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domingo, 16 de septiembre de 2018

CUANDO EL EQUIPAJE ES TODO UN LUJO

La xenfobia calculada
Luis Barragán


Corren los asesores para buscar una solución que, dejando intactas las causas, le permita a la dictadura administrar el problema. La diáspora, en general, y el éxodo en particular, ambos masivos, se debe a la catástrofe humanitaria de un país, faltando poco, bajo censura y represión, pero – siendo motivo suficiente de vergüenza –  todo está en darle la vuelta al asunto, con absoluta cara de tabla.

De sencillo diagnóstico, mal que bien, unos están establecidos más allá del charco del Atlántico o del Pacífico, siendo necesario ponerle la mano a las remesas, pues, no se entiende un régimen socialista sin ellas (para todo lo demás, plomo y candela). Y, los otros, sobre ruedas o a pie,  corren peligros por cuenta enteramente propia, colapsando los servicios públicos de países a los que accedemos por la vía terrestre.

Valga otro dato, unos mercenarios por aquí y, otros, por allá, añadidos los “marielitos”, o el hampa contrabandeada,  genera reacciones de importante valor político, como la xenofobia. Entonces, bien calculada ésta, tenemos un doble chantaje para despejar la incógnita, hacia adentro y hacia afuera.

Ventana adentro, la dictadura es más xenofóbica como el que más y bastará calcular cuántos colombianos, portugueses, ecuatorianos, italianos, centroamericanos o españoles, habrá acá e, importando poco que ya no lo son, porque hablamos de venezolanos de varias generaciones, servirá para inculparlos de nuestro propio colapso, tener o enemigo más concreto que el espectro imperial y hasta pedir indemnización a los gobiernos de los países de origen.  Ventana afuera, se le mete más presión a la región, buscando desestabilizarla políticamente, atizando la xenofobia que nos embroma, para que dejen a la dictadura en paz, con todos sus desmanes, y hasta financien el regreso a casa: para ello, idearon la misión Vuelta a la Patria que no había computado la posibilidad de una prórroga práctica de los pasaportes vencidos.

Complicado todo, los asesores trabajan sobre una reposición de la defensa de Bahía de Cochinos, con discursos y todo, pues, es algo para que debe durar, como ocurrió en Cuba.  Mientras tanto, sigue la campaña de intimidación aquí y más allá, recorriendo cuanta carretera se ofrezca, por larga, riesgosa y penosa que sea.

Capturas de pantalla: Escena de un viejo filme de "Los tres chiflados".
17/09/2018:
http://www.diariocontraste.com/2018/09/la-xenofobia-calculada-por-luis-barragan-luisbarraganj/
https://noticiasdevenezuela.org/2018/09/17/la-xenofobia-calculada-por-luis-barragan-luisbarraganj/

Declaración para TSV, Maracay, estado Aragua: 14/09/2018.  El periodista
nos preguntó directamente sobre la materia.


martes, 11 de septiembre de 2018

ORQUESTACIÓN DE UNA CAMPAÑA XENOFÓBICA

Obvio que son y somos más venezolanos que Maduro

“De dudosa nacionalidad, Nicolás Maduro embiste ahora contra la histórica inmigración de quienes son venezolanos como el que más”, sentenció el diputado Luis Barragán, integrante de la Fracción Parlamentaria 16 de Julio al referirse a la anunciada  demanda de indemnización contra el gobierno de Colombia.

“Apelando a un chauvinismo deleznable, paradójico cuando versamos sobre los más insignes defensores de los intereses de la dictadura cubana, el régimen apunta a más de cinco millones de neogranadinos establecidos por varias generaciones acá que, está demás aseverar, se han hecho y son sobradamente venezolanos. Sufren como tales al país que aman y mal puede, en la búsqueda desesperada de recursos, bajo cualquier pretexto, desconocerlos un régimen que no les hace favor alguno”.

Indicó el parlamentario que, desde varias semanas, la dictadura ha venido perfeccionando un discurso de segregación entre los venezolanos para alentar el éxodo y generar mayores problemas en la región.

“Ante la huida desesperada de los venezolanos, un drama que debería avergonzarle, la dictadura la ensaya como un vulgar mecanismo de chantaje a los países vecinos, buscando desestabilizarlos y colapsar sus servicios públicos. Desde hace varias semanas, ha probado un lenguaje que es de segregación y, lejos de reconocer que los hay dispuestos a resistir y a enfrentarla, la dictadura falazmente argumenta que no se han ido por sus supuestas bondades. En el fondo, la campaña está orquestada para generar xenofobia, llegando incluso a inventar una tal y ridícula demanda contra gobiernos extranjeros por las atenciones dispensadas a ciudadanos que son venezolanos, por más que tengan como origen otros países y hasta compartan la nacionalidad”.

Finalmente, expresó el diputado de Vente Venezuela que nuestro país ha sido un referente migratorio del cual se siente orgulloso.

“Históricamente, hemos abierto las puertas a los ciudadanos del mundo que también construyeron la República Civil que ahora pretende La Habana destrozar. Además, en las malas y en las buenas,  no desean irse y, al reivindicar su sentimiento venezolanista, tampoco vivir en Colombia, Ecuador, Perú, Italia, Portugal, España, China o en los países árabes que los vieron nacer. Nicolás Maduro puede inventarse cualquier pretexto, pero luce demasiado obvio que ellos son y somos más venezolanos que él”.

Referencia: http://lbarragan.blogspot.com/2018/09/ocurrencia.html

11/09/2018:
https://www.lapatilla.com/2018/09/11/diputado-luis-barragan-la-dictadura-orquesta-una-campana-xenofobica/
12/09/2018:
http://www.ventevenezuela.org/2018/09/12/luis-barragan-maduro-embiste-ahora-contra-la-historica-inmigracion-de-venezolanos-que-huyen-por-nuestras-fronteras/
http://www.elimpulso.com/noticias/nacionales/diputado-barragan-maduro-embiste-contra-la-historica-inmigracion-de-venezolanos-que-huye-por-nuestras-fronteras-12sep
https://notiespartano.com/2018/09/12/luis-barragan-maduro-embiste-ahora-contra-migrantes-venezolanos/
https://theworldnews.net/ve-news/diputado-luis-barragan-la-dictadura-orquesta-una-campana-xenofobica

Fotografías: En la sede administrativa de la Asamblea Nacional, recibimos y conversamos con Antonella Marty, asesora del Senado Argentino. En las gráficas, junto a los diputados Dignora Hernández y Richard Blanco, AntonellaMarty.

OCURRENCIA

Maduro exigirá a Colombia indemnización por los colombianos que viven en Venezuela

Luis Sequera / 10 sep 2018.- El presidente de la Republica, Nicolás Maduro, pidió al gobierno de Colombia que indemnice al país por todos los colombianos que reciben ayuda social por parte del Estado, al mismo tiempo que acusó a la “oligarquía bogotana” de impulsar un plan para desprestigiar a Venezuela.

“Vamos a usar todo los mecanismo internacionales para demandar que el gobierno de Colombia indemnice a Venezuela por los 5.600.000 colombianos que están aquí y tiene trabajo, sueldo, pensiones, seguridad social, educación pública, vivienda, salud y, que vinieron a Venezuela en condiciones de pobreza, no se conoce un caso en que hayan venido con riquezas a invertir en Venezuela, vinieron con una mano adelante y otra atrás”, expresó.

