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sábado, 23 de julio de 2016

MÁS ALLÁ DE LA MIRADA



Fuerza Armada y control derivado

Luis Barragán

A juicio de Giovanni Sartori, las funciones esenciales del parlamento residen en la representación y los controles político y legislativo que ha de ejercer sobre el Ejecutivo.  Inferimos como función derivada,  el de las finanzas públicas a través de la ley anual del presupuesto y la consideración de las solicitudes de crédito adicional.

El dato es relevante en relación a la Fuerza Armada Nacional, ya que – negada constitucionalmente la autorización de los ascensos – tiende a presumirse que la entidad escapa a todo control de la representación popular. Y hay quienes osan plantearlo aún en el propio ámbito de las políticas públicas, como ocurrió en el pasado período legislativo (2011-2015).

En efecto, en dicho período, respecto al presupuesto y a los créditos adicionales favorables al ministerio de la Defensa, tendieron a cumplirse incorrectamente como un ritual normativo. En el fondo, configuró el reconocimiento de un control derivado y el desconocimiento y la evasión por las bancadas del gobierno y de la oposición, respectivamente, de otro más amplio y decisivo: el de la sujeción del sector militar al civil.

En el actual período (2016-2020), todavía no ha habido ocasión de materializar el control derivado, pues, distan algunos meses para la discusión y sanción del presupuesto público nacional y que sepamos, la Asamblea Nacional no ha tramitado crédito adicional alguno en la materia.  Sin embargo, a pesar de la consabida y recientemente sobrevenida concentración de poderes en beneficio del alto mando militar, so pretexto del desabastecimiento, sigue latente tan importante facultad parlamentaria.

Digamos, tarde o temprano corresponderá a los asambleístas evacuar el planteamiento financiero y, muy lejos de constituir una amenaza, porque responde a la sana interacción del sistema político, habrá ocasión de cumplir con tan específico control derivado. Por cierto, deseable en el terreno de las previsiones, pues, convengamos, una abierta o soterrada violación haría del funcionario o los funcionarios solicitantes del crédito adicional, por ejemplo, potenciales responsables por alguno de los delitos imprescriptibles relacionados con la salvaguarda del patrimonio público.

17/07/2016

domingo, 21 de febrero de 2016

"TRANQUILISMO"

