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jueves, 20 de febrero de 2020

EN LA UNIVERSIDAD NO SE JUEGA CARRITOS, NI MUÑECAS

Locutus est Iesus et Rian
Guido Sosola

Un muchacho de nombre Jesús Mendoza, dijo de otro llamado Ryan Mendoza. Ambos, hacen vida en la Universidad Central: el uno es representante estudiantil en el Consejo Universitario, mientras que, el otro, es secretario de reivindicaciones del Centro de Estudiantes de la Escuela de Derecho.

Archiconocido ya, una planta televisiva – por cierto,  cuestionada -  ofreció sus espacios a un debate dominical sobre la universidad y su destino, pero muy bien Mendoza desenmascaró a Ryan por su costosa vestimenta y camioneta. Éste se negó a responder y aseguró que la cosa no saldría al aire,  en vacilante desafío al moderador Halim Naim, siendo otro – aseguró -  el motivo de la discusión.

Los encapuchados de ayer, so pretexto de la autonomía universitaria que ahora impunemente violentan, adolecen de dirigentes universitarios y puede decirse que nunca los han tenido, cuales herederos de inmejorables condiciones, excepto los que hoy ostentan las gobernaciones de Falcón y de Miranda, y un grupo violento como fue el M28: en propiedad nunca ganaron elección alguna y todos los aspirantes a lucirse en la burocracia oficialista tuvieron y tienen por única característica, el nivel de vida de Ryan. Esto es suficiente para contrastar la nomenklatura, o los deseosos  conformarla, con las grandes mayorías que se mueren de hambre y de mengua en este país.

Si algo ha fallado, además, es el liderazgo estudiantil de la oposición, encandilado y capturado por los partidos del status quo correspondiente y, entre el miedo extendido, en medio de la peor crisis existencial que ha sufrido la universidad en Venezuela, no sentimos el aliento histórico necesario y, a veces, nos antojamos,  pareciera como si Jóvito Villalba y Rómulo Betancourt, después del tronco de discurso que se mandaron en el Panteón Nacional o al celebrar a Beatriz I, en las jornadas de 1928, se hubiesen echado para atrás y negociado la cohabitación con Juan Vicente Gómez y su ministro de Educación, contentos y vanidosos con la repentina celebridad.   Con las muy contadas excepciones del caso (LUZ y USB, por delante), las autoridades y los gremios, todos, están tan chorreados que sólo transmiten confusión, desorientación y, buscando negociar el plazo ordenado por la dictadura que se vence para la Central el 26 de febrero, oportunismo, vulgar oportunismo, tocándoles el deber de llevar adelante el artículo 109 de la Constitución, muy definido, muy expreso, muy preciso: esto es lo que les tocó, así de simple.

Si de los muchachos hablamos, me quito el sombrero por dos que, por cierto, rompen el formato que un día Yon Goicochea consagró: Daniel Ascanio, quien – siendo presidente de la FCU de la USB – recibió y le cantó sus verdades en la jeta al rector usurpador Holder y, suponemos, no querrá recibir el título – está por egresar – de sus manos, injustamente, olvidado y políticamente relegado; y, ya citado, Mendoza, cuyas palabras en la Asamblea Nacional, en los medios y en la propia universidad se hacen sentir, mientras que nadie se ocupa de reclamar ni siquiera la presencia del resto de la dirigencia en cualesquiera consejos de escuela, facultad, universitario o centro de estudiantes,  y, peor, los partidos que la apoyaron hacen mutis. Ambos, actuaron y actúan sin mucha estridencia, con una modestia admirable, respondiendo a sus convicciones y pulsiones, cumpliendo con los más elementales deberes de la representación ejercida, desconocidas las ventajas y mimos de las que gozó la otrora estrella fulgurante del pasaje estudiantil, opositor, como Ricardo Sánchez,  Ojalá, Daniel y Jesús, no se echen a perder.

Cfr.