De igual manera afirmó que Venezuela es el segundo país del continente que recibe mayor número de migrantes.

“Venezuela tiene casi el 30% de su población, de un país de casi 30 millones de habitantes, son migrantes de otros países (…) de Colombia 5.600.000, de Ecuador 500 mil, de Perú 500 mil, de Portugal 400 mil, de Italia 200 mil, de España 250 mil, del mundo árabe un millón aproximadamente, de la China 500 mil”, puntualizó el mandatario.

Posteriormente, aseguró que “la oligarquía colombiana ha llevado adelante toda esta campaña en contra de Venezuela” para que sea intervenida internacionalmente.

“La oligarquía bogotana ha llevado adelante toda esta campaña en contra de Venezuela, es un plan loco, es un plan estúpido, porque pensar que pueden intervenir Venezuela es cosa de gente estúpida, a Venezuela no la toca nadie. Venezuela seguirá en paz, asumiendo su recuperación económica, construyendo su prosperidad y, (…) seguirá dando lecciones a las oligarquías del mundo de que si se puede”, manifestó.

Con respecto a la reunión que entabló este lunes la Comisión de Seguridad de la ONU para tratar el tema de la crisis humanitaria en el país bajo la denominada “Fórmula Arria”, dijo lo siguiente:

“Sobre Venezuela hay una gran operación mundial mediática, para posicionar una matriz de supuesta crisis humanitaria. En los planes locos, una intervención militar en Venezuela, nosotros no debemos ninguna pertinencia a que un plan de estos tenga éxito, ni crisis humanitaria ni intervención militar”, aseveró.

Finalmente el jefe del Ejecutivo Nacional denunció que “esta campaña internacional mundial de difamación, además ha querido justificar que en Venezuela se dé un golpe de estado, como lo denuncia el New York Time. Ha sido acepado por el gobierno de los EEUU, un atentado terrorista, como con el que intentaron matarme el 4 de agosto. Hemos pasado todas las pruebas y hemos demostrado que somos indestructibles e invulnerables”, finalizó.

Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2018/09/maduro-solicitara-indemnizacion-colombia-ciudadanos-ese-pais-venezuela/

sábado, 1 de septiembre de 2018

UN - ANTES - IMPENSABLE FENÓMENO

EL UNIVERSAL, Caracas, 01/09/2018
Xenofobia o aporofobia
Baltazar Porras

El éxodo de venezolanos hacia el exterior se ha convertido en el mayor de toda la historia de América Latina, en un país en el que la emigración era un fenómeno reducido a pocas personas. Ni siquiera los hijos o descendientes de inmigrantes o descendientes de inmigrantes volvían de forma permanente a la tierra de sus mayores. Las causas las sabemos. Venezuela es víctima de un régimen que actúa en función de una ideología inhumana y no en el proporcionar a todos los ciudadanos sin distinción, la libertad, el orden y el progreso al que tienen derecho.

La experiencia interna de los venezolanos fue ser receptores cordiales de los millones de inmigrantes, sobre todo europeos y más tarde latinoamericanos, que llegaron e hicieron tienda entre nosotros. Más allá de los posibles y reales rechazos o explotación de quienes vinieron a buscar fortuna entre nosotros, los que se dedicaron con tesón y coraje a un trabajo creador, se hicieron parte nuestra y enriquecieron nuestra idiosincrasia y cultura.

Hoy la realidad es otra. Los venezolanos que emigran no encuentran en las embajadas y consulados una instancia que los acoja y ayude. Al contrario, son muchas las denuncias negativas para lo más elemental como, por ejemplo, la obtención o renovación de documentos. Hoy, también, a pesar de la acogida y apertura de no pocos gobiernos y de la actitud samaritana de instancias eclesiales como Cáritas y la iniciativa del Papa de “puentes de solidaridad”, asistimos también a un rechazo de los venezolanos en diversos lugares, calificado como xenofobia.

Lo que Adela Cortina califica con un neologismo como “aporofobia”, nos lleva a las raíces del rechazo al extranjero. No es por ser tal, sino por ser “pobre”. El turismo, por ejemplo, no rechaza a nadie por el color, la raza o la religión, porque el turista mueve la economía. Pero el extranjero que busca otro horizonte sin llevar nada más que su cuerpo, es rechazado venga de donde venga porque es pobre, sin recursos, y se convierte en un problema para la sociedad receptora. Sobran los ejemplos: los africanos y asiáticos que llegan en pateras o en barcas inseguras en aguas del Mediterráneo. Los latinoamericanos que emigran hacia el Norte… y ahora, los venezolanos que por millares cruzan a diario las fronteras buscando un mundo mejor, desnudos de recursos y huérfanos de afectos.

Cada uno de nosotros debe ver, examinar y discernir esta realidad. Es inhumano y criminal que quienes lo promueven permanezcan impávidos y ajenos al problema. Como creyentes, el testimonio, ejemplo y magisterio del Papa Francisco, nos señala una senda. Son muchas las experiencias que tienen como protagonistas a la Iglesia católica, a otras iglesias hermanas y a no pocas personas e instituciones que brindan acogida a tantos hermanos nuestros. Con serenidad, coraje y creatividad, debemos recorrer nuevos senderos para que la primera prioridad de todos sea la calidad de vida de todos sin distinción.

Fuente:
http://www.eluniversal.com/el-universal/19152/xenofobia-o-aporofobia
Cfr.
Fletado avión por Maduro para Perú: http://www.laprensa.hn/videos/?mId=R7ocv4iI
Versión TeleSur: https://www.telesurtv.net/news/89-venezolanos-vuelo-retorno-peru-venezuela-20180828-0016.html
Captura de imagen: http://elclarinweb.com/actualidad/89-venezolanos-regresaron-desde-peru

miércoles, 30 de agosto de 2017

UNA PARA VARIAS MECHAS

EL PAÍS, Madrid, 28 de agosto de 2017
 TRIBUNA
Las raíces de la violencia
Las agresiones de género, el terrorismo supremacista y los ataques yihadistas son un problema cultural y estructural. En el fondo laten las relaciones de poder que separan a hombres y mujeres, a blancos y negros, y a occidentales y musulmanes
Enrique Gil Calvo

Ahora está casi olvidado porque la onda expansiva del atentado de Barcelona ha tapado cualquier acontecimiento anterior. Pero este mismo verano se han sucedido varios fenómenos relativos a la violencia íntimamente asociados. El precedente inmediato fue el atentado de Charlottesville, cuyo asesino empleó idéntico modus operandi que el perpetrado en las Ramblas. Y no era un yihadista musulmán sino un cristiano supremacista blanco. Aquello desató un vendaval mediático provocado por la increíble tolerancia mostrada por Trump. Pero aunque a menor escala local, otro parecido escándalo se produjo en España una semana antes, cuando el presidente canario Fernando Clavijo declaró, al hilo del enésimo feminicidio, que “la violencia machista es un problema de personas individuales”. Pues bien, al margen de la utilización política de esos crímenes por parte de las autoridades, ya sean los gobiernos español y catalán o los presidentes estadounidense y canario, aquí destacaré el hilo conductor de naturaleza sistémica o estructural que vincula entre sí a los tres tipos de terrorismo machista, racista o yihadista.

