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lunes, 30 de diciembre de 2019

LUCHA ENTRE PULSIONES

Los intelectuales y la política
Ferrán Requejo
24/07/2017

La noción de “intelectual” es más europeocontinental que anglosajona. En el mundo de habla inglesa predomina más bien la figura del experto y es más escéptico respecto de las explicaciones y evaluaciones generales hechas por un mismo autor sobre temas políticos, sociales y culturales.
Por otra parte, las relaciones de los intelectuales con la política distan de ser una relación sencilla y unívoca. La experiencia del siglo XX muestra multitud de ejemplos de personas culturalmente reconocidas y socialmente influyentes que se han equivocado radicalmente sobre el significado, por ejemplo, del nazismo o el comunismo. Los totalitarismos han seducido a buena parte de los intelectuales europeos. Algunos los justificaban en términos de una necesidad temporal dentro de una lógica histórica de “progreso”. El añorado Manolo Vázquez Montalbán resumía estas alucinaciones teóricas con su ironía habitual: “¿ Cómo es posible que unas personas tan inteligentes puedan llegar a ser políticamente tan aleladas?”.
El tema del “impulso erótico” hacia la verdad se ha presentado desde los tiempos clásicos como una lucha entre las pulsiones moral-racionales en busca de la verdad y las pulsiones pasional-irracionales. La referencia es el diálogo Fedro de Platón. La alegoría es un auriga (la razón) que trata de controlar un carro tirado por dos caballos que representan aquellos dos tipos de pulsiones. Naturalmente, le cuesta mucho que los dos caballos avancen en una misma dirección hacia el deseado mundo de las ideas. La conducción siempre es ­difícil y el resultado incierto. Puede acabar en de­sastre.
Veamos algunos ejemplos dispares de esta tensión: Heidegger defiende una metafísica de Sery legitima el nazismo, dos cosas que hoy parecen lo bastante congruentes entre ellas. Sartre reflexiona con una indiscutible densidad en El ser pero justifica hasta muy tarde las atrocidades del estalinismo. Incluso Benjamin muestra un trasfondo intelectual errático, que va desde la influencia primigenia de Carl Schmitt hasta escritos marxistas que le son intelectualmente incómodos y que, de hecho, no se avienen mucho con sus lúcidas críticas del arte contemporáneo. La oleada de los maîtres-à-penser franceses (Fou- cault, Glucksman, Derrida, etcétera) apoyó a Mao o a la revolución iraní. Un aire de familia ­recorre los proyectos de milenaristas, puritanos, jacobinos, bolcheviques, fascistas, maoístas, fundamentalistas religiosos, et­cétera.
Como mínimo hay cuatro componentes, combinados en intensidades diferentes, que explican estas derivas: 1) Una “voluntad de poder” de influencia política, a menudo ­poco disimulada. 2) La tendencia a las dua­lidades analíticas de la “tiranía de la mente discontinua” ( R. Dawkins). 3) Una simple falta de conocimientos científicos o históricos, escondida por el hecho de razonar desde una supuesta superioridad analítica o moral, y 4) Las presunciones epistemológicas de la “falacia de la abstracción”.
Denomino falacia de la abstracción a la pretensión que un ra­zonamiento es analíticamente más profundo y definitivo cuando incluye los términos más abstractos posibles en el lenguaje de la argumentación. Se trata de una falacia que transita por dos vías que in­ducen a error: A) crear la sensación de que si se sube el grado de abstracción de los términos analíticos, el razonamiento tiene más alcance empírico (cosa notoriamente falsa), o B) construir una estrategia retórica que rehúye los puntos conflictivos bajo la apariencia que se ha llegado al meollo del problema. Estas dos vías se presentan a menudo como el paso de la “anécdota a la categoría”, un camino que no siempre resulta adecuado ya que hace perder la riqueza informativa inherente a los casos concretos que analizar. Algunos filósofos muestran una repetida tendencia a caer en esta falacia. Sin embargo, Hegel, precisamente Hegel (!), uno de los filósofos más abstractos y de lenguaje más oscuro, ya advertía sobre este espejismo epistemológico.
Naturalmente, en las democracias del siglo XX también ha habido intelectuales mucho mejor orientados en términos epistemológicos y políticos. La lista también es larga: Russell, Camus, Aron, Berlin, etcétera.
Platón se equivocaba en la alegoría. En el ámbito político no es conveniente que el auriga sea la razón teórica. Sabemos que la razón crea monstruos y que los productos teóricos del lenguaje producen espejismos que nos fascinan. Hace falta que el auriga sean las prácticas institucionales de las democracias liberales, estos productos históricos de aluvión que tanto ha costado conseguir. A pesar de todas sus limitaciones, son los mejores productos políticos que la humanidad ha sido capaz de generar. El foco de los análisis hay que situarlo en las realizaciones prácticas, no en las declaraciones ideológicas. Y eso se ha pensado mejor desde Amsterdam, Londres, Filadelfia o Toronto, que desde Berlín, París, Roma o Moscú.
Acabemos de una forma más estival. Una conocida definición dice: “Un intelectual es alguien que ha encontrado algo más inte­resante que el sexo” ( E. Wa­llace). ¡Muy buen verano!

