- Efraín Schacht Aristeguieta y Brasil. El Universal, Caracas, 23/01/1985.
- Luis Beltrán Prieto Figueroa. "El nixocidio". El Nacional, Caracas, 13/08/74.
- Joaquín Marta Sosa. "Woody Allen en Palestina". El Nacional, 19/02/88.
- Pablo Azuaje y el asesinato de Gaitán. El Nacional, 12/05/78.
Reproducción: Víctor Manuel Reinoso reseñaba la visita de la pareja a una de sus propiedades en Venezuela, en luna de miel: Nelson Rockefeller, de 54 años de edad, y Margaretta Fitler Murphy, de 36: "Un Nelson que es cowboy". Élite, Caracas, nr. 1964 del 18/05/1963.
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domingo, 24 de abril de 2016
domingo, 10 de agosto de 2014
APENAS, UN DETALLITO
Watergate como detallito
Ox Armand
Cuarenta años de una renuncia, en la sede del mismísimo imperialismo yankee traga-niños en las guerras infernales que sus malévolos dirigentes idean incontablemente, sometido su pueblo a la más deplorable humillación y asombrosa miseria, y – faltando poco – exportador masivo de series televisivas que superan la filmografía con sus harto planificados condicionamientos psicológicos. Así es, en el norte que no ha debido ser una quimera, donde todavía Rockefeller ejerce un señorío que apenas ha permitido compartir con Gates, tuvo que dejar la Casa Blanca el luctuoso Richard Nixon, que hoyó con su planta insolente la China del Gran Mao Zedong, por la maquinación de Kissinger, el mismo, el empleado de Nelson, aunque no se salió con la suya porque el Tío Ho lo derrotó política y militarmente, legándonos la doctrina de la guerra asimétrica, y un tal 11-S las masas preteridas le pasaron factura. Y, por ello, quienes pueden conseguir la visa, van a Orlando y recorren Florida entera, adquieren un apartamentico en Nueva York o persiguen un puestico en a embajada de Washington o en cualquier consulado, pero no nos equivoquemos: consecuentes con el discurso que tuvo a bien dejar en herencia el comandante eterno, a misión del chavista en Estados Unidos, turisteando o quedándose ilegalmente, es para constatar cómo quiebran a Citgo, cómo Disney envenena a los chamos, cómo crece el consumo de drogas, cómo padecen porque el petróleo venezolano ya no les llega.
Demasiadas toneladas de papel se ha llevado esa renuncia de Nixon que ni se le acerca a la contundente cobardía de Carlos Andrés cuando los rebeldes de un mes de febrero así lo decidieron. Una tontería fue la punta del hilo que haló con toda las fuerzas del mundo en el ovillo putrefacto del poder. El complejo de oficinas de Watergate retrató muy bien la tragedia que, además, le ocultaban al inocente ciudadano y puntual pagador de impuestos de Gringolandia. Hasta Sinatra dejó de responder a las llamadas de su viejo y celebrado socio de o líder negocios, por supuesto, turbios. He acá la razón de la pérdida del debate con Kennedy años atrás, pues, falto de higiene, el desafeitado líder republicano dejó ver sus enteras fauces a mediados de los setenta del veinte pasado. Y eso lo había pronosticado Fidel. Sí señor, Fidel mismo, el que se mantiene atento y vigilante junto a Raúl, porque conoce muy bien a los mandatarios norteamericanos y a los inescrupulosos altos ejecutivos de las transnacionales que constituyen, en definitiva, la dirección real de los explotadores. Además, sabían que Elvis cumpliría la misión de colarse en el Salón Oval para llevar al californiano los planes que el borracho presidente dejo olvidado en Campo David. Pero, un detallito, olvidan algunas cositas.
Una de ellas, acaso la más fundamental, que unos periodistas dieron y siguieron la pista para descubrir el caso, alentados e informados por un señor que tenía por apodo el título de una precursora película porno, y que eso no significó un carcelazo ni el cierre del periódico donde trabajaban. Que la fiscalía y los tribunales funcionaron, metiendo en el aro a toda la cohorte. Que Nixon quedó rayado para siempre y se salvó por un pelo de ir preso de bola. Que Nixon fue desenmascarado en una entrevista posterior de televisión y no precisamente en el programa de Vladimir Villegas en Globovisión. Que la industria del cine entregó una de las mejores interpretaciones de esa lidia con Frost. Que más del 80% de los documentos alusivos están desclasificados. Que el país soportó la dura prueba de sus instituciones y siguió adelante. Que al gobierno le cuentan las llamadas telefónicas y hay de quien se le ocurra utilizarlo para hacer proselitismo partidista, o llamadas porno o para la consulta horoscopal. Una de esas cositas, apenas. Mero detallito, no más.
Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/20146-watergate-como-detallito
Ox Armand
Cuarenta años de una renuncia, en la sede del mismísimo imperialismo yankee traga-niños en las guerras infernales que sus malévolos dirigentes idean incontablemente, sometido su pueblo a la más deplorable humillación y asombrosa miseria, y – faltando poco – exportador masivo de series televisivas que superan la filmografía con sus harto planificados condicionamientos psicológicos. Así es, en el norte que no ha debido ser una quimera, donde todavía Rockefeller ejerce un señorío que apenas ha permitido compartir con Gates, tuvo que dejar la Casa Blanca el luctuoso Richard Nixon, que hoyó con su planta insolente la China del Gran Mao Zedong, por la maquinación de Kissinger, el mismo, el empleado de Nelson, aunque no se salió con la suya porque el Tío Ho lo derrotó política y militarmente, legándonos la doctrina de la guerra asimétrica, y un tal 11-S las masas preteridas le pasaron factura. Y, por ello, quienes pueden conseguir la visa, van a Orlando y recorren Florida entera, adquieren un apartamentico en Nueva York o persiguen un puestico en a embajada de Washington o en cualquier consulado, pero no nos equivoquemos: consecuentes con el discurso que tuvo a bien dejar en herencia el comandante eterno, a misión del chavista en Estados Unidos, turisteando o quedándose ilegalmente, es para constatar cómo quiebran a Citgo, cómo Disney envenena a los chamos, cómo crece el consumo de drogas, cómo padecen porque el petróleo venezolano ya no les llega.