Lo más corriente es atribuir su causa al fanatismo cultural o al perfil psicológico de autores o víctimas, prescindiendo de otros factores sociales más profundos, entre los que destaca un elemento casi siempre olvidado, como son las relaciones subyacentes de poder. Lo cual equivale a poner la carreta delante de los bueyes, invirtiendo la relación entre causas y consecuencias. Pues estos crímenes no deben explicarse tan solo por los factores individuales o culturales que manifiestan sino por sus raíces estructurales o sistémicas. La causa determinante en última instancia es siempre la insuperable fractura derivada de la desigualdad estructural, en términos de relaciones de poder, que separa a hombres y mujeres, a blancos y negros (o morenos) y a occidentales y musulmanes, por los cuales estos (mujeres, negros y moros) están dominados por aquellos (hombres blancos occidentales).

Analicemos el caso de la pandemia feminicida. Para Clavijo, los crímenes misóginos no tienen causas sociales pues sólo serían una fortuita coincidencia de casos singulares desconectados entre sí. Ahora bien, si esta errónea presunción resulta preocupante es porque inspira no sólo a ciertos cargos públicos como el citado sino a las demás instituciones encargadas de perseguir la violencia criminal. Así ocurre con el Ministerio del Interior, que ha patrocinado oficialmente una macroinvestigación universitaria sobre la violencia de género dirigida por catedráticos masculinos de criminología que sólo utilizan el individualismo metodológico como perspectiva investigadora. Y este reduccionismo criminológico no sólo es ineficaz para explicar la prevalencia de las epidemias sociales sino que además contradice la filosofía sistémica que inspira la vigente Ley contra la Violencia de Género de 2004, expresamente confirmada por el Tribunal Constitucional.
  
Pero en el caso de la violencia supremacista o yihadista ocurre lo mismo. Los asesinos matan como agentes individuales y lo hacen movidos por razones personales, como no podía ser de otro modo. Es decir, que quien mata no es la misoginia, la xenofobia ni el islam sino los machistas, los racistas, los misóginos. Pero para explicar las causas y la prevalencia de sus crímenes hay que elevarse por encima del reduccionismo individual, buscando factores sociales más amplios. La violencia de género y el terrorismo supremacista o yihadista son un problema no sólo individual sino además cultural y estructural. Por tanto, para contenerla no basta con procesar y tratar a sus agentes individuales, los machistas xenófobos y fanáticos. Eso es condición necesaria pero no suficiente, pues además hace falta intervenir sobre la realidad social, combatiendo tanto los prejuicios culturales como sobre todo la injusta desigualdad institucional.

Si racistas y misóginos matan es en defensa de su propia supremacía que creen amenazada por la progresiva emancipación de las mujeres o las minorías raciales sometidas a su poder. Los hombres acosan, maltratan, violan y matan porque pueden y se creen con derecho a ello, ya que ocupan posiciones revestidas de poder sobre mujeres y migrantes. Víctimas estas que a su vez son acosadas, excluidas, maltratadas, violadas y asesinadas porque no tienen más alternativa que adaptarse a un sistema que las discrimina y las segrega, asignándolas a posiciones inferiores sometidas al poder institucional de los hombres que las rodean. Y en el caso del yihadismo ocurre lo mismo pero a la inversa, pues los muyahidines atentan, masacran y se suicidan para dar testimonio de la barrera excluyente que los segrega y discrimina, en contra de los sagrados valores de libertad igualdad y fraternidad que los occidentales profesamos de boquilla pero contradecimos en la práctica, al mantener y reforzar esas barreras del apartheid supremacista occidental encargado a nuestras instituciones (la doble red público/privada escolar, sanitaria y laboral) o a sus élites neocoloniales subalternas (las monarquías feudales y las dictaduras militares a nuestro servicio) que nos protegen de su presunta amenaza.

Por eso de poco sirve la judicialización individual del problema mientras no se toquen las causas estructurales e institucionales que lo hacen posible. Esa es la razón principal que explica el fracaso de la ley de Violencia de Género de 2004, que si bien en su preámbulo reconoce que se trata de un problema sistémico y estructural, sin embargo en su tratamiento lo reduce a un enfoque judicial y criminológico. Un encuadre individualizador condicionado además a la previa denuncia de las víctimas, lo que en la práctica implica responsabilizarlas de su propia victimación. Y esto, unido a la exclusiva tipificación de los crímenes de pareja (el uxoricidio) como la única violencia de género reconocida, dejando fuera de la ley a todas las demás formas de agresión contra la mujer (acoso, violación, trata, prostitución, etc.), determinó el frustrante desarrollo de la ley. Menos mal que ahora se ha logrado un cierto consenso en torno a la necesidad de reformarla, dando lugar al reciente Pacto de Estado aprobado en el Congreso.

Pero no sin problemas, incluidos los semánticos. Ante todo, se perpetúa la discriminación entre dos formas de violencia contra la mujer, según haya relación de pareja, o no, entre víctima y perpetrador. Contra esta injusta discriminación resulta urgente ampliar el tipo penal para que proteja no sólo a las mujeres privatizadas, propiedad de sus parejas actuales o pasadas, sino también a las mujeres libres y emancipadas sin emparejar, a las que la ley actual ignora dejándolas a su suerte. Y además hay que mantener el concepto de violencia de género frente al eufemismo de violencia machista, para subrayar que estamos ante un problema no tanto cultural como estructural. Pues lo que mata no es el machismo (como tampoco mata el racismo o el islam) sino el género: es decir, la exclusión por sistema de la mujer (o del moro, el negro o el moreno) por el simple hecho de serlo.
(*) Enrique Gil Calvo es catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid.
Fuente:
https://elpais.com/elpais/2017/08/24/opinion/1503583932_391475.html

jueves, 29 de diciembre de 2016

ABISMO

EL PAÍS, Madrid, 23 de diciembre de 2016
 ANÁLISIS
Así caen las repúblicas
Paul Krugman

