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miércoles, 15 de julio de 2020

AULA ABIERTA

Política y universidad
William Anseume

Este tema presenta profundo, presenta al menos una doble vía. La de las políticas públicas universitarias y la de la vida política del país incidida por las universidades. De momento, aunque no pienso abandonar ninguna, me quedo con la segunda.

¿Cuándo surgió el prurito de la política partidista en las universidades? ¿Acaso no eran en su mayoría políticos y universitarios, por retrotarernos a la fundación de la nación, quienes aquel día firmaron el Acta de la Independencia? Más recientemente, por indagar el momento de la ruptura:¿Quiénes instauraron la democracia en Venezuela? ¿No eran políticos? ¿No fueron universitarios? ¿Dónde se forjó la llamada Generación del 28 tan luchadora contra la tiranía gomecista? ¿De dónde surgen formados intelectualmente y preparados para hacer política los líderes que organizan el quiebre de la dictadura de Pérez Jiménez? ¿No fueron también en su mayoría universitarios? ¿Quién fue Leoni? ¿Quién fue Jóvito? ¿Quién fue Caldera? ¿Dónde, en principio, bebió ideas Betancourt?

Justo en el proceso de devaluación discursiva y política de la democracia puntofijista, se crea la dañina distanciación politica-universidad en Venezuela. Una brecha que permite escalar con ímpetu esas elaboraciones mentales de la izquierda venezolana también surgidas de la brillantez universitaria, indudablemente, imbuidas en los procesos “heroicos” de la Revolución Cubana, y en toda la visión bipolar internacional que le sirvió a la mayoría de los intelectuales como trampolín para inclinarse al ala soviética del mundo en oposición a la supuesta explotación capitalista de los proletarios del orbe. Simplifico en demasía procesos complejos. Pero no dudo que, sin buscar hacer descansar en nadie culpabilidades que obedecen a una época y una épica fundamental de la humanidad, derivada, entre otros múltiples aspectos, de una Guerra Mundial y sus consecuencias; a la llamada izquierda internacional le convino en demasía la apertura de una distancia de la política con respecto a la universidad. Especialmente en Venezuela, donde el afianzamiento de la cultura militarista así como su conexión con los militares le sirvió a esa izquierda para materializar finalmente su conquista del poder. De allí que se haya aupado a un Teniente Coronel a la presidencia de la República, y éste haya postulado (impuesto) al individuo más alejado de la universidad para sucederle ante su muerte inminente.

Ahora, de unos cuarenta o cincuenta años a acá, la política se torna un acto malvado para universitarios que se posicionan como académicos puristas. La universidad nada quiere saber de políticos y, al parecer, viceversa. Como si no hubiera, como de hecho ahora la hay, y de qué manera, una acción destructiva del poder hacia las universidades, un odio, una repulsa, que me da la razón en cuanto al origen y materialización de la idea de alejar lo más posible a la universidad de la política, hasta causar una brecha honda, irrecuperable. De allí que para un acto reciente por la autonomía universitaria en el Aula Magna de la UCV, por poner un ejemplo mísero, se haya predicho que era un acto universitario que no permitiría la participación de líderes ni de partidos políticos, como ocurrió para deslucimiento y mayor intrascendencia de tan importante evento.

En ese sentido, los universitarios tenemos la obligación de rescatar ambos para el pensamiento y para la acción. Política y universidad sólo en la ficción no van juntas; esa mala idea elaborada justamente por políticos que implantaron imágenes para hacer ver que la actividad política era nauseabunda e indigna, menor, sucia y contaminante, para su conveniencia y la de sus proyectos, a la par de ser una idea falsa, generó los peligros mayores y causó en parte sustancial estos estragos en una y otra, en la acción política y en la universidad. Volveré, sin duda sobre estos planteamientos aquí apenas esbozados.

15/07/2020:
https://www.lapatilla.com/2020/07/15/william-anseume-politica-y-universidad
Captura de imagen:
https://www.youtube.com/watch?v=jX4WGv2RPHU

lunes, 16 de marzo de 2020

CORONAVIRUS: SOCIEDAD CIVIL

De cierta inversión del principio de subsidiariedad
Luis Barragán

Un elevado porcentaje de la población, no accede a las redes digitales. Empero, de una forma u otra, está mínimamente informada de la pandemia.

La respuesta social, al menos, en las zonas metropolitanas, es de extrema cautela. Intuimos y sentimos que no existen los recursos necesarios, institucionales y materiales, como se evidencia en otras latitudes, con un mínimo de organización responsable, para afrontar el coronavirus, aunque tensamos el arco entre las escenas del "Nessun dorma"  de Turandot, interpretado por un tenor espontáneo para levantar el ánimo del vecindario en Italia y la resistencia de los llamados chalecos amarillos frente a la cuarentena, en Francia.

La sociedad civil organizada y los partidos políticos de la oposición, agotan sus mejores esfuerzos por orientar a los venezolanos, a través de sendas campañas electrónicas.  Estudiantes, docentes, profesionales o especialistas, aportan su tiempo para orientar a la ciudadanía y, particularmente, Vente Venezuela ha tenido por empeño una tarea de divulgación personal y digital que también contrasta con la sola asunción del fenómeno, por el régimen, como propio de la seguridad y defensa de la nación.

Habrá ocasión para hacer el necesario y exhaustivo balance de esta otra experiencia de supervivencia de los venezolanos, pero – sin duda alguna – no basta con la militarización del problema. Por ello, a pesar de la disparidad de los recursos disponibles, opera una cierta inversión del principio de subsidiariedad: proporcional y crecientemente, con todas  las limitaciones, la ciudadanía sustituye en importante medida el papel que le corresponde al Estado o a quienes lo dirigen de facto.

Una nota esencial es la de jamás generar pánico en la población, como lo ha observado recientemente Víctor Maldonado. Ante las circunstancias más difíciles, serenidad y equilibro, ya referido por María Corina Machado en un video sobrio, responsable y directo.

lunes, 9 de marzo de 2020

FUSIÓN PARTIDOS Y ASAMBLEA NACIONAL

Érase el aniversario partidista
Guido Sosola

Tres eventos aniversarios fueron muy significativos en el país después de 1958, además, de libre concurrencia.  A los cumpleaños de los partidos, de Pro-Venezuela y de El Nacional, casi nadie faltaba aún sin tener interés directo en la política.

Respecto a los partidos,  pasaron del modesto acto de la sede al salón  de los grandes hoteles capitalinos; por cierto, un buen día, el MAS de Petkoff descubrió la importancia de una amplísima celebración  aunque creo que no llegó al Caracas Hilton, pero se movió en una agencia de festejos muy cotizada como Casa Mar. Abiertas de par en par las puertas del ágape, el extraño era realmente figura pública si la prensa dejaba luego constancia de la pasantía por el cocktail.

Cuando veo por Youtube  la sesión de la Asamblea Nacional de ayer miércoles, me llamó poderosamente la atención un “punto de información”: sucesivamente, dos diputados discursearon especial y exclusivamente sobre el aniversario de PJ y de UNT. Esto ocurre en una asamblea en la que, so pretexto del tiempo que debe ahorrarse, no debate materias de crucial interés para el país, como el nombramiento mismo de los altos  funcionarios expeditamente decididos.

Que yo sepa, jamás hubo algo semejante en la historia parlamentaria del país, porque cualquier orador podía hacer e hizo alusiones colaterales al cumpleañero partido de adscripción, pero era impensable que se abriese un punto adicional en el Orden del Día en tributo a la fecha natal de AD URD, COPEI, PCV, CCN, etc., etc.  Lo más lejos que se llegó fue con el PSUV en este siglo, al declarar en receso las actividades asamblearias porque el Innombrable o el PSUV debían apagar las velas de la torta, ya que ni a Medina Angarita se le hubiese ocurrido celebrar al PDV en los hemiciclos, como tampoco a Domingo Alberto Rangel por convencido que estuviese del MIR como el partido más arrecho de toda la historia, por encima de los Liberales Amarillos al que les sobraron los cortesanos en el siglo XIX.

Érase el aniversario de cada partido que no se confundía con las materias  sobriamente tratadas por senadores y diputados y, a lo sumo, dejaban a las municipalidades las sesiones solemnes del caso para satisfacción de sus militantes. Creo que hace muy mal el G-4  al abusar de la tribuna parlamentaria, igualito como lo hizo el PSUV.

Reproducción: Tribuna Popular, Caracas, 16/01/1987. Celebración del aniversario del PCV. Lo curioso es que fue tan tolerante este país que Guillermo Morón, el último historiador positivista que hemos tenido, se acercaba y departía con los comunistas que lo adversaban.

05/03/2020:
https://www.lapatilla.com/2020/03/05/guido-sosola-erase-el-aniversario-partidista/

domingo, 1 de marzo de 2020

PÓLVORA NO ES TINTA

Del libro de actas
Luis Barragán

Importa y mucho, dejar constancia de los  procesos de decisión que nos comprometen. Parecerá ocioso el asunto, pero hay discusiones y resoluciones celebradas y adoptadas en las más variadas entidades que, por mucho que nos afecten, ingresan a la frágil tradición oral y, luego, resultan cómodamente tergiversadas.

Solemos improvisar lo asistido, dicho y resuelto aún en las más modestas y también inevitables convocatorias y reuniones que nos conciernen en el ámbito privado y en el ciudadano, por lo que no extraña que los antes célebres libros de actas y las mínimas formalidades que acarrean, estorben perdiendo la memoria de nuestras jornadas. Sobran los equívocos, contradicciones y hasta falseamientos interesados  en cualesquiera entidades gremiales, académicas, deportivas u otras a las que pertenecemos, por cercanas que sean, incluso, tratándose de una junta de condominio, la empresa mercantil en la que  invertimos o la asamblea de ciudadanos que adscribimos.