Fuente:
https://www.lavanguardia.com/opinion/20170724/4351312766/los-intelectuales-y-la-politica.html
Pieza: Claes Oldenburg.

domingo, 15 de diciembre de 2019

BREVE CURSO DE ESCATOLOGÍA

Del Estado Urinario
Luis Barragán

Desagradable a la vez que inevitable referencia: faltando el monte, no hay rincón citadino que no desprenda el hedor. Ya es un hecho universal que, en la Venezuela de los días que cursan, cualquiera puede verse obligado a una meada de emergencia.

Faltan los sanitarios públicos a los que está comprometido el Estado, pues, no por casualidad, tradicionalmente, el Código Penal castiga como falta la descarga de un repentino tormento fisiológico, bajo la mirada de todos. E, incluso, la falta puede convertirse en un delito de lascivia de acuerdo a los espectadores, aunque – tipificado o no – la autoridad encontrará ocasión para sancionar la flagrancia a la espera del correspondiente soborno de su víctima.

Los pocos baños disponibles en los edificios gubernamentales u otros despachos afines, están destinados a su personal, por masivo que sea el servicio dispensado, ya que resultan insuficientes los recursos para mantenerlos. En los viejos inmuebles que los dispusieron abiertamente, en los mercados municipales, gasolineras, terminales de pasajeros,  u otras dependencias, tampoco hay mayores posibilidades para accederlos, por la aguda crisis de mantenimiento, deterioradas hasta el hastío las instalaciones. E, incluso, los hay también “invadidos” o “privatizados”,  operándolos hasta familias que cobran por el muy mínimo orden que dicen garantizar, empleando cantidades ridículas de líquidos desinfectantes de dudosa calidad que convierte en un atrevimiento, sobre todo para las mujeres y los niños, asomar sus intimidades en el país que no tiene los más elementales  medicamentos.

Es el Estado, en su más amplia acepción, por la omisión que traduce su mejor acción, el que ha consagrado una lamentable situación urinaria que sólo formalmente desconoce, pretendiendo trasladar sus responsabilidades a la sociedad. No hay centro comercial, clínica o restaurante que no sea requerido por personas extrañas que, incluso, tratan de ducharse, forzados a negarlos por los elevados costos de mantenimientos, por lo que queda la calle y sus recovecos, como el ineludible pedestal para el desahogo esbozando apenas la callada emergencia sanitaria que explica a la Venezuela bajo una dictadura que le importa un bledo la suerte de sus habitantes.

Devenida costumbre, la pérdida es la de la propia intimidad de nuestros más radicales actos humanos y ya no es cuestión de modales y de estética, sino de higiene. El sanitario es una conquista de la modernidad que estamos perdiendo en el presente siglo, por no citar las amplísimas dificultades que confrontamos en  el ámbito doméstico, porque cada vez se hace más difícil reponer los equipos sanitarios y adquirir los productos de limpieza, en medio de la insólita escasez de agua que deja abierto los caminos para toda suerte de insectos y roedores  que tienen las antiguas tuberías por una cómoda residencia.

Reproducción: Claes Oldenburg, pieza. Reportaje: Bohemia, Caracas, nr. 405 del  28/12 al 03/01/1971.
Fotografía: LB, Foro Libertador (Caracas, 08/11/2019).