sábado, 30 de noviembre de 2019

CUADERNO DE BITÁCORA

Inevitable el pronunciamiento de Humberto Calderón Berti (https://www.youtube.com/watch?v=PHZTne_pc2Y&t=13s), como inevitable que generara una legítima inquietud.  Por supuesto, las redes sociale se hacen eco de las posturas genuinas al lado de otros que pertenecen al ámbito de los laboratorios de guerra sucia, no sólo los de la dictadura. Desde hace tiempo se veía venir la destitución. Ésta confirma las distintas versiones de una imposible convivencia del experimentado y diligente representante diplomático, con quien lo designó y ha de entenderse. Para nadie ha sido un secreto el manejo turbio de las cosas. La indignación que ha levantado, no es casual. Algunas cosas verificadas, otras no tanto, hemos hecho de la prudencia un elemento necesario. La Fracción Parlamentaria 16 de Julio pide explicaciones. Lo votamos. Eso es suficiente. Porque una destitución, con el estilo empleado, no es buena consejera.
Lo que sorprende es la calidad del "debate" en las redes sociales. Los hay, celebrando el despido de quien jura que pontifica sobre la ética y la moral, en un grupo de WhatsApp.  No es capaz de dar elementos, argüir, sino que se despacha en un "guaidosismo" de insondable entusiasmo, claro está, hasta nuevo aviso. Y se jura "realista". Si a esto se une lo que dicen de la Comisión de Contraloría, presidida aún  por alguien metido en un caso de putañería,  al cerrar inexplicablemente una investigación delicada de corrupcón, entonces, ¿cuál son los nuevos elencos de la política?

La circularidad de interinato ha llegado a diciembre, como lo refleja un motivo gráfico de los que suelen correr en las redes digitales.  De ello, ¿tampoco se debe hablar?

(LB)

lunes, 11 de abril de 2016

CAZA DE CITAS

"... Las claves confirman que las rupturas políticas que sacudieron a la nación venezolana durante el período de estudio no se reflejan de un modo determinante en el recorrido de las instituciones y las revistas. Por otro lado, la información sobre los tres momentos analizados no confirma que la cuestión petrolera - información, análisis y conocimiento, debate económico y político - sea un asunto que comenzó en el país a partir de 1958"

Juan José Martín Frechilla 

("La gran ilusión. El petróleo en las revistas institucionales venezolanas entre 1909 y 1957", en:  AA. VV., "Petróleo nuestro y ajeno", UCV, Caracas, 2005: 351)

martes, 26 de mayo de 2015

NADA DELIBERANTE


Hay mayor tensión y angustia en el gobierno que en el resto del país que lo padece

“No permitamos que el gobierno nos distraiga con una saturación artificial de noticias, procurando evadir los gravísimos problemas que ha generado como si la población fuese culpable o de satanizar a una oposición que – por cierto – ha sido excesivamente prudente”, señaló el diputado Luis Barragán, sub-jefe de la Fracción Parlamentaria de Independientes (VENTE) en la Asamblea Nacional.

“La astronómica subida del dólar, la inflación, la escasez de insumos básicos y de la criminalidad, como la detención de un narcotraficante acompañado por una alta magistrada y la negligencia ante el consabido caso con Guyana, son elementos demasiado evidentes y contundentes a los que debe responder el gobierno nacional capaz de sembrar falsas o adulteradas noticias y de provocar un debate público desesperadamente banal. La tensión, preocupación y angustia es mayor en el gobierno que en el resto de país que lo padece”.

Finalmente acotó el parlamentario: “Nada impide que toda la ciudadanía discuta sus problemas esenciales, aunque el principal partido de gobierno no lo desee ni siquiera en casa propia temeroso de un merecidísimo cuestionamiento. Su primer objetivo es que no haya deliberación en Venezuela, sino la repetición absurda de consignas al compás de una represión que jamás toca al hampa común”.

Fuentes:

domingo, 25 de enero de 2015

(DES) ACREDITARSE

De la Asamblea Nacional que aprueba de contado
Luis Barragán

Subestimados los ingresos petroleros, aventajados por sendos fondos que únicamente competen al Ejecutivo Nacional, cada año asistimos a la consideración y sanción de la Ley de Presupuesto por la Asamblea Nacional. A pesar de las más crudas dificultades, la aprobación para el ejercicio fiscal de 2015 cuenta con la insinceridad que reportó el ejercicio del año precedente.
La crónica solicitud de los créditos adicionales que supera numéricamente a los restantes puntos del Orden del Día, nos remite a tres circunstancias: retrata el dudoso manejo de las finanzas públicas, dando por contado el inmediato y acrítico respaldo de la bancada oficialista para la obtención de recursos; facilita las maniobras de sometimiento político al dejar que únicamente la coyuntura conduzca a la aprobación de los recursos para casos absolutamente predecibles (y, por tanto, presupuestables), como el cumplimiento de los pasivos laborales o la cancelación de obras ya programadas; y deja una puerta abierta para el debate, inevitable en el proceso de aprobación. Éste último, es el que permite a la bancada opositora debatir y también excederse en la materia tratada, a objeto de plantear asuntos habitualmente negados por el cuerpo.
En 2014, fueron aprobadas 194 solicitudes de crédito adicional, por el orden de Bs. 278.732 millones, con un presupuesto de Bs. 552.632 millones y un endeudamiento autorizado por Bs. 102.500 millones. Caso anómalo en el campo de las finanzas públicas que se ha hecho tradición en los años precedentes y que, seguramente, se repetirá en 2015, con un presupuesto de Bs. 741.708 millones y un endeudamiento por Bs. 58. 108 millones.

