OT. Editores recuerda sus 47 años
Maritza Jiménez
Tres siglos después de la aventura de Alejandro de Humboldt en Venezuela, el germano venezolano Oscar Todtmann funda una editorial que asume la tarea de mostrarnos las bellezas de esta naturaleza que maravillaron a su antepasado.
Así, da inicio a una colección que inaugura entre nosotros el "libro viajero", volúmenes en gran formato plenos de imágenes reveladoras del esplendor de nuestra geografía, y la tradición del regalo navideño empresarial en el mundo del arte y la cultura.
Son ediciones de resonancia internacional, que han puesto a nuestro país entre los más galardonados en el concurso anual "Los libros más bellos del mundo", de la Feria del Libro de Lepzig, Alemania, con títulos como La Gran Sabana y El Llano, o El sabor de la tradición libanesa, Mejor Libro del Mundo en Cocina Mediterránea en el Gourmand World Cookbook Award 2016.
A Luna Benítez no le gusta el término. Pero Oscar Todtmann se define como un "guerrillero editorial", pues solo mediante una estrategia de ese tipo han logrado mantener viva esa editorial en la que hoy siguen en pie de lucha, revelándonos ahora desde nuestra literatura como un país que se resiste a dejarse vencer.
El Alto Mando del libro
Con más de cien títulos publicados en cuatro colecciones, la editorial OT debutó en Caracas en 1973, pero sus raíces están en aquella librería que sus padres, Dita y Oscar, al término de la guerra europea, finalmente instalan en el centro comercial El Bosque como la Librería Alemana, que, junto a otras similares, nos mantenían conectados con las novedades del mundo exterior.
"Desde que mis padres fundaron la librería, en 1951, en la cual, ya adultos, mi hermana Christiane y yo empezamos a trabajar, he estado rodeado de libros y del oficio de librero", afirma Todtmann, recordando su título como Asistente a la Gerencia del Libro, obtenido en la Escuela Superior del Libro de Frankfurt, tras una rigurosa pasantía por los más prestigiosos centros editoriales y libreros de Hamburgo y Berlín.
Muy alemán y muy venezolano, nieto de Clarita Behrens de Schierenberg, hija de Emma Braun Vollmer y Adolfo Behrens, gerente de la Casa Blohm y cónsul del imperio alemán en Venezuela en el año 1880, Carsten Todtmann es heredero de una familia con huella en nuestro país.
Una historia que recoge en Dos mundos, uno de los libros que, junto con Geografía literaria de Venezuela, constituida por los textos que acompañaron las imágenes de sus libros, servirá para recordar, "no celebrar", como prefiere, estos 47 años de su editorial.
-Librero, editor y autor. ¿Cómo se define?
-Mi formación en el comercio del libro en Alemania no diferenciaba entre libreros y editores. Además hice pasantías primero en una editorial y posteriormente en tres librerías. En son de broma, mi padre librero decía que los editores son como el alto mando militar, mientras los libreros son la infantería defendiendo los libros en las trincheras. Menor es mi experiencia como autor.
-¿Ha cambiado la línea editorial de OT en estos 47 años?
-Mi línea editorial ha sido la guerrillera: una lucha continua contra las editoriales del Estado y los grandes consorcios del libro extranjeros, conquistando espacios no ocupados por estos. Hubo tiempos en que me dediqué a libros de gran formato y de fotografía; otros, a las novelas y la poesía. En ocasiones a libros científicos, de arquitectura y artes culinarias. Como un boxeador, me he movido lo más posible dentro del ring para evitar los golpes.
-¿Cuáles han sido las mayores satisfacciones en estos 47 años?
-La amistad. La amistad con mis autores, libreros y los involucrados en la confección del libro, como traductores, correctores, tipógrafos, diseñadores, impresores, encuadernadores y un largo etcétera. Además, cada libro le abre a uno un nuevo mundo.
-¿Cuál ha sido el libro más difícil y cuál el más satisfactorio?
-No hay libro fácil. Ha habido libros de apenas sesenta páginas que me han ocasionado muchas dificultades, y otros de mayor envergadura que fluyeron armoniosamente. Con dos o tres excepciones, todos me han dado una gran satisfacción, pero sí hay uno al que le tengo un cariño especial. Es uno de mis primeros libros de bolsillo: Nada Sagrado, textos zen, que compilé y edité por primera vez a mediados de los 70, y que todavía me acompaña, tanto en físico, en su décima edición, como por su contenido y mis recuerdos al cariño y dedicación con que lo concebí y realicé.
-¿Cómo y por qué desaparece la Librería Alemana?
-Desaparece después de 65 años de existencia por las trabas y el desastre económico del país. A eso se le puede añadir el éxodo de los alemanes de Venezuela. Lo mismo le sucedió a La France, El libro Italiano, La Librería Rizolli y la Libreria Americana y las otras doscientas librerías que ofrecían libros en español.
-¿Cómo ha afectado la digitalización a la industria editorial?
-En la confección de libros ha sido de avances de gran utilidad. Cuando comencé a editar todavía trabajábamos con tipografía de plomo y un libro hoy cabe en un pendrive. Ahora, el comercio del libro digital todavía no lo tengo claro. Sí pienso que un gran enemigo han sido los teléfonos celulares, que le han restado tiempo libre a la gente para dedicarse a la lectura del libro.
Como fotógrafo, también ha seguido el curso de nuestra realidad en títulos que incluyen, desde Fascinante Venezuela, pasando por Venezuela en 13 fotografías (1998); Santiago de León de Caracas, y Todos marchan (2005), este último un registro visual de las protestas en Venezuela desde 1998, y Canaima Paraíso Teukinan (2007).