Sentencia nada desventurada, el promedio de los partidos políticos perdieron el hábito de llevar y aprobar el acta de sus ya infrecuentes decisiones colegiadas y, a lo sumo, la prefabrican para llenar los extremos de la postulación de sus candidatos,  cuando se ofrece raramente la ocasión de concurrir a unas elecciones más o menos confiables. Nada extraña, por ejemplo, que no haya el fácil acceso, público e inmediato, a los expedientes partidistas que están bajo custodia del Consejo Nacional  Electoral (CNE), donde – suponemos – constan y rielan todos y cada uno de los actos decisivos que legitiman su existencia.

Hay casos de una mayor disciplina de documentación del esfuerzo organizado y compartido, aunque también de alteración o forjamiento en el supuesto de algún rédito personal, comercial o político. Valga acotar, la tendencia es a plasmar muy generalizadamente los asuntos de llevarse con cierta regularidad el acta devenida minuta, dificultando su eficacia jurídica.

La peste de la desinstitucionalización ha llegado a todos los rincones de la vida social y, con excesiva frecuencia, decide o resuelve un capitoste, por más que congregue a otros que corren  la misma suerte. Por ello, el libro de actas constituye un elemento exraño en los días que corren.

martes, 25 de febrero de 2020

PASAJES DE PARTIDO

Partidos, política y relato
Andrés Betancor / El Mundo

Maurice Duverger, uno de los grandes estudiosos de los partidos, afirmaba que partidos y democracia están ligados; el desarrollo de unos ha estado vinculado al de la otra, tanto, como que aquellos despliegan unas funciones esenciales para el funcionamiento de la democracia. No nos puede sorprender que el cuestionamiento de los partidos crezca en paralelo al de la democracia liberal. Las elecciones, pieza esencial sobre la que se construye ésta (fuente de legitimación del poder), son el marco de la concurrencia competitiva de partidos que pugnan, sobre la base de la aglutinación de aspiraciones (materiales e ideales) de los ciudadanos, por la credibilidad del «compromiso» de hacerlas realidad, mediante las instituciones del Estado (parlamentos y gobiernos). Además, en un contexto social tan complejo como el presente, en donde la máxima interconexión está produciendo la máxima individualización y aislamiento, las instancias de agregación como los partidos son esenciales para la gobernabilidad.

La inmensa mayoría de las constituciones democráticas cuentan con disposiciones consagradas a los partidos. En nuestro caso, es el artículo 6 el que dispone las funciones que están llamados a desplegar («expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política»), la libertad con la que han de operar («dentro del respeto a la Constitución y a la Ley») y la exigencia de que su «estructura interna y funcionamiento [sean] democráticos».

La democracia interna de los partidos pasa por el reconocimiento y la garantía de los derechos de los afiliados y por su participación en la designación y el control de los cargos directivos. Sin embargo, en su configuración institucional, la pulsión democrática lucha con la de la eficacia de la organización en la realización de los objetivos que le da sentido en el contexto de la competencia en el mercado político-electoral. Si el resultado de la pugna es la desunión, en España está particularmente castigada, como se ha demostrado reiteradamente, desde la desaparición de UCD en las elecciones de 1982, continuando con la crisis del año 2016 del PSOE.

La eficacia se mide por el éxito electoral. Reivindicación de democracia interna y éxito electoral no conjugan bien. Como ha destacado Blanco Valdés, «la democracia interna de un partido resulta ser en la realidad de los hechos directamente proporcional a sus fracasos en las urnas e inversamente proporcional al éxito que tenga a la hora de repartir los cargos que la toma del poder lleva asociada». Cuando se pierde, se abre la caja de los truenos de la democracia interna. Y cuando se pierde mucho, cuando las expectativas eran elevadas, aún más grande es la tormenta. Nada la aplacará. En el fondo, la democracia interna es lo de menos. Es la excusa, la pantalla tras la que ocultar la enorme frustración por los resultados. Los éxitos acallan a la democracia; el fracaso la avienta. Los estatutos son los mismos, lo que antes era un remanso de paz, ahora, la cárcel de la libertad.

Esto es lo que se está viviendo en Ciudadanos–Partido de la Ciudadanía. He participado en la elaboración de los estatutos que están siendo objeto de debate en las agrupaciones y lo serán en la próxima asamblea general. Que un académico, como yo, dé este paso, sin experiencia previa, es un reto. La política tiene unas reglas que sólo viviéndola se terminan de comprender. Una de ellas, muy relevante, es la relatividad del valor de los hechos, las verdades y los argumentos. Lo único importante es el relato, esa micro-historia que explica algo con la finalidad de provocar una reacción (positiva o negativa) en la audiencia. Sobre la ponencia de estatutos se ha construido el relato de que no garantiza los derechos fundamentales de los afiliados. Incluso, se dice, que incumple el artículo 6 de la Constitución. En el fondo, se llama a la ilegalización del partido. Se afirma que se castiga a la discrepancia interna y se remata tal afirmación con otra según la cual «el extenso título dedicado al régimen disciplinario» «hace pensar en un partido que intenta blindarse ante las críticas internas».

¡Que la verdad no estropee el relato! Es irrelevante que desde el año 2017, fecha de los estatutos vigentes y de su parte disciplinaria (que se mantiene en la ponencia), nunca se ha castigado, a instancia de los órganos de dirección, a ningún afiliado por sus manifestaciones públicas, sólo por denuncia de otros afiliados, usualmente, por insultos u otros incumplimientos. Es, igualmente, irrelevante, la doctrina del Tribunal Constitucional sobre la potestad disciplinaria de los partidos en relación con la libertad de expresión. Irrelevante.

El Tribunal Constitucional se enfrentó, en la Sentencia 226/2016, a un recurso de amparo suscitado por una militante socialista que fue sancionada por el comité ejecutivo (no, como sucede en Ciudadanos, por órgano separado de la dirección como es el comité disciplinario) por haber publicado una carta al director en La Nueva España en la que criticaba la decisión de suspensión del proceso de primarias para elegir al candidato a la Alcaldía de Oviedo. La sanción se basó en dos tipos infractores muy graves: «Menoscabar la imagen de los cargos públicos o instituciones socialistas» y «actuación en contra de acuerdos expresamente adoptados por los órganos de dirección del partido». La sanción fue la de la suspensión de militancia por 20 meses.

El Tribunal Constitucional denegó el amparo y, por consiguiente, consideró ajustado a la Constitución el que se pudiera sancionar a un militante por ejercer su libertad de expresión en un medio de comunicación social manifestando su discrepancia con las decisiones del partido. El Tribunal hace unas consideraciones que me parecen convenientes: «(1) En los casos de aplicación del régimen disciplinario por el ejercicio de la libertad de expresión existe un conflicto entre dos derechos fundamentales, el de asociación (art. 22) y el de expresión (art. 20). (2) La libertad de expresión admite límites y uno es, precisamente, el derecho fundamental de asociación: las obligaciones dimanantes de la pertenencia a una asociación política. (3) Los afiliados asumen el deber de preservar la imagen pública de la formación política a la que pertenecen, y de colaboración positiva para favorecer su adecuado funcionamiento. (4) La exigencia de colaboración leal se traduce igualmente en una obligación de contención en las manifestaciones públicas…, tanto en las manifestaciones que versen sobre la línea política o el funcionamiento interno del partido como en las que se refieran a aspectos de la política general en lo que puedan implicar a intereses del propio partido. Y (5): un partido político puede reaccionar utilizando la potestad disciplinaria… frente a un ejercicio de la libertad de expresión de un afiliado que resulte gravemente lesivo para su imagen pública o para los lazos de cohesión interna que vertebran toda organización humana y de los que depende su viabilidad como asociación y, por tanto, la consecución de sus fines asociativos». En consecuencia, publicar una crítica contra las decisiones del partido puede considerarse como que «menoscaba la imagen de los cargos públicos o instituciones socialistas» y es una «actuación en contra de acuerdos expresamente adoptados por los órganos de dirección del partido» por lo que puede ser sancionada como infracción muy grave.

Tampoco encaja en el relato la doctrina constitucional. Es irrelevante. Se silencia la complejidad de la interrelación entre disciplina y libertad de expresión, en el escenario de un conflicto institucional más enmarañado entre eficacia y democracia que sólo se puede resolver con mejor democracia interna. Esto es lo que hace la ponencia de estatutos. Así, se contempla, por primera vez, la moción de censura contra el comité ejecutivo; y se crea un órgano de deliberación directa y sin cargos intermedios, entre la presidencia del partido y las bases del partido, como es la convención ciudadana.

En definitiva, si en política el relato es importante, con independencia de si se construye sobre mentiras, o grandes mentiras, sólo cabe contraponer, en un debate democrático, las razones, los argumentos. Nos queda la esperanza, incluso suicida, de que al final la luz, sólo la luz, sobresaldrá entre la oscuridad de la falsedad.

(*) Andrés Betancor, catedrático de Derecho Administrativo, es miembro de la comisión redactora de la ponencia de estatutos de Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía.

Fuente:
https://www.almendron.com/tribuna/partidos-politica-y-relato
Ilustración: Martha Hughes.

sábado, 8 de febrero de 2020

VITRINA

Érase el partido ético
Guido Sosola

Los partidos con propósitos de duración, hicieron del nacimiento un contraste. Distintos a los existentes, procuraron la buena conducta de sus integrantes.

Sólo los sinceró la dura prueba del ejercicio del poder o de las cuotas de poder que dispensaban las  municipalidades y legislaturas, sucumbiendo, pues, por benedictinos que se creyeran, el presupuesto nacional por siempre fue  una tentación inevitable.  Hubo individualidades o, mejor, personalidades que lograron sobrevivir intactos, cuales cátaros, a la fiesta de los excesos petroleros.