Post-data LB: La pieza sanitaria de Oldenburg, no es fácil conseguirla en las redes. El sólo reportaje aparecido en un magazine caraqueño, casi medio siglo atrás, revela interés y curiosidad por obras que, ahora, por mucha conectividad que haya, no parece tene equivalentes. Por lo demás, desagradable fotografía, ejemplifica muy bien el frecuente uso de los sanitarios de las entidades públicas. Fue una limpia y quizá artística defecación en el baño cercano a la Hemeroteca Nacional. Hemos visto cosas peores.  No imaginará el defecador la circulación de la gráfica. No obstante,  reiteramos la preocupación por la sitación sanitaria del país y quizá la pérdida de hábitos de - digamos - moral pública.

Posiblemente, pueda decirse que a nuestras ruidades actuales falta arte. Y arte para la comprensión del estdio al que hemos retrocedido.

18/12/2019:https://www.caraotadigital.net/opinion-1/del-estado-urinario

lunes, 24 de julio de 2017

PROBLEMARIO DEL FRAUDE CONSTITUYENTE

EL PAÍS, Madrid, 23 de julio de 2017
Las claves de las elecciones que dividen a Venezuela
Ewald Scharfenberg

El Gobierno de Nicolás Maduro ha convocado a los venezolanos a las urnas el próximo domingo para elegir a los miembros de una Asamblea Nacional Constituyente que rechaza de plano la oposición y que el régimen chavista ve como una salida para restablecer el orden en el país, sumido desde hace tres meses en constantes protestas callejeras que han causado ya casi un centenar de muertos. ¿Qué se juega Maduro en estos comicios para designar a los diputados llamados a reescribir la ley fundamental y por qué son tan polémicos?

¿Para qué una Asamblea Constituyente?

Fue el propio presidente, amparado por el artículo 347 de la Constitución, quien convocó las elecciones el 1 de mayo. Precisó entonces que no quería una asamblea “de los partidos de élite”, sino “una Constituyente ciudadana, obrera, comunal, campesina”. Según Maduro, este proyecto representa la última posibilidad para “el diálogo profundo” en la sociedad y la paz en el país. La oposición denuncia que, tras el llamado, se oculta el propósito de establecer un nuevo marco normativo que permita al régimen deshacerse de los poderes públicos que hoy le estorban, como la Asamblea Nacional y la Fiscalía, aplazar las elecciones y dar un paso decisivo hacia un Estado autoritario.

¿Qué se elige el domingo 30 de julio?

Los venezolanos elegirán a 545 diputados. De ellos, 364 serán representantes territoriales y 173 del denominado “ámbito sectorial” —24 por los estudiantes; ocho por campesinos y pescadores; cinco por los empresarios; otros tantos por las personas con discapacidad; 28 de los pensionistas, 24 de los consejos comunales y 79 de sindicatos y gremios— y 8 de las comunidades aborígenes.

¿Quiénes se postulan?

De algo más de 50.000 personas que se presentaron por su cuenta propia o bajo los auspicios de grupos de electores, el organismo electoral aprobó casi 6.000 candidatos. Las condiciones fijadas para los comicios prohibieron candidaturas desde los partidos políticos, una estratagema del Gobierno para evitar que el voto refleje un rechazo a su gestión. Sin embargo, la mayoría de los candidatos son miembros del partido del Gobierno y aliados, o al menos simpatizantes. Numerosos ministros y figuras públicas cercanas al régimen han renunciado a sus cargos para ser aspirantes a la Constituyente. No se ha registrado ningún candidato, en cambio, cuyas propuestas sean contrarias a las premisas del Gobierno.

Si, como dice la oposición, el Gobierno es minoría y por eso ha evitado las convocatorias a referendo revocatorio y a elecciones regionales, ¿por qué se anima a organizar unas elecciones?

Por el diseño sectario y a la medida de los comicios, establecido en las llamadas “bases comiciales” que el presidente Maduro, como convocante de la Asamblea Constituyente, redactó y publicó mediante un decreto presidencial el 23 de mayo, y el organismo electoral aceptó como oficiales. En esas bases se desechan los circuitos electorales tradicionales y se adopta la paridad de un diputado “territorial” por municipio, sin importar la población de la circunscripción. Con ello, otorga una ventaja desproporcional a las zonas rurales, donde el oficialismo conserva cierto apoyo y tiene mayor poder para presionar a los electores. Así, por ejemplo, un voto en el estado de Falcón, una provincia semirrural del noroeste de Venezuela, “vale” 26 veces más que uno en Caracas, fuertemente antichavista. Además, la definición de los denominados “sectores” sigue unos criterios brumosos que, en todo caso, se alinean con los ámbitos de acción de las misiones sociales del Gobierno, cuando no se trata de agrupaciones abiertamente progubernamentales, como las comunas. La introducción del “ámbito sectorial” corporativo también conduce a que alrededor de 70% de los electores puedan votar por dos cargos, mientras uno de cada tres solo lo hará por uno.

