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sábado, 16 de mayo de 2020

VIRUS MORAL

La democracia en cuarentena
Ignacio Sánchez Cámara / ABC

Cuando el Estado se encuentra en crisis y la Nación en riesgo de extinción, la perspectiva política, aunque siempre superficial, deviene urgente e ineludible. Nuestra democracia también se encuentra en cuarentena y, quizá pronto, en la UCI. La terrible pandemia nos ha sorprendido con uno de los peores gobiernos posibles: un frente popular con apoyos separatistas, que abraza un decisionismo político heredado de Carl Schmitt. Aunque, naturalmente, no lo sepan. La ocasión para el golpe de mano parece inmejorable. Concentración del poder y supresión de los mecanismos de control. Al parecer, abundan quienes piensan que la democracia vale sólo para tiempos más o menos normales. En épocas de catástrofes o crisis, debe eclipsarse y dejar paso a la unanimidad forzosa. Gran Bretaña debatió en tiempos terribles la entrada en la guerra para derrotar al nazismo. ¿Qué hubiera sucedido si todo hubiera sido unidad alrededor de Chamberlain y nadie hubiera alzado su voz convenciendo a la mayoría? Del prohibido prohibir pasamos al prohibido criticar. Una cosa es la unidad de acción sanitaria y otra la proscripción de la crítica política. Por lo demás, el Gobierno reclama ahora la unidad que antes se empeñó en romper. Y, puestos a perseguir la unidad, ¿qué mejor que un Gobierno constitucionalista de concentración nacional?

La gestión política está siendo vergonzosa y la mayoría de las apariciones gubernamentales más propias de programas de humor, pero no se puede decir porque favorece al virus. Las mentiras, vaivenes y ocultaciones han sido abundantes, pero no se puede afirmar porque favorece al virus. Se publican cifras de contagiados mientras no hay tests, pero no se puede denunciar porque favorece al virus. Se cambia el criterio sobre las mascarillas, pero no se puede poner en evidencia porque favorece al virus. Casi todos sabemos lo que habría ocurrido con un Gobierno del PP, pero no es posible decirlo porque favorece al virus. Se proclama la defensa de los más vulnerables y la apoteosis de la igualdad mientras abundan los privilegios sanitarios de los poderosos, pero no es correcto decirlo porque beneficia al virus. Se diría que el lema es la mentira os hará sanos. Desvaríos de la ética de la responsabilidad.

Ciertamente la declaración del estado de alarma está prevista en la Constitución. Nada que objetar por ahí. Pero hay maneras de aplicarlo que pueden rebasar los límites constitucionales. Un Gobierno socialcomunista no es el más idóneo para gestionar un estado de alarma porque, de suyo, provoca un estado de alarma, incluso al presidente del Gobierno. Mientras tanto, el control parlamentario del Ejecutivo ha desaparecido. Con la división de poderes desaparece la libertad política. La política de comunicación (propaganda) y el filtro y control de las preguntas de los periodistas (grave error muy tardíamente corregido) exhiben la cuarentena de nuestro sistema de libertades. No resulta infundado el temor de que la intimidad y la vida privada sufran intensas vulneraciones en los tiempos venideros.

Mientras la iniciativa privada está resultando decisiva y ejemplar, los efectos van a ser, muy previsiblemente, la politización de la vida social y el intervencionismo estatal. Mientras la solidaridad privada utiliza los medios propios, la solidaridad estatal utiliza los ajenos. Según Alexis de Tocqueville, uno de los primeros deberes de un Gobierno es situar a los ciudadanos en la condición de poder prescindir de su ayuda. No cabe duda de que los nuevos tiempos van a acentuar la dependencia estatal de los ciudadanos y el eclipse de la iniciativa privada. Otra vía hacia el despotismo, democrático o no.

No tardarán en exigir la unanimidad de la política económica, la suya naturalmente, con la advertencia de que disentir es antipatriótico o un sometimiento a los intereses de los ricos. Recorreremos libremente el camino hacia la miseria. Ya lo decía, también Tocqueville, que de nosotros, los ciudadanos, depende que la democracia conduzca a la libertad, a la prosperidad y a la civilización, o bien al despotismo, a la miseria y a la barbarie. No conviene olvidar que las políticas catastróficas suelen fortalecerse en las catástrofes. No es necesario haber leído con mucho detenimiento a Marx para saber que el triunfo del comunismo requiere que la miseria (las contradicciones del capitalismo) llegue al extremo más insoportable. Para aprovecharse del caos hay que o provocarlo o mantenerlo y agravarlo. Sabemos cómo mueren las democracias y cómo triunfa el comunismo. Acaso sea un temor algo desmesurado, pero por advertirlo no se pierde nada.

Otro de los efectos de la crisis actual es que el virus físico impida aún más ver el virus moral, cuyos efectos llevamos décadas, acaso siglos, padeciendo. Atendemos mucho más a lo que mata el cuerpo que a lo que destruye el espíritu. Dice el Evangelista Lucas, «no temáis a lo que mata el cuerpo y no puede nada más». Lo que mata el espíritu es mucho más terrible que lo que mata el cuerpo. Esto afirma Kierkegaard, en Las obras del amor: «Pues se ponen barreras contra la peste, pero a la peste de la murmuración, peor que la asiática, la que corrompe el alma, ¡se le abren todas las casas, se paga dinero por ser contagiado, se saluda dando la bienvenida a quien trae el contagio!».

Existe otro virus, letal y silencioso, que atraviesa sin dañar los cuerpos e infecta sólo a los espíritus. La dificultad de combatirlo es proporcional a la ignorancia de su existencia. Aquí el contagio es voluntario y no se reconoce su realidad ni la necesidad del diagnóstico y tratamiento. Apenas quedan ya algunos pocos inmunes. La mayoría son contagiados felices. Y, acaso, no es seguro, la eliminación del virus moral sea la mejor terapia para hacer frente, física y moralmente, al otro virus, y, de paso, para salvar a la Nación y a su democracia.

(*) Ignacio Sánchez Cámara es catedrático de Filosofía de la Universidad Rey Juan Carlos.

20/04/2020:
https://www.almendron.com/tribuna/la-democracia-en-cuarentena
Ilustración: Georges Mathieu.

lunes, 27 de abril de 2020

¿DA IGUAL QUE SE QUEDE O SE VAYA?