-¿Cómo ve los cambios operados en Venezuela?
-Ha pasado de ser un país naif soñador, a un país de contradicciones y confusión.
Apuesta a la poesía
Comunicadora social y docente universitaria, Luna Benítez se incorpora a la vida y la editorial de Carsten Todtman en 1994, para aplicar sus experiencias al frente de la distribuidora Kuaimare en el desarrollo de la distribución y promoción del fondo editorial OT.
En ese sentido, proclama con orgullo para este aniversario la entrada del sello en Amazon, y la distribución de su catálogo editorial en más de 13 importantes librerías en las ciudades colombianas de Bogotá, Medellín, Cali, Manizales, Cartagena, Barranquilla y Armenia, en Colombia.
Hoy es, además, responsable de la creación de la colección de poesía, una de las más emblemáticas del sello editorial, con la coordinación de Kira Kariakin, colaboración de Jacqueline Goldberg y auspicios de Mario Ovalles y Team Poetero.
"Antes el Estado diseñaba políticas para facilitar el acceso a las distintas expresiones del arte y la cultura a la población, sin distinción de credos o ideologías. Esa visión hoy es completamente distinta y las instituciones y empresas culturales independientes hacen lo propio para mantener a flote sus actividades y propuestas".
-En OTE-continúa- nos asistimos en las colecciones de poesía y narrativa. En su mejor época, la editorial publicó los más bellos libros en la colección "Imagen de Venezuela", donde la fotografía de autor y del paisaje natural, marcaron una época importante en la confección de este tipo de publicaciones que tanta resonancia tuvo dentro y fuera de Venezuela.
-¿Por qué apostar a la poesía venezolana?
-Porque apostar a la poesía -responde- es apostar a la vida, a la esperanza. Si en un país publicamos poesía, es un país que va a ser muy difícil de exterminar. Como la poesía.
"Más allá de nuestras adversidades el panorama de nuestra literatura es muy alentador, dentro y fuera de nuestras fronteras. Hay de todo para lectores de gustos diversos. El cielo es el límite", finaliza.
Fuente:
https://www.eluniversal.com/entretenimiento/62545/ot-editores-recuerda-sus-47-anos?fbclid=IwAR37wZ-lWFnoDbawLNpegwmy699ajNGeDkYRl7IrWGFPOgWripy_xsgGizE
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lunes, 24 de febrero de 2020
domingo, 3 de febrero de 2019
EDITORIAL
Izquierda, Caracas, 14/10/1960. Editorial. Tomado de: Rivas Rivas, José (1993). "Historia gráfica de Venezuela", Ediciones Toran, Caracas: Tomo VII, "El gobierno de Rómulo Betancourt (Primera parte) 1959-1960", pág. 195. Editorial, Semanario Izquierda, Gumersindo Rodríguez, Inurrección, Lucha Armada, José Rivas Rivas.
DE LA OTRA EDITORIAL
Izquierda, Caracas, nr. 27 del 11/11/1960. Editorial, Insurrección, Lucha Armada, Semanario Izquierda, MIR.
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MIR,
Semanario Izquierda
jueves, 25 de enero de 2018
lunes, 26 de junio de 2017
NO ES UN JUEGO
EL MUNDO, Barcelona, 26 de junio de 2017
EDITORIAL
Urge una política de Estado para la natalidad
La crisis demográfica que atraviesa España por la falta de nacimientos es un problema acuciante que no figura en la agenda de los partidos políticos y sólo se aborda de vez en cuando como proclama, que luego cae en el olvido, cuando se trata de apelar al voto femenino en periodo electoral. Sin embargo, los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) deben interpretarse como una alarma que obliga a actuar para evitar un desastre social y económico por el pronunciado envejecimiento de la población.
La natalidad ya no sólo se enfrenta al problema de que los españoles no quieren (o no pueden)tener hijos. Por primera vez, la caída del número de nacimientos se explica también por el hecho de que no hay suficientes mujeres en edad fértil para garantizar un desarrollo sostenible de la demografía. España ha perdido un millón de madres potenciales(mujeres de entre 15 y 49 años) en la última década, consecuencia de la caída que la natalidad experimentó a finales de los años 70.
Esos dos factores se conjugaron y nos llevaron a registrar dos hitos negros en nuestra historia demográfica en 2016, cuando se registró el menor número de nacimientos desde 1975 (arranque de la serie histórica) y la edad de las madres españolas superó, también por primera vez, la barrera psicológica de los 32 años.
Revertir esa tendencia debe ser prioritario para Gobierno y oposición. La demografía debe abordarse con una política de Estado que esboce una estrategia para el largo plazo que quede al margen de cuestiones partidistas.
La natalidad no es un asunto baladí. De los niños que nazcan hoy dependerá el presupuesto del futuro para pagar las pensiones y los servicios de Sanidad y dependencia. El año 2016 fue el segundo consecutivo en el que España registró un saldo vegetativo negativo con más muertes que nacimientos. A esto se suma el hecho positivo de que la esperanza de vida en nuestro país aumenta año tras año.Los españoles ya viven de media 83,2 años, por lo que cobran cada vez más tiempo su pensión de jubilación (con los datos actuales ya son más de 18 años recibiendo esa prestación).
Para equilibrar la pirámide poblacional y que las nuevas generaciones puedan sostener el sistema es probable que no baste con fomentar la natalidad. La inmigración tendrá que jugar un papel destacado en la reposición poblacional. De hecho, en 2008, cuando nacieron los niños del boom inmobiliario, se registró la mejor cifra de natalidad de los últimos 30 años en nuestro país por la contribución de las madres extranjeras. Pero atraer inmigrantes depende del progreso y nos hace vulnerables al ciclo económico, como hemos visto en estos años en los que los migrantes se han ido.