Demasiadas toneladas de papel se ha llevado esa renuncia de Nixon que ni se le acerca a la contundente cobardía de Carlos Andrés cuando los rebeldes de un mes de febrero así lo decidieron. Una tontería fue la punta del hilo que haló con toda las fuerzas del mundo en el ovillo putrefacto del poder. El complejo de oficinas de Watergate retrató muy bien la tragedia que, además, le ocultaban al inocente ciudadano y puntual pagador de impuestos de Gringolandia. Hasta Sinatra dejó de responder a las llamadas de su viejo y celebrado socio de o líder negocios, por supuesto, turbios. He acá la razón de la pérdida del debate con Kennedy años atrás, pues, falto de higiene, el desafeitado líder republicano dejó ver sus enteras fauces a mediados de los setenta del veinte pasado. Y eso lo había pronosticado Fidel. Sí señor, Fidel mismo, el que se mantiene atento y vigilante junto a Raúl, porque conoce muy bien a los mandatarios norteamericanos y a los inescrupulosos altos ejecutivos de las transnacionales que constituyen, en definitiva, la dirección real de los explotadores. Además, sabían que Elvis cumpliría la misión de colarse en el Salón Oval para llevar al californiano los planes que el borracho presidente dejo olvidado en Campo David. Pero, un detallito, olvidan algunas cositas.
Una de ellas, acaso la más fundamental, que unos periodistas dieron y siguieron la pista para descubrir el caso, alentados e informados por un señor que tenía por apodo el título de una precursora película porno, y que eso no significó un carcelazo ni el cierre del periódico donde trabajaban. Que la fiscalía y los tribunales funcionaron, metiendo en el aro a toda la cohorte. Que Nixon quedó rayado para siempre y se salvó por un pelo de ir preso de bola. Que Nixon fue desenmascarado en una entrevista posterior de televisión y no precisamente en el programa de Vladimir Villegas en Globovisión. Que la industria del cine entregó una de las mejores interpretaciones de esa lidia con Frost. Que más del 80% de los documentos alusivos están desclasificados. Que el país soportó la dura prueba de sus instituciones y siguió adelante. Que al gobierno le cuentan las llamadas telefónicas y hay de quien se le ocurra utilizarlo para hacer proselitismo partidista, o llamadas porno o para la consulta horoscopal. Una de esas cositas, apenas. Mero detallito, no más.
Fuente:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/20146-watergate-como-detallito
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martes, 28 de mayo de 2013
DIFÍCIL CARAQUEÑIDAD
Nixon caraqueño
Ox Armand
El martes 13 de enero de 1958, Richard M. Nixon, vicepresidente de Estados Unidos, vino a Venezuela. Fue una de las experiencias más amargas o gratas de las que recordemos en América Latina, según la perspectiva que asumamos. De acuerdo a las crónicas de entonces, el ambiente de la ciudad capital era de una constante movilización popular en resguardo de la transición democrática alcanzada, luego de la caída de Pérez Jiménez entre el 21 y 23 de enero próximo pasado. Gozando de un irrefutable prestigio, los partidos políticos canalizan la renaciente ciudadanía como hoy no pueden, ni siquiera los medios de comunicación que desesperan por sustituirlos. Los edificios públicos, como el Palacio Blanco, desamurallado, más importante que el propio Miraflores, tiene sus altavoces a la vista a sabiendas que hay proyectiles que llegan igual o más lejos que los de pólvora. Nacía otra experiencia política.
Mal trago pasó Nixon. Por poco lo matan y no porque él lo haya dicho, pues, a más de cincuenta años de los sucesos, parece de sentido común que las masas exaltadas no iban a estrechar su mano con sobrada cordialidad. El vicepresidente optó entre hacer sus diligencias electorales en Washington, importantes en ese momento, o viajar. Anduvo por Montevideo, Buenos Aires, La Asunción, La Paz y Lima, cumpliendo un itinerario de tranquilidad y confort en unos países, mientras que en otros recibía el repudio del estudiantado por todo aquello del imperialismo, etc. En Maiquetía lo esperó el canciller Oscar García Velutini y también una muchedumbre que lo ofende, rechaza, repudia, agresivamente junto a la lkuvia de escupitazos. A duras penas se trasladan en Caracas, siendo golpeado el automóvil y los vidrios, abalanzada la turba. Logran escapar, simplificado el protocolo, y en el Panteón Nacional no sólo estuvieron a punto de voltear el carro, sino que hasta la ofrenda floral fue pulverizada por los que buscaban lincharlo.
Medio siglo después, pretendemos una consideración más serena. En 1958, estaba viva la conspiración de los intereses que nucleó el régimen perezjimenista y, de hecho, el 22 de julio y el 7 de septiembre, hubo sendos y muy serias intentonas golpistas. El apoyo que le brindó Estados Unidos, constituyó la explicación más cercana y cónsona con la perspectiva de un PCV fortísimo en Caracas. Hubo mucho de verdad, por la presencia de las atragantadoras transnacionales petroleras, pero también de burdo maniqueísmo. Además, como le explicó el canciller venezolano, referido por Nixon en su “Seis crisis” (Ediciones G.P., Barcelona, 1967), “los venezolanos han carecido de libertad durante tanto tiempo (…) que ahora tratan de expresarse con mayor energía que la que debiera”. Pero – igualmente – el gobierno provisorio de Wolfgang Larrazábal, de un pluralismo político importante, demostró demasiada candidez y no adoptó las medidas correspondientes o evaluó la situación para postergar la visita. Ese gobierno pudo haber caído, así de simple. Y la agresión contra Nixon demostró que no sería fácil con tamaña demostración de movilización y voluntad de lucha, pero también que las actuaciones del PCV nos ponía en el peligro de una invasión (tropas aerotransportadas desde Puerto Rico estaban listas, si algo serio le pasaba a Nixon). Una política demasiado temeraria, provocadora, irresponsable que llegará a tratar de emular la revolución cubana. Agreguemos que, de un lado, los comunistas en los hechos pedían la nacionalización del petróleo que programáticamente no contemplaban, y la derecha económica reiniciar y ampliar la política de las concesiones, pero – hoy – pocos advierten la solución del centro democrático: no más concesiones e iniciar un proceso de nacionalización lento, pero seguro, nada más y nada menos que creando la OPEP. Cosas veredes, Sancho.