Guillermo Morón: “Aquí no pasa nada, todos son unos imbéciles”
Jesús Piñero
Guillermo Morón tiene 93 años y no se anda con rodeos para decir lo que piensa. Con esta entrevista al autor de la imprescindible obra "Historia de Venezuela", cerramos el ciclo de conversaciones con historiadores justo hoy cuando se celebra el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor.
Guillermo Morón está sentado esperando a su hermano Armando. Es diciembre de 1935. Algunas agitaciones se sienten en Caracas, pero el interior del país continúa inerte, como siempre. En Carora pocos saben de la noticia y nadie tiene suficiente valor para repetirla. No es seguro y temen que los escuchen.
Morón tiene 9 años y no entiende la situación. Murmullos y miradas se suscitan en el pueblo. Cuando Armando llega por fin, se montan en un autobús hacia a Cuicas, en el estado Trujillo. Van callados y al bajar del vehículo todavía les toca caminar a pie un gran cerro y pasar la quebrada. Justo cuando van cruzando el agua, Armando, que va delante de él, se voltea.
—Te tengo que decir algo.
Guillermo Morón pensó lo peor: la muerte de su madre, doña Rosario Montero de Morón. Pero no dijo nada y esperó a que su hermano continuara. Armando se le acercó al oído, miró a los lados y le susurró como si alguien los observara en medio de la nada.
—Se murió Gómez.
Guillermo Morón, el niño
Un escalofrío recorrió su cuerpo. Era tal el miedo hacia la tiranía gomecista que Armando esperó estar en el monte profundo para contarle la noticia de la muerte del dictador a su hermano menor. El país se preparaba para un nuevo capítulo en su historia.
En Cuicas pasaban los fines de semana, porque estudiaban en Carora, estado Lara. 30 o 40 minutos antes de que su padre entrara por la puerta principal de la casa, doña Rosario Montero sentía el andar del caballo al llegar al pueblo.
“Me acuerdo de que en mi pueblo, mi papá se oía en el campo y mi mamá lo sentía antes de que llegara: ‘Llegó Morón’, decía. Mi papá había entrado al pueblo a caballo. Le daba una patada al portón y entraba”.
Así llegaba del conuco todos los sábados. Su progenitor era un jinete campesino en una Venezuela que se bajaba del caballo y empezaba a andar sobre las ruedas de petróleo.
El niño Morón es hijo de las postrimerías del siglo XIX. Nació el 8 de febrero de 1926 dentro de un matrimonio que tuvo 5 hijos varones. “Armando era el mayor, el inteligente y culto que fue maestro de escuela toda su vida. Marco Mario, que era un vagabundo de primera, que no aprendió a leer pero que se hizo rico, gran mujeriego. Mi hermano Óscar murió muy temprano, a los 14 años. Y mi hermano Chui (Jesús María) que murió hace tiempo. Yo era el cuarto”.
Una generación que abría el siglo XX, indiferente a la política, que era asunto de los andinos, los amos del valle capitalino.
Los tres tiranos
Dos meses después de aquella conversación con su hermano Armando, Guillermo Morón cumplió 10 años y, a pesar de su niñez, empezaba a comprender la situación nacional y escuchaba por radio al nuevo presidente, Eleazar López Contreras, quien anunciaba su programa de febrero.
Esos son los recuerdos más lejanos que conserva en su memoria sobre la política venezolana. Vivía en Carora y recibía clases de don Cecilio Zubillaga Perera: “Un gran maestro que nos enseñaba a leer y a escribir, él me quiso mucho y yo lo quise mucho a él también. Fue muy amigo de mi mamá y creo que esa es una de las influencias más directas que yo tuve, además de mi mamá que fue maestra de escuela”.
La democracia era una idea imposible, ciega para el momento, según el propio testimonio de Morón. Y aunque la dictadura gomecista ha sido vilipendiada dentro de la historiografía, él es un sobreviviente que se atreve a calificarla como positiva: “La época de Gómez es muy buena, Gómez acabó con los ladrones, acabó con los bandidos. Metió a la cárcel a todos los políticos malos, de manera que la dictadura de Gómez fue para mí positiva, porque este es un país de bárbaros, y llegó Gómez y puso orden”. Aunque no por eso deja de categorizarlo como un tirano y compararlo con Fidel Castro y Hugo Chávez. Tres cuadros de estos personajes cuelgan de su biblioteca personal.
—¿Hay alguna similitud entre los personajes de esos cuadros?
—Gómez no tiene ninguna similitud con Chávez ni con Fidel Castro tampoco. Pero yo los llamo los tres tiranos, tres tiranos distintos: Gómez, Castro y Chávez. La inteligencia los distingue. Fidel Castro sacó de Cuba a todas las prostitutas y a todos los bandidos norteamericanos que iban a putear en Cuba. Simple y llanamente eso. Hugo Chávez fue un hombre inteligente, muy venezolano. Esa expresión “esta noche te voy a dar lo tuyo” es típica de los venezolanos vulgares, él los comprendió bien. Y Gómez puso orden, pagó la deuda externa que veníamos arrastrando desde hace muchos años. Tuvo muchos aspectos positivos, el único negativo es que no había libertad, esa común y corriente.
—¿Y qué significa para usted la democracia?
—La palabra democracia es una proclama de los enseñadores. La democracia es la vivencia del pueblo. No es un poder, es una convivencia y los venezolanos hemos convivido durante 500 años. La democracia no solamente fue ese período de 1958 a 1998, no. La democracia es la convivencia que siempre ha habido, y los venezolanos tienen que volver a recuperar el camino de la democracia, de la convivencia del pueblo.
La democracia se convierte en oligarquía cuando no se conoce bien la historia del país donde se pretende implantar. Uno de los más graves defectos de los dirigentes políticos venezolanos es el desconocimiento de su propia historia de pueblo.
La Historia tras su historia
Cuando salió de bachillerato quería estudiar Derecho, pero gracias a la influencia de su madre y de su maestro don Cecilio Zubillaga Perera, se fue para Caracas y se inscribió en el Instituto Pedagógico Nacional, que hoy pertenece a la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL). ¿Por qué? Urgía una carrera rápida para cubrir los gastos de la casa.
“Yo aprendí del maestro que el estudio es el fundamento principal de la vida ciudadana en cualquier parte del mundo. A los 17 años me dijo ‘Moroncito, váyase para Caracas, porque como su mamá es maestra, sus tías han sido maestras y un abuelo suyo fue también profesor, usted puede convertirse en un buen maestro”.
Cuando terminó, viajó a España y se doctoró en la Universidad Central de Madrid, hoy Universidad Complutense. Lo hizo porque su madre lo quería ver lejos de la escena política venezolana, que no auguraba buenos tiempos.
Durante aquella estadía madrileña, en los años cincuenta, conoció a María Ilaria, quien después se convirtió en su esposa.
Como si se tratara de ayer, Guillermo Morón todavía rememora la escena ocurrida en la capital de España: “Estaba frente al templo donde se casó Simón Bolívar, yo la había conocido a ella ligeramente, y de repente llegó ella por detrás y me tocó y me dijo: ‘¿Usted es el indio que me está esperando?’. Y ahora es mi mujer. Ella se casó con el indio”.
Morón también fue de los primeros latinoamericanos en obtener la Beca Humboldt, que otorga la Embajada de Alemania, con la que estudió Filosofía en la Universidad de Hamburgo.
A su regreso a Venezuela, a mediados de 1958, se encontró en un país que transitaba hacia una democracia estable. Hasta entonces llevaba una vida académica en la Universidad de Hamburgo, donde ejercía como profesor.
Al reabrir la Universidad Central de Venezuela (UCV) intentó ingresar a la recién inaugurada Escuela de Historia, y no le fue posible porque el comunismo universitario lo tachó como un hombre de derecha: “En la UCV no me recibieron, a pesar de mis títulos y publicaciones, porque estaba dominada por los comunistas, entre ellos un señor llamado Germán Carrera Damas”.
El marxismo marcaba la pauta y Guillermo Morón era visto como un clásico, como un estudioso atrasado de una historiografía a superar. Tiempo después entró a la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y a la Universidad Simón Bolívar (USB), pero a esas casas de estudio no les dedicó mayor tiempo.
Carlos Felice Cardot influyó en Morón para que se quedara en Venezuela y así logró ingresar a la Academia Nacional de la Historia: “Cuando regresé inmediatamente me nombraron numerario y tenía 33 años, eso fue en 1959. En la Academia fui primero director de publicaciones y después director”. Cargos que le permitieron llevar a esa corporación a su época dorada en cuanto a las publicaciones, la organización de su archivo y a la creación del departamento de investigaciones históricas. Su esfuerzo por hacer de la historia una disciplina para todo público, fuera del claustro, se reflejó en el desarrollo de numerosas colecciones que recogieron el registro documental del pasado.
El marxismo en contra
“Lo importante para mí es Venezuela, que después de Rafael María Baralt y José Gil Fortoul, nadie había escrito una historia moderna”. El fruto de esa orientación de su trabajo fue presentado en 1971 y se llamó Historia de Venezuela: 5 tomos que recogen una aproximación a todo el transcurrir venezolano a lo largo de casi 500 años que no se hacía desde el siglo XIX.
Un esfuerzo único en su tiempo, pues los profesionales en el estudio del pasado estaban dedicados a la realización de historias particulares, por la complejidad de los manuales. Su proyecto respondió a lo que él consideraba un déficit en la enseñanza en las escuelas y liceos, premisa que todavía mantiene: “Un pueblo que no aprende su historia está en grave riesgo de perder el alma, y la historia de Venezuela no se aprende con la fuerza y la pasión de otros tiempos, porque la historia dizque no sirve para nada”.
La obra se vendió como pan caliente en el país, sobre todo después de que saliera publicada una crítica en su contra en 1973: “Tuve el honor que la Escuela de Historia de la Universidad Central de Venezuela escribiera un panfleto llamado De cómo se desmorona la historia: observaciones a la ‘Historia de Venezuela’ , y creyeron que con eso yo me iba a espantar. Al revés, me alegré muchísimo, porque se terminaron de vender los mil ejemplares de esa edición”.
La crítica la firmó la historiadora Angelina Lemmo y expresaba una respuesta académica de la Escuela de Historia, dirigida por Carrera Damas, a la obra histórica de Morón, el flanco favorito del marxismo ucevista.
Poco tiempo después de la publicación y la polémica, en 1974, Morón recibió una comunicación en la que le informaban que la Organización de Estados Americanos (OEA) lo había designado coordinador general de la Historia General de América, un proyecto editorial que Mariano Picón Salas había propuesto ante ese organismo pero que hasta entonces se mantenía engavetado.
Un estudio desde Canadá hasta Argentina requirió de un equipo de historiadores de todo el continente, a quienes se le encomendaron las diferentes aristas y terminaron desarrollándose como profesionales: “Yo me hice cargo y la publiqué, me pateé todo el continente y fueron 33 volúmenes dirigidos por mí, allí incluí las biografías de George Washington y Simón Bolívar”.
Su visión hispanista, traída del franquismo, era demoniaca ante la crítica al colonialismo que blandían los historiadores marxistas, quienes vieron en Morón el blanco de tiro para realizar sus críticas históricas y revolucionarias. El trabajo de la Academia era incompatible con la visión de los historiadores profesionales, sobre todo los egresados de la UCV, quienes desdeñaban la historiografía canónica académica.
Y del otro lado también hubo polémicas: El culto a Bolívar de Germán Carrera Damas fue calificado como un texto subversivo por las autoridades con las que Morón trabajaba, pidiendo la expulsión de Carrera de la Universidad por pervertir la imagen del Libertador.
—Usted trabajó en la Academia Nacional de la Historia en un período en el que la figura del Libertador y de la independencia no podían se objetos de crítica…
—Pero es que Bolívar es un hombre de nuestro tiempo, porque no está relegado a su momento en el pasado, sino que traspasa las barreras de la diatriba y del culto, se pone por encima de la gloria y baja al día, a servir la actualidad. Fue un hombre de carne y hueso que cometió errores como todos los seres humanos. Él, como todos los héroes que participan en el proceso de independencia, militares y civiles, oficiales y soldados, ideólogos o pueblo simple, fueron españoles, pero lo fundamental es que no se les meta en discusiones insolubles. Todo ese barullo sirve solamente para que el pueblo no entienda a los prohombres. El Bolívar de cada autor no es el mismo Bolívar de todos.
—¿Hay desde el Estado una pretensión política por cambiar la historia?
—Eso es una estupidez, la historia no se cambia. Los únicos que pueden hacer historia son los historiadores, no el Presidente de la República, ni los gobernantes. Son los historiadores los que pueden interpretar el pasado. Ahora, la historiografía venezolana ha parcelado la imagen histórica del país al intentar narrar como acontecimientos fundamentales los hechos de gobierno; el reducido a la acción de toma y ejercicio del poder individual; o al crear una ilusoria historia constitucional. La política es el gran eje sobre el cual se mueve la historia, así ha sido hasta el presente en todas las civilizaciones. La política modifica a la sociedad, a la economía y a la cultura, esas son las cuatro patas de la historia, cuatro dimensiones igualmente importantes para entender.
Bien educado
Aunque sirvió como hombre público al ser secretario del presidente del estado Lara empezando la dictadura perezjimenista, siempre destacó como un académico preocupado por la lectura y por la producción de textos educativos, incluso desde su trabajo en el diario larense El Impulso, donde fue un periodista de oficio y jefe de redacción.
Allí evocaba con frecuencia la frase: “La noticia se produce y nadie tiene por qué matarla o asfixiarla antes de tiempo. La información se desplaza, no se empuja; se desuna, pero no se corrompe. Es bueno que sea clara como el agua, desnuda como una lágrima”.
Leer sigue siendo su mayor afición. Escribió cuentos y novelas que se convirtieron en best sellers. Todavía revisa a los clásicos de la literatura, entiende latín y lee griego. “El que no haya leído al Quijote no es un hombre culto, Don Quijote es fundamental”, y luego dice que es su libro favorito.
Como editor de la revista Shell se encargó de difundir a una gran cantidad de escritores que encontraban en esa publicación una importante ventana para darse a conocer. Su trabajo allí lo convirtió en un gerente o empresario editorial bastante próspero. Varias de las reseñas de sus trabajos están en el libro Guillermo Morón, un clásico vivo de Pedro Pablo Paredes.
Ante una mayoría socialdemócrata y socialcristiana, Guillermo Morón impulsó el Comité Nacional de la Clase Media con ideas liberales, frente al estatismo y a la noción de redistribución de la riqueza que propugnaban los partidos políticos entonces. También contra la reforma tributaria. Con este proyecto intentó incursionar en la política junto a Pedro Tinoco y estuvieron en conversaciones con otros partidos para conciliar una candidatura independiente, pero aquello nunca logró prosperar ni mucho menos igualarse a AD ni a Copei.
“Pedro Tinoco se equivocó, yo no tenía ninguna fuerza política. Él quería ser presidente y necesitaba apoyo”, explica. El 27 septiembre de 1968 los miembros de la tolda finalmente se hicieron con el nombre de ‘Movimiento Desarrollista’.
“Ni de derecha ni de izquierda. Lo que soy es un hombre bien educado”, así se define Guillermo Morón, quien apoyó a Hugo Chávez en los años noventa. Una actitud que fue repudiada por algunos miembros del gremio y que, incluso, llegaron a calificar como pase de factura por su rechazo a los partidos Acción Democrática (AD) y el Comité de Organización Política Electoral Independiente (Copei).
Idea que a sus 93 años todavía comparte: “Juan Vicente Gómez es uno de los mejores gobernantes que ha tenido el país, a pesar de haber sido un dictador, no se metía con el pueblo ni con los maestros de escuela”, reflexiona cuando le preguntan sobre el devenir de la historia contemporánea venezolana. Entre Gómez y Chávez hay un siglo, un siglo en el que las armas tampoco estuvieron quietas y él considera a ese sector como parte fundamental de la república.
—¿Cuándo decidió retirarle el apoyo a Chávez?
—En cuanto llegó, porque no estaba preparado. A mí me pareció simpático, un buen hombre, agradable y él llegó gracias al apoyo del pueblo y, sobre todo, de las Fuerzas Armadas. Sin las Fuerzas Armadas no llega. Es más, sin ese apoyo nadie puede llegar a ser presidente de Venezuela.
—Entonces, ¿no estamos cerca de un cambio histórico?
—No lo creo.
—¿Cree que Nicolás Maduro se quedará por muchos años más?
—Maduro puede quedarse allí hasta la muerte y no pasa nada, y si lo sacan tampoco pasa nada. Yo no creo que esté próximo a retirarse, quienes lo apoyan son las Fuerzas Armadas.
—Y usted, que vivió casi a plenitud el siglo anterior, ¿qué opina de Juan Guaidó?
—Juan Guaidó es un hombre inteligente, pero no tiene porvenir político, porque no tiene fuerzas. No tiene el apoyo de las Fuerzas Armadas, ni el popular, pero es un hombre sano y honrado.
—¿Y de los partidos políticos?
—Los partidos políticos desaparecieron, ¿dónde están el PCV, Copei, AD? Primero Justicia y Voluntad Popular no valen nada. No hay ningún dirigente importante en esos partidos, yo no lo veo por lo menos.
—¿Compararía algún período del pasado con este?
—No tiene similitud con otros sucesos del pasado, ni remotamente. Aquí no pasa nada, todos son unos imbéciles.
Esta semblanza se elaboró a partir de una entrevista realizada 19 de septiembre de 2019, y algunos fragmentos de otras entrevistas y artículos de prensa, especialmente del documental Guillermo Morón, maestro de escuela producido por María Eugenia Mosquera, y el material recogido por Efraín Subero en el Ideario-Diario de Guillermo Morón, publicado en 1999, fuentes esenciales que permitieron construir una imagen más amplia del personaje.