Giovanni Sartori: «El islam es incompatible con Occidente»
Ángel Gómez Fuentes

«Estamos en manos de políticos ignorantes, que no conocen la Historia ni tienen cultura. Solo se preocupan por conservar su sillón. Pasan el día escuchando la opinión del contrario y pensando en qué respuesta darle. Así no se construye nada. No hay líderes ni hombres de Estado y así nos va: la Unión Europea es un edificio mal construido y se está derrumbando. La situación se hace más desastrosa porque algunos han creído que se podían integrar los inmigrantes musulmanes, y eso es imposible».
En esta larga entrevista, Giovanni Sartori, de noventa y dos años, uno de los mayores expertos en ciencia política, entre los más leídos y estudiados del mundo -con obras de referencia imprescindibles como «Partidos políticos» o «Teoría de la democracia»-, analiza con lucidez los asuntos de más candente actualidad: inmigración, Europa, islam, multiculturalismo,xenofobia, guerra de religión, superpoblación, etcétera.
Ideas proféticas
Profesor en Florencia, su ciudad natal, y en Stanford, Harvard, Yale y Columbia, con nueve «laureas honoris causa» y numerosos reconocimientos, entre ellos el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (2005), ha escrito con estilo vivaz y muy directo ensayos que han abierto grandes debates: «Qué es la democracia» (1997); «La sociedad multiétnica: pluralismo, multiculturalismo y extranjeros» (2001); »Homo videns: la sociedad teledirigida» (1998). Publicó su último libro en junio pasado: «La carrera hacia ninguna parte. Diez lecciones sobre nuestra sociedad en peligro».
Por sus diagnósticos y severas críticas sus obras fueron recibidas al principio con recelo; pero muchas de sus ideas y pronósticos se han revelado proféticos. Por eso, no le sorprende que, en un exceso de tolerancia que supuso «renegar de nuestra cultura», media docena de estatuas desnudas fueran cubiertas en los Museos Capitolinos de Roma para no molestar al presidente de Irán, Hasan Rohani. «Fue una payasada, reflejo de un mundo imbécil que hace solamente lo que encuentra útil y conveniente al momento. Uno tiene derecho a que se respeten sus principios y tradiciones».
Falta de respeto
Puede considerarse una anécdota, pero es un episodio significativo, como otros que se han sucedido en el último mes y que reflejan que están cambiando mucho las cosas en Europa, sobre todo en relación con la inmigración, que desborda las fronteras del continente y pone en evidencia la dificultad de integrar a los inmigrantes musulmanes, por su falta de respeto a valores muy arraigados en la cultura europea, como son la tolerancia y la igualdad entre el hombre y la mujer.
En Fin de Año se produjeron en Colonia, y en otras dos ciudades alemanas, agresiones sexuales de casi un millar de jóvenes árabes, en su mayoría marroquíes y argelinos, a mujeres que encontraron en su camino. La noche que inauguraba 2016, en el país que ha abierto generosamente las puertas a casi un millón de prófugos de Oriente Medio y de otras zonas en guerra, quedaba manchada por lo que se ha considerado un gravísimo episodio de enfrentamiento de dos civilizaciones. Se ponía de manifiesto que la relación del islam con las mujeres es un asunto devastador y que existe un abismo cultural insalvable entre la Europa rica y liberal y algunos de países árabes. Los datos lo confirman: según una encuesta realizada por el centro de investigación Pew en 2013, más del 90 por ciento de marroquíes y tunecinos piensan que la esposa debería obedecer siempre al marido.
 «La Unión Europea es un monstruo, una entidad muerta. No es capaz ni de parar la inmigración»
Para comprender mejor lo que representa la mujer en el mundo de Alá y por qué es agredida sexualmente, el escritor argelino Kamel Daoud da esta explicación: «La mujer es negada, velada, encerrada, poseída. El cuerpo de la mujer pertenece a todos, pero no a ella, y no es visto como lugar de libertad».
¿Es posible entonces que un inmigrante, educado en una cultura o una religión distinta de la nuestra, como el islam, se pueda integrar, negando los principios que forman parte de su educación, de su sensibilidad? Para el profesor Sartori la integración ético-política es imposible: «El islam es incompatible con nuestra cultura. Sus regímenes son teocracias que se fundan en la voluntad de Alá, mientras que en Occidente se fundan en la democracia, en la soberanía popular».
Sentido común
¿Qué significa integrarse? Angela Merkel lo ha dicho claramente: «Queremos que los inmigrantes absorban los fundamentos culturales de nuestra convivencia»; es decir, el sistema de valores, de reglas y de comportamientos que rigen entre nosotros. Tal proyecto está en contradicción con la idea del multiculturalismo que se ha intentado imponer en Occidente, siguiendo la línea de lo políticamente correcto. Ese multiculturalismo se basa en que en una sociedad puedan convivir sin problemas culturas diversas. Según Giovanni Sartori, eso es imposible: «El multiculturalismo no existe. En nuestra sociedad tenemos unas normas generales, unos principios. El inmigrante puede hacer en su casa lo que quiera, pero debe aceptar las reglas de el Estado que le acepta».