Antes de la traducción castellana, añadidas las fotografías por entonces inéditas del evento, Antonio Márquez Mata hizo referencias al libro de Nixon y su versión obviamente muy bien trabajada (Élite, Caracas, nr. 1965 del 25/05/1963). Olvidó aludir el contexto del que se sirvió: la crisis clásica que implica el peligro físico donde importa no la bravura (SIC), sino la habilidad para superar el temor personal, enfrentar mejor el peligro y borrar todo rencor. Perdió casi estúpidamente después, la carrera presidencial con Kennedy (ambos, en desigual proporción, beneficiarios de la vieja cacería de Alger Hiss, y la gobernación de California. Volvió exitosamente como mandatario estadounidense, pisando Pekín y Moscú. No pasó factura a Venezuela, por cierto. Aunque se creerá que ésta es una nota panegírica sobre el estadista que, valga la curiosidad, cuando se hizo caraqueño por un día tan amargo, se hizo acompañar del coronel Vernon Walters como su traductor, muy después un importantísimo diplomático.
Que se juzgue la visita de Nixon a Venezuela todavía con los anteojos de la época de la guerra fría, zanjada la diferencia entre el mundo capitalista y socialista, es de una sandez sin límites. Por ejemplo, Pepe Rodríguez Rojas para Aporrea llega a comparar esa visita con la muy celebrada que hizo Fidel Castro a nuestro país. Y en un blog del Círculo Bolivariano Fabricio Ojeda la festeja, como si esa demostración de violencia hubiese sido completamente espontánea y la propia muerte del visitante no hubiese traído consecuencias tan impredecibles como innecesarias. El problema es ya histórico, por favor, y no esa necedad política de vocación arqueológica. Pero también nos ofrece una veta interesantísima de investigación: la pusilanimidad de la junta presidida por Larrazábal. Se es voluntaria e involuntariamente pusilánime, apretando las más variadas circunstancias y tendencias. Fue también una junta naturalmente temerosa, complaciente y demagógica que, a confesión de García Velutini, no tomó las precauciones que sí adoptó Betancourt cuando vino Kennedy. Y de esto tomó nota, con exactitud, Nixon.
Fuente: http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/15337-nixon-caraqueno
Fotografías: Ya datadas, revista Élite Caracas; portada de Life, tomada de la red; y portada del libro.
Ox Armand
El martes 13 de enero de 1958, Richard M. Nixon, vicepresidente de Estados Unidos, vino a Venezuela. Fue una de las experiencias más amargas o gratas de las que recordemos en América Latina, según la perspectiva que asumamos. De acuerdo a las crónicas de entonces, el ambiente de la ciudad capital era de una constante movilización popular en resguardo de la transición democrática alcanzada, luego de la caída de Pérez Jiménez entre el 21 y 23 de enero próximo pasado. Gozando de un irrefutable prestigio, los partidos políticos canalizan la renaciente ciudadanía como hoy no pueden, ni siquiera los medios de comunicación que desesperan por sustituirlos. Los edificios públicos, como el Palacio Blanco, desamurallado, más importante que el propio Miraflores, tiene sus altavoces a la vista a sabiendas que hay proyectiles que llegan igual o más lejos que los de pólvora. Nacía otra experiencia política.
Mal trago pasó Nixon. Por poco lo matan y no porque él lo haya dicho, pues, a más de cincuenta años de los sucesos, parece de sentido común que las masas exaltadas no iban a estrechar su mano con sobrada cordialidad. El vicepresidente optó entre hacer sus diligencias electorales en Washington, importantes en ese momento, o viajar. Anduvo por Montevideo, Buenos Aires, La Asunción, La Paz y Lima, cumpliendo un itinerario de tranquilidad y confort en unos países, mientras que en otros recibía el repudio del estudiantado por todo aquello del imperialismo, etc. En Maiquetía lo esperó el canciller Oscar García Velutini y también una muchedumbre que lo ofende, rechaza, repudia, agresivamente junto a la lkuvia de escupitazos. A duras penas se trasladan en Caracas, siendo golpeado el automóvil y los vidrios, abalanzada la turba. Logran escapar, simplificado el protocolo, y en el Panteón Nacional no sólo estuvieron a punto de voltear el carro, sino que hasta la ofrenda floral fue pulverizada por los que buscaban lincharlo.
