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lunes, 24 de febrero de 2020

GUERRILLEROS

OT. Editores recuerda sus 47 años
Maritza Jiménez

Tres siglos después de la aventura de Alejandro de Humboldt en Venezuela, el germano venezolano Oscar Todtmann funda una editorial que asume la tarea de mostrarnos las bellezas de esta naturaleza que maravillaron a su antepasado.

Así, da inicio a una colección que inaugura entre nosotros el "libro viajero", volúmenes en gran formato plenos de imágenes reveladoras del esplendor de nuestra geografía, y la tradición del regalo navideño empresarial en el mundo del arte y la cultura.

Son ediciones de resonancia internacional, que han puesto a nuestro país entre los más galardonados en el concurso anual "Los libros más bellos del mundo", de la Feria del Libro de Lepzig, Alemania, con títulos como La Gran Sabana y El Llano, o El sabor de la tradición libanesa, Mejor Libro del Mundo en Cocina Mediterránea en el Gourmand World Cookbook Award 2016.

A Luna Benítez no le gusta el término. Pero Oscar Todtmann se define como un "guerrillero editorial", pues solo mediante una estrategia de ese tipo han logrado mantener viva esa editorial en la que hoy siguen en pie de lucha, revelándonos ahora desde nuestra literatura como un país que se resiste a dejarse vencer.

El Alto Mando del libro 

Con más de cien títulos publicados en cuatro colecciones, la editorial OT debutó en Caracas en 1973, pero sus raíces están en aquella librería que sus padres, Dita y Oscar, al término de la guerra europea, finalmente instalan en el centro comercial El Bosque como la Librería Alemana, que, junto a otras similares, nos mantenían conectados con las novedades del mundo exterior.

"Desde que mis padres fundaron la librería, en 1951, en la cual, ya adultos, mi hermana Christiane y yo empezamos a trabajar, he estado rodeado de libros y del oficio de librero", afirma Todtmann, recordando su título como Asistente a la Gerencia del Libro, obtenido en la Escuela Superior del Libro de Frankfurt, tras una rigurosa pasantía por los más prestigiosos centros editoriales y libreros de Hamburgo y Berlín.

Muy alemán y muy venezolano, nieto de Clarita Behrens de Schierenberg, hija de Emma Braun Vollmer y Adolfo Behrens, gerente de la Casa Blohm y cónsul del imperio alemán en Venezuela en el año 1880, Carsten Todtmann es heredero de una familia con huella en nuestro país.

Una historia que recoge en Dos mundos, uno de los libros que, junto con Geografía literaria de Venezuela, constituida por los textos que acompañaron las imágenes de sus libros, servirá para recordar, "no celebrar", como prefiere, estos 47 años de su editorial.

-Librero, editor y autor. ¿Cómo se define?

-Mi formación en el comercio del libro en Alemania no diferenciaba entre libreros y editores. Además hice pasantías primero en una editorial y posteriormente en tres librerías. En son de broma, mi padre librero decía que los editores son como el alto mando militar, mientras los libreros son la infantería defendiendo los libros en las trincheras. Menor es mi experiencia como autor.

-¿Ha cambiado la línea editorial de OT en estos 47 años?

-Mi línea editorial ha sido la guerrillera: una lucha continua contra las editoriales del Estado y los grandes consorcios del libro extranjeros, conquistando espacios no ocupados por estos. Hubo tiempos en que me dediqué a libros de gran formato y de fotografía; otros, a las novelas y la poesía. En ocasiones a libros científicos, de arquitectura y artes culinarias. Como un boxeador, me he movido lo más posible dentro del ring para evitar los golpes.

-¿Cuáles han sido las mayores satisfacciones en estos 47 años?

-La amistad. La amistad con mis autores, libreros y los involucrados en la confección del libro, como traductores, correctores, tipógrafos, diseñadores, impresores, encuadernadores y un largo etcétera. Además, cada libro le abre a uno un nuevo mundo.

-¿Cuál ha sido el libro más difícil y cuál el más satisfactorio?

-No hay libro fácil. Ha habido libros de apenas sesenta páginas que me han ocasionado muchas dificultades, y otros de mayor envergadura que fluyeron armoniosamente. Con dos o tres excepciones, todos me han dado una gran satisfacción, pero sí hay uno al que le tengo un cariño especial. Es uno de mis primeros libros de bolsillo: Nada Sagrado, textos zen, que compilé y edité por primera vez a mediados de los 70, y que todavía me acompaña, tanto en físico, en su décima edición, como por su contenido y mis recuerdos al cariño y dedicación con que lo concebí y realicé.

-¿Cómo y por qué desaparece la Librería Alemana?

-Desaparece después de 65 años de existencia por las trabas y el desastre económico del país. A eso se le puede añadir el éxodo de los alemanes de Venezuela. Lo mismo le sucedió a La France, El libro Italiano, La Librería Rizolli y la Libreria Americana y las otras doscientas librerías que ofrecían libros en español.

-¿Cómo ha afectado la digitalización a la industria editorial?

-En la confección de libros ha sido de avances de gran utilidad. Cuando comencé a editar todavía trabajábamos con tipografía de plomo y un libro hoy cabe en un pendrive. Ahora, el comercio del libro digital todavía no lo tengo claro. Sí pienso que un gran enemigo han sido los teléfonos celulares, que le han restado tiempo libre a la gente para dedicarse a la lectura del libro.

Como fotógrafo, también ha seguido el curso de nuestra realidad en títulos que incluyen, desde Fascinante Venezuela, pasando por Venezuela en 13 fotografías (1998); Santiago de León de Caracas, y Todos marchan (2005), este último un registro visual de las protestas en Venezuela desde 1998, y Canaima Paraíso Teukinan (2007).

-¿Cómo ve los cambios operados en Venezuela?

-Ha pasado de ser un país naif soñador, a un país de contradicciones y confusión.

Apuesta a la poesía 

Comunicadora social y docente universitaria, Luna Benítez se incorpora a la vida y la editorial de Carsten Todtman en 1994, para aplicar sus experiencias al frente de la distribuidora Kuaimare en el desarrollo de la distribución y promoción del fondo editorial OT.

En ese sentido, proclama con orgullo para este aniversario la entrada del sello en Amazon, y la distribución de su catálogo editorial en más de 13 importantes librerías en las ciudades colombianas de Bogotá, Medellín, Cali, Manizales, Cartagena, Barranquilla y Armenia, en Colombia.

Hoy es, además, responsable de la creación de la colección de poesía, una de las más emblemáticas del sello editorial, con la coordinación de Kira Kariakin, colaboración de Jacqueline Goldberg y auspicios de Mario Ovalles y Team Poetero.

"Antes el Estado diseñaba políticas para facilitar el acceso a las distintas expresiones del arte y la cultura a la población, sin distinción de credos o ideologías. Esa visión hoy es completamente distinta y las instituciones y empresas culturales independientes hacen lo propio para mantener a flote sus actividades y propuestas".

-En OTE-continúa- nos asistimos en las colecciones de poesía y narrativa. En su mejor época, la editorial publicó los más bellos libros en la colección "Imagen de Venezuela", donde la fotografía de autor y del paisaje natural, marcaron una época importante en la confección de este tipo de publicaciones que tanta resonancia tuvo dentro y fuera de Venezuela.

