El contexto de un embargo (*)
Luis Barragán
(Desde la Tribuna de Oradores). Señor Presidente, colegas Parlamentarios: Asistimos a uno de los capítulos postreros de lo que fue la pujante industria petrolera venezolana en manos de este socialismo rentístico, paradójicamente un socialismo cuyos prohombres, en este mismo Hemiciclo, rasgaban sus vestiduras reclamando la defensa de la soberanía y de los intereses vitales del país.
Completan el asalto doloso y doloroso de la industria petrolera por esta vía, por este camino, porque hablamos de situaciones que van más allá de las fórmulas contractuales que hacían ver escenarios como los que ahora estamos padeciendo. E, incluso, ideólogos y expertos petroleros afines a este régimen, como Carlos Mendoza Potellá, habló con una candidez extraordinaria en numerosas oportunidades, incluso en el medio académico, sobre la necesidad – decía - en torno al régimen por entonces presidido por Chávez Frías, de un consejo de supervisión y de la contraloría social para una industria tan compleja como la petrolera.
Queremos significar es que, en medio de esta complejidad de la industria petrolera, esas voces que decían defender los intereses del país, la trataban con una simplicidad que fue precisamente la que abonó a las condiciones que hicieron posible el asalto deliberado de la industria en manos de los maulas, en manos de quienes perpetran un delito continuo contra el futuro del país, el erario público y que ahora se quejan de que la ConocoPhillips o la Exxon están haciendo las diligencias arbitrales o judiciales del caso, sin importarles que afecten los intereses fundamentales del país.
Es necesario colocar este problema en la perspectiva de una traición histórica de lo que fue una bandera de la venezolanidad, orgullosa de una industria que fue la tercera altamente competitiva y la tercera en el ranking mundial de las transnacionales que rivalizaban en el mercado por comercializar el crudo, incluso por su adecuada transformación petroquímica.
Ya todos sabemos en qué se ha convertido PDVSA –PSUV, PDVSA–partido; una entidad partidista a la que ahora ya tampoco le alcanza el recurso para la asistencia social y que marginalmente realiza actividades petroleras, invirtiéndose precisamente la naturaleza, el objetivo y la razón de ser de esta empresa.
Podemos hablar de las infladas nóminas de PDVSA–PSUV, podemos hablar de las actividades financieras que también son objeto del asalto de todo lo relacionado directa o indirectamente con la industria petrolera, o de la quiebra de la gerencia, pero lo fundamental que acá debemos destacar es que PDVSA- PSUV, ahora bajo la responsabilidad militar –indebidamente militar– se ha convertido en otra de las mayores vulnerabilidades desde la perspectiva de la seguridad y defensa del país. Estas actuaciones, estos embargos de los activos, no tienen otra relación sino que la establecida directamente con los intereses vitales de la República, más aún, en medio de una paradoja sobre la cual llama la atención la fracción parlamentaria del 16 de Julio, cuando vamos en camino de una presunta recuperación de los precios. Estamos nosotros sufriendo, asistiendo, atestiguando o padeciendo calamidades como estas que amenazan, de acuerdo con los expertos, que en tres a cuatro semanas aproximadamente habrá una parálisis del parque automotor en Venezuela, y por supuesto, va a terminar lo que fue la pujante industria orgullo de los venezolanos, subastada como todas las industrias existentes.
Han tomado por asalto a la industria petrolera y lo han hecho deliberadamente. Eso significa que deben irse quienes la han conducido y quienes, por debajo cuerda, celebran todos estos resultados adversos a los intereses venezolanos, porque hay cómplices de este mismo régimen relacionados con muchas de las empresas que están haciendo la cola para este tipo de diligencia arbitral o judicial.
Así como del asalto electoral que se avecina debe dimitir el dictador Nicolás Maduro y sus secuaces, de este asalto a la industria petrolera –y con esto termino, ciudadano Presidente, colegas parlamentarios - deben marcharse y dejar que la alternativa plural democrática, con vocación venezolanista y de futuro, tomemos de nuevo las riendas para que el sector privado y el público de la económica enderecemos el camino y volvamos a ser la potencia petrolera que alguna vez fuimos.
Es todo, señor Presidente, colegas parlamentarios.
(*) Intervención en la sesión plenaria de la Asamblea Nacional (Caracas, 15/05/2018), abierto el debate sobre el embargo de los activos por la ConocoPhillips.
