Mostrando entradas con la etiqueta Eufemismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Eufemismo. Mostrar todas las entradas

domingo, 9 de marzo de 2014

CRISIS SISTÉMICA

Teoría de la válvula de escape
Luis Barragán


Los más avisados sugieren una sobrecarga del sistema político, incapaz de procesar las demandas y – menos – de solventarlas, añadida la manipulación contraproducente de la memoria.  Atrofiadas las válvulas de admisión que permiten oxigenarlo,  las de escape están tapiadas escaseando las oportunidades para que fluya el sistema.

La Asamblea Nacional no discute ni investiga – frustrándolas -  las denuncias hechas sobre la putrefacción de los alimentos importados o tragedias como la de Amuay, protegiendo a toda costa al Ejecutivo Nacional.  Hay más de temerosa evasión que fundado rechazo a los planteamientos de una oposición comprobadamente representativa,  generando – además – inéditas situaciones de violencia verbal y física.

Las altas tasas de homicidio, el colapso eléctrico o el desabastecimiento, reciben como respuesta aquello de la inseguridad como una sensación, el tropiezo con una iguana o la guerra económica que no prueban, insultando la inteligencia de los venezolanos que patentemente subestiman.  A las varias capas de sedimentación, contribuye la abierta ofensiva contra la opinión pública, la (auto) censura, la deliberada escasez del papel periódico que monopoliza el Estado y el bloqueo informativo de las agencias internacionales.

A pesar de las obstrucciones, la Constitución de la República contempla el recurso ordinario de la protesta, pues, ella no puede calificarse de excepcional cuando versamos de derechos y garantías ciudadanas. Empero, el ejercicio pacífico y sostenido del estudiantado, ya generalizado en la población que lo respalda,  ha sido objeto de un recurrente terrorismo de Estado.

Así,  sumados a la Guardia Nacional Bolivariana, los conocidos  grupos irregulares cumplen una feroz y desleal faceta represiva. La desproporcionada respuesta se ha traducido en un lamentable saldos de asesinados, torturados, detenidos, retenidos  y hasta desaparecidos,  obstruyendo decididamente la contestación social.

Obstrucción que es acumulación perniciosa de indignación, malestar e irritación, en una democracia pretendidamente participativa, deseando inútilmente amurallarla frente a toda la natural y legítima orientación política que merece.  Llama poderosamente la atención el sadismo de los actos represivos que, por cierto, no distan de los actos criminales, antes inconcebibles, como el reciente homicidio de un niño en el estado Apure por un incidente de tránsito, pues, el presunto agresor, efectivo policial de la entidad, le disparó en venganza del tropiezo que sufrió su motocicleta por el automóvil del padre que únicamente le solicitó esperar a las autoridades correspondientes.

Ocupándose más de las consecuencias que de las causas, buscando la neutralización y reversión de la protesta, ha surgido – por una parte – la iniciativa del diálogo presidencial, con antecedentes inmediatos nada favorables, igualmente acometida por individualidades de la oposición que generan desconfianza; y – por otra – sospechamos de una cierta maniobra  gubernamental respecto a la alteración del orden público que, al administrarla, aceptando su prolongación a través de las barricadas que también estimula, procura victimizarse tal como ocurrió a principios y mediados de la década pasada.  Sentimos que, al dañar las válvulas de admisión y de escape, en uno y otro caso, prospera un deliberado ambiente de angustia, zozobra, incertidumbre y riesgo que apuesta teóricamente por la explosión misma del sistema.

Sistema que se niega a reconocer a las mayorías, repeliéndolas para no comprometerse a una nueva consulta electoral que la propia Constitución prevé en los casos de renuncia, referendum, enmienda o Constituyente. Y, faltando poco, compromete a la oposición políticamente organizada, confundiendo a algunos sectores que temen – sencillamente – a la calle, aunque ésta pueda reforzar la tesis conocida como la de la paciente acumulación de fuerzas para los todavía distantes comicios parlamentarios y, más aún, presidenciales.