Y si todavía así la oposición pudiera ganarlas, ¿por qué no participa en las elecciones?

Aparte de su renuencia a legitimar un recurso que representa una huida hacia adelante del régimen, la oposición cuestiona la negativa de Maduro para someter a referendo popular el llamado a escribir una nueva Constitución. En 1999, el propio comandante Hugo Chávez convocó a un referendo, que ganó, antes de reunir la asamblea. Es una objeción que comparte el ala “crítica” del chavismo, que por primera vez se pronuncia en público contra lo que considera un intento de la cúpula madurista por conservar el poder en desmedro de la Constitución original “de Chávez”. Ante los señalamientos, Maduro ha respondido asegurando que el propósito de la iniciativa es perfeccionar la Constitución de 1999, que el propio comandante revolucionario auspició. También ha prometido que el texto constitucional que resulte de la asamblea será sometido a un referendo aprobatorio.

Si el Gobierno no tiene adversarios en las elecciones, ¿son relevantes los resultados del domingo?

Sí. Una asistencia a las urnas menor al 25% del padrón electoral (con un total de 19 millones de votantes) o menor a los 7,5 millones de participantes que la oposición dice haber convocado para su consulta popular oficiosa del 16 de julio, representaría un revés político para el Gobierno y restaría legitimidad a la Asamblea. Por eso el oficialismo pone todos sus recursos en asegurarse que haya votantes ese día. Presiona a los empleados públicos y promete controlar, mediante el llamado “Carnet de la Patria”, la asistencia de los beneficiarios de sus programas sociales a los centros de votación. Además cuenta con la complicidad del Consejo Nacional Electoral (CNE), que domina. El CNE recientemente aprobó que los electores que se sientan amenazados por la violencia opositora en sus centros de votación, podrán acudir a otras mesas; a la vez, hizo prácticamente imposible votar en blanco en el dispositivo electrónico.

Fuente:
https://internacional.elpais.com/internacional/2017/07/22/actualidad/1500747648_226819.html
Ilustración: Claes Oldenburg / Fotografía: Tomada de la red.

lunes, 26 de junio de 2017

LA OTRA TUBERÍA



De un tubo de pasta dental

Luis Barragán

Gracias a uno de los incontables ciclos de la Cinemateca Nacional del siglo anterior, por cierto, de la cual podíamos salir tranquilamente a las once de la noche para tomar el transporte público y llegar sin mayor novedad a casa, recordamos la primera vez que vimos “Memorias del subdesarrollo” de Tomás Gutiérrez Alea (1968). Muy después vino el libro que inspiró el filme, el de Edmundo Desnoes, hallado por casualidad en el otrora remate del puente de las Fuerzas Armadas.

Curiosamente, quedamos marcados por una de las escenas del también estereotipado protagonista: evocaba momentáneamente la pasta dental “colguéit”. De no equivocarnos, nos impresionaba que todavía, literal y castellanamente, la llamásemos “Colgate”, fuese un producto tan viejo y de origen extranjero, según el adolescente que se asomaba a un cine diferente al acostumbrado, todavía distante de consolidar su afición por la vieja prensa que le ha permitido apreciar cualesquiera avisos de promoción del producto.

Faltando una historia social del dentífrico en Venezuela, quizá una comercial y registral, lo cierto es que  nada más accesible y común para la población que alcanzó otros niveles de vida con la renta petrolera.  Acotemos rápidamente que, por estos años, asistimos o asistiremos al predominio de los dientes postizos, como no lo hubo en las décadas más próximas; la oferta de un producto para la higiene dental y, a la vez, toda bucal, fue muy variada y abaratada, llegando a obsequiarse tras cada innovación de su presentación y componentes; las transnacionales que producían los más afamados y convincentes, se han largado del país, después de soportar y sobrevivir  una de ellas, muchos años atrás, al ataque interesado o chantaje de un medio de comunicación que aspiraba a la generosa publicación de sus avisos.