-¿Por qué apostar a la poesía venezolana?

-Porque apostar a la poesía -responde- es apostar a la vida, a la esperanza. Si en un país publicamos poesía, es un país que va a ser muy difícil de exterminar. Como la poesía.

"Más allá de nuestras adversidades el panorama de nuestra literatura es muy alentador, dentro y fuera de nuestras fronteras. Hay de todo para lectores de gustos diversos. El cielo es el límite", finaliza.

Fuente:
https://www.eluniversal.com/entretenimiento/62545/ot-editores-recuerda-sus-47-anos?fbclid=IwAR37wZ-lWFnoDbawLNpegwmy699ajNGeDkYRl7IrWGFPOgWripy_xsgGizE

domingo, 17 de noviembre de 2019

BOLIBURGUENATO Y LECTORES

De un obscuro objeto del deseo: el libro
Luis Barragán

Hay asuntos fundamentales de la Venezuela cursante que, por demasiado obvios, pierden – paradójicamente -  obviedad.  Quizá el más fundamental de todos, es el cese de la usurpación, cada vez más confundido con las  posturas dizque realistas que reclaman unas elecciones bajo el propio régimen que tiene por reconocido hábito el de falsearlas.

Se ha dicho, por ejemplo, que la tal constituyente, avalada por el tal TSJ, ha aprobado o está por aprobar el presupuesto público para el venidero ejercicio fiscal.  Por supuesto, nadie sabe de sus pormenores, salvo los proponentes y disponentes,  y - menos aún -  de un proceso de discusión entre los distintos sectores interesados, por protagónicos y participativos que se juren, faltando la Asamblea Nacional a algo más que un ritual: el de su consideración para fijar la necesaria responsabilidad de tamaño exabrupto inconstitucional e ilegal.

El fenómeno se extiende a otros ámbitos, como el del libro tradicional y electrónico que está desapareciendo entre nosotros, incluyendo la costumbre de leerlos o, acaso, verlos. Siendo tan cuantioso  y grave el resto de los problemas, se entiende como una obsesión la de reclamarlo junto al galopante aislamiento del país, la quiebra del mercado editorial, la inexistencia de librerías y la supervivencia de aquellas bibliotecas a las que concurren sus enfermizos devotos al mismo tiempo que ampliamos y profundizamos la brecha digital.

Casi religiosamente, año por año, nos colamos en las ferias oficiales del libro y, aunque no hemos alcanzado alguna novedad que justifique el esfuerzo, solemos palpar el ambiente de una actividad burocrática que festeja nuestras carencias, sincerando el retroceso. Puede decirse que a la boliburguesía y al pranato, expresiones emergentes de la amarga experiencia de  siglo, consabida la ostentación de sus extravagancias, dentro y fuera del país, en nada les molesta la actividad marginal de quienes creen legitimar éticamente a la dictadura con la infinita repetición de las consignas, reunirse en sendos conversatorios en los que cuidan de cualquier desliz crítico o malentendido,  y saborear una aproximación con las altas jerarquías del ministerio usurpador del ramo.

Muy atrás quedan los esfuerzos que los sectores público y privado hicieron por estimular la lectura y promover el libro, aún en el país rural y predominantemente analfabeto que fuimos. Muy acá, los escombros de un extraño deseo: el de manipularlo a los fines propagandísticos del régimen que pretende realizar la sociedad de los ágrafos, supervivientes y delatores.

Reproducción: Feria del Libro Venezolano. El Universal, Caracas, 28/11/1943.
18/11/2019:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/35954-barragan-l

domingo, 14 de junio de 2015

DECADENCIA ... ¿SIN AUGE?

Regímenes como el venezolano, únicamente se afianzan en una sociedad ágrafa, retraida y resignada

“El libro también es un insumo básico, pero es despreciado por los regímenes que, como el venezolano, únicamente se afianzan en una sociedad ágrafa, retraída y resignada”, señaló el diputado opositor Luis Barragán en un encuentro con libreros formales e informales de la ciudad capital, preocupados por la debacle del mercado editorial.

“Según fuentes confiables, la comercialización del libro en Venezuela ha disminuido en 85%, convertidas las librerías apenas sobrevivientes en quincallas. La falta de divisas impide la necesaria actualización en materias y autores que ya no tocan ni los predios universitarios, excepto sean fotocopiados y, no obstante, la escasez de respuestos ha parado las máquinas y encarecido las copias. La interconectividad – por cierto, tan lenta en nuestro país – no garantiza siempre el acceso libre y gratuito a una bibliografía importante y decisiva. Un estudiante promedio de medicina, por citar un ejemplo,   tiende a emplear textos - que les son obviamente indispensables -  de ediciones atrasadas, cuyas copias cada vez más pierden nitidez y precisión, o el especialista y el aficionado a la literatura se resignan a conocer por vía indirecta las novedades y, a lo sumo, armar como un rompecabezas algunos capítulos o párrafos que circulen por vía digital”.

“La industria editorial venezolana – prosiguió el parlamentario -  está quebrada y con bastante sacrificio un autor puede ver su obra en alguna vitrina, de modesto tiraje, limitadas páginas y de elemental diseño y encuadernación. Industria prácticamente monopolizada por el Estado, dueño del papel y otros insumos, lo poco que hay en el precario mercado es la basura propagandística del régimen que, por cada Manifiesto de Cartagena de mala calidad impreso y almacenado, exponencialmente edita y distribuye un folleto para vituperar a Obama y realzar a Maduro. Por supuesto, desactualizadas, las bibliotecas públicas están anegadas de estas publicaciones intrascendentes, sin disponer de recursos y medios tecnológicos para la preservación del viejo patrimonio bibliográfico condenado a desaparecer”.

Finalmente señaló el diputado Barragán: “El no tan inadvertido   desabastecimiento de los libros en Venezuela, convencionales o digitales, precursor de todas las escaseces, apunta a una realidad incontestable: el gobierno combate el pensamiento crítico, teme a la inteligencia y nos ha sentenciado a la extemporaneidad. Pero triunfará la otra sociedad, la de la información y  el conocimiento estratégico,  sobre los hombros de la libertad, la democracia, la productividad, la equidad social”.