Fotografías: Daniel Hernández
Fuente:

viernes, 21 de febrero de 2020

PRISMA: CONSTRUCCIÓN PARA DECONSTRUIR

De los partidos políticos y otras agonías más
Nelson Chitty La Roche 

En sus informes anuales sobre el estado de la democracia en el mundo, la unidad de inteligencia de la revista The Economist, ha venido describiendo la situación global como una recesión democrática. A partir del análisis de cinco variables; proceso electoral,  funcionamiento de gobierno, participación política, cultura política y libertades civiles; este estudio observa un deterioro continuo en la mayor parte de las democracias del mundo desde el año 2010, incluyendo las democracias antiguas como en Europa Occidental y en Estados Unidos”. Laura Chinchilla en el prólogo del libro de Asdrúbal Aguiar sobre Calidad de la democracia y expansión de los derechos humanos.

No abundaré en cuanto refiere a la calidad democrática de esta hora porque todos sabemos que en todas partes se ha incoado un contencioso ciudadano que denuncia a la democracia como carente de democracia y la asume, además, como insuficiente, ineficiente, anacrónica e incapaz de proporcionar lo que de suyo constituye su oferta.

Se cuestiona, como antes hemos dicho, los aspectos relativos a la isonomía, la isegoría y la isocracia para traer desde los orígenes griegos y la polis, los elementos que caracterizaban el diseño que sentaría las bases del sistema democrático. Se afirma que no se ha logrado o se tergiversa o trastoca el principio democrático, utilizando artificios de variada naturaleza.

Además, y tal vez sea el punto en el que más han trabajado detractores y defensores, se inculpa a la democracia por no traducirse en justicia social, dejando fuera entonces la consideración equitativa o, permitiendo los desequilibrios y desigualdades del sistema económico y así evalúa el colectivo el desempeño de lo que siguen aclamando, con la frase de Lincoln, el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo y así, aun resuena el eco del celebérrimo discurso de Gettysburg (Pensilvania) el 19 de noviembre de 1863, cuya trascendencia impresiona a los mismísimos franceses, al extremo que se repite, en el texto de la Constitución de la V República en 1958, como se lee en el artículo 2: La lengua de la República es el francés. El emblema nacional es la bandera tricolor, azul, blanca y roja. El himno nacional es la «Marsellesa». El lema de la República es «Libertad, Igualdad, Fraternidad». Su principio es: gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo (Subrayado nuestro).

Claro que las interrogantes se suscitan al examinar la variedad de denominaciones, precisiones, matices con los que se desea explicar, significados y contenidos, en el afán de la epistemología y en la temeridad de la doxa que, sin detenerse, presenta, propone y llena el entorno de la comunicación social y política, de sus inferencias y oximorones.

Justicia social es también un concepto compartido en todos los sentidos, pero, como nos enseñó Arendt, los pueblos que dicen buscar, trabajar, forzar la historia para lograr la libertad, en el camino renegociaron con ellos mismos porque, a menudo, les satisface más la igualdad o el despojo punitivo de los demás.

El prisma se modificó. El cada cual se solapa en el primero entre otros y esconde en realidad, una simulación. Los otros no figuran en el acto del que se acompaña de sí mismo.

¿Qué es pueblo? ¿Quiénes forman parte? Podríamos especular allí largamente, pero, a los fines del presente artículo, quiero solamente señalar que una porción reducida de la sociedad manifiesta interés en lo público y una mayoría atiende otros elementos, aspectos, situaciones de su interés, alejándose, marginándose a ratos y abandonando a unos pocos el ejercicio ciudadano y lo peor es que, dentro del individualismo liberal dominante, se legitiman y justifican variedad de posturas que terminan por desarraigar la membresía política o la reducen a consideraciones propias de su visión personal, solipsística, relativista y, desde luego, egoísta.

