novela: "A Inmaculada no se le ha ocurrido en vano la idea del mal aliento, es un recuerdo reciente e inmediatamente rechazado el que le ha inspirado semejante maldad: el recuerdo del mal aliento de Berck. Cuando escuchaba, hecha trizas, sus insultos, no estaba en condiciones de ocuparse de su exhalación, y un observador oculto en ella fue el que registró en su lugar ese olor nauseabundo e incluso el que añadió el siguiente comentario lúcidamente concreto: el hombre cuya boca huele mal no tiene amantes. Ninguna se acomodaría".

En "La ignorancia" (2000), temas como la amistad, sus características y su valor, van a estar presentes; así como la ausencia del otro, los problemas relacionados con la memoria, pero vistos desde la dimensión personal en la que se transfiguran los recuerdos. El olvido como elemento del ser y la ignorancia como instancia que nos invade: «La Odisea, la epopeya fundadora de la nostalgia, nació en los orígenes de la antigua cultura griega. Subrayémoslo: Ulises, el mayor aventurero de todos los tiempos, es también el mayor nostálgico. Partió (no muy complacido) a la guerra de Troya, en la que estuvo diez años. Después se apresuró a regresar a su Ítaca natal, pero las intrigas de los dioses prolongaron su periplo, primero durante tres años llenos de los más fantásticos acontecimientos, y, después, durante siete años más que pasó en calidad de rehén y amante junto a la ninfa Calipso, quien estaba tan enamorada de él que no le dejaba abandonar la isla».

"El telón" -ensayo en siete partes- (2005), es una especie de corolario sobre su aventura en torno al arte de la novela, al arte del ensayo, la literatura, el escribir. Aborda las características de la novela contemporánea, diserta sobre el arte contemporáneo y la presencia permanente del pasado en el arte que se realiza en el presente. Cuando se refiere a lo actual evoca al Quijote en repetidas oportunidades: «…si el valor estético no existiera, la historia del arte no sería más que un inmenso depósito de obras cuya sucesión cronológica carecería de sentido. Y a la inversa: sólo se percibe el valor estético en el contexto de la evolución histórica de un arte». El asunto de la modernidad y la contemporaneidad como elementos distintos, con márgenes definidos, es abordado de manera magistral y su visión sobre lo estético merece especial mención: «Los conceptos estéticos sólo empezaron a interesarme cuando percibí sus raíces existenciales; cuando los comprendí como conceptos existenciales; porque tanto la gente sencilla como la refinada, inteligente o tonta, se enfrenta constantemente en su vida con lo bello, lo feo, lo sublime, lo cómico, lo trágico, lo lírico, lo dramático, la acción, las peripecias, la catarsis o, por hablar de conceptos menos filosóficos, con lo vulgar; todos estos conceptos son pistas que conducen a distintos aspectos de la existencia inaccesibles por cualquier otro medio».

En sus intentos por entender la dimensión del arte señala: "Hubo largos períodos en los que el arte no buscaba lo nuevo, sino que se enorgullecía de embellecer la repetición, de reforzar la tradición y de asegurar la estabilidad de una vida colectiva; la música y la danza sólo existían en el marco de los ritos sociales, de las misas y las fiestas. Luego, un día, en el siglo XII, un músico de iglesia tuvo en París la idea de añadir un contrapunto a la melodía de un canto gregoriano… a raíz de allí los compositores perdieron el anonimato, y la música se convirtió en historia de la música…Este fue el gran milagro de Europa: no su arte, sino su arte convertido en historia. ¡Ay! Los milagros son poco duraderos. Quien levanta el vuelo un día aterrizará. Presa de la angustia, imagino el día en que el arte dejará de buscar lo nunca dicho y volverá, dócilmente, a ponerse al servicio de la vida colectiva, que exigirá de él que embellezca la repetición y ayude al individuo a confundirse, alegre y en paz, con la uniformidad del ser. Pues la historia del arte es perecedera. La palabrería del arte es eterna". ¡Así cerramos el telón!

Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/32994-perez-lo

lunes, 23 de noviembre de 2015

LA MEMORIA Y EL OLVIDO

Develando la memoria
María F. Sigillo

“La cultura es la memoria del pueblo,
la conciencia colectiva de la continuidad
histórica, el modo de pensar y de vivir”
Milan Kundera