El proceso cubano subió los decibeles de la llamada Guerra Fría y cobró una mayor importancia la pedagogía  doctrinaria en  las  organizaciones con aspiraciones históricas, procurando impermeabilizar el techo.  Empero, sobreviviendo la democracia representativa, a la postre, los  propios institutos de formación decayeron, mal administrando sus recursos, y toda la casa se cayó por el torrencial aguacero de dislocación de los principios y valores que únicamente sirvieron de vistosa fachada.

El presente año, en apenas mes y medio, está abarrotado de eventos que hablan de las inconsistencias de los partidos opositores  (viejos y emergentes) que, a modo de ilustración, concursan en las empresas públicas del exterior y hasta en una comisión técnica que se presume rigurosa, específica y especializada para manejar nada más y nada menos que $ 20 millones del denominado Fondo de Litigios, por no citar lo que ocurre con las entidades oficialistas que, de un modo u otro,  muerden el erario público, por ornamentales que fuesen.  Huelga hacer la crónica de las transacciones que desembocaron en una directiva diferente a la encabezada por Guaidó en la Asamblea Nacional, pero no fallará el futuro historiador al hurgar las circunstancias de los partidos dominantes de la escena que aportaron nombres para la subasta, añadida una novel fracción parlamentaria que prácticamente quedó vaciada, comenzando por su jefe, un diputado traidor que antes, el 4 de enero, todo lo refieren, despachó un discurso incendiario contra la dictadura en una reunión vespertina o nocturna, no  precisamos, del G-4.

Érase la escuela ética de los partidos que, mal que bien, trató de sostenerse, fuere el  que acunó a Vinicio Carrero, el que soportó la tempestad del Sierra Nevada o el que aún no explica – espectral - el monto de los reales que recibió y manejó la guerrilla de los sesenta. Hay un desplome monumental de estos otros partidos y sus relacionados, aún en curso,  que, irritando  a no pocos, fuera  y dentro del país, siguen flaqueando a Guidó, olvidando que el Partido Liberal  Amarillo trató de sobrevivir en el XX, como sus equivalentes se esfuerzan por hacerlo en el presente siglo.

Fotografía: Tomada de las redes.la ilegítima directiva de la Asamblea Nacional: Luis Parra, Franklin Duarte y Goyo Noriega.

09/02/2020:

miércoles, 25 de diciembre de 2019

STALIN VIVE, LA PATRIA SIGUE

Anne Applebaum y la gran hambruna roja: "Rusia sigue amenazando a toda Europa"
Una de las mejores historiadoras del momento se sumerge en una de las mayores carnicerías del siglo XX: el Holodomor que mató de hambre a 4 millones de ucranianos entre 1933 y 1934
Daniel Arjona
26/01/2019

Con el hambre llegaron la violencia, las venganzas, la desesperación, el canibalismo y la locura. Finalmente todas las emociones se apagaron. La gente se sentaba a morir en los bancos de sus granjas arrasadas, indiferentes e inmóviles. O huían por las vías del tren hasta que ya no podían más y se derrumbaban o se colgaban en los postes a la vista de los aterrados viajeros. Los cuerpos se amontonaban en las calles de pueblos y ciudades sin que nadie tuviera ni fuerzas ni ganas de recogerlos. Un empleado del ferrocarril recordaba que "todas las mañanas, mientras iba camino del trabajo, me encontraba con dos o tres cadáveres junto a las vías, pero pasaba por encima de ellos sin pisarlos y seguía adelante. La hambruna me había robado la conciencia, el alma y los sentimientos. Al pasar por encima de los cadáveres no sentía absolutamente nada, era como si estuviera sorteando troncos".
Ocurrió entre 1931 y 1934 y es quizás uno de los hitos del Mal de un siglo XX pródigo en horrores. Como consecuencia de la nefasta colectivización salvaje que obligó a los kulaks o campesinos a dejar sus tierras e integrarse en granjas colectivas y de la decisión premeditada de liquidar cualquier anhelo de independencia en Ucrania, Stalin mató de hambre a cuatro millones de ucranianos -y a otro millón más en el resto de la URSS- en lo que habría de bautizarse como 'Holodomor', de las palabras ucranianas 'hólod' ('hambre') y 'mor' ('exterminio'). El velo que aún se cernía sobre aquellos hechos terribles motivado principalmente por la negativa del régimen actual de Putin en Rusia a realizar la más mínima crítica al pasado comunista, acaba de ser levantado definitivamente en 'Hambruna roja. La guerra de Stalin contra Ucrania' (Debate, 2019) por Anne Applebaum (Washington DC, 1964), una de las mejores historiadoras de la actualidad.
"El tema central que nos ocupa es", explica la autora, "¿qué ocurrió en realidad en Ucrania entre los años 1917 y 1934? En particular, ¿qué ocurrió durante el otoño, el invierno y la primavera de 1932 y 1933? ¿Qué sucesión de acontecimientos y qué mentalidad llevaron a la hambruna? ¿Quién fue el responsable? ¿Qué lugar ocupa este episodio terrible en la historia general de Ucrania y en la del movimiento nacional ucraniano?" Applebaum vive en Polonia y no sólo es una de las más reputadas historiadoras del reverso tenebroso del comunismo en el siglo XX con libros como 'Gulag' (Premio Pulitzer) o 'El telón de acero', sino que además es una de las más beligerantes liberales contra el populismo de extrema derecha, esa epidemia que devora a su país de adopción y que amenaza en todo el mundo la pluralidad, la prosperidad y la sociedad abierta.
En el número de octubre de The Atlantic, la historiadora Anne Applebaum publica uno de los mejores ensayos políticos que se pueden leer estos días: 'Una advertencia desde Europa'
PREGUNTA. Explica en su libro que el Holodomor constó de dos secuencias. Primero, la hambruna. ¿Fue el resultado no buscado de un proceso político nefasto, la colectivización staliniana, o, más bien un hecho premeditado, es decir, Stalin quiso matar voluntariamente de hambre a los ucranianos?
RESPUESTA. Hay que entender que la hambruna fue provocada en primer lugar por la colectivización stalinista pero que, cuando la gente empezó a tener hambre, y todo el mundo sabía lo que estaba ocurriendo, el estado soviético puso en marcha políticas diseñadas expresamente para empeorar la hambruna. ¿Por qué murió de hambre la gente? Porque había equipos de personas organizadas por el Partido Comunista que iban por pueblos y aldeas, casa por casa, recogiendo por la fuerza toda la comida, cada patata, cada brizna de trigo.
P. La segunda parte del Holodomor fue la gran represión contra los intelectuales y clases liberales ucranianas identificadas como partidarias de la independencia. ¿Cuál era el factor esencial de la independencia ucraniana? ¿Un auténtico sentimiento nacional o más bien una resistencia a la sovietización del país?
R. Es una buena pregunta. Diría que ambas cosas. De hecho Stalin pensaba con razón que el movimiento nacional ucraniano escondía precisamente una resistencia a la sovietización y por eso lo odiaba. Pero Stalin también desconfiaba de los propios comunistas ucranianos. Fíjese que todos los miembros del Partido Comunista Ucraniano estaban muertos en 1935. Es importante darse cuenta de que ser un nacionalista ucraniano significaba entonces, y significa ahora, mirar a Occidente, a Europa, y no mirar hacia Rusia. Los nacionalistas ucranianos fueron siempre proeuropeos y los que hoy izan banderas de la Unión Europea contra el autoritarismo de Rusia lo que quieren para ellos es la misma democracia y la libertad de la que goza el continente.
Óscar del Pozo, Madrid
P. Su libro recoge el nuevo trabajo de documentación de archivos que se ha hecho posible en los últimos años. Al revisar estas fuentes para escribir su libro, ¿qué fue lo que más le sorprendió?