A este respecto, cabe destacar al imán de Colonia Sami Abu-Yusuf, quien en una entrevista declaró que la responsabilidad de las violencias sexuales de Nochevieja no se debían atribuir a los jóvenes, sino a las mujeres que iban por la calle medio desnudas y perfumadas. El imán lleva decenios en Alemania, pero no ha dado un solo paso hacia la cultura que le ha acogido, mostrándose como un invasor arrogante. ¿Se puede dialogar con un troglodita que ve un demonio en la feminidad? El profesor Sartori lo tiene muy claro: «A quienes no están dispuestos a aceptar nuestras normas, se les debe colocar en la frontera para que se marchen a su casa».
Giovanni Sartori esta considerado como un liberal progresista. Cuando le digo que desde la izquierda le pueden reprochar sus ideas, o verlo como xenófobo o conservador, responde con firmeza: «La izquierda ha perdido su ideología. Utilizan la palabra multiculturalismo como una nueva ideología, porque la vieja ha muerto. Pero no tienen ni idea. No saben lo que es el islam. Son unos ignorantes. A mí no me importa la derecha o la izquierda, sino el sentido común».
Refugiados africanos son conducidos a tierra tras ser rescatados por la Armada italiana el 8 de junio de 2014
Refugiados africanos son conducidos a tierra tras ser rescatados por la Armada italiana el 8 de junio de 2014- Massimo Sestini
La integración de musulmanes en sociedades no islámicas no se ha logrado porque, asegura, «el islam no tiene capacidad de evolución». Cita, por ejemplo, a la India, «donde hay 14 millones de musulmanes, muy pobres y maltratados; después de mil años, resisten sin integrase, enemigos eternos de los hindúes». Y ya más cerca, el profesor Sartori recuerda lo que ocurre en los países europeos: «Los musulmanes de tercera generación no solo no se han integrado, sino que son los más rebeldes. Odian a Occidente porque no tienen trabajo y muchos se sienten atraídos por el islam fanático».
En peligro
La inmigración actual se está produciendo sin un flujo ordenado, porque, aparte de la que tiene motivaciones económicas, es fruto de guerras. Ante la suspensión de los acuerdos de Schengen en algunos países hasta ahora muy favorables a la inmigración, como Dinamarca o Suecia, Sartori indica: «No se puede practicar una política de puertas abiertas, como ingenuamente cree alguna izquierda. Está bien hablar de solidaridad, porque los inmigrantes pueden ser un elemento positivo para nuestra economía, pero los flujos migratorios hay que regularlos. Quien entra en Europa debe tener documentos, una identidad segura».
En definitiva, sostiene Sartori que «Occidente y sus valores están en peligro porque no se está dando una respuesta adecuada al fundamentalismo islámico». Hace ya quince años que, en el «Corriere della Sera», Sartori afirmó que estábamos asistiendo a «una guerra inédita con cuatro características: terrorista, global, tecnológica y religiosa». Hoy lo reafirma con más fuerza, viendo el terrorismo del Daesh: «En una guerra hay que emplear todas las armas que uno tiene a su disposición. Nosotros, Occidente, somos los agredidos, con un terrorismo de una ferocidad que nuestra memoria histórica no recuerda. Además, cuando un hombre-bomba, kamikaze por la fe, se hace explotar en medio de civiles, el enfrentamiento ha llegado al máximo».
    «No se puede practicar una política de puertas abiertas, como cree alguna izquierda»
«Aparte del componente militar, que es importante, pero secundario, es una guerra que se gana o se pierde en casa -añade-. Se vence si sabemos reaccionar ante la pérdida intelectual y moral en que hemos caído. Y se pierde si dudamos o nos olvidamos de nuestros valores que dan fundamento a nuestra civilización ético-política». ¿Y cómo acabará? Su respuesta no es muy reconfortante: «Veremos. Este es un mundo que se está suicidando».
Sartori está escribiendo la segunda parte de «La carrera hacia ninguna parte», ensayo para el que pensó otro título, «La carrera hacia la ruina». «Caminamos sin ideas sobre cómo progresar con tantos como somos, demasiados…», dice. Precisamente, «la superpoblación es el cáncer de fondo de nuestra sociedad». Es una de sus grandes preocupaciones, a la que dedicó «La tierra explota, superpoblación y desarrollo» (2003).
Especialmente crítico con la Unión Europea, asegura: «Es un monstruo. La Europa de los 28 es una entidad muerta, no existe. No es capaz ni de parar la inmigración. En mi nuevo libro aporto soluciones: Europa necesita un presidente experto en economía».
El «tranquilismo»
«Yo soy realista y tengo un lema muy claro -explica-: el pesimismo es peligroso si nos lleva o induce a la rendición; el mal lo hace el optimismo o el “tranquilismo” que conducen a no hacer nada».
No se siente solo el profesor Sartori desde el punto de vista intelectual. Coincide con su duro diagnóstico europeo el sociólogo francés Alain Touraine, que acaba de recibir en Italia el Premio Nonino como «maestro de nuestro tiempo»: «Los países europeos son hoy incapaces de integrarse completamente en la economía mundial y globalizada. Acabo de volver de California y me ha impactado, hablando con los americanos, que para ellos el mundo de mañana se refiere solo a EE.UU. y China. Han abandonado Europa. No nos toman en serio. Para ellos somos solamente un destino para sus vacaciones».
Desde el punto de vista sentimental, Sartori siempre tiene cerca, también durante esta conversación, a su mujer, Isabella Gherardi, pintora y fotógrafa, de la que le separan «solo» treinta y nueve primaveras. ¿La receta de la convivencia? «Buen humor y no preocuparse por el paso del tiempo». Así concluye la entrevista el viejo y sabio profesor, que ha sembrado cultura política en la derecha y la izquierda, y que todavía tiene mucho que enseñar: «Al menos espero acabar este libro. Después, basta. No soy infinito».