Por otra parte, el INE muestra que gracias a la recuperación económica, las bodas en España están aumentando, aunque los contrayentes son cada vez mayores (34,7 años la mujer y 37,5 el hombre). Un indicador de que los ciudadanos sí quieren formar una familia y el no tener hijos se debe en muchas ocasiones a problemas socio laborales.
Es por esto que el Gobierno debe impulsar una batería de medidas para ayudar a los españoles a ser padres. Facilitar la conciliación de la vida familiar y laboral, proteger a la mujer de posibles penalizaciones en su puesto de trabajo tras la maternidad, ayudar a las familias a sortear algunos gastos básicos en los primeros años de vida o financiar más gastos de las familias numerosas son algunas de las iniciativas que deben ponerse sobre la mesa. Se trata de políticas que requieren la implicación de las tres Administraciones (nacional, autonómica y local) y que sólo serán evaluables en el medio o largo plazo por lo que exigen altura de miras.
En enero de este año, el Consejo de Ministros creó el Comisionado frente al Reto Demográfico. Pero poner en marcha una comisión de estudios no es suficiente para resolver la crisis demográfica de nuestro país. Urge incluir este asunto en la agenda política para impulsar los nacimientos cuanto antes.
Fuente:
http://www.elmundo.es/opinion/2017/06/26/594ff0b5e2704edc5b8b461c.html
Escultura: Claes Oldenburg.
EDITORIAL
Urge una política de Estado para la natalidad
La crisis demográfica que atraviesa España por la falta de nacimientos es un problema acuciante que no figura en la agenda de los partidos políticos y sólo se aborda de vez en cuando como proclama, que luego cae en el olvido, cuando se trata de apelar al voto femenino en periodo electoral. Sin embargo, los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) deben interpretarse como una alarma que obliga a actuar para evitar un desastre social y económico por el pronunciado envejecimiento de la población.
La natalidad ya no sólo se enfrenta al problema de que los españoles no quieren (o no pueden)tener hijos. Por primera vez, la caída del número de nacimientos se explica también por el hecho de que no hay suficientes mujeres en edad fértil para garantizar un desarrollo sostenible de la demografía. España ha perdido un millón de madres potenciales(mujeres de entre 15 y 49 años) en la última década, consecuencia de la caída que la natalidad experimentó a finales de los años 70.
Esos dos factores se conjugaron y nos llevaron a registrar dos hitos negros en nuestra historia demográfica en 2016, cuando se registró el menor número de nacimientos desde 1975 (arranque de la serie histórica) y la edad de las madres españolas superó, también por primera vez, la barrera psicológica de los 32 años.
Revertir esa tendencia debe ser prioritario para Gobierno y oposición. La demografía debe abordarse con una política de Estado que esboce una estrategia para el largo plazo que quede al margen de cuestiones partidistas.
La natalidad no es un asunto baladí. De los niños que nazcan hoy dependerá el presupuesto del futuro para pagar las pensiones y los servicios de Sanidad y dependencia. El año 2016 fue el segundo consecutivo en el que España registró un saldo vegetativo negativo con más muertes que nacimientos. A esto se suma el hecho positivo de que la esperanza de vida en nuestro país aumenta año tras año.Los españoles ya viven de media 83,2 años, por lo que cobran cada vez más tiempo su pensión de jubilación (con los datos actuales ya son más de 18 años recibiendo esa prestación).
Para equilibrar la pirámide poblacional y que las nuevas generaciones puedan sostener el sistema es probable que no baste con fomentar la natalidad. La inmigración tendrá que jugar un papel destacado en la reposición poblacional. De hecho, en 2008, cuando nacieron los niños del boom inmobiliario, se registró la mejor cifra de natalidad de los últimos 30 años en nuestro país por la contribución de las madres extranjeras. Pero atraer inmigrantes depende del progreso y nos hace vulnerables al ciclo económico, como hemos visto en estos años en los que los migrantes se han ido.
Por otra parte, el INE muestra que gracias a la recuperación económica, las bodas en España están aumentando, aunque los contrayentes son cada vez mayores (34,7 años la mujer y 37,5 el hombre). Un indicador de que los ciudadanos sí quieren formar una familia y el no tener hijos se debe en muchas ocasiones a problemas socio laborales.
Es por esto que el Gobierno debe impulsar una batería de medidas para ayudar a los españoles a ser padres. Facilitar la conciliación de la vida familiar y laboral, proteger a la mujer de posibles penalizaciones en su puesto de trabajo tras la maternidad, ayudar a las familias a sortear algunos gastos básicos en los primeros años de vida o financiar más gastos de las familias numerosas son algunas de las iniciativas que deben ponerse sobre la mesa. Se trata de políticas que requieren la implicación de las tres Administraciones (nacional, autonómica y local) y que sólo serán evaluables en el medio o largo plazo por lo que exigen altura de miras.
En enero de este año, el Consejo de Ministros creó el Comisionado frente al Reto Demográfico. Pero poner en marcha una comisión de estudios no es suficiente para resolver la crisis demográfica de nuestro país. Urge incluir este asunto en la agenda política para impulsar los nacimientos cuanto antes.
Fuente:
http://www.elmundo.es/opinion/2017/06/26/594ff0b5e2704edc5b8b461c.html
Escultura: Claes Oldenburg.