Medio siglo después, pretendemos una consideración más serena. En 1958, estaba viva la conspiración de los intereses que nucleó el régimen perezjimenista y, de hecho, el 22 de julio y el 7 de septiembre, hubo sendos y muy serias intentonas golpistas. El apoyo que le brindó Estados Unidos, constituyó la explicación más cercana y cónsona con la perspectiva de un PCV fortísimo en Caracas. Hubo mucho de verdad, por la presencia de las atragantadoras transnacionales petroleras, pero también de burdo maniqueísmo. Además, como le explicó el canciller venezolano, referido por Nixon en su “Seis crisis” (Ediciones G.P., Barcelona, 1967), “los venezolanos han carecido de libertad durante tanto tiempo (…) que ahora tratan de expresarse con mayor energía que la que debiera”. Pero – igualmente – el gobierno provisorio de Wolfgang Larrazábal, de un pluralismo político importante, demostró demasiada candidez y no adoptó las medidas correspondientes o evaluó la situación para postergar la visita. Ese gobierno pudo haber caído, así de simple. Y la agresión contra Nixon demostró que no sería fácil con tamaña demostración de movilización y voluntad de lucha, pero también que las actuaciones del PCV nos ponía en el peligro de una invasión (tropas aerotransportadas desde Puerto Rico estaban listas, si algo serio le pasaba a Nixon). Una política demasiado temeraria, provocadora, irresponsable que llegará a tratar de emular la revolución cubana. Agreguemos que, de un lado, los comunistas en los hechos pedían la nacionalización del petróleo que programáticamente no contemplaban, y la derecha económica reiniciar y ampliar la política de las concesiones, pero – hoy – pocos advierten la solución del centro democrático: no más concesiones e iniciar un proceso de nacionalización lento, pero seguro, nada más y nada menos que creando la OPEP. Cosas veredes, Sancho.
Antes de la traducción castellana, añadidas las fotografías por entonces inéditas del evento, Antonio Márquez Mata hizo referencias al libro de Nixon y su versión obviamente muy bien trabajada (Élite, Caracas, nr. 1965 del 25/05/1963). Olvidó aludir el contexto del que se sirvió: la crisis clásica que implica el peligro físico donde importa no la bravura (SIC), sino la habilidad para superar el temor personal, enfrentar mejor el peligro y borrar todo rencor. Perdió casi estúpidamente después, la carrera presidencial con Kennedy (ambos, en desigual proporción, beneficiarios de la vieja cacería de Alger Hiss, y la gobernación de California. Volvió exitosamente como mandatario estadounidense, pisando Pekín y Moscú. No pasó factura a Venezuela, por cierto. Aunque se creerá que ésta es una nota panegírica sobre el estadista que, valga la curiosidad, cuando se hizo caraqueño por un día tan amargo, se hizo acompañar del coronel Vernon Walters como su traductor, muy después un importantísimo diplomático.
Que se juzgue la visita de Nixon a Venezuela todavía con los anteojos de la época de la guerra fría, zanjada la diferencia entre el mundo capitalista y socialista, es de una sandez sin límites. Por ejemplo, Pepe Rodríguez Rojas para Aporrea llega a comparar esa visita con la muy celebrada que hizo Fidel Castro a nuestro país. Y en un blog del Círculo Bolivariano Fabricio Ojeda la festeja, como si esa demostración de violencia hubiese sido completamente espontánea y la propia muerte del visitante no hubiese traído consecuencias tan impredecibles como innecesarias. El problema es ya histórico, por favor, y no esa necedad política de vocación arqueológica. Pero también nos ofrece una veta interesantísima de investigación: la pusilanimidad de la junta presidida por Larrazábal. Se es voluntaria e involuntariamente pusilánime, apretando las más variadas circunstancias y tendencias. Fue también una junta naturalmente temerosa, complaciente y demagógica que, a confesión de García Velutini, no tomó las precauciones que sí adoptó Betancourt cuando vino Kennedy. Y de esto tomó nota, con exactitud, Nixon.
Fuente: http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/15337-nixon-caraqueno
Fotografías: Ya datadas, revista Élite Caracas; portada de Life, tomada de la red; y portada del libro.
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viernes, 19 de octubre de 2012
NOTICIERO RETROSPECTIVO
- Balbino Blanco Sánchez. "3 millones de kilos de papas". El Nacional, Caracas, 17/09/57.
- Ludovico Silva. "Polonesa socialista". Caracas, 11/09/81.
- Germán Carrera Damas. "No somos suizos, pero fuímos a Suiza". El Nacional, 29/05/95.
- Ramón Escovar Salom. "En Cambridge". El Nacional, 15/11/82.
- Tomás Contreras. "Gasolina y frontera". El Nacional, 23/10/79.
- "La primera cédula en colores la recibió el Presidente Caldera". El Nacional, 16/09/72.
- Jesús Sanoja Hernández. "Cuando Nixon pisó tierra firme". Qué Pasa, Caracas, 16/05/64.
Fotografía: Ascenso de Gerald Ford y evasión de Richard Nixon. La prensa venezolana no fue extraña al caso de Watergate, desde un primer instante. Ilustración de Plantu, reproducida en Resumen, Caracas, nr. 47 del 29/09/74.
- Ludovico Silva. "Polonesa socialista". Caracas, 11/09/81.
- Germán Carrera Damas. "No somos suizos, pero fuímos a Suiza". El Nacional, 29/05/95.
- Ramón Escovar Salom. "En Cambridge". El Nacional, 15/11/82.
- Tomás Contreras. "Gasolina y frontera". El Nacional, 23/10/79.
- "La primera cédula en colores la recibió el Presidente Caldera". El Nacional, 16/09/72.
- Jesús Sanoja Hernández. "Cuando Nixon pisó tierra firme". Qué Pasa, Caracas, 16/05/64.
Fotografía: Ascenso de Gerald Ford y evasión de Richard Nixon. La prensa venezolana no fue extraña al caso de Watergate, desde un primer instante. Ilustración de Plantu, reproducida en Resumen, Caracas, nr. 47 del 29/09/74.
domingo, 26 de agosto de 2012
PASADO EFÍMERO
Neil Armstrong se ha ido a la eternidad, llevándose como único equipaje a sí mismo. Inevitable recordar los tiempos de la carrera espacial y su también impacto sobre las juventudes de entonces, teñido de la conflictividad de entonces: la guerra de Vietnam y el racismo. O el que todavía tratan de prolongar, refiriéndose al alunizaje y a la caminata como una gran farsa, aunque los programas televisivos tipo Discovery suelen desmentir científicamente a los denunciantes.