(http://www.abc.es/cultura/cultural/abci-giovanni-sartori-islam-incompatible-occidente-201602041540_noticia.html?ref_m2w=https://www.facebook.com)
Fotografía: http://elpais.com/diario/2003/05/07/cultura/1052258410_850215.html

Breve nota LB: Comenta María Teresa Belandria en Facebook: "Comparto plenamente las expresiones de Sartori sobre la incompatibilidad del islam con nosotros, con Occidente. Igualmente su afirmación de que el multicuturalismo no existe. Ojalá quienes tienen responsabilidad de estado entiendan que estamos amenenazados, que el islam fundamentalista no respeta, solo tolera mientras te convierten y que además, como mujer sus prácticas y predicas son contrarias a lo más sagrado del ser humano: la libertad".

lunes, 28 de diciembre de 2015

REALIZACIÓN INSTITUCIONAL



Relaciones primarias y representación política

Luis Barragán

“Los grandes ‘artistas’ de la política
contemporánea son cada vez más
personajes que ignoran olímpicamente
la relación entre los fines propuestos
y los medios disponibles”
Giovanni Sartori (*)

Días atrás, con motivo de la reedición y presentación en España de su – ya – más conocido libro, Enrique Krauze concedió una entrevista de prensa en la que celebraba el funcionamiento de las instituciones y del propio debate político para despecho de la llamada antipolítica y sus oficiantes (https://www.google.co.ve/?gfe_rd=cr&ei=Ih6AVsSOC4mw8we4kZTwAw&gws_rd=ssl#q=Enrique+Krause+abc+antipolitica) . Ésta, fenómeno todavía inconcluso, se ha deslizado en este  lado del mundo  hacia la necropolítica – fracasada el 6-D – y procura ahora reactivarse mediante un tal parlamento comunal nacional, fórmula a la que apela el ultraizquierdismo anacrónico deseoso de una inmediata respuesta de la ultraderecha a la que aspira de acuerdo a sus conveniencias, reavivándola - por lo pronto – retóricamente.

