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viernes, 19 de febrero de 2016

PROTESTAS (DES) ABASTECIDAS

De una a otra protesta febreriana
Luis Barragán


Luego de una larga e inexpugnable dictadura, la que dijo roer y socavar la más mínima voluntad moral de los venezolanos, surgió espontánea y prometedora la protesta ciudadana en reclamo de libertad, democracia y justicia. Ochenta años atrás, el heredero ab intestato de Juan Vicente Gómez, sorteó las dificultades de una generalizada inconformidad, procurando administrar la transición, tras la nefasta jornada represiva que quedó emblematizada el 14 de febrero.

Miles de manifestantes en la Caracas modesta Caracas de entonces, tronaron sus demandas, dejando muertos y heridos, como forzando a López Contreras a lanzar un programa de gobierno a finales de mes. Más allá de los partidos políticos en ciernes, los gremios estudiantiles y del trabajo canalizaron la enorme energía popular de la que, apenas, uno o dos meses atrás, muy pocos sospechaban: maniatadas o no, seguramente de haber existido por entonces las empresas especializadas en los sondeos de opinión, hubiesen asegurado una tendencia favorable al régimen dictatorial.

El 14 de febrero de 1936 ejemplificó una etapa abierta en diciembre próximo pasado, culminada en junio de 1937, en la que hubo una extraordinaria y vibrante  movilización ciudadana en reclamo de sus más sentidos y legítimos derechos que hoy no debemos olvidar. E, incluso, estudiar con detenimiento y probidad científica, como lo ha hecho Luis Salamanca en su apasionante y minuciosa tesis doctoral, “Protestas contra la tiranía: el nacimiento del movimiento  ciudadano entre 1935 y 1937” (UCV, Caracas, 2011).

Además, una acción colectiva no organizada trastocada en movimiento social, la que López Contreras creyó zanjada con el diálogo que escenificó en Miralores con una representación de los protestatarios, nos invita también a consultar otras obras de Salamanca, como “Crisis de la modernización y crisis de la democracia en Venezuela” (UCV-Ildis, Caracas, 1997), y “¿Por qué vota la gente?” (Alfa, Caracas, 2012), en el esfuerzo de aprehender el fenómeno acaecido en nuestro país, dos años atrás. Precisamente, a partir del 2 de febrero de 2014, mil veces favorecido el gobierno por todos los encuestadores, surgió una formidable oleaje de protestas que tuvo, por una parte, un lamentable saldo represivo de más de casi 50 muertos, más de tres mil detenidos e incontables heridos; y, por otra, se tradujo en el triunfo electoral de 2015 que, paradójicamente, favoreció a los propios opositores que vigorosamente lo combatieron.

Una rápida observación a la vieja prensa, da cuenta del decreciente interés que en el curso de los años produjo el recuerdo de las jornadas emblematizadas un 14-F, como ojalá no ocurra con las del 2-F. Exponen sendos momentos estelares en la vida republicana, cuyas lecciones todavía debemos aún descubrir.

15/02/2016
Fotografía: Tomada de mariafsigillo.blogspot.com. Mercado citadino de los treinta del XX. Por lo visto, había con qué comer. Hoy, ni siquiera. Por 1989, tampoco hubo desabastecimiento, ahora sí.

sábado, 25 de julio de 2015

BITÁCORA (DE POCA VARIACIÓN)

Hartazgo de propaganda (Plaza Altamira, Caracas, 25/07/2015).
Salir a la calle a buscar recursos (Plaza Altamira, Caracas, 25/07/2015).
Protesta desoída, mediados de esta semana en la esquina de Pajaritos.
Rueda de prensa de María Corina Machado (inhabilitación).

domingo, 21 de septiembre de 2014

BITÁCORA PARLAMENTARIA


Asamblea Nacional, sesión del martes 16 de los corrientes. Por los cuatro costados, piquetes de personas protestando al gobierno. Excepto, la zona que tradicionalmente destinan para ello, siempre que se digan chavistas.

sábado, 21 de junio de 2014

SOBRE EL MAL

No matarás
(Editorial de la Revista SIC, Caracas, nr. 764, mayo 2014)

Los árboles nos impiden ver el bosque. Los muertos, víctimas de la violencia política, inadmisibles como cualquier otra muerte, han tenido el efecto de ocultar durante estos meses ante la opinión pública, ante la conciencia nacional y ante la agenda política las muertes cotidianas, víctimas del hampa común, de los cuerpos de seguridad y, más en general, de la violencia horizontal, que enlutan cada día a muchos hogares venezolanos sembrando el horror, la desolación, el abatimiento y la impresión generalizada de que la vida no vale nada, de que no estamos ante un Estado de derecho y de que no se sabe a quién acudir. Porque la mayor parte de los asesinatos quedan impunes y la ciudadanía está completamente desprotegida.