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sábado, 21 de junio de 2014
SOBRE EL MAL
No matarás
(Editorial de la Revista SIC, Caracas, nr. 764, mayo 2014)
Los árboles nos impiden ver el bosque. Los muertos, víctimas de la violencia política, inadmisibles como cualquier otra muerte, han tenido el efecto de ocultar durante estos meses ante la opinión pública, ante la conciencia nacional y ante la agenda política las muertes cotidianas, víctimas del hampa común, de los cuerpos de seguridad y, más en general, de la violencia horizontal, que enlutan cada día a muchos hogares venezolanos sembrando el horror, la desolación, el abatimiento y la impresión generalizada de que la vida no vale nada, de que no estamos ante un Estado de derecho y de que no se sabe a quién acudir. Porque la mayor parte de los asesinatos quedan impunes y la ciudadanía está completamente desprotegida.
Cada vez hay más dolientes de las víctimas que expresan con mucha tristeza y no poca indignación que no tienen ninguna esperanza de que se haga justicia y que por eso se la dejan a Dios, que ciertamente las reivindicará.
Dios, garante de la vida digna y compartida
Esta referencia confiada a Dios es muy importante porque se constituye en un principio de dignidad y de esperanza. Dios pondrá todo en su sitio y caminar humildemente en su presencia ayuda sobremanera a vivir humanamente, pase lo que pase, a no perder la sensibilidad ni la conciencia, a no rendirse ante la maldad, a que lo que nos afecte negativamente, aunque nos llegue hasta el fondo del alma, no nos influya, porque nuestra vida nace de esa relación filial con Dios y consiguientemente de la relación fraterna con todos, aunque sean desconocidos o incluso aunque se nos muestren hostiles.
Es una gracia muy señalada de Dios y una riqueza muy estimable de nuestro pueblo que, cuando ya no se trasmite ambientalmente el cristianismo, tantos compatriotas nuestros lo alimenten personalmente, de manera que vivir ante el Dios de la vida y de la humanidad, que no se deja comprar por ninguna dádiva, se convierta en principio de realidad, de resistencia al mal, de consistencia interna y de esperanza cuando parecería que ya no hay ningún motivo para esperar.
Una apuesta imprescindible pero insuficiente
En un editorial sobre el tema, en diciembre de 1990, decíamos: “Todavía la abrumadora mayoría de los pobladores de barrios sufre la violencia como un quiste en un organismo sano”. Hoy, que en punto a violencia la situación es incomparablemente peor, todavía podemos decir lo mismo a pesar de algunas complicidades entre jóvenes que matan y sus familias, que pronosticábamos que se darían, si no se ponía remedio. Seguir apostando por la paz, a pesar de tantas rabias tragadas, de tanta violencia sufrida, de tanta impotencia, es el mayor mérito de nuestro pueblo y nuestro principal haber como país.
Pero, como se ve, no basta. Porque no hay derecho que la muerte antes de tiempo por la violencia criminal se ensañe cada día más en nuestros adolescentes y jóvenes de barrio y salpique a las demás clases sociales; y que el Estado, que es el principal culpable y la sociedad, que es también en parte cómplice, sigan mirando a otra parte.
Decisión de no hacer mal y vencerlo con el bien
La situación es tan extrema que solo se la puede hacer frente con dos actitudes complementarias. La primera es la decisión absoluta de no hacer violencia a nadie pase lo que pase. Creemos que la mayoría de los ciudadanos, sobre todo populares, viene cultivando esta decisión. Es imprescindible hacer un acto deliberado de no solo no hacer violencia a nadie, sea quien sea y haga lo que haga, sino de cultivar la vida, fomentar una respectividad positiva, cultivar sentimientos afirmativos, dirigiendo nuestra atención no tanto hacia quién tiene la culpa de lo que pasa, sino a cómo solucionar los problemas, usar la palabra como un puente tendido y no como un arma arrojadiza.
No podemos permitir que el odio o la rabia o el menosprecio se adueñen del corazón. Tenemos que optar por vencer al mal a fuerza de bien. Porque “quien borra a su hermano (y todos lo somos en Cristo) de su corazón es un homicida y no tiene dentro de sí el amor de Dios” y, por el contrario, “quien ama a su hermano ha pasado de la muerte a la vida” (1Jn 3,15 y 14), es decir, tiene dentro de sí la misma vida de Dios. Porque Dios es amor (1Jn 4,8).
El quinto mandamiento, no matarás, cobra todo su sentido desde esta revelación de que Dios no es el omnipotente y eterno que hemos fingido los seres humanos como proyección de nuestros anhelos, es decir el que, aunque prefiera usar siempre la misericordia, al fin se impone por las buenas o por las malas. El quinto mandamiento, no matarás, cobra todo su sentido desde la revelación de que en Dios solo hay amor y por tanto solo tiene el poder que cabe en el amor y, por consiguiente, no puede imponerse por las malas ni matar a nadie. No matarás cobra todo su sentido desde la revelación de ese Dios Enteramente Bueno que, si no puede matar al verdugo, sí reivindicará, dándolas a participar de su misma vida divina, a todas las víctimas de la historia. No hay nada más contrario a Dios que matar porque Dios es el amor creador de vida y recreador de los muertos. Matar es un antipoder, es la posibilidad más miserable del ser humano. Es lo más estéril, la acción que más seca la humanidad del ser humano.
Tenemos que decirnos una y otra vez y decirlo por donde pasemos que nunca hay ninguna razón válida para matar a nadie. Que lo único que Dios quiere para el que obra mal es la rehabilitación. Y que a eso tenemos que apostar también nosotros. Ante todo a la prevención: lo que nos toca a todos es la convivialidad, las relaciones profusas con todos; y lo que le toca sobre todo al Estado (por la renta petrolera) y a las fuerzas vivas es sembrar con acciones concretas y sistemáticas la expectativa de un horizonte abierto, de estudios cualificados, de trabajo productivo y congruamente remunerado.