Siendo tan pocas las ocasiones para el debate parlamentario de los problemas que nacional, regional o localmente nos aquejan, tales solicitudes brindan la ocasión para la intervención de los diputados de la oposición que, a veces, son declarados fuera de orden por la dirección de debates al tocar aspectos que no encuentran cupo en la agenda de sesiones y que reclaman vehementemente sus representados. Convengamos que la maniobra oficialista, al plantear créditos adicionales que benefician a determinados sectores sociales o a la misma Fuerza Armada Nacional, está dirigida a exponer a una oposición que no niega – incluso – tales beneficios, sino que deja o procura dejar constancia del mecanismo empleado y de las debilidades que implica hacer el seguimiento de rigor al destino de los recursos.

(*) Tomado de la ponencia presentada por el autor en la Mesa de Análisis de CEDICE, Caracas, 22/01/2015.
Ilustraciones: G. Hiter. Revista Shell, Caracas, nr. 12 de 1956.

Fuente:http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/21557-de-la-asamblea-nacional-que-aprueba-de-contado

miércoles, 10 de octubre de 2012

VECINDARIO, INCLUSO, LINGÜISTICO

La otra política
Luis Barragán


Lunes, 2 de julio de 2001

Los estudios de opinión coinciden, desde hace más de una década, en resaltar la alergia o desprecio hacia la política en general. Sin embargo, indispensable, aunque quieran llamarla de otro modo, insurge de dos modos distintos. Por una parte, la de naturaleza partidísta que, suponíamos, encontraría otros derroteros con el cambio proclamado, experimenta un retroceso innegable al degradar el debate público. Y, por otra, la no partidísta que, irremediablemente, sigue siendo política, reincide en las viejas prácticas que nos permiten colegir la existencia de una cierta cultura autoritaria y ventajista propicia al oficialismo actual.

El cambio sufre de una asombrosa adulteración expresiva para seguir en lo mismo o -como dijo alguien- peor de lo mismo. ¿Nos engañan o nos engañamos tercamente?.

La degradación del debate

Nada más necesario que la polémica para la vida democrática. Tan elemental convicción sugiere cierta consistencia de las razones esgrimidas que impidan una pronta degradación del ambiente político.

No pocos meses tiene la preocupación por el destino de Vladimiro Montesinos.

La opinión pública ha incubado serias sospechas sobre el personaje y la vinculación con un sector del gobierno. Ocurrió lo sabido por todos y el presidente Chávez reencadenó su larga, que no sustanciosa, versión sobre los hechos. Antes, dos de sus seguidores pusieron las notas de un retroceso innegable en el debate.

Los parlamentarios oficialistas quedaron en evidencia: el uno, no supo en definitiva qué decir cuando había asegurado la muerte del sujeto; y, la otra, acusó a un parlamentario de la oposición -Pérez Vivas- nada más y nada menos que de protegerlo. Y con todo el respeto, esas sandeces avisan de algo más grave, como es la carencia de una cultura política democrática mínima que obliga al razonamiento y a la circunspección.

Por lo demás, las consignas tienen sus límites. No puede continuar el coro maniqueo sobre el pasado mientras el presente parece reivindicarlo, pues, la invocación de una cuarta república corrupta luce como una necedad cuando el flagelo contínua a sus anchas.

El debate político es inevitable y no queda otra opción al oficialismo que asumirlo. Y me atrevo a aseverar que si ésta fuera una revolución, la sabríamos por sus tribunos, pues, generalmente, el cambio histórico evidencia a los mejores.

La otra política

La política no pertenece exclusivamente a los partidos, pues, también la hacen los gremios empresariales y sindicales, estudiantiles y académicos, vecinales y recreativos, en el ancho horizonte de las decisiones que dicen comprometerlos. Apenas es una cuestión de instancia, donde valores y principios, hábitos y prejuicios, se dan cita por igual.

Hay una cultura política fuera de la órbita estatal, insuficientemente evaluada en todos estos años. La mejor ilustración está en los condominios, donde propietarios e inquilinos frecuentemente exhiben los vicios que se les imputa con facilidad al liderazgo partidista.