Cada vez hay más dolientes de las víctimas que expresan con mucha tristeza y no poca indignación que no tienen ninguna esperanza de que se haga justicia y que por eso se la dejan a Dios, que ciertamente las reivindicará.

Dios, garante de la vida digna y compartida

Esta referencia confiada a Dios es muy importante porque se constituye en un principio de dignidad y de esperanza. Dios pondrá todo en su sitio y caminar humildemente en su presencia ayuda sobremanera a vivir humanamente, pase lo que pase, a no perder la sensibilidad ni la conciencia, a no rendirse ante la maldad, a que lo que nos afecte negativamente, aunque nos llegue hasta el fondo del alma, no nos influya, porque nuestra vida nace de esa relación filial con Dios y consiguientemente de la relación fraterna con todos, aunque sean desconocidos o incluso aunque se nos muestren hostiles.

Es una gracia muy señalada de Dios y una riqueza muy estimable de nuestro pueblo que, cuando ya no se trasmite ambientalmente el cristianismo, tantos compatriotas nuestros lo alimenten personalmente, de manera que vivir ante el Dios de la vida y de la humanidad, que no se deja comprar por ninguna dádiva, se convierta en principio de realidad, de resistencia al mal, de consistencia interna y de esperanza cuando parecería que ya no hay ningún motivo para esperar.

Una apuesta imprescindible pero insuficiente

En un editorial sobre el tema, en diciembre de 1990, decíamos: “Todavía la abrumadora mayoría de los pobladores de barrios sufre la violencia como un quiste en un organismo sano”. Hoy, que en punto a violencia la situación es incomparablemente peor, todavía podemos decir lo mismo a pesar de algunas complicidades entre jóvenes que matan y sus familias, que pronosticábamos que se darían, si no se ponía remedio. Seguir apostando por la paz, a pesar de tantas rabias tragadas, de tanta violencia sufrida, de tanta impotencia, es el mayor mérito de nuestro pueblo y nuestro principal haber como país.

Pero, como se ve, no basta. Porque no hay derecho que la muerte antes de tiempo por la violencia criminal se ensañe cada día más en nuestros adolescentes y jóvenes de barrio y salpique a las demás clases sociales; y que el Estado, que es el principal culpable y la sociedad, que es también en parte cómplice, sigan mirando a otra parte.

Decisión de no hacer mal y vencerlo con el bien

La situación es tan extrema que solo se la puede hacer frente con dos actitudes complementarias. La primera es la decisión absoluta de no hacer violencia a nadie pase lo que pase. Creemos que la mayoría de los ciudadanos, sobre todo populares, viene cultivando esta decisión. Es imprescindible hacer un acto deliberado de no solo no hacer violencia a nadie, sea quien sea y haga lo que haga, sino de cultivar la vida, fomentar una respectividad positiva, cultivar sentimientos afirmativos, dirigiendo nuestra atención no tanto hacia quién tiene la culpa de lo que pasa, sino a cómo solucionar los problemas, usar la palabra como un puente tendido y no como un arma arrojadiza.

No podemos permitir que el odio o la rabia o el menosprecio se adueñen del corazón. Tenemos que optar por vencer al mal a fuerza de bien. Porque “quien borra a su hermano (y todos lo somos en Cristo) de su corazón es un homicida y no tiene dentro de sí el amor de Dios” y, por el contrario, “quien ama a su hermano ha pasado de la muerte a la vida” (1Jn 3,15 y 14), es decir, tiene dentro de sí la misma vida de Dios. Porque Dios es amor (1Jn 4,8).