Mucha gente está respondiendo al auge del trumpismo y los movimientos xenófobos en Europa leyendo historia, en concreto, la de la década de 1930. Y hace bien. Hay que estar deliberadamente ciego para no ver los paralelismos entre el auge del fascismo y la actual pesadilla política.
Pero la década de 1930 no es la única época de la que podemos aprender algo. Últimamente he leído mucho sobre el mundo antiguo. Al principio, tengo que admitirlo, lo hacía por entretenimiento y para refugiarme de las noticias, que empeoran a cada día que pasa. Pero no he podido evitar fijarme en los ecos contemporáneos de algunos capítulos de la historia de Roma, y más concretamente, en el relato sobre la caída de la República Romana.
Y he descubierto lo siguiente: las instituciones de la república no protegen frente a la tiranía cuando los poderosos empiezan a desafiar las normas políticas. Y la tiranía, cuando llega, puede prosperar aunque mantenga una apariencia de república.
En cuanto al primer punto: la política romana conllevaba una competencia feroz entre hombres ambiciosos. Pero, durante siglos, esa competencia estuvo limitada por ciertas normas aparentemente inquebrantables. He aquí lo que cuenta Adrian Goldsworthy en En el nombre de Roma: “Por muy importante que fuese para un individuo alcanzar la fama y mejorar su reputación y la de su familia, ello siempre debía estar supeditado al bien de la república... Ningún político romano decepcionado recurría a la ayuda de una potencia extranjera”.
Estados Unidos era así antes, con senadores ilustres que afirmaban que debíamos “frenar en seco la política partidista”. Pero ahora tenemos un presidente electo que pidió abiertamente a Rusia que lo ayudase a difamar a su oponente, y todo indica que el grueso de su partido estaba y está conforme con ello. (Un nuevo sondeo pone de manifiesto que la aprobación de Vladimir Putin entre los republicanos ha crecido aun cuando —o, más probablemente, precisamente por ello— ha quedado claro que la intervención rusa desempeñó una función importante en las elecciones de EE UU). Ganar las luchas nacionales es lo único que importa, olvídense del bien de la república.
¿Y qué le pasa a la república como consecuencia de ello? Es famoso el hecho de que, sobre el papel, Roma nunca dejó de ser una república para convertirse en un imperio. Oficialmente, la Roma imperial seguía gobernada por un Senado que, dadas las circunstancias, se remitía al emperador (cuyo título inicialmente significaba únicamente “comandante”) para todo lo que importaba. Puede que no estemos yendo por el mismo camino exactamente —aunque ¿podemos estar seguros de ello?—, pero ya ha empezado el proceso de destrucción de la esencia democrática al tiempo que se mantienen las formas.
Piensen en lo que acaba de pasar en Carolina del Norte. Los votantes han tomado una decisión clara, y han elegido a un gobernador demócrata. La legislatura republicana no ha invalidado abiertamente el resultado —no esta vez, en cualquier caso—, pero, a efectos prácticos, le ha arrebatado su poder al gobernador, y se ha asegurado de que la voluntad de los votantes no tenga peso real.
Si sumamos cosas así a los intentos constantes de privar del derecho al voto a los grupos minoritarios, o al menos disuadirles de que voten, tenemos los cimientos de un Estado monopartidista de facto: uno que sigue fingiendo que existe una democracia, pero que ha amañado el juego para que el bando contrario nunca gane.
¿Por qué está pasando esto? No pregunto por qué los votantes blancos de clase trabajadora respaldan a políticos cuyas políticas los perjudican (volveré sobre ese asunto en futuras columnas). Mi pregunta es más bien por qué a los políticos y los funcionarios de uno de los partidos ya no parece importarles lo que antes se consideraban valores estadounidenses fundamentales. Y seamos claros: este es un problema republicano, no algo que “los dos bandos hacen”.
¿Y qué impulsa ese comportamiento? No creo que sea algo puramente ideológico. Los políticos que supuestamente defienden el libre mercado están descubriendo que el capitalismo basado en el amiguismo funciona bien siempre que los amigos sean los correctos. No guarda relación con la lucha de clases; la redistribución de la riqueza de las clases baja y media entre los adinerados está presente en todas las políticas republicanas modernas. Yo diría que el ataque contra la democracia se debe simplemente al arribismo de los burócratas de un sistema aislado de las presiones externas mediante unas circunscripciones electorales manipuladas, una lealtad partidista inquebrantable y cantidades ingentes de ayuda económica de los plutócratas.
Lo único que les importa a esas personas es acatar la disciplina del partido y mantener el dominio de este. Y sí, a veces, parecen consumidas por la rabia contra cualquiera que cuestione sus actos, y bueno, así es como responden siempre los piratas cuando se los acusa de piratería.
Todo esto deja clara una cosa: que la enfermedad de la política estadounidense no empezó con Donald Trump, como tampoco la enfermedad de la República Romana empezó con César. Los cimientos de la democracia hace décadas que se están erosionando, y nada garantiza que alguna vez sea posible restaurarlos.
Pero si albergamos alguna esperanza de redención, tendremos que empezar por admitir lo mal que está la situación. La democracia estadounidense se encuentra al borde del abismo.
(*) Traducción de News Clips.

Fuente:
http://economia.elpais.com/economia/2016/12/21/actualidad/1482348147_335235.html

domingo, 20 de noviembre de 2016

¿Y LOS NUEVOS E INEVITABLES AMANECERES?

De cierta epidemia del retroceso
Luis Barragán


Recientemente, nos enteramos del propósito que tiene el llamado Frente Nacional del Pueblo Panameño, de protestar a los venezolanos que habitan la patria común del sueño de Bolívar. De las pretendidas actividades xenofóbicas, supimos por el texto de un joven periodista, Angelo Bernal, quien – por cierto – no había nacido aún cuando el país del itsmo recuperó su vida democrática, después de largas y dolorosas dictaduras, circunstancia profundamente significativa; e incorporamos la perspectiva facebookeana de Patricia Andrae, acertada en la crítica de nuestros compatriotas.

Transitábamos la misma edad de Bernal al explicar nuestra militancia política, desde sus inicios,  con una activa solidaridad a favor de los pueblos  latinoamericanos sometidos a los más sanguinarios regímenes de fuerza. Militancia juvenil que, desde mediados de la década de los setenta, participó de las protestas contra el gobierno dictatorial de Omar Torrijos, además, versionado por ciertos sectores como expresión de un proyecto progresista, depositario de todas las bondades del planeta, absolutamente intolerante a la menor disidencia, superado después por Manuel Noriega.

Además, no sólo era tan vehemente la protesta que obligaba a Torrijos a responder a los  más numerosos e inconformes sectores venezolanos, sino que, al mismo tiempo, la plena recuperación del Canal para los panameños, se  convirtió en una bandera fundamental de nuestra política exterior, la trazada por varios gobiernos, la concursada por diferentes sectores de la oposición. Y ello ocurría cuando en Venezuela hubo una democracia estable y económicamente la situación era envidiable, con elevados niveles de vida que, en lugar de promover la indiferencia y el rechazo, ocurriendo todo lo contrario, reafirmó nuestra identificación con los pueblos más sufridos del continente, abriéndoles las puertas.

Puede ocurrir que haya malestares, incomodidades y hasta irritaciones con la migración venezolana o la procedente de otros países, reconocido el derecho de manifestar y de corregir situaciones, pero resulta incomprensible e inaceptable que suscite tamaña campaña xenofóbica, dé origen a un movimiento y a una movilización que echa las bases de un fascismo francamente extemporáneo so pretexto de Venezuela. En ésta, hoy, padecemos las consecuencias de una dictadura que la ha quebrado en varios órdenes y, sin que nadie pretenda abusar de otros pueblos, ni pasar factura por viejas solidaridades, lo mínimo que se pide es comprensión de nuestras urgencias y desesperaciones.