Cualquier observador puede percatarse de la escasa participación en los problemas comunes del edificio, la barriada o la urbanización. La desconfianza, apatía o resignación, obedece también a la preeminencia de una camarilla habilidosa en el manejo ventajista de los asuntos administrativos, surgida con garbo y espontaneidad cuando la delegación tiende a ser tan absoluta como el mismo derecho de propiedad (y comodidad) invocado.

Puede colarse una crítica siempre subrepticia en torno a los deudores de la comunidad, cuyas crisis económicas no se compadecen con los peroles electrónicos exhibidos en fiestas que, por lo regular, desafían el sueño de todos. Las juntas de condominio y de administración exponen las medianas y pequeñas corruptelas, afianzadas hasta en la reparación de un modesto ascensor.

La pintada o las remodelaciones del inmueble siguen el curso del cableado televisivo o la promoción de un producto o servicio, en un universo de prácticas y percepciones orientado a todo el aprovechamiento individual posible y la conformidad con un discurso "heroico" de mantenimiento. Las empresas del ramo tienden a crecer independientemente de sus ineficacias y triquiñuelas, resultando asombrosamente rentables con el diferimiento del pago de la luz o el agua, incluída la complicidad de los líderes residenciales.

Es el vecindario de la clase media-media y baja, por lo general, el mejor indicador de una cultura política que no luce mejor que la versionada en sus reproches persistentes al liderato público. Una suerte de microfascismo la informa y, acaso, adquiere perfección en los comités de notables que surgen al calor de los nuevos encumbramientos urbanos: el tesista encontrará en las vicisitudes judiciales de un famoso cirujano plástico, rechazado al adquirir casa en una reputada urbanización caraqueña, las mejores pistas del pensar y el hacer colectivos de la Venezuela contemporánea.

La otra política la palpamos en ámbitos aparentemente insospechables. Las universidades plenamente dependientes del presupuesto nacional, so pretexto de la autonomía, la ejemplifica fielmente como un inmenso monumento a la anomia que los hechos todavía frescos de la UCV testimonian.

Ojalá pudiéramos precisar la vigencia, significación y alcance reales de los Juzgados de Paz, elegidos tiempo atrás por voluntad popular. Constituye un dato relevante para saber cuánta profundidad puede tener la revolución ciudadana que, por cierto, nada abona a la retórica del tutelaje político ensayado por un oficialismo evidentemente anacrónico.

No cabe duda que el autoritarismo encuentra nido en el obrar colectivo ajeno a la rutina de los partidos conocidos o que ya se conocen. Reconocerlo nos parece un importante paso.

Notas sobre un rapto

Suele ocurrir: nombrar la revolución es muy distinto a hacerla. Agotada la imaginación, la ineptitud es cubierta con etiquetas que la fingen.

No es un mero afán opositor el que nos inspira, porque acá nadie podrá decir jamás habíamos visto nada igual, parafraseando a Carlos Fuentes ("Casa con dos puertas", Joaquín Mortíz, México, 1970: 151).

Comprobamos con tristeza la pérdida de una inmensa oportunidad para el cambio que siempre soñamos desde la libertad.

Agolpadas las notas sobre la mesa, encontramos una ya antigüa advertencia de Augusto Mijares: "Lo más grotesco es que (el político) quiera ser un revolucionario y no sepa cómo" (Elite, 27/04/63, Nr. 1961). Desde la izquierda hasta la derecha, la invocación ha servido de mágica fórmula para conjurar las sorpresas que depara el ejercicio de gobierno y, habitual en este lado del mundo, las explosiones verbales dicen frenar el duro oleaje de la realidad.

El convencimiento más profundo que se tiene del tránsito por el poder reside en el empleo de la palabra: por modesta que sea, trasciende a todos los ámbitos. El desliz sintáctico, el neologismo espontáneo y la más atrevida adjetivación, rápidamente adquieren un visado social que también nos recuerda -con Castoriadis- aquello del político como prisionero de lo que dice.

Los dicterios no puede construir una senda diferente, al menos que se tenga por tal la sinceración -Rangel dixit- de una herencia aceptada y recreada. Y es que los pronunciamientos radiales del presidente Chávez provocan las naturales reacciones que abonan a una básica cultura democrática adquirida en décadas que contrastan favorablemente con toda la historia republicana, por lo que no puede agravarse la oquedad revolucionaria con los caprichosos atropellos verbales.

Atropellos que igualmente avisan de una necesidad inaplazable: la de estatizar al propio gobierno. Sentimos que, al discrepar de la reciente decisión del Tribunal Supremo, estaba en el fondo del recurso interpuesto por Elías Santana.