La conducción opositora expone frecuentemente algunos preocupantes síntomas de confusión al adoptar la caracterización que hace el gobierno criminalizador, pues, trastocando el sentido,  entiende por una postura radical la de provocar  la ira oficial, como si los protestatarios incurriesen en actos de terrorismo, colocasen bombas o ejecutasen planes de gobiernos foráneos. Esto efectivamente ocurrió con el intento de sabotaje de las elecciones generales de 1963, por ejemplo, o con las acciones extremistas de decenios anteriores a la postre banales, sentenciadas por una paradoja que circula exitosamente en las redes sociales: en los ochenta y noventa, los encapuchados fueron considerados héroes, mientras que ahora son enemigos del pueblo aquellos jóvenes que protestan con la cara descubierta.

Invertidos los términos, los moderados no son los que reclaman por medios pacíficos sus derechos, caceroleando – incluso – al gobierno, sino que – inferimos – están representados por los que le colaboran, asisten a sus diálogos incondicionales, reconocen que acuden a título personal porque no lo discuten o dialogan con los propios partidos o fracciones parlamentarios de adscripción y, sacrificándose por la patria, están dispuestos a incorporarse al gabinete ejecutivo o a una embajada, conviniendo que Leopoldo López, entre otros, incurrió – por lo menos - en un delito.  Por lo general, arguyen   que los radicales están más propensos a caer en las emboscadas de violencia del régimen, aunque ellos – moderados – han reconocido el engaño cuando no se les dejó hablar en Miraflores,  después de la humillante instalación de la Asamblea Nacional.

Sobresaturado, la crisis del sistema amerita de sendas válvulas de escape apreciando que la unidad opositora es un valor que también se realiza en las calles, imposible de sintetizar en un mecanismo institucional que, además, muestra sus fallas imposibles de postergar. Curioso,  siendo la calle una clave fundamental para el replanteamiento de la Mesa de la Unidad, añadido el cabal reconocimiento de los sectores políticamente independientes de un parlamento que ha subestimado, y del mismo estudiantado, hay opinadores muy cercanos a su dirección que, desesperando por escapar ellos mismos a una situación sin precedentes, e impotentes para interpretarla, piden castigo para los responsables de la convocatoria y movilización que significativamente arrancó con las asambleas de ciudadanos del 2 de febrero pasado en Caracas y otras ciudades del país: «¿Quién mató al Comendador? / Fuenteovejuna, Señor / ¿Quién es Fuenteovejuna? / Todo el pueblo, a una»,

Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2014/03/teoria-de-la-valvula-de-escape/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=1021037
Reproducción: El Nacional, Caracas, 28/01/1993.

viernes, 7 de marzo de 2014

LENGUAJE DIETÉTICO

SOL DE MARGARITA, 5 de marzo de 2014
MAGISTERIO
¡El lenguaje da pa' todo!
El Eufemismo consiste en utilizar palabras menos ofensivas o altisonantes que otras, con el objeto de suavizar cualquier enunciado.
Celis E. Rodríguez Serrano 