No debe agigantarse un sentimiento de rechazo a los venezolanos que estamos en medio de una inédita crisis humanitaria, y, mucho menos, el resentimiento que pueda provocar entre los panameños, pues, al fin y al cabo, tenemos un irrenunciable destino común que enderezar y enriquecer. Esto que llaman chavismo, una epidemia del retroceso, el que ha tratado de comprar con sus dádivas a todo un continente, está pasando y pasará para que protagonicemos nuevos amaneceres, juntos, en libertad y democracia, con toda América.
21/11/2016:
http://www.diariocontraste.com/2016/11/vocacion-de-poder-por-luis-barragan-luisbarraganj

DOS NOTAS SOBRE LOS VENEZOLANOS Y LOS PANAMEÑOS EN ... PANAMÁ

Sobre la reacción de los panameños
Patricia Andrade

Tal como decía la invitación para la protesta que está ocurriendo en Panamá (no más arepas, no más tequeños, etc) muchos panameños están rechazando a los venezolanos por diversas razones, desde que son arrogantes, insultan y maltratan al panameño, quieren imponer las costumbres Venezolanas sobre las panameñas, no obedecen las leyes, la tan mala costumbre de la viveza criolla, los que llegan a delinquir, querer llamar a Panamá, Panamazuela, no ser agradecido con el país que les abre las puertas, que están llegando solo con $500 que se piden para llegar y al gastárselos, están en situación de calle, que están "robándole empleo a los panameños", que al no pagar seguro social, trabajar por "la izquierda" cobran menos y le quitan trabajo al panameño. Exigen cambios en la ley de inmigración para controlar tanta llegada de inmigrantes porque "no hay cama para tanta gente"(decía una señora) y piden a los venezolanos ser "humildes y agradecidos"con un país que les abre sus puertas. Dicen estar cansados de ser insultados por venezolanos y tener que aguantarles las groserías y espectáculos que hacen. Qué triste todo esto y las quejas del mal comportamiento del venezolano en Panamá es solo de un pequeño grupo (igual pasa en USA), qué triste escuchar "no queremos a los venezolanos en Panamá!!!"
Viviendo en Miami coincido con muchas cosas que expresan los panameños: la falta de humildad, de agradecimiento, la mala costumbre de la viveza criolla, "a estos gringos yo los engaño", la indolencia!!! En fin, que Dios nos agarre confesados.

Fuente:
https://www.facebook.com/Patriciandrade?hc_ref=NEWSFEED&fref=nf

Carta Abierta al @FrenteNacionalP “No olviden su historia”
Angelo Bernal

Queridos Lectores, hoy he decidió escribir una carta pública al Frente Nacional del Pueblo Panameño, luego de la convocatoria que fuera difundida por las redes sociales sobre una cadena humana en contra de los venezolanos residenciados e inmigrantes en panamá.
Antes de comenzar esta carta pública les permitiré a los queridos hermanos panameños que han expresado su rechazo absoluto sobre los venezolanos, el significado de la palabra xenofobia según RAE (Real Academia Española) la xenofobia: es la fobia a los extranjeros.
Es complejo e intrigante creer que el pueblo del hermano país, Panamá, sienta hoy de una u otra forma una xenofobia hacia los inmigrantes venezolanos en la tierra del puente del mundo, corazón del universo.
Era imposible creer que un grupo de panameños convocaran a esta manifestación para los próximos días, siendo Venezuela la tierra de Simón Bolívar, libertador de liberadores, hombre que acompaño las luchas por la independencia Panameña, tanto es así, que en el casco histórico de la ciudad reposa la estatua de Simón Bolívar en honor y gracia a su cooperación independentista con Panamá.
Para el mundo no es un secreto que en Venezuela  vive un régimen dictatorial, un régimen que oprime y reprime, que mata y encarcela a los que piensan distinto, siendo Venezuela la tierra de Bolívar; hoy atraviesa uno de los momentos más duros de la historia republicana, los venezolanos que seguimos en Venezuela luchamos día tras día, para derrotar a la tiranía y regresar a nuestra país la soberanía, la libertad y el regreso de todos nuestros compatriotas.
Lo que hoy vivimos en Venezuela no es una historia no vivida por el pueblo panameño, desde el dictador Omar Torrijos hasta el popularmente conocido como “El hombre fuerte de Panamá”, Manuel Antonio Noriega se vivió claramente la violación a los derechos humanos, la represión, más de 207 personas asesinadas, la violación a la Constitución y a los derechos ciudadanos, no soy yo el que deba hablar de la historia política de Panamá, pero ante tal barbarie donde un grupo de panameños expuso su xenofobia contra mis hermanos venezolanos, olvidando su historia, pues me tomo la oportunidad de recordarle que hizo Venezuela por Panamá.
Fue Venezuela quien le cedió también su silla ante el Consejo Permanente de la OEA para que fuera expresado ante la comunidad latinoamericana el régimen opresor que se vivía en Panamá en esos momentos, fueron los jóvenes venezolanos, específicamente los socialcristianos quienes caminaron por las calles de Caracas hasta llegar a la Embajada de Panamá a repudiar la persecución contra los opositores a Torrijos. Siempre los gobiernos democráticos de Venezuela, tanto Socialcristianos como socialdemócratas fueron solidarios con  el pueblo panameño en su dura lucha contra la dictadura narcotraficante que había en la época de Torrijos y Noriega. No solo se fue solidario, si no que se instauró una política de estado para apoyar al pueblo; Fue Venezuela quien apoyo a Panamá ante su crisis económica, política y social que vivió en los 70,80 y 90, no obstante, la política del gobierno venezolano siempre estuvo del lado del pueblo Panameño, cuando la invasión NORTEAMERICANA a territorio del país centroamericano se efectuo, fue Venezuela la que expreso desde la OEA su postura creyente a la democracia y a la independencia de los pueblos. Tanto asi, que fue Venezuela quien desde el organismo internacional pidió en reiteras ocasiones que  el Canal de Panama fuera devuelto a quienes les correspondia, a los panameños. Y de ahí surgieron bajo las posturas de distintos países de america latina, el famoso tratado Torrijos-Carter.
Asi que hermanos panameños, en estas horas tan difíciles que atravesamos en Venezuela, donde miles de venezolanos, niños, jóvenes, adultos y hasta ancianos han ido en busca de un  futuro mejor en tierras desconocidas, mi mensaje es un mensaje de reflexión y de apoyo; para nadie debe ser cómodo representar el numero de un pasaporte, ni mucho menos ser llamado como extranjero ni ser rechazado por un grupo de xenofóbicos que se les ha olvidado la historia de su país.
Hoy Venezuela está en sus últimos días de la dictadura Chavista que ha estado en el gobierno durante 18 años, ningún venezolano desearía estar fuera de su patria, pero las circunstancia actuales son inhumanas e invivibles.
Mi mensaje final, Venezuela, la patria de Bolívar estuvo para Panamá en los momentos difíciles de su historia. No creo que el pueblo panameño sea un pueblo egoísta, que rechace con manifestaciones xenofóbicas el dolor que siente una madre venezolana que salió de su país luego de que fuera secuestrada, o de un joven que se quedó sin padre, porque fue asesinado, o la de un profesional que no tiene como vivir ni trabajar en su tierra. No lo creo, ni lo creeré….
Será temporal, desde acá trabajamos para el regreso de todos nuestros compatriotas.
Dios Bendiga a Panamá!