Fuentes:
Barragán: "régimen venezolano se afianza en una sociedad ágrafa y resignada", en: http://www.opinionynoticias.com/noticiasenvenezuela/22831-barragan-qregimen-venezolano-se-afianza-en-una-sociedad-agrafa-y-resignadaq
Dip. Barragán: Comercialización de libros ha caído 85% y lo que queda es la basura propagandística del régimen, en: http://www.noticierodigital.com/2015/06/dip-barragan-comercializacion-de-libros-ha-caido-85-y-lo-que-queda-es-la-basura-propagandistica-del-regimen/ y http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=1093352
http://www.entornointeligente.com/articulo/6205767/VENEZUELA-Barragan-regimen-venezolano-se-afianza-en-una-sociedad-agrafa-y-resignada
http://www.elinformador.com.ve/2015/06/15/digo-lo-que-oigo-69/
http://infovzla.net/nacionales/comercializacion-de-libros-ha-caido-85-en-el-pais-y-lo-que-queda-es-la-basura-propagandistica-del-gobierno/

sábado, 16 de marzo de 2013

LECTORANTE, LECTORADO, LECTUROFOBIA

EL NACIONAL - Sábado 16 de Marzo de 2013     Cultura/3
CHRISTIAN VALLES
La funcionaria analiza los resultados de la Encuesta del Comportamiento Lector
"Las escuelas de Letras de este país no enseñan literatura venezolana"
La directora del Centro Nacional del Libro señala que la novena edición de Filven servirá para conocer las experiencias con planes de lectura de otros países y para promocionar autores nacionales
ENTREVISTA
MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ

Por primera vez en nueve ediciones la Feria Internacional del Libro de Venezuela no se le dedica a un país, sino que se consagra a la promoción de la lectura, iniciativa que proviene de las conclusiones de la Encuesta del Comportamiento Lector, Acceso al Libro y la Lectura en Venezuela de 2012. Así, Filven, que estará hasta el miércoles 20 de marzo en el llamado Eje del Buen Vivir, servirá para reunir a especialistas internacionales en la elaboración de planes de lectura. Sobre esta feria y la promoción de la literatura venezolana habló Christian Valles, directora del Centro Nacional del Libro.
--¿Por qué esta Filven no se dedica a un país? --La selección estuvo intervenida por la agitación que producen las campañas electorales. Pero, además, no podíamos enfriar el estudio del comportamiento lector y así proponemos el debate sobre un plan de lectura. Tenemos la obligación de formular el Plan de la Nación ahora, no el año que viene.
--¿Por qué ahora la necesidad de un plan de lectura? ¿Qué pasó con el del año 2009? --Estaba dirigido a un segmento adulto de la población y asociado a la edición de los 100 títulos de la Biblioteca de los Consejos Comunales; buscaba la discusión de los temas necesarios para tener una población formada. Ya cubrió su ciclo.
--¿Y el nuevo plan hacia dónde apunta? --En Filven nos nutriremos de experiencias internacionales en promoción lectora.
Lo importante es que también construyamos la identidad de la literatura venezolana para promoverla. Una de nuestras preocupaciones es que las escuelas de Letras de este país no enseñan literatura venezolana.
--¿Sí? Pero si allí trabajan los escritores venezolanos. --En el porcentaje total del pensa lo que se enseña de literatura venezolana es mínimo y no se compensa con el dedicado al estudio de la literatura latinoamericana, griega o a los clásicos. Las universidades deben profundizar la investigación y el estudio de nuestra literatura para que podamos formar lectores y docentes que sean capaces de promover a nuestros autores y sembrar el gusto por la lectura.
--Según la Encuesta del Comportamiento Lector, Acceso al Libro y la Lectura en Venezuela, 50,2% de los venezolanos es lector de libros. Pero es interesante hablar también sobre los gustos. Los que se encargan de hacer este tipo de mediciones en el sector dicen que quienes declaran leer Don Quijote de la mancha o la Biblia es porque no leen con regularidad. --¿Por qué?
--Porque a nadie le gusta aceptar que no lee y estos son libros célebres que están en el top of mind de los hispanohablantes. --Eso es cierto, pero cuando asocias el libro con el escritor te evitas ese fenómeno. En nuestro estudio, casi 500 títulos asociados con sus autores aparecieron reseñados.
--De esa lista ¿cuál libro se lee más? --El autor más recordado es Rómulo Gallegos y, en segundo lugar, Paulo Coelho. Luego, sin orden específico, están Miguel Otero Silva, García Márquez y otros asociados con la escolaridad. Pero los títulos, si no recuerdo mal, son El Quijote y la Biblia, por supuesto.
--¿Qué hace el Cenal para promover escritores? --Los talleres literarios que están funcionando muy bien en Monte Ávila, el Celarg y la Casa de Bello. Esta última trabaja también en los nuevos urbanismos, en los refugios, en las cárceles y en los liceos.
--Claro, pero están enfocados para personas que comienzan a descubrir una vocación de escritores. La pregunta se refería a los autores maduros.
--Generamos acciones que van desde la captación de obras para su traducción y su divulgación en el exterior, hasta alianzas con editoriales tanto de habla castellana como de otras lenguas. Pero en este momento hay una crisis muy fuerte en el mercado editorial español.
--Pero con las traducciones el mercado se amplía. --Estamos hablando de las dos cosas. Por un lado están las traducciones para darnos a conocer en países francófonos o anglófonos, por ejemplo. Pero tampoco podemos descuidar el ámbito de la lengua castellana, que es el más grande de todos. Ahora, ¿cómo haces para que la literatura venezolana se convierta en un referente simbólico en materia del libro? --¿Cómo? --Creando nichos con el establecimiento de cátedras de literatura venezolana en espacios académicos.
--¿El Cenal está promoviendo la creación de cátedras sobre la literatura venezolana en el extranjero? --El Cenal ha intentado.
--¿Por ejemplo? --La que está consolidadísima es la de Salamanca.
--Por supuesto, la cátedra José Antonio Ramos Sucre de la Universidad de Salamanca, creada por el Conac en 1993.
--La de toda la vida.
--¿Y qué pasó con la agencia literaria del Cenal? --Todavía la tenemos. Estamos representando a seis escritores: Wilfredo Machado, Laura Antillano, Luis Britto García, Gabriel Jiménez Emán, Ramón Palomares y Gustavo Pereira. Estos fueron los que promovimos hasta 2012, este año serán otros 10.
--¿En qué estado de negociación están con ellos? --Logramos la traducción del libro de Pereira.
--¿Y cuántos años tiene la agencia? --Cuatro años. Pero es que ha dado bandazos, no estamos apurados. La inclusión que debe caracterizar la gestión de gobierno no necesariamente está vinculada a una incorporación indiscriminada.
--¿Cómo seleccionaron a estos escritores? --Varios de ellos han sido premios nacionales e internacionales de literatura y los otros por su obra.
--¿Y José Balza? --Sí, su obra se estudia afuera, pero él ya está traducido. Él tiene una condición internacional.
--¿Y Rafael Cadenas? --Allí hay un tema de derechos de autor. Pregúntale a Cadenas por qué no quiere que lo publiquen las editoriales del Estado.
--En Filven van a presentar un libro de Ednodio Quintero editado por Monte Ávila. ¿Están negociando sus derechos? --No estamos traduciendo a todos los que editamos. No podemos, son demasiados.
Sólo El Perro y la Rana edita 400 autores al año.

Fotografía: Leonardo Noguera

domingo, 23 de diciembre de 2012

DECIDIDAMENTE, ÁGRAFOS

La Lectura de Daniel Torrealba
Luis Barragán


La historia de un país también se condensa en la de sus libreros y librerías, por más que haya pasado velozmente de la cultura predominantemente oral a la digital, apenas estacionada en la de los impresos. Vanidosa o bulliciosa, modesta o discretamente, es también la de su clientela regular deseosa de una interlocución que deja atrás la vulgar compra de una obra por sus kilogramos, llamada a completar algunos metros cuadrados de exposición hogareña u oficinesca.

