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sábado, 25 de junio de 2016

ULTERIOR ET CITERIOR

EL PAÍS, Madrid, 25 de junio de 2016
Brexit
Boris Johnson: Trump con un Tesauro
John Carlin

Es difícil creer que haya en Europa un político más carismático, más erudito o más eficazmente populista que Boris Johnson, el líder de la triunfante campaña por el Brexit y probable futuro primer ministro de Reino Unido.
Lo entrevisté en 2012. Arranqué haciendo mención de Jorge Luis Borges. Antes de que pudiese acabar la frase me interrumpió y me citó la primera línea de un cuento del escritor argentino. No fue la única vez en aquel encuentro que me dejó boquiabierto. Al poco rato mencioné a Adriano, el emperador romano “español”, y Johnson que habla—sí, habla—latín, me contestó, “A ver, no recuerdo bien…¿nació en Hispania Ulterior o Hispania Citerior?”
Me deslumbró como ha deslumbrado al público británico en general. El político que fue hasta hace mes y medio alcalde de Londres, y es hoy diputado parlamentario conservador, ha sido durante años el político más popular del país. Nadie da discursos más eléctricos o entrevistas más entretenidas. Es un payaso y un genio a la vez. En cuanto a sus legendarias infidelidades, se las han perdonado tanto su esposa como el grueso de la población.
Amigos que lo habían conocido cuando fue periodista, entre otras cosas corresponsal del Daily Telegraph en Bruselas y director y columnista de la revista The Spectator, me hicieron empezar a dudar de él. Era mal compañero, me dijeron; se inventaba historias, era una persona absolutamente amoral.
Me lo creí todo y más cuando sorprendió al mundo político en febrero de este año anunciando que iba a hacer campaña a favor de la salida de Reino Unido de la Unión Europea. Hasta aquel día había estado dubitativo sobre el tema en público, aunque anteriormente había escrito y hablado muchas veces con un burlón afecto, muy típico de él, sobre la UE. Un libro que escribió sobre la antigua Roma señaló un paralelismo positivo entre el viejo imperio y el gran proyecto europeo moderno.
Todo lo cual contribuyó a que buena parte de la clase política británica opinara que optó por el Brexit no por principios sino para alimentar su obsesiva y largamente conocida ambición de ser primer ministro. Figuras importantes de aquel sector de su partido que ha estado en contra del Brexit le atacaron sin piedad. Uno dijo que era un “obsceno” oportunista; otro que era “un bufón”; otro más que era un mentiroso perdido que “se inventa cosas sobre la marcha”.
La crítica mas lacerante corresponde a un exdirector del Daily Telegraph llamado Max Hastings que coincidió con él como periodista durante 20 años. Hastings escribió de Johnson: “La mayoría de los políticos son ambiciosos e implacables, pero Boris es un egomaníaco medalla de oro. No le confiaría ni a mi esposa ni, francamante, mi billetera. Y es también mucho más despiadado y ruin de lo que el público cree.”
Johnson posee aquel requisito indispensable en un político triunfador, una piel de rinoceronte a prueba de balas. Por eso y porque su opción por el Brexit resultó ser una jugada maestra, ahí está hoy, dominando el escenario político como nunca, tan lúcido, tan encantador y tan descarado como siempre. “Es Donald Trump con un Tesauro”, dijo hace poco otro político de él. Pero a diferencia, se supone, de Trump (aunque uno ya no puede estar seguro de nada en la política de hoy en día), Johnson apunta, sin rival a la vista, a ser el próximo jefe de gobierno de su país.