Fuente:
http://angelobernal.com.ve/opinion/carta-abierta-al-frentenacionalp-no-olviden-su-historia

Imágenes:
http://laestrella.com.pa/panama/nacional/venezolanos-residentes-panama-participan-concierto-venezuela/23445764
https://www.sienteamerica.com/posts/17428-venezolanos-entre-los-que-mas-solicitan-refugio-en-panama

jueves, 25 de agosto de 2016

CHIVOS EXPIATORIOS

EL PAÍS, Madrid, 25 de agosto de 2016
 TRIBUNA
Musulmanes europeos
No se puede sucumbir a la tentación de hacer de los musulmanes el chivo expiatorio de la crisis política y moral que vive Europa. Ni reducirlo todo a una permanente confrontación que es la base de la islamofobia
Luz Gómez García

El racismo y la xenofobia, impensables como lugar común hace una década, van camino de naturalizarse en Europa. Y los 21 millones de musulmanes de la Unión Europea, tanto de forma individual como colectiva, son la víctima propiciatoria más a mano. El auge de la islamofobia denota, por sí solo, que los fundamentos europeos de libertad, igualdad y solidaridad siempre fueron más bien retóricos, o lo que es lo mismo, que la crisis europea es, ante todo, una crisis de principios.
Las legislaciones inclusivas que en su día caracterizaron a la UE están siendo cuestionadas de forma alarmante por una serie de iniciativas políticas y legales que segregan a los musulmanes del resto del cuerpo social, y que a la postre acaban por discriminar al islam en tanto confesión. A su vez, la xenofobia rampante consuela a una parte creciente de la población, que escupe en términos identitarios su hastío hacia una Unión que según aumenta el número de ciudadanos en riesgo de exclusión (ya es una de cada cuatro) cercena el sueño de progreso social en que se asentaba su legitimidad simbólica. El resultado es que para demasiados europeos Europa cada vez es menos blanca, menos cristiana y menos de clase media, y hay que buscar un culpable.
Mucho ha evolucionado la relación de Europa con el islam desde que hace justo un siglo Lawrence de Arabia pronunció su fatalista ¡Maktub! (“¡Estaba escrito!”) con que justificó la traición británica a la promesa de un reino árabe independiente en Oriente Próximo. Si en la época colonial el islam sirvió como excusa para hacer del musulmán un sujeto subalterno, necesitado de la luz europea, hoy el islam forma parte de Europa, y los musulmanes europeos son ciudadanos tan dueños de su historia como los demás. Se trata de un cambio radical, si bien se está resolviendo de forma traumática para los musulmanes.
La sobredimensión de la identidad religiosa del musulmán europeo por parte de la opinión general le fuerza de continuo a tener que definirse a la defensiva. Sobre él se arroja la sombra del yihadismo, del burka o de la inmigración, últimas amenazas a una pax europaea que a estas alturas se sabe a sí misma inexistente. Hasta los chavales de secundaria se ven inducidos, ante las preguntas inquisitoriales de compañeros y profesores, a pensarse como peligrosos musulmanes. ¡Y pobre de aquel que haga valer su derecho a inhibirse! ¡Imposible: el musulmán es siempre musulmán!
Ni el flamante alcalde de Londres, Sadiq Khan, musulmán, escapa al escrutinio
Causa de esta sospecha generalizada que pesa sobre los musulmanes son, en buena medida, las políticas de los poderes públicos encaminadas a su fiscalización permanente. Los que más directamente las sufren son los jóvenes, que se ven sometidos a ellas a cambio de una ciudadanía europea que se les regatea. En Francia, el más reciente proyecto del Gobierno francés en su “guerra contra el terrorismo, el yihadismo y el islamismo radical” consiste en internar en centros de rehabilitación creados ex profeso a los jóvenes “radicales”, categoría escurridiza donde las haya. En España, la mera sospecha de “haber entrado en un proceso de radicalización” está en vías de convertirse en delito tipificado: a finales del año pasado, el Ministerio del Interior puso en marcha un servicio de denuncias anónimas para identificar a presuntos radicales. Ni el flamante alcalde de Londres, Sadiq Khan, musulmán entre otros atributos, escapa al escrutinio: durante la dura campaña electoral, su rival, el conservador Zac Goldsmith, recurrió al perfil confesional de Khan para cuestionar su patriotismo, mientras que a nadie se le ocurrió que Goldsmith pudiera ser antipatriota por su fe (que en este caso es judía). Khan, por el contrario, hizo entonces, y tras su triunfo, multitud de declaraciones conciliadoras recogidas por todos los medios.
Europa y sus musulmanes van en el mismo barco. Los musulmanes se juegan mucho, pero Europa también. El proyecto europeo, fundado en criterios igualitarios, también depende de su actitud con los musulmanes. El discurso xenófobo de los partidos neonacionalistas en auge, que hacen de la islamofobia caladero de sus votos, cuestiona a diario los más sagrados principios europeos. Su islamofobia no tiene complejos, es explícita y ufana. El peor exponente es el holandés Geert Wilders, líder del Partido por la Libertad, que compara el Corán con Mein Kampf de Adolf Hitler y pide que se prohíba. Pero de forma indirecta y más peligrosa si cabe, hay otro tipo de islamofobia que hace que se tambaleen los cimientos de la Europa integrada. Es una islamofobia de tono sutil, de argumentos ilustrados y nunca proclamada, aunque en ocasiones se descuide y desvele sin tapujos su carácter discriminador. Es en la que incurre con frecuencia el primer ministro francés, Manuel Valls, con sus distingos entre el “islamofascismo” de algunos grupos (que según el momento pueden ser los Hermanos Musulmanes o el ISIS) y la bonhomía del islam invisible. ¿Sería posible imaginar que se hablara de “cristianofascismo” o “judeofascismo” o “budeofascismo”? Ejemplos de violencia religiosa de todo signo no faltan en la historia reciente... Tampoco, si nos ponemos, del papel de la religión en la vertebración de una ética del compromiso y la dignidad humana.
Lo que los musulmanes esperan de Europa es, en esencia, pan, libertad y justicia socia
Reducirlo todo a una permanente confrontación de los musulmanes europeos con el resto de la ciudadanía es el núcleo de la estrategia islamófoba. Hacer de los musulmanes un grupo aparte, a la defensiva y con oscuras aspiraciones político-civilizacionales, es un error interesado. Lo que los musulmanes esperan de Europa es, en esencia, pan, libertad y justicia social. Nada distinto de las demandas del europeo medio, harto de la supremacía de los mercados y de que se le escamotee su soberanía. El Brexit ha congelado la sonrisa de las élites. La tentación de los líderes de la UE es meter las pelusas debajo de la alfombra. Pero el descontento de los pescadores, los obreros o los tenderos ingleses es tan legítimo que está por ver si no asistimos a una reacción en cadena al otro lado del canal de la Mancha. En Holanda, ya se jalea el Nexit. En España, por lo pronto, las recientes elecciones legislativas nos han devuelto la imagen de un país más nacionalista y menos autocrítico de lo que imaginábamos. Pretender solucionarlo con fáciles acusaciones de populismo tardoimperial en el caso británico, o de manipulación geriátrica en el caso español, no conduce a nada. Como tampoco la tentación, siempre a mano, de hacer de los musulmanes el chivo expiatorio de la crisis política y moral que vive Europa. El problema es ese: falta Europa.
(*) Luz Gómez es profesora de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid.

Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/07/14/opinion/1468525236_653947.html

sábado, 8 de agosto de 2015

INCULTO PERTINAZ

EL PAÍS,Madrid, 9 de agosto de 2015
TRIBUNA
Un millonario se divierte
Mario Vargas Llosa 

Entre los millonarios, como entre los demás seres comunes y corrientes, hay de todo: gentes de gran talento y esforzado trabajo, que han hecho su fortuna prestando una gran contribución a la humanidad, como Bill Gates o Warren Buffett, y que, además, destinan buena parte de su inmensa fortuna a obras de beneficencia y servicio social, o imbéciles racistas como el señor Donald Trump, ridículo personaje que no sabe qué hacer con su tiempo y sus millones y se divierte en estos días como aspirante presidencial republicano insultando a la comunidad hispánica de Estados Unidos —más de cincuenta millones de personas— que, según él, son una chusma infecta de ladrones y violadores.
Los dislates de un payaso con dinero no tendrían mayor importancia si las estupideces que Trump dice a diestra y siniestra en su campaña política —entre ellas figuran los insultos al senador McCain, que peleó en Vietnam, fue torturado y pasó años en un campo de concentración del Vietcong— no hubieran tocado un nervio en el electorado norteamericano y lo hubieran catapultado a un primer lugar entre los precandidatos del Partido Republicano. Por lo visto, entre éstos, sólo Jeb Bush, que está casado con una mexicana, se ha atrevido a criticarlo; los demás han mirado a otro lado, y por lo menos uno de ellos, el senador Ted Cruz (de Texas), ha apoyado sus diatribas.
Pero, por fortuna, la respuesta de la sociedad civil en Estados Unidos a las obscenidades de Donald Trump ha sido contundente. Han roto con él varias cadenas de televisión, como Univision y Televisa, las tiendas Macy’s, el empresario Carlos Slim, muchas publicaciones y un gran número de artistas de cine, cantantes, escritores, e incluso el chef español José Andrés, muy conocido en Estados Unidos, que iba a abrir uno de sus restaurantes en un hotel de Trump, se ha negado a hacerlo luego de sus declaraciones racistas.
La cultura reduce los torvos brotes de racismo, pero nunca llegan a desaparecer del todo
¿Es bueno o malo que el tema racial, hasta ahora evitado en las campañas políticas norteamericanas, salga a la luz e incluso pase a ser protagonista en la próxima elección presidencial? Hay quienes consideran que, pese a las sucias razones que han empujado a Donald Trump a servirse de él —vanidad y soberbia— no es malo que el asunto se ventile abiertamente, en vez de estar supurando en la sombra, sin que nadie lo contradiga y refute las falsas estadísticas en que pretende apoyarse el racismo antihispánico. Tal vez tengan razón. Por ejemplo, las afirmaciones de Trump han permitido que distintas agencias y encuestadoras de Estados Unidos demuestren que es absolutamente falso que la inmigración mexicana haya venido creciendo sistemáticamente. Por el contrario, la propia Oficina del Censo (según un artículo de Andrés Oppenheimer) acaba de hacer saber que en la última década el flujo migratorio procedente de México cayó de 400.000 a 125.000 el año pasado. Y que la tendencia sigue siendo decreciente.
El problema es que el racismo no es nunca racional, no está jamás sustentado en datos objetivos, sino en prejuicios, suspicacias y miedos inveterados hacia el “otro”, el que es distinto, tiene otro color de piel, habla otra lengua, adora a otros dioses y practica costumbres diferentes. Por eso es tan difícil derrotarlo con ideas, apelando a la sensatez. Todas las sociedades, sin excepción, alientan en su seno esos sentimientos torvos, contra los que, a menudo, la cultura es ineficaz y a veces impotente. Ella los reduce, desde luego, y a menudo los sepulta en el inconsciente colectivo. Pero nunca llegan a desaparecer del todo y, sobre todo en los momentos de confusión y de crisis, suelen, atizados por demagogos políticos o fanáticos religiosos, aflorar a la superficie y producir los chivos expiatorios en los que grandes sectores, a veces incluso la mayoría de la población, se exonera a sí misma de sus responsabilidades y descarga toda la culpa de sus males en “el judío”, “el árabe”, “el negro” o “el mexicano”. Remover aquellas aguas puercas de los bajos fondos irracionales es sumamente peligroso, pues el racismo es siempre fuente de violencias atroces y puede llegar a destruir la convivencia pacífica y socavar profundamente los derechos humanos y la libertad.
Es muy probable que, pese a la incultura de que hace gala en todo lo que dice y hace el señor Donald Trump —empezando por sus horribles y ostentosos rascacielos— intuya que sus insultos a los estadounidenses de origen latino o hispano son absolutamente infundados y los perpetre a sabiendas del daño que eso puede hacer a un país que, dicho sea de paso, ha sido y sigue siendo un país de inmigrantes, es decir, de manera frívola e irresponsable. Saber hacer dinero, como ser un as en el ajedrez o pateando una pelota, no presupone nada más que una habilidad muy específica para un quehacer dado. Se puede ser millonario siendo —para todo lo demás— un tonto irrecuperable y un inculto pertinaz, y todo parece indicar que el señor Trump pertenece a esa variante lastimosa de la especie.
Se puede tener muchísimo dinero siendo, para todo lo demás, un inculto pertinaz
Pero sería también muy injusto concluir, como han hecho algunos a raíz de las intemperancias retóricas del magnate inmobiliario, que el racismo y demás prejuicios discriminatorios y sectarios son la esencia del capitalismo, su producto más refinado e inevitable. No sólo no es así. Estados Unidos son la mejor prueba de que una sociedad multirracial, multicultural y multirreligiosa puede existir, desarrollarse y progresar a un ritmo muy notable, creando oportunidades que atraen a sus playas a gentes de todo el planeta. Estados Unidos es el primer país de nuestro tiempo gracias a esa miríada de pobres gentes que, desesperadas por no encontrar alicientes ni oportunidades en sus propios países, fueron allí a romperse el alma, trabajando sin tregua y, a la vez que se labraban un porvenir, construyeron un gran país, la primera potencia multicultural de la historia moderna.
Al igual que los irlandeses, los escandinavos, los alemanes, los franceses, los españoles, los italianos, los japoneses, los indios, los judíos y los árabes, los hispanos han contribuido de manera muy efectiva a hacer de Estados Unidos lo que es. Si en cualquier país, hoy, resulta una sandez hablar de sociedades pulquérrimas, no mezcladas, lo es todavía más en Estados Unidos, donde, debido a la flexibilidad de su sistema que concede oportunidades a todos quienes quieren y saben trabajar, la sociedad se ha ido renovando sin tregua, asimilando e integrando a gentes procedentes de los cuatro puntos cardinales. En este sentido, Estados Unidos son la sociedad punta de nuestro tiempo, el ejemplo que tarde o temprano deberán seguir —abriendo sus fronteras a todos— los países que quieran llegar a ser (o seguir siendo) modernos, en un mundo marcado por la globalización. La existencia de un Donald Trump en su seno no debe hacernos olvidar esa estimulante verdad.