El cierre de tamaños referentes y oportunidades para la consulta y el diálogo que todavía no logran las grandes cadenas o libródromos, acaso un pálido reflejo del debate político que simulamos o pulverizamos, constituye una tragedia imperceptible y aparentemente gratuita. Quizá sea el único renglón comercial que amerita de la experiencia de la palabra precisa, lentamente conquistada  como una celebración de la madurez que acierta en sus adquisiciones.

Son varias las librerías que, en los últimos años, buscan una definitiva sepultura. La encontrarán cuando  ocurra con el último de sus clientes, asiduos y mirones, Sin embargo, la misa de réquiem tarda largamente, pues, así como hay quienes sienten todavía nostalgia por las librerías La Española, Cultura o Cruz del Sur del siglo XX caraqueño, no sorprende la viva y admirada evocación que los más jóvenes rinden ante un librero y una librería que identificaron a algo más que el  Centro Comercial Chacaíto.

Contando con Sebastián de la Nuez como tutor, Daniel Torrealba se ha convertido en comunicador social gracias a una tesis de título nada vacilante: “Walter, auge y ocaso de un maestro librero. Semblanza sobre Walter Rodríguez Pilatti, librero de Lectura” (UCAB, Caracas, 2012).  Y es que, creada cuando ni remotamente había planeado su nacimiento biológico, retrotraído a la añeja librería y sus circunstancias, se apoderó de ellas para contraponerse a la ciudad, “cuyo pasatiempo favorito es desmemoriarse y olvidar”.

Después de zanjar la obvia perspectiva metodológica y hasta epistemológica que el trabajo reclama, la semblanza del librero nos coloca en el país que secretamente deseamos no haber abandonado, arrepentidos ante sus esqueletos. Así lo deducimos al concluir el trabajo académico, pues, promesa baldía mediante, la pérdida de las librerías prestigiosas, confiables  e independientes, es un síntoma del pasado detestado que no halla todavía el futuro que dijo literalmente adivinar.

Vale decir, yendo al inevitable campo político, algo que ojalá nos dispense el joven autor, supusimos que todo, absolutamente todo, iba a mejorar una década atrás, por una cosa del azar. Al colapsar o quebrar una librería, sin que algo mejor la reemplace, quiebra y desaparece un vivero del pensamiento, demasiado semejante a una universidad acreditada a la que le niegan sus legítimos recursos.

Surgida en 1951, en el Centro Comercial Arta de Chacaíto, bajo la dirección de  Bronislawa Bogan, Stephan y Silvia Gold, la librería Lectura ocupó un local en el Centro Comercial Chacaíto, inaugurado en 1968,  nada más y nada menos que con un concierto de Aldemaro Romero. Más adelante, el trío tuvo la necesidad de contratar en el exterior a un maestro librero, un dato revelador de aquellos tiempos, y se trajeron a Walter Rodríguez del Uruguay, quien adquiriría años más tarde la firma y le daría el definitivo y exitoso perfil que Andrés Boernsner caracterizó como más elitesco y formal, en contraste con la distensión de la Suma de Raúl Bethancourt, propensa a una clientela de izquierda; o Enrique Viloria Vera, trazó como parte de un itinerario por el centro comercial que reunía a los astronautas de COPEI, contando con el OVNI y la librería La Mancha en el croquis de sus dubitaciones.

Torrealba contextualiza al librero en el país de las galopantes crisis que poco a poco lo  redujeron y arrinconaron, abultándose los proyectos que antes fueron iniciativas sobradamente cumplidas. Por ello, luce inevitable mencionar la inocente apuesta que hizo Walter por Chávez Frías que, nada personal, ascendido y consolidado en el poder, lo enganchó al carro de unas políticas que temen a la franqueza de una crisis descomunal.

Ojalá editaran la tesis en cuestión, genuino y plausible reconocimiento a un gran librero, cuya empresa no ha merecido tal suerte, pues, si bien es cierto que las librerías no son infinitas, en todo caso deben diluirse y no sufrir la decapitación: luego de dos años de desocupado, sigue el local mudo y cerrado en el citado centro comercial.  Por lo demás, que un muchacho dedique su más importante ejercicio académico a una librería tan meritoria, sin dudas constituye una suerte de involuntario escrito de cargos contra los verdugos de la burocracia ahora intergaláctica, a falta de una mejor denominación.

Post-data navideña: Atravesamos circunstancias complejas y difíciles, pero no debemos renunciar a la reflexión y al compromiso que suscita la Navidad,  aun no siendo creyentes. Deseamos a nuestros gentiles lectores que Dios Todopoderoso los bendiga y que 2013 sea escenario seguro de mejores realizaciones.

Referencias:
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=731002
http://lbarragan.blogspot.com/2011/01/embaladura.html
http://lbarragan.blogspot.com/2011/01/cierre.html

miércoles, 19 de diciembre de 2012

SECADURA DE TINTA

EL UNIVERSAL, Caracas, 16 de Noviembre de 2012
El libro venezolano, o los trabajos de Sísifo
MARIANO NAVA CONTRERAS 

En una reciente entrevista al director de la editorial Monte Ávila, el escritor Carlos Noguera, se expresan interesantes conceptos acerca de las políticas y los criterios del gobierno venezolano con respecto de la difusión del libro y la promoción de la lectura. Para el funcionario, que dirige la más importante editorial del Estado, gran parte de los problemas del libro venezolano se resuelven con la creación de una agencia literaria -idea que además debemos al ministro Calzadilla-, pues el asunto radica fundamentalmente en fallas de distribución. Sin embargo, esta solución, aparentemente sencilla, choca con un formidable obstáculo, pues, añade el funcionario, una agencia literaria "tiene un sentido, primordialmente, mercantil", y ello, "sería un contrasentido en el sector oficial". A esto se suma el desdén de que son objeto, según Noguera, los títulos oficialistas por parte de las librerías privadas, las cuales "no aceptan los libros de Monte Ávila". Así que con la ideología hemos topado. Por lo demás, la entrevista está salpicada de términos como "todavía no hemos dado con la solución", "no lo hemos logrado", "no hemos acertado". Catorce años después.
Vamos a estar claros. Mientras que la mayoría de los países iberoamericanos han sido exitosos al promocionar su literatura en el exterior, nosotros apenas hemos sido conocidos por los que han sido los únicos productos de exportación de la cultura venezolana: la telenovela y el Miss Venezuela. Hoy, que también estos se han venido a menos, supongo que estaríamos mejor representados por las narcomisses y las narcomodelos, especie de heroínas populares que últimamente se han puesto tan de moda.
La verdad es que, en su afán estatizador, este gobierno ha repetido y  profundizado los errores cometidos por sus predecesores. No solo ha sostenido las editoriales oficiales tradicionales (cosa ya bastante inexplicable), sino que además ha creado otras, sin querer sustraerse a la tentación de ideologizar su producción. En su obsesión por controlarlo todo, ha estrangulado el funcionamiento de las editoriales y las distribuidoras privadas, ha restringido la libre importación de libros y ha impuesto una superestructura totalitaria destinada a controlar el pensamiento y la literatura. Me refiero a nuevas editoriales como El Perro y la Rana, a la red de librerías Del Sur (cuando están abiertas) y ferias del libro como Filven, destinadas casi exclusivamente a la producción y mercadeo del libro oficialista. Ahora dicen que quieren fundar una agencia literaria, de la que me permito dudar que se beneficien todos los escritores, de todas las ideologías.
En los países cultos, la literatura no es problema de un gobierno, es un asunto de Estado. Allí se entiende que las letras y el pensamiento cumplen la importantísima función de establecer el modelo de la lengua culta, canalizar y propagar las ideas, darle prestigio al país, en otras palabras, producir una cultura nacional. Tarea demasiado importante para dejarla a la improvisación de un gobierno, y que pertenece más bien a todo el país pensante. Por eso el Estado se limita a propiciar las circunstancias adecuadas para el desarrollo de la industria cultural. A garantizar un clima de libertad y tolerancia que estimule a los creadores. Allí, el Gobierno no se pone a fundar editoriales y cuanta oficina pueda llenarse de burócratas y oportunistas, a inventar "bodegas culturales" y cuanto sarao y expoventa pueda ocurrirse. La iniciativa la deja a los ciudadanos particulares, en cuyo talento y capacidades confía.
A corto plazo no soy optimista. La vigorización de la literatura y de la industria cultural en Venezuela no es un problema de falta de talentos. Todo lo contrario. Nuevas generaciones de dotadísimos escritores continuamente se incorporan al oficio, sumando su pluma a la de los veteranos maestros de siempre. Las librerías privadas siempre estarán dispuestas a vender, que es su trabajo, y no es su culpa si los viejos panfletos políticos ya no se venden. El problema de fondo está en que se entienda de una vez que la creatividad siempre ha estado reñida con los controles y la opresión, y que no hay nada que repugne más a la verdadera literatura que la mediocridad.