La lengua y el lenguaje son tan ricos e importantes que dan pa' todo, hasta para solapar realidades políticas y sociales. En este sentido, algunos gobernantes han conseguido como "chivo expiatorio" a una figura retórica llamada "Eufemismo", del latín Euphemismus, cuyo antónimo es el "Disfemismo". El Eufemismo consiste en utilizar palabras menos ofensivas o altisonantes que otras, con el objeto de suavizar cualquier enunciado. Por ejemplo, para comunicar la muerte de una persona alguien pudiera decir "pasó a mejor vida" o "descansa en la Paz del Señor"; y al referirnos al Matrimonio, pudiéramos decir fulanos "unieron sus corazones" o "unieron sus vidas" para siempre. Pero también es probable que ante las mismas realidades haya quienes no sean tan elegantes al hablar, y se refieran a ellas "disfemísticamente". Muerte: "estiró la pata" o "templó el rabo". Matrimonio: "se echó la cabuya al pescuezo" o "pobrecito, se zumbó al agua".
Pero ubiquémonos un poco en la realidad del país, donde estas figuras retóricas están de moda. Por supuesto, desde la óptica política todo dependerá poderosamente del interés que tenga el Gobierno en el tema o en la situación social del momento. Desde hace algún tiempo he notado que ciertos gobernantes se rebuscan lingüísticamente para referirse a situaciones o eventos de la cotidianidad política y social. Por ejemplo, las fallas eléctricas por la falta de mantenimiento en las centrales termo e hidroeléctricas no son apagones, sino "racionamientos eléctricos"; el "bacheo de huecos" en las abandonadas vías, hoy es una parafernálica "fiesta del asfalto". En lo educativo, el deterioro de los planteles nacionales, que se caen a pedazos poniendo en riesgo la vida de los alumnos, no es por "negligencia" ni por "falta de mantenimiento", sino que es un "desgaste de la infraestructura por el pasar del tiempo".
En lo político, para la Oposición no hay un "Presidente Constitucional", que gústenos o no cuenta con una supuesta mayoría (lo contrario no pudo ser demostrado en la práctica), sino que existe un "Señor proclamado por el Consejo Nacional Electoral". La "Oposición Política", necesaria en cualquier país verdaderamente democrático, acá en Venezuela es "la derecha fascista y parasitaria". El Gobierno nacional denomina "defensores de la revolución" a las "brigadas de choque" que enfrentan con armas de fuego a los manifestantes, causando heridos y muertos. Otrora se emitían órdenes de captura contra quienes disintieran del Gobierno, ahora se emiten "medidas privativas de libertad". Los "políticos críticos" o "disidentes del Gobierno" pasaron a ser "guarimberos, golpistas, imperialistas, fascistas y oligarcas". Los encarcelados por exponer sus ideas o por manifestar públicamente su descontento con el Gobierno no son "presos políticos", sino "políticos presos" o, más bonito que esto, "privados de libertad".
Finalmente, en lo socioeconómico encontramos que la "escasez" no es tal, y la "inflación" ahora tampoco se llama así, sino que ambas responden a una "guerra económica inducida". Si seguimos así, dentro de poco no se dirá que la mayoría de los venezolanos "pasan hambre", sino que forman parte de una "dieta revolucionaria generalizada".
Ilustración:http://librepenicmoncjose.blogspot.com/2012/10/hacia-donde-quiere-llevarnos-morin-con.html

domingo, 22 de septiembre de 2013

EROSIVOS

EL NACIONAL - Domingo 22 de Septiembre de 2013     Opinión/9
¿Eufemismos?   
RODOLFO IZAGUIRRE