Siendo entonces la tendencia actual a disolverse el cosmos ciudadano, entre las apetencias de figuración y reafirmación del individuo, visto sin embargo en su perspectiva societaria, optando por proyectos reducidos y segregacionistas y, sobretodo, ausente del interés común que no sea como beneficio de una tipología que lo distingue y haciéndolo lo reúne con otros individuos que quieren ser eso, miembros particularizados y no comunitarios de la sociedad, cabe preguntarse ¿qué sigue?

La afectación de lo común que parte desde los intereses específicos es la secuencia. Sorel denunciaba lo que llamaba la hipocresía burguesa y Sartre ironizaba mortal en el prólogo del libro de Frantz Fanon, Los condenados de la tierra. No es nueva, pues, para el zoon politikon la decepción, pero ahora es distinto, pienso yo.

Me explico brevemente, las cada día más fragmentadas, divididas, parceladas expresiones del yo social, satelizan al yo comunitario y lo desfiguran paulatinamente. El ciudadano queda distribuido entre estas unidades que por definición son más bien entidades que solo en su distinción e identidad quieren ser, desdeñando los valores, principios y logros propios de la axiología, del conjunto que resulta del andamiaje comunitario.

No hay construcción societaria sino deconstrucción a partir de la diferenciación constitutiva de las identidades. No hay normación sino anomia, no hay decisión a compartir ni tampoco deliberación. El Estado funciona, con un ideal de gobernanza y una experiencia de gobernabilidad comprometida. La anomia se legitima y con ella la desagregación cubre los espacios.

Mal puede entonces el partido político que, por cierto, no es otra cosa que el apéndice organizativo de los ciudadanos, creado con el propósito de hacer política y además, aspirar como es de suyo y natural, a gobernar magnetizar y reunir. Solo queda en las plataformas vacuas o en las franquicias electorales un derivado que no tiene substancia, una corriente que no encuentra cauce porque no trae sino el desprestigio social y de su institucionalidad a cuestas. El partido político anda así desfigurado y ello acontece igual en Francia, España, Italia, Estados Unidos y ni hablar de América Latina.

Tiempo este de pragmatismo y de vacío, del día a día, de los Eudomar Santos y como vaya viniendo vamos viendo, momento de duda y desconfianza auspiciado precisamente por la carencia de genuina comunicación y peor aún, de auténtica comunión porque se ha perdido la ilusión y la fe.

Un partido político es una reunión de fieles partidarios. Tiene sus reglas y su cultura, sus valores, sus proyectos, sus tradiciones y sus taras genéticas, sus torceduras, sus extravíos que soporta en comunidad porque si no hay ese espíritu solidario, dejo de ser un partido político.

Los partidos políticos son actores en el teatro de la deliberación sobre los asuntos comunes y además, sobre la conflictividad social; y por ello son indispensables para el abordaje de la materia política. No obstante es bueno recordar que toman formas y discursos propios de cada sociedad y de cada época, aunque la razón de su porque, es la misma.

¿Se repite la historia? ¿Nunca tuvimos una circunstancia como la que vivimos? Avanzaré solamente una consideración por economía del tiempo; los escenarios humanos de desagregación terminan siempre convocando las autocracias en forma de fascismo o de dictaduras como las surgidas entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial.

La sociedad más que cambiar ha mutado; la democracia se quedó en esa loca carrera retrasada; la libertad ya no es un producto al que la aspiración de todos legitima, sino un ejercicio fatuo de unos y una práctica falaz y morbosa de otros.

En ese contexto, cabe reconocer que la humanidad necesita con urgencia frotar la lámpara, no para que aparezca un genio poderoso para complacerla sino más bien para que se marchen los gnomos, duendes y muñecos diabólicos que la ideología del espectáculo del sí mismo ha engendrado. El humano debe superarse con sentido de persona humana digna y para ello debe renacer el ciudadano.

Fuente:
Fotografía: Patrick Semansky (AP), estatua de Washington el Capitolio estadounidense.

sábado, 25 de enero de 2020

ADEMIA

Sobre algunas aporías de la democracia actual (I)
Nelson Chitty La Roche

“La democracia en Chile se acabó. Desde mediados de octubre de 2019 se ha hecho patente que yacía muerta desde mucho antes de lo que pudimos percatarnos y que nos encontrábamos habitando el putrefacto cadáver de un orden en descomposición. El fin de la democracia, tal como la hemos conocido desde hace no más de dos siglos, se ha instalado como un quiebre rotundo de las instituciones decimonónicas, las tecnologías políticas que en ellas pululaban y las formas de gestionar y comprensión de lo social”. Carlos Ramírez,  Christopher Yáñez-Urbina e Iván Salinas

La situación chilena no cesa de sorprender e impactar. Un destacado columnista incluso se permitía admitir que no lograba entender sin ayuda de expertos psicólogos y psiquiatras toda una fenomenología que parecía contraria a los elementos objetivos que rodean a la sociedad del hermano país, como aquella que lo presenta como el más fuerte económica y socialmente del continente y, sin embargo, da cabida a esta erupción inconforme y violenta, con tendencias esquizoides.

La universidad chilena no escapa del estupor que produce el movimiento que, por cierto, se radica fundamentalmente en la capital, aunque hubo episodios en otras latitudes, pero de una vez conjeturan sobre la etiología del malestar, apuntando al agotamiento del modelo, aun y a pesar del éxito que anunciarían los guarismos y mediciones convencionales, en un escenario de bienestar aparente y disminución de la pobreza. Así, señalan a la democracia y a la Constitución como los agentes, víctimas y victimarios de estos episodios de explosión societaria. Demasiado pronto y demasiado convencionales me lucieron esas apuradas especulaciones.

Igual que en la Venezuela de 1992, o la Colombia de 1990, pensaron algunos que en el pacto político con sanción jurídica, como denominaremos a la Constitución, obra la explicación y la respuesta de los capítulos inesperados que se viven, cuando el orden no cumple su cometido, ni la racionalidad atina a explicarse lo que pasa. En el camino se oye una sentencia severa de que la democracia como sistema de coexistencia pacífica que se postula como la mejor forma de gobierno se muere o acaso la panacea para los males debe encontrarse en la revisión de la Constitución.

Así, pues, se avanzan hipótesis que advierten el fin de una época, pero todavía anuncian la caducidad de la cultura democrática y ello incluye las organizaciones, vale decir, los partidos políticos e incluso las movilizaciones, manifestaciones, protestas que terminaban asimiladas por el discurso del liderazgo, siempre seguido y concluyente. Pareciera que el cataclismo ha puesto a prueba las formas y las maneras como otrora reaccionaba la comunidad política.

En nuestro criterio, el asunto es mucho más hondo, mucho más ininteligible y más gaseoso al mismo tiempo. Con el respeto y la prudencia debida, sentimos a la clase política chilena e incluyo a todos, gobierno y oposición, chocados, turbados, superados y sin asir la naturaleza del tsunami que los bañó de desencuentros, desengaños y desventuras. El estallido prescindió de un tajo de la representación y precisamente, desnudó arrasándolo todo, su talante iconoclasta, impío, bárbaro.

Con motivaciones distintas, pero compartiendo el elemento económico social en positivo, Bolivia hizo su gesta, su inesperada epopeya, su faena libertadora. Como Chile, las estadísticas evidenciaban que Bolivia mejoraba, pero la procesión iba por dentro y al contrario que en Chile, la cultura democrática ajustó el aparato y con el ariete de la unidad ciudadana le abrió un boquete tan grande al muro de Evo que se le fue el control y la confianza a un orden confiado, arrogante y soberbio.

Por años, los estudios y seguimientos de los comportamientos de la ciudadanía suramericana, y en ello coincidían todos los organismos especializados de las distintas agencias de naciones unidas o del escenario regional, denunciaban una peligrosa tendencia presente en la consulta que confesaba sin vacilaciones la disposición a sacrificar democracia por estabilidad y mejoría económica por asistencia pública masiva.

Pero y entonces, ¿qué está pasando? Aunque se adujo el malestar en Chile por un aumento mínimo del transporte, la secuencia convoca otros análisis, pesquisas e investigaciones para comprender la racionalidad de la revuelta o la irracionalidad tal vez describe mejor el asunto.

No pienso que sea posible hacerlo, sin ponderar otros aspectos que han acompañado o se han mostrado en la escalada chilena. Me refiero a las reacciones de la gente, del común, de los que se sumaban al asalto, saqueo, profanación y vulgarización de sectores que no por tolerados o respetados se sintieron obligados con el statu quo y por el contrario, creyendo a todo evento reafirmarse lo desafiaron.

No pretendo ni remotamente aparentar que conozco a Chile y menos que puedo a lo lejos hacer diagnósticos ni proponer terapias. Solo sigo atento las noticias y leo con interés los artículos de opinión y de la academia que he podido encontrar, pero intento darme una explicación o, al menos, señalar para el análisis las anotaciones frecuentes y las inferencias que de ellas nos podemos hacer.

