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viernes, 27 de julio de 2018

LA CIUDAD DESMORONADA

Residencia en la tierra
Siul Narragab


El Colegio de Arquitectos de Venezuela, ha emitido un reciente comunicado, justo y lacónico, advirtiendo sobre la agresión a la memoria inmobiliaria del país.  Lo poco que queda en pie, por la acción irresponsable y despiadada del Estado, camino a su propia demolición,  no sólo afecta la mínima identidad urbana que alcanzamos, aún antes del impacto petrolero,  sino que nos convierte en una suerte de campamento para saciar toda la voracidad de los contratistas que, al remodelar, raspan la olla del erario público.

Un vistazo a las principales ciudades del país, nos impone de un gigantesco e imparable deterioro. A lo sumo, mientras haya efectivo en caja, les contenta el remiendo infinito de edificios, calles y avenidas que, alguna vez, tuvieron una enorme significación para el país, en el que propios y extraños celebraban el rostro arquitectónico de una urbe cargada de historia.

La crónica caraqueña, por ejemplo, no está sólo orientada al recuerdo de la cada vez más remota capital, la que experimentó una fuerte transformación cultural, gracias a la renta, con una extraordinaria mudanza material, sino a la actual y casi inadvertida pérdida de sus obras más emblemáticas, las que le concedieron identidad, por a acción y omisión de una dictadura que ha hecho del olvido o la falsificación histórica, una de sus piezas maestras. Por citar algunos nombres de inconfundible calidad literaria y periodística, ya no cultivamos la nostalgia de Enrique Bernardo Núñez, Guillermo José Schael, Carlos Eduardo Misle, William Niño Araque, Guillermo Meneses, sino la denuncia, la más corajuda denuncia de los destrozos actuales, llena de rabia, indignación e impotencia, aún en el contexto de un sobrio y adecuado tratamiento académico.

Ha sido incansable la labor de investigación, catalogación y exposición de la Arqº Hannia Gómez, sobre la Caracas que nos arraiga, nos concede un sentido, nos permite una identidad, en vías de desaparecer. E, incluso, igualmente la ocupan los referentes más modestos, advirtiendo lo que puede ocurrir y ocurre,  orientándonos estéticamente, con data precisa en mano: pasó con la quinta “Hilda” de El Paraíso que, ya tan injustamente demolida, el terreno fue cercado y, luego, “expropiado” por un colectivo, sin que sepamos qué suerte le cabrá al terreno.

En más de un sentido, esta tierra en la que residimos y trabajamos (o alguna vez lo hicimos), va cubriéndose de una desolación inaceptable.  La Arqª María Fernanda Jaua, quien  ha tenido un intenso desempeño académico foráneo, entre otros de sus trabajos, ha orbitado en las redes una espléndida conferencia sobre nuestro patrimonio industrial y, lejos de apesadumbrarnos,  apunta al reto – por siempre vigente -  de recuperar el parque y la República misma hallar el futuro que no es otro que el de las libertades necesarias para vivirlo y trabajarlo.

Fotografía: Hannia Gómez / Decomomo. Quinta "Helena" (1932-2012), El Paraíso, Caracas. Ya derribada. Reclamado por un colectivo el terreno, sigue cercado.
22/07/2018:
http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/33144-narragab-s

lunes, 26 de marzo de 2018

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Córnea de un perro transplantada (injertada) en Caracas a un joven obrero. El Nacional, Caracas, 13/04/1973.
- Martín de Ugalde. "¿Qué pasa con el clima de Caracas?". El Nacional, 22/11/58.
- Texto y fotografías de Graziano Gasparini: restauración de monumentos (Araure, Obispos, Píritu, Coro, Clarines, Barcelona). El Nacional, 27/07/61.
- Juan de Dios Sánchez. "Apuntes sobre Sabana Grande". ElUniversal, Caracas, 02/03/82.
- Roberto Briceño-León. "(Michel) Foucault entre nosotros". El Nacional, 08/07/84.