El quinto mandamiento, no matarás, cobra todo su sentido desde esta revelación de que Dios no es el omnipotente y eterno que hemos fingido los seres humanos como proyección de nuestros anhelos, es decir el que, aunque prefiera usar siempre la misericordia, al fin se impone por las buenas o por las malas. El quinto mandamiento, no matarás, cobra todo su sentido desde la revelación de que en Dios solo hay amor y por tanto solo tiene el poder que cabe en el amor y, por consiguiente, no puede imponerse por las malas ni matar a nadie. No matarás cobra todo su sentido desde la revelación de ese Dios Enteramente Bueno que, si no puede matar al verdugo, sí reivindicará, dándolas a participar de su misma vida divina, a todas las víctimas de la historia. No hay nada más contrario a Dios que matar porque Dios es el amor creador de vida y recreador de los muertos. Matar es un antipoder, es la posibilidad más miserable del ser humano. Es lo más estéril, la acción que más seca la humanidad del ser humano.

Tenemos que decirnos una y otra vez y decirlo por donde pasemos que nunca hay ninguna razón válida para matar a nadie. Que lo único que Dios quiere para el que obra mal es la rehabilitación. Y que a eso tenemos que apostar también nosotros. Ante todo a la prevención: lo que nos toca a todos es la convivialidad, las relaciones profusas con todos; y lo que le toca sobre todo al Estado (por la renta petrolera) y a las fuerzas vivas es sembrar con acciones concretas y sistemáticas la expectativa de un horizonte abierto, de estudios cualificados, de trabajo productivo y congruamente remunerado.

Pero, si alguien obró mal, la única salida en la que tenemos que pensar es la rehabilitación. Para eso tenemos que cambiar el ambiente que hemos cultivado estas décadas y que ha hecho posible que las cárceles sean antros de perversión en vez de lo único que las justifica: lugares de rehabilitación.

Erradicar la violencia de la política

Pero para que todo esto que debe ser una apuesta personal y social, absoluta e incondicional, sea viable, es decir, produzca todos los frutos que está llamado a producir, tenemos que sanear de modo radical el clima político. En este punto ciertamente el Gobierno es el principal culpable; pero ya hemos dicho que no se trata de asentarlo, sino de superarlo. En primer lugar el Gobierno tiene que gobernar para todos, no solo para los suyos, porque el Presidente lo es de todos los venezolanos y el Gobierno debe expresarlo con sus palabras, con sus gestos y con sus hechos. En segundo lugar tiene que aceptar que la emergencia es tan aguda que tiene que convocar a todos para que aportemos nuestra cooperación en un gran acuerdo nacional, lo más amplio posible.

A la oposición le toca dejar de echar un pulso con el Gobierno, dejar de retarlo con el propósito de sacarlo, le toca deslindarse de los violentos y entrar en una fase constructiva. Ante todo, tiene que constituirse. La ineptitud del Gobierno no le otorga ninguna legitimidad. Tiene que constituirse en alternativa y no solo en oposición. Y para eso tiene mucho trecho que recorrer. Porque, si no lo hace, lo más que puede esperarse es un movimiento pendular que haga que retorne de nuevo el chavismo porque su gobierno solo fue el otro polo y no una superación que incluya lo mejor, al menos, de los propósitos del chavismo y también de algunas realizaciones.

Pero todo lo que se edifique en el terreno político tiene que construirse sobre el cimiento sólido de la renuncia a la violencia y, sobre todo, a la violencia que causa muertes. No matar tiene que constituirse en un punto de honor. Y para que no nos deslicemos por esa pendiente inclinada tenemos que empezar por no odiar ni despreciar ni vilipendiar a nadie, por no borrar a nadie de nuestro corazón. Tenemos que fomentar la respectividad positiva, el uso de la palabra como puente tendido, la negociación de buena fe, los proyectos compartidos. Tenemos que poner delante al país como la casa donde tiene que haber lugar y posibilidades para todos, una casa compartida de la que todos nos tenemos que responsabilizar. Solo allí nos encontraremos.

Fotografías: Tomadas de Facebook.

miércoles, 30 de abril de 2014

VOLANTEO


De la protesta social y política
Luis Barragán

Inevitable en todos estos años, la protesta social ha adquirido una intensidad y visibilidad que el régimen supo anteriormente evadir y administrar, como si reportara apenas una anécdota adicional a las gloriosas hazañas políticas que incansablemente prefabrica. Los “protestógrafos” cuentan por miles los eventos de disconformidad que, en los últimos años, conocieron de los más variados escenarios, aunque – demostrando su insinceridad -  el sistema aparentemente no se resentía, dada una incansable manipulación propagandística y publicitaria.