Ilustración: Keith Parks.

domingo, 5 de agosto de 2012

FERIADO (2)

El signo inequívoco de la feria es, nuevamente, el del marxismo-leninismo. Stand de la Alcaldía LIbertador aparte, prolijo en panfletos que coexisten con reediciones de Ludovico Silva o Luis Britto García, los hubo otros más organizados que en anteriores ocasiones, con sendas reediciones de Marx, Lenin, Trotsky, no recordamos haber visto a Mao, entre ensayos más serios al lado de otros definitivamente propagandísticos. Quizá los títulos más severos, lo vimos en el pequeño puesto del Fondo de Cultura Económica: a modo de ilustración, Ernesto Laclau u otro sobre el marxismo reciente que, algo arrepentidos, no adquirimos por su elevado precio. Y, como siempre, por lo menos esta vez, no vimos una atractiva oferta ni la editorial misma, como Siglo XXI, o - valga la presunción- obras de cuño cubano. Por cierto, nos produjo cierta tristeza ver el puesto de Lectura, con su corrída y emblemática bolsa flameando contra el sol (libros viejos, remate de depósito, sin Walter, etc.); o el de Macondo, con Pedro Pérez, a lo lejos, cuyo fracaso en el Centro Comercial Chacaíto no se debió precisamente a la pereza de su promotor. De algo estamos seguros: la crisis del libro sigue intacta, y agravada....Valga acotar, que estas ferias del socialismo no menos real, comoel venezolano, son de portadas. Y esto no sólo por el nivel de lectura predominante, sino por el hecho mismo de propagandizar con desinterés del lector. De modo que el visitante hipotéticamente indiferente a las razones esgrimidas, lo es de motivos gráficos; y, no siendo prioridad la adquisición de esta literatura, apremiado por los precios previsibles de los libros y útiles escolares, a lo sumo adquirirá la folletería de bajo costo y quién sabe si de dudoso autor. Por supuesto, lo dicho merece una mayor reflexión, pero vale como ejercicio o borrador... Además, lo menos debatido y explicado es el socialismo del siglo XXI, así bautizado desde el poder. A pesar de los generosos financiamientos, no abunda una literatura vernácula que nos entregue versiones y matices convincentes. ¿Existe una decidida contribución impresa del llamado Centro Internacional Miranda?

Coletilla: muy pobre la muestra de universidades como la UCV o ULA. Seguramente ellas, oficialmente, no participaron. Y el ofrecimiento del Banco Central de Venezuela, demasiado modesto.

LB



Fotografías: LB, Feria del Libro, domingo de clausura, 5 de Agosto de 2012, Los Caobos, Caracas.

sábado, 21 de julio de 2012

CRISIS DE SUPERACIÓN

http://prodavinci.com/blogs/libro-electronico-por-antonio-lopez-ortega/
Libro electrónico, por Antonio López Ortega
Antonio López Ortega 

Así como China se despertó un día anunciando el nacimiento de su habitante número mil millones trescientos uno, asimismo el portal Amazon anunció que en un preciso día de 2011 había vendido más libros electrónicos que impresos. La noticia no asombraba a los que auguraban el fin del libro impreso. Y es que las profecías sobre la muerte del imperio de Gutemberg hay que tomarlas con pinzas si nos atenemos a lo que las estadísticas anuncian. Es cierto, por ejemplo, que las cifras de Amazon hablan de una demanda creciente, como también es cierto que los grandes grupos editoriales (Random House, por ejemplo) invierten ingentes cantidades en la constitución de sus catálogos electrónicos. Sin embargo, en países como, por ejemplo, Japón, cuna de las innovaciones cibernéticas, el ritmo de venta es bajo, lo mismo que en Alemania, otro sinónimo de innovación tecnológica, y no se diga de la muy letrada Francia, donde las cifras de venta de los llamados ebooks son irrisorias en comparación con los de papel. A estas realidades se viene a sumar España, con apenas un 3% de su facturación total destinada a libros electrónicos, lo que no tiene visos de mejorar cuando sabemos que las recientes medidas fiscales de Rajoy le aplicarán un IVA del 21%, esto es, una manera de naufragar para cualquier embarcación destinada a viajar y conocer nuevos parajes.
Si se trata de cambios, o de sustitución de plataformas o soportes, se diría que a la lectura clásica, tal como la conocemos desde la invención de la imprenta, le quedan muchos días de vida. Y aunque sepamos que el papel requiere cada año del sacrificio de innumerables especies vegetales, la lectura más ligada al placer que a la información prefiere el formato de páginas reales antes que el de las simuladas. La batalla, si acaso es tal, se llevará muchos años. También en el pasado hubo quien diagnosticara la muerte de la radio cuando irrumpió la televisión, cuando en verdad se ha tratado de un reacamodo de las audiencias o de los usos: en Venezuela, por ejemplo la penetración de la radio, a diferencia de la de la televisión, no cesa de crecer.
Quizás como algunos indican, el cambio es más un cambio de orden generacional. En estos meses vacacionales, me asombró ver a mi sobrina de quince años, residente de Estados Unidos, leyendo calmadamenete El conde de Montecristo sobre páginas simuladas. Y la verdad es que sus hábitos de lectura matutina o verspertina eran de lo más normales, como desayunarse o pasear por la playa. ¿Estaremos hablando entonces de que el cambio de plataforma depende más de una resistencia a los nuevos hábitos? ¿Seremos acaso los últimos lectores enamorados del olor y el tacto de las páginas ancestrales? Las profecías no son fáciles de admitir cuando las crisis políticas, económicas y civiles atenazan al mundo como zancudos presos entre las palmas de una mano.

lunes, 11 de junio de 2012

LIBRIEDAD

Del librero y el editor automáticos
Luis Barragán


Quienes alguna afición sentimos por los impresos, experimentamos también otro aprendizaje en las redes sociales. Esta vez no tratamos de las reiteradas promesas del libro electrónico, sino de las conductas que intacta y tercamente reflejan las del mundo real.