Reproducción: René de Sola. El Nacional, Caracas, 17/11/1958. Transplante,

domingo, 3 de septiembre de 2017

SOLO ESPERA UNA OPORTUNIDAD

De los arquitectos estadounidenses en Caracas
Luis Barragán


Testimonio vital de resistencia, Decomomo Venezuela  levantó corajudamente una exposición que ayuda a reforzar nuestra identidad urbana, complementando – a nuestro juicio -  las consabidas y encendidas protestas ciudadanas. Luego de reportar las influencias españolas e italianas, ahora lo hace con la arquitectura estadounidense de la Caracas que ha sobrevivido heroicamente al deterioro algo más que estético de todos estos años de desidias y rencores oficiales.

Entre 1925 y 1975, distintos inmuebles y ambientes, como páginas de un libro que parecía nunca concluir, se van integrando a nuestro patrimonio espiritual, reconociéndonos en un proceso de modernización que se hizo siembra petrolera para emplear la manida metáfora del país que ciertamente contabilizó e invirtió sus más extraordinarios ingresos, alcanzando  niveles superiores de una calidad de vida insospechada por los más remotos venezolanos,  convertida hoy en nostalgia ajena para las más recientes generaciones. Cada trazo da ocasión   al acentuado comentario en torno a la ciudad – una y múltiple – fundada en un generoso sentido de pertenencia que, disculpándonos por la inevitable digresión, recientemente le dio la vuelta al mundo, sorprendiéndolo por la vieja infraestructura en pie, con autopistas y avenidas repletas de pacíficos manifestantes que trenzaron las grandes edificaciones de una localidad seguramente antes tenida por un atrasado y espantoso suburbio de las profundidades tercermundistas.

Contribuida por las diligencias de la embajada estadounidense,  la exhibición cuenta con el respaldo de una intensa investigación que, más allá o más acá de las fronteras,  trae planos completamente inéditos, distribuidos en una sala que cobra intimidad por la luz, las lámparas y el mobiliario de una viva filmografía retrospectiva. Varias maquetas, cuidadosamente elaboradas por aventajados estudiantes de arquitectura de la Universidad Central de Venezuela, en un esfuerzo voluntario que explica toda la muestra, tientan al más distraído fotógrafo para ensayar los ángulos sugeridos por la posible tradición oral del hogar.

Luce fácil recurrir a las todavía sorprendentes simplicidades ideológicas en boga para abordar la influencia que tuvo Nelson Rockeffeler, por ejemplo, patente en el diseño y la construcción del Hotel Ávila, aunque pudo elegir otra ciudad y otro país para sus vivencias e inversiones, como otros – arquitectos – quedarse en una confortable oficina de la 5ª Avenida de Nueva York en lugar de la más modesta que los acogió acá.  Paradójicamente, valorada la presencia de Ernest Hemingway,  y – aún más – la casa convertida en museo,  la Finca Vigia cercana a La Habana, las actuales y efímeras intervenciones cubanas que tienden a replicar el hábitat isleño de los privilegiados del poder, especialmente en el casco histórico caraqueño, no suscitan crítica alguna y, menos,  escozor por un peculiar modelo de negocios.

El asunto nos remite a la vasta empresa de remodelaciones que, aventajada por la   precariedad de  importantes referentes históricos y arquitectónicos, igualmente tarda en concluir los trabajos, haciendo de Caracas una infinita pasarela de turbios retazos, como ocurre con el Centro Simón Bolívar, el edificio La Francia o la vieja sede de la Corte Suprema de Justicia de ya numerosos precedentes.  Una debida y cuidadosa restauración de los espacios, les parece inconveniente, por decir lo menos,  a sabiendas del muy lento costo político que las arbitrarias transformaciones urbanas suscitan, a pesar de las dilaciones.


Impulsada fundamentalmente por la incansable Hannia Gómez, cuyo servicio a la ciudad y al país tanto le agradecemos, la Sala Trasnocho Arte Contacto (TAC) de Paseo Las Mercedes, estará abierta hasta el primero de octubre del presente año, con sus fotografías, leyendas, maquetas, planos, mobiliario, videos y el calor humano de quienes vuelven a ella para constatar un dato, un recuerdo, una palabra. Prometido por ella, ojalá podamos ver – más adelante – las fotografías de sus incursiones de investigación en La Rinconada, por citar un caso, sitio al que arribó el equipo en la buseta de una línea popular, poblando la retina con los lugares insospechados de un mismo lugar para interpelación del régimen.

