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martes, 22 de enero de 2013

CAZA DE CITAS

"Una sociedad dividida en minorías aisladas que han quebrado sus redes, con individuos que limitan sus ambiciones en procesos transformadores, se condena a una democracia limitada. La mediación con una red es un experimento organizado de las interaccioividuo se controla a sí mismo, lo cual permite instaurar sus su divegencia de otros"

Rebeca Landeau

("Metodología y nuevas tecnologías", Editorial Alfa, Caracas, 2012: 177)

Ilustración: Keith Park.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

SECADURA DE TINTA

EL UNIVERSAL, Caracas, 16 de Noviembre de 2012
El libro venezolano, o los trabajos de Sísifo
MARIANO NAVA CONTRERAS 

En una reciente entrevista al director de la editorial Monte Ávila, el escritor Carlos Noguera, se expresan interesantes conceptos acerca de las políticas y los criterios del gobierno venezolano con respecto de la difusión del libro y la promoción de la lectura. Para el funcionario, que dirige la más importante editorial del Estado, gran parte de los problemas del libro venezolano se resuelven con la creación de una agencia literaria -idea que además debemos al ministro Calzadilla-, pues el asunto radica fundamentalmente en fallas de distribución. Sin embargo, esta solución, aparentemente sencilla, choca con un formidable obstáculo, pues, añade el funcionario, una agencia literaria "tiene un sentido, primordialmente, mercantil", y ello, "sería un contrasentido en el sector oficial". A esto se suma el desdén de que son objeto, según Noguera, los títulos oficialistas por parte de las librerías privadas, las cuales "no aceptan los libros de Monte Ávila". Así que con la ideología hemos topado. Por lo demás, la entrevista está salpicada de términos como "todavía no hemos dado con la solución", "no lo hemos logrado", "no hemos acertado". Catorce años después.
Vamos a estar claros. Mientras que la mayoría de los países iberoamericanos han sido exitosos al promocionar su literatura en el exterior, nosotros apenas hemos sido conocidos por los que han sido los únicos productos de exportación de la cultura venezolana: la telenovela y el Miss Venezuela. Hoy, que también estos se han venido a menos, supongo que estaríamos mejor representados por las narcomisses y las narcomodelos, especie de heroínas populares que últimamente se han puesto tan de moda.
La verdad es que, en su afán estatizador, este gobierno ha repetido y  profundizado los errores cometidos por sus predecesores. No solo ha sostenido las editoriales oficiales tradicionales (cosa ya bastante inexplicable), sino que además ha creado otras, sin querer sustraerse a la tentación de ideologizar su producción. En su obsesión por controlarlo todo, ha estrangulado el funcionamiento de las editoriales y las distribuidoras privadas, ha restringido la libre importación de libros y ha impuesto una superestructura totalitaria destinada a controlar el pensamiento y la literatura. Me refiero a nuevas editoriales como El Perro y la Rana, a la red de librerías Del Sur (cuando están abiertas) y ferias del libro como Filven, destinadas casi exclusivamente a la producción y mercadeo del libro oficialista. Ahora dicen que quieren fundar una agencia literaria, de la que me permito dudar que se beneficien todos los escritores, de todas las ideologías.
En los países cultos, la literatura no es problema de un gobierno, es un asunto de Estado. Allí se entiende que las letras y el pensamiento cumplen la importantísima función de establecer el modelo de la lengua culta, canalizar y propagar las ideas, darle prestigio al país, en otras palabras, producir una cultura nacional. Tarea demasiado importante para dejarla a la improvisación de un gobierno, y que pertenece más bien a todo el país pensante. Por eso el Estado se limita a propiciar las circunstancias adecuadas para el desarrollo de la industria cultural. A garantizar un clima de libertad y tolerancia que estimule a los creadores. Allí, el Gobierno no se pone a fundar editoriales y cuanta oficina pueda llenarse de burócratas y oportunistas, a inventar "bodegas culturales" y cuanto sarao y expoventa pueda ocurrirse. La iniciativa la deja a los ciudadanos particulares, en cuyo talento y capacidades confía.
A corto plazo no soy optimista. La vigorización de la literatura y de la industria cultural en Venezuela no es un problema de falta de talentos. Todo lo contrario. Nuevas generaciones de dotadísimos escritores continuamente se incorporan al oficio, sumando su pluma a la de los veteranos maestros de siempre. Las librerías privadas siempre estarán dispuestas a vender, que es su trabajo, y no es su culpa si los viejos panfletos políticos ya no se venden. El problema de fondo está en que se entienda de una vez que la creatividad siempre ha estado reñida con los controles y la opresión, y que no hay nada que repugne más a la verdadera literatura que la mediocridad.

Ilustración: Keith Parks.