Pero, si alguien obró mal, la única salida en la que tenemos que pensar es la rehabilitación. Para eso tenemos que cambiar el ambiente que hemos cultivado estas décadas y que ha hecho posible que las cárceles sean antros de perversión en vez de lo único que las justifica: lugares de rehabilitación.
Erradicar la violencia de la política
Pero para que todo esto que debe ser una apuesta personal y social, absoluta e incondicional, sea viable, es decir, produzca todos los frutos que está llamado a producir, tenemos que sanear de modo radical el clima político. En este punto ciertamente el Gobierno es el principal culpable; pero ya hemos dicho que no se trata de asentarlo, sino de superarlo. En primer lugar el Gobierno tiene que gobernar para todos, no solo para los suyos, porque el Presidente lo es de todos los venezolanos y el Gobierno debe expresarlo con sus palabras, con sus gestos y con sus hechos. En segundo lugar tiene que aceptar que la emergencia es tan aguda que tiene que convocar a todos para que aportemos nuestra cooperación en un gran acuerdo nacional, lo más amplio posible.
A la oposición le toca dejar de echar un pulso con el Gobierno, dejar de retarlo con el propósito de sacarlo, le toca deslindarse de los violentos y entrar en una fase constructiva. Ante todo, tiene que constituirse. La ineptitud del Gobierno no le otorga ninguna legitimidad. Tiene que constituirse en alternativa y no solo en oposición. Y para eso tiene mucho trecho que recorrer. Porque, si no lo hace, lo más que puede esperarse es un movimiento pendular que haga que retorne de nuevo el chavismo porque su gobierno solo fue el otro polo y no una superación que incluya lo mejor, al menos, de los propósitos del chavismo y también de algunas realizaciones.
Pero todo lo que se edifique en el terreno político tiene que construirse sobre el cimiento sólido de la renuncia a la violencia y, sobre todo, a la violencia que causa muertes. No matar tiene que constituirse en un punto de honor. Y para que no nos deslicemos por esa pendiente inclinada tenemos que empezar por no odiar ni despreciar ni vilipendiar a nadie, por no borrar a nadie de nuestro corazón. Tenemos que fomentar la respectividad positiva, el uso de la palabra como puente tendido, la negociación de buena fe, los proyectos compartidos. Tenemos que poner delante al país como la casa donde tiene que haber lugar y posibilidades para todos, una casa compartida de la que todos nos tenemos que responsabilizar. Solo allí nos encontraremos.
Fotografías: Tomadas de Facebook.
(Editorial de la Revista SIC, Caracas, nr. 764, mayo 2014)
Los árboles nos impiden ver el bosque. Los muertos, víctimas de la violencia política, inadmisibles como cualquier otra muerte, han tenido el efecto de ocultar durante estos meses ante la opinión pública, ante la conciencia nacional y ante la agenda política las muertes cotidianas, víctimas del hampa común, de los cuerpos de seguridad y, más en general, de la violencia horizontal, que enlutan cada día a muchos hogares venezolanos sembrando el horror, la desolación, el abatimiento y la impresión generalizada de que la vida no vale nada, de que no estamos ante un Estado de derecho y de que no se sabe a quién acudir. Porque la mayor parte de los asesinatos quedan impunes y la ciudadanía está completamente desprotegida.
Cada vez hay más dolientes de las víctimas que expresan con mucha tristeza y no poca indignación que no tienen ninguna esperanza de que se haga justicia y que por eso se la dejan a Dios, que ciertamente las reivindicará.
Dios, garante de la vida digna y compartida
Esta referencia confiada a Dios es muy importante porque se constituye en un principio de dignidad y de esperanza. Dios pondrá todo en su sitio y caminar humildemente en su presencia ayuda sobremanera a vivir humanamente, pase lo que pase, a no perder la sensibilidad ni la conciencia, a no rendirse ante la maldad, a que lo que nos afecte negativamente, aunque nos llegue hasta el fondo del alma, no nos influya, porque nuestra vida nace de esa relación filial con Dios y consiguientemente de la relación fraterna con todos, aunque sean desconocidos o incluso aunque se nos muestren hostiles.
Es una gracia muy señalada de Dios y una riqueza muy estimable de nuestro pueblo que, cuando ya no se trasmite ambientalmente el cristianismo, tantos compatriotas nuestros lo alimenten personalmente, de manera que vivir ante el Dios de la vida y de la humanidad, que no se deja comprar por ninguna dádiva, se convierta en principio de realidad, de resistencia al mal, de consistencia interna y de esperanza cuando parecería que ya no hay ningún motivo para esperar.
Una apuesta imprescindible pero insuficiente
En un editorial sobre el tema, en diciembre de 1990, decíamos: “Todavía la abrumadora mayoría de los pobladores de barrios sufre la violencia como un quiste en un organismo sano”. Hoy, que en punto a violencia la situación es incomparablemente peor, todavía podemos decir lo mismo a pesar de algunas complicidades entre jóvenes que matan y sus familias, que pronosticábamos que se darían, si no se ponía remedio. Seguir apostando por la paz, a pesar de tantas rabias tragadas, de tanta violencia sufrida, de tanta impotencia, es el mayor mérito de nuestro pueblo y nuestro principal haber como país.
Pero, como se ve, no basta. Porque no hay derecho que la muerte antes de tiempo por la violencia criminal se ensañe cada día más en nuestros adolescentes y jóvenes de barrio y salpique a las demás clases sociales; y que el Estado, que es el principal culpable y la sociedad, que es también en parte cómplice, sigan mirando a otra parte.