Fuente: http://internacional.elpais.com/internacional/2016/06/24/actualidad/1466793417_020553.html
Fotografías: https://www.reddit.com/r/SubredditDrama/comments/4kioom/is_the_eu_the_empire_is_boris_johnson_a_jedi; http://www.ibtimes.co.uk/boris-johnson-return-parliament-2015-1445781; y https://www.entrepreneur.com/article/275886

jueves, 7 de abril de 2016

LEGISLAR A SOLAS

EL PAÍS, Madrid, 7 de abril de 2016
TRIBUNA
Legislar desde Europa sin control nacional
El Gobierno de España en funciones está contribuyendo a aprobar normas de gran trascendencia sin dar cuenta a nadie, utilizando un formalismo que pretende ignorar que las Cortes sí están capacitadas para ello
Araceli Mangas Martín

El Gobierno de España en funciones está actuando con un formalismo descarado. La Ley 50/1997 no permite al Gobierno en funciones presentar proyectos de ley a las Cortes (artículo 21.4). Claro, la ley no se refiere a la participación del Gobierno en las materias de competencia legislativa del Consejo de la Unión Europea. El Consejo es una Cámara legislativa, junto al Parlamento Europeo, y está compuesto por un ministro de cada Estado miembro: esa competencia ha pasado desapercibida desde enero, interesadamente para el Gobierno del PP e ignorancia de las Cortes.