Sin embargo, es menester atreverse, buscar, indagar y conjeturar para acercarse a la verdad y haciéndolo, usamos el instrumental epistemológico disponible y ensayamos algunas construcciones como referentes metodológicas.

Nos interrogamos también y en la procura de las respuestas también hacemos interesantes hallazgos que soportan la consecuente aparición y decantación de la argumentación.

En esa dinámica, nos atrajo una de las siempre nutritivas reflexiones del filósofo italiano Giorgio Agamben y especialmente su texto titulado, “Stasis. Civil War as a Political Paradigm” y del cual hemos hecho abordaje repetido. En efecto, en las cavilaciones y afirmaciones de Agamben atrajo nuestra atención para esta ocasión aquella que comienza con el aserto según el cual el Estado moderno exhibe un cuadro de ademia.

Se trataría de constatar y definir una situación en la cual el escenario público societario carecería de pueblo como resultado de la captura en la representación de aquel y desde luego, el eclipse del susodicho dejando únicamente a la estructura constituida ocupar los espacios, suplantar la deliberación y conculcar la decisión.

Giorgio Agamben, según Pere Durán
(Girona, 2014).
El paisaje social entonces estaría sujeto a un cortocircuito, por así llamarlo, separada la gente, el común, interrumpida la comunicación entre la representación y aquellos a los que debe representar. El ejercicio comenzaría al cesar la acción constituyente que vio operar una delegación o quizá, más bien, una transferencia de soberanía que luego se oligarquizaría y provocaría una disfunción entre ciudadanía y representación.

La gente sería, como afirma Gian Giacomo Fusco, un estudioso de Agamben, una masa cuasi ausente, pasiva, distraída en sus necesidades biológicas, y no obstante, y es esa la paradoja, la constituyente de su propia negación y no necesariamente para otra cosa que su bien en la perspectiva del Estado.

El tema de suyo arisco, complejo, confuso y un tanto inasible sustenta un evidente interés académico, pero también sociológico y ciudadano, que trabajaremos más, Dios mediante, la próxima semana.

Fuente: 
https://www.elnacional.com/opinion/sobre-algunas-aporias-de-la-democracia-actual-i/


Sobre algunas aporías de la democracia actual (II)
Nelson Chitty La Roche

“Se sugiere la reinvención normativa de la democracia sin pérdida de sus referentes esenciales, pero adecuándolos a las realidades distintas que plantea el siglo XXI, comenzando por lo esencial: el restablecimiento del tejido social bajo un denominador común que sea sensible a los valores democráticos, en modo tal que se refleje en las nuevas categorías constitucionales que deban ser formuladas”. Asdrúbal Aguiar

Es ya más que frecuente, una certeza regular y presente, en cada uno de los recientes análisis sobre la democracia y aquellos raros sobre la teoría de la democracia, encontrar críticas sobre la marcha del sistema, su nomos y su eficacia. Tal vez sea tiempo de admitir que muchas preguntas quedan sin respuesta, habida cuenta de las carencias u obsolescencias epistémicas que derivan del cosmos social actual y de las dificultades para advertir su especificidad y los elementos que lo descubren e integran. El mundo, la sociedad, los valores, el hombre, mutaron y cambian aceleradamente si es que podemos captar el movimiento en esta ecuación existencial empapada de instantaneidad.

Y no es sencillo hacerlo porque, como recuerda Sartori, los conceptos que como herramientas utilizamos para comprender en ellos los fenómenos que observamos se han estirado tal vez demasiado y no logran los susodichos albergar en su seno racional, el compendio de sus distintos e incluso nóveles elementos en  sus inevitables límites.

Acontece entonces con la democracia, como pasó a mediados del pasado siglo XX con el vocablo poder, que ya Arendt o Aron, entre otros, lamentaban percatarse de la falta de cohesión o elaboración y tal vez, desnudando en considerable atraso epistemológico pero lingüístico de la ciencia política para proporcionar sustento a las reflexiones que sobre ese constructo se postulaban. Cuesta bastante definir hoy a la democracia y, se hace más importante no solamente definirla sino seguirla, hallarla, precisarla, siendo que un elevado nivel de incertidumbre la rodea.

Los parámetros de las sociedades de este momento tienen en común la fascinación por el espectáculo y la mimetización de las personas en un ambiente en el que las individualidades coadyuvan por una definición que además aporte una identidad, una suerte de imagen de marca que tendría cada cual y ello, en detrimento de los referentes societarios que otrora servían para distinguir unos de otros. Me tocó presenciar en una ocasión una marcha de zombies y confieso que un lote importante se sentían tales, ni más ni menos.

El resultado conlleva igualmente una conducta que se particulariza, afectando a la comunidad democrática que antes se homogeneizaba en la vastedad de la noción de ciudadanía pero que ahora carece de empatía, reduciendo su desempeño en el espacio de su pretendida diferenciación, en el cuadro de su personalidad que no es habitual sino en cuanto es diferente.

Nunca como ahora la democracia, sistema social y valoración compartida, se muestra más apartada en el pretendido ejercicio de la libertad que se encierra más bien en construcciones sociales en las que la presencia es limitada y mínima la participación. Segmentaciones de diversa naturaleza, origen, denominación se perciben y se reclaman suficientes como para no requerir de otros concurrentes o acaso para, ante ellos, fijar distancias.

Todas esas agrupaciones tales como el feminismo, LGBT, gamers, ecologistas radicales, xenófobos por citar algunos, no se asumen como miembros de ninguna expresión social distinta a esa que los reuniría y definiría. Es un mundo que a nombre del valor social de la igualdad ha tallado un espacio para el colectivo de las individualidades, la membresía política tropieza con auténticos antagonismos. Lo que la diferencia es lo único que los une. Una suerte de solipsismo compartido dibuja las distintas figuras de una geometría social que atinaría solo como parte de un rompecabezas, un puzzle, en el que si bien se admite un común denominador no supone nada ante aquel que en la excepción los define y amasija.

La llamada generación millenial asume su entorno como un lastre con el que y a pesar de ello, debe transitar su búsqueda de la novedad que la totaliza y fascina. El presente no es más que la expectativa del futuro que se mide por las convincentes innovaciones que no por tales, menos rutinarias. La democracia que conocemos no metaboliza cómoda esos giros que la desbordan y la dejan siempre, aún en las sociedades más permisivas, varios pasos atrás.

Le falta pericia a la propuesta democrática para convencer, para atraer simplemente. La ecuación vital conoce una novación permanente, ante la compulsiva demanda del imperativo comunicacional que no por ello es otra cosa que el establecimiento de vasos comunicantes en el mismo continente social, político, económico pero no en el mundo que los rodea.

La búsqueda democrática colisiona en sus movimientos porque ofreciendo libertades culmina cediéndoles los espacios al individualismo de esos grupos y segmentaciones refractarias a los otros y al conjunto que incluye a todos. Es una auténtica aporía la que la democracia del momento exhibe y muy a su pesar debe asumirlo.

Paralelamente debe la democracia percatarse que vivimos y lo he repetido antes, el tiempo de la mentira, la tergiversación, la deformación, la adulteración e incluso, de la osada e impúdica sustitución ante todos de la verdad por la versión oficial de algunos y por si fuera poco, hay que agregar al menos, dos elementos más; la ideologización del espectáculo y, la admisión del relativismo que lo debilita todo. Nada es lo que dicen que es, hay que recordar y lo he hecho a menudo, que frente a ese discurso difundido solo podemos ripostar con la verdad, susceptible también de contrariar a los mercaderes del falso consenso que todo lo matizan.

Unas breves consideraciones sobre lo que es la teoría democrática y para ello invitamos, acotamos a nuestros comentarios, a partir de un interesante trabajo que además lleva ese título y cuya autoría corresponde a politólogos norteamericanos. En efecto, ab initio se resalta una interesante constatación que evidencia, en el estado del arte correspondiente a la temática, una sorprendente inactividad que se remonta a 1979 con la publicación de un texto de James Alfred Pennock en el que no se responde a la pregunta sobre qué es la democracia, pero responder esta pregunta resulta ser bastante más difícil que plantearlo. Pennock (1979) no responde la pregunta por sí mismo; deja esa labor a la posteridad, solo afirmando que “la frase [teoría democrática] se usa a menudo como si representara un cuerpo de doctrina claramente delimitado y acordado; pero eso está lejos del caso. Incluso la cuestión de qué temas debería incluir es objeto de un amplio “desacuerdo”.

Robert Dahl (Wikipedia).
Quizás lo único que los teóricos democráticos podrían estar de acuerdo sobre la teoría democrática es que es diversa, incluso de naturaleza incipiente. Robert Dahl (1956), por ejemplo, argumentó que «no hay una teoría democrática, solo hay teorías democráticas». También hay una letanía de reclamos rivales, ahora principalmente históricos, en el corazón de la democracia, y hasta ahora se han documentado más de 22 descriptores adjetivos de democracia (Gagnon 2018). Además, muchos teóricos democráticos contemporáneos comparten una ética pluralista preocupada por evitar un cierre autocrático en torno a lo que constituye la teoría democrática (ver, por ejemplo, Bader 1995; Blokland 2011; Erman 2009; Held 2006; Martí 2017; Moscrop and Warren 2016;). Sin embargo, el simple hecho de reconocer y abrazar esta diversidad por sí solo nos lleva tan lejos. (What Is Democratic Theory? Rikki Dean, Jean-Paul Gagnon, and Hans Asenbaum 2019).