Insurge el Estado Audiovisual que, confundido con sus circunstanciales conductores y seguidores, sacraliza el gesto. No podemos olvidar las viejas experiencias, pues, observaba Fuentes: "La historia del siglo ha demostrado que las palabras también sirven para tiranizar. Hitler hizo algo más que quemar libros. El nazismo corrompió totalmente el lenguaje, al grado de que los significados elementales de la relación verbal se perdieron. Toda una generación de escritores alamenes ha debido dedicarse a la reconstitución del lenguaje primario de los individuos y de la sociedad. Y en los propios Estados Unidos, ¿no fue el macartismo, antes que otra cosa, un rapto verbal? El Senador Joseph McCarthy fundó su aparato de sospecha, de infundio, de represión, de cacería de brujas, en el uso de epítetos difamantes, de palabras que no podían ser comprobadas, de etiquetas verbales" (115).

Quisiera que fuese una exageración al revisar y citar lecturas de antaño. No obstante, permanece la doble angustia por una revolución inauténtica, sin el compromiso con las razones, las emociones y la realidad misma que la autorizan, y la adulteración expresiva que supondrá una paciente reconstrucción de la esperanza misma: ¡Qué inmenso es el reto para la oposición democrática!.

Fuente: http://www.analitica.com/va/politica/opinion/3591367.asp
Ilustración: Paulo Castro.

jueves, 5 de julio de 2012

¿Y LA INTERLOCUCIÓN SOBERANA?

TAL CUAL, Caracas, 3 de Julio de 2012
Debates y liderazgo civil
Nadie se imagina a Cipriano Castro debatiendo con Juan Vicente Gómez sobre si la planta insolente del extranjero era más o menos insolente, con el escritor y periodista José Rafael Pocaterra de moderador
GISELA KOZAK ROVERO

Cuando veo debates entre candidatos presidenciales en otros países me pregunto por qué entre nosotros no es costumbre que los aspirantes a la primera magistratura debatan entre sí con reglas claras y turnos de participación. Hubo dos debates en la campaña por la candidatura de la unidad y, más allá de sus defectos, fue gratificante ver a contrincantes ejerciendo la civilidad, respetando las reglas, con los mismos derechos y limitaciones que los demás. El arte de la política en democracia implica precisamente respetar a quien adversamos y compartir los espacios políticos.
Esa burda actitud machista de que candidato que se respete no discute con el contrario es una manifestación más de la época de los caudillos y las montoneras.
Nadie se imagina a Cipriano Castro debatiendo con Juan Vicente Gómez sobre si la planta insolente del extranjero era más o menos insolente, con el escritor y periodista José Rafael Pocaterra de moderador. Si a Juan Vicente Gómez le llevó la contraria alguna de sus innumerables amantes o su hermana mayor, no se sabe mayor cosa.
No me extraña que sea así.
En Venezuela debate puede sonar para los eternos chéveres que quieren estar de buenas con todo el mundo a riña. También podría ser propio de gente fina confundir debate con riña; mi abuela decía que en las familias bien de Cumaná era muy corriente el "mijito, no vayas a discutir" o "háblalo solo conmigo".
Entre mis estudiantes debate no es argumentación, investigación, preparación previa, intercambio con reglas claras, sino enfrentarse con sus compañeros, sobre todo si se trata de temas que rozan la política... Qué va. Algunos envalentonados, sobre todo en redes sociales o en la Asamblea Nacional, piensan que debate es decirle al contrario hasta el mal del que se va a morir o lo inservible y falto de moral que es, por no hablar de la mención de la orientación sexual, la clase social o el color de piel. En una asamblea en la Sala de Conciertos de la UCV, recuerdo a un estudiante que dijo: ­Esta universidad es oligarca, pirata, burguesa, clasista, odia a los negros y los profesores ganan sueldos multimillonarios.
Profesores, yo los invito a debatir...
Puede que efectivamente Chávez desprecie a Capriles y piense que no es interlocutor para él, que águila no caza moscas y ya tiene ganada la elección e, incluso, que si no hay costumbre de debate no hay por qué empezar. Pero creo que el asunto va por otro lado. Chávez no quiere debatir con su oponente porque es como un niño que no comprende la existencia de límites: ¿hablar cinco minutos para responder una interrogante? ¿Callarse y darle la palabra a otra persona en igualdad de condiciones con él? ¿No poder descalificar al oponente con los insultos que acostumbra? ¿Darle la mano a Capriles? ¿Alguien se imagina al presidente en estas circunstancias? Henrique Capriles Radonski tiene que volver a abrir la senda de Rómulo Gallegos, el hombre de ideas y de leyes, el líder civil por excelencia.