La competencia legislativa conjunta del Consejo y del Parlamento abarca numerosas materias y tras su aprobación conjunta condiciona muchas políticas nacionales. Una amplia capacidad legislativa se ha ido desplazando desde los Parlamentos nacionales al sistema bicameral de la UE. No me refiero a actividades de menor impacto jurídico interno, sino a materias trascendentales que se deciden por los eurodiputados (primera lectura) y, a continuación, por los miembros de los Gobiernos nacionales (primera lectura); en caso de no aceptar el Consejo todo lo aprobado por los eurodiputados o incluir sus propias enmiendas el Consejo, debe remitirlo al Parlamento Europeo para la segunda lectura o de confirmación de sus enmiendas y cabe ir a un Comité mixto de conciliación. Es el denominado procedimiento legislativo ordinario (hay casi noventa bases jurídicas que prevén ese procedimiento). Además, el Consejo de la UE dispone de competencia legislativa especial en una treintena de casos más.
Los actos legislativos de la UE son de gran importancia en las políticas nacionales y tienen, en muchos casos, eficacia directa y siempre primacía sobre las normas internas; algunos requerirán de actos de transposición del futuro Gobierno. Esos actos regulan las opciones políticas básicas, principios normativos y el régimen de derechos y obligaciones en materias tan variadas como derechos sociales, fiscalidad, banca, seguros, transportes, medio ambiente, consumidores, cooperación judicial civil y penal, etcétera.
¿Quién controla la posición que defienden los ministros españoles en funciones al legislar en la UE?
Hasta ahora solo había saltado la liebre con los Consejos Europeos (sobre el acuerdo con Reino Unido y el acuerdo con Turquía). A regañadientes, la Abogacía del Estado recomendó al Gobierno en funciones someterse al control parlamentario cuando suponga dirección política y pueda comprometer la posición de España para el futuro. Es una visión restrictiva “en el contexto y a la vista de las circunstancias”, como si fuera una concesión por el impacto mediático de esos temas.
El Ejecutivo debe consultar qué posición defender en Europa y rendir cuentas
En mi opinión, el control de las Cortes sobre el Gobierno en funciones se proyecta sobre todas las actuaciones del Consejo Europeo, ya trate de política exterior, o de dirección general de asuntos europeos, incluidas las materias en las que tiene atribuidas competencias normativas (no legislativas) como las relativas a nombramientos y organización de otras instituciones, de impulso o estratégicas, de arbitraje o de desarrollos institucionales… Todas ellas desbordan la gestión ordinaria y deben y pueden ser objeto de control.
Igualmente, las Cortes deben controlar el contenido de las reuniones semanales del Consejo de Ministros cada vez que el orden del día (que se conoce con 16 días de antelación) prevea debates y, en su caso, aprobación de propuestas legislativas, así como actos del Consejo de trascendencia.
La razón de fondo se ampara en la misma frase del artículo 21.3 de la citada Ley de Gobierno que obligó a dar cuenta de la posición de España ante el Consejo Europeo: las actuaciones en Bruselas del Gobierno en funciones desbordan en muchos casos “el despacho ordinario de los asuntos públicos”, si bien son legales al encajar en la excepción de “casos de urgencia debidamente acreditados o por razones de interés general”.
Muchas decisiones desbordan la gestión ordinaria y deben y pueden ser controladas
No dudo de la obligación del Gobierno de España en funciones de contribuir a la aprobación de normas y acuerdos en la UE y de que los ministros en funciones vayan cada semana a Bruselas al Consejo de la UE. El ritmo normativo de la UE es constante y el derecho de propuesta legislativa de la Comisión no se detiene por el hecho de una crisis nacional.
Internacionalmente, el Gobierno de un Estado sigue siendo el Gobierno representativo del Estado esté actuando en su mandato o esté en funciones. Otra cosa es que se limiten el tipo de actividades y negociaciones con ese Estado en las relaciones bilaterales cuando es un Gobierno en funciones.
Pero en el seno de las organizaciones internacionales, que tiene su propia dinámica, y desde luego muy acelerada como la UE, el Gobierno tiene el deber de seguir desempeñando sus funciones y asumiendo sus responsabilidades en la formación de la voluntad del conjunto. Sería una violación de la cooperación leal con la UE (artículo 4.3 TUE), sería una deslealtad si un Gobierno en funciones se viera impedido de ejercer sus responsabilidades para el mantenimiento y desarrollo de las actividades de una organización tan compleja como la UE. Pero las obligaciones del Gobierno en funciones de España para con la UE no le pueden eximir de llevar a acabo sus obligaciones legislativas europeas con el previo y posterior control parlamentario de las Cortes.
Debe consultar qué posición defender y rendir cuentas aunque la posición de España no hubiera podido ser aceptada por los socios de la UE, pero al menos dar cuentas de los pasos negociadores emprendidos y de sus dificultades frente a otras posiciones de nuestros socios y de la necesidad del consenso o por el peso del Parlamento Europeo. Las negociaciones exigen renuncias siempre, influye el peso de algunos Estados o del PE, el interés común europeo, etcétera, y las Cámaras deben tener en cuenta todo ello, pero al menos se debe informar antes y después de cada Consejo Europeo y Consejo con temas legislativos.
En estos meses se celebrarán reuniones del Consejo de Asuntos Económicos y Financieros-ECOFIN (para reforzar la normativa anti elusión fiscal y de intercambio de información tributaria), del de Empleo, Políticas Sociales, Sanidad y Consumidores (está estancada una propuesta de Directiva legislativa sobre la presencia de mujeres en consejos de administración y la relativa a la protección contra la discriminación fundada en la religión y otros elementos). También el Consejo (y el PE) está en la fase final de adopción del Reglamento general de protección de datos y en trámite una Directiva sobre protección de datos personales en actividades policiales y judiciales.
El Gobierno de España contribuye a aprobar normas legislativas de gran trascendencia sin dar cuenta a nadie. Lo más grave, por mediocridad de muchos diputados y senadores.
(*) Araceli Mangas es catedrática de Derecho Internacional Público y RRII, Universidad Complutense de Madrid. Académica numeraria de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.
Ilustración: Nicolás Aznárez.
Fuente:http://elpais.com/elpais/2016/04/06/opinion/1459962140_419282.html

domingo, 21 de febrero de 2016

"TRANQUILISMO"