Siendo tan numerosos los testimonios, actos y sucesos protestatarios,  requirieron de una natural conversión, naturaleza y trascendencia política.  Tratándose del poder sordo, mudo y ciego, no era otra la dimensión urgida que la del desafío en el esfuerzo inevitable de atajar las consecuencias de la crisis criminalmente desatendida.

Es de una ingenuidad descomunal pretender que basta únicamente con el malestar y la irritación de la sociedad para el logro del cambio, como si no necesitáramos de una pronta interpretación y respuesta política. Vieja tesis de los estudiosos de la opinión ajena, encuestólogos y afines,  una aparente neutralidad y hasta omisión política constituye la mejor garantía para que la sola protesta social arrolle toda resistencia continuista, aunque – consabido – el alegato esconde la postergación del conflicto político y su riesgosa intensidad, en nombre de las futuras, limpias, transparentes y pulcras elecciones del futuro que tienden a la inexorable confusión cuando esas mismas condiciones no se dan, sorprendiéndonos con nuestras vergüenzas al aire.

Ha ocurrido que, socialmente soportada, la protesta política desafía a todos los actores, incluyendo a los de la oposición, que desean – como todos – la normalidad, a pesar de que  ésta no la alcanzamos por obra del azar. Comprobado, las instituciones fallan y no siendo probable, a modo de ejemplo, debatir e investigar los más sonoros casos en el ámbito parlamentario,  resulta indispensable canalizar la indignación, procurándole la prestancia de una legítima estrategia política.

Nada pasaba con las mil veces escenificadas protestas sociales, por faltar ese reto político que las explicara y expresara.  Un elemental razonamiento, ya no basta con denunciar la altísima tasa de homicidios en el país y de formular las recomendaciones por siempre desoídas, pues, tratándose del asesinato de personas inocentes, la dirección del Estado que no vela por ellas, ameritamos de un cambio y ahí están las alternativas que asoma la Constitución de la República.

Igualmente, el sosegado ejercicio de la política luce propio de los sistemas convincentemente estables, cuyos dispositivos institucionales realmente funcionan y cumplen con su cometido. Caso contrario, son los arbitrarios y zozobrantes, los que exigen de un mayor coraje físico para la actividad política y, sin pretensión alguna de un infatigable heroísmo personal, como si estuviésemos vacunados contra el miedo, por lo demás natural, precisamente, de coraje físico es que experimentamos la conversión de la protesta social en protesta política, con todos sus desafíos.

Embargados por el miedo, afrontamos las situaciones en la medida de lo posible: sólo pedimos que el régimen no se apodere del nuestro, como nos hemos apoderado del suyo para parafrasear al poeta carabobeño Carlos Ochoa.  Coincidimos, la cuestión no reside en quién o quiénes somos más y menos valientes, pero hay que reconocer que ante el arrojo, la gallardía y la audacia de la protesta social, la de carácter político no puede comprenderse en los cauces de una serenidad imposible.  Y casos como el de la colega parlamentaria María Corina Machado, así lo demuestra, dando testimonio – valga la nota jocosa – de los ovarios que lleva por fuera, como dijera un dirigente estudiantil al compartir momentos difíciles en Ciudad Bolívar.

La consabida y reciente decisión del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), coloca el acento en nuestra modesta reflexión. Lejos de responder a las dramáticas circunstancias que vivimos, las agrava por un firme y demencial mandato gubernamental.

Coletilla

Finalizando el mes, cumplirá un año la consabida golpiza del parlamento. ¿Ha cambiado la situación?

Fuente:

http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/19054-de-la-protesta-social-y-politica

Fotografía: Gabriela Onetto, vista de la Plaza de la República, Maracaibo, con motivo de las palabras de María Corina Machado; y LB, olante distribuido por estudiantes en Chacaíto, en papel glasé.

lunes, 17 de marzo de 2014

DOBLE HAMPA

De los prisioneros sociales del régimen
Luis Barragán


Despertamos ya definitivamente los venezolanos,  frente a un régimen que esgrimió e improvisó las mejores promesas. El solo establecimiento de un distinto elenco de poder parecía suficiente para remediar todos nuestros males a la vuelta de la esquina, pero – lo dijo el zar del petróleo, Rafael Ramírez – claman por medio siglo más para enderezar un poco la economía.