Harto conocido, dicho parlamento comunal no existe en la Constitución de 1999 y, menos, inquietó a los constituyentistas de entonces. Sin embargo, el caso está en la pretendida existencia y legitimación de una instancia que carece de toda representatividad y, evidentemente, está fundada en las relaciones primarias, datos importantes para apuntar al trasfondo cultural respecto los problemas públicos y compartidos,  más allá de la torpe estratagema oficial.

En efecto, pocos conocen a los integrantes de esa instancia gobiernera de emergencia, así como los mecanismos empleados para accederla. Enfatizando la diferencia más elemental, los diputados a la Asamblea Nacional, ahora electos y pendientes de ocupar legítimamente sus curules, resultaron de la votación directa, universal y secreta de la ciudadanía, y también de la necesaria aplicación del principio de publicidad, susceptibles de cualesquier objeción y hasta impugnación en el lapso correspondiente:

En un viejo artículo que bien complementa sus conocidos títulos, dilucidando algunos de los inconvenientes de la democracia directa,  Giovanni Sartori recordaba un elemento de la ecuación: “El representante no sólo es responsable ante alguien, sino también responsable de algo” (Claves de Razón Práctica, Madrid, nr. 91, Madrid, 1999). Y que sepamos, los anónimos miembros de parla-comunal, por cómoda denominación, incumplen con el precepto, convalidando el monumental retroceso de una selección por tercer, quinto o décimo grado y, si fuere el caso, sólo responsables ante la justicia penal ordinaria.

Además, una selección que consagra las relaciones primarias de simpatía o antipatía, lealtad personal y – agreguemos – prebendaría, porque el PSUV y sus expresiones subsidiarias, carecen de una convincente vida institucional interior y todas las invocaciones normativas suceden a la imposición de una línea política incuestionable.  Por más leyes, reglamentos y otros dispositivos que se aleguen para configurar la instancia, es parte de una carpintería posterior a la decisión política de convocarla, como no hubiese ocurrido en el supuesto de un triunfo gubernamental en los comicios parlamentarios, dándonos idea  de nuestras tercas informalidades.

Ejemplificado por el parla-comunal, el asunto guarda correspondencia con el hábito o práctica inveterada de considerar y reconocer como dirigentes políticos a quienes carecen de representatividad, avalados por las simpatías personales que suscitan y el servilismo que es parte de un engranaje que, al parecer, estamos revirtiendo.  Modestamente, creemos que esto no es hacer política (y política democrática, añadimos), sino – simplemente – simularla, aunque autores como José Puello.Socarrás, al abordarla desde la perspectiva mitológica, asume que la política sencillamente lo es, sin que sea objeto de despolitización o repolitización alguna (Ciencias Sociales, Quito, nr. 23 de 2005).

Disculpándonos por el tono testimonial, recordamos el caso de dos jóvenes que, en sus inicios en la política por estos años, no fueron siquiera delegados de su curso o elegidos como voceros de sus copartidarios, pero sí muy  hábiles en su relacionamiento personal. Proceráticos y estridentes, nunca protagonizaron una protesta ni rindieron declaración alguna ante la policía política, pero – eso sí – gustaban de un selfie con los líderes del partido y acertaban con un oportuno obsequio de cumpleaños.

Las instituciones, la institucionalidad y el relacionamiento institucional, por supuesto, debidamente concursados, reglados y perfectibles, fundamentan la política democrática en la que cabe y se realiza el compromiso personal. Sospechamos que el amargo y pausado descenso del actual régimen, cada vez menos representativo del pueblo venezolano, ilustrará mejor los vicios que hemos – de un modo u otro – cultivado, acentuando la política como un agresivo pleito de vecindario.

(*)  La política. Lógica y método en las ciencias sociales”. Fondo de Cultura Económica, México, 1992: 132.
Gráfica: Buster Keaton, en una escena de "El maquinista de La General" ("The General", 1926). 