Entonces, nada trivial la materia, resistiéndose a las condiciones que generaron la crisis humanitaria que aún cursa, ahora  tenemos que no hay pasta dental y, como los desodorantes o papeles de baño, debemos probar con una mezcla casera o aventurarnos con la que se  cuela de las atrevidas empresas extranjeras que, en otros tiempos, no lograrían competir en calidad, componentes y sabor. Por estos días, imitando el motivo gráfico de “Colgate”, con una muy pequeña reserva en casa, no tuvimos la audacia de adquirir un tubo de origen chino y, seguramente, como la lengua es castigo del cuerpo, tarde temprano confirmaremos la otra sentencia: nunca digas que de esta agua no beberé o con esta pasta no me cepillaré, si   es que encontramos el cepillo.

Aclarando que ninguna relación personal o comercial tenemos con la marca, un tubo familiar de “Colgate” está en 30 mil bolívares, si lo conseguimos. De agregarle los “0” que tramposamente le restó el régimen, previendo el desastre que deliberadamente  provocó, significa que cuesta – hasta nuevo aviso – 30 millones constantes y sonantes de bolívares, así como el pasaje del transporte público intra-urbano vale  150 mil bolívares, un kilo de espaguetis 6 millones, un kilo de azúcar 7 millones, un kilo de pollo 9 millones y paremos de contar.

26/06/2017:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/30220-de-un-tubo-de-pasta-dental
Esculturas: Claes Oldenburg.

SERVICIO

EL MUNDO, Barcelona, 22 de junio de 2017
CANELA FINA
Las cifras de la Iglesia
Luis María Anson

En los centros asistenciales y sociales de la Iglesia Católica fueron atendidas, en el año 2015, 4.790.075 personas, entre ellas 170.000 emigrantes. Recibieron ayuda en centros católicos para mitigar la pobreza más de 2.800.000 hombres y mujeres y 1.974.358 en Cáritas. 3.521.270 alumnos están inscritos en clase de religión, a pesar de las desmesuradas campañas hostiles de un sector de la extrema izquierda. Cerca de 2.000.000 de jóvenes rodearon al Papa en su última presencia en España. La Iglesia atiende 2.593 centros educativos y ahorra al Estado por encima de 2.563 millones de euros al año. 30.936 profesores de religión y 96.825 hombres y mujeres atienden como per-sonal docente las exigencias educativas.
En España existen 22.999 parroquias y 827 monasterios, así como infinidad de centros asistenciales católicos. Entre sacerdotes y religiosos la cifra se eleva a 73.943 personas. Los misioneros españoles en el extranjero superan los 13.000 con 101.751 catequistas. En el año 2015, se bautizaron en España 231.254 niñas y niños e hicieron la comunión 240.094, elevándose a 51.810 el número de matrimonios católicos. 225.000 empleos generan la actividad cultural en torno al patrimonio de la Iglesia Católica y su impacto en el PIB supera los 22.600.000 euros al año. El 76% de la financiación del colosal esfuerzo asistencial, educativo, evangelizador y cultural de la Iglesia se sufraga directamente por los fieles.
Y además está el 0,7 de las declaraciones de la renta. Teniendo en cuenta las conjuntas, un total de 9.000.000 de contribuyentes marcan la X en la casilla en favor de la Iglesia Católica, lo que supone el 24% de los recursos necesarios para mantener el nivel educativo, cultural y asistencial. El entorno de Zapatero decidió suprimir la asignación que recibía la Iglesia de los Presupuestos Generales del Estado por los servicios que hace a la sociedad al margen de su esencial función religiosa. "A los templos solo acuden algunas viejas beatas -aseguraban los consejeros de Zapatero- basta con suprimir la asignación presupuestaria para hundir a la Iglesia". Error mayúsculo. Los fines de semana 11.000.000 de personas acuden a misa y las manifestaciones públicas en las fiestas religiosas y en las procesiones abarrotan las calles de toda España. El 0,7 de las declaraciones de la renta que se señalan con un aspa voluntariamente suponen un ingreso superior a la cicatería de la asignación que se otorgaba a la Iglesia.
Resultaría coherente que se hiciera con los partidos políticos lo mismo que con la Iglesia y que, en lugar de recibir copiosas subvenciones varias, se financiaran a través de las cuotas de sus afiliados y con un 0,7 señalado de forma voluntaria en las declaraciones de la renta. Sería interesante conocer el número de contribuyentes dispuestos a financiar voluntariamente a los partidos políticos. Una de las claves de la democracia es el respeto a las minorías. A mí me parece ejemplar que los poderes públicos atiendan a los budistas, a los islamistas, a los evangelistas, a las manifestaciones de homosexuales, gays y lesbianas... Lo que no me parece de recibo es que se hostigue de manera incesante a la abrumadora mayoría católica española. El anticlericalismo debería recluirse definitivamente en los desvanes de la historia.
Fuente:
http://www.elmundo.es/opinion/2017/06/22/594aa9f3e2704e943e8b45d4.html
Escultura: Claes Oldenburg.