El País de Madrid ha aportado una muy buena galería (http://elpais.com/elpais/2012/08/25/album/1345927412_809016.html#1345927412_809016_1345927515. Y hemos elegido una gráfica en la que aparece con Dick, El Tramposo. Éste también increíblemente pisó suelo lunar: China, haciéndose acompañar con su Edwin Aldrin, no otro que Henry Kissinger. Y hasta puede relacionarse la NASA con el Consejo Nacional de Seguridad.
Pasado que se hace efímero...
LB
El País de Madrid ha aportado una muy buena galería (http://elpais.com/elpais/2012/08/25/album/1345927412_809016.html#1345927412_809016_1345927515. Y hemos elegido una gráfica en la que aparece con Dick, El Tramposo. Éste también increíblemente pisó suelo lunar: China, haciéndose acompañar con su Edwin Aldrin, no otro que Henry Kissinger. Y hasta puede relacionarse la NASA con el Consejo Nacional de Seguridad.
Pasado que se hace efímero...
LB
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jueves, 16 de agosto de 2012
SUPERAGENTE 86
EL PAÍS, Madrid, 15 de Enero de 2007
Reportaje:
"Déme una placa de agente federal"
La delirante reunión secreta entre Elvis Presley y Richard Nixon ha sido desclasificada
Javier del Pino
Richard Nixon y Elvis Presley compartían obsesiones políticas del mismo signo y estaban sumidos, por razones bien distintas, en un declive personal que debía ser turbador para temperamentos tan egocéntricos como los suyos. Nixon se enfrentaba en Vietnam a la posibilidad de ser, según su expresión, "el primer presidente de Estados Unidos que pierde una guerra", y Elvis trataba de entender todavía por qué su notoriedad había sido arrasada por cuatro ingleses mal vestidos y su dichosa beatlemanía.
Había, sin embargo, una gran diferencia entre ellos: Nixon era el más habilidoso de los maquinadores, un animal político depredador e inmisericorde; Elvis, en cambio, carecía de los sentidos del tacto y la mesura, confiaba en cualquier individuo y se movía en la dirección que le marcaban sus propios impulsos. Era, en definitiva, simple y caprichoso.
Un día se encaprichó con tener en su solapa una chapa de agente federal de lucha antidroga. Aquel 21 de diciembre de 1970, Elvis se plantó en Washington.
A las 9.30, los agentes del Servicio Secreto asignados a la puerta principal de la Casa Blanca vieron que se aproximaba a la verja un grupo de individuos con aspecto voluminoso. Con su corpulencia escondían a un sujeto cuya identidad era inmediatamente reconocible. Elvis quería ver al presidente de Estados Unidos. En un derroche de formalidad, Elvis entregó a los agentes una carta personal dirigida a Richard Nixon. Los agentes llamaron a la oficina del presidente para preguntar cuál era el procedimiento adecuado cuando el artista más famoso del país pedía que le abrieran la puerta.
"Que ha llegado el Rey", le dijeron por teléfono a Bud Krogh, consejero presidencial y asesor de Nixon. Krogh miró la agenda del día y dijo: "Pero si hoy no esperamos a ningún monarca...". "No, no. El Rey del Rock. Está aquí en la puerta", le aclararon.
Krogh decidió reunirse con Elvis primero porque era su obligación y segundo porque era un fan incondicional de su música. Elvis le entregó la carta para Nixon. Krogh le dijo que aquella visita les pillaba de sopetón y que, por favor, tuviera a bien regresar al hotel. Que ya le llamarían a lo largo del día. Y Elvis se marchó.
Esa carta y los informes cruzados a lo largo de las dos horas siguientes forman parte del último paquete de documentos desclasificados sobre lo que ocurrió en el edificio presidencial aquella mañana frenética y absurda.
La carta de Elvis es un ejercicio de expresión política que se mueve entre lo infantil, lo simple y lo bochornoso. Redactada con la mejor de las intenciones y la peor de las formas, las cinco páginas estaban escritas a mano con renglones torcidos y tachaduras en papel con membrete de American Airlines. En la nota, que tenía la solemnidad de una tesis doctoral y el aspecto y la gramática de una chapuza de parvulario, Elvis Presley expone su admiración por Nixon y su preocupación por el creciente uso de las drogas entre los jóvenes, por el avance de la cultura hippy, la ideología izquierdista de los estudiantes demócratas, el comunismo y los movimientos de defensa de los derechos para los negros. Desde su posición y con su influencia entre los jóvenes "puedo ayudar a este país al que amo", le dice a Nixon, pero para eso necesita su ansiada chapa de agente federal. Le da el teléfono de su hotel y le dice que, si finalmente se reúnen, tiene un regalo para él.
En las dos horas siguientes, los asesores de Nixon encontraron en la oferta un atractivo político indiscutible para un presidente odiado especialmente entre los jóvenes. A pesar de que algún consejero escribió en los informes "Esto tiene que ser una broma", a las 12.30 Elvis Presley entró en el Despacho Oval.
Allí estaba Nixon, con su traje gris oscuro. Y allí entró Elvis, con pantalones ajustados de terciopelo morado, camisa blanca de seda con cuello de pico inmenso por encima de un chaleco corto que dejaba ver el cinturón con su gigantesca hebilla dorada. Y una capa. Las gafas eran de cristal tintado, con una montura de plata tan gruesa que cabían las letras "EP" escritas con brillantes.
Atusadas las patillas y listo en su traje de faena, dicen que Elvis se quedó helado cuando piso el despacho oval, como si hubiera entrado en un lugar mitológico. Los informes que conservan los Archivos Nacionales dicen que el artista habló de la mala influencia de los Beatles, que habían ganado tanto dinero en Estados Unidos para luego volverse a Inglaterra y criticar este país. Habló de cómo él podía influir en los jóvenes en contra de las drogas pero para eso, le dijo, necesitaba la chapa de Agente Federal. Nixon aceptó -no le quedaba más remedio- y le dieron una chapa improvisada dos horas después. Un fotógrafo oficial inmortalizó el encuentro y retrató a la perfección la incomodidad de Nixon y la extravagancia de Elvis. A petición del artista, la reunión se mantuvo en secreto hasta que el Washington Post destapó el encuentro un año después.