Fotografía: Hubo industria petrolera con el crecimiento del parque automotor que venció la trasportación por tranvías eléctricos, por ejemplo, en el norte desarrollado. La producción venezolana actual del crudo está por debajo de lo oficialmente referido y tampoco alcanza para el mercado interno. ¿Hasta cuándo habrá suficiente gasolina? Escena del fiilm “Speedy” (1928), protagonizada por Harold Lloyd y Babe Ruth.
03/06/2018:
http://guayoyoenletras.net/2018/06/03/el-contexto-de-un-embargo/
Mostrando entradas con la etiqueta Harold Lloyd. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Harold Lloyd. Mostrar todas las entradas
sábado, 2 de junio de 2018
jueves, 29 de diciembre de 2016
ABISMO
EL PAÍS, Madrid, 23 de diciembre de 2016
ANÁLISIS
Así caen las repúblicas
Paul Krugman
Mucha gente está respondiendo al auge del trumpismo y los movimientos xenófobos en Europa leyendo historia, en concreto, la de la década de 1930. Y hace bien. Hay que estar deliberadamente ciego para no ver los paralelismos entre el auge del fascismo y la actual pesadilla política.
Pero la década de 1930 no es la única época de la que podemos aprender algo. Últimamente he leído mucho sobre el mundo antiguo. Al principio, tengo que admitirlo, lo hacía por entretenimiento y para refugiarme de las noticias, que empeoran a cada día que pasa. Pero no he podido evitar fijarme en los ecos contemporáneos de algunos capítulos de la historia de Roma, y más concretamente, en el relato sobre la caída de la República Romana.
Y he descubierto lo siguiente: las instituciones de la república no protegen frente a la tiranía cuando los poderosos empiezan a desafiar las normas políticas. Y la tiranía, cuando llega, puede prosperar aunque mantenga una apariencia de república.
En cuanto al primer punto: la política romana conllevaba una competencia feroz entre hombres ambiciosos. Pero, durante siglos, esa competencia estuvo limitada por ciertas normas aparentemente inquebrantables. He aquí lo que cuenta Adrian Goldsworthy en En el nombre de Roma: “Por muy importante que fuese para un individuo alcanzar la fama y mejorar su reputación y la de su familia, ello siempre debía estar supeditado al bien de la república... Ningún político romano decepcionado recurría a la ayuda de una potencia extranjera”.
Estados Unidos era así antes, con senadores ilustres que afirmaban que debíamos “frenar en seco la política partidista”. Pero ahora tenemos un presidente electo que pidió abiertamente a Rusia que lo ayudase a difamar a su oponente, y todo indica que el grueso de su partido estaba y está conforme con ello. (Un nuevo sondeo pone de manifiesto que la aprobación de Vladimir Putin entre los republicanos ha crecido aun cuando —o, más probablemente, precisamente por ello— ha quedado claro que la intervención rusa desempeñó una función importante en las elecciones de EE UU). Ganar las luchas nacionales es lo único que importa, olvídense del bien de la república.
¿Y qué le pasa a la república como consecuencia de ello? Es famoso el hecho de que, sobre el papel, Roma nunca dejó de ser una república para convertirse en un imperio. Oficialmente, la Roma imperial seguía gobernada por un Senado que, dadas las circunstancias, se remitía al emperador (cuyo título inicialmente significaba únicamente “comandante”) para todo lo que importaba. Puede que no estemos yendo por el mismo camino exactamente —aunque ¿podemos estar seguros de ello?—, pero ya ha empezado el proceso de destrucción de la esencia democrática al tiempo que se mantienen las formas.
Piensen en lo que acaba de pasar en Carolina del Norte. Los votantes han tomado una decisión clara, y han elegido a un gobernador demócrata. La legislatura republicana no ha invalidado abiertamente el resultado —no esta vez, en cualquier caso—, pero, a efectos prácticos, le ha arrebatado su poder al gobernador, y se ha asegurado de que la voluntad de los votantes no tenga peso real.
Si sumamos cosas así a los intentos constantes de privar del derecho al voto a los grupos minoritarios, o al menos disuadirles de que voten, tenemos los cimientos de un Estado monopartidista de facto: uno que sigue fingiendo que existe una democracia, pero que ha amañado el juego para que el bando contrario nunca gane.
¿Por qué está pasando esto? No pregunto por qué los votantes blancos de clase trabajadora respaldan a políticos cuyas políticas los perjudican (volveré sobre ese asunto en futuras columnas). Mi pregunta es más bien por qué a los políticos y los funcionarios de uno de los partidos ya no parece importarles lo que antes se consideraban valores estadounidenses fundamentales. Y seamos claros: este es un problema republicano, no algo que “los dos bandos hacen”.