Toda la sociedad demanda un cambio y, según un reciente estudio de opinión, cuyo trabajo de campo culminó a principios de marzo del presente año,  legitima la protesta de calle, asume que estamos en una dictadura y, específicamente, otro hecho inédito, en el sector E la oposición empata las preferencias con un oficialismo que lo dominó por década y media. Las cifras de criminalidad y de una franca ruina económica, nos lleva a alzar la voz que se expresa abiertamente en los sectores medios, incrementándose en los populares.

Calles y avenidas, muros y paredes que antes fueron  un motivo de distracción para los díscolos grafiteros que las compitieron con los propagandistas del gobierno, como las redes sociales, canalizan el vigoroso torrente de indignación de la colectividad. Tambalea el gobierno con un cartel de desafío o un mensaje digital que lo ironiza, suscitando la reacción desorbitada de los represores que, por cierto, sin leerlo, suelen llenarse la boca con las enseñanzas de un Paulo Freire que traicionan.

La calle se ha convertido en una institución indispensable,  bajo los afanes cívicos de una protesta irreprimible. Hay un saldo inocultable de sacrificios: muertos, heridos, detenidos, retenidos y desaparecidos, el cual honraremos con un nuevo amanecer.

El gobierno ha intentado atajar la inconformidad manifiesta en las principales arterias del país, empleando el terrorismo por delegación. Empero, los llamados colectivos tienen por prioridad mantener a raya, evitando que se desborden, las zonas populares de nuestras grandes ciudades.

Sabemos que el grueso de esos colectivos tienen por sede las barriadas y urbanizaciones populares, insistiendo en aterrorizarlas al confundirse con el hampa común.  El menor gesto de disidencia es respondido con una violencia inmediata, esperando escudarse en la población más empobrecida gracias a las baterías anti-aéreas prometidas por el gobierno nacional.

Suelen rechazar cualquier actividad opositora, por modesta que sea, capaz de sincerar la protesta en las áreas marginales. El cacerolazo distraído que se empine en la nocturnidad del rancho más apartado,  recibe la visita inmediata de los motorizados vengadores.

El hamponato político y el común, coinciden en rechazar cualquier iniciativa opositora que se intente, como se ha intentado.  Prisioneros, los habitantes de los grandes bloques, casas y rancherías, varias veces se arriesgan a sabiendas que todos pueden recibir la puñalada, escarmentándolos, y, otras,  prefieren deslizarse con sus bien escodidas gorras y motivos gráficos, hasta airearlas cuando la distante estación del metro lo permita.

En días pasados, nos consternó la nota del burócrata de un gremio profesional, nominalmente opositor, que se burlaba de las ruedas de prensa que no se hacían en las barriadas para convocar a la protesta. Desinformado,  no se interesa por los intentos que se han realizado recibiendo por respuesta no sólo el directo rechazo armado – y muy bien armado – de los tales colectivos, sino del castigo que luego imponen a sus humildes habitantes. Sin embargo, el gremialista nada dice si ha diligenciado personalmente una clínica jurídica en los lugares que conoce por referencia.

http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/18569-de-los-prisioneros-sociales-del-regimen

domingo, 9 de marzo de 2014

CRISIS SISTÉMICA

Teoría de la válvula de escape
Luis Barragán


Los más avisados sugieren una sobrecarga del sistema político, incapaz de procesar las demandas y – menos – de solventarlas, añadida la manipulación contraproducente de la memoria.  Atrofiadas las válvulas de admisión que permiten oxigenarlo,  las de escape están tapiadas escaseando las oportunidades para que fluya el sistema.

La Asamblea Nacional no discute ni investiga – frustrándolas -  las denuncias hechas sobre la putrefacción de los alimentos importados o tragedias como la de Amuay, protegiendo a toda costa al Ejecutivo Nacional.  Hay más de temerosa evasión que fundado rechazo a los planteamientos de una oposición comprobadamente representativa,  generando – además – inéditas situaciones de violencia verbal y física.