Ilustración: Dumont (El Universal, Caracas, 17/05/12)

martes, 21 de diciembre de 2010

de reaperturas


EL NACIONAL - Martes 21 de Diciembre de 2010 Opinión/6
A Tres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
Marxismo: reabrir el debate
MAGALDY TÉLLEZ*

Las palabras de Rigoberto Lanz en su reciente artículo Marxismo sin tormentos me hicieron recordar que pocos días después de la caída del Muro de Berlín, encontré junto a la puerta de la oficina de un profesor de la UCV unos cuantos libros amontonados.

Pregunté a alguien y me dijo que el profesor los había tirado allí porque el marxismo ya no cabía en su biblioteca. Revisé y allí estaban El Capital, los Grundisse y otros legados de la obra marxiana; también varios manuales de marxismo publicados por la Academia de Ciencias de URSS. De estos últimos, pensé, tenía que haberse liberado hace tiempo por razones de salubridad intelectual. De los primeros, opté para llevármelos, tomar el tercer tomo de El Capital que había dado en préstamo y obsequiar el resto a un estudiante que quería leer a Marx y no podía comprar sus libros. Tal parece que no pocos de quienes califican como "trasnochada" la invitación a reabrir el debate sobre el marxismo y no pocos de quienes entran sin entrar en él, se quedaron con los manuales que aquel profesor dejó tirados, los que hicieron circular ese "marxismo" que "fue en todos los sentidos una estafa al pensamiento de Marx y al desarrollo que logró el pensamiento crítico durante el siglo XX", como bien lo señala Rigoberto.

Reabrir de verdad el debate sobre el marxismo implica, al menos, dos condiciones. La primera, dejar de identificar el marxismo con esa estafa para prenderle fuego a un muñeco de paja. La segunda, establecer vínculos con una tradición crítica de pensamiento, al modo de una relación con las herencias sin testamento: rememorando y torsionando, para decirlo derridianamente. Porque un nuevo modo de pensar, a mi juicio, rememora y torsiona ese pensamiento que da a pensar y a decir de otro modo, que se vuelve inactual o intempestivo (Nietzsche) para mostrar la mentira de aquello respecto de lo cual nuestro tiempo se siente orgulloso: la democracia, la globalización, la sociedad del conocimiento, por ejemplo.

Como escribió Morin hace más de veinte años: Nuestras sociedades siguen siendo tan "profundamente bárbaras en su misma organización" y "tan ricas de tantas posibilidades", que el "mito libertario de una sociedad sin coacción y el mito socialista de una sociedad sin dominación de clase" continúan siendo fecundos como ideas-fuerzas, pero a condición de no degradarse en "mitos de salvación, fuentes de fanatismos y de muerte".

Frente a las guerras coloniales emprendidas en este siglo XXI; a las consecuencias económicas y sociales provocadas por los bancos mundiales y las organizaciones de comercio global; a la concentración del poder militar y financiero mundial en un grupo de corporaciones; al terror de Estado que se impone por el mundo; a los fenómenos de violencia local y global; a los desplazamientos y genocidios de millones de seres humanos; a la eco-depredación; a las maquilas del Tercer Mundo en las que el proceso de alienación humana, analizado por Marx, adquiere dimensiones impensadas... ¿Tendrán algo que darnos a pensar y a decir Marx, Rosa Luxemburgo, Marcuse, Horkheimer, Adorno, Gramsci, entre otros, respecto de nuestro presente? Sólo para opinadores de lengua fácil la respuesta sería negativa. Creer que se debate interpelando estafas y quemando muñecos de paja no sólo es estéril, sino es aniquilar el debate mismo. Es fácil quemar estos muñecos pero no lo es hacernos cargo del debate haciendo entrar en él nuestras herencias sin testamento, de las que seguimos bebiendo quienes apostamos por el ejercicio de la radical emancipación y por la reinvención del socialismo como nuevo arte de vivir-encomún.

Es aquí donde se pone en juego el sentido de reabrir el debate sobre el marxismo que, hoy, en nuestro país, vienen impulsando intelectuales como Rigoberto Lanz, Juan Barreto y Javier Biardeau, entre otros, en cuyos aportes podemos apreciar las resonancias de las voces de Marx y del pensamiento crítico del siglo XX. Ojalá el abanico se abra mucho más, entre otras razones, porque no deja de provocar escalofríos escuchar a ciertos revolucionarios e incluso a altos funcionarios de Gobierno que no pueden disimular su alergia al debate teórico.

*UCV


Ilustración: Zapata (El Nacional, 15/12/10)

domingo, 31 de octubre de 2010

algunos textos


Algunos textos hallados en un archivo olvidado....