Cuenta la leyenda que Elvis estaba "colocado" por su adicción a las pastillas durante aquella reunión en la que arremetió contra las drogas. El Colt 45 se lo entregó a un asistente porque las armas están prohibidas en el Despacho Oval. Los trajes, los documentos, las cartas y la pistola forman parte de la exposición abierta hace unos días en la Biblioteca Presidencial Richard Nixon en California.Entró con pantalones ajustados de terciopelo morado y el cinturón con su hebilla doradaLe entregó un regalo que expresaba su espíritu pacificador: una pistola.
Reportaje:
"Déme una placa de agente federal"
La delirante reunión secreta entre Elvis Presley y Richard Nixon ha sido desclasificada
Javier del Pino
Richard Nixon y Elvis Presley compartían obsesiones políticas del mismo signo y estaban sumidos, por razones bien distintas, en un declive personal que debía ser turbador para temperamentos tan egocéntricos como los suyos. Nixon se enfrentaba en Vietnam a la posibilidad de ser, según su expresión, "el primer presidente de Estados Unidos que pierde una guerra", y Elvis trataba de entender todavía por qué su notoriedad había sido arrasada por cuatro ingleses mal vestidos y su dichosa beatlemanía.
Había, sin embargo, una gran diferencia entre ellos: Nixon era el más habilidoso de los maquinadores, un animal político depredador e inmisericorde; Elvis, en cambio, carecía de los sentidos del tacto y la mesura, confiaba en cualquier individuo y se movía en la dirección que le marcaban sus propios impulsos. Era, en definitiva, simple y caprichoso.
Un día se encaprichó con tener en su solapa una chapa de agente federal de lucha antidroga. Aquel 21 de diciembre de 1970, Elvis se plantó en Washington.
A las 9.30, los agentes del Servicio Secreto asignados a la puerta principal de la Casa Blanca vieron que se aproximaba a la verja un grupo de individuos con aspecto voluminoso. Con su corpulencia escondían a un sujeto cuya identidad era inmediatamente reconocible. Elvis quería ver al presidente de Estados Unidos. En un derroche de formalidad, Elvis entregó a los agentes una carta personal dirigida a Richard Nixon. Los agentes llamaron a la oficina del presidente para preguntar cuál era el procedimiento adecuado cuando el artista más famoso del país pedía que le abrieran la puerta.
"Que ha llegado el Rey", le dijeron por teléfono a Bud Krogh, consejero presidencial y asesor de Nixon. Krogh miró la agenda del día y dijo: "Pero si hoy no esperamos a ningún monarca...". "No, no. El Rey del Rock. Está aquí en la puerta", le aclararon.
Krogh decidió reunirse con Elvis primero porque era su obligación y segundo porque era un fan incondicional de su música. Elvis le entregó la carta para Nixon. Krogh le dijo que aquella visita les pillaba de sopetón y que, por favor, tuviera a bien regresar al hotel. Que ya le llamarían a lo largo del día. Y Elvis se marchó.
Esa carta y los informes cruzados a lo largo de las dos horas siguientes forman parte del último paquete de documentos desclasificados sobre lo que ocurrió en el edificio presidencial aquella mañana frenética y absurda.
La carta de Elvis es un ejercicio de expresión política que se mueve entre lo infantil, lo simple y lo bochornoso. Redactada con la mejor de las intenciones y la peor de las formas, las cinco páginas estaban escritas a mano con renglones torcidos y tachaduras en papel con membrete de American Airlines. En la nota, que tenía la solemnidad de una tesis doctoral y el aspecto y la gramática de una chapuza de parvulario, Elvis Presley expone su admiración por Nixon y su preocupación por el creciente uso de las drogas entre los jóvenes, por el avance de la cultura hippy, la ideología izquierdista de los estudiantes demócratas, el comunismo y los movimientos de defensa de los derechos para los negros. Desde su posición y con su influencia entre los jóvenes "puedo ayudar a este país al que amo", le dice a Nixon, pero para eso necesita su ansiada chapa de agente federal. Le da el teléfono de su hotel y le dice que, si finalmente se reúnen, tiene un regalo para él.
En las dos horas siguientes, los asesores de Nixon encontraron en la oferta un atractivo político indiscutible para un presidente odiado especialmente entre los jóvenes. A pesar de que algún consejero escribió en los informes "Esto tiene que ser una broma", a las 12.30 Elvis Presley entró en el Despacho Oval.
Allí estaba Nixon, con su traje gris oscuro. Y allí entró Elvis, con pantalones ajustados de terciopelo morado, camisa blanca de seda con cuello de pico inmenso por encima de un chaleco corto que dejaba ver el cinturón con su gigantesca hebilla dorada. Y una capa. Las gafas eran de cristal tintado, con una montura de plata tan gruesa que cabían las letras "EP" escritas con brillantes.
Atusadas las patillas y listo en su traje de faena, dicen que Elvis se quedó helado cuando piso el despacho oval, como si hubiera entrado en un lugar mitológico. Los informes que conservan los Archivos Nacionales dicen que el artista habló de la mala influencia de los Beatles, que habían ganado tanto dinero en Estados Unidos para luego volverse a Inglaterra y criticar este país. Habló de cómo él podía influir en los jóvenes en contra de las drogas pero para eso, le dijo, necesitaba la chapa de Agente Federal. Nixon aceptó -no le quedaba más remedio- y le dieron una chapa improvisada dos horas después. Un fotógrafo oficial inmortalizó el encuentro y retrató a la perfección la incomodidad de Nixon y la extravagancia de Elvis. A petición del artista, la reunión se mantuvo en secreto hasta que el Washington Post destapó el encuentro un año después.