Cual aviso clasificado, suelen enunciarse las obras que atraen con abandono de la glosa correspondiente. Al parecer, basta orbitar una portada poderosamente llamativa como señal de la avisadísima intervención del usuario, olvidando o soslayando el comentario de rigor, ora por ingenuidad, ora por vanidad, ratificándose como súbdito del imperio iconográfico que nos asfixia.

Ocurre frecuentemente en las grandes cadenas de libros, el empleado ofrece el ejemplar, apunta al precio, y vela por la impecable preservación del envoltorio molestándole que el cliente pudiese desear, por lo menos, la revisión del índice. El nivel de ventas es suficiente argumento, aunque en el medio digital —principalmente, la autoedición— convierte la diligente colocación en un burdo ardid comercial.

Nuestra confianza en las viejas librerías, por cierto, en sistemático camino de extinción en Venezuela por las consabidas razones, es la que depositamos cierta y comprobadamente en sus libreros. Incluso, confianza para desechar una obra por otra, garantizado el regreso cuando ninguna es favorecida.

Precisamente, requerimos del comentario especializado o de divulgación para orientarnos en la urdimbre de tinta que aún caracteriza al llamado mundo desarrollado, porque no se entiende una sociedad del conocimiento sin la cultura de la imprenta que sustenta a la de los bytes. Escaseando cada vez más la crítica sostenida y reputada, en este lado del mundo, recurrimos a los consejos, recomendaciones o atisbos de los amigos, conocidos o por conocerse, que ejercitan la cotidianidad en la infopista con una humildad —por lo demás— a veces traicionada. Empero, como en los libródromos, según la afortunada acuñación de Vargas Llosa, abundan aquellos que —apenas— se regodean con la portada y, yendo lo más lejos posible, adquirido el derecho, linkean un sitio de ofertas para estorbo de los otros internautas que fluyen con la espontaneidad de sus útiles y personales impresiones.

El hábito responde a la comprensible necesidad de promocionar las llamadas autoediciones, una veraz alternativa frente a los tradicionales sellos editoriales delimitados y zarandeados por un mercado que los hace extremadamente prudentes. Fenómeno sin precedentes, la automatizada (des)aparición de los (hiper)textos fuerza a la febril promoción del autor que no repara en la modesta rutina de las comunidades virtuales, demandantes de una orientación, recomendación o consejo, que les ayude a economizar tiempo, decantando sus intereses inmediatos.

Valga acotar, la lícita actividad mercantil de las grandes y prestigiosas firmas editoriales se explica por el arbitraje de los títulos que envía a la imprenta real e —igualmente— digital. La confianza por una u otra casa depende de la rigurosa selección que haga de materias y autores, amén de la calidad de sus entregas y garantías de distribución, permitiéndonos enunciar tres contradicciones fundamentales.

Por una parte, el deficiente desempeño ante un mercado cambiante, ganado por los acontecimientos efímeros o intrascendentes, que obliga a las empresas a apostar por un producto de antiquísimo y reconocido éxito, al lado de otros que les reportan dividendos de oportunidad. Cesa la búsqueda de autores promisorios que, al coincidir con aquellos que gozan del derecho a tenerse como tales, pueblan las redes con más cizaña que trigo.

Por otra, la probable decadencia de los agentes literarios que disfrutan de muy pocas ventajas frente a la universal crisis de los derechos de autor que, en propiedad, es la del Estado Nacional tal como lo hemos conocido. A la espera de las ingeniosas fórmulas que los resguarden, un oficio tan demarcado halla una escasa garantía en las denominadas nuevas tecnologías que reemplazan o dicen reemplazar el producto editorial real.

Por último, sintetizado el problema, la desleal competencia que deviene anarquía en la red de redes, quebrantando toda certeza respecto a un producto confiable. Excepto esas casas editoriales, las que —en última instancia— generan confianza por sus criterios de selección, marquen la pauta en Internet, la automatización del pensamiento y su consumo, tiene por único futuro el inmenso basurero de pajares con las muy pocas agujas que el azar reporte.

Fuente: http://www.letralia.com/268/articulo10.htm
Ilustración:  Begoña Pérez Rivera, Intervención 

martes, 29 de mayo de 2012

PAPELES

EL NACIONAL, Caracas, 25 de Febrero de 2002 
El papel gana la batalla del tiempo en la era de la información
PEKÍN/EFE

La invención del papel hace más de 2.000 años cambió el rumbo de la historia de la humanidad, aún más que la propia brújula, y convirtió a China en el imperio de la luz frente al oscurantismo propio de la Europa de la Baja Edad Media. El hallazgo tuvo lugar en el año 105 antes del comienzo de la edad cristiana, y su protagonista fue el eunuco Cai Lun, que vivió en la costa este de China en los tiempos de la dinastía Han.

Aproximadamente en la misma zona, provincia de Zhejiang, aunque ya bien entrado el tercer milenio, los habitantes de la localidad de Zeya continúan fabricando artesanalmente papel y utilizando las mismas técnicas que en su momento patentó su precursor, Cai.

Y es que los responsables de los talleres de fabricación de papel de esta zona son en su mayoría descendientes directos de los mayores virtuosos en esta artesanía milenaria, procedentes de la provincia limítrofe de Fujian y que emigraron a Zhejiang en la dinastía Yuan (1271-1368).

Los artesanos de Zeya no tienen grandes dificultades para obtener la materia prima, ya que tanto el bambú como el agua, elementos esenciales para la fabricación de papel, son abundantes en la zona, una de las más fértiles de China y cuna del mejor té verde del mundo.

La fabricación de papel o pingzhi, denominación tradicional, comienza con el desmenuzado del tallo de bambú en piezas de un metro de longitud, y luego de varios centímetros, para después ponerlo a remojo en una mina de cal por espacio de tres a cinco meses.

Posteriormente, el bambú se seca y se vuelve a introducir en una piscina de agua cristalina durante otro mes, para seguidamente comenzar el proceso de machacado y molido, que se lleva a cabo en grandes morteros que convierten el cáñamo en una especie de pasta de papel.

El producto resultante se vuelve a colocar en una especie de lavadero con agua, en el que será removido con grandes varas de madera, proceso tras el cual se convertirá en algo similar a una pulpa de madera sin refinar.

Tras un nuevo secado a la sombra y otro bajo el intenso sol, ya en forma de pliegos, el papel de color dorado está preparado para su comercialización, que se hará realidad tras el correspondiente empaquetado.

Con todo, la era de la información no ha llegado en balde a esta parte del planeta Tierra, y el papel dorado de Zeya es únicamente utilizado para la fabricación de fuegos de artificio y petardos, lo que no es poco dada su popularidad en este país, y de billetes falsos para los funerales tradicionales.