R. Estos archivos han demostrado dos asuntos capitales. Por un lado, todo lo que sabía Stalin sobre la hambruna. Desde 1932 el Partido Comunista Ucraniano empezó a escribirle cartas muy claras a Stalin advirtiéndole de que la gente se estaba muriendo de hambre. Y con todo, Stalin tomó las funestas decisiones que tomó. Por otro lado, hemos conocido una serie de decretos que fueron adoptados en secreto que iban dirigidos específicamente a Ucrania con la decidida intención de empeorar la hambruna. Aquellas leyes fueron fundamentales para desencadenar la catástrofe definitiva que se desató en la primavera de 1933. Por ello esta información es tan importante. Pero yo añadiría también otro factor muy importante para entender la hambruna: la cantidad de memorias sobre los hechos que se han ido acumulando y conociendo durante las últimas dos décadas en diferentes comisiones y que dan fe de cómo se realizaban las confiscaciones de alimentos, como las brigadas comunistas iban a las casas de la gente a requisar alimentos.
P. ¿Y cuál es la actitud de la Rusia de Putin sobre el Holodomor? Porque tras cierta apertura y mea culpa en los noventa, a la caída de la URSS, parece haber regresado un tiempo de clausura y nueva oscuridad...
R. El gobierno ruso nunca ha reconocido el Holodomor, ni siquiera en los noventa. Especulo tal vez, pero creo que se debe a que la historia de la hambruna está muy relacionada con la historia del movimiento nacional ucraniano de 1919 y la independencia de Ucrania sigue siendo un problema hoy para Rusia.
P. De hecho, usted establece una relación entre el Holodomor y sucesos recientes como la revolución ucraniana de Euromaidan, la anexión de Crimea por Rusia y la guerra posterior.
R. No es que haya una relación directa pero el Holodomor es para los ucranianos un recuerdo de cómo Rusia reprimió salvajemente su independencia que además se mantuvo demasiado tiempo en secreto. Y eso es algo que hoy ayuda a preservar la identidad ucraniana. En los noventa, los ucranianos pudieron al fin hablar libremente sobre el Holodomor, crearon comisiones para investigarlo y ceremonias de homenaje y recuerdo de las víctimas. Actualmente ya no centra tanto el debate como entonces pero, sin duda, nada ha hecho más por fortalecer el sentimiento nacional de Ucrania que el Holodomor.
P. ¿Ha dejado Europa abandonada a Ucrania en su guerra larvada contra Rusia?
R. Ucrania es un país difícil de apoyar. La UE llegó a un acuerdo de Asociación con Ucrania en 2014 que fue muy importante, así que no diría que Europa no ha hecho nada. Pero la falta de una política de defensa única en Europa nos impide hacer frente a Rusia como debiéramos en el asunto ucraniano. Lo que los europeos no entienden es que lo que siguen haciendo los rusos en Ucrania es una amenaza para todo el continente. Una amenaza militar, social, de guerra de información, etc. Si lo hubiéramos entendido y hubiéramos luchado antes en Ucrania, llevaríamos mucho ganado.
P. ¿Cómo es posible que un país de poca monta como Rusia esté ganando la guerra de la desinformación y desestabilizando occidente? No sólo Ucrania, también Europa o Estados Unidos... ¿Cómo es posible que las poderosas democracias occidentales parezcan incapaces de defenderse?
R. Porque empezaron muy pronto. Rusia se dio cuenta antes que nosotros de que en internet cualquiera puede intervenir en las conversaciones políticas de cualquiera, del uso de las cuentas falsas para diseminar información interesada y rumores. Tuvieron éxito en Ucrania y también en Polonia y nosotros hemos sido muy lentos a la hora de enterarnos de lo que estaba ocurriendo y de cómo contraatacar. Somos muy ingenuos. Seguimos pensando que de alguna manera controlamos la situación pero no es cierto. Gran parte de lo que hace Rusia no es en realidad ni muy sofisticado ni muy caro. Es verdad que Rusia es una superpotencia muy débil con una economía muy pequeña. Hay gente que dice que China es la auténtica amenaza mundial pero Rusia, siendo mucho más pequeña, tiene mucha más influencia en la política mundial.
P. ¿Se podría decir entonces que hoy Rusia es la principal amenaza para la sociedad abierta?
R. No es el único enemigo pero sí uno de los más importantes. Los rusos son unos grandes estrategas, apoyan a la extrema derecha o a la extrema izquierda según les conviene con el fin de desestabilizar nuestras sociedades. Ellos no inventaron extremismos que ya existían en el resto del mundo pero sí los alimentan a conveniencia con dinero y propaganda.
P. En un reciente artículo suyo publicado en The Atlantic y que ha tenido bastante repercusión en España titulado 'Lo peor está por venir' alertaba sobre un inquietante fenómeno vivido por usted en Polonia y que poco a poco devora al resto del mundo: la conversión de gran parte de la vieja derecha liberal en algo muy parecido al fascismo.
R. Bueno, en Polonia no toda la derecha... pero sí, digamos, la mitad. Pero yo no puse el título de ese artículo, ¿eh? Jajaja.
P. No hacía falta, lo que usted contaba allí ya era suficientemente terrorífico.
R. Sí, y también ha llegado a España como usted sabrá mejor que yo. El autoritarismo está atrayendo a la gente y la situación es la más crítica que vive la democracia liberal desde los años treinta del siglo XX. Todos dábamos por sentado que habíamos encontrado la mejor forma de sociedad pero hay gente que no está de acuerdo.
P. ¿Y qué están haciendo los liberales, los moderados, los socialdemócratas para defenderse? Porque parece que se están dejando cazar como conejos sin plantear batalla….
R. No, no estamos tirando la toalla. Pero sí necesitamos un frente unido mucho más claro contra estas ideas. En Polonia, por ejemplo, el problema es que los liberales están divididos entre el centro derecha y el centro izquierda en varios partidos. Si se unieran, tendrían opciones de victoria. Y lo mismo en el resto de Europa. Nuestro sistema de partidos políticos se ha quedado desfasado y no refleja las nuevas divisiones reales de la sociedad. Gran Bretaña, por ejemplo. ¿Por qué no se unen los conservadores y los laboristas favorables a Europa. No tiene ningún sentido.
P. Hay una posición intelectual que defienden pensadores como Steven Pinker que asegura que el mundo sigue mejorando y que el nacionalpopulismo no irá a más, que será una anécdota en la historia. ¿Minusvaloran así la amenaza? Porque si la situación se parece como usted dice a lo de los años 30, en fin, aquello ya sabemos cómo terminó.
R. Espero que no acabe igual ahora... A ver, si reconocemos, nos organizamos y luchamos, este nuevo populismo, extremismo o, por qué no, fascismo, desaparecerá. Pero es muy importante ser realistas respecto a lo que está ocurriendo y entenderlo bien, cosa que nos hemos negado a hacer hasta hoy. Y mira que están claras las cosas desde hace años. Con la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos la amenaza se hizo al fin evidente. Trump que, por cierto, ganó entre otras cosas por difundir teorías de la conspiración como que Obama no había nacido en EEUU a las que nadie prestó atención en su momento. ¡Y un 20% de los americanos se lo creyeron! Hay que tomarse muy en serio lo que la gente lee en internet.
P. A propósito de las redes, advertía en aquel artículo que la polarización no es un invento de ahora y citaba el affaire Dreyfus pero sí parece que las nuevas redes sociales alimentan esa polarización hasta extremos nunca vistos. Si hace más de un siglo hubiera existido Twitter, ¿el capitán Dreyfus munca habría sido rehabilitado?
R. Pues no lo sé pero sí, las redes sociales alimentan la polarización, y a toda velocidad. En España lo estáis comprobando también.
P. Sí, en España tenemos ya nuestra propia extrema derecha nativa: Vox. Y existe un debate en los medios acerca de cómo tratar el fenómeno. ¿Hay que reflejar día a día lo que dicen dándoles así el protagonismo que buscan o es mejor intentar evitarlo? En Polonia ya llevan ustedes tiempo lidiando con ello, ¿cuál es su sugerencia?
R. Lo que hay que hacer no es tanto no hablar de ellos como no dejarles definir la agenda política. ¿Cuál es la agenda real? ¿De qué quiere hablar la gente?¿Cuál son sus auténticos problemas? Porque la inmigración no lo es, como demuestran los datos. No puedes hacer como si no existieran pero hay que hablar del desempleo y de los problemas reales a los que se enfrenta la gente de la calle y no discutir con ellos, por ejemplo, las cosas tan horribles que dicen de las mujeres. Pero hay esperanza, piense que en Alemania la extrema derecha populista de AFP está bajando en las encuestas.