Advierto que una materia tan atractiva desde el punto de vista del conocimiento y la academia, apenas deje, como lo afirma el estudio citado, testimonios mínimos de examen y, por cierto, ningún intento de problematización que hubiera servido al menos para desentrañar parangones que nos asistieran hoy en la tarea, convoca y glosa una dinámica que nos ayudará de algún modo y que trabajaremos, Dios mediante, la semana próxima.

Fuente:
https://www.elnacional.com/opinion/sobre-algunas-aporias-de-la-democracia-actual-ii/

viernes, 19 de abril de 2019

HOY, UNA Y OTRA COSA

EL NACIONAL, Caracas, 01/05/1948. Juan David García Bacca, Civilización Occidental, Democracia Cristiana, Asalto, Democracia, Cristo, Bandolerismo.

lunes, 8 de abril de 2019

PARALELISMO (S)

Del (anti) puntofijismo ibérico
Luis Barragán


Urgidos por las difíciles circunstancias venezolanas, pocas veces reparamos en las ajenas.  Y, cuando lo hacemos, constatamos un paralelismo preocupante de situaciones políticas que ultimaron, abriendo el presente siglo, con todas sus fallas, una experiencia trastocada en tradición democrática.

En efecto, agotado el programa que derivó del llamado Pacto de Puntofijo, operó una extraordinaria satanización deslegitimadora de las instituciones democráticas mismas, bajo el impulso de los sectores que contribuyeron a crear el fenómeno de Chávez Frías. Siendo el más ácido de sus críticos, confiscando las observaciones más legítimas e innovadoras, como las surgidas de los sectores liberales, por ejemplo, el histórico acuerdo y aún sus consecuencias más positivas y constructivas, quedaron reducidos a los escombros que lo pivotearon definitivamente hacia el poder.  

Algo semejante ha ocurrido y ocurre con la exitosa transición española de finales de los setenta del ‘XX, pues, a pesar de los beneficios rendidos, so pretexto de un juicio que, además, tiene acertados alcances académicos, PODEMOS y otras fuerzas afines la presentan como una descomunal estafa, indecible conspiración y fatal experiencia. Cuando un destacado profesor versa sobre el mito fundacional de la democracia española, procurándole categorías que ayudan a esclarecer sus más variadas vicisitudes, otros se esfuerzan por la decapitación moral y el absoluto cuestionamiento de sus gestores, intentando vaciar de toda  legitimidad al régimen que, incluso, nació con la Constitución de 1978.

Problematizado  hasta el hartazgo, el liderazgo político promedio no demuestra una mayor determinación por defender la experiencia de libertad ganada, incurriendo en dislates – además – temerarios, como si la democracia española pudiera soportarlos, estuviese blindada ante los tristes casos de corrupción, capaz de sobrevivir a toda prueba. Algo semejante ocurrió en Venezuela, aunque sin la grave amenaza de la desintegración territorial, concluyendo el siglo XX, estirando abusivamente  la cuerda que finalmente reventó.

La revancha de los sectores marxistas peninsulares, está pendiente, como aconteció efectivamente en Venezuela. Por lo visto, aquélla bajo la orientación de un universitario, como Pablo Iglesias, mientras que ésta, supo de la dirección de un ágrafo militar, como Hugo Chávez.

08/04/2019:
http://www.diariocontraste.com/2019/04/del-anti-puntofijismo-iberico-por-luis-barragan-luisbarraganl/
Fotografías:
https://www.elmundo.es/espana/2016/01/16/5699672dca4741f3468b45e5.html
https://www.gabitos.com/CUBAPORSIEMPRECUBA/template.php?nm=1396689477&rsp=8 

domingo, 19 de agosto de 2018

AVATARES

De un aleccionador desenlace de la crisis, por ejemplo
Luis Barragán


La última entrega de la revista especializada  Tiempo y Espacio, reúne un conjunto de trabajos,  debidamente arbitrados, bajo un título harto elocuente: “Avatares de la democracia 1958-2018" (https://es.calameo.com/books/0048760919b1edbb7be35), próximo a ser colgado en el portal correspondiente al concluir el receso académico (http://revistas.upel.edu.ve/index.php/tiempo_y_espacio). De indispensable consulta, distintos autores de afilado bisturí, hurgan en las intimidades de unas décadas ya desconocidas, por obra de la intensa y falsificadora campaña propagandística y publicitaria del actual régimen que incluye  los intereses de sectores que se le oponen o dicen oponérsele.

Desde múltiples ángulos, nos permiten reconstruir una perspectiva del presente diluido y, aunque la materia es enteramente histórica, resulta inevitable la mirada al XXI, un siglo que se supuso prometedor al abrir sus puertas. Quienes tienen por vocación y oficio el pensamiento sistemático, a contracorriente, realizan un responsable y sobrio aporte a la necesarísima polémica pública que no ha de tardar en asimilarlo, manifestarlo y mejorarlo, dejando atrás los esquemas convencionales evidentemente agotados.

Desde la caída de la dictadura militar de Pérez Jiménez hasta la instauración de la otra que marca la actual centuria, quizá para muchos inadvertida por la perversa modalidad de su ascenso, hubo y hay situaciones, posiciones, resultados e interrogantes pendientes. Buena parte de los trabajos, responden o intentan responder, teniendo por mérito indiscutible una novedosa aproximación: nota postrera, la década militar, en Domingo Irwin; la intromisión soviética de acuerdo a un alto funcionario del perezjimenato defenestrado, en José Alberto Olivar; la dramaturgia anti-dictatorial, en William Anseume; el populismo persistente, en Leonardo Favio Osorio; la antipolítica,  en Luis Alberto Buttó; una panorámica del uso de la renta, en Liliana Velásquez G.; las orientaciones uslaristas, en David Ruíz Chataing; el reformismo democrático, en Richard López; la política y la  literatura, en Rosmar Brito Márquez y María Susana Harringhton; la ciudadanía, en Antenor Viáfara; y, estudio aparte, la edición nos obsequia con una sugestiva curiosidad, como es la del béisbol y el control social en tiempos del lopecismo, en Gloria Rebeca Mota.

Inelegante mención, contribuimos con un modesto texto sobre  los dos alzamientos militares  del 1º de enero de 1958 y el carácter sorpresivo que alcanzaron o dijeron alcanzar. Una de sus conclusiones, nos remite al 23 de enero como la materialización de un desenlace, entre varios de los que fueron posibles, aunque ninguna de las circunstancias – exhaustas -  apuntó a un diálogo o negociación entre gobierno y oposición, aleccionándonos.

Vicisitudes, corrientes y actores políticos de entonces, ahora francamente ignorados por las más recientes generaciones, añadiendo a no pocos de las intermedias, nos imponen de un liderazgo político superior al  actual. Siendo ésta nuestra convicción, quizá estamos viviendo la emergencia de otro definitivamente innovador, capaz de superar la llamada antipolítica que aún nos consume.

20/08/2018:
http://www.opinionynoticias.com/opinionpolitica/33319-barragan-l

domingo, 1 de julio de 2018

YA HABRÁ TIEMPO DE ESCRIBIR


Nicaragua en el corazón

Luis Barragán


"... Quien quita, además, y viene alguien
después que querrá estudiar lo que ocurrió
aquí este día, escribir tal vez un libro, así
que vamos a ir despacio, calmados,
aunque tu historia es tan larga que
quién sabe si habrá tiempo de oírtela toda..."
Sergio Ramírez (*)

El nuestro, fue un país con una democracia convincente y una fortaleza petrolera incuestionable, por citar sólo dos elementos. Y, frente a los débiles países de la región, en uno y en otro sentido, sin que tuviésemos un interés político y económico directo en ellos, demostramos nuestra comprensión y solidaridad más allá de la acostumbrada retórica.

Valiéndonos de dos ejemplos harto conocidos, lejos de aprovecharnos de sus circunstancias, en un caso, a pesar de la controversia territorial planteada, reconocimos la independencia de Guyana. Nadie puede alegar de una indecible maniobra ni de propósitos inconfesables, en el tratamiento hacia el vecino del este que luego sirvió a los intereses de la Cuba por entonces derrota en el afán de sembrar varios Vietnam, en este lado del mundo.

Algo semejante ocurrió, en el otro caso, con la causa nicaragüense. Rechazamos y condenamos la dictadura somocista, promoviendo todos los esfuerzos necesarios para salvar a un pueblo que clamaba por un lugar bajo el sol, contribuyendo a una transición que tanto nos familiarizó con la causa sandinista y sus actores, decididamente respaldada como  expresión y  oportunidad para el definitivo establecimiento de la libertad y de la democracia.

Llevándola en el corazón, Nicaragua atraviesa días muy duros bajo la inaudita represión encabezada por Daniel Ortega que, en otros tiempos, rasgaba sus vestiduras: no habrá fusilamientos ni expropiaciones, aseguraba en 1980 (por ejemplo: http://lbarragan.blogspot.com/2018/06/palabras-en-el-viejo-viento.html). Redondeada la estafa,  ha sembrado la muerte ahí, donde hay una legítima, cívica y pacífica protesta, coincidiendo con el modo que empleó Maduro Moros para ensangrentar el pavimento venezolano en 2017.