Cuenta la leyenda que Elvis estaba "colocado" por su adicción a las pastillas durante aquella reunión en la que arremetió contra las drogas. El Colt 45 se lo entregó a un asistente porque las armas están prohibidas en el Despacho Oval. Los trajes, los documentos, las cartas y la pistola forman parte de la exposición abierta hace unos días en la Biblioteca Presidencial Richard Nixon en California.Entró con pantalones ajustados de terciopelo morado y el cinturón con su hebilla doradaLe entregó un regalo que expresaba su espíritu pacificador: una pistola.
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viernes, 29 de abril de 2011
CAZA DE CITAS

"También las figuras públicas más serias tienen que competir ahora por atraer la atención y el aplauso con los profesionales de los medios de masas. En provincias, los políticos tocan en bandas de pueblo; en el plano nacional son cuidadosamente preparados y aleccionados para presentarse ante las cámaras de televisión, y como los demás actores, los más importantes de ellos aparecen en las reseñas de los críticos de espectáculos...."
C. Wright Mills
("La élite del poder", Fondo de Cultura Económica, México, 1975:78)
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miércoles, 9 de febrero de 2011
noticiero retrospectivo

- Le robaron a Rodolfo Izaguirre el único guión de la película "Araya". El Nacional, Caracas, 02/06/68.
- Rigoberto Lanz. "La democracia como simulacro". Ultimas Noticias, Caracas, 27/06/99. Suplemento Cultural.
- Jesús Sanoja Hernández. "Cuando Nixon pisó tierra firme". Qué Pasa en Venezuela, Caracas, 16/05/64.
- Manuel Trujillo. "¿Desaparece Caracas el domingo?". El Nacional, 24/10/79.
- Entrevista a Julio César Pineda: "¿Qué pasaría en Caracas si estallara una bomba atómica?". El Nacional, 04/06/85.
- Raymundo Valecillos. "La marihuana en la alta sociedad caraqueña". Elite, Caracas, 11/12/70.
- Oscar Rodríguez Ortíz. "Morir en Caracas". El Nacional, 12/08/90.
Fotografía: aporte de Calachica al grupo "Caracas en Retrospectiva II" / Facebook. La referencia es a una pieza desaparecida. El aportante comenta: "Si detallan bien el angulo inferior izquierdo de esta foto y la comparan con esta http://www.facebook.com/group.php?gid=24371473543#!/photo.php?fbid=1866666466346&set=o.24371473543 verán las manos hacia atrás de la estatua la cual aparentemente estaban desmantelando ? o instalando ? No se digo yo !".
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domingo, 31 de octubre de 2010
algunos textos

Algunos textos hallados en un archivo olvidado....
REPUBLICANIDAD
Luis Barragán (*)
Hay ideas básicas, elementales, esenciales que explican la conformación del Estado en América Latina. La res pública es una de ellas. La insurgencia independentista del siglo XIX llevó su signo. No obstante, todo lo obvio es frágil, pues, en las postrimerias de la presente centuria, esta noción tiene sus dificultades.
Digamos, en un sentido, que lo republicano expresa la determinación de no confiar los destinos exclusivamente en una o en pocas personas. La monarquía, por lo tanto, le es incompatible. El ciudadano no sólo puede incursionar en los espacios públicos, sino también, al menos en teoría, está potencialmente disparado a asumir su dirección. La Jefatura de Estado y de Gobierno, excepto algunos casos, no ha estado ligada a un nombre por siempre, legal y legítimamente reconocido. Por supuesto, hay dictaduras que duraron demasiado y supieron del vástago que pacientemente esperaba el poder como herencia, aunque siempre por los caminos intrincados que tejíeron las rivalidades entre propios y extraños.
La republicanidad, intencionalmente, significa desarrollo institucional, creación de equipos de relevo, circulación de sangre nueva y no perpetuidad de nombres. En el caso venezolano, el constituyente consideró una necesidad como es la de llevar a un ex-mandatario al Senado. Lo que ha ocurrido con Pérez demuestra que lo vitalicio no es tal o no lo es en términos absolutos.
Ahora bien, tengo entendido que hay fundaciones en las que el Estado ha contribuido, como la del artista de teatro, radio y televisión, que cuentan con presidentes o directivos vitalicios, como partidos que tienen miembros de derecho permanente en sus instancias de conducción. Constituye un gesto de reconocimiento quizá loable, pero contradice el sentido republicano cuando no están legitimados periódica o constantemente por los miembros de la comunidad, en el marco de una competencia electoral.
Se trata de una simple constatación.
(*) Publicado en la revista "Notas de Política Actual", nr. 3 de 1997, Caracas.
IRONICAMENTE SUYO
Luis Barragán (*)
Comparto con un amigo, Fernando Spiritto, el interés y hasta cierto punto la admiración por Richard Nixon. Recuerdo que al leer “Seis crisis”, tuvimos ocasión de discutir toda la labor del republicano en la investigación y persecución de Alger Hiss. Y de la muerte de éste, nonagenario, me informó Fernando a finales de 1996.
Hubo de esperar, dice Sergio Dahbar, a que la KGB comenzara a abrir el arca de sus secretos para saber de la inocencia del personaje destruido por todo la cacería de brujas que experimentó Estados Unidos luego del “Nuevo Ideal” rooseveltiano. La ironía desplegó sus alas muchas décadas después, fruto de una sociedad que no supo distinguir entre la verdad y la mentira, atiborrada por Vietnam y saldada aparentemente las cuentas con Watergate. Algo más mortífero, en el tiempo, que una bomba atómica.
Y hay otra. La era de la protesta que prontamente se industrializó. Ciertamente, John Lennon era más activo que Paul McCartney en esos abalorios contestatarios. Se trataba, en este caso, de un par de músicos, esencialmente músicos, que cabalgaron un mensaje facilitador, impulsor y hasta fumigador de los afanes comerciales. El último de los nombrados, irónicamente, forma hoy parte de la aristocracia. Engrosa el listado de aquello que forma parte de una monarquía decadente. Décadas después. Mayores aportes hubo de otros que no escenificaban un espectáculo donde la rebeldía era pretexto y malcriadez de buenos músicos.