Decisión de no hacer mal y vencerlo con el bien
La situación es tan extrema que solo se la puede hacer frente con dos actitudes complementarias. La primera es la decisión absoluta de no hacer violencia a nadie pase lo que pase. Creemos que la mayoría de los ciudadanos, sobre todo populares, viene cultivando esta decisión. Es imprescindible hacer un acto deliberado de no solo no hacer violencia a nadie, sea quien sea y haga lo que haga, sino de cultivar la vida, fomentar una respectividad positiva, cultivar sentimientos afirmativos, dirigiendo nuestra atención no tanto hacia quién tiene la culpa de lo que pasa, sino a cómo solucionar los problemas, usar la palabra como un puente tendido y no como un arma arrojadiza.
No podemos permitir que el odio o la rabia o el menosprecio se adueñen del corazón. Tenemos que optar por vencer al mal a fuerza de bien. Porque “quien borra a su hermano (y todos lo somos en Cristo) de su corazón es un homicida y no tiene dentro de sí el amor de Dios” y, por el contrario, “quien ama a su hermano ha pasado de la muerte a la vida” (1Jn 3,15 y 14), es decir, tiene dentro de sí la misma vida de Dios. Porque Dios es amor (1Jn 4,8).
El quinto mandamiento, no matarás, cobra todo su sentido desde esta revelación de que Dios no es el omnipotente y eterno que hemos fingido los seres humanos como proyección de nuestros anhelos, es decir el que, aunque prefiera usar siempre la misericordia, al fin se impone por las buenas o por las malas. El quinto mandamiento, no matarás, cobra todo su sentido desde la revelación de que en Dios solo hay amor y por tanto solo tiene el poder que cabe en el amor y, por consiguiente, no puede imponerse por las malas ni matar a nadie. No matarás cobra todo su sentido desde la revelación de ese Dios Enteramente Bueno que, si no puede matar al verdugo, sí reivindicará, dándolas a participar de su misma vida divina, a todas las víctimas de la historia. No hay nada más contrario a Dios que matar porque Dios es el amor creador de vida y recreador de los muertos. Matar es un antipoder, es la posibilidad más miserable del ser humano. Es lo más estéril, la acción que más seca la humanidad del ser humano.
Tenemos que decirnos una y otra vez y decirlo por donde pasemos que nunca hay ninguna razón válida para matar a nadie. Que lo único que Dios quiere para el que obra mal es la rehabilitación. Y que a eso tenemos que apostar también nosotros. Ante todo a la prevención: lo que nos toca a todos es la convivialidad, las relaciones profusas con todos; y lo que le toca sobre todo al Estado (por la renta petrolera) y a las fuerzas vivas es sembrar con acciones concretas y sistemáticas la expectativa de un horizonte abierto, de estudios cualificados, de trabajo productivo y congruamente remunerado.
Pero, si alguien obró mal, la única salida en la que tenemos que pensar es la rehabilitación. Para eso tenemos que cambiar el ambiente que hemos cultivado estas décadas y que ha hecho posible que las cárceles sean antros de perversión en vez de lo único que las justifica: lugares de rehabilitación.
Erradicar la violencia de la política
Pero para que todo esto que debe ser una apuesta personal y social, absoluta e incondicional, sea viable, es decir, produzca todos los frutos que está llamado a producir, tenemos que sanear de modo radical el clima político. En este punto ciertamente el Gobierno es el principal culpable; pero ya hemos dicho que no se trata de asentarlo, sino de superarlo. En primer lugar el Gobierno tiene que gobernar para todos, no solo para los suyos, porque el Presidente lo es de todos los venezolanos y el Gobierno debe expresarlo con sus palabras, con sus gestos y con sus hechos. En segundo lugar tiene que aceptar que la emergencia es tan aguda que tiene que convocar a todos para que aportemos nuestra cooperación en un gran acuerdo nacional, lo más amplio posible.
A la oposición le toca dejar de echar un pulso con el Gobierno, dejar de retarlo con el propósito de sacarlo, le toca deslindarse de los violentos y entrar en una fase constructiva. Ante todo, tiene que constituirse. La ineptitud del Gobierno no le otorga ninguna legitimidad. Tiene que constituirse en alternativa y no solo en oposición. Y para eso tiene mucho trecho que recorrer. Porque, si no lo hace, lo más que puede esperarse es un movimiento pendular que haga que retorne de nuevo el chavismo porque su gobierno solo fue el otro polo y no una superación que incluya lo mejor, al menos, de los propósitos del chavismo y también de algunas realizaciones.
Pero todo lo que se edifique en el terreno político tiene que construirse sobre el cimiento sólido de la renuncia a la violencia y, sobre todo, a la violencia que causa muertes. No matar tiene que constituirse en un punto de honor. Y para que no nos deslicemos por esa pendiente inclinada tenemos que empezar por no odiar ni despreciar ni vilipendiar a nadie, por no borrar a nadie de nuestro corazón. Tenemos que fomentar la respectividad positiva, el uso de la palabra como puente tendido, la negociación de buena fe, los proyectos compartidos. Tenemos que poner delante al país como la casa donde tiene que haber lugar y posibilidades para todos, una casa compartida de la que todos nos tenemos que responsabilizar. Solo allí nos encontraremos.
Fotografías: Tomadas de Facebook.