Lejos quedan los años 30, tiempos en los que casi 80% de la población de Zeya, 100.000 personas, se dedicaban a fabricar papel, y los 40 cuando este arte fue exitosamente exportado a otras zonas de China, Taiwán y el sudeste asiático.

Ahora, sólo unos pocos mantienen viva la tradición, que de no remediarlo se convertirá en una actividad casi museística, dada la tendencia de las nuevas generaciones a cerrar los ojos al pasado milenario del país que fue el centro de la humanidad.

Este arcaico proceso de elaboración del papel da una medida del factor tiempo en un país como China, donde los avances se produjeron con inusitada rapidez en un principio, con invenciones de consecuencias insondables como la brújula, la pólvora, la letra impresa y el propio papel.

Después, China se anquilosó en su propio sinocentrismo durante cientos de años, reticente al cambio y a la apertura al exterior, y en los últimos 25 años ha protagonizado una de las transiciones más extraordinarias de los últimos tiempos, que por seguro quedará reflejada con letras de oro en páginas de papel.

sábado, 21 de abril de 2012

TINTA HELADA EN EL FUEGO

EL NACIONAL - Sábado 21 de Abril de 2012     Opinión/8
Cómo se equivocan los mitos
SERGIO DAHBAR

Ciertas cifras nos dejan helados. Pero son tan reales como lo peor que puede pasarnos y al final nos pasa. Como las que dio a conocer el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc). Se basan en investigaciones realizadas en la última década.

Resultan devastadoras y de alguna manera explican por qué nuestro continente no termina de dar el salto para quitarse la etiqueta de tercer mundo de una buena vez. Al final del día somos lo que podemos ser: millones de habitantes que sueñan con una vida mejor que luce inatrapable.

Comencemos por uno de los mitos que este estudio ha descabezado de manera implacable. Colombia ostenta el menor porcentaje de habitantes que leen revistas, periódicos y libros, frente al resto de las naciones iberoamericanas. Y lo peor de todo no es que a la gente le falte tiempo, oferta o espacios: no hay interés.

Los datos aparecieron reflejados en la misma semana que se inauguró la 25ª Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo), que este año tiene un invitado de honor: Brasil, país portentoso en sus expresiones culturales. Los brasileños que desembarcaron en Bogotá integran un conglomerado de los más expresivos que haya presentado este megapaís en otra feria.

La revelación del estudio del Cerlalc ha caído como balde de agua fría. No es para menos: 67% de los colombianos no lee porque no les gusta. Este es el único indicador en el que el país de Gabriel García Márquez ostenta el primer lugar: en los otros las cifran reptan.

El índice de lectura de revistas es el más bajo del continente: 26%. Cosa curiosa si uno admira revistas como Semana, Número,El Malpensante, Credencial, Soho, Boca... Chile, en cambio, tiene más lectores de publicaciones periódicas: 47%.

El promedio de libros leídos en un año no habla bien de ningún país de América Latina: los colombianos leen 2,2; los brasileños, 4; los argentinos, 4,6 y los chilenos, 5,6. Aquí vale la pena preguntarse qué se puede esperar de un continente con semejante interés por la lectura, hábito que finalmente es sinónimo de curiosidad, aprendizaje, crecimiento, experiencia vital, viajes, discusiones, todas energías necesarias para estar en el mundo y crecer.

Cabe entonces una reflexión mayor sobre esta investigación del Cerlalc, que he esbozado en programas de radio y entrevistas.

El mito de que Colombia es un país con una población que lee y mucho, frente a una Venezuela que no lee no sólo está equivocado, sino que luce desmedido.

En todo el informe del Cerlalc no aparece la palabra Venezuela una sola vez. Como ocurre desde hace 13 años, hemos desaparecido de las estadísticas. O bien porque las torcemos para ratificar una política de Estado o bien porque no nos interesa participar. Los organismos que deberían investigar la lecturabilidad venezolana se bajaron del tren del Cerlalc. No atienden las solicitudes de recavar información sobre temas como la forma en que leemos o consumimos cultura. A pesar de que se hace patente una paradoja. Ubicado a la cabeza geográfica de un continente que hace aguas en temas de lectura, el proceso traumático vivido Venezuela en los últimos 13 años ­aunado a una característica de consumo alto del venezolano­ ha derivado en un fenómeno sorprendente: en nuestro país se compran muchos libros y no me cabe la menor duda de que también se leen, aun cuando carezcamos de estadísticas que nos aclaren su dimensión real.

Venezuela dio un salto furioso hacia el pasado en 1999. Se amarró caprichosamente al atraso y a la involución. Y sus peores pesadillas se hicieron realidad: tiene uno de los ingresos petroleros más altos del planeta y sus hospitales y escuelas públicas dan pena ajena. Nos matan como chiripas en la calle ante compatriotas pasmados con lo que presencian.

Semejante trauma nos ha llevado a tratar de entender qué nos pasó. Cómo fue que escogimos el peor atajo que teníamos en frente, en el cruce de caminos de nuestro destino. Los libros se han convertido en una tabla de salvación, suerte de catarsis desesperada que deberíamos celebrar porque nos hace únicos en el continente.



martes, 17 de abril de 2012

INSTRUMENTAL DE LIMPIEZA


Del librero y el editor automáticos
Luis Barragán


Quienes alguna afición sentimos por los impresos, experimentamos también otro aprendizaje en las redes sociales. Esta vez, no tratamos de las reiteradas promesas del libro electrónico, sino de las conductas que intacta y tercamente reflejan las del mundo real.

Cual aviso clasificado, suelen enunciarse las obras que atraen con abandono de la glosa correspondiente. Al parecer, basta orbitar una portada poderosamente llamativa como señal de la avisadísima intervención del usuario, olvidando o soslayando el comentario de rigor, ora por ingenuidad, ora por vanidad, ratificándose como súbdito del imperio iconográfico que nos asfixia.

Ocurre frecuentemente en las grandes cadenas de libros, el empleado ofrece el ejemplar, apunta al precio, y vela por la impecable preservación del envoltorio molestándole que el cliente pudiese desear, por lo menos, la revisión del índice. El nivel de ventas es suficiente argumento, aunque en el medio digital – principalmente, la autoedición – convierte la diligente colocación en un burdo ardid comercial.

Nuestra confianza en las viejas librerías, por cierto, en sistemático camino de extinción en Venezuela por las consabidas razones, es la que depositamos cierta y comprobadamente en sus libreros. Incluso, confianza para desechar una obra por otra, garantizado el regreso cuando ninguna es favorecida.

Precisamente, requerimos del comentario especializado o de divulgación para orientarnos en la urdimbre de tinta que aún caracteriza al llamado mundo desarrollado, porque no se entiende una sociedad del conocimiento sin la cultura de la imprenta que sustenta a la de los bytes. Escaseando cada vez más la crítica sostenida y reputada, en este lado del mundo, recurrimos a los consejos, recomendaciones o atisbos de los amigos, conocidos o por conocerse, que ejercitan la cotidianidad en la infopista con una humildad – por lo demás – a veces traicionada. Empero, como en los libródromos, según la afortunada acuñación de Vargas Llosa, abundan aquellos que – apenas – se regodean con la portada y, yendo lo más lejos posible, adquirido el derecho, linkean un sitio de ofertas para estorbo de los otros internautas que fluyen con la espontaneidad de sus útiles y personales impresiones.