Veremos que otras volteretas dan las cosas. Irónicamente nuestros, rápidamente apuntamos sobre dos personajes relativamente extraños para este país que mira sorprendido en el espejo de dos sociedades colmadas de experiencias tan disímiles. En un libro adquirido en días recientes en el remate, “El gobierno laborista 1964-1970”, Harold Wilson habló de un incidente con el gobierno alemán a propósito de una solicitud al señor Blankenhorn: “En un momento se había llegado con esta historia hasta el punto de afirmar que yo había llamado al embajador cuando estaba en la cama. Él y yo convinimos más tarde que si la historia hubiese sido cierta sólo podíamos deducir que él dormía con traje de tarde, corbata negra y demás. Pero el daño estaba hecho”.
¿Y Por qué no ?, me pregunto.
(*) Publicado en el diario "El Globo", Caracas, sábado 8 de Marzo de 1997.
DEBATE URGENTE
Luis Barragán (*)
Frente al documento suscrito por los jesuitas en relación al neoliberalismo, se impone el sentido común. El neoliberalismo, ciertamente, cuenta con los recursos de análisis global para encarar la actual realidad latinoamericana, en contraste con las fórmulas alternativas que tampoco se consolidan como tales. Todo se resume en la perplejidad que supone reconocer los éxitos del ajuste en algunos países, al lado del radical empobrecimiento y de la no menos radical orfandad de un pensamiento (macro) político alterno. Lo que puede imputar Agapito Maestre a las vicisitudes de la democracia indirecta, podríamos estamparlo en las trampas del postpopulismo, fundado en la exaltación portátil del mercado en detrimento de los más elementales valores de la convivencia. Además, como señalan en el documento, “lo público tiende a desaparecer” y “los partidos políticos como propuesta de construcción de sociedad y de nación pierden razón de ser”, porque “la competencia política y administrativa se reduce a demostrar que el candidato o el presidente es el más capaz para crear las condiciones exigidas por el juego abierto y libre de los mercados”. También, en sintonía con esa “codicia insaciable de la riqueza, por la ambición de poder y por la búsqueda insaciable de satisfacciones sensibles” que hoy se concreta en el neoliberalismo o postpopulismo pero que “mañana encontrará otras expresiones ideológicas y aparecerán otros ídolos”. Y no queda otra angustia que la inminencia de un fundamentalismo, de un fascismo actualizado al filo del tercer milenio.
Alberto Quirós Corradi tiene razón al alertar sobre las críticas que “pueden estimular el regreso a políticas ya fracasadas”, al no ofrecer opciones concretas ante lo que existe. No creo que sea una alusión velada al propósito jesuita de volver al populismo, como refiriera Raúl González Fabre, al responderle con argumentos semejantes a sus glosas publicadas en la revista “Sic” de enero-febrero del ‘97. El injerto liberal-populista acarrea daños irreversibles a aquellos sectores que se les promete, vía desbordamiento de la riqueza, un futuro distinto ante el cual solo deben tener paciencia y aportar sus sacrificios.
Lo interesante del documento en cuestión es que debe suscitar una polémica capaz de dar con los puntos claves de las políticas implementadas o a implementar en los años venideros. Explicar estos u otros sacrificios necesarios para salir de los escombros de un viejo modelo de desarrollo que aún tiene sus devotos. Sacrificios que no pueden llegar a aniquilar a un sector creciente del país para que lo otros sobrevivan: el 10% de la población que se pelea por el 1% de la riqueza, mientras 10% más próspero maneja el 45% de la riqueza, con el saldo de un 71% de pobreza en 1995 cuando en 1982 era el 33% del total de la población, según los datos de la Unicef citados por Miguel Angel Santos.
Urge el debate. Repensar un destino irrenunciablemente común.
(*) Publicado en el diario "El Globo", Caracas, sábado 1ro. de Marzo de 1997
LA MUDANZA EN LOS SUBURBIOS DEL ESTADO
Luis Barragán (*)
Privatizar no significa la entrega rápida, portátil, cruda, desenfadada al neoliberalismo. Eso forma parte de toda una mitología. La sociedad democrática, poscapitalista y autogestionaria pasa por una mudanza del Estado que a duras penas es tal, a otro que sea marco, impulsión y aval de otro orden, pues la historia, caramba, no ha finalizado.
La privatización es un proceso, obedece a una contextualidad y no un hecho aislado, un antojo de finales de siglo. Ocurre que, en un sano pragmatismo, las empresas exitosas no tienen por qué privatizarse en aras de un antojo. Y como son escasas, casi inexistentes, viene con facilidad la perogrullada.
No obstante, hay que considerar la dimensión penal o criminológica del proceso. Puede dar ocasión a actos delictivos. La mudanza se complicaría. Pocos serían realmente beneficiados. No el colectivo. Constituye un aspecto necesario de abordar.
En el fondo, está la sospecha. Un festín destructivo de los bienes colectivos, que pertenecen a todos. El patrimonio público que se muele en los bolsillos de los que reciben, por lo menos, comisiones. Y es por ello la urgencia de la transparencia. Y así también, la generación de confianza en quienes llevan a cabo el proceso, sin que signifique una patente de corso.
Negación de la impunidad y gratuidad. Esto es, aceptación pura y simple de la prescripción de la acción penal para quienes incurran en delito. O ciego depósito de la fe colectiva en los que deben demostrar que la merecen para llevar a cabo la mudanza, pues corremos el riesgo que se queden con ella y ... el camión, en los suburbios del Estado.
(*) Publicado en el diario "Economía Hoy", Caracas, martes 14 de Enero de 1997, Nr. 2.339.
Ilustración: banner empleado por "Noticiero Digital", entre 2005 - 2006
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