¿Y qué impulsa ese comportamiento? No creo que sea algo puramente ideológico. Los políticos que supuestamente defienden el libre mercado están descubriendo que el capitalismo basado en el amiguismo funciona bien siempre que los amigos sean los correctos. No guarda relación con la lucha de clases; la redistribución de la riqueza de las clases baja y media entre los adinerados está presente en todas las políticas republicanas modernas. Yo diría que el ataque contra la democracia se debe simplemente al arribismo de los burócratas de un sistema aislado de las presiones externas mediante unas circunscripciones electorales manipuladas, una lealtad partidista inquebrantable y cantidades ingentes de ayuda económica de los plutócratas.
Lo único que les importa a esas personas es acatar la disciplina del partido y mantener el dominio de este. Y sí, a veces, parecen consumidas por la rabia contra cualquiera que cuestione sus actos, y bueno, así es como responden siempre los piratas cuando se los acusa de piratería.
Todo esto deja clara una cosa: que la enfermedad de la política estadounidense no empezó con Donald Trump, como tampoco la enfermedad de la República Romana empezó con César. Los cimientos de la democracia hace décadas que se están erosionando, y nada garantiza que alguna vez sea posible restaurarlos.
Pero si albergamos alguna esperanza de redención, tendremos que empezar por admitir lo mal que está la situación. La democracia estadounidense se encuentra al borde del abismo.
(*) Traducción de News Clips.
Fuente:
http://economia.elpais.com/economia/2016/12/21/actualidad/1482348147_335235.html
ANÁLISIS
Así caen las repúblicas
Paul Krugman
Mucha gente está respondiendo al auge del trumpismo y los movimientos xenófobos en Europa leyendo historia, en concreto, la de la década de 1930. Y hace bien. Hay que estar deliberadamente ciego para no ver los paralelismos entre el auge del fascismo y la actual pesadilla política.
Pero la década de 1930 no es la única época de la que podemos aprender algo. Últimamente he leído mucho sobre el mundo antiguo. Al principio, tengo que admitirlo, lo hacía por entretenimiento y para refugiarme de las noticias, que empeoran a cada día que pasa. Pero no he podido evitar fijarme en los ecos contemporáneos de algunos capítulos de la historia de Roma, y más concretamente, en el relato sobre la caída de la República Romana.
Y he descubierto lo siguiente: las instituciones de la república no protegen frente a la tiranía cuando los poderosos empiezan a desafiar las normas políticas. Y la tiranía, cuando llega, puede prosperar aunque mantenga una apariencia de república.
En cuanto al primer punto: la política romana conllevaba una competencia feroz entre hombres ambiciosos. Pero, durante siglos, esa competencia estuvo limitada por ciertas normas aparentemente inquebrantables. He aquí lo que cuenta Adrian Goldsworthy en En el nombre de Roma: “Por muy importante que fuese para un individuo alcanzar la fama y mejorar su reputación y la de su familia, ello siempre debía estar supeditado al bien de la república... Ningún político romano decepcionado recurría a la ayuda de una potencia extranjera”.
Estados Unidos era así antes, con senadores ilustres que afirmaban que debíamos “frenar en seco la política partidista”. Pero ahora tenemos un presidente electo que pidió abiertamente a Rusia que lo ayudase a difamar a su oponente, y todo indica que el grueso de su partido estaba y está conforme con ello. (Un nuevo sondeo pone de manifiesto que la aprobación de Vladimir Putin entre los republicanos ha crecido aun cuando —o, más probablemente, precisamente por ello— ha quedado claro que la intervención rusa desempeñó una función importante en las elecciones de EE UU). Ganar las luchas nacionales es lo único que importa, olvídense del bien de la república.
¿Y qué le pasa a la república como consecuencia de ello? Es famoso el hecho de que, sobre el papel, Roma nunca dejó de ser una república para convertirse en un imperio. Oficialmente, la Roma imperial seguía gobernada por un Senado que, dadas las circunstancias, se remitía al emperador (cuyo título inicialmente significaba únicamente “comandante”) para todo lo que importaba. Puede que no estemos yendo por el mismo camino exactamente —aunque ¿podemos estar seguros de ello?—, pero ya ha empezado el proceso de destrucción de la esencia democrática al tiempo que se mantienen las formas.