El hábito responde a la comprensible necesidad de promocionar las llamadas autoediciones, una veraz alternativa frente a los tradicionales sellos editoriales delimitados y zarandeados por un mercado que los hace extremadamente prudentes. Fenómeno sin precedentes, la automatizada (des) aparición de los (hiper) textos fuerza a la febril promoción del autor que no repara en la modesta rutina de las comunidades virtuales, demandantes de una orientación, recomendación o consejo, que les ayude a economizar tiempo, decantando sus intereses inmediatos.

Valga acotar, la lícita actividad mercantil de las grandes y prestigiosas firmas editoriales se explica por el arbitraje de los títulos que envía a la imprenta real e – igualmente - digital. La confianza por una u otra casa, depende de la rigurosa selección que haga de materias y autores, amén de la calidad de sus entregas y garantías de distribución, permitiéndonos enunciar tres contradicciones fundamentales.

Por una parte, el deficiente desempeño ante un mercado cambiante, ganado por los acontecimientos efímeros o intrascendentes, que obliga a las empresas a apostar por un producto de antiquísimo y reconocido, éxito al lado de otros que les reportan dividendos de oportunidad. Cesa la búsqueda de autores promisorios que, al coincidir con aquellos que gozan del derecho a tenerse como tales, pueblan las redes con más cizaña que trigo.

Por otra, la probable decadencia de los agentes literarios que disfrutan de muy pocas ventajas frente a la universal crisis de los derechos de autor que, en propiedad, es la del Estado Nacional tal como lo hemos conocido. A la espera de las ingeniosas fórmulas que los resguarden, un oficio tan demarcado halla una escasa garantía en las denominadas nuevas tecnologías que reemplazan o dicen reemplazar el producto editorial real.

Por último, sintetizado el problema, la desleal competencia que deviene anarquía en la red de redes, quebrantando toda certeza respecto a un producto confiable. Excepto esas casas editoriales, las que – en última instancia - generan confianza por sus criterios de selección, marquen la pauta en internet, la automatización del pensamiento y su consumo, tiene por único futuro el inmenso basurero de pajares con las muy pocas agujas que el azar reporte.

sábado, 19 de febrero de 2011

EL CORONEL NO TIENE QUIEN LO EXHIBA


EL NACIONAL - Sábado 19 de Febrero de 2011 Cultura/4
LIBROS Uno de los problemas del sector es que no maneja estadísticas confiables
Con la crisis, hasta las novedades son antiguas en las librerías nacionales
El Estado debe entender que la importación de libros no perjudica la producción nacional, señala Cavelibro
MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ

Más que un diagnóstico pesimista del mercado editorial, el cierre de la librería Lectura es un reflejo de los problemas del país. Pero el local regentado por Walter Rodríguez y emplazado en el centro comercial Chacaíto no es el único que ha cerrado sus puertas en el último lustro.

Lo mismo ocurrió con las librerías El Ateneo, la de Monte Ávila que estaba en el Teatro Teresa Carreño, Punto y Coma, Macondo y Divulgación, por nombrar sólo a las que estaban ubicadas en Caracas.

Desde que Rodríguez anunció el cierre de su local, proliferan en las redes sociales comentarios grandilocuentes sobre la situación del sector, que aunados con las estadísticas hiperbólicas que aventuran algunos de sus allegados ­en un mercado que se caracteriza por la ausencia de estudios­ pintan un panorama negro. Pero aunque existe una crisis en las librerías, todavía hay medidas que se pueden tomar para sacar al país de su aislamiento intelectual.

Los altos costos de los alquileres y el hecho de que muchos libreros son administradores mediocres están entre los problemas que con frecuencia señalan los analistas del sector.

La denuncia constante en todos los encuestados se refiere a la escasez de libros y a la poca oferta de títulos nuevos, consecuencia de la falta de divisas en el sector. Esta situación se agravó en marzo de 2008, cuando el Ministerio de Industrias Ligeras y Comercio eliminó los productos editoriales de la lista de bienes prioritarios que recibe dólares de Cadivi, según la resolución número 38882 publicada en Gaceta Oficial.

Andrés Boersner, librero de Noctua en Los Palos Grandes, afirma que esa es una de las razones por las que ahora llegan las nuevas obras con seis meses de retraso y por las que, además, tienen menos de 5% de las novedades que recibían antes.

"El problema no sólo es el trámite en Cadivi, que es largo, sino que sea delito comprar dólares de cualquier otra manera", señala Ignacio Alvarado, gerente de Libroria, una iniciativa que comenzó hace seis años en Las Mercedes para la venta de libros usados y que ahora tiene hasta una página web a través de la cual se encargan las obras.

La citada resolución obliga a los distribuidores a pedir una certificación de insuficiencia o de no producción nacional para conseguir dólares. Eliminar esta disposición es un problema que ocupa la agenda de los miembros de la Cámara Venezolana del Libro.

"Los procesos para importar libros ahora no son ágiles.

Muchos distribuidores y libreros han optado por otras soluciones, así que los miembros de la cámara hemos redactado un documento para explicar que los libros son un bien prioritario que se importa en números reducidos. Lo más importante es aclarar que esa importación no perjudica la producción nacional", indica Iván Diéguez, presidente de la organización.

La solución de la escasez de títulos en las librerías comienza por señalarle al Estado que los libros son importantes para el desarrollo del país.

Diéguez también dijo que Cavelibro está en conversaciones con el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe para hacer un estudio del sector editorial en el país ­el último se hizo en el año 2007­.

Agregó que ya estaban adelantadas las gestiones con el Instituto Nacional de Estadística para incorporar en el próximo censo ­o en el siguiente­ preguntas sobre los hábitos de consumo literarios de los venezolanos, pues no existen estudios de este estilo en el país.

Una investigación de gustos podría ayudar a resolver una de las principales denuncias de los lectores: que cuando entran en las librerías, a pesar de que hay nuevas publicaciones, no encuentran títulos del año. Esto se debe, según los libreros, a varias razones.

La primera de ellas es que para cada título que se importa tarda como seis meses el proceso de certificación de insuficiencia; luego, se demora un mes más para llegar de su país de origen a las estanterías venezolanas. Además, si algún título se agota hay que hacer todo el papeleo de nuevo, así que el sistema está abarrotado de las gestiones por reposiciones y obstaculiza la demanda de nuevos libros.

Otra razón para que ni los títulos nuevos sean novedosos es que, ante un proceso tan largo y costoso, las distribuidoras no hacen apuestas y tratan de traer éxitos que consideran seguros. Si importan otros libros es por expresa petición de los libreros y se tardan un poco más.

Ante estos problemas, muchos libreros han decidido importar ellos mismos directamente de casas editoriales en España, Argentina y Colombia, pero el problema es que como los volúmenes de adquisición son pequeños ­menos de cinco libros en la mayoría de los casos­ no obtienen los márgenes de descuento que se les otorga a las distribuidoras.

Fotografía: Manuel Sardá