DESOBRA

EL UNIVERSAL, Caracas, 19 de Diciembre de 2012
Incultura democrática
No lograron nuestros líderes educarnos para una vida democrática
MARÍA TERESA ROMERO

Si algo quedó clarísimo de los dos procesos electorales que acabamos de transitar, es que el déficit de cultura democrática del venezolano es más profundo de lo que creíamos. En realidad, nunca en nuestra historia republicana nos caracterizamos por tener una firme creencia de que los procedimientos e instituciones democráticas constituyen el modo más apropiado de gobernar la vida colectiva, acogiendo y respetando los mandatos constitucionales y las reglas de juego establecidas; tampoco por la disposición a vivir y actuar como ciudadanos activos y constructores de democracia; y menos por la práctica del respeto y la tolerancia hacia las ideas ajenas.
Podríamos decir que la excepción fueron los 40 años de democracia representativa en que las elites políticas, militares, empresariales y sindicales se unieron, apoyadas en la Constitución de 1961, para instaurar y desarrollar un proyecto democrático. Pero a pesar de todos sus logros, ese sistema no dejó de ser fuertemente presidencialista, centralista, clientelista y populista. Las elites lograron establecer, con todo y sus vicios e imperfecciones, una forma de organización del Estado en que las decisiones colectivas eran adoptadas mediante mecanismos de participación popular representativos que confirieron legitimidad a sus representantes.
No lograron nuestros líderes educarnos para una vida democrática. No se dedicaron a fijar valores, creencias, convicciones y conductas ciudadanas necesarias para construir y garantizar la solidez y permanencia de un sistema democrático. No hubo verdadera conciencia de que para contar con instituciones democráticas fuertes es indispensable la existencia de una cultura política democrática arraigada entre la población.
Por ello, la mayoría de los venezolanos de hoy han sido tan fáciles de caer en las garras de un destructivo caudillo militar, de su proyecto totalitario y neocomunista camuflado bajo el manto de una democracia electoral instaurada a fuerza de un populismo y una propaganda sin precedentes en nuestra historia.
Ilustración: Keith Parks
Breve nota LB: Una inmensa obra de demolición en más de una década.  Desobra que no pudo acometer en los instantes iniciales del régimen, por esa básica cultura democrática que lo obligó a una limpia consulta lectoral por 1998.

lunes, 17 de diciembre de 2012

ACACIO, EL BAUTISTA

San Lucas,  3: 10-18

En su homilía de ayer, el Padre Roberto Martialay (SJ) versó sobre la insistencia en el anuncio de Juan el Bautista. Anunciador y predecesor que despierta a los oyentes que, al preguntarse, desean cambiar, convertirse. ¿Qué debemos hacer?

Hay quienes defienden los derechos humanos para defenderse a sí mismos, mostrando el egoísmo. Todos tenemos derechos y deberes humanos que cumplir, desde el ámbito de nuestros oficios o profesiones: médicos, carpinteros, enfermeras, abogados, hombrs de negocios, etc., con una moral específica. Es lo mismo la ética y la moral: una como costumbre y la otra que habla de las propias obligaciones, en el periodista que ha de decir la verdad, en el juez que ha de impartir justicia con equidad, etc.

Si todos nos preguntamos qué debemos hacer, nos encaminamos hacia la sociedad de la justicia, del compartir, de la honradez. A nadie se le pide más de lo exigido. Abrirse hacia los demás es el comienzo del Reino de Dios.

A la Sagrada Familia nadie les hace caso ni les abren sus puertas, siendo el hijo de Dios recibido por los animales. En tiempos de Adviento hay que reflexionar al respecto.

Ha muerto recientemente el sacerdote jesuita Acacio Belandia, el Bautista que entregó su vida a los demás. Amó a Jesús, a  los pobres, a la Iglesia Latinoamericana, como monseñor Romero, Pere Casaldàliga, Pere Casaldàliga. Acacio luchó por la Iglesia de los pobres en un lugar de muchos peligros, con la guerrilla colombiana y bolivariana, con una Guardia Nacional que no actúa ni impone la ley. No podemos callar más, pues la Guardia Nacional ni los jueces imponen respeto. Acacio como Juan el Bautista en la difícil zona del Alto Apure.