Piensen en lo que acaba de pasar en Carolina del Norte. Los votantes han tomado una decisión clara, y han elegido a un gobernador demócrata. La legislatura republicana no ha invalidado abiertamente el resultado —no esta vez, en cualquier caso—, pero, a efectos prácticos, le ha arrebatado su poder al gobernador, y se ha asegurado de que la voluntad de los votantes no tenga peso real.
Si sumamos cosas así a los intentos constantes de privar del derecho al voto a los grupos minoritarios, o al menos disuadirles de que voten, tenemos los cimientos de un Estado monopartidista de facto: uno que sigue fingiendo que existe una democracia, pero que ha amañado el juego para que el bando contrario nunca gane.
¿Por qué está pasando esto? No pregunto por qué los votantes blancos de clase trabajadora respaldan a políticos cuyas políticas los perjudican (volveré sobre ese asunto en futuras columnas). Mi pregunta es más bien por qué a los políticos y los funcionarios de uno de los partidos ya no parece importarles lo que antes se consideraban valores estadounidenses fundamentales. Y seamos claros: este es un problema republicano, no algo que “los dos bandos hacen”.
¿Y qué impulsa ese comportamiento? No creo que sea algo puramente ideológico. Los políticos que supuestamente defienden el libre mercado están descubriendo que el capitalismo basado en el amiguismo funciona bien siempre que los amigos sean los correctos. No guarda relación con la lucha de clases; la redistribución de la riqueza de las clases baja y media entre los adinerados está presente en todas las políticas republicanas modernas. Yo diría que el ataque contra la democracia se debe simplemente al arribismo de los burócratas de un sistema aislado de las presiones externas mediante unas circunscripciones electorales manipuladas, una lealtad partidista inquebrantable y cantidades ingentes de ayuda económica de los plutócratas.
Lo único que les importa a esas personas es acatar la disciplina del partido y mantener el dominio de este. Y sí, a veces, parecen consumidas por la rabia contra cualquiera que cuestione sus actos, y bueno, así es como responden siempre los piratas cuando se los acusa de piratería.
Todo esto deja clara una cosa: que la enfermedad de la política estadounidense no empezó con Donald Trump, como tampoco la enfermedad de la República Romana empezó con César. Los cimientos de la democracia hace décadas que se están erosionando, y nada garantiza que alguna vez sea posible restaurarlos.
Pero si albergamos alguna esperanza de redención, tendremos que empezar por admitir lo mal que está la situación. La democracia estadounidense se encuentra al borde del abismo.
(*) Traducción de News Clips.
Fuente:
http://economia.elpais.com/economia/2016/12/21/actualidad/1482348147_335235.html
sábado, 11 de mayo de 2013
NOTAS SOBRE EL FASCISMO (11)
El fascismo ligth de Capriles y compañía
Ildefonso Finol
03/05/2013
El historiador zuliano Juan Romero, nos recordaba recientemente las características del fascismo, según la tesis del pensador italiano Umberto Eco: Culto de la tradición. Rechazo a la ilustración. La acción por la acción. Pensar es una forma de castración. Rechazo del pensamiento crítico. Miedo y odio a lo diferente. Manipulación de las clases medias frustradas para recuperar su “status”. Xenofobia. Ánimo permanente de confrontación. Elitismo, desprecio por los débiles. Culto a la muerte.
Observando la conducta pública del “líder” de la oposición venezolana, pudiéramos comentarlo así: Culto a la tradición capitalista de la propiedad privada en pocas manos; escasa o nula formación intelectual; llamado a acciones irresponsables; exaltación de la ignorancia; miedo y odio al populacho; agrupamiento bajo chantaje de la pequeña burguesía; desprecio por pueblos hermanos; sentido de pertenencia a un grupo superior; propaganda de muerte.
Pero este fascismo caprilista tiene un estilo “mosquita muerta”, como se decía en mi pueblo: “tira la piedra y esconde la mano”. Es fascismo puro y duro, mercenario y avaro; aunque dosificado.
Tendríamos que agregarle a este neo fascismo criollo del siglo XXI, un supremo servilismo frente a las potencias imperialistas, sacralización del modelo de vida gringo, rechazo a los valores culturales humanistas, exacerbación del consumismo como sinónimo de éxito, imposición de un pensamiento único: el neoliberalismo, mimetización con tendencias populares para engañar electores, uso monopólico de la mediática mundial, xenofobia clasista anti proletaria, culto al componente inmigrante burgués, desprecio por el destino del país, y simulación de demócratas.