Las altas tasas de homicidio, el colapso eléctrico o el desabastecimiento, reciben como respuesta aquello de la inseguridad como una sensación, el tropiezo con una iguana o la guerra económica que no prueban, insultando la inteligencia de los venezolanos que patentemente subestiman.  A las varias capas de sedimentación, contribuye la abierta ofensiva contra la opinión pública, la (auto) censura, la deliberada escasez del papel periódico que monopoliza el Estado y el bloqueo informativo de las agencias internacionales.

A pesar de las obstrucciones, la Constitución de la República contempla el recurso ordinario de la protesta, pues, ella no puede calificarse de excepcional cuando versamos de derechos y garantías ciudadanas. Empero, el ejercicio pacífico y sostenido del estudiantado, ya generalizado en la población que lo respalda,  ha sido objeto de un recurrente terrorismo de Estado.

Así,  sumados a la Guardia Nacional Bolivariana, los conocidos  grupos irregulares cumplen una feroz y desleal faceta represiva. La desproporcionada respuesta se ha traducido en un lamentable saldos de asesinados, torturados, detenidos, retenidos  y hasta desaparecidos,  obstruyendo decididamente la contestación social.

Obstrucción que es acumulación perniciosa de indignación, malestar e irritación, en una democracia pretendidamente participativa, deseando inútilmente amurallarla frente a toda la natural y legítima orientación política que merece.  Llama poderosamente la atención el sadismo de los actos represivos que, por cierto, no distan de los actos criminales, antes inconcebibles, como el reciente homicidio de un niño en el estado Apure por un incidente de tránsito, pues, el presunto agresor, efectivo policial de la entidad, le disparó en venganza del tropiezo que sufrió su motocicleta por el automóvil del padre que únicamente le solicitó esperar a las autoridades correspondientes.

Ocupándose más de las consecuencias que de las causas, buscando la neutralización y reversión de la protesta, ha surgido – por una parte – la iniciativa del diálogo presidencial, con antecedentes inmediatos nada favorables, igualmente acometida por individualidades de la oposición que generan desconfianza; y – por otra – sospechamos de una cierta maniobra  gubernamental respecto a la alteración del orden público que, al administrarla, aceptando su prolongación a través de las barricadas que también estimula, procura victimizarse tal como ocurrió a principios y mediados de la década pasada.  Sentimos que, al dañar las válvulas de admisión y de escape, en uno y otro caso, prospera un deliberado ambiente de angustia, zozobra, incertidumbre y riesgo que apuesta teóricamente por la explosión misma del sistema.

Sistema que se niega a reconocer a las mayorías, repeliéndolas para no comprometerse a una nueva consulta electoral que la propia Constitución prevé en los casos de renuncia, referendum, enmienda o Constituyente. Y, faltando poco, compromete a la oposición políticamente organizada, confundiendo a algunos sectores que temen – sencillamente – a la calle, aunque ésta pueda reforzar la tesis conocida como la de la paciente acumulación de fuerzas para los todavía distantes comicios parlamentarios y, más aún, presidenciales.

La conducción opositora expone frecuentemente algunos preocupantes síntomas de confusión al adoptar la caracterización que hace el gobierno criminalizador, pues, trastocando el sentido,  entiende por una postura radical la de provocar  la ira oficial, como si los protestatarios incurriesen en actos de terrorismo, colocasen bombas o ejecutasen planes de gobiernos foráneos. Esto efectivamente ocurrió con el intento de sabotaje de las elecciones generales de 1963, por ejemplo, o con las acciones extremistas de decenios anteriores a la postre banales, sentenciadas por una paradoja que circula exitosamente en las redes sociales: en los ochenta y noventa, los encapuchados fueron considerados héroes, mientras que ahora son enemigos del pueblo aquellos jóvenes que protestan con la cara descubierta.

Invertidos los términos, los moderados no son los que reclaman por medios pacíficos sus derechos, caceroleando – incluso – al gobierno, sino que – inferimos – están representados por los que le colaboran, asisten a sus diálogos incondicionales, reconocen que acuden a título personal porque no lo discuten o dialogan con los propios partidos o fracciones parlamentarios de adscripción y, sacrificándose por la patria, están dispuestos a incorporarse al gabinete ejecutivo o a una embajada, conviniendo que Leopoldo López, entre otros, incurrió – por lo menos - en un delito.  Por lo general, arguyen   que los radicales están más propensos a caer en las emboscadas de violencia del régimen, aunque ellos – moderados – han reconocido el engaño cuando no se les dejó hablar en Miraflores,  después de la humillante instalación de la Asamblea Nacional.