So, 3: 14-18
Salmo 12
Fil 4, 4-7

Ilustración: Keith Parks

DE LO EFÍMERO Y TRASCENDENTE

NOTITARDE, Valencia, 16 de Diciembre de 2012
"Caminando con Cristo"
Cristo nos trae alegría y paz (Lc. 3,10-18)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes

Este tercer domingo de adviento es conocido como el "Domingo de la Alegría", porque nos anuncia la llegada inminente del Mesías y Salvador de la humanidad. La celebración de la primera venida del Señor al mundo (La Navidad), nos trae contento, paz y gozo de saber que Dios en persona nos ha venido a salvar, que viene al encuentro de cada hombre para ofrecerle el camino que conduce a la felicidad plena. Al mismo tiempo, el cristiano católico que espera el retorno o la manifestación total del Señor al final de los tiempos (según lo confesamos todos los domingos en el credo de nuestra fe cristiana católica, basado en las mismas palabras del Señor que promete su regreso al mundo) no lo hacemos llenos de miedo, angustia, terror o desesperación; todo lo contrario, aguardamos la venida gloriosa del Señor con la paz y serenidad que nos regala el mismo Señor, con la certeza de quien trata de vivir sus palabras de vida eterna, de cumplir sus mandamientos que se resumen en el amor.
Ante un mundo que nos ofrece una alegría superficial pasajera; ofreciendo dinero, fama, sexo, alcohol, drogas, consumismo, que para muchas personas es la razón de existir, Dios nos ofrece amor, paz, alegría, oportunidad de experimentar el gozo de ser amados eternamente y de participar y corresponder al amor de Dios y de los hermanos. Dios nos renueva desde dentro para transformarnos con su gracia cuando le abrimos el corazón a Él por la fe y esto produce un profundo gozo que nada ni nadie nos puede arrebatar, ya que Dios viene a habitar dentro del corazón de la persona que cree en Él y espera en Él y nada puede producir más alegría que tener a Dios a nuestro lado, como nuestro amigo, el creador de todas las cosas, el que lo puede y realiza todo y que nos colma con sus bendiciones.
Este tercer dominsdgo de adviento nos invita a estar alegres (Fil. 4, 4-7), porque quien tiene a Cristo en su vida lo tiene y lo puede todo, supera las adversidades, tiene fuerzas para sobreponerse a los momentos difíciles de la vida, encuentra la paz que sólo Dios puede ofrecer, vida plena y sobre todo aprende a amar con amplitud y experimenta el gozo de ser amado.
La alegría del cristiano nace del sentirse amado y de aprender a amar a Dios y a los demás, de tender la mano a los que menos tienen, a los que pasan necesidad, a saber compartir lo mucho o lo poco que se tiene como contrario al egoísmo, a vivir en la honestidad y la justicia como oposición a la corrupción y a la maldad, a vivir en la verdad y la paz como rechazo a la calumnia y la violencia. Todo esto por amor y como reflejo que el cristiano sigue a Cristo, modelo y maestro de la humanidad y verdadero Dios que ha venido a redimirnos del pecado y de la muerte eterna.
Ante tantos mesianismos falsos que se presentan en nuestro tiempo, ante tantas ofertas de felicidad y vida confortable, ante tantos que especulan y manipulan con la fe, con discursos atractivos, pero llenos de mentira, ante aquellos que lo que buscan es llenarse los bolsillos con la fragilidad de otros, el cristiano necesita poner su mirada y toda su vida en el verdadero Mesías y Salvador anunciado y proclamado por Juan El Bautista. El viene con poder, el nos dona su Espíritu Santo, nos unge con su gracia, tiene la autoridad para conceder vida eterna y llevarnos a la Casa del Padre. Él es la Buena Noticia que viene a la vida de cada ser humano y le asegura felicidad en esta vida y luego gozo sin fin, junto a Dios y todos los santos en la eternidad y ésta promesa la ha sellado con su sangre, muriendo en la cruz y resucitando. Es el auténtico Mesías que ha atestiguado sus palabras con el sacrificio de la cruz, hecho de una vez para siempre. Por tanto, acerquémonos a Él y encontraremos todo aquello que necesita nuestra vida presente y futura: amor, paz y alegría sin fin.
IDA Y RETORNO: hoy es un día para cumplir con Venezuela, para contribuir a que la democracia se fortalezca, no son momentos para la indiferencia o apatía, es momento para elegir en conciencia aquel candidato a gobernador que haga que Carabobo y Valencia progresen y sea un Estado modelo. Salgamos a votar con alegría.
A todos mis lectores, a todos los cristianos católicos de nuestra Arquidiócesis, a los hombres y mujeres de buena voluntad que hacen vida en nuestra región, les deseo de corazón una Feliz Navidad. Que el Señor Jesús bendiga sus hogares, los ayude en sus necesidades, los consuele en sus tristezas y sobre todo llene sus corazones de fe, esperanza y amor. Que aprovechen estos días para vivir la fraternidad, la unidad, el encuentro familiar, el perdón y pongan ante el pesebre o el arbolito sus buenos deseos para el nuevo año 2013. Bendiciones para todos y que podamos seguir compartiendo juntos la alegría de ser cristianos.

Ilustración: Keith Parks

DAR EL PASO

Martes, 11. Diciembre 2012 - 10:11 Hora
DOMINGO 3º DE ADVIENTO /C
Entonces, ¿qué hacemos? Lc 3,10-18
José Antonio Pagola

¿QUÉ PODEMOS HACER?