Ilustración: Bob Staake.

viernes, 27 de marzo de 2015

VERTIENTES DEL ESTADO

EL PAÍS, Madrid, 27 de marzo de 2015
LA CUARTA PÁGINA
Imperios y naciones: el caso de la UE
La construcción de la ciudadanía no puede ni debe pasar por lo identitario. Hay que basarse en los derechos y deberes comunes de quienes comparten el mismo espacio político y no en una hipotética comunidad natural
Tomás Pérez Vejo 

La historia política de los dos últimos siglos es en gran parte la del triunfo de las naciones sobre los imperios, con la I Guerra Mundial y el fin de los últimos grandes imperios europeos, austro-húngaro, ruso y turco, como brillante broche final. En el mundo contemporáneo los imperios representarían el pasado y las naciones el futuro, diagnóstico posiblemente apresurado si consideramos dos de los experimentos políticos más revolucionarios del último siglo, la Unión Soviética y la Unión Europea, ambos con un marcado carácter imperial.
Ninguno de los dos, sin embargo, ha reivindicado la condición de imperio, un término, a diferencia del de nación, cargado de connotaciones negativas, tanto que si el adjetivo nacionalista se usa de manera habitual como virtud, el de imperialista se acerca más al insulto que a la definición. A pesar de que posiblemente el origen de muchas de las grandes catástrofes del mundo contemporáneo haya que buscarlo más en el nacionalismo que en el imperialismo, incluidas las generadas por los imperios coloniales de los siglos XIX y XX, en sentido estricto Estados-nación con colonias y no Estados-imperio, en cuyo nacimiento, auge y decadencia el papel del nacionalismo fue determinante.
La diferencia esencial entre Estados-nación y Estados-imperio no tiene que ver con colonias ni con formas de Gobierno; puede haber, y ha habido, imperios sin colonias y naciones con ellas, repúblicas imperiales y monarquías nacionales, Estados-nación dictatoriales y Estados-imperio democráticos,… sino con cómo unos y otros legitiman el ejercicio del poder. Los primeros por ser expresión de la voluntad de la nación, entendida como una comunidad natural con fines y objetivos propios, al margen y si es necesario en contra de quienes la constituyen; los segundos en la consecución o preservación de los objetivos para los que fueron creados, tan diversos como los que pueden ir desde la construcción de una sociedad sin clases, Unión Soviética, al crecimiento económico y la defensa de los derechos de los ciudadanos, Unión Europea. La legitimidad tiene en estos últimos un claro carácter funcional no de autorrealización de la comunidad política.
La pregunta sería por qué los dos últimos siglos han sido los de las naciones y no los de los imperios; o, si se prefiere, por qué las naciones siempre ganan y los imperios siempre pierden aunque no necesariamente el bienestar y la defensa de los derechos de los ciudadanos están mejor garantizados en aquellas que en estos. Es posible que la nostalgia por el Imperio Austro-Húngaro de muchos de los que asistieron a su desintegración sea injustificada. Caben pocas dudas, sin embargo, de que su desarrollo económico y cultural nada tenía que envidiar al de los Estados-nación por los que fue derrotado; menos, todavía, de que para las minorías étnicas que lo habitaban su desaparición fue una catástrofe sin paliativos.
El pacto de Syriza con los nacional-derechistas solo se entiende como defensa de la soberanía
No por accidente, el Estado-nación contemporáneo se basa en la idea, más bien creencia, de la existencia de comunidades naturales homogéneas, algo falso en casi cualquier contexto, “desde que el mundo es mundo, ningún territorio ha sido habitado por una población homogénea, ya sea cultural, étnica o de cualquier otro tipo” (Hobsbawm), pero más todavía en el del viejo imperio de los Habsburgo donde, por poner un ejemplo, en los territorios de lo que después sería el Estado-nación húngaro, censo de 1902, sólo una tercera parte de sus aproximadamente 12.000 municipios eran exclusivamente magiarhablantes. El resto se repartía entre unos 4.000 en los que se hablaban dos idiomas, 3.000 con tres y 1.000 con cuatro o más. La construcción de la nación y el genocidio cultural estaban condenados a ir necesariamente de la mano, no la peor de las alternativas si consideramos que cuando lo que se utilizó como rasgo de definición nacional fue la raza y no la lengua, el genocidio fue físico.
La debilidad de los imperios frente a las naciones no es un asunto banal desde la perspectiva de la Unión Europea actual. Una organización política con muchas de las características de un imperio, posmoderno si se quiere, pero imperio al fin al cabo, y en la que el malestar y las críticas sobre su funcionamiento tienen mucho en común con las que han estado detrás del colapso de muchas de las estructuras imperiales anteriores a ella: estar al servicio de los intereses de un grupo nacional (Alemania), élites burocráticas al margen de los intereses de los ciudadanos, déficit democrático… Críticas que permean el espacio político de manera claramente transversal y que tienen más que ver con lo identitario que con lo ideológico, con la dialéctica imperios/naciones que con propuestas diferenciadas sobre derechos o reparto de recursos.
La facilidad con la que Syriza, partido de inequívoca ubicación a la izquierda del espectro político, ha llegado a un acuerdo de Gobierno con ANEL, de no menos inequívoca filiación nacional-derechista, adquiere desde esta perspectiva matices mucho más inquietantes. Un pacto contra natura cuya explicación habría que buscarla en que el eje emotivo de la campaña griega no fue la pertinencia de unas u otras políticas sino la defensa de la soberanía nacional frente a Alemania y los burócratas de la troika, el triunfo de la dialéctica imperios/naciones con el Europa/solución convertido en el Europa/problema, deslizamiento semántico también perceptible en otros países europeos. No sólo la campaña electoral sino también las negociaciones posteriores, planteadas como un enfrentamiento ellos/nosotros, como si Grecia fuese algo ajeno a la Unión Europea y no parte de ella.
La coexistencia de identidades diversas, y hasta contradictorias, parece inevitable
El fin de los imperios tiene lugar cuando su proyecto político deja de ser atractivo para quienes forman parte de ellos. A diferencia de las naciones carecen del recurso a un bien superior y metafísico, el mantenimiento del propio ser nacional, por lo que su único aval es el logro o no de los objetivos para los que fueron creados. Explicaría la desafección de los ciudadanos hacia la Unión Europea en un momento de crisis económica que ha puesto en cuestión su objetivo/logro más visible: la consecución de cotas de bienestar sin parangón en ningún otro momento de la historia del continente; también, el goce de derechos desconocidos en la mayor parte del mundo, pero éstos resultan más difíciles de valorar y cuantificar, al menos hasta que ya no se tienen.
Una amenaza, la de la pérdida de atractivo del proyecto europeo, frente a la que la Unión Europea sólo tiene dos alternativas: intentar imaginarse cómo una nación, con parecidos o peores mimbres, se han inventado naciones a lo largo y ancho del planeta; o afirmar su condición de estructura política anacional, basada en los derechos de los ciudadanos y no en los de ninguna hipotética comunidad natural. La primera, con el componente reaccionario y empobrecedor consustancial a todo proyecto nacionalista; la segunda, con los problemas de un camino plagado de dificultades pero que quizás merecería la pena intentar.
Europa no será ya nunca más el continente blanco y cristiano que alguna vez fue, ni los Estados-nación que actualmente la constituyen, o los que el delirio nacionalista pueda añadir en el futuro, las comunidades de raza, lengua y cultura con las que historicismo romántico soñó. La coexistencia de identidades diversas, y hasta contradictorias, parece inevitable. La construcción de la ciudadanía no puede, quizás tampoco deba, pasar por lo identitario sino por derechos y deberes comunes a quienes comparten el mismo espacio político, hacia dónde se va y no de dónde se viene. Conversión de la identidad en asunto privado, carente de densidad política, que puede parecer problemática en el contexto de dos siglos de hegemonía de discurso nacionalista, pero que no es muy diferente de lo que pasó con la religión y su paso de la esfera pública a la privada.
Un proyecto civilizatorio extremadamente frágil, sobre el que pesará siempre la amenaza de los cantos de sirena de la identidad, vengan estos de los fundamentalistas islámicos, los eurófobos británicos, Marine Le Pen o cualquier otra persona o grupo dispuestos a defender que la nación es la forma natural de organización política de la humanidad.
(*) Tomás Pérez Vejo pertenece al Instituto Nacional de Antropología e Historia de México.

Ilustración: Nicolás Aznarez.