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Violencia política
miércoles, 12 de septiembre de 2012
NAVEGACIÓN A CIEGAS
EL PAÍS, Madrid, 12 de Septiembre de 2012
EDITORIAL
Cuba, a dos velas
El apagón del domingo refleja como las reformas se han quedado varadas
En medio del apagón que dejó a oscuras el domingo a media Cuba durante casi seis horas, siguió funcionando la telefonía, la fija y la móvil. La red social Twitter no falló, al menos mientras no se descargaron las baterías de los terminales y de los PC. Esa sí fue una medida de éxito, la de la libertad de adquisición de móviles, ordenadores personales y electrodomésticos, impulsada por Raúl Castro a partir de marzo de 2008, aunque dirigida solo a la esfera del consumo. Pero otras reformas se han atascado. Entre ellas, la del sector energético, para el que el propio Fidel ideó una revolución antes de enfermar y retirarse como columnista egregio de Granma.
Los apagones no son una novedad en la isla. Fueron constantes a principios de los noventa, durante el periodo especial tras la caída de la Unión Soviética y de su apoyo a Cuba. Hasta 16 horas al día se quedaba La Habana sin electricidad, porque no llegaba el petróleo para alimentar las centrales y generadores. En esas llegó Chávez y el petróleo venezolano. Pero, claro, esa generosidad no bastó.
Y a principios de siglo volvieron los apagones, pues no se acometieron las inversiones imprescindibles para rehabilitar el sistema eléctrico, necesitado de una renovación casi total. Como todo en Cuba.
El sistema eléctrico sigue prendido con alfileres oxidados, con lo que lo extraño es que no haya más cortes de suministro. Los nuevos generadores (en parte de fabricación española) que introdujo el régimen hace una decena de años, no resolvieron el problema, aunque ya mucha gente, desde luego todas las embajadas y centros oficiales, tiene generadores propios.
La única explicación que se dio, y se dio tarde, al apagón del domingo es que se debió a una avería en una línea de 220.000 voltios (a estos regímenes les encantan siempre las cifras). Nada más.
El Malecón se llenó de gente que huía del calor de sus casas y buscaba compadreo, siempre, claro, bajo la atenta mirada de la policía que si no veía bien, sin duda escuchaba. Como seguía, muy probablemente, los chats en red, aunque solo fuera para enterarse ellos mismos de que en Cuba se había ido la luz, que no el discernimiento de sus sufridas gentes.
Ilustración: Marcos Balfagón
EDITORIAL
Cuba, a dos velas
El apagón del domingo refleja como las reformas se han quedado varadas
En medio del apagón que dejó a oscuras el domingo a media Cuba durante casi seis horas, siguió funcionando la telefonía, la fija y la móvil. La red social Twitter no falló, al menos mientras no se descargaron las baterías de los terminales y de los PC. Esa sí fue una medida de éxito, la de la libertad de adquisición de móviles, ordenadores personales y electrodomésticos, impulsada por Raúl Castro a partir de marzo de 2008, aunque dirigida solo a la esfera del consumo. Pero otras reformas se han atascado. Entre ellas, la del sector energético, para el que el propio Fidel ideó una revolución antes de enfermar y retirarse como columnista egregio de Granma.
Los apagones no son una novedad en la isla. Fueron constantes a principios de los noventa, durante el periodo especial tras la caída de la Unión Soviética y de su apoyo a Cuba. Hasta 16 horas al día se quedaba La Habana sin electricidad, porque no llegaba el petróleo para alimentar las centrales y generadores. En esas llegó Chávez y el petróleo venezolano. Pero, claro, esa generosidad no bastó.
Y a principios de siglo volvieron los apagones, pues no se acometieron las inversiones imprescindibles para rehabilitar el sistema eléctrico, necesitado de una renovación casi total. Como todo en Cuba.
El sistema eléctrico sigue prendido con alfileres oxidados, con lo que lo extraño es que no haya más cortes de suministro. Los nuevos generadores (en parte de fabricación española) que introdujo el régimen hace una decena de años, no resolvieron el problema, aunque ya mucha gente, desde luego todas las embajadas y centros oficiales, tiene generadores propios.
La única explicación que se dio, y se dio tarde, al apagón del domingo es que se debió a una avería en una línea de 220.000 voltios (a estos regímenes les encantan siempre las cifras). Nada más.
El Malecón se llenó de gente que huía del calor de sus casas y buscaba compadreo, siempre, claro, bajo la atenta mirada de la policía que si no veía bien, sin duda escuchaba. Como seguía, muy probablemente, los chats en red, aunque solo fuera para enterarse ellos mismos de que en Cuba se había ido la luz, que no el discernimiento de sus sufridas gentes.
Ilustración: Marcos Balfagón
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Socialismo real
miércoles, 23 de mayo de 2012
A QUIEN PUEDA INTERESAR
EL NACIONAL - Lunes 21 de Mayo de 2012 Escenas/2
La vía fácil
PALABRAS SOBRE PALABRAS
LETRAS
FRANCISCO JAVIER PÉREZ
Las engañifas de la edición masiva han instalado la idea de que cualquier libro vale, por torpe e insolvente que sea, y de que cualquier autor, por mediano e improvisado, tiene derecho a la impresión (y pensemos, aquí, lo que ello supone de gasto inútil, en tiempo de recortes y amarre de cinturones).
El equívoco radica en creer que la edición es derecho y no deber; no un merecimiento por el sólo hecho de existir, sino una responsabilidad con el noble oficio de escribir y con el ejercicio sublime del pensar escribiendo. El daño resulta tal, que se engaña a escritores incipientes y bisoños haciéndoles creer que con un libro tal ya publicado forman parte del banquete y que pertenecen al siempre exclusivo registro de la institución literaria, más un tema de esfuerzo sostenido y de crecimiento coherente que de prodigios volátiles y de nuevas plumas que pronto se quedarán sin tinta. Sin pretender símiles deleznables, esto equivale, palabras más o palabras menos, a las dádivas alimentarias que los gobiernos salvavidas ofrecen a su audiencia famélica y sumisa.