Giovanni Sartori: «El islam es incompatible con Occidente»
Ángel Gómez Fuentes

«Estamos en manos de políticos ignorantes, que no conocen la Historia ni tienen cultura. Solo se preocupan por conservar su sillón. Pasan el día escuchando la opinión del contrario y pensando en qué respuesta darle. Así no se construye nada. No hay líderes ni hombres de Estado y así nos va: la Unión Europea es un edificio mal construido y se está derrumbando. La situación se hace más desastrosa porque algunos han creído que se podían integrar los inmigrantes musulmanes, y eso es imposible».
En esta larga entrevista, Giovanni Sartori, de noventa y dos años, uno de los mayores expertos en ciencia política, entre los más leídos y estudiados del mundo -con obras de referencia imprescindibles como «Partidos políticos» o «Teoría de la democracia»-, analiza con lucidez los asuntos de más candente actualidad: inmigración, Europa, islam, multiculturalismo,xenofobia, guerra de religión, superpoblación, etcétera.
Ideas proféticas
Profesor en Florencia, su ciudad natal, y en Stanford, Harvard, Yale y Columbia, con nueve «laureas honoris causa» y numerosos reconocimientos, entre ellos el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (2005), ha escrito con estilo vivaz y muy directo ensayos que han abierto grandes debates: «Qué es la democracia» (1997); «La sociedad multiétnica: pluralismo, multiculturalismo y extranjeros» (2001); »Homo videns: la sociedad teledirigida» (1998). Publicó su último libro en junio pasado: «La carrera hacia ninguna parte. Diez lecciones sobre nuestra sociedad en peligro».
Por sus diagnósticos y severas críticas sus obras fueron recibidas al principio con recelo; pero muchas de sus ideas y pronósticos se han revelado proféticos. Por eso, no le sorprende que, en un exceso de tolerancia que supuso «renegar de nuestra cultura», media docena de estatuas desnudas fueran cubiertas en los Museos Capitolinos de Roma para no molestar al presidente de Irán, Hasan Rohani. «Fue una payasada, reflejo de un mundo imbécil que hace solamente lo que encuentra útil y conveniente al momento. Uno tiene derecho a que se respeten sus principios y tradiciones».
Falta de respeto
Puede considerarse una anécdota, pero es un episodio significativo, como otros que se han sucedido en el último mes y que reflejan que están cambiando mucho las cosas en Europa, sobre todo en relación con la inmigración, que desborda las fronteras del continente y pone en evidencia la dificultad de integrar a los inmigrantes musulmanes, por su falta de respeto a valores muy arraigados en la cultura europea, como son la tolerancia y la igualdad entre el hombre y la mujer.
En Fin de Año se produjeron en Colonia, y en otras dos ciudades alemanas, agresiones sexuales de casi un millar de jóvenes árabes, en su mayoría marroquíes y argelinos, a mujeres que encontraron en su camino. La noche que inauguraba 2016, en el país que ha abierto generosamente las puertas a casi un millón de prófugos de Oriente Medio y de otras zonas en guerra, quedaba manchada por lo que se ha considerado un gravísimo episodio de enfrentamiento de dos civilizaciones. Se ponía de manifiesto que la relación del islam con las mujeres es un asunto devastador y que existe un abismo cultural insalvable entre la Europa rica y liberal y algunos de países árabes. Los datos lo confirman: según una encuesta realizada por el centro de investigación Pew en 2013, más del 90 por ciento de marroquíes y tunecinos piensan que la esposa debería obedecer siempre al marido.
 «La Unión Europea es un monstruo, una entidad muerta. No es capaz ni de parar la inmigración»