Fuentes:

domingo, 6 de septiembre de 2015

CAZA DE CITAS

 "... Significa que el partido, por sí solo, ya no es una unidad suficiente ni muy significativa de análisis"

Giovanni Sartori 

("Partidos y sistemas de partido. Marco para un análisis", Alianza Editorial,  Madrid, 1994: 286)

lunes, 4 de julio de 2011

BREVIARIO


EL NACIONAL - Domingo 03 de Julio de 2011 Opinión/8
ATres Manos
Miradas múltiples para el diálogo
Sartori en la pasarela
RIGOBERTO LANZ

"¿La democracia está en peligro? Me temo que tengo que responder que, a largo plazo, sí... Yo he terminado. Ahora les toca a ustedes. Buena suerte".
Giovanni Sartori
(La democracia en treinta lecciones, p.144)

Un texto curioso y entretenido. Confesión de mala conciencia de un autor que pide disculpas por escribir libros voluminosos (qué diría Balzac con su modesto proyecto de la Comedia humana). No obstante tener una larga experiencia en el mundo de la opinión pública a través de Corriere della Sera , el venerable Sarto- ri parece sucumbir a la tentación de esta suerte de filosofía de peluquerías a la que nos tiene acostumbrados el inefable Savater. Esta es la primera sensación que deja La democracia en treinta lecciones . Una lectura de aeropuerto, amigable y frívola, que recuerda de inmediato la profusa buhonería de libros de autoayuda que inundan las vitrinas de estos supermercados de papeles que se hacen llamar eufemísticamente "librerías".

No me refiero al tamaño físico del texto, ni a su diseño o a su diagramación. Tampoco es un rechazo a priori de los panfletos. Los hay de muy buena factura (el "Manifiesto comunista", por ejemplo) y abundan desde luego las pamplinas intelectuales bajo la coartada de "ensayos breves". Aquí no hay voluntad de engaño o señuelo editorial para engatusar a los desprevenidos compradores (de estas mañas tenemos una larga historia).

Desde que usted se topa con el libro, le da una miradita rápida, cancela correctamente en la caja y se sienta pacientemente a esperar la salida de su vuelo que está retardado (digamos, unas tres o cuatro horas), todo luce extremadamente coherente. Si tiene la fortuna de que al fin su avión despega, entonces caben algunas conjeturas. Veamos.

En todos los casos, usted ya leyó el panfleto y se ha hacho su propia idea de qué va la cosa (con los atenuantes de que es una lectura rápida, podría usted autopersuadirse de que es una primera aproximación, sin fines académicos o pretensiones eruditas). Si este viajero imaginario es un conocedor de la obra de Sartori, entonces entiende rápidamente que es una travesura del autor, sugerida en alguna parranda donde concurrían políticos, empresarios, editores y algún presentador de televisión. La gente que no sabe nada de nada también tiene derecho de enterarse, diría este experto.

Si nuestra viajera es una dama algo distraída (admitirá usted que de esta clase de damas tenemos algunos miles de millones), entonces ocurrirá lo mismo que con cualquier texto de Coello: la lectora se sentirá autorizada a parlamentar sobre el autor con el pasajero de al lado como si Sartori fuera su tutor.

Claro está, nuestra viajera imaginaría adquirió este librito allí frente a la puerta de embarque del aeropuerto, junto con la respectiva Vanidades y alguna otra novedad editorial que se entremezcla con chucherías, yesqueros y dentríficos. Todo es de una coherencia impactante.

Pero podría ser que nuestra imaginaria viajera sea una chama pila, estudiante de "ciencias po" (ese es el calé con el que los jóvenes sifrinos en París llaman a su Escuela de Ciencias Políticas), que leyó para el examen un libro de Sartori (lo cual es ya un milagro) y que viaja a Los Roques con un empate, estudiante de Ingeniería, que no sólo es que nunca escuchó el nombre de ese tal Sartori (salvo para asociarlo con el portero de la Juventu), sino que en verdad nunca ha leído ningún libro. Sentaditos en la última fila del avión, ella un poco dudosa le coloca el librito en las piernas a su novio y le dice: "Mira lo que compré; este tipo me lo mandan para el examen, ¿quieres leerlo?". Ella en verdad sabía la respuesta. El chamo le daba vueltas al librito, hacía como si leyera la contratapa, seguía dándole vueltas y al final se lo pone a ella en sus piernas y le dice: "Ya tu lo leíste... así no vale".