REPUBLICANIDAD
Luis Barragán
(*)


Hay ideas básicas, elementales, esenciales que explican la conformación del Estado en América Latina. La res pública es una de ellas. La insurgencia independentista del siglo XIX llevó su signo. No obstante, todo lo obvio es frágil, pues, en las postrimerias de la presente centuria, esta noción tiene sus dificultades.

Digamos, en un sentido, que lo republicano expresa la determinación de no confiar los destinos exclusivamente en una o en pocas personas. La monarquía, por lo tanto, le es incompatible. El ciudadano no sólo puede incursionar en los espacios públicos, sino también, al menos en teoría, está potencialmente disparado a asumir su dirección. La Jefatura de Estado y de Gobierno, excepto algunos casos, no ha estado ligada a un nombre por siempre, legal y legítimamente reconocido. Por supuesto, hay dictaduras que duraron demasiado y supieron del vástago que pacientemente esperaba el poder como herencia, aunque siempre por los caminos intrincados que tejíeron las rivalidades entre propios y extraños.

La republicanidad, intencionalmente, significa desarrollo institucional, creación de equipos de relevo, circulación de sangre nueva y no perpetuidad de nombres. En el caso venezolano, el constituyente consideró una necesidad como es la de llevar a un ex-mandatario al Senado. Lo que ha ocurrido con Pérez demuestra que lo vitalicio no es tal o no lo es en términos absolutos.

Ahora bien, tengo entendido que hay fundaciones en las que el Estado ha contribuido, como la del artista de teatro, radio y televisión, que cuentan con presidentes o directivos vitalicios, como partidos que tienen miembros de derecho permanente en sus instancias de conducción. Constituye un gesto de reconocimiento quizá loable, pero contradice el sentido republicano cuando no están legitimados periódica o constantemente por los miembros de la comunidad, en el marco de una competencia electoral.

Se trata de una simple constatación.

(*) Publicado en la revista "Notas de Política Actual", nr. 3 de 1997, Caracas.



IRONICAMENTE SUYO
Luis Barragán
(*)


Comparto con un amigo, Fernando Spiritto, el interés y hasta cierto punto la admiración por Richard Nixon. Recuerdo que al leer “Seis crisis”, tuvimos ocasión de discutir toda la labor del republicano en la investigación y persecución de Alger Hiss. Y de la muerte de éste, nonagenario, me informó Fernando a finales de 1996.

Hubo de esperar, dice Sergio Dahbar, a que la KGB comenzara a abrir el arca de sus secretos para saber de la inocencia del personaje destruido por todo la cacería de brujas que experimentó Estados Unidos luego del “Nuevo Ideal” rooseveltiano. La ironía desplegó sus alas muchas décadas después, fruto de una sociedad que no supo distinguir entre la verdad y la mentira, atiborrada por Vietnam y saldada aparentemente las cuentas con Watergate. Algo más mortífero, en el tiempo, que una bomba atómica.

Y hay otra. La era de la protesta que prontamente se industrializó. Ciertamente, John Lennon era más activo que Paul McCartney en esos abalorios contestatarios. Se trataba, en este caso, de un par de músicos, esencialmente músicos, que cabalgaron un mensaje facilitador, impulsor y hasta fumigador de los afanes comerciales. El último de los nombrados, irónicamente, forma hoy parte de la aristocracia. Engrosa el listado de aquello que forma parte de una monarquía decadente. Décadas después. Mayores aportes hubo de otros que no escenificaban un espectáculo donde la rebeldía era pretexto y malcriadez de buenos músicos.

Veremos que otras volteretas dan las cosas. Irónicamente nuestros, rápidamente apuntamos sobre dos personajes relativamente extraños para este país que mira sorprendido en el espejo de dos sociedades colmadas de experiencias tan disímiles. En un libro adquirido en días recientes en el remate, “El gobierno laborista 1964-1970”, Harold Wilson habló de un incidente con el gobierno alemán a propósito de una solicitud al señor Blankenhorn: “En un momento se había llegado con esta historia hasta el punto de afirmar que yo había llamado al embajador cuando estaba en la cama. Él y yo convinimos más tarde que si la historia hubiese sido cierta sólo podíamos deducir que él dormía con traje de tarde, corbata negra y demás. Pero el daño estaba hecho”.
¿Y Por qué no ?, me pregunto.

(*) Publicado en el diario "El Globo", Caracas, sábado 8 de Marzo de 1997.