Para comprender mejor lo que representa la mujer en el mundo de Alá y por qué es agredida sexualmente, el escritor argelino Kamel Daoud da esta explicación: «La mujer es negada, velada, encerrada, poseída. El cuerpo de la mujer pertenece a todos, pero no a ella, y no es visto como lugar de libertad».
¿Es posible entonces que un inmigrante, educado en una cultura o una religión distinta de la nuestra, como el islam, se pueda integrar, negando los principios que forman parte de su educación, de su sensibilidad? Para el profesor Sartori la integración ético-política es imposible: «El islam es incompatible con nuestra cultura. Sus regímenes son teocracias que se fundan en la voluntad de Alá, mientras que en Occidente se fundan en la democracia, en la soberanía popular».
Sentido común
¿Qué significa integrarse? Angela Merkel lo ha dicho claramente: «Queremos que los inmigrantes absorban los fundamentos culturales de nuestra convivencia»; es decir, el sistema de valores, de reglas y de comportamientos que rigen entre nosotros. Tal proyecto está en contradicción con la idea del multiculturalismo que se ha intentado imponer en Occidente, siguiendo la línea de lo políticamente correcto. Ese multiculturalismo se basa en que en una sociedad puedan convivir sin problemas culturas diversas. Según Giovanni Sartori, eso es imposible: «El multiculturalismo no existe. En nuestra sociedad tenemos unas normas generales, unos principios. El inmigrante puede hacer en su casa lo que quiera, pero debe aceptar las reglas de el Estado que le acepta».
A este respecto, cabe destacar al imán de Colonia Sami Abu-Yusuf, quien en una entrevista declaró que la responsabilidad de las violencias sexuales de Nochevieja no se debían atribuir a los jóvenes, sino a las mujeres que iban por la calle medio desnudas y perfumadas. El imán lleva decenios en Alemania, pero no ha dado un solo paso hacia la cultura que le ha acogido, mostrándose como un invasor arrogante. ¿Se puede dialogar con un troglodita que ve un demonio en la feminidad? El profesor Sartori lo tiene muy claro: «A quienes no están dispuestos a aceptar nuestras normas, se les debe colocar en la frontera para que se marchen a su casa».
Giovanni Sartori esta considerado como un liberal progresista. Cuando le digo que desde la izquierda le pueden reprochar sus ideas, o verlo como xenófobo o conservador, responde con firmeza: «La izquierda ha perdido su ideología. Utilizan la palabra multiculturalismo como una nueva ideología, porque la vieja ha muerto. Pero no tienen ni idea. No saben lo que es el islam. Son unos ignorantes. A mí no me importa la derecha o la izquierda, sino el sentido común».
Refugiados africanos son conducidos a tierra tras ser rescatados por la Armada italiana el 8 de junio de 2014
Refugiados africanos son conducidos a tierra tras ser rescatados por la Armada italiana el 8 de junio de 2014- Massimo Sestini
La integración de musulmanes en sociedades no islámicas no se ha logrado porque, asegura, «el islam no tiene capacidad de evolución». Cita, por ejemplo, a la India, «donde hay 14 millones de musulmanes, muy pobres y maltratados; después de mil años, resisten sin integrase, enemigos eternos de los hindúes». Y ya más cerca, el profesor Sartori recuerda lo que ocurre en los países europeos: «Los musulmanes de tercera generación no solo no se han integrado, sino que son los más rebeldes. Odian a Occidente porque no tienen trabajo y muchos se sienten atraídos por el islam fanático».
En peligro