La ya remota postura venezolana de solidaridad, tuvo por inspiración el ideario democrático que se hizo ejemplo en el mundo, arrojando un testimonio sobre el cual habrá ocasión de escribir larga e íntegramente algún día, cuando dé tiempo después de salir del actual marasmo. El gobierno de Georgetown ha procedido de una manera innoble, pero ni se diga de Managua, cuyos prohombres tendieron la mano un día a Venezuela para recibir el apoyo a una causa que traicionan constantemente, sin el más mínimo pudor, coaligándose con la dictadura miraflorina que nadie imaginó por entonces.

(*) "Sombras nada más", Punto de Lectura, Barcelona, 2002:84.

Fotografía: 

sábado, 26 de mayo de 2018

ETAPAS

La formación de los militares argentinos en democracia: panorama y desafíos futuros
Sabina Frederic

En los últimos 30 años la formación de los militares argentinos sufrió importantes cambios. El concepto de esta reforma fue integrar la formación universitaria con la militar, buscando generar un nuevo perfil del militar en democracia como ciudadano, funcionario y profesional. Si bien el saldo de este proceso es positivo, quedan todavía varios desafíos pendientes, entre ellos, avanzar en una mayor capacitación o adiestramiento conjunto en los niveles subalternos.

¿Cuáles han sido los principales cambios atravesados por la educación de los militares en democracia? ¿Qué orientaciones tomaron a partir de la conducción civil efectiva de la educación para la Defensa? ¿De qué manera las huellas de esta transformación se encuentran moldeadas además por el período más prolongado de paz de la historia del Estado argentino? Hace escasos 30 años que las Fuerzas Armadas quedaron excluidas de toda intervención al interior del territorio nacional. Esta fase inédita de la historia contemporánea del país le debe mucho a la responsabilidad de las Fuerzas Armadas –de entonces– en el terrorismo de Estado de los años ’70, la derrota militar en la guerra de Malvinas y la fuerza de la democratización encarnada en una corriente de reivindicación y expansión de los derechos humanos.

En este escenario, nos interesa poner en perspectiva aquellas preguntas para identificar tanto los trazos de la renovación educativa, los instrumentos para producirla y los principales obstáculos y dilemas. Destacaremos el plexo normativo, las modificaciones organizacionales, los cambios de contenido curricular y de los regímenes disciplinarios de los institutos de formación de oficiales y suboficiales. Por último, se enfatizarán las asignaturas pendientes de este derrotero para avanzar en una respuesta acerca de cómo podría continuar en el futuro.
De la autonomía castrense a la conducción política de la educación militar

Un conjunto de principios orientaron los cambios en la formación de los militares argentinos en los últimos 30 años. Sin embargo, a lo largo de este período existieron diferencias, algunas plenamente visibles y otras más sutiles, que nos gustaría destacar. Hay en esos principios instancias de decisión y contenidos cuyos contrastes nos permiten definir, a grandes rasgos, dos grandes etapas.

La primera de esas etapas se extiende desde comienzos de los años ’90 del siglo pasado hasta hace una década. Los principios que orientaron los cambios durante este período dependieron de una gran autonomía decisoria de las autoridades militares, convalidada por distintas instancias de la burocracia pública y los poderes legislativos. Es decir que no hubo en este período iniciativas de cambio de parte de los gobernantes políticos, aunque algunas fueron por supuesto consensuadas por estos. Respecto del contenido específico que caracterizó esta batería de cambios existen algunos de tipo normativo y otros de orden práctico.

Los cambios normativos buscaron el reconocimiento legal de sus estructuras de gestión y titulaciones académicas en el ámbito de la educación pública para civiles. Durante este primer período la educación militar consiguió que sus estructuras organizativas fueran reconocidas como institutos universitarios adecuándose a la ley de educación superior sancionada en 1995. Dado este paso, consiguieron dar otro crucial, tramitar los trayectos curriculares con los cuales los oficiales adquirían su grado y especialización militar, para que de este modo tuvieran un título acreditado por el Ministerio de Educación. Es así como el Colegio Militar de la Nación, la Escuela Naval Militar y la Escuela de Aviación Militar, durante la década de los ’90 del siglo XX y primeros años del siglo XXI, se convirtieron a ritmos descompasados en unidades académicas de sus respectivos institutos universitarios, entregando a sus egresados un título de licenciatura y el grado militar inicial de sus carreras de oficiales.

Cambios análogos a los anteriormente descriptos ocurrieron con la formación de los suboficiales de las Fuerzas Armadas. Aunque este proceso fue más tardío, también aquí se adecuaron los trayectos curriculares a la normativa que regía en el ámbito de la educación pública civil para las titulaciones técnicas tanto de nivel secundario como terciario no universitario. Es que las especializaciones de este cuerpo subalterno de militares responden en la mayoría de los casos a las de la aplicación de saberes técnicos.

Las condiciones generales que contribuyen a comprender el impulso tomado por las propias autoridades militares a la hora de introducir cambios en su formación son de diverso orden. Para sopesar tales decisiones, hay que recordar la importancia radical que para los militares tiene su formación básica en la actualización de lo que consideran su identidad; en rigor las instituciones educativas fueron tradicionalmente concebidas como santuarios de su esencia. Así, entre las principales condiciones que los llevó a mutar este ámbito dependiendo de las regulaciones educativas civiles cabe destacar, entre otras, cierta mirada crítica de las nuevas generaciones, en particular egresados en los años ’80 del siglo XX hacia la conducción ejercida por las viejas generaciones de militares; la necesidad de contrarrestar el desprestigio público de las Fuerzas Armadas adquirido sobre todo en las grandes ciudades argentinas; la importancia de incrementar los interesados en incorporarse a las Fuerzas Armadas; la suspensión del servicio militar obligatorio y el cambio que produjo en la relación de mando la disminución de una tropa no obligada a permanecer en las filas castrenses; así como la valoración social de las titulaciones universitarias y el conocimiento en los años ’90.

Contrariamente a la anterior, la segunda etapa, iniciada hace una década, estuvo signada por un ritmo intenso de nuevas orientaciones introducidas por la conducción política de la educación militar con asiento en el Ministerio de Defensa, desarticulando de este modo la tradicional autonomía militar en esta área. Desde el 2006 las iniciativas de cambio fueron tomadas por los gobernantes civiles de las Fuerzas Armadas, hecho que se tradujo, por un lado, en el fortalecimiento del conocimiento y supervisión de las políticas educativas por parte de ellos, y del otro, por una rearticulación de la relación con las autoridades militares para buscar acuerdos y consensos.

Por consiguiente, en el campo de la educación castrense la gestión de los procesos de transformación destinados a democratizar, profesionalizar y modernizar las Fuerzas Armadas exigieron un profundo y extenso diagnóstico de lo existente. Para ello, en el 2006 la ministra de Defensa Nilda Garré crea un consejo consultivo de expertos civiles y autoridades militares con el propósito de definir el rumbo a seguir a partir del análisis de planes de estudio, contenidos curriculares, esquemas de transmisión de conocimiento teórico y práctico, normativa, problemas registrados y principales tendencias. Entre las decisiones tomadas a partir de esta evaluación estuvieron la creación de una dependencia con rango de subsecretaría destinada a la gestión de todos los espacios de la educación militar y civil para la Defensa.

En 2007, creada la subsecretaría de formación, se introdujeron una serie de medidas orientadas por la definición de un perfil del militar en democracia como ciudadano, funcionario y profesional, junto con el principio de integrar la formación y capacitación militar al sistema de educación civil pública. Estas inspiraron la determinación sobre aquellos conocimientos ausentes o desactualizados para el perfil de un cuerpo de funcionarios públicos encargados del uso de una parte de la fuerza pública en un Estado de derecho. Entonces se diseñaron e implementaron una serie de asignaturas obligatorias para las escuelas de formación de oficiales y ejes de contenido para las de suboficiales. Las asignaturas introducidas a partir del 2008 fueron: 1) Estado, Sociedad y Mercado; 2) Historia Argentina 1810/1990; 3) Nuevos Escenarios de la Relaciones Internacionales, Globalización y Regionalización; 4) Sociología de las Organizaciones; 5) Derecho Constitucional y Derecho Administrativo; 6) Derecho Militar, Código de Justicia Militar y Derecho aplicado a cada Fuerza; 7) Derecho Internacional Público, Derechos Humanos (DD.HH.), Derecho Internacional Humanitario; y 8) Derecho Internacional de los Conflictos Armados (DICA). En cuanto a la formación de los aspirantes a suboficiales se fortalecieron los contenidos de algunas materias con el propósito de promover el perfil del ciudadano militar como funcionario público y profesional. En este orden esos contenidos se integraron en tres grandes núcleos: jurídico, humanístico e histórico nacional.

Al mismo tiempo se creó la Escuela Superior de Guerra Conjunta para la formación de los oficiales superiores de las tres fuerzas, resultado en parte de las lecciones aprendidas en Malvinas y las nuevas exigencias operativas que imponen por ejemplo las operaciones de paz. También se aprobó la resolución para la creación del Centro Educativo de las Fuerzas Armadas finalmente inaugurado en 2012 donde se concentraron las escuelas superiores de guerra de cada fuerza creando un espacio de sociabilidad y articulación curricular de los trayectos de perfeccionamiento superior específico de cada fuerza con el perfeccionamiento conjunto.