El daño se extiende y toca ya, y desde hace buen tiempo atrás, a las editoriales privadas y alternativas, casi siempre y en ambos casos indicio de peculio a partir de los escritores, los primeros en la cadena de erogaciones a favor de la edición de su libro y los últimos en la de los beneficios económicos por su obra. Estas empresas buscan editar por editar, también, amparados en el estatus de algunos títulos sólidos en su catálogo y, gracias a ellos, entusiasmar a más de un joven escritor (poeta, muchas veces) para que, previo pago personal de los gastos de edición, su nombre pueda comenzar a brillar al aparecer contiguamente al de algún consagrado. El daño es ahora engaño. Nada garantiza que estos títulos iniciales de autores primerizos vayan a triunfar por estar cobijados por el nombrezote sonoro al que ellos tímida y vergonzosamente secundan en los susodichos catálogos.
Es cierto, y no hay que olvidarlo, que la historia de la literatura está poblada de apuestas editoriales que resultaron triunfantes, tanto como de rechazos a grandes obras que significaron después el arrepentimiento de los editores sin visión. Sin embargo, se impone un poco de sensatez. No es tampoco que haya que cerrarle las puertas a las nuevas firmas o a los anónimos literarios, sino de valorar el talento y el tesón de cualquier autor y fomentar la valía verdadera de las obras publicadas. Ello limpiaría el mercado del libro de bazofia y papel malgastado y haría que la atención se fuera encaminando hacia los libros de mérito alcanzado o por alcanzarse. Ese lector de última hora literaria (un comprador, en suma) poco aporta a la seriedad literaria de un país, pues acríticamente recibe todo y aplaude todo.
La gravedad es tal que el único perdedor, cuando ya los réditos han ingresado en caja y la industria del libro ha cerrado sus balances contables, no es otro que ese nuevo escritor al que hicieron creer que lo hacía bien (pues, la sola edición ya supone un estímulo) y que al cabo de poco tiempo nadie apostará nada por él. Su único libro, otrora promesa de longevidad literaria, será golondrina desorientada anunciando un verano gratificante que nunca llegará.
La vía fácil
PALABRAS SOBRE PALABRAS
LETRAS
FRANCISCO JAVIER PÉREZ
Las engañifas de la edición masiva han instalado la idea de que cualquier libro vale, por torpe e insolvente que sea, y de que cualquier autor, por mediano e improvisado, tiene derecho a la impresión (y pensemos, aquí, lo que ello supone de gasto inútil, en tiempo de recortes y amarre de cinturones).
El equívoco radica en creer que la edición es derecho y no deber; no un merecimiento por el sólo hecho de existir, sino una responsabilidad con el noble oficio de escribir y con el ejercicio sublime del pensar escribiendo. El daño resulta tal, que se engaña a escritores incipientes y bisoños haciéndoles creer que con un libro tal ya publicado forman parte del banquete y que pertenecen al siempre exclusivo registro de la institución literaria, más un tema de esfuerzo sostenido y de crecimiento coherente que de prodigios volátiles y de nuevas plumas que pronto se quedarán sin tinta. Sin pretender símiles deleznables, esto equivale, palabras más o palabras menos, a las dádivas alimentarias que los gobiernos salvavidas ofrecen a su audiencia famélica y sumisa.
El daño se extiende y toca ya, y desde hace buen tiempo atrás, a las editoriales privadas y alternativas, casi siempre y en ambos casos indicio de peculio a partir de los escritores, los primeros en la cadena de erogaciones a favor de la edición de su libro y los últimos en la de los beneficios económicos por su obra. Estas empresas buscan editar por editar, también, amparados en el estatus de algunos títulos sólidos en su catálogo y, gracias a ellos, entusiasmar a más de un joven escritor (poeta, muchas veces) para que, previo pago personal de los gastos de edición, su nombre pueda comenzar a brillar al aparecer contiguamente al de algún consagrado. El daño es ahora engaño. Nada garantiza que estos títulos iniciales de autores primerizos vayan a triunfar por estar cobijados por el nombrezote sonoro al que ellos tímida y vergonzosamente secundan en los susodichos catálogos.
Es cierto, y no hay que olvidarlo, que la historia de la literatura está poblada de apuestas editoriales que resultaron triunfantes, tanto como de rechazos a grandes obras que significaron después el arrepentimiento de los editores sin visión. Sin embargo, se impone un poco de sensatez. No es tampoco que haya que cerrarle las puertas a las nuevas firmas o a los anónimos literarios, sino de valorar el talento y el tesón de cualquier autor y fomentar la valía verdadera de las obras publicadas. Ello limpiaría el mercado del libro de bazofia y papel malgastado y haría que la atención se fuera encaminando hacia los libros de mérito alcanzado o por alcanzarse. Ese lector de última hora literaria (un comprador, en suma) poco aporta a la seriedad literaria de un país, pues acríticamente recibe todo y aplaude todo.
La gravedad es tal que el único perdedor, cuando ya los réditos han ingresado en caja y la industria del libro ha cerrado sus balances contables, no es otro que ese nuevo escritor al que hicieron creer que lo hacía bien (pues, la sola edición ya supone un estímulo) y que al cabo de poco tiempo nadie apostará nada por él. Su único libro, otrora promesa de longevidad literaria, será golondrina desorientada anunciando un verano gratificante que nunca llegará.
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