La inmigración actual se está produciendo sin un flujo ordenado, porque, aparte de la que tiene motivaciones económicas, es fruto de guerras. Ante la suspensión de los acuerdos de Schengen en algunos países hasta ahora muy favorables a la inmigración, como Dinamarca o Suecia, Sartori indica: «No se puede practicar una política de puertas abiertas, como ingenuamente cree alguna izquierda. Está bien hablar de solidaridad, porque los inmigrantes pueden ser un elemento positivo para nuestra economía, pero los flujos migratorios hay que regularlos. Quien entra en Europa debe tener documentos, una identidad segura».
En definitiva, sostiene Sartori que «Occidente y sus valores están en peligro porque no se está dando una respuesta adecuada al fundamentalismo islámico». Hace ya quince años que, en el «Corriere della Sera», Sartori afirmó que estábamos asistiendo a «una guerra inédita con cuatro características: terrorista, global, tecnológica y religiosa». Hoy lo reafirma con más fuerza, viendo el terrorismo del Daesh: «En una guerra hay que emplear todas las armas que uno tiene a su disposición. Nosotros, Occidente, somos los agredidos, con un terrorismo de una ferocidad que nuestra memoria histórica no recuerda. Además, cuando un hombre-bomba, kamikaze por la fe, se hace explotar en medio de civiles, el enfrentamiento ha llegado al máximo».
    «No se puede practicar una política de puertas abiertas, como cree alguna izquierda»
«Aparte del componente militar, que es importante, pero secundario, es una guerra que se gana o se pierde en casa -añade-. Se vence si sabemos reaccionar ante la pérdida intelectual y moral en que hemos caído. Y se pierde si dudamos o nos olvidamos de nuestros valores que dan fundamento a nuestra civilización ético-política». ¿Y cómo acabará? Su respuesta no es muy reconfortante: «Veremos. Este es un mundo que se está suicidando».
Sartori está escribiendo la segunda parte de «La carrera hacia ninguna parte», ensayo para el que pensó otro título, «La carrera hacia la ruina». «Caminamos sin ideas sobre cómo progresar con tantos como somos, demasiados…», dice. Precisamente, «la superpoblación es el cáncer de fondo de nuestra sociedad». Es una de sus grandes preocupaciones, a la que dedicó «La tierra explota, superpoblación y desarrollo» (2003).
Especialmente crítico con la Unión Europea, asegura: «Es un monstruo. La Europa de los 28 es una entidad muerta, no existe. No es capaz ni de parar la inmigración. En mi nuevo libro aporto soluciones: Europa necesita un presidente experto en economía».
El «tranquilismo»
«Yo soy realista y tengo un lema muy claro -explica-: el pesimismo es peligroso si nos lleva o induce a la rendición; el mal lo hace el optimismo o el “tranquilismo” que conducen a no hacer nada».
No se siente solo el profesor Sartori desde el punto de vista intelectual. Coincide con su duro diagnóstico europeo el sociólogo francés Alain Touraine, que acaba de recibir en Italia el Premio Nonino como «maestro de nuestro tiempo»: «Los países europeos son hoy incapaces de integrarse completamente en la economía mundial y globalizada. Acabo de volver de California y me ha impactado, hablando con los americanos, que para ellos el mundo de mañana se refiere solo a EE.UU. y China. Han abandonado Europa. No nos toman en serio. Para ellos somos solamente un destino para sus vacaciones».
Desde el punto de vista sentimental, Sartori siempre tiene cerca, también durante esta conversación, a su mujer, Isabella Gherardi, pintora y fotógrafa, de la que le separan «solo» treinta y nueve primaveras. ¿La receta de la convivencia? «Buen humor y no preocuparse por el paso del tiempo». Así concluye la entrevista el viejo y sabio profesor, que ha sembrado cultura política en la derecha y la izquierda, y que todavía tiene mucho que enseñar: «Al menos espero acabar este libro. Después, basta. No soy infinito».