NO ES UN JUEGO

EL MUNDO, Barcelona, 26 de junio de 2017
EDITORIAL
Urge una política de Estado para la natalidad

La crisis demográfica que atraviesa España por la falta de nacimientos es un problema acuciante que no figura en la agenda de los partidos políticos y sólo se aborda de vez en cuando como proclama, que luego cae en el olvido, cuando se trata de apelar al voto femenino en periodo electoral. Sin embargo, los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) deben interpretarse como una alarma que obliga a actuar para evitar un desastre social y económico por el pronunciado envejecimiento de la población.
La natalidad ya no sólo se enfrenta al problema de que los españoles no quieren (o no pueden)tener hijos. Por primera vez, la caída del número de nacimientos se explica también por el hecho de que no hay suficientes mujeres en edad fértil para garantizar un desarrollo sostenible de la demografía. España ha perdido un millón de madres potenciales(mujeres de entre 15 y 49 años) en la última década, consecuencia de la caída que la natalidad experimentó a finales de los años 70.
Esos dos factores se conjugaron y nos llevaron a registrar dos hitos negros en nuestra historia demográfica en 2016, cuando se registró el menor número de nacimientos desde 1975 (arranque de la serie histórica) y la edad de las madres españolas superó, también por primera vez, la barrera psicológica de los 32 años.
Revertir esa tendencia debe ser prioritario para Gobierno y oposición. La demografía debe abordarse con una política de Estado que esboce una estrategia para el largo plazo que quede al margen de cuestiones partidistas.
La natalidad no es un asunto baladí. De los niños que nazcan hoy dependerá el presupuesto del futuro para pagar las pensiones y los servicios de Sanidad y dependencia. El año 2016 fue el segundo consecutivo en el que España registró un saldo vegetativo negativo con más muertes que nacimientos. A esto se suma el hecho positivo de que la esperanza de vida en nuestro país aumenta año tras año.Los españoles ya viven de media 83,2 años, por lo que cobran cada vez más tiempo su pensión de jubilación (con los datos actuales ya son más de 18 años recibiendo esa prestación).
Para equilibrar la pirámide poblacional y que las nuevas generaciones puedan sostener el sistema es probable que no baste con fomentar la natalidad. La inmigración tendrá que jugar un papel destacado en la reposición poblacional. De hecho, en 2008, cuando nacieron los niños del boom inmobiliario, se registró la mejor cifra de natalidad de los últimos 30 años en nuestro país por la contribución de las madres extranjeras. Pero atraer inmigrantes depende del progreso y nos hace vulnerables al ciclo económico, como hemos visto en estos años en los que los migrantes se han ido.
Por otra parte, el INE muestra que gracias a la recuperación económica, las bodas en España están aumentando, aunque los contrayentes son cada vez mayores (34,7 años la mujer y 37,5 el hombre). Un indicador de que los ciudadanos sí quieren formar una familia y el no tener hijos se debe en muchas ocasiones a problemas socio laborales.
Es por esto que el Gobierno debe impulsar una batería de medidas para ayudar a los españoles a ser padres. Facilitar la conciliación de la vida familiar y laboral, proteger a la mujer de posibles penalizaciones en su puesto de trabajo tras la maternidad, ayudar a las familias a sortear algunos gastos básicos en los primeros años de vida o financiar más gastos de las familias numerosas son algunas de las iniciativas que deben ponerse sobre la mesa. Se trata de políticas que requieren la implicación de las tres Administraciones (nacional, autonómica y local) y que sólo serán evaluables en el medio o largo plazo por lo que exigen altura de miras.
En enero de este año, el Consejo de Ministros creó el Comisionado frente al Reto Demográfico. Pero poner en marcha una comisión de estudios no es suficiente para resolver la crisis demográfica de nuestro país. Urge incluir este asunto en la agenda política para impulsar los nacimientos cuanto antes.
Fuente:
http://www.elmundo.es/opinion/2017/06/26/594ff0b5e2704edc5b8b461c.html
Escultura: Claes Oldenburg.