La predicación del Bautista sacudió la conciencia de muchos. Aquel profeta del desierto les estaba diciendo en voz alta lo que ellos sentían en su corazón: era necesario cambiar, volver a Dios, prepararse para acoger al Mesías. Algunos se acercaron a él con esta pregunta: ¿Qué podemos hacer?
El Bautista tiene las ideas muy claras. No les propone añadir a su vida nuevas prácticas religiosas. No les pide que se queden en el desierto haciendo penitencia. No les habla de nuevos preceptos. Al Mesías hay que acogerlo mirando atentamente a los necesitados.
No se pierde en teorías sublimes ni en motivaciones profundas. De manera directa, en el más puro estilo profético, lo resume todo en una fórmula genial: "El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, que haga lo mismo". Y nosotros, ¿qué podemos hacer para acoger a Cristo en medio de esta sociedad en crisis?
Antes que nada, esforzarnos mucho más en conocer lo que está pasando: la falta de información es la primera causa de nuestra pasividad. Por otra parte, no tolerar la mentira o el encubrimiento de la verdad. Tenemos que conocer, en toda su crudeza, el sufrimiento que se está generando de manera injusta entre nosotros.
No basta vivir a golpes de generosidad. Podemos dar pasos hacia una vida más sobria. Atrevernos a hacer la experiencia de "empobrecernos" poco a poco, recortando nuestro actual nivel de bienestar, para compartir con los más necesitados tantas cosas que tenemos y no necesitamos para vivir.
Podemos estar especialmente atentos a quienes han caído en situaciones graves de exclusión social: desahuciados, privados de la debida atención sanitaria, sin ingresos ni recurso social alguno... Hemos de salir instintivamente en defensa de los que se están hundiendo en la impotencia y la falta de motivación para enfrentarse a su futuro.
Desde las comunidades cristianas podemos desarrollar iniciativas diversas para estar cerca de los casos más sangrantes de desamparo social: conocimiento concreto de situaciones, movilización de personas para no dejar solo a nadie, aportación de recursos materiales, gestión de posibles ayudas...
La crisis va a ser larga. En los próximos años se nos va a ofrecer la oportunidad de humanizar nuestro consumismo alocado, hacernos más sensibles al sufrimiento de las víctimas, crecer en solidaridad práctica, contribuir a denunciar la falta de compasión en la gestión de la crisis... Será nuestra manera de acoger con más verdad a Cristo en nuestras vidas.

REPARTIR CON EL QUE NO TIENE

La Palabra del Bautista desde el desierto tocó el corazón de las gentes. Su llamada a la conversión y al inicio de una vida más fiel a Dios despertó en muchos de ellos una pregunta concreta: ¿Qué debemos hacer? Es la pregunta que brota siempre en nosotros cuando escuchamos una llamada radical y no sabemos cómo concretar nuestra respuesta.
El Bautista no les propone ritos religiosos ni tampoco normas ni preceptos. No se trata propiamente de hacer cosas ni de asumir deberes, sino de ser de otra manera, vivir de forma más humana, desplegar algo que está ya en nuestro corazón: el deseo de una vida más justa, digna y fraterna.
Lo más decisivo y realista es abrir nuestro corazón a Dios mirando atentamente a las necesidades de los que sufren. El Bautista sabe resumirles su respuesta con una fórmula genial por su simplicidad y verdad: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo». Así de simple y claro.
¿Qué podemos decir ante estas palabras quienes vivimos en un mundo donde más de un tercio de la humanidad vive en la miseria luchando cada día por sobrevivir, mientras nosotros seguimos llenando nuestros armarios con toda clase de túnicas y tenemos nuestros frigoríficos repletos de comida?
Y ¿qué podemos decir los cristianos ante esta llamada tan sencilla y tan humana? ¿No hemos de empezar a abrir los ojos de nuestro corazón para tomar conciencia más viva de esa insensibilidad y esclavitud que nos mantiene sometidos a un bienestar que nos impide ser más humanos?
Mientras nosotros seguimos preocupados, y con razón, de muchos aspectos del momento actual del cristianismo, no nos damos cuenta de que vivimos "cautivos de una religión burguesa". El cristianismo, tal como nosotros lo vivimos, no parece tener fuerza para transformar la sociedad del bienestar. Al contrario, es ésta la que está desvirtuando lo mejor de la religión de Jesús, vaciando nuestro seguimiento a Cristo de valores tan genuinos como la solidaridad, la defensa de los pobres, la compasión y la justicia.
Por eso, hemos valorar y agradecer mucho más el esfuerzo de tantas personas que se rebelan contra este "cautiverio", comprometiéndose en gestos concretos de solidaridad y cultivando un estilo de vida más sencillo, austero y humano.

Fuente: http://www.musicaliturgica.com/0000009a2106d5d04.php
Ilustración: Keith Parks.