(http://www.abc.es/cultura/cultural/abci-giovanni-sartori-islam-incompatible-occidente-201602041540_noticia.html?ref_m2w=https://www.facebook.com)
Fotografía: http://elpais.com/diario/2003/05/07/cultura/1052258410_850215.html

Breve nota LB: Comenta María Teresa Belandria en Facebook: "Comparto plenamente las expresiones de Sartori sobre la incompatibilidad del islam con nosotros, con Occidente. Igualmente su afirmación de que el multicuturalismo no existe. Ojalá quienes tienen responsabilidad de estado entiendan que estamos amenenazados, que el islam fundamentalista no respeta, solo tolera mientras te convierten y que además, como mujer sus prácticas y predicas son contrarias a lo más sagrado del ser humano: la libertad".

viernes, 27 de marzo de 2015

VERTIENTES DEL ESTADO

EL PAÍS, Madrid, 27 de marzo de 2015
LA CUARTA PÁGINA
Imperios y naciones: el caso de la UE
La construcción de la ciudadanía no puede ni debe pasar por lo identitario. Hay que basarse en los derechos y deberes comunes de quienes comparten el mismo espacio político y no en una hipotética comunidad natural
Tomás Pérez Vejo 

La historia política de los dos últimos siglos es en gran parte la del triunfo de las naciones sobre los imperios, con la I Guerra Mundial y el fin de los últimos grandes imperios europeos, austro-húngaro, ruso y turco, como brillante broche final. En el mundo contemporáneo los imperios representarían el pasado y las naciones el futuro, diagnóstico posiblemente apresurado si consideramos dos de los experimentos políticos más revolucionarios del último siglo, la Unión Soviética y la Unión Europea, ambos con un marcado carácter imperial.
Ninguno de los dos, sin embargo, ha reivindicado la condición de imperio, un término, a diferencia del de nación, cargado de connotaciones negativas, tanto que si el adjetivo nacionalista se usa de manera habitual como virtud, el de imperialista se acerca más al insulto que a la definición. A pesar de que posiblemente el origen de muchas de las grandes catástrofes del mundo contemporáneo haya que buscarlo más en el nacionalismo que en el imperialismo, incluidas las generadas por los imperios coloniales de los siglos XIX y XX, en sentido estricto Estados-nación con colonias y no Estados-imperio, en cuyo nacimiento, auge y decadencia el papel del nacionalismo fue determinante.
La diferencia esencial entre Estados-nación y Estados-imperio no tiene que ver con colonias ni con formas de Gobierno; puede haber, y ha habido, imperios sin colonias y naciones con ellas, repúblicas imperiales y monarquías nacionales, Estados-nación dictatoriales y Estados-imperio democráticos,… sino con cómo unos y otros legitiman el ejercicio del poder. Los primeros por ser expresión de la voluntad de la nación, entendida como una comunidad natural con fines y objetivos propios, al margen y si es necesario en contra de quienes la constituyen; los segundos en la consecución o preservación de los objetivos para los que fueron creados, tan diversos como los que pueden ir desde la construcción de una sociedad sin clases, Unión Soviética, al crecimiento económico y la defensa de los derechos de los ciudadanos, Unión Europea. La legitimidad tiene en estos últimos un claro carácter funcional no de autorrealización de la comunidad política.
La pregunta sería por qué los dos últimos siglos han sido los de las naciones y no los de los imperios; o, si se prefiere, por qué las naciones siempre ganan y los imperios siempre pierden aunque no necesariamente el bienestar y la defensa de los derechos de los ciudadanos están mejor garantizados en aquellas que en estos. Es posible que la nostalgia por el Imperio Austro-Húngaro de muchos de los que asistieron a su desintegración sea injustificada. Caben pocas dudas, sin embargo, de que su desarrollo económico y cultural nada tenía que envidiar al de los Estados-nación por los que fue derrotado; menos, todavía, de que para las minorías étnicas que lo habitaban su desaparición fue una catástrofe sin paliativos.
El pacto de Syriza con los nacional-derechistas solo se entiende como defensa de la soberanía
No por accidente, el Estado-nación contemporáneo se basa en la idea, más bien creencia, de la existencia de comunidades naturales homogéneas, algo falso en casi cualquier contexto, “desde que el mundo es mundo, ningún territorio ha sido habitado por una población homogénea, ya sea cultural, étnica o de cualquier otro tipo” (Hobsbawm), pero más todavía en el del viejo imperio de los Habsburgo donde, por poner un ejemplo, en los territorios de lo que después sería el Estado-nación húngaro, censo de 1902, sólo una tercera parte de sus aproximadamente 12.000 municipios eran exclusivamente magiarhablantes. El resto se repartía entre unos 4.000 en los que se hablaban dos idiomas, 3.000 con tres y 1.000 con cuatro o más. La construcción de la nación y el genocidio cultural estaban condenados a ir necesariamente de la mano, no la peor de las alternativas si consideramos que cuando lo que se utilizó como rasgo de definición nacional fue la raza y no la lengua, el genocidio fue físico.