Sobresaturado, la crisis del sistema amerita de sendas válvulas de escape apreciando que la unidad opositora es un valor que también se realiza en las calles, imposible de sintetizar en un mecanismo institucional que, además, muestra sus fallas imposibles de postergar. Curioso,  siendo la calle una clave fundamental para el replanteamiento de la Mesa de la Unidad, añadido el cabal reconocimiento de los sectores políticamente independientes de un parlamento que ha subestimado, y del mismo estudiantado, hay opinadores muy cercanos a su dirección que, desesperando por escapar ellos mismos a una situación sin precedentes, e impotentes para interpretarla, piden castigo para los responsables de la convocatoria y movilización que significativamente arrancó con las asambleas de ciudadanos del 2 de febrero pasado en Caracas y otras ciudades del país: «¿Quién mató al Comendador? / Fuenteovejuna, Señor / ¿Quién es Fuenteovejuna? / Todo el pueblo, a una»,

Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2014/03/teoria-de-la-valvula-de-escape/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=1021037
Reproducción: El Nacional, Caracas, 28/01/1993.

jueves, 6 de marzo de 2014

BUEN KILOMETRAJE

MCM: Los tachirenses le exigen a Castro que se vaya de Venezuela
 

Machado y sus compañeros de la Movida encabezaron una multitudinaria marcha en el Estado Táchira
María Corina aseguró sentirse tan “gocha” como los mismos tachirenses. Sobre la reunión del Consejo Permanente de la OEA el día de mañana, pidió que tengan bien claro “que hemos iniciado una lucha que es irreversible”
(Caracas. 05-03-2014).María Corina Machado, en compañía de sus compañeros de la Movida Parlamentaria Abelardo Díaz, Freddy Marcano, Luis Barragán y del alcalde del Municipio San Cristóbal de Táchira Daniel Ceballos, participó este miércoles en una multitudinaria marcha en la capital de ese Estado, que había sido convocada por el movimiento estudiantil de la entidad. Desde allí, Machado aseguró que “los tachirenses exigen la salida inmediata del país del Sr. Castro y de los cubanos que están en nuestras Fuerzas Armadas. ¡Fuera de Venezuela!”.
Al llegar a la Plaza Miranda, después de haber salido de El Obelisco en una gran marcha, la líder de Vente Venezuela expresó su admiración por el valiente pueblo del Táchira y aseguró sentirse tan “gocha” como los mismos tachirenses, porque “hoy, más que nunca, Táchira somos todos, cada uno con su lucha diaria y sus ideales inquebrantables, demostrando que esta tierra es la más digna insignia de la lucha histórica que requiere estas horas”.

Además, María Corina expresó su respaldo a los tachirenses, quienes han sido unos de los más azotados por el régimen castrocomunista. “En Táchira avivó la llama de la libertad, que nunca estuvo apagada. Táchira es la más digna heredera del legado histórico de nuestros próceres, que defendieron siempre la democracia y la libetad”, dijo.
“Mañana se reúne por primera vez el Consejo Permanente de la OEA [Organización de Estados Americanos] en el Salón Simón Bolívar, a las 3 pm. Pues que tengan bien claro que hemos iniciado una lucha que es irreversible, porque, además, hoy alrededor del mundo diversas personalidades acompañan nuestra justa causa de un cambio político en nuestro país”, expresó en medio de los vítores de los asistentes.
Sobre los logros de las protestas de calle pacíficas del último mes, María Corina Machado mencionó que los estudiantes lograron arrebatarle la careta de “demócrata” al Sr. Maduro y consiguieron quitarle la calle. “Pero lo más importante que hemos logrado en estos días es que nos hemos encontrado como ciudadanos en todas las calles de Venezuela y nos hemos concientizado de que hay una mayoría que quiere un cambio político”, aseguró e invitó nuevamente a “seguir luchando hasta vencer”.
http://www.ventevenezuela.org/mcm-los-tachirenses-le-exigen-castro-que-se-vaya-de-venezuela/

BITÁCORA