Finalmente, amigo lector, no se desanime. Los grandes pensadores pueden darse el lujo de explicar la democracia en 30 lecciones.

Lo que es un poco más complicado es pretender entenderla con estas leves pastillas.

Pero también es verdad que el asunto no es entender. Con distraerse ­mientras sale el avión­ ya es bastante.

lunes, 25 de octubre de 2010

sartoriando (1)


Giovanni Sartori es un autor fundamental para quienes desean ir más allá de los episodios de rutina, poblados de apariencias que después se deshacen en el complejo terreno de la política y lo político.
Todos debemos interesarnos en los asuntos políticos, públicos, colectivos y ciudadanos. Nadie puede exceptuarse – incluso – por razones morales, las que frecuentemente alegan como si la conducta ética fuese monopolio del crítico-criticón.
No todos querrán profundizar en el tema político. Sin embargo, para ir más allá de lo aparente, banal y episódico, bien vale Sartori (aunque – confesamos – no saber quién hoy lo supera).
De Sartori se ha ocupado la Wiki:
http://es.wikipedia.org/wiki/Giovanni_Sartori
Ahora bien, la imagen es fundamento de los tiempos que vivimos. Sustitutiva de la reflexión, más vale el zarpazo de la mirada para activar prejuicios. Pero no es un hecho circunstancial, efímero, anecdótico. Y muy bien, entre otros, Sartori ha tratado el tema: la video-política y poder político de la televisión, homo videns.

Obra publicada por 1997, traducida por Taurus al año siguiente, trata bien la materia y nos permite deducir algunas cuestiones importantes sobre la infopolítica.
La primacía de la imagen, la opinión teledirigida, la democracia y un interesante apéndice, constituyen los capítulos o secciones de la obra, por la cual versa sobre el empobrecimiento de la capacidad de entender, el gobierno de sondeos, las video-elecciones, la democracia continua y deliberativa o el postpensamiento….

(*) Esta las dos notas siguientes fueron aportada al grupo LIBROS (Facebook)

sartoriando (2)


Cierto, no todos podemos especializarnos en la teoría y práctica política, al igual que en otros ámbitos tan disímiles y contrastantes. Alguien puede saber poco del corazón y no le acompleja consultar con un cardiólogo, e – incluso – intentar leer algo más profundo sobre la materia. La diferencia está en que la escuela nos avisa algo sobre el corazón y no todos lo tenemos afectado (lo decimos médicamente), pero muy escasamente conocemos la política. Y, encima de todo, inculpamos a los partidos políticos de nuestras desgracias.
Giovanni Sartori, de quien hemos dicho algo a propósito de su texto sobre la video-política, originalmente por 1980 publicó el texto sobre los partidos y sistemas de partido. La edición que nos sirve de ilustración es de Alianza, 1994. Está dividido en dos partes: ¿por qué hay partidos? Y sistemas de partidos, extendiéndose sobre el partido como parte, como un todo y por dentro, dando un marco conceptual indispensable. Y, luego, nos lleva al criterio numérico, sistemas competitivos y no competitivos, los cuasi partidos, el marco global y competencia especial.

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Ya hicimos la introducción de Sartori a propósito de la videopolítica y los partidos, aunque es larga e interesantísima su bibliografía. Editada en 1992, la obra cuya portada nos sirve de ilustración, versa sobre la Constitución, democracia, dictadura, igualdad, ideología, liberalismo, mercado, opinión pública, parlamento, política, representación, sistemas electorales, sociedad libre, técnicas de decisión y videopoder….