DEBATE URGENTE
Luis Barragán
(*)

Frente al documento suscrito por los jesuitas en relación al neoliberalismo, se impone el sentido común. El neoliberalismo, ciertamente, cuenta con los recursos de análisis global para encarar la actual realidad latinoamericana, en contraste con las fórmulas alternativas que tampoco se consolidan como tales. Todo se resume en la perplejidad que supone reconocer los éxitos del ajuste en algunos países, al lado del radical empobrecimiento y de la no menos radical orfandad de un pensamiento (macro) político alterno. Lo que puede imputar Agapito Maestre a las vicisitudes de la democracia indirecta, podríamos estamparlo en las trampas del postpopulismo, fundado en la exaltación portátil del mercado en detrimento de los más elementales valores de la convivencia. Además, como señalan en el documento, “lo público tiende a desaparecer” y “los partidos políticos como propuesta de construcción de sociedad y de nación pierden razón de ser”, porque “la competencia política y administrativa se reduce a demostrar que el candidato o el presidente es el más capaz para crear las condiciones exigidas por el juego abierto y libre de los mercados”. También, en sintonía con esa “codicia insaciable de la riqueza, por la ambición de poder y por la búsqueda insaciable de satisfacciones sensibles” que hoy se concreta en el neoliberalismo o postpopulismo pero que “mañana encontrará otras expresiones ideológicas y aparecerán otros ídolos”. Y no queda otra angustia que la inminencia de un fundamentalismo, de un fascismo actualizado al filo del tercer milenio.

Alberto Quirós Corradi tiene razón al alertar sobre las críticas que “pueden estimular el regreso a políticas ya fracasadas”, al no ofrecer opciones concretas ante lo que existe. No creo que sea una alusión velada al propósito jesuita de volver al populismo, como refiriera Raúl González Fabre, al responderle con argumentos semejantes a sus glosas publicadas en la revista “Sic” de enero-febrero del ‘97. El injerto liberal-populista acarrea daños irreversibles a aquellos sectores que se les promete, vía desbordamiento de la riqueza, un futuro distinto ante el cual solo deben tener paciencia y aportar sus sacrificios.

Lo interesante del documento en cuestión es que debe suscitar una polémica capaz de dar con los puntos claves de las políticas implementadas o a implementar en los años venideros. Explicar estos u otros sacrificios necesarios para salir de los escombros de un viejo modelo de desarrollo que aún tiene sus devotos. Sacrificios que no pueden llegar a aniquilar a un sector creciente del país para que lo otros sobrevivan: el 10% de la población que se pelea por el 1% de la riqueza, mientras 10% más próspero maneja el 45% de la riqueza, con el saldo de un 71% de pobreza en 1995 cuando en 1982 era el 33% del total de la población, según los datos de la Unicef citados por Miguel Angel Santos.

Urge el debate. Repensar un destino irrenunciablemente común.

(*) Publicado en el diario "El Globo", Caracas, sábado 1ro. de Marzo de 1997


LA MUDANZA EN LOS SUBURBIOS DEL ESTADO
Luis Barragán
(*)


Privatizar no significa la entrega rápida, portátil, cruda, desenfadada al neoliberalismo. Eso forma parte de toda una mitología. La sociedad democrática, poscapitalista y autogestionaria pasa por una mudanza del Estado que a duras penas es tal, a otro que sea marco, impulsión y aval de otro orden, pues la historia, caramba, no ha finalizado.

La privatización es un proceso, obedece a una contextualidad y no un hecho aislado, un antojo de finales de siglo. Ocurre que, en un sano pragmatismo, las empresas exitosas no tienen por qué privatizarse en aras de un antojo. Y como son escasas, casi inexistentes, viene con facilidad la perogrullada.

No obstante, hay que considerar la dimensión penal o criminológica del proceso. Puede dar ocasión a actos delictivos. La mudanza se complicaría. Pocos serían realmente beneficiados. No el colectivo. Constituye un aspecto necesario de abordar.

En el fondo, está la sospecha. Un festín destructivo de los bienes colectivos, que pertenecen a todos. El patrimonio público que se muele en los bolsillos de los que reciben, por lo menos, comisiones. Y es por ello la urgencia de la transparencia. Y así también, la generación de confianza en quienes llevan a cabo el proceso, sin que signifique una patente de corso.

Negación de la impunidad y gratuidad. Esto es, aceptación pura y simple de la prescripción de la acción penal para quienes incurran en delito. O ciego depósito de la fe colectiva en los que deben demostrar que la merecen para llevar a cabo la mudanza, pues corremos el riesgo que se queden con ella y ... el camión, en los suburbios del Estado.

(*) Publicado en el diario "Economía Hoy", Caracas, martes 14 de Enero de 1997, Nr. 2.339.


Ilustración: banner empleado por "Noticiero Digital", entre 2005 - 2006