El diccionario define con elegancia la palabra eufemismo y dice que es "la manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante".
Ciertamente, es un ejemplo de circunspección decir que la chica tiene físico ingrato para no cachetearle la verdad. Para los optimistas, la tercera edad es una juventud prolongada y el eufemismo galopa en el país desde el momento en que comenzó a ser peligroso disentir y opinar. Bastó y sobró que el caballito del escudo dejara de galopar mirando p’atrás y de ser el que conocimos en la cuarta república para que los militares en el Gobierno recibieran órdenes cubanas y beatificaran al pajarito que sigue revoloteando sobre la cabeza de un ungido que pavonea aquí y allá su ilegitimidad presidencial.
¡Seguimos, en todo caso, chapoteando en las ciénagas del eufemismo! Nunca hemos dejado de cambiarle el agua al canario ni las mujeres de "peinarse" en los baños del teatro o de los restaurantes. En mi infancia, cuando la tuberculosis entraba en las casas como si se tratara de un pariente muy cercano, la enfermedad avergonzaba a las familias y para señalar que alguien la tenía nos tocábamos la espalda y comentábamos que el enfermo estaba "mal de los ojos".
En la paternidad no se alude a la negritud pero hablamos de un inocultable "salto atrás".
El racismo no alcanza la ferocidad de los fanáticos del fútbol español que imitaban a los monos o simulaban comer bananas cada vez que el camerunés Samuel Eto’o salía a jugar. Los venezolanos somos pisapasitos: nos tocamos disimuladamente el dorso de la otra mano con el índice para señalar que alguien es negro y consideramos "afrodescendientes" a los que no suben al Ávila por Altamira. ¿Pero qué hacemos con el negrito del Batey? ¿Aceptaría Rolando Peña llamarse el Príncipe Afrodescendiente? Mi amigo el coreógrafo José Ledezma, mejor conocido como el Negro Ledezma, y Elisa, la Negra Maggi, viuda de Salvador Garmendia, están dispuestos a mentarle la madre a quien los llame afrodescendientes, y el hecho de que la niñita a la que se le salen los pies de la cunita sea negrita y no afrodescendiente no impedirá que Bola de Nieve y Omara Portuondo le compren la nueva cunita que va tené capité, que va tené ca’cabé.
El régimen militar se deslumbra con lo que cree estar haciendo y convierte en éxitos sus derrumbes y despropósitos: el fracaso de las viviendas se pregona como una exitosa solución habitacional; las brutalidades que perpetra la Guardia Nacional contra los civiles desarmados se justifican porque forman parte de una supuesta misión de seguridad.
Los niños de la calle se llaman niños de la patria pero siguen siendo los mismos niños realengos y abandonados de siempre. Las muertes violentas de fin de semana son ilusiones que hacen reír a los ministros del castrocomunismo y los desastres de Amuay sólo causan "daños colaterales". Al menos, con la multiplicación de los penes disponemos de una nueva misión exitosa: la Misión ¡Pene Adentro! En un tiempo, el eufemismo jugaba garrote en los terrenos de la homosexualidad abrazándose a las expresiones más soeces: le gusta que le den por donde le dan a las balas, le gusta la coca cola hervida; reveladoras de un país primitivo, insano y vergonzosamente machista y homofóbico que se ha instalado bolivarianamente en Miraflores y en la Asamblea Nacional. Hay quienes creyendo alcanzar el humor se precipitan en el fango del deshonor cuando se refieren a la mujer preñada y comentan con abyecta picardía que se quedó dormida o que la picó una avispa.
¿Eufemismos? Lo que se desprende de ellos es desprecio; ausencia de dignidad; una alarmante erosión de la sensibilidad y la más despiadada y corrosiva degradación del alma.

Ilustración: Ilustración: Iván Lira, "El negro Miguel" (2008).

lunes, 18 de marzo de 2013

SEMAFORIZAJE

Credo
Luis Barragán


Grosso modo, nos integramos y entendemos a través de las representaciones o imaginarios sociales que sintetizan lo que creemos de nosotros y de los otros, como  lo que creemos que otros creen de nosotros, convirtiéndose en sentido común.  Toda suerte de ideas, prejuicios, gestos, valores, hábitos,  creencias, costumbres, principios (etc.),  racional e irracionalmente amasados, sintonizan en un momento histórico determinado, afianzándonos sociológica, psicosocial y psicológicamente.

La revolución surge como un cambio drástico y necesario, sustentado en una cultura política alternativa que, al quebrar el modo compartido de comprensión y relacionamiento, apuesta por otros contenidos y estilos que desembocan en un diferente hacer, razonar y sentir, motorizado por determinados sectores sociales.  Término desprestigiado por los autores postmodernos, no se entiende sin el progreso, ya que la iniciativa, tarea y pensamiento revolucionario presupone mejorar en los más disímiles ámbitos, por lo que – si fuese implacable la fórmula – renegaríamos del pasado que también cuenta con testimonios revolucionarios, aunque no se llamasen tales.