Ante todo, “Arquitectos Norteamericanos en Caracas 1925-1975: Our architects” es una experiencia de la estética y de la vivencia que la Venezuela urbana habrá de recuperar y enriquecer. Abre una ventana a las inmensas posibilidades que Caracas y todas nuestras ciudades albergan, esperando solo una oportunidad.

Referencias:
http://docomomovenezuela.blogspot.com/
https://www.youtube.com/watch?v=x8c67jSMtqY
Fotografía inicial: LB, TAC (Caracas, 02/09/2017).
Video: LB, Hannia Gómez en TAC (Caracas, 02/09/2017).
04/09/2017:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/30725-de-los-arquitectos-estadounidenses-en-caracas

domingo, 11 de diciembre de 2016

LA CASA TOMADA



Un desarraigo inaceptable

Luis Barragán

La reciente y sonada demolición de un viejo inmueble en la urbanización Las Mercedes de Caracas, afectando la memoria colectiva, actualiza o dice actualizar un debate frecuentemente inadvertido en relación a lo que va quedando del patrimonio histórico y arquitectónico de la Venezuela sumergida en una inédita crisis humanitaria. Voces como la de Hannia Gómez, se alzan en reclamo de los escasos referentes que le conceden una mínima identidad a la ciudad capital, como ocurre en todo el territorio nacional para avanzar, por sus provisionalidades, en un desarraigo inaceptable.

Comenzamos el presente año, con la construcción de un quiste de cemento en el Palacio Municipal, por el que no ha respondido el acalde menor, ni hay todavía respuesta alguna en torno a las denuncias consignadas en la Asamblea Nacional. Casi inmediatamente después, se desplomó la cúpula del hotel Miramar de Macuto, afamado desde los tiempos de Juan Vicente Gómez que logró sobrevivir al deslave varguense, mas no al régimen que ha hecho lo que viene en gana con el museo Armando Reverón de la misma localidad. No obstante, deseamos llamar la atención sobre las remodelaciones que ha ensayado el poder central.

Emblema por excelencia, siniestrada a mediados de la anterior década, la remodelación de una torre de Parque Central, tardó más que la propia construcción del complejo residencial y comercial. Y, en lugar de una restauración, la modificación del cine Rialto lógicamente nos ensordece, además, por el descaro de una tardanza que se convirtió en un esplendido y jugoso negocio, como muy bien podría deducirse con el propio Ludwig Wittgenstein.

En 2010 fue ordenada la expropiación de  La Francia por Chávez Frías, perteneciente curiosamente al propio Estado, pero aún no concluye la remodelación del edificio de un destino incierto que ha servido como atril de la propaganda oficialista; o el que perteneció a la Corte Suprema de Justicia,  después pasó al parlamento, cuya significación puede constatarse en un importante título de Leszek Zawisza (*), albergando a refugiados por las lluvias tres o cuatro años atrás para sufrir de una cirugía estética importante tal como fisgoneamos cada vez que acudimos a las sesiones del parlamento. No queda otra convicción o presunción que la del deliberado deterioro de los inmuebles públicos, por muy significativos que sean, para extenderse en una remodelación que promete cuantiosas, directas o indirectas ganancias al estamento en el poder.

Es tiempo de retomar la materia, añadida una reforma legal que sincere la situación, porque la solución no está en la expropiación – si fuere el caso – de los edificios de un estimado valor histórico y arquitectónico, habida cuenta de un Estado que no las honra y da ocasión para otras triquiñuelas, sino en la adquisición que haga a precios de mercado con la finalidad de no afectar al propietario, familiares o relacionados que no encuentran fórmula alguna para preservarlos, u optan – caso Toki-Eder – por dejar que caiga por su mismo peso la pieza.  Por lo pronto, no exageramos al equiparar la actual crisis de supervivencia física con la espiritual: el régimen desea vaciarnos completamente de historia para rellenarnos con la suya, falsa y falsificadora.

(*) “Arquitectura y obras públicas en Venezuela siglo XIX”, Ediciones de la Presidencia de la República, Caracas, 1989: III, 375-388. El Edificio de la Exposición del Centenario, concebido por Juan Hurtado Manrique, supuestamente integrará el complejo cultural dedicado al Bicentenario, pero no hallamos evidencia alguna de una discusión que autorice la afectación  del histórico inmueble que, por cierto, tiene al frente otro completamente remodelado que ha tardado en ocupar el gobierno del Distrito Capital, según la identificación que ostenta.