Capriles se disfrazó de pseudo patriota para ganar adeptos distraídos el 14-A, igual que el partido nazi se autoproclamaba “socialista” y “obrero”, aunque su verdadero objetivo era destruir el proyecto socialista y esclavizar a la clase obrera.
Así que no es nuevo ese arte de engañar del fascismo, al contrario, es su táctica particular, porque de revelar sus intenciones, las masas lo rechazarían como la cosa perversa e irracional que verdaderamente es.
Por eso las “solidaridades” automáticas de la derecha internacional con los aruños en el rostro de Julio Borges, contrastan ofensivamente con la indiferencia ante los muertos y heridos que provocó el llamado fascista a desconocer la voluntad popular expresada democráticamente el 14 de Abril.
La Revolución Bolivariana pasa por un momento crítico. El fascismo pro imperialista, apoyado por gobiernos extranjeros, como el estadounidense, el español y el israelita, tratará de mantener en jaque constante al país; y en eso del engaño, nadie como Odiseo, el que concibió la treta del Caballo de Troya.
En estos días la tabla de ajedrez vuelve a ser el campo de batalla. Inteligencia y ojo avizor.
Fuente: http://www.aporrea.org/oposicion/a165119.html
Fotografía: Harold Lloyd (1939).
Ildefonso Finol
03/05/2013
El historiador zuliano Juan Romero, nos recordaba recientemente las características del fascismo, según la tesis del pensador italiano Umberto Eco: Culto de la tradición. Rechazo a la ilustración. La acción por la acción. Pensar es una forma de castración. Rechazo del pensamiento crítico. Miedo y odio a lo diferente. Manipulación de las clases medias frustradas para recuperar su “status”. Xenofobia. Ánimo permanente de confrontación. Elitismo, desprecio por los débiles. Culto a la muerte.
Observando la conducta pública del “líder” de la oposición venezolana, pudiéramos comentarlo así: Culto a la tradición capitalista de la propiedad privada en pocas manos; escasa o nula formación intelectual; llamado a acciones irresponsables; exaltación de la ignorancia; miedo y odio al populacho; agrupamiento bajo chantaje de la pequeña burguesía; desprecio por pueblos hermanos; sentido de pertenencia a un grupo superior; propaganda de muerte.
Pero este fascismo caprilista tiene un estilo “mosquita muerta”, como se decía en mi pueblo: “tira la piedra y esconde la mano”. Es fascismo puro y duro, mercenario y avaro; aunque dosificado.
Tendríamos que agregarle a este neo fascismo criollo del siglo XXI, un supremo servilismo frente a las potencias imperialistas, sacralización del modelo de vida gringo, rechazo a los valores culturales humanistas, exacerbación del consumismo como sinónimo de éxito, imposición de un pensamiento único: el neoliberalismo, mimetización con tendencias populares para engañar electores, uso monopólico de la mediática mundial, xenofobia clasista anti proletaria, culto al componente inmigrante burgués, desprecio por el destino del país, y simulación de demócratas.
Capriles se disfrazó de pseudo patriota para ganar adeptos distraídos el 14-A, igual que el partido nazi se autoproclamaba “socialista” y “obrero”, aunque su verdadero objetivo era destruir el proyecto socialista y esclavizar a la clase obrera.
Así que no es nuevo ese arte de engañar del fascismo, al contrario, es su táctica particular, porque de revelar sus intenciones, las masas lo rechazarían como la cosa perversa e irracional que verdaderamente es.
Por eso las “solidaridades” automáticas de la derecha internacional con los aruños en el rostro de Julio Borges, contrastan ofensivamente con la indiferencia ante los muertos y heridos que provocó el llamado fascista a desconocer la voluntad popular expresada democráticamente el 14 de Abril.
La Revolución Bolivariana pasa por un momento crítico. El fascismo pro imperialista, apoyado por gobiernos extranjeros, como el estadounidense, el español y el israelita, tratará de mantener en jaque constante al país; y en eso del engaño, nadie como Odiseo, el que concibió la treta del Caballo de Troya.
En estos días la tabla de ajedrez vuelve a ser el campo de batalla. Inteligencia y ojo avizor.
Fuente: http://www.aporrea.org/oposicion/a165119.html
Fotografía: Harold Lloyd (1939).
Etiquetas:
Fascismo,
Harold Lloyd,
Henrique Capriles,
Ildefonso Finol,
Umberto Eco
Suscribirse a:
Entradas (Atom)