Posteriormente a esta primera generación de reformas el ministerio consideró necesario analizar y supervisar la eficacia de las medidas tomadas. Este monitoreo no debía ser externo, sino parte del ejercicio de la conducción. Para ello, a fines de 2008 se realizaron entrevistas y reuniones de diagnóstico con autoridades militares, jefes de cuerpo de cadetes y aspirantes y profesores. Al año siguiente se implementaron cursos de actualización curricular con los docentes de las escuelas encargados de dictar las asignaturas antes mencionadas.

Al mismo tiempo se puso en marcha el primer Curso Conjunto de Formación de Instructores Militares, que reunió a los instructores de los siete establecimientos educativos que forman oficiales y suboficiales en talleres periódicos de análisis de casos provistos por los mismos instructores. Entre ellos podemos mencionar: consumo de drogas ilegales, abuso de poder, aborto, discriminación por género, entre otros. Esta experiencia inédita permitió discutir con los jóvenes instructores los regímenes disciplinarios (manuales del cadete) y el perfil del militar en democracia. Fundamentalmente, se debían poner en perspectiva las restricciones impuestas por los derechos y garantías de las personas a cierta manera de practicar la formación en la obediencia y el mando. Allí pudimos apreciar tendencias contrapuestas al interior de un universo falsamente considerado uniforme. Por ejemplo se observaron posiciones como la de aquellos instructores que rechazaban la manera abusiva y discrecional en la que se habían formado, reclamaban la importancia de convencer al subalterno con órdenes sensatas, defendían la independencia entre el comportamiento privado y el realizado en la escuela para la aplicación de las sanciones disciplinarias, y justificaban su posición y la necesidad de un cambio en este sentido en la realidad de las unidades militares. Otros defendían también abiertamente una posición basada en el valor de sostener las formas más tradicionales de la enseñanza del mando, en las que ellos se habían formado, y argumentaban sobre un ideal de conflicto bélico que las escuelas debían defender. Curiosamente, no podía trazarse un corte generacional entre estas posturas, con frecuencia los instructores más jóvenes, formados en el cambio de planes de estudio hacia el modelo universitario, a veces eran los más refractarios a formas del mando que se alejaban de la obediencia debida.

El conocimiento adquirido por los funcionarios de Defensa acerca de las tensiones generadas por estos modelos de mando militar, su coexistencia con el modelo universitario de formación, y la identificación del bajísimo rendimiento tanto académico como militar de los cadetes producido por esta encrucijada, llevó al Ministerio de Defensa durante el 2010 a diseñar una batería de reformas de segunda generación. Estas fueron ideadas junto con las autoridades militares educativas argentinas a instancias de un seminario internacional del cual participaron sus pares de Alemania, Brasil, España, Estados Unidos y Francia, así como especialistas y académicos argentinos. Allí se contrastaron sus modelos de formación de oficiales, todos convertidos a la formación universitaria con excepción de Brasil, con los modelos de cada fuerza en la Argentina. La reforma de los planes de estudio y regímenes disciplinarios se diseñó y aprobó en 2011 para implementarse con los ingresantes 2012.

El concepto de esta reforma fue integrar la formación universitaria con la militar, para modernizar efectiva y no nominalmente la formación profesional. Se actualizaron las asignaturas aprobadas en el 2008 y se introdujo la problemática de género transversalmente a una serie de materias. Al mismo tiempo, se redujo la cantidad de asignaturas al promedio dictado por las licenciaturas que habilitan a profesiones civiles, y fundamentalmente se moduló la enseñanza teórica y la enseñanza teórico-práctica en períodos diferenciados para que las semanas de instrucción o capacitación profesional sean más extensas e independientes de las semanas de enseñanza teórica en aulas. Además se introdujo un régimen de evaluación acorde con las metodologías de transmisión de conocimiento universitario para preservar su calidad y adaptarla a los requerimientos de la formación castrense. La resolución del ministerio mediante la cual se diseñaron los nuevos planes de estudio y regímenes disciplinarios contiene los siguientes criterios: 1) integrar contenidos teóricos y prácticos específicos, combinando la educación académica, la formación profesional y la instrucción militar; 2) profundizar los criterios propios de la educación universitaria tales como el pensamiento creativo, reflexivo, analítico y autónomo con el fin de promover la resolución creativa y eficiente de problemas impredecibles, propios de escenarios inciertos en los que se desempeña un militar (como la guerra y/o situaciones de catástrofes); y 3) promover la calidad del proceso de enseñanza/aprendizaje basada en el desarrollo de la responsabilidad del cadete sobre su desempeño y rendimiento, hasta en los niveles menores de liderazgo.

Los sucesivos cambios de ministro producidos con la asunción de Arturo Puricelli en 2010 y Agustín Rossi en 2013 no atentaron en lo sustantivo con la continuidad de las medidas tomadas en el intenso período que va desde 2005 a 2011. Los funcionarios del área educativa sostuvieron las políticas diseñadas e implementadas más allá de sus estilos y su necesidad de darles una impronta particular.

Sin embargo, en esta segunda etapa, donde la conducción política por primera vez en la historia argentina toma las riendas de la educación militar, sí encontramos discrepancias en cuanto al estilo de la gestión de los militares y las concepciones sobre cómo se gobierna eficazmente esta área. Esta diferencia queda subrayada en los vaivenes de una idea: la conversión de todos los institutos universitarios en una universidad nacional, que peregrinó la gestión de Garré y fue retirada de la agenda hasta que finalmente la gestión de Rossi la tomó como uno de los temas centrales de su agenda.

Es así como a fines de 2014 el Congreso de la Nación sancionó la ley que creó la Universidad de la Defensa Nacional (UNDEF). Su promulgación despertó cierta polémica aunque sólo en la trastienda de la opinión pública, más ocupada en la creación de la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo. Dicha polémica tuvo como telón de fondo dos cuestiones: la primera fue si esa inversión en la ampliación de la estructura organizacional realmente resolvía los problemas estructurales de la formación, como por ejemplo la cuestión docente, o si por el contrario solo desviaba esfuerzos respecto del eje de la modernización y profesionalización de la educación de los militares; la segunda cuestión fue si la conversión de los institutos universitarios a una universidad no ampliaría finalmente su autonomía respecto de la conducción civil. En cualquier caso la sanción de la ley ha puesto a las estructuras de gestión militar y civil de la educación en el camino de, como allí se ordena, redactar el proyecto institucional y proyecto de estatuto provisorio.
Desafíos pendientes

Al cabo de una década de transitar esta nueva etapa de fortalecimiento de la formación militar integrando a ella esquemas de transmisión y contenidos que eleven la calidad educativa y fortalezcan al mismo tiempo los principios democráticos de gobierno, cabe destacar algunos temas pendientes.

En primer lugar, parece fundamental retomar el principio de integración efectiva del ámbito civil y militar –y no sólo de complementariedad establecido por la ley de reestructuración de las Fuerzas Armadas– en cuanto a la formación y producción de conocimiento del sistema universitario y científico especialmente en el campo de las ciencias sociales y humanas. Realmente no es posible llevar este objetivo adelante si las universidades nacionales no abren sus puertas a la posibilidad, como lo hacen en otros lugares del mundo occidental, de que militares –en tanto tales– desarrollen una parte de su trayecto curricular. Pero tampoco es posible sostener un elevado nivel académico si las carreras docentes de los profesores que dictan clases en las academias militares que otorgan títulos universitarios no cuentan con análogas condiciones a las que rigen el ámbito civil. ¿Cómo retener jóvenes profesores bien formados sin una carrera académica como la que se ofrece en otras universidades? ¿Cómo fortalecer la investigación exigida para la acreditación por parte de la CONEAU si los docentes cobran bajo un sistema de horas cátedra como lo hacen en los niveles de enseñanza secundaria o terciaria? Deberá realizarse un esfuerzo sustantivo para que la UNDEF resuelva este problema medular de la formación y la democratización del conocimiento en el ámbito militar.

En segundo lugar, respecto de los trayectos curriculares y su conexión con los planes de carrera queda una revisión integral de la formación de suboficiales y su actualización con vistas a redefinir tal vez los niveles de responsabilidad que efectivamente tienen o debieran tener. También analizar cómo el perfeccionamiento en el nivel de las escuelas de guerra, ya acreditadas como carreras de posgrado, se articula con la formación de grado y hacia adelante con la capacitación conjunta. A la luz de los estudios realizados, todo parece indicar que hace falta mayor capacitación o adiestramiento conjunto en los niveles subalternos.

Por último, la trayectoria descripta da cuenta de la experiencia acumulada por varias camadas de funcionarios y asesores civiles respecto de las especificidades que conlleva conducir la educación militar. Las diferencias señaladas obligan también a una reflexión sobre el peso de la producción de políticas que articulen tanto la perspectiva de aquellos como de sus beneficiarios: las próximas generaciones de militares argentinos.

Fuente:
http://www.vocesenelfenix.com/content/la-formaci%C3%B3n-de-los-militares-argentinos-en-democracia-panorama-y-desaf%C3%ADos-futuros