De atenernos al ahora enfermizo cuarteto reacción, reformismo, revolución y, combinándolos, simulacro, constatamos que la Venezuela de estos días, naufraga en medio de un experimento que tiene por hábil bandera la indefinición interesada de sus presupuestos.  E, inevitable, falsifica el lenguaje, porque los “revolucionarios” y los “escuálidos” no son tan innovadores y tan escasos, respectivamente, ni todos  los apátridas están fuera del gobierno y todos los honestos en la oposición.

El reclamo y convencimiento de la más excelsa pureza es, precisamente, lo que permite la abultada, subrepticia e innombrable contaminación ética y moral de todos los actores públicos, con las excepciones que tenga a bien indicar Perogrullo.  No hay polarización política, todavía socialmente insuficiente, que no haga del maniqueísmo su única bandera, pero – atención – nos embargaría un extremismo de centro, irresponsable y oportunista, procurar romperlo sin un convincente reemplazo de la sensatez que parta – inevitable – de tamaña e infranqueable condición.

Aparente pleonasmo, el poder político – valga agregar, pastoral -  cree realizar una revolución, cree que estamos convencido de ella, y cree que los creemos revolucionarios, en el marco de un  ultrarrentismo suicida, cuya cultura compartimos y recreamos. A partir de 1998, asistimos a una masiva rotación del relevo lentamente purgado, que oferta por único relacionamiento y relacionador social al Estado, aunque importantes e inocultables logros resulten a la postre ociosos,  debido al asombroso retroceso de la calidad de vida, el déficit crónico que no se compadece con los colosales ingresos petroleros percibidos, y las cifras acumuladas de muertes violentas digan de una guerra civil no declarada que, por lo demás, fundamentalmente afecta a los sectores más empobrecidos de la población.

En las cumbres del eufemismo,  la simulación se vive con tan absoluta normalidad que la hace suya la propia oposición, indispuesta e incómoda frente a todo debate que lo sospeche con algún acento académico, porque la llamada antipolítica consagró la banalidad y la vanidad como sus mejores herramientas de promoción. Y disculpen los fanáticos,  Perogrullo por delante, predomina un periodismo de la ligereza que ni siquiera logra interpelar (autocuestionándose), a un liderazgo que no puede sustituir, así lo presuma por la sola pertenencia a una agraciada secta de famosos.

Hay una mezcla de reaccionarios, reformistas y revolucionarios que tiene por principio reactivo, un insólito conservadurismo con ínfulas de renovación.  Y una prédica oportunista de tolerancia, teñida de una lisonja de complicidad que no, de comprensión hacia las condiciones reales que la hagan posible: sospechosa retórica hacia el adversario, lejos de precisar posturas que haga posible fijar un puente entre extremos firmes, sólidos y confiables, únicamente consigue parapetear una suerte de terraza o balcón en la punta privilegiada (y privilegiadora), a la vez que la otra dibuja una escalerilla rústica de emergencia de la que sólo cabe saltar al vacío.

Autores especializados ilustran que el proceso iniciado hacia 1789,  consumó la tendencia oculta de un – por entonces – favorable centralismo francés que lo hizo posible el estridente imaginario revolucionario, mientras que – colegimos –  nuestro bullicio marcó el retroceso – ya explícito – de la descentralización, susceptible de correcciones, mas no de liquidación en un desafiante siglo XXI que, aún, tardamos en pisar.  Creen, nos creen y creen que creemos que este socialismo es de la nueva centuria, atascados en la derrota política y militar de 1963, sin recibir noticias todavía del formidable debate político e ideológico que sus antecesores protagonizaron sobre el fracaso de la lucha armada.

http://www.noticierodigital.com/2013/03/credo/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=949788

Fotografía: LB, av. San Martín (Caracas, 03/13). Pancarta que queda de la movilización  con motivo del traslado del cadáver de Hugo Chávez Frías, desde el Hospital Militar.  Al ampliarse la gráfica, puede notarse que la suscribe un grupo llamado "Guerreros de La Vega", de célebre actuación al iniciarse el gobierno de Chávez Frías.