La debilidad de los imperios frente a las naciones no es un asunto banal desde la perspectiva de la Unión Europea actual. Una organización política con muchas de las características de un imperio, posmoderno si se quiere, pero imperio al fin al cabo, y en la que el malestar y las críticas sobre su funcionamiento tienen mucho en común con las que han estado detrás del colapso de muchas de las estructuras imperiales anteriores a ella: estar al servicio de los intereses de un grupo nacional (Alemania), élites burocráticas al margen de los intereses de los ciudadanos, déficit democrático… Críticas que permean el espacio político de manera claramente transversal y que tienen más que ver con lo identitario que con lo ideológico, con la dialéctica imperios/naciones que con propuestas diferenciadas sobre derechos o reparto de recursos.
La facilidad con la que Syriza, partido de inequívoca ubicación a la izquierda del espectro político, ha llegado a un acuerdo de Gobierno con ANEL, de no menos inequívoca filiación nacional-derechista, adquiere desde esta perspectiva matices mucho más inquietantes. Un pacto contra natura cuya explicación habría que buscarla en que el eje emotivo de la campaña griega no fue la pertinencia de unas u otras políticas sino la defensa de la soberanía nacional frente a Alemania y los burócratas de la troika, el triunfo de la dialéctica imperios/naciones con el Europa/solución convertido en el Europa/problema, deslizamiento semántico también perceptible en otros países europeos. No sólo la campaña electoral sino también las negociaciones posteriores, planteadas como un enfrentamiento ellos/nosotros, como si Grecia fuese algo ajeno a la Unión Europea y no parte de ella.
La coexistencia de identidades diversas, y hasta contradictorias, parece inevitable
El fin de los imperios tiene lugar cuando su proyecto político deja de ser atractivo para quienes forman parte de ellos. A diferencia de las naciones carecen del recurso a un bien superior y metafísico, el mantenimiento del propio ser nacional, por lo que su único aval es el logro o no de los objetivos para los que fueron creados. Explicaría la desafección de los ciudadanos hacia la Unión Europea en un momento de crisis económica que ha puesto en cuestión su objetivo/logro más visible: la consecución de cotas de bienestar sin parangón en ningún otro momento de la historia del continente; también, el goce de derechos desconocidos en la mayor parte del mundo, pero éstos resultan más difíciles de valorar y cuantificar, al menos hasta que ya no se tienen.
Una amenaza, la de la pérdida de atractivo del proyecto europeo, frente a la que la Unión Europea sólo tiene dos alternativas: intentar imaginarse cómo una nación, con parecidos o peores mimbres, se han inventado naciones a lo largo y ancho del planeta; o afirmar su condición de estructura política anacional, basada en los derechos de los ciudadanos y no en los de ninguna hipotética comunidad natural. La primera, con el componente reaccionario y empobrecedor consustancial a todo proyecto nacionalista; la segunda, con los problemas de un camino plagado de dificultades pero que quizás merecería la pena intentar.
Europa no será ya nunca más el continente blanco y cristiano que alguna vez fue, ni los Estados-nación que actualmente la constituyen, o los que el delirio nacionalista pueda añadir en el futuro, las comunidades de raza, lengua y cultura con las que historicismo romántico soñó. La coexistencia de identidades diversas, y hasta contradictorias, parece inevitable. La construcción de la ciudadanía no puede, quizás tampoco deba, pasar por lo identitario sino por derechos y deberes comunes a quienes comparten el mismo espacio político, hacia dónde se va y no de dónde se viene. Conversión de la identidad en asunto privado, carente de densidad política, que puede parecer problemática en el contexto de dos siglos de hegemonía de discurso nacionalista, pero que no es muy diferente de lo que pasó con la religión y su paso de la esfera pública a la privada.
Un proyecto civilizatorio extremadamente frágil, sobre el que pesará siempre la amenaza de los cantos de sirena de la identidad, vengan estos de los fundamentalistas islámicos, los eurófobos británicos, Marine Le Pen o cualquier otra persona o grupo dispuestos a defender que la nación es la forma natural de organización política de la humanidad.
(*) Tomás Pérez Vejo pertenece al Instituto Nacional de Antropología e Historia de México.

Ilustración: Nicolás Aznarez.