Con asombro he presenciado cómo – en menos de una semana –  recientemente han sido develados dos bustos en el centro de Caracas: el primero de ellos, en honor al angoleño  Antonio Agostinho Neto, hecho ocurrido el 10 de noviembre en curso, a cargo del Viceministro de Relaciones Exteriores para África, Reinaldo Bolívar; y,  el segundo, en tributo al líder  palestino Yasser Arafat, develado el 11 de noviembre de 2015,  en un acto encabezado por el alcalde del Municipio Libertador, jorge rodríguez.
Ambos han sido ubicados en  el Centro de Caracas, uno,  en el paseo que ahora lleva el nombre del héroe nacional angoleño “Antonio Agostinho Neto”, ubicado detrás del Teatro Municipal. El segundo, en la Avenida Norte del Boulevard- ahora -llamado ¿Simón Bolívar?, (antes Panteón),  frente a la Casa de las Primeras Letras y diagonal a la casa José Martí.
Con esto no pretendo desconocer los meritos, aciertos o fracasos de estas figuras internacionales, pero me pregunto ¿Qué carajo tienen que ver con la historia caraqueña? ¿con la memoria urbana y cultural  de nuestra ciudad, colocándolos  en paseos o bulevares destinados precisamente al rescate de la memoria con predominio histórico? ¿Allí no deberían existir  bustos, esculturas, monumentos de hombres como Lino Gallardo; o  Jesús Muñoz Tébar, caraqueño que  terminó de construir el Teatro Municipal y fue llamado el “constructor” del guzmancismo;  o, en última instancia, el busto de Manuel Alfredo Sánchez Luna, ( Alfredo Sadel)  quién  en 1998 fue honrado con que el Teatro Municipal de Caracas llevara su nombre?
 La lista de caraqueños e ilustres venezolanos que merecen estar en los  bulevares o paseos serían interminable, pero lastimosamente vemos que los gobernantes de turno, tienen más interés en resaltar a los próceres foráneos o ganadores de guerras, que a los coterráneos, quizás porque las batallas de nuestros hombres fueron hechas a cincel, garganta o llenando lienzos y hojas  de color, luces y letras.
Afortunadamente existe un grupo inmenso de silentes caraqueños que luchamos a diario, por preservar el patrimonio tangible e intangible de nuestra ciudad, y confiados estamos en que los ciudadanos pronto tendrán los héroes que a través de la literatura, las artes, la música, y las ciencias  han llenado de honor y gloria por siempre, nuestra tierra.
@msigillo @Caracasretro

Fuente: http://www.lapatilla.com/site/2015/11/13/maria-f-sigillo-develando-la-memoria/
Fotografías: María F. Sigillo. 

viernes, 25 de septiembre de 2015

FAVOR QUE SE HACE

EL PAÍS, Madrid, 26 de septiembre de 2015
COLUMNA »
Identidad
El núcleo de todo fervor identitario es religioso, aunque su orientación y vocabulario sean laicos
Fernando Savater 

Milan Kundera dijo que los rusos empiezan por llamar “eslavo” a todo lo que quieren convertir en ruso. De igual modo, Germá Gordó llama “países catalanes” a lo que quiere anexionar a su ilusoria república catalana. Son ejemplos de identidades culturales pervertidas para justificar maniobras políticas. Pero ese mismo fenómeno ocurre también con identidades piadosas, étnicas, eróticas, ideológicas… Son variantes que nos explica y contra las que nos advierte Jean-Claude Kaufmann en su excelente librito Identidades. Una bomba de relojería (editorial Ariel). La democracia contemporánea ha ampliado la autonomía de cada ciudadano, que puede y debe elegir los rasgos que le caracterizan con una libertad que desampara a los menos dispuestos o peor preparados para tal aventura. Las identidades colectivas, fuertes y obligatorias, les dispensan de esa búsqueda personal, acogiéndoles bajo lo que Nietzsche llamó “un calor de establo” homogéneo y tranquilizador.
El núcleo de todo fervor identitario es religioso, aunque su orientación y vocabulario sean laicos. Se basan en dogmas tan sugestivos como indemostrables, prometen alguna forma de bienaventuranza y movilizan a los creyentes contra la caterva de infieles que se interpone entre ellos y el paraíso. En el fondo, aunque cree que aspira a un premio mayor, el fanatismo de la identidad es ya una recompensa en sí mismo. Nadie tiene que torturar su mente buscando razones para elegir bien, basta con saberse parte del pueblo elegido. No opongas resistencia, relájate y disfruta. O padece, que ser víctima también es un gozo cuando la recompensa es una buena conciencia libre de dudas. Lo importante es tener claro quienes son los enemigos, porque ellos delimitan la identidad. Háganse el favor de leer a Kaufmann: reforzará sus identidades menos obtusas y más inclusivas, les hará temer las otras.

(http://elpais.com/elpais/2015/09/25/opinion/1443195184_298685.html)

sábado, 7 de marzo de 2015

LA MEMORIA Y EL OLVIDO



Intervención del diputado Luis Barragán en la sesión plenaria de la Asamblea Nacional (Caracas, 30/09/2014), en torno a una solicitud de crédito orientada a la recuperación de los espacios patrimoniales de la ciudad. La intervención tiene una particularidad: fue respondida por el diputado Robert Serra, constituyendo su último discurso en la cámara. Creemos que hay un evidente contraste entre una y otra intervención. Además, valga como un reconocimiento a la nueva crónica histórica.


miércoles, 31 de diciembre de 2014

PASADO EFÍMERO



Sesión Ordinaria del día martes 30 de septiembre de 2014
De la memoria y del olvido

(DIPUTADO BARRAGÁN).– Ciudadano Presidente, colegas Parlamentarios: El crédito adicional en cuestión, de conformidad con lo que dijo el colega parlamentario que nos precedió, tiene por horizonte la memoria y el olvido.