Fuente:
https://www.elconfidencial.com/cultura/2019-01-25/anne-applebaum-hambruna-roja-ucrania-urss-stalin_1782594/

Anne Applebaum: «La izquierda, también la española, ha querido restar importancia a los crímenes de Stalin»
La ganadora del Premio Pulitzer se adentra con su libro «Hambruna Roja» en el secreto soviético que la izquierda europea más se afanó en negar a lo largo de décadas: la muerte de casi cinco millones de campesinos por obra y gracia de la URSS
César Cervera
05/02/2019

Niños con los estómagos hinchados, campos sembrados de cadáveres, familias que solo comían hierba y bellotas... En la primavera de 1932, cientos de miles de campesinos ucranianos comenzaron a pasar hambre. Nadie sabía qué estaba ocurriendo exactamente en la región de la «tierra negra», la que el historiador griego Herodoto elogió en la Antigüedad como «la hierba más exuberante del mundo».
Los más valientes, y tal vez también los más ingenuos, preguntaron directamente al Honorable Camarada Stalin: «¿Hay alguna ley del Gobierno soviético que establezca que los aldeanos deban pasar hambre?». No sospechaban aún que no se trataba de una ley fallida o de un error del Kremlin, sino de un plan concebido por uno de los psicópatas más aplaudidos del siglo XX. Su mayor secreto, su mayor genocidio.
La periodista Anne Applebaum (Washington, 1964), ganadora del Premio Pulitzer por Gulag, alumbra en Hambruna roja (Debate) otra de las penumbras soviéticas. El intento de Stalin de borrar a la nación ucraniana de la faz de la tierra a base de represión, muerte y, sobre todo, hambre en el principal granero de la Unión Soviética. Casi cinco millones de personas, cuatro de ellos ucranianos, perecieron del año 1931 al 1934, a consecuencia de la colectivización forzosa puesta en marcha por el dictador comunista.
Primero, el Kremlin arrojó a la Policía Secreta Soviética contra la elite intelectual y política de Ucrania. Luego, Stalin aplicó su particular solución final para la Ucrania rural: matar de hambre al campesinado, que en su opinión formaba los cimientos de la nación ucraniana. «Cada vez que descubrían algo de comer lo desparramaban por el suelo y disfrutaban viendo cómo los niños lloraban y recogían las lentejas o las alubias del barro», dejó escrito una familia.
Lo que los exiliados calificaron como «Holodomor», un término derivado de las palabras ucranianas «hólod» («hambre») y «mor» («exterminio»), ha desbordado con los años a la izquierda europea que durante la Guerra Fría restó importancia a la muerte de cinco millones de personas. Applebaum explica las razones detrás aquella ceguera en una entrevista celebrada en la sede madrileña del Aspen Institute España.
-¿Qué ha significado Ucrania para Rusia y para sus líderes?
-Ucrania era desde el punto de vista de Stalin la provincia más importante, difícil y peligrosa. En la época de la Revolución rusa, Ucrania había intentado convertirse en un estado independiente y, durante gran parte de la Guerra Civil, surgieron muchos grupos hostiles a los bolcheviques. Stalin, como prácticamente todos los líderes rusos hasta hoy, nunca confió en Ucrania. En la actualidad, sigue siendo un quebradero de cabeza para los rusos.
-Aparte de matar a los campesinos de hambre, ¿qué medidas aplicó el Kremlin para destruir Ucrania?
-La operación de genocidio de la nación ucrania se dio en los dos frentes simultáneamente. Primero contra los intelectuales y miembros de la Ucrania tradicional, y luego contra el campesinado. La hambruna iba dirigida a los kulaks (campesinos ricos), de los que Stalin decía que eran la base del nacionalismo. Quería evitar que se repitieran nuevas revoluciones y se viera amenazado el pan que se llevaban a la boca los rusos. No en vano, a corto plazo se provocó un desastre agrícola, siendo necesario traer a gente de las ciudades. Stalin antepuso la política a cuestiones económicas o humanitarias.
-Hasta no hace mucho se ha defendido que la hambruna fue un efecto indeseado de la colectivización de tierras.
-Es la historia oficial que la Unión Soviética y la izquierda europea contaban hasta hace nada. Rusia nunca admitió, ni tampoco hoy, que se provocaron aquellas hambrunas y que se trató de destruir a Ucrania como nación. Stalin lo ocultó a través de métodos brutales, llegando a destruir el censo registrado y a hacer desaparecer a los responsables de esos registros. Prohibió incluso a los funcionarios que hablaran del tema, y persiguió a los periodistas occidentales que en aquella época denunciaron los crímenes. Nos enteramos de lo ocurrido por exiliados, a los que inexplicablemente Occidente tardó mucho en creer.
-¿Por qué ha costado tanto denunciar estos crímenes en comparación con los de otros totalitarismos?
-Hay muchas razones, entre ellas que Occidente derrotó a Hitler y descubrió el Holocausto en tiempo real. Se hicieron fotos y se vio en primera persona lo que eran los campos de exterminio. En cambio, la Unión Soviética nunca tuvo su juicio de Nuremberg. No hubo evidencias en tiempo real sobre sus asesinatos.
Aparte, hay que tener en cuenta que si se venció a Hitler fue gracias a Stalin, y eso es difícil de olvidar. No hubiera quedado bien decir que los aliados vencieron a un genocida con la ayuda de otro asesino de masas, ni siquiera en la Guerra Fría. Incluso en los ochenta si escribías sobre el Gulag y los crímenes soviéticos eras irremediablemente de derechas, mientras que si lo hacían sobre artistas de las vanguardias rusas eras de izquierdas. ¡Qué tontería! ¿Por qué documentar y denunciar una serie de crímenes iba a ser de izquierdas o de derechas?
-¿Sigue suavizando la izquierda los crímenes de la URSS?
-El debate sigue desequilibrado, pero está menos politizado. La izquierda de cada país, incluida la española, siempre ha querido restar importancia a los crímenes de Stalin porque tiene miedo de que les deje en mal lugar. Jean-Paul Sartre, el filósofo francés, dijo que no debemos hablar del Gulag porque aquello solo fomentaba los intereses de la burguesía.
(La obra de Applebaum, periodista con un pie en Varsovia y otro en Londres, resultaría un libro más de historia, salvo porque tiene mucho que ver con lo que viene pasando en Ucrania desde 2014. La decisión del presidente Yanukóvich de abrir fuego contra sus compatriotas, la anexión de Crimea por parte de Rusia, la invasión del este de Ucrania y las aspiraciones imperiales de Putin han colocado al país del «Holodomor» en el centro de la actualidad europea.)
-Los hechos parecen demostrar que Stalin fracasó a la hora de borrar a Ucrania.
-Totalmente. Durante todo el periodo soviético hubo una historia secreta del país, que la gente se repetía frente a la mentira de que la hambruna nunca había tenido lugar. Los ucranianos se relataron de padres a hijos cosas que no aparecían en los medios soviéticos, de manera que conservaron la verdad de lo ocurrido y el sueño lejano de ser algún día una nación. En el año 1991, el éxito de la nación ucraniana fue la principal razón del colapso de la Unión Soviética. La negativa de este país a participar en futuras organizaciones con Rusia motivó la decisión de Borís Yeltsin de irse también. El nacionalismo ucraniano fue al final el verdugo de la URSS. Y, en cierto modo, ese había sido siempre el gran temor de Stalin.
-¿Cree usted que en Rusia siguen recordando a Stalin como un héroe de la patria?
-Stalin es respetado, sí, pero no en todas partes. Hay una especie de nostalgia rusa imperial fomentada por Putin, quien no quiere ser Stalin, sino un zar imperial como lo fueron igualmente los líderes comunistas. El principal acontecimiento histórico que celebra Putin no es la Revolución rusa o la Guerra Civil, sino la victoria de Stalin en la Segunda Guerra Mundial con un desfile cada año en la Plaza Roja, repleto de banderas comunistas y elogios a la URSS. Es un tipo de triunfo imperial más propio de los zares que de los líderes comunistas, aunque ambas cosas tuvieron mucho en común.
-¿Se ha visto afectado ese nacionalismo ucraniano tras años de guerra?
-El nacionalismo ucraniano está más vivo que nunca. Lo interesante de lo que ocurre hoy en Ucrania es que durante mucho tiempo no solo hubo una división étnica o por clases, sino de memoria histórica, entre dos versiones de la historia soviética. Las dos Ucranias: la que se creyó la versión oficial y la que recuerda a través de la tradición oral el horror que se vivió. Gracias a la guerra actual, la visión más nacionalista de la historia se está consolidando. Cada vez son más los que creen y tienen fe en la soberanía ucraniana, que es algo que no ocurría antes.
-A pesar de todo, también pervive una Ucrania partidaria de Rusia.
-Sigue habiendo vínculos muy fuertes entre ambos países. En Ucrania hay mucha gente escéptica con el Gobierno y en contra de la guerra. El Estado ucraniano es muy débil y corrupto, por lo que no convence a parte de la población. Digamos, pues, que en Ucrania no es que no les guste Rusia, es que no les gusta Putin, que se ha convertido en el líder ruso más poderoso.

Fuente:
https://www.abc.es/cultura/cultural/abci-anne-applebaum-izquierda-tambien-espanola-querido-restar-importancia-crimenes-stalin-201902030256_noticia.html

A ESFERA DE PAPEL
Mejor libro de Historia 2019: 'Hambruna roja', de Anne Applebaum
David Lema
15/12/2019

Antes del transparente impacto de la Glasnost, el historiador británico Robert Conquest quiso clavar con sutileza el bisturí. Estaba convencido de que podría diseccionar, pese al dígase comprometido material oficial a su disposición, uno de los capítulos más oscuros del estalinismo: las purgas comandadas por Iósif Stalin. Pese a la ausencia inducida de luz que había en el quirófano, la incisión primigenia de Conquest no debió de ser imprecisa, cuando la publicación en 1968 de su investigación histórica, El gran terror (Caralt Editores), fue recibida con no poca hostilidad en un mundo cuyo hemisferio izquierdo padecía tal ceguera ideológica -como demostró Martin Amis en Koba el Temible (Anagrama)- que aún condescendía con uno de los regímenes asesinos más exterminadores de nuestra historia reciente: la URSS. Veinte años después, la apertura de los antiguos archivos soviéticos y su revisión crítica llevaron a Conquest a publicar una versión actualizada de lo ocurrido en la Unión Soviética en los años 30: las purgas habían sido auténticas escabechinas.
Para Anne Applebaum, todavía duermen archivos que nadie ha leído. Y, más importante aún, analizado. Especializada y adicta a la historia soviética, estudiosa de esa lógica de represión de masas determinada por la ideología, devoró El gran terror de adolescente. Ningún otro libro ha influido tanto en su vida. Applebaum (Washington, 1964) es periodista y escritora, dos conceptos de antagónica reputación pero que ella concibe complementarios y semejantes. En ambos, al fin y al cabo, gana la curiosidad. «En el periodismo», explicaba recientemente en Letras Libres, «preguntas a distintas personas, en la historia, consultas distintas fuentes: el partido, la oposición, un diario» para siluetear una imagen lo más inmaculadamente delineada. ¿Una diferencia? «En un caso preguntas al presente y en otro, al pasado».
Firme liberal, rigurosa historiadora, su campo de excelencia es Europa del Este, ahí está El telón de acero: la destrucción de Europa del Este (Debate). Lo conquistó por proximidad, prueba de cargo de por qué los casos individuales poseen tanto protagonismo en su obra, convencida de que la comprensión de los grandes momentos de la Historia solo se alcanza «cuando empiezas a ver cómo la gente común encaja en ellos». Aterrizó en la Varsovia de 1988 con la acreditación de corresponsal de The Economist para curiosear las transiciones socio políticas de la región. Pero los incontrolables vaivenes de Europa del Este escapaban al presente. Casada con Radosaw Sikorski, escritor y ex ministro en Polonia, con la nacionalidad polaca, 10 años después de su aterrizaje, colapsado ya el comunismo, Applebaum se preguntó: «Pero ¿cómo llegamos ahí? ¿Por qué se pudo instalar? ¿Por qué la gente colabora con esos regímenes asesinos?». Las respuestas, en la estalinización.
Si Applebaum pudiese adoctrinarnos con un libro obligado ese sería Mi vida, de Trotski. Si pudiese teletransportarnos a un instante nos llevaría al Petrogrado de 1917... ¡entre las revoluciones de febrero y octubre! Y es que la historia, los hechos, son lo único que explican todo. Leyendo a Applebaum se fortalece aquello de que a quien no preocupa la repetición de lo ocurrido es porque no lo conoce, no lo recuerda o no lo quiere recordar. Ahora que el Estado iliberal de partido único se localiza por todo el mundo, ella recuerda que el Estado leninista no es una filosofía, sino un mecanismo para conservar al poder que funciona porque define claramente quién es la élite. «En los libros del futuro» escribió en The Atlantic, «el fundador de la URSS no será recordado por sus convicciones marxistas, sino como inventor de esta duradera forma de organización política. El modelo que muchos de los incipientes autócratas del mundo actual utilizan».
https://www.john-adams.nl/anne-applebaum/anne-applebaum-07/
Columnista del Washington Post, Senior Fellow de International Affairs, Agora Fellow in Residence de la Johns Hopkins School of Advanced International Studies, profesora en la London School of Economics... su encumbramiento llegó en 2004 con el Pulitzer de no ficción. Pudiendo acceder a los archivos soviéticos, en Gulag. Historia de los campos de concentración soviéticos (Debate), Applebaum se acercó a los primeros campos erigidos nada más triunfar la revolución instaurados por Lenin en las islas Solovetsky, pasando por su expansión con Stalin hasta la etapa final, con el deshielo y su transformación en psiquiátricos. Una aproximación cruda a dos de los pilares en los que se asienta todo sistema autocrático: el miedo y la destrucción del disidente.
Este año se ha publicado en España Hambruna roja. La historia de Stalin contra Ucrania (Debate), otra documentadísima obra, pese a las restricciones impuestas por el viraje de Putin, merecedora de ser posicionada entre las mejores de 2019. Tomando el testigo de El gran terror, Applebaum desgrana aquí el más que intento de Stalin de borrar de la faz de la tierra a toda una nación, la ucraniana. Un tanatopropósito perseguido a base de represión y, sobre todo, hambre. Casi cinco millones de personas perecieron desde 1931 a 1934 a consecuencia de la colectivización de los cultivos, un trampantojo de Stalin con el que exterminar a una población campesina donde el sentimiento nacionalista estaba fuertemente arraigado. «Stalin», explica Applebaum en una entrevista reciente a EL MUNDO, «conocía la hambruna que sufría el país a comienzos de los años 30. Sin embargo, tomó la intencionada determinación en 1932 de endurecer las condiciones en Ucrania, incluyendo decenas de granjas colectivas y aldeas en las listas negras, bloqueando las fronteras del país para que la gente no pudiera irse y creando unas brigadas de incautación que iban de casa en casa quedándose con la comida de los campesinos». Incluso hoy hay quien esgrime que las hambrunas no fueron ni provocadas ni alimentadas en el tiempo. Pero Applebaum documenta no sólo cómo se intentó con ellas y otros métodos represivos empleados contra las élites cultural, intelectual y religiosa de la república destruir a Ucrania como nación, sino cómo se trató de ocultárselo al veredicto de la Historia.
«Si se dan las condiciones adecuadas», mantiene Applebaum, «cualquier sociedad puede volverse contra la democracia. De hecho, si la historia es algo por lo que podamos guiarnos, es lo que harán todas las sociedades».
ENRIQUE MORADIELLOS
1. Retaguardia roja. Violencia y revolución en la guerra civil española (Madrid, Galaxia Gutenberg, 2019), de Fernando del Rey Reguillo.
2. El Tercer Reich. Una historia de la Alemania nazi (Barcelona, Crítica, 2019), deThomas Childers.
3. Lenguas entre dos fuegos. Intérpretes en la guerra civil española (Granada, Comares, 2019), deJesús Baigorri Jalón.
4. Ascenso y crisis. Europa, 1950-2017. Un camino incierto (Barcelona, Crítica, 2019), de Ian Kershaw.
5. El Orbe a sus pies. Magallanes y Elcano (Barcelona, Ariel, 2019), de Pedro Insua.
JORGE DEL PALACIO
1. La tragedia de la liberación. Una historia de la revolución china (1945-1957) (Acantilado), de Frank Dikkoter.
2. Churchill. La biografía (Crítica), de Andrew Roberts.
3. Mussolini contra Lenin (Alianza), de Emilio Gentile.
4. Carlos V. Una nueva vida del emperador (Planeta), de Geoffrey Parker.
5. Hambruna roja. La guerra de Stalin contra Ucrania (Debate), de Anne Applebaum.
FERNANDO PALMERO
1. Comunidades rotas. Una historia global de las guerras civiles 1917-2017 (Galaxia Gutenberg), de Javier Rodrigo y David Alegre.
2. Hambruna roja: la guerra de Stalin contra Ucrania (Debate), de Anne Applebaum.
3. La soledad del país vulnerable. Japón desde 1945 (Crítica), de Florentino Rodao.
4. La tragedia de la liberación. Una historia de la revolución china (1945-1957) (Acantilado), de
Frank Dikötter.
5. El reino de Hispania (siglos VIII-XII). Teoría y práctica del poder (Akal), de Javier Fernández Conde, José María Mínguez y Ermelindo Portela.
ASUNCIÓN DOMÉNECH
1. Emilia Pardo Bazán (Taurus/Fundación Juan March), de Isabel Burdiel.
2. Demasiados retrocesos. España 1898-2018 (Galaxia Gutenberg), de Santos Juliá.
3. Los campos de concentración de Franco (Ediciones B), Carlos Hernández de Miguel.
4. Un pueblo traicionado (Debate), de Paul Preston.
5. España. Un retrato de grandeza y odio (Espasa), José Varela Ortega.
ISABEL BURDIEL
1. Demasiados retrocesos. España 1898-2018 (Galaxia Gutenberg), de Santos Juliá.
2. Arte y artificio de la vida en común. Los modelos de comportamiento y sus tensiones en el Siglo de las Luces (Marcial Pons), de Mónica Bolufer.
3. Los imperios y la globalización en Europa (siglos XV-XVII) (Galaxia Gutenberg), de Bartolomé Yun.
4. Ascenso y crisis. Europa, 1950-2017 (Crítica), de Ian Kershaw.
5. Los amnésicos. Historia de una familia europea (Tusquets), de Géraldine Schwarz.

Fuente:
https://www.elmundo.es/cultura/laesferadepapel/2019/12/15/5df0f97121efa069698b457d.html
Imágenes de Stalin: Tomadas de la cuenta de Marcos Juvencio Fuenmayor Contreras (Facebook).

sábado, 2 de junio de 2018

¿CUÁL ES EL CAMINO?

EL UNIVERSAL, Caracas, 3 de junio de 2018
Brecha entre sociedad y política
Félix Cordero Peraza

Se amplía la brecha entre la sociedad y el segmento político. El descrédito de las organizaciones va en aumento y la gente pareciera que espera algo grande que vendrá de sorpresa. ¡Que venga lo que sea pero que cambie esta dramática situación! Es el clamor generalizado en amplios segmentos sociales. Las condiciones psicológicas y objetivas están dadas para pensar que lo que pase es mejor a continuar en la presente crisis económica. Hay que buscar otra perspectiva u otro camino. Esta es la oportunidad de que salgan nuevos liderazgos, el cual tiene que ver, como dice Stephen R. Covey: con la visión, no perder de vista la misión y con la eficacia y los resultados. Para lo cual es necesario entregar lo mejor de sí, poseer sensibilidad interpersonal y ansias de cambiar. Un país decepcionado del liderazgo político por su riña constante producto de ambiciones y envidias. Rivalidades intranscendentes y emulaciones mediocres. La gente espera que los líderes sean capaces de interactuar positivamente, para escuchar y comunicar ideas. 

En el plano global del desarrollo

Así piensa la mayoría de los habitantes de este país, víctima de la ineficiencia y la burocratización en la administración pública. Holgazana, lenta y corrupta. Sin planes de desarrollo regional, local ni nacional. Improvisada y despilfarradora. Carente de prioridades y sistemas de control y evaluación. En su ejecución no se valorizan rendimientos ni productividad. Los resultados están relacionados con el uso anárquico de recursos financieros, presupuestarios y humanos. El desarrollo, como lo define L.J. Lebret: “No es más que el conjunto de transiciones o pasos de un pueblo determinado y para los grupos que lo constituyen, desde una fase menos humana a una fase más humana, al ritmo más rápido posible, con el costo menos elevado posible”. El liderazgo actual carece de una concepción en el plano global del desarrollo, que logre inspirar y motivar a los venezolanos. Que instaure confianza y multiplique en la población los sueños y las esperanzas.

Proyecto de país fracasado

¿Entonces qué es lo que ve el venezolano en la presente situación que atraviesa? Del gobierno, el intento de implantar un proyecto de país, cuya ejecución después de 20 años luce fracasado y en plena crisis de resultados positivos. Sus políticas y programas son los causantes de esta terrible crisis. Donde destacan el hambre. Los actuales niveles de ingreso familiar, no cubren los precios de una bestial hiperinflación en los bienes, productos alimenticios y medicinas. Unas políticas públicas que han generado un violento proceso de empobrecimiento. Un aumento en la brecha entre ricos y pobres y un crecimiento exponencial de la desesperanza. Crece una peligrosa apatía por los asuntos públicos. Reflejada en la alta abstención del 20 de mayo. La desconfianza se ha ensanchado y la falta de optimismo envuelve importantes capas de la población. Aunque, y es justo decirlo, hay importantes núcleos de clase media emprendiendo iniciativas y proyectos novedosos. 

Del liderazgo opositor, destaca su división y la falta de un proyecto consensuado y compartido entre todos, que provoque espíritu de lucha, empatía por las ideas y confianza en los dirigentes. También sobresale la ausencia de un líder único y el diseño de una estrategia con políticas y acciones coordinadas en todo el territorio nacional. Han sido muchos los errores y las actividades que han fracasado. Es el momento de reflexionar y pensar en el bienestar de las mayorías y no en el interés particular de personas y organizaciones. El país necesita una oposición fuerte y asertiva. Con una solo dirección y estrategia. Mientras esto no suceda seguirá la supremacía del gobierno en la conducción de la nación. Nada se hace con una oposición incoherente y desarticulada.

Fortalecer los partidos

Los partidos son la columna del sistema democrático. Las estructuras para que la gente intervenga en los asuntos públicos. La lucha de los ciudadanos por el poder tiene como canales a las organizaciones políticas. Es hora de fortalecerlos. Misión que deben cumplir en primer lugar los dirigentes políticos. Actuar en concordancia con sus postulados y principios. Los partidos deben ser centros de debates de ideas y visiones. Canteras de cuadros políticos formados doctrinariamente y capacitados para realizar diagnósticos e interpretar realidades de naturaleza social y económica. Hábiles para comunicar eficazmente las ideas.

Fuente:

domingo, 29 de octubre de 2017

DETRÁS DEL BARRIL

Régimen y partidos de oposición
Luis Barragán

A nuestro juicio, por encima de los infaustos resultados obtenidos por la oposición, el dato más importante todavía reside en la determinación unilateral de haber concurrido a los comicios regionales. Los partidos que monopolizaron la mesa, contradicha la noción misma de unidad, zanjando luego sus diferencias a través de unas primarias censitarias, se negaron a discutir el asunto con otras entidades, políticas y sociales.

Despreciada toda advertencia, celebraron anticipada y prepotentemente el triunfo, adivinándose cada uno en ventaja para una futura candidatura presidencial. Parecía que Nostradamus les hubiese susurrado un futuro promisor, mientras que el fraude descomunal abría sus fauces para devorar aún las mejores intenciones.

Impuesta la amarga realidad, la reacción ha sido demasiado contradictoria, desaconsejable y contraproducente para sus propios fines, aunque – siendo suyos – no habría problema alguno, excepto que ha dado tan injusto alcance al resto de la oposición. No tienen ya las energías suficientes para sepultar el veredicto popular del 16-J, ni para diligenciar un diálogo de acuerdo a los parámetros de la dictadura, cuyas lecciones se mantienen intactas, después de vapuleado el revocatorio en 2016.

Anunciada la consulta municipal, en los términos de la tal constituyente, en una misma organización, un calificado dirigente la acepta, mientras otro la niega, corriendo o vacilando ante la taquilla del CNE. A la vez, prosigue la feria de la mutua descalificación, con olvido del adversario que todos tenemos al frente (y quizá, por ello).

Que sepamos, imposible de remediar con las herramientas digitales, ninguno de los cuatro partidos en cuestión ha deliberado interiormente sobre ésta y otras materias, pues, paradójicamente, suelen aceptar el diálogo incondicional con el régimen, negándolo entre los suyos, como sucede con las restantes organizaciones políticas y sociales. Es de suponer, existen instancias colegiadas de conducción que deben reunirse y  pronunciarse, pública y notoriamente (por cierto, Vente Venezuela lo hizo inmediatamente, después del 15-O), en lugar de la enfermiza figuración de individualidades que apuestan por una declaración que sigue obviando la franca devaluación del sufragio, tal como ha ocurrido con la moneda.

Por mucho menos de lo acaecido, aún agolpada la agenda pública, antes, los partidos inmediatamente se disponían a confirmar o a renovar sus autoridades, procurando atajar la división. Sin embargo, aparentando lo contrario, no hay fuerza siquiera para dividirse, pues, un régimen en toda la extensión y profundidad de la acepción,  ha generado condiciones que lo impiden, haciéndolos prisioneros de síes: sólo se descomponen, jamás se diluyen o desvanecen como los buenos soldados, según el célebre pasaje de MacArthur.

Nada inocentes, con los procesos eleccionarios regionales, municipales y presidenciales, tutelados por la tal constituyente, bajo el absoluto control del sucesor, asistimos al paciente reacomodo de los factores de poder que desean y modelan a un sector ornamental de la oposición, según el momento. Por ello, hay urgencia de refundar la unidad democrática de la oposición, sobre bases y principios muy distintos, con la más amplia alianza política y social que trascienda las meras circunstancias electorales, en desafío al rediseño de un oficialismo exhausto,  necesitado de una bomba de oxígeno.

Ilustración: Eneko. Economía Hoy, 27/07/1990.
30/10/2017:
http://www.ventevenezuela.org/regimen-partidos-oposicion-luis-barragan http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=85844 http://www.noticierodigital.com/2017/10/luis-barragan-regimen-y-partidos-de-oposicion https://venezuelaunida.com/luis-barragan-solidaridad-y-ensenanza https://apuntoenlinea.com/2017/10/30/luis-barragan-solidaridad-y-ensenanza

viernes, 27 de octubre de 2017

DAKAZO ESPIRITUAL

EL NACIONAL, Caracas, 26 de octubre de 2017
Del dicho al hecho
José Rafael Herrera

La pobreza de espíritu es el resultado del desgarramiento absoluto de lo que se dice y de lo que se hace. Decía Spinoza que el orden y la conexión de las ideas es idéntico al orden y la conexión de las cosas. Pero cuando se genera una ruptura –precisamente, un desgarramiento, una escisión– recíproca de los términos de esta adecuación o, lo que es igual, cuando se pone objetiva y explícitamente de manifiesto la inadequatio existente de lo uno y de lo otro, el resultado es la pérdida de la más importante de todas las riquezas: la del espíritu, sin la cual no es posible la prosperidad material de una sociedad. Y, sin embargo, el mismo desgarramiento que produce la pobreza espiritual se transforma en el manantial –y, más allá de la metáfora, en la determinación esencial– de donde brota la necesidad de su superación. Cuando los términos constitutivos de esta relación unitiva se cristalizan y separan, perdiendo con ello su capacidad de adecuarse, de relacionarse recíprocamente, surge la necesidad de pensar en sentido estricto, enfático. Y, con el pensar, deviene el abandono de las ilusiones, de las falsas expectativas, de las esperanzas infundadas, de las consignas vacías –“el tiempo de Dios es perfecto”–, de la ganga populista, para dar paso al proceso de reconstrucción que haga posible el resurgimiento de la unidad, la recuperación del orden y la conexión de las ideas y las cosas, de la decencia, la prosperidad, la justicia, la paz y la libertad. Pero no como simples deseos, sino como elementos fundamentales de una nueva realidad histórica, concreta.

Resultado de su “orden y conexión” con las cosas, las ideas son mucho más indispensables de lo que piensa la actual dirigencia política, más pendiente de “los números”, de los “jingles”, de las salas situacionales o de las encuestas que de la construcción de una auténtica reforma moral e intelectual orgánica, que sea capaz de construir una nueva formación social y cultural, un nuevo país, un país no nominal, no de formas vaciadas de todo contenido, sino sustentado en un efectivo, realista, proyecto de vida, en armonía y desarrollo continuo. No sin razón, observaba Marx que “las ideas se convierten en poder material tan pronto como se apoderan de las masas”. Nothing with the sun, dice Sting, nada como la luz de la verdad presente en las ideas, cuando estas son –al decir de Descartes– “claras y distintas”. En política, y hay que repetirlo hasta la saciedad, decir la verdad es una cuestión absolutamente necesaria. Hay partidos políticos “históricos”, de amplia tradición y arraigo popular, que se desvanecen en el aire, como si nunca hubiesen existido, desde el momento en el cual se traicionan a sí mismos, toda vez que, alevosa y premeditadamente, llegan a tomar la decisión de emprender la ruta –ese “largo trecho”– entre lo que se dice y lo que se hace, asumiendo la ideología del populismo. Y, una vez abierto el abismo, víctimas de su propio desgarramiento, desaparecen no solo del recuerdo de las grandes mayorías depauperadas, sino también de la historia del mundo.

Las ficciones creadas por el populismo son similares al instantáneo destello nocturno de los fuegos artificiales. Una vez que culmina la ilusión producida por el atractivo espectáculo en cuestión, lleno de colores, estruendos y entusiasmos, viene la oscuridad y se pone de manifiesto la penumbra del amargo desengaño. A la sombra de la duplicación de las imágenes, en medio de las “misiones” de un grotesco fracaso, de los “dakazos” de toda naturaleza o de los inorgánicos aumentos salariales, la euforia de las distorsiones reflexivas, sin tener la menor conciencia de ello, deviene tristeza y miedo, oposición absoluta, pérdida del orden y la conexión exigido por Spinoza, necesario para conquistar el contento del bien supremo: la libertad. Estado de esquizofrenia –mal radical– en el que la palabra, prostituida e impotente, ya no nombra y nada significa, ni en sí misma ni para la realidad. Flatus vocis, en el imaginario de una vida que ya no es vida. La palabra se tuerce en su contrario: “Ni un paso atrás” quiere decir todos los pasos del mundo atrás; “mantener viva la protesta de calle” traduce entregarla; “no hay diálogo ni acuerdos posibles” significa haber firmado la inminente rendición; “no nos juramentaremos” es bajar la cerviz, doblarse y entregar lo poco de dignidad que en algún momento se pudo haber tenido. En fin, del dicho al hecho, la palabra va perdiendo toda consistencia a medida que la realidad se escapa como el agua entre los dedos. Quizá sean duros los términos de Benito Juárez, pero son auténticos: “Malditos aquellos que con sus palabras defienden al pueblo, y con sus hechos lo traicionan”.

Leónidas, rey de los espartanos, recibió las amenazas de Jerges, el poderoso “dios-Rey” de los persas, a través de su emisario. El mensaje era –como gustan decir los actuales cultores de la jerga política– “muy claro”: podía seguir gobernando Esparta, siempre y cuando se sometiera e inclinara ante él. Pero, como dice Hegel, un republicano libre, en pro de su patria, que dedica a ella su vida, no solo no exige indemnizaciones o desquites, porque solo trabaja por las ideas, solo por la libertad. Prefiere entregar su vida si es necesario antes que inclinarse ante un déspota, sea del signo y la dirección que sea. Cuestión de dignidad. Decía Churchill que “quien se arrodilla para conseguir la paz se queda con la humillación y con la guerra”. Leónidas, acompañado de 300 espartanos, enfrentó, en las Termópilas, la invasión del poderoso ejército persa, formado por unos 100.000 soldados. A la larga, su lucha hasta la muerte impidió el avance del Imperio oriental contra el futuro de Occidente. De hecho, puede afirmarse que la cultura occidental debe a Leónidas, y a sus valientes espartanos, su existencia.

La dignidad, como dice Hegel, no se puede negociar: “Solo un pueblo en estado de avanzada corrupción –de profunda pobreza espiritual– es capaz de convertir la obediencia ciega a los caprichos malvados de hombres abyectos. Solo un largo período de opresión, el olvido total de un estado mejor, puede llevar a un pueblo hasta ese extremo. Abandonado por sí mismo y por todos los dioses, un pueblo así necesita señales y milagros, garantías de que tendrá una vida futura, puesto que ya no tiene fe en sí mismo”. Hacer coincidir lo que se dice con lo que se hace y lo que se hace con lo que se dice es premisa de factura sustancial para poder comprender la barbarie y superarla.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/del-dicho-hecho_209215
Ilustración: Robert Hague.

domingo, 22 de octubre de 2017

FRENTE AL EMPEÑO DE DEMOLICIÓN

Partidos y universidad
Luis Barragán

Cada día que pasa, se hace más obvio el problema esencial respecto a los consabidos comicios regionales del 15-O: no hubo unidad opositora para concurrirlos o no. En lugar del esfuerzo previo de discusión y concertación de los partidos, varios decidieron unilateralmente concursarlos, olvidando  las tareas que condujeron a la consulta popular del 16-J y su evidente mandato. Empero, los problemas adquieren una mayor y consecutiva gravedad, empecinada la tal constituyente en el reconocimiento que ni siquiera logró al consumar el asombroso fraude del 30-J que dice no apenarlos.

El régimen está pendiente de otros zarpazos a la voluntad ciudadana y,  aún sin esperar las condiciones que lo faciliten, el ámbito universitario espera por un   definitivo asalto. No ha bastado con la asfixia presupuestaria, la paralización judicial de sus elecciones, el perverso estímulo a la deserción estudiantil y docente, la indiferencia ante el hampa común que lo asedia, el nombramiento forzoso de autoridades, la persecución y represión generalizada o selectiva,  ya que la autonomía universitaria es incompatible con el actual poder establecido.
Por muy rentable que les fuese en décadas remotas a sus prohombres, literal y políticamente, ahora la autonomía universitaria constituye la más firme amenaza a la dictadura, como no lo fue para cualesquiera dictaduras que históricamente exhibimos. Por ello, el mejor esfuerzo es el de la desnaturalización definitiva de la universidad, de sus saberes y experiencias organizadas, como el de las misiones ética, académica y sociopolítica que ha de cumplir.

La UCV ha sido una emblemática referencia del empeño oficial de demolición, imposibilitada la renovación de sus autoridades rectorales y decanales, infestada por la delincuencia también de carácter político, impactada sus obras artísticas por actos de un indecible vandalismo, descendiendo la matrícula estudiantil y el personal docente. Por más que la Unesco la haya declarado como patrimonio cultural de la humanidad,  la Ciudad Universitaria está a la intemperie,  privilegiando esta larga dictadura el gasto a favor del mantenimiento y ampliación de las instalaciones, incluso, recreativas de la Fuerza Armada, como – por cierto – tuvimos ocasión de denunciar en una sesión plenaria de la AN, en 2014 (https://www.youtube.com/watch?v=faHOSuI0NPc&t=393s). 

En cualquier momento, abierta o subrepticiamente, por la vía de una burda imposición administrativa u otra que pueda enmascararla, esta y otras universidades públicas y privadas sabrán del reemplazo completo o parcial de sus autoridades de acuerdo al pulso de las circunstancias, como lo ha ensayado el régimen con la USB que, al desconocer la consulta interna que se hizo, ya tiene por vice-rector a una persona extraña a la institución con el claro mandato de ascender para una resuelta intervención y modificación de las características que les son propias a la casa de estudios. Tiene razón una persona amiga al referirse a las universidades privadas, pues, colaborasen o no con el reciente fraude constituyente, facilitando el listado de la población estudiantil y profesoral, por ejemplo, están destinadas a  una entera subordinación burocrática, acaso, con la excepción de la Unimet, cuyos niveles de excelencia son reconocidos, porque – al fin y al cabo – en ella principalmente cursan los privilegiados del poder que, ni siquiera por un mínimo pudor ideológico o político, se aventuran en otras instituciones de educación superior.

Los partidos de la oposición no deben ser indiferentes a esta realidad, dejando a solas a los gremios estudiantiles y profesorales, negándose a contribuir a una tarea común por salvar la autonomía y la universidad misma de las garras de la dictadura. Antaño, los partidos contaban con instancias más especializadas en un campo que igualmente suscitaba polémicas, por la consabida distinción entre la sociedad política y las sociedades intermedias; hogaño, no existe la necesaria institucionalidad interna, excepto el reclamo de la militancia del  dirigente que haya triunfado en alguna consulta estudiantil.

Valga acotar, al ilustrar nuestra inquietud, según la vieja jerga, nuestra actual dirigencia estudiantil tiene una importante experiencia acumulada de masas y, ahora replegada, luego de más de cien días de protestas de calle, debe intensificar sus esfuerzos al interior de las universidades, actualizando su representación y legitimidad con la diaria prédica de los valores y principios democráticos que conciten y expresen un respaldo inequívoco. No entendemos a un dirigente juvenil de los tiempos que corren, ajeno a las vicisitudes universitarias, el otro epicentro del drama que nos aqueja, como nunca antes lo había sido.

Los partidos políticos deben coadyuvar a una faena de claras consecuencias históricas, pues, la unidad que se reclama y, frecuentemente, traicionan, no apunta exclusivamente a la selección e impulso de las candidaturas que hacen el circuito estatal, enfocados en Miraflores y sus equivalentes regionales y locales. No exageramos al afirmar que los venezolanos nos jugamos  la vida y, más allá de cualquier solio ejecutivo, parlamentario o edilicio, está el país mismo y la multiplicidad de sus ámbitos,  que el totalitarismo  indudablemente desea copar y devorar.

No prever el zarpazo final a la autonomía universitaria, como divorciarse de las situaciones concretas que padecemos en materia petrolera, de salubridad, alimentación, vialidad o cualesquiera otras, significaría la reducción misma de los partidos a los asuntos meramente electorales con los que también logra distraerlos el régimen, simplificando sus preocupaciones y angustias. Así, Vente Venezuela y su fracción parlamentaria en la AN, propondrá la reactivación de la comisión de trabajo respectiva para que reasuma el problema que ya asoma sus fauces, iniciando un camino francamente ineludible.

jueves, 5 de octubre de 2017

INSULARIDADES

Los bueyes detrás de la carreta
Luis Barragán

Paradójicamente, los partidos tienden a no ser deliberantes e, internamente despolitizados,  apartidistas, dependiendo la obediencia del momento que se vive o calcula, mientras que a la corporación castrense  le ocurre todo lo contrario. Se dirá, los bueyes están detrás de la carreta.

Independientemente de la decisión adoptada por sus reducidas direcciones nacionales que, más de las veces, sintetizan dos o tres personas, en torno a los comicios regionales, lo cierto es que no hubo consulta previa alguna de los cuadros en distintos niveles. Vale decir, la discusión quedó vedada y la orden fue movilizarse para el cumplimiento de la tarea asignada.

El asunto nos remite a una situación resueltamente común en buena parte de las organizaciones partidistas, pues, no existe la colegiación en las decisiones adoptadas y, menos, la debida discusión de las circunstancias e, incluso, de los principios sometidos a prueba por las realidades. Nos sorprende que sean tan irregulares las reuniones   semanales de las diferentes direcciones, añadiendo que sólo excepcionalmente se declaran en sesión permanente ante la gravedad de los acontecimientos en curso.

Antes, las mejores y más sentidas posiciones, las que comprometen y efectivamente adhieren, fueron fruto de  la deliberación que, por lo general, justificaba la atención – además, informada – de los medios de comunicación que cada lunes interpelaban al vocero oficial de turno. Y, por personales que fuesen las opiniones de este vocero, debía expresar las del cuerpo de dirección.

Simplemente, la costumbre se perdió y las condiciones del régimen actual se impusieron, siendo tan presuntamente normal que se imparta una orden a secas, surgida del parecer exclusivo del que ordena, con absoluta prescindencia de un debate que pueda enriquecerla y legitimar su cumplimiento, así haya disensión.  Por lo demás, estas instancias de conducción pierden valor al militarizarse – digamos – espiritualmente al partido.

Por estos días, recordaba el amigo, que el comité nacional de un partido de gobierno debió pronunciarse en relación a algunos aspectos que concernían al mercado petrolero, por lo que citaron también a dos ministros adicionales al del ramo,  militantes de la organización. Éstos informaron con detalle y,  seguidamente, se marcharon, porque los integrantes de la dirección debían delibrar sobre el asunto para fijar una postura, ya que al fin y al cabo, representativos, fueron elegidos para eso.

Luego, nos preguntamos, ¿qué ocurriría hoy? Entre varias de las respuestas, posiblemente habría sesión para tener la ocasión de solicitar un favor al ministro que, de paso, siendo más importante que todos los directivos juntos, se queda, conduce la sesión e impone su criterio; no teniendo un interés personal e inmediato en el negocio petrolero, daría igual acudir o no acudir a la dirección, porque – apenas – se trata de un pronunciamiento ante la opinión pública; para qué informarse sobre una materia que, por más que tenga  implicaciones políticas, es una cosa de tecnócratas; o, simplemente, siendo tan numerosas las personas, quedaría fuera de las cámaras de televisión en un intercambio en el que el periodista poco o nada conoce del problema.

02/10/2017: