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sábado, 4 de abril de 2020

¿LA RECHAZAMOS O SEGUIMOS ADELANTE?

Coronavirus solo con transparencia y tecnología
Las características restrictivas de los populismos traerán las peores recetas para afrontar los retos que nuestras sociedades tienen planteadas.
Rafael Tamames

Las características restrictivas de los populismos traerán las peores recetas para afrontar los retos que nuestras sociedades tienen planteadas.
La medidas tardías que muchos países, entre ellos España, están tomando ante el coronavirus, como los toques de queda y el cierre de fronteras, están desviando nuestra perspectiva en torno a la problemática que esta crisis nos plantea.
Parece que estamos escogiendo las restricciones por encima de la transparencia y la gestión eficiente de la información, y creo que ahí radica nuestro mayor error. Otro es poner de ejemplo en el combate de esta pandemia a China, que posiciona su sistema restrictivo en nuestro top of mind, y no volteamos la mirada a cómo deberíamos mejorar nuestras libertades.
La crisis mundial ha puesto en duda las democracias liberales, haciéndonos olvidar que las características restrictivas de los populismos traerán las peores recetas para afrontar los retos que nuestras sociedades tienen planteadas, más allá de la coyuntura actual. Sin embargo, una gran esperanza, y enseñanza, está llegando de los países asiáticos libres.
En mi último libro, Qué robot se ha llevado mi queso, hablo del caso de Corea del Sur. El país asiático es el número uno en cuanto a la cantidad de robots por trabajador (según los últimos datos disponibles de la IFR, ocupa el primer lugar, con 531 unidades por cada 10.000 trabajadores). Ser el número uno en cantidad de robots por trabajador no es sinónimo de alto desempleo, allí por el contrario es bajísimo, en torno al 4%.
¿Dónde está el secreto de Corea del Sur?
El informe PISA (http://www.oecd.org/pisa/)  y otros sondeos como el TIMSS o el PIRLS sitúan a Corea del Sur a la cabeza en educación, superando incluso a países como Finlandia, tradicionalmente en la vanguardia. Allí, la enseñanza es gratuita entre los 7 y 15 años, el Estado destina a la educación casi un 7% del PIB (España, solo 4,5%); las políticas educativas son de largo plazo, se apuesta por la tecnología en el aula y los alumnos reciben en promedio de 10 horas de clases diarias, logrando 16 horas más de estudio a la semana que la media de la OCDE.
La crisis y el miedo están instalando ideas como que la mano dura o el autoritarismo son buenas recetas para frenar la expansión del virus. Pero una sociedad libre y evolucionada debería pensar en generar soluciones y conciencia a partir del acceso a la información; en mejorar las libertades.
Muchos artículos hablan de la falta de liderazgo, pero en cambio yo veo aquí una carencia de herramientas para mejorar la transparencia en nuestras sociedades; y estas herramientas son no solo tecnológicas, sino políticas, sociales, legales y culturales; herramientas que nos permitan disponer y compartir la información en beneficio de todos.
"La gran ventaja de los humanos sobre los virus es su capacidad de intercambiar información", dice el escritor israelí Yuval Noah Harari en esta entrevista en El País. Emerge así un nuevo reto para las sociedades libres del mundo, el de compartir y gestionar la información de manera ágil, oportuna, eficiente y transparente.
Hay una variable tecnológica que se destaca como relevante, pero de nada sirve sin una cultura abierta al uso de la información para que sucedan cosas; piénsese por ejemplo en la app que lanzó Corea del Sur, que conecta a la gente obligada a quedarse en casa con las autoridades sanitarias para monitorizar su evolución. En realidad, están corriendo varias apps. Una es de uso obligatorio para aquellos que llegan al país de otras zonas de riesgo (actualmente, China, Hong Kong, Macao, Irán y prácticamente toda Europa) o están en cuarentena, y obliga a responder a un cuestionario diario sobre si hay o no síntomas. Las otras no. La app oficial fue desarrollada por el Ministerio del Interior y Seguridad, y permite al Gobierno monitorizar a los ciudadanos cuando se encuentran en cuarentena, así como localizar a quienes tienen prohibido abandonar sus hogares. Luego entran apps privadas, de uso voluntario (pero toda su información puede ser usada por las autoridades). Las más populares son CoronaNow, creada por jóvenes, y la ya célebre Corona 100, desarrollada por una empresa privada.
Tecnología y política
Taiwán es otro caso paradigmático –destacado ya por muchos medios– que tenía todas las de perder, con casi un millón de nacionales residiendo y trabajando en la China continental. Pero respondió rápido, con transparencia y eficacia. Creó un centro multidisciplinar de Mando Sanitario que trabaja 24/7 desde enero y cuyo principal objetivo es la recolección y transmisión de datos provenientes de los principales sectores, como la salud, la economía, el transporte y la educación.
Ciertamente, Taiwán fue sumando restricciones, pero lo hizo de manera oportuna y siguiendo lo que la data le iba diciendo, con transparencia intersectorial y de cara a la sociedad. Una restricción nunca debería tomarse sin información, sino que debe ser una consecuencia de ella.
Trazar y testear por dónde ha pasado el virus usando el poder del big data ha sido una de las claves en los países asiáticos para frenar el contagio. Otra razón es que países como Corea del Sur ya estaban preparados por escenarios similares anteriores, por lo que no esperaron a que los posibles contagiados (trackeados) fueran a los hospitales, sino que los fueron a buscar. En estas sociedades se ha erigido un complejo andamiaje tecnológico y humano para frenar el virus, que incluye entrevista personales y el acceso a todos los datos de los individuos con el uso de apps que han servido para cruzar y sistematizar la información.
Si queremos seguir siendo sociedades libres, tendremos que hacerlo de la mano de la tecnología y la transparencia. Ya no queda lugar para procesos opacos en la toma de decisiones. Mejorar las libertades será mil veces mejor que aumentar las restricciones.

Fuente:
https://www.libertaddigital.com/opinion/rafael-tamames/la-democracia-liberal-vencera-al-coronavirus-solo-con-transparencia-y-tecnologia-90328/

miércoles, 12 de septiembre de 2018

VISITA

EL NACIONAL, 11 de septiembre de 2018
Bloque Parlamentario 16 de julio se reunió con asesora del senado argentino
Los parlamentarios resaltaron que una de las consecuencias de las acciones del gobierno es la éxodo de los venezolanos

Los diputados Richard Blanco, Dignora Hernández y Luis Barragán, en representación de los 13 miembros del Bloque Parlamentario 16 de julio, se reunieron este martes con Antonella Marty, asesora del senado argentino, con el fin de intercambiar líneas de trabajo y poder reforzar el apoyo entre Venezuela y la comunidad internacional.

Los parlamentarios resaltaron que una de las consecuencias de las acciones del gobierno es la éxodo de los venezolanos. “Lo que vivimos en un éxodo masivo. Cada día son más los venezolanos que se van para poder mandarle al menos 50 dólares a sus familiares para que sobrevivan”, puntualizaron.

Luego de escuchar el testimonio de los diputados, Marty felicitó la labor del Bloque y los invitó a seguir luchando por la libertad del país, pues su experiencia con el caso de Venezuela le ha permitido ver que la única institución que no es regida por el gobierno actual es la Asamblea Nacional, por lo que consideró fundamental el trabajo que cada uno de los miembros de esta puedan hacer.

Resaltó que cualquiera pueda caer en la trampa socialista, debido a que son personas que se especializan en manipular y buscar siempre un culpable, por lo que destacó que la situación cultural política es crucial.

“La gente debe estudiar, prepararse. En el socialismo los seres humanos solo piensan en ¿Cómo sobrevivir un día más? ¿Cómo conseguir una medicina? ¿Qué hacer mañana? Por eso debemos ir pensando históricamente qué política sirve y cuál no”, sostuvo la asesora.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/asamblea-nacional/bloque-parlamentario-julio-reunio-con-asesora-del-senado-argentino_251401

Antonella Marty: El socialismo fracasó en todos los sentidos
Wilson Yánez

Los parlamentarios debatieron sobre las consecuencias que acarrea la implementación del modelo socialista en los países.

“El socialismo es un modelo destinado a generar “destrucción” y “miseria” en los países, el mejor ejemplo del fracaso de este modelo es Venezuela”, así lo afirmó la asesora del congreso argentino, Antonella Marty, quien este martes se reunió con diputados miembros de la fracción 16 de Julio de la Asamblea Nacional.

A este encuentro participaron los parlamentarios Richard Blanco, Dignora Hernández y Luis Barragán con la intención de tratar junto a la especialista  temas de importancia para la región.

Antonella Marty, consideró necesario recuperar a Venezuela para devolver la estabilidad a la región: “urge que la región salga de los regímenes de Nicaragua, Venezuela, Cuba y Bolivia”.  Señaló además que los gobiernos de corte autoritario saben como generar un clima de inestabilidad cuando pierden el poder, esto refiriéndose al peronismo.

“Hay una herramienta para contrarrestar esta situación, esa herramienta es la educación”, dijo  la diputada y sub-jefa de la comisión 16J, Dignora Hernández.

Mientras que Richard Blanco criticó que una nación que recibió más de un billón de dólares y que posee las mayores reservas de petróleo en el mundo, hoy en día esté afrontando una crisis tan “terrible” y que su producción haya disminuido a 1.100.000 barriles diarios.

Por su parte, Luis Barragán  calificó a Venezuela, como un país de larga tradición parlamentaria, que a consecuencia de un plan político, “cayó en la desgracia”.

Los parlamentarios denunciaron que militares de otras partes del mundo se encuentran ejerciendo labores del comando en el país. Advirtieron que hay un país susceptible y frustrado por el régimen y que algunos grupos de la oposición se encuentran negociando con el Gobierno a espaldas del pueblo.

Por último, los diputados aprovecharon para agradecer a la diplomática, los esfuerzos realizados por el presidente Macri, a favor de la democracia en Venezuela.

Fuente:
https://www.analitica.com/actualidad/actualidad-nacional/marty-el-socialismo-fracaso-en-todos-los-sentidos/

lunes, 20 de agosto de 2018

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Jorge Lazo Cividanes. "Una vuelta al populismo 'clásico': el caso de Hugo Chávez". Revista Venezolana de Ciencia Política, Mérida, nr. 21 de enero-junio de 2002.
- Ricardo Montilla. "Lecciones de derecho y de ética al Procurador General del Guárico". El Universal, Caracas, 20/09/1948.
- S/a. "La situación del trabajador petrolero venezolano". Nueva Voz Popular (Tribuna para el cambio progresista)", Caracas, 08/08/68.
- Isaías Márquez. "¿Cuál Quinta República?". El Nacional, Caracas, 04/052/2000.
- S/a. "Hora artística: La voz emocionada de Antonio Márquez Pérez". El Universal, 01/09/1938.

Reproducción: El Nacional, Caracas, 17/10/1966.

Breve nota LB: Extrañamos una suerte de historia o sociología de los actos de masas en Venezuela, incluyendo el avance de las tecnologías de la comunicación. Políticamente, los hubo espontáneos y sentidos; y, con mayor razón, tratándose de los ídolos populares aportados por el deporte y las artes.

lunes, 30 de abril de 2018

CONSTATACIÓN

La perversión populista y sus secuelas
Luis Barragán


Nada casual que la entronización del llamado socialismo del siglo XXI, coincida con una evidente quiebra editorial del país, convencional y digital, obstaculizando toda la articulación y profundización del debate siempre necesario,  a favor de una banalidad asfixiante.  Hemos pasado con tanta facilidad las páginas de la implosión del sistema soviético y  de buena parte de sus satélites, obviando condiciones y causas, que, por asombroso que parezca, lo ha reeditado impunemente el nuevo mundo, obligándonos – ahora – a  partir de los planteamientos más básicos, retrocediendo en términos de cultura política, permitiéndonos apreciar y celebrar, además, por el propio y excepcional hecho de su publicación, aportes tan didácticos y recientes,  como de José Ignacio Moreno León: “La perversión populista y sus secuelas. Casos emblemáticos latinoamericanos” (CELAUP-Unimet, Caracas, 2018).

Importante diagnóstico objetivo aparte, respecto a la gravísima situación social y económica de la Venezuela  actual, el autor insiste en la alternativa de una economía social de mercado (20 ss.), propugnando la reinvención de la política (159), aunque discrepamos del régimen parlamentario que  propone (160), inculpando al presidencialismo o quizá soslayando la concepción y el ejercicio mismo de las libertades públicas y personales que cultivamos, caricaturizando la democracia adjetivada hasta el cansancio. Bemoles aparte, el suyo constituye un acto de responsabilidad del académico que ha macerado una larga experiencia política que, reivindicada, ofrece otra perspectiva diferente a los más cómodos críticos de un oficio insustituible.

El populismo y sus manifestaciones macroeconómicas, asociado a una cultura del subdesarrollo (24 ss., 32 ss., 47 ss.), nos remiten al fenómeno de una distintiva identidad, como el neopopulismo (81 ss.).  Y, por supuesto, a sus más elocuentes propulsores que le dieron,  o dicen darle, otra tradición al continente,  en Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador y Venezuela (90 ss.), cuyos escombros tardaremos bastante tiempo en remover.

Moreno León hace un oportuno énfasis en el marxismo, ejemplificada la tragedia con Allende en Chile y los sandinistas en Nicaragua (73 ss.), ascendidos por el voto popular (77 ss.). Refiere a la lucha de clases (25), aunque ésta, con la corrupción y el populismo tan campante (36 ss., 70 ss.), cobra una terrible y muy significativa realidad en la configuración de sendas mafias que logran insertarse en el lado maldito de la globalización para eternizarse.

El chavismo/madurismo (111-152), es el capítulo más importante del libro, inspirado en la noción de la llamada ideología de reemplazo de Germán Carrera Damas, por cierto, prologuista de la obra, que, al corroborar los pilares de la inútil aventura, exhibe las cifras – valga subrayar – irrefutables de un monumental fracaso. De modo que, urgido breviario, el título de Moreno León no versa sobre el socialismo, no hacia el cual vamos, sino del que estamos de regreso, tras una amarga estafa de las que también sabe la historia universal.

29/04/2018:
http://guayoyoenletras.net/2018/04/29/la-perversion-populista-secuelas/

domingo, 4 de marzo de 2018

CAZA DE CITAS

"La ilusión fantasmal del socialismo del siglo XXI, se materializó en la creencia en las masas 'del gobierno del pueblo', cuya eficacia propagandística e ideológica le permitió al líder del proceso ocupar los espacios abandonados por el bipartidismo, para orquestar todo un sistema de representaciones simbólicas en el que coexiste una nueva forma de populismo, un evangelio bolivariano intencionalmente religioso que se asemeja con bastante claridad a una de las vertientes del fascismo, no por casualidad el alto grado de seducción que opera y ha operado en los sectores disponibles ha contribuido a exacerbar una suerte de 'mitologización' de aquel hombre que pretendió convertirse en su redentor, para falsear la realidad"

Antenor Viáfara Márquez

("Las coordenadas populistas y fascistas del chavismo. Un mito simbólico del poder", en: "Entre el ardid y la epopeya. Uso y abuso de la simbología en el imaginario chavista", Negro Sobre Blanco, Caracas, 2018: 148)
Imagen: Proveniente de https://www.youtube.com/watch?v=7eyqEntARPE

sábado, 25 de noviembre de 2017

LA ANTIPOLÍTICA Y SUS BEMOLES

EL NACIONAL, Caracas, 24 de noviembre de 2017
De la antipolítica y la opinión de los necios
Nelson Chitty La Roche
 
“Las redes sociales le dan el derecho de hablar
a legiones de idiotas que primero hablaban
únicamente en el bar después de un vaso de vino,
sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados
rápidamente y ahora tienen el mismo derecho
de hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”
Umberto Eco

Detengo mi lectura del Twitter, como ayer detuve mi audiencia de la radio, molesto ante tanta repitencia impregnada de bajo psiquismo. Dudar de la autenticidad del episodio fuga de Ledezma o echar a andar sospechas, o acaso criticarla porque el gobierno apresó al conserje o al presidente de la junta de condominio me luce estúpido, o torpe sencillamente.
El asunto tiene que ver con las complejidades de este tiempo histórico, como lo llamaría Koselleck, en el que se horizontalizó la opinión del individuo y de cada miembro de la sociedad, en virtud de las características de las llamadas redes sociales.
Todos como uno y uno como todos, permite el discurrir más abierto, pero también el más ligero y superficial. Claro que el asunto toma relevancia cuando las diferencias de los criterios se transforman en un torneo de denuestos, insultos, improperios e irrespetos, sin que medie una reflexión seria ni el ánimo de comprender al otro este presente.
La MUD puede ser cuestionada en sus ejecutorias que, por cierto, si se hiciera un balance de sus actuaciones y se apreciaran sus logros no deberían dar lugar a su satanización y a la presentación de sus actores cual facinerosos y zafios. Una cosa es juzgar una política y sus conductores, y otra, condenarlos al cadalso si resultó errada o fracasó.
Fenomenológicamente, cabe recordar que el populismo llega con un ambiente similar. El chavismo, y redundaría si lo llamo deletéreo, corrupto, incompetente, llegó al poder para arruinar y demoler a Venezuela, de la mano de los medios de comunicación y de los orates y oráculos que hicieron de la clase política democrática un blanco diario y libertino hasta que la defenestraron. Hagamos memoria y recordemos que desprestigiar a la política y a los políticos, abusando de la democracia y de la libertad de expresión, fue el caldo en el que se cultivó el chavismo y lo encendió inclusive. Decía Francisco de Goya que “el sueño de la razón engendra monstruos” y cuánta razón tenía.
Veamos que mantener una línea pacífica tiene un costo y una mecánica, la sostiene. Dialogar no es lo que provoca si tus interlocutores no se han hecho dignos de empatía, pero hacerlo distinto nos lleva al escenario de la violencia y si las armas están del otro lado, no luce conveniente recurrir a él. Hace poco ofrecimos en el forcejeo más de un centenar de muertos y para nada se conmovió la Fuerza Armada ni los cuerpos de seguridad. De haber seguido, continuaría la masacre impunemente.
El chavismo solo ha sido vencido en el escenario internacional y esos amigos de Venezuela insisten en pedir conversaciones para procurar, de un lado, establecer un canal humanitario que urge a muchos de nuestros compatriotas carentes de medicinas y alimentos y, de otro lado, reestablecer un instrumental de coexistencia y camino a una verdadera consulta electoral transparente y susceptible de acatamiento por las partes. Lo perfecto es enemigo de lo bueno y los yerros, las fallas, no pueden comprometer la estrategia nunca, corregimos y continuamos.
La oposición está desarticulada, vencida, amargada, acomplejada, pero lo peor es que está dividida. Eso trae consigo incoherencia, inconsistencia e incongruencia. El entorno país está en un punto de inflexión si hacemos lo pertinente. El gobierno no puede con el peso del desastre y la ausencia de una consciencia patriota que le impulse a revisar y aceptar que se equivocó el ignorante difunto y sus epígonos también. Se les puede caer encima el país si no asumen el fracaso y se disponen a cambiar. El cinismo los mantiene, pero no resuelve nada.
El que cabalga un tigre, se oye decir, no puede descabalgar. Y, a pesar de las dificultades, urge a la oposición retomar el camino de la unidad y aquel de la sindéresis en el discurso. Debemos cesar en la diatriba inútil y en el combate con los otros opositores. Hay mucha más legitimidad en hacer oposición y hacerlo con sentido de alteridad. No podemos dejarnos llevar por los que desde Miami escriben para distraerse y no para sumarse a la tarea de hacer oposición, o aquellos que disfrutan figurando a costa de no seguir a nadie ni a nada, sino de seguirse a ellos mismos. Basta de solipsismo y retornemos humildes a la búsqueda consensuada de soluciones.
La vida política nos permite alabar o criticar a los que hacen la faena. Otro refrán reza: “Vencedor, eres un rey y vencido, eres un bandido”, pero no debemos perder el norte. Juntos y dispuestos a comprendernos y tolerarnos podemos llegar al objetivo que sigue siendo dar batalla en todas partes y recuperar para los venezolanos la soberanía perdida. ¡Dios nos bendiga!


Paulina Gamus: “La antipolítica nos condujo a la debacle”
La exintegrante del CEN de Acción Democrática asegura que “el Chávez dentro de la oposición es Henry Ramos”
Edgardo Agüero S.

La juramentación de los gobernadores de Acción Democrática ha suscitado mucha controversia. ¿Cuál es su parecer a este respecto?
—Para ese momento yo me encontraba fuera del país, pero apenas lo supe reaccioné con un tweet por el chat familiar, que es la manera que tengo de comunicarme últimamente. Decía que me producía asco y vergüenza, por no decir náuseas, ese acto de juramentación y que yo no pertenecía a la banda chavista de Henry Ramos Allup. Recordé, además, que desde el año 2000 tengo esa carta pública en Internet, por medio de la cual renuncié al CEN de  Acción Democrática, siendo segunda vicepresidente del partido, no solamente por la manera en que Henry Ramos expulsó del partido a William Dávila, que era gobernador electo del estado Mérida y además lo insultó y lo vejó, haciendo elogios al gobernador del MVR. En aquel momento, dentro de la Asamblea Nacional, Acción Democrática se prestó al nombramiento de las autoridades de los poderes públicos, del fiscal general, del TSJ, de la Contraloría, AD tuvo sus votos allí. Voy a hablar de esa Acción Democrática, porque yo creo que hay dos AD. Hace muchísimos años, cuando Prieto dividió al partido, había en ese momento la Acción Democrática-Gobierno que era la de Raúl Leoni, Gonzalo Barrios, la institucionalidad. En esos términos, y en situaciones distintas a las actuales, yo creo que podemos hablar de una Acción Democrática-Gobierno, que es la de Henry Ramos, y Acción Democrática-Oposición, que es la de todas las personas que estamos absolutamente avergonzadas por todo esto que ha ocurrido. El CEN de AD, que es la dirección máxima del partido, hace tres o cuatro meses que no es convocado para nada, de manera que esas decisiones no son decisiones colectivas, son decisiones unipersonales, de una persona que maneja el partido de una forma autoritaria al viejo estilo estalinista. Entonces, culpar a toda una organización por el manejo autoritario, el manejo indebido que está haciendo una sola persona, creo que no es justo. Yo creo que un poco lo que hemos hecho los firmantes de la carta que suscribimos varios miembros del CEN, Carlos Canache Mata, Humberto Celli, Marco Tulio Brunicelli, Lilia Arvelo, Claritza Sanoja y yo, es una carta que trata de lavarle la cara a ese partido que es corresponsable de estos hechos.
Tengo entendido que desde un primer momento Ramos Allup se mostró contrario a la juramentación ante la ANC de los gobernadores electos de su partido. ¿Es esto así?
—Bueno, es que para empezar quien inventó el calificativo de “prostituyente” fue Henry Ramos. La gente tiene que tener al menos un poco de coherencia y de vergüenza. Él dijo que no reconocía a ese poder fraudulento y después mandó a los gobernadores a juramentarse, porque es mentira que ellos fueron por su cuenta, todo eso es un teatro en el que ya nadie cree. Yo nunca creí que esa elección de gobernadores, así se hubieran ganado las 23 gobernaciones, iba a servir para nada. Aquí quien tiene todos los recursos y quien tiene todo el poder en sus manos es el Gobierno. Los iban a desconocer a todos, les iban a hacer lo mismo, pero era un paso más para demostrarle al mundo que esto era una absoluta dictadura, y ha servido para demostrarle al mundo el fraude que cometieron, pero este acto de juramentación, sin duda, lesiona la unidad, troncha las vías del sendero democrático que se ha recorrido hasta ahora, lo que obliga a una reorganización de las fuerzas.
Muchos dicen que Henry Ramos juega para él, al perfilarse como único candidato de la oposición, puesto que algunos dirigentes están presos y otros están inhabilitados
—De que quiera ser candidato presidencial no me cabe la menor duda. El año pasado, cuando estaba todavía reciente su presidencia de la AN, las encuestas decían que tenía mucho chance y su nombre sonaba mucho, pero que haga una encuesta ahorita a ver cuanto saca. Personalmente sería la primera vez en mi vida que voto nulo o me abstengo, pero yo jamás en mi vida votaría por él.
¿Será esa la promesa que él renueva con tanta fe cada año al Nazareno?
—La verdad es que no sé. Yo como no soy católica no sé si el Nazareno le hace caso o no le hace caso a los traidores y a los hipócritas. Por lo demás, yo lo lamento de verdad, porque es una tristeza que la gente crea que es el partido Acción Democrática, como organización, el que ha cometido este desafuero. Se trata de un individuo que maneja eso a su antojo, y siempre lo dije, el Chávez dentro de la oposición es Henry Ramos.
“Era un paso más para demostrarle al mundo que esto era una absoluta dictadura, y ha servido para demostrarle al mundo el fraude que cometieron”
¿Cuál es la imagen que la oposición está dando ante la comunidad internacional?
—Bueno, la imagen es de división, sin embargo hoy hay una noticia en verdad muy halagüeña y es que la oposición venezolana recibió el premio Sájarov de derechos humanos, y como lo dijo el presidente del Parlamento Europeo, es un premio al pueblo venezolano, no a la oposición. Es un premio y un reconocimiento además a la lucha de los caídos en las protestas públicas y a los presos políticos, a los que realmente han padecido más en carne propia, aunque todo el pueblo venezolano lo padece, con la carne a ochenta mil bolívares el kilo, con la manera casi imposible de comer que tiene la gente, pero sin duda alguna que quienes más sufrieron y más se lo merecen son quienes cayeron asesinados por la Fuerza Armada y la policía de la dictadura y además las personas que están padeciendo una prisión infamante que son los presos políticos.
¿Qué debe hacer la Asamblea Nacional, en el caso de los rectores del CNE, por ejemplo?
—Yo sinceramente creo que no puede hacerse nada. La gente dice por qué no hicieron esto u esto otro, por qué no los sacaron, pero yo creo que en este sentido no puede hacerse nada. ¿Cómo los sacas si  la Asamblea nombró un poco tarde, lo que sea, al nuevo TSJ? ¿Dónde están esos magistrados? Los que pudieron se juramentaron en la OEA, otros están asilados en unas embajadas, a otros los pusieron presos… realmente eso es un acto simbólico, me parece muy bien que lo hayan hecho pero se trata de un acto simbólico que no tiene absolutamente ningún resultado práctico. Es muy interesante la gente que dice que hay que sacar al Gobierno, sí, pero que digan cómo. Los que dicen que los votos no van a sacar nunca al Gobierno, sí, pero que digan cómo. El que está en desacuerdo con el voto que diga cuál es su opinión. La Asamblea Nacional destituye a las cuatro rectoras del CNE, está bien, pero, ¿y eso qué efecto práctico tiene?
Esos mismos que sospechan que la MUD estaría, sino legitimando su existencia, jugando a favor del sostenimiento del Gobierno…
¿Qué es la Mesa de la Unidad? Es una asociación, por llamarla de alguna manera, una conjunción de pequeños partidos, unos más pequeños que otros, de distintas organizaciones que se sentaban ahí a dialogar No creo que todos sean unos santos, pero tampoco creo todos sean unos mercaderes. Mira, en la política hay de todo, yo no pondría mis manos en el fuego por todos los que están allí, pero poner a todos en el mismo saco es lo mismo que nos llevó a la desgracia de Chávez, lo que se llamó la anti política: todos los políticos son ladrones, todos los políticos son corruptos, todos los políticos son falsos. Metimos a todo el mundo en el mismo saco, lo que nos condujo a la antipolítica que nos condujo después a la debacle.
¿Estaría orquestando Maduro una “oposición oficial”?
—Puede ser. En los viejos tiempos el PRI, que fue durante más de 70 años el partido único en México, pagaba, es decir, mantenía al PAN, que era el único partido de oposición, para que el PAN le hiciera oposición. Para justificarlo, para que no se dijera que eso era una dictadura, por eso la llamaban “la dictadura perfecta”, hasta que por fin el PAN llegó a ganar unas elecciones, y ahora está otra vez, pero incluso había un chiste allá a propósito de esto, decían: “el PAN engorda”. “Sí, pero más engorda el PRI”, respondían los otros. El PAN era la oposición ficticia, además pagada por el mismo PRI. De manera que es muy posible.
¿Cómo le parece la primera sentencia del TSJ en el exilio?
—Excelente la primera sentencia, pero también es un acto simbólico, muy respetable, yo lo apoyo, pero eso para los efectos prácticos no sirve para nada, no va a sacar a ningún magistrado de estos corruptos del Tribunal Supremo, esos van a seguir haciendo sus desmanes. Es lo mismo que si la Asamblea decide destituir a estos magistrados del Tribunal Supremo, que ya lo decidió, al nombrar unos nuevos los destituyó. Igualito va a pasar con los rectores del CNE, cómo los va a destituir si para empezar ellos le han cortado las alas a la AN, han cercenado sus atribuciones constitucionales y no le permiten hacer absolutamente nada.
¿Cómo analiza la actuación de la fiscal Luisa Ortega Díaz?
—Yo creo que, sin pretender olvidar, ni justificar, ni perdonar todas sus actuaciones anteriores —que fueron un desastre y eso todo el mundo lo sabe—llegó un momento en que ella decidió tomar un camino de dignidad. No sé por qué lo hizo, desconozco las razones, así como no conozco los problemas internos del Psuv, pero lo cierto es que ella actuó con mucha valentía en esos últimos momentos y las consecuencias están a la vista. Tuvo que escaparse del país. Espero que todos los aportes que ha hecho para demostrar la corrupción, las violaciones cometidas por los gobernantes, sirvan en el  futuro muy cercano para algo.
¿En qué dirección puede avanzar un país con dos asambleas, dos fiscales, dos tribunales?
—Dos tribunales no existen, hay un tribunal teórico y un tribunal práctico; el tribunal práctico, el que toma decisiones, el que hace lo que le da la gana, es el que está aquí en Venezuela avalado por el Gobierno, el otro es un tribunal de fantasía. Maravilloso que exista, estupendo desde el punto de vista de la imagen del país que se quiere dar, pero eso no tiene ningún peso sobre los cambios en el país, eso no cambia nada en el país. Como dije, mañana puede la AN nombrar un CNE en el exilio, pero eso no va a lograr ningún cambio en el país.
¿Cuál es su concepto sobre la Asamblea Nacional Constituyente?
—No puedo tener otro concepto que el de algo absolutamente espurio, inconstitucional, vergonzoso, lamentable. Ese es un ente que no tiene ningún basamento jurídico, ni legal, ni constitucional. Es un invento de la dictadura de Maduro para afianzarse en el poder y además desconocer la voluntad popular. Ahora han dicho que van a montar unas elecciones de alcaldes en diciembre… por supuesto que los alcaldes tienen que juramentarse ante la ANC, porque sino van a ser destituidos, lo mismo que van a hacer con el gobernador Guanipa del Zulia. Esa ANC se ha convertido más o menos en el tribunal de la Inquisición.
En su más reciente intervención en la ANC, Herman Escarrá se explayó haciendo un recuento histórico muy adornado con latinazos sobre los basamentos jurídicos de la ANC de inspiración francesa y de sus fundamentos legales incontestables. ¿Lo vio?
—La verdad que todo lo que diga el señor Escarrá, que es muy culto y que sabe mucho de derecho, a mí realmente no me interesa porque se trata de una persona sin ningún tipo de ética, de moral y de principios. Todo lo que pueda decir, puede citar todos los códigos de memoria, desde los diez mandamientos en adelante, pero eso me tiene absolutamente sin cuidado.
Algo que no podemos obviar es que dentro de esa tendencia marcadamente militarista se percibe como cierta orientación policial, ¿no le parece?
—Esto es una dictadura absolutamente, como dijo alguien en estos días, y eso no lo inventé yo: no es que Maduro era un prisionero de los militares, sino que esto es una dictadura militar. Para donde uno voltee a ver, y por donde se le mire, esto una dictadura en todos los aspectos.
¿Debe la oposición ir a las elecciones de alcaldes convocadas para diciembre por la ANC?
—Yo no soy miembro de la MUD, no dirijo nada, no participo activamente en la política y no me atrevo a dar ninguna opinión en ese sentido. Creo que yo no iría a votar, no sé que van a hacer los demás. Soy muy respetuosa de la decisión de los demás. Si se forma una alianza en la que yo confíe, dónde no esté Henry Ramos Allup, y estoy de acuerdo con su criterio, yo seguiría sus pasos, porque pienso que lo peor que puede hacer uno en este país es andar cada quien por su lado. Sin tener un mínimo de unidad de criterio unánime, valga la redundancia, nunca vamos a salir de esto.
¿Con toda esa diversidad de criterios, cuál cree usted que pueda ser el futuro de la MUD?
—Es natural que donde hay 10, 15, 20 personas, haya diversidad de criterios, incluso dentro de un mismo partido. Por ejemplo, si el CEN de AD se reuniera y fuera democrático, habría opiniones diversas, pero se impondría la decisión de la mayoría. Yo fui miembro del CEN de AD durante más de 15 años, allí se discutía, nadie imponía su criterio por encima del de los demás, uno respetaba mucho la opinión de Gonzalo Barrios, la opinión de Alfaro, pero eso de que ellos imponían su criterio a rajatabla, no. Allí se discutía. Ahora no se discute nada. Me imagino que si en el seno de la MUD se discute y se llega a una decisión unánime, por lo menos que sea apoyada por la mayoría, sería un signo positivo.
¿A qué se debe que la dirigencia opositora no haya sabido conquistar el ánimo y la voluntad de los sectores populares?
—Claro que ha sabido, porque te olvidas que en las elecciones parlamentaria de 2015 se sacó una votación importantísima, más de siete millones. Entonces te das cuenta de que sí ha logrado conquistar la voluntad entre los sectores populares de mucha gente. Ahora, claro, se cometen errores. Como dice el refrán: la victoria tiene muchos padres y la derrota es huérfana. Esto que acaba de ocurrir, el fraude horrible que se hizo con estas elecciones, no es culpa de la MUD, la MUD no fue la que cometió el fraude, la MUD llamó a unas elecciones, convocó a los testigos, la MUD hizo el esfuerzo inmenso del plebiscito del 16 de julio, porque hay que ver el esfuerzo que significó sin recursos, contra el tiempo, sin apoyo de nada, además con una organización perfecta, a todo el mundo se le olvida eso, a los tres días ya la gente estaba hablando mal de la MUD, ellos creían que con eso se iba a sacar al Gobierno.
¿Cómo es posible que un Gobierno con tanto rechazo se mantenga en el poder? ¿De quién es la responsabilidad?
—Se mantiene en el poder porque está sustentado en los militares, sustentado en que tienen en sus manos todo el poder. La mayoría puede estar en contra, pero quién se va a enfrentar a fusiles, cañones, bombas, aviones, no todo el mundo está dispuesto a dejarse matar. Eso tiene una explicación muy simple: controla todo el poder absolutamente. No sólo el de las armas, también el poder de las leyes, de los tribunales, los cuerpos de represión en contra de una mayoría desarmada.
¿Habrá, como se especula, ingeniería social? ¿El manejo del hambre como un instrumento de manipulación de las masas?
—La verdad es que yo no creo que ellos sean tan inteligentes como para manipular a la gente por el hambre. Llegará el momento en que los hambrientos los van a devorar a ellos. Lo que sí puede ser es por negligencia, por su incapacidad demostrada para gobernar. Con un dólar a no se cuánto, eso es incapacidad total para gobernar.
¿Es la de Maduro una “dictadura perfecta”? ¿Cómo se puede enfrentar a este tipo de régimen es un planteamiento que se escucha desde las filas del bando opositor?
—Mira, si yo lo supiera, te lo juro que creo que me darían el premio Nobel de la inteligencia o no sé de qué. Yo soy demócrata a carta cabal, no creo en golpes militares, así como tampoco creo que van a venir a salvarnos los marines, ni que va a venir la Unión Europea con sus flotas. Siempre he creído que la única manera de salir de esto, aunque parezca una ironía, una ingenuidad o una estupidez, es la vía electoral. Yo creo en las vías democráticas, no creo en las vías violentas.
¿Desea manifestar alguna inquietud que se nos haya quedado en el tintero?
—No. La única inquietud en lo personal es que no quisiera morirme dentro de este régimen. Quisiera morir viendo a mi país libre y en democracia, habiendo rescatado sus instituciones y sus valores democráticos.
Maduro profundizó los errores de Chávez
¿Se ha subestimado a Maduro? No sé, pero se me antoja como un hombre sagaz…
—No, ningún sagaz. Si ese señor fuese un mínimo de inteligente, no mantendría al país en la situación en la que se encuentra. Él ha podido hacer mucho por corregir los entuertos de Chávez, porque todo lo que estamos viviendo ahorita es culpa de Chávez. Chávez fue el que destruyó este país, pero Maduro lo enterró, y si el tuviera un mínimo de inteligencia hubiera podido corregir los entuertos de Chávez y lo que hizo fue profundizar los errores. Vamos a ver cómo va a hacer con una hiperinflación que se nos acerca. No hay sueldo ni salario que pueda soportar el alto costo de la vida, la cantidad de gente que está huyendo en estampida. En esta semana tres personas que trabajaban con mi familia se fueron del país. La gente se está muriendo de hambre, se está muriendo de enfermedades, de mengua, los niños se están muriendo por desnutrición. ¿Eso significa ser sagaz? Eso lo que es de una crueldad y de una canallada indescriptible. Ellos lo que están es ocupados en mantenerse en el poder a como dé lugar, esa es la única agenda que ellos tienen, por eso se inventan una Constituyente espuria.

Fuente:

viernes, 27 de octubre de 2017

DAKAZO ESPIRITUAL

EL NACIONAL, Caracas, 26 de octubre de 2017
Del dicho al hecho
José Rafael Herrera

La pobreza de espíritu es el resultado del desgarramiento absoluto de lo que se dice y de lo que se hace. Decía Spinoza que el orden y la conexión de las ideas es idéntico al orden y la conexión de las cosas. Pero cuando se genera una ruptura –precisamente, un desgarramiento, una escisión– recíproca de los términos de esta adecuación o, lo que es igual, cuando se pone objetiva y explícitamente de manifiesto la inadequatio existente de lo uno y de lo otro, el resultado es la pérdida de la más importante de todas las riquezas: la del espíritu, sin la cual no es posible la prosperidad material de una sociedad. Y, sin embargo, el mismo desgarramiento que produce la pobreza espiritual se transforma en el manantial –y, más allá de la metáfora, en la determinación esencial– de donde brota la necesidad de su superación. Cuando los términos constitutivos de esta relación unitiva se cristalizan y separan, perdiendo con ello su capacidad de adecuarse, de relacionarse recíprocamente, surge la necesidad de pensar en sentido estricto, enfático. Y, con el pensar, deviene el abandono de las ilusiones, de las falsas expectativas, de las esperanzas infundadas, de las consignas vacías –“el tiempo de Dios es perfecto”–, de la ganga populista, para dar paso al proceso de reconstrucción que haga posible el resurgimiento de la unidad, la recuperación del orden y la conexión de las ideas y las cosas, de la decencia, la prosperidad, la justicia, la paz y la libertad. Pero no como simples deseos, sino como elementos fundamentales de una nueva realidad histórica, concreta.

Resultado de su “orden y conexión” con las cosas, las ideas son mucho más indispensables de lo que piensa la actual dirigencia política, más pendiente de “los números”, de los “jingles”, de las salas situacionales o de las encuestas que de la construcción de una auténtica reforma moral e intelectual orgánica, que sea capaz de construir una nueva formación social y cultural, un nuevo país, un país no nominal, no de formas vaciadas de todo contenido, sino sustentado en un efectivo, realista, proyecto de vida, en armonía y desarrollo continuo. No sin razón, observaba Marx que “las ideas se convierten en poder material tan pronto como se apoderan de las masas”. Nothing with the sun, dice Sting, nada como la luz de la verdad presente en las ideas, cuando estas son –al decir de Descartes– “claras y distintas”. En política, y hay que repetirlo hasta la saciedad, decir la verdad es una cuestión absolutamente necesaria. Hay partidos políticos “históricos”, de amplia tradición y arraigo popular, que se desvanecen en el aire, como si nunca hubiesen existido, desde el momento en el cual se traicionan a sí mismos, toda vez que, alevosa y premeditadamente, llegan a tomar la decisión de emprender la ruta –ese “largo trecho”– entre lo que se dice y lo que se hace, asumiendo la ideología del populismo. Y, una vez abierto el abismo, víctimas de su propio desgarramiento, desaparecen no solo del recuerdo de las grandes mayorías depauperadas, sino también de la historia del mundo.

Las ficciones creadas por el populismo son similares al instantáneo destello nocturno de los fuegos artificiales. Una vez que culmina la ilusión producida por el atractivo espectáculo en cuestión, lleno de colores, estruendos y entusiasmos, viene la oscuridad y se pone de manifiesto la penumbra del amargo desengaño. A la sombra de la duplicación de las imágenes, en medio de las “misiones” de un grotesco fracaso, de los “dakazos” de toda naturaleza o de los inorgánicos aumentos salariales, la euforia de las distorsiones reflexivas, sin tener la menor conciencia de ello, deviene tristeza y miedo, oposición absoluta, pérdida del orden y la conexión exigido por Spinoza, necesario para conquistar el contento del bien supremo: la libertad. Estado de esquizofrenia –mal radical– en el que la palabra, prostituida e impotente, ya no nombra y nada significa, ni en sí misma ni para la realidad. Flatus vocis, en el imaginario de una vida que ya no es vida. La palabra se tuerce en su contrario: “Ni un paso atrás” quiere decir todos los pasos del mundo atrás; “mantener viva la protesta de calle” traduce entregarla; “no hay diálogo ni acuerdos posibles” significa haber firmado la inminente rendición; “no nos juramentaremos” es bajar la cerviz, doblarse y entregar lo poco de dignidad que en algún momento se pudo haber tenido. En fin, del dicho al hecho, la palabra va perdiendo toda consistencia a medida que la realidad se escapa como el agua entre los dedos. Quizá sean duros los términos de Benito Juárez, pero son auténticos: “Malditos aquellos que con sus palabras defienden al pueblo, y con sus hechos lo traicionan”.

Leónidas, rey de los espartanos, recibió las amenazas de Jerges, el poderoso “dios-Rey” de los persas, a través de su emisario. El mensaje era –como gustan decir los actuales cultores de la jerga política– “muy claro”: podía seguir gobernando Esparta, siempre y cuando se sometiera e inclinara ante él. Pero, como dice Hegel, un republicano libre, en pro de su patria, que dedica a ella su vida, no solo no exige indemnizaciones o desquites, porque solo trabaja por las ideas, solo por la libertad. Prefiere entregar su vida si es necesario antes que inclinarse ante un déspota, sea del signo y la dirección que sea. Cuestión de dignidad. Decía Churchill que “quien se arrodilla para conseguir la paz se queda con la humillación y con la guerra”. Leónidas, acompañado de 300 espartanos, enfrentó, en las Termópilas, la invasión del poderoso ejército persa, formado por unos 100.000 soldados. A la larga, su lucha hasta la muerte impidió el avance del Imperio oriental contra el futuro de Occidente. De hecho, puede afirmarse que la cultura occidental debe a Leónidas, y a sus valientes espartanos, su existencia.

La dignidad, como dice Hegel, no se puede negociar: “Solo un pueblo en estado de avanzada corrupción –de profunda pobreza espiritual– es capaz de convertir la obediencia ciega a los caprichos malvados de hombres abyectos. Solo un largo período de opresión, el olvido total de un estado mejor, puede llevar a un pueblo hasta ese extremo. Abandonado por sí mismo y por todos los dioses, un pueblo así necesita señales y milagros, garantías de que tendrá una vida futura, puesto que ya no tiene fe en sí mismo”. Hacer coincidir lo que se dice con lo que se hace y lo que se hace con lo que se dice es premisa de factura sustancial para poder comprender la barbarie y superarla.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/del-dicho-hecho_209215
Ilustración: Robert Hague.

sábado, 5 de agosto de 2017

EL DÉFICIT POLÍTICAMENTE RENTABLE

EL UNIVERSAL, Caracas, 5 de agosto de 2017
La trampa monetaria
José Santiago Núñez Gómez

El grupo en el Gobierno es rehén y víctima de lo que hizo en el propósito de convertirse en un movimiento político mayoritario y que ha tenido que seguir haciendo en el fallido de mantenerse.

Casi todos los funcionarios del Gobierno ya saben que la expropiación de empresas privadas ha sido un gigantesco error, pues éstas son hoy un desaguadero de recursos financieros del Estado que se pierden día a día en medio de pésimos resultados; y, sin embargo, no asoma ninguna intención de revertir eso, porque la turgente nómina de las empresas del Estado es escenario propicio para la cosecha electoral.

Igual el aumento del gasto público hecho con independencia de la existencia de los recursos para ejecutarlo y que se cubre con eso que los economistas llaman “financiamiento monetario del déficit fiscal”, que es el nombre técnico de la política de montar una fiesta de billetes, un reparto de dinero sin respaldo ni valor. Esto -se sabe- produce una inmediata sensación de bienestar, con favorables efectos electorales, pero es poderoso combustible para la inflación.

Sobre la manipulación electoral del incremento arbitrario del gasto público y sus efectos, baste con citar el testimonio del Dr. Giordani, ministro de los gobiernos chavistas, quien en su ya famosa carta de despedida dice que a fin de ganar las elecciones de octubre y diciembre de 2012 dispuso del recurso de aumentar los “… gastos del sector público…”, pagándolos mediante un “… esfuerzo económico y financiero que llevó el acceso y uso de los recursos a niveles extremos …”, mediante la ejecución de un conjunto de medidas entre las cuales destaca el “… aumento sustancial del endeudamiento interno -es decir, con el Banco Central (con emisión de dinero)- de Pdvsa y el Gobierno Central”. En la misma carta Giordani afirma que, por sus efectos negativos sobre la economía del país, las medidas adoptadas debían revertirse inmediatamente después del resultado electoral, lo que -dice- ni se hizo ni reconoció disposición a hacerlo.

El Gobierno está metido en esto de cabeza, todas las semanas se deciden nuevos gastos multimillonarios sin previsión presupuestaria; últimamente la cantidad de nuevo dinero que inyecta al país crece 10% semanalmente; y la inflación está, por supuesto, desbocada.

Fuente:
http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/trampa-monetaria_664257

UNA PATOLOGÍA

EL PAÍS, Madrid, 5 de agosto de 2017
 EN ANÁLISIS
El castrismo, enfermedad infantil del izquierdismo
La crisis de Venezuela viene a desnudar a una izquierda desconectada de su propio pasado, a la deriva moral y abrumada por una hipocresía casi inimaginable
Héctor E. Schamis

En febrero de 2014 escribí aquí mismo La desmemoriada izquierda latinoamericana. Nótese la fecha. La amnesia en cuestión era por el silencio ante los atropellos de Maduro. Decía allí que la represión de las fuerzas regulares y los paramilitares, los “colectivos motorizados”, evocaba las violaciones a los derechos humanos en la América Latina de los setenta y ochenta.

Ello porque la izquierda, sus partidos, sindicatos y movimientos sociales, habían sido especialmente victimizados en aquellos años. En la posterior transición, y la paz en América Central, esa misma izquierda concluyó que la democracia constitucional —arreglo por el cual el poder público está dividido y limitado por normas permanentes— era el único régimen político capaz de proteger los derechos fundamentales de las personas. Y sobre todo de aquellas sin poder estructural, es decir, los más pobres.

Ergo, la democracia era condición necesaria para la vigencia de los derechos humanos y, de manera transitiva, sin constitucionalismo liberal no podría haber progresismo. Nos damos cuenta hoy que semejante revolución copernicana en buena parte de la izquierda vernácula, al final siempre obediente de la dinastía de los Castro, fue mero oportunismo.

Es que si son incapaces de decir que no hay diferencia alguna entre un asesinato perpetrado por sujetos que circulan en un Ford Falcon sin placas, como en Argentina, o por un escuadrón de la muerte, como en El Salvador, o por quienes van en motocicleta vestidos de camisa roja, como los colectivos chavistas, aquella tragedia de los setenta —la sangre derramada, en su propio argot— ha sido completamente en vano.

La sociedad venezolana vive aterrorizada y dicho terror se origina en el Estado, tal como era entonces en el cono sur. Pero si medimos —miden— los derechos humanos en base a la ideología de quien los vulnera, pues allí mismo está el fin de los derechos humanos. La crisis de Venezuela viene a desnudar a una izquierda desconectada de su propio pasado, a la deriva moral y abrumada por una hipocresía casi inimaginable.

Hay una historia que sirve para entender. Las transiciones de los ochenta coincidieron con la Perestroika y el Glasnost en la Unión Soviética. Reforma económica y transparencia, reestructuración y apertura; el mismo Estado-partido iniciaba el cambio. Acabado el monopolio sobre los recursos materiales y políticos, también comenzó a erosionarse el monopolio de la verdad. Con la caída del muro de Berlín, el edificio enteró implosionó.

El socialismo realmente existente resultó ser aún peor que aquel sistema burocrático criticado por el Eurocomunismo. La izquierda tuvo que abandonar el estalinismo. En América Latina, la estrategia de la lucha armada llegó a su fin, siendo el proceso de paz colombiano de hoy tal vez el último y tardío capítulo. Y los partidos comunistas se reciclaron como socialdemocracias en Budapest, Varsovia y casi todas partes.

Con excepción de Cuba, claro está. Abandonados por Moscú, los Castro se atrincheraron para resistir el período especial de los noventa, una década de penurias. Del socialismo de Estado solo quedaban ruinas, económicas, desde luego, pero sobre todo éticas e intelectuales. El relato era un disco rayado sin contenido. El hombre nuevo por cierto que no residía en la Sierra Maestra.

Sin embargo, la longevidad de los Castro fue recompensada por Chávez. Después del fallido golpe de 2002, Venezuela se acercó más a Cuba, una trascendental consecuencia no buscada por los miopes golpistas. En 2004 se creó ALBA, en 2005 se fundó Petrocaribe y más tarde, la Celac. La política exterior del chavismo abrió la puerta para el ingreso pleno de Cuba a América Latina, quizás por primera vez.

Y ni que hablar de la renta petrolera sin tener petróleo. Ahora con recursos que jamás tuvieron, los Castro reciclaron la épica de la vieja, nueva trova y un poco de aquel romanticismo guevarista. Tuvieron que ocultar que algunos de los trovadores más talentosos ya habían hecho explícito su desencanto y que, una generación después, se trataba de una restauración, estalinista por supuesto y, como toda restauración, conservadora.

A partir de la enfermedad y muerte de Chávez, dicha influencia se profundizó. Ya no eran solo los médicos sino también los oficiales militares. En 2010 se calculaba que había 500 cubanos cumpliendo funciones de inteligencia. Hoy algunos estiman esa cifra en 17.000. Siempre se supo que Maduro era el mejor súbdito de la monarquía de los Castro. Es la venganza de playa Machurucuto, dicen varios, lugar que la izquierda latinoamericana no tiene idea dónde queda. En su mapa solo aparece playa Girón.

Este desenlace en las relaciones internacionales de Venezuela, y estas sí que son relaciones carnales, explica la fraudulenta constituyente de soviets que acaba de instalarse. Curiosamente, también liquida la experiencia populista del chavismo y su viabilidad futura.

Ocurre que es inherente al populismo la crisis sucesoria, todos la han tenido. Ello debido a que el momento plebiscitario es fugaz y jamás sobrevive al líder fundador. Muere con él, lo cual exégetas como Laclau prefirieron ignorar. Ergo, el gran dilema es cómo reproducir esa identidad, ausente la figura carismática originaria.

Post Cárdenas, el PRI institucionalizó la norma de no reelección presidencial y luego se sometió a la competencia electoral. Supo cuándo, y cómo, dejar el poder para seguir existiendo. Getúlio Vargas preparó su partida formando dos partidos que le sobrevivieron, el PSD y el PTB. Hasta la llegada de los Kirchner, el peronismo resolvió la crisis de la muerte de su fundador creando “un partido político normal”, como decía Cafiero, para ganar y también perder elecciones, lo cual ocurrió en varias ocasiones.

El chavismo maduro-cabellista no tiene regla sucesoria, se suicida en esta conversión al estalinismo, protectorado cubano bajo un Estado policial. Así sacrifica su viabilidad política, su proyección en el tiempo. Sorprende, por cierto, que no sean muchos más los chavistas en disidencia, aquellos genuinamente interesados en mantener viva su propia identidad política, pero tanta inteligencia cubana también tiene tiempo para ellos.

Y mientras tanto, Raúl Castro desde La Habana, Maduro en Caracas y sus repetidores de “izquierda” en el resto del continente siguen hablando de la agresión imperialista. Las comillas porque el imperialismo en cuestión acaba de confiscarle activos por cifras astronómicas a la primera línea de funcionarios del gobierno de Venezuela. El capitalismo es robo, por aquel concepto de plusvalía, entonces que también robe el camarada El-Aissami, dicho esto en marxismo chatarra.

Pero, ¿cuál izquierda? Nadie les pregunta cómo justifican esas cuentas, habiéndose pasado los últimos 18 años en el sector público. Nadie objeta que hayan invertido de tal manera en Estados Unidos, siendo tan antiimperialistas. Y que, además, si es que hay una inminente invasión, según repiten ad nauseam, ¿pues por qué la están financiando ellos mismos?

En definitiva, no hay tal izquierda, ni invasión, ni imperio. Se trata solo de una patología. En América Latina, el castrismo es la enfermedad infantil del izquierdismo.

Fuente:
https://elpais.com/internacional/2017/08/05/america/1501960015_574083.html
Fotografía: http://www.libertaddigital.com/opinion/federico-jimenez-losantos/muere-fidel-castro-cuba-con-cuba-contra-castro-80714/

lunes, 24 de julio de 2017

GEMELOS DE LA REACCIÓN

La canibalización de la democracia en Polonia
Rafael Rojas 

Desde hace dos años, el partido Ley y Justicia de Jaroslaw Kaczynski, que controla el parlamento y el gobierno de Polonia, encabezado por Beata Szydlo, ha comenzado a desmantelar o a conducir autoritariamente la democracia en ese país de Europa del Este. La vía elegida es la subordinación del Poder Judicial al gobierno, luego de consolidar la mayoría legislativa en el parlamento. María R. Sahuquillo, en El País, ha definido ese proceso como la construcción de una “democracia caníbal”.

A la canibalización de la democracia se puede llegar por la izquierda, como en Venezuela, o por la derecha, como en Polonia. En esencia se trata del mismo fenómeno, que sucede cuando un partido o un líder llega al poder con una mayoría absoluta e inicia la erosión de la división de poderes hasta alcanzar un monopolio o una sujeción despótica de los tres y, por lo tanto, una supresión de facto del pluralismo político y el imperio de la ley.

La diferencia entre una vía u otra de reversión autoritaria la establece la ideología, es decir, la declaración de fines del gobierno. En Venezuela, Hugo Chávez y Nicolás Maduro emprendieron esa deriva despótica en nombre del “socialismo del siglo XXI” y de un revolucionarismo de fuerte inspiración fidelista. En Polonia, los hermanos Kaczynski alentaron la vuelta a los valores católicos tradicionales, a la jerarquía social y al nacionalismo cerrado de la Polonia precomunista.

El partido Ley y Justicia parte del diagnóstico de que la democracia occidental produce una decadencia de los valores patrióticos, de la cultura católica y genera un clima favorable a la tolerancia y el multiculturalismo, que amenaza la identidad nacional polaca. Su visión del tránsito democrático desde el régimen comunista, en los 90, por momentos, llega a ser más negativa que la propia experiencia del comunismo hasta la caída del Muro de Berlín.

Adam Michnik, el legendario editor de La Gazeta Wyborcza, ha llamado la atención sobre los efectos negativos de ese relato desencantado de la transición, que vertebra, en el caso de la nueva derecha polaca, una idea nostálgica de la grandeza nacional en el siglo XIX y la primera mitad del XX: la “buena época de los abuelos”, dice Kaczynski, de 68 años. Esa idealización es caldo de cultivo para la rearticulación de una derecha poscomunista, con elementos neofascistas, que está dispuesta a restringir libertades con tal de enfrentar, a la vez, el individualismo liberal y el socialismo democrático.

Como en Rusia, la canibalización de la democracia asume sentidos xenófobos y homofóbicos. El gobierno polaco es, junto al húngaro de Viktor Orbán, uno de los que más resistencia ha hecho al programa europeo de refugiados del Medio Oriente y que ha impulsado leyes más severas contra el aborto y contra el matrimonio igualitario. La retórica de Kaczynski y Szydlo se vuelve cada vez más aislacionista y antieuropeísta, produciendo, por la derecha, un reclamo de desentendimiento de las normas internacionales en materia de nuevos derechos.

Al igual que en otros populismos contemporáneos, en la Polonia de los gemelos Kaczynski el control del Poder Judicial es, supuestamente, un medio del combate a la corrupción. Pero también, o ante todo, una vía de dotación de poderes absolutos para conducir al país de acuerdo con una misión ideológica. Se trata de una lógica de reinvención del autoritarismo, en el siglo XXI, que observamos en buena parte del mundo, con el ascenso de los nuevos populismos, pero que en Polonia, como en Rusia y otros países de Europa del Este, tiene a su favor el relanzamiento del nacionalismo que siguió al colapso soviético.

Fuente:http://prodavinci.com/blogs/la-canibalizacion-de-la-democracia-en-polonia-por-rafael-rojas
Fotografía: https://mundo.sputniknews.com/prensa/201612201065704444-crisis-polonia-ue-oposicion-eeuu/

domingo, 7 de mayo de 2017

CLARIDAD CASI SUICIDA

EL PAÍS, Madrid, 7 de mayo de 2017
 PIEDRA DE TOQUE
Macron
El nacionalismo y el populismo han acercado a Francia al abismo en los últimos años, pero hoy con la derrota del Frente Nacional puede comenzar la recuperación
Mario Vargas Llosa

Este artículo aparecerá el mismo día 7 de mayo en que los franceses estarán votando en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Quiero creer, como dicen las encuestas, que Emmanuel Macron derrotará a Marine Le Pen y salvará a Francia de lo que hubiera sido una de las peores catástrofes de su historia. Porque la victoria del Frente Nacional no sólo significaría la subida al poder en un gran país europeo de un movimiento de origen inequívocamente fascista, sino la salida de Francia del euro, la muerte a corto plazo de la Unión Europea, el resurgimiento de los nacionalismos destructivos y, en última instancia, la supremacía en el viejo continente de la renacida Rusia imperial bajo el mando de Vladimir Putin, el nuevo zar.

Pese a lo que han pronosticado las encuestas, el triunfo de Emmanuel Macron, o, mejor dicho, de todo lo que él representa, es una especie de milagro en la Francia de nuestros días. Porque, no nos engañemos, la corriente universalista y libertaria, la de Voltaire, la de Tocqueville, la de parte de la Revolución Francesa, la de los Derechos del Hombre, la de Raymond Aron, estaba tremendamente debilitada por la resurrección de la otra, la tradicionalista y reaccionaria, la nacionalista y conservadora —de la que fue genuina representante el gobierno de Vichy y de la que es emblema y portaestandarte el Frente Nacional—, que abomina de la globalización, de los mercados mundiales, de la sociedad abierta y sin fronteras, de la gran revolución empresarial y tecnológica de nuestro tiempo, y que quisiera retroceder la cronología y volver a la poderosa e inmarcesible Francia de la grandeur, una ilusión a la que la contagiosa voluntad y la seductora retórica del general De Gaulle dieron fugaz vida.

La verdad es que Francia no se ha modernizado y que el Estado sigue siendo una aplastante rémora para el progreso, con su intervencionismo paralizante en la vida económica, su burocracia anquilosada, su tributación asfixiante y el empobrecimiento de unos servicios sociales en teoría extraordinariamente generosos pero, en la práctica, cada vez menos eficientes por la imposibilidad creciente en que se encuentra el país de financiarlos. Francia ha recibido una inmigración enorme, en buena medida procedente de su desaparecido imperio colonial, pero no ha sabido ni querido integrarla, y esa es ahora la fuente del descontento y la violencia de los barrios marginales en la que los reclutadores del terrorismo islamista encuentran tantos prosélitos. Y el enorme descontento obrero que producen las industrias obsoletas que se cierran, sin que vengan a reemplazarlas otras nuevas, ha hecho que el antiguo cinturón rojo de París, donde el Partido Comunista se enseñoreaba hace todavía diez años, sea ahora una ciudadela del Frente Nacional.

Todo esto es lo que Emmanuel Macron quiere cambiar y lo ha dicho con una claridad casi suicida a lo largo de toda su campaña, sin haber cedido en momento alguno a hacer concesiones populistas, porque sabe muy bien que, si las hace, el día de mañana, en el poder, le será imposible llevar a cabo las reformas que saquen a Francia de su inercia histórica y la transformen en un país moderno, en una democracia operativa y, como ya lo es Alemania, en la otra locomotora de la Unión Europea.

Macron es consciente de que la construcción de una Europa unida, democrática y liberal, es no sólo indispensable para que los viejos países de Occidente, cuna de la libertad y de la cultura democrática, sigan jugando un papel primordial en el mundo de mañana, sino porque, sin ella, aquellos quedarían cada vez más marginados y empobrecidos, en un planeta en que Estados Unidos, China y Rusia, los nuevos gigantes, se disputarían la hegemonía mundial, retrocediendo a la Europa “des anciens parapets” de Rimbaud a una condición tercermundista. ¡Y Dios o el diablo nos libren de un planeta en el que todo el poder quedaría repartido en manos de Vladimir Putin, Xi Jinping y Donald Trump!

El europeísmo de Macron es una de sus mejores credenciales. La Unión Europea es el más ambicioso y admirable proyecto político de nuestra época y ha traído ya enormes beneficios para los 28 países que la integran. A Bruselas se le pueden hacer muchas críticas a fin de contribuir a las reformas y adaptaciones necesarias a las nuevas circunstancias, pero, aun así, gracias a esa unión los países miembros han disfrutado por primera vez en su historia de una coexistencia pacífica tan larga y todos ellos estarían peor, económicamente hablando, si no fuera por los beneficios que les ha traído la integración. Y no creo que pasen muchos años sin que lo descubra Reino Unido cuando las consecuencias del insensato Brexit se hagan sentir.

Ser un liberal, y proclamarlo, como ha hecho Macron en su campaña, es ser un genuino revolucionario en la Francia de nuestros días. Es devolver a la empresa privada su función de herramienta principal de la creación de empleo y motor del desarrollo, es reconocer al empresario, por encima de las caricaturas ideológicas que lo ridiculizan y envilecen, su condición de pionero de la modernidad, y facilitarle la tarea adelgazando el Estado y concentrándolo en lo que de veras le concierne —la administración de la justicia, la seguridad y el orden públicos—, permitiendo que la sociedad civil compita y actúe en la conquista del bienestar y la solución de los desafíos económicos y sociales. Esta tarea ya no está en manos de países aislados y encapsulados como quisieran los nacionalistas; en el mundo globalizado de nuestros días la apertura y la colaboración son indispensables, y eso lo entendieron los países europeos dando el paso feliz de la integración.

Francia es un país riquísimo, al que las malas políticas estatistas, de las que han sido responsables tanto la izquierda como la derecha, han mantenido empobrecido, cada vez más en el atraso, en tanto que Asia y América del Norte, más conscientes de las oportunidades que la globalización iba creando para los países que abrían sus fronteras y se insertaban en los mercados mundiales, lo iban dejando cada vez más rezagado. Con Macron se abre por primera vez en mucho tiempo la posibilidad de que Francia recobre el tiempo perdido e inicie las reformas audaces –y costosas, por supuesto– que adelgacen ese Estado adiposo que, como una hidra, frena y regula hasta la extenuación su vida productiva, y muestre a sus jóvenes más brillantes que no es la burocracia administrativa el mundo más propicio para ejercitar su talento y creatividad, sino el otro vastísimo al que cada día añaden nuevas oportunidades la fantástica revolución científica y tecnológica que estamos viviendo. A lo largo de muchos siglos Francia fue uno de los países que, gracias a la inteligencia y audacia de sus élites intelectuales y científicas, encabezó el avance del progreso no sólo en el mundo del pensamiento y de las artes, sino también en el de las ciencias y las técnicas, y por eso hizo avanzar la cultura de la libertad a pasos de gigante. Esa libertad fue fecunda no sólo en los campos de la filosofía, la literatura, las artes, sino también en el de la política, con la declaración de los Derechos del Hombre, frontera decisiva entre la civilización y la barbarie y uno de los legados más fecundos de la Revolución Francesa. Durmiéndose sobre sus laureles, viviendo en la nostalgia del viejo esplendor, el estatismo y la complacencia mercantilista, Francia se ha ido acercando todos estos años a un inquietante abismo al que el nacionalismo y el populismo han estado a punto de precipitarla. Con Macron, podría comenzar la recuperación, dejando sólo para la literatura la peligrosa costumbre de mirar con obstinación y nostalgia el irrecuperable pasado.

Fuente:
http://elpais.com/elpais/2017/05/04/opinion/1493896853_149460.html
Ilustración: Fernando Vicente.

martes, 21 de febrero de 2017

BEMOLES

EL UNIVERSAL, Caracas, 20 de febrero de 2017
Representación política
Álvaro Montenegro Fortique

El asunto de la representación política ha sido el centro de numerosos debates desde los tiempos de la antigua Grecia, cuando Platón, Aristóteles y otros filósofos trataron el tema con mucha agudeza. San Agustín con su Ciudad de Dios, permitió apuntalar la visión platónica de la representación política, y hacer entender a la baja Edad Media que los reyes eran la representación de Dios en la Tierra. Esa explicación sirvió para legitimar el sistema político de Europa por mucho tiempo. Casi mil años después Santo Tomás de Aquino, con una mirada mucho más terrenal y siguiendo principios aristotélicos, permitió con sus reflexiones que pensadores posteriores como Marsilio de Padua, Pico Della Mirandola, Nicolás Maquiavelo y otros del Renacimiento, se plantearan nuevas preguntas sobre el derecho natural y las formas de gobierno, la representación política, soberanía, el poder legislativo, las mayorías, y las formas de representación.

Mucho después, en la Inglaterra de Thomas Hobbes y luego en la Francia de la Revolución, el debate sobre la representación política, nación, república y soberanía se avivó en una forma exponencial. La idea de una “democracia pura” se batía contra la democracia representativa. Pensadores tan profundos como Saint-Just, Rousseau, Guizot, Constant y otros, aportaban sus ideas a un forcejeo intelectual entre cómo definir al sujeto, ciudadano, o al individuo como representante de sí mismo. Si todos somos iguales a los ojos de Dios, ¿cómo hay un rey con más privilegios que todos los demás? ¿Cómo conciliar la libertad individual de decidir sobre la cosa pública, con la idea de delegación por medio de unos representantes ante una asamblea?

Uno de los pensadores de esa época que más aportó a esta polémica sobre representación política fue el abate Enmanuel-Joseph Sieyés, considerado como un actor político clave de su tiempo, cuya influencia se siente todavía hoy en día en los estudios de ciencias políticas. En sus Ensayos sobre los privilegios y ¿Qué es el tercer Estado?, este autor se deslinda del Ancien Régime y nos lanza definitivamente a navegar sobre la modernidad política, delineando claramente una idea de sujeto, división del trabajo, Nación, poder constituyente, representación política y poder constituido. Sieyés  parte de la definición del ciudadano, para llegar al concepto de Nación, que lo es todo. Además agrega que “todo es representación dentro del Estado social”. El autor era un firme defensor del gobierno por procuración, pero a la vez estaba claro en los límites que debía tener ese poder delegado.

El debate continúa en nuestros días, y pensadores como el filósofo postmarxista Antonio Negri, bajo una clara influencia de Spinoza, ha planteado explicaciones novedosas a la representación política. En sus obras Anomalía Salvaje, El Poder Constituyente, Multitud, Imperio, y Commonwealth, Negri nos pasea por términos como la Biopolítica, el Biopoder, el Estado-Nación, democracia, república, multitud y muchos otros que proponen miradas y lenguajes innovadores, para tratar de explicar algunas relaciones políticas globalizadas.

En un muy interesante curso del doctorado en Ciencias Políticas de la UCV, el destacado profesor Omar Noria, nos ha hecho comparar las lecturas de Sieyés con las de Toni Negri, para deliberar sobre el eterno debate entre Poder Constituyente y Poder Constituido. ¿Cuándo debe cesar, si es que debe, la acción del Poder Constituyente? Si la soberanía reside en el pueblo, entonces, ¿cómo se representa políticamente esa soberanía? Esas son preguntas que en Venezuela se deberían hacer los líderes más encumbrados del gobierno y de la oposición, para que con sus respuestas permitan a los ciudadanos tomar el protagonismo que les corresponde.

Fuente:
http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/representacion-politica_639728

EL PAÍS, Madrid, 21 de febrero de 2017
 TRIBUNA
Populismos y representación
José María Maravall

 Por “populismo” me refiero, por un lado, a la representación política que algunos partidos, de izquierda y de derecha, se atribuyen; por otro lado, a las políticas que prometen. Declaran representar al “pueblo” —un conjunto heterogéneo pero todo él sometido a una “casta”. En lo que respecta a las políticas que proponen, no atienden nunca a sus consecuencias. Tampoco a los medios para atenderlas: todo depende de una “voluntad política” para la que supuestamente no existen restricciones.

Sus orígenes se encuentran en el movimiento de los naródniki, revolucionarios de clase media y media-alta que pretendieron movilizar al campesinado ruso en las décadas de 1860 y 1870. Estrategias parecidas han sido utilizadas con frecuencia. Marx analizó magistralmente un movimiento populista: el golpe de Estado de Luis Bonaparte en Francia: “un personaje mediocre y grotesco” convertido en un salvador del pueblo. Los teóricos italianos de fines del siglo 19 y comienzos del 20, precursores del fascismo, utilizaron la división casta/pueblo para irla progresivamente derivando hacia una teoría del “caudillaje” —un duce que enlazaba directamente con el pueblo, por encima de un sistema y unas élites corruptas. El “caudillaje” y el populismo han sido frecuentes en la política latinoamericana, un ejemplo siendo hoy día Nicolás Maduro. También en los Estados Unidos, sobre todo entre 1890 y 1930 -ahora Donald Trump constituye un caso extraordinario de populismo por su ataque al “sistema”, al establishment, y por unas políticas basadas en la xenofobia, el racismo y el proteccionismo.

Hoy día los populismos, tanto por lo que dicen representar como por las políticas que ofrecen, se han multiplicado. Ha sucedido en la Europa de las democracias tradicionales y “virtuosas”: en la Finlandia de los Verdaderos Finlandeses, en la Dinamarca del Partido Popular Danés (PPD), en la Holanda del Partido por la Libertad (VVD), en la Francia del Frente Nacional de Marine Le Pen, en la Inglaterra del triunfo del Brexit. Es también lo que alimenta el discurso dicotómico de “casta” y “pueblo” en la Italia de Beppe Grillo y el Movimento 5 Estrellas, así como en la España de Podemos —donde Pablo Iglesias ha declarado, por ejemplo, que él es como Donald Trump sólo que de izquierdas, después de haber afirmado que la diferencia entre izquierda y derecha había desaparecido.

El populismo es difícilmente compatible con la democracia . Los representantes elegidos son presentados como miembros más de “la casta”. El vínculo directo entre gobernantes y “pueblo” se ejercita mediante plebiscitos y referendos —un instrumento político manipulable donde los haya. Los organismos intermedios interfieren en ese vínculo —los Parlamentos, los congresos de los partidos, los órganos judiciales y los medios de comunicación independientes. En sus dos primeras semanas de mandato, Trump ha subvertido a jueces y medios de información contraponiéndoles al “pueblo” y dirigiéndose directamente a los ciudadanos. Se ignora lo que sabemos desde hace más de dos siglos —que en sociedades grandes y complejas, con intereses muy heterogéneos, la única democracia posible es la democracia representativa, con pesos y contrapesos entre los diferentes poderes, y que la “democracia directa” se opone a cualquier contenido deliberativo de la democracia. Que los mandatos imperativos y la revocación inmediata de los representantes y de los gobernantes son contrarios a los intereses de los ciudadanos: las condiciones iniciales suelen cambiar y no ajustar las políticas puede ser nefasto. Que por todo ello, los representantes deben siempre dar cuenta de sus decisiones, de cualquier cambio en sus promesas, y someterse al veredicto de los ciudadanos en las elecciones. El ataque a la democracia representativa, acompañado del populismo, es una amenaza real a las libertades.

El miedo es la base política de los populismos. La globalización puede generar ese miedo en el seno de los sectores más vulnerables a una internacionalización de las economías. Por eso los populistas les ofrecen levantar barreras proteccionistas —todo lo que Fernando Henrique Cardoso ha calificado como “utopías regresivas”. Volver a levantar los muros que mantuvieron en el subdesarrollo a los países pobres, impidiendo sus exportaciones competitivas. A lo largo de muchos años, suprimir esas barreras fue un objetivo de la socialdemocracia. No puede apartarse de ese camino, lo cual no significa aceptar una desregulación de los mercados de productos y de capital que se imponga a la política democrática. Mediante los Estado de Bienestar se han protegido a los sectores dañados por esa globalización creciente. Ha existido una asociación muy fuerte, con evidencia abrumadora, entre gasto social e internacionalización de las economías.

Pero el diseño del Estado de Bienestar tiene hoy que ser reformulado: no puede pasar a ser un instrumento para financiar el consumo de los grupos de ingresos altos; se tiene que definir mejor qué se entiende por “igualdad”, cómo eliminar discriminaciones sociales, cómo erradicar la “necesidad”, cómo generar oportunidades que eviten trampas sociales de las que no es posible salirse. Es necesario clarificar prioridades. Y la distribución no puede bloquear el crecimiento del bienestar de todos.

Los socialdemócratas tienen muchos deberes por hacer. Se habla mucho de “la crisis de la socialdemocracia” —hoy existen razones para ello. Si atendemos a las 17 democracias más asentadas de Europa*, entre las últimas elecciones celebradas antes del inicio de la crisis en 2008 y las últimas (en 2015 o 2016) el promedio del voto de los partidos socialdemócratas ha caído de un 28,2 % del voto a un 21,9 %, mas de seis puntos, mientras que el de los partidos de la derecha ha pasado de 31,3 % a 27,1 %, es decir más de cuatro —en buena parte afectados por el auge de un populismo xenófobo y reaccionario**. Las diferencias nacionales son relevantes: en la izquierda, frente a la perdida de un 85,6 % de sus votantes por el PASOK en Grecia, una subida de un 17% del PvdA en Holanda; en la derecha, una caída del 53,8 % en el caso del Popolo della Libertá en Italia, frente a un aumento del 90,1 % del voto de Høyre, el partido conservador en Noruega. A veces han caído conjuntamente los principales partidos de izquierda y derecha (en Grecia el voto conjunto bajó de 76,6 a 34,4 %; en Italia, de 84,3 a 47 %; en España, de 83,4 a 55,6 %). Y excepcionalmente subieron ambos, como en Alemania (de 56,8 a 67,2 %).

Europa es el reino de las coaliciones y los socialdemócratas están en el gobierno de nueve de esos 17 países —en seis lo presiden. Otra cosa es lo que hacen en el gobierno: la singularidad de sus políticas está muy desgastada y les resulta imprescindible replanteárselas como hicieron tras 1945 y en los años 60. Guiados por la igualdad, que representa su permanente seña de identidad, y dando prioridad a su negación extrema: la pobreza y la necesidad que viven los sectores más castigados por la desigualdad, tal vez el mayor coste social de la crisis. De forma que también ayude ese replanteamiento a frenar la política del miedo —y el voto de muchos trabajadores a partidos proteccionistas y reaccionarios.

(*)José María Maravall, sociólogo y político, fue ministro de Educación y Ciencia (1982-1988) en Gobiernos de Felipe González.
(**) Los países son Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Grecia, Holanda, Irlanda, Islandia, Italia, Luxemburgo, Noruega, Portugal, Reino Uníido y Suecia.
(***) Considero siempre partidos, no familias ideológicas. Es decir, no escondo la crisis del PASOK en Grecia tras el auge de SYRIZA, ni la caída de Venstre en Dinamarca tras la subida del Dansk Folkeparti.
 
Fuente:
http://elpais.com/elpais/2017/02/15/opinion/1487155753_667877.html
Ilustración: Eduardo Estrada

viernes, 13 de enero de 2017

EL SÚBDITO CONTEMPORÁNEO

EL PAÍS, Madrid, 28 de diciembre de 2016
 TRIBUNA
La hoguera de los escrúpulos
Antonio Valdecantos

Cuál es el impulso que lleva a las multitudes a elegir para el gobierno a energúmenos zafios y desabridos, ufanos de su chabacanería tanto como de su dinero, es una pregunta de aspecto enigmático que a veces debe responderse quitándole todo misterio: ¿de verdad lo natural es que las cosas sean de otra manera? La ligazón entre democracia, virtud, inteligencia y buen gusto es en realidad mucho más débil de lo que suele creerse y —cosa que no resulta prudente enseñar en los colegios— cada uno de esos bienes puede subsistir largo tiempo sin la compañía de ninguno de los otros. Pero lo anterior, que tiene todo el aspecto de ser cierto, no explica por qué la maldición en cuestión se declara sólo algunas veces, y qué es lo que ha ocurrido para sufrirla precisamente en este momento.

El escándalo de que los muchos se dejen dominar voluntariamente por uno cuando éste es un personaje grotesco constituye materia de examen desde, por lo menos, el Discurso sobre la servidumbre voluntaria, de Étienne de La Boétie, escrito en torno a 1550. Con la mayor melancolía, La Boétie sostuvo que la multitud consiente en ser gobernada por personajes despreciables a causa de la fascinación mórbida que le provocan. Aunque estúpido y pervertido de por sí, el uno hechiza a los muchos con los atributos de una prepotencia que sólo depende de quienes lo han encumbrado. El uno, que es pequeño y débil, conservará su poder por la voluntaria embriaguez de los muchos, que lo ven grande y magnificente.

En principio, La Boétie puede ser tenido por un despiadado y ácido teórico del populismo, y quizá sea posible leer de este modo su Discurso. Pero en la modernidad tardía la relación de las multitudes con sus bufones coronados adopta seguramente otro modelo. ¿Es cierto que el súbdito experimenta fascinación por el gobernante indecoroso cuando lo entroniza?

Lo primero en lo que conviene reparar es el carácter transgresor que esa elección tiene. El elector sabe con toda claridad que votar a cierta clase de personajes no es lo que se espera de un ciudadano responsable y sobrio, y, precisamente porque lo sabe, descubre que está harto de tanta seriedad y resuelve que ha llegado la hora de hacer lo que el cuerpo le pide. Como escribió Spinoza y se repite con frecuencia, “nadie sabe lo que puede un cuerpo”, pero sí que hemos aprendido, y de manera bien rápida, lo que la política contemporánea está en condiciones de ofrecer a cuerpos ávidos de transgresión que, además, creen poder permitirse a coste cero todos los lujos propios del soberano.

Desde luego, esa conducta se dará con frecuencia en gentes humilladas (sin nada que esperar de una política aseada y pudorosa) y también en muchos elementos patricios de condición filistea (ese burgués desahogado y chusco que tanto se asemeja, aunque con menos patrimonio, al personaje al que vota). Tales grupos sociales serían, sin embargo, insuficientes para sentar en el trono al bufón, el cual no podría aspirar al triunfo si no gozase de un caladero de votos más poblado: el constituido por personas que normalmente se conducirán de manera sensata y templada, pero que en ciertas ocasiones desean dar un sonoro escarmiento. Tales súbditos, instruidos y por lo común morigerados, creen poder hacer una excepción de cuando en cuando y votarán al bufón “por esta vez”, confiando en que los gobernantes normales aprendan la lección y reaccionen en consecuencia (y esperando, aunque por desgracia no siempre con buenas razones, que el experimento no dure más de lo necesario).

Salvo en casos que no serán nunca mayoría (plebeyos y patricios que se identifican sin rebozo con el bufón), el elector no siente fascinación ninguna por el gobernante brutal, y muy a menudo lo juzgará con desprecio. Al contrario de lo que creyó La Boétie, no es necesario estar hechizado para someterse voluntariamente a cierta clase de caudillos. A veces, incluso, el súbdito disfrutará como un gamberro votando a alguien a quien considera mental y estéticamente inferior.

El razonamiento —que casi nunca se hará explícito— es muy sencillo: voto a alguien que, en definitiva, va a estar a mi servicio para tareas prosaicas y a quien voy a tener controlado siempre. Va a ser mi criado y no mi mayordomo ni mi neurocirujano, de modo que bastará con que se ciña estrictamente a su tarea, lo cual le cuadra mejor a alguien de esta calaña que a caballeros o damas de hábitos sofisticados, gentes ensoberbecidas que no se dejan mandar por nadie y sólo sirven a sí mismos y a su casta. ¿O es mejor un político distinguido, que nos humillará constantemente con lo que dice y con lo que calla, que un sirviente un poco maleducado, aunque insuperable en la prestación de servicios? Si fue muy bueno para hacer dinero, ¿no será también un gobernante eficaz? ¿No resulta maravilloso poder tener a un millonario como administrador? Sin duda algunas visitas lo mirarán mal porque es literalmente impresentable, pero en realidad las visitas no importan mucho y, además, las que suelen venir a casa tampoco es que sean muy selectas.

Contrariamente a esta manera de proceder, el votante de damas o caballeros impecables sí que se identifica con el objeto de su elección. Voto a esta persona, dirá, porque es de los míos, es decir, porque soy como ella, y el mero hecho de depositar la papeleta en su favor habrá de tomarse como un signo de distinción. Esta caprichosa manera de pensar es muy frecuente en cierta clase media que, al creerse culturalmente exquisita, se juzga bien representada por quienes en realidad no comparten nada con ella, salvo quizá los modales. Pero entonces habrá que concluir que la identificación (paradójicamente populista) con el gobernante se da más entre los políticos de buenas maneras y su ilustrada clientela que entre el patán impresentable y sus votantes transgresores. Si, en cambio, el elector cree tener al príncipe a su servicio, no hará ninguna falta que lo admire ni que lo juzgue ejemplar. Bastará con que lo considere un instrumento eficaz y, si además le sirve para poder permitirse una provocación intemperante, tanto mejor para la vanidad.

La primera superstición del súbdito contemporáneo consiste en creer que el poder está en sus manos como el siervo en las del amo y la segunda en rendir culto a la transgresión como acto máximamente soberano. Por separado no son muestras demasiado gloriosas de inteligencia, pero juntas pueden producir efectos muy poco recomendables.
(*) Antonio Valdecantos es catedrático de Filosofía en la Universidad Carlos III de Madrid.

Fuente:
http://elpais.com/elpais/2016/12/28/opinion/1482948715_081605.html
Ilustración: Eulogia Merle.