Se refiere a los espacios, estos recursos históricos y de valor arquitectónico de la ciudad, necesarios de recuperar para que el pueblo venezolano haga memoria de su experiencia histórica y estética. Pero olvidaba el parlamentario que nos antecedió –prometido abrir el espacio en escasos meses– que este inmueble construido en 1948 fue abusivamente expropiado por el alcalde mayor  en  2006, y significa que si algo tiene este Gobierno de década y media es precisamente expropiar, improvisar y procurar que se pierda la memoria histórica y cultural del pueblo venezolano.

Viene ocurriendo el fenómeno con otras piezas históricas y arquitectónicas. El Rialto, que está cerca del Palacio Legislativo, fue completamente modificado, fue remodelado mas no restaurado; tenemos la novedad del Hotel Waldorf en Bellas Artes, donde presuntamente el patrimonio arquitectónico de la ciudad sufre de una brutal remodelación, aunque este inmueble en décadas pasadas fue un referente importante de la ciudad. También está el Teatro Cajigal de Barcelona, 150 años sin reparar,  y ni siquiera en larga década y media de este régimen han tenido la generosidad de mantener en pie dicho Teatro; o cuando lo intentan, como con la Catedral de Barcelona, lo hacen mal e, incluso, se sospecha de un trabajo que no tiene valor para un restaurador o curador y esto también, además del guiso histórico, va disparando el misil a la memoria del pueblo venezolano; está la Casa Araure –allí se alojó Bolívar–, y nos comentaba hoy el colega parlamentario Iván Colmenares que está en el piso, Es decir, es una constante en década y media de un mismo Gobierno afectar, espectacularizar, hacer bulla, estridencia con lo que nos queda de la memoria histórica.

Además, para realizar estos trabajos, como el que ocupa la solicitud de este crédito adicional que aún aprobándolo no nos releva de las necesarias observaciones consignamos,: es indispensable consultar con esa nueva crónica digital, con las redes sociales donde hay cronistas que se agrupan en iniciativas como Caracas en Retrospectiva o Memoria Urbana, que ustedes olímpicamente desconocen porque pretenden reconstruir, reescribir la historia venezolana. Es un conflicto entre la memoria y el olvido.

Y Milán Kundera –es pertinente en estos momentos– en El libro de la Risa y el Olvido, con la venia de la dirección de debate me permito citar, decía: “La lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido”.

Nosotros estamos en la misma medida que ejercitamos la memoria, golpeando el olvido que ustedes representan de ese pasado histórico, que lo quieren triturar y convertir en un utensilio del gobierno actual, que tiene 15 años siendo el mismo gobierno.

Es todo, señor Presidente, colegas parlamentarios.
 
 NOTA LB: A esta intervención es que respondió el diputado Robert Serra, convirtiéndose en su último discurso en la cámara. Puede apreciarse en el video, la respuesta fue equívoca, desproporcionada y grosera a nuestra intervencón: https://www.youtube.com/watch?v=UUKoWukuJvY), incansablemente repetido por los canales oficiales. Incluso, hubo quienes, al enfocarme varias veces las cámaras, aseguraron que - antes - yo lo había insultado y, así, algunas palabrejas recibí en la calle. Por suerte, no duró mucho más esa exposición televisiva. (31/12/14).  Por cierto, nos permitimos otra observación. Desde la primera vez que leímos la obra de Kundera en cuestión, nos impresionó la frase. Ha ocurrido con muchas personas. Nadie de la oposición conoce de antemano el Orden del Día, por lo general, y - así - en la marcha hay que preparar la intervención. Vale decir. cada quien se presenta con su equipaje. El caso está en que 


recordamos lo dicho por el escritor checo. Serra comenzó con una cita, porque nosotros terminamos con otra. La de él, evidentemente convencional, la que se sabía, la que saben de acuerdo a la cartilla. Descontextualizada y enfermiza. La nuestra, la tomamos del blog en la cámara (para algo ha servido tenerlo e indagarlo en la Laptop-Curul. Muy después, tomando café, un diputado del gobierno murmuró o dijo algo así como "citas de Wikipedia". No tendríamos problema alguno en "wikipediar" (¿se dirá "wikipedear"?) lo que, chequeado, decimos. Para algo existe. Hallamos más rápido la sentencia de Kundera en nuestro blog que en la Wiki. Por casualidad, aunque diciembre no ha alcanzado para la rutina de esta época, inventariar y hasta botar papeles, nos conseguimos con el libro en casa. La edición es de 1986, Barcelona. Luego de tantos años, le tocó a Milan: reglaremos el ejemplar. Lástima que ni idea sepan (o diga no saber) del régimen